Nuestra canción de la semana: "Hiel", de Ana Curra


La naturaleza se ha sublevado contra nuestra especie en una pugna inédita, aunque no inesperada, como víctima de nuestro maltrato durante décadas; por haberla ultrajado a nuestro antojo sometiéndola a esa condición de superioridad que nos define de un modo innato, pero también erróneo. La torpeza humana aflora estos tiempos que corren más cruenta que nunca, y se vuelve contra nosotros para recolocarnos en ese lugar del mundo del que no deberíamos haber salido jamás.

Sin embargo, ante tal devastador escenario, Curra invita a la reflexión. Y lo hace desde "Hiel", su nuevo single; una canción nacida de las entrañas del dolor, la tristeza y la angustia, para sugerirnos la búsqueda de respuestas que marquen el camino de vuelta a nuestra esencia. Quizá regresando a lo más primario, podamos comenzar de nuevo.

Para ello, debemos seguir asumiendo -y paliando- errores: «Las protestas populares, los eternos bandos enfrentados y el devenir de planteamientos políticos e ideológicos que buscan tu posicionamiento, han incendiado todavía más el estado de malestar y crispación social que ya se respiraba en el ambiente por lo que está ocurriendo de por sí. Una pandemia es una pandemia y lo importante, aunque a veces parece que se olvida, son todas las personas que han muerto y siguen muriendo. Esa ignominia cometida con nuestros mayores que han tenido que morir abandonados, solos y sin comprender», afirma.

Por eso, "Hiel" es un homenaje a todos ellos. Un sobrecogedor tributo que canta a la desolación y a la desesperación, a través de una sublime sección instrumental que nos pasea por las atmósferas más aterradoras y opresivas, pero también se detiene en la delicadeza de un piano que nos devuelve el aire que perdimos, el bálsamo que necesitamos, el sosiego anhelado. Un viaje de la oscuridad a la luz en el que Ana Curra nos va guiando con su voz magnética de latido profeta, hasta desembocar en el corazón de la canción compuesto por un imponente canto chamánico dedicado a todas las almas perdidas y caídas en nuestro desastre.

La madame punk de nuestro país, la reina de las tinieblas, la cuarta Pegamoide, la psique femme de Parálisis Permanente y el alma de Seres Vacíos, regresa con otro paso al frente en su carrera en solitario a manos de este single conmovedor que retumba en nuestras conciencias.

 

Roy & Yvonne: “Believe In Yourself”




Por: Txema Mañeru

Fantástico cierre de círculo y genial LP de este dúo incombustible muy bien secundado por los Mighty Megatons. Son ya varios los discos que nos había traido la gente de Liquidator Music con sus arcanos sonidos de base ska, pero también con el primer rock steady y el rhythm & blues jamaicano a veces cercano al soul. Además han contado con la brillante producción del gran Rudy King que igualmente se encarga de las ricas y trabajadas notas de contraportada, además de aportar su guitarra rítmica, instrumento esencial en los sonidos jamaicanos, además de la sección de ritmo y los buenos órgano y piano de un Pablo Delgado muy presente en la mayoría de los temas. Cuenta a su vez con una excelente tripleta de vientos y un apropiado sonido en Mono que hace que el disco suene como cuando comenzó esta pareja hace más de 50 años.

Hace aproximadamente una década regresaron a los escenarios y en 2014 la gente de Liquidator ya nos trajo un excepcional “Moving On” tras más de 45 años alejados del negocio de la música. Antes habían trabajado con la crema de la crema de los productores jamaicanos, léase Duke Reid, Coxsone Dood, Lynden Pottinger, Edward Seaga o Byron Lee. En “Moving On” les produjo Mike Mariconda (Raunch Hands, Devil Dogs). Un total de 8 versiones con clase y 2 temas propios a la misma altura. Clásicos de Rosco Gordon; el "My Baby" que popularizó Dinah Washington, pero con ritmo ska; el "Someday" de Bartolomew & King en clave rocksteady y la contagiosa alegría del "I’m In Love With A Girl" de Jesse Belvin. Por cierto que si te pasas por www.liquidatormusic.com comprobarás que han sacado también los preciosos singles de 7” de Glen Ricks (The Fabulous Flames) y las preciosidades en el mismo formato de El Paso Records de Le Grand Miércoles (homenaje a Ennio Morricone) y Jesse-Lee Jackson & Orquesta Zion (homenaje a Jesus Christ Superstar). 

Pero ahora se han cargado las pilas y aunque meten 4 versiones, Yvonne se vuelca en la composición con la ayuda de Rudy King. Comienzan con la deliciosa "Baby You’ve Got What It Takes", de Murray Stern y Clyde Otis. Ritmo delicioso y esos vientos haciendo de las suyas. Suena ya más ska en el primero de los muchos temas a medias entre Yvonne y King, "You Lied To Me". Además de los vientos encontramos una gran guitarra solista de Martín Boix en "I’m Going". Encantadora "Ready For Love" dirigida por la rítmica de King. Buen cierre de la cara A con el gran Rosco Gordon y su "Just A Little Bit".

Otro ritmo genial para abrir la cara B con "This Is Your Life" y la voz de Yvonne luciéndose y con pegadizo estribillo ya a dúo. Soul reggae genial en la romántica versión del "I Feel Love In This Room Tonight". Roy Panto colabora también en la composición de la destacada "Little Girl" y gran versión del "I Know (You Don’t Love Me No More)" de Barbara George. Estupendo final con el instrumental de Rudy King "Carnival Lawn". Tema festivo con guapos vientos, los punteos de Boix y ese contagioso ritmo dirigido por su guitarra rítmica. En la preciosa foto de portada del vinilo se les ve como dos ancianos venerables, pero la sonrisa insinuada de Yvonne nos hace presagiar que todavía nos harían bailar y pasarlo bien si pueden presentar este estupendo disco en directo.

