The Wellingtons: "Baby Moon"


Por: Txema Mañeru. 

Llevo gozando de todos y cada uno de los discos de estos australianos casi una década, aunque lleven más de dos en activo, y todos me han parecido deliciosos si te gusta el mejor power-pop y el pop atemporal, en general. Este “Baby Moon” (Rock Indiana) vuelve a ser una delicia y por eso hasta lo han regalado en la infalible Ruta 66 al suscribirte a la mejor revista de rock’n’roll del país. Se habían tomado un tiempo de relax o de descanso y la verdad es que suenan con las pilas totalmente recargadas. Así nos hablan entre sus letras de paternidad, pero también de nostalgia y de perdidas. 

¡Vaya melodía y voces puro Weezer, y algo hasta Green Day en el potente y guitarrero arranque con "Always Gonna Be That Girl"! El amor sigue siendo uno de sus temas clave y lo demuestran con la tierna y romántica, pero muy power-pop y potente en su melodía y coros, "She Still Loves Me". La verdad es que los escuchas y te lo crees. Canta Kate en "The Things I Did Before’, una joyita que recuerda a los girl-groups de los 60 y bandas como Shangri-las o Dixie Cups, mientras que "Deadbeat Dad" es un precioso y melódico tema lento que te puede recordar a los mejores Posies o Fountains Of Wayne. Otra vez con esos coros celestiales y guitarras de doce cuerdas al estilo de The Byrds

"Lola" es un precioso tema acústico que recuerda al más desnudo Elvis Costello, más que al tema de igual título de los Kinks, y hasta al Albert Hammond que comenzó cantando en inglés (quizás por esa frágil, pero preciosa voz). Cierra la cara A "I Won’t Turn Away", el tema más largo del disco, aunque se quede en los 4 minutos y medio. Otra gran melodía y magníficos coros con un estribillo de tonos épicos sobre una apabullante sección de ritmo casi en plan Oasis.

La cara B la abre una "Sad Today" que suena más melancólica que realmente triste, pero con mucha energía a la vez y que, a mí, me ha recordado a algunas de las mejores melodías de Easybeats. Otra vez Kate canta con garra y pasión, con muy buenos momentos para los cuidados coros combinados con buenos fraseos a los teclados. "End Of The World" es otro buen tema melódico que no tiene nada que ver con el de los R.E.M. Vuelve a bordarlo la voz femenina en el espectacular y romántico "Not Ready To Give Up", con su estribillo a varias voces realmente enternecedor y más guitarras de 12 cuerdas y cálido órgano final protagonista. Sigue otra tierna joya lenta cantada ahora por él que se titula "Better Me" y que de nuevo recuerda a Posies, They Might Be Giants o los más tiernos Gigolo Aunts.

"Sound Asleep" es otro estupendo y romántico tema lento con otro estribillo que se te va clavando y con esos habituales y muy logrados coros. Como en otros muchos temas, además de esas finas guitarras, y algún logrado punteo, también destacan unos teclados que mecen otra especial melodía. El disco no podía acabar más que con su particular "The Long Goodbye", otro tema contagioso, espacioso y que es una especie de himno que finaliza con tiernas guitarras acústicas. Ojalá se puedan dar una vuelta por aquí con estas estupendas canciones.

Álex Fraile (Librería Perros de lluvia): "Uno puede acercarse a la música de distintas formas y una de las más fascinantes es a través de los libros"


Por: El Giradiscos.

Convertidas las grandes ciudades, e incluso las menos extensas, en una mimética reproducción de parques temáticos transformados en inertes señuelos para turistas e inversores, cada aparición en ese paisaje gris de un proyecto cultural se percibe como un oasis dentro de un relato uniformador enunciado por gastrobares y tiendas de souvenirs. El nacimiento de la librería musical Perros de Lluvia, más allá de la consecuencia del elogioso empecinamiento de su mentor, Àlex Fraile, se vislumbra en pleno barrio populoso de Lavapiés como un evento social. Sus estanterías, repletas de artículos que se leen y escuchan, significan ese oráculo necesario para interpretar y descifrar ritmos y armonías, algo imprescindible para quien está "herido" por el aguijonazo de la música.  Hablamos con este "quijote", también colaborador en estas mismas páginas, para conocer un proyecto de corta existencia todavía pero ya repleto de historias que contar.

ºEn un país que lee poco y no se involucra demasiado en la música más allá de lo mayoritario, ¿montar una librería musical cuánto tiene de sueño y cuánto de negocio? 

Álex Fraile: Supongo que la clave radica en lograr un equilibrio entre ambas cosas. La música es mi verdadera pasión, pero en algún momento habrá que dejar los sueños de lado y no perder la perspectiva de que se trata de un trabajo como otro cualquiera y nadie – al menos eso creo – trabaja sin la aspiración de ganar algo. Vengo del mundillo de la Cooperación por lo que queda claro que forrarme nunca ha sido una prioridad. Ahora bien, no quiero llamaros en un año y pediros una paga. 

Te has metido en el mundo autónomo con todas las consecuencias, dentro de un sector como el librero, sabemos que eres un tipo duro que milita con orgullo en causas perdidas llenas de romanticismo como la de ser seguidor del Atleti y sobre todo de Estudiantes. ¿Está tu corazón de intelectual y musicólogo preparado para más disgustos? 

Álex Fraile: Creo en la máxima de que ganar es de horteras. Por eso, soy un demente convencido. Eso sí, una alegría de vez en cuando no vendría mal. Tengo la ilusión de que esta aventura llegue a un buen puerto. El dinero no es lo más importante en la vida, pero lo dicho: ¡romped la hucha y comprad cultura! Tampoco es plan de acabar debajo de un puente. 

La librería toma su nombre de un álbum mítico de Tom Waits, “Rain Dogs”. ¿Por qué ese nombre? ¿Qué representa para ti, tanto el disco como su autor? ¿Y qué quieres transmitir nombrando así a la librería? 

