Circles Around the Sun: "Let It Wander"

Por: Albert Barrios

Escuchando "Let It Wander", el nuevo disco de Circles Around The Sun, me viene a la memoria la traducción al castellano de la fabulosa película de Spike Lee "Mo' Better Blues": Cuanto más, mejor. Siempre me han fascinado las jams kilométricas, los desvaríos cósmicos de los Grateful Dead en los setentas, las versiones de "Mountain Jam" de Allman Brothers que alcanzan la hora de duración, el "Guitar" de Zappa , momentos en que la magia de la música no necesita letras en las que circunscribirse y comunica simplemente con la emoción. "Let It Wander" es el Santo Grial (o casi) de las improvisaciones, la ruta más directa a la felicidad sin tener que pagar peajes de letras, estribillos o repetitivos riffs. 

En 2015 Neal Casal recibe el encargo de componer la música para los intermedios y tiempos muertos de "Fare Thee Well", los cinco conciertos con los que se despedían The Grateful Dead (que Casal y Compañía trasladan ese mismo año a un larga duración llamado "Interludes to the dead"). Para enfrentarse a tan magno propósito contará con la ayuda del teclista Adam MacDougall (su compañero en Chris Robinson Brotherhood),el bajista Dan Horne y Mark Levy a la batería. Este proyecto con fecha de caducidad en sus inicios se ha expandido en el tiempo por la cálida recepción del público, las ganas de diversión y por el buen rollo existente entre los miembros de la banda. Después de girar intermitentemente estos últimos tres años se reúnen en los Castaway 7 Studios de California para grabar un doble álbum (casi 80 minutos de duración) de desbordante eclecticismo, un exuberante "melting pot" en que el grupo ha sabido evolucionar el sonido deudor de los Dead ,creciendo exponencialmente para abarcar la mayoría de influencias de la música americana de los setenta. 

Imposible comenzar mejor que con "On My Mind2,una canción llena de groove,una mezcla perfecta de los Dead de "Blues for alla",Little feat y los Funkadelic más pasados de revoluciones. En "One For Chuck" (En la que Chuck D de Public Enemy realiza un cameo recitando la intro) Casal se deja transportar por el toque "Jerry Garcia",mientras que "Immovable Object" es una especie de continuación del directo de la Chris Robinson Brotherhood con refinados toques a lo Steely Dan. "Halicarnassus" es uno de los mejores momentos del disco : Neal demostrando su maestría al slide, la sección rítmica (vital para el excelso desarrollo instrumental del álbum) más que enchufada y un Adam MacDougall en el mejor momento de su carrera, simultaneando el Minimoog, Rhodes, Clavinet y el clásico Hammond B3, y ofreciendo una secuencias que tanto beben de los Tangerine Dream más rockeros como de los Who de "Baba O'Riley". En "Tacoma Narrows" las guitarras son más hard rockeras, con esa fusión tan típica de Jeff Beck con Jan Hammer o el Zappa de "Zoot Allures". Después de la sideral "Electric Chair (Don't Sit There)" el disco se cierra con otra epopeya de casi veinte minutos : en "Ticket To Helix NGC 7293" MacDougall vuelve a mostrar su eterna gratitud por los Weather Report de Joe Zawinul o los Herbie Hancock y Keith Jarrett más eléctricos. 

Un disco que si estás en modo receptivo entra perfectamente a la primera, y que en sucesivas escuchas solo hace que mejorar, con multitud de matices y sonidos a descubrir y gozar. Como si de una exquisita tarta de chocolate se tratara existe el riesgo de empacho, pero en mi caso cuanto más, mejor.



Mike Farris: “Silver & Stone”

Por: Txema Mañeru 

Había ganas de ver a una de las mejores gargantas del rock’n’roll de nuevo por nuestros escenarios. También había ganas de que fuera con canciones nuevas y propias. Ambas cosas se han visto cumplidas y se van a cumplir próximamente. El 5 de octubre comenzará una gira en Madrid que le llevará por diferentes ciudades hasta el día 13, pasando por Bilbao, Valencia o Barcelona. Puedes consultar los detalles en www.noiseontour.com o www.atlantikevents.com, donde además tendrás mucha más información de esta y otras interesantes giras. Además traerán de la mano el calentito "Silver & Stone" (Compass Records), que sucede al aclamado disco ganador del Grammy "Shine For All The People". 

Esa preciosidad fue un disco básicamente centrado en el góspel pero que sigue emocionando con joyas como la tradicional ‘River Jordan’, con sus celestiales trompetas, enternecedores clarinetes y ese Hammond de Kevin McKendree que es una gozada total. Había también acercamientos soul a sus adorados Sam Cooke, Otis Redding o Bill Withers como el de "Jonah & the whale", de J.B.Lenoir, de nuevo con brutales teclados y excelsos coros femeninos. "Sparrow" nos recordaba a las "Seeger Sessions" de Bruce Springsteen pero en formato religioso. Junto a ellas, una gran "Mercy Now" de Mary Gauthier y solo dos buenos temas propios: "Real Fine Day", que es puro soul y tiene un precioso estribillo, y "Power Of Love", realmente cargada de poder y de amor. 

