Juanjo Ordás: “La magia de Bon Jovi es ser una banda para todos”


Por: Javier González. 

Siempre es una buena noticia tener entre manos cualquier texto que firme Juanjo Ordás. Y lo es más si se trata de un libro como “Bon Jovi: Juramento de sangre”, una sorprendente obra donde el escritor madrileño nos acerca a la trayectoria de la banda de New Jersey con todo lujo de detalles, aportando una sorprendente relectura sobre su discografía y el devenir histórico de uno de las grandes nombres del rock mundial. 

Pasear por estas páginas de agradable lectura sirve para ajustar cuentas con la valoración crítica de Bon Jovi, pero también para comprobar que el bueno de Juanjo ha disfrutado escribiendo este extenso volumen acerca de la que muy probablemente sea una de sus bandas favoritas, cosa que transmite a cada párrafo. 

Nos ponemos en contacto con él, quien nos responde con cercanía y sobrada elocuencia, haciéndonos disfrutar de una agradable charla. 

Vaya sorpresa que nos has dado con tu último libro, “Bon Jovi: Juramento de sangre”, pero antes de entrar en detalles, dado que llevamos bastante sin hablar. ¿Cómo va todo, Juanjo? ¿A qué andas dedicando tu tiempo últimamente? 

Juanjo: Todo va bien. Ahora mismo estoy centrado en un par de proyectos literario musicales que considero muy importantes, pero todavía no quiero contar nada. Por algún motivo u otro nunca paro. No rest for the wicked. 

Como decimos hace apenas unas semanas nos llegó tu último trabajo, el cual confesamos que sabíamos que andaba en camino, pero ni de lejos intuíamos que iba a girar sobre la trayectoria de Bon Jovi. ¿Por qué has decidido hablar de ellos en este preciso momento? 

Juanjo: La verdad es que simplemente me apeteció. Quería hacer un libro generacional, que pudiera tocar de cerca a los que nos encontramos en una determinada franja de edad. En realidad, ya empezaras a escuchar a Bon Jovi con el debut de 1984 o con “Crossroads” en 1994, la diferencia es de diez años, es decir, poca. No es como si la generación que comenzara a escuchar a los Stones en los 60 con Brian Jones tuviera que entenderse con la que empezó a hacerlo en los 90. En el caso de Bon Jovi la historia es más corta y es mucho más fácil abarcar ese sentimiento generacional. Hace poco hice la presentación del libro en Madrid y fue divertidísima, vino gente estupenda, fans maravillosos de la banda muy diferentes entre sí y hablando con ellos durante el acto y también después, sentí que realmente había conseguido hacer un libro para todos, por decirlo de alguna manera. Y me sentí súper bien. Fue en el barrio de Chamberí, donde pasé mi adolescencia precisamente, y durante unas horas sentí que todo en el universo estaba en orden. Y creo que esa es la magia de Bon Jovi, el ser para todos. 

“La historia de Bon Jovi es más compleja de lo que parece” 

Se trata de un trabajo profundo donde tocas la historia de la banda, repasando al milímetro su discografía, acercándote al proceso compositivo y a las giras que han desarrollado a lo largo de los años. ¿Qué ha sido lo que más has disfrutado a lo largo de todos estos meses de trabajo? ¿Y aquello que más te ha costado? 

Juanjo: Lo mejor es volver a repasar los discos. Porque descubres puntos de vista nuevos. La madurez ayuda. Yo me he reconciliado con discos suyos. Lo más difícil fue ordenar detalles de la cronología. A veces resultó ser un quebradero de cabeza, porque la historia de Bon Jovi es a ratos más compleja de lo que parece. ¿Cómo ha sido el proceso de documentación que has ido desarrollando? Por un lado está lo que sabes. Pero eso que sabes debe estar cotejado. Es decir, hay que repasar biografías, comprar libros que no tienes, desempolvar el archivo de revistas, apoyarte en fuentes de calidad, incluyendo internet. Y así amplias lo que sabes hasta cotas que quizá te sorprendan. Sobre ello, aplicas tu visión crítica. Parece tedioso pero entretiene mucho. Aunque es absorbente, la verdad. Te pones a leer, tomas notas, escribes y se te ha pasado medio día. Lo he explicado muy brevemente, pero el esqueleto es ese. 

“En Bon Jovi hay algo que huele a autenticidad” 

Ya hemos dicho que en el libro diseccionas y comentas cada uno de sus álbumes, pero nos gustaría saber algo. ¿Con qué tres te quedarías ahora mismo? ¿Por qué motivo? 

Juanjo: Posiblemente, mis álbumes favoritos sean “New Jersey”, “Keep the faith” y “These days”. Todo por razones subjetivas, claro. “New Jersey” porque estira la fórmula de “Slippery when wet” sin desgastarla (que ya es un mérito) y porque amplia el espectro musical del grupo sin dejar de ser lo que eran, es decir, la banda más divertida del planeta. No quiero simplificar, pero Bon Jovi te hacen sentir bien, te animan a salir adelante, te los crees porque hay algo en ellos que huele a autenticidad. Quizá tiene que ver con que Jon sabe dramatizar muy bien, canta, pero también interpreta, a lo mejor que ver con que Richie Sambora es un guitarrista muy culto que conoce la tierra que siembra, podría tener que ver con que su mensaje llega porque es real, es súper fácil identificarse con las canciones de Bon Jovi. Ya que estamos con “New Jersey”, ¿quién no necesita los ánimos de “Stick to your guns” de cuando en cuando?, ¿quién no entiende la magia de una relación sentimental al escuchar “Born to be my baby”? Luego he escogido “Keep the faith” y “These days”, pero por otras razones. “Keep the faith” sorprendió en su día y creo que con los años sorprende más y más porque en lugar de hacerse grunge, la música se reformulo en un rock moderno que no traicionaba sus orígenes. Seguían haciendo rock and roll pero junto a Bob Rock dieron con un sonido particular, clásico y actual. Y “These days” me encanta de por sí, pues por primera vez hicieron un disco de rock clásico estadounidense, estilo que les venía como anillo al dedo porque sus raíces son esas. Pero la de “These days” también es la época que muchos consideramos como cumbre: El álbum, el VHS en Wembley, los singles, sus caras B… 

“Sin el liderazgo de Jon, Bon Jovi no habría sido la institución que son hoy” 

En las páginas reflejas muy bien la dicotomía que siempre ha tenido Bon Jovi, una proyecto que nace de la cabeza de su líder y vocalista Jon, pero que adaptó un formato banda casi desde primera hora, donde por encima de todo sobresalía el carisma, aporte musical y vocal de Richie Sambora. ¿Hasta qué punto marca bajo tu punto de vista el devenir de la banda éste hecho tan particular? 

