Suede, apoteosis colectiva frente a las adversidades


Sala La Riviera, Madrid. Lunes, 23 de marzo del 2026. 

Texto: Roboomusic
Fotografías: Jorge Bravo Crespo.

Lo de Suede en La Riviera de Madrid es una de esas cosas que se te quedan pegadas para siempre. No fue un concierto perfecto —los problemas vocales de Brett Anderson, derivados de una infección reciente, estaban ahí—, pero sí fue una de esas noches en las que la actitud lo compensa todo. Y cuando el público entra en ese juego, ya no hay vuelta atrás. La noche arrancó fuerte: la banda bajándose de una furgoneta y cruzándose conmigo. Tipos altos, elegantes, con esa presencia de quien lleva décadas en esto sin perder el estilo.

Luego, los teloneros, Swim School, soltando un shoegaze denso y con carácter. Y aquí un detalle que me encantó: Neil Codling estaba en la mesa de mezclas, cantando los temas con total complicidad, disfrutándolo como un fan más. Y ese buen rollo era mutuo: la jovencísima Alice Johnson hizo lo propio durante todo el concierto de Suede, en el mismo sitio, siguiéndolo con la misma entrega. Y entonces, sí. Empieza "Disintegrate". Esa intro electrónica engañosa —de las que me gustan— y de repente, explosión. Luces, escenario mínimo y ellos plantados ahí. No necesitan más. Es crudo, directo. 

El setlist puso bastante énfasis en sus dos últimos discos, "Antidepressants" y "Autofiction", y con razón: excelentes trabajos que demuestran que la banda sigue muy viva. Pero por supuesto no faltaron los clásicos: temas de su debut "Suede", junto a "Coming Up" o "Head Music". También hubo un tramo más calmado, más para fans de fondo, con temas del "Night Thoughts" y "Bloodsports". Solo me dolió una cosa: apenas una canción de mi disco favorito “Dog Man Star”. Pero qué canción. "The Wild Ones". Brett y Richard Oakes solos, en acústico. Y ahí no hubo silencio: el público también la cantó con él, de principio a fin, con una intensidad que ponía la piel de gallina. 

Y el cierre fue otra historia. "Dancing with the Europeans", con Brett ya sin voz, literalmente al límite. Y ahí el público hizo de red: cantando todo, sosteniendo el tema, empujando para que llegara hasta el final. Fue de esos momentos en los que el concierto deja de ser solo de la banda. Detrás de la figura de su cantante, el resto de banda se mostró impecable: Mat Osman juguetón al bajo, Simon Gilbert como un motor sin freno, el infravalorado Neil Codling —clave con sus arreglos puntuales pero gigantes, elevando los temas sin hacer ruido—, y un Richard Oakes totalmente metido, variando guitarras constantemente, pasando de texturas limpias a capas más densas y psicodélicas con una naturalidad brutal. 

He visto a Suede en mejor forma —Tomavistas 2022, sin ir más lejos—, con mejor voz y un setlist más a mi gusto. Pero esto fue otra cosa. Ver a un cantante hacer el show que le toca, lanzando y liándose con el cable del micro, saltando, bajando y mezclado con el público, bailando con todas sus ganas y sobre todo, pelear contra su propia voz y ganar el concierto a base de actitud… con el público empujando cada segundo, es algo que se queda. Los volveré a ver si vienen, porque Suede no me cansan nunca.

Luis Fercán: “Para sanar ayuda soltar las cosas y no aferrarse”


Por: Javier Capapé.

Fotografías: Thais Varela.

¿Cuánta belleza puede esconder la flor de un cerezo? ¿Cuánta emoción cabe en una canción? Preguntas imposibles de cuantificar y respuestas que se nos antojan tan atrevidas como abiertas. La música de Luis Fercán esconde tanta belleza y emoción como crudeza y dolor. Sus canciones las encontramos cerca para acompañarnos desde la intimidad que conmueve y sana. El reciente lanzamiento de su último largo, el acertado “Cerezos en Flor”, lleva un paso más lejos a este inquieto cantautor gallego, con un pie en el sentimiento norteño y otro en el raigambre folk. Paso a paso y disco a disco, Fercán ha sabido labrarse una carrera cada vez más sólida, con los pies siempre en la tierra, asentando sus raíces con firmeza en un estilo que está empezando a encabezar en nuestro panorama por su honestidad y credibilidad.

A escasas horas de empezar su gira de presentación tuvimos el privilegio de sentarnos junto al santiagués, seguros de encontrarnos con un músico que, casi sin pensarlo, está escribiendo una nueva página en la música de autor de nuestro país. Su último disco es de altos vuelos, confirmando su crecimiento tras magníficas obras previas como “Canciones Completas desde una Casa Vacía” o “Postales Perdidas”. Pero sin duda, en estas nuevas canciones esconde algo más, el encuentro con uno mismo junto a la mejor definición de la música que esconde alma y vida. Mano a mano con su infatigable compañero y productor Nacho Mur ha dado vida a un disco que aprieta pero no ahoga, que exige tanto como cuestiona, que interpela y sana. Un disco que esconde tanta belleza como el título al que hace referencia y que en esta entrevista tratamos de conocer en profundidad, intentando entender un poco más las vivencias que han llevado a nuestro protagonista a convertir sus propias emociones en un torrente de expresividad con forma de canciones imperecederas y universales. 

Tenía muchas ganas de verte en persona, y ya que venías a Zaragoza no podía perder la oportunidad. Acabas de terminar la gira más larga que has hecho, la de “Postales Perdidas”, y ya estás presentando disco nuevo y gira, ¿no necesitas ni un pequeño descanso? 

Luis Fercán: Bueno, tuve un descanso de un mes y ya está, suficiente. Con eso ya sobra. La anterior gira fue larga, pero creo que esta va a ser más, así que… 

Sí, he visto muchas, muchas fechas y además muchas de ellas con entradas agotadas ya, por ejemplo las de la semana que viene en Santiago. 

Luis Fercán: Sí, hay algunas entradas que ya están agotadas. Santiago, Valladolid… hay bastantes. 

¿Cómo has encajado la grabación del disco junto a la gira? Porque seguías con la gira de “Postales Perdidas” mientras grababas “Cerezos en Flor”. 

Luis Fercán: Sí, de hecho en la mitad de la grabación tuve que ir a dar un bolo y volver. Pero bueno, como también Nacho está de gira muchísimo había que cuadrar de la manera que fuese, así que teníamos que estar grabando y tocando. 

Precisamente de Nacho Mur iba a hablarte ahora, porque produce de nuevo y es además parte imprescindible del proyecto. ¿Podría decirse que estamos ante un trabajo más a cuatro manos que a dos? 

Luis Fercán: Sí, totalmente. Siempre digo que mi proyecto sin Nacho sería otra cosa, ni mejor ni peor, pero otra cosa seguro. Y sí, siempre está hecho como a mitad todo con él. 

Es que prácticamente os veo casi como un dúo. 

Luis Fercán: En muchos sentidos sí, la verdad. En la producción seguro, en lo que es la grabación del disco también, y después, en directo, cuando podemos ir juntos, pasa lo mismo. Ahora Nacho puede menos porque tiene muchos bolos, pero cuando podemos nos encanta tocar los dos. Es mi formato favorito. 

De hecho, el último disco tuyo es el directo en el Teatro Lara, que lo grabas a cuatro manos con Nacho. Veníais compartiendo bastantes conciertos en la pasada gira y después de tanto vivido, ¿cuánto podría decirse que es de importante para ti en tu música, en tu proyecto en sí mismo? 

Luis Fercán: Muchísimo, de hecho ese disco es un poco una celebración de lo que nos gusta hacer, que es currar y hacer música juntos. Es como un premio que nos dimos, el de tener un vinilo para siempre, un recuerdo para los dos. A mí me flipa currar con él y espero seguir haciéndolo el tiempo que sea. Mientras siga haciendo discos, por mi parte encantado. 

¿Dónde has grabado tu nuevo disco y qué diferencias has encontrado entre esta grabación y la de “Postales Perdidas”? 

Luis Fercán: Hicimos la preproducción en Portugal y, después, la producción, una parte en el Nido, Cantabria, y otra en Gárate, Euskadi. La producción de “Cerezos en Flor” es de otro tipo. En el anterior estaba todo grabado en directo, con banda, y en éste somos solo Nacho Mur, Juan Regueira, que es el técnico de sonido además de ingeniero de grabación, y yo. Los tres, mano a mano, intentando buscar sonidos, investigando los mismos, más que grabando en directo y buscando un poco la idea global de todo el conjunto. 

