The Verve: "Urban Hymns - 20th Anniversary Remaster"

Por: Txema Mañeru

El tiempo ha sido bastante justo con el significado de un gran disco como "Urban Hymns". Realmente se trata de un disco clave en la década de los 90 y totalmente esencial con respecto a la música británica de la segunda mitad de esa década. The Verve, siempre bien encabezados por Richard Ashcroft, cogieron el relevo dejado por el brit-pop de Pulp, Oasis y Blur dándole una vuelta de tuerca con el rock psicodélico y ciertos toques electrónicos de Primal Scream para crear una buena papilla sonora que se vuelve a escuchar con deleite en esta magnífica reedición por su 20 Aniversario. 

Como siempre vuelve a haber múltiples y recomendables ediciones. Entre ellas, como siempre, brilla para el fan más recalcitrante (y con más poder adquisitivo) la caja Super-DeLuxe con 5 compactos y un goloso DVD con muchas canciones e imágenes inéditas. Incluye, además, un maravilloso libro de tapa dura de 56 páginas más póster y 5 postales. La edición de vinilo viene en un estuche desplegable e incluye un cuaderno de 20 páginas más la tarjeta de descarga que da derecho al comprador a todo el audio de la caja de CD super-deluxe. Pero siempre es perfectamente recomendable la buena edición en doble compacto que es la nuestra y que también tiene un jugosísimo y brillante libreto (32 páginas) con profusas e interesantes notas junto a inéditas y curiosas fotografías. 

El primero disco es el original muy bien remasterizado por el coproductor original del álbum Chris Potter y por Tony Cousins de Metropolis que hacen que este disco vuelva a sonar actual y muy atractivo. No en vano ha vendido más de 10 millones de discos en todo el mundo y es uno de los más vendidos de la historia de la música británica. Un disco original que se abría con el justamente exitoso, e injustamente polémico, "Bitter sweet symphony", cuya música debe aparecer firmada a nombre de Jagger y Richards por esas breves notas que la llevaron a ser acusada de plagio. El caso es que las notas y el tema al completo siguen cargados de magia y nostalgia. En "Sonnet" tenemos más preciosas acústicas y calidez que casi les acerca al sonido americano de Eagles o America, aunque con su lógico toque british. 

El lado más rockero, más contemporáneo, llegaba con "The rolling people", tema que yo veo en la estela de los mejores Primal Scream. Luego venía otro lógico número 1 como fue "The drugs don’t work". El otro importante single fue "Lucky man", con otra inolvidable melodía, aunque antes de este tema destacaba un "Weeping willow" con un cierto aroma a los Smiths. Resonaban de nuevo modernos y hasta bailables en "One day" y podían haber sacado también como single "Velvet morning", otra preciosa melodía, ahora épica, grandilocuente y realmente repleta de hermosura. 

El compacto en directo está básicamente compuesto por un concierto del 98 en un “Live At Haigh Hall” grabado en su ciudad natal y ante más de 35.000 espectadores. Además añade otras tres canciones de diferentes actuaciones a ambos lados del Atlántico entre el 97 y el 98. Así se van con 14 temas prácticamente hasta los 80 minutos. Comienza con un "This is music" realmente intenso y con excelentes guitarras. Me encanta el resultado de "Sonnet", más cálida aún y realmente entrañable. El citado "Bitter sweet symphony" aumenta su magia por encima de los diez minutos. "History" trae otra ensoñadora melodía que debía estar presente y acaban con un "Slide away" en Manchester con unas guitarras mucho más rock que en su versión de estudio. ¡Un disco que nunca se ha olvidado de una banda que no debiera haber sido olvidad tan pronto!

Arcade Fire: "Everything Now"

Por: Javier Capapé

No pretendo poner en tela de juicio la carrera de Arcade Fire. De hecho podría decir sin pudor que es el mejor grupo surgido en la primera década del siglo XXI. Tan sólo creo que habría que puntualizar que su último disco “Everything Now” no llega a la altura de sus predecesores. Y con esto no quiero decir que sea un mal disco (ya querrían muchos grupos para sí una colección de canciones como ésta), pero sí es tal vez el menos cohesionado de todos los que han publicado desde aquella obra que revolucionó el rock de masas en 2004 como era “Funeral”. Hay que tener en cuenta también que Arcade Fire venían de publicar su fantástico disco doble “Reflektor” , al que no le sobraba nada, y que habiendo dejado tan arriba el listón iba a ser complicado estar a la altura. Por ello este “Everything Now” no deja de ser valiente e intenta dar pequeños golpes de timón exigiendo atención y apertura de miras, pero por el camino el combo liderado por Win Butler y Règine Chassagne ha perdido parte de su magia y algunas canciones del disco podrían haber encontrado un sitio mejor en una colección de rarezas. Independientemente de todo esto el quinto disco de los canadienses contiene piezas nada despreciables, como la que da título al mismo, que además ha sido su carta de presentación desde que dieran la campanada con su concierto sorpresa (antes de hacerlo como cabezas de cartel) en el Primavera Sound a comienzos de este verano. 

