Edwyn Collins: "Crear un estribillo me resulta mucho más sencillo que escribir una estrofa"


Por: Àlex Guimerà.
Fotografías: Andi Sapey.

No se puede calificar de otro modo a Edwyn Collins que como a una auténtica leyenda del pop británico. A principios de los ochenta desplegó su inigualable imaginario sonoro al timón de los reivindicables Orange Juice. Tras ellos, su carrera en solitario despegó coincidiendo con el movimiento Britpop, llegando a dejar un formidable legado discográfico que ha resistido a los cambios del tiempo y de las modas, y sobre todo a un ictus que condicionó su forma de vivir y afrontar la música. Afortunadamente tuvo el sustento de su familia, especialmente de su esposa y representante Grace Maxwell. Junto a ella ha seguido publicando discos y saliendo de gira, lo que nos ha permitido seguir disfrutando del talento de este músico, como con su último trabajo, el imprescindible “Nation Shall Speak Unto Nation” del año pasado. Un disco que presentará a partir de este final de mes a lo largo de nuestro país en una gira titulada “The Testimonial Tour. A Last Lap Around Spain”. Sobre el disco, la gira y su pasado hemos querido charlar con un Edwyn que se conectó desde su casa junto a Grace para facilitar la entrevista debido a sus problemas con el habla. Con todo, la entrevista se convierte en una entrañable charla con el sexagenario matrimonio, lleno de simpatía, humildad y naturalidad. Como si no se tratara de uno de los mayores cracks del pop británico surgido de la década de los ochenta.

PD: Encima, el bueno de Edwyn se lanzó a cantar una estrofa “Knowledge" para un servidor, lo que me pareció un privilegio de esos que sólo El Giradiscos es capaz de darte. 

Las fechas de la gira son: Bilbao (29 de abril, Kafe Antzokia), San Sebastián (1 de mayo, Dabadaba), Zaragoza (2 de mayo, Sala López), València (3 de mayo, 16 Toneladas), Barcelona (5 de mayo, La Nau), Madrid (6 de mayo, But), Sevilla (7 de mayo, Malandar Music Club), Cádiz (8 de mayo, Edificio Constitución 1812), Santiago de Compostela (10 de mayo, Sala Capitol) y Ourense (11 de mayo, Café & Pop Torgal). 

Gracias por su tiempo Edwyn. Es un honor para nosotros hablar con una leyenda de la música como tu. 

Edwyn Collins: ¡Ah, leyenda! ¿Tu crees? No lo soy ni en mi casa (risas). 

Grace Maxwell: Para mí si lo es, de verdad, creo que es una leyenda de la música pop. Aunque él no lo crea así. No recibe el trato de leyenda en su país. 

Y felicidades por tu último disco. Es muy bueno, nos ha encantado. 

Edwyn Collins: Muchas gracias. Pues no le ha ido bien en Gran Bretaña. Mojo, por ejemplo, no lo valora bien. En la revista Cut, ha tenido mejor acogida. 

Una curiosidad, ¿el chico de la foto de la contraportada del álbum es tu hijo, verdad? 

Edwyn Collins: Sí, sí. Es él, William. Está muy involucrado con mi música, hace muchas cosas. Sobre todo toca en el disco, las guitarras, el bajo, algunas percusiones, teclados, pone voces... 

Grace Maxwell: También nos ayuda con Instagram porque, para ser sincera, no nos entusiasman mucho las redes sociales. No tenemos mucha presencia en ellas. Así que siempre nos está diciendo: "Vamos, tenemos que arreglar esto"."Vamos, tienes que hacerlo". Y yo le digo: "Vale, hazlo tú". 

Edwyn Collins: ¿Conoces la canción “The Bridge Hotel”? 

Si, claro. 

Edwyn Collins: William tiene una Southern Jumbo con una guitarra, una Gibson. Está tocando la guitarra. Tiene el bajo. Aparece bastante en el álbum. 

Grace Maxwell: William es músico y productor, y ahora está muy presente en nuestras vidas. 

Edwyn Collins: Sí, sí, actualmente trabaja mucho con nosotros. 

Grace Maxwell: De hecho, él y Ed han estado trabajando juntos en algunas canciones nuevas la semana pasada. 

La primera vez que te vi en directo fue en el festival “Summercase” en Barcelona en el año 2008. Recuerdo que habías tenido recientemente el derrame cerebral (FUE EN 2005), pero aún así fue un gran concierto, muy emotivo. 

Edwyn Collins: Gracias. Lo recuerdo, fueron los primeros conciertos después de que volviera a tocar en vivo. 

Has anunciado para este final de abril y principios de mayo hasta 9 conciertos en ciudades españolas. El título de la gira - The Testimonial Tour. A Last Lap Around Spain- indica que será tu última gira. ¿Qué tipo de repertorio estás preparando para esta gira? ¿Habrá más peso del nuevo disco o un recorrido por toda tu carrera y a tus grandes éxitos? 

Edwyn Collins: ¿Grandes éxitos? Si te refieres a los días de Orange Juice y a mi trabajo en solitario, si. Aunque la mayoría no fueron éxitos, pero da igual. 

Grace Maxwell: Es un viaje por todos los favoritos de los fans. En realidad Edwyn va a tocar sus éxitos. Lo hicimos en el Reino Unido durante la gira del año pasado y salió muy bien. El repertorio es un poco más largo del habitual. Dura aproximadamente una hora y 40 o 45 minutos. Y realmente incluye todos los temas favoritos del público. Sabemos cuáles son. Sabemos lo que les gusta a los fans. Edwyn ha elegido las canciones más bonitas, y eso funciona muy bien en los conciertos. 

Has tocado mucho en nuestro país: el festival Summercase que comentábamos, tus giras de 2010 y 2013, o más recientemente, hace 10 años, en el festival Bime, Bilbao. ¿Qué recuerdos tienes de esos conciertos en España? 

Edwyn Collins: Oh, lo primero que hace un calor insoportable (risas). 

Grace Maxwell: Eso fue en Madrid. Era como estar en el desierto, Fue una locura. Desde que Edwyn se recuperó de su enfermedad y dio conciertos en España, siempre fueron en acústico. Hicimos un gira hace mas de 10 años en la que Edwyn tocaba con dos de sus músicos. Marwin y James. Hizo, ¿cuántos?, ¿unos siete u ocho conciertos? (Ndr: Se refiere a su gira española de marzo del 2013 que en realidad fue de cinco conciertos

Edwyn Collins: Más o menos eso. Así que éramos un grupo pequeño, de solo tres músicos y fue maravilloso. Viajar por España, por sus ciudades, además teníamos a una sensacional mánager de gira llamada "Libby". ¡Un saludo a "Libby"! Creo que es de Zaragoza. Era increíble, paramos en el camino y la comida allí es deliciosa. 

Grace Maxwell: Hicimos paradas estupendas en restaurantes gourmet donde comimos de maravilla con "Libby". Ella conocía todos los buenos sitios a los que llevarnos. Tenemos recuerdos preciosos de esos días. Fue una gira íntima. Y Marwin y James (Ndr, los músicos de apoyo en esa gira) son gente maravillosa. 

Edwyn Collins: Si, y son grandes músicos. Tenemos muchos recuerdos bonitos de esa gira. No recuerdo cuándo fue, pero seguimos yendo a España para eventos puntuales, como el concierto de Bilbao que has dicho. 

Grace Maxwell: Edwyn, ¿te acuerdas de cuando fuimos a Gijón? Fue fantástico, ¿verdad? (Ndr, se refiere al concierto de agosto del 20217 durante la Semana Grande Gijón). Recuerdo que el gerente del hotel en que íbamos a alojarnos, después de que hiciéramos la reserva, me escribió diciéndome lo mucho que le gustaba la música de Edwyn. La verdad es que en Gijón nos dieron una bienvenida increíble, y eso que era un festival al aire libre en verano, como una especie de fiesta popular con muchísima gente. Además Asturias es precioso, no sabía que es como un país verde. 

Edwyn Collins: Sí. Parecido a Escocia.¡ y qué bienvenida nos dieron! Tenemos tantos recuerdos buenos de España. Como cuando fuimos al Primavera Club a Madrid y Barcelona. Sean y Calvin estaban con nosotros. 

Grace Maxwell: Sí, toda la banda. Eso fue en un antiguo teatro de Barcelona que era precioso. Y luego fuimos a Madrid. Y el público fue fantástico, recuerdo que en España hay gente que le gustabas mucho. Tenemos muy buenos recuerdos, la verdad. 