Entrevista: Óscar Avendaño


"Las canciones las terminan quienes las escuchan"

Por: Kepa Arbizu

Hagamos un breve ejercicio de historia. En el 2015, el siempre inquieto músico gallego Óscar Avendaño se presentaba acompañado de Reposado, que no era otra cosa que el nombre dado a la unión junto a Andrés Cunha y Mauro Comesaña (The Soul Jacket).  Su disco inaugural, "Burro", nos presentaba un lujoso muestrario de sonidos americanos donde el rock más áspero convivía con suma naturalidad con los aires campestres o el óxido destilado del boogie blues. Una sobresaliente carta de presentación que ha sido ahora, más de un lustro después, cuando ha tenido su continuación, a pesar de que el disco, de contundente nombre, "Perros Negros", fuera grabado originalmente solamente un año después de dicho debut.

Por lo tanto, aunque el tiempo de separación de la publicación de ambos sea más que considerable, la cercanía con la que fueron concebidos explica el paralelismo entre ambos trabajos. Al margen de haber sido grabados ambos en los estudios Guitar Town de Hendrik Röver, quien no solo se emplea como productor sino como músico y un integrante más del combo, las referencias estilísticas siguen siendo prácticamente las mismas, aunque sería un error no encontrar la voz distintiva, en general más desolada y cruda, que marca estas composiciones. 

Hablamos por lo tanto con el artífice, aunque perfectamente flanqueado, de otro disco mayúsculo con el que desde Galicia podemos asomarnos a los paisajes y ambientes más granados del rock americano.

La primera pregunta es obligada y típica, se publica este segundo disco de tu proyecto Reposado cinco años después de ser grabado, ¿qué ha sucedido para que hasta ahora no se haya dado el momento para editarlo? 

Óscar Avendaño: Ha sido una concatenación de cosas. El disco lo grabamos sin ninguna prisa, porque tampoco teníamos mucho tiempo para presentarlo de inmediato. Aprovechamos la oportunidad, cuando fuimos a tocar a Santander al Desencuentro Enemigo, para quedar con Hendrik Röver, y a partir de ahí ya veríamos cuándo sacarlo. Él nos preguntó si teníamos prisa por mezclarlo, y contestamos que si tenía otros proyectos entre manos que le urgían que los hiciera primero, porque además nosotros estábamos muy ocupados. Mauro estaba liado con The Soul Jacket; Andrés siempre lo está, cuando no es con una cosa es otra, siempre está metido en proyectos, nunca tiene uno central y prioritario pero está en mil historias. Y yo además de con Siniestro Total había surgido lo de The Bo Derek’s, que empezó a ser muy fácil de mover y funcionaba muy bien en cuestión de repercusión y público. Entonces te vas volcando en aquello que te pide más urgencia y el disco se fue quedando ahí… Ahora, a raíz de Milanamúsica, que ya sabían de la existencia del disco, de hecho habían escuchado partes, me dijeron directamente para sacarlo, y personalmente me pareció un buen momento, porque no implica presentarlo en directo y la repercusión pude ser curiosa ya que como hay menos música en vivo se venden más discos. Nos pareció un buen momento, y parece que lo está siendo. 

Por lo tanto ha sido definitiva para la publicación del disco la aparición de un nuevo sello en escena, como es Milanamúsica… 

Óscar Avendaño: Sí. Yo tengo un amigo, también extremeño, Asís Izquierdo, que estaba empeñado en que quería publicar el disco, pagándomelo él incluso, pero él no se dedica a esto, es un fan, y le faltaba la infraestructura adecuada, y por mi parte no podía comprometerme a devolverle la pasta, entonces salió lo de Milanamúsica y terminaron por unir fuerzas y al final fue para adelante. Quizás era lo que se necesitaba, que hubiera un chispazo que lo detonara... 

Y el hecho de que vea la luz ahora algo que grabaste hace años, ¿lo recibes de la misma forma que si fuera un disco recién hecho, o sientes alguna sensación de lejanía respecto a él e incluso pensando que se podría haber hecho de otra manera? 

Óscar Avendaño: Pero es que eso me pasa siempre con todos mis discos, cuando los escucho pienso que hay cosas que cambiaría, pero también me parece que lo hecho hecho está, y cambiar cosas implicaría que perdiera frescura y su espíritu original. Por otra parte, cuando escucho este disco, esa sensación de lejanía me aporta poder oírlo como si no fuera mío, dejando que me sorprenda, que no me sepa los arreglos, canciones de las que no te acuerdas bien… Lo vuelves a escuchar como si fueran canciones de otro, no tienes el oído viciado, y descubres que te gusta el resultado. 

“Perros negros” mantiene básicamente las coordenadas de aquel “Burro”, sonido americano donde hay ingredientes del rock, country, del boogie-blues, western..., pero creo que en esta ocasión hay una manifestación de todo eso todavía más nostálgica, más desolada, incluso más cruda. ¿De alguna manera por el hecho de haber sido grabados tan seguidos en su momento consideras que este disco es como la extensión y la profundización de aquel primero?

Óscar Avendaño: Puede ser.. me resulta difícil juzgarlo por el tiempo que ha pasado, pero sí que recuerdo esa sensación de estar grabando como una segunda parte. De hecho queríamos mantener la misma fórmula. Es cierto que cuando grabamos “Burro” la idea era hacerlo entre nosotros tres, y Hendrik acabó por sumarse al proyecto, terminando casi como cuarto componente, en cambio para éste ya fuimos con la idea de su presencia y sabíamos que iba a participar en ese sentido.

Lo que si recuerdo es eso que dices, que es un disco más desolado, caústico, con un punto de mala hostia, que no sabría decirte por qué era, pero había canciones enfadadas… Y en ese sentido sí veo lo de expandir un poco más su territorio. Yo funciono un poco así, no quiero volver a lo que ya he hecho, me gusta expandirme, una vez llegados a un punto ir un pasito más allá a ver qué pasa... 

¿Crees que musicalmente el disco ha adoptado una forma concreta más descarnada en función de las cosas que querías contar? 

Óscar Avendaño: Creo que sí influye, pero a veces incluso lo hace de una forma curiosa. Hay canciones, que evidentemente están hechas bajo mi sentir, en las que de repente lo que hacen los demás músicos, la manera de entenderlas, coincide. Me sorprendió que los temas los ensayé solo con Andrés y Mauro, y no con Hendrik, que se acopló al final del proceso, pero aún así él es capaz de en las cosas que hace pillar las sensaciones latentes que hay en todo ello. Por ejemplo, hay una canción como “Aves migratorias”, que tiene un punto a Pink Floyd, en la que mete un solo de guitarra súper desmadrado y agresivo, dentro de un tema muy lento, pillando muy bien ese rollo cabreado. Creo que las canciones sí se adaptan. Al final se trata más de una sensación que flota en el ambiente y que queda plasmada sin que estés buscando concretamente hacer eso. 

