The Godfathers: "Alpha Beta Gamma Delta"


Por: Artemio Payá

Tenía yo muy olvidados a los padrinos del rock and roll británico desde hace años. Sigo disfrutando de sus viejos álbumes, ya clásicos, porque es imposible no haberse sentido alguna vez llevado en volandas por himnos como “Birth, School, Work, Death”, “Cause I said So”, “STB” o “She gives me love” entre otros tantos, pero les hacía unos viejos lobos de mar que se dedican a girar cada poco y que si las cosas cuadraban ibas a la sala de turno a verles cómo se subían a un escenario para demostrar que las arrugas todavía pueden rockear. Os cuento todo esto porque fue una grata sorpresa ver un mail preguntándome si me interesaba escribir unas líneas sobre “Alpha Beta Gamma Delta”, su nuevo trabajo de este mismo año. Oh sorpresa, no suelo estar a la última de las novedades discográficas, y ni puñetera idea de esta, y desde luego cómo decir que no a The Godfathers. Eso si, después de un rato de penitencia por no enterarme de estas cosas.

No fue esa la única sorpresa porque cuando puse la oreja en un primer acercamiento en una de esas plataformas de las que no quiero acordarme, la cosa me pareció material de primera y de no creer porque cuando suena “Bring on the sunshine” y escuchas la voz de Peter Coyne te encuentras como en casa y parece un viejo amigo al que parece que fue ayer cuando viste por última vez. Han pasado tres décadas y una pandemia pero Godfathers siguen teniendo las mismas coordenadas: beben de todas las influencias que nos molan desde los años 60 hasta el día que se colgaron la guitarra por primera vez, la voz de Coyne sigue sonando a verdad y las guitarras son marca de la casa aunque las empuñen otros. En el corte que abre el lote tiran de pop elegante, de ese de las canciones de 180 segundos con las guitarras cortando para evitar que suba el azúcar. La cosa promete pero cuando se pone la cosa interesante es a partir de ahí, que es cuando demuestran que siguen sabiendo hacer himnos: “You Gotta Wait” es de puño en alto, no le va a la zaga su anti-himno del Siglo XXI “I hate the 21st Century” y la hard rockera “OCD”, donde ya te han ganado del todo. !Mierda! Cuándo fue la última vez que pasaron por mi ciudad y porqué no fui a verlos, tienen temas nuevos que son de traca.  No llevamos ni medio disco y quieres volver a tenerlos delante.

“Midnight Rider” es su clásico medio tiempo que marida de cine con “Straight down the line” en la que cuando parece que la cosa baja un poco entran esos coros que tanto nos ponen. De aquí al final qué os voy a contar, tienen en su ADN la fórmula de las canciones de 3 minutos y siguen dando en la diana con “Lay the money down” o “i'm not your slave”, que parece escrita en los inicios del combo. Se saltan la regla del minutaje solamente una vez hacia el final con “Dead in Los Angeles” y cuando la cosa acaba en la notable “I despair”, vuelves a ponerlo sin dudar para volver a acordarte de aquella canción que tenía coros, la otra que tenía esas guitarras tan crujientes y esa otra que te pareció que cuando sonó se te había ido el puño al cielo. En resumen amigos, un gustazo escuchar discos así si te gusta el rock and roll y la próxima vez que pasen cerca de mi casa ni de coña me lo pierdo. Prometido.

A-ha: “True North”

 
Por: Javier Capapé

Hace unos años que A-ha no presentaban nada realmente cautivador. Lejos quedaban sus inspirados discos de los ochenta y su regreso la palestra en los primeros años del nuevo milenio. Cuando anunciaron su definitivo adiós con ese “Ending on a High Note” y su recopilatorio “25” pensamos que la despedida era definitiva, pero resultó engañosa cuando cinco años más tarde reaparecieron con el correcto “Cast in Steel”. Siempre han brillado algunas canciones en sus discos, pero aquel no ofrecía nada demasiado nuevo o seductor que justificase su regreso. Hace ahora cinco años grabaron su directo “Unplugged” desde el Círculo Polar Ártico para la MTV, que titularon “Summer Solstice” en su edición física. Las revisiones de algunos de sus clásicos en clave acústica junto a los arreglos de cuerdas que presentaron para la ocasión nos hicieron soñar con unos A-ha reconvertidos tratando de justificar con serios argumentos su actividad internacional más allá de sus trabajos en proyectos paralelos en su Noruega natal.

Ahora se nos presenta un proyecto mucho más ambicioso que aquel “Unplugged”. Una colección de canciones con arreglos orquestales donde cuerdas y vientos realzan el potencial de unas canciones con aroma a clásico, mucho más cimentadas por momentos en el soul de los cincuenta que en el pop sintetizado de los ochenta. Además, este “True North” no es solamente un disco, sino que se ha convertido en un alegato para la conservación de nuestros paisajes, nuestros recursos naturales, nuestro planeta. Una iniciativa para la concienciación y el cambio personal por un futuro mejor. Los ocho mil millones de personas que habitamos ya el planeta somos los responsables de lo que a éste le suceda y del legado que queramos dejar. Un disco al que le podríamos asociar el adjetivo de “ecológico” y que además se nos presenta acompañado de una película con la que recorrer el proceso de grabación de estas canciones junto a la orquesta Filarmónica del Ártico en la ciudad de BodØ, ubicada a tan solo 90 km del Círculo Polar. Allí se encerró el trío con la idea de grabar una sesión de estudio en vivo (de ahí el paralelismo con el mencionado “Unplugged”) y de allí fueron saliendo nuevos arreglos e ideas para el resto de canciones, además de la película en formato largo que capta el paisaje del entorno de BodØ junto a actores que relatan la vida del Norte. La conexión de todos nosotros con el medio ambiente es quizá el leit motiv más claro de esta película dirigida por Stian Andersen, colaborador habitual del trío, que describe estas canciones fusionadas con la imagen de su país como una carta o un poema del extremo norte de Noruega al resto del mundo, como una manera de reflejar la conexión profunda de las personas y su forma de interactuar con el medio ambiente.

Centrándonos en las doce canciones que componen el disco, destaca en todas ellas ese tono majestuoso facilitado por los arreglos de cuerda. Los parajes del norte se hacen visibles desde las mismas, que se convierten en una agradable banda sonora paisajística cargada de simbolismo. El problema es que algunas de estas canciones son tan agradables a nuestros tímpanos que corren el riesgo de pasar desapercibidas como música de fondo. Sus tonos amables pueden hacer que dejemos de prestarles atención más allá de la mitad del disco, pero estaríamos cometiendo un grave error, porque no hay nada desdeñable en ellas. Aunque “True North” cuenta con un gran hándicap, y es que empieza con lo mejor, con “I’m in”, un tema inspiradísimo, uno de los cénits en la carrera de los noruegos, con esa letra conmovedora que refleja el compromiso como acto de fe. Una canción que se convierte en actitud, desde la calma de sus primeras frases (“Inhala, solo respira…”) hasta el potencial para cambiar nuestro mundo como temática. “I’m in” se nos presentó el pasado julio y, para sorpresa de muchos, supuso un soplo de aire fresco en la carrera del trío. Las programaciones o sonidos más electrónicos tan utilizados por ellos dejaban paso a lo orgánico, dando como resultado un tema sobrecogedor y emocionante con un crescendo final que pone los pelos de punta. Posteriormente nos llegó la suave y más acústica (dominada por los arpegios de guitarra) “You have what it takes”. Ésta volvía a incidir en el cambio que proponía A-ha, dando más protagonismo a lo acústico por delante de lo eléctrico, primando los arreglos cuidados y necesitando rodearse para ello de una gran orquesta que empastase con sus formas más pop.

Más allá de estas dos canciones lanzadas previamente, el resto del disco posee también algunas referencias a sus clásicos. “Bumblebee” recuerda ligeramente a “The Living Daylights”, pero ésta casi con más estilo Bond que aquella, y la canción que da título al disco podría ser una remozada “Stay on these roads”, convirtiéndose casi en un plagio de sí mismos, pero que a pesar de eso nos encandila, como en sus “años mozos”.

Hunter in the Hills” se muestra ligera y fresca entre su bajo embriagador y esos aportes orquestales que suenan tan naturales como antes lo hacían los sintetizadores, algo que también ocurre con la más pop “Forest for the Trees”, donde casi es la primera vez que escuchamos tímidamente las guitarras eléctricas (y eso que ya hemos pasado el ecuador del disco). Magne Furuholmen deja más espacio para que brille la orquesta en sus composiciones, que antes se iban hacia los teclados, y Paul Waaktaar-Savoy concede algo más de protagonismo a las guitarras, pero sin excederse, porque aquí lo que más importa es aprovechar a esta Filarmónica del Ártico y esperar que el trío forje sus lazos gracias al poder de la esencia. Las idas y venidas de los tres miembros de A-ha se han debido siempre a sus diferencias en el estudio y a su particular forma de compensar sus composiciones entre sus dos multi-instrumentistas. No siempre han salido bien parados sus pactos en estudio, aunque en directo han logrado el equilibrio. Sin embargo, éste no es un disco para el directo, está más pensado para escuchar al calor del fuego. Además, sería bastante difícil lograr una adaptación fiel en vivo si no es con orquesta, y los destellos del lote podrían desmerecer. Por lo tanto, y mientras llega una posible adaptación al directo, dejémonos seducir por las sedosas “As if” o “Bluest of Blue” (una de esas píldoras armónicamente irresistibles que tan bien han sabido ofrecernos a lo largo de su carrera), permitámonos alzar los brazos con la más rítmica “Make me understand” o sumerjámonos en el minimalismo electrónico de “Between the Halo and the Horn”, que es a su vez una de las más cinematográficas del lote. Y es que este disco también destila mucho aroma a película clásica, no porque haya sido concebido en paralelo con el documental citado sino porque sus arreglos se prestan a ser entendidos como la banda sonora de una película tanto del cine social como del más negro. Paisajes, atmósferas… todo encaja entre sus surcos. Y por encima de todo la eterna e inalterable joven voz de Morten Harket, que nos lleva siempre a ese tiempo en que nos engatusó con el imprescindible “Hunting High and Low”, con el más sombrío “Scoundrel Days” e incluso con el más emotivo “Memorial Beach”. La misma voz que nos volvió a enamorar después con su renacer más acertado encarnado en la insustituible “Summer moved on” y que nunca envejeció, ni en sus más recientes escarceos como “Foot of the Mountain”. Morten Harket está lleno de alma y en estas doce canciones se desparrama. Serenamente nos llama la atención y se funde con nosotros.

