Eric Gales: "Middle of the Road"

Por: Txema Mañeru 

El magnífico sello Provogue del Mascot Label Group cuenta con la flor y nata del blues eléctrico del momento. Quizás sea, junto a Alligator Records, el mejor sello actual de este inmortal estilo. Para él graban muchas de las figuras más consagradas, pero al mismo tiempo también guardan un gran espacio para muchos de los prodigios jóvenes de las seis cuerdas del nuevo milenio. Es el caso de algunos ya reconocidos como el gran Joe Bonamassa, Robben Ford o Kenny Wayne Shepperd, aunque también algunos destacados hachas que casi no alcanzan la mayoría de edad como Aaron Keylock o un Quinn Sullivan que ha publicado su tercer disco en marzo con tan solo 17 años, titulado "Midnight Highway" y con la producción del prestigioso y ganador de un grammy Tom Hambridge. Este muchacho ha sido apadrinado por el mismísimo Buddy Guy y para el nuevo trabajo le ha prestado sus músicos entre los que destaca el guitarrista Rob McNelley. También deja su gran huella Reese Wynans, que fuera teclista de los Double Trouble de Stevie Ray Vaughan. ¡Tienes que escuchar a este joven prodigio!

 El caso de Eric Gales puede estar en una generación intermedia entre la de Bonamassa y estos tiernos pero prometedores Quinn Sullivan y Aaron Keylock. Comenzó a tocar la guitarra con cuatro años y siendo todavía un chavalín tocó en el Woodstock del 94 con Carlos Santana. Por cierto que está considerado uno de los mejores guitarristas del mundo tanto para el propio Santana como para su compañero de sello Joe Bonamassa. Otro tanto opinan Dave Navarro, Eric Sardinas y así lo vio también el mismísimo B.B. King

Aunque comenzó en el 91 con The Eric Gales Band lleva ya años bajo su nombre en solitario y los últimos cuatro discos han salido bajo el sello Provogue. A los 4 años, siendo un niño, ya participó en competiciones de guitarristas. Sus influencias principales fueron Albert y B.B. King y Jimi Hendrix. Un Hendrix al que versionó en un buen disco tributo al igual que hizo de manera magistral con el "Sunshine of your love" de los Cream. En “Middle Of The Road” vuelve a mezclar blues eléctrico con funk, soul y puro rock. De hecho comienza entre funk y rock al estilo de Andre Williams en un trepidante "Good time" con coros femeninos de regusto funk. Sorprende el leve ritmo reggae de "Change in me (The rebirth)", de nuevo con toques funk y guitarras con sabor a Hendrix. 

Gary Clark Jr. colabora en un "Boogie man" que ya puedes imaginar por dónde circula. En la estupenda "Help yourself" quien deja su sello es Christone “Kingfish” Ingram. Entre ambos logran un gran aire a los ZZ Top y tenemos unos finísimos punteos y destacada armónica. En "Repetition" quien aparece es su hermano Eugene Gales quien se marca un insinuante funk en el que Eric se sale también con el bajo, instrumento que  domina y  toca a lo largo de todo el trabajo. Otro momento especial es "Help me let go",  emocionante lento acústico pero con exquisitos punteos eléctricos. Se despide con "Swamp", una exhibición a la guitarra con swamp blues pletórico y acorazado. ¡Somos legión los que no entendemos cómo no tiene una fama y popularidad mucho mayor!

Entrevista: The Soul Jacket

Nuestro sello personal es ir saltando de estilo en estilo con un nexo común, pero con total libertad”

Por: Sergio Iglesias  

“Volume III” es el título que han dado The Soul Jacket a su nuevo disco, un trabajo que demuestra que nos encontramos ante una de las mejores bandas del rock estatal, capaz de pasar por todos los sonidos de la música americana creando, no obstante, un estilo particular y propio. Si con “Wood Mama” nos sorprendieron y con “Black cotton Limited” confirmaron la calidad que tenían, con el EP “Soul BBQ” y, sobre todo, con este “Volume III”, nos han conquistado definitivamente. Para la realización de esta joya han contado de nuevo, como ya es habitual, con la ayuda de Hendrik Röver en la producción, en los coros y metiendo algunos instrumentos…un auténtico lujo para un lujo de banda.

Habéis grabado este “Volume III” de nuevo en Guitartown, que es ya como vuestra segunda casa… 

Toño: Eso es, hemos vuelto con Hendrik y es como volver de visita a ver a nuestro padrino, es todo muy familiar, hay muy buen rollo. La intención era, sobre todo, volver a buscar a Hendrik como productor, como músico y como arreglista y, aparte,…¡lo a gusto que se está allí!