Como ocurría con “The Suburbs”, “Everything Now” comienza y termina en bucle con una intro y un reprise derivados del tema principal del álbum, una manera directa de dar valor al conjunto de canciones como un todo y poner por delante el concepto más amplio de disco por encima de una simple colección de canciones sin nexo entre ellas. Una vez más, la entidad del álbum como obra global queda clara, cuidando con mimo desde el sonido, que esta vez busca un hilo conductor en la música disco de los setenta, hasta el arte del libreto (sin lugar a dudas merece la pena pagar por ediciones como ésta). 

Pero en lo que flaquea “Everything Now” es en que sus canciones no ofrecen la solidez de otras entregas. Si el protagonismo de la música disco se intuía en su single inicial y se corrobora en la siguiente pieza, la excelente “Sings Of Life”, en pocos minutos esta sonoridad se pierde por otros derroteros más fallidos como ocurre en “Creature Comfort”, que comienza con unos sintetizadores bien armados, pero pierde fuelle en cuanto prima la repetición y se convierte en un tema más plomizo. La insulsa “Peter Pan”, los ecos reggae de “Chemistry” que mutan hacia el semi-punk y el sonido garage rock de “Infinite Content”, que sólo mejora levemente cuando en su segunda parte se transforma en un pseudo country repetitivo, convierten este tramo del disco en una colección inconexa donde todo vale y con un predominio del horror vacui que no trasmite, poco digna para el nivel al que nos tienen acostumbrados los canadienses. 

“Electric Blue” otorga el protagonismo a Règine Chassagne, pero queda lejos de la épica de otras canciones interpretadas por ella y también puede llegar a cansar al oyente. “Gold God Dawn”, sin ser un corte aparentemente llamativo, mejora con mucho el listón de los temas predecesores para conducirnos hacia una recta final mucho mejor construida gracias a la intensidad creciente de “Put your money on me”, que nos devuelve a la grandilocuencia de estadio que tan bien maneja el grupo, pero sin llegar a las cotas de “No Cars Go”, “Ready to Start” o “Wake Up”. El dramatismo llega antes de terminar de la mano de “We don’t deserve love”, una canción que fusiona la emotividad con efectos que retornan al sonido disco de los primeros temas pero con tintes más contenidos. 

Este “Everything Now” no es un disco largo y si advertimos además que la mitad de los temas que lo componen hubieran podido ser descartados en anteriores entregas, podría decirse que a Win Butler y los suyos se les están agotando las grandes ideas. Tal vez es algo más sencillo y únicamente están pasando por un bache creativo que no les permite ofrecer una colección de temas de mayor nivel ni reuniéndose con productores de prestigio como Markus Dravs, Thomas Bangalter o Steve Mackey, pero debido a la presión del mercado (hacía 4 años del lanzamiento de “Reflektor”) quizá han tenido que darse prisa para rematar el disco y les ha llevado a este irregular resultado. Aún con todo estoy seguro de que Arcade Fire seguirán cosechando grandes éxitos y reconocimiento gracias sobretodo a sus directos (obligado detenerse en su fantástico concierto en Londres recogido en la caja “The Reflektor Tapes”) y como no a algunas canciones nada desdeñables como las ya citadas “Everything Now”, “Sings Of Life”, “Put your money on me” o “We don’t deserve love”. El resto puede obviarse si queremos conservar el respeto hacia el combo canadiense sin que pierdan credibilidad, y eso que a pesar de la irregularidad que respira el conjunto, éste consigue engancharte en sus redes haciéndote que vuelvas a él una y otra vez. Ahí está su misterio. 

“I Need It. I Want It. I Can’t Live Without”. Las palabras que resuenan como emblema del disco podrían funcionar como un mantra que reivindica aquello que Arcade Fire no quieren perder. Eso sin lo que no pueden vivir, que necesitan de verdad. Esa inspiración que no les puede fallar. Y es que no siempre se puede tener “Todo Ahora”.

Entrevista: Sofía Ellar

"Que la gente cante las canciones que un día escribí con tanto sentimiento, no tiene precio" 

Por: Macarena Chamorro

Sofía Ellar es una cantautora de origen londinense, se dio a conocer subiendo sus canciones a las redes sociales y hoy cuenta con más de 117.000 seguidores en Instagram. A sus 23 años va a acabar la gira de su primer disco en Madrid y nos confirma que el segundo álbum está muy cerca. Con paso firme y despacito va saboreando los sueños cumplidos. Hemos hablado con ella para conocerla un poco más. 