Juanjo: En ese sentido Bon Jovi son relativamente especiales. Porque, efectivamente, se forman después de que el single “Runaway” (grabado por Jon sin los que serían los miembros de Bon Jovi) haya tenido cierto éxito. Pero en todos los grupos siempre hay un liderazgo claro, individual o como mucho dual. Centrándonos en compañeros generacionales de Bon Jovi: Nikki Sixx es el líder de Motley Crue, Dave Mustaine es Megadeth, en Metallica son Hetfield y Ulrich, en U2 son Bono y The Edge, Blackie Lawless es WASP… En mi opinión, y no es más que mi opinión, la voz que siempre prevaleció en Bon Jovi fue la de Jon. Y tuvo la suerte de contar a su lado con Richie Sambora, que era un gran guitarrista, hacia coros y segundas voces inconfundibles y tenía el carisma y los movimientos de un frontman. De hecho, Bon Jovi prácticamente tenía dos frontman. Sobre hasta qué punto influyó en la banda todo ello, es difícil de decir, porque Bon Jovi son muy opacos, aunque hayan trascendido tensiones en ciertas épocas. Pero un líder fuerte es importante y Jon lo fue y lo sigue siendo. Sin su liderazgo Bon Jovi no habrían llegado a ser la institución que son hoy. 

“La crítica suele rechazar a las bandas que pretenden entretener en lugar de querer cambiar el mundo” 

Te quiero hacer una pregunta incómoda. ¿Hasta qué punto crees que el innegable atractivo físico de Jon Bon Jovi ha provocado que quizás la crítica más sesuda “nunca” o “casi nunca” se los haya tomado tan en serio como a otras bandas de una repercusión mundial similar? 

Juanjo:
Tu pregunta es muy interesante porque en realidad es doble. Por un lado, la crítica culta suele rechazar a las bandas que pretenden entretener en lugar de querer cambiar el mundo. Dan crédito a John Lennon, pero no a Led Zeppelin. A mi modo de ver es erigirse en salvador del mundo da más juego en una entrevista. Si Zeppelin no juegan a la propuesta, no significa que no sean interesantes ni inteligentes, sino que el juego es otro. Vas a tener que hablar con ellos de misticismo y las posibilidades expansivas del blues. Son temas atemporales. La actualidad es más manejable. Las bandas que no buscan cambiar el mundo tienen universos propios. Si quieres que una entrevista con Bon Jovi, David Coverdale o Nikki Sixx sea interesante, vas a tener que hablar de su método compositivo, de la responsabilidad de mantener una empresa en la carretera, de sus pactos con la discográfica o del sonido de su último disco. Pero para llegar a hacer ese tipo de entrevista hay que conocer el terreno que se pisa. Para hacer una entrevista sobre actualidad, no. Aunque las entrevistas sobre actualidad dan más titulares que atraen al público mayoritario. La opinión de Springsteen sobre Trump va a llamar más la atención que la de Jon Bon Jovi sobre las sesiones de grabación de “Forever”. No obstante, desde hace un tiempo Jon ha entrado al juego político también. Luego está la parte del físico. Un tío guapo siempre va a atraer a las chicas más que uno feo. Es empírico. Y ante el tío guapo, los del montón y los feos, que son la mayoría, tienen dos opciones. La primera es la típica de los inseguros: Criticar al tipo. La segunda es la de los inteligentes: Aceptar que el tipo es guapo pero que algo más tendrá, ver qué puedes aprender de él. Eso aplica a Bon Jovi y a cómo se ha visto a la banda y a Jon por parte del público masculino. 

Me ha sorprendido descubrir el “compromiso social” que hay en muchas de las letras de la banda en determinados momentos concretos, confieso que nunca había reparado en ello. ¿Crees que se ha subestimado también a la banda en este aspecto? 

Juanjo: Es a partir de “Keep the faith” que Jon empieza a hablar de lo que ve. Quizá hasta entonces escribía únicamente sobre lo que sentía. Es interesante y una evolución lógica desde el punto de vista antropológico. Pero lo mejor es que nunca alecciona y eso es muy de agradecer. 

¿Qué opinión tienes de las cortas carreras solistas de los dos principales cabezas visibles de la banda? 

Juanjo: Me gusta todos los álbumes solistas que Richie y Jon han hecho. No son simples pasatiempos sino trabajos sólidos con su razón de ser. Además, en el caso de Richie venían muy bien para mostrar al público que era un enorme cantante. 

Sabemos que el presente de la banda es un poco confuso, Jon sigue lastrado por unos problemas vocales de complicada solución, y Richie hace tiempo que dejó de formar parte de la misma, aunque creo que estaría dispuesto a volver si se dieran las condiciones adecuadas. ¿Qué piensas que les depara el futuro? 

Juanjo: Pienso que Richie nunca va a volver a Bon Jovi y que estaría genial que se centrara en su carrera solista. Y deseo que Jon se recupere lo antes posible de sus problemas vocales. Pero creo que estamos presenciando el final de la marca. 

Juguemos a hacer historia ficción. En caso de que se juntaran, ¿apuestas por un último trabajo digno o crees que estarían en disposición de hacer algo realmente potente y mítico? 

Juanjo: Jon y Richie han demostrado que, cada uno por su lado, saben salir adelante y escribir muy buenas canciones. No se necesitan. Aunque si se reunieran de nuevo para escribir no me cabe la más mínima duda de que volverían a hacer magia. Si lo hicieran, se ajustarán, bajarán la cilindrada y contaran con un productor como Rick Rubin, la cosa podría ser magnánima. Pero lo veo imposible. 

“Empiezo a ser consciente de que ya he escrito sobre casi todo aquello que me gusta” 

Eres uno de nuestros periodistas musicales más reputados, qué duda cabe, pero desde hace ya bastante tiempo nos da la sensación de que cuando escribes lo haces más por placer que por una cuestión meramente económica. ¿A qué se debe este hecho? 