Veo que tenéis grandes historias en nuestro país. Tu último disco, “Nation Shall Speak Unto Nation”, me parece un disco buenísimo que ningún fan del mejor pop-rock británico se debería perder. Además tienen unas letras muy reflexivas y personales ¿Qué ideas o sentimientos querías transmitir con él? 

Edwyn Collins: Por ejemplo, "Knowledge". La estrofa y el estribillo dice: "En mi vida he conocido a tanta gente. Algunos son buenos y otros malos. Cuanto más sé de este viejo mundo. No me siento a salvo. Y no tengo fe". (Edwyn canta parte de la canción). Esa letra fue importante para mí. A veces las letras lo son y otras veces no. 

Grace Maxwell: Trabajaste mucho en las letras del disco. 

Edwyn Collins: Sí, he practicado para perfeccionar la sintaxis. Para captar los movimientos. 

Grace Maxwell: Por eso fue muy cruel que Edwin perdiera el lenguaje a causa de su enfermedad. Le arrebataron el lenguaje. Fue bastante cruel. Y todo el camino de recuperación. Todavía hoy intentas mejorar cada vez más tus letras. Trabajaste muy duro para intentar mejorar sus letras. 

Edwyn Collins: Estoy orgulloso de ello. Desde mi derrame cerebral pierdo el sueño. Pero sé dirigir mis letras. Soy más directo ahora, aunque "Knowledge" no lo es tanto. 

Grace Maxwell: Estoy orgulloso de sus letras. De las ideas que estás presentando, los temas y tal. Él trabaja en ello aquí en esta casa. 

Edwyn Collins: Estoy escribiendo las canciones primero, aquí en casa. A veces digo: "Un momento, un detalle, Grace dijo eso" y me viene una idea. Luego pienso que no es suficiente y que tengo que esforzarme más. "Vuelve y hazlo de nuevo". 

Grace Maxwell: Edwin puso el listón muy alto. Así que trabaja duro, ¿verdad Edwyn? 

Edwyn Collins: Sí, lo hago. 

Al margen de las maravillosas letras, este álbum tiene una producción muy elaborada. Con una instrumentación excelente. Con coros y voces de acompañamiento. ¿Cómo fue el proceso creativo y de grabación? ¿Fue muy difícil o fácil? 

Edwyn Collins: No, la música es fácil para mí. Crear un estribillo me resulta mucho más sencillo que escribir una estrofa. Pensar en la música, no es problema. La música me llega sola. 

Grace Maxwell: Pero también el proceso de estudio te encanta, ¿verdad? 

Edwyn Collins: No es difícil. Simplemente funciona con la gente. 

Grace Maxwell: Yo los veo a veces y parece que se lean las mentes, que tengan telepatía. Se conocen tan bien. Es una alegría pura, 

Edwyn Collins: Por ejemplo, con "Paper Plane Flu" yo toqué el theremin. Es muy, muy fácil para todos. El proceso de estudio es justo lo que necesita. Los que vienen practican todos los días y graban el álbum. Sé lo que quiero. Lo tengo claro, es mi visión. 

Han pasado muchos años desde tu debut con Orange Juice. Una de las mejores bandas británicas de todos los tiempos. Parte del éxito de "Read It Up" se debe a que fue el disco que descubrió tu música. Aunque la banda no sea del todo popular y los discos de Orange Juice sean discos de culto. ¿Crees que la banda ha sido suficientemente apreciada por la crítica y los fans? 

Edwyn Collins: ¿Infravalorada? No, no lo creo. Pero quizás sí que es una banda nostálgica. 

Grace Maxwell: Orange Juice en aquel entonces quizás si estuviera infravalorada. Pero estoy mirando a tu nuevo disco y pienso que no vives con arrepentimientos ni reflexiones así. 

Edwyn Collins: "Deberíamos haber sido más grandes", no hay que plantearlo así. Siempre hay que pensar que las cosas fueron como fueron. 

Grace Maxwell: Una revista musical británica le preguntó: "¿Sientes resentimiento por algo de Orange Juice?" Y dijiste: "He tenido una gran vida. He tenido una vida maravillosa. Ha sido increíble". 

Edwyn Collins: Es como valorar a The Velvet Underground y a Lou Reed por sus éxitos. ¿Qué logró "Walk On The Wild Side"? No se evalúa así. Uno hace lo que hace y depende de la gente. Por cierto, descubrí a The Velvet Underground cuando tenía 17 años. Primero estaba obsesionado con David Bowie, cuando era adolescente, pero luego escuché "Transformer" de Lou Reed y de ahí acabé con The Velvet Underground. 

Orange Juice se separaron en 1985 ¿Te imaginabas que seguirías publicando música y actuando durante otros 40 años en ese momento? 

Edwyn Collins: Orange Juice tenía varios miembros enfrentados y muchos desacuerdos. Stephen, James y David, ya no éramos tan buenos amigos. 

Grace Maxwell: Luego fuiste más feliz en solitario. 

Edwyn Collins: Sí, lo era. 

Grace Maxwell: ¿Pero te imaginabas que seguirías grabando discos dentro de 40 años? 

Edwyn Collins: No. No, me lo imaginaba. 

Grace Maxwell: Empecé a trabajar para Edwin en 1984. No mirábamos más allá de los próximos 6 meses. Éramos muy malos en hacer predicciones futuras. No pensábamos en que íbamos a envejecer. Y por ello realmente no podíamos imaginar nada. No nos planeábamos nada y definitivamente pensábamos que la gente de 60 años debería jubilarse. Por esa regla, debería haberse jubilado hace mucho tiempo, gracias a Dios que no lo hizo. 

Empezaste una carrera en solitario y al principio de la era Britpop en 1994 lanzaste el álbum "Georgeous George" y con la canción "A Girl Like You" una de las canciones más exitosas de tu carrera y que conectó mucho con los seguidores del Britpop ¿Cuál fue tu experiencia en ese período? 

Grace Maxwell: Por ejemplo ¿Te acuerdas de la revista Mojo Britpop decía de ti? 

Edwyn Collins: Si, claro. 

Grace Maxwell: No le llamaban, le consideraban un viejo, aunque Edwyn en 1995 tenía 34 años. Era su séptimo álbum y no era una persona nueva, le veían como de la generación anterior a su rollo. Luego algunos críticos de Mojo y Q comenzaron a decir que sí que era parte de la movida Britpop. Yo le dije que lo olvidara. 

Edwyn Collins: No, no lo hice. Ese movimiento fue una cosa prefabricada. Conozco la mierda de Mojo y Q . 

¿Qué artistas o álbumes te han inspirado más a lo largo de tu carrera? 

Edwyn Collins: David Bowie y Lou Reed como he dicho, y otros músicos que me gustaban en aquel entonces como Talking Heads, también me gustaba mucho la música Soul y la música Disco como Chic. Menuda sección de bajo de Bernard Edwards. "¿Qué es eso?", me dije cuando lo escuché. Y Neil Rodgers. 

¿Tienes algún músico o banda actual que puedas recomendar? 

Edwyn Collins: Soy demasiado viejo para eso. Tenemos dos bandas compartiendo gira y haciéndonos de teloneros. Son la misma banda, pero van a tomar 20 minutos cada una Son los mismos chicos Tocan unos 20 minutos cada uno Se llaman Glass Cheques y Bayview. También Grabamos bandas nuevas The Hanging Stars que también estuvieron en la gira. 

Grace Maxwell: Realmente no estás al tanto. 

Edwyn Collins: No, sería fingir. Soy demasiado viejo para música nueva. 

Grace Maxwell: Te gusta escuchar música del pasado. Estás demasiado ocupado escuchando discos antiguos. 

Edwyn Collins: Es la mejor música. 

Además de componer, cantar y tocar, también has sido productor y tienes un sello discográfico. ¿Qué parte del proceso musical te ha dado más alegría?

Edwyn Collins: Trabajando en el estudio de vuelta de Londres en las tierras altas El estudio está en la colina detrás de nuestra casa. Tengo una consola de grabación Rupert Neve antigua del año 1969 y es maravillosa. 

Grace Maxwell: Te encanta el estudio, Edwyn. Realmente él quería venir aquí a las tierras altas de forma permanente desde Londres pero antes de que pudiéramos hacerlo tuvimos que construir un estudio. Necesitábamos un estudio lo que supuso mucho trabajo de construcción, con estructuras de madera t tal. Ahora podemos estar aquí y la gente viene aquí a grabar con Edwyn. Lo disfruta mucho. Yo diría que es más feliz en el estudio Quizás no lo piensas pero así es. 

Edwyn Collins: Tal vez sí. A lo largo de los años, y sobre todo de vuelta en las giras, estoy agotado. El trabajo en solitario cansa mucho, aunque es parte de mi vida. 