A pesar de que me hablas de vosotros tres, hay más personas en el equipo, que aportan muchos detalles. Sobre todo quería hablarte de algo que a mí me ha fascinado. Con el anterior disco yo decía que era un disco más ecléctico, aunque este también me lo parece, a pesar de que haya menos instrumentos, porque los instrumentos que hay son distintos. Aquí encontramos la sorpresa del fliscorno, que lo toca Iban Uribe. Particularmente a mí me han encantado esos arreglos. ¿Cómo has conseguido acercarte a ese instrumento y cómo has hecho que encaje tan bien con la emoción del disco? 

Luis Fercán: Llevo unos años bastante obsesionado con la trompeta, el fliscorno y con los instrumentos de viento en general, pero tocados diferente, como con mucho aire. El fliscorno es un instrumento que me emociona muchísimo, y me apetecía que estuviese en el disco. Hice una lista de unas cuarenta canciones con trompeta y fliscorno que me flipaban, tanto instrumentales como que tuviesen un arreglo especial. Me parece que este instrumento les da a las canciones un punto un poquito diferente, que se sale un poco más de lo que es el cantautor y que busca otro sonido, algo como más de fuera. En este contexto tampoco se estaban metiendo mucho las trompetas, este tipo de trompeta vamos, y me encantaba investigar por ahí. 

“Compongo con una guitarra y así es como me salen las canciones, pero el universo que gira alrededor de mi música es mucho más amplio” 

Además de esto también hay percusiones, de las que se ocupa Karlos Arancegui, que también le dan un aire de banda, sobre todo en la canción que cierra, “El otro lado”. ¿Has querido salir de lo más elemental del cantautor en sí, haciendo estos aportes, tanto con el uso del fliscorno como con esta canción que te comento, por ejemplo? 

Luis Fercán: No es tanto por salir de ahí, sino porque es lo que nos pedían las canciones. Escuchamos muchísima música diferente, tanto Nacho como Juan y yo. Bueno, todos los que participamos en el disco escuchamos mucha música diferente, así que nos apetecía probar con otros estilos. Yo escucho mucho más otros estilos que el de cantautor. Al final soy cantautor por el hecho de que compongo con una guitarra y así es como me salen las canciones, pero el universo que gira alrededor de mi música es mucho más amplio, por eso nos parecía interesante buscar por ahí, y eso es algo que se aprecia en “El otro lado”. 

Vamos a hablar un poco del significado del disco. Pasas de las “postales perdidas” a los “cerezos en flor”. Hay mucha poesía en este título. ¿Qué te lleva al mismo y a su atmósfera? 

Luis Fercán: Los cerezos en flor venían a significar algo así como la lucha de la violencia contra la belleza, el significado de lo efímero, tanto de lo bueno como de lo malo. El cerezo es el árbol en el que antes sale su flor y antes se va. Lo consideran como uno de los más bonitos en Japón, por ejemplo. Así que todas esas contradicciones y esos significados recogían la idea general de la que estaba hablando en las canciones del disco y por eso le pusimos ese título. 

También me gustaría hablar del tema de las visuales y el diseño. ¿Cómo surge eso? Porque es algo minimalista, pero a la vez tiene una riqueza tremenda. 

Luis Fercán: Al principio íbamos a poner como una especie de rama de cerezo en la portada, pero decidimos que era mucho más elegante así, por lo menos para mí, ya que no quería que apareciese ni el nombre ni nada en ninguna parte del disco, ni en la portada ni en la contraportada. Me parece más bonito así, le da la importancia a lo que es, a la ilustración o el cuadro, en este caso el cuadro. Tiene que tener la importancia que tiene y encontrar el significado solo al mirarlo. No queríamos que apareciese ningún cerezo tampoco, así que llegamos a la idea de la ventana porque se me ocurrió un día, sin más. Lo hablé con Famos, el diseñador, hicimos diferentes pruebas y pensamos que podría estar guay. Además, con esta idea podíamos jugar con todos los singles. Nos permitía jugar con el color de la fachada en cada uno de ellos y al final era como algo muy claro, con algo de luz, la casa blanca y el cielo dentro de la casa. 

Incluso los vídeos van por esa línea. Son muy minimalistas, como la portada. 

Luis Fercán: Sí, el concepto nos dejaba jugar con todo esto de una manera bastante fácil. 

Famos también se encargó del diseño de “Portales Perdidas”, ¿verdad? 

Luis Fercán: Sí, él estuvo en “Postales Perdidas” y en “Canciones Completas”. 

Eso es, porque formáis como un equipo muy sólido desde “Canciones Completas desde una Casa Vacía”. 

Luis Fercán: Bueno, en “Cerezos en Flor” el cuadro lo hizo Javier Soto, que es un colega de Asturias. Es pintor y lo hizo él, pero bueno, la idea surgió entre todos nosotros. 

“La vida me va poniendo las experiencias por el medio y yo las recojo y las hago canción”

Hablando del significado del cerezo en flor me vienen a la mente las emociones. Tus discos están cargados de pasión, de emoción, pero también de crudeza. ¿De dónde obtienes todas estas experiencias para dar vida a unas canciones que son tan sentidas? 

Luis Fercán: La verdad es que la vida me va poniendo las experiencias por el medio y yo las recojo y las hago canción. 

Aunque a veces parece que sea demasiado duro si tienes que vivir todo eso que cantas. 

Luis Fercán: Igual suena más exagerado cuando lo canto, pero tampoco tengo una vida muy difícil. Simplemente creo que sí que siento mucho cada cosa que vivo y cuando siento algo lo plasmo en las canciones. Aunque sí, también es cierto que hablo muchas veces como de lo mismo. A lo mejor la misma historia que me pasó en un año la cuento en cinco canciones, pero no es que me hayan pasado cinco cosas diferentes (risas). Acabo de caer en eso, pero sí que es cierto que la gente puede pensar “¡cuantas historias!”, pero más bien es que la misma historia la digo de cinco formas diferentes. 

Me imagino que es algo que no te cuesta demasiado por cómo lo haces, pero ¿te resulta difícil desnudarte de esta manera en tus canciones? 

Luis Fercán: Lo llevo haciendo desde hace tanto tiempo que me sale natural. Desde los dieciséis años, que empecé a componer, por eso para mí es algo que va intrínseco en mi vida. No me cuesta desnudarme demasiado y decir las cosas, la verdad. 

En la entrevista que te hice cuando presentabas tu anterior disco te preguntaba si no te animabas a dar el paso de poner a otro personaje como protagonista de tus canciones en lugar de cantarlas siempre en primera persona. 

Luis Fercán: No, por ahora no. No veo que sea necesario. Seguramente te contestaría lo mismo la otra vez, pero si en algún momento lo hago, estará bien, pero por ahora sigo así. 

Quería hablar de algunas de las letras del disco. Cuando descubrí tu música al principio, reconecté con la canción de autor, que la tenía bastante apartada de mi vida. 

Luis Fercán: Eso me lo está diciendo mucho la gente y estoy encantado. 

Es una sensación que me pasó con “Grieta”, tu debut. 

Luis Fercán: Así es como conocí a Nacho, por cierto. Nacho escuchó “Grieta” y también dijo que estaba desconectado de los cantautores. Quedamos a tomar una birra y hablar de eso y mira, ahora estamos haciendo discos juntos. 

Pues es que es un poco eso. Esa música la había abandonado en cierto modo, pero tú rescatas esa pureza, por la forma de decir las cosas, con la base del cantautor de siempre, pero de una forma nada melosa, que es una característica del cantautor que se ve muchas veces. No es que todo sea así, pero hay mucho de eso. 

Luis Fercán: Sí, yo también estoy de acuerdo con eso. 

“Ver las cosas desde otros ángulos ayuda, además de a hacer mejores canciones, a ser un poco mejor persona” 

Por todo esto quería hablarte de algunas de las letras que me llaman la atención en “Cerezos en Flor”. Estas letras muestran la contradicción o la dualidad que puede haber en tu vida. Las dos caras que nos ofrece. El amor, el desamor, la crudeza, la belleza… Hay letras como “Y dime qué es mejor, ¿cantarte o que no estés aquí?”, que aparece en “Cristales”, o “Tengo la suave certeza de que me quiere bien” de “El año que cambiaste el tiempo”. En una cantas a algo muy duro y en otra es lo contrario. ¿Cuánto hay de esa contradicción en tu día a día que mueve al final tu lírica? 

Luis Fercán: Creo que nada de especial, en comparación con el resto de personas que pasamos por el mundo. Simplemente cuando te pasa algo bueno es muy probable que te pase algo malo también después, y cuando te pasa algo malo es muy probable que te haya pasado algo bueno en una relación también. Son diferentes estados de ánimo y cada vez tengo más claro que tengo que escribir sobre todos esos estados de ánimo que me pasan y no sobre ninguno en concreto. Además, creo que me permite poner el foco desde otro lado. Ver las cosas desde otros ángulos ayuda, además de a hacer mejores canciones, a ser un poco mejor persona, que también es importante. 