Juanjo: Gracias por tus palabras. Siempre he escrito por placer. Pero es cierto que ahora para mí lo más importante es ser selecto con los temas que escojo. Además, se junta otra cosa: Empiezo a ser consciente de que ya he escrito sobre casi todo aquello que me gusta. Van quedando pocas cosas que me emocionen y sobre las que pueda aportar algo de interés. Si cada vez soy más selectivo y los temas van siendo menos, la producción baja. Pero me queda alguna cosa por hacer. Como te conté al principio, tengo dos proyectos entre manos que creo van a gustar mucho. 

“Si con un texto mío una persona descubre un disco que le conmueve, he cumplido mi misión” 

¿Qué valoración haces del presente y futuro del periodismo musical? ¿Crees que sigue teniendo sentido dedicar horas y horas de nuestra vida a escribir cuando todo es tan efímero y banal? 

Juanjo: Me tengo por persona reflexiva. Quizá excesivamente reflexiva. Lo digo porque podría pasarme tres horas respondiendo a tus preguntas y a buen seguro aburriría. Además, tu pregunta me gusta mucho porque, una vez más, contiene muchas más preguntas dentro de ella. Evidentemente todo es efímero, pero no necesariamente banal. Uno ha de preguntarse por qué hace las cosas. Si con un texto mío una sola persona en todo el mundo descubre un disco que le conmueve y le aporta, he cumplido mi misión. Habré transportado la emoción de un álbum que a mí me ha llenado a otra persona y esa persona se habrá llenado también. Mi bien se habrá vuelto su bien, por lo tanto y a una escala ínfima, habré aumentado la cantidad de bien en el universo. No está mal, ¿no? 

Mil gracias, Juanjo. Siempre es un placer hablar contigo. 

Juanjo: Y contigo también, Javi.

Jonathan Stiasny: "David Bowie: El último acto"


Por: Begoña Serralvo. 

Cualquier intento de resumir la vida de David Bowie en hora y media podría estar abocado al fracaso si no está enfocado en algunas de sus múltiples facetas. Increíblemente en "David Bowie: El último acto" (2025), dirigido por Jonathan Stiasny, se ofrece una mirada íntima y fragmentaria sobre la vida y la trayectoria musical de uno de los artistas más influyentes del siglo XX repasando grandes hitos de su carrera y sin caer en la monotonía y la repetición. 

Desde el inicio, la película marca un tono singular: comienza como si fuera un documental basado en el espacio, con una narración que recuerda deliberadamente al estilo de David Attenborough. Este recurso no es casual, ya que parece querer presentar a Bowie como una figura casi mítica, fuera de este planeta, observada desde la distancia, y como una especie artística en constante transformación. Lejos de construir un relato biográfico convencional, el documental adopta una cronología somera y no lineal, que entrelaza distintos momentos de su vida, su trayectoria musical y la memoria colectiva que dejó en generaciones posteriores.

El recorrido se centra principalmente en el periodo que se inicia en 1971, cuando Bowie consolida su identidad artística y su proyección artística casi sin quererlo, con hitos como su actuación en Glastonbury, seguida por el emblemático concierto del Hammersmith Odeon en 1973, presentado como un momento clave de ruptura y redefinición en el arte. A estas etapas se suman grandes giras como la Moonlight Tour y el enorme éxito comercial cosechado con "Let’s Dance", momento en el que alcanza una popularidad masiva pero también en el que empieza a sentirse encasillado. Según el relato del documental, el propio Bowie no comprendía del todo lo que le ocurría, lo que lo llevó a buscar nuevas formas de expresión y a crear el proyecto Tin Machine, concebido como un intento de romper con su propia imagen y recuperar mayor libertad creativa.

A lo largo del filme se combinan imágenes de archivo, fragmentos de conciertos, entrevistas y reflexiones contemporáneas que refuerzan la idea de Bowie como un artista en reinvención. Las diferentes entrevistas funcionan como eje narrativo y emocional, acompañando los cambios de personaje, sonido y estética que marcaron su carrera. La estructura no lineal subraya la imposibilidad de reducir a Bowie a una sola identidad o etapa. 

El tramo final, dedicado a "Blackstar" (2016), su último disco, lanzado póstumamente, constituye el núcleo emocional del documental. Allí, la película presenta el disco como un gesto consciente de despedida, en el que Bowie convierte su propia mortalidad en arte. 

Más allá de reconstruir su trayectoria musical a pies juntillas, se invita a reflexionar sobre el legado, el paso del tiempo y la relación entre arte y memoria que Bowie dejó pero, sobre todo sobre su férrea defensa de ser las muchas y diferentes personas que siempre quiso ser. El documental quizá no aporte información completamente nueva para quienes conocen en profundidad la obra de Bowie, pero ofrece una forma distinta de revisarla. Para quienes se acercan por primera vez a su figura, puede resultar revelador. Para los que no, una magnífica forma de contextualizar la vida del Duque Blanco narrada por sus músicos más cercanos, biografía y periodistas musicales. En cualquier caso, queda claro que, tratándose de David Bowie, nunca es suficiente.

Benoit Clerc: “Prince: la historia detrás de sus 684 canciones” y otras maravillas de BLUME


Por: Javier González. 

Juntar los nombres de Benoit Clerc y BLUME es sinónimo de tener entre manos algo realmente ambicioso, un axioma que hemos ido aprendiendo a fuerza de ver cómo funcionaba esta maravillosa unión en anteriores obras que, bajo similar título, abordaban el cancionero de bandas y solistas de gran calado internacional del estilo de Queen, Metallica y David Bowie, cuyo último capítulo tiene como protagonista a Prince, en lo que parece ser una suerte de órdago en toda regla, dada la capacidad compositiva que siempre mostró el genio de Minneapolis al que ahora se disecciona a las mil maravillas en éste maravilloso volumen de excepcional presentación y pretensiones enciclopédicas sobre una de las figuras más personales de la música contemporánea. 

Ante un trabajo de tal magnitud y ambición, la labor de tratar de aportar un mínimo de luz sobre un libro indispensable para fans de Prince se torna casi imposible, puesto que se trata de un extenso repaso a toda su trayectoria, atendiendo a las labores compositivas de temas míticos, obras mayúsculas y joyas ocultas que riegan una trayectoria que nació a finales de los setenta, cuando firmó su primer contrato discográfico con Warner Bros hasta su trágica muerte acaecida en 2016. Año a año, canción a canción, trazando un listado de colaboraciones y atendiendo a la amplia paletas de sonoridades que con sumo gusto siempre supo colar en sus composiciones el alumno más aventajado de Little Richard

Casi 650 páginas repletas de información detallada que ayudarán a comprender una de las mentes creativas más intrépidas, personales e interesantes de nuestra historia musical reciente, un festín para los sentidos digno de melómanos con tiempo libre y ganas de sumergirse en una historia simplemente apasionante. 