Empecemos por el principio: ¿Cómo te diste cuenta de que te querías dedicar profesionalmente a la música? 

Sofía Ellar: Cuando terminé mi carrera, cumplí mi parte del trato con mis padres, y además vi una oportunidad de plantear mi proyecto musical de una manera autónoma, y eso suponía un reto tanto musical como empresarial.    

¿Y la primera canción que compusiste? 

Sofía Ellar: Una cuando falleció mi abuelo, yo tenía 13 años.  Decía algo así como…  “ y volando en una cometa dimos la vuelta al planeta, y luego él se marchó”.    

¿Por qué decidiste estudiar Administración y Dirección de Empresas? 

Sofía Ellar: Porque no tenía algo tan vocacional como algunas personas (medicina, derecho, etc) y porque la música no era una opción en aquel entonces. Necesitaba algo sólido que me abriese no solo las puertas, sino la cabeza. Además había determinadas asignaturas como marketing, management, entrepreneurship donde podía explotar mi creatividad, y está claro que las grandes empresas cuentan con un equipo de creativos muy potente.  

¿Por qué le pusiste Seis Peniques a tu álbum? 

Sofía Ellar: “Seis Peniques” no es solo un bar muy mítico de Madrid en el que viví cosas muy intensas, sino que refleja un poco la ironía del precio de la libertad; en este caso, la libertad como artista.    

¿Cómo te diste a conocer? ¿Tenías formación en redes sociales? 

Sofía Ellar: Lo cierto es que en mi universidad sí que tuvimos asignaturas enfocadas al mundo digital. Recuerdo un profesor que era la bomba y se llamaba Jesús. En concreto él me enseñó mucho a saber dar la cara como empresa y como figura pública cuando recibes “ataques” por las redes sociales. Saber hacerlo bien cuesta.    

¿Cuál es la canción del disco más especial para ti? 

Sofía Ellar: Muchas. Cada una tiene de lo suyo. Diría que “Segundas Partes Entre Suicidas” y “G&t’s”, ya que son dos que en directo me emocionan a menudo.    

¿De qué hablan tus canciones? 

Sofía Ellar: De amor, de las distintas etapas que he vivido. Creo que hay un amor tierno de niños pequeños en “Rock’n’rolles de Chiquillos” y uno más maduro reflejado en “Seis Peniques” o en “Amor de Anticuario”; vamos,  una Sofía con las cosas más claras!    

¿En qué te inspiras para componer? ¿Lo haces mejor sola o acompañada? 

Sofía Ellar: Siempre sola, aunque la única persona a la que he dejado entrar en mi pequeña cueva ha sido a mi madre. Hay canciones como “Santander”, o “Así No” que he escrito con ella. Me cuesta abrirme con alguien más que no sea mi guitarra, mi cuaderno y un lápiz.    

¿En qué estilo musical meterías tu música? 

Sofía Ellar: No me gustan las etiquetas y tampoco sabría encasillarme en un estilo musical. Cuando lo he intentado me ha salido un batiburrillo curioso así que prefiero dejároslo a vosotros!    

¿De todos los conciertos que has dado, cuál estaría en primera posición en tu corazón? 

Sofía Ellar: Bilbao y Girona. No por número de personas sino por lo que pasó alrededor del concierto. En estos dos casos concretos conocí a una chica que ha sufrido muchísimo por muchos estigmas sociales contra los que intento luchar a menudo en mis redes sociales (bullying, trastornos alimenticios..) y en el otro, una familia entera rindiendo homenaje a una niña de 21 años, María, que falleció en un accidente. Ella era muy fan y en honor a ella,  la familia entera se unió y vino a mi concierto. La dedicamos su canción favorita, “Rock’nrolles de Chiquillos”. Estas cosas te afectan, te inspiran nuevas canciones.

¿Te sientes más cómoda con conciertos multitudinarios o con otros más íntimos? 

Sofía Ellar: Me gustan todos y me siento igual de nerviosa tocando delante de 100 personas que de 1000. Es cierto que yo soy muy charlatana y entre canción y canción cuento muchas cosas, a veces hasta chistes (los de mi banda a veces me regañan). Es verdad que en los conciertos de muchas personas tienes que ceñirte un poquitín más al repertorio y no irte por los cerros de Úbeda. Aún así, suelto de las mías e improvisamos, eso es lo bonito de cada concierto; que nunca es igual al anterior.    

¿Has tenido la oportunidad de tocar en algún festival? 

Sofía Ellar: Sí, Sin ir más lejos, este verano he tenido la grandísima oportunidad de tocar en Starlite en Marbella en un cartel muy competente que impone. 