Álex Fraile: Tom Waits es Dios. Esa sería la respuesta corta pero no es ningún secreto que siento devoción por sus múltiples facetas: juglar de la noche; el hombre que se tambaleaba junto a su piano; truhan de profesión; el cantante de la voz arañada por el humo; el amante de la fotografía; el actor… Haga lo que haga lo hace a su manera. Al modo Waits y eso es maravilloso. Me encanta ese disco porque me encanta Waits y me fascina Nueva York. Rain Dogs es una abrumadora oda al Nueva York de los bajos fondos. Por otra parte, el nombre hace ilusión a la metáfora de los Perros de Lluvia. Esos seres ajenos a convencionalismos. Me siento un tanto así: asumiendo riesgos e intentando alejarme de lo tradicional. De lo contrario no creería en este proyecto y no montaría una librería musical en los tiempos que corren, más de nicho, como la música. 

¿Cuáles serían las librerías que conoces que más te gustan y hasta qué punto has tenido en mente a la hora de montar Perros de lluvia, algún ejemplo en especial? 

Álex Fraile:  Cada librería es un mundo y por supuesto que no solo como futuro emprendedor, pero como lector he visitado muchas, muchas. La lista sería interminable, pero me mojaré y barreré para casa, para el sector de la música. Hay una a la que tengo especial cariño que es La Fábrica, en Calonge. El pueblo de los libros como lo suelen describir. En este pequeño rincón de Costa Brava apostaron por las librerías y la de Lidia es un rincón maravilloso. Nuestra segunda casa: vinos; alegría y muchos, muchos libros de música. Y por supuesto me encanta el estilo de Sonora en Barcelona. Fuera de nuestras fronteras me quedaría con el buen rollismo de Books Are Magic de Brooklyn o la decadencia de la sección de música de la Strand, también de Nueva York. Todo sea por no salir del universo neoyorquino de Waits. 

Todavía hay gente que cree que la música solo se escucha, ¿cómo les convencerías de lo gratificante que puede ser también leer sobre ella? 

Álex Fraile: Esta frase es el mantra de la librería. La música no solo se escucha. Uno puede acercarse a la música de distintas formas y una de las más fascinantes es a través de los libros: en todos sus formatos. Narrativa; novela gráfica; fotografía; biografías; ensayos sobre géneros musicales en particular… Las opciones son infinitas y si uno lee mientras escucha música la experiencia es insuperable. Animo a probar 

¿Qué has encontrado tú personalmente a través de los libros que hablan de música? 

Álex Fraile: Historias fascinantes y la posibilidad de conocer a artistas o géneros que no consumo con tanta frecuencia. Hoy en día los libros de música van más allá de ello y permiten descubrir los entresijos de la industria de musical; el proceso compositivo… Libros del estilo de Cómo funciona la música de David Byrne o Viaje hacia la canción perfecta de Miguel Marcos son dos meros ejemplos. 

¿Hay algún libro u obra que inició o te marcó especialmente a la hora de interesarte por la literatura musical? 

Álex Fraile: Mentiría si dijese que me acuerdo del primer libro de música que pudo leer. Lo que nunca me olvidaré es quién me incubó el virus de la literatura musical. Mi amigo Ferdy, miembro del grupo Smile. 

Y si tuvieras que recomendar algunos libros que consideras esenciales para que alguien se llevase de tu librería, ¿cuáles serían y por qué? 

Álex Fraile: Hemos venido a jugar. A pesar de tener raíces gallegas, voy a mojarme. Sabéis mejor que nadie que me encanta escribir sobre música. Nunca fui ni seré un periodista musical, pero uno de los periodistas que más admiro – así me va – es Lester Bangs. Uno de los maestros y uno de los críticos musicales más irreverentes que jamás existirán. Libros del Kultrum editó dos compilaciones de sus críticas y aunque me gusta más la primera por eso de la novedad, tengo especial cariño a las Venas al frente, festines de sangre y mal gusto exquisito. El primer libro que se vendió en Perros de Lluvia.

Como librería especializada en el ámbito musical, ¿podremos encontrar obras internacionales sin traducción todavía en nuestro país?

Álex Fraile: Habéis dado en el clavo. Es uno de los objetivos. Esperemos poder cumplirlo a corto – medio plazo. Desgraciadamente hay muchos libros escritos en inglés o en francés que todavía no están traducidos al castellano, pero ahora más que nunca me doy cuenta de la cantidad de estupendos libros de música que existen en nuestro idioma y eso es la leche. 

Aunque todavía lleva poco tiempo abierta Perros de lluvia, ¿has vivido ya experiencias o visitas que te hayan marcado especialmente? 

Álex Fraile: Experiencias empezamos a tener unas cuantas. Abrir la librería y a la hora de cobrar el primer libro que el mismo no tenga el precio registrado; tener que ir a la base logística de Correos la víspera de la apertura para reclamar libros que no llegaban; aprender a envolver libros de una manera decente; encontrase en la librería amigas que viven en Bruselas y pasan sin avisar; intentar cerrar a una hora y abrir al día siguiente sin dormir. Bueno, intentaba crear falsas expectativas. Bromas al margen, cuando llegan sin previo aviso escritores o periodistas a los que he leído desde siempre y no ponía cara me hace especial ilusión. Es como conocer en persona a alguien que conozco desde hace tiempo. 

Has abierto la librería de cara a las fechas navideñas, que a priori son más beneficiosas para la venta, ¿sientes vértigo a lo que sucederá tras el paso de esas fechas? 

Álex Fraile: ¿Vértigo? Diría más bien pánico o para no exagerar un cierto miedo. La vida del librero no es tan bucólica y la soledad de una mañana de invierno impone. Está claro que se han juntado las Fiestas con la novedad de abrir un nuevo espacio. Ahora empieza todo. ¡Veremos! 

Toca venderse un poco, ¿qué crees que tiene de especial o identificativa Perros de lluvia? 

Álex Fraile: Un amigo argentino suele decir que no solo hace falta ser bueno sino parecerlo. No creo que valga para venderme, pero bueno es cierto esta librería es una apuesta por la música y el libro musical. Son otros los que tendrán que opinar, pero Perros de Lluvia pretende crear comunidad y que los amantes de la música y los libros se encuentren como en casa. Tenemos un espacio para que la gente venga a leer, a ojear revistas de música e intercambiar su pasión por la música.

La librería se ubica en uno de los barrios populares con más solera de todo Madrid, Lavapiés. ¿Por qué has elegido un emplazamiento tan céntrico, pero que a la vez encierra un cruce de caminos, no solo a nivel urbano, sino también en su componente cultural puesto que allí convive la población más castiza con gente llegada de todas partes del mundo? ¿Qué crees que aportará Perros de Lluvia al barrio? 