“Perros negros” es también la expresión que utilizaba Churchill pare referirse a su depresión, ¿tus discos suelen ser reflejo o permeables al momento personal que pasas o eres capaz de jugar con la ficción y la imaginación a la hora de contar las cosas? 

 Óscar Avendaño: Yo lo que intento hacer es coger mi momento personal y ficcionarlo a modo de parábola. Mis canciones antes eran mucho más explícitas, ahora cada vez son más, por así decirlo, metafóricas. Luego obviamente el momento histórico que estás viviendo te marca, pero en este disco concreto me influyó más mi estado de ánimo personal que lo que se estaba viviendo.

Es verdad que esa expresión la utilizaba Churchill, pero en este caso viene de un trapichero de farlopa en Vigo (risas) que se hacia llamar Perro negro, me parecía algo tan triste que alguien así, que al final era un pobre hombre, utilizara ese nombre.. que me llamaba la atención esa idea de lumpen. Además me sonaba una expresión muy oscura, muy evocadora. Un perro negro puede ser tantas cosas… desde uno ahí tirado al perro de Baskerville . 

El disco se abre con el tema “Jacksonville”, que pone sobre la mesa la idea de road movie, de viaje, que luego de alguna manera se mantiene a lo largo del disco, ¿ha habido algo parecido a la idea de disco conceptual o por lo menos de crear un hilo argumental? 

Óscar Avendaño: Pues no, no la había, pero no eres la primera persona que me dice exactamente eso mismo. De hecho Arturo Delgado, el autor de la portada, me comentó al escucharlo que a él le parecía una road movie que iba parando en diferentes sitios. Yo no lo he hecho a propósito, pero a la hora de ordenar las canciones, que es algo que me parece definitivo, sí que te puede llevar hacia ese punto, sobre todo porque hay dos temas que marcan mucho ese recorrido, como es el que has mencionado, que además abre el disco, y luego por supuesto “El camino”, que te vuelve a dar esa idea de carretera. 

En la propia “Jacksonville” hay menciones muy especificas al cine. Cualquiera que te conozca sabe de tu pasión por dicho arte. Teniendo en cuenta las características generales de este álbum, en cuanto a ambiente y personajes, ¿dirías que la inspiración e influencia del el cine ha estado más presente aquí que otras veces?

Óscar Avendaño: Podría ser... no lo sabría decir seguro.. porque la influencia del cine siempre ha sido muy importante para mí. Me pasa muy a menudo que a lo mejor escucho una frase en una película, o me transmite un chispazo lo que estoy viendo y me lleva a algún sitio, que no tiene por qué tener mucho que ver con la idea original. Además Andrés es muy cinéfilo también, y aunque Mauro quizás no tanto tanto lo es bastante, entonces al llevar mucho tiempo juntos es posible que nos induzca a tirar de ahí más todavía, si cabe. 

Antes mencionabas a Arturo Delgado, el autor de la portada, con la que plasma de alguna forma, aunque a su manera, el concepto del álbum, ¿cómo surge la idea de completar el contenido del disco con una portada tan expresiva? 

Óscar Avendaño: A mí hace mucho tiempo que me apetecía que Arturo me dibujara algo, me gusta mucho su estilo, que me recuerda en los trazos a los clásicos del cómic underground americano de los años setenta, como Gilbert Shelton, Crumb o Harvey Pekar. Tenía muchas ganas de una portada así, y si bien la de “Burro” no era del todo cómic sí que tenía un puntito, y con este trabajo me apetecía profundizar en ese concepto. Él se escuchó el disco y fue cuando le surgió la idea de road movie, me empezó a contar cómo lo veía él y todo lo que me decía me encantaba.

Hay una cosa además que me gusta mucho, y es que ese punto más caústico y desolado que tiene el disco, una portada así le quita hierro a ese contenido, pero al mismo tiempo no le rebaja la mala hostia, porque el dibujo es feísta, dándole algo de humor pero sin quitarle la esencia. Me gusta el juego que se crea entre la portada y luego lo que te encuentras dentro. 

”Laguna del norte” es un precios instrumental muy Neil Young, ¿cómo decides cuando tuviste esta melodía que no necesitaba letra y que se quedaba así? 

 Óscar Avendaño: Esto surgió un par de días antes de irnos al estudio de grabación. De repente empecé a darle vueltas a unos acordes y Mauro, que suele ser un tío que tiene mucha sensibilidad para ver la esencia de estas cosas, me dijo que parara, y empezamos a darles vueltas. Para él estaba ya bien así, me dijo que no había que sumarle nada más, ni letra ni nada. Luego entre los cuatro sí que añadimos alguna melodía con guitarra. Es una canción mía pero que colaboraron todos. 

Lo que está quedando claro en tus palabras es la conexión y el trabajo conjunto que hay en Reposado, yendo mucho más allá de ser un proyecto personal tuyo...

Óscar Avendaño: Siempre lo digo, yo no creo en la dictadura del autor de las canciones, a no ser que sea un genio, cosa que no es el caso, yo confío mucho en los músicos que tocan conmigo, creo en ellos, si no fuera así de hecho no estaríamos juntos. Yo les dejo hacer lo que ellos quieran, luego a veces puedo decir que no, pero les dejo crear. El mejor ejemplo de todo esto es el tema “El camino”, que empezó como una canción normal y de repente, supongo que sería Mauro que tiene ese deje por los desarrollos largos, quien fue estirando el final, creciendo y creciendo así la canción… Luego ya con Andrés y Hendrik se la llevaron hasta lo que es ahora. 

También te digo que por eso para cada proyecto necesita una gente y no otra, de hecho en The Bo Derek’s no podrían estar ni Mauro ni Andrés, tienen que ser Jorge y Martín. Hay canciones que te sirven para una cosa u otra. Te diré que de hecho intenté montar una canción de los Bo Derek’s, “Jueves en Hanoi”, para este disco, pero la manera que tenían de entenderla y cómo la intentábamos hacer no me gustaba, así que lo dejamos y fuimos a por otra. Esas cosas pasan. 

