Ferran Palau: “Aniversari Feliç”


Por: Txema Mañeru. 

No sabemos exactamente cuál es el aniversario que celebra, pero la felicidad se pasea por esos cálidos temas de ambiente indie-folk, mayormente, con algunos de esos aromas mediterráneos que tiene muy cerca. Fantásticos resultados para este precioso LP en vinilo de calidad, pero que rula a 45 rpm. Un vinilo así necesitaba una carátula a la altura y así ha sido con la chula fotografía de portada y el diseño del conjunto de Louise Sansom, habitual y jefa de la casa Hidden Track Records

En la co-producción, y con un montón de instrumentos, vuelve a destacar su primo Jordi Matas, pero lo que más llama la atención en este fantasmal disco son los arreglos de cuerda (precioso violonchelo) y un par de delicados músicos de viento. Esas cuerdas y vientos son una de las principales novedades de un Ferran que cuenta ya con media docena de discos grabados con anterioridad. Yo le descubrí con el estupendo y colorista “Kevin”, pero tiene más joyitas a recuperar. También grabó un disco muy especial titulado “Joia”, dedicado e inspirado en las muchas mujeres que trabajan en su auto-gestionado sello, Hidden Track Records. Por cierto que si te pasas por www.hiddentrackrecords.com, comprobarás que está muy reciente también el estupendo nuevo LP (vinilo transparente) de una de dichas mujeres de la casa como es Carlota Flâneur. Estupendo indie-pop en “What My Body Wants”. Sí, grabando lo que quería y lo que le pedía su cuerpo. 

Pero centrándonos en los temas de Ferran, destacar la importancia de sus intrincados y trabajados ritmos. Eso no impide que haya muchos momentos, y hasta temas completos, que suenan de una manera más atmosférica o intimista. Arranca inspirado y lleno de felicidad con el single "Tan Feliç". Me encanta ese violonchelo y la paz que desprende. A mí me ha traído a la mente el “For Emma, Forever Ago”, obra cumbre de Bon Iver. Sigue con "Ei Que Tal?" contándonos todas las hostias que le han pegado. El estribillo es más pop y entre ese chelo mágico y el ukelele del propio Ferran, te puede venir a la mente el nombre del desaparecido (al menos para mí) Devendra Banhart. Sigue otro single titulado "Bang Bang". Aquí el violonchelo suena con mayor solemnidad y el tema es otra auténtica maravilla. En ‘Un Dia El Sol’ nos habla de la posibilidad de que algún día no salga y no parece decirlo en broma. Si te gusta The Tallest Man On Earth, te gustará este tema y este gran músico, en general. Cierra la estupenda cara A la juguetona "Jo Al Teu Lloc", un enigmático tema con los sorprendentes teclados de Jordi en primer plano.

La cara B comienza con "(21)", de nuevo con su ukelele en primer plano y con una melodía que, a mí, me ha recordado al “Ho Sento Molt” de Albert Pla, cuando cantaba en catalán en sus comienzos, antes de su (justa) explosión con el “No Sólo De Rumba Vive El Hombre”. Vuelve a dar calidez su ukelele y aquí aparece el “Aniversari Feliç” que titula el disco. Su estómago está lleno de amor en "Estómac Buit", como esos arpegios de guitarra, que parece tocada con los dedos, que recuerdan al mejor Bert Jansch y el violonchelo que, en esta ocasión, aporta matices clásicos en lugar de los más habituales cercanos al folk. Es el turno para otro lógico single titulado "Que No Plogui Tan Fort", con una segunda voz que parece femenina y con ese chelo poniendo de nuevo los adornos oportunos a las cálidas guitarras acústicas. Una curiosa flauta travesera destaca en "Ben Aviant" junto a más nítidas guitarras y de nuevo con su voz doblada. 

El sentido y muy trabajado disco finaliza con "Em Vas Fer Aixi" y repitiendo a modo de coda “A mi em vais fer aixi”. La emoción que desprende y su brevedad te hacen volver a pinchar un vinilo en el que sus cuidadas historias vienen impresas en la funda interior. Puede, y debiera gustar también, a seguidores de Sufjan Stevens, Fleet Foxes, El Petit de Cal Eril (Joan Pons ha tocado y cantado en algún trabajo de Ferran como el citado “Kevin”) o Joana Serrat. ¡Feliz aniversario!

Tyler Ramsey & Carl Broemel: “Celestun”


Por: Javier Capapé. 

No hay nada como detener el ruido y parar. Es más que necesario en este tiempo dominado por la inmediatez y la sobreexposición. Así, como si nos trasladásemos a un paisaje bucólico en medio del campo, resuena esta pequeña joya acústica de nombre “Celestun”. Un disco fruto de la amistad entre Tyler Ramsey (hace bastante tiempo fuera de Band of Horses y de sobra conocido por su más que reivindicable carrera solista) y Carl Broemel, guitarrista de My Morning Jacket. Ambos han tratado de huir de lugares comunes y enfrentarse a un disco dominado por la instrumentación austera (casi en su totalidad dominado por las guitarras acústicas). Su primera idea fue parir un álbum enteramente instrumental, pero finalmente se han lanzado a cantar tres de los nueve temas que lo componen, lo que le aporta gran parte de su atractivo, ya que si no este “Celestun” seguramente hubiese pasado más desapercibido.

Desde la excelente portada del álbum, el dúo de compositores y guitarristas nos ofrecen un perfil bucólico y artesanal. Dos tipos con sus guitarras como aliadas interpretando bajo la sombra de la gran copa de un enorme roble. Una escena campestre que destila pureza y una belleza que se detiene en lo natural. Aunque, indudablemente, lo que importa es su interior, y en él nos ofrecen nueve exquisitas composiciones en las que se respira una gran camaradería por encima de todo. Las guitarras de Broemel y Ramsey suenan ligeras y cómodas, como si sus canciones brotaran al calor del fuego o a la sombra de un árbol en la ribera de un río. Son canciones que forman paisajes, que se sienten viajeras y que conforman no sólo un estado de ánimo en el que se impone la calma, sino también un lugar al que volver para buscar la paz, invitándonos en todo momento a la contemplación. La atmósfera del álbum, que es lo que más llama la atención, es cálida y sencilla. No necesita artificios ni arreglos enrevesados. Se apoya en un preciso fingerpicking para disfrutar sin prisa del paisaje sugerido, de la carretera infinita desde la que observar el mundo.