Definitivamente este disco se entiende si se degusta con calma, respirando en paz y dejando que ese aire que inhalamos nos haga ver todo un mundo de posibilidades en nuestras manos. Todo un renacimiento. No sé si esa era la intención real de los noruegos, pero han logrado que “True North” sea su verdad y, al mismo tiempo, la de una humanidad necesitada de tiempo y reflexión para hacer de cada oportunidad algo nuevo. Una reflexión para un cambio posible, que podría empezar con los primeros compases de este disco y crecer hasta cerrar con el cántico pastoral de “Oh my Word”.

The Allman Brothers Band: “Idlewild South”


Por: Txema Mañeru 

Más de 50 años tiene este mítico LP. Quizás no sea tan famoso como el “Brothers & Sisters” o el genial directo que sacó este mismo sello hace un par de meses en vinilo doble con portada "gatefold" y sendos vinilos de 180 gramos. Sin embargo, yo creo que es uno de sus trabajos más grandes y por eso nos llega ahora con esta merecida gran presentación y edición. Los seguidores de la banda de Jacksonville son tan impenitentes como las de otros coetáneos llamados Grateful Dead. Ambos han sido de las experiencias más especiales que se han podido vivir en directo. Limitar a los Allman al rock sureño o al fenómeno de las jam bands es perdernos gran parte de sus esencias. Blues y country, más algunas gotas de jazz pueden saborearse tanto en su buena discografía como, sobre todo, en sus impresionantes muestras en vivo. 

"Idlewild South" fue su esperado segundo disco. Ya por aquel entonces, Eric Clapton había recurrido a Duane Allman para hacer sus diabluras con la guitarra en su disco con Derek & The Dominoes, "Layla And Other Assorted Love Songs". El nombre de este trabajo viene de una remota cabaña en la que ensayaban y se montaban sus jolgorios. El álbum está brillantemente remasterizado y así gozamos con el inicio espectacular de la contagiosa "Revival". Gran arranque instrumental marca de la casa y luego esas voces y ambientes hippies de primera. Duane se sale con la slide en "Don’t Keep Me Wanderin’", con guapos aires southern rock. Además tenemos éxitos como la popular y mil veces versionada "Midnight Rider" y su acústico country-folk. Una joya que han versionado con desigual, pero bastante, acierto, Bob Seger, Joe Cocker, Willie Nelson o Waylon Jennings, entre bastantes más. Le sigue el tema más largo del disco, y el más popular. "In Memory of Elizabeth Reed'", otro fijo en sus fulgurantes conciertos y uno de sus mejores instrumentales con versiones que han llegado a sobrepasar la media hora de duración. 

La cara B comienza con su buena versión del "Hoochie Coochie Man", de Muddy Waters, pero compuesta por el gran Willie Dixon. Luego llegaba el estupendo y emocionante lento "Please Call Home", con sentida voz y finísimos punteos. Quizás no sea tan famosa, pero es una de mis indiscutibles favoritas. El colosal final para el disco original es con "Leave My Blues At Home" y esos dobles punteos expansivos entre Duane y Dickey Betts. Ambos últimos cortes compuestos por un Greg que canta muy bien y que se sale con su órgano, además de estar más que bien en ocasiones con su piano. ¡Que no solo de las dobles guitarras y baterías vivían los Allman! 

Para el prestigioso crítico Bruce Eder es su mejor disco de estudio, aunque la fama haya ido más encaminada hacia el “Brothers & Sisters”, pero más por cuestiones extra musicales. ¡Ojalá que la gente de Elemental Music / Distrijazz nos siga trayendo toda la discografía de los Allman en vinilo virgen de 180 gramos (en ediciones de coleccionista limitadas a 1.000 copias) y que sigan sacando más joyas del rock’n’roll, soul, blues y psicodelia de los años 60 y 70!

Pablo Fugitivo: “El Club de los Insomnes”


Por: Javier González
 

La nueva andadura de Pablo Fugitivo sigue deparando agradables sorpresas; ya han pasado tres años desde el significativo “Voy Solo”, una pirueta necesaria, decidida, con la que coger el toro por los cuernos y lanzarse a la aventura de no esconder su mensaje tras el nombre de ninguna banda, dando la cara para dejar claro que tenía muchas cosas interesantes que cantar en fondo, forma y, por supuesto, mensaje. 

La segunda muesca en su revólver se llama “El Club de los Insomnes”, una docena de composiciones con firma de autor, donde el rock es el cuerpo común en unas canciones que oscilan desde la modernidad de aspecto indie, “Quiero Vivir Siempre en un Sábado”, se percibe una adaptación personalísima de bandas como War on Drugs, pasando por el rock aguerrido, envolvente y nostálgico de “La Balada de Courtney Love”, un trallazo en toda regla; los ambientes crudos y oscuros de “Todo Está en el Aire”, el blues arrastrado de letanías góspel de la brillante “Días de Furia”, su particular mirada a la memoria y la distancia entre generaciones con la dolorosa “Madre” -¡por Dios cómo suena esa Hammond!- y esa azarosa narrativa sobre la vida del músico por vocación que es “Queroseno” que nos muestran a un artista de mente abierta, capaz de afrontar estilos variados sin por ello perder el norte ni la eficacia. 

Y por el camino sigue regalando estampas a ratos costumbristas como “Largometraje”, cortes malencarados como “Rata con Cola de León”, una historia digna de ser escuchada con recitados a la altura del mejor Dylan, y un final de infarto, el que supone “Páginas en Blanco”, vacilón, serpenteante y escrita con jirones de la propia piel, donde Pablo no esconde su origen malagueño y en la que se hace acompañar por El Manin

“El Club de los Insomnes” es la constatación de la grandeza de un secreto a voces llamado Pablo Fugitivo. A ratos emparenta con Dylan y Tom Petty, por momentos se acerca al Quique González más íntimo y certero, llegando a la frontera de los Jonnhy Cash, Phil Ochs y Woodie Guthrie más incisivos y sociales, sin renegar de ciertas querencias y sonoridades más pop y modernas, pero todo ello desde una perspectiva personalísima, donde juegan a su favor unos textos en los que cristaliza un autor amante de las experiencias vividas que vuelca su pasión en cada acorde y frase en el marco de uno de uno de esos álbumes de los de antes, de los que son capaces de crecer a cada escucha. 

Por favor, den una escucha a las canciones de Pablo Fugitivo, no permitan que otro se lo cuente. Rock en castellano y de calidad, definitivamente no todo está perdido.

Bruce Springsteen: “Only The Strong Survive”


Por: Javier López Romo. 

Ya está aquí el nuevo trabajo de estudio (el número 21) de Bruce Springsteen, “Only The Strong Survive”. Un disco recién sacado del horno, el 11 de noviembre del 2022, y que huele a un pan bien fermentado, tostado y con miga. Los que han esperado a este día estarán tan estupefactos como lo estuve yo hace quince días, cuando cayó en mis manos. Un álbum soul, con muchos matices del rhythm&blues de los años sesenta y setenta, extraído de la inmensa hemeroteca americana. Pero el “saltimbanqui” lo ha vuelto hacer de nuevo, es ese mago que se saca de la chistera sus trucos más inverosímiles para reinventarse, resetea su mente una y otra vez hasta dejar su disco tan fiel como activo y con capacidad de almacenamiento musical. 

Pero está claro que a estas edades mayores ya no vamos a pasar por luces psicodélicas de discoteca; no, ya no, ya lo hicimos en su momento cuando éramos jóvenes y con un futuro prometedor, ahora ya nos pilla mayores, como a él, y nos sienta mejor bailar el soul en el salón de tu casa y con amigos. Bruce es Bruce, es el banquero que todo lo que toca lo convierte en oro. A esta edad tiene la total libertad para hacer lo que le venga en gana, puede sacar de su fondo de armario su nostalgia más feliz o dejar en un cajón su depresión más profunda; bañarse todos los días en la playa pública de Manasquan y nadar feliz entre las olas maravillosas del mar del soul y el R&B; pasear por su rancho de Colts donde sus huellas dejan un tupido césped verde intenso, entre las sombras de los árboles que dan frescor en verano y cientos de abundantes florecillas de bellos colores embellecen todo. A estas alturas de la vida, Bruce ha llegado tan alto y tan lejos que no creo que se preocupe del que dirán: “Tengo 73 años y sigo pateando culos...Soy un buen anciano.” -dijo después de escuchar sus versiones-. Y claro que lo es, si. Pero si descartamos su primer trabajo, “Greetings Fron Asbury Park NJ”, su obsesión iba a ser repetirse en sus siguientes cuatro discos, hasta que llegó “Nebraska” y aparcó esa idea para volver a rehacer su carrera con un bestial "Born In The USA", que lo catapultó a la cima del rock and roll, para una vez en ella, y puesto en el dólar, hizo lo que le salió de la entrepierna. Ahora bien, salir de ese formato rockero y de masas ya es cuestión de estudio, o de escapar de esos agujeros negros, y tal vez le fue mejor el "Tunel Of Love", pero no resultó tan rentable en taquilla como el "Human Touch". 

Pero en Bruce siempre creció ese trabajo inquieto de autónomo, cambiante en modas y estilos, libre por fin de ataduras, y con un sólo propósito, huir a toda velocidad por una carretera que le conduzca a tierras y escenarios nuevos o prometidos, como tantas veces cantó en sus primeros discos. Pero ahora este disco de soul, que siempre le gustó, ¿hacia donde cabalga?, ¿intereses comerciales? Bueno, habrá que esperar resultados. Teniendo a la vista su nueva gira mundial, que comenzará el 2 de febrero de 2023, espero que no interfiera este disco en ella, o si lo hace, que sea para aumentar su cuenta bancaria a muchos ceros. ¡Bruce, a lo tuyo, digan lo que digan… 

Él ha querido publicar ahora este disco, "Only The Strong Survive" (Sólo los fuertes sobreviven), y el resultado es magistral, se adorna de un tupé a lo Bryan Adams, se viste como un dandy con un traje gris y una camisa negra arremangada hasta el hombro, mostrando sus bíceps que ya no son tan musculosos como antaño. Pero sigue siendo él, sigue siendo el mejor, sigue siendo el Rey. A veces me pregunto si esta empatía por el soul no desquicia a sus fans más acérrimos, esos que le catapultaron a la cima del rock como al más grande y genuino rockero de todos los tiempos. Ahora, a sus 73 años y pendiente abajo, vuelve a coquetear con el género, esa música que siempre tuvo presente en muchas de sus canciones, que no en sus himnos. ¿Dónde quedan sus fieles escuderos de la E Street Band, compañeros de luchas y fatigas? ¿Dónde queda "Born to Run," y el "Darknes..." o "The River"? Engendró discos como si fuesen sus propios hijos, ¿pero cual es el pariente más cercano de "Magic"? "Western Stars" quizás, me rio; bueno, no me rio porque no me hace ninguna gracia. Bruce opta por otros músicos experimentados, ya lo hizo en "Human Touch" y "Lucky Town", luego nada que criticar, o si... 