A la hora de componer una canción, ¿estás pensando en el proyecto al que puede ir dirigida o eso es algo que decides más adelante, según se desarrolle? 

Óscar Avendaño: Pues pueden pasar ambas cosas. Yo hago canciones para mí básicamente, y se van quedando ahí. A veces van encajando en un proyecto u otro, y otras se quedan paradas diez o veinte años porque no he encontrado el momento adecuado o la gente idónea. 

Otras veces, sin embargo, cuando a lo mejor ya tienes hechas cinco canciones que encajan en un proyecto concreto, pues entonces sí que te centras ya en hacer unas cuantas más para llegar a completar un disco, o lo que sea; entonces ahí sí me concentro y me empapo de ese ambiente, de ese espíritu. 

El disco termina con “Arde el mundo”, un tema muy explosivo y duro, ¿tenías claro que era la canción que tenía que cerrar un álbum así? 

Óscar Avendaño: Yo nunca grabo las canciones pensando en el orden que van a tomar, e incluso a veces me imagino uno y luego no funciona, pero en este caso sí me parecía lo ideal, ya que tiene el disco ese estado latente de desolación, acabar con una canción así, como una explosión, me parece un buen cierre. 

Teniendo en cuenta una canción como la que hemos mencionado, tan agresiva, y proyectos como The Bo Derek’s, donde sacas tu lado más punk e incendiario, y que en este disco también vemos momentos que son prácticamente lo contrario, composiciones de tremenda sensibilidad, como “Aves migratorias” o “Casas rotas”, no sé si hay alguna de esas dos facetas (la cruda y la delicada) que te cueste menos sacar o que la notes más natural a la hora de componer... 

Óscar Avendaño: Ambas son totalmente naturales en mí, me gustan ambas cosas mucho. Me gusta el rock and roll muy bestia pero también lo relajado. Aunque suene una barbaridad, y sin ánimo de compararme con Neil Young, me parece un buen ejemplo, alguien capaz de hacer discos que son una barbaridad de bestias y otros más campestres. Y a ambas situaciones les tiene pillado perfectamente el punto, yo no sé si le tengo pillado tanto el punto (risas), pero me interesan los dos aspectos. 

Este es un disco que lo escuchas y perfectamente podría pasar por su temática y tono por uno realizado en plena época de pandemia, cosa que evidentemente no es así. No sé si es la señal de que esa feliz normalidad que tanto añoramos no era ni tan feliz ni tan normal o de la universalidad al final de los temas que uno habla...

Óscar Avendaño: A mí esto me ha sorprendido muchísimo. Escuchando el disco y pensando sobre sus letras parece que estoy hablando de lo que está pasando ahora. Canciones como “Pudridero” o “Los chicos” parecen escritas para esta situación, o incluso “Arde el mundo”, que no sé donde leí el otro día que era un reflejo de lo sucedido hoy en día. No sé.. supongo que las canciones tienen una permeabilidad para que el que las escuche entienda lo que quiere entender, y eso me parece que está bien. Yo disfruto mucho también cuando una canción tiene una historia con principio, desarrollo y final, una cosa como podría ser “Pedro Navaja”, pero yo eso no sé hacerlo, yo dejo una idea en el aire y que cada uno lo interprete como desee. De lo que yo quiera decir a lo que la otra persona interprete puede haber una distancia enorme, pero es igual de válido, la canción la termina quien la escucha. Alguien puede creer que estoy hablando claramente sobre algo y tú sabes que no, pero en el momento en el que te lo dicen ves que perfectamente podría serlo. Y con mis canciones pasa eso.

Pero por otro lado está lo que comentas, esa normalidad que añoramos pues ya era una mierda, es como ese “meme” que dice: odio esta normalidad y la antigua me sigue pareciendo una mierda, y ojalá volviera, claro, pero es lo que era, e igual pues es verdad que todo nos ha explotado en la cara, o a lo mejor el disco ya lo anunciaba sin pretenderlo. 

¿Y de qué manera ha influido toda esta situación de confinamientos y restricciones en los parones de otros proyectos como Siniestro Total o The Bo Derek's? 

Óscar Avendaño: Con The Bo Derek’s estábamos tocando todos los fines de semana, pero en los que hacíamos cuatro conciertos en tres días, todo lo que se podía hacer, se hacía: un día por la noche, al otro sesión vermú, vuelta a la noche...Y de repente llegó el primer confinamiento, que como pensábamos que se iba a tratar de unos pocos meses, pues te lo tomas casi como unas vacaciones, pero ahora es ya una añoranza total por volver a tocar. Al menos hemos conseguido acabar en el local de ensayo lo que será el nuevo disco, lo podremos grabar y lo publicaremos… Y volver a tocar...pues algo hay… a ver qué se puede hacer el final.. 

Y lo de Siniestro Total es muy distinto, porque es un grupo que está en tierra de nadie, quiero decir, es grande como para implicar una serie de gastos potentes y al mismo tiempo no lo es esta tanto como para hacer una cosa tipo Love of Lesbian. Así que estamos esperando… lo que te puede decir es que el local lo seguimos pagando, así que el grupo sigue vivo, aunque sea con respiración artificial. A día de hoy no lo hemos dejado, por lo menos que yo sepa (risas).

No dejes de escuchar a... Luback




Fotografía: Roberto Valentín Carrera

Luback ha publicado recientemente su nuevo disco, "The Measure of the Step", un trabajo con sonidos de rock, americana, blues, folk y soul, que destila influencias de Tom Petty, The Rolling Stones, JJ Cale, Led Zeppelin... todo siempre pasado por el filtro y la personalidad de la banda madrileña. 

 "The Measure of the Step" es un disco más luminoso que los anteriores, aunque mantiene ese sonido único: 100% rock, con toques de “americana”. “Somos variados, hay canciones con colores muy distintos, pero ahora además hemos encontrado una energía que no estaba antes, o no de esa manera”. El disco ha sido preproducido y producido en plena crisis de la Covid-19. “Necesitamos compartirlo y seguir adelante. Es nuestra vida, y haremos todo lo que las circunstancias nos permitan para que nuestra música esté ahí fuera”. 

