Nine Stories: "Cinéma Vérité"

Por: J.J. Caballero 

Con el cambio de estación y de circunstancias vitales –aunque podría servir para todo el año- apetece escuchar discos como "Cinema vérité", el tercero de la banda del inquieto Nacho Ruiz y primero en el nuevo sello creado para la ocasión. Nine Stories componen canciones como quien no le da importancia más que a las cosas pequeñas, a esos recuerdos de infancia que se guardan como oro en paño para recordar de dónde venimos en los momentos de máximo agobio. La prueba está en una íntima y delicada canción llamada "Low sun" o en otra radiante "Grand tour", donde prácticamente todo huele a felicidad, no exenta del necesario punto de melancolía. Y así casi todo el rato, con la lejana primavera oliéndose en el horizonte de unos sonidos luminosos que susurran historias plácidas de experiencias añoradas y vidas exprimidas con el pensamiento. La sensación de estar escuchando un pop sin aristas, facturado a base de medios tiempos bien cuidados aumenta en "A simpler life", tal vez la pieza más directa en una colección precisa pero demasiado uniforme. 

Para la producción se ha elegido en esta ocasión a Carasueño, personaje de probada eficacia en estos menesteres, y se ha llamado a otros satélites en la onda folk psicodélico como Alondra Bentley, identificada plenamente con la causa y aportando buena onda entre arreglos de sofisticación soleada a lo Beach Boys y dream pop de afiliación británica. La fórmula se estira hasta el final sinfónico del célebre "Canon" de Pachelbel en el que se inspiran para decirnos que sí, que lo suyo también es pop de cámara ("A dream that never was" podría ser la envidia de The Divine Comedy, sin ir más lejos), pero del bueno y sin empalagar. Con cierto riesgo como el que asumen en la composición de "Renoir retiro" o la estructura clásica de "Time travels at lightspeed", toda una invitación al carpe diem y a la ausencia de arrepentimiento por cualquier cosa que nos haya hecho disfrutar. Nine Stories parecen hacer música exclusivamente por esa razón, y les gusta que lo sepamos, que veamos que saben trabajar al margen de sus preceptos jugueteando con la electrónica en "Beijing" y una sorprendente "First night on the town". No es investigación, es pura diversión. 

Al fin y al cabo el pop está para eso, ¿no? Para decirle al mundo que nada es más importante en un momento dado que una buena canción y la enorme sensación de poder compartirla con quienes sienten lo mismo que tú. En tiempos de enajenación política y social, ellos se remiten a lo apuntado en "Everything politics" para desacreditar cualquier opinión basada en la intolerancia. Justo lo que nadie debería sentir ante unas canciones tan bonitas. Esa era la palabra que estábamos buscando para resumir el contenido de este disco, con lo fácil que es decirlo y lo mucho que nos cuesta a veces.

Juliette Seizure and the Tremor-Dolls:"Seizure Salad!"

Por: Txema Mañeru 

No nos cansamos de reseñar a las mejores bandas del estupendo rock’n’roll australiano que no nos dejan de traer la gente de Off The Hip Records. El sexteto formado por 3 chicas y 3 chicos, Juliette Seizure And The Tremor-Dolls, ya nos lo dieron a conocer el pasado año con un espectacular y muy “ramoniano” “Chewing Out Your Rhythm On My Bubblegum”. Por su título comprobarás que a los de Adelaida les gusta el mejor pop ya tenga aromas bubblegum o sea potente como el mejor power-pop. Eran puro Ramones en el arranque con "Fed up runaway". El lado más pop y sesentero, en la estela de las Ronettes o las Shangri-Las, salía en temazos como "Rock’n’Roll babe" o en el lento con garra, "Monster". Además nos traía de regalo el EP en 7” homónimo encabezado por los aromas sesenteros de "When I leave you". Entre esos 4 temas añadidos una única y buena versión del "What a way to die" de The Pleasure Seekers

Ahora, tras arrasar en una extensa gira por Japón nos traen otro fascinante LP en el que siguen combinando rosa y azul cielo en el art-work de la portada. Además con “Seizure Salad” (Off The Hip Records) se nos anuncia gira por España para comienzos del próximo año y seguro que merecerá la pena verlos en directo porque muchísimo millones de “japos” no pueden estar equivocados. ¡Y porque no han ido todavía a China! 

 El nuevo disco comienza fulgurante y trepidante en onda Ramones, pero también acercándose a nuestros Suzie & Los Quattro con dos bombas como "Seizure salad" y "Be my Fred Cole". En "Take what you want" nos meten unas guitarras abrasivas en primer plano, guitarras que son muy protagonistas en muchos más temas, aunque los juegos vocales tengan gran protagonismo. En la carátula del disco ya nos indican por dónde van sus gustos. No aparecen Ramones ni Ronettes, pero si discos de The Zeros, The Lazy Cowgirls, The Real Kids o paisanos como Bored! y The Scientists. ¡Buen gusto, eh! 

Eso no impide que pronto salga su lado 60’s pop con los guapos coros de "I quit", aunque de nuevo con guitarras endurecidas. Guitarras que se acercan al hard-rock de Alice Cooper en temas como "Stink" y otros momentos como en la melodía pop relajada "Imagination". No falta otro guapo lento para desarmar en plan Johnny Thunders y Shangri-Las, titulado "Make me sick". La única versión de este disco es otra prueba de su buen criterio musical. Se trata del "Hotdog" de los Detroit Cobras con sus redobles muy Ramones y sus coros Ronettes. Acaban de nuevo pletóricos con los 30 arrolladores segundos de su "Seizure salad redux". ¡Vamos que te entran unas ganas de que llegue pronto el próximo año para catarlos en directo…!

Entrevista: Mikel Erentxun

“Éste es mi álbum más honesto”

Por: Javier González

La voz de Mikel Erentxun lleva acompañando nuestros pasos desde hace más años de los que casi podamos recordar, primero defendiendo aquella factoría de elegancia y delicadeza al servicio de la canción que tuvo por nombre Duncan Dhu, banda que capitaneaba con la inmejorable compañía de Diego Vasallo, y más tarde en solitario donde nos ganó de por vida para su causa mientras en casa giraba sin cesar el vinilo de “Naufragios” disparando flechazos certeros como “A un Minuto de Ti” y “Esta Luz Nunca se Apagará”. 