Ya venía Bruce Springsteen de su primera época con los The Castilles(1965) versionando el pop y el soul de los grandes artistas que escuchaba en la radio de la cocina de su casa en el 68 de South Street, en Freehold, NJ. Y ese sonido fluctuó por las calles de Freehold como si de una tormenta se tratase. Y fue intenso, y atrás quedaba ese sentimiento de inferioridad y rebeldía, de su mala reputación en los colegios católicos a los que asistió; o quizás de los apuros económicos de la familia. Que se sentase al aire libre en las escaleras de la parte de atrás de la casa, aprendiendo entre dos y tres canciones cada día, mientras molestaba a los vecinos con su ruido, era un claro síntoma de que ese joven tenía un porvenir por delante, bueno o malo, simplemente diferente. No es ningún secreto que ya en sus 18/20 años, cuando se peleaba en bares de mala muerte, llegaba a infectos moteles cantando piezas de pop y soul clásico, recién aprendidas, mientras gesticulaba poses y gags del género negro. Se vaciaba y se desternillaba como buen aprendiz de juventud y con quizás ya un poco en mente a James Brown.

Sin embargo ahora, el saltimbanqui se desprende de su Fender, la descuelga de sus hombros, para poner sólo su voz ante el micrófono, esa voz que él dice que le apetece mucho escuchar en sus registros. Y así es, siempre ha mantenido esa clara obsesión por ver cómo queda su voz en cada canción, no es de ahora, ya viene de atrás esa perfección, porque su tono queda perfecto, da igual que sea rock, folk, soul, o country; él quiere una voz pura en sus conciertos, y más en sus grabaciones. De hecho él mismo dijo: “Quiero concentrarme realmente en mi voz, si estoy cantando bien, y centrarme en como cantar las canciones y en que tonos, tengo una voz de rock con transfondos de soul, me gusta y la amo...” Bien señor Springsteen, usted siempre reseteando su vida; y quizás la nuestra, nunca es tarde para retomar aquellos sonidos libres de los años sesenta y setenta del soul americano. ¿Pero qué decir de este nuevo disco? ¿A qué nos suena? ¿Qué escuchamos en el? Quizás al nuevo y viejo Bruce…

¡Veamos.! El disco es pura magia, te hechiza, te gana, te engancha a esos ritmos del pasado, bailarás si, disfrutarás, también; me queda el deseo de volver a ser joven para disfrutarlo en casa y en cualquier club con un cubata en mano. “Only The Strong Survive”, sale bajo el sello de Columbia Records, se trata del el 21 disco de estudio, y en él encontramos un rico y majestuosos arreglos en el que se incluye cuerdas, coros y los míticos The E Street Horns. En estedisco, el jefe nos ofrece potentes interpretaciones de éxitos escritos por Ahmet Ertegun y Betty Nelson, y grabados ya por Ben E King allá por el 1962 o Aretha Franklin en 1970. El lanzamiento visual dirigido por Thom Zimny respalda a un Bruce con una sólida y extensa banda en vivo. ¿Sabes? Con sólo la voz de Springsteen ya te ha cautivado, ya te hace ser tú y soñar con esas gemas de la música soul de los catálogos legendarios que poseen, poseían, la Motown, Gamble y Huff, Stax y muchísimos más, o esos sonidos que fluctuaban por Philadelphia. Esa voz invitada de Sam More realza dos temas, una contribución especial al disco, donde muchos invitados aportan su granito de arena, es el caso de los ya citados antes, The E Street Horns, y los arreglos de cuerdas de Rob Mathes, al igual que los coros, o la divina violinista de la E Street Band, de Soozie Tyrell, Lisa Lowell, Michael Moore, Curtis King jr, Dennis Collins y Fonzi Thorton. Bruce Springsteen comentó a esto: “Quería hacer un álbum el que sólo cantara ¿Y que mejor música para trabajar que el gran cancionero americano de los años sesenta y setenta? Me inspiré en Levi Stubbs, David Ruffin, Jimmy Ruffin, el hombre de hielo, Sorrie; Más como Jerry Butler, Diana Ross, Dobie Gray y Scott Walker, entre muchos otros. He intentado hacer justicia a todos ellos y a los fabulosos escritores de esta gloriosa música. Mi objetivo es que la audiencia moderna experimente su belleza y alegría, tal como lo he hecho desde que lo escuché por primera vez. Espero que les guste escucharlo tanto como a mí me encantó hacerlo...” 

En un principio se creyó que el disco había sido creado en el rancho que posee Bruce Springsteen en Colts Neck, New Jersey, en los estudios Thrill Hill Recording, de su propiedad; Pero fue grabado alternativamente entre los estudios Power Station Berklee NYC, en el 441 W 53rd street de New York, curiosamente los mismos donde Bruce grabó el "Darknees..." y "The River "en 1978 y 1979/80. El productor Ron Aniello, y el ingeniero Rob Lebret, junto a Bruce se dejaron fotografiar en el rancho de Bruce, y se bautizaron a si mismos como “The Nightshift” (los del turno de noche). Bruce ha confesado en su reciente entrevista a la Rolling Stone que Ron Aniello vive prácticamente en su rancho de Colts Neck y Rob Lebret cerca de allí, con lo que dispone de ellos a diario, para grabar y grabar. Allí deciden y rectifican errores, soluciones, y sobre todo una perfección absoluta; tenemos aquí una fábrica de tres hombres, y podemos hacer cualquier cosa. “Tengo una libertad tremenda, y ello me hace sentirme bien, en esa libertad me permite ir a cualquier lugar y hacer cualquier cosa en cualquier momento... “ Pero Bruce siempre hace las cosas bien a la primera, y dieron vía libre al disco que tu y yo tenemos. Luego se puede decir que bajo la producción de Jon Landau, el disco acabó gestándose en Thrill Hill Recording, Colts Neck, New Jersey. Según veo en los créditos, Ron Aniello es el crack que toca todos los instrumentos en este álbum, Bruce se refiere a él como el gran constructor del disco, encargándose de la mayoría de la instrumentación del álbum, dejando que Springsteen se centrase solamente en su voz.

En el vídeo de presentación, Bruce explica cómo grabó un nuevo disco por las noches, con el equipo de Ron Aniello. Una vez completado, y como tantas veces ha hecho, decidió descartar el disco y empezar a grabar otro, en este caso de soul, y este es el trabajo que ahora presenta. El hecho de que en la propia portada del nuevo disco aparezca el rótulo «Covers Vol.1» creemos que parece indicar que habrá otro volumen más adelante. El propio Bruce Springsteen ha confesado que será también de soul, y que ya tiene avanzado tres cuartas partes del mismo. Ya Bruce lo dijo: “ Me jubilaré en los escenarios cuando ya no haya jubilación...” Quizás quiso decir que moriría con las botas puestas en cualquier escenario de cualquier ciudad, quizás en su amado New Jersey al que le fue siempre fiel, pero haciendo lo que él sabe hacer, para bien nuestro o para mal, el tiempo dictara sentencia. El chico de Jersey dijo en una entrevista: "Al principio, fue muy difícil. Estaba eligiendo material y decía: “Es difícil cantar las canciones de otras persona, y conseguir que suenen auténticas, sentir que salen de ti. Así que grabé un disco entero que descarté. Aparecerá en alguna parte, había algunas cosas buenas en él, pero no se sentía del todo bien." Pero no entremos en estos extremos y sí en los del nuevo y reinventado Bruce que tanto vamos a disfrutar en "Only the Strong Survive", y de esas 15 canciones que configuran el disco. 

El primer corte es el que da título al disco, “Only The Strong Survive”, (sólo los fuertes sobreviven). Un hit de Jerry Butler en 1968, que nos suena a un puro "No Surrender", pero con muchísima menos pegada. Ya hubo este mismo nombre de canción en el álbum "Into the fire" (1987) de Bryan Adams, pero él no lo condujo a esa canción de soul sino a su rock más visceral canadiense. Bruce recita unos versos en los que nos canta: “Recuerdo mi primera historia de amor, pero de una manera u otra todo salió mal, mi madre me tenía un gran consejo, y pensé en ponerle palabras en esta canción, todavía puedo oírla diciéndome, sólo los fuerte sobreviven". Bueno, eran lecciones de vida que una madre da a su hijo de buena fe, o las aceptas o las ignoras, pero siempre quedarán ahí. Entra en segunda posición “Soul Days”, (Días de soul) aquí aparece el amigismo con Sam More, un interesante tema melancólico, rodeado de un público entregado y animado al baile, es puro soul, es puro y leal espectáculo visual, alguien comentó: “quiero escuchar en este tema algo de Wilson Pickett, figura sureño de soul y R&B, y de Joe Tex, también, de Sam&Dave, y por qué no de Aretha Franklin”. Una canción del pasado que Bruce la toma como si fuese suya, en la que recuerda la magia de los viejos tiempos sobre un sonido dominado por un sedoso y trémulo órgano y una sección de metales que lo borda, y su voz en otro tono la hace parecer tan mágica como sutil.

Y llega una de mis favoritas “Nightshift”, ¡Uf! Yo también trabajaba en el turno de noche… Y tenía un amigo. Ahora me jubilé y mi amigo no existe. Esta canción no es ni de los 60 ni los 70, es ochentera, sus creadores, los Commodores, la llevaron dignamente a los primeros puestos del ranking, Bruce la asume con esa convicción sentimental de todos aquellos amigos, que como él, tenían el turno de noche, un claro homenaje a dos míticos del soul, Marvin Gaye y Jackie Wilson, ambos fallecidos en 1984. Bruce canta: “ Voy a extrañar tu dulce voz , y ese sonido conmovedor en el turno de noche” Fue el segundo single que Bruce introdujo para publicitar. “Only The Strong Survive”, el vídeo es impactante, tranquilo, vestido a lo gigoló, y manteniendo una fuerza, sin moverse demasiado, que raya el enamoramiento. Que esta canción de los Commodores se publicara un año después del fallecimiento de Marvin y Jackie, (1985), hizo que Springsteen se fijara en ella, dándole un tono realmente intimista como melancólico, conectando con los metales, los coros, el gospel y los teclados que avivan el tributo necesario a dos leyendas de la historia del soul. Me encanta. Me hace sentirme bien y bailo. Y en mis ojos están las mismas lágrimas que Bruce tiene en lo suyos, “ es una canción realmente especial, está increíblemente escrita, la he escuchado año tras año y siempre traerá lágrimas a mis ojos, tengo que cantarla, es una pieza musical increíble…”

¿Podría ser, pregunto, que estas canciones tendrían que alcanzar la longevidad necesaria para que todas las generaciones las usasen a su gusto? ¿Canciones que deberían ser populares para siempre…? No lo sé. Le sigue “Do I Love You (Indeed I Do)". Fue el primer adelanto del disco, una versión de Frank Wilson (1965) que nos transporta a ese sonido original de la Motown, algo grandioso con ese saxo encantador que embellece la canción, haciéndonos recordar a cuenta gotas a la E Street Band; sí, es una canción festiva como en sus días fuese “Tenth Avenue Freeze Out”, pero queda muy claro que no le llega ni a la cintura ¿Qué me decís de ese refuerzo coral? En “The Sun Ain't Gonna Shine Anymore”, es un giro que apenas entiendo, en las primeras escuchas, apenas me dice algo, la intentó llevar al registro que Clarence Clemons grabó por su cuenta, (1985), pero sigo sin saber, y no entiendo, como los críticos la colocan como sonido de Phil Spector y con influencias notorias a "Born To Run". Nada que ver, lo siento. 