Ahora, el que fuera cantante de los nunca olvidados Screamin’ Cheetah Willies, nos trae muchos más temas compuestos por él y eso es ya digno de alabar y también de agradecer. En su esperada actuación le acompaña su nueva y flamante banda, The Fortunate Few, con la destacada guitarra de Bart Walker y la sección de ritmo formada por Justin Ferweda y Jordan Hymon. Desde su sello, el disco ha sido producido por el co-fundador de Compass Records Garry West, nos hablan de una combinación entre Bill Withers, (a quien versiona con acierto) y Stevie Wonder por el lado más soul, y Steve Marriot y Bon Scott por el lado más rock. Pero hay mucho más, incluidos algunos acertados destellos country.  Para todo esto le ayuda un equipo excepcional de grandes músicos entre los que destaca uno de los mejores guitarristas de la actualidad, Joe Bonamassa, del que de su mano ha llegado su habitual y prestigioso teclista Reese Wynans. También están la guitarra de Doug Lancio, habitual de John Hiatt o Patty Griffin o el batería "Memphis Boy" Gene Chrisman. 

Lo primero que llama la atención es el fantástico single "Golden Wings", que lleva realmente a volar en forma de buen y sensual lento. El tema elegido de su querido Bill Withers es "Hope She’ll Be Happier", donde saca su lado más emocional y soul en la que su voz alcanza altísimas cotas de inspiración. Tenemos además temas muy alegres y rockeros que no faltarán en su actuación como "Snap Your Fingers". 

El disco en general se decanta por su lado más soul, aunque algunos coros y momentos tienen esa guapa espiritualidad góspel. Comienza ya a ritmo soul con una "Tennesse Girl" de mágicos coros y sigue por ese lado con una gran versión de Bert Berns, "Are You Lonely For Me Baby?". El estribillo de su propia "Can I Get A Witness?" es una auténtica gozada para cantar a dúo con él en sus inminentes conciertos. También lleva a terrenos soul a Willie Dixon con un "Let Me Love You Baby" realmente para amar; saca chispas de emoción al "Breathless" de William Prince con un piano prodigioso y fascinantes punteos de guitarra; nos estremece recordando cómo volvía a casa antes en una confesional "Miss Somebody" y nos emociona rindiendo tributo a Mavis en un "When Mavis Sings" con destacado Hammond B3 de Paul Brown. Un gran final con la emocionante ‘"I’ll Come Running Back To You", de William Cook, resalta un trabajo completísimo, de soul sensual y mucha emoción para no perderse estas canciones en vivo.



Entrevista: Kiko García Band

"La música, como las personas, evoluciona, o así debería de ser"

Por: Kepa Arbizu

Haber tocado junto a leyendas como Buddy Guy o Eric Clapton no necesariamente tiene que reflejarse en una carrera personal de calidad. En el caso del madrileño Kiko García, en paralelo a un currículum del que puede alardear,  transcurre un proyecto personal de una calidad indudable. Inaugurado hace tres años con el disco "Cheap Talk", ahora "Mojo Ringer", junto a una remozada versión de su  banda de acompañamiento,  se presenta como una continuación de aquel que sin embargo ensancha notablemente las influencias clásicas del blues hasta difuminarse con las raíces de la música popular norteamericana. Para rebuscar en toda ese esencia y en el concepto que maneja el brillante guitarrista, nos ponemos en contacto con él...

"Mojo Ringer" es el segundo disco de Kiko García Band, teniendo en cuenta que en cada una de las grabaciones has contado con un plantel diferente, ¿hay un concepto clásico de banda detrás o se trata de tu proyecto personal y buscas los músicos que convengan mejor en cada situación?

Kiko García: Bueno, ya sabes un poco las dinámicas de las bandas, y cómo las situaciones personales afectan a la hora de lograr una seguridad o estabilidad. Eso era algo que tenía en mente al formar Kiko Garcia Band , de ahí el nombre. Claro que hasta cierto punto es mi proyecto personal. A la hora de funcionar cada miembro entra de una forma indefinida, pero todo depende también de en qué se base la vida personal o laboral de esa persona. Miguel, por ejemplo, es el primer bajista con el que toqué al terminar con el anterior en su puesto, hablé con el y fue como al principio de nuevo; Zeben sin embargo apareció y a punto de grabar "Mojo Ringer" ya que el batería anterior falló a última hora… Son cosas del directo que no puedes dejar que afecten a tu proyecto.