¿Qué instrumentos tocas? 

Sofía Ellar: La guitarra, la voz, no olvidemos que es un instrumento que todos tenemos, y con ganas de tocar el piano. Ahora que pararemos un poco la gira y tendremos momento creativo, le dedicaré el tiempo que quiero a eso.    

¿Ha habido muchos veranos con lima en tu vida? Si te digo “Blue Bar”, ¿qué te viene a la mente? 

Sofía Ellar: Blue Bar es paraíso, es Jah Chango, es nachos con queso, sangría, atardecer, mágico...El verano es algo que a todos nos sienta bien, ¡y si es con lima todavía mejor!     

¿En qué te inspiraste cuando escribiste “Cenas que acaban en juerga? 

Sofía Ellar: “Cenas Que Acaban En Juerga” es una canción que expresa, en forma guasona, mi discrepancia con respecto a quién tiene que pagar la cuenta en una cena de dos (chico-chica, chico-chico, y viceversa). Soy una mujer luchadora y como yo hay muchísimas que se desgañitan en sus trabajos, son independientes y más que capaces de pagar una cuenta. ¡Ya está bien de ir de invitadas por la vida, que para algo somos iguales! Aunque oye, de vez en cuando un detallito siempre es bienvenido (risas)... 

¿Qué retos profesionales te marcas con el fin de gira en Madrid? 

Sofía Ellar: Un parón, que bueno, no es parón, para poder subirme a la montaña y terminar de dar forma a todas las ideas y canciones que ya tengo escritas. ¡El segundo disco está al caer, yeah!    

¿Con quién te encantaría hacer un dueto? 

Sofía Ellar: Hay muchísimos artistas compositores con los que me encantaría poder colaborar. Ojalá estar a la altura pronto y que eso pueda pasar. De momento tengo que cultivarme un poquitín más, leer, escribir y tener un poquitín de callo... 

¿Cómo es un día a día en la vida de Sofía Ellar? 

Sofía Ellar: Me despierto, desayuno mientras contesto a mi familia de instagram y mando emails de trabajo -estos son muchos ya que no cuento con una infraestructura que me cubra todo el trabajo de oficina y tengo que estar pendiente, aunque cada vez menos- hago deporte, Dorian y yo nos estamos petando, compongo o ensayo con la banda o monto un vídeo o… ¡jope son muchas cosas! Digamos que hago de todo menos tumbarme a la bartola (risas).    

¿Te apoyó tu familia desde el principio a la hora de dedicarte a la música? 

Sofía Ellar: Fue duro. Los padres quieren lo mejor para nosotros y sobre todo algo con una mínima garantía y seguridad. El mundo de la música es maravilloso pero es un mundo difícil e inestable. Conseguir algo no te da la garantía de que puedas mantenerte en el tiempo. Al principio fue duro demostrarles que sentarse a componer era un trabajo, y quizá el no verme en una oficina con una rutina y un horario laboral standard les causaba agobio y estrés. Tuve que convencerles en muchas ocasiones de que me estaba dejando la piel y que esto se vería reflejado en algún momento. Ellos me dieron un margen de tiempo para empezar a ver resultados, tuve que explicarles que esto no funcionaba como las matemáticas. Es cierto que me han visto trabajando sin parar y que me lo he tomado muy en serio. Hacer música es un trabajo, cuidar a tus fans es otro, ¡y gestionar tu propio proyecto es otro!    

Tienes 117.000 seguidores en Instagram, ¿Cómo llevas la fama? 

Sofía Ellar: Si pudiera borrar del diccionario la palabra fama lo haría (risas). Lo que más me importa de todo esto es cómo influyen mis canciones y cómo influyo yo como persona en la gente que me sigue. Soy consciente de que hay gente joven con inseguridades que me ven a diario. Eso es un trabajo y una responsabilidad grande, luego, hay que hacerlo con cabeza. Mi vida ha cambiado 180 grados y sacrificas muchísimas cosas al estar en el punto de mira. No es todo tan “guay” como la gente se cree. Ahora bien, subirte a un escenario y que la gente cante esas canciones que un día escribiste con tanto sentimiento cuando tan dolida estabas… eso no tiene precio.    

Te encanta hacer covers, ¿quién es tu cantautor/a favorito/a? 

Sofía Ellar: ¡Tengo muchos! Sabina, Silvia Pérez Cruz, Alisson Kraus, Dolly Parton, Andrés Suarez… Ojo el mix...  

Y la última: Un sueño cumplido y otro que esté por cumplir...

Sofía Ellar: Los sueños los vivo a cada momento. Según van ocurriendo se van deseando y se van haciendo realidad. Voy saboreando todo lo que está pasando como si fuese un caramelo. Pasito a pasito. ¡Que queremos que esto dure! 