Grace Maxwell: En cambio, no te cansas en el estudio, yo te veo que eres feliz con la paz. 

Mirando atrás, desde los tiempos de Orange Juice y Nu-Sonics en Glasgow hasta ahora, ¿qué crees que ha cambiado más en la industria musical? 

Edwyn Collins: No lo sé exactamente… Los métodos para recibir música han cambiado mucho. El vinilo está volviendo, aunque no de forma masiva; en España, por ejemplo, hay un público concreto para el vinilo, pero es limitado, una cantidad fija. En realidad, lo que ha cambiado es la manera en que la gente accede a la música. Si Postcard Records hubiera existido en la era de internet, habría funcionado muy bien. Lo que intentaban hacer era distribuir su música en un sistema que, en aquel entonces, no lo facilitaba. Tenías que vender discos en tiendas, conseguir que sonaran en la radio, lograr el apoyo de revistas y periódicos musicales… Todos ellos eran “guardianes”, y era muy difícil atravesar esas puertas si no estabas dentro del sistema. Hoy en día, en cambio, si tienes imaginación, talento y trabajas duro, puedes hacerlo tú mismo. Y eso me parece maravilloso. 

Grace Maxwell: Recuerdo cuando estábamos de gira con Aztec Camera, la primera vez que fuimos a Estados Unidos. En una entrevista Edwyn mencionó música de los 70, Stax Records, Jean Knight… y el periodista entendió “stocks” o algo así. Tuve que aclarar: “No, Stax Records”. Ni siquiera sabían de qué estábamos hablando. Quizá tú sí lo sabrías, pero ese tipo de barreras siempre existieron, especialmente en EE. UU. 

Edwyn Collins: Por eso pienso que, conociendo a la gente de Postcard Records y cómo eran entonces, si hubieran tenido internet, habrían arrasado. Últimamente escucho a muchos músicos quejarse, y sinceramente, quejarse no sirve de nada. Es absurdo. Hoy tienes todas las herramientas a tu alcance: hazlo tú mismo, muévete, espabila, sal a tocar en directo. Esa es la clave.

Bunbury: "De un siglo anterior"


Por: Javier Capapé. 

Enrique Bunbury continúa en búsqueda. Es incansable y su obra se está convirtiendo en el perfecto manual del renovado artista del renacimiento en pleno siglo XXI. No hace falta esperar al futuro para saber que con sus discos podremos hacer un estudio de la evolución de la música popular desde el rock fronterizo a la raíz latina pasando por el puntual enfoque electrónico, el rock contemporáneo y la redefinición del cabaret. En la paleta cromática del aragonés errante cabe esto y mucho más. Y precisamente ahora se encuentra sumido en la actualización de la música popular del continente americano bajo la influencia hispana. Con su anterior LP "Cuentas Pendientes" inició esta labor de exploración rodeándose de curtidos músicos latinoamericanos, y tan solo doce meses después vuelve a dejarnos un cancionero en una línea continuista, aunque con ciertos matices distintivos. De hecho, estas diez canciones se grabaron en el mismo estudio del Desierto de los Leones poco antes del lanzamiento de "Cuentas Pendientes" y es algo que se nota, porque comparten ese mismo aura.

La intención en este "De un siglo anterior" es continuar con la exploración de la latinidad con otros géneros, para lo que ha contado con el mismo equipo que en su anterior disco, con el que podemos afirmar que forma un tandem inseparable desde su concepción. Vuelve a tener a su derecha a Ramón Gacías, con el que comparte producción, además de Jorge Rebenaque, Luri Molina, Sebastián Aracena y Johnny Molina. Los mismos músicos que le condujeron por los mejores rincones de folclore hispanoamericano. Quizá la principal diferencia que tiene con respecto al tantas veces mentado hermano mayor sea que en este último trata de acercar más la esencia del folclore a la música más fronteriza, optando por una mayor presencia de guitarras eléctricas bien empastadas con las españolas, la percusión latina y el contrabajo, creando así un híbrido de tintes rock pero sin perder su conexión con la raíz. Esto es algo que se ejemplifica a la perfección en la canción que abre el lote. "Creer que se puede creer" nos lleva, como tantas otras veces en su carrera, a México, a la frontera. Las guitarras eléctricas funden el espíritu del disco anterior con sus clásicos del rock y pone de manifiesto a las claras las intenciones de esta nueva colección.

"Un brindis al sol" porta algo de psicodelia con la presencia de los sintes y el slide. Pone un pie más en el blues o el rock de base, pero con cierta contención. La que fuera el primer adelanto, "La Voz", se apoya en poco más que el timbre vocal de nuestro protagonista junto con un contrabajo que le confiere serenidad y consigue emparentarla con obras tan trascendentes como aquel "Lágrimas Negras" de Bebo Valdés y el Cigala. Bunbury nos adelantaba en la nota de prensa de este lanzamiento que quería crear algo conducido por la vulnerabilidad de la voz y lo cierto es que el single comentado es la mejor muestra de ello.

Los adelantos de este "siglo anterior" terminan con la más ligera "La próxima vez no habrá próxima vez", una especie de baile de fin de curso añejo que mezcla México y Cuba con un gran resultado. Tras ésta nos queda más espacio para sorprendernos entre coordenadas muy similares, pero que consiguen que apenas perdamos el interés. Así, la canción titular es puro son cubano y "En el arcén" escuchamos también aires de tango, contando además con un solo de guitarra castizo. "La Cima" es una chacarera en la que destaca su fantástico estribillo de armonías elegantes. Estos terrenos, junto con "Zamba para olvidar", que también nos sumerge en los aires del Cono Sur con el uso del bombo legüero, ya han sido explorados anteriormente por este artista, pero no por ello dejan de interesar a los seguidores que buscan en Bunbury a ese atrevido explorador de los ritmos más populares. 

"Peor que como estamos, es difícil ya que estemos" es otro corrido marca de la casa, muy western, que nos retrotrae hasta la segunda parte de "Flamingos", donde Bunbury ya coqueteaba con esta música de frontera, valiente y criolla. De todo el disco quizá sea el momento en el que más suelto o cómodo vemos al zaragozano, destilando una interpretación con músculo muy convincente.

En "Un par de acordes, una mentira y la redención" predomina esa levedad cercana al jazz que le confiere también el estupendo contrabajo de Luri Molina. Es una de esas canciones que tan bien se le dan para cerrar sus discos. En este caso una tonada circense que nos lleva hasta los aires del Huracán Ambulante, pero donde la guitarra clásica del maestro Aracena y el acordeón del “reverendo” Rebenaque son los que la aderezan con gran gusto. En una canción como ésta encontramos la justificación que le lleva a volver a reunir a varios de los músicos del Huracán Ambulante, como ya hiciera en su última gira, con los Santos Inocentes, en lo que se ha convertido en una especie de banda-puente que une los dos mundos de Bunbury en ese "Nuevas Mutaciones Tour". Un título sugerente para una gira en la que se esperan nuevos trajes para sus clásicos así como grandes momentos conducidos por esa manera tan genuina que tiene para actualizar los ritmos clásicos latinoamericanos. Con ella volverá a recorrer el continente americano además de cerrar con tres fechas en España y confirmaremos el estado de gracia en el que vive el músico. En plena forma a pesar de encontrar cierta calma en sus nuevas composiciones. La calma que aporta la experiencia, pero que para nada le sume en un letargo acomodaticio. Todo lo contrario. Es más bien la constatación de encontrarnos ante un artista en plena libertad creativa. Entregado únicamente a sus impulsos y necesidades.

Podrá haber estado algo menos fino con este largo, o quizá haya exprimido en exceso la fórmula que le funcionó para el anterior (es cierto que no consigue captar tanto nuestra atención por repetir algunos modos), pero no podemos negar que de talento va sobrado, así como de inquietud. Cierto es que con "De un siglo anterior" ha conseguido retroceder a la sonoridad de aquel siglo, al sabor añejo que alumbraba la fusión entre la canción popular y el rock, pero a la vez posee esa fuerza propia de este siglo XXI en el que bien se asienta. Con paso firme, decidido y, como siempre, seguro de sí mismo y dispuesto a subir otro peldaño de esa empinada escalera que conduce a la gloria para ese elenco de artistas imprescindibles y eternos de los que hace tiempo forma parte por méritos propios.

Tesouro: "Creo que uno no hace la música que quiere, sino la que puede"


Por: Kepa Arbizu.

Fotografías: Aitor Uve.