Desde entonces un buen puñado de composiciones y noches sobre las tablas, en el marco de una carrera que en los tiempos cambiantes de la música actual, le alejó paulatinamente del foco mediático, ese que representa la absurda masa, devolviéndonos al Mikel más artista, en letras mayúsculas, al obrador de melodías que en sus últimos cuatro trabajos dibuja una senda repleta de interés, minimalismo, calidad y efectividad.

El último capítulo de ésta aventura se llama “El Hombre sin Sombra”, una brillante colección de canciones sinceras, que nos ha brindado la oportunidad de charlar con el músico guipuzcoano, quien cercano, interesante y amable como pocos, nos descubre los secretos de sus más reciente reunión de composiciones ejemplares.

Has pasado de editar un álbum llamado “Corazones” a “El Hombre sin Sombra”, dos discos de título sintomático. 

Mikel: He entrado en un momento de mi vida en el que me encuentro más a gusto hablando de mí, mirando hacia adentro. Lo descubrí en “Corazones” y lo reafirmo en éste disco. Hablar de los problemas de uno sirve como reafirmación y terapia. Es algo que me viene muy bien, sobre todo desde que escribo las letras. Los dos trabajos tienen cosas en común y la principal son los tintes autobiográficos, además ambos están grabados en el mismo estudio y con los mismos medios, con ese innegable toque casero. Dicho lo cual, creo que son muy distintos entre sí aunque tengan directrices comunes. 

Escuchando tus últimas composiciones nos hemos encontrado a un artista maduro, muy descreído y que habla con más claridad que nunca. ¿Estás de acuerdo con la afirmación?

Mikel: Hablo muy claro no lo niego. Una de las lecturas del título, “El Hombre sin Sombra”, es la de alguien que no tiene nada que ocultar. Cada vez soy más honesto en las letras y en la música. No sé dónde me llevará esta cruzada analógica que he tomado, pero desde “Detalle del Miedo” me he metido en esa batalla de 24, 16 y 8 pistas, como las maquetas de antaño. 

En definitiva un trabajo construido de una manera minimilista y con cierto toque experimental. 

Mikel: Sí, la verdad que tiene mucho de experimental, aunque el gran público entiende ese término asociado al rock progresivo de los años setenta que es algo como muy marciano. Sin embargo yo lo utilizo como forma de referirme al hecho de grabar una batería mono con un solo micrófono en el año 2017, así están grabadas muchas de las de éste trabajo. Eso es experimental. Es algo que no había hecho nunca hasta que conocí a Paco Loco, y eso que he grabado veinticinco discos hasta la fecha. Estoy descubriendo cosas que hasta ahora no sabía. En éste álbum toco el bajo y la batería… también es novedoso el tratamiento de la voz de forma natural, que creo que es muy moderno. Paco me ha hecho entender que mi voz es como es y tengo que aceptarla, dejando otras fórmulas de lado. Todo natural, de una vez, sin efectos. Fuera. Algo que jamás había hecho. Toda esa inmediatez y ese minimalismo que tiene el disco, requiere mucho trabajo. Hay que economizar al tener solo ocho pistas. Además, Paco es el rey de los detalles, de los arreglos que notas en la novena escucha. 

Hablas de tu voz, que ahora suena con más aplomo y seguridad. Quizás afrontando que de una vez ha mudado para quedarse ahí. 

Mikel: Efectivamente. Me ha costado 25 discos y 32 años encontrarme. Ahora estoy disfrutando. He probado a romper la voz, bajar los tonos, tirar de deelays. Ya he encontrado mi voz de cara a los siguientes discos. Va a haber un antes y un después a “El Hombre sin Sombra”. A mí me encanta hablar de esto, la evolución de la voz de los artistas. Elvis al volver a la televisión tenía otra voz, Dylan también la ha ido modificando con los años, e incluso Bowie que la cambiaba casi en cada canción. 

En éste trabajo encontramos toques de pop, mucho folk y rock de orientación primigenia. ¿Crees que es un resumen de lo que es y ha sido Mikel Erentxun? 

Mikel: Creo que sí, lo mismo que ha ocurrido con la voz con todo ha sucedido con otras cosas. Es el primer disco donde no he ido a acercarme a otros lugares. No he mirado fuera, cuando he sido un artista de mirar mucho fuera. Y eso se lo debo a Paco. No me he puesto el traje de nadie, he salido desnudo. Cuando no quiero ser Lennon o Morrissey, sueno así. Es una afirmación que hay que tomar dentro de un orden, ya que al fin y al cabo uno es poroso y nuestras influencias están ahí. Yo he reconocido toda la vida como trabajo, escuchando mucha música, es mi forma de trabajar. En éste disco no ha sonado ningún disco en el estudio, solamente mis canciones. Es mi álbum más honesto, no sé si el mejor, eso ya lo dirá el tiempo, pero sí el más honesto. 

Es una colección muy marcada por los singles de adelanto: “Cicatrices” y “El Amor te muerde los labios al besar”, que han vuelto a sonar en radios comerciales y en círculos más alternativos. 

Mikel: Hay signos que indican que hemos evolucionado. Al salir el disco entramos en el número cinco de ventas, algo que no había ocurrido ni con “Naufragios” que fue doble platino. Fue mi entrada más fuerte en solitario, algo que no es más que anecdótico ya que ahora las cifras de ventas son ridículas. “Corazones” entró al número diez, “Detalle del Miedo” lo hizo al número nueve y “24 Golpes” al siete… no me voy a retrotraer mucho más atrás. También he vuelto a las radios cosa que no ocurría desde “Mañana”, me refiero a volver a radios comerciales, y además estar sonando en Radio3, donde me ha costado la vida entrar. Es la primera vez que estoy donde creo que tengo que estar, que es en los lugares donde se escucha buena música. Creo que la única etiqueta valida que debería existir es esa, buena o mala música. No creo en el indie ni en el mainstream. Las barreras han caído. Además hay artistas de trayectoria larga que están por encima del bien y del mal. Hablamos de gente como Paul Weller o Elvis Costello. Y en nuestro país se me vienen a la cabeza los casos de Bunbury y Loquillo. 

En ambos cortes compartes protagonismo con una de las grandes autoras de nuestro rock como es Maika Makovski, pilar fundamental a lo largo de todo el minutaje. 

