Suede: la gran remontada


Sala Razzmatazz, Barcelona (Cruïlla Hivern). Miércoles, 25 de marzo del 2026. 

Texto y fotografías: Àlex Guimerà. 

Los fans del mejor pop teníamos aún reciente el paso de Morrissey por nuestro país y las buenas sensaciones que dejó en lo musical, dejando al margen el desplante a los seguidores valencianos que tanta polémica generó. Justo después llegaron a nuestras salas uno de sus herederos naturales en el liderazgo del pop británico: los londinenses Suede.

Sabíamos que en su concierto de Madrid, Brett Anderson había terminado muy justo de voz. Aun así, habían sacado adelante un setlist de 20 canciones, repasando sus dos últimos trabajos junto a sus éxitos más destacados. Para el concierto de Valencia, redujeron el repertorio a 17 temas, centrados en hits de sus cuatro primeros álbumes, con la inclusión de dos piezas del reciente “Antidepressants”.

Con esas dudas encarábamos la primera de las dos visitas de la banda a Barcelona este año - la segunda tendrá lugar el 9 de julio en el marco del Festival Cruïlla-. Así pues, si tienes la voz tocada y no puedes ofrecer un concierto completo, ¿qué haces? ¿Lo cancelas para recuperarte y continuar la gira? Ellos no son “Mozz”. ¿Aplazas? Complicado, con una gira europea apretadísima. Lo que finalmente sucedió el pasado día 25 fue que asistimos a una de las mejores remontadas musicales —permitid el símil deportivo— que uno es capaz de recordar. Porque Brett y los suyos (en realidad, Brett al frente) cogieron el toro por los cuernos y ofrecieron un concierto memorable, de los que permanecen durante mucho tiempo.

Desde las iniciales “Turn Off Your Brain and Yell” y “Antidepressants”, el directo estuvo cargado de energía pura, entusiasmo sincero y una vitalidad desbordante. Esas fueron, precisamente, las grandes virtudes del show. Pasará tiempo hasta que vuelva a asistir a un concierto con semejante intensidad. El nivel de profesionalidad, la entrega personal, la humildad y el respeto al público mostrados por Brett, unidos a su capacidad para movilizar y encender a la audiencia, son difíciles de encontrar. Tras leer este último año sus libros "Mañanas negras como el carbón" y "Tardes de persianas bajadas", donde el cantante se desnuda emocionalmente, su actuación logró robarme el corazón aún más, si cabe.

Pero vayamos al grano: además de Brett, el bajista Mat Osman, el batería Simon Gilbert, el guitarrista Richard Oakes y el teclista Neil Codling llevan tocando juntos desde 1996. Y se nota, porque el poderío y la coordinación musical rozan la excelencia, desde la contundente base rítmica hasta los solos electrizantes de Richard o los teclados portentosos de Neil.

Muy pronto se dejaron ver clásicos como “Trash”, que hizo saltar a los dos mil espectadores que llenaban la sala Razzmatazz (con entradas agotadas poco después de salir a la venta), galvanizados por un frontman que no dejaba de incitar al público: saltaba, bailaba, lanzaba el micrófono por los aires o se subía a los amplificadores. Con esa actitud mantuvo el pulso durante todo el concierto, pidiendo ayuda al público mientras la voz le fallaba y bajando hasta en cuatro ocasiones para cantar entre móviles y brazos alzados; recursos perfectos para sostener la efervescencia del bolo.

Así fueron cayendo “Animal Nitrate”, mientras agitaba el cable del micro como si fuera un látigo; “Filmstar”, coreada con fervor; una explosiva “Can’t Get Enough”; o la inesperada balada “Europe Is Our Playground”, single de "Sci-Fi Lullabies" (1998), aquel doble recopilatorio de caras B publicado tras el éxito del “Coming Up”, que demostraba la enorme capacidad de la banda para componer grandes canciones. Lo mismo que han vuelto a evidenciar en sus recientes y sorprendentes álbumes "Antidepressants" (2025) y "Autofiction" (2022), con temas como la potente “Personality Disorder”, la emotiva “She Still Leads Me On” —dedicada a la madre del cantante— o la preciosa “June Rain”.

Para la recta final, una cascada de hits: la melódica “Everything Will Flow”, las primerizas “So Young” (con su mítico “let’s chase the dragooon”) y “Metal Mickey”, antes de cerrar con el himno “Beautiful Ones”, que cantamos a escasos metros del vocalista, de nuevo perdido entre la multitud. En los bises, “Saturday Night” puso el broche, diluyéndose entre las voces de un público que empujó al cantante a cerrar el concierto por todo lo alto.