Dando continuidad a una estirpe que tiene como episodios previos a Burgas Beat o La Cosecha Roja, el también crítico musical Carlos Rego hace de su actual proyecto, Tesouro, otro vehículo que entiende a la perfección que la melodía pop se puede rastrear en diversos ámbitos, sea la new wave, el rock americano o el Paisley Underground, enclaves que visitan las canciones de un nuevo trabajo, "No centro do mundo", que se perfila bajo un resultado sobresaliente. Una colección de composiciones que, alrededor de un concepto vitalista y reflexivo, presentan a la banda en un momento de forma tocado por una especial sinergia entre sus miembros, otorgando al álbum una comunión entre guitarras y armonías con destino a recorrer las diversas aristas que identifican y definen a este "tesoro" al que no no nos resistimos a interrogar sobre sus misterios. 

“No centro do mundo” es el segundo disco largo de vuestra trayectoria, en la que también se incluyen varios EPs, ¿qué tiene que suceder para decantaros por publicar un álbum u otro formato, es una cuestión solo del número de canciones o debe de haber un concepto global detrás? 

Carlos Rego: Algunos de los singles que hemos publicado son simplemente adelantos de un LP; otras veces alguna canción que pensamos debíamos grabar antes de meternos con un disco entero; otro EP fue por ejemplo una recopilación de encargos que nos han hecho para participar en recopilatorios… Yo sigo pensando que el LP es la mejor forma de presentar una colección de canciones, de hecho, sigue siendo la manera de juzgar la obra de los grupos, haya un concepto o no detrás. A los singles se les hace menos caso. Al menos, en ese mundo antiguo en el que nos movemos nosotros. 

Este es un disco que me transmite una amable melancolía, y lo hace desde diversos ángulos, da la sensación de que a través de estas canciones habéis buscado abarcar todo vuestro clima sonoro, desde el más intimista y evocador hasta el más impetuoso, no sé si era una cuestión predeterminada… 

Carlos Rego:  Continuando con lo que comentaba anteriormente, el concepto como tal no existe en este disco, al menos conscientemente, pero sí la intención de presentar todas nuestras caras. Somos un grupo tradicional, pero eso no quiere decir que no nos gusten muchas músicas diferentes. Nos gusta que las canciones suenen diferentes entre sí, que haya variación de sonidos y estados de ánimo. 

En esa disputa entre etiquetas globales, muchas veces el uso de la electricidad parece el detonante para diferenciar entre pop y rock, en vuestro caso siempre, ya sea con más fuerza o intimismo, parece que vuestra meta es priorizar y encontrar la gran melodía. 

Carlos Rego: Dar con una melodía clara, reconocible y, a poder ser, emocionante, es clave, pero a veces hay que saber apartarse y optar por reducir la riqueza melódica y apostar por una cierta inmediatez, menos rica y más intensa. Eso sí, solo una buena melodía no hace buena una canción, la letra y el envoltorio musical importan casi tanto. 

Quizás ese sea el contexto de, por ejemplo, la “costelliana” “Revisando os danos” o el crepitar de las guitarras a modo de Crazy Horse en “Tus llamadas”. 

Carlos Rego:  Precisamente de eso te hablaba... “Revisando os danos” no es muy brillante melódicamente, pero esa letra no lo necesita y tiene otras cosas, fuerza, electricidad, que encajan mejor. “Tus llamadas” tiene las dos cosas, creo. Las guitarras sí están muy inspiradas en Crazy Horse, pero es que la melodía parecía pedirlo a gritos. 

Me llama la atención que son, salvo alguna concreta excepción, las canciones cantadas en galego de este disco las que exhiben su carácter más bucólico y onírico, ¿hay una parte inevitablemente más paisajística cuando aflora la lengua gallega? 

Carlos Rego: Podría ser, pero tampoco es algo premeditado. Es cierto que es un idioma muy ligado a lo rural, pero ya hace años que eso está cambiando. Aunque lo hablo y escribo habitualmente, siempre me costó componer canciones en gallego. Hice algún intento en Cosecha Roja y nunca quedé contento, y hasta Tesouro no encontré la manera. De todas formas es algo muy instintivo, depende de cómo surja la primera línea de la letra. En este disco hay más canciones en gallego, en el siguiente podrían ser todavía más, pero también menos, no hay planes preconcebidos. 

Y hablando de “periferias”, hoy en día, en esta llamada aldea global donde se acortan los intermediarios, ¿sentís que estar en Galicia, fuera de la órbita de los (epi)centros desde los que se maneja la situación, llámese Barcelona o Madrid, sigue significando para el ámbito musical residir en la periferia y quedar relegado? 

Carlos Rego:  No tengo ni idea. Ya te digo que incluso aquí en Galicia, estamos en la periferia, pero a estas alturas es algo que ya no nos preocupa. Seguimos nuestro modesto camino y procuramos caminarlo de la mejor manera posible. 

¿Dirías que, aunque está clara vuestra filiación con los sonidos anglosajones, ser de Galicia, en vuestro caso, ha supuesto teñir esos sonidos de una marca identificativa? 

Carlos Rego: No lo sé. Aunque, sin ser expertos, nos gusta el folk y la música tradicional y algunas sonoridades se puedan colar, nuestra formación musical es indudablemente anglosajona. Lo que quizá sí nos marca, si no a nivel musical sí en cuanto al espíritu del grupo, es ser de Ourense, una ciudad muy particular que siempre ha estado al margen de la centralidad musical gallega, siempre más centrada en Vigo, A Coruña o Santiago, una periferia dentro de la periferia a la que no se hace demasiado caso. En los últimos años, también es una ciudad decadente en lo cultural, aunque con propuestas puntuales que tratan de mantener un latido subterráneo y testarudo, y lo consiguen sin tratar demasiado a los poderes públicos. 

Además del tono musical, la mayoría de las canciones giran en torno a la reflexión sobre la búsqueda de lo esencial, de sentir que uno ha encontrado el camino que debe recorrer, en este caso ajeno a la inmediatez y el trasiego al que invita la vida en la actualidad. 

Carlos Rego:  Has dado en el clavo. Ese es uno de los temas del disco, visto a posteriori. Supongo que la búsqueda de tu sitio en el mundo, más allá de carreras musicales, o literarias u otras chorradas poco importantes, un sitio físico y mental en el que estar a gusto, es una de las cosas más importantes en la vida de una persona. En eso estamos y sobre eso cantamos, cierto. 

Ese tránsito hasta alcanzar esa actitud de reposo reflexivo, tal y como se deriva de “La sombra de lo que fuimos”, no parece que haya sido un camino exento de muchos baches y golpes, ¿cuesta media vida casi comprender el camino que uno anda buscando? 

Carlos Rego: Los baches y los golpes son comunes a todos. Yo soy un tipo bastante afortunado, pero eso no quita para que haya perdido a personas muy cercanas desde bastante joven, por ejemplo y sin abundar mucho en el asunto, y eso tiene un gran reflejo en las canciones. De cómo aceptes los baches y los golpes depende tu bienestar mental, y si tienes suerte y sigues cumpliendo años, puedes y deber ir aprendiendo a afrontarlos. 

De hecho percibo, quizás erróneamente, que estamos ante un disco que a su manera me resulta muy terruño, ¿ese sentimiento de apego a Galicia es también parte de ese proceso de “centrarse en el mundo”? 

Carlos Rego: Más que a Galicia o incluso a Ourense, ese centro del mundo se refiere al lugar que ocupas en él. Se puede vivir apartado y al mismo tiempo sentir que ese lugar es para ti el centro del mundo, porque es el lugar en el que desarrollas tu actividad vital, que tu vida puede ser completa y satisfactoria sin necesidad de estar donde se supone que pasan las cosas. 

Hoy en día se habla mucho de salir de la zona de confort, vuestra música, y la actitud que desprende por ejemplo la letra de “Aprendiendo el oficio”, donde habláis de “adaptar la rutina a mi ritmo vital”, parece ir en dirección contraria... 

Carlos Rego: Absolutamente, eso de salir de tu zona de confort siempre me suena a cháchara de charlatanes, de gente que quiere venderte otra vida, o que quiere echarte la culpa de tus problemas. Lo mismo que lo de las “experiencias” que te venden los restaurantes chic, las agencias de viajes, el enoturismo, la inmersión en el rural… Una manera más de quitarte la pasta a cambio de humo. No es cuestión de vivir como una ostra, claro, pero yo necesito rutina, una rutina que me guste, por supuesto. Si no hay rutina no puedes romperla, que también está muy bien. 

Hay varias adaptaciones de poemas en el disco, ¿eran textos que os gustaban pero que sobre todo encajaban perfectamente en el sentido global del disco o incluso fueron ellos los que instigaron la idea central del álbum? 