En “Turn Back The Hands Of Time”, Bruce canta con fuerza los versos de otros, la maldición por los errores cometidos, quiere como redimirse e implorar si esas manecillas del reloj fuesen hacia atrás en vez de ir veloces hacia un futuro incierto y malévolo, pero no lo consigue. El daño ya está hecho, y no hay vuelta atrás. Poderoso hit de Tyrone Davis en 1970 que Bruce consigue darle la vuelta en otra tonalidad distinta y más acorde con la realidad, es como si Bruce se montase en uno de los caballos de su hija Jesica y cabalgase a placer por los páramos de New Jersey. Y mientras va a lomos de su caballo, canta con su rugosa y entregada voz por los paisajes de Colts Neck, mientras en su estudio se oyen unos coros femeninos celestiales. “When Shes Was My Girl” es un poco más de lo mismo, sigue con los remordimientos y su removida conciencia que le atormenta. Es una canción que sigue conservando el mismo toque romántico, que te acaricia a la vez y te hace mover los pies y dar palmadas, con ese virtuoso solo de guitarra, que si no me equivoco, es la única vez que Bruce se cuelga la Fender al hombro en todo el disco. En “Hey, Western Union Man” se recurre a esa pareja de profesionales del sonido Filadelfia en los años 70, Gamble & Huff, productores discográficos de alto nivel que todo lo que pasaba por sus manos era oro y platino. En esta canción le permite al Boss destacar su voz, más alta de lo debido, pero que le aporta intensidad al tema. Bruce se pone en la piel de Jerry Butler para cantar: “Dile que estoy hundido y que creo que meevita, y si un telegrama no sirve, mándale una caja de dulces también, y quizás unas flores...”, ambos mendigan; pero nada de ello es suficiente.

“I Wish It Would Rain”, originalmente se supone, o es, de Temptations; un tema de 1967 grabada por Motown con el sello Gordy; “Desearía que lloviera”, cantaba David Ruffinm, narrando con voz dolorida la historia de un hombre desconsolado que quiere ocultar su dolor. Su mujer acaba de dejarlo y desea que comience a llover para ocultar las lágrimas que caen por su rostro, cuando se supone que un hombre no debe llorar; bueno, sé por experiencia que llorar puede a veces aliviar el dolor. Que esta canción le viene como anillo al dedo a Bruce, también. Llega a sublimarla y le otorga un plus espiritual mientras el fondo de un piano la hace ser magistral. Y a este tema le esperaba yo: “Don`t Play That Song”. Es casi sin duda la canción más caliente del disco. Bruce se apropia como secuestrador del hit de Ben E King  de 1962,con el que alcanzó el número dos en la lista de sencillos de R&B en EE.UU. Muchos artistas se han adueñado de esta canción, y Bruce no iba a ser distinto, interpretando lo compuesto por la mujer de Ben E King, acerca de la juventud perdida, las noches largas de verano y su perdón: “No me importas si mientes, vamos a bailar…”. Bruce aquí entra con una introducción como si estuviese en directo en uno de sus conciertos, le encanta este baile, se desprende de su americana y la voltea, otorga un tono grandioso elevado por su voz que sobresale, aspecto que en este disco está por encima de todo, lo que no impide que sea divertido ver el baile, es como ese “Lets Dance” de David Bowie. “Any Other Way” quizás fue un éxito menor, allá por los años 1962 o 1963, contando con versiones alternativas de Chuck Jackons y Jacide Shane, pero siendo William Bell quien la publicara por primera vez como continuación de “You Don`t Miss Your Water”. Bruce le inyecta un poquito más de fibra. Un soul de la vieja escuela de Stax, en la que el chico de Jersey se rejuvenece en todo su esplendor, hay metales jubilosos y guitarras haciendo cabriolas al carrusel del soul, y Bruce exprime como una naranja su garganta en un tono alto. Rindiendo honores entra el Boss en “I Forgot To Be Your Lovers”, con una delicada voz, ardiente y tórrida, una balada de poca duración del mítico sello Stax, otra más de William Bell con la colaboración de Booker T. Jones, desapercibida hasta que Billy Idol la introdujo en su álbum de 1986 “Whiplash Smile” como su sencillo principal. En ella Bruce alarga mucho las frase en busca de emociones. En consecuencia encontramos una cascada, por detrás de él, de arreglos de cuerda y viento. ¿Qué sentimientos de culpa hay aquí? Pregunto. “He trabajado para ti todo lo que he podido, pero trabajar todo el día por ti, no me hace ser un hombre, olvidé ser tu amante, y lo siento, pero de alguna manera te recompensaré… ". No hay más que decir. 

Me gusta este “7 Rooms Of Gloom”, me parece muy reivindicativo, muy pegado ala época actual, un grito de libertad. ¿Qué coño estás haciendo con tu vida? ¿Quién te la dirige? Sal de hay y vive, que se vayan al infierno todos aquellos que te amansan y se apoderan de ti, eres tú y tu vida, ¿Quién puede controlarte por ser diferente? Basta ya, ya esta bien, grita si quieres, ser feliz es una cuestión que te pertenece, vívela. “Siete habitaciones de penumbra, cuartos vacíos sin tu ternura, si has de hacerme vivir día a día mirando un reloj que no avanza, esto no es un hogar, extraño tu amor que una vez conocí y extraño tu beso que era muy mío, vivo el vacío sin tu ternura”. En ella Bruce pone toda la carne en el asador, arropado por sus coros que le da un aire litúrgico para que bailes tu independencia. Y es que este tema de 1967, fue sacado como sencillo, con el sello Motown Records, alcanzando un meritorio puesto 14 en el Billboard Hot, y un top 10 en R&B que lo consideró como una potencia orientada al Blues. Y como Bruce hace en su introducción, también lo hizo Levi Stubb en su recitación hablada, toda una declaración. En “What Becomes Of The Brokenhearted”, canción que convirtió en éxito Jimmy Ruffin allá por 1966, se trata de una más que sentida balada que le hace mucha justicia al titulo, eres un rompecorazones. “Mientras camino por estas tierras con sueños rotos, tengo visiones de muchas cosas. La felicidad del amor es sólo una ilusión llena de tristeza y confusión...” Canta Bruce en este éxito de alto voltaje a cargo del destino de esos corazones rotos. En ella su voz no intenta aportar novedades más allá de una interpretación sentida y fiel, pero siempre arropado por los coros y ese órgano tan divino como orquestal. No es ningún secreto que entre Jimmy Ruffin y David Ruffin, su hermano, miembro de The Temptations, lanzaron numerosos sencillos al mercado, este ya nombrado, y “Hold On (To My Love)”, fueron los más importantes sacados bajo la discográfica Motown. Y bueno, ¿qué pasa con los corazones rotos que tenían un amor que ahora se ha ido? Cantarían juntos… 

Y para cerrar "Only The Strong Survive" la elegida es “Someday We`ll Be Together”, último número uno de Diana Ross & The Supremes para la disquera Motown. Y mientras el coro femenino emula al original, Bruce como siempre lo lleva a su terreno, mientras mezcla un halo de fervor eclesiástico del góspel. “Lo digo, lo digo, lo digo otra vez, algún día estaremos juntos, o si, o si, estas lejos de mi mi amor, y lo sé, sé que eres dueño de mi corazón, y di, di que algún día estaremos juntos, te anhelo cada noche sólo por besar tus dulces labios, y abrazarte siempre, siempre tan fuerte, y si, si algún día estaremos juntos...”. Un clímax del álbum, Bruce se despide de este disco a lo grande, cerrando los años 60 y 70, como un coloso en llamas, y con este número uno, escrito por Johnny Bristol, Jackey Beavers y Harvey Fuqua, el último éxito  de Diana Ross & The Supremes, siendo también  su última aportación de Diana con los Supremes, a partir de este hit empezó su carrera en solitario. Por eso Bruce se despide como si fuese un homenaje final a aquella era dorada del soul, a la pureza de ese espíritu americano que tantos buenos ratos le hicieron pasar, y dejando las puertas abiertas hacia nuevos y difíciles trabajos sobre el género. 

Lo que usted quiera mi querido amigo Bruce Springsteen… Pero no olvide nunca de dónde venimos y hacia dónde vamos, y si a estas alturas, y con una gira mundial por delante de la cual esperamos grandes noches de diversión y espectáculo, nos va a colocar alguna canción de su extensa discografía que no sea apropiada con el show, es mejor que nos diga: “Quédense en el sofá de sus casas, con una cerveza bien fría, mientras introducen en su DVD, el “The Legendary 1975 No Nukes Concerts”. No es una mala opción. Usted decide, esos precios desorbitados que no hay por dónde cogerlos, y es que a sus fans más dignos 5.000$ les supone una putada. Ya sé que su valor siempre estuvo por debajo de lo que le ofrecían en este mafioso mercado a los demás. Y tal vez si comparamos tenga razón, pero, ¡hey chico!, tú eres diferente, o deberías serlo, por eso eres el Rey; y que nos digas que si no estamos de acuerdo nos reembolsas el dinero... Háztelo mirar, tú y todos los que te rodean, ya sea Ron Aniello, Rob Lebret o Jon Landau, me da igual; las discográficas o quién coño sea se empeñen en destrozarnos, y ya no, señor Springsteen. Y el caso es que el disco me gusta; me encanta, pero no pasaré por taquilla, y quizás cientos de miles de fans harán lo mismo. Piratearlo es una solución, jodida pero sana, no vamos a engordar su cuenta bancaria, ni dejar nuestros bolsillos vacíos cada vez que a usted le de la gana, ni gastar un dinero en perseguir su sueño americano y coquetear con lo que le hizo muy grande: El Rock and Roll, ese que ahora, en usted, no tiene cabida. Lo siento. A la espera quedamos de ese segundo volumen que nos comenta que está en marcha… y eso que según sus palabras “Amo a mis fans, los adoro...”  Pues esta vez no, amigo, tu ego te puede, te aniquila, (¿acaso piensas en la cantidad de gente que has dejado fuera en tus conciertos en Barcelona?.) Esta vez nos dejas con el culo al aire, y tendremos que pelear una entrada. Pero aún así, gracias por tu música. Siempre.