Lana del Rey: "Lust for Life"

Por: Lorena España

Lana sonríe. Lleva margaritas en el pelo. Lujuria por la vida. No más mirada dura, no más mohines enfadados, no más blanco y negro. No más nacer para morir, no más ultraviolencia. La portada del nuevo disco de Lana del Rey, estampada con el vitalista título “Lust for life,” parece anunciar un cambio en su, ¿hasta ahora?, oscura música, un giro hacia la alegría, el amor y las ganas de disfrutar la vida entre flores y cielos azules. Pero quien haya pensado eso no conoce a esta chica. 

 Lana del Rey no se parece a nadie, es un género musical en sí misma, ¿Con qué otro músico o banda podríamos compararla? Y que nadie diga Lorde, por favor. Sí, sus letras continúan bailando entre Mustangs, copas de vino, cigarrillos, playas desiertas y veranos que se derriten lentamente mientras te sumerges en los brazos de tu amante. De todo eso hay, de nuevo, en “Lust for Life”, un álbum oscuro, como los anteriores. Pero es diferente, es sorprendente. Lana continúa avanzando y nunca decepciona. 

Durante un primer rato largo, la escuchamos cantar sus poemas musicales acerca de amores intensos, una constante en sus letras (y en su vida, probablemente). Pero ya parece estar un poco harta de relaciones tormentosas y, aunque sigue buscando la pasión en la vida ("And a lust for life keeps us alive") y, no podría ser de otra manera, en el amor ("But when I love him, get a feeling, something close to like a sugar rush"), ahora que ha vivido más ya está de vuelta de ciertas historias ("Could it be that I fell for another loser?") a las que antes dedicaba letras cargadas de adoración. 

Después, el disco gira hacia otros temas y es que Lana no ha sido, ¿y quién sí?, impermeable a la avasalladora llegada de Donald Trump al poder. Títulos como “God bless America - And all the beautiful women in it”, con esos poderosos disparos intercalados entre los dulces susurros de ella, y “When the world was at war we kept dancing” ya dan pistas antes de la primera escucha. Acerca de esta última canción, la propia Lana afirmó hace unos meses: "(...) Y se plantea la cuestión: ¿es este el fin de América, de una era? ¿Se nos está acabando el tiempo con esta persona (Trump) al timón del barco? ¿Se estrellará? En mi opinión, la letra es un recordatorio no de hacer oídos sordos ni de pasar del tema. Tampoco de no hablar sobre las cosas. Es más como estate alerta y continúa bailando. Permanece despierto." 

Culminando "Lust for Life", aparecen letras sobre drogas, sobre maduración y evolución personal tan íntimas y sinceras que uno siente hasta pudor por estar invadiendo la intimidad del corazón de Lana. Una vez nos sumergimos del todo en el disco comenzamos a descubrir, poco a poco, cuántas joyas contiene... La tenebrosa y delicada “Love”, con unos ecos muy Twin Peaks,ya abre el disco a lo grande y te preguntas: ¿qué vendrá después de esto? Pues más y mejor. “13 beaches”, ya himno, ese alegato triste a la resignación ante la fama y los paparazzi con uno de los más preciosos estribillos de la carrera de la neoyorquina, en la que demuestra su poderío vocal. “White Mustang” y “In my feelings” son pura Lana: atmosféricos, en ocasiones fantasmagóricos, con unos cambios de ritmo perfectos e hipnóticos que te hacen volar sin darte casi ni cuenta. Son composiciones densas, como es característico en ella y sí, pueden no entrar a la primera pero entonces la vuelves a escuchar, y luego otra vez. Y entonces te preguntas cómo has vivido tanto tiempo sin esa canción. 

Las colaboraciones de A$AP Rocky y Playboi Carti no son lo mejor del disco, pero le dan un rollito interesante, callejero y decadente, sobre todo en “Summer bummer”, que se adhiere como un chicle sucio y pegajoso. Y hemos llegado hasta aquí sin hablar de la maravillosa Stevie Nicks, así que ya es hora. Su dueto en “Beautiful people, beautiful problems” resulta tan delicioso como ella. Con esa voz, ¿qué puede ir mal? Es entrar Stevie en la canción que, en un principio, puede pasar algo desapercibida y ya todo camba. Magia. El último invitado es Sean Ono Lennon, que canta junto a Lana y toca todos los instrumentos en el folkie “Tomorrow never came”, un delicado tema que transporta a un bosque regado por el sol de mediodía. Y, cuando entra Sean, ese “hey” es tan John que te eriza la piel. A menudo, los últimos tracks de un disco suelen quedar como unos últimos goteos que sí, pueden estar bien, pero ya no te calan. No así en “Lust for life”. Lana se reservaba una traca final con una tríada ganadora compuesta por “Heroin”, “Change” y “Get free”, tres temas que te van golpeando uno detrás de otro hasta dejarte noqueado y satisfecho. 