Y en otro ámbito que va más allá de lo estrictamente relacionado con la música, conviene no pasar de largo sobre otras de las novedades que semanas atrás han dejado en las librerías de todo el país desde BLUME, puesto que libros tan recomendables como “Cultura Skateboard”, firmado por Morgan Bouvant y Sébastien Carayol, y la novela gráfica “1984”, creada a partir del original del siempre reivindicable George Orwell, adaptada e ilustrada por Matyás Namai, bien merecen hacer una pequeña parada sobre las mismas. 

La primera vuelve a tratarse de un volumen enciclopédico de fenomenal factura que aborda distintos aspectos del “mundo skate”, desde su nacimiento y evolución, pasando por la importancia de diversas figuras y marcas de ropa que han ayudado a configurar una filosofía de vida netamente urbana, callejera y contemporánea, en el marco de una obra atemporal y desenfada que mucho nos tememos servirá como disfrutar para algún que otro rockero, a la cabeza se nos vienen sin ir más lejos los nombres de Fernando Pardo de Sex Museum y Los Coronas, o del mismísimo Javier Corcobado, quien en sus años mozos fue una de las primeras figuras de éste deporte en nuestro país.

Por el contrario, la adaptación de “1984” parte de un clásico de nuestra literatura que describe a la perfección una sociedad totalitaria que ya no nos parece propia del futuro, ni de una distopia alejada de la realidad, sino propia de un presente donde los políticos juegan con las cartas marcadas buscando socavar las libertades del pueblo, ejerciendo el poder desde la atalaya propia de su casta, bajo la defensa de ideales tan altos como falsos y con el apoyo de militantes borregos tanto en las mal llamadas izquierdas como en las derechas. Esta nueva adaptación, se nos presenta arropada por unas ilustraciones plenas de crudeza y belleza, que dotan al emotivo texto de un cierto regusto siniestro, que le sienta como anillo al dado en su cometido de recordarnos que hoy más que nunca “El Gran Hermano” nos vigila bajo un cada vez más dubitativo manto democrático. Ojalá esta reivindicación de alguien que vivió en sus carnes la falta de libertad de los regímenes soviéticos como Orwell tenga su continuidad en otras obras adaptables como bien podría ser “Homenaje a Cataluña”, un canto de libertad anarquista con el que muchos seguimos emocionándonos años después de haberlo leído por primera vez, pese a saber de antemano que la historia, como tantas otras, acabaría en tragedia.

Ilustres Principiantes: Frente abierto


Fotografía: Adriana Vicenti. 

No parece casual que "Guerra a todo eso" sea el título con el que Frente Abierto quieren presentar al mundo su propuesta en formato largo. Con este álbum, publicado por Universal Music Spain., los andaluces desvelan cuál es su particular campo de batalla, uno donde el cante flamenco se funde con el metal, el jazz y la electrónica.

Y si el junte se produce con naturalidad es porque el núcleo de Frente Abierto está conformado por músicos de diferentes gustos y formación: Marco Serrato y Borja Díaz, sección rítmica de los pioneros Orthodox, el guitarrista Carlos "Choco" Pérez, el tocaor flamenco Raúl Cantizano y el productor especializado en ambient David Cordero. Juntos tejen el manto sonoro perfecto para que los cantes eleven la propuesta.

Las voces flamencas en "Guerra a todo eso", por supuesto, son todas de primer nivel. Desde una leyenda del cante como Inés Bacán, en la bambera "Lo que en el mundo vale", a las seguiriyas con la joven cantaora jienense Ángeles Toledano y Sebastián Cruz, cantaor onubense que también aporta su metal a una serrana. Y qué decir de Lela Soto e Israel Fernández, quienes en solitario o como dúo aparecen en hasta cinco cortes, incluida la soleá que ya conocimos, "Parece que te voy viendo". 

"Guerra a todo eso" fue producido por Marco Serrato con Frente Abierto y grabado en La Mina con Raúl Pérez, con sesiones en otros estudios como Desmodus Sound, con José Antonio Muñoz, El Bisonte, con Rafa Camisón, o La Puerta, con Marcos Muniz. Además, la banda ha ido puliendo su propuesta en el mítico Roadburn de Tilburg, en festivales como Canela Party, Tomavistas o Primavera Sound, y en otras fechas en las que el público ha podido dar constancia de su ferocidad.

Germán Salto: “He decidido hacer las canciones que me salen naturalmente”


Por: Javier González. 
Fotografía: Sara Irazábal.

En esta casa llevamos ya muchos años siguiendo la pista del bueno de Germán Salto con sumo interés. Lo hacíamos antes, cuando bajo el apelativo de Salto daba rienda suelta a su atinada pulsión creativa escribiendo bellas canciones interpretadas en inglés, y seguimos haciéndolo ahora, en esta nueva etapa que inauguró con su anterior y homónimo trabajo, sorprendiendo a propios extraños con un trabajo de enfoque más pop y orquestal cantando en castellano, dejando claro que a su paleta de composición le sientan fantásticamente bien todo tipo de trajes. 

Vuelve ahora a una senda más reconocible con “Ojo de Bife”, otra acertada colección de temas que recorren la amplia etiqueta de la “americana”, aunando pegada y matices, afinando y afilando sus textos para llegar a cotas expresivas muy altas que hacen de éste nuevo álbum el mejor de una cada vez más amplia trayectoria. 

Tuvimos el placer de asaltarle a horas intempestivas, recién aterrizado en Orlando, circunstancia que no fue impedimento para mantener una ágil, cercana y bonita conversación donde todo giró en torno a la música y al proceso creativo con la que pudimos conocer más de cerca a un tipo francamente interesante. 

Hace un par de meses editaste el que hasta la fecha es el último trabajo de tu discografía, “Ojo de Bife”. En este punto del camino y con la experiencia que dan los años y los discos, ¿cómo se afronta cada edición de un nuevo trabajo? 