Álex Fraile: Lavapiés es nuestro barrio. Aquí vivo y trabajo. Es un barrio que en ocasiones tiene fama de conflictivo, pero ¡Nada más lejos de la realidad1 Lavapiés ha demostrado una capacidad de integración sin igual. No juzga a nadie y acoge a todo el mundo. Algunos quieren acabar con esa autenticidad. Esperemos que la librería contribuya a que la cultura siga siendo parte fundamental del barrio. Estamos a cincuenta metros del CDN y en un radio de 200 m existen cuatro librerías más. Eso es maravilloso. Somos los últimos en llegar y nuestras vecinas nos están tratando como uno más. Aprovecho para dar las gracias en especial a Luz de Tráfico de Libros que ya es nuestro ángel particular y una referencia. 

Como todo establecimiento local, supongo que el trato especializado es importante para diferenciarse de las grandes superficies, ¿le das especial importancia a estar informado y al día de la temática que ofreces para servir de consultor y poder recomendar al cliente? 

Álex Fraile: Por supuesto. Es la única forma de proporcionar un valor añadido. Al mismo tiempo nos gusta que la gente se sienta a su aire. No tiene sentido dar la chapa, pero siempre que piden consejos intentamos satisfacer sus necesidades y transmitir nuestra pasión por la música. 

Tenemos entendido que el local tiene vocación de traspasar las fronteras de una librería al uso, evidentemente se podrán adquirir libros, pero también sabemos que tienes idea de realizar presentaciones en vivo y actuaciones en directo en formato acústicas. ¿En qué momento y de qué forma podremos empezar a disfrutar de una propuesta tan ambiciosa? 

Álex Fraile: Está claro. La librería tiene la vocación e intención de convertirse en un punto de encuentro. Ahora toca pensar en presentaciones; eventos … Cualquier idea es bienvenida. Nos gustaría como decís combinar la música y las presentaciones. Ahora que han pasado las Fiestas toca pensar en futuras acciones, aunque ahora toca acabar la reforma del local. Cerraremos unos cinco días a mitad de enero y después esperamos poder anunciar cosas nuevas. No todo va ser leer. ¡Habrá que celebrar el nacimiento de Perros de Lluvia! 

Si hablásemos, por ejemplo, dentro de un par de años, ¿qué te gustaría poder contar sobre en lo que se ha convertido Perros de lluvia? 

Álex Fraile: Pues que se ha consolidado como un nuevo rincón para los amantes de la música y la lectura. ¡Casi nada al aparato! Esperamos estar a la altura. ¡Ganas no faltan! 

"De Un Siglo Anterior", nuevo disco de Bunbury y anuncio de gira


Por: David Vázquez

"De Un Siglo Anterior" será el nuevo álbum de Bunbury. El lanzamiento, previsto para el 17 de abril de 2026, será el decimosexto trabajo de estudio en solitario para el músico zaragozano. 

Del disco ya se han presentado tres de los cortes que lo conformarán "La Voz", "Brindis Al Sol" y, hasta la fecha, "Creer Que Se Puede Creer", una canción que reflexiona sobre "la importancia de la fe en uno mismo" y las elecciones que se hacen a lo largo del camino que uno recorre.

 

"La Voz" supuso el primer adelanto de un proyecto nacido en febrero de 2025 con la idea de combinar “la latinidad con otros géneros, abriéndose a las posibilidades armónicas y rítmicas de sus patrones y líricas”, característica que entronca con "Licenciado Cantinas", quizás un trabajo que hoy toma un protagonismo distinto en la discografía de Bunbury.

   

 Poco más de un mes después, presentaba "Un Brindis Al Sol", ahondando en el sonido, así como en un texto reflexivo, desde la perspectiva de la madurez y aligerando la importancia de algunos problemas diarios, y celebrando la vida. Tema sobre el que giran los tres sencillos: “No quedan victorias sin dolor / Hay días por los que brindar”. También, en "La Voz" canta: “Tanta gente que ya no está / A este lado del bar / La fiesta se acaba / Sírvame otra ronda”. O en este último single: “Descubrí tarde las cosas importantes”.

   

 El LP se mezcló el verano pasado en los estudios El Desierto de los Leones (México) y fue masterizado en Los Ángeles (California) por Tom Baker y, al igual que lo avanzado, supone una invitación “al oyente a sumergirse en un universo sonoro y en un diálogo atemporal”. El lanzamiento irá acompañado un recorrido internacional con la gira Nuevas Mutaciones Tour a finales de 2026. Dará inicio en nuestro país en el mes de octubre y continuará por Latinoamérica, Estados Unidos y España

Acompañando de Robert Castellanos: Bajo (Los Santos Inocentes), Ana Belén Estaje: Violín (Huracán Ambulante), Ramón Gacías: Batería (Los Santos Inocentes), Javier García-Vega: Trombón y Guitarra española (Huracán Ambulante), Luismi Huracán: Percusiones (Huracán Ambulante), Jordi Mena: Guitarras (Los Santos Inocentes), José Miguel Pérez Sagaste: Saxo y Acordeón (Joaquín Sabina), Jorge “Rebe” Rebenaque: Piano y Hammond (Los Santos Inocentes) y Álvaro Suite: Guitarra y coros (Los Santos Inocentes).

Elliott Murphy & Band: El rapsoda amable


Sala El Siglo, Sant Cugat del Vallés. Sábado, 14 de febrero del 2026. 

Texto y fotografías: Àlex Guimerà. 

Qué gratificante resulta poder ver a uno de tus héroes musicales en tu pueblo (ahora ciudad) natal. De hecho, hace unos años (el 13 de enero de 2007, según indica la entrada que conservo) ya le había visto en El Auditori de Sant Cugat en un homenaje a Leonard Cohen que nos trajo a nombres de la talla de Suzanne Vega, Jackson Browne o el mismísimo John Cale. Y entre ellos, una dupla enérgica formada por Eliott Murphy y Olivier Durand abordó "Diamonds in the Mine". En esa época el cantautor de Long Island ya se encontraba en ese segundo acto de su vida que tan brillantemente reflejó Jorge Arenillas en su documental de 2015 "The Second Act of Elliott Murphy". Un segundo acto en el que ha sabido reinventarse, formar una familia y rodearse de interesantes músicos para desplegar lo que mejor se le da (con perdón a su faceta de escritor), hacer música.