No hay disco que produzca en el que Hendrik no acabe tocando algo ¿no? 

Toño: Sí. Al final, como te digo, buscamos eso porque hay temas donde decimos “aquí molaría un dobro o un pedal steel” y, como sabes que él toca de todo, pues lo aprovechas. La verdad es que puedes contar con él y nunca te va a decir que no, siempre está encantado de echar una mano. De hecho, sales del estudio por la tarde y al día siguiente ya tienes grabado su instrumento, es un tío eficiente y es un lujo añadido poder tenerle con nosotros.

En este tercer disco todavía habéis dado una vuelta de tuerca más a vuestro abanico estilístico, en el que parece caber de todo… 

Toño: En realidad todo está englobado en la música americana que proviene del blues. Sí que tocamos más palos como, por ejemplo, el country, el country rock más del estilo Grateful Dead o The band y, a lo mejor, sí que hemos tirado un poco más por ahí esta vez. Después del EP “Soul BBQ” en el que nos metimos a tope en la piel negra, aquí tiramos más hacia esas praderas del country y la música americana. Pero, más o menos, es el estilo que hemos estado sobrevolando siempre, dentro de ese mismo estilo del blues y del rock and roll. A veces nos apoyamos más en un lado y otras en otro, pero al final la esencia es la misma, son diferentes ramas de un mismo árbol.

Como demostración de esa variedad sorprende especialmente “Mare in The Night” un tema en dos partes con una primera muy hard rock y una segunda en la que experimentáis más con el rock lisérgico y la psicodelia… 

Toño: La verdad es que, dentro de ese abanico, además de por las raíces americanas, también nos dejamos influenciar por las bandas de blues inglesas de los 70 como la primera época de Fleetwood Mac o John Mayall, intentando buscar esa honda del blues pero dándole ese toque psicodélico…experimentando un poco. Además, ese es un tema que en directo te da juego para improvisar, para hacer un poco de jam, y para divertirse que, al fin y al cabo, es de lo que se trata.

¿Todo esto que estamos hablando es también un intento por huir de las etiquetas? 

Toño: Sí, sobre todo intentamos quitarnos un poco las ataduras, algo que también es nuestro sello personal, ir saltando de estilo en estilo con un nexo común, pero con total libertad. Esto es un divertimento, a nosotros nos gustan muchos estilos y, ahora que estamos de gira, en nuestra furgoneta podemos escuchar Bob Marley, folk americano, Bob Dylan…y todo está bien, así que ¿por qué no recogerlo y pasarlo por nuestro filtro? Al final el resultado, al fin y al cabo, es The Soul Jacket.

Al final, como grupo, es importante crear ese sello propio y diferenciador ¿verdad? 

Toño: Eso es, no ceñirse a un solo estilo. Lo hablábamos el otro día al acabar el bolo, la gente está como muy encorsetada, la gente que hace soul sólo hace soul, la gente que hace rock sólo hace rock…creo que somos de los pocos que mezclamos estilos y yo creo que es algo muy divertido, que enriquece y, como no nos vamos a hacer millonarios con esto… ¿por qué no divertirse y salir un poco del corsé?

Hablando de hacerse ricos, ¿crees que es posible vivir de la música? 

Toño: Es muy complicado, está claro. Tienes que hacer muchos números y cada uno tiene su situación personal. En nuestro caso, no todos nos dedicamos a tiempo completo a la música e incluso tenemos que hacer encajar las vacaciones de unos y otros para poder tocar. Yo sí que me dedico a la música pero estoy en cuatro bandas a la vez… al final haces lo que te gusta pero es muy duro y hay que currar mucho, no tienes un horario normal y hay que meterle muchas horas y hacer de todo: músico, manager…tienes que aprender a buscarte La vida. No tienes un sueldo fijo a final de mes pero te vas apañando.

¿Y piensas que en otros países se da más facilidad a los músicos que aquí? 

Toño: Yo creo que sí, sobre todo a la hora de tener una seguridad económica, porque aquí es casi imposible cotizar y tener un seguro como en cualquier otra profesión. En otros países se respeta más a los músicos y se crean fórmulas para que puedan vivir de esto, no digo que se lo regalen porque eso también sería un error para la música porque, si te lo dan todo hecho te acomodas y se va la creatividad que también viene en momentos en que te tienes que buscar la vida. Pero sí sería importante que no lo pongan tan complicado y que no nos machaquen con cosas como el IVA cultural… que se respete un poco la cultura, incluso como una manera de aportar dinero al estado.

¿Crees que, actualmente, estamos viviendo uno de los mejores momentos en cuanto a calidad y cantidad de bandas de rock? 