Pero parece que cuando se escribe siempre tiene que haber más malo que bueno para poder encontrar el caldo de cultivo. 

Luis Fercán: Sí, pero no tiene por qué. Lo que pasa es que puedes hacer cinco canciones sobre lo malo y una sobre lo bueno, o seis sobre lo bueno y una sobre lo malo, y no significa que hayan pasado más cosas buenas o malas. 

Otras letras como “Vuelve a destrozarme mientras puedas”, de “Está gritando”, u “Hoy que me ha costado más vivir que imaginarte”, de “Esta vez”, duelen de veras. ¿Son una manera de canalizar el dolor? ¿Sientes alivio cuando consigues hacer que estas canciones se conviertan en algo universal? 

Luis Fercán: Es la forma de canalizar mis emociones, que es lo que llevo haciendo desde que empecé a tocar, y creo que es lo que seguiré haciendo. Es lo que me ayuda y lo que a la gente le gusta, la verdad. Creo que lo seguiré haciendo siempre con mi música. Canalizar las emociones, el dolor y la felicidad. 

Y, por ejemplo, cuando dices, “Poco a poco me acostumbro al vendaval que es saborear tu cuerpo de memoria” en “Alguna Noria”, me pregunto si para sanar es necesario dejar atrás esos recuerdos a los que nos aferramos. ¿Es bueno soltar? 

Luis Fercán: Creo que no necesariamente, pero sí que para sanar ayuda soltar las cosas y no aferrarse. Y si además lo haces canción, queda volando por ahí y creo que ayuda un poco. 

Quizá el verso que más me ha gustado sea el de “Tropezar por ir mirándote, a mí siempre me ha compensado”, de “El otro lado”. Me parece una canción maravillosa porque lo recoge un poco todo. 

Luis Fercán: Ese verso es medio robado de un colega, pero sí, la canción recoge un poco la idea del disco. 

¿Es también una manera de mostrar que no hay que esconder esos tropiezos, que los tropiezos nos ayudan? 

Luis Fercán: Eso es, totalmente. 

Por lo tanto, ¿se aprende más que se pierde de esos tropiezos? 

Luis Fercán: Sí, yo creo que sí. Me baso en eso, así que sí (risas). 

Hemos hablado de la canción de autor y te he preguntado otras veces por tus referentes. La forma en la que cantas me lleva más a la manera de Glenn Hansard, cuando se desgañita en “Once”, por ejemplo, y esa forma que siempre tiene de interpretar. Pero esta vez veo también un poco de rollo americano a la hora de cantar o por el uso del pedal steel. Me parece que hay algo nuevo. ¿Quiénes han formado parte de tu inspiración en todo este tiempo? 

Luis Fercán: Para este disco me ha inspirado muchísima gente diferente, pero sí que siguen ahí Glenn Hansard, Damien Rice y todos esos músicos que siempre tengo presentes, como Joe Purdy o Gregory Alan Isakov. Todos ellos siempre los tengo cerca. Después sí que cojo pinceladas de otra gente, pero el grueso sería un poco de estos. 

Todos estos músicos tiran más al Norte, no son tan americanos. 

Luis Fercán: Sí, por eso, hacen más folk irlandés la mayoría. Bueno, Gregory Alan Isakov es sudafricano, curiosamente. Joe Purdy sí que es americano y es más folk, pero Glenn Hansard y Damien Rice son irlandeses. 

Más viscerales, más del norte… 

Luis Fercán: Sí, aunque al final supongo que hay algo ahí en común. 

Nos muestras la crudeza del cantautor más puro, pero a la vez te veo abierto a otros escenarios, a otros estilos, porque hay melodías tuyas que son incluso pop. Sin embargo, en este disco prácticamente no aparecen estribillos. Hay algo abierto ahí. ¿Hacia dónde nos puede llevar tu espíritu inquieto? 

Luis Fercán: Pues no sé, aunque creo que se ve en el disco. Por ejemplo, el cierre con “El otro lado” no tiene mucho que ver con “La niebla”, que es el primer tema, y aun así creo que recogen una esencia común. De todas formas, esto va a ir según como vaya la gira, como vaya mi vida, según lo que vaya escuchando. Todo eso influirá en el enfoque que le demos a los siguientes discos. Por ejemplo, el sonido de “El otro lado” es algo que me gusta mucho ahora, pero no sé qué pasará dentro de unos meses. 

En realidad, siempre has tenido alguna canción en cada disco así, como más potente, con más batería, desde tu debut. 

Luis Fercán: Sí, siempre buscamos un poco más de eso. Siempre ha habido alguna, bueno menos en “Canciones Completas”, que el concepto era oro, pero sí, siempre ha habido alguna de ese estilo. 

 “La Niebla” es una de las que más me ha gustado, porque también tiene una base sintética que atrapa. ¿Es un sintetizador? 

Luis Fercán: No, son las guitarras de Nacho, pero con muchos pedales. Le da un aire como de salirse de lo clásico. Un punto más etéreo. 

“Con que a cualquiera que venga a uno de mis bolos le haga el diez por ciento de lo que me hace a mí la música de otros, me quedo contento para siempre” 

Ahora que estamos en periodo de premios cinematográficos, no sé si has visto la película “Sinners”, que tiene dieciséis nominaciones a los Oscars nada menos. Hay una frase que se remarca en esa película que dice que “cuando un músico es muy bueno puede abrir las puertas a lo fantástico, es decir, a que se cuelen en el mismo plano el pasado, el presente y el futuro”. Y hay una escena auténticamente bestial donde se plasma esto. Es una afirmación que me parece muy interesante para reflejar lo que es el poder de la música. ¿En qué medida crees que tu música, o la música en general, nos ayuda a trascender esas fronteras? 

Luis Fercán: Yo sé lo que hace la música en mi vida, pero en la del resto no tengo ni idea, aunque espero que sean cosas guays. Lo que hace la música en mi vida es cambiármela, la verdad. Con que a cualquiera que venga a uno de mis bolos le haga el diez por ciento de lo que me hace a mí la música de otros, me quedo contento para siempre. 

Imagino que hacer tu música, componerla, te hace ese mismo efecto a ti también. 

Luis Fercán: Sí, totalmente. 

Pues te recomiendo la película. 

Luis Fercán: ¡Qué guay! Sí, la veré, la veré. Me la voy a apuntar. 

Te veo como una persona algo reservada, sin embargo, estás cada vez más abierto en las redes. Cada vez te muestras más y nos cuentas más cosas. ¿Cuánto te han ayudado o cuánto de útiles han sido para ver los frutos de tu carrera y para abrirte un poco más? 

Luis Fercán: Bueno, intento ser celoso con mi intimidad porque creo que, aunque juegue en mi contra algunas veces, prefiero tener más intimidad y que la gente, más o menos, solo sepa acerca de mi música, que es lo importante. El resto de mi vida es importante solo para mí, para los que me rodean. Pero sí, las redes me han ayudado muchísimo. Que la gente pueda escuchar mi música desde cualquier parte del mundo es muy importante.

En cuanto a la gira, podría decirse que eres un músico de sala, pero en este tiempo también has tenido bastantes festivales. Para este disco, decíamos al principio, que tienes una gira bastante extensa. ¿Cómo vas a adaptar tus directos a las nuevas exigencias de los escenarios? Porque, por ejemplo, en Zaragoza abres la gira en un auditorio y vas a ir a salas un poco más grandes. Así que, ¿cómo vas a adaptarte? 

Luis Fercán: Vamos a hacer más o menos lo que hacíamos antes, pero dándole alguna vuelta. Algo que hemos hecho entre Juan Regueira, que es el técnico, y yo. Va a ser como crear una intimidad importante, que sea como el salón de casa. No va a sonar exactamente igual que en el disco, porque voy a ir yo solo la mayoría de las veces, pero vamos a intentar que suene lo más parecido al mismo. Que por lo menos la intimidad esté ahí y que lo que transmita sea lo mismo. 

¿Pero vas a ir en alguno con banda también? 

Luis Fercán: Sí, pero en muy pocos. 

¿Y con Nacho? 

Luis Fercán: Con Nacho sí, en algunos. Cuando pueda, seguro. 

Te quería preguntar también si vas a ir con sonorización abierta, como llevabas en las salas pequeñas, porque eso es una auténtica maravilla. 

Luis Fercán: Ahora vamos con micro en la voz y un micro abierto en la guitarra. Vamos con dos micros, pero voy a llevar jack también en la guitarra, aunque más bien por un tema de logística y de comodidad para el técnico, pero sonará parecido a la sonorización abierta. 