Su corazón se abre del todo y va in crescendo. Comenzamos a subir con "I'm flyin' to the moon again, dreamin' about heroin" y llegamos entonces suavemente a una sala donde solo está la voz de Lana y un piano, mientras ella nos confiesa, en un estribillo con una sorprendentemente alegre voz, que va a llegar un cambio, que no sabe dónde ni cuándo pero que, sea cuando sea, ahí estaremos. Lana termina de mirar hacia arriba en “Get free”, una maravilla en la que nos retrotrae a aquella otra maravilla llamada “Ride”, de su disco “Paradise”. En esta última, nos cantaba: "I've got a war in my mind / So I just ride" y ahora nos continúa cantando que, sí, "Sometimes it feels like I've got a war in my mind" pero ya no se va a limitar a simplemente "just ride" sino que "I want to get off, but I keep ridin' the ride /I never really noticed that I had to decide / To play someone's game or live my own life / And now I do" y ¿qué es lo que decide? Que "I wanna move / Out of the black/ Into the blue." Así que este es su "manifiesto", como Lana misma canta, y lo ha dejado para el final: quiere actuar, quiere decidir sobre su propia vida y lo va a hacer. Quiere salir de lo oscuro para sumergirse into the blue. Aquí está la auténtica "Lust for life". 

Lana del Rey da un paso al frente y no solo en su música sino parece que también en su vida. Sí, su poético canto de sirena continúa siendo oscuro pero ella ya deja entrar algo de luz, porque le apetece. Sigue siendo ella. Pero mejor. Discazo.

Mutagénicos: ¡¡Mutan!!

Por: Txema Mañeru 

Estos locos robots de los Mutagénicos "¡¡Mutan!!" y "chutan" como unos posesos del más arisco y vitaminado rock'n'roll. Mutan desde un estupendo debut, "El Guateque", que venía más cargado de bombas instrumentales, a este nuevo LP (con compacto de regalo) de fantástica presentación y dominado por temas (bien) cantados. Antes eran enormemente divertidos en disco y explosivos en directo. Ahora son todavía más divertidos en esta nueva grabación y seguro que sus próximas actuaciones pueden ser la hostia. Alfredo ha dejado la batería para ponerse al frente con las guitarras y con la voz principal, aunque también canta el imprescindible teclista (¡ese hammond!) Jorge Stereo y Pablo, ahora en las baquetas, en un par de temasTemas que vuelven a pasearse por todos los géneros más vetustos del más clásico rock'n'roll. Tenemos mucho 60's garage-punk, pero también surf, R&B, punk granuja y pop contundente.

El disco aparece con una preciosa y "mutagénica" portada y ha salido en un flamante LP que trae el compacto por la patilla. De porta y art-work se encarga Mikel Echandi y de que haya aparecido este disco el principal responsable es el estupendo sello Sweet Grooves Records, que se ha vuelto a unir con otros dos para sacar el proyecto adelante, en este caso ha sido con Hurrah! Música y con Amok Records. Recordamos que no es la primera vez que los cacereños se han unido a otros sellos hermanos para sacar sus estupendos vinilos. Lo hicieron con el estupendo debut a base de veloz power-pop y el rock'n'roll de Jíbaros y también para el "Triple Reverencia" de los Súper Cadáver, ambos con preciosas y coloristas portadas, por cierto. Todavía podrás encontrarlos todos en www.sweetgroovesrecords.com. Por cierto, no queremos dejar pasar la oportunidad de recomendarte su reciente single de Heatwaves, también con colaboración entre sellos. En este caso No Tomorrow y Devil Records. Y es que Heatwaves vienen de la rica escena castellonense de punk-pop y varios de sus miembros han militado en históricas formaciones como Shock Treatment, Depressing Claim, Prototipes o Los Reactivos. De hecho hasta cuentan con la producción de Coky Ordóñez para la creación de su precioso EP de 4 canciones, “Heatwaves # 1”. Brilla la voz solista de Ana Bletrán que les lleva a combinar su amado punk-pop con el fantástico sonido y las voces de los girl groups de los 60. Abren más power-pop con "My baby has gone" y se ponen tiernos recordando a esos grupos de chicas en "You don’t love no more". ¡Piden LP completo de inmediato!