Junto con las guitarras acústicas, que nos conmueven desde el pastoral y bucólico tema titular, destaca el pedal steel en la evocadora “Last Tarot” o en “Sylvie’s Guitar”, en un claro juego que bebe de Nashville y de la tradición del llamado estilo “americana”, tan bien manejado por ambos. La búsqueda de la intimidad y la delicada melancolía se sienten igualmente en “In the Willows”, que perfectamente podría formar parte de la banda sonora de una película ambientada en el medio oeste americano, o “Garvanza”, tonada para interpretar con calma y detenimiento junto al arroyo que escuchamos de fondo. Cabría destacar “Elizabeth Brown” por ser el instrumental del lote menos contemplativo, mucho más juguetón y con un pulso más álgido. En él Carl y Tyler se reparten asombrosas subidas y bajadas por sus mástiles como en una sana competición, pero evidentemente lo que se impone en estos fantásticos treinta y dos minutos atemporales es la nostalgia y la ya mencionada calma.

Definitivamente, las tres canciones con arreglos vocales son las que más llaman nuestra atención entre tanto espacio para el detenimiento. Carl Broemel interpreta con serenidad y aplomo “Nevermind” en una suerte de George Harrison comedido. Una canción en la que son nuevamente las cuerdas de naylon las que la conducen y donde poco más que los coros en su estribillo y un solo campestre la adornan. Tyler Ramsey se rodea de las armonías de Secret Sisters para encarar “Flying Things”. Delicada y magnética por la sedosa voz de Ramsey, que nos toca el alma y aprieta, junto a esas armonías mencionadas casi celestiales. Solo por esta joya merece la pena concederle unas escuchas a este disco, en el que además todo se termina de redondear con la magnífica versión desnuda de “Sail Away” de Neil Young por parte de Ramsey. Una canción rescatada del ya lejano “Rust Never Sleeps” que necesita muy poco para conmovernos. Sin duda, otro hito para engrandecer la leyenda que se va forjando el músico de Carolina del Norte, que por su aportación vocal en estos dos temas comentados tal vez queda como el artífice más beneficiado de este álbum conjunto. Una auténtica maravilla atemporal para unos pocos privilegiados que se acercarán a él, pero que no se arrepentirán, pues su magnetismo y armonía quedarán reposando en su fuero más interno para transformar lentamente su perspectiva del folk de raíz.

Javier Corcobado: “Este es mi mejor disco y el que mejor me define”


Por: Javier González
Fotografía cabecera: Aintzane Aranguena.
Fotografías interiores: Vladi Calavera.

Son fechas ajetreadas en casa de Javier Corcobado, qué duda cabe. Hace apenas unas semanas veía la luz su último trabajo de estudio, “Solitud y Soledad”, un álbum doble, mayúsculo e imperial, que hace el número veinte en la sin par trayectoria del artistas madrileño, que por cierto anda cumpliendo cuarenta años en estos días, efeméride que promete celebrar por todo lo alto en este recién estrenado 2026. 

Se trata de un vinilo que contiene dos plásticos bien diferenciados, el primero, “Solitud”, encierra diez canciones totalmente inéditas que nos muestran a un Corcobado luminoso y certero, escribiendo textos a corazón abierto, algo que es costumbre de la casa, pero que en esta ocasión alcanzan cotas muy altas que los emparentan con lo mejor de su ya extensa obra. Y por otra parte encontraremos “Soledad”, donde regraba una pequeña muestra de su repertorio más laureado y celebrado con el acompañamiento de amigos y amigas de la categoría de Andrés Calamaro, Nacho Vegas y Alaska, entre otros. 

Semanas antes de que comience esta celebración, cuya primera parada tendrá lugar en el Teatro Eslava de Madrid el próximo 30 de enero en el marco de Inverfest, nos ponemos en contacto con Javier para hablar de “Solitud y Soledad”, pero también para charlar sobre la vida y otros proyectos que asoman en la distancia más corta, tales como la edición de “Canción de Amor de un día” y la publicación de un nuevo libro que esperaremos con la misma avidez con que siempre recibimos cualquier obra que lleve la firma de Javier Corcobado, puesto que no mentiremos a nadie al decir que disfrutamos como pocos con el poder hipnótico de cada uno de los “Besos de Cianuro” que nos regala nuestro verso más libre. 

¿Cómo estás, Javier? ¿Qué tal va todo? 

Javier: Va mejor que nunca, la verdad. He venido a Madrid a ensayar y promocionar “Solitud y Soledad”. Todo está en orden y tengo mucha ilusión por este proceso. 

Tenemos el enorme placer de volver a hablar contigo con motivo de la publicación de “Solitud y Soledad”, un álbum que es la perfecta celebración de tus 40 años como artista. ¿En algún momento del camino llegaste a pensar en cumplir una cifra tan redonda?

Javier: No, la verdad. No tenía una visión a la larga del futuro. Comencé pronto, el primer disco lo grabé con 20-21 años. Vivía más bien el presente que es una manera muy acertada de vivir. Según van pasando los años te das cuenta que solo existe este presente eterno y lo mejor es disfrutarlo. No me hacía a la idea de estar cuarenta años grabando discos y haciendo música en aquellos tiempos. 

“Este es un disco que da muy buen vibra” 

Con tu permiso vamos a hablar un poco “Solitud y Soledad”, lo primero que me sale decirte del disco es que es un trabajo que suena a Javier Corcobado por los cuatro costados. Hay tradición, hay vanguardia. Los textos supuran crudeza y riesgo, sentimiento y vitalidad. Desde fuera da la sensación de que andas muy afinado compositivamente y bastante feliz. ¿Estamos en lo cierto? 

Javier: Estás en lo cierto. Es un disco en el que he insuflado mucha vitalidad, he intentado hacer mis canciones más pop, sobre todo en “Solitud”. Por otra parte, en “Soledad” se ha buscado dotar de una energía más de directo a las composiciones antiguas que se han reinterpretado y regrabado en el estudio. He tratado de poner la energía más poderosa en este trabajo en todos los sentidos, no solamente en la grabación, también en la composición y en el arte, con ayuda de Aintzane. Creo que es un álbum que, como dicen en allá en México, da muy buena vibra, pienso que es mi mejor disco y también el que me mejor me define. Si alguien no conociera la música de Javier Corcobado se le podría decir que escuchara “Solitud y Soledad” para saber de qué va el asunto. 