Es que a mí siempre que te he escuchado así me ha maravillado. 

Luis Fercán: Sí, es muy guay eso, totalmente abierto, buscando los silencios y demás. Pero ahora queríamos hacer algo diferente, así que vamos buscando otros sonidos, pero para que suene mejor, precisamente. 

Has venido de Latinoamérica hace poco. Has dado varios conciertos por allí. ¿Cómo te has sentido? ¿Cómo ha sido el recibimiento? 

Luis Fercán: Increíble, la verdad. La gente súper a tope con las canciones. Poquito a poco, intentando llenar cada vez más, pero la idea es ir todos los años. 

Así que volverás con esta gira también, pero ¿hay otros sitios donde crees que podría crecer tu propuesta? 

Luis Fercán: Quiero hacer gira europea. Me apetece mucho. Tocar en Irlanda me hace mucha ilusión, porque es muy importante, pero sí, la idea es hacer una gira europea cuando se pueda. 

Parece que esta gira está funcionando bien, con varias fechas agotadas como te comentaba al principio, pero ahora que lleva ya el disco estos días de rodaje, ¿cuál es el feedback que estás recogiendo? ¿Qué es lo que más te está llamando la atención desde su salida? 

Luis Fercán: Es increíble, la verdad. La gente está muy por encima de lo que pensábamos. Lo está recibiendo increíble y está escuchando el disco entero. Eso para mí es muy importante. Es la hostia, la verdad. Solo palabras buenas. 

Además venías de discos más cortitos y ahora haces un disco un poco más largo. 

Luis Fercán: Sí, es un disco más largo. Es un poco más arriesgado eso, pero me gusta que sea así. 

Me encanta ver cómo has crecido. Poquito a poco. Hemos pasado de verte frente a veinte personas, luego con cincuenta, después a ir llenando en Zaragoza el “Rock and “Blues”, y ahora tocar en el auditorio. Me imagino que esto está sucediendo en más sitios. ¿Es verdad que esta música de autor, esta música más pura, a pesar de todo lo que hay alrededor y de la gran variedad de propuestas, parece que tiene un calado importante? 

Luis Fercán: Sí, creo que hay un hueco ahí. La gente está viniendo a los conciertos y ojalá siga viniendo más, o la misma gente por lo menos (risas). Tampoco es que quiera que sea más rápido, me parece importante que sea poco a poco. 

No te quiero robar mucho más tiempo. Veo que vienes con dos guitarras para el concierto. 

Luis Fercán: Sí, voy a sacar dos guitarras. Una es la que llevó Nacho Mur toda la vida. Él se pilló otra guitarra y yo le pillé ésta. Tengo muchas ganas de este concierto porque va a ser el primer bolo de la gira y el primero que dé con ella. 

¿Cómo ha surgido lo de empezar la gira fuera de tu casa? Porque luego te vas la semana que viene a hacer cinco conciertos en Santiago. 

Luis Fercán: A Zaragoza vine todos los años desde que empecé a tocar, así que me gusta empezar aquí. Luego toco en Santiago, aunque esto es algo que coincidió el encajarlo con el Inverfest, sin más, pero me encanta Zaragoza.

Kid Congo Powers: “Creo cosas que expresan un sentimiento y espero que le gusten a la gente”


Por: Javier González. 
Fotografías: Gilbert Trejo.

Kid Congo Powers & The Pink Monkey Birds arrancarán una nueva mini gira de conciertos en nuestro país mañana; la misma tiene tres paradas anunciadas que tendrán lugar los días 25, 26 y 27, con actuaciones programadas en Zaragoza, Madrid y Valencia, donde unos cuantos afortunados podrán disfrutar de las evoluciones en directo de uno de los grandes subalternos del rock en los últimos años, tal y como atestiguan su militancia en bandas de sobrado renombre tipo The Gun Club, The Cramps y Nick Cave and the Bad Seeds

En nuestra memoria permanece vivo el dulce recuerdo de su última visita a nuestro país, donde pudimos disfrutar de sus evoluciones en directo, desgranando sus mejores temas con grandes dosis de actitud y cercanía, mostrando lo que son los cánones del rock and roll en una noche mítica en el Fun House en la que en pudimos saludar al mito y charlar distendidamente con él. 

Hoy, no sin cierto apresuramiento, nos ponemos en contacto con él para conocer un poquito más de cerca el presente de un gigante llamado Brian Tristan que responde al nombre de Kid Congo Powers

Brian, ¿qué tal te va la vida? ¿Cómo han sido estos últimos años? 

Kid: Últimamente he estado muy ocupado saliendo de gira con Alice Bag en Juanita & Juan, y ahora lo estoy con los últimos detalles de mi nuevo disco, “Tucson Safari”. Se trata de una colaboración con Naim Amor que se publicará con el sello “In The Red Records”. 

En pocos horas volverás a actuar en España, concretamente en Zaragoza, Madrid y Valencia, como parte de una gira que te llevará por toda Europa. ¿Qué recuerdos tienes de tu última visita a España? ¿Cómo te trata el público español cuando la visitas? 

Kid: ¡Tengo muy buenos recuerdos de mis visitas a vuestro país! Me encanta España y su público es realmente apasionado. 

Nos sorprendió mucho tu amabilidad en el escenario y que estuvieras allí antes y después del concierto firmando autógrafos y haciéndote fotos con la gente. Ya sabes, esa no es la actitud típica de las leyendas del rock. 

Kid: Supongo que me gusta comunicarme con el público, tanto dentro como fuera del escenario. Conectar con la gente hace que simplemente la magia suceda. 

Durante tu última visita, pudimos disfrutar de algunas de las mejores canciones de tu carrera, con especial énfasis en tu álbum "That Delicious Vice", pero también interpretaste versiones muy especiales, como alguna que otra canción de The Gun Club. ¿Qué repertorio has preparado para esta nueva visita? 

Kid: No te puedo decir mucho al respecto, aunque puedo adelantarte que tocaremos una nueva canción, “Aphrodite Expedite”. El resto del repertorio es una sorpresa. 

Recordamos con mucho cariño aquella última actuación, ya que nos regalaste una noche de puro rock and roll, con una banda que sonaba fantástica. ¿Crees que la esencia del rock and roll sigue estando en el underground y en los locales pequeños? 

Kid: En nuestro caso, nos adaptamos al público, da igual si son 10 personas o 10.000 personas. Salimos siempre a darlo todo. 

Te lo pregunto porque últimamente parece que todo se ha convertido en una carrera por ver quién vende más entradas y quién tiene más reproducciones en las plataformas de streaming. ¿Cuánto ha cambiado la industria musical desde que empezaste? 

Kid: Me mantengo independiente y al margen de la industria musical en general. Creo cosas que expresan un sentimiento y espero que a la gente le gusten. 

“La música tradicional crea magia” 

La última vez que hablamos, mencionaste lo importante que había sido para ti de niño, una banda como Theee Midniters, de tu ciudad natal, “La Puente”. ¿Crees que en estos tiempos se ha perdido un poco la importancia y la influencia del rock en las nuevas generaciones? 

Kid: No estoy seguro de saber la respuesta. Nunca subestimo la juventud y a veces las influencias pueden resultar muy diferentes a las originales. Es parte de la alquimia de la tradición musical. Crea magia. 

Entre tus mayores influencias también estaban los Ramones, una banda de punk rock directa y sin rodeos que revolucionó la escena y tuvo un impacto real en toda una generación de jóvenes. ¿Crees que algo así puede volver a ocurrir con el punk? 

Kid:
De nuevo creo que me haces una pregunta de respuesta casi imposible. Creo mucho en los psíquico y esotérico, pero también pienso que las tendencias musicales dependen de la conciencia colectiva. 

En nuestra conversación anterior, también mencionamos a Ritchie Valens y Mink DeVille. ¿Cómo contribuyeron sus álbumes a tu desarrollo musical? Por cierto, ¿qué álbum recomendarías de cada uno y por qué? 

Kid: Te diría que “La Bamba” de Ritchie Valens, por supuesto, es todo lo que uno necesita. Y por otro lado, rescataría el primer álbum de Mink DeVille, “Cabretta”, es mi favorito, creo que todo lo que incluyó en él son buenas canciones. 

¿Qué bandas hispanas actuales te han llamado la atención últimamente? ¿Cuáles nos recomendarías escuchar? 

Kid: Me gusta una banda del este de Los Ángeles llamada “The Tracks”, aunque me temo que se separaron. Uno de sus miembros está haciendo música cool como De Jesus. También me encanta una banda de cumbia psicodélica Sondido Gallo Negro de la Ciudad de México. Y un grupo punk llamado Soga, que están afincados en el D.F. 