Han transcurrido casi 20 años desde entonces y Elliott goza de buena salud y sigue afincado en París, lo que nos permite poder disfrutar de sus directos con cierta regularidad en nuestro país y en poblaciones y salas impensables. Como esa maravilla llamada "El Siglo" adornada de miles de libros en sus paredes. No se me ocurre un entorno mejor para poder gozar de un buen concierto.

Puntuales a las ocho y con el aforo a reventar, el septuagenario roquero aparecía ante nosotros junto a su inseparable Olivier, el percusionista Alan Fatras y la violinista Melissa Cox. Una formación que es una extensión de la fórmula que tan bien le ha funcionado a lo largo de los últimos años. Al dueto de guitarras con su amigo francés se añade una percusión de caja, tambor y platos y un violín, para ofrecer de nuevo esas guitarras perfectamente compactas junto a unos apoyos instrumentales muy acertados, lo que da un sonido que recuerda a la fórmula "Unplugged" que tantos éxitos dio a la MTV hace unas décadas.

Con un arranque a manos de la clásica "Last Of The Rock Stars" de su debut "Aquashow" (1973) tocada sólo con las guitarras y de forma calmada, dieron comienzo casi dos horas de espectáculo, buenas canciones y simpatía de unos músicos llenos de humildad y elegancia. Hay que tener en cuenta que la gira, que pasará por distintas ciudades españolas, tiene como excusa la promoción de su último álbum "Infinity", del año pasado, por lo que sonaron nuevos temas como "Granny Takes A Trip", "Baby Boomers Lament" o esa "The Miracle Zone" que no está en el disco,si no en un EP recién estrenado y que titula el tour.

Pero el primer gran momento de la noche llegó con los ritmos de "Green River", que encendieron a todos los asistentes, luego vendrían otros grandes momentos como la cabaretera "Deco Dance" de ese discazo que es "Night Lights" (1976) o la "dylaniana" "Destiny". Grandes momentos en los que no faltaron los trepidantes golpes de Alan (aporreando la caja y platos con las manos), los pizzicatos cuanto no rasgueos del violín de Melissa, y sobre todo los solos del virtuoso Olivier en esa guitarra acústica con la que tan poderosamente llena los conciertos. 

Por su parte Eliott no dejó de capitanear el show con una sonrisa que no dejó de lucir, su voz aún lozana (en especial en los tonos graves) y sus ritmos a la guitarra. Incluso le dio tiempo para comentarnos que "era abuelo", bromeó con la edad del público y nos contó cuando su madre Josephine habló por teléfono con su ídolo Lou Reed (al que dedicó una canción) contándole que él era un gran fan suyo a lo que el propio Lou respondió: "¿que no lo es todo el mundo?". Una soberbia del desaparecido rockero que está claro Eliott no tiene, ya que se nota que busca la cercanía con sus seguidores tanto cuando está encima del escenario como cuando está pacientemente firmando discos en el puesto de merchandising . 

Es esa amabilidad de la que hace apología sana en la formidable "A Touch Of Kindness", que tocó en la recta final , con esa melodía de guitarra tan hipnótica, y con un desarrollo final que nos llevó hacia los esperados bises. Justo antes nos había deleitado con una de sus mejores piezas de siempre "You Never Know What You're in For", ese retrato de las calles sucias de Nueva York que comenzó de forma pausada para terminar con la banda a todo gas. Y qué decir de esa poética "On Elvis Presley's Birthday" cantada con el traje de rapsoda.

Tras los aplausos, Eliott nos ofreció una versión lánguida de "Just Story From America" para la que recordó que el Gran Sueño Americano para él se volvió en la Gran Pesadilla Americana en los años setenta. Le siguió la magnífica y pegadiza "Come On Louann", con todos allí coreando a pleno pulmón, y ya que estaba puesto, y se lo estaba pasando genial, llegaron otros dos clásicos de su cancionero de regalo: "Drive All Night", con el violín haciendo las veces del teclado, y una "Rock Ballad", cuyo estribillo llegó algo desdibujado. Magnífico colofón de un concierto que nos trajo a casa todo aquello que más nos amamos de la música, de la mano de un tipo único en su especie.

“Como diamante entre carbón”, así son las “Vidas semipreciosas” de Nacho Vegas.


Por: Guillermo García Domingo. 

Nacho Vegas no milita en las filas de los indiferentes. Esos individuos silenciosos y precavidos que dan auténtico terror. Gracias al servicio que estos le están prestando al neofascismo, éste se está afianzando más rápido de lo previsto. Por eso Gramsci dijo en 1917 que odiaba a los indiferentes: “Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes”. El compromiso social y político del “fíu de Cristina Vegas” era notorio. Desde mucho antes de que publicara esta colección de 12 piedras semipreciosas. En atención a su dureza, escasez y perfección, habría más bien que catalogarlas como gemas preciosas. En medio de ellas aparecen tres interludios protagonizados por personas que pagaron un precio muy alto por manifestar su compromiso, y que no están exentos de una extraña música, la que poseen sus propias palabras torneadas en la buena batalla y la digna lucha. No conviene ignorarlos. Nacho Vegas siempre ha estado “a favor de estar en contra” como dice en una de las mejores canciones de este LP: “Los asombros”. 

El principal logro de este disco, sin embargo, es otro. Cervantes en su obra universal, “Don Quijote de la Mancha”, plantea a través del hidalgo convertido en caballero andante el dilema de “las armas y las letras”, que representan la fuerza de la acción o el arte escrito (y hablado) respectivamente. Nacho Vegas demuestra en “Vidas semipreciosas” que se trata de un falso dilema y que no tiene razón de ser el prejuicio que sostiene que lo que se escribe y compone con intención política tiene un valor artístico menor. “Vidas Semipreciosas” es un vibrante alegato político de una belleza musical sin igual. Es imposible decidir si destaca más por su pujante rebeldía o prevalece la belleza. ¿Por qué hay que renunciar a uno de estos valores? La belleza y la rebeldía se alimentan mutuamente en esta “pequeña bestia” creada por el músico asturiano. No hay tantos manifiestos subversivos que hayan sido grabados con semejante producción, precisa y elegante, que hace girar los arreglos instrumentales, incluso orquestales, realmente brillantes, y los acertados coros femeninos, sobre la voz profunda del asturianu, muchas veces desdoblada en varias voces que dialogan entre ellas. El acopio de instrumentos y sonidos cristalinos no pesa en las canciones. Muchos de ellos se encuentran a sus anchas en el primer tema que podría haber grabado Primal Scream. “Alivio” recuerda al último disco de los británicos, y Nacho Vegas bien podría ser Bobby Gillespie. No son adustas y rudas canciones de combate. Están teñidas de credibilidad vulnerable y de la imperfecciones que nos humanizan, y que provocan que las piedras semipreciosas sean más valiosas que las preciosas. Tal y como dice en el interludio que protagoniza Anna Gabriel, el amor forma parte de cualquier acto revolucionario. Nacho Vegas ha vuelto a convocar al “don de la ternura”, como ya hiciera en su anterior LP. 