Toño: Sí, la verdad es que estamos viviendo un momento muy potente en ese sentido. Hay mucha creatividad y calidad, gente que está haciendo cosas muy interesantes como The Milkyway express o Empty Bottles entre otros, o paisanos nuestros como Guerrera o Aphonnic… todos estamos en la misma situación, peleando por nuestros proyectos e intentando llegar al público, pero es un camino muy largo y engorroso porque no dispones de los medios. Entonces estás remando, y parece que nunca ves la orilla, pero es lo que nos gusta y lo que nos ha tocado vivir y, como te decía antes, parece que en los tiempos convulsos es cuando aflora la creatividad, sobre todo el rock and roll que siempre fue reaccionario y combativo. Enlazando con lo que hablábamos antes, quizá por eso al estado no le interese que las bandas tengan fuerza, para que no se alborote el gallinero…no lo sé.

Volviendo al disco, ¿de qué hablan las canciones de este “Volume III”? 

Toño: Siempre buscamos hablar del momento que vivimos, que siguen cometiéndose injusticias y sigue habiendo un desfase social entre los ricos y los pobres, hay mucha distancia entre las personas y lo que hacemos es relatar lo que estamos viviendo porque al fin y al cabo esta es nuestra realidad y tenemos que contarlo, igual que se hacía en los 70. Lo que pasa es que antes la música iba de la mano de la revolución y la apoyaba, es más… ¿de qué forma la propia música generaba esa revolución? Quizá era la chispa que encendía la llama, y eso ahora no pasa porque cada uno va por su lado y el conformismo también ha llegado a la música.

¿Teníais ganas de tocar temas nuevos en vuestros directos? 

Toño: Tocar en directo es lo que nos motiva porque es donde te ves cara a cara con el público. El estudio está bien, desarrollar tus ideas y llevar tus canciones al disco, pero cuando realmente ves como se divierte la gente… esa es la verdadera recompensa de todo esto. En nuestro caso, en directo tenemos público muy fiel que es el que nos da alas, porque nos apoyan desde el principio, pero también estamos encontrando gente que nos descubren por primera vez. Poco a poco vamos ganando batallas, ahora estamos arrancando la gira, probando sets y nos encontramos con la tesitura de que los discos son tan variados que resulta complicado darle forma a un set con cosas tan diferentes. Pero lo importante es que funciona y, al final, suena a The Soul Jacket que es de lo que se trata.

Recientemente habéis estado tocando en el 100 Club de Londres. ¿Cómo surge esa oportunidad? 

Toño: Fue a través de Pepe, nuestro manager de Sound Dealers, que conocía al promotor de Londres y allá nos fuimos. Ha sido una experiencia cojonuda poder tocar en una sala en la que tocaron en su momento los Stones, Eric Clapton, Chuck Berry…

¿Se nota mucha diferencia entre tocar aquí o tocar allí? 

Toño: La verdad es que, en este caso, casi fue más una reunión con amigos que están allí, pero la experiencia fue positiva y se hicieron contactos que, espero que nos den la posibilidad de tocar más por allí para poder comparar y valorar lo que me preguntas, porque ya hay ganas de salir y presentar nuestros temas fuera.

Downtown Losers: "One-Horse Town Apocalypse"

Por: Kepa Arbizu 

Llegados a este punto, poco, por no decir ningún, campo de acción queda para descubrimientos en el mundo de la música. De hecho puede ser un error intentar alcanzarlos con fórmulas mágicas o mezclas desorbitadas. Una situación que no quiere decir que no se pueda ofrecer una propuesta que resulte personal y gustosa a la vez para el oyente. En la mayoría de las ocasiones, sin embargo, una misma palabra expresada de diversas maneras resulta más gratificante que inventar un engendro original pero carente de cualquier emoción. Si aplicamos esta máxima a géneros tan tradicionales como el blues, todavía resulta más evidente que pocos hallazgos nos quedan por ver, salvo, y no es poco, contarlo y cantarlo desde una perspectiva particular, y la que desarrollan los madrileños Downntown Losers, desinhibida y preñada de todos sus gustos e influencias, resulta de lo más atractiva. 

Tras el nombre de este combo se encuentra el dúo formado por  los bregados Dolphin Riot y Alber Solo, que se amplía hasta trío en la grabación con la presencia de Miguel Herrero. Iniciado como simples bosquejos efectuados por el primero de los mencionados, la cosa fue evolucionando, algo lógico viendo el contenido logrado, hasta la necesidad, y el gusto, por darle un acabado más “profesional” y con un marchamo de banda. Y así, y gracias también en parte a la democracia, formal pero no siempre efectiva, que aportan los nuevos medios, su nombre ha ido germinando entre algunos oídos inquietos. 

