Por: Kepa Arbizu.
La cultura popular, y más en concreto su manifestación musical, contiene desde su alumbramiento el reflejo de las pulsiones surgidas en los ámbitos principalmente urbanitas. Pero dado su ingobernable lenguaje creativo, su imaginario ha logrado expandirse en múltiples direcciones, algunas de ellas apuntando claramente a entornos bucólicos y naturales. Tal es el hemisferio sonoro y conceptual que maneja en su carrera en solitario el gallego Manu G. Sanz, quien bregado en múltiples proyectos grupales, como Selvática o Indómitos, incluso en dúos, Digital Mother, en los últimos tiempos ha asumido su nombre propio como vehículo para un pop-folk que hace de sus ritmos un remanso ensoñador de belleza, convirtiendo a Beach Boys o Magna Carta en coordenadas ineludibles, condición asumida igualmente por propuestas más locales como CRAG, Vainica Doble o Pigmy. Referencias que redundan en ese contexto preciosista y delicado que, en su segundo disco, "Oráculo silvestre", se viste con detallista instrumentación para tender un exquisito diálogo, no siempre impoluto existencialmente, con el medio ambiente y la naturaleza. Un espejo en el que refleja nuestra verdadera esencia, aspectos sobre los que charlamos con su autor.
Acabas de editar tu segundo disco en solitario, “Oráculo Silvestre”, ¿cuando iniciaste este recorrido individual tenías pensado que iba a tener continuidad?
Manu G. Sanz: Sí. Desde el principio tuve claro que quería que fuera un proyecto con continuidad. Empezar a publicar discos con mi nombre es una forma de tener un espacio propio que me acompañe a largo plazo, sin depender de otros factores. En las bandas, a veces surgen limitaciones —logísticas, de tiempo o de dinámica— que dificultan desarrollar las ideas con la profundidad que me gusta. Este proyecto individual me permite trabajar con más libertad y constancia
Cuando pusiste en marcha este proyecto, ¿era conscientemente un vehículo para dar salida a una faceta más “popera” y delicada, o primero fue la determinación de grabar en solitario y más tarde se fue fraguando el tipo de sonido?
Manu G. Sanz En realidad, en cierto modo, es al revés. No nace tanto de una decisión consciente de hacer algo más “popero”, sino de una vuelta a mi imaginario infantil. Desde pequeño siempre compuse canciones melódicas; con el tiempo esas canciones fueron ganando complejidad, pero la vocación por la melodía y la forma de canción ha estado ahí desde el principio. A lo largo del camino he explorado muchos estilos y he aprendido distintas maneras de abordar la composición, pero en estos discos en solitario siento que estoy regresando a terrenos más esenciales, que ahora mismo se sienten más reales y necesarios para mí.
Has participado en muchos proyectos grupales, ya sea Indómitos, Selvática o incluso el dúo Digital Mother, y ahora cuentas con esta andadura en solitario, ¿sientes que alguna de esas facetas, la individual o colectiva, resulta irrenunciable para tu carrera?
Manu G. Sanz Más que elegir entre lo individual o lo colectivo, creo que a lo que no puedo renunciar es a mi instinto creativo y a la curiosidad que me mueve. En los proyectos grupales siempre ha sido muy importante para mí el papel de las canciones, de la música y de los textos. Por supuesto, tocar con otras personas genera una energía especial: las dinámicas compartidas, la diversión, la espontaneidad… todo eso es fundamental y muy enriquecedor. Pero en el fondo, lo que siempre ha estado ahí para mí son las composiciones. Es algo que necesito hacer y que me resulta muy natural.
Teniendo en cuenta ese paso anterior por bandas más eléctricas y ruidosas, ¿crees que tu firma en solitario debe de estar indisolublemente ligada a este tipo de sonido más pop y bucólico o estás abierto a mutarlo si así lo deseas en algún momento?
Manu G. Sanz No lo veo como algo cerrado ni definitivo. Ahora mismo este sonido conecta mucho con mi momento vital y con lo que necesito expresar a nivel emocional, y por eso tiene sentido que el proyecto suene así. No sé qué haré más adelante. Al final, mientras lo que hagas refleje tu realidad y lo abordes con honestidad, la forma que tome es lo de menos; es bueno que los proyectos cambien y se muevan con uno.
Aunque ambos discos editados bajo tu nombre comparten un sello identificativo absolutamente personal, entorno a ese pop bucólico y preciosista, este segundo trabajo me ha sonado más expansivo, rítmico e incluso heterogéneo, ¿buscabas conscientemente no alejarte de tu sonido pero tampoco repetirte?