Ellos son: a la guitarra y voz Cristian del Corral, quien lleva desde los 14 años sembrando el germen de Luback. A los teclados está Yago Sáez aportando clase y elegancia. Ambos músicos llevan tocando juntos desde la adolescencia. Completan el proyecto la versatilidad y el talento de Manuel Fernández (bajo y violín), la pegada y el feeling de Héctor Cebrián (batería) y la pasión y el virtuosismo de Marcus Wilson (guitarra y coros).

 

Entrevista: Kinki Boys

“No puede ser que vivan cuatro de la música y que los demás se tengan que dedicar a otras cosas para poder compaginarlo”.

Por: Sergio Iglesias

Editado a pachas entre Sweet Grooves, la Kinki Factory y Pipus Records, “Nada” es el último trabajo de Kinki Boys. Un vinilo compuesto por cuatro canciones en los que la banda formada por Marga Alday, Vila Berenguer y Tony Pick, vuelven a demostrar que, lo de las etiquetas no es para ello. En este EP, producido de nuevo por Martín Capsula, se mueven como pez en el agua en ese extraño lugar entre la luminosidad del punk rock más clásico y una vertiente más oscura o siniestra, a la vez que se atreven a versionar a Eskorbuto.      

¿Ha sido “Nada” fruto de la pandemia o ya estaba pensado antes?

Marga: Pues, de hecho, había fecha para grabarlo y hubo que retrasarlo por la pandemia, íbamos a entrar al estudio en mayo y, al final, tuvimos que hacerlo a finales de junio. 

Vila: Sí, estaba previsto ya, porque teníamos unos cuantos temas y lo que nos apetece ahora mismo es grabar singles y EPs de cuatro canciones y más adelante, a lo mejor sacar un LP en CD y Vinilo de 33 recopilando todos estos trabajos. 

Sí, porque vuestros trabajos tienen que salir en formato vinilo sí o sí ¿verdad?

Vila: Es algo en lo que estamos de acuerdo todos, llámanos románticos… o viejos (risas); pero nos apetece el formato de vinilo, aunque sea menos rentable. De todas formas, como somos un grupo que se autofinancia y lo único que buscamos es recuperar la pasta, ahora que no hay bolos, esto es una forma de mantener la banda viva. Yo siempre digo que nos la metieron doblada con el CD, porque nos lo vendieron como si fuera la panacea, y mucha gente incluso  vendió sus colecciones de vinilos, aunque luego se arrepintieron. Fue como si el vinilo hubiera perdido su valor…  menos mal que ahora se está recuperando todo eso. Aunque ya poca gente escucha en formato físico, los que lo hacen optan por el vinilo y es lo que más se ve en las tiendas de música. Para mí es un vicio muy chulo, yo recuerdo que, de pequeño, abría el disco y me quedaba enganchado viendo las letras las fotos… aparte de escuchar la música, la veías. Lo disfrutabas más.

¿Ha sido productivo el confinamiento para hacer cosas nuevas?

Vila: La verdad es que en el confinamiento estábamos como dormidos porque no había previsión de nada…

Marga: Eso es. Estábamos como aletargados y funcionábamos a impulsos, porque nos poníamos con algún tema, nos salían un par de cosas, lo dejábamos una temporada, luego volvíamos al de un tiempo… y así todo el rato.

Vila: Marga y yo nos juntamos en  el local y nos salen muchas ideas, las grabamos todas y algunas las cogemos y las trabajamos, pero no es que el confinamiento haya sido especialmente productivo, sino que esta es la tónica general y nuestra forma de hacer las cosas. Hay muchas cosas, ideas, y canciones esperando a salir.

La perspectiva de no poder presentar este nuevo trabajo, supongo que os echaría para atrás a la hora de poneros con nuevos temas ¿no?

Vila: Pues un poco sí. Antes, cuando tenías algo grabado, esperabas con ansia que te trajeran el disco, pero esta vez estábamos como desganados…

Marga: De hecho, cuando nos llegó el mail de que iban a llegar los vinilos pensamos “¿y ahora qué hacemos con todos estos discos?” (risas). 

En cuanto al sonido de este nuevo trabajo, veo que seguís investigando nuevas cosas, pero sin perder la esencia “kinki boys”…

Vila: Sí, tenemos como dos vertientes: una más punk rockera y otra más siniestra o experimental y yo creo que la banda va un poco hacia esta segunda…

¿Es una cosa mía, o esa vertiente oscura es más evidente en los temas que canta Marga? 

Marga: Bueno, en el primero ya había temas como “Voy a morir”, que es de los dos o “Perdida o muerta”, que es muy angustiosa; pero la verdad es que nos entendemos perfectamente en ese sentido… en esos temas más oscuros, preparo la melodía porque luego los voy a cantar yo, pero sin una batería o una guitarra que acompañe eso, no lo cantaría igual.

Vila: De todas formas, cuando hacemos las canciones, tampoco decimos “este tema lo canto yo y este tú”… nos sale así. Tenemos los micros puestos en los ensayos y alguno empieza a cantar porque le apetece, y así se queda. En ese sentido, nos entendemos muy bien. 

¿Cómo habéis llevado el tema de trabajar en la distancia con Tony?

Vila: El problema de la distancia no es algo nuevo en Kinki Boys, sino que siempre ha estado ahí, pero ahora se acentúa más. Lo que hacemos es currarnos los temas Marga y yo y luego se los mandamos y él mete sus guitarras; lo ideal sería poder ensayar los tres juntos, pero ahora no hay posibilidad de hacerlo.

Marga: Al final, como crecen las canciones es ensayando juntos y es una pena no poder hacerlo, pero bueno… es lo que hay.

Vila: Sí, hay grupos que están acostumbrados a ensayar desde la distancia y no sé cómo lo hacen, pero el formato “kinki boy” y el rock and roll en general, yo entiendo que es algo muy visceral, de sudar y ver sudar al otro y de que vayan saliendo cosas en el local… cada uno tendrá su fórmula, pero yo soy muy viejo y lo de las nuevas tecnologías me cuesta mucho, y en el local es donde se pulen los temas; el contacto y el mirarse a la cara es fundamental.