“Es bonito estar orgullos del pasado, pero hago música para el presente, me mantiene vivo” 

A lo largo de tu carrera, has participado en algunos de los proyectos musicales más emocionantes e interesantes de los últimos cincuenta años. ¿Qué se siente al mirar atrás y saber que estuviste ahí y desempeñaste un papel fundamental en algo único? 

Kid: Es bonito estar orgulloso del pasado, pero hago música para el presente... me mantiene interesado, curioso y vivo. 

Sabemos que todavía extrañas a tu hermano Jeffrey Lee Pierce. ¿Cómo eran las giras y los conciertos con The Gun Club? 

Kid: Eran realmente divertidas. Pasábamos tiempo borrachos y había muchas risas. 

¿Y cómo era el ambiente en los conciertos de The Cramps? 

Kid: Eran una auténtica locura. Magia del caos. Ruido. 

Más tarde, tuviste la oportunidad de grabar algunos álbumes con Nick Cave & The Bad Seeds durante su etapa en Berlín. ¿Cómo era el ambiente en la ciudad por aquel entonces? ¿Qué tenía que fomentaba la experimentación? 

Kid: ¡Me encantaba vivir en Berlín! Estuve allí hace poco y vi a muchos amigos de aquella época. Estar tan cerca del muro de Berlín fue realmente excitante. 

Tu música siempre ha tenido un toque combativo, buscando expresar los sentimientos de ciertas minorías y grupos que han experimentado la intolerancia en carne propia y que siguen luchando por sus derechos. ¿Qué opinas del estado actual del mundo? ¿Crees que hay lugar para la esperanza entre tantos líderes desquiciados como Trump? 

Kid: ¡Todos debemos resistir! 

Han pasado casi dos años desde el lanzamiento de "That Delicious Vice". ¿Cómo estás trabajando en las nuevas canciones? ¿Planeas lanzar un nuevo álbum pronto? 

Kid: Grabaremos un nuevo álbum en mayo en Muscle Shoals, Alabama. ¡El ambiente de las canciones es genial! Si estás trabajando en material nuevo, ¿cómo suenan estas nuevas canciones? Kid: ¡Suenan de maravilla! 

Muchos de nosotros nos hemos sumergido en tu universo musical gracias a tu autobiografía, “That Delicious Vice”, uno de los mejores libros sobre rock que he leído. ¿Crees que habrá espacio y tiempo para una secuela? ¿O tal vez para un libro que explore tu pasión por la música de una manera diferente? 

Kid: No tengo planes para un nuevo libro. El primero me llevó 10 años escribirlo. Tengo una idea que ronda mi cabeza, pero estoy ocupado haciendo música. Necesitaría tener tiempo y espacio libre para escribir otro libro.

José Bonaparte: "Aires, Romanzas y Canciones"


Por: Txema Mañeru. 

Estaba muy claro que dos personajes (¿o bandas?) como Napoleón Solo y José Bonaparte tenían que estar íntimamente relacionados. José Bonaparte es el alter ego de José Úbago González, músico, compositor y cantante de Granada conocido por ser el bajista de la banda Napoleón Solo, junto a Alonso Díaz, Jaime Cordones, Miguel Ángel Díaz y Luis Miguel Jiménez. También canta y toca habitualmente con Soleá Morente, aunque tiene otras aventuras musicales por ahí menos conocidas.

Debutó como José Bonaparte con un cuidado EP de cuatro canciones titulado “Al Otro Lado” (Bumbac) a finales de la pasada década. Pero es ahora cuando, por fin, nos entrega su primer y esperado LP, aunque ya había aportado buenas composiciones para discos de Napoleón Solo y para otros artistas también. José Úbago ha producido el álbum y grabado la mayoría de las pistas, incluyendo pianos, guitarras, bajo y las muy cuidadas voces, creando un sonido muy personal en el que conviven perfectamente tradición y experimentación. Hay edición en vinilo con carpeta doble y vinilo de color rojo al igual que la edición en casete. Muy cuidada también la versión en compacto con precioso libreto de 24 páginas. 

Comienza el álbum con aires a Los Planetas, entre flamenco y psicodelia evocando los últimos días de Al-Andalus. Cuidados teclados para esa maravilla titulada "Tangos de Abenámar", con su gran letra tradicional. Siguen los más de 6 minutos y medio de "El Tundidor", también con ritmos ricos arábigo-psicodélicos. Una riqueza musical que se alimenta de unos coros mágicos - entre Rocío Morales y Arturo Muñoz-  que te mecen y un aroma del mejor Nacho Vegas, pero con aires del sur para dar forma a un tema lento que enamora. Toques folk y hasta algún arrebato medieval encontramos en la bucólica "Queremos Hablar", con una melodía realmente hermosa y un saxo alto de Ingrid realmente precioso que acompaña a la calidad en sus guitarras acústicas y eléctricas. "Amarillo" es otra delicia folk que puede encantar a seguidores de Devendra Banhart o Vainica Doble, por igual. ¡De nuevo maravillosos arreglos en forma de vientos y teclados con psicodelia folk totalmente relajada! Un tema inspirado en un poema de la poeta granadina Elena Martín Vivaldi. Cierra la cara A "Marín y Castillo", con más folk del sur y una hermosa flauta. Todo con un ritmo burbujeante que habla del primer deseo y de creer en los ojos de la persona amada. Sí, aires flamencos o andaluces en la letra con partes que pertenecen a una taranta primitiva. Texto de esos dos genuinos trovadores que interpretaron por Tarantas Enrique Morente y Pepe Marchena.

Vuelven los colores al abrir la cara B con "Luz Azul" y un majestuoso piano y otros ricos teclados, además de una llamativa marimba. Algo de Tom Waits o Nick Cave al piano (aunque él se dice seguidor de genios más recientes como Thom Yorke o Damon Albarn) con un estupendo aire solemne y una trabajada letra con un bajo muy presente y una batería marcando el tempo. El cálido clarinete lo aporta su amigo Alonso Díaz (Napoleón Solo) La preciosa voz melódica de José suena mejor que nunca. "Ruidos y Recuerdos" es otra joyita totalmente reposada que desde luego te hace pensar y recordar…, con unos teclados realmente preciosos. "Carabina Destroyer" sigue esos tonos reposados con buna acústica y un bajo muy presente. Pimientos, tomates, ajos y trabajo en su cuidada letra. La elegíaca guitarra eléctrica es una gozada total. "La Mosca" es el focus track del disco y es un cante genuino del Sacromonte. Mola con su violín, sus bandurrias, la mandola y el laúd, además de sus castañuelas y sus aires costumbristas (también en la letra) casi de copla, pero también con rasgos folk y buenas guitarras y divertidos coros. 

El disco se cierra  de manera muy tradicional con uno de sus temas más antiguos, "El Romancillo Del Mirar Sin Ver", que arranca también intima y desnuda con su estupendo piano. Piano, voz y magia con un estribillo popular que es una maravilla al que luego se suman unos ricos coros que acaban en plan fiesta total. Ha tardado en sacar su primer LP en solitario, pero se nota que se lo había trabajado y es una preciosidad de principio a fin. ¡Viva el arte y la música de “Graná”!

Viva Suecia sangra, pero no duele


Pabellón Príncipe Felipe, Zaragoza. Viernes 20 de marzo de 2026. 

Texto y fotografías: Javier Capapé. 

La palabra sería apabullante. Así es el show de la gira más reciente de los únicos murcianos que vienen del norte. O al menos con esa sensación me quedé flotando tras su impactante directo. Principalmente llamativo por su imagen y dimensiones. Sin duda, es algo colosal, que impresiona en cada nueva visual que puebla su ingeniosa escenografía y te deja exhausto. Pero todo eso está lejos, muy lejos, de las canciones. Porque el concierto debería girar en torno a esas canciones y no al revés, con sus impactantes efectos como desencadenante de las mismas en lugar de ser ellas las que lleven el timón. Y esto es algo que lamentablemente ocurre en algunos momentos. Nos parece que estemos viendo un poderoso documento visual en pantalla Imax. Que sí, que suenan poderosos y precisos, pero todo está demasiado calculado y al servicio del espectáculo global más que de sus proclamas.

No es que quiera que los cuatro músicos que montaron esta magnífica banda hace ya más de diez años vuelvan al semi anonimato. Nada más lejos de la realidad. Todos sabemos que la aspiración de cualquier músico es el éxito o el reconocimiento de un público masivo, y eso nunca querré que lo pierdan, pero sí que sus canciones vuelvan a dominarlo todo, como cuando quedé atrapado la primera vez que los escuché en directo presentando el necesario "Otros principios fundamentales". Entonces fue solo su música, sus poderosas guitarras, su base rítmica musculosa y su actitud, lo que se clavó en mí hasta quedar dolorosamente enganchado a su influjo. No es que de eso quede poco, pero ahora hay demasiado envoltorio.