“En mis directos se incrementa la ternura, el poder sonoro, la energía, el ruido y el rock and roll” 

Y también se transmite la sensación de que has trabajado muchos las canciones, producción y unas letras que rayan a un nivel muy alto. ¿Crees que es uno de tus trabajos más completos? 

Javier: Muchas gracias por lo que dices. Has hecho y respondido la pregunta tú mismo. Creo que sí, en todos los sentidos. A nivel compositivo, sonido e intención. Ha habido discos en los que al terminar la grabación he dicho “es el mejor”, no en todos, eh. Hablo solamente de algunos. Me pasó con “A Nadie” en 2008-2009. Muchas veces lo he escuchado para repasar letras y repertorio. En este álbum a la hora de hacer el repertorio del directo, he tenido que escuchar las canciones para cantarlas en casa en playback junto a Aintzane y la verdad es que las he disfrutado mucho. Ahora las he estado ensayando junto a los músicos, Jesús Alonso, Juan Pérez Marina y Gustavo Villamor en Madrid, aquí la cosa crece, se incrementa la ternura, el poder sonoro, la energía, el ruido y el rock and roll. 

De un lado encontramos “Solitud”, diez nuevas canciones, y de otro “Soledad”, regrabación de viejos himnos en ocasiones perfectamente acompañado por compis del mundo musical. ¿A qué se debe que estemos por un lado ante un disco doble que se mueve en dos ámbitos distintos? 

Javier: No son dos ámbitos tan distintos. “Solitud” es el presente eterno y “Soledad” es recurrir al pasado para traerlo hasta hoy. También es cumplir viejos pactos que había existido, hablo de los duetos con Alaska, Andrés Calamaro y Nacho Vegas, con quienes tienes asuntos pendientes. Compañeros y artistas con los que he convivido en mi historia. Con Olvido compartimos casa durante casi dos años, nos conocemos muy bien y en un reportaje para “El País” nos hicieron unas fotos, en aquel momento, hablo del año 1995, pactamos hacer un dueto que ha sido posible en este disco con la canción “Dame un Beso de Cianuro”, incluida en “Corcobator”, el trabajo favorito de Fangoria. De hecho, versionaron en electro-disco “Coches de Choque”, cosa que me gustó muchísimo. En el caso de Calamaro fuimos vecinos en Malasaña, teníamos conversaciones largas sobre música y cine, grabábamos juntos e improvisábamos. Había mucha conexión. Andrés era muy distinto al de la época de Los Rodríguez y a su personaje, descubrí a un tipo cultísimo, multiinstrumentista y con una capacidad para componer pasmosa. Nos hicimos amigos en el barrio y hasta grabamos una versión del Tango “Tormenta” de Rodolfo Lesica que quedó perdido. Ha sido una gran oportunidad de cantar a dúo. En ambos casos las canciones están bien elegidas. Andrés cantando alto “Susurro” me gusta mucho. Y con Nacho Vegas nos comimos una gira de 20 conciertos juntos en 1996-97. Recuerda que Corcobado y Manta Ray grabamos el disco “Diminuto Cielo”, donde Nacho estaba como guitarrista, ahí ya nos hicimos amigos. La colaboración de Nacho y Andrés viene a colación de “Canción de Amor de un Día”, los invité a colaborar y ahí están. Estoy muy feliz de las facilidades que me han dado para aportar su voz. Nacho colabora en “Cine de Verano”, me encanta. Han quedado muy bien los duetos, la verdad. 

Te me has adelantado a próximas preguntas, por lo que, si te parece, vamos a hablar del primero de ambos si te parece, “Solitud”, un conjunto de canciones que tienen bastante de autobiográfico, del Corcobado enamorado y apasionado de hoy, pero también del viejo Javier, quizás más canalla, peligroso y adictivo. ¿Compartes mi valoración? 

Javier: Sí, claro que la comparto. El disco se abre con canciones desesperadas, algunas son de desamor, abandono y hablan de la muerte, a ratos son melancólicas y rabiosas. En las actuales se puede palpar el amor. 

Me ha gustado ese pasodoble-punk llamado “No tengo remedio”, que retrotrae a los mejores Gabinete Caligari de la primera época. ¿De dónde surge ese temazo? 

Javier: En el período compositivo que arranca en el otoño de 2024, quería hacer un riff de guitarra eléctrica, finalmente di con él y me parecía muy bien. Realmente no me recordaba a un pasodoble, me recordaba más al sonido “Caño Roto” de Las Grecas, Los Chorbos, El Luis en trabajos como “Gitano Soul” y del productor de todos ellos, José Luis de Carlos. La letra vino sola de alguna manera, habla de amor y también de la lucha con la tentación perpetua. Tenemos al diablo tentándonos y erotizándonos. La melodía y letra al acabarlo sabía que tendría que explicarlo que es un homenaje a todos esos grupos que me fascinaban. Cabe recordar que uno de los primeros singles de Los Chorbos fue “Vuelvo a Casa”, un tema fascinante donde cantaba el enorme Manzanita. 

Y la obsesiva “En la sombra de una copa”, donde haces una peculiar reflexión sobre el alcohol, que creo recordar no es la única del álbum. 

Javier: Esa canción la escribí yendo a visitar a mi amigo Javier Arnal a Almería, mientras le esperaba en un bar mientras tomando una copa de agua, por aquel entonces llevaba unos cinco meses sin beber alcohol, a día de hoy voy a hacer tres años sin probarlo. La letra está dedicada a mí, a mi abstinencia, algo que me encanta ahora mismo. Disfrutar del mundo de la sobriedad es explorar nuevas euforias como dice la canción. La otra referencia está en “Inundaciones de Amor”, cuando digo la “abstinencia obstinada también es una adicción”. Has entendido el disco, me está encantando, casi no te hago falta. 

Hay otros dos temas muy potentes como “Ying Yang Jung Venus” y “Errigoitin”, la primera suena totalmente tántrica, y la otra cantando en euskera, sobre el terruño que te acoge amablemente desde hace años.