Mikel: Maika se ha convertido en uno de los tres elementos a destacar del disco. Al final ha cobrado una importancia capital, que no era la idea inicial. En primer momento lo que se barajó fue que hubiera coros femeninos, ya que normalmente en los discos los coros los suelen hacer los chicos. En nuestro caso normalmente los suelo hacer yo y algún músico. Pensamos en Maika que aceptó encantada, cosa que yo no esperaba ya que venimos de esferas muy distintas. Al final éste choque de trenes nos ha deparado un resultado de lo más feliz. El final es que ha cobrado una gran importancia, pasando del coro al dúo en grandes fases del mismo. Ella ha cobrado un peso mayor del que creíamos, no por su nombre, sino por su voz. Además mis seguidores lo han aceptado bien y hemos abierto otra veta de público que creo que no solía seguirme. La jugada nos ha salido bien. Venimos de universos distintos, hay una diferencia de veinte años de edad, hasta de idiomas. Ella viene del underground y yo del mainstream, y al final no ocurre nada la música une. No quiero compararme pero Nick Cave hizo un dueto maravilloso con Kilye Minogue en su día viniendo de distintos estratos. 
Otro corte que no has parecido una joyita delicada es “Llamas de Hielo”. 

Mikel: Es una canción llamada a cerrar el disco. Tiene un toque épico y sentimental. Lo que ocurre es que al final el orden de las canciones lo han marcado las letras y no las músicas. Es un tema al que le tengo gran cariño porque es el único que escribí del tirón, el resto me han costado una vida hacerlos. Aquí todo vino de una tacada y le tengo gran cariño, creo que además es una gran interpretación vocal… de las mejores del minutaje. 

“Y dos Estrellas”, suena a una historia inventada con referencia a Juan y Eva de Amaral. 

Mikel: Quería escribir una canción hablando del enamoramiento salvaje y del rock and roll. Sabía de qué quería hablar y buscaba nombres de chico y chica, hasta barajé volver a utilizar “Marcos y Nerea”. Un día en el coche, escuchando la radio, sonó una canción de Amaral y pensé que ahí estaban. Le he metido algo de literatura a la historia, aunque sí les utilicé en la letra.

“Libélulas” da la sensación de ser otra referencia a la vida del músico, como si hablaras de la vuelta a los escenarios y a picar piedra como un novato. 

Mikel: Es una canción que habla de volver a picar piedra, noche a noche, a costa de no estar en casa con tu mujer y tu familia. Es muy autobiográfica. 

Al escuchar “Deshielo” nos hemos encontrado esas escobillas, cercanas al sonido Duncan Dhu de la primera época e incluso a “Crepúsculo”. 

Mikel: Yo creo que tiene que ver con ambas tendencias en la historia de Dunchan Dhu. Al terminar el disco, hablo de una vez grabado, creía que tenía alguna que otra reminiscencia a Echo and the Bunnymen, una banda que nos encantaba a Duncan. Me temo que es una mezcla imposible. (Risas) 

El cierre, mediante pista oculta, viene con la titular “El Hombre sin Sombra”, que es una vacilada en toda regla.

Mikel: Es una letra en la que me río de mi mismo. Esa canción ya nació con el título del disco. Esta también salió muy rodada, quizás la escribí en un día. Fue un tema rápido. Me costó un gran esfuerzo dejarla ahí, en último lugar y oculta. Aunque también creía que era un guiño interesante dejarla a la sombra. No es un descarte, ni un relleno, es una canción de las más interesantes de la colección. En directo suena muy bien. Además me une a “Corazones”, ya que a nivel musical es la que más se le acerca. 

Meses atrás mantuvimos una más que interesante conversación con Miqui Puig, en la misma nos contaba que con su último trabajo su idea era resituarse, algo que creemos que podría aplicarse en tu caso. ¿Estás de acuerdo? 

Mikel: Hace años que hago los discos porque me apetece, sin más, sin atender demasiado a otras cuestiones. Anteriormente hemos hablado de “Detalle del Miedo”, un disco de hace cuatro años, donde comencé un camino que me ha llevado donde ahora me gusta estar. Dentro de veinte años me imagino cantando éstas últimas canciones sin pega, cosa que se que no me va a ocurrir con “Cien Gaviotas” y “Esos Ojos Negros”, básicamente porque las canciones tienen una vigencia. Ahora siento que con estos últimos cuatro trabajos me voy resituando y creo que con éste disco me resituo algo más. 

Otro elemento que nos gustaría comentar contigo es la delicia de biografía que os ha dedicado Javier Escorzo, un libro lleno de rigor, datos, entrevistas y que sobre todo transmite la grandeza de Mikel Erentxun y Diego Vasallo, así como un enorme cariño.

Mikel: Ha escrito el libro con mucho cariño es una realidad innegable. Estamos muy contentos de que escriban un libro sobre nosotros estando vivos. Algo similar nos ocurrió cuando grabaron el disco homenaje, ya que éstas cosas suelen sucederte cuando te has retirado o cuando estás muerto. Es algo que nos encanta y emociona. 

Hablando de Diego, vaya discazo se ha marcado… y sobre todo, da la sensación de que está con ganas de volver a tocar en vivo. 

Mikel: Ha recuperado el espíritu y las ganas de salir a tocar. Creo que tiene un gran disco entre manos, una gran banda, y un directo que le cae como un guante. Está disfrutando como nunca lo había hecho de la música.

Escuchando, leyendo y hablando con músicos y gente del medio en el ambiente flota la sensación de que nadie diría jamás nada malo de Mikel y de Diego. ¿Cómo es de grato ese trato? 

Mikel: En ese sentido estamos más que satisfechos, aunque es curioso porque no ha sido así siempre. Recuerdo que Duncan Dhu arrancó siendo el grupo favorito de gente como Gabinete Caligari y Los Coyotes, siendo dos niños que venían de Donosti mimados por la movida madrileña, incluso éramos tratados así por la prensa especializada. De ahí pasamos a ser lo puto peor, llegando a decir de nosotros que solo éramos un grupo de 40 Principales. Afortunadamente ahora las tornas han cambiado y nos consta que hay mucha gente que nos tiene cariño, respeto y admiración. Creo que es lo máximo a lo que se puede aspirar.

Las etiquetas son absurdas, personalmente llevo escuchando tus canciones toda la vida, disfrutando, sin atender donde sonaban.