Manu G. Sanz Sí, estoy bastante de acuerdo con esa observación. Siento que las canciones de "Oráculo Silvestre" funcionan como una continuación lógica de las anteriores, pero al mismo tiempo exploran nuevos caminos: la producción tiene más brillo, los arreglos incluyen motivos más psicodélicos, y los textos hacen un énfasis mayor en nuestra relación con la naturaleza. Mantienen la esencia de lo anterior, pero aportan un aire distinto
Aunque son evidentes las influencias anglosajonas de tu sonido (desde Magna Carta a Love pasando por Pentangle o los Beach Boys), no lo son menos algunas referencias locales, que pueden remitir a Pigmy, CRAG o Miguel Ángel Villanueva, un acento que incluso ha tomado forma más explícita esta vez en temas como “Un paso al frente” o “Naranjo en flor”…
Manu G. Sanz Sí, escucho música de todo tipo. Crecí con sonidos anglosajones, pero siempre he sido muy fan de la canción melódica española, y creo que eso se refleja en lo que hago. Últimamente estoy escuchando mucho a Lorena Álvarez y a Natalia Lafourcade por ejemplo, y siempre he tenido debilidad por temas como los de Jeanette, con esas producciones setenteras y esa melancolía pop con olor a karaoke. También me gusta que aparezcan pequeños gestos flamencos, como ocurre en “Libélula Dorada”, que aportan un matiz emocional muy particular.
Incluso hay apariciones eléctricas y distorsionadas en “Abeja reina”, ¿en este segundo disco te has sentido, digamos, más libre para utilizar elementos que quizás en ese debut en solitario no aprovechaste como una forma de romper con tu pasado?
Manu G. Sanz: Es interesante lo que comentas, porque en cierto modo “Abeja reina” podría haber formado parte del repertorio de Selvática, con ese pop más dreamy y distorsionado. En “Flores y Diosas” las canciones surgieron de manera más sutil, y el enfoque acústico de la producción me pareció el más adecuado para que se desarrollaran plenamente. En las nuevas composiciones hay una paleta más amplia: aparecen toques eléctricos y de distorsión como matices que acompañan la canción sin alterar su naturaleza.
A pesar de que tus canciones contienen muchas capas de sonido y elementos diversos, sin embargo no me suenan abigarradas, al contrario casi orgánicas ¿te preocupas mucho de que la aparición de esos detalles musicales no sean una acumulación sino un complemento?
Manu G. Sanz Me importa que las canciones respiren y tengan su propio espacio. Todas nacen de la guitarra y la voz, y creo que deben poder sostenerse así, por sí mismas. A partir de ahí, los arreglos se suman para enriquecerlas y darles matices, sin cubrir ni diluir aquello que les da vida. Si algo no aporta, lo retiro; la idea es que todo sirva para fortalecer lo que ya está en el corazón de la canción.
¿Qué tienes que sentir al escuchar de una de tus canciones para asumir que ya está acabada?
Manu G. Sanz: Procuro encontrar el equilibrio, agudizando los sentidos y dejando que la propia canción muestre por dónde puede ir. Muchas veces la solución es aplicar el “menos es más” y quitar elementos que no funcionan. También es importante darles tiempo y tener paciencia, dejarlas reposar y volver a ellas tras cierto tiempo, algo que antes hacía menos, pero que ahora considero fundamental para que se terminen de formar por completo.
También ejerces tareas de productor, salvando la lógica distancia que supone trabajar con material ajeno, ¿en la manera de afrontar una grabación sea tuya o de otra persona sigue unas mismas pautas o contigo mismo tienes una manera de proceder distinta?
Manu G. Sanz: Cuando grabo a otros grupos, para mí es fundamental respetar la idea de sonido que ellos quieren conseguir, siempre dentro de las limitaciones de mi estudio. No se trata de imponer mi criterio, sino más bien de acompañar el proceso, aportar cuando es necesario y dejar que las cosas fluyan. En cambio, cuando trabajo en mi propio material, el diálogo es conmigo mismo: pierdes un poco del dinamismo y la interacción que aporta otra persona, pero a la vez el proceso puede avanzar más rápido.
Hay una imagen en el interior del disco, donde apareces retratado en medio de la naturaleza con un espejo que no reproduce tu cara sino la del entorno natural, que me parece absolutamente identificativa de lo que esconde en sus textos el disco, esa unión y traducción del ser humano a través de la naturaleza...
Manu G. Sanz: Me encanta lo que dices, creo que refleja muy bien lo que queríamos transmitir con esa imagen. La foto me la hizo mi novia, Paula, en un bosque de Caminha, y durante un tiempo pensé que sería la portada. Finalmente opté por las acuarelas de Tamarindo Conde, que aportan una dimensión más psicodélica, pero esa foto sigue formando parte del interior del disco y creo que resume muy bien el diálogo entre el ser humano y la naturaleza que atraviesa todo el disco.