Carlos Rego: En realidad, busco inspiración en donde puedo. No soy muy prolífico escribiendo letras y si puedo aprovechar algo que leo o escucho y me gusta, lo aprovecho. A veces es una línea que da pie a una letra, en esta ocasión fueron un poema de Karmelo Iribarren que adapté y amplié con su beneplácito, porque podría haberlo firmado yo sin problema, y otro de Lois Pereiro que llevaba muchos años intentando musicar y al fin di con la forma. Pero claro que encajan con algunos de los temas de mis canciones, como encaja perfectamente el poema al que puso música Dani, “Silencio de Ourense”, que encontró en el catálogo de un festival de poesía y del que no hemos podido averiguar el autor. 

También te dedicas a la crítica y literatura musical, ¿sientes que cuando estás sumergido escribiendo un libro ese contenido se traslada, incluso involuntariamente, a la hora de componer, o son dos ejercicios totalmente independientes? 

Carlos Rego: Pienso que no. Me gusta mucha música diferente a la que hago, y suelo escribir sobre cosas que no tienen nada que ver con Tesouro. Creo que uno no hace la música que quiere, sino la que puede, y que las limitaciones tienen casi tanta importancia como las capacidades. 

Supongo que ese pausado y reflexivo caminar sobre el que reflexiona el disco también influye en las expectativas musicales, ¿cuáles son las aspiraciones que bajo esa mirada habéis depositado u os gustaría alcanzar con este trabajo? 

Carlos Rego:  La primera y más importante, quedar satisfechos con el resultado, hacer justicia a las posibilidades que veíamos en las canciones, y eso creo que lo hemos conseguido. Con gran ayuda de Manu Sanz, por cierto. Después, gustar a los que lleguen a oírlo, que se hable bien del disco y defenderlo bien en directo. No es fácil que alcancemos un público masivo, pero significa mucho que los que nos escuchen disfruten del resultado. Por lo demás, de "Aquí conmigo" ya no nos quedan copias, así que aspiramos a despachar la (modesta) tirada de "No centro do mundo".

Laurie Wright: "El rock and roll me lo dio todo, y sigue haciéndolo"


Por: Àlex Guimerà.

Laurie Wright es uno de los nombres emergentes de la música británica. Con su tercer álbum "Power of 3" ha confirmado su capacidad de fusionar géneros y explorar sonidos con profundidad emocional. No es raro, pues, que haya ido captando la atención del público y la crítica, especialmente con su obra más reciente, “Power of 3”. Además, lo tendremos por nuestras salas el mes de abril- Valencia (22 abril, Loco Club), Madrid (23 abril, Sala B , Zaragoza (24 abril, Rock & Blues), Avilés (25 abril, Factoría Cultural) y Donostia (26 abril, Dabadaba)- , unas citas que no debería perderse ningún fan del rock británico. Nos atiende sonriente, amable y humilde, y descubrimos a un tipo muy inteligente y con las ideas muy claras. 

El año pasado actuaste en el Azkena Rock Festival, dejando una gran impresión entre el público. ¿Cómo fue tocar en un festival tan especial con nombres como Dinosaur Jr., John Fogerty, The Damned, Buzzcocks y Lucinda Williams? 

Laurie Wright:¡Fue increíble! Fue un honor que nos invitaran. Ese fue nuestro primer concierto en el País Vasco, y significó mucho llegar allí y ser tan bien recibidos. Había miles de personas en nuestro escenario, y poder tocar frente a tanta gente fue una experiencia única. John Fogerty es uno de mis ídolos, y estar en el cartel junto a nombres así fue impresionante. También fuimos a ver a John Lydon y a Public Image Ltd. tocar, y fue alucinante compartir el backstage con todos ellos. Incluso cenamos con la banda, no con John, pero sí con los demás miembros.

Nuestro batería se acercó a John para preguntarle si podía grabar un vídeo para su padre, que cumplía años. John Lydon le respondió con un clásico: “¡Que le den!”, justo lo que uno espera de él. ¿Qué más se le puede pedir? Fue genial, una experiencia increíble. ¡Tengo muchas ganas de volver a España en abril! 

Este pasado febrero empezasteis una gira europea. A finales de abril, pasará por diferentes ciudades españolas: Valencia, Madrid, Zaragoza, Avilés y San Sebastián. Tocaréis en España por primera vez en salas más pequeñas. ¿Qué diferencia veis entre tocar en salas pequeñas y en festivales, por ejemplo? 

Laurie Wright: Siempre hago exactamente lo mismo: simplemente hago lo que sé hacer. No cambio nada por mi parte, ya sea para una sala pequeña o un gran recinto. Siempre he sido músico callejero, así que tocar en la calle es lo mismo para mí. Incluso si no hay nadie mirando, sigo haciendo lo mismo.

Es el mismo enfoque, aunque no necesariamente lo mismo. La diferencia principal es que en locales pequeños es más difícil: hay menos espacio, el escenario está más apretado y estás muy cerca de todos. Eso hace que puedas conectar de forma más personal con el público. En los grandes conciertos, la gente intenta hablarte entre canciones y es imposible oírlos, porque hay otras 2.000 personas intentando hacer lo mismo. En cambio, en un local pequeño, si alguien está muy cerca y te dice algo, puedes entablar un pequeño diálogo. No suelo hacerlo demasiado, porque se vuelve un poco caótico, pero es bueno que exista la opción. Evidentemente, los conciertos pequeños son mucho más íntimos y ofrecen más oportunidades de conocer a la gente después.

Me siento mal si no puedo saludar a todos los que quieren conocerme antes de irme. A veces sé que había alguien que quería acercarse y no pudimos, porque teníamos que seguir nuestro camino. Pero cuando hay 200 personas, o incluso 1.000, normalmente puedes conocer a todos los que quieran hacerlo al final del show. Creo que es muy importante y, además, lo disfruto. No lo veo como un trabajo; esa parte de los conciertos me encanta. 

En vuestro último concierto en Azkena Rock, mucha gente descubrió vuestra música y creo que con esta próxima gira será igual. ¿Crees que fuera de Inglaterra tienen que descubrir vuestra música? 

Laurie Wright: ¿Fuera de Inglaterra? Creo que, de hecho, es más fácil para una banda o artista como yo ser reconocido fuera de Inglaterra que dentro. El rock and roll, en particular, es una de nuestras grandes exportaciones. Cuando creces con él en Inglaterra o en Gran Bretaña en general, es la norma, pero no necesariamente lo es, y quizás sea un lujo en Europa, en España, Francia, Alemania, dondequiera que hayamos estado. 

Hemos descubierto que la gente es más receptiva en Europa que en casa. Nos va bien en casa, es bueno, pero nos va muy bien en Europa, lo cual es genial. Creo que es más fácil, quizás el público europeo esté más dispuesto a descubrir tu música que el público británico. 

Muy interesante. Has sido elogiado por gente como Rod Stewart, Liam Gallagher o Pete Doherty, y para este último habéis sido teloneros de The Libertines. ¿Sientes alguna responsabilidad por eso? 

Laurie Wright:¿Alguna responsabilidad? ¿A qué te refieres? 

Me refiero a que son historia del rock and roll británico y esos elogios son como si de alguna manera te pasaran el testimonio. 

Laurie Wright: No siento presión. Simplemente me alegra que mis héroes disfruten de mi música. Conocí a Rod Stewart el fin de semana pasado; me invitó a la fiesta de lanzamiento de su whisky “Wolfie’s”. Lo conocí y fue totalmente normal, sin presión ni nada parecido. Siento lo mismo cuando hablo con Pete Doherty, porque abrimos para Babyshambles y The Libertines. Todavía no he conocido a Liam Gallagher, pero seguro sería igual. No siento la responsabilidad de “hacer justicia” a mi trabajo, porque esto es todo lo que he hecho. Si acaso, es un alivio recibir el reconocimiento de mis héroes y compañeros. 

Personalmente, creo que tu último álbum es sensacional. Es un gran trabajo que combina diferentes estilos: punk, pop rock, rhythm and blues, soul, reggae e incluso hip hop, sin perder tu sonido único. ¿Cómo lo logras? 

Laurie Wright: Cuando hago algo de hip hop, reggae o ska, estilos que son un poco diferentes a lo que suelo hacer, mi objetivo principal es no pretender ser un artista de esos géneros. No intento fingir ser un artista de hip hop ni de ska; simplemente sigo mi propio estilo, tomando influencias de esos géneros. Creo que ahí es donde muchos músicos se equivocan: quieren sonar a hip hop y terminan fingiendo algo que no son, y no termina de funcionar.