Germán: Diría que depende mucho de los casos. En el mío con mucha ilusión y cada vez menos miedo. El primer disco lo haces pensando que lo escucharán dos personas, después, cada poco caso que te hacen, son como toneladas de presión por lo que sufres en el proceso de grabación. Después llega un punto en que te das cuenta que nada es tan importante, lo realmente bonito es que te guste a ti y lo disfrutes. Este trabajo para mí ha sido una gran experiencia, quizás tenga que ver la producción de Ricky, básicamente porque producir no es solamente hacer arreglos y poner micrófonos, sino también hacer sentir cómodo al artista. 

Un álbum que marca una nueva vuelta de tuerca en tu andadura, sobre todo si lo comparamos con el anterior y homónimo “Germán Salto”, donde buscabas unas sonoridades puramente más pop y barrocas, en la onda de Burt Bacharach, que ahora dan paso a canciones más rockeras con una notable influencia de la amplia etiqueta que se esconde bajo la “americana”. ¿A qué responde este nuevo quiebro en la orientación sonora? 

Germán: Diría que realmente el terreno en que mejor me manejo es éste, creo que es mi sitio. En el anterior disco me apetecía buscar otras sonoridades. Me hace gracia cuando la gente te comenta, “no me pega que te guste este artista”. Al final escuchamos muchos estilos de música, seguro que a ti también te ocurre. Personalmente al Germán melómano le apetecía hacer un disco de pop más barroco y orquestal, andaba obsesionado con ese tipo de canciones. Una vez hecho, pensé que no tendría mucho sentido hacer otro en esa línea, no creo que tuviera mucho que aportar a ese mundo. Decidí hacer canciones que me salen más naturalmente. Me encanta Burt Bacharach, pero mi wrapped de Spotify diría que escucho más a Bob Dylan (risas). 

“Hacer un disco de americana inofensivo y bonito, no sería mi estilo” 

Escuchando atentamente las canciones, se descubre un interesante juego. Se podría decir que no te cortas a la hora de trabajar con unas bases rítmicas potentes y unas guitarras más afiladas de lo que pueda parecer en primeros acercamientos, pero a la vez no dejas de lado el cuidado de los matices y arreglos convertidos en una absoluta delicia. ¿Hasta qué punto es complicado encontrar el equilibrio para que ambas fuerzas convivan en armonía? 

Germán: No es algo premeditado, pero según te escuchaba es algo que pienso mucho. Quizás un disco de Sufjan Stevens no necesita un punto de rabia. Me pasa a veces una cosa con los discos “bellos”, creo que si no consigues que sean una obra maestra, que será mi caso siempre, suelo echar en falta más pegada. Por ejemplo, al escuchar discos que Pete Dello hizo en solitario tras Honeybus siento que me encantan, pero creo que para llegar a una nota de diez le faltan los dos pepinazos rockeros que hubieran incluido su comparación más cercana habitualmente que son The Kinks. Hacer un disco de americana inofensivo y bonito, no sería mi estilo. Empecé siendo guitarrista de rock, mi guitarra favorito es Neil Young, por mucho que me acerca a la americana necesito mala baba. Es un poco lo que hace Mathew Sweet con sus discos, podrían ser trabajos muy bonitos, tipo Beach Boys, sin embargo, se junta con Rober Quine, Evan Julian y Richard Lloyd, dando un toque más rockero que me encanta. No es algo premeditado, pero ahora que lo dices, los trabajos que me gustan tienen algo de eso. 

“Al cantar en inglés, me ofendía cuando me decían que hacer letras así era más fácil que en castellano, ahora creo que es cierto” 

Otro elemento a destacar es el asentamiento del castellano como vehículo de transmisión, algo que viene del anterior trabajo, pero que ahora se reafirma. ¿Podemos afirmar que definitivamente Germán Salto se queda aquí para no variar más? ¿De qué forma ha afectado a tus letras la rica y complicada rítmica de nuestro idioma? 

Germán: A lo primero te diría que sí, en principio. No descarto que me apetezca hacer un disco en inglés y que lo haga. Normalmente compongo pensando en inglés, me es más fácil. Luego por encima pongo una letra en castellano. De pronto estás haciéndolo así, lo pasas al castellano y no sabes si va a funcionar. La métrica y rítmica me mata. Tratamos de hacer una versión de “Refugee” de Tom Petty, si te fijas todo son monosílabos hasta llegar al “Refugee”. También andábamos adaptando una versión de “So You Want to be a Rock ´n´ Roll Star” de The Byrds con la ayuda de Ferrán Pontán, letrista de Egon Soda, que quedó bien. Sin embargo “Refugee” fue imposible, lo intenté, pero quedaba ridícula cortando las palabras a medias con una melodía como esa. Un día hablando con Tim Easton, le pregunté sobre cómo hacer una letra en inglés, tenía dudas por si incluía cosas que estuvieran mal y me contestaba que ellos juegan con el lenguaje. Su frase fue “Bob Dylan lo hace”. Básicamente venía a decir: “si no existe, pero te hace falta, lo metes y existirá”. En castellano no es así, si no existe quedará mal. En inglés te lo legitima Tim y me anima a hacerlo (risas). Aquí soy incapaz. La parte de que todo el mundo vaya a entender lo que cantas hace que te esfuerces más. Al cantar en inglés, me ofendía cuando me decían que hacer letras así era más fácil que en castellano, ahora creo que es cierto. 

“Me cuesta encontrar gente que haga buenas letras en nuestro panorama” 

A nivel de letras. ¿Podemos afirmar que es el mejor de cuantos discos has editado? 

Germán: Sí, sin lugar a dudas. Estoy muy orgulloso de las letras del álbum. Con el anterior hay bastantes cosas que están bien, pero la diferencia con este es abismal. Además, es algo que echo de menos con las letras que escucho dentro de nuestra escena. Me cuesta encontrar gente que haga buenas letras, me puede gustar la melodía, pero no conecto mucho con las bandas españolas en lo que cuentan. Es algo en lo que me esfuerzo mucho y creo que ha quedad bastante bien. 

En las mismas da la sensación de que te has quedado realmente a gusto, jugando a veces con figuras más poéticas, pero sin olvidar citas totalmente explícitas y algún que otro ajuste de cuentas como pueda ocurrir en “Viento cruzado” y “Rompecabeza”. ¿Estamos en lo cierto? 