Mikel: Eso es porque no tenías prejuicios. La mala prensa que yo tenía era esa, la de los prejuicios. Hace años se nos etiquetó, algo que ha durado veinte años. Éste un país especial, en el que ahora comienzan a valorarse las carreras largas. En Inglaterra el grupo más indie respeta a Paul Weller, aunque esté de más o menos actualidad. Afortunadamente aquí ahora todo el mundo habla bien de Loquillo y Bunbury, por citar dos ejemplos, se ha ganado mucho en el tema del respeto. 

Antes de terminar me gustaría preguntarte por la vocación musical de tus hijos, quienes han grabado unos coros en el disco. 

Mikel: Coincidió que mis hijos vinieron al estudio el día que vino el coro a meter unas voces. La idea es muy Morrissey. Mis hijos se sumaron al coro, el más mayor tenía nueve años. Fue algo curioso y emotivo.

Diez discos imprescindibles de The Rolling Stones

Por: Àlex Guimerà

Aprovechando que esta semana tenemos el regreso de The Rolling Stones a nuestro país, queremos dar unas pinceladas a su trayectoria con diez discos imprescindibles. Aquí van:

1. "ENGLAND' S NEWEST HIT MAKERS" (1964)

El debut de los Rolling Stones es un tratado imprescindible de rhythm & blues con el que demostraron como unos chicos ingleses podían ser capaces de tocar y transmitir como pocos los sonidos negros de Chicago. Con versiones de gente como Willie Dixon, Jimmy Reed o Chuck Berry, pero también de adalides pop como Buddy Holly o Phil Spector, más un genial tema propio, el quinteto dejó claro que había venido para quedarse por largo tiempo. 

Canciones recomendables: "Route 66", "Carol", "Tell Me". 

 2. "OUT OF OUR HEADS" (1965)

Con el tiempo los Stones comenzaron a alternar las versiones con los temas propios. Este es el caso de este álbum repartido a la par con covers de Bo Diddley, Marvin Gaye o Sam Cooke con composiciones propias con las que comenzaron a cosechar fama mundial. Es el caso, sobre todo, de "(I Can' t Get No) Satisfaction", con la que además llegaron a una España monopolizada por la fiebre Beatle. 

Canciones recomendables: "The Last Time", "(I Can' t Get No) Satisfaction", "Play with Fire". 

 3. "AFTERMATH" (1966)

Con una versión europea que difiere de la americana, "Aftermath" es la primera obra maestra de la banda integrada sólo por creaciones propias. Así la dupla Jagger-Richards se revelaron más que nunca como enormes hacedores de canciones. Por si fuera poco un experimental Brian Jones puso los arreglos a base de instrumentos extraños al rock como el sitar o las marimbas. En la versión para los EEUU metieron la brutal "Paint It Black", que en el continente llegó sólo en single. 

Canciones recomendables: "Lady Jane", "Mother' s Little Helper", "Under My Thumb", "Out of Time", Paint It Black". 

4. "BEGGARS BANQUET" (1968)

El primer disco con la que comenzó la que para muchos es su época dorada, tiene como portada la foto de un lavabo con unas polémicas pintadas que retrasaron su publicación. En el interior, la base r 'n' b pero con elementos country y de psicodelia y unas guitarras de Richards que suenan como nunca. Además es el último trabajo con Jones en la banda. 

Canciones recomendables: "Sympathy for the Devil", "Street Fighting Man", "Factory Girl"

5. "LET IT BLEED" (1969)

Con la entrada de Mick Taylor a la guitarra rítmica y la guerra del Vietnam de fondo como influencia, el disco tiene elementos del blues tan propios de la banda junto con las nuevas texturas country que ya habían metido en su anterior entrega. Unas texturas que fueron perfilando con la participación en el disco de futuras leyendas como Leon Russell, Ry Cooder o Al Kooper. Durante su grabación llegó la trágica noticia de la extraña muerte de Brian Jones, y al final de la gira de presentación tuvo lugar en el festival de Altamont con sus fatídicos sucesos. 

Canciones recomendables: "Gimme Shelter", "Country Honk", "You Can' t Always Get What You Want"

6. "STICKY FINGERS" (1971)

El cambio de década trajo a los mejores Stones con esta obra magna de portada de Andy Warhol censurada en España (como el tema "Sister Morphine") y con una crudeza en las letras y muy influenciado por el country de Gram Parsons, por entonces íntimo amigo de Richards. Ni que decir que el single "Brown Sugar" llegó directo al número uno de las listas. 

Canciones recomendables: "Brown Sugar", "Wild Horses", "Dead Flowers"

7. "EXILE ON MAIN ST." (1972)

Con el grupo viviendo en Francia por cuestiones fiscales y con Richards metido en la droga, los Stones gravaron este doble álbum en su mítico estudio móvil, desplegando su amalgama de influencias con unas letras más perfiladas y menos explícitas que evidenciaban la llegada de su madurez. Si bien el disco no alcanzó una buena valoración por la crítica, el tiempo lo ha erigido como un hito no solo para ellos si no para el rock. 

Canciones recomendables: "Tumbling Dice", "Happy", "Shine a Light"

8. "SOME GIRLS" (1978)

Tras años de éxitos la fama de Mick Jagger y compañía no cesó en la década de los setenta. Es más, en 1978 llegó este "Some Girls" con el que rompieron récords de ventas. La culpa unas canciones que mezclaban los sonidos clásicos blues de la banda con la potencia punk y los ritmos de la música disco tan de moda por entonces. Una muestra más de cómo lograron reinventarse y adaptarse a los tiempos. 

Canciones recomendables: "Miss You", "Just My Imagination (Runing Away With Me)", "Beast of Burden". 

 9. "TATTOO YOU" (1981)

La letal "Start Me Up" estrena el que es para muchos el último trabajo clásico de los Rolling Stones antes de meterse en una década en la que no tuvieron demasiados aciertos. A pesar de estar formado por descartes de los setenta , "Tatúate" suena compacto y tuvo grandes ventas, que se tradujeron también en las imponentes giras que duran hasta hoy en día y que pasaron poco después (1982) por el mítico concierto del Vicente Calderón de Madrid. Por entonces ya eran leyendas del rock. 

Canciones recomendables: "Start Me Up", "Hang Fire", "Waiting on a Friend". 

 10. "BLUE & LONESOME" (2016)

Más de diez años después de publicar un trabajo de estudio ("A Bigger Band" de 2005) los Stones volvieron con un elepé en el que recuperaban sus raíces musicales, el Blues con doce reinterpretaciones de piezas clásicas. Grabado en solo tres días y con la colaboración de otro bluesman británico de pedigrí, Eric Clapton, los septuagenarios rockeros se desarrollan a la perfección al lado de una producción si bien algo cargante muy efectiva. Un regreso a sus orígenes de estos tipos que parece que hayan hecho un pacto con el diablo, tal y como hizo Robert Johnson. 