Presentado este “One-Horse Town Apocalypse” -tanto en forma como fondo conceptual- a modo de una suerte de película de serie B acerca del (plausible) futuro apocalíptico del mundo (ya saben, el celo en el desarrollo nos lleva hasta el desastre), dicha “excusa” argumental hace de eficiente y sugerente pegamento para una serie de composiciones que a modo de resumen se pueden definir como el acercamiento de sus creadores a las expresiones tradiciones del blues pero abordadas desde su idiosincrasia musical labrada a lo largo de los años. Un concepto que quizás se explique de manera más explícita, precisamente por manifestarse con más rotundidad, dentro de un disco en el que dicho de paso los riffs se despachan a gusto en cuanto a distorsión, a través de esos temas que por momentos parecen llegar a flirtear con el stoner o el hard rock. Por lo menos eso nos incitan a pensar la inicial “Vultures Drunkenness Blues”, con un ambiente desértico en el que incluso hace acto de aparición el nervio eléctrico a lo Stooges, o la final homónima, ruidosa y con alma atropellada casi punk. 

En medio de ambos despliegues de fuerzas las nueve piezas que completan ese hueco no se van a quedar atrás en ese aspecto, por mucho que haya momentos donde predominen lo acústico -que como es lógico remiten al género en su representación más rural abarcando nombres desde Son House a R.L. Burnside- como la polvorienta “A Dry Heart & a Fake Lord” u “On This Cold Ground”, o incluso un abandono parcial, y que se erige como excepción, de esa abrasividad por medio de la más pegadiza y melódica “You Should Have Seen The Signs”. En el resto de temas el músculo aparecerá desde una contundente efectividad surgida de una amalgama que podría englobar a The Black Keys (en sus primeros pasos), Left Lane Cruiser y el mismo Jimi Hendrix, como se puede deducir de "Angry Ginger Woman Wanted" o "I Will Be Eaten By The Wolves", o desde el desquiziante acercamiento a las melodías del gospel en “Bleeding So Slowly.” No menos evidente, y concluyente, resulta la sobria, y casi minimalista, profundidad típica de John Lee Hooker que aplican con excelencia en “Downtown Losers” o “Unless You Do Blues”. 

Downtown Losers demuestran con un disco hecho sin ninguna, a prior, pretensión comercial que sea cual sea el aspecto que adopte el negocio musical en cada momento histórico lo único inamovible y que acaba por imponerse son las propias canciones. Y estos dos, o tres, madrileños han dado forma a un más que estimable puñado de ellas que nacen del amor por la esencia del blues expresado desprejuiciadamente con intensidad bajo una idónea austeridad de formato. En definitiva, una visión tan genuina como contemporánea.

Chris Bergson Band: "Bitter Midnight"

Por: Txema Mañeru 

¡No entiendo cómo un tipo como Chris Bergson nos es mucho más conocido por Europa! Este neoyorquino lleva ya dos décadas acaparando excelentes críticas, ganando premios, sacando excelentes discos y girando sin parar demostrando su valía compositiva, con la guitarra y también con su buena y negroide voz. Cuando se habla de él comentan que es una unión entre Steve Cropper y John Scofield; otras hablan del poderoso espíritu de Ray Charles y Tom Waits; también se cita sin parar a Levon Helm y The Band o John Hammond; por su forma de tocar la guitarra salen a la palestra los nombres clásicos de Hubet Sumlin, con quien también ha tocado, y Freddie King. Pero aún hay más. ¿Qué tal Gregg Allman, Dr. John, Van Morrsion, John Coltrane o Muddy Waters? Pero la definición que más me gusta de él es la del Edward Hopper del blues por cómo dibuja sus canciones. Encima, va él y dice que sus últimos temas han sido inspirados en sus giras por Europa al escuchar aquí los ecos de Hank Williams y Robert Johnson. 

Lo de los (merecidos) premios es otra larga historia. Ya en 2002 fue nombrado Embajador Jazz de los USA por el John F. Kennedy. Desde hace dos años está en el New York Blues Hall of Fame y la prestigiosa revista MOJO le guarda un puesto de privilegio todos los años en sus listas por cada disco que saca. Así con “Fall Changes” fue disco blues del año en 2008.; “Imitate The Sun” en 2011 se quedó en el segundo puesto, y con su anterior trabajo, “Live At Jazz Standard,  se tuvo que conformar con el tercer escalón del podio. Lo de sus colaboraciones con estrellas y otros compositores y cantantes daría para otro capítulo muy extenso, pero lo dejaremos para otro día. 