Javier: Sí, “Errigoitin” es un poema para Erriogiti, un pueblo que descubrí en la Vizcaya profunda. Al llegar me di cuenta que era un paraíso donde iba a echar raíces como un roble, algo que se comenta en la letra. De hecho, llevo más de 15 años viviendo, aquí me quedaré sin duda. He estudiado algo de euskera, no lo sé hablar, entiendo un 5% de las conversaciones. Me gusta mucho la sonoridad, como me gusta también el alemán. Vivo entre euskaldunes, allí la gente habla casi toda en euskera. Es un tema que salió muy influido gracias a cinco personas que están acreditadas en el disco, entre ellas Aintzane, que me ayudaron a adaptarla. “Ying Yang Jung Venus” es una especie de salmo-hechizo para llamar a la abundancia. Ying es un gato negro, Yang una gata blanca, Jung, como el filósofo, es su primo que es tambíen blanco y Venus es una gata medio salvaje. Son los nombres de nuestros gatos, cada vez pedimos atraer la abundancia, ya sea dinero y la felicidad, los citamos en alto. Es mi interpretación más cercana a la actual música urbana, el ritmo es como de reggaetón, parecida a “Adiós Estrellas de Dolor” de Los Chatarreros. La letra está tomada de un soneto que aparecerá en un libro que verá la luz en otoño, pero eso es otra historia. 

“Ante todo, hay que ser libre” 

No para de citar a Aintzane con G de Gloria, tu confidente, pareja y una parte fundamental de este disco con unos coros que son maravillosos. 

Javier: Aintzane está en la banda, estamos juntos en todo. Trabajamos codo a codo en todos nuestros proyectos. Estamos muy unidos. Juntos y revueltos. 

Acerquémonos a “Soledad”, la parte donde regrabas parte de tus mejores canciones, solo unas pocas todo sea dicho, puesto que el material es infinito. ¿Por qué estas y no otras? Echo a faltar bombazos como “Caballitos de Anis”, “La Navaja automática”, “Coches de Choque”, entre otras… 

Javier: Le di muchas vueltas también a esto. Prácticamente son los singles que han salido de cada disco. Solo podía poner diez canciones y hay veinte discos oficiales con este último. Tuve que descartar las etapas de Mar Otra Vez y Demonios Tus Ojos. Fue muy difícil. Elegí los himnos, quedan muchos más fuera, evidentemente. Es posible que algún día se reediten. Hay trabajos que no están editados en vinilo, algo que habrá que subsanar en algún momento. Ya me gustaría que “Arco Iris de Lágrimas” y “A Nadie” estuvieran en vinilo, que para mí es la escucha con mejor calidad que existe, algo que no ha superado lo digital. Además, la industria del vinilo ha evolucionado tanto que cuando escuché este trabajo dije “wow, cómo suena”. Vengo de escuchar los discos de la época en que comprábamos singles, casetes y cds. 

Me acabo de levantar para coger una cinta de casete de Corcobado y Chatarreros de Sangre y Cielo donde aparece “Arco Iris de Lágrimas”. 

Javier: Qué bueno. Es verdad. Salió en casete. Me encantaría tenerlas, tengo una pletina en mi estudio.

¿Qué le has hecho a “Carta al Cielo” para que suene tan maravillosa? 

Javier: Tocarla con los músicos que llevan quince años tocando conmigo, la hemos interpretado en infinidad de veces. En México hemos tenido que abrir con ella siempre. “Arco Iris de Lágrimas” fue un trabajo que se editó por Warner, de los pocos que tuvo edición mexicana. Es de los raros casos que no ha sido pirateado ni importado. Durante los conciertos la gente estaba todo el rato pidiendo “Carta al Cielo”, cosa que era bastante molesta, así que tomamos la determinación de abrir con ella para que nos dejaran tranquilos y que el resto pudiera fluir. Esta banda que llevo es especialmente buena, nos compenetramos muy bien. Era la banda adecuada para grabar este disco. 

Antes ya me has hablado de parte de los colaboradores del disco, solamente nos faltaría citar Marc de Dorian y Jorge Martí de La Habitación Roja, además de la ya mencionada Aintzane. 

Javier: Son compañeros de sello, Intromúsica. Al ser un aniversario, Máximo Lario me dijo “invita a alguno de nuestros artistas”, dije “cómo no”. Pensé las canciones bien… Dorian me gusta mucho en su rollo bailable. A Marc le puse en un pequeño problema, básicamente porque tiene una parte muy Stooges y luego una parte más acústica. Me encanta el resultado. Se hace unos coros así mismo que me fascinan. “La Libertad” era un reto y Jorge Martí lo dio todo. Demostró ser un Nino Bravo del indie, las partes que canta están muy bien. Y de cierre “El Mar es mi Corazón” que es de la letras que más me emociona, hacerla con Aintzane como colaboradora, aunque ella es una invitada especial más. Es un disco de autoversiones que gana mucho con estas voces que enriquecen las canciones. 

“No nos preparan para vivir en un mundo que nunca ha sido cómodo y siempre ha estado en guerra” 

Si algo ha caracterizado tu trayectoria es una independencia radical en lo artístico, donde nunca has sentido atadura de ningún tipo. ¿Cómo de complicado es desarrollar una carrera como la tuya en este país? 

Javier:
La complicación es la misma para todo el mundo. Es la supervivencia. Llevamos generaciones y generaciones donde nos enseñan lo mismo en los colegios, pero no nos enseñan a vivir en un mundo que nunca ha sido cómodo y siempre ha estado en guerra. Todos tenemos la complicación. El tema es cambiar el chip, la educación y pensar libremente. Tener el genio suficiente para vivir y no sobrevivir, desarrollando el don que has traído de fábrica, porque de lo contrario llevas una vida de frustración y no merece la pena. Nuestro tiempo es corto. En todos los ámbitos hay que luchar, ceder, pero ante todo hay que ser libre. Y ser libre no solo implica tener el alma y pensamiento libre, también es necesario tener cuerpo. Todos los seres humanos somos un ente, cosa que no nos gusta, porque tendemos a separarnos. Somos un ente maravilloso al cual yo he detestado durante mucho tiempo y no sé si llegará un día en que pueda amar con transparencia y profundidad, pero te prometo que lo intento. 

“Trato de escribir, componer y crear músicas que me gustaría oír” 

En tu caso siempre te has movido entre el fino hilo que marca la tradición, tanto musical y lírica de profunda huella hispánica, y una clara vocación cercana a la vanguardia y por momentos al más puro ruidismo. ¿De qué forma se consigue encontrar el equilibrio entre dos mundos aparentemente tan alejados? 