Canciones recomendables: "Ride ' Em On Down", "Hate To See You Go", "Just Your Fool".

The Verve: "Urban Hymns - 20th Anniversary Remaster"

Por: Txema Mañeru

El tiempo ha sido bastante justo con el significado de un gran disco como "Urban Hymns". Realmente se trata de un disco clave en la década de los 90 y totalmente esencial con respecto a la música británica de la segunda mitad de esa década. The Verve, siempre bien encabezados por Richard Ashcroft, cogieron el relevo dejado por el brit-pop de Pulp, Oasis y Blur dándole una vuelta de tuerca con el rock psicodélico y ciertos toques electrónicos de Primal Scream para crear una buena papilla sonora que se vuelve a escuchar con deleite en esta magnífica reedición por su 20 Aniversario. 

Como siempre vuelve a haber múltiples y recomendables ediciones. Entre ellas, como siempre, brilla para el fan más recalcitrante (y con más poder adquisitivo) la caja Super-DeLuxe con 5 compactos y un goloso DVD con muchas canciones e imágenes inéditas. Incluye, además, un maravilloso libro de tapa dura de 56 páginas más póster y 5 postales. La edición de vinilo viene en un estuche desplegable e incluye un cuaderno de 20 páginas más la tarjeta de descarga que da derecho al comprador a todo el audio de la caja de CD super-deluxe. Pero siempre es perfectamente recomendable la buena edición en doble compacto que es la nuestra y que también tiene un jugosísimo y brillante libreto (32 páginas) con profusas e interesantes notas junto a inéditas y curiosas fotografías. 

El primero disco es el original muy bien remasterizado por el coproductor original del álbum Chris Potter y por Tony Cousins de Metropolis que hacen que este disco vuelva a sonar actual y muy atractivo. No en vano ha vendido más de 10 millones de discos en todo el mundo y es uno de los más vendidos de la historia de la música británica. Un disco original que se abría con el justamente exitoso, e injustamente polémico, "Bitter sweet symphony", cuya música debe aparecer firmada a nombre de Jagger y Richards por esas breves notas que la llevaron a ser acusada de plagio. El caso es que las notas y el tema al completo siguen cargados de magia y nostalgia. En "Sonnet" tenemos más preciosas acústicas y calidez que casi les acerca al sonido americano de Eagles o America, aunque con su lógico toque british. 

El lado más rockero, más contemporáneo, llegaba con "The rolling people", tema que yo veo en la estela de los mejores Primal Scream. Luego venía otro lógico número 1 como fue "The drugs don’t work". El otro importante single fue "Lucky man", con otra inolvidable melodía, aunque antes de este tema destacaba un "Weeping willow" con un cierto aroma a los Smiths. Resonaban de nuevo modernos y hasta bailables en "One day" y podían haber sacado también como single "Velvet morning", otra preciosa melodía, ahora épica, grandilocuente y realmente repleta de hermosura. 

El compacto en directo está básicamente compuesto por un concierto del 98 en un “Live At Haigh Hall” grabado en su ciudad natal y ante más de 35.000 espectadores. Además añade otras tres canciones de diferentes actuaciones a ambos lados del Atlántico entre el 97 y el 98. Así se van con 14 temas prácticamente hasta los 80 minutos. Comienza con un "This is music" realmente intenso y con excelentes guitarras. Me encanta el resultado de "Sonnet", más cálida aún y realmente entrañable. El citado "Bitter sweet symphony" aumenta su magia por encima de los diez minutos. "History" trae otra ensoñadora melodía que debía estar presente y acaban con un "Slide away" en Manchester con unas guitarras mucho más rock que en su versión de estudio. ¡Un disco que nunca se ha olvidado de una banda que no debiera haber sido olvidad tan pronto!

Arcade Fire: "Everything Now"

Por: Javier Capapé

No pretendo poner en tela de juicio la carrera de Arcade Fire. De hecho podría decir sin pudor que es el mejor grupo surgido en la primera década del siglo XXI. Tan sólo creo que habría que puntualizar que su último disco “Everything Now” no llega a la altura de sus predecesores. Y con esto no quiero decir que sea un mal disco (ya querrían muchos grupos para sí una colección de canciones como ésta), pero sí es tal vez el menos cohesionado de todos los que han publicado desde aquella obra que revolucionó el rock de masas en 2004 como era “Funeral”. Hay que tener en cuenta también que Arcade Fire venían de publicar su fantástico disco doble “Reflektor” , al que no le sobraba nada, y que habiendo dejado tan arriba el listón iba a ser complicado estar a la altura. Por ello este “Everything Now” no deja de ser valiente e intenta dar pequeños golpes de timón exigiendo atención y apertura de miras, pero por el camino el combo liderado por Win Butler y Règine Chassagne ha perdido parte de su magia y algunas canciones del disco podrían haber encontrado un sitio mejor en una colección de rarezas. Independientemente de todo esto el quinto disco de los canadienses contiene piezas nada despreciables, como la que da título al mismo, que además ha sido su carta de presentación desde que dieran la campanada con su concierto sorpresa (antes de hacerlo como cabezas de cartel) en el Primavera Sound a comienzos de este verano. 

Como ocurría con “The Suburbs”, “Everything Now” comienza y termina en bucle con una intro y un reprise derivados del tema principal del álbum, una manera directa de dar valor al conjunto de canciones como un todo y poner por delante el concepto más amplio de disco por encima de una simple colección de canciones sin nexo entre ellas. Una vez más, la entidad del álbum como obra global queda clara, cuidando con mimo desde el sonido, que esta vez busca un hilo conductor en la música disco de los setenta, hasta el arte del libreto (sin lugar a dudas merece la pena pagar por ediciones como ésta). 