Entrevista: Nacho Para


“Más que a Americana, mi guitarra suena a country africano”

Por: Oky Aguirre
Fotografía: Ocho Lobos

Aún siento la brisa del mar que me llegaba a finales de verano desde la playa asturiana de Rodiles. Recuerdo sentirme identificado con George Martin, sentado en un patio de butacas vacío del Royal Albert Hall momentos antes del concierto homenaje a George Harrison. Tumbado a solitarias en mi toalla al calor de la arena, todo lo gratificante se juntaba en mi mente, gracias al poder de la palabra escrita que provenía de las páginas del libro que Nacho Para, prestigioso periodista almeriense, ha decidido escribir con aquéllos momentos irrepetibles que tuvo la fortuna de presenciar, para regocijo de todas y todos nosotros. “Concierto para George: crónica íntima del último milagro Beatle” está lleno de esas situaciones en las que uno siempre ha querido estar, manteniendo en todo momento Nacho la compostura, sin traicionar a su profesión cayendo en el demérito de comportarse como un fan cualquiera. Toda esa fuerza en el detalle por explicar tan sólo miradas o compartir espacios con tus héroes, forma parte de mi compromiso adquirido con este artista que acaba de sacar su primer disco en solitario, un “No Parking Tickets in The Clouds” que ahora en otoño me vuelve a situar en la arena de una playa solitaria, para formular las preguntas que haría un fan cualquiera como yo, periodista sin carnét de carrera pero nacido y criado bajo el calor de una redacción.

Dylan, Petty, Lou Reed, Bill Wyman, Yoko Ono, Bardem, Gassman, Julio Iglesias o McCartney. ¿Por dónde empiezo? Llevas más de media vida afrontando charlas trascendentes e intrascendentes. Lo primero y para mí obligado. Háblame de aquella tarde en casa de John Lee Hooker, con su mayordomo de piel blanca. Leí este artículo muy jovencito y resulta que tú fuiste el culpable de mi absoluta pasión por todo lo relacionado con lo negro, sobre todo la música.

Nacho Para: Bueno, todo eso me parece perteneciente a una vida anterior, aunque claro que forma parte de mí. Yo me metí a periodista con 18 años bajo el sueño de entrevistar alguna vez a un beatle. Lennon ya estaba muerto. De los otros tres, hubiera preferido a Harrison, pero finalmente hablé con Macca, aunque asistí al ‘Concert for George’ y me sentí más cerca de Harrison que de ningún otro músico en toda mi vida. También me siento muy cercano a Dylan y nunca hablé con él, aunque lo he visto en muchísimos conciertos. Pero si pienso en mí de chaval no me veo con ambiciones de ese tipo, de conocer y entrevistar a famosos. Lo que más me gustaba era canturrear mentalmente del camino al colegio. Me gustaba inventar canciones solo para amenizar el trayecto. Al final, la vida me ha llevado de vuelta justo ahí, al canturreo. De todas formas, para satisfacer tu curiosidad, te hablaré un poco de aquella tarde con John Lee Hooker en su casa de Los Ángeles. Era ya muy mayor y sus ojos estaban cansados de tanta sabiduría. Su mayordomo era blanco y jovencito, sí, y eso me pareció una gran metáfora. “Están crudas las hamburguesas, vuelve a darles una vuelta en la plancha”. Era capaz de comunicar cosas así sin hablar, solo con la mirada y un gesto con la mano. Estaba cerca de morir pero por fin tenía una medio sonrisa de triunfador. No pude entrevistar a Ali Farka Toure, se murió justo una semana antes de llegar a su casa en Niafunké, pero conocer a su hermano americano fue un punto álgido en mi impostura periodística. 

John Fogerty tuvo el mismo problema que yo en su adolescencia. En sus memorias, destaca la importancia que tuvo en su vida la cruda guitarra de Pop Staples con esos coros negros góspel, lo que le permitió crearse un mundo al que no pertenecía. ¿Cómo tú en todo esto de la Americana Music?

Nacho Para: El mundo es muy grande, la imaginación es más grande todavía y me parece una tontería aferrarse como un tonto al terruño donde naces. Los nacionalismos son siempre obtusos y miopes. ¿Cuál era mi mundo? ¿Era Manolo Escobar el mundo al que me había tocado pertenecer? Lo siento, pero no… Salí pitando de las clases de guitarra porque me enseñaban el Con el vito, vito, vito, y yo lo que quería era dejarme la melena y rasgar acústicas de cuerdas metálicas como las del concierto de Bangladesh. Además, lo americano, lo anglosajón y lo guiri forma parte de mi mundo natural. Nací y me crié en la Almería de los rodajes hollywoodienses. Si ellos pudieron usar mi paisaje, yo pude usar su música. A mí me parece un intercambio de lo más lógico. En Almería siempre escuché hablar inglés, casi tanto como árabe, pues había un barco diario a Melilla y otras conexiones con Nador y Orán. Hasta John Lennon, Ringo Starr y los Pogues rodaron en Almería. Yo ese otro mundo nunca lo vi tan lejos. 

¿Te parece que prescindamos de Dylan, Petty o Neil Young  para no caer en las mismas obviedades que nos hacen más viejos de lo que ya somos? ¿Podemos hablar de un sonido de la Desert Town sin mirar a Louisiana, Tulsa o Memphis?

Nacho Para: El tema de las influencias siempre es un poco cansino. Es como preguntarle a Dylan continuamente por Woody Guthrie o a Eric Clapton por JJ Cale. Yo creo en la música que yo hago una mezcla de músicas americanas, sonidos british y requiebros del desierto. Almería es un desierto, yo creo que eso imprime un carácter muy similar a los nacidos en Arizona o Tumbuctú. Y me refiero al desierto en toda su amplitud metafórica: el lugar perdido, la inmensidad, la vida adusta, el calor pegajoso, la libertad, la soledad. Por encima de todo, el verdadero poder del desierto es hacer que te sientas frágil, empequeñecido, de vuelta a tu origen molecular. Te deja solo contigo mismo, sin intermediarios, sin escenarios ni público para representar un papel. Solo y sin saber cómo funciona la vida, precisamente en un lugar donde aparentemente es imposible vivir, y donde, sin embargo, la gente vive. El desierto te deja igual que a un niño al que le queda todo por aprender. Mis canciones salen de un lugar que no controlo, como tampoco puedo controlar lo que digan de ellas los demás. Yo cada vez las veo más mías. Para bien o para mal, no veo a Dylan o a Young haciendo un disco como No parking tickets in the clouds. Yo creo que tiene más mío o de Paco del Cerro que de ellos.

Vamos a por esa portada, llena de connotaciones a lo que ya no tenemos y tuvimos. Y aprovechamos a los Creedence para volver a echar de  menos esas canciones que suenan como antes. Amigos en libertad absoluta y sin problemas, quizá testigos de tus primeras composiciones. ¿Es este tu primer disco un conjunto de recuerdos o reivindicaciones a momentos trascendentes de tu existencia como músico o persona?

Nacho Para: La portada fue lo primero que tuve claro. Un amigo me hizo llegar esas fotos, que yo no recordaba, y enseguida supe que esas imágenes iban a marcar el contenido del álbum. Recordaba perfectamente la excursión, pero no las fotos. Al verlas me pareció que la imagen podría remitir a las montañas de Canadá, con esa nevada al fondo y esas camisas vaqueras de pico que lucimos todos. Me gustó ese equívoco, porque en realidad se trata de la Alpujarra almeriense, año 1979, cuando yo tenía 16 años. Aparte de desierto, Almería tiene unas sierras verdes y bellísimas. Siempre viene bien romper los tópicos. También está eso que dices, el aire campestre de la Creedence y el sentido de la amistad. Nos reímos mucho aquellos días haciendo unas migas que no cuajaron y durmiendo luego en un refugio en el que se presentó de madrugada la Guardia Civil, a ver qué hacían esos niñatos con la chimenea encendida. En realidad, la portada creo que invita a un momento feliz de nuestra existencia, pero no diría que trascendente. Cuando eres un proyecto de persona hay muchas casillas sin rellenar y muchas veces tú eres responsable de cómo acaban rellenándose. Si ese momento es feliz es porque escapábamos de otras realidades menos felices: colegio de curas, fuerte influjo aún del franquismo, provincianismo galopante, etc…   

¿Cuándo te decidiste a iniciar este camino en solitario, fuera de un supuesto sitio de confort como es tu amada Bantastic Fand? ¿Tiene algo que ver esa guitarra country africana de la que me has hablado en alguna ocasión en nuestros chats intempestivos?

Nacho Para: Siempre me ha gustado tocar con gente, es más divertido. Y también te expones menos. Si hay más culos el tuyo no se ve tanto. Yo creo que tocar solo es a menudo producto de la necesidad. En este caso vino propiciado por la pandemia y los confinamientos. No había giras, no podía juntarme con los demás, el mundo se paralizó. Teniendo una guitarra, un estudio en casa y un motón de tiempo era lógico que acabara ocurriendo lo del disco en solitario. Cuando se abrieron los cierres perimetrales, vino a verme Joserra Rodrigo desde Bilbao y le toqué algunas canciones nuevas como Hurry up, Only seen my face y Ain’t got no time. Se entusiasmó, me contagió el entusiasmo y acabamos haciendo una selección de 12 canciones, ya en su orden, y ya eso nunca se movió.      

Recuerdo escuchar muchos de los esqueletos de estas canciones y me ha sorprendido tu valentía al afrontar muchos solos con tu acústica. ¿Te ha ayudado el desierto del Sáhara a soltarte como solista espléndido?

Nacho Para: Bueno, sería osado decir que yo hago solos. La verdad es que apenas hay solos. Hay desarrollos instrumentales, fraseos, dibujos, pero pocos solos. Eso también ha sido deliberado. Desde el principio tuve claro que, musicalmente, el disco se distinguiría de Bantastic Fand poniendo mi guitarra acústica y mi voz en primer plano. Mi forma de guitarrear, medio folkie, medio blusera y medio africana, pasa desapercibida en Bantastic Fand, excepto en temas como 'One of them'. Es normal, porque teniendo alrededor a guitarristas como Fernando Rubio, Paco del Cerro o Iván Estefanía, lo mejor que puedo hacer es rellenar y estarme quitecito. Pero mi estilo, aunque tosco, es mi estilo. Tiene algo mío, de Almería, también de  California, y es verdad que a veces es muy saharaui, muy maliense. Yo le llamo sonido de Almerifornia o de Malifornia. Más que a Americana, mi guitarra suena a country africano. He escuchado mucho esas músicas viajando por África. Y yo quería que estuviera visible en este álbum. Pensé que era bueno que apenas hubiera eléctrica. Quería un disco que oliera a madera. 