Javier: Lo hago para no aburrirme a mi mismo y no aburrir a los demás. Trato de escribir, componer y crear, una palabra muy fuerte, músicas que me gustaría oír. Busco cubrir mis carencias externas. Si te soy sincero al cien por cien, me gusta y me excita más la parte del ruido, a la que me voy dirigiendo paso a paso, año a año. Es donde más voy a estar inmerso. Me pierde también la canción con melodía, tradicional e hispanoamericana; el tango, bolero y ranchera. También los crooners. ¿Cómo se mezcla eso? No lo sé, no tengo una receta. Si crees que lo he hecho, ahí está para quien lo quiera disfrutar. Mezclar esos ingredientes es algo que me puede caracterizar, quizás. 

De entre todos los pasos de este camino, en ocasiones pedregoso. ¿Cuál es el período, pasaje o disco que miras con más orgullo? 

Javier: “Solitud y Soledad”, sin duda. El presente eterno. (Risas) “Canción de Amor de un día se podrá escuchar a partir del 26 de enero” 

¿Por qué “Canción de Amor de un día” no está al alcance de todo el público de una manera sencilla? 

Javier: No se ha publicado realmente, si alguien tiene algo es pirata. Porque la publicación se podrá escuchar a partir del 26 de enero, momento en que se editará junto al libro que acompaña la canción. 

Sabemos que en poco más de unos días estarás festejando la efeméride en Madrid, en el marco de un concierto que será de lo más especial. ¿Qué sorpresas puedes desvelarnos del mismo? ¿Habrá posteriormente una gira más o menos extensa que permita al público verte en vivo? 

Javier: En ese concierto… quien no me haya visto, prometo que se va a ir de allí queriendo volver. Daré lo mejor y máximo que pueda dar de mi mismo. Estaré con una energía renovada, con mi banda de acompañamiento real y un repertorio que es demoledor, además de un espectáculo maravilloso, luminoso y muy bello. Espero que haga entrar en trance a la gente. El día 30 de enero es el inicio de una gira que se va a prolongar, pero ahora solo quiero hablar de la fecha del teatro Eslava. Me están pidiendo conciertos en toda España, prometo que iré a las principales ciudad, sitios donde hace años donde no voy a cantar. En México estaré en abril. En cuanto se puedan anunciar los siguientes conciertos, seré el primero en decirlo en redes sociales, que para eso están. 

Hace no tanto tiempo nos deleitaste con “La música prohibida”, una particular y extensa biografía que recoge parte de los pasajes más crudos de tu vida. ¿Tiene el Corcobado escritor algún proyecto asomando en el horizonte? 

Javier: Hay un proyecto, un libro de poemas que saldrá en otoño, escrito en 2024. Hay algo especial, hay un capítulo de sonetos. Tengo otro proyecto, pero con tanta cosa por presentar, tanto artefacto artístico, no tengo tiempo. Es otra novela que tengo pendiente, será ficción, pero a ver cuándo encuentro el momento. 

Para la fecha del día 30 me voy a permitir el lujo de invitarte a redondear el cartel. ¿Qué te parecería invitar a Carlos Ann como telonero? 

Javier: Carlos Ann, no sé si estará en México ahora mismo. Tengo que llamarle, hace tiempo que no hablamos. Está en “Canción de Amor de un día” con dos piezas preciosas. Carlos es encantador, una bellísima persona y muy gracioso. Dale un abrazo si hablas con él. 

Gracias, Javier. Siempre es un placer hablar contigo. Espero ir a verte a finales de mes con todo mi familia y disfrutar de tu música en vivo. Va a ser todo un acontecimiento. 

Javier: Espero verte, te mando un abrazo y te doy las gracias. Seguimos en contacto.

Gluecifer: “Same Drug New High”


Por: Kepa Arbizu. 

El tránsito hacia el siglo actual, en el ámbito del rock, se desplegó a través de un puente especialmente rocoso promovido desde Escandinavia, bandas que bajo el apellido de "high energy", y armadas de imponentes riffs y el descaro punk, zarpaban furiosas con destino a revalorizar el idioma eléctrico. Una escena que, como toda virulenta explosión, pronto se diluyó perdiendo su unidad, lo que no impidió donar un legado todavía hoy constantemente recuperado por nuevos miembros de la familia musical. Pero más allá de su categoría como donantes, durante estos últimos años hemos visto constantes rebrotes, unos más merecedores de aplausos que otros, de algunas de las más significativas de sus representaciones. Una de las últimas, y especialmente lograda, fue la resurrección discográfica de Hellacopters, posiblemente quienes representan el mascarón de proa de de este catálogo. Un viaje desde los escenarios, espacio que ya habían conquistado previa edición del álbum fechado en 2025, “Overdriver”, hacia el estudio de grabación realizado ahora también por Gluecifer. Avalados por sus incendiarias actuaciones recientes, el siempre incierto reto, para quien ha permanecido en barbecho más de dos décadas desde aquel "Automatic Thrill", de engendrar nuevo material concluye con la aparición de “Same Drug New High”, un trabajo que despeja las dudas como la banda noruega sabe hacer, con la virtud del frenesí.

Si no bastase para traducir el espíritu que pretende recoger este trabajo con el primer plano de un desafiante gallo asomando en su portada, el explícito título del álbum, en clara alusión a la recuperación de aquella vieja receta aunque conjugada con renovada maña, completa la lista de propósitos encarnada. Objetivos de los que no se puede desprender el carácter histórico de un retorno respaldado por sus cuatro componentes clásicos -Biff Malibu, Captain Poon, Danny Young y Raldo Useless- más el perfectamente atemperado a la naturaleza del combo, Peter Larsson. Una fotografía de la formación que ilustra su pasado y que invita al presente, dos espacios temporales citados en estas once canciones que se presentan como una ruidosa y flexible procesión. 

A modo de tambores de guerra anunciando la llegada de las hordas en sus barcos vikingos, el golpeo de batería solicita la cooperación de unos riffs de crujiente distorsión para completar juntos el comité de bienvenida a un primer tema, “The Idiot”, que en su papel de ujier que introduce al oyente a esta rentrée, ejemplifica las virtudes de la banda, coronadas con un crudo pero empático estribillo que recoge el abolengo de quienes interpretaron el punk antes de ser bautizado, llámense Stooges o MC5. Celebridades en ese árido decálogo sonoro invocadas igualmente en “Mind Control" bajo una rugosa celebración que tiene como portavoz a la figura de su cantante Biff Malibu, poseedor de un preciado desparpajo recitativo. Un llamamiento a la confraternización colectiva diseñada para aglutinar el furor de los estadios, o las salas, en una "Made in the Morning" que adopta su propia extensión de la férrea consistencia definida por AC/DC. Cánticos que representan el aullido de regreso de unos hijos pródigos a los que no les sirve únicamente la experiencia del retorno, su intención es tender un renovado idilio con una población sedienta por poner sus gargantas al servicio de himnos fogosos.