Vamos a empezar a analizar el disco. Comenzamos por el tema con el que presentasteis este trabajo: “Frentes abiertos”, tal vez la canción que más suena a Kinki Boys, quizá por su conexión con otras como “El Poblado”, de vuestro anterior LP…  

Vila: Sí, puede seguir esa senda. Es una música de esas que nos salen en el local, empiezas a tocarla y el tema va cogiendo forma primero en “spanglish” y, a partir de una frase, va saliendo la letra con esa onda tóxica y yonki similar, como tú dices, a la de “El poblado”.

Para presentar el disco también habéis hecho un video muy especial de este tema con Luis Vil. Habladnos de esto, porque puede que hayáis descubierto un nuevo género audiovisual…

Marga: Sí, las grabaciones de emergencia (risas).

Vila: Teníamos claro que queríamos sacar un video para darle un poco de caña al disco ahora que no podemos tocar en directo. No teníamos muy claro qué es lo que queríamos hacer y Marga se puso en contacto con él y le explicó a Luis el problema de la distancia con Tony, y él se ofreció a dirigirnos desde la distancia. Lo que nos propuso fue grabarnos cada uno con el móvil, explicándonos cómo debían ser los planos y luego él se encargaba de editarlo. La verdad es que tiene una visión de la hostia, porque el video ha quedado de puta madre.

Marga: Luis hace cosas que parecen muy sencillas pero muy bien resueltas, con pocos medios es capaz de hacer maravillas. Es un genio y fue un gran acierto colaborar con él.

Un genio en lo audiovisual, pero también en lo musical, no nos olvidemos…

Vila: Sí, yo no lo conocía, pero tiene un rollo muy guapo tipo Tom Waits pero más siniestro, con una visión personal muy chula.

Siguiente tema: “Nada”, donde aparece esa vertiente más oscura de la que hablábamos antes en los temas que canta Marga…

Vila: ¿Aquí qué salió antes? ¿la música o la letra?

Marga: La música; empezó de una manera muy hipnótica y la intención era hacer todo sujetando toda la canción con  la misma nota para crear esa tensión. Recuerdo que, una vez que salió la melodía de voz, ya no pude parar hasta que saqué la letra. Para eso soy muy obsesiva, mientras que Vila es mucho más tranquilo en ese aspecto… 

Vila: Sí, de hecho en el primer disco, la letra de  “Tengo un plan” la terminé el último día. Trabajo muy bien bajo presión (risas).

Pasamos a la segunda cara del vinilo que comienza con “Descanso eterno”. Marga, con Moonshakers ya hacéis versiones de Eskorbuto, pero ¿por qué habéis elegido, precisamente este tema de la época menos valorada, habitualmente, por los fans de la banda de Santurtzi? 

Marga: Pues el otro día nos contaba Lino (Prieto) en una entrevista que hicimos con él para Musika Master, que debían ser cosas que habían hecho Juanma y Pako, pero no hemos encontrado por ningún lado el autor. A decir verdad, no es un tema que nosotros eligiéramos, sino que vino a nosotros. Yo hacía mil años que no escuchaba esta canción y un día, en su programa “Asesino el rock and roll”, Javi Rubio la pinchó después de una de Kinki Boys y fue como “¡Claro, si esta canción es para nosotros!” (risas)… Está guay porque, al final, tiene un rollo diferente a lo de siempre de Eskorbuto.

Y acabamos con “Respira”, ¿qué me podéis decir de este último tema?

Marga: Musicalmente, salió como todos, en el local haciendo el capullo (risas)… la batería y el bajo todo lo rápido que se pudiera y con la voz que, esta vez, le tocó a Vila…

Vila: Como te decía antes, siempre tenemos los micros grabando, así que empecé yo marcándome una línea de voz y al final la letra la acabé en casa.

En la producción, habéis vuelto a contar con Martín de Cápsula…

Vila: Sí. Es como jugar en casa porque, desde el primer momento, con el anterior disco, entendió nuestro concepto. Yo cuando empecé a trabajar con Martín no le conocía más que de Cápsula, pero Marga ya había grabado con él con Moonshakers y por eso nos tiramos a la piscina. Viendo su forma de trabajar y como nos entendía, esta vez también teníamos claro que lo íbamos a hacer con él.

Empezábamos la entrevista hablando de la pandemia, y es inevitable terminar hablando de lo mismo, ¿cómo os ha afectado todo esto? 

Marga: Hay muchos sectores para los que esto ha sido un golpe tremendo. En el nuestro, la peor parte se la han llevado los que tienen la música como su medio de vida, como los técnicos de luces, de sonido… entre los músicos, por lo menos a este nivel “underground”, quien más quien menos, tiene otros trabajos u ocupaciones…

Vila: Es que igual habría que hacerse la pregunta de por qué una persona que se quiera dedicar en este país a hacer música lo normal es que tenga que tener otro trabajo para vivir, y la música sea sólo un  hobby. No puede ser que vivan cuatro de la música y que los demás se tengan que dedicar a otras cosas para poder compaginarlo. 

¿Tenéis pensado empezar a hacer bolos en esta situación de “nueva normalidad”? 

Vila: Pues ya hemos esperado bastante. Ya está bien, hay que ponerse las pilas y empezar a tocar ya y, de momento, lo primero que tenemos confirmado es un bolo con Txarly Usher y Los ejemplares el 18 de Junio en Bilbao. A partir de ahí, lo que vaya saliendo.  

Bonnie Tyler: “The Best Is Yet To Come”


Por: Txema Mañeru 

Evidentemente Bonnie Tyler no se puede comparar con otras casi coetáneas rockeras como Suzi Quatro o Joan Jett, que también han regresado en buena forma en los últimos años y de las que además hemos podido disfrutar en directo. Su latido era más pop, aunque siempre con esos arrebatos rockeros y con esa voz desgarrada que realmente emocionaba. De hecho en su nuevo disco de estudio, de optimista título, “The Best Is Yet To Come” (earMusic / Top Artist Promotion), el sello de portada lo anuncia como “Pure 80’s Love y Pop Icon”. Bien es cierto que su explosión tuvo lugar en los años 70 con la inolvidable ‘It’s A Heartache’. Si creciste en esa década seguro que la recordarás. Luego explotaría ya en los 80 con sus colaboraciones con Jim Steinman, que antes había dado el pelotazo con un Meat Loaf con el que tiene bastante más relación en cuanto a sonido que la mera producción. Se suele hablar de pop “Wagneriano” en relación a la galesa, cuyo torrente de voz tiene también bastante en común con un paisano de su gusto como Tom Jones.