Estilísticamente éste es un disco que agranda en forma y fondo las referencias, abarcando todo el abanico de sonidos de raíces: desde el rock, al soul, funk, gospel y evidentemente blues, ¿ tenías claro desde el principio que había que dar ese paso adelante o te encontraste con unas canciones que reflejaban esas características? 

Kiko García: Supongo que siempre he buscado un poco la fusión del folclore americano con los sonidos personales que he ido aprendiendo. También es verdad que la música, como las personas, evoluciona, o así debería de ser desde mi punto de vista (risas). En "Mojo Ringer" el proceso de creación ha sido distinto a "Cheap Talk", éste ha resultado definitivamente más elaborado; donde en el anterior eran patrones más clásicos, el actual  tiene mucha más experimentación musical.

Una de las colaboraciones más llamativas la representan los miembros de los míticos Funk Brothers, al margen del supongo lujo que es contar con ellos, ¿en qué dirías qué consiste concretamente su aportación sonora al disco? 

Kiko García: Son muy buena gente, he coincidido con ellos en Canadá y cuando entré al estudio no dudé en escribirles. Estuvieron más que contentos en aportar secciones de vientos en unos cuantos temas, que para decir la verdad son bestiales (risas).

Terminas el disco con un tema como "Greenfields", desprovisto de instrumentación y a base solo de una guitarra slide, parece funcionar como homenaje a las raíces puras, al origen de todo esto… 

Kiko García: Ahí empezó todo, ¿no?, (risas) , y al blues siempre se vuelve. Desde luego la canción tiene su lugar, y en cierta manera es una buena forma de ponerse en situación para cuando llega el tema en cuestión. 

El disco también ha crecido en cuanto a temática y letras, siendo más reflexivas y dando forma a lo que casi parece una banda sonora para afrontar y/o enfrentar los duros tiempos que corren.. 

Kiko García: Yo creo que "Cheap Talk" también lo fue, pero como decíamos antes no somos las mismas personas que éramos hace tres años, y desde luego hay que intentar ser lo más honesto posible a la hora de escribir, algo que sea un trozo de ti mismo, no veo sentido a cantar cosas en las que no creo o no entiendo. Así que ya que hablas, haz que cuente algo, ¿no?

En el disco, y en tu música, hay un clarísimo respeto por los clásicos pero también un interés por sonar actual y variado, una labor que, por citar un nombre, ejercen bandas como North Mississippi Allstars, ¿de alguna manera es una tarea en la que tú también te sientes involucrado? 

Kiko García:  Desde luego. Imagino que es inevitable aprender de tanta música y que no salga por algún lado todo eso. Además tienes que sumarle el haber crecido rodeado de otras mil influencias. Pero eso es bueno, la música tiene que evolucionar. El blues empezó, como decías antes, con voces y guitarras acústicas, cuando había suerte, y a partir de ahí ha ido evolucionando: Elmore  James electrizó el delta, Muddy Waters igual; la generación de Clapton, Hendrix; en los setenta Ry Cooder, los ochenta con Robert Cray, Stevie Ray Vaughan,  y ahora tenemos gente como John Mayer, Derek Trucks.... 

Editas el disco con un sello como Rock Estatal Records que quizás sorprenda como cuna de un trabajo de blues, ¿por qué les elegiste a ellos? 

Kiko García: La verdad es que vi cómo trabajaban antes de incluso escribir el disco y hablé con ellos alguna vez por una reseña que hicieron y me parecieron de lo más serio nacionalmente. Al terminar el disco hablamos y de ahí todo para adelante. Al margen de la exposición y de que "Mojo Ringer" se sale un poco de lo convencional, me pareció lo más adecuado. 

Una curiosidad… Las portadas de ambos discos me parecen en cuanto a concepto que tienen mucho en común: estructura, difuminadas, sugerentes, turbias… ¿casualidad o hay un interés por hacer de ellas un signo identificativo? 

Kiko García: (Risas) Para mí desde luego que tienen su significado. Y me imagino que, a lo largo de lo que vaya a ser mi discografía, alcanzará su concepto. Pero al final cada uno lo relacionará con la música a su manera personal, que es lo bueno, en lugar de bajo un criterio mas genérico.

Has vivido una buena temporada en los Estados Unidos, ¿tu estancia allí y el contacto con el hogar de este tipo de músicas te sirvió para entenderlas mejor o cambiar la percepción que tenias de ellas?

Kiko García: Sí, claro, esa era la idea. Y más aún empezando desde abajo y terminando por compartir escenarios con gente de tanto calibre. Desde  0 a 10 tienes toda la carretera por delante, si la quieres andar, claro. 

Clapton, Vargas, Buddy Guy..., ¿qué has llegado a aprender de estar al lado de esos talentos? 