Nacho Vegas ha ido adquiriendo una notable capacidad y sabiduría compositiva que le ha servido para subrayar a lo largo de su carrera musical de qué manera lo político, queramos o no, atraviesa la vida personal. Lo personal y lo político se entrecruzan con toda naturalidad en las canciones de este disco, una vez más. El repliegue individualista no es solamente una actitud manifiestamente inmoral, sino que, además, es una forma de autoengaño. De la suerte colectiva, del estado de “la ciudad” (la comunidad política griega) depende también nuestro destino individual. Hay algunas canciones que no tienen una naturaleza política tan evidente; es el caso de “Mi pequeña bestia”, un elegante homenaje al pop nostálgico que cuenta cómo se desarrolla una canción desde su germen en forma de silbido, y la metamorfosis que sufre la canción, como si se tratara de una criatura viva, y la lucha que el compositor emprende con esa canción, que de algún modo ha dejado de ser suya, y, debido a esto, no se deja domesticar. Pero incluso en las canciones más íntimas como las bellísimas baladas que tienen por título “Los asombros” y “Piedras semipreciosas”, o el medio tiempo con reminiscencias norteamericanas, “Llueven moscas”, el de Gijón deja una rendija por la que entra la sombra del mundo, una sombra cada vez más inquietante, el gruñido de un lobo que acecha en la oscuridad (Véase “Tiempo de lobos”). 

Otro de los denominadores comunes de este nuevo trabajo es la revisión del folklore cantábrico que está llevando a cabo Nacho Vegas en los últimos trabajos que ha propuesto. La versión en “asturianu” del extraordinario poema/canción de Mikel Laboa, “Txoria txori” (1974), titulada para la ocasión, “Las ales”, la jota “Seis pardales” (las seis de La Suiza) junto a Rodrigo Cuevas y la banda folk L-R, o la propia “Fíu” dedicada a la madre de Vegas, de la que heredó su pelo y sus ideales antifascistas, como nos dijo en la presentación en los estudios Altafonte de Madrid. España es mucho más que Madrid, y por eso en el disco se escuchan las lenguas cooficiales de nuestro país, y alguna que no lo es y tendría que serlo.

El músico haciendo gala de una auténtica modestia, que llamó poderosamente nuestra atención en la presentación mencionada nos invita a admirar a “quienes sí supieron brillar y siguen ardiendo”. Su fulgor aumenta en este período que se oscurece con el paso de los días. Son las personas que han sido condenadas a penas de prisión por expresar en público su desacuerdo, manifestarse y denunciar las actuaciones de ciertas instituciones del Estado. Algunas de ellas han sufrido la aplicación de la denominada “Ley Mordaza”. Es la Ley Orgánica 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana en España, vigente desde el 1 de julio de 2015, en virtud de la cual han sido reprimidas y enjuiciadas algunas de las personas que hablan en los interludios de este disco. Nacho Vegas, a través de sus alegatos, se pregunta de manera inquietante si hay presos políticos en España, y si algunas instituciones utilizan todos los resortes del Estado para criminalizar a los que protestan contra ellas y su impunidad. Amnistía Internacional dice que “los gobiernos de todo el mundo tratan la protesta como una amenaza. También en el Estado español” a propósito del caso de “los seis de Zaragoza”. Uno de ellos, Javier Aijón, Javitxu, cuatro años y siete meses de prisión, protagoniza uno de los interludios. Los mensajes de Anna Gabriel y Adur, uno de los jóvenes reprimidos por la trifulca de Altsasu, son vibrantes ejemplos de pasión política, asumida hasta las últimas consecuencias, al igual que algunos de los parlamentos de las sindicalistas que se enfrentaron al acosador de La Suiza

La represión pretende suscitar el amedrentamiento y lo que resulta todavía más eficaz, propiciar la autocensura, y de veras que lo consigue, habida cuenta del silencio político clamoroso de tantos artistas. Nacho Vegas, en cambio, es un “deslenguado”. La mordacidad de su “lengua” se desata en “Deslenguarte”, un tema que dura 7 minutos, durante los cuales acontecen muchas sorpresas musicales dentro de sus vericuetos en los que se cuelan sin permiso 22 blasfemias, y el siempre estimulante Albert Pla. El tono festivo de “Deslenguarte” se prolonga en la fiesta de luto, si es posible algo así de bueno, que se desarrolla en “L´acabose”, con la participación comunitaria de todos los compañeros de estudio: Manu Molina en la batería, Joseba Irazoki y sus guitarras, Miren Narbaiza, guitarra y coros, Hans Laguna al bajo, Ferran Resines en los teclados. A la comunidad artística que ha hecho este disco habría que añadir a la ilustradora Candela Sierra, Premio Nacional de Cómic el pasado año, que ha realizado en las tapas interiores, un retablo animal y vegetal formidable, inspirado en el jardín delicioso que hiciera el Bosco

En fin, este disco de pervivencia garantizada y actualidad absoluta es un acto político propiamente que cuestiona la falacia de la neutralidad del arte. Goza además de un gran poder performativo, pues cumple lo que enuncia. Es una oda a la belleza asombrosa que nos rodea y lo hace mediante unas canciones extremadamente bellas, y se desquita del amordazamiento que las autoridades persiguen a través de unas letras insumisas. Aunque Nacho no quiera admitirlo, es un diamante, una piedra preciosa, más que semipreciosa. ¡Liberad de una vez a Pablo Hasél, lleva 5 años en la cárcel!