Germán: Sí, totalmente. “Viento cruzado” va dirigida a mí, hecha en tercera persona, pero para mí. “Rompecabeza” no es mía, la hizo Ferrán Pontón, es la única que no he escrito, aunque es cierto que está basada en lo que le mandé, puede haber algo de eso. Para mí el ajusta de cuentas más obvio es “Aspas Contrarias”, donde directamente digo “Vas con las pintas del puto Mike Love y sin rastro de talento”. No me preguntes porqué, pero he llegado a esa edad viejuna donde no me tengo que callar nada. 

Otro bombazo absoluto es “Si te marchas”, donde la huella de Tom Petty es innegable… 

Germán: Me alegra que me lo digas. Me han dicho de todo tipo de influencias en esta canción: Calamaro, Mathew Sweet…Coincide que cuando íbamos a grabar el disco andaba leyendo la autobiografía de Mike Campbell. Supongo que al meterme en el estudio a grabar, leyendo eso, juegas a ser una estrella del rock y emular a Tom Petty. 

En “Te Oí Decir” te haces acompañar por Nina de Juan y Ricky Falkner, vaya regalazo, buen instrumentista, productor e intérprete. 

Germán: Exactamente. Me atrevo a decir que, amistades aparte, pues ambos son mis hermanos, Ricky me parece el mejor cantante español. Él seguramente citaría en tal categoría a Carlos Tarque y varios más, pero personalmente el que más me emociona es Ricky. Aunque no hubiera producido el disco le hubiera llamado de necesitar un dueto con un hombre. Y lo de Nina viene dado por tocar juntos muchos años, no se me ocurre llamar a otra persona. Seguro que ella de hacerlo me hubiera dicho “De qué vas”. Son mis voces favoritas, masculina y femenina, de España. Escucho la canción y estoy deseando que llegue su parte. Es un auténtico regalo. 

“Enrique Urquijo es una influencia muy grande para mí” 

A nivel musical, podemos rastrear las huellas de genios como Tom Petty, Neil Young, Bob Dylan y The Byrds, aunque debo confesarte que personalmente me emociona mucho más entroncarte con referentes patrios como CRAG o Enrique Urquijo, algo que ocurre en “Sobre la Maleza”, una auténtica pasada, y “Aspas Contrarias”, donde hay una forma de trabajar las voces que bien podría arrimarte a Los Brincos. 

Germán: Totalmente. Cuando hacíamos “Aspas Contrarias”, que finalmente empiezo y luego entran las voces en el segundo verso, la idea original era entrar varias voces arrancando y Ricky me dijo “si quieres hacerte un Brincos, te metería más alto”, vamos, que los tuvimos en la boca. Me encantan CRAG y Enrique Urquijo, que nunca me lo habían nombrado ni en entrevista ni reseña. Mis padres eran muy fans, sobre todo mi madre, de niño eran mi infancia. Hay canciones de ellos que me llevaría a una isla desierta, a pesar de que si las conociera ahora no serían de mis favoritas. Es ponerme “Hoy No”, me transporta al pasado más feliz del mundo y me quiero quedar allí a vivir. Enrique Urquijo es una influencia muy grande. Estás acertando en todas. 

No puedo resistirme a comentarte que la apertura de “La Carne y el hueso” me ha parecido una auténtica belleza, podría caer en bucle en esa intro y dedicarme a soñar durante horas… 

Germán: Muchas gracias. Lo vimos clarísimo, pensamos que era fenomenal entrar así con esa magia del pedal Steel de David Soler, una auténtica bestia. Se incorporó en la grabación en Tarragona y mejoraba cada tema que tocaba. Me gusta mucha la sonoridad de toda la canción, la verdad. 

“Íñigo Bregel y Ricky Falkner son dos auténticos genios” 

Vienes de trabajar con dos auténticos genios de nuestra música Iñigo Bregel y Ricky Falkner, cuyas aventuras en bandas es equiparable a su calidad como productores. ¿Qué diferencias encuentras entre su forma de hacer? ¿Qué busca cada uno de ellos en sus producciones? 

Germán: Hay muchos matices. Son dos genios absolutos para mí. El disco anterior sin Iñigo hubiera sido distinto y peor, estoy seguro. Tiene un conocimiento musical que tiene, escribe partituras para músicos de cuerda. Es una cosa que me supera. Son muy distintos, Iñigo es muy progresivo. A veces le decía “hay que sonar a Tom Petty o Neil Young” y él me decía “qué coñazo, no me jodas”. Los dos son los bajistas y productores de los álbumes, donde uno mete siete notas, el otro una. Uno es más sobrecargado, hay mucha información, toda acertada, Ricky hace virtud de la pequeñez, haciendo que todo sea bonito, pero con más minimalismo. Se nota que Ricky ha grabado bastantes más discos de momento, por ejemplo, con Iñigo todo fue muy fluido, pero con una canción, “Arder, Humo y Desaparecer”, estuvimos semanas peleados sobre cómo hacerla. Le llamé y le dije, “Iñigo, muchas gracias, pero el disco es mío y se va a hacer así”, diciendo ya está. Otro productor se hubiera callado, pero él no, me dijo “Germán, te estás equivocando”. Volví a darle una vuelta, llegamos a un sitio muy bonito gracias a su insistencia. Ricky es más de los que te convence sin que te des cuenta, parece que lo has decidido tú, pero no, al final hace lo que él quiere. Me encantaría volver a grabar con los dos, son auténticos genios. 

Siempre que he pensado en ti, me ha llamado la atención el hecho de saber que tienes una doble vida, como si fueras un súper héroe. Por un lado, eres piloto de avión, realizando vuelos transoceánicos, y a la vez un músico con una reputada trayectoria. ¿De qué forma afecto todo esto al proceso compositivo de cada disco? Lo digo porque normalmente se tiende a la mística de decir que los creadores se aíslan del ruido cuando andan en mitad del proceso de hacer canciones, algo que imagino en tu caso es imposible. 

Germán: En mi caso es imposible. Ahora mismo estoy en Orlando, me he traído la guitarra. Piensa que normalmente me levanto a horas absurdas, las cuales aprovecho para estar tocando y componiendo. Al estar expuesto a tantos estímulos, viajar, volar, ver otras ciudades… creo que se llena el pozo de la inspiración. Es cierto que en el momento exacto de componer necesito estar solo, porque para mí componer implica soledad. El resto de mi vida estoy ocupado, los días que vuelvo a Madrid tengo que hacer todos los planes que tengo pendientes por haber volado. 