Cuéntame algo sobre esta producción que huele a artesanía. ¿Con quién te has rodeado o compartido el látigo de Brian Wilson? 

Nacho Para: (Risas) Aquí ha habido poco látigo, la verdad. El proceso ha sido bastante sosegado, sin prisa alguna. Como dicen África, la prisa mata. Primero grabé las canciones con voz, acústica y armónica. Algunas ya tenían el bajo de Chencho Vilar y batería de Paco grabada en sesiones anteriores. Luego, añadí ideas de coros y percusión. Tardé solo dos o tres semanas en hacer eso. Durante un tiempo pensé en dejarlo así, pero hablé con Paco del Cerro, Carlos Campoy e Iván Estefanía y fuimos añadiendo arreglos suaves, como los colores de la portada.  Paralelamente, hablé con Jorge Navarro para hacer la producción y mezclas en su home studio de Elda. A veces conoces a una persona nueva y sabes que va a ir bien sin hacer ninguna prueba previa. Jorge le grabó a Paco las baterías que faltaban y el disco cogió su tono definitivo. Con él todo ha sido fácil y fluido. Creo que se nota mucho su mano en el disco.

“El ruido corre muy adentro, las noticias perturban mi mente” dices al final de “Only See My Face”, tema que abre un disco  lleno de música bien contenida, dentro de una apuesta tan arriesgada como el dotar a las canciones de vida y ambientes propios. Y encima en inglés. No concibo tus canciones en castellano. ¿Tengo un problema?

Nacho Para: Quizá el problema lo tenga yo, pero bueno, es lo que hay. Me gusta el inglés para la música que hago. La fonética inglesa es como un instrumento más, al menos en mi imaginario… Tampoco me imagino a un nipón cantando flamenco en japonés… En fin, ojalá pueda superarlo algún día, porque el castellano lo domino mejor para hablar o escribir, pero no para cantar. ¿Por qué? A lo mejor la culpa es de Bisbal o de Manolo Escobar. En cuanto al inglés, tengo una ayuda impagable con Isabel Márquez y Pablo Vizcaíno, que son jóvenes pero dominan mucho mejor que yo ese idioma. Only seen my face, por ejemplo, está escrita con Isabel, y es ella la protagonista del videoclip con imágenes que se grabó a sí misma durante el confinamiento en Madrid.  Ahora me he comprometido también a escribir una canción en castellano, antes del verano, para un proyecto solidario con el pueblo saharaui que saldrá en forma de triple CD. A ver cómo me sale...

En “Leaving You My Soul”, segundo corte de tu disco, te imagino en tu porche de Almería con los violines y banjos de Paco del Cerro y el Hammond tortuoso de Carlos Campoy. Como bien cantas, ¿“En la risa de un amigo, allí estarás”? ¿Cómo de importante son los mensajes de tus canciones? ¿Nacen antes, durante o después?

Nacho Para: Esa canción la escribí en los 90 en la Isleta del Moro, en una casa alquilada a unos pescadores. No tenía letra muy definida y Pablo Vizcaíno dio con la tecla. “Te dejo mi alma” fue durante algún tiempo el título provisional del disco. Aparte del Hammond, Campoy mete ahí un piano eléctrico muy distintivo, tanto como esos violines de Paco. Los mensajes tienen que acompañar a los sonidos. Casi nunca hago canciones con historias cerradas; prefiero ráfagas de imágenes. En este caso, creo que es el tema que más conecta con la portada. Es un canto a la amistad, a la infancia y a lo fugaz de la vida. Estamos de paso y es mejor no aferrarse. Intentar vivir con espíritu ligero, con la menor pesadumbre posible, y dejar a tus seres queridos buenas vibraciones y recuerdos inspiradores.   

“No tienes tiempo, pero sigues haciendo todo lo que quieren que hagas”. Parece un mensaje sacado del mismo “Exodus” de Bob Marley. ¿Son quizás tus valientes aportaciones acústicas, verdadero valor de la esencia de este disco, a lo que oyes en tus sueños? Tu guitarra me suena al cantar de esos pájaros que dices no tuviste en tu niñez, pero ahora sí, ya que vives en el campo.

Nacho Para: Bueno, quien no tuvo pájaros en su niñez es el personaje de la canción, que no soy yo. Más bien es una reflexión sobre la gente que se deja atrapar en una vida dirigida por otros. Antes se decía eso de que si no persigues tus sueños acabarás trabajando para los sueños de otro. Yo siempre me he rebelado bastante. No sé vivir sin pasión por lo que hago. Sería, desde luego, un mal funcionario, aunque seguro que hay funcionarios que aman lo que hacen. Quiero decir que soy muy malo para quedarme en lo que me dé mucha seguridad y poca satisfacción. Antes mi madre se desesperaba, pero creo que ahora me entiende. Dejé el periodismo cuando dejó de satisfacerme. “¡Qué valiente abandonando tu fulgurante carrera!”, me decían muchos. Lo valiente hubiera sido continuar en su lugar que ya no me daba satisfacción solo por recibir una buena paga a fin de mes. No juzgo ni critico a quien lo hace, porque hay muchas razones para hacerlo. Pero yo no soy capaz. Yo sin pasión por lo que hago me moriría. Ahora mi pasión son las canciones. Hacerlas y viajar para tocarlas. Visitar ciudades con las canciones. Y mientras, sí, vivir en el campo. Los pájaros me despiertan cada mañana.

¿Esos pájaros son los  que cantan “Ready, ready” o “Uh Uhhhhh Uhhhh”? ¿Son esas ventanas a las que miras cuando sueñas lindezas como “In The Afternoon” o “Hurry Up”?

Nacho Para: "Hurry up" es una canción clave en el disco. Además de contener el título en el estribillo ("No parking tickets in the clouds") tiene un aire de country africano que me representa. Las guitarras son cartagenero-malienses y el viejo piano de pared que toca Paco le da mucha personalidad. ¿Los uhhhhhh son pájaros? No lo había pensado, pero dado que se habla de un refugio en las nubes es bastante probable. El “ready, ready” sería más bien un lagarto o una culebra, porque esa canción habla de alguien que sale de una prisión saharaui y huye de todo con la intención de rehacerse. Cuando parece que el día se está acabando, siempre puedes rebelarte e intentar algo nuevo. Es un poco Not dark yet, y puede tener algo que ver con mi huida del periodismo… Pero, cuando la canto, pienso más en un soldado marroquí que conocí en Tindouf. Estuvo preso 20 años y cuando fue liberado se negó a volver a Marruecos por temor a ser repudiado (cosa habitual en la dictadura marroquí: no reconocer a sus combatientes para ahorrarse pagas). Se quedó en los campamentos de refugiados y me hablaba todo el rato de su amada en Marruecos, de la que nunca volvió a saber nada.

¿Qué me dices de contar con Fernando Rubio y su guitarra chinorri barata? Su slide en “Great Creation” suena a Rasta. Jah sabes, ser limpio de espíritu y corazón.

Nacho Para: Suena tan rasta como las fotos de George Harrison con Bob Marley… Esa canción tiene para mí un enorme halo de inocencia. Fue de las primeras canciones que escribí en mi vida, o al menos de las primeras que puede grabar, a primeros de los años 80, en una grabadora de cuatro pistas. Hablo de los tiempos antes de los Rivertones, cuando empecé a estudiar periodismo en Madrid. Aún conservo una grabación de entonces. Quise grabarla respetando el espíritu original de una versión que hicimos en directo en la radio a finales de los 90. Armónica, acústica, hammond, mandolina y slide. El slide tenía que ser el de Fernando.

Acertadamente, has situado “Rain or Shine” en la mitad del disco. No me preguntes por qué, pero me lleva nuevamente a ese sonido Creedence, con tu púa humeante en la acústica en claro homenaje a Looking Out My Back Door, aquella canción que aporreaba El Nota en el capó de un coche en Big Lebowski, mientras se fumaba un joint. ¿Eres consciente del poder de canciones como ésta y el lugar que tú estás ocupando en puretas de 50 años como yo?

Nacho Para: Fíjate si soy poco consciente, o directamente inconsciente, que esa canción se grabó con banda a tope, pero el resultado no me acaba de encajar… Era una versión un poco Django Reinhardt, con un aire que recordaba demasiado al You de Bantastic Fand. Le di muchas vueltas y no estaba a gusto con el resultado, así que una tarde, cuando ya el disco estaba casi para entrar en fábrica, me subí a la buhardilla y grabé en un momento la versión cruda que final sale en el disco. Se la envié a Joserra y me dijo que la usara sin dudar. Le dije si alteraba el orden, al quedar tan espartana, y me dijo que la dejara ahí, principio de la cara B, a nuestra forma viejuna de pensar. Así que el acierto es suyo. Si ves ahí algo de la Creedence, me halaga. Yo veo un poco el espíritu de los discos acústicos de Dylan en los 90. 

La niebla de la que hablas en “Fog In The Air” ¿es sobre el futuro que no podemos ver? La guitarra acústica de Iván Estefanía se aproxima a aires irlandeses con aromas de Blues que sólo Rory Gallagher podría afrontar. ¿Te sientes identificado?

Nacho Para: Sí, Fog in the air habla de la espesa niebla de estos tiempos confusos. También hay cierta belleza en la incertidumbre, porque las certezas suelen ser aburridas. La niebla es misterio. Grabé la canción con dos acústicas abiertas haciendo fingerpicking y le pedí a Iván una tercera como contrapunto, especialmente en la parte del solo. Él es heredero y devoto del estilo de JJ Cale, pero estoy seguro que le hará feliz que le saquen un aire Gallagher. Su trabajo en este disco es muy brillante. Pienso especialmente en la mandolina de In the afternoon y en el dobro de Move Around.  

Perdona que insista, pero “Into The Light” respira aires irlandeses hasta donde no te habías dado cuenta. “Why Must Always Explain” de Van Morrison suena en tu disco como algo fresco, sin pretensión de copiar sino de aportar. ¿Fuiste consciente de esta similitud que igual yo solo percibo o es tan sólo el poder y la coincidencia de las canciones?