Manu G. Sanz: "En estos discos en solitario siento que estoy regresando a terrenos más esenciales para mí"


Por: Kepa Arbizu.

La cultura popular, y más en concreto su manifestación musical, contiene desde su alumbramiento el reflejo de las pulsiones surgidas en los ámbitos principalmente urbanitas. Pero dado su ingobernable lenguaje creativo, su imaginario ha logrado expandirse en múltiples direcciones, algunas de ellas apuntando claramente a entornos bucólicos y naturales. Tal es el hemisferio sonoro y conceptual que maneja en su carrera en solitario el gallego Manu G. Sanz, quien bregado en múltiples proyectos grupales, como Selvática o Indómitos, incluso en dúos, Digital Mother, en los últimos tiempos ha asumido su nombre propio como vehículo para un pop-folk que hace de sus ritmos un remanso ensoñador de belleza, convirtiendo a Beach Boys o Magna Carta en coordenadas ineludibles, condición asumida igualmente por propuestas más locales como CRAG, Vainica Doble o Pigmy. Referencias que redundan en ese contexto preciosista y delicado que, en su segundo disco, "Oráculo silvestre", se viste con detallista instrumentación para tender un exquisito diálogo, no siempre impoluto existencialmente, con el medio ambiente y la naturaleza. Un espejo en el que refleja nuestra verdadera esencia, aspectos sobre los que charlamos con su autor. 

Acabas de editar tu segundo disco en solitario, “Oráculo Silvestre”, ¿cuando iniciaste este recorrido individual tenías pensado que iba a tener continuidad? 

Manu G. Sanz: Sí. Desde el principio tuve claro que quería que fuera un proyecto con continuidad. Empezar a publicar discos con mi nombre es una forma de tener un espacio propio que me acompañe a largo plazo, sin depender de otros factores. En las bandas, a veces surgen limitaciones —logísticas, de tiempo o de dinámica— que dificultan desarrollar las ideas con la profundidad que me gusta. Este proyecto individual me permite trabajar con más libertad y constancia 

Cuando pusiste en marcha este proyecto, ¿era conscientemente un vehículo para dar salida a una faceta más “popera” y delicada, o primero fue la determinación de grabar en solitario y más tarde se fue fraguando el tipo de sonido? 

Manu G. Sanz En realidad, en cierto modo, es al revés. No nace tanto de una decisión consciente de hacer algo más “popero”, sino de una vuelta a mi imaginario infantil. Desde pequeño siempre compuse canciones melódicas; con el tiempo esas canciones fueron ganando complejidad, pero la vocación por la melodía y la forma de canción ha estado ahí desde el principio. A lo largo del camino he explorado muchos estilos y he aprendido distintas maneras de abordar la composición, pero en estos discos en solitario siento que estoy regresando a terrenos más esenciales, que ahora mismo se sienten más reales y necesarios para mí. 

Has participado en muchos proyectos grupales, ya sea Indómitos, Selvática o incluso el dúo Digital Mother, y ahora cuentas con esta andadura en solitario, ¿sientes que alguna de esas facetas, la individual o colectiva, resulta irrenunciable para tu carrera? 

Manu G. Sanz Más que elegir entre lo individual o lo colectivo, creo que a lo que no puedo renunciar es a mi instinto creativo y a la curiosidad que me mueve. En los proyectos grupales siempre ha sido muy importante para mí el papel de las canciones, de la música y de los textos. Por supuesto, tocar con otras personas genera una energía especial: las dinámicas compartidas, la diversión, la espontaneidad… todo eso es fundamental y muy enriquecedor. Pero en el fondo, lo que siempre ha estado ahí para mí son las composiciones. Es algo que necesito hacer y que me resulta muy natural. 

Teniendo en cuenta ese paso anterior por bandas más eléctricas y ruidosas, ¿crees que tu firma en solitario debe de estar indisolublemente ligada a este tipo de sonido más pop y bucólico o estás abierto a mutarlo si así lo deseas en algún momento? 

Manu G. Sanz No lo veo como algo cerrado ni definitivo. Ahora mismo este sonido conecta mucho con mi momento vital y con lo que necesito expresar a nivel emocional, y por eso tiene sentido que el proyecto suene así. No sé qué haré más adelante. Al final, mientras lo que hagas refleje tu realidad y lo abordes con honestidad, la forma que tome es lo de menos; es bueno que los proyectos cambien y se muevan con uno. 

Aunque ambos discos editados bajo tu nombre comparten un sello identificativo absolutamente personal, entorno a ese pop bucólico y preciosista, este segundo trabajo me ha sonado más expansivo, rítmico e incluso heterogéneo, ¿buscabas conscientemente no alejarte de tu sonido pero tampoco repetirte? 

Manu G. Sanz Sí, estoy bastante de acuerdo con esa observación. Siento que las canciones de "Oráculo Silvestre" funcionan como una continuación lógica de las anteriores, pero al mismo tiempo exploran nuevos caminos: la producción tiene más brillo, los arreglos incluyen motivos más psicodélicos, y los textos hacen un énfasis mayor en nuestra relación con la naturaleza. Mantienen la esencia de lo anterior, pero aportan un aire distinto 

Aunque son evidentes las influencias anglosajonas de tu sonido (desde Magna Carta a Love pasando por Pentangle o los Beach Boys), no lo son menos algunas referencias locales, que pueden remitir a Pigmy, CRAG o Miguel Ángel Villanueva, un acento que incluso ha tomado forma más explícita esta vez en temas como “Un paso al frente” o “Naranjo en flor”… 

Manu G. Sanz Sí, escucho música de todo tipo. Crecí con sonidos anglosajones, pero siempre he sido muy fan de la canción melódica española, y creo que eso se refleja en lo que hago. Últimamente estoy escuchando mucho a Lorena Álvarez y a Natalia Lafourcade por ejemplo, y siempre he tenido debilidad por temas como los de Jeanette, con esas producciones setenteras y esa melancolía pop con olor a karaoke. También me gusta que aparezcan pequeños gestos flamencos, como ocurre en “Libélula Dorada”, que aportan un matiz emocional muy particular.

Incluso hay apariciones eléctricas y distorsionadas en “Abeja reina”, ¿en este segundo disco te has sentido, digamos, más libre para utilizar elementos que quizás en ese debut en solitario no aprovechaste como una forma de romper con tu pasado? 