Kiko García: Desde profesionalidad, funcionalidad, honestidad musical... Estás aprendiendo de la gente que ha hecho todo ese trabajo antes que tú. Aparte, claro, de ser una experiencia personal poder compartir escenario con personas que han sido tus ídolos cuando empezabas.

El disco tiene parte de su mérito en la desbordante capacidad instrumental que alcanza, ¿cómo es la idea de llevar todo eso a directo? ¿consideras que tienen la capacidad las canciones de funcionar de manera más desnuda y acústica también? 

Kiko García: Desde luego, de hecho está más enfocado hacia un concepto musical que en ejecutar como instrumentistas. Créeme, nos hemos controlado todos (risas). Han sido todo tomas en directo, desde la batería, bajo y guitarras como base para luego pasar a los pianos, violín, solos, vientos y demás. Está claro que todos llevamos tocando unos veinte años de media, y por lo tanto no es casualidad a estas alturas el sonido alcanzado. También depende de cómo sea tu visión, y ser más funcional o el cuerpo que le quieras dar, en este caso así es "Mojo Ringer". 

Y un proyecto como este, como ya hemos comentado editado por una discográfica no especializada en blues y con un sonido que abarca mucho más allá de lo estrictamente ligado al género, ¿de que manera sientes que es aceptado por la parte más clásica y ortodoxa de la escena? 

Kiko García: La verdad es que desde el principio estoy muy contento con la aceptación que ha tenido la banda, con ese contexto y concepto, como dices, poco ortodoxo. Es más, gracias a la exposición que ha tenido desde más puntos de vista creo que ha llevado la música más lejos: revistas de rock o de músicas contemporáneas, de instrumentistas musicales, radios.. En fin, mil cosas, pero me gusta así, porque sino encierras tu trabajo y creatividad en una caja de cartón y te amoldas tú a ella, y esa no es mi idea. Como ya decíamos antes, la música evoluciona, y esto es un hecho.

Interpol: "Marauder"

Por: Jesús Elorriaga 

No sé cuántas veces habrán oído los miembros de Interpol la pregunta "¿Cuándo repetiréis un disco como Antics?" De hecho, después de escuchar el último disco de los neoyorkinos, "Marauder", da la sensación de que hasta ellos mismos se han hecho esa pregunta. Sobre todo desde que decidieron hacer el año pasado la gira de su disco debut "Turn on the bright lights" con motivo del 15 aniversario de su publicación. Entonces, en el 2002, el otrora cuarteto apareció en escena con un particular sonido oscuro y melancólico sacado de un horno postpunk ochentero. Las comparaciones con Ian Curtis y sus coetáneos estéticos y musicales tampoco disgustaron mucho a la banda que, sobre todo en el segundo disco, lograron acariciar la cima creativa, aplaudidos por crítica y público a partes iguales.  

Pero el tiempo pasa y, aunque han seguido activos con discos más que aceptables, los ecos de sus mejores años han estado resonando en las frías y solitarias noches de invierno para recordarles que pudieron llegar a ser mejores de lo que fueron. Con "Marauder", Interpol se mira desafiante en el espejo y trata de ponerse el mismo traje con el que triunfó hace 15 años, pero comprueba que le sale algo de tripa cuando intenta abrocharse el cinturón. Este detalle pone de manifiesto que aquel pasado nunca volverá por más que lo intenten con giras "remember". Será muy difícil, casi imposible, repetir himnos como "Evil" o "Say Hello to the Angels", o melodías pegadizas como "Slow hands" o "Obstacle 1". Esto, lejos de deprimirles, les recuerda también que han llegado a una madurez muy digna a base de buenas canciones y un estilo que les ha permitido no salirse (ni perderse) de su camino. 

Para encajar en este traje han contado con el productor Dave Fridmann, un sastre especializado en dotar a sus bandas de un sonido expansivo aunque sin perder su identidad original, véase el ejemplo de The Flaming Lips, MGMT, Tame Impala o “sus” Mercury Rev. Esta forma de trabajar el sonido personal del artista le otorga una paleta de colores bastante luminosa y amplia con la que, en este disco, consigue que la melancolía sui generis de los neoyorkinos salga del sótano y le permita dar un agradable paseo por el parque. 

"Marauder" empieza con un tema que recuerda las buenas sensaciones del primer disco, "If you really love nothing", donde se confirma el buen estado de forma de la marca Interpol, cuyas raíces postpunk no se han perdido. El single de adelanto, "The rover", continúa con esas ganas de agradar mediante riffs animados, un bajo protagonista (como en la mayoría de las canciones) y un sonido que recuerda al primer disco de los Yeah Yeah Yeahs. La voz omnipresente de Paul Banks en casi todos los temas puede sonar a ratos demasiado monótona. No tiene los matices de los primeros discos o la calidez del infravalorado trabajo anterior, "El Pintor", pero encaja con el sonido tan particular que Fridmann sabe cuidar y potenciar (que se lo digan a Wayne Coyne), acentuando detalles con efectos más que con técnica como en "Flight of fancy" o probando registros diferentes en "Party’s over". 