El primer día de la presente primavera no era precisamente un tiempo de paz, pero ellos se empeñaron en conseguir que todos dejáramos fuera nuestras preocupaciones y los múltiples sinsentidos que nos rodean para abrirnos las puertas de su casa. Porque nos recibieron como si ese gran escenario con varios niveles fuera eso mismo, su hogar. Y es que cada pabellón que están recorriendo lo hacen suyo. Desde los primeros toques de sintetizador con los que abren "Dolor y Gloria" todo el público explotó en una comunión pagana donde ni un alma dejó de cantar cada frase de la misma, al igual que ocurrió con todas y cada una de las canciones que sonaron de sus dos últimos discos, los que los han acercado a esa masa que los abraza sin remisión.

Uno de los momentos más intensos llegó pronto. Tras la más insulsa "La Orilla" fue el turno de uno de sus emblemas primigenios. "A dónde ir" sonó a clásico necesario para aquellos que amamos sus contundentes guitarras y su densa distorsión, aunque a otros les sonara extraña esa frase lapidaria que, aunque lo parezca, no iba dedicada a algunos espectadores como yo. Aunque sí, para el que esto escribe, ese "hay más enemigos en la piel de los testigos que entre aquellos que juraban contra ti" dolió un poco.

Doce años viviendo a Zaragoza. De la Sala López al Príncipe Felipe. Como Rafa Val dijo antes de "Lo siento", siempre han estado verdaderamente agradecidos por la respuesta de su público aquí, que se sintió tan interpelado con "Fuimos felices aquí" como con la esperanzadora "Deja encendida una luz", en la que estalló la primera explosión de confetis de la noche.

En estos momentos Viva Suecia podría colarse en el menú de Ikea. Basta con comprobar lo variopinto de su público, más cerca de la clase media acomodada que de los inconformistas de manual, nada que ver con aquellos que llenaban años atrás la sala Oasis. Sin embargo, tuvieron momentos para exigir al respetable cierta atención más allá de lo previsible. Así se marcaron una contundente "Bien por ti" o la excelsa "Permiso o Perdón", con la que no hicieron concesiones y se ensombrecieron hasta sus tiempos pretéritos, aunque muchos de los presentes no llegaran a entenderla. Eso sí, en ella nos descolocó la presencia de vientos para dar contundencia, por encima de las guitarras de siempre, algo que ocurrió en muchas otras canciones de la noche, como queriendo emular a una nueva versión de la E Street Band. Pero ni Viva Suecia tienen la presencia política y cultural del "Boss" ni su sección de vientos cuenta con un Clemons en sus filas. Son más bien la cara pop de unos Coldplay patrios "perdiendo fuerza entre los dientes". A pesar de eso, "Algunos tenemos fe" acertó con su vestimenta renovada, mucho más negra y con una interesante presencia de la percusión y los coros, además de los vientos. Por su parte, "La voz del presidente", una de las mejores canciones de su cosecha post pandémica, también se benefició de estos interesantes arreglos.

En "Los Afortunados" admitieron que el título de su último disco no casaba con estos tiempos, pero que ellos habían escrito estas canciones desde una posición cercana a esa paz que reivindica el mismo, y como grandes afortunados por lo que su pasión les está regalando, encararon con gran presencia ésta, así como la más vitalista "Querer" o la oportuna "Justo cuando el mundo apriete". Carmen Hoonine, la artista que les acompaña en guitarra y coros desde su gira anterior, se encargó de dar la réplica a Rafa Val en "Tú y yo contra los demás", tal y como ocurre en el disco, y consiguió convencernos plenamente gracias a poder sentir cómo disfrutaba delante de ese entregado público. De la misma manera, con un derroche pasional por parte de banda y público, acometieron "Sangre", aunque para los más nostálgicos, la cumbre llegó al brindar un acertado guiño a esta tierra con "Apuesta por el R'n'R" como intro, antes de afrontar una remozada "El Mal".

"Melancolía" bajó el tono de la velada y reforzó el papel de las coristas de la banda, aunque cuando la presencia de todo el conjunto se dejó notar de veras fue en la más suave "Hablar de Nada" (de nuevo con Hoonine haciendo esta vez las veces de Valeria Castro), en la desprejuiciada "Una Bandera que nos sirva a los dos" y, muy especialmente, en esa instrumental pseudo funky que precedió "El Bien", sirviendo a la par de presentación del numeroso grupo de músicos que acompañan a los cuatro miembros originales de Viva Suecia. "El Rey Desnudo" y "No hemos aprendido Nada" rugieron con mucha fuerza, demostrando la máquina tan bien engrasada que son ahora estos suecos, una máquina que además sabe encajar a la perfección mensaje con efectismo escénico, pues las grandes pantallas sirvieron en estos momentos en particular de irremediable gancho. 

Acorde con estos tiempos en los que cada vez encontramos menos teatro a la hora de buscar los bises en los conciertos, el grupo prescindió de ellos y se lanzó a la recta final de la velada con dos de sus mejores armas. "Lo que te mereces" siguió sonando tan certera como siempre, directa a la yugular (aunque aquí chirriaban algo sus visuales más coloristas), pero sin duda alcanzamos el éxtasis con "Amar el conflicto (Todo lo que importa)", en la que Rafa cantó entre el público y volvió a hacer nuestra esa gran verdad que nos sigue instando a buscar todo lo que importa en el aire. Todo está ahí y ellos han conseguido agarrarlo al vuelo y hacerlo grande. Sin destacar especialmente ninguno además de su frontman, pero gozando todos de este momento de gloria. Finalmente, se despidieron con más explosiones de camaradería colectiva, asegurando que ésta había sido la cita más increíble de todas en esta ciudad (es fácil decirlo cuando tienes casi nueve mil personas a tus pies). Quizá no fuera la más auténtica (eso no se atrevieron a afirmarlo), pero sí la más efectiva y efectista. Gentes de toda índole se dieron la mano, porque Viva Suecia ha llegado hasta ese pantanoso terreno en el que conviven el indie de manual junto al yupi más desprejuiciado que se deja ver en este tipo de grandes eventos tan fácilmente como en la "Champions Burger", al que le importa más el continente que el contenido. Eso es lo que me molesta del ascenso hasta los cielos de Viva Suecia, que sigue sin terminar de encajarme, como no me encaja tampoco esa insulsa "Mala prensa" que despidió la noche, ajena a lo que estaba sucediendo afuera. Ligera y por momentos vacía.

Si el futuro de esta banda pierde sus cimientos que se asentaban en esas potentes descargas distorsionadas y opacas de sus primeros álbumes, estaremos hablando de algo muy grande, pero más vacío, con menos verdad entre tanta luz. Hace unos años nos hacían pensar en otros principios fundamentales, pero se han diluido, nos decían que amaban el conflicto cuando ahora parecen sentirse cómodamente en paz, y a pesar de obrarse el milagro para los murcianos (ese que andaban buscando cuando lanzaron el que se convirtió en su disco más atrevido hasta la fecha) nos dejan cierto sabor agridulce. Un directo incontestable, por supuesto que sí. Con el efecto grandilocuente y gozoso similar al que nos deja una jornada vivida a todo gas en un gran parque temático, pero servido en bandeja fría e impersonal. Esperemos que su particular ruta hacia el Norte no termine de ocultarse entre tanta luz.

Guardianes de la cultura popular: “Dickens y Prince”, de Nick Hornby.


Por: Guillermo García Domingo.

El escritor de “Alta Fidelidad” es un narrador visceral que en este ensayo poco o nada académico vuelve a desplegar esa narrativa apasionada que representa su seña de identidad. Cuando escribe sobre lo que le gusta, ya sea la música o el Arsenal no hay quien se resista a su escritura.

Esta vez su pasión arrebatadora se presta a desentrañar el secreto (común) de dos genios que no se conocieron, el escritor británico Charles Dickens y el músico de Minneapolis, Prince. O tal vez ambos gigantes artísticos sean la excusa verosímil para escribir persuasivamente sobre sus intereses culturales. Porque este libro no versa exclusivamente sobre estas dos personalidades sino sobre la capacidad que las obras culturales tienen para otorgar sentido a nuestras vidas, que seguramente serían erráticas y absurdas si no fuera por lo que han hecho músicos como Prince, y libros como los que escribió Dickens y otros narradores del siglo XIX. Así que este ensayo es también un libro sobre el propio Hornby y la influencia que la música y la literatura ejercen sobre las mujeres y los hombres contemporáneos. 