Y es que queremos hablar de su reciente “Bitter Midnight” (Continental Blue Heaven / Karonte) como se merece. En primer lugar tenemos que destacar el amplio y selecto grupo de músicos que participan. Sus nombres igual no te dirán mucho pero han tocado junto a Steve Cropper, Gregg Allman, Levon Helm, Spin Doctors, Gov’t Mulen, Darlene Love, Joan Osborne y el teclista y saxo tenor, Craig Dreyer, con los menos conocidos pero excelentes Dispatch. El disco comienza con "Pedal tones" entre aires funk y The Band, aunque su voz también tiene algo de John Hiatt. Sigue con el blues trotón con sus exquisitos punteos de "5:20". "Just before the storm" es un refinado medio tiempo con punteos brillantes que pudiera haber estado en los discos clásicos de Little Feat. 

El gran cantante Ellis Hooks, que ha acompañado al mismísimo Steve Cropper, protagoniza un rompedor R&B con excelentes vientos. Por cierto, que además pone sus cuerdas vocales en el sentido y titular blues final en la que también destacan las guitarras de Bergson y el órgano de Craig Dreyer. Pero antes de ese arrollador final también tenemos un precioso lento titulado "Lullaby" que denota personalidad propia total y que cuenta una gran historia. La slide guitar de otro lento como "Blues for Dave" es maravillosa. Pero quizás mi tema favorito sea "Another day", un gran medio tiempo con excelente órgano y Wurlitzer con aire a Joe Cocker y Leon Russell. ¡Ojalá lo tengamos este verano por aquí!

Entrevista: Nudozurdo

"Nuestra intención es no aburrirnos a nosotros mismos" 

Por: David Marsé

Quizás para un contexto tan saturado como es el del "mercado" musical, más importante que hacer las cosas con neutra perfección es la de ofrecer un signo característico, algo de lo que Nudozurdo andan sobrados. Su rock -por utilizar un término tan estandarizado como inexacto para la ocasión- intenso y sombrío es una seña de identidad tan destacable como unos textos siempre sugerentes y abiertos interpretativamente hablando. En este nuevo trabajo, "Voyeur Amateur", han dejado atrás sus coqueteos con la electrónica para mostrar su esencia más guitarrera, un trayecto al que se han sumado Ricky Falkner, en la producción, y el tándem Santos y Fluren como anfitriones de la grabación en sus Blind Records. Emocionantes, románticos, atormentados... son varias de las muchas caras que la banda puede llegar a mostrar y todo con una exuberante eficiencia. Compartimos con su compositor Leo Mateos unas palabras sobre el álbum, el grupo y otros aspectos... 

El sonido de este nuevo disco,”Voyeur Amateur”, recupera la solidez guitarrera tras un paso más electrónico en “Rojo es peligro”, ¿teníais claro ese paso a dar?

Leo Mateos:  Sí. Desde el principio vimos que los temas que iban saliendo eran más de banda. No fue premeditado pero solemos ir de un sitio a otro explorando intesidades y sonidos nuevos. Nos movemos mucho por oposición.

¿Dirías que ese tránsito supone una vuelta a la “normalidad” u origen de la banda, tras el paréntesis de ese anterior disco, o lo entendéis como parte de una misma evolución? 

Leo Mateos:   Es más bien una evolución. No estamos en el mismo sitio que estábamos antes de “Rojo es peligro”.

No sé si consecuencia de este sonido pero es un trabajo que en general me suena oscuro, angustioso y denso, ¿era también premeditado o fue algo con lo que os encontrasteis? 

Leo Mateos:  Es curioso que lo digas porque descartamos temas muy largos, sucios y llenos de bilis. Intentamos equilibrarlo al final con otros temas más sosegados y luminosos. Consultamos también con más gente para ver qué opinaban.

Como queda ya demostrado con el titulo, otro elemento que ya es marca de la casa son esos binomios a modo de juego de palabras utilizados para titular, lo que habla de una de vuestras cualidades, ser creadores de un lenguaje propio y reconocible....

Leo Mateos: Gracias. No me gusta ser especialmente claro, pero evito ser también demasiado profundo o enrevesado. Mi trabajo con las letras es encontrar ese punto tan frágil y voluble. Me da la sensación de que en España no estamos tan acostumbrados a este encaje. Aquí somos más para afuera y explícitos en general.

No voy a preguntarte por el significado de las letras, algo que no te gusta aclarar, pero sí que siempre se manifiestan alejadas de construir una narración convencional en detrimento de sugerir ideas, ¿vuestra música responde mejor a ese formato que al de elaborar historias? 

Leo Mateos:  No específicamente. Si ves "El hijo de Dios", "Voyeur Amateur" o "La Ruta de los Balcanes" verás que hablo de cosas muy específicas. Otras veces intento que el envoltorio sea translucido pero refleje del interior un concepto, idea, emoción, recuerdo…

Por primera vez contáis con una mirada externa en la producción, nada más y nada menos que la de Ricky Falkner, ¿teníais claro que era necesario una visión hexógena o debía de ser exclusivamente la de él? 