Con el fin de no equivocar lo que supone un recorrido atravesado con vigor y potencia y no la mera recreación de un relato homogéneo y romo, la banda noruega maneja con perfección la alternancia de intensidades, nunca huérfanas de voltaje de alta gradación pero sí lo suficientemente heterogéneas como para no instalar el repertorio en un espacio monocorde, por muchas revoluciones que sea capaz de desarrollar. Una marcha que asume el jadeante ritmo del rock and roll para hacer de “1996” el retrato de esa eterna alianza entre precarios que alimenta la historia de este tipo de música, o que lleva hasta el máximo la aguja que señala su predilección por el punk, hermanándose con propuestas tan alteradas como las de New Bomb Turks, con el fin de conseguir que “Armadas” sea el retrato perfecto de una época caótica y salvaje donde “los psicópatas ocupan el tiempo de emisión”. Equilibrios sobre el filo desplegado por sus bulliciosas guitarras que repuntan melódicos en el tema titular y se orientan hacia la épica desgarrada para dirigir “The Score”, huellas posadas por estilos y ambientes que descansan entre el glam más vigoroso a la hora de firmar “"Pharmacity” o una “I’m Ready” que adopta el necesario tono melancólico para ofrecer un romántico camino conjunto entre sueños rotos y luces de ciudad.

“Same Drug New High” no es un un trabajo entregado como ofrenda a la persistencia mostrado por sus seguidores reacios a firmar el óbito discográfico de la banda; tampoco es un ejercicio de nostalgia de quien se niega a habitar las paredes del olvido, este álbum representa la muestra de poderío de un grupo capaz de trasladar la comprobada pasión ofrecida sobre las tablas del escenario hasta el estudio de grabación. El resultado es una enmienda a ser valorados en relación a su hoja de servicios y una vindicación del presente como su estado natural. Solo así se puede entender un repertorio inapelable en su fabricación de un rugido creativo que representa el artefacto perfecto para enfrentar un tiempo actual que demanda cerrar con fuerza los puños.

Los Lobos: "Cuando llegó el éxito de 'La Bamba' ya teníamos los pies en la tierra"


Por: Àlex Guimerà. 
Fotografías: Piero F. Giunt.

Nos atiende el carismático Steve Berlin, saxofonista de Los Lobos y con ellos desde 1983. Durante la charla nos confiesa que su castellano es muy malo por lo que prefiere hacer la entrevista en inglés. Normal, ya que a pesar de formar parte de Los Lobos no tiene ascendencia mejicana. Con él repasamos un poco la trayectoria de su icónica banda que ya ha cumplido 50 años de carrera. Pronto los tendremos en nuestras salas (el 5 de febrero en Barcelona y el día siguiente en Madrid), una oportunidad inmejorable para gozar de esta banda legendaria que va mucho más allá que el hype que tuvieron en los ochenta con su versión de "La Bamba". 

Vuestros comienzos en los años 70 y, sobre todo, en los 80, representaron una auténtica revolución en la música estadounidense. Bandas como R.E.M., The Long Ryders o Violent Femmes redefinieron el panorama musical, y vosotros contribuisteis decisivamente a construir lo que hoy entendemos como rock alternativo. En vuestro caso, además, fuisteis pioneros en mezclar estilos musicales latinos con el rock, incorporando instrumentos poco habituales en ese contexto, como el acordeón. En aquel momento, ¿erais conscientes de la importancia de vuestra aportación a la historia del rock? 

Steve Berlin: No, en absoluto. Siempre intentamos hacer música que nos hiciera felices, que honrara nuestras influencias y a las personas que nos animaron a ser músicos. Nunca pensamos en formar parte de la historia ni en cambiar la percepción que alguien pudiera tener de la música. Hasta el día de hoy seguimos intentando hacer música que nos haga sentir bien, algo que no existía antes. Nunca pensamos en nuestro lugar en la historia. 

En aquellos años tampoco podíais imaginar que seguiríais haciéndolo durante 50 años. 

Steve Berlin: Por supuesto que no. Cuando empiezas algo, no piensas que lo vas a hacer toda la vida. Me uní a la banda siete años después de que empezaran, en 1983, y en ese momento todo era diversión: lo pasábamos genial, girábamos con amigos… era casi como una fiesta. Cada aniversario me sigue sorprendiendo. Recuerdo que en el décimo aniversario pensé: “¿Cómo hemos durado diez años como banda? Es una locura”. Y ahora, con 50, aún más. Es imposible entender cómo ha podido pasar todo esto, pero aquí estamos. 

¿Cuál es el secreto para que los miembros de la banda sigan juntos después de tanto tiempo? 

Steve Berlin: Creo que hay varias razones. Para empezar, todos seguimos con nuestras primeras esposas. Nadie se ha divorciado nunca en Los Lobos. Somos personas bastante estables y, aunque suene un poco tonto decirlo, somos como lobos: hechos para toda la vida. No estamos buscando una oportunidad mejor, una banda mejor o una situación musical diferente. Al mismo tiempo, cuando alguno tiene algo que quiere expresar musicalmente y no encaja en Los Lobos, simplemente lo hace. Latin Playboys, los discos que produzco, el álbum en solitario de César… no es una secta. Los Lobos es el proyecto principal, pero nadie impide a nadie hacer otras cosas.

Otro factor clave es que los primeros siete años de la banda transcurrieron completamente fuera del radar. Nadie fuera de una pequeña comunidad del este de Los Ángeles sabía quiénes eran. Eso les permitió crecer como personas, formar familias y resolver muchos de los conflictos que suelen destruir a las bandas, mucho antes de que llegara el éxito.

Cuando llegó La Bamba y los grandes éxitos, ya teníamos los pies en la tierra. Nunca nos afectó esa idea tan peligrosa de que uno es más importante que los demás. Siempre hemos tenido claro hacia dónde íbamos. 

Con vuestra música, mucha gente se interesó por el rock latinoamericano, y muchos músicos comenzaron a explorar estilos como la cumbia, la salsa o los corridos. ¿Consideras que ese es vuestro mayor logro? 