No obstante, Hornby cumple de forma satisfactoria con el propósito inicial y consigue comparar ambas trayectorias. Tuvieron infancias y adolescencias más que problemáticas y sufrieron la escasez de recursos económicos. Son artistas populares, “guardianes de la cultura popular”, sostiene Hornby, puesto que “se puede argumentar que se hicieron famosos “por” su pobreza, no a pesar de ella… aprendieron a expresarse, y a expresar las vidas que habían llevado de formas que tenían sentido para millones de personas: personas que habían compartido sus experiencias, o que ya no parecían querer escuchar a aquellos que habían llevado una vida más privilegiada”. 

Los dos tenían prisa, fueron precoces a la hora de demostrar su talento desbordante, tan voraces como en su vida amorosa y sexual, ¡a lo largo de toda su vida! Prince dejó un número ingente de canciones grabadas, desvela Hornby. El secreto de su voracidad creativa no dependía de su innegable talento, como acostumbra a pensar incluso la mayoría de la crítica, debido a la influencia de la teoría romántica del genio individual, sino sobre todo de su inusual y descomunal capacidad de trabajo. No se refiere Hornby con esto al tiempo que pasaban componiendo, grabando y escribiendo. Es lo que “consumían”, aquello de lo que se alimentaban lo que les ofreció una fuente inagotable de ideas y caminos artísticos que recorrer por sí mismos: “no son las diez mil horas de práctica lo que cuenta; quizá son las diez mil horas de consumo”.

Otro de los puntos más destacados de este original libro es que los dos artistas tuvieron que defenderse ante las prácticas extractivas y abusivas de la industria cultural (estadounidense), los editores a la otra orilla del Atlántico se apropiaron de los libros de Dickens sin ningún pudor, es un latrocinio bien conocido, esta batalla por la propiedad intelectual también fue emprendida por Prince, y no siempre resultó bien entendida ni siquiera por sus seguidores. 

Con permiso del autor de “Fiebre en las gradas” añadiría otra característica compartida por ambos: son escritores/músicos de otra época, Prince del siglo XX y Dickens del anterior, que, sin embargo, tienen una vigencia absoluta en nuestro tiempo actual. Su pervivencia no solamente es colectiva, patrimonio de la cultura popular, sino que tienen la virtud de instalarse en el interior de cada uno para siempre. Ningún ser humano debería esperar a leer y conocer a “David Copperfield” mientras escucha “1999” o “Sign o' the Times”, ¡qué suerte poder hacerlo a la vez!

Miguel Marcos: “Quería escribir un libro que marcara un antes y un después dentro de la divulgación musical sobre composición de canciones”


Por: Javier González. 

Fotografía: Carlos Vacas.

Pónganse cómodos, ha llegado el momento de disfrutar de “Viaje hacia la canción perfecta”, gracias al gran trabajo de un buen amigo de esta casa como es Miguel Marcos. Un hombre que no necesita carta de presentación para todas aquellas personas que de manera habitual se dejen caer por estas páginas, puesto que suele aparecer con relativa frecuencia. Para quienes no le conozcan, estamos hablando casi de un hombre del Renacimiento: profesor, compositor, productor y músico, cuyo nombre va ligado a una contrastada carrera bajo el alter ego de Le Voyeur y que más recientemente ha dado vida a Nueva Tragedia, con quienes de forma estrenó disco días atrás, mostrando en ambos proyectos una particular lírica, cuya tónica habitual es rayar a un nivel muy alto. 

Meses atrás editaba en colaboración con la compañía de los siempre atinados amigos de Liburuak, “Viaje hacia la canción perfecta”, una obra única en nuestro idioma, convertida en estudio completo, casi una tesis, que versa sobre el proceso creativo y compositivo, donde a través de sus amplios conocimientos y experiencias propias, repasa las claves de esos enigmas repletos de encanto a los que el común de los mortales llamamos canciones. 

Contactamos con Miguel, quien con la cercanía y afabilidad que le caracteriza, nos acomoda en la categoría “premium” de este viaje altamente recomendable, sobre todo para aquellas personas que saben que la música nunca deja de sonar. 

Hace unos meses editaste “Viaje hacia la canción perfecta”, el único manual en castellano que versa alrededor de esa pieza maestra de la música que es el proceso compositivo. ¿Desde cuándo rondaba en tu cabeza llevar adelante una obra así? 

Miguel: La idea de escribir un libro sobre composición musical es algo que viene de lejos, probablemente de cuando monté el área de música de Hotel Kafka, donde impartía clases junto con otros artistas y docentes de songwriting, de armonía, de composición, arreglos, etc…esto fue allá por el 2008/2009. Ahí empecé a darme cuenta de lo olvidados que estábamos los compositores de este país. Todo planteamiento docente era interpretativo, dejando muy poco espacio para la creatividad y para la composición. Aunque las piezas encajaron mucho más tarde, 12 o 13 años después, cuando empecé a desarrollar el Área de Creación Musical y Narrativas Sonoras de Escuela de Escritores. Fue en ese momento cuando la editorial Liburuak me encargó un manual sobre composición de canciones. Yo les devolví en ensayo-manual sobre creatividad musical. 

“No he trabajado en ningún oficio que no esté relacionado con la música” 

¿En qué punto de tu vida el proceso compositivo comenzó a ser para ti una cuestión casi de vida o muerte? 

Miguel: Creo que desde mis primeras pulsiones creativas conscientes, es decir, a partir de las primeras canciones que compuse con 12 o 13 años. A partir de ese momento sabía que ya no me iba a separar jamás del mundo de la música y de la creación musical. Y así ha sido. No he trabajado en ningún oficio que no esté relacionado con la música. Desde que empecé con 18 años a impartir clases, he sido profesor, docente, artista, compositor, productor musical, arreglista, backliner, compositor para audiovisual, bandas sonoras, cine, TV, radio, podcast, publicidad, periodista musical, director de un sello, curador, mánager, promocionero, etc…Pocos palos me quedan por tocar dentro de la música. 

El libro está siendo todo un éxito, recibiendo unas críticas rotundas y apareciendo en bastantes listados de “lo mejor del año 2025”. ¿Te esperabas un recibimiento de este calado? 

Miguel: La verdad es que no, ha sido muy grato el recibimiento de este libro por parte de los medios y del público general. Piensa que no deja de ser un libro-isla, un libro que tiene un marco muy concreto y, a priori, un difícil encaje para el público general. Ahí estaba el reto, en convertir este libro en un ensayo-manual sobre composición de canciones para todos los públicos. Conseguir ese equilibrio fue lo más complejo de su escritura. Tuve que quitar 4 capítulos excesivamente técnicos para llegar a conseguir ese equilibrio del que hablábamos. 

Es curiosa tanta repercusión, básicamente porque desde fuera da la sensación de ser una obra que principalmente podría estar pensada para melómanos, compositores y músicos. ¿Tienes la sensación de que has roto una barrera que parecía imposible? ¿O por el contrario tú sabías que era un libro que tenía un mayor público potencial del que podía parecer en un primer instante? 

Miguel: Creo que sí que se ha roto esa barrera entre lo sagrado y lo profano. Entre la mitología del pop y la utilidad de ciertas herramientas creativas para aprender a escuchar y componer. Es lo que te decía en la anterior pregunta, creo que la clave para llegar a ese equilibrio y a ese compromiso divulgativo era la necesidad de vehicular a través de mi experiencia docente y artística la narrativa de la creación musical. Por eso este libro suena tan universal desde lo particular. Porque surge de esa dicotomía natural y orgánica que sostiene mi creatividad. La enseñanza musical y mi parte artística. Esos han sido los dos pilares sobre los que he ido construyendo este “Viaje hacia la canción perfecta”. 

“Existía un vacío bibliográfico total sobre composición y escritura de canciones en castellano” 

El mismo presenta un enfoque teórico y a la vez práctico, puesto que sin ir más lo cierras con 500 ideas, ejercicios y consejos para componer. Ambos enfoques me han llamado mucho la atención. ¿Tuviste claro desde un principio cuál sería la perspectiva que darías a la obra? 

Miguel: Ha sido un viaje en todos los sentidos. Evidentemente conoces el punto de partida, pero nunca el destino final. Tuve que ir descubriendo el camino a medida que avanzaba con el libro. Lo primero que encontré es un vacío bibliográfico total sobre composición y escritura de canciones en castellano. Lo cual dice mucho sobre el país en el que vivimos. Tuve que acudir al mundo anglosajón donde el desarrollo de esta disciplina artística lleva generando tejido y cultura desde los años 70 del siglo pasado. 

Armonías, lenguaje musical, historias vinculadas a letras y a vivencias de grandes creadores, son parte de los pasajes y referencias que dan vida a “Viaje hacia la canción perfecta”. ¿Cómo de complicado ha sido compilar todo este saber en una sola obra? 