“Antes pensaba que no era auténtico por no dedicarme solo a la música, con los años me he dado cuenta que es todo lo contrario” 

¿Hasta qué punto da seguridad para musicalmente hacer lo que uno realmente quiere el hecho de tener un trabajo que se presupone estable? 

Germán: Hace años me hacía sufrir la idea de ver a amigos dejar todo por la música. Pensaba que no era auténtico. También creía que mientras ellos hacían diez conciertos, solamente podría hacer uno. Era algo que me hacía torturarme. Con los años me he dado cuenta que es lo contrario. Ahora hablo con ellos y muchos se cambiarían por mí. Hacer lo que te de la gana y que la música fuera disfrute. Obviamente me encantaría gustar a cuanto más gente mejor, pero no necesito profesionalizar cada decisión para tener un sueldo. Hago los discos que me gustan, espero que gusten, pero pase lo que pase, sigo pagando el alquiler y no pasa nada. Esto me hace hacer la música que quiero y no sufrir. Algunos amigos músicos exitosos saben que hoy todo puede ir bien, pero el mañana es incierto. Eso yo no lo tengo. 

¿Qué tal están funcionando las primeras fechas de la gira de presentación? 

Germán: Estoy muy contento al respecto. Llevo una banda que me hace muy feliz. Somos cinco, uno de ellos con pedal Steel. La idea es tocar el disco nuevo entero y gran parte del anterior, casi todo en castellano. Rescataré alguna de la época en inglés, pero hacer un disco repartido en idiomas no me gusta nada. Iré eliminando las canciones en inglés. Estoy orgulloso de mi trayectoria, pero quiero hacer conciertos de Germán Salto, no un híbrido con Salto. 

Mil gracias, Germán. Ha sido un auténtico placer. Enhorabuena por el auténtico discazo que te has marcado. 

Germán: Muchas gracias. Ha sido un gusto. Un abrazo grande.

Simon Goddard: "Ziggyología: La Breve Historia de David Bowie y Ziggy Stardust”


Por: Txema Mañeru. 

Realmente nos encontramos ante la “Enciclopedia” sobre el legendario disco de Bowie, “Ziggy Stardust”. Para muchos su mejor disco y desde luego que el más influyente y decisivo en su trayectoria. Obra clave del glam-rock, aunque a mí casi me gusta más aún el “Hunky Dory”. Me encanta el consejo que pone su editorial, Ondas del Espacio: “Para leerse a máximo volumen”. Entre las 350 ricas páginas, tenemos un capítulo de 16 totalmente fotográfico titulado “Como Se Crea a Un Hombre de las Estrellas”. Entre sus buenas fotografías en blanco y negro con varias, por supuesto, del propio Bowie, tenemos también a músicos como Little Richard, Vince Taylor, Iggy Pop, pero también a Andy Warhol, el vaquero Stardust o Alex y sus otros compañeros de “La Naranja Mecánica”. También la calle que aparecía en la portada del disco o la cabina telefónica de la contraportada.

El original en inglés se publicó en 2013 y la buena traducción actual la ha firmado Javier Peleteiro, todo envuelto en tapas duras y preciosa portada. Goddard es autor de otro destacado libro publicado en Ondas del Espacio. Te hablamos de “The Smiths 1982-87. Canciones Que Te Salvaron La Vida” que recibió inmejorables críticas muy justificadas. Es un experto en Bowie y se nota, siendo creador de la serie “Bowie Odissey” y siendo considerado “Bowie Odissey 70” el libro del año para el Sunday Times. 

Aquí tenemos la guía completa sobre cómo David Bowie dio forma a uno de los personajes más famosos de la historia del rock, Ziggy Stardust. El libro aparece ahora en castellano cuando se cumplen diez años de su muerte, aunque Bowie sigue más vivo que nunca. Su primera “muerte” fue mucho antes, cuando acabó en pleno directo con Ziggy Stardust, el mayor invento de la historia de la música pop, el dios del rock que vino de las estrellas, y que impactó al joven Bowie como un rayo caído del cielo.

Estamos en realidad ante 2 libros en uno para saber quién era realmente Ziggy Stardust y conocer de dónde venía. Luego también tenemos la explicación de por qué tuvo que matarlo. El Libro I se titula “El Advenimiento delo Hombre de las Estrellas” y el Libro II, “La Tierra Bajo El Hombre de Las Estrellas”. Entre medias ese ya citado capítulo fotográfico para saber cómo se creó el personaje. Esta es una obra de arqueología pop suprema, desentrañando todas las influencias que dieron vida a Ziggy, desde Elvis y Little Richard hasta Iggy Pop, desde el kabuki hasta Kubrick y “La Naranja Mecánica” y desde H. G. Wells hasta Holst. Un drama épico y breve con su agitada permanencia entre nosotros.

En el magnífico Prefacio Goddard nos explica que esta es la historia de cómo Ziggy entró en la cabeza de Bowie y de lo que ocurrió una vez allí. Es, sobre todo, la historia de Ziggy Stardust, pero solo a veces la de David Bowie. Dice que este libro fue escrito por amor y eso se nota al leerlo, como ratifica un buen Prólogo con cita amplia de Arthur C. Clarke. El Epílogo finaliza diciendo que todos estamos hechos de polvo de estrellas y que todos somos Ziggy Stardust. También nos cuenta lo que les sucedió a todos los músicos y artistas que estuvieron relacionados con tan magna obra. La puedes leer oyendo el disco de Bowie, pero también la buena versión que hicieron del mismo nuestros Capsula. ¡Ziggy Plays Guitar…!

Los Deltonos: “El futuro”


Por: Kepa Arbizu. 

Existe en el ser humano una querencia casi antropológica por descuidar afectivamente aquello que consideramos prácticamente innato a nuestra historia personal. Dicho de otra manera, desatendemos todo lo que percibimos -erróneamente- como imposible de desvanecerse en un momento dado. Trasladado al ámbito musical, resulta una nada recomendable costumbre no valorar como se merecen en el presente propuestas que han formado parte desde nuestra inaugural irrupción en este hábitat ruidoso. Una indolencia respecto a lo que entendemos como perenne juzgada en la mayoría de las ocasiones a través de la forma más trágica posible, cuando las necrológicas, creativa o existencialmente hablando, ya no dejan espacio para subsanar dicho desinterés. Por eso, conviene ponderar en su justa medida cada nuevo paso dado por una formación como Los Deltonos, y por extensión la de su principal y ubicuo cerebro, Hendrik Röver, que lleva cuatro décadas agitando con talento el no siempre fértil suelo del rock and roll. Su más reciente, y sobresaliente, episodio, “El futuro”, es una furiosa y vital llamada de atención para, probablemente de manera indirecta, recordarnos que no solo siguen aquí, sino que son capaces de atronar en su manifestación.