El caso es que yo la daba por desaparecida pero a punto de cumplir los 70 años nos entrega este disco de estudio que hace su número 18 y se embarca en una extensa gira, si la pandemia lo permite. Ya habíamos escuchando algunos singles previos y se preveía que podía tener sus buenos momentos este trabajo, y así ha sido. Lo abre el single y tema titular de manera contagiosa, entusiasta y pegadiza. Vamos, que te crees el título y además nos trae muy buenas guitarras rock y coros épicos marca de la casa. Sigue el tercer single hasta la fecha, un "Dreams Are Not Enough" mucho más pop y con aires cercanos hasta a ABBA que luego dejarán paso a esas guitarras rock al estilo de Meat Loaf. El estribillo se te clava en las primeras escuchas. En "Hungry Hearts" tenemos su voz rugosa y otro buen estribillo pop adornado con unos teclados AOR no del todo molestos. Esos arreglos Adult Oriented Rock (AOR) son bastante más perniciosos en la innecesaria "Stuck To My Guns", aunque se recuperará en otro rockero single con gancho, melodía y buenas guitarras para acordarte de The Runaways. Los aires épicos llegarán en temas lentos como "Stronger Than A Man".

Mención aparte merece el capítulo de unas selectas versiones bien resueltas. Comenzamos por el "I’m Not In Love" de 10 CC. Le va como anillo al dedo. La canta de miedo y el piano y el saxo hacen subir el tema a un excelente nivel. Para el final se guarda una magnífica "Catch The Wind" de Donovan, también muy bien sacada adelante. En medio tenemos una prescindible "Somebody’s Hero" de C.B. Green o la tremenda balada "I’m Only Guilty (Of Loving You)", en la que tenemos un fascinante saxo y un gran piano, además de más buenos punteos rockeros con las guitarras. "Call Me Thunder", por su parte, suena también demasiado AOR,  gustándome más "You’re The One", otro poderoso y épico lento quizás excesivamente edulcorado. En resumen, quedarán encantados quienes añoren sus discos con Steinman de los 80 o el legendario “Bat Out Of Hell” de Meat Loaf. Para mí seguirá siendo un "guilty pleasure" en más de una ocasión.

Dolour: “Televangelist”



Por: Skar P.D.

Allá por el 2007 Shane Tutmarc decidió acabar con una emergente banda de Seattle llamada Dolour, aunque, para ser realistas, ya desde su primer disco era la denominación de origen de un proyecto en solitario. Su tiempo y esfuerzos los dedicó a otros proyectos más o menos familiares (Shane Tutmarc & The Traveling Mercies), a abrazar otros estilos que le resultaban cercanos, blues, gospel, a coqueteos con sonidos pregrabados (Solar Twin), y a mudarse de ciudad. De Seattle a Nashville.

Hasta que en el 2020 la pandemia modificó el sentido de la vida, el uso del tiempo, que hasta entonces casi era de libre disposición, y obligó, y está obligando, a muchos artistas a replantearse sus proyectos y adaptarlos a las nuevas circunstancias. En esa tesitura Shane Tutmarc decidió "volver a casa" y rebuscando entre sus discos duros rescató unas cuantas canciones, aún inconclusas, que permanecían en la recamara de los recuerdos y publicó "The Royal We", obteniendo una respuesta tan positiva que se hizo un hueco en esa red de resistencia global, amparada en los blogs y webs independientes, donde se refugian, en la actualidad, las canciones de pop luminoso, melodías fosforescentes y emparentadas con el power pop.

Dice Shane Tutmarc que no pensaba hacer otro disco inmediatamente después de "The Royal We" pero... "Con la pandemia en auge, y los encierros y la cuarentena, sin opciones de gira, las canciones seguían saliendo de mí, y es una de las principales cosas que me mantuvo cuerdo durante el verano y el otoño". Un caldo de cultivo perfecto para, amparado en la positividad que emana del concepto musical que representa Dolour, abrir las puertas y las ventanas para dejar que los rayos de luz, huidizos en estos tiempos oscuros, revitalicen energías y continúen la historia allí donde parece que se quedó por el 2007 más o menos.

"Televangelist", la canción que abre el disco homónimo fue el primer adelanto en diciembre del año pasado y parece como si el tiempo se hubiera detenido justo allí donde los tiempos eran felices y bailables y un aroma setentero y el swing a lo Gilbert O'Sullivan se hace más que evidente. La optimista "It Would Be A Delight" contiúa por el mismo sendero apuntado, por ese sendero que cualquier enamorado usaría para huir con la persona que amas: "Perdámonos cueste lo que cueste, lo haremos bien, sería un placer".

En "Summer Rain" la evocación de las lluvias livianas de las tardes de verano se reflejan en el ritmo grácil y optimista que arropa la canción, y suena tan evocadora que da pie para que los recuerdos de su ciudad de origen se hagan patentes: "Cuando estoy solo por la noche el sonido de la lluvia me lleva a Seattle y ni siquiera tengo que viajar". No hay atisbos de melancolía por otra parte.

Un sincero homenaje, eso es lo que es "The Day Tom Petty Died". Un homenaje sencillo y creíble y que plasma la sensación de orfandad que invadió, seguramente, a todos aquellos que se sintieron desamparados aquel día. Y como no podía ser de otra manera no hay atisbos de tristeza, más bien de agradecimiento: "La última vez que me drogué fue el día en que murió Tom Petty". Irresistible por otra parte el estribillo: "Eres un rompecorazones". Inevitablemente Tom Petty era y será siempre un Heartbreaker.

La incertidumbre de lo que puede suponer la vuelta de un amor por el que te sientes traicionado le da a "A Sight For Sore Eyes" cierta impronta desesperanzadora a la vez que resignada, de esas cosas que no te acabas de creer, y el medio tiempo del soft pop en que se asienta la melodía acrecienta la sensación.