Pero en lo que flaquea “Everything Now” es en que sus canciones no ofrecen la solidez de otras entregas. Si el protagonismo de la música disco se intuía en su single inicial y se corrobora en la siguiente pieza, la excelente “Sings Of Life”, en pocos minutos esta sonoridad se pierde por otros derroteros más fallidos como ocurre en “Creature Comfort”, que comienza con unos sintetizadores bien armados, pero pierde fuelle en cuanto prima la repetición y se convierte en un tema más plomizo. La insulsa “Peter Pan”, los ecos reggae de “Chemistry” que mutan hacia el semi-punk y el sonido garage rock de “Infinite Content”, que sólo mejora levemente cuando en su segunda parte se transforma en un pseudo country repetitivo, convierten este tramo del disco en una colección inconexa donde todo vale y con un predominio del horror vacui que no trasmite, poco digna para el nivel al que nos tienen acostumbrados los canadienses. 

“Electric Blue” otorga el protagonismo a Règine Chassagne, pero queda lejos de la épica de otras canciones interpretadas por ella y también puede llegar a cansar al oyente. “Gold God Dawn”, sin ser un corte aparentemente llamativo, mejora con mucho el listón de los temas predecesores para conducirnos hacia una recta final mucho mejor construida gracias a la intensidad creciente de “Put your money on me”, que nos devuelve a la grandilocuencia de estadio que tan bien maneja el grupo, pero sin llegar a las cotas de “No Cars Go”, “Ready to Start” o “Wake Up”. El dramatismo llega antes de terminar de la mano de “We don’t deserve love”, una canción que fusiona la emotividad con efectos que retornan al sonido disco de los primeros temas pero con tintes más contenidos. 

Este “Everything Now” no es un disco largo y si advertimos además que la mitad de los temas que lo componen hubieran podido ser descartados en anteriores entregas, podría decirse que a Win Butler y los suyos se les están agotando las grandes ideas. Tal vez es algo más sencillo y únicamente están pasando por un bache creativo que no les permite ofrecer una colección de temas de mayor nivel ni reuniéndose con productores de prestigio como Markus Dravs, Thomas Bangalter o Steve Mackey, pero debido a la presión del mercado (hacía 4 años del lanzamiento de “Reflektor”) quizá han tenido que darse prisa para rematar el disco y les ha llevado a este irregular resultado. Aún con todo estoy seguro de que Arcade Fire seguirán cosechando grandes éxitos y reconocimiento gracias sobretodo a sus directos (obligado detenerse en su fantástico concierto en Londres recogido en la caja “The Reflektor Tapes”) y como no a algunas canciones nada desdeñables como las ya citadas “Everything Now”, “Sings Of Life”, “Put your money on me” o “We don’t deserve love”. El resto puede obviarse si queremos conservar el respeto hacia el combo canadiense sin que pierdan credibilidad, y eso que a pesar de la irregularidad que respira el conjunto, éste consigue engancharte en sus redes haciéndote que vuelvas a él una y otra vez. Ahí está su misterio. 

“I Need It. I Want It. I Can’t Live Without”. Las palabras que resuenan como emblema del disco podrían funcionar como un mantra que reivindica aquello que Arcade Fire no quieren perder. Eso sin lo que no pueden vivir, que necesitan de verdad. Esa inspiración que no les puede fallar. Y es que no siempre se puede tener “Todo Ahora”.

Entrevista: Sofía Ellar

"Que la gente cante las canciones que un día escribí con tanto sentimiento, no tiene precio" 

Por: Macarena Chamorro

Sofía Ellar es una cantautora de origen londinense, se dio a conocer subiendo sus canciones a las redes sociales y hoy cuenta con más de 117.000 seguidores en Instagram. A sus 23 años va a acabar la gira de su primer disco en Madrid y nos confirma que el segundo álbum está muy cerca. Con paso firme y despacito va saboreando los sueños cumplidos. Hemos hablado con ella para conocerla un poco más. 

Empecemos por el principio: ¿Cómo te diste cuenta de que te querías dedicar profesionalmente a la música? 

Sofía Ellar: Cuando terminé mi carrera, cumplí mi parte del trato con mis padres, y además vi una oportunidad de plantear mi proyecto musical de una manera autónoma, y eso suponía un reto tanto musical como empresarial.    

¿Y la primera canción que compusiste? 

Sofía Ellar: Una cuando falleció mi abuelo, yo tenía 13 años.  Decía algo así como…  “ y volando en una cometa dimos la vuelta al planeta, y luego él se marchó”.    

¿Por qué decidiste estudiar Administración y Dirección de Empresas? 

Sofía Ellar: Porque no tenía algo tan vocacional como algunas personas (medicina, derecho, etc) y porque la música no era una opción en aquel entonces. Necesitaba algo sólido que me abriese no solo las puertas, sino la cabeza. Además había determinadas asignaturas como marketing, management, entrepreneurship donde podía explotar mi creatividad, y está claro que las grandes empresas cuentan con un equipo de creativos muy potente.  

¿Por qué le pusiste Seis Peniques a tu álbum? 

Sofía Ellar: “Seis Peniques” no es solo un bar muy mítico de Madrid en el que viví cosas muy intensas, sino que refleja un poco la ironía del precio de la libertad; en este caso, la libertad como artista.    

¿Cómo te diste a conocer? ¿Tenías formación en redes sociales? 

Sofía Ellar: Lo cierto es que en mi universidad sí que tuvimos asignaturas enfocadas al mundo digital. Recuerdo un profesor que era la bomba y se llamaba Jesús. En concreto él me enseñó mucho a saber dar la cara como empresa y como figura pública cuando recibes “ataques” por las redes sociales. Saber hacerlo bien cuesta.    

¿Cuál es la canción del disco más especial para ti? 

Sofía Ellar: Muchas. Cada una tiene de lo suyo. Diría que “Segundas Partes Entre Suicidas” y “G&t’s”, ya que son dos que en directo me emocionan a menudo.    

¿De qué hablan tus canciones? 

Sofía Ellar: De amor, de las distintas etapas que he vivido. Creo que hay un amor tierno de niños pequeños en “Rock’n’rolles de Chiquillos” y uno más maduro reflejado en “Seis Peniques” o en “Amor de Anticuario”; vamos,  una Sofía con las cosas más claras!    

¿En qué te inspiras para componer? ¿Lo haces mejor sola o acompañada? 

Sofía Ellar: Siempre sola, aunque la única persona a la que he dejado entrar en mi pequeña cueva ha sido a mi madre. Hay canciones como “Santander”, o “Así No” que he escrito con ella. Me cuesta abrirme con alguien más que no sea mi guitarra, mi cuaderno y un lápiz.    

¿En qué estilo musical meterías tu música? 