Nacho Para: Aire irlandés o directamente referencias a Van Morrison las encuentro en Great creation e Into the light. Es una forma de hacer canciones y frasear que no he explorado demasiadas veces, pero cuando lo he hecho me gusta el resultado. Me hablas de Why must always explain y he tenido que buscarla porque no me acordaba de ella. Escuchándola ahora tampoco veo tan clara la relación, aunque entiendo que sí es el mismo universo, quizá marcado por el acordeón y el hammond. Pero en Into the light hay pedal steel y vientos. Sea como sea, es una canción que no encontró su lugar en ningún disco de Bantastic Fand, pero no veo otra mejor como cierre de No parking tickets in the clouds.    

Por último, no quería dejar pasar tu “Rowdy Boy”. Me suena a Nobel y no a lo que te quieren siempre encasillar. ¿El último de Zeus Dylan ha sido determinante para decidirte a regalarnos a tu primera criatura? ¿Eres ese “Alguien que ha sido visto en las calles; Al final de la noche. De pie todavía?”

Nacho Para: Rowdy boy es una canción de 2007 y ya se llamaba así. Por tanto, no hay una influencia del Rough and rowdy ways de Dylan, ni en el fondo ni en la forma. A ver, Zeus es inalcanzable y hay que dejarlo tranquilo. Aquí estamos hablando de cosas de mortales. Y como mortal te digo que, puestos a comparar y para que nos entendamos, Rowdy boy tiene más de Beatles que de Dylan, más de The long and winding road que de I contain multitudes. De nuevo, el Rowdy boy no soy yo. En esta canción se habla de amigos que todos tenemos o hemos tenido que no encuentran su camino en la vida, se pierden y ya nunca regresan, por mucho que les digas o intentes rescatarlos. Es sobre la impotencia de no poder ayudar a gente que no quiere o se resiste a ser ayudada. 

Fechas confirmadas de la gira de presentación: 

18 de marzo, Murcia. La Yesería. 

 20 abril, Bilbao. Colegio de la Abogacía. 

 22 de abril, Donosti. Club 44. 

 5 de mayo, Almería. Clasijazz 

 11 de mayo, Cartagena. Mister Witt. 

 10 de junio, Alicante. Evento privado. 

 1 de julio, San Vicente de Alcántara. Festival Suberock (con Bantastic Fand)

Ilegales: “Ilegales”


Por: Javier González 

Han pasado cuarenta años, casi nada. Muchas cosas han cambiado y otras parece que no tanto si echamos la vista atrás, pues cada cierto tiempo nos viene a visitar un golpe de incertidumbre y desesperanza que retrotrae al pasado. Últimamente vivimos asombrados ante la enésima crisis que se nos viene encima, mientras miramos de soslayo a una guerra que una vez más nos pone al borde del conflicto mundial y de una amenaza atómica real que nos hace recordar la mítica canción de Polansky y el Ardor. Es un hecho, las sombras negras de antaño parecen repetirse hoy día, si no en las formas, sí en el fondo. Y qué mejor forma de pensar en otros tiempos convulsos que con la reedición del primer disco de los siempre combativos y brillantes Ilegales

Vayamos a los antecedentes… Comienzos de la década de los ochenta, los tan recurrentes y manoseados ochenta. Nuestro país salía de casi cuarenta años de oscura dictadura y comenzaba a bañarse en aires de libertad tratando de asentar una incipiente democracia que apenas unos meses antes, el 23 de Febrero de 1981, había sufrido acongojada ante televisión el intento golpista de Tejero. Pasado el susto, España saludaba a una modernidad ortopédica representada por la primera victoria socialista, acontecida en 1982, el Mundial de Naranjito, la sensación de casi sentirnos europeos y, entre un sinfín más de cosas, el dinero fresco que llenó las arcas de los ayuntamientos del cambio, con objeto de entre otras cosas asentar la muy patrocinada “Movida Madrileña”... 

En ese contexto presentado de manera amplia vería la luz “Ilegales”, el primer larga duración de la homónima banda asturiana, capitaneada por Jorge Martínez, joven curtido en cientos de noches de escenario y orquesta, además de otros proyectos como Los Metálicos y Madson, donde también militaba David Alonso a los que finalmente se uniría Iñigo Ayestarán, para acabar de dar vida a la que se convertiría en una de las bandas más importantes del rock nacional no solo de los ochenta sino de la historia de la música hecha en nuestro país. 

Ilegales venían de ganar el certamen rock Ciudad de Oviedo hecho que les permitió grabar un puñado de canciones: “Europa Ha Muerto”, “La Fiesta” y “Princesa Equivocada”, a las que seguirían “La Pasta en la Mano” y “Revuelta Juvenil en Mongolia”, fenomenales credenciales presentes en esta reedición que hoy nos ocupa, temas que ya nos hablan de una banda inteligente, ideológicamente comprometida, capaz de anticiparse al final de la vieja Europa, mordaz, fiestera, muy broncas y socarrona, abordando géneros diversos como el rock and roll, el twist, el pop, sin dejar nunca de lado una animal vertiente punk, emocional y aguerrida, donde cruzaban sus caminos bandas tan distintas como Code Blue, The Police y Joe Jackson, que mostraba a un solista inteligente y muy vivo a la hora de escribir letras sobre la desesperanza, el desencanto juvenil y las adicciones cuando otros aún ni sospechaban de los peligros de ciertas sustancias y solamente eran capaces de firmar textos naif o sonrojantes, todo ello envuelto en un aura callejera a la par que peligrosa que enganchó y aborreció a partes iguales, puesto que lo suyo no era dejar indiferente a nadie como han mostrado a lo largo de su trayectoria. 

Cinco temazos que fueron perfecto anticipo de una obra redonda desde la portada, obra de Ouka Lele, con esa imagen icónica de un tipo con el arma apuntando a su sien, grabado bajo los auspicios de otro nombre mítico de aquellos años dorados, Paco Martín, y que ante la posterior avalancha de ventas, provocó la irrupción del no menos mítico Víctor Manuel, quien compró los derechos para Sociedad Fonográfica Asturiana, posibilitando su posterior licencia en Epic Records, quienes pusieron en el mercado un álbum repleto de poesía cruda, franqueza y urgencia, donde la violencia callejera es un elemento más, diríamos que hasta necesario, dotado de multitud de autorreferencias a la banda y su círculo de amigos más cercano y con un sonido potente, directo y afilado que encumbrará a Ilegales como una de las mejores bandas en directo de aquellos años, título que aún ostentan en 2022. 

Desde la apertura con “Tiempos Nuevos, Tiempos Salvajes”, donde la crudeza lírica de Jorge Martínez se abre paso como un torrente desbocado de mensajes adictivos, “Delincuente Habitual”, retrato costumbrista de la lucha por la vida, la belleza instrumental de “Yo Soy Quien Espía los Juegos de los Niños”, con su particular collage de imágenes, “Hombre Solitario”, de aspecto menor y que es altamente estimulante en su directos todavía hoy en día; pasando por la genial “Problema Sexual”, ya míticas son aquellas imágenes soltando en directo en TVE su famoso, “Señora, si no le gusta mi careto, cambie de canal”, la fenomenal con recadito incluido para los chivatos “Me Sueltan Mañana”, su alegato anti hippie “¡Heil Hitler!”, tan socarrona que hoy en día en muchas plataformas ha sido rebautizada como “En la Noche Alemana”, algo que muestra a la claras que la música de Ilegales sigue sin ser entendida por demasiada gente y sobre todo por los adalides de la moral, incapaces de entender el mensaje crítico y subversivo del señor Martínez, totalmente alejado de cualquier apología del nazismo. 

Es en la segunda parte del disco donde los años nos hacen percibir letras que parecen escritas en primera persona, desde la fenomenal “¡Hola Mamoncete!”, skatalítica composición donde la innegable sombra de Jorge se representa en esa “cabeza calva” que espera clientes, algo que también ocurre en “No Me Acaricies el Pelo”, donde compartimos la reflexión de que no, nuestro Hércules astur tiene uno de tonto. Antes de dar paso a la belleza fantasmagórica de “La Casa del Misterio”, repleta de ambientes afterpunk y con un acertadísimo solo de guitarra, en la que es inevitable pensar en el palacio de Bolgues que es propiedad de la familia Martínez, donde las presencias ancestrales han puesto ante los ojos de escépticos sucesos paranormales que nada tienen que ver con el consumo de psicotrópicos. 

El final viene marcado por el anecdótico reprise de “Tiempos Nuevos, Tiempos Salvajes” y la incendiaria “Caramelos Podridos”, otro corte autobiográfico sin lugar a dudas que muestra la querencia de la banda por las noches de destrucción, en una de esas composiciones paradigmáticas sin duda, pues años después muchos tenemos la opinión que en un momento dado de esta historia Jorge se decantó más por la vida alegre y nocturna que por seguir explorando ese talento bestial del que siempre ha hecho gala. 

Hasta ahí la reedición básica del álbum, a la que toca añadir los cinco cortes que no aparecieron en la edición original más arriba citados, fruto de la labor arqueológica de la banda y de la mano de Warner, poniendo a disposición del público interesado una versión ampliada, revisitada y presentada de una forma totalmente mágica en formatos de variada condición y para todos los bolsillos. 

Alguna de dichas reediciones se verá completado por temas como “La Pasta en la Mano”, sobrecogedora en frases como “en el bolso escondes la chuta no quieres que lo sepa él”, “Desesperados”, otra crónica mundana y repleta de existencialismo, “Me Sueltan Mañana”, “Hombre Solitario” y “Problema Sexual”, todas ellas en versión maqueta. Y un buen puñado de himnos clásicos que demuestran la contundencia Ilegal desde sus inicios, abordando unos directos con un sonido potente y elegante, algo que era excepción en las bandas nacionales de su época a las que siempre se acusó de no saber tocar, pero cuyo principal valor es el de ponernos los dientes largos por no haber disfrutado de una banda en plena efervescencia anfetamínica. 

Hiela la sangre escuchar la voz cazallera con que Jorge presenta “Europa ha Muerto”, en un directo de Bilbao datado en 1985, “Me Sueltan Mañana”, también del mismo año pero grabada en Getafe, y “Princesa Equivocada”, tomada del concierto de Lérida de 1986, es inevitable pensar en una banda con los ojos inyectados, presa de mil demonios externos aderezados, de la misma manera que es brutal escuchar “La Casa del Misterio”, con una base rítmica y un punteo que anuncia un corazón más que acelerado, pero donde Ilegales siguen mostrando que no hay sustancia capaz de hacer ensombrecer la categoría de sus directos, unos directos que por aquella época ya contaban en el seno de la banda con la figura del mítico Willy Vijande aportando su sapiencia al bajo y ese aspecto tan ilegal. 