Leo Mateos:  Queríamos probar y trabajar con una visión externa. Somos muy celosos con lo que hacemos y nos preocupa que nos desvíen del camino que nos marcamos. Nos tomamos muy en serio el sonido. Pero sabíamos que Falkner nos podía ayudar a retocar, cortar, añadir y pulir las canciones. A veces un buen productor es alguien que se encarga de que el tren no descarrile.

Además habéis grabado en Blind Records, uno de esos estudios que tiene una personalidad propia, ¿vuestra experiencia también ratifica eso? 

Leo Mateos:  Sí. Santos y Fluren son una mágnifica pareja. Se complementan muy bien. Fue todo bastante mágico y sencillo.

Nudozurdo logra en sus canciones que la melodía y las letras, la forma de cantar en definitiva, se integren de manera total, ¿hay una intención específica por crear ese único “todo”? 

Leo Mateos: Sí. No es premeditado pero es algo en lo que pienso a menudo y forma parte de mi manera de ser y pensar. No sólo eso, la banda debe ser una sola cosa sobre un escenario, como un animal con sus respectivas partes en diferentes situaciones.Por lo demás creo en la simplificación máxima y siempre estamos intentando quitar lo accesorio.

El grupo ha vivido una ajetreada vida, con cambios en la formación, de sello.. ¿para un grupo que transmite un tipo de música como la vuestra, esa “inestabilidad” os ha ayudado a reinventaros y a estar siempre en continuo movimiento o siempre es más gratificante una estabilidad? 

Leo Mateos:  Es verdad que las bandas que andan cerca del filo tienen más hambre y son más creativas, pero la verdad es que todas ellas lo que quieren es asentarse y ver pasar la vida.

Precisamente, y quizás sea una sensación solo personal, me sorprendió comprobar que lleváis ya más de quince años de existencia, unos números que habla de “veteranos” pero mi percepción es muy contraria, un grupo siempre inquieto y que me resulta novedoso. No sé cómo valoráis desde vuestra perspectiva ese condicionante del tiempo...

Leo Mateos:  Es verdad que la gente a veces piensa que empezamos hace relativamente poco pero no es verdad. Llevamos en esto de la música más de quince años y muy activos los últimos ocho. Que te pueda resultar novedoso es el mejor cumplido para lo que hacemos. Es es nuestra intención, no aburrirnos a nosotros mismos.

Unas características, tanto las del grupo como concretamente las de este álbum, que hacen que vuestra apuesta requiera atención y cierta dedicación, algo que no parece que sea lo habitual en estos tiempos de inmediatez , ¿una apuesta difícil pero inevitable la vuestra? 

Leo Mateos: Más bien inevitable. No lo sabemos hacer de otra manera. La idea es no engañarnos a nosotros mismos y por lo tanto a los demás.


La prescripción perfecta: Sonic Boom

Sala El Sol, Madrid. Domingo 23 de abril del 2017  

Por: Eugenio Zázzara 

Si hay una palabra de la que se abusa en la jerga de la crítica musical posiblemente sea "psicodelia". Especialmente si se trata de bandas recientes y que se inspiran en nombres grandilocuentes de la historia de la música que efectivamente se merecieron, en su tiempo, dicho apelativo, la ecuación se vuelve automática e inevitable. Sin embargo, al menos desde los finales de los años 60, verdadera cuna del género, pocos han podido lucir tan comprometedor y asimismo estimagtizante término con orgullo y a buen derecho. 

Unos de estos pocos seguramente sean Jason Pierce y Pete Kember, los verdaderos “hermanos químicos”, o los “toxic twins”, citando unos apodos afamados. Lejos de encontrarse a plena luz, más bien pertinazmente metidos en la sombra, se dedicaron a experimentar, jugar, tragar, intentar alcanzar la repetición de la armonía perfecta en busca de un viaje lisérgico e imposible. Al principio fueron los Spacemen 3, luego los dos cerebros de la formación dieron vida a un monstruo de dos cabezas: Spiritualized (por Pierce) y Spectrum/Sonic Boom/E.A.R. (por Kember). El ego, el dinero, el orgullo, las sustancias, la ambición: vete tú a saber qué fue a partir en dos una máquina tan perfecta. Tanto es así que los dos llevaron adelante carreras paralelas, incluso en cuanto a su propuesta musical. 