Sofía Ellar: No me gustan las etiquetas y tampoco sabría encasillarme en un estilo musical. Cuando lo he intentado me ha salido un batiburrillo curioso así que prefiero dejároslo a vosotros!    

¿De todos los conciertos que has dado, cuál estaría en primera posición en tu corazón? 

Sofía Ellar: Bilbao y Girona. No por número de personas sino por lo que pasó alrededor del concierto. En estos dos casos concretos conocí a una chica que ha sufrido muchísimo por muchos estigmas sociales contra los que intento luchar a menudo en mis redes sociales (bullying, trastornos alimenticios..) y en el otro, una familia entera rindiendo homenaje a una niña de 21 años, María, que falleció en un accidente. Ella era muy fan y en honor a ella,  la familia entera se unió y vino a mi concierto. La dedicamos su canción favorita, “Rock’nrolles de Chiquillos”. Estas cosas te afectan, te inspiran nuevas canciones.

¿Te sientes más cómoda con conciertos multitudinarios o con otros más íntimos? 

Sofía Ellar: Me gustan todos y me siento igual de nerviosa tocando delante de 100 personas que de 1000. Es cierto que yo soy muy charlatana y entre canción y canción cuento muchas cosas, a veces hasta chistes (los de mi banda a veces me regañan). Es verdad que en los conciertos de muchas personas tienes que ceñirte un poquitín más al repertorio y no irte por los cerros de Úbeda. Aún así, suelto de las mías e improvisamos, eso es lo bonito de cada concierto; que nunca es igual al anterior.    

¿Has tenido la oportunidad de tocar en algún festival? 

Sofía Ellar: Sí, Sin ir más lejos, este verano he tenido la grandísima oportunidad de tocar en Starlite en Marbella en un cartel muy competente que impone. 

¿Qué instrumentos tocas? 

Sofía Ellar: La guitarra, la voz, no olvidemos que es un instrumento que todos tenemos, y con ganas de tocar el piano. Ahora que pararemos un poco la gira y tendremos momento creativo, le dedicaré el tiempo que quiero a eso.    

¿Ha habido muchos veranos con lima en tu vida? Si te digo “Blue Bar”, ¿qué te viene a la mente? 

Sofía Ellar: Blue Bar es paraíso, es Jah Chango, es nachos con queso, sangría, atardecer, mágico...El verano es algo que a todos nos sienta bien, ¡y si es con lima todavía mejor!     

¿En qué te inspiraste cuando escribiste “Cenas que acaban en juerga? 

Sofía Ellar: “Cenas Que Acaban En Juerga” es una canción que expresa, en forma guasona, mi discrepancia con respecto a quién tiene que pagar la cuenta en una cena de dos (chico-chica, chico-chico, y viceversa). Soy una mujer luchadora y como yo hay muchísimas que se desgañitan en sus trabajos, son independientes y más que capaces de pagar una cuenta. ¡Ya está bien de ir de invitadas por la vida, que para algo somos iguales! Aunque oye, de vez en cuando un detallito siempre es bienvenido (risas)... 

¿Qué retos profesionales te marcas con el fin de gira en Madrid? 

Sofía Ellar: Un parón, que bueno, no es parón, para poder subirme a la montaña y terminar de dar forma a todas las ideas y canciones que ya tengo escritas. ¡El segundo disco está al caer, yeah!    

¿Con quién te encantaría hacer un dueto? 

Sofía Ellar: Hay muchísimos artistas compositores con los que me encantaría poder colaborar. Ojalá estar a la altura pronto y que eso pueda pasar. De momento tengo que cultivarme un poquitín más, leer, escribir y tener un poquitín de callo... 

¿Cómo es un día a día en la vida de Sofía Ellar? 

Sofía Ellar: Me despierto, desayuno mientras contesto a mi familia de instagram y mando emails de trabajo -estos son muchos ya que no cuento con una infraestructura que me cubra todo el trabajo de oficina y tengo que estar pendiente, aunque cada vez menos- hago deporte, Dorian y yo nos estamos petando, compongo o ensayo con la banda o monto un vídeo o… ¡jope son muchas cosas! Digamos que hago de todo menos tumbarme a la bartola (risas).    

¿Te apoyó tu familia desde el principio a la hora de dedicarte a la música? 

Sofía Ellar: Fue duro. Los padres quieren lo mejor para nosotros y sobre todo algo con una mínima garantía y seguridad. El mundo de la música es maravilloso pero es un mundo difícil e inestable. Conseguir algo no te da la garantía de que puedas mantenerte en el tiempo. Al principio fue duro demostrarles que sentarse a componer era un trabajo, y quizá el no verme en una oficina con una rutina y un horario laboral standard les causaba agobio y estrés. Tuve que convencerles en muchas ocasiones de que me estaba dejando la piel y que esto se vería reflejado en algún momento. Ellos me dieron un margen de tiempo para empezar a ver resultados, tuve que explicarles que esto no funcionaba como las matemáticas. Es cierto que me han visto trabajando sin parar y que me lo he tomado muy en serio. Hacer música es un trabajo, cuidar a tus fans es otro, ¡y gestionar tu propio proyecto es otro!    

Tienes 117.000 seguidores en Instagram, ¿Cómo llevas la fama? 

Sofía Ellar: Si pudiera borrar del diccionario la palabra fama lo haría (risas). Lo que más me importa de todo esto es cómo influyen mis canciones y cómo influyo yo como persona en la gente que me sigue. Soy consciente de que hay gente joven con inseguridades que me ven a diario. Eso es un trabajo y una responsabilidad grande, luego, hay que hacerlo con cabeza. Mi vida ha cambiado 180 grados y sacrificas muchísimas cosas al estar en el punto de mira. No es todo tan “guay” como la gente se cree. Ahora bien, subirte a un escenario y que la gente cante esas canciones que un día escribiste con tanto sentimiento cuando tan dolida estabas… eso no tiene precio.    

Te encanta hacer covers, ¿quién es tu cantautor/a favorito/a? 

Sofía Ellar: ¡Tengo muchos! Sabina, Silvia Pérez Cruz, Alisson Kraus, Dolly Parton, Andrés Suarez… Ojo el mix...  

Y la última: Un sueño cumplido y otro que esté por cumplir...

Sofía Ellar: Los sueños los vivo a cada momento. Según van ocurriendo se van deseando y se van haciendo realidad. Voy saboreando todo lo que está pasando como si fuese un caramelo. Pasito a pasito. ¡Que queremos que esto dure! 