“Ilegales” encierra no solo un puñado de canciones míticas también es la fotografía de un país con unas características concretas: peligroso, atractivo, violento, hedonista y nihilista en un retrato lleno de aristas y bordes cortantes. En definitiva, un puñado de cortes que por sí mismas hubieran valido a Ilegales la condición de grupo mítico. Por suerte Jorge Martínez supo mantener por momentos el control de la dualidad cordura-locura y genialidad-gamberrismo sin perder el equilibrio en su eterno funambulismo sin red. Siguieron adelante en una década en la que tuvieron tiempo de regalarnos entre otros trabajos dos obras mayúsculas: “Agotados de Esperar el Fin” y “Todos Están Muertos”. Otras dos perlas que muchos esperamos vean la luz en similares ediciones a la que ahora celebramos en próximos años cuando las mismas cumplan también las cuatro décadas. 

Si el bolsillo te lo permite, tu inteligencia y el amor al rock español hecho con letras mayúsculas harán el resto. Tus neuronas agradecerán que compres una copia de este disco imprescindible para cualquier aficionado que se precie porque bandas nacionales hemos tenido muchas, pero ninguna como Ilegales, amiguitos.

Entrevista: Sagrista


"En todo este disco soy yo y en cada una de las canciones se ve una parte de mí"

Por: David Marsé 

No contento con tener un currículum donde aparece como guitarrista de Triana durante una época, formar la banda Círculo Vicioso, con la que  logró ganar el festival de Benidorm,  y haber ejercido de productor de nombres tan ilustres como Kiko Veneno, Jonathan Richman, El Canijo de Jerez o Tabletón, entre otros, José María Sagrista decide en este 2022 presentar su primer disco en solitario, "La Senda de los Elefantes", 

Rodeado de un gran número de músicos, que aportan su colorido en cada canción, el resultado es un trabajo de diversa sonoridad, que abarca desde el rock flamenco al pop pasando por la psicodelia o ambientes progresivos, pero que a su vez registra una personalidad propia, en lo estrictamente formal como en su concepto interno. Hablamos precisamente con el autor andaluz para conocer más en profundidad este debut.

Tras toda una amplia carrera musical decides ahora dar el paso adelante de presentarte en solitario, ¿qué elementos o situaciones han confluido para que sea justo ahora cuando tomes esta determinación?

Sagrista: Creo que ha sido una evolución natural, después de varios discos con Círculo Vicioso, donde todos los temas estaban compuestos y producidos por mí, necesitaba liberarme totalmente y comenzar una nueva etapa, que quizás hace tiempo que estaba madurando. Y aunque pueda parecer una tontería, el hecho de estar detrás de un nombre marca mucho, más cuando el grupo tenía una trayectoria, un estilo, y yo quería abrirme a todo lo que a mí se me ocurriera componer, tocar, y tener libertad absoluta. No es una ruptura, pero si es la puerta a otros caminos.

Y hasta qué punto en esos otros caminos dejan poso todas tus vivencias musicales acumuladas?

Sagrista: Precisamente esa libertad de dejarme llevar, ese no tener ningún tipo de prejuicio o premeditación, ni una línea a seguir clara, es la que me ha permitido sacar claramente todas esas influencias que yo he podido acumular y que creo que en este disco han aflorado, de alguna manera uniéndose unas con otras sin estorbarse y formando un proyecto coherente.

”La senda de los elefantes” es tu disco debut, teniendo en cuenta tu amplio bagaje, ¿las canciones que forman este disco han sido escritas específicamente pensando en  este álbum o pertenecen a diferentes épocas? 

Sagrista: Están todos los temas escritos para este disco, nacen de la decisión de hacer un trabajo libre, donde la única premisa fuera que las canciones tuvieran emoción. Creo que uno de los primeros temas que compuse para este disco fue "El viaje", arranqué con una guitarra acústica con ese ritmo que me encanta de bulerías y sobre eso empecé a trabajar. Después vinieron otras ideas, otras canciones, y poco a poco vi que tenía un proyecto entre manos. Al ver cómo sonaban esas primeras ideas empecé a tomar decisiones respecto a la producción para que el sonido fuera en una dirección, también con mucha libertad, e intentando en todo momento sorprenderme a mí mismo.

Musicalmente, pese a contener una identificad clara el disco, es de una desbordante variedad sonora, desde ese rock andaluz hasta el pop-rock anglosajón pasando por apuntes psicodélicos y/o ¿te sientes un músico compuesto de una multitud de facetas pero en las que todas te reflejas tú o hay algunas en las que te sientes más y mejor representado?

Sagrista: En todo este disco soy yo y en cada una de las canciones se ve una parte de mí, y de lo que me gusta. Esa libertad y emoción de la que hablaba antes quizás me han llevado a esa diversidad 

¿Crees que tu faceta como productor, que supone saber manejar la música de los demás, te ha enseñado a darte una mejor perspectiva y resultado a la hora de definir la tuya propia?

Sagrista: Puede ser... pero me gusta especialmente la improvisación y la experimentación, así que no sabría decirte si toda esa experiencia ha podido influir en el disco. Es cierto que hay un bagaje de oficio, que facilita el hacer las cosas con mayor fluidez; a mí me gusta trabajar rápido, aunque después me detenga en algunas cosas para saborearlas

Aunque te dediques a una faceta más roquera a lo largo del disco es indudable que el flamenco está latente en muchos momentos, de manera más o menos evidente, ¿es un género que es parte esencial de tu ADN musical?

Sagrista: Si, el flamenco ha formado parte de mi vida desde chico, porque lo he escuchado, lo he trabajado, lo he vivido,  y aunque siempre he estado en la parte rockera de la música, se percibe una forma de sentir el compás, el ritmo, que es lo que más me atrae del género, aparte de su pasión. Una vez más volvemos de nuevo a la misma palabra: pasión, emoción... pero es que es esa espontaneidad, ese ritmo ,la forma de sentir el compás, lo que más me apasiona del flamenco y donde creo que me he acercado un poco a él

Cierras el disco con una canción en inglés, “That Days”, escrita por María de Grandi, cómo surgió hacerla en ese idioma, siendo la única del repertorio, y tiene alguna significación especial que precisamente se encargue de cerrar el disco? 

Sagrista: El hacer una canción en inglés viene por mi peculiar forma de componer, yo normalmente lo hago en una especie de idioma inventado, "spanglish", digamos. Lo hago de esta manera porque prefiero componer las melodías sin tener ningún prejuicio de las palabras que estoy diciendo; más adelante ya adapto la letra al castellano, a esa sonoridad y a esa melodía. 

En este caso, la suerte de contar con María, que estaba en el estudio, y que habla perfectamente inglés, y que además escribe, (tiene un par de libros de poesía, a pesar de su juventud), me facilitó la tarea, ayudándome en la pronunciación, de cantar esta canción en inglés. Pero es verdad que no es la primera vez, ya en un disco anterior había hecho un experimento parecido.

El otro tema compuesto por alguien que no seas tú es “Alta tensión”, obra de Kiko Neneno, ¿cómo se produjo esa colaboración?

Sagrista: Kiko estaba en el estudio de grabación y le hablé de la canción, le conté diversas cosas acerca de ella, como mi tensión alta, las placas solares que alimentan el estudio así como el tiempo que pasé en la pandemia aislado en una huerta, en la sierra donde mi familia me llevaba la comida. Al rato apareció por la cocina y me dijo: "en la mesa del estudio te he dejado una letra" y me pareció fantástica. Él seguramente hubiera querido corregir algunas cosas, porque además de tener esa inmediatez creativa es meticuloso y delicado con su trabajo, pero yo la canté tal cual y así se quedó.

En “Madre mía la filosofía” tiras del ingenio y la ironía  para reivindicar una vida sin tantas prisas, disfrutando más del camino…

Sagrista: Esta letra se la debo a un documental que, somnoliento, vi en la televisión. hablaba de las tendencias y las líneas filosóficas de Demócrito y de Heráclito: la risa, la pena y esa forma de ver la vida...

Creo que el disco tiene un hilo argumental común, que es buscar esa comunión y respeto con la naturaleza para a partir de ahí sentirse más libre y poder hacer brotar nuestros sentimientos de manera más natural...

Sagrista: Es algo que forma  parte de mi vida actual, vivo en el mar y en el campo y en contacto continuo con la naturaleza,  intento cuidarla y dejar la mínima huella posible...

Llama la atención que no te has apoyado en una banda fija para la elaboración del disco sino que has recurrido a diversos músicos para cada tema, ¿cada canción te demandaba cosas diferentes y a partir de ahí ibas en busca de cierto tipo de músicos?

Sagrista: Tengo la suerte de tener muchos amigos que son grandes músicos, que han tocado en otras ocasiones conmigo, y de alguna manera, en este disco, he podido contar con ellos; unas veces casualmente, pues algunos viven fuera, y otras premeditadamente. El resultado es complicidad, diversión, sensibilidad y cariño, y eso al final queda registrado.

El hecho de haber grabado el disco en un clave tan especial como tu estudio Planta Paloma en Tarifa, ¿crees que también ha influido en el tipo de ambientación que marca el sonido?

Sagrista: Si nos referimos al propio sonido del estudio, está claro que contiene un ambiente característico y mi forma de trabajar también lo es, pero pensamos en el hecho de estar ubicado en un lugar como ese pues seguramente tendrá algo que ver, pero creo que la música  y las letras han surgido de entornos más hostiles que de dichos lugares placenteros. Casi todas mis canciones están compuestas en noches de insomnio sin ver ningún atardecer bucólico, aunque seguramente estuvieran en mi cabeza.

Tu carrera cuenta entre su currículum con tu presencia en Triana, ¿cómo fue esa época? ¿eráis conscientes de estar marcando un hito en la música o la enorme repercusión y trascendencia que alcanzó la banda es algo que comprendiste después?

Sagrista: Quizás fue la época mas importante en mi vida musical , aunque realmente es cierto que en aquel momento no era consciente de su trascendencia, es algo que he ido sintiendo con los años y por lo cual estoy profundamente agradecido. Siempre tendré en mi corazón a Jesús , a Tele y por supuesto a Eduardo al que me une una gran amistad.

Más allá de tu periplo en Triana hay otros momentos de popularidad que has vivido como ganar con Circulo Vicioso el festival de Benidorm con el tema “Portero de noche”, ¿tienes las sensación de que el pop o el rock ha dejado de ser un elemento con la repercusión que tenía antes?

Sagrista: Es la música con guitarras eléctricas la que ha dejado protagonismo a otras, en un sector de público se han impuesto otro tipo de sonidos. Está claro que yo como guitarrista sigo adorando esos otros estilos, además sonoramente no conozco todavía ningún instrumento que pueda darte tanta variedad de sensaciones, desde la caña más cruda hasta la melodía más dulce.