Por: Àlex Guimerà.
¡Qué tíos! Son únicos en su especie, no sólo porque hacen lo que quieren y son imprevisibles, sino por la gran capacidad de publicar música. Y es que Weezer acaban de publicar el disco de estudio que hace el número veinte de su carrera -para los puritanos, dieciséis más los cuatro SZNZ o mejor conocidos como los discos de las cuatro estaciones- , lo que para una banda fundada en 1992, y por lo tanto con apenas 33 o 34 años de carrera, nos da a un promedio de un disco cada año y medio más o menos, lo que resulta una barbaridad. ¿Y que encontramos entre tantos discos? Pues indiscutibles obras maestras del power pop y del indie noventero como son sus tres primeros -"Blue Album", "Pinkerton" y "Green Album"- , pero también auténticos bodrios de pop pastiche ("Ratitude"), ejercicios erráticos de pop electrónico ("Pacific Daydream") o paquetes aburridos e intrascendentes salvando un single de éxito ("Make Believe"). Entre medio hay algunos álbumes notables como son mis favoritos "Everything Will Be Right In The End" donde recuperaron el tono inicial de su carrera o "OK Human" con el que acertaron al arriesgarse con el pop de cámara junto a una orquesta.
Pero entre esta montaña rusa discográfica, además, los californianos han publicado hasta seis discos homónimos con una portada de color y en los que han intentado mantener su espíritu power pop. Interesantes (además de los archifamosos verde y azul) son el "White Album", "el Black Album" e incluso el "Teal Album", este último con versiones de pop de radiofórmula ochentera. Para este año, han pintado el homónimo de dorado, color que visto el resultado les ha sentado de maravilla ya que el cuarteto ha ofrecido su mejor versión.
Fue entre octubre y enero pasados cuando la banda grabó las nuevas canciones a la vieja usanza (en directo) en los estudios Putnam Hill en Los Ángeles (California), unas pistas que acabó de dar forma el productor Kenny Beats (Idles, Geese,..), quien quiso obtener un sonido crudo pero que con la participación de Klas Ahlund (Weekend, Iggy Pop,..) pretendían mantener el espíritu pop "marca de la casa". El resultado es un álbum que, si bien no alcanza las cimas de los noventa, se presenta potente y clásico para el deleite de los fans de la banda. El propio Rivers Cuomo en "CEO" reflexiona sobre el éxito y lo que esperan los otros de uno en un plagio intencionado de "Undone" con el que acaban recordando a los mismísimos Pavement. Es precisamente la formación de Stephen Malkmus la que me viene a la cabeza en muchos de los pasajes de este "disco dorado", y es que en sus poco más de treinta minutos de duración o a lo largo de sus diez cortes, que es lo mismo, se percibe cierto lo-fi o manera de hacer y espontaneidad típica de los de Stockton, que a decir verdad les queda de fábula.
La enérgica "Say Yes" abre el fuego de forma melódica y guitarrera en el que seguramente será un hit presente en sus conciertos en adelante. Otra que tiene números para ello es esa oda a la resurrección "Shine Again" con toda su épica o el maravilloso medio tiempo "Up In The Clouds", que tiene uno de sus mejores estribillos. Mención aparte para la presencia de una de las bandas emergentes favoritas de esta casa como son los Wednesday en "We Might As Well Be Strangers", con quienes cantan sobre una pareja que termina por distanciarse. Con "Nowhere" nos cuelan una balada de guitarrazos en la que ironizan sobre alguien que está perdido emocionalmente, mientras que con "The Show Must Go On" nos invitan a superar las adversidades, a base de power pop. Para terminar, la creciente "The LA Sound" en la que homenajean la escena musical de Los Ángeles.
Si sois fans de Weezer, el disco hará vuestras mejores delicias. Si en cambio lo habéis sido en el pasado pero les habéis perdido la pista adrede tras alguna decepción, os invito a que os acerquéis a ellos de nuevo ya que os volverán a convencer. Y si simplemente os gusta el rock americano y las guitarras potentes, el disco os enganchará y será responsable de que queráis adentraros en el universo de una de las bandas más fascinantes e icónicas de las últimas cuatro décadas. Oro de muchos quilates.