Lana del Rey: "Lust for Life"

Por: Lorena España

Lana sonríe. Lleva margaritas en el pelo. Lujuria por la vida. No más mirada dura, no más mohines enfadados, no más blanco y negro. No más nacer para morir, no más ultraviolencia. La portada del nuevo disco de Lana del Rey, estampada con el vitalista título “Lust for life,” parece anunciar un cambio en su, ¿hasta ahora?, oscura música, un giro hacia la alegría, el amor y las ganas de disfrutar la vida entre flores y cielos azules. Pero quien haya pensado eso no conoce a esta chica. 

 Lana del Rey no se parece a nadie, es un género musical en sí misma, ¿Con qué otro músico o banda podríamos compararla? Y que nadie diga Lorde, por favor. Sí, sus letras continúan bailando entre Mustangs, copas de vino, cigarrillos, playas desiertas y veranos que se derriten lentamente mientras te sumerges en los brazos de tu amante. De todo eso hay, de nuevo, en “Lust for Life”, un álbum oscuro, como los anteriores. Pero es diferente, es sorprendente. Lana continúa avanzando y nunca decepciona. 

Durante un primer rato largo, la escuchamos cantar sus poemas musicales acerca de amores intensos, una constante en sus letras (y en su vida, probablemente). Pero ya parece estar un poco harta de relaciones tormentosas y, aunque sigue buscando la pasión en la vida ("And a lust for life keeps us alive") y, no podría ser de otra manera, en el amor ("But when I love him, get a feeling, something close to like a sugar rush"), ahora que ha vivido más ya está de vuelta de ciertas historias ("Could it be that I fell for another loser?") a las que antes dedicaba letras cargadas de adoración. 

Después, el disco gira hacia otros temas y es que Lana no ha sido, ¿y quién sí?, impermeable a la avasalladora llegada de Donald Trump al poder. Títulos como “God bless America - And all the beautiful women in it”, con esos poderosos disparos intercalados entre los dulces susurros de ella, y “When the world was at war we kept dancing” ya dan pistas antes de la primera escucha. Acerca de esta última canción, la propia Lana afirmó hace unos meses: "(...) Y se plantea la cuestión: ¿es este el fin de América, de una era? ¿Se nos está acabando el tiempo con esta persona (Trump) al timón del barco? ¿Se estrellará? En mi opinión, la letra es un recordatorio no de hacer oídos sordos ni de pasar del tema. Tampoco de no hablar sobre las cosas. Es más como estate alerta y continúa bailando. Permanece despierto." 

Culminando "Lust for Life", aparecen letras sobre drogas, sobre maduración y evolución personal tan íntimas y sinceras que uno siente hasta pudor por estar invadiendo la intimidad del corazón de Lana. Una vez nos sumergimos del todo en el disco comenzamos a descubrir, poco a poco, cuántas joyas contiene... La tenebrosa y delicada “Love”, con unos ecos muy Twin Peaks,ya abre el disco a lo grande y te preguntas: ¿qué vendrá después de esto? Pues más y mejor. “13 beaches”, ya himno, ese alegato triste a la resignación ante la fama y los paparazzi con uno de los más preciosos estribillos de la carrera de la neoyorquina, en la que demuestra su poderío vocal. “White Mustang” y “In my feelings” son pura Lana: atmosféricos, en ocasiones fantasmagóricos, con unos cambios de ritmo perfectos e hipnóticos que te hacen volar sin darte casi ni cuenta. Son composiciones densas, como es característico en ella y sí, pueden no entrar a la primera pero entonces la vuelves a escuchar, y luego otra vez. Y entonces te preguntas cómo has vivido tanto tiempo sin esa canción. 

Las colaboraciones de A$AP Rocky y Playboi Carti no son lo mejor del disco, pero le dan un rollito interesante, callejero y decadente, sobre todo en “Summer bummer”, que se adhiere como un chicle sucio y pegajoso. Y hemos llegado hasta aquí sin hablar de la maravillosa Stevie Nicks, así que ya es hora. Su dueto en “Beautiful people, beautiful problems” resulta tan delicioso como ella. Con esa voz, ¿qué puede ir mal? Es entrar Stevie en la canción que, en un principio, puede pasar algo desapercibida y ya todo camba. Magia. El último invitado es Sean Ono Lennon, que canta junto a Lana y toca todos los instrumentos en el folkie “Tomorrow never came”, un delicado tema que transporta a un bosque regado por el sol de mediodía. Y, cuando entra Sean, ese “hey” es tan John que te eriza la piel. A menudo, los últimos tracks de un disco suelen quedar como unos últimos goteos que sí, pueden estar bien, pero ya no te calan. No así en “Lust for life”. Lana se reservaba una traca final con una tríada ganadora compuesta por “Heroin”, “Change” y “Get free”, tres temas que te van golpeando uno detrás de otro hasta dejarte noqueado y satisfecho. 

Su corazón se abre del todo y va in crescendo. Comenzamos a subir con "I'm flyin' to the moon again, dreamin' about heroin" y llegamos entonces suavemente a una sala donde solo está la voz de Lana y un piano, mientras ella nos confiesa, en un estribillo con una sorprendentemente alegre voz, que va a llegar un cambio, que no sabe dónde ni cuándo pero que, sea cuando sea, ahí estaremos. Lana termina de mirar hacia arriba en “Get free”, una maravilla en la que nos retrotrae a aquella otra maravilla llamada “Ride”, de su disco “Paradise”. En esta última, nos cantaba: "I've got a war in my mind / So I just ride" y ahora nos continúa cantando que, sí, "Sometimes it feels like I've got a war in my mind" pero ya no se va a limitar a simplemente "just ride" sino que "I want to get off, but I keep ridin' the ride /I never really noticed that I had to decide / To play someone's game or live my own life / And now I do" y ¿qué es lo que decide? Que "I wanna move / Out of the black/ Into the blue." Así que este es su "manifiesto", como Lana misma canta, y lo ha dejado para el final: quiere actuar, quiere decidir sobre su propia vida y lo va a hacer. Quiere salir de lo oscuro para sumergirse into the blue. Aquí está la auténtica "Lust for life". 

Lana del Rey da un paso al frente y no solo en su música sino parece que también en su vida. Sí, su poético canto de sirena continúa siendo oscuro pero ella ya deja entrar algo de luz, porque le apetece. Sigue siendo ella. Pero mejor. Discazo.