2017. Difícil de creer, pero Pete Kember sigue siendo muy activo, tanto como compositor  como productor para otros grupos. Las giras no son comunes, pero puntuales, y ésta nos lo trae a la sala El Sol, en pleno centro de Madrid en un cálido domingo de finales de abril. En el escenario tan sólo dos taburetes, una mesa con sintetizadores y pedales y un par de guitarras apoyadas despreocupadamente a la pared. Le acompaña en esta gira, en la que propone un resumen de su carrera musical en sus bandas principales, Jason Holt, ya guitarra en Spectrum. A las 22.35 horas Pete sube finalmente al escenario junto a su compañero. Jason, media melena al estilo de Jonny Greenwood, toma asiento en la parte derecha y nunca se alejará de su guitarra. Kember sube al trono sintético en el sector izquierdo. Expresión un poco de empleado de correos, a veces parece casi que esté allí para quitarse el coñazo de encima (impresión parcialmente confirmada, ya veremos por qué). A sus espaldas, una pantalla con el papel ímprobo de traducir en imágenes móviles el trasteo sónico del dúo. 

Se empieza de forma acústica, algo sorprendente, dados los antecedentes. Volvemos atrás al 1987, a "Transparent Radiation", a los comienzos de Spacemen 3. La rendición es seca, directa, hasta torpe en algún modo, pero la emoción pasa de los oídos a la piel. Con la siguiente "All Night Long" se vuelve evidente el hecho de que los dos ya empiezan a darle caña con la estratificación sonora, con Kember que empieza a manosear con sus mandos y Holt a espesar el sonido. Ya todo se va volviendo hacia lo que uno ha de esperarse de un concierto de Sonic Boom: repetición maniquea y obsesiva y acumulación compulsiva de sonido. Encima de todo (o más bien, debajo del todo) la voz de Kember, una letanía lejana y monofónica que acaba hundiéndose y confundiéndose con los instrumentos. Con la siguiente "Lord I Don't Even Know My Name", acogida por el boato del público, se hace patente que la lista de temas va a ser la misma de todas las demás giras, lo que confirma un poco la impresión de “gira de funcionario” que Kember parecía transmitir al principio. La cita con la historia, sin embargo, nos hace rápidamente olvidar estos detalles, quizás por estar alucinados e desquiciados por los fotogramas que se repiten epilepsicamente en la pantalla. "I Know They Say’, ‘Like...", "Let Me Down Gently" y "The End" se suceden en serie psicodélica (aquí sí, está más que bien dicho) y alucinada, sin solución de continuidad, a lo largo de la noche, con "Like…" dejando un recuerdo especialmente impactante en nuestros oídos. 

Al término de "The End" (se me perdone el pleonasmo), Kember y Holt se levantan y, muy velozmente, dan las gracias y abandonan el escenario. Lo más sorprendente es el horario en el que ocurre todo esto: son las 23.15, apenas unos 45 minutos de live. La vuelta es tan repentina que no deja de ser algo cómica, subrayando su supuesta obligación. Hay que decir que el bis es un regalo de los grandes. Kember le da a un bucle rítmico atrapante y cargado de capas de distorsión y de reverberación, aseguradas por el E-Bow de Holt (notas largas una infinidad) y por los múltiples pedales de Kember. Acabamos con "Big City", posiblemente el ápice del concierto. Diez minutos de bis con un tema único dejan bastante claro que el espectáculo termina aquí, esta vez de verdad. Difícil poder hacer algo mejor después de esto, pero, aun así, hablamos de una hora justa de concierto. Un par de temas más no habrían matado por aburrimiento a nadie, llegando así a la hora y media política, lo mínimo sindical. 

Con esa sensación un poco de acudir y salir del trabajo en los tiempos, sin “regalar” nada, bastante reflejada por Kember, dejó un matiz sombrío a un concierto que no obstante nos regaló una apasionante vuelta a un pasado mítico. Enseñadle videos de esto a quien os hable de "psicodelia" la próxima vez.

Hurray for the Riff Raff: "The Navigator"

Por: Artemio Payá 

Para ser sinceros la primera vez que el nombre de Hurray for the Riff Raff se cruzó en mi camino pensé que se trataba de una banda deudora de los australianos AC/DC, pero andaba yo lejos al juzgar a la banda por el nombre. Detrás de ellos se esconde Alynda Lee Segarra, nativa del Bronx de ascendencia puertoriqueña que además lleva ya un buen puñado de discos antes del recién publicado "The Navigator", en el que se ha puesto en las manos de Paul Butler, y que al igual que ha hecho el productor con Michael Kiwanuka ha dotado de un barniz más moderno al sonido de una banda que siempre partiendo de sonidos añejos, fundamentalmente el folk, nos lleva por multitud de afluentes de la música norteamericana.