Es una línea fina, pero nos mantenemos fieles a nosotros mismos y grabamos de la misma manera que tocamos en vivo: todos juntos en la sala, sin click track, sin auto-tune. Después hacemos algunas sobregrabaciones, pero siempre con el mismo enfoque y el mismo productor. Hasta ahora hemos trabajado con Mitch Ayling, el baterista de la banda de soul The Milk. Él es nuestro productor; de hecho, yo lo coproduzco con él y luego él se encarga del diseño final. Pero el enfoque siempre es el mismo: no pienses demasiado, haz lo que sabes hacer y, si incorporas otros estilos, asegúrate de que sigas siendo tú mismo. 

Me encanta la canción de apertura "My Rock and Roll". Creo que es una canción de amor hacia el rock and roll. ¿Qué te ha dado el rock and roll? 

Laurie Wright: Me lo ha dado todo. Desde el deseo de tocar la guitarra, hasta el impulso de rebelarme y hacer algo diferente. Me enseñó a no conformarme con un trabajo de 9 a 5 ni con ser como todos los demás, y de repente me abrió una salida donde puedo hacer lo que quiero. Esa libertad me ha traído amor, mucha felicidad y placer… todo lo bueno. Realmente, el rock and roll me lo dio todo y sigue haciéndolo. 
 "Picking Up The Pieces Of My Mind", realizas una interpretación vocal impresionante y para mí es una canción soul perfecta, ¿de qué salió esta canción? 

 Laurie Wright: Surgió en un período muy difícil de mi vida, hace unos dos años. Mentalmente estaba luchando mucho, aunque ya estaba limpio y sobrio de drogas y alcohol. Pasaba mucho tiempo en la cama, navegando por el teléfono, sin salir de casa, prácticamente siendo un recluso. Fue un momento muy complicado para mí.

La canción trata sobre eso: recoger los pedazos de mi mente, mirar hacia atrás a toda la adicción, el alcoholismo, y reconocer que soy mucho mejor de lo que era entonces, pero que aún no soy perfecto. Espero que, cuando me acerque a los 40, haya resuelto todo esto. En el segundo verso hablo desde la perspectiva de alguien que está cerca de los 40, con una mujer que lo adora. Se trata de mirar atrás a los 20 años, a los momentos difíciles con drogas, alcohol y experiencias cercanas a la muerte, y reconocer que ahora, a los 30, las cosas están mejor. Aun así, todavía queda camino para ser más feliz y estar más centrado. La idea es que, al llegar a los 40, espero haberlo logrado… y creo que estoy cerca de ello. 

Mi canción favorita del disco es "The Promoter", con su sonido perfecto de Rhythm and Blues, que me recuerda a Dr. Feelgood y bandas de ese estilo. ¿La canción está dedicada a algun promotor en particular? 

Laurie Wright: No, no está dedicada a ningún promotor en particular, pero sí refleja una experiencia concreta. No he tenido este problema en Europa; lo he vivido en casa, en Gran Bretaña, con personas que se hacen pasar por promotores. Básicamente son gente que no sabe lo que hace y que se aprovecha de bandas y artistas jóvenes para estafarlos.

Es muy común en Inglaterra: tienes que comprar las entradas y venderlas tú mismo. El promotor no hace nada, no promociona los conciertos y se queda con todo el dinero. Muchas veces no se cubre nada para el artista: ni alojamiento, ni transporte, ni comida ni bebida. Y a pesar de que se han vendido muchas entradas, los artistas no reciben nada. Es un problema enorme en la industria musical británica, y casi nadie habla de ello. Pensé: “Bueno, voy a decir algo sobre esto. Un día quiero formar parte de una industria musical británica donde esto no ocurra”. Por eso quiero dirigir una empresa de promoción de manera justa: asegurarme de que las bandas reciban su pago, que todo funcione correctamente y que los conciertos terminen con todos felices.

Ahora mismo, como banda joven en Gran Bretaña, el streaming genera muy poco dinero. La única oportunidad real de ingresos es a través de los conciertos en vivo, y esa oportunidad a menudo está secuestrada por estos promotores que, honestamente, no son promotores: son ladrones. Muchas bandas creen que tienen que pasar por ellos, pero no es así. Les digo a las bandas: podéis reservar los lugares vosotros mismos, vender las entradas y quedaros con el dinero. Haced crecer vuestro público, repetid el proceso y, eventualmente, los buenos promotores reales se interesarán por vosotros.

No todos los promotores son malos, claro; hay algunos muy buenos, pero diría que alrededor del 95% en Gran Bretaña son personas poco fiables. Así de simple. 

Una reflexión muy alarmante. Hablas de tu incursión en el hip hop en la canción "Rave Now On Your Way" con la ayuda de RUDI. ¿Cómo surgió la idea de incluir el hip hop en tu álbum? 

Laurie Wright: La canción empezó como una especie de reggae con influencias de hip hop, y había una sección después del segundo estribillo en la que hacíamos una improvisación dub. “Rave Now On Your Way” se volvía realmente dub, con un montón de ruidos y efectos, aunque duraba lo mismo que una estrofa.

También pensé que la canción podía funcionar como una conversación entre dos hermanos. Cuando la escribí, mi hermano mayor solía hablarme sobre lo mal que me comportaba y cómo debía cambiar mis hábitos con las drogas y el alcohol. Esa conversación se reflejó en la canción; de alguna manera, es como un diálogo entre mi yo más joven y mi yo actual.

Conocía a RUDI, que es un gran artista de hip hop, así que le pregunté si quería participar en la tercera estrofa. Escribió la estrofa perfecta de inmediato y me la envió. Yo dije: “Sí, eso es increíble, vamos a grabarla.” 

La primera parte de la canción me recuerda al sonido de The Clash. En tu música veo muchas influencias: antes hablabas de Johnny Lydon (Johnny Rotten) y noto también mucho del sonido de Sex Pistols. Pero también percibo influencias de otras bandas clásicas como The Jam, The Who o Small Faces, además de grupos más modernos como The Libertines. ¿Hay otras bandas, aparte de las que mencioné, que te hayan influido mucho? 

Laurie Wright: Sí, muchas. Por ejemplo Oasis y The Beatles. También Sixto Rodriguez, el cantautor de Detroit, que fue una gran influencia para mí; me encantan sus canciones. Y por supuesto Bob Dylan. Pero también tengo otras influencias distintas. Cuando era adolescente escuchaba mucho grime, como Dizzee Rascal. Su primer álbum, "Boy in da Corner", realmente me hizo querer escribir letras. Algo parecido me pasó cuando escuché a The Streets en esa misma época. Mike Skinner es un gran letrista y es genial verlos de gira nuevamente. 

¿Y qué guitarristas te han influenciado más?

Laurie Wright: Patrick Walden, el guitarrista de Babyshambles, que tristemente falleció el año pasado. Fue un verdadero héroe anónimo de su generación y merecería haber sido reverenciado de la misma manera que lo ha sido Jack White, que es otro guitarrista que me encanta. También el gran Jimi Hendrix y Steve Marriott. Creo que Noel Gallagher es muy bueno eligiendo las notas, aunque no siempre recibe muchos elogios como guitarrista. Su estilo es muy melódico y tiene solos muy bien pensados, como el de "Live Forever". También me han influido otros guitarristas como John Squire, Johnny Marr, Alex Turner, Albert Hammond Jr. y Carl Barât. Carlos es un guitarrista increíble y además un gran tipo. Ha sido una muy buena influencia para mí. 

Empezaste a hacerte popular tocando en Camden. ¿Cómo de importante fue la escena de Camden en tu evolución musical? 

Laurie Wright:Lo fue todo. Allí empecé tocando en la calle cuando era un niño, con una guitarra acústica, sentado en el suelo. Y ahora estamos aquí con toda la banda, con carteles, batería, amplificadores y todo lo demás. Tocar en esas esquinas para gente que pasaba al azar marcó muchísimo mi vida. Con el tiempo empezó a venir gente no solo de paso, sino expresamente a vernos y a preguntarnos cuándo íbamos a tocar. Así que sí, Camden lo es todo para mí. 

He leído que has escrito más de 300 canciones ¿es eso cierto? ¿Y cómo es el proceso de composición? 

Laurie Wright: El proceso de composición es diferente cada vez. A veces empieza con un poema que puedo escribir en mi teléfono; otras veces me siento con la guitarra o el piano, encuentro una melodía y unos acordes, y a partir de ahí empiezo a trabajar las letras. Normalmente no planeo escribir: la inspiración llega de forma espontánea. Hay ocasiones en las que no escribo nada durante meses y, de repente, en un solo día puedo componer tres canciones, y además buenas. En definitiva, cada vez es un proceso distinto, y eso es lo que lo mantiene interesante. 