Por las filas de Dolour han pasado en algún momento gente como Robin Pecknold (Fleet Foxes), y Shane Tutmarc tiene cierto currículo como productor (The Explorers Club) además de haber tocado como "pistolero a sueldo", según su propia definición, con mucha gente. "Desde que me mudé a Nashville ha sido mi principal fuente de ingresos". Y de eso va la saltarina "Baby You're A Faker", de conocer gente y sobre todo aquellos que están más preocupados por los aspectos lucrativos del negocio antes que por el origen de éste. "Y cuando tu castillo de naipes caiga verás lo delgado que es el hielo sobre el que patinas".

El largo periplo transcurrido desde su partida de Seattle hasta el momento actual es lo que describe la entrañable y cautivadora "The Scenic Route", y es que el impulso renovado que Shane Tutmarc ha adquirido con esta reencarnación, otra vez como Dolour, alberga una dosis de entusiasmo renovado y por momentos lleno de confianza en sus posibilidades. "Pick Up The Phone" rezuma vitalidad en cada una de sus notas, y son muchas, porque en todas y cada una de las de las canciones, y esta no iba a ser la excepción, la confianza que se nota en su concepción se traduce en unos arreglos luminosos por momentos. Y en "I'm Not Mad Anymore", que bebe de la americana más vaporosa y tranquila, lo vuelve a explicitar de un modo inequívoco, desde el mismo título de la canción, y muestra a un artista al que se le intuyen signos evidentes de madurez. Con la sabiduría que esto conlleva.

En un disco en el que es perceptible el estado emocional de su autor, que la última canción, "My Sweet Darlin'", sea una canción de buenas noches a su amada, no viene sino a corroborar la sensación de felicidad que parece destilar. Shane Tutmarc se ha casado durante el proceso de elaboración del disco con la cantante country Tanya Montana Coe, a la que también le ha producido algunos discos.

"Televangelist" ha sido escrito, producido, diseñado y mezclado en su totalidad por Shane Tutmarc, que además toca todos y cada uno de los instrumentos así como todas las voces. Un auténtico "hágalo Vd. mismo". La producción suena muy cuidada, con una nitidez exacta en cada uno de los sonidos reflejados y contiene un compendio de canciones no excesivamente alejadas del "sunshine pop", ya que las melodías suenan cercanas, luminosas y nada agresivas. El pop, salvo excepciones, no es agresivo, y desde luego este "Televangelist" no lo es. Las canciones suenan inspiradas y cariñosas pero también está llenas de energía y desde luego parecen reflejar la situación emocional de su autor, que parece estar atravesando una situación personal de absoluta estabilidad.

"Televangelist" no te va a alterar las neuronas porque tampoco lo pretende, su campo de acción va más enfocado a otro tipo de emociones, las que transmiten una colección de temas amables e inspirados que abordan temáticas personales pero con la capacidad suficiente como para sentirse identificado con ellas. Un disco de pop amable, inteligente y optimista. Un disco para paladares hartos de restricciones. Un disco de canciones.


Karl Zéro & The Wailers: “HiFi Calypso”



Por: Txema Mañeru 

¡Recomiendo esta original y divertida joyita a cualquiera que quiera olvidarse por un momento de la mierda que estamos atravesando y que parece no tener fin! Una música anómala y nada habitual que parece venir de otra galaxia y de otros tiempos… anteriores o posteriores… porque no tiene edad. “HiFi Calypso” (Frémeaux & Associés / Karonte) es un título que ya delata un poco lo que vamos a tener. Además leer el nombre de los legendarios The Wailers ya es otra pista bastante clara.

Al final lo que aquí se nos ofrece es un disco y una colaboración casi de culto que se publicó en 2005 pero que se reedita aquí y ahora, donde no había tenido edición oficial hasta la fecha. Lo puedes conseguir en www.fremeaux.com, donde siempre hay otras novedades originales y variadas como el jazz actual del Gadjo Combo o el prehistórico del triple compacto de la pianista y cantante Blossom Dearie. También chanson con Félix Leclerc o el mejor Canto Gregoriano en otra sensacional caja triple de la Abbaye Des Solesmes, con el claro título de “Chants Gregoriens” y grabaciones de hace casi un siglo realmente inspiradoras…

He aquí una contagiosa y bailable combinación entre cocktail music, “Exotica” de los años 50, calypso, mento y los ritmos reggae o rocksteady de la banda más popular de la historia del género. Los de Bob Marley ayudan a dar forma a estos divertidos y exuberantes temas calientes entre los que no podía faltar una joya del propio Marley como es "Nice Time", que realmente te hace pasar un hermoso rato. Antes abren con la crazy fiesta, el ritmo para bailar y las risas de una locura como "Yes I". También composiciones propias de Zéro como ese "Reggae Merengue" de título tan explícito o un contagioso, feliz y soleado reggae de The Jolly Boys titulado "Take Me Back To Jamaica"

Además nos encontramos con otras buenas joyas tradicionales y versiones de grandes del reggae como Mighty Sparrow en la bien resuelta "Le Gars". Otras sorpresas las firman Harry Belafonte ("Man Start"), o Nino Ferrer en una chula "Mamadou Mémé", con una buena base reggae. De Rafael De Leon nos hacen una contagiosa "Jump In The Line", y del citado Belafonte y Burgie nos traen una "Coconut Woman" con buena voz femenina. Fiesta calypso en la tradicional "Don’t Touch Me Tomato" y más ritmos de ese estilo en otra buena y tradicional "Tingalayo", con la buena voz de nuevo de Daisy D’Errata

Al Anderson aporta unas guitarras sensacionales en muchos temas. La sección de ritmo de Family Man y Richacha es una pasada y los teclados de Tyrone Downie son puro Jamaica. Buenos vientos también en varios de los temas. Aprovechando la ocasión es bueno recordar otros discos de Zéro como el “Songs For Cabriolets” del año 2000, con D’Errata, Henry Salvador o The Karlett’s, o el álbum doble con el disco original y otro instrumental “Songs For Moonlight Swim”. ¡Una música ideal y diferente para combatir estos aciagos e interminables momentos de pandemia!