El resto del disco suena bastante homogéneo, con unas guitarras de Daniel Kessler que, sin ser un virtuoso, resulta bastante elegante a la hora de generar atmósferas a base de reverbs bien cuidados. Además, sabe combinar sus guitarras a la perfección con las baterías "nueva oleras" y jazzísticas en algunos casos de Sam Fogarino, como en "Stay in touch". Destacaría también "NYSMAW", en el que Banks lo borda en uno de temas más acertados del disco o "Number 10", donde el trío se viene arriba saliendo de la oscuridad a la que pretendían acercarse aunque, una vez más, sin llegar a construir un tema que te emocione de verdad. Por último, al igual que hicieron en "Our Love to Admire", se reservan para el final una pequeña joya con la que cierran el disco dejándolo a un nivel muy alto. "It Probably Matters" recuerda a sus mejores tiempos y donde el traje, aquí, sí que encaja a la perfección con un sonido distintivo que, tal vez, de haberlo explotado un poco más habrían obtenido un disco sobresaliente.


The Band: "Music From Big Pink 50th Anniversary (DeLuxe Edition)"

Por: Txema Mañeru 

¡Qué auténtica maravilla de disco y de reedición! ¡Y es que cómo pasa el tiempo! Poco a poco van cumpliendo medio siglo de vida esos discos trascendentales que marcaron la historia de la música rock en los años 60. Ahora le toca el turno a ese colorista debut, desde su preciosa y naif portada pintada por el propio Dylan, de The Band. ¡Sí, La Banda, con cojones! Ellos fueron trascendentales a la hora de marcar la senda de todo lo que hoy se conoce como "americana". Paradójicamente venían de Canadá, como Neil Young, pero su repaso al country, blues, góspel, soul, rockabilly, folk, rhythm & blues y, en fin, rock’n’roll, creó una escuela que hoy sigue deparado grandes frutos.

Desde luego que fueron muy importantes en la revolución que protagonizó Bob Dylan al electrificarse junto a ellos. "The Basement Tapes" dieron muchos y abundantes frutos para ellos y para otros músicos del momento que accedieron a tan libérrimas y magníficas canciones. Pero muchas se las guardaron para ellos mismos. Propias y algunas de las mejores que Dylan compuso por aquella época. Eso sí, añadiéndolas siempre su propia y gran personalidad. La de un grupo con varios buenos cantantes, varios excelentes compositores y varios expertos multi-instrumentistas. ¡Casi nada! Así, Robbie Robertson, Levon Helm, Richard Manuel, Rick Danko y Garth Hudson dibujaron uno de los mejores debuts de la historia, "Music From Big Pink" (Capitol / Universal) que cobra ahora una nueva dimensión en esta fantástica Edición 50 Aniversario remezclada, remasterizada y ampliamente extendida y que cuenta hasta con una Super DeLuxe Edition que incluye compacto, Blu-Ray, doble LP, un 7 pulgadas y un precioso libro de tapa dura. De la nueva mezcla estéreo se ha encargado el cotizadísimo Bob Clearmountain, partiendo de los analógicos masters originales.

Dylan les cedió algunas maravillas compuestas individualmente por él. Es el caso de la final y siempre emocionante "I Shall Be Released", a la que ellos correspondieron haciendo la mejor versión que nunca se ha oído y ni siquiera superada por el propio Dylan. También compuso al alimón con algunos de ellos joyas como esa impresionante "This Wheel’s On Fire", con su contenida tensión, o esa emocionante "Tears of Rage", con la garganta desgarrándose por la rabia de esas lágrimas. ¡Cómo suenan aquí hasta esa pandereta y ese órgano! ¡Desgarradora realmente! Por cierto, que la toma alternativa que aparece entre los seis jugosos extras está realmente lograda. Aquí además del genial órgano destaca esa guitarra implorante. La gran joya es totalmente propia y todo un hito en esa época y en su carrera. Se trata del "The Weight", con ese estribillo mágico para corear a modo de himno, que fue tema central de la película "Easy Rider". ¡Un clásico absoluto hasta sin la existencia de dicha película!
Pero son también exquisitos otros muchos momentos. Es el caso de "In A Statio", con unas armonías vocales y un piano deliciosos. "Long Black Veil" es otra maravilla total y es la mejor versión de este clásico junto a la de Nick Cave. Otro instante menos conocido pero realmente genial es esa "Lonesome Suzie" de Manuel. Emocionante balada con la voz y el órgano sonando como nunca.