En el año 2023 debutaste con "Get On The End Of It!", al año siguiente lanzaste " We're Only Warming Up" y este año pasado tuvimos "A Power of 3". Hablamos de un álbum por año. ¿Habrá un nuevo álbum en el año 26? 

Laurie Wright: Sí, se llama "Cheers Drive" y sale el viernes 2 de octubre. Ese será nuestro próximo álbum. 

Por cierto, me he dado cuenta que es muy difícil comprar tus discos en España, en tiendas de discos. ¿Cómo ves el panorama actual de la venta de discos? 

Laurie Wright: Creo que es una nueva era en la distribución de discos. En nuestros conciertos tendremos discos a la venta. Pero también se pueden conseguir online - en lauriewright.co.uk o en Instagram en su biografía lauriewright.co.uk - y luego los enviamos, pero los traemos siempre en las giras. Ese es el futuro de la venta de los discos. 

  Una última pregunta, ¿crees que los jóvenes músicos de rock lo tenéis más difícil porque no son buenos tiempos para el rock? 

Laurie Wright: Sí, ha sido más difícil para los jóvenes músicos de rock, porque durante un tiempo las discográficas dejaron de interesarse por el género. Desde 2008 ha habido un lento declive del rock and roll en la corriente principal. Sin embargo, también ha habido un crecimiento real de la ruta DIY (“Do It Yourself”, o “hazlo tú mismo”). Nosotros no estamos en una discográfica, y eso nos da una gran libertad creativa. También existe una lucha real por salir adelante que alimenta la creatividad, el ethos punk y el espíritu del rock and roll: no tenemos nada, así que hagamos algo. Creo que hay cosas buenas y malas en eso. Por un lado, ha habido un enorme impulso en la escena underground del rock and roll, punk y new wave; por otro, a veces puede volverse un poco superficial. 

Aun así, están pasando cosas interesantes: por ejemplo, mis queridos amigos The Molotovs han alcanzado el número 3 en el Top 40 oficial del Reino Unido y están de gira por España, Europa y América. Nosotros también estamos haciendo algo parecido. Así que sí, es posible: algo está ocurriendo de nuevo, y es genial verlo. El futuro parece brillante para el rock and roll. Creo que el rock volverá a los jóvenes; de hecho, ya está empezando a pasar.

Destellos de soul: La noche en la que Eder Portolés iluminó el Tempo Club


Templo Club, Madrid. Jueves, 9 de abril del 2026.

Texto y fotografías: Sendoa Bilbao.

Quizás sea el exceso de luz, ese resplandor insolente que aún bosteza sobre las terrazas que mueren cuesta abajo hacia los dominios de la Gran Vía, lo que termina por descolocar el pulso de la noche. Son pasadas las nueve de un jueves de abril y el reciente cambio de hora parece haberle robado al crepúsculo su vieja liturgia de sombras naranjas y púrpuras. En la puerta de la Sala Tempo, el templo musical donde hoy se anuncia su nombre, nos encontramos con Eder Portolés. Al fundirnos en un abrazo, la encuentro radiante, habitada por una calma que desafía la lógica del debutante. Porque conviene no llamarse a engaño: aunque hoy ponga de largo “E-Motion”,su primer EP aquí en Madrid, Eder no es una recién llegada. Su temple es el de quien ya ha quemado suelas en bares y escenarios de todo pelaje, desde el circuito jazzy más íntimo hasta el rugido del directo locales y salas de Euskal Herria. No detecto ni un ápice de nerviosismo, a pesar de que restan apenas veinte minutos para el estruendo.

Al entrar en el Tempo Club, la luz de la calle queda olvidada. Nos hundimos en la penumbra de esta preciosa sala donde reconozco, entre columnas y sillones, voces amigas y familiares ocupando sus puestos. Somos unos sesenta elegidos. En la puerta, custodiando la mesa donde esperan el CD y el vinilo, ejercen de anfitrionas la madre y la hija de Eder. Allí mismo, mientras Luna baila antes de que empiece la música, me introducen en la historia: la música en Eder es una cuestión de linaje. Me cuentan que su bisabuela fue cantante de ópera y zarzuela; que su abuela fue “tiple”, de aquellas cómicas que escoltaban a las vedettes. Su aita también canta y toca la guitarra. Siempre hubo música en su casa, sonaban cantautores, soul, folk y Eder y su prima, en un alarde de precocidad creativa, solían asaltar la paz del postre con espectáculos improvisados, coreografías del azar que arrancaban la sonrisa de la familia.

Nos acomodamos. Las luces se encienden y los músicos ocupan su lugar: Jose Gallardo al saxo, Carlos Velasco a la guitarra, Israel Santamaría al piano, Kepa Calvo a la batería y Johnnatan Álvarez al bajo. Una atmósfera ligera y densa a ritmo de latin jazz empieza a pintar las paredes de la sala. El saxo de Gallardo abre el camino y presenta a Eder Portolés sobre las tablas. Eder toma el micro y presenta a su banda, esos marinos del norte que traen el salitre en el sonido. Fiel a su empeño de visibilizar a las grandes creadoras, como desde hace tiempo hace en “Sintonizadas”, su programa de radio en Vinilo FM que celebra la música en femenino, ofreciendo un espacio donde se destacan las voces y las historias de las artistas que crean y dan vida a la música. Sobre el escenario lanza un órdago de entrada invocando a Gladys Knight con "I’ve got to use my imagination", que también puede escucharse en el álbum. No es fácil empezar así, midiéndose con las divas, pero el público muerde el anzuelo desde la primera nota. La banda se mueve como una gran locomotora y Eder, al frente, transporta una voz sincera en los tonos bajos que despierta nuestras cavidades auditivas, conectando los polos para enviar electricidad a unas piernas ya imposibles de parar.00

Tras hablarnos de la importancia de la imaginación y de crear espacios seguros para la infancia, lejos de la hostilidad y la violencia, Eder mueve los engranajes del tiempo hacia su propia niñez con "Lovely Girl", . El saxo de Gallardo nos mete de lleno en el celuloide de la canción. La voz de Portolés vibra como el papel al final de cada estrofa, dejándose llevar por un viento en espiral en este ritmo lento y elegante que va cogiendo "grasa" y furia según avanza, otorgando fuerza y libertad a la niña que todos fuimos.

El escenario se transforma luego en un lugar de encuentro. Sube Nur, cantante, compositora y vocal coach, con quien Eder entabló una amistad de hierro durante la pandemia. Por fin se "tridimensionalizan" para cantar "You’ve got a friend" de Carole King. "Ella es una verdadera amiga", dice Eder. Nur, emocionada, despliega una cascada de voz que inunda la sala. Eder responde frase a frase, abrazándola con la sensibilidad de esta magnífica letra. Dos divas derrochando presencia vocal. Emocionante.

Sin tiempo para recobrar el aliento, llega "Luz de Luna", dedicada a su hija, Luna "desde lo más profundo". El teclado de Israel Santamaría inicia un groove y la voz de Eder me recuerda al pulso de Leonor Watling en sus últimos canciones con Leo Sidran. El ritmo de Kepa Calvo juega con una melodía de quiebres y curvas que nos lleva saltando de nube en nube por un pasadizo donde la pequeña Luna se abre camino hasta el escenario para saludar a su amatxu. Eder se agacha y le dedica los últimos versos: "ya no necesito hablar, solo mirar en ti, en mí, me podrás cantar".

El show sigue vibrando con una banda perfectamente engrasada. Nos traen ese soul de club, ese blues de callejón de Syreeta Wright con "To Know You Is To Love You". Es pura fiesta. Es tremendo ver cómo se devuelven la mirada los músicos, cómo sonríen, se pasan la pelota, se lucen y bailan. Eder sale de escena para dejarles brillar. Carlos Velasco demuestra por qué es el rey de las cuerdas, pasando el relevo a cada uno para volver al origen en una exhibición instrumental que culmina con "Jr Mister Magic", celebrada por aplauso y silbidos de un público ducho que sabe lo que tiene delante.

Eder regresa con un elegante cambio de vestuario en blanco y negro. La banda se retira a descansar y solo queda Israel Santamaría, dejando caer las notas del piano como canicas en el suelo para introducir la preciosa "Badakit". Cantada en euskera, Eder nos cuenta que, aunque sepamos las consecuencias, muchas veces volvemos a dejarnos caer, sabiendo lo que nos espera: Mismos planes, idénticas estrategias.. Aquí tensa y afloja su voz como una cuerda de guitarra, subiendo y bajando en un alarde de control, potencia y delicadeza.