Ahora es el momento de destripar un poco de la locura de "¡¡Mutan!!". Locura que empieza con un "Quiero fumar" que combina el R&B y casi el rockabilly con un estribillo pop y ese órgano puramente garajero. Tenemos más rock'n'roll ennegrecido en un macarra e irreverente "Mutagenízate" en el que se mean en la playa y hasta en la piscina, los muy guarros. Se declaran como los Kraftwerk en "Soy un robot", aunque sus guitarras son puro Wilko Johnson en sus comienzos con Dr. Feelgood. No faltan algunos buenos y anfetamínicos instrumentales como "Freak show", la surfera "La ola del diablo" o la final "2 Pistolas para un manco", con sus toques western y el eco en las guitarras a The Shadows. Cierran la cara A con "Mientes más que hablas", en la que al igual que en "Mutagenízate" cuentan con el saxo de Chuchi Malapersona que ha tocado con grandes de Folc Records como MFC Chicken, King Salami o Sister Cookie, entre muchos más.

La cara B se abre con la única versión que al final no lo es tal. Sí, cogen la fantástica letra de Los Nikis, pero su "Saturno es aburrido" tiene otra música más marciana aún que la de los madrileños. En "Jungle Frau" se atreven a cantar en alemán y emulan a The Woogles, pero el riff tiene un indudable aire a Bo Diddley y el órgano de Stereo vuelve a ser abrasivo y genial. ¡Que "Mutada" (con "p") si no puedo catarlos pronto en directo!

Paul Weller, lozana veteranía

Sala Razzmatazz, Barcelona. Jueves, 14 de septiembre del 2017

Texto y fotografías: Àlex Guimerà 

Siempre es un placer reencontrarse con un tipo como Paul Weller. Quizás con el único lamento de no poderle escuchar exprimir su imponente legado con The Jam, pero siendo conscientes de su capacidad para ofrecernos un atractivo show lleno de grandes canciones -que nunca ha dejado de hacer- y de demostrar su imponente figura. Tras su paso por la edición del Festival del Jardins de Pedralbes de 2015 y del ya lejano concierto de 2008 en el Espacio Movistar, el regreso a Barcelona prometía, pues llegaba cargado con las nuevas canciones de su recién estrenado "A Kind Revolution" (2017), un disco en el que aúna lo mejor de la música negra con unas texturas que miran hacia el futuro del rock. 

Con ello, una sala Razzmatazz llena de un público, que incluía su legión de fans británicos, fue testigo de la confirmación de la leyenda de este tipo que demostró que se encuentra en plena forma. Rodeado por cuatro jóvenes músicos (percusionista, batería, teclista y bajista) más su inseparable guitarrista Steve Cradcock (sí sí, el de Ocean Colour Scene), el de Surrey se despegó en un concierto fresco y potente en que sus casi 60 años pasaron inadvertidos por su pletórico estado físico y por la lozanía de sus acompañantes. Y como era de esperar, mucho protagonismo para sus dos últimos trabajos de estudio.


Del modernista "Saturns Pattern" (2015), sonó un tempranero "White sky", que firmarían los mismísimos Jack White y Black Keys, la caótica "Long time", "Going My Way", con Paul al piano, y "I’m Where I Should Be", con los sintes a todo gas. De lo nuevo, el pop art de "Nova", la funky "She Moves With The Fayre" o la coreada "Woo Sé Mama", con el desmadre en la pista. Muy bien recibidas fueron también las bailongas "My Ever Changing Moods", presentada como "ahora toca una canción antigua", y "Shout To The Top", ambas de su etapa con los Style Council. De su cancionero en solitario sonaron exitazos como "The Weaver", "Friday Street", "Peacock Suit", "The Changingman", "Broken Stones" o "Out Of The Sinking", con las que The Modfather inspiró a la generación del Brit Pop en los noventa. También aparecieron las emotivas baladas "Above The Clouds" y "Do You Something To Me", esta última de nuevo al piano. 

Pero más allá del repertorio, la interpretación vocal impecable, la energía de la banda y la pasión de su líder, las tormentas eléctricas, los duelos titánicos a la guitarra con Cradock o las lujurias rítmicas fluyeron en las más de dos horas de concierto y las casi 30 piezas que nos regaló. Incluyendo dos salidas y vueltas para los bises en que escuchamos las guitarras punk de "From The Floorboards Up" y "Come On/ Let' s Go" (¿"Teenage Kicks" de los Undertones?), y sobre todo dos temas de los Jam: "Start!", con su línea rítmica robada del "Taxman" de los Beatles, y el memorable hit de corte Motown que es "Town Called Malice", con el que la locura se apoderó de la sala. Era la rúbrica al generoso espectáculo de este veterano en estado de gracia que no se conforma en mirar al pasado y que logra mantener la llama del rock británico como pocos. 