Más allá de esa ensoñación bucólica, tus textos también reflejan la incertidumbre que esa intermediación del medio natural para definirnos es capaz de trasladar, revelando nuestra esencia más pura y todos aquellos fantasmas que nos habitan….
Manu G. Sanz Así es, las letras nacen de esa sensación de que la naturaleza actúa como un espejo: nos refleja, nos interpela y nos permite descubrir nuestra esencia, con todo lo luminoso y lo oscuro que llevamos dentro. Cada texto surge como un pequeño viaje entre lo tangible y lo imaginario.
Este tipo de sonido pop que utilizas marida a la perfección con la lírica de tus canciones, ¿tienes en cuenta que exista una conexión entre lo que quieres trasladar en tus letras y la banda sonora escogida?
Manu G. Sanz Para mí es fundamental que la música y las letras dialoguen entre sí; Los arreglos y los matices sonoros surgen pensando en reforzar lo que quiero transmitir con la letra, en subrayar emociones, imágenes y sensaciones, de modo que la banda sonora y el texto se potencien mutuamente.
Por poner algunos ejemplos, la guitarra solista de “Abeja Reina” la concebí como un aleteo, o la elección del tambor como percusión en “Árbol” con ese pulso rural busca reforzar el tono campestre de la canción. La reverberación y los motivos psicodélicos en "Flor de luna" están ahí para acentuar su carácter onírico. El disco está lleno de estos pequeños detalles que, aunque no siempre sean evidentes, forman parte de la intención al crear las canciones y quedan reflejados, aunque sea de manera simbólica. Me gustan mucho ese tipo de pensamientos “mágicos” y cómo pueden dar vida y textura a la música.
Cuando escucho estas canciones no puedo evitar imaginarte escribiéndolas en medio del campo bajo un árbol y rodeado de pájaros (risas), ¿esa fotografía es real o la invocación a la naturaleza que haces es más un elemento simbólico y ficcionado?
Manu G. Sanz (Risas) creo que te aproximas bastante a la realidad. La mayoría de las canciones las compuse en diálogo directo con los lugares que visito aquí en Galicia o en el norte de Portugal. Me llevo la guitarra y me pongo a tocar en la orilla del río, debajo de un árbol, en las rocas de una pequeña playa, o en medio de un camino del bosque… en general, en cualquier sitio donde me sienta a gusto y en soledad, acompañado solo por los sonidos del lugar.
En cualquier caso, si bien parto de esa conexión directa con la naturaleza, el resto surge del juego de la imaginación, transformando esas vivencias en canciones con un fuerte componente metafórico.
Teniendo en cuenta que este un disco necesita reposo, ser escuchado y sentido, una condición contraria a la que se estila hoy en día en la música, ¿te sientes encerrado como el Minotauro que da título a una de estas canciones?
Manu G. Sanz No lo había pensado de esa manera, pero es interesante que pueda interpretarse así. “Minotauro” se inspira en “Los Reyes” de Julio Cortázar, una obra de teatro donde el Minotauro encarna al poeta, al hombre libre, una presencia que inquieta al sistema, que envía a Teseo para extinguirlo y, con él, intentar silenciar la libertad que representa.. Esa inversión del mito me pareció muy sugerente, y ahí sentí que había una canción.
No sé hasta qué punto a la hora de componer y grabar este tipo de canciones, dada su complejidad instrumental y detallista, piensas en la manera que tienen de ser llevadas al directo…
Manu G. Sanz Desde que inicié mi camino en solitario no he tocado en directo con mucha frecuencia, aunque este año planeo hacerlo más a menudo. Por ahora, el formato que utilizo combina voz y guitarra en vivo con el resto de los instrumentos como bases pregrabadas, y funciona bien ya que las canciones tienen estructuras de acordes y melodías muy definidas. Algún día, quién sabe cuándo o cómo, sería muy bonito formar una banda para tocar estos temas, pero por ahora no es algo que contemple.
Mucho se habla de que habitamos una aldea global interconectada, pero propuestas como la tuya, que se suma a una trayectoria extensa, parece estar condicionada a tener repercusión mayormente en tu propio entorno, en este caso el gallego ¿casos como el tuyo son la evidencia de que esa supuesta democratización en el público gracias a las redes sociales no es más que una ilusión?
Manu G. Sanz La democratización es relativa. Las redes también funcionan como una promesa constante de alcance que rara vez se concreta del todo. Todo depende de engranajes que no controlamos y cuya lógica a veces resulta inquietante. Si un proyecto no cuenta con determinados apoyos, el alcance acaba siendo limitado y se generan pequeñas burbujas donde casi siempre interactúan los mismos perfiles, mientras otros contenidos se repiten hasta la saturación.
Intento no obsesionarme con las redes, usarlas con cierta calma y seguir a mi ritmo. No siempre es fácil, pero me siento más cómodo así, dejando que la música encuentre su sitio.