Steve Berlin: Sinceramente, no creo que tengamos mucho que ver con eso. La música que hacemos es muy específica de Los Lobos. Si alguien descubre la cumbia o la música norteamericana a través de nosotros, es fantástico, pero no creo que seamos quienes “abrieron la puerta”. Simplemente lo hicimos a nuestra manera, sin seguir reglas. Cuando tocamos cumbia o música norteña, lo hacemos con nuestro propio enfoque, metiéndonos con todo, como siempre hemos hecho.

Me alegra mucho que la música latina esté ahora en todas partes y sea tan popular, pero creo que artistas como Bad Bunny son quienes realmente están impulsando ese movimiento hoy en día. Nuestra forma de tratar la música es muy diferente. 

"How Will the Wolf Survive?" está considerado uno de los mejores discos de todos los tiempos por revistas como Rolling Stone. Sin duda alguna es un disco sensacional de principio a fin ¿Qué recuerdos tienes de su composición y grabación? 

Steve Berlin: Lo recuerdo con muchísima claridad. Ensayábamos en el garaje de un amigo, Gary Ibáñez. Tiene grabaciones de mi primer día tocando con Los Lobos y de las primeras versiones de las canciones de ese disco.00 Recuerdo perfectamente el día en que David Hidalgo trajo la canción Will the Wolf Survive?. Pensé: “A partir de ahora todo va a ser diferente”. Sentí que era la primera canción completamente nuestra, algo que no se parecía a nada anterior. Fue un momento histórico para la banda. Y aquí estamos, más de 40 años después.

Aunque el éxito masivo os llegó más tarde, en 1987 con La Bamba. ¿Cómo vivisteis aquella locura?

Steve Berlin: No teníamos ninguna expectativa. Mientras trabajábamos en la película, el guion cambiaba constantemente y se cortaban escenas enteras. Para nosotros era un honor participar, sobre todo por la relación tan cercana con la familia de Ritchie Valens. Terminamos el trabajo y nos fuimos de gira a Europa. Allí fue cuando todo explotó. De repente, La Bamba era la canción del verano. Fue una suerte increíble. Pero fue algo temporal. No era una canción propia convertida en éxito mundial. Cuando pasó el ruido, volvimos a donde estábamos antes, aunque con más gente que nos conocía. Fue como un sueño muy bonito de un par de años. 

Después decidisteis no seguir las exigencias comerciales y publicasteis discos como La Pistola y el Corazón, Neighborhood o Kiko. ¿Fue difícil tomar ese camino? 

Steve Berlin: No, en absoluto. Siempre hemos sabido qué cosas no debíamos hacer. Tras "La Bamba" no había continuación posible, así que decidimos seguir nuestra propia voz. Mirando atrás, todas esas decisiones fueron las correctas. Nunca dudamos cuando surge una idea extraña: la seguimos y vemos adónde nos lleva. 

En años recientes habéis publicado grandes discos como One Gate of Gold o Native Sons. Este último es un álbum de versiones de clásicos californianos. ¿Crees que los discos de versiones son cada vez menos comunes? 

Steve Berlin: No lo sé. La verdad es que solo pienso en mi banda. En nuestro caso, la idea surgió por razones prácticas. Antes de la pandemia teníamos una agenda de giras muy intensa y no podíamos parar dos meses para componer. Pensamos en grabar versiones poco a poco, entre conciertos. Luego llegó la COVID y ese proyecto se convirtió en nuestra forma de mantener la cordura. Reunirnos en el estudio fue nuestro mecanismo de supervivencia. 

Durante este 2026 tocaréis en Barcelona y Madrid. ¿Qué pueden esperar los fans españoles?

Tenemos más de 40 años de canciones, así que intentaremos traer un poco de todo, con especial atención a las canciones en español. Los españoles son nuestros hermanos: queremos que sepan que su sangre es nuestra sangre. Nunca llevamos un plan cerrado. Respondemos al momento y a lo que pide el público. Seguimos nuestros instintos. 

¿Y qué proyectos tiene Los Lobos más allá de la gira? 

Steve Berlin: No tenemos un nuevo disco todavía, pero sí un documental en marcha desde hace cinco o seis años. Se estrenará en 2026. Grabamos dos canciones nuevas para él, así que seguimos creando. Además, todos estamos deseando volver a España. Nos encanta este país. Siempre es mágico para nosotros. 

Por último, como cada Navidad hemos escuchado vuestro trabajo de dicha temática. ¿Qué os motivó a hacerlo? 

Steve Berlin: Siempre fue una idea que tuvimos en mente. Hay una cantidad increíble de música navideña en la cultura latina. Fue uno de los discos más divertidos que hemos hecho nunca. Quizá toquemos alguna canción en febrero… aunque no sé si ya será demasiado tarde. Ya veremos.

Madrid suena como Sevilla gracias a Vera Fauna. La banda sevillana triunfa en la sala But


Sala But, Madrid. Viernes, 23 de enero del 2026. 

Texto: Guillermo García Domingo. 
Fotografías: Marián Bujanda Bravo. 

 El grupo sevillano Vera Fauna actuó en la sala But el pasado viernes dentro de la programación del Inverfest, una de tantas propuestas con las que el festival pretende sembrar en el desierto y en la “cuesta” de enero. Las noches madrileñas de este mes son tan frías como el desierto, pero la calidez andaluza de Vera Fauna contribuyó a combatir el frío de la ciudad. También hizo lo propio Ruto Neón, desde Murcia.

Es un acuerdo tácito, un párrafo para los teloneros y el resto para el grupo principal, sin embargo, el desempeño de Ruto Neón la pasada noche hace que nos preguntemos si no serían merecedores de un espacio mayor en esta crónica. El joven quinteto abordó varios géneros, a saber, el bolero, el reggae, el rap o la salsa impulsados por una poderosa energía. El frontman del grupo, Bruno Laencina, dispone de una voz espectacular, el bajo hiperactivo está en primer plano, y el trompetista irrumpe con la personalidad que suele demostrar este instrumento. Kike Suárez, el vocalista de Vera Fauna, apareció por sorpresa en el tremenbundo tema “shoegaze” titulado “Pensando en la muerte”, que ya grabó junto a ellos en su día (el vídeo promocional es casi tan necesario como la canción).