Manu G. Sanz: Es interesante lo que comentas, porque en cierto modo “Abeja reina” podría haber formado parte del repertorio de Selvática, con ese pop más dreamy y distorsionado. En “Flores y Diosas” las canciones surgieron de manera más sutil, y el enfoque acústico de la producción me pareció el más adecuado para que se desarrollaran plenamente. En las nuevas composiciones hay una paleta más amplia: aparecen toques eléctricos y de distorsión como matices que acompañan la canción sin alterar su naturaleza. 

A pesar de que tus canciones contienen muchas capas de sonido y elementos diversos, sin embargo no me suenan abigarradas, al contrario casi orgánicas ¿te preocupas mucho de que la aparición de esos detalles musicales no sean una acumulación sino un complemento? 

Manu G. Sanz Me importa que las canciones respiren y tengan su propio espacio. Todas nacen de la guitarra y la voz, y creo que deben poder sostenerse así, por sí mismas. A partir de ahí, los arreglos se suman para enriquecerlas y darles matices, sin cubrir ni diluir aquello que les da vida. Si algo no aporta, lo retiro; la idea es que todo sirva para fortalecer lo que ya está en el corazón de la canción. 

¿Qué tienes que sentir al escuchar de una de tus canciones para asumir que ya está acabada?

Manu G. Sanz: Procuro encontrar el equilibrio, agudizando los sentidos y dejando que la propia canción muestre por dónde puede ir. Muchas veces la solución es aplicar el “menos es más” y quitar elementos que no funcionan. También es importante darles tiempo y tener paciencia, dejarlas reposar y volver a ellas tras cierto tiempo, algo que antes hacía menos, pero que ahora considero fundamental para que se terminen de formar por completo. 

También ejerces tareas de productor, salvando la lógica distancia que supone trabajar con material ajeno, ¿en la manera de afrontar una grabación sea tuya o de otra persona sigue unas mismas pautas o contigo mismo tienes una manera de proceder distinta? 

Manu G. Sanz: Cuando grabo a otros grupos, para mí es fundamental respetar la idea de sonido que ellos quieren conseguir, siempre dentro de las limitaciones de mi estudio. No se trata de imponer mi criterio, sino más bien de acompañar el proceso, aportar cuando es necesario y dejar que las cosas fluyan. En cambio, cuando trabajo en mi propio material, el diálogo es conmigo mismo: pierdes un poco del dinamismo y la interacción que aporta otra persona, pero a la vez el proceso puede avanzar más rápido. 

Hay una imagen en el interior del disco, donde apareces retratado en medio de la naturaleza con un espejo que no reproduce tu cara sino la del entorno natural, que me parece absolutamente identificativa de lo que esconde en sus textos el disco, esa unión y traducción del ser humano a través de la naturaleza...

Manu G. Sanz: Me encanta lo que dices, creo que refleja muy bien lo que queríamos transmitir con esa imagen. La foto me la hizo mi novia, Paula, en un bosque de Caminha, y durante un tiempo pensé que sería la portada. Finalmente opté por las acuarelas de Tamarindo Conde, que aportan una dimensión más psicodélica, pero esa foto sigue formando parte del interior del disco y creo que resume muy bien el diálogo entre el ser humano y la naturaleza que atraviesa todo el disco. 

Más allá de esa ensoñación bucólica, tus textos también reflejan la incertidumbre que esa intermediación del medio natural para definirnos es capaz de trasladar, revelando nuestra esencia más pura y todos aquellos fantasmas que nos habitan…. 

Manu G. Sanz Así es, las letras nacen de esa sensación de que la naturaleza actúa como un espejo: nos refleja, nos interpela y nos permite descubrir nuestra esencia, con todo lo luminoso y lo oscuro que llevamos dentro. Cada texto surge como un pequeño viaje entre lo tangible y lo imaginario. 

Este tipo de sonido pop que utilizas marida a la perfección con la lírica de tus canciones, ¿tienes en cuenta que exista una conexión entre lo que quieres trasladar en tus letras y la banda sonora escogida? 

Manu G. Sanz Para mí es fundamental que la música y las letras dialoguen entre sí; Los arreglos y los matices sonoros surgen pensando en reforzar lo que quiero transmitir con la letra, en subrayar emociones, imágenes y sensaciones, de modo que la banda sonora y el texto se potencien mutuamente. Por poner algunos ejemplos, la guitarra solista de “Abeja Reina” la concebí como un aleteo, o la elección del tambor como percusión en “Árbol” con ese pulso rural busca reforzar el tono campestre de la canción. La reverberación y los motivos psicodélicos en "Flor de luna" están ahí para acentuar su carácter onírico. El disco está lleno de estos pequeños detalles que, aunque no siempre sean evidentes, forman parte de la intención al crear las canciones y quedan reflejados, aunque sea de manera simbólica. Me gustan mucho ese tipo de pensamientos “mágicos” y cómo pueden dar vida y textura a la música. 

Cuando escucho estas canciones no puedo evitar imaginarte escribiéndolas en medio del campo bajo un árbol y rodeado de pájaros (risas), ¿esa fotografía es real o la invocación a la naturaleza que haces es más un elemento simbólico y ficcionado? 

Manu G. Sanz (Risas) creo que te aproximas bastante a la realidad. La mayoría de las canciones las compuse en diálogo directo con los lugares que visito aquí en Galicia o en el norte de Portugal. Me llevo la guitarra y me pongo a tocar en la orilla del río, debajo de un árbol, en las rocas de una pequeña playa, o en medio de un camino del bosque… en general, en cualquier sitio donde me sienta a gusto y en soledad, acompañado solo por los sonidos del lugar. 

En cualquier caso, si bien parto de esa conexión directa con la naturaleza, el resto surge del juego de la imaginación, transformando esas vivencias en canciones con un fuerte componente metafórico. 

Teniendo en cuenta que este un disco necesita reposo, ser escuchado y sentido, una condición contraria a la que se estila hoy en día en la música, ¿te sientes encerrado como el Minotauro que da título a una de estas canciones? 

