Havalina: “Islas de cemento”

El concepto de injusticia cobra sentido cada día si lo relacionamos con el de popularidad, en especial en un mundo tan extraño como el de la música y las canciones. Cinco discos después (ocho, si contamos las tres aventuras anteriores de Manuel Cabezalí y amigos al frente de Havalina Blu, distinto concepto con las mismas bases), el sonido primitivo de una banda de rock se hace carne, corazón y savia en una nueva colección que supone Islas de cemento. Y ello supone profundizar en la relación con lo fundamental, en el estable matrimonio de entrañas y cerebro representado en los cables que unen guitarras, pedales y amplificadores hasta que la muerte los separe definitivamente. 

 Por eso, porque la unión los hace fuertes, Havalina apuntalan su formación con el bajo del gaditano Jaime Olmedo, sustituto obligado de Ignacio Celma, que sólo tiene que aportar la misma eficacia para que el granito con el que elaboran su habitual mezcla no presente síntoma alguno de resquebrajamiento. Es más, incluso parece cada vez más sólido (la experiencia es un grado) cuando abre sus ventanas al hardcore (en Dónde le dan un revolcón a cualquier banda específica), el grunge como argumento mayor (la visita al Cementerio de coches y a la explosiva lluvia que le sirve de epílogo) y muestra la habitual tendencia a los tonos grises en el límite de la distorsión. Que no implican aproximación alguna al trazo grueso, sino que describen un mundo sonoro intransferible desde el primer acelerón, Cristales rotos sobre el asfalto mojado, una frase que bien podría resumir gráficamente este trabajo de suma precisión y meditado desarrollo. Hasta la forma de cantar de Cabezalí parece llenarse de los matices necesarios para pasar de la furia a la reflexión, del volcán interno a la templanza exterior. Todo aquí encaja con la precisión de Un reloj de pulsera con la esfera rota, como si el tiempo pasara a otra dimensión en la que el paso de los minutos careciese de toda importancia. 

JJ Grey & Mofro: “Ol' Glory”

El sello Alligator Records es el más importante de música blues de los últimos 40 años. Aquí cuenta con la distribución de DiscMedi y debieran seguirle la pista no sólo los seguidores del blues en su más estricto sentido. Decimos esto porque siempre han tenido artistas que se salen de esa línea como el soul de Jesse Dee, el todo terreno Anders Osborne, o una de sus bandas más vendedoras de siempre, JJ Grey & Mofro que se acercan al soul sin dejar de lado ningún palo de la mejor música de raíces americana. 

Pasaron más de una década en el sello de Bruce Iglauer por expreso deseo suyo y dejaron ventas por encima de los 100.000 ejemplares con discos como Orange Blossoms o Georgia Warhorse. Ese éxito motivo la publicación de Brighter Days: The Film And Live Concert Album, un impresionante directo al que se le añadía una excepcional filmación en el DVD. Se despidieron del sello hace un par de años con el soberbio This River que merece la pena recuperar una y otra vez. Tienes más información de todos estos discos y la forma de conseguirlos en www.discmedi.com.

Isma Romero

“La perspectiva de futuro es tocar, tocar y tocar” 

Hace ya algunos meses que Isma Romero sorprendía a propios y extraños con la publicación de Antes de que esté Prohibido; un debut discográfico repleto de grandes canciones que, siguiendo la senda marcada por el mejor pop-rock hispano de uno y otro lado del Atlántico, nos ponía en la pista de un artista joven con muchas cosas por contar. 

Un buen puñado de composiciones en las que el músico valenciano demostraba tener un aplomo compositivo impropio de su edad, tanto por la temática de las mismas como por las sonoridades con que vestía sus acordes. Un par de detalles significativos que invitaban a pensar que Isma no era uno más en la carrera por llegar sino todo lo contrario, probablemente el elegido para tocar el cielo en un futuro no demasiado lejano.

Steve Earle & The Dukes: “Terraplane”

No es habitual, aunque algunos casos hemos visto, que las carreras musicales de hijos y padres sean contemporáneas y se solapen. Si hace poco hablábamos aquí mismo sobre los maravillosos trabajos recientes de Justin Townes Earle, ahora, muy poco tiempo después, llega el turno de su progenitor, Steve Earle. Ni es lo más interesante, ni algo que tenga demasiado recorrido, entrar en disquisiciones comparativas intergeneracionales, pero es bien cierto que la carrera del “padre de familia” en los últimos años no ha estado al nivel, aunque nos haya brindado algunos momentos disfrutables, que de él se puede esperar. Una situación que en parte se subsana con este Terraplane, situándonos al músico en un punto realmente interesante. 

Por todos es sabido, al margen de los estereotipos y lugares comunes, que el blues nació con la intención de contar/cantar los sinsabores de los humanos y también que a muchos creadores, aunque suene mal decirlo, la tristeza o las situaciones de crisis personales les sienta mejor que los días soleados. Ambos aspectos parecen coincidir en este nuevo álbum; primero porque opta por meterse de lleno en el género mencionado y luego porque sus canciones están ligadas a la separación del músico de, la también colega de profesión, Allison Moorer. Y, repito que aunque esté feo desear el mal ajeno, son dos situaciones que le han caído realmente bien compositivamente hablando a Earle

Bob Dylan: “Shadows in the Night”

No sé si con operación de mercadotecnia o no, pero el caso es que se ha montado un importante revuelo en torno al nuevo disco de Bob Dylan. No tanto como con las 50 Sombras de Grey, pero casi. Para algunos es un sensacional disco de nota máxima. Para otros es lo peor que ha hecho Dylan desde su también polémico disco de Villancicos, Christmas In The Heart” (Columbia / Sony). Para otros ni lo tenía que haber publicado y es un capricho innecesario de estrella. 

¿Qué dónde me sitúo yo? Pues en el medio del huracán. Me gusta escuchar Shadows In The Night (Columbia / Sony Music) y entra como la seda y se pasa como una exhalación. Sí, muchos dirán que ni te enteras y pasa desapercibido de lo melifluo que es. Está claro que si lo comparas con sus últimos discos de estudio o con ese magnífico último capítulo de sus insuperables The Bootleg Series que es The Complete Basement Tapes (Columbia / Sony), pues no llega ni de lejos a esas alturas. Pero es mucho más disfrutable que el Christmas In The Heart y que gran parte de la discografía oficial del bardo en los años 80.