Después de un cambio de set realizado a contrarreloj en apenas cuarto de hora comparecieron los Vera Fauna. Kike Suárez (voz, guitarra y letras), Javi Blanco (guitarra), Juanlu Romero (batería), Jaime Sobrino (bajo) y Alejandro Fernández (teclados y saxo) son músicos de primera que tienen bien aquilatado su repertorio, que no solo incluye temas de “Dime cómo estamos” sino de sus discos anteriores. No se les puede hacer un solo reproche. Los puentes musicales son tan bonitos y llenos de gracia como los puentes que cruzan el río Guadalquivir de su ciudad natal; sin su riqueza humana y musical es imposible concebir el poderío de esta banda. Si no fuera así Kiko Veneno no los habría elegido para recrear “Échate un cantecito” treinta años después de su publicación. Kiko y Kike tienen bastante en común, se les caen del bolígrafo las canciones contagiosas como virus benéficos que componen rehuyendo la grandilocuencia, y descubriendo, en cambio, aspectos de la cotidianeidad que los demás pasamos por alto. De hecho, una de las mejores canciones del concierto fue “Martes”, que grabaron con su padrino Kiko Veneno hace unos años.

Ambos K están tocados por el duende que acuñó Lorca. Aunque Veneno es más hierático sobre las tablas, y para animar la fiesta suele contar con el maravilloso Tomasito. Kike Suárez, al igual que el cantaor y bailaor citado antes, es divertidísimo sobre el escenario, se contonea y recorre el escenario, y al hacerlo nos recuerda a aquellos artistas que han dejado huella en el escenario por sus movimientos. Lástima que de vez en cuando tenga que coger la guitarra para dar más empaque a las canciones.

Kike cantó las seis primeras canciones (algunas fueron “Un atraco”, “Los años mejores”, “Los naranjos”, “Un día más”), pero fue la séptima la que se convirtió por derecho en uno de los mejores momentos del concierto, cuando invitaron a su amiga Ängeles Toledado conn el fin de interpretar “Me destruye”, aunque la voz principal junto a la jerezana la puso el bajista Jaime Sobrino. A partir de aquí el concierto fue creciendo en intensidad, los temas susceptibles de ser coreados llegaron a su debido tiempo. La banda actúa como un solo componente, así es su solidez y su coordinación. La atmósfera electrónica que genera Alejandro Fernández con sus teclados es extraordinaria. Mejora las canciones, sin que por ello pequen de un sonido épico impostado. Sobre las cabezas de los asistentes se formaron bucles de sonido hermosos y frágiles como pompas de azahar. Víctor Cabezuelo y su guitarra también fueron invitados a actuar en “Los grillos”. Los bises de “Sale el sol”, “Tu voz”, “Casa Carreras y “No me digas la verdad” terminaron de convencer, si no lo habían hecho ya, a todos y cada uno de los que estábamos allí, porque las canciones de Vera Fauna, hacen que uno sienta una discreta fiesta en su interior mientras baila por fuera.

En una reciente entrevista con Ángel Carmona, Kike Suárez decía que Sevilla no suena como sonaba antes, que sus barrios están dejando de sonar. Es algo inquietante, aunque también es cierto que mientras Vera Fauna estén ahí, y otros músicos sevillanos a los que esta revista admira, el sonido de Sevilla, el ruido de sus calles y de su intensa vida, seguirán sintiéndose en cualquier parte.

Mariano Peyrou: "Free Jazz. La música más negra del mundo"


Por: David Vázquez. 

Mariano Peyrou, músico y profesor de Historia del Jazz y de Estética de la Música en el Centro Superior Música Creativa de Madrid, desgrana una de los subgéneros del jazz más abstrusos de la música moderna. En el ensayo explica estructuras y diferencias respecto a otros movimientos jazzísticos, para quienes ya escuchan el género y quienes no. Acompañando el texto de una lista de canciones que desfilan entre las páginas. Si bien habla con conocimiento musical, "Free Jazz" (Anagrama) también relata el nacimiento, el auge y la caída del movimiento, por momentos llevándose el foco más que el subgénero, cuya ironía fue que el éxito de audiencia o éxito comercial se diese entre las élites intelectuales blancas. De ahí el subtítulo La música más negra del mundo. El recorrido llega hasta 1967 con la muerte de Coltrane, gigante del jazz que respaldaba a esos jóvenes revolucionarios, supuso un terrible golpe y la sentencia de muerte de este estilo.

Establece el autor argentino una contraposición entre el jazz europeo, las músicas europeas, y sus diferencias con la música negra: La jerarquía que separa lo culto de lo popular. Para ello, parte de la premisa para explicar el conflicto ante la pregunta de ¿qué es ser negro (en lo musical)? Aunque la idea no tiene una respuesta categórica, existe una clara diferenciación entre la existencia y la música, por lo que una banda sonora siempre suele ir ligada a una experiencia personal. Y es en este contexto, debido a las paradojas que se plantean, estas resultan un pilar más que interesante, traduciéndose en los planos y las conversaciones entre músicos como si fueran uno: la comunión. Porque como indicaba Kepa Arbizu: "Todo grupo de personas que expresa una profunda afición por una disciplina creativa determinada comparte ciertos códigos de lenguaje que, como si de un ritual secreto se tratase, adquieren significantes sólo descifrables por ellos mismos."

Partiendo de la cita de Archie Shepp, quién afirma que “La cultura y la música negra son esencialmente improvisatorias”, Peyrou se centra en la asimetría y lo imprevisible del free jazz, a diferencia de géneros más directos con estructuras más férreas. Sin perder el contesto social, donde los músicos se desarrollan teniendo en cuenta la escasez de espacios para cantar y bailar y el limitado acceso a instrumentos musicales. En esta cartografía, que al igual que cualquier hoja de ruta une puntos de lógica cercanía.

En esta ocasión, el libro rezuma pasión, bajo una narrativa formal, más bien profesional. Pese a su brevedad en términos de páginas, requiere de tiempo para ir escuchando y descubriendo, si no se conocen, a los artistas, LP y canciones citadas, así como de un pequeño conocimiento del género en cuanto a estructura.

Si bien, el objetivo es, además de trasladar y exponer la historia de este subgénero, aprender a apreciar una propuesta musical inusual pero estimulante, áspera pero altamente creativa, proporcionando al oyente la libertad de escuchar desde otro lugar. Sin embargo, una vez finalizada la lectura, la sensación que produce es la falta de una conclusión final para cerrar, ya sea un resumen de las características del subgénero o sobre el contexto socio-histórico.