En el tramo final, con el público en un puño, la banda vuelve para hacer girar la bola de espejos con "Let´s Stay Together", ejecutada con una precisión que nos teletransporta a los 70. Empasta perfectamente con "Deeply", otra de las magníficas piezas compuestas por Eder Portolés, que arranca lenta pero sube hasta hacer saltar al público, que se viene arriba coreando un estribillo que es pura reivindicación del sentir hasta las últimas consecuencias.

Aún queda espacio para la versión de la mítica "Natural Woman", que Eder reivindica desde la autoría de Carole King. Y para poner la guinda, sube al escenario Juan Ortiz, que ha acompañado a Eder en su promoción estos días. Israel y Juan comparten teclas a cuatro manos en "Street Life", recordándonos que la luz a veces brilla más fuerte cuando se refleja en los charcos de la calle. El groove nocturno y el ritmo sincopado nos llevan de vuelta a la mezcla de Chic y Kool & The Gang. Termina el show y la música nos da otra lección.

Eder Portolés ha demostrado que posee la arquitectura necesaria para sostener el peso de la historia: ha utilizado su fuerza vocal, su libertad creativa y un valor que solo tienen quienes se atreven a desnudarse sobre las tablas para fusionar su elegancia y buen gusto con el legado de las grandes divas del soul y el blues. Arropada por una banda que mueve las ruedas del mundo con precisión rítmica, ha logrado lo imposible: convertir el último rastro de luz del día en la esencia más pura y vibrante de la noche.

Este concierto marca el inicio de una cartografía nueva; esa contaminación de alma y ritmo que te deja el pulso cambiado para patear el asfalto madrileño con otra cadencia, con otra urgencia. La música de Eder Portolés es una necesidad biológica en estos tiempos de ruido estéril: convertir el silencio y la oscuridad en brillo, luz, estilo, juego, elegancia y fiesta. Vayan a verla, déjense golpear por esa verdad antes de que el mundo se vuelva más sordo.

Mientras subo las escaleras del Tempo Club, con el eco del saxo todavía enredado en los pulmones y esos estribillos de Portolés que se niegan a abandonarme, comprendo que la la ciudad nos espera con un guion todavía por escribir y siento que la noche nos guiña un ojo con su luz oscura.

Alba abre “la puerta del ayer” para entregar “Flores para Antonio”, de Elena Molina e Isaki Lacuesta.


Por: Guillermo García Domingo. 

El reconocimiento que en la última edición de los premios Goya recibió la hermosa canción original que hicieron Silvia Pérez Cruz y Alba Flores para este documental (aparece en los créditos) es uno de tantos argumentos a favor del interés musical de este destacado retrato de Antonio Flores, dirigido por Elena Molina e Isaki Lacuesta. Este último vuelve a dedicar su atención a la vida y la obra de un músico, como ya hiciera en la también premiada, “Segundo premio” (sobre la trayectoria inicial de Los Planetas). La familia Flores es una de las sagas musicales y artísticas (la faceta de la interpretación no debería subestimarse) más importantes de nuestro país, no solamente por culpa de la influyente matriarca, Lola Flores, sino debido a Antonio González, el Pescaílla, quien también fue un personaje decisivo en los derroteros de la rumba catalana. 

No hay nada más legítimo que el derecho de una hija a conocer de veras a su progenitor fallecido de forma prematura cuando Alba solamente tenía 8 años y su padre 33. Esa búsqueda es el propósito principal del documental. Alba busca a un padre extremadamente sensible e inquieto y descubre a un músico visceral. El acento musical de la película, se puede ver en la plataforma de Movistar +, es congruente con la principal vocación del hijo pequeño de la familia Flores, aun cuando su existencia fuera errática en ocasiones debido a las adicciones y recaídas que sufrió a lo largo de su trayectoria. Antonio estaba dotado especialmente para el rock y el blues, el documental lo demuestra indiscutiblemente. Y lo acreditan Sabina y Ariel Rot, cuyas intervenciones, como las de los músicos y productores, resultan reveladoras en el documental. El vídeo casero en el que la pequeña Alba y él balbucean un blues otorga a este documento audiovisual un valor excepcional, no solamente para la propia actriz y cantante, quién sabe, sino para el público en general.

Participó al igual que sus padres y hermanas en varias películas. En una de tantas, dirigida por el imprescindible Eloy de la Iglesia, titulada “Colegas”, el cantante interpreta un blues de forma excelsa: “Lejos de aquí”, y en su primer disco, “Antonio”, incluyó otro blues, “El fantasma de Canterville”, compuesto por los argentinos Sui Generis y Charly García. Este blues de los setenta afirma en primera persona: “He muerto muchas veces acribillado en la ciudad, mejor ser un muerto que un número que viene y va”. Es un estremecedor y preclaro epitafio enunciado varios años antes de su fallecimiento.

Y es que las circunstancias de este desgraciado hecho fatal se afrontan con notable honestidad y sin falso pudor, tal y como aconseja el filósofo Montaigne a la hora de tratar estos asuntos de la postrimerías de la vida. La familiaridad con la muerte atenúa el miedo y desactiva la morbosidad que suele acompañar a la muerte de personajes populares. Un año antes, el 24 de mayo de 1994, de su desaparición, Antonio había publicado un disco extraordinario, “Cosas mías”. Lo grabó animado por el éxito comercial y el reconocimiento musical de “De ley” de su hermana Rosario. La mayoría de las canciones las compuso el propio Antonio.

Seguramente no soy el único que encuentra muchas similitudes, fisionómicas, musicales y existenciales entre Antonio Flores y Ray Heredia. A ambos genios les echamos de menos por igual.

Tito Ramírez: "Sonido conquistador"


Por: J.J. Caballero. 

La verdadera religión de Tito Ramírez al frente de Sus Reales es la misma a la que deberíamos encomendarnos, oración correcta mediante, muchos de los que pensamos que géneros como el mambo, el cha cha cha, la descarga, el swing, el boogaloo, el latin soul o incluso el folclore hispano más conectado con los sones de ida y vuelta son el principal motivo de renovación de fe en la música más viva e interplanetaria. 

El andaluz ha vuelto a implicar a sus músicos en una grabación, la tercera de su trayectoria, realizada en riguroso directo y a pleno engrase bajo la dirección de Oscar Martos y una amplitud de medios y logística más ajustada a sus propósitos. Si en las dos entregas anteriores ya se asentaban las bases de un sonido orgánico y expansivo, anclado fielmente en una latinidad aprendida y trabajada durante largo tiempo y diversos escenarios, ahora el líder decide centrarse en ritmos tropicales para acercarlos a la tradición autóctona marcada por la rumba y la copla como referentes básicos.

Son los metales –saxofones y trompetas como motores de un sonido exuberante- los que marcan el ritmo y el sabor a especias bailables en la apertura de “A man wizz a plan”, una declaración de ideario instruido en la herencia afrocubana y cultivado en las cuitas del desamor, más patente aún en “Qué será, qué será”, avisando sin condicionamientos de las características de un disco que seduciría sin remedio a los jóvenes habituales de los sonideros mexicanos o los clubs colombianos en los que la modernidad se fusiona con la tradición. 

Tito Ramírez y su orquesta moderniza el mambo de las viejas orquestas de Cuba, cuando los órganos y teclados diabólicos marcaban el compás, en “Santitos y diablitos”, suda sangre de pop latino a lo Víctor Coyote en la arrebatadora “Cachito de cachopo” y rastrea vínculos insospechados, como los arrebatos de blues primitivo en el piano de “Mi devilidad”, bajo el auspicio de Héctor Lavoe y otros maestros avezados en la historiografía sonora del rock mestizo. Sin ir más lejos, Willie Colón y el reverso socio-político de su música, presente en “Ave Lucifer” o “Príncipe de las tinieblas”, para que no se piense que su propuesta es puramente lúdica. Una erudición sintomática en las congas, los coros y la electrificación de las guitarras soneras en “Mentiras” y en la colorida guajira que es “Verdadero o real” demuestran que no estamos asistiendo a un mero ejercicio de estilo, sino a una labor paciente y concienzuda de fricción entre sonidos que son primos hermanos sin que nos estemos dando cuenta hasta ahora. Hasta el psicobilly, de base tan ajena a las corrientes transoceánicas, es elevado a una supuesta pista de baile multicultural en plena ebullición.

“Sonido conquistador” es un disco que suena justamente a eso, a (re)conquista artística, a reválida definitiva de un territorio sonoro que, sin estar ni mucho menos huérfano de opciones apetecibles, sigue representando una especie de tabú para quienes se empecinan en delimitar el campo abonado de la música latina y reducirla a algo que en verdad es mucho más grandioso que cualquier ritmo de procedencia anglosajona. La sustancia es la clave.