Miguel: Quería escribir un libro que marcara un antes y un después dentro de la divulgación musical sobre composición de canciones. A veces iba a buscar bibliografía a librerías como El Argonauta, Antonio Machado o el Molar y siempre me decían que ese libro que estaba buscando no existía en castellano, así que tenía que escribirlo yo. No sé si lo he conseguido, pero han sido más de tres años dedicado en cuerpo y alma a este viaje. 

“Este libro ha sido una de mis mejores canciones” 

La lista de nombres a los que das cabida, ya sea como referencia o añadiendo comentarios que han hecho acerca de su propia obra, roza lo enciclopédico. Supongo que este elemento habrá sido una gran ayuda para ti, pero a la vez un auténtico quebradero de cabeza a la hora de coser todo el relato. ¿Estoy en lo cierto? 

Miguel: Este libro creo que ha sido una de mis mejores canciones. Sin duda. Encontrar el camino para escribirlo no fue fácil, de hecho, fue una gran aventura, porque encajar toda esta referencialidad de los grandes maestros de la composición, además de los más de mil ejemplos en forma de canción que habitan el libro y los 500 ejercicios del epílogo me han tenido bastante ocupado estos últimos años. 

“No entiendo la vida sin creación artística” 

Tu vida gira en torno a la creación musical, ya sea como productor, escritor de canciones o en las clases que das en la escuela de escritores. ¿Hasta qué punto has volcado todos esos saberes personales en la redacción del libro? 

Miguel: Llevo compartiendo mis herramientas y mis procesos creativos sobre composición musical desde hace más de dos décadas. Impartiendo clases, subiéndome a un escenario o metiéndome en un estudio de grabación. Era algo natural en el libro. Hablar de mi propia experiencia musical también resultó ser un acto terapéutico muy necesario para saber quién soy y a qué me dedico de una manera más profunda. Si además esto conecta con otros músicos, melómanos y lectores, entonces la satisfacción se multiplica. 

Venga, Miguel, mójate. Te voy a dar la opción de coger cinco únicos nombres que para ti supongan el culmen de la composición, los dioses/as de la canción perfecta internacional. ¿Con cuáles te quedas? ¿Por qué? 

Miguel: Leonard Cohen, Bob Dylan, Serge Gainsbourg, Patti Smith y Nick Cave. Aunque dentro de 5 minutos te diré otros 5 diferentes. 

Y ahora, vamos a reducir la geografía de nuestra pregunta. ¿A nivel nacional cuáles son tus tótems sagrados? ¿Por qué? 

Miguel: Empecemos por una reivindicación personal: Rafael Berrio. Y para completar la lista, podríamos decir Nacho Vegas, Kiko Veneno, Miren Iza (Tulsa) y Josele Santiago. Cómo te decía antes, no soy muy de listas. Es probable que antes de que termine esta entrevista te diga otros nombres. 

“En Nueva Tragedia aparece un motor creativo desde un pop más oscuro, electrónico y vanguardista”

En otro orden de cosas, hace unos meses hemos sabido de tu nuevo proyecto musical, Nueva Tragedia, del cual ya podemos disfrutar. ¿Qué puedes decirnos al respecto? 

Miguel: Nueva Tragedia surge de la necesidad artística de un descanso con Le Voyeur. Y, sobre todo, de expandir la creatividad a un terreno colectivo, compartiendo esa nostalgia del pop más orgánico con mis compañeros. Es verdad que hay un ADN lírico en las letras marca de la casa, ya sabes que soy excesivamente quirúrgico con el verso. Pero la diferencia es que en Nueva Tragedia aparece un motor creativo desde un pop más oscuro, electrónico y vanguardista que entra desde las grietas de la cotidianidad. 

“En 2026, se cumplen 15 años del primer disco de Le Voyeur, eso hay que celebrarlo” 

¿Debemos dar por finalizada tu aventura con Le Voyeur o por el contrario compatibilizarás ambas aventuras? 

Miguel: Ni mucho menos, Le Voyeur sigue más vivo que nunca. Lo que ocurre es que está recuperándose de una resaca emocional muy profunda. Cada proyecto artístico y musical tiene sus espacios y sus tiempos, por eso es necesario cuidarlos dentro y fuera del ring. De hecho, para finales de este año 2026 tenemos preparada una sorpresa con Le Voyeur, se cumplen 15 años desde el primer disco y eso hay que celebrarlo. Docente, productor y músico, toda tu vida, tanto profesional como personal, gira en torno a este maravilloso laberinto que responde a la trilogía música, arte y cultura, donde el proceso compositivo y la creación juegan un papel fundamental. ¿Crees que esta aventura es adictiva? Miguel: No entiendo la vida sin la creación artística. Es algo natural en mí, nunca he vivido de otra manera. Es una especie de desobediencia a la realidad que nos rodea. No sé lo que es tener un trabajo diferente a la música, al arte o a la cultura. Esto también tiene sus inconvenientes, el efecto burbuja que esto produce te aísla y muchas veces hasta te bloquea. Por eso es tan necesario mantener ese equilibrio cotidiano entre la parte artística y nuestro día a día. 

“Aquí todo es supervivencia y precariedad sostenida bajo el peso de los propios artesanos de canciones” 

Este libro parece demostrar que hay vida más allá del mito que de la música y la cultura es complicado vivir en España, en tu caso lo consigues, siendo un auténtico hombre del Renacimiento en el siglo XXI. ¿Qué le dirías a las nuevas generaciones de futuros creadores y creadoras para alimentar su sueño? ¿Cuál es el secreto para que no falte el trabajo ni la inspiración? 

Miguel: La precariedad musical en España no es un mito, es una realidad. Pero esto no es algo nuevo. El problema reside en los sustratos más básicos de la educación. En los colegios que siguen enseñando la escala mayor pitagórica con la flauta dulce o con xilófonos. En los institutos de muchas comunidades se ha menospreciado siempre la asignatura de música relegándola a un segundo o tercer plano o directamente haciéndola desaparecer. Las universidades no tienen grados sobre composición musical ni creatividad musical. Este es el mapa desolador que tenemos. Cero compromiso político y gestor con la docencia artística. Nos queda mucho por recorrer en este ámbito. Por el camino hemos perdido la capacidad de escucha, de reflexión y de pensamiento crítico. El otro día Kiko Veneno le comentaba en una entrevista a Carlos Galán que lo que tienen que hacer las nuevas generaciones de creadores, además de escribir canciones y defenderlas en un escenario, es buscarse otros trabajos para comer. Poniendo el ejemplo de Vera Fauna. Esa es la realidad en la que vivimos. No hay ayudas reales como en otros países, nadie fomenta el arte desde la creatividad musical desde un espacio sostenible y seguro. Todo es supervivencia y precariedad sostenida bajo el peso de los propios artesanos de canciones. 

“La imperfección es la parte orgánica de las canciones, gracias a ello sobreviven y se transforman a lo largo del tiempo” 

Vamos a ir terminando con varias cuestiones. La primera sería muy directa. Sabemos que hay infinidad de temas y composiciones que nos encantan, pero… ¿realmente existe la canción perfecta? ¿O existen infinidad de canciones imperfectas que nos encantan? Como creador y experto en la materia. ¿Qué es más importante el “Viaje hacia la canción perfecta” o el destino? ¿Crees que Kavafis llevaba razón en lo que afirmaba en su poema “Ítaca”? 

Miguel: La canción perfecta no existe. Pero su búsqueda es la excusa perfecta para habitar la creatividad y los espacios donde viven las canciones. La imperfección es la parte orgánica de las canciones, gracias a ello sobreviven y se transforman a lo largo del tiempo. Piensa que las canciones son organismos vivos que nacen, crecen, se desarrollan, se reproducen, pero nunca mueren mientras haya alguien que las siga escuchando, cantando o bailando. Ese es el verdadero viaje, la trascendencia y el legado. 

Esta entrevista ha dado bastante de sí, girando sobre una serie de cuestiones que aparecen en “Viaje hacia la canción perfecta”, con parada en Le Voyeur y Nueva Tragedia, así que solamente nos quedaría despedirnos, no sin antes ponerte en la siguiente tesitura. ¿Cuál es el siguiente y sorprendente viaje que nos vas a proponer? 

Miguel: Ya estoy empezando a escribir el siguiente libro, también relacionado con el mundo musical. Pronto os contaré más novedades sobre esto. Por otro lado, en este 2026 van a salir dos discos nuevos, uno de Nueva Tragedia y otro de Le Voyeur. Mi vida continúa entre la artesanía de la canción, la docencia creativa y el mundo de las bandas sonoras. No me puedo quejar. 

Muchas gracias, Miguel. Siempre es un placer hablar con alguien como tú. Ya sabes que te apreciamos. 

Miguel: Muchas gracias a ti. Un abrazo.