Una presencia, la de la banda cántabra, que no se ha limitado simplemente a resistir estática gracias al privilegio que le otorga su abolengo; su camino a lo largo del tiempo se identifica con el desempeño, precisamente, de no ser un mero nombre sostenido por la veteranía, sino un contenido en constante mutación, como lo puede atestiguar una discografía que se ha movido entre diversas formulaciones. Una trayectoria que, no menos meritorio en ese oficio de renunciar a la complacencia, nunca ha recurrido a regodearse en viejos éxitos ni ha sucumbido a enmascararse con el rostro recomendado por los mercaderes de la llamada actualidad. Su identidad, por suerte, se ha erguido como una propiedad innegociable que podrá ser orientada según las propias pasiones dicten en cada momento, pero el suelo sobre el que se posa firme, sigue repleto de grasa y octanaje eléctrico.

Reconvertidos en trío en sus últimos trabajos, alianza que reúne a Hendrik Röver, junto a Javi Arias (batería) y Sergio "Tutu" Rodríguez (bajo), el resurgimiento de dicho formato responde y alienta una apuesta por afilar y aportar más músculo a su expresividad instrumental, la que parece estar siempre presta a acumular ferocidad y volumen. Pero al margen de esa envalentonada puesta en escena, “El futuro” contiene un muy identificativo rango melódico que en absoluto interrumpe, sino que espolea, dicha representativa demostración vigorosa. Una mezcla de cualidades, a la que hay que añadir una vía de escape en sus textos más trascendente, sin invisibilizar el ácido sarcasmo del verbo de su compositor, expuesta desde el inaugural y titular tema, introducido por esos virulentos fraseos eléctricos que ya cuentan con la denominación de origen cántabra. Acumulando en sus riffs el docto crepitar del blues, el boogie, el hard rock y hasta el funk, o lo que es lo mismo, una tradición que va de Magic Slim a The Muggs pasando por George Thorogood o ZZ Top, sin embargo dicha talentosa estridencia funciona como aposento para un pegadizo dibujo vocal, palabras que deletrean al mañana como el resultado de lo que nuestro lapicero esté dispuesto a escribir.

Pero el nombre escogido por el álbum no es una referencia metafísica que pretenda interpelar al ser humano exclusivamente en su manifestación individual y particular, se trata de algo mucho más complejo y sobre todo extensivo. Un retrato en el que tampoco escasean las paradas en el conflicto singular, ya sea el celebrado en nuestro cerebro a través de lo que llamamos conciencia y con clara propensión al insomnio, escenificado en “Indecisión” bajo un introductorio paso de blues casi con aroma a pesquisa detectivesca que deviene en en un descomunal ejercicio de contundencia, como representado en el resurgimiento del personaje “Andrés Muñiz”, “actor” incluido de nuevo en el plantel tras su pasada presentación en “Repartiendo”. Una figura que, escoltado de unas trepidantes bases rítmicas, encarna esa sombra -de puños siempre prestos para adornar el baile- que se niega a ser engullida por una historia, en mayúsculas, que pretende ser escrita incluso tapiando nuestras firmes certezas, las que piden paso a través del vigoroso rock and roll de “El día aquel”, furiosa vindicación de la infalibilidad de lo que ven nuestros ojos.

Cada paso adelante que acometemos desentrañando este disco es en paralelo la aleación de piezas que conducen a la configuración de una fotografía social que utiliza el “deltoniano”, o “roveriano” si se prefiere, costumbrismo como herramienta para cincelar episodios de afilada ironía. Acidez que se propaga con elegante consistencia hacia ese gran bazar, también virtual, que habitamos invocado en “El mal menor” o que se enfrenta, guiada por una slide que traslada el legado de Muddy Waters, a esa insolente pubertad que, parafraseando a Rosendo, pierde mucha fuerza en la saliva. Con el disfraz de fábula “orwelliana”, “Había una vez”, repunta el carácter explosivo del hard rock para señalar la hoja de ruta construida para que el rebaño circule con orden, un itinerario que incluye la asunción de ser carne de cañón para más gloria de banderas e intereses estratégicos, objetivo embestido por el punzante y dinámico rock americano en la apátrida tonada de “La campana”, en la que seguro no les importaría ser citados, por ejemplo, a Bottle Rockets. Una maleable elaboración del acervo clásico que también tiene la puerta abierta en “La fuerza” para una esporádica resucitación de Hank, aquel proyecto powerpopero que ya tuvo más espacio en el anterior álbum, “Evolución”, y que sorprende todavía más en el lisérgico ambiente de “El color de los tiempos”, tan cerca de Doors como de Al Kooper, donde aflora la incertidumbre que identifica a esta parada en el calendario. 

A la alegría que supone encontrar nuevos motivos para seguir vertiendo alabanzas sobre Los Deltonos, se suma lo más importante, y es que esas palabras de agradecimiento respecto a su música no pueden sonar repetitivas, como tampoco lo hace su música; este disco consigue, tras superar la veintena de trabajos bajo el auspicio cántabro, lograr un rasgo identificativo y distintivo, ya sea en su aportación musical como lírica. Su persistencia como formación merece un elogio cronológico pero sobre todo creativo, ofreciéndonos inéditas razones para brindar en presente por su existencia. Ni el apocalíptico “Meteorito”, que irónicamente planea extremadamente melódico para rugir en su explosión, ni la arquetípica composición de la banda, “Naufragio”, y su Leviatán, sea en forma de monstruo marino o de encadenamiento normativo, serán capaces de robarnos la idea de que tras la niebla de ese horizonte que se se atisba en la portada de “El futuro” no exista al menos alguna pasibilidad de que asomen rayos de sol. Quizás no sean muy cálidos, tampoco probablemente prolongados en el tiempo, pero su sola existencia debe de ser acicate más que suficiente para no dejar el mañana en manos del destino o permitir que nuestro futuro sea escrito por otros, porque nunca nadie ha conseguido conjugar la libertad en cabeza ajena.