Childhood: "Universal High"

Por: Txema Mañeru

Si te gustaron los londinenses Childhood en su debut “Lacuna”, te encantarán aún más en esta preciosa y más personal reválida en la que llevan un poco más allá aún su especial soul-pop psicodélico. Al frente del cotarro sigue su especial y gran cantante Ben Romans-Hopcraft, quien se encarga también de la guitarra aunque en las 6 cuerdas brilla más el trabajo de Leo Dobsen.

 Debutaron hace un lustro ya con un guapo single para el prestigioso sello Marathon Artists, que aquí distribuyen Everlasting / Popstock! Su apreciado debut grande, “Lacuna”, contó con la producción de Don Carey (Bloc Party, The Kills, Toy, Emiliana Torrine) y ahora dan un nuevo giro de tuerca a su sonido y arrancan con una buena melodía pop y buenos teclados en "A.M.D.", un tema que puede gustar a seguidores del pop más elegante de Fleetwood Mac o Crowded House.

Pronto llegará el primer single titulado "Californian Light", en el que ya nos derriten con su blue-eyed soul y voz en falsetto al estilo del mismísimo Prince. En "Cameo" también burbujean los teclados en otro buen tema lento. Siguen con ese blue-eyed soul alternativo en "Too old for my tears" o en la alegre "Don’t have me back". En temas como estos y algún otro momento es fácil acordarse del lado más negro de los Orange Juice o de Edwyn Collins en solitario. El tema titular es un fantástico y sensual lento en el que también dejan brillo para las guitarras de Ben y Leo. Se despiden también con jovialidad y sana alegría en una "Monitor" que puede ser un próximo single. ¡Buena confirmación y nombre a apuntar sin duda!

Band of Horses, carismática energía

Sala Apolo, Barcelona. Viernes, 8 de septiembre del 2017

Texto y fotografía: Por Àlex Guimerà

Mucha expectación había para el regreso de los Band Of Horses a nuestro país. Primero por su paso por el DCode como cabeza de cartel, pero sobre todo por su vuelta a salas de conciertos en Barcelona. Y es que parece que determinadas bandas han renunciado a dicho formato optando sistemáticamente por los festivales y sus grandes masas, privando al verdadero fan de muchas de sus esencias.

Y precisamente esa fue la impresión que nos llevamos los asistentes a su directo del pasado viernes 8 de septiembre en la Sala Apolo. Con el mallorquín L.A. como telonero repasando fugazmente algunos de sus nuevas canciones del "King Of Beast"(2017), los de Seattle arrancaron poco después de las nueve con su renovada formación (con dos nuevos miembros) y con Ben Bridwell y Ryan Monroe como capitanes de a bordo. Si bien los comienzos no estuvieron acertados en cuanto al control del sonido y por la pieza menor que es "Dull Times /The Moon" de su último álbum "Why Are You Ok"(2016), vimos que la cosa iría a mejor cuando interpretaron la gloriosa "Can' t Hardly Wait" de los Replacements. Luego otra de lo último, "Hag", dio paso a uno de los momentos cumbre del concierto con "Throw My Mess" y "St. Augustine", con las que demostraron sus capacidades melódicas, juegos de voces y alma country. Y es que si el sonido de los BOH se basa en su particular fusión de indie guitarrero con el country-rock de raíces, uno no puede sino valorar su talento cuando se ponen más acústicos y clásicos. Aunque a decir verdad, con la nueva formación en su directo primó más el músculo y la electricidad, que a la fin es lo que les reclaman la mayoría de sus fans. 

En cualquier caso, lo que fue indudable fue la química de los cinco músicos perfectamente engrasados y enérgicos no faltos de carisma. A destacar el frontman Ben Bridwell que parece que le va la vida en cada verso que canta cuando no está poniéndose o quitándose su gorra de camionero; o Ryan Monroe con su físico "anti-rockstar" y su virtuosismo en las segundas voces, en los solos de teclado o en la slide guitar. Así fue como los caballos trotaron con sus esperados clásicos como son la balada "No One' s Gonna Love You" (un poco en piloto automático), la potente "NW Apt.", la rítmica "The General Specific", con Ben aporreando la pandereta, o la intensa "The Great Salt Lake", junto con piezas de nueva cuña como su nuevo hit "Casual Party", la coreada "Solemn Oath" y un "In A Drawer" que echó de menos la voz de J. Mascis de la original. Y otra dupla para la posteridad: "Marry Song" que sonó íntima, sentida y deliciosa a las dos voces, y "Older", emotiva y rupestre como nunca. 

Para el cierre la fabulosa "Laredo", quizás su mayor logro y la que mejor les define, antes de los dos bises en los que las guitarras indie tomaron las riendas con "It' s There A Ghost" y "The Funeral" para galopar con un público lleno de satisfacción. Sin duda alguna, un potente final a un concierto de pura raza.