Entre los extras, además de la ya citada, tenemos excelentes descartes, gozosas tomas alternativas y hasta un sobrecogedor inédito para acabar. ¡Ni más ni menos que un "I Shall Be Released" prácticamente a capella en el que todavía se aprecia más la excelencia de sus variadas voces. Entre esos descartes tenemos "Yazoo Street Scandal", otro rock ácido con excelente órgano. Igualmente suena genial otro tema de Dylan como es "Long Distance Operator". La toma alternativa de "Lonesome Suzie" da un giro total a la original pero sin superarla en absoluto. Además hay puro blues eléctrico en una gran versión del "Key To The Highway" de Big Bill Broonzy, que ha realizado en más de una ocasión Eric Clapton. La guinda la ponen. La guinda la ponen un completísimo libreto de 28 páginas con preciosas fotografías y un gran, nuevo y extenso texto a cargo de David Fricke.

Esta reedición es toda una joya que muy bien se puede completar con el "Live At The Academy of Music 1971" (Capitol / Universal) que salió hace un lustro. Un Doble CD del que luego surgiría su mítico directo oficial "Rock Of Ages". También remezclado por el experto Bob Clearmountain contiene el bis no avisado con Bob Dylan en el escenario para interpretar cuatro canciones entre las que no podía faltar ese legendario "Like a Rolling Stone". Antes suenan de manera genial otras canciones de este debut del que os venimos hablando como esa gran balada de Dylan "I Shall Be Released" o el hit single "The Weight".

Para algunos críticos y seguidores su segundo y homónimo disco es aún mejor que este. Yo difiero, considero este aún mejor en su conjunto, aunque bien es cierto que en "The Band" tenemos bastantes de sus mejores y más exitosas canciones. Por eso esperamos, ansiosamente, para el próximo año una magnífica edición de estas características con dicho trabajo. Pero ahora es el momento de volver a soñar con esta maravillosa música que surgió de esa casa clave en la música que fue Big Pink.

Nuevo disco de Alejandro Escovedo, "The Crossing", y gira española de presentación

Por: Javier López Romo

Este 14 de septiembre es la fecha elegida por Alejandro Escovedo para lanzar al mercado su nuevo trabajo "The Crossing". Un disco tan austero como visceral. El álbum, cuyas diecisiete composiciones comparten un trasfondo conceptual, centrado en las experiencias de los inmigrantes en los actuales Estados Unidos; hace alarde de pasearse por las desesperaciones y celebraciones de la vida, con una profundidad emocional que trasciende fronteras y géneros. Mientras, la gira que lo traerá a nuestros escenarios transcurrirá de la siguiente manera por: Zaragoza (el 12 de octubre, sala por confirmar), Lleida (el 13, Café del Teatre), Valencia (el 14, Loco Club), Madrid (el 16, Tempo) y Bilbao (el 17, Kafe Antzokia).Tendrá de teloneros a los italianos Don Antonio, quienes también ejercerán como su grupo de acompañamiento.000 "The Crossing" marca un compromiso más amplio y valiente con su historia, expandiéndose en ese pasado para explorar cómo las fronteras crean fricción y desamor.El álbum es realmente la historia de dos jóvenes, uno Mexicano y el otro Italiano,como si en ellos, Escovedo intentase planificar su vida y su propia historia, aunque eso si, muy disimulada y ficticia, pero no por ello verdadera y real. En su voz puso: "Soy un estadounidense de primera generación, y por lo tanto, gran parte de este disco proviene de lo que sucedió mientras crecía en Texas..."

Los protagonistas del álbum -salvo de Italia y Diego de México -, encuentran trabajo en un restaurante de Texas mientras luchan con los sueños, la identidad, el racismo, las esperanzas y los temores de los fantasmas ancestrales. Escovedo compuso el disco con el escritor italiano Antonio Gramentieri para salir de su propia cabeza,de su propia vida; se inspiró en las historias que su padre le contó y que le ponía por televisión... Para llevar la historia al presente, él y Gramentieri, hablaron con niños de todo Texas sobre sus experiencias. "Escribiéndolo, pasamos mucho tiempo manejando a través de pequeños pueblos en Texas y hablando con gente joven, muchos Dreamers en Dallas", dijo Escovedo. "Queríamos que fuera una pieza atemporal. Inicialmente, la migración fue en busca de alimento y refugio, en busca de pastos más verdes. Luego se convirtió en inmigración cuando surgieron las fronteras. Pero todos venimos del mismo lugar, todos compartimos las mismas historias. Cuando la gente no comprende que todos somos uno, tememos a los demás. Quería que el álbum tuviera esa historia y no se tratara solo ahora ".