A pesar de residir en Nueva Orleans, Alynda ha comentado que en este trabajo ha decidido emprender un camino de vuelta a su Bronx natal a modo de banda sonora interracial y ya desde la introducción nos hace sentir como si ella caminara por una ciudad repleta de coches y de repente entrara en un garito dónde resuena el eco de una banda de gospel. Tras esta ambientación entramos en su mundo con una deliciosa "Living in the City", que en clave de folk nos sumerge en su pasado viviendo en uno de esos enormes y agobiantes bloques del barrio que la vio nacer mientras nos susurra que vivir en la ciudad es duro, muy duro. Tras una correcta "Hungry Ghost" nos vuelve a encandilar con "Live to Save", donde a través de una balada de taberna expulsa sus demonios cargados de soledad, de dura infancia y de vida nómada pero tomado esto no como un lastre sino como una enseñanza para la vida. Algo que refuerza en el siguiente corte "Nothing's Gonna Change That Girl", en la que el folk acústico y el gospel son moldeados con una tenebrosa orquestación que prosigue también en la canción que da título al álbum y en dónde aplica un contagioso ritmo latino.

"Halfway There" son ella y una acústica, una bonita y sentida tonada que se encuentra entre lo mejor de lote junto con el siguiente corte, "Rican Beach", en el que nos hace pensar que quien le acompaña es el bueno de Marc Ribot. En la oscura "Fourteen Floors" vuelve a su niñez, a su familia y a aquellos bloques de barrio que nos cantaba al principio del disco como antesala de "P'Alante", que es el corte más ambicioso y combativo del lote, un fabuloso collage llamado como el periódico editado por la comunidad boricua neoyorkina en los 70 y que supone un cocktail de balada de piano, el sampleo del poema de Pedro Pietri "Puerto Rican Obituary", un poco de rock y para terminar una pizca de arreglos orquestales. Después de "P'Alante", que por cierto sirvió de adelanto al álbum,  la cosa se acaba con una especie de jam latina en "Finale" en la que nos vuelve a recordar al navigator que realmente es ella misma en este particular periplo a sus propias raíces.

Si en sus anteriores entregas, Hurray for the Riff Raff se ajustaban estrictamente al sonido folk con una austera producción, hemos de decir que le ha sentado de miedo embarcarse en este viaje vital a su pasado ya que tanto con los matices latinos con los que ha dotado a sus canciones como con una producción mucho más ambiciosa ha conseguido mejorar mucho el resultado final, esperemos que siga por esta senda porque tiene pinta de que sólo es el principio y de que Alynda se ha desembarazado de los convencionalismos y esta emprendiendo un camino hacia terrenos de mayor libertad estilística.

Caetano Veloso llega junto a Teresa Cristina a nuestros escenarios


Caetano Veloso regresa a nuestros escenarios, unos a los que está ya acostumbrado. En esta ocasión hace escala inmerso en una gira internacional, que está pasando por Europa, Estados Unidos, Asia y Brasil, que simboliza la presentación de Teresa Cristina al mundo a través del mítico músico, implicado en el proyecto desde el principio. Caetano quedó encantado con el espectáculo cuando lo vio por primera vez, en enero de 2016, y vio a Teresa en el escenario acompañado sólo por la guitarra de Carlinhos 7 Corda. "La tranquilidad de cada acorde elegido sugiere que la voz de Teresa refina el alma de los oyentes. Y Teresa crece en cada melodía, cada palabra, cada segundo. Todos los brasileños deberían ver y escuchar lo que pasó en el Teatro Net Rio esa noche ", escribió, después de ver la noche de estreno del programa. Esta es la mayor motivación de Caetano para embarcarse en esta gira: presentar el encanto y la elegancia de la intérprete en todo el mundo. 

El show que vendrán a presentar a Barcelona (28 de abril en el Palau de la Música Catalana del Guitar BCN 17), A Coruña (30 de abril en el Palacio da Ópera) y Madrid (4 de mayo en el Teatro Circo Price), se iniciará interpretando algunos temas de su reciente disco "Teresa Canta Cartola", seguida por Caetano Veloso quien presentará en voz y guitarra sus mayores éxitos. Juntos cerrarán una noche memorable interpretando algunos otros éxitos del cantor bahiano, acompañados por su guitarra. 

Caetano Veloso (Santo Amaro da Purificação, Brasil, 1942) lleva más de cinco décadas en activo y su carrera siempre se ha visto marcada por un profundo compromiso social y el ímpetu visionario del buen músico. Cuarenta años después de revolucionar la música brasileña con “Tropicália” junto a  Gilberto Gil hoy busca conciliar a dos de sus amores: rock y samba, en lo que él mismo denomina “transrock”.