Manu G. Sanz No lo había pensado de esa manera, pero es interesante que pueda interpretarse así. “Minotauro” se inspira en “Los Reyes” de Julio Cortázar, una obra de teatro donde el Minotauro encarna al poeta, al hombre libre, una presencia que inquieta al sistema, que envía a Teseo para extinguirlo y, con él, intentar silenciar la libertad que representa.. Esa inversión del mito me pareció muy sugerente, y ahí sentí que había una canción. 

No sé hasta qué punto a la hora de componer y grabar este tipo de canciones, dada su complejidad instrumental y detallista, piensas en la manera que tienen de ser llevadas al directo… 

Manu G. Sanz Desde que inicié mi camino en solitario no he tocado en directo con mucha frecuencia, aunque este año planeo hacerlo más a menudo. Por ahora, el formato que utilizo combina voz y guitarra en vivo con el resto de los instrumentos como bases pregrabadas, y funciona bien ya que las canciones tienen estructuras de acordes y melodías muy definidas. Algún día, quién sabe cuándo o cómo, sería muy bonito formar una banda para tocar estos temas, pero por ahora no es algo que contemple. 

Mucho se habla de que habitamos una aldea global interconectada, pero propuestas como la tuya, que se suma a una trayectoria extensa, parece estar condicionada a tener repercusión mayormente en tu propio entorno, en este caso el gallego ¿casos como el tuyo son la evidencia de que esa supuesta democratización en el público gracias a las redes sociales no es más que una ilusión? 

Manu G. Sanz La democratización es relativa. Las redes también funcionan como una promesa constante de alcance que rara vez se concreta del todo. Todo depende de engranajes que no controlamos y cuya lógica a veces resulta inquietante. Si un proyecto no cuenta con determinados apoyos, el alcance acaba siendo limitado y se generan pequeñas burbujas donde casi siempre interactúan los mismos perfiles, mientras otros contenidos se repiten hasta la saturación.

Intento no obsesionarme con las redes, usarlas con cierta calma y seguir a mi ritmo. No siempre es fácil, pero me siento más cómodo así, dejando que la música encuentre su sitio.

La Perra Blanco: “Lovers and Fears”


Por: Juanjo Frontera. 

Cualquiera que se pare a observar a Alba Blanco (La Línea de la Concepción, Cádiz, 1995), sobre todo cuando se encuentra subida a un escenario, lo que ve es una mujer tremendamente fuerte -de hecho, boxea- , una jefa que dirige a sus músicos, mayores que ella y hombres, con mano firme y que no titubea ni un segundo en su actuación sentida, precisa y absolutamente brillante. Lo que no sabe mucha gente es que, a lo largo de los últimos años, la líder de La Perra Blanco en muchas de esas ocasiones en que subía a escena sufría ataques de pánico. De lo único que tenía ganas era de meterse en su cama y, sin embargo, tenía que dar un concierto a un nivel estratosférico de adrenalina. Y lo hacía. 

Algo que la hace aparecer todavía más fuerte a nuestros ojos, pero eso no quita para que sea especialmente importante apreciar y visibilizar que los problemas emocionales o de salud mental están ahí, acechando en cada esquina, incluso a personas tremendamente fuertes que tocan rock and roll como si no hubiera un mañana sobre un escenario. Es esencial saber esto, y más de cara a hablar del disco que es objeto de estas líneas, en cuya creación, ha comentado su autora, han tenido una poderosa presencia todos estos problemas.

El tercer álbum de La Perra Blanco se titula "Lovers & Fears" y es, como todo tercer álbum que se precie, el que debe confirmar el proyecto como lo que es: un éxito a nivel internacional que se rifan en festivales de todo el mundo y cuya lista de fans es cada vez más grande. Quizás por eso, entre otras cosas, la vida de Alba ha dado tal vuelco que ahora necesita ahogar esos fantasmas y ansiedades en un disco grabado en Valencia (Estudios RPM), sí, pero mezclado y masterizado en USA bajo la producción nada menos que de Jimmy Sutton. Un disco cuyo título, además, lo dice todo: amantes y miedos. 

No hay duda de que Alba y sus compañeros (Jesús López a la batería, Guillermo González al contrabajo y otros) han echado toda la carne en el asador. Como decía, el disco se ha grabado en los estudios que en las afueras de Paterna, ciudad contigua a Valencia, tiene el ingeniero Roger García, pero la postproducción y mezclas se han hecho en Chicago bajo la batuta de Sutton, contrabajista, colaborador de JD McPherson (que también se pasa por aquí, colaborando en “Sin amor”) y reputado productor, un hombre con un toque midas en el mundo del rockabilly. 

Su experta mano se deja notar desde que empieza a sonar el primer tema: “Number one fool” posee un sonido orgánico, endiabladamente rítmico y Alba está impresionante en su interpretación vocal, arropada por el saxo de Gerard Vercher, otro de sus habituales. Fue el primer single del disco y es ahora una excelente puerta de entrada al mismo junto a los otros dos adelantos, que además han supuesto la gran novedad. Tanto “Devil in my bed” como “Sin amor” cincelan la primera incursión en álbum de La Perra Blanco en la lengua castellana y su resultado, hay que decirlo, es excelente. 

Ya quisieran muchos artistas tener un comienzo de disco como este. El mencionado trío de ases en formato canción funciona como infalible reclamo para que uno se quede pegado como una lapa a un disco que en ningún momento cesa en su empeño de dejarte sin respiración. La paleta de estilos se ha ampliado en el sonido de la banda y ahora está todo mucho más influido por la música afroamericana, sin abandonar el rock and roll, claro. “Barracuda” explora la pureza rockabilly, pero después llega el blues al más puro estilo Freddy King con un “I feel fine” en el que Alba despliega su pericia guitarrera explicando a manos llenas por qué es una de las mejores en este negociado. Y lo mejor es que lo mismo hace esto, que canta un tema como “Hold me”, en una clave deep soul que recuerda a Etta James, Irma Thomas o Lorraine Ellison. Pasando incluso por mambos sabrosones al estilo Nick Waterhouse (“Raining love”), instrumentales electrizantes a lo Link Wray (“La furia”) o escarceos con el rhythm and blues (“In need your lovin’”) que, efectivamente, sirven para certificar que lo de esta mujer no era broma ni espejismo: ha llegado para quedarse, reclamar su trono y gobernar a su propio ritmo en el imperio del rock and roll. Y eso no hay ataque de pánico ni crisis emocional que lo pare ¡A por todas, Alba!