A pesar de ser un álbum americano por excelencia, Escovedo grabó todo en Italia. "Hubo algo de estar en Italia, tan lejos de todo, que me liberó y me dejó enloquecer con la historia", -dijo´-. A pesar de explorar el tema durante generaciones, hay gritos dirigidos directamente a la administración actual. Con la ayuda de algunas leyendas del punk (Wayne Kramer de MC5, James Williamson de los Stooges) en el álbum, Escovedo pone al máximo volumen los amplificadores y gruñe salvajemente en "Fury and Fire": “No puedo creer que quieran llevarse a mi padre, como tantas veces debe probar su inocencia...” Más tarde, en la larga y lenta canción que cierra el título, él canta, "Perdí mi inocencia al ICE". "Por un tiempo, parecía que estábamos dando algunos pasos adelante como país y como pueblo", -dijo-. "Cuando retrocedamos, necesito cantar al respecto, dejar que la gente sepa exactamente lo que eso significa". El primer single, "Sonica USA", es un tema donde aparece uno de los héroes musicales de Escovedo, Wayne Kramer, y en el que se citan a bandas como The Zeros, Public Enemy yMC5

¿Pero quién es Alejandro Escovedo? Al hablar de él lo estamos haciendo de una de las figuras más respetadas del mundo musical de su país. De esa turbulencia que engulle cada registro de voz, o como esa tormenta eléctrica que arrasa cada género musical, Rock alternativo, Country, Punk rock, Cowpunk, Heartland rock, Chicano rock, Folk, y Rock and Roll... Cuando la revista No Depression, medio seminal del rock de raíces estadounidense y de sus aledaños, le otorgó el título de "mejor artista de la década de los 90" corroboró esa impresión que ya muchos tenían. Y es que su carrera viene de lejos. Tan de lejos que hay que retroceder hasta los primeros días de los años 50. Es miembro de una saga familiar, los Escovedo, inmigrantes mexicanos que cruzaron desiertos de arena hasta alcanzar La Tierra Prometida de los Estados Unidos, San Antonio,Texas. Pero el viaje no fue gratis, y se paga un precio, no económico, porque cuando nada tienes, nada pueden quitarte, pero si moral… Y el primer balazo fue su dignidad, esa cualidad de la que se hace valer cada persona, con sus comportamientos y responsabilidades, con el respeto que se profesa a si mismo y hacia los demás. La ignominia de la pérdida de libertades, humillaciones y degradación continua. Las balas silbando sobre sus cabezas en la frontera, muerdes el polvo del desierto, y ves a los tuyos caer malheridos, o realmente heridos de muerte; sangre, sudor y arena en una fosa del desierto donde serás ceniza y polvo... Dentro de esa brutal maldad, siempre es mejor morir con algún mísero honor que caer en las manos de la mafia, donde la explotación, el caos, la sin razón, y el tráfico de drogas hace vender tu alma por un puñado de dólares. Estas redes en las que es fácil caer para no levantarte jamás. Lo difícil es salir de ellas y ser un hombre libre. Pero la libertad reside en la integridad de la persona, de su equilibrio, su honestidad, y ante todo ser defensor de las injusticias. Esto lo sabía bien la familia Escovedo, ese derecho fundamental consagraba el orden jurídico dentro de las constituciones democráticas vigentes si existían en México, o si debían de existir en México. No. La vida de los Escovedo era la de cualquier nativo expuesto a la corrupción, al cártel de la droga, la prostitución, los secuestros, la inequidad… Y sin embargo la familia tan sólo transportaba una guitarra a la que hacer hablar ante estas injusticias.

Tanto rezo y canciones a la virgen de Guadalupe, con aquellas seis cuerdas como arma, hizo el efecto de atravesar la frontera y llegar a San Antonio, vivos, y con la fe puesta en que a veces los sueños se hacen realidad. Y el suyo se transformó en verdad. Pero una vez que consigues tu objetivo hay que sobrevivir, nada que llevarse a la boca, sin papeles, inmigrantes de mestizaje casi indio, pasaron las calamidades de cualquier extranjero en tierra hóstil. Pero sobrevivir es vencer, es seguir tu sueño allá a donde quiera que te lleve, con las oportunidades que te brinda la vida, una nueva vida dentro de un sueño, el Americano.

Alejandro Escovedo nace dentro de ese sueño un 10 de enero de 1951 (67años) en San Antonio, Texas, Estados Unidos. Lo que le da un curriculum de músico de rock Estadounidense-Mexicano. Pertenece a una familia totalmente musical y de larga trayectoria. Su padre quitó la hambruna perteneciendo a un grupo que el mismo formó de Mariachis, en los que amenizaban fiestas con sus corrido mejicanos en el circuito que iba desde Texas a California, no había pueblo ni ciudad en la que las rancheras no tuviesen su espacio; bien, eran dólares que ganar al fin y al cabo, pero lo más importante es que su familia no pasase hambre. Mas la familia Escovedo resultó ser invencible. Todos sus miembros pernoctaron dentro de la industria musical, músicos profesionales con grandes tallas en la arquitectura sonora. Pete Escovedo (percusionista de Santana), Sheila Escovedo(batería de Prince),Mario Escovedo (miembro del grupo de hard rock The Dragons) y Javier Escovedo(del de punk-rock The Zeros). Así, Alejandro Escovedo luce un discurso musical con más de treinta años de solera que, como señala el músico e historiador Lenny Kaye, se pasea por las desesperaciones y celebraciones de la vida con una profundidad emocional que trasciende fronteras y géneros. 

En cada nuevo disco su sombra se va alargando y su influencia en el rock de raíces con parada y fonda en Texas California, y Austin, no para de crecer. Así desde hace cuatro lustros, con el parón obligado de una hepatitis C que marcó, además, un punto de inflexión en su obra. Incluso vio la guadaña de la muerte cerceñar su cuello. Surgieron homenajes como el tributo "Por vida" (2003), ya que Alejandro no tenía su seguro médico y no podía hacer frente ante este gasto. Llevaba ya dos años arrastrando esta maldita enfermedad y quedaba condenado y proscrito a una muerte cierta. Pero su estrella brillaba en un universo único, y se refulgió con luz propia en los corazones de amigos tan importantes, entre otros, como Calexico, The Jayhawks, Ian Hunter o Cowboy Junkies que le rindieron honores y colaboradores de la talla de Bruce Springsteen-llegaron a compartir management-, Chuck Prophet y John Cale, quien le produjo "Boxing Mirror"(2006). 

Desde entonces ha seguido tan prolífico como siempre, con cuatro discos de estudio -"Real Animal"(2008), "Street Songs Of Love"(2010),"Big Station"(2012) y "Burn Something Beautiful" (2016)- más uno en directo, "Live Animal".0000 Alejandro Escovedo colaboró en infinidad de ocasiones con Bruce Springsteen, se hizo muy amigo tras la publicación del álbum "Devils and Dust". Él estaba ya bastante restablecido de su hepatitis C, y en aquel 2005 era uno de su discos favoritos. Un disco que según dijo le hubiese gustado publicar: " Cuando alguien se pasea por los desiertos de Méjico, y sólo ve demonios y polvo, esta trabajando duro en este lado de la frontera..." Y lo estaba. Bruce acudía de lunes a viernes todas las tardes de 15pm a 17pm a Red Bank. Llevaba a su hija Jessica a clase y se pasaba esas dos horas en el restaurante Reno, ubicado en el 27 de Pinckney Rd, Red Bank, NJ. Se subía al segundo piso y mientras tomaba una cerveza con tequila, sacaba su bloc de notas y entrevistaba a los mejicanos del local. Bruce oía las historias y las reflejó en el disco. Doce años después, Alejandro Escovedo ha recogido el testigo y ha escrito las mismas historias para "The Crossing". En 2014, Escovedo apareció en la película y contribuyó en la banda sonora de "Veronica Mars" , cantando una versión acústica de "We Used to Be Friends". También ese año, fue coproductor y coanfitrión del SXSW Tribute to Lou Reed con Richard Barone. En 2016 fue mentor del cantautor Jeremy Nail y produjo su nuevo disco "My Mountain".Y seguiría contando infinidad de cosas, cierto; su larga trayectoria da para mucho y bien, excepto sus comienzos que fueron tan malos como olvidados, véase el caso de el grupo de Punk Rock The Nuns, al que abandonó rápidamente yéndose a "las monjas", grupo con el grabó un álbum para Posh Boy Records que no alcanzó ni éxito ni nada…

A mi gusto, su disco "Street Songs Of Love", resultó impactante.Producido por Visconti con nuevo sello y nueva banda, Sensitive Boys. Y es que, después de escribir las canciones sobre nada en particular, terminó siendo un álbum cargado de amor y esa búsqueda de un puro sentimiento que siempre es tan esquivo como buscado, o tan misterioso como adictivo. Una crítica del New York Times, afirmaba que: "En otra era pop menos fragmentada, este sería el álbum de canciones de amor reflexivas, pero listas para la radio para finalmente lograr la excelencia del Sr. Escovedo. Y por fin tener el público nacional que se merece". Pero los programas de radio distribuidos a nivel nacional no se fijan demasiado en los olvidados con solera. Tan sólo el nuevo programa de radio de Little Steven Van Zandt le prestó gran atención, haciendo sonar la canción "Silver Cloud". 

Y no es lo que a mi me guste o no, sino el proceso de cómo se graba un disco y a quién llega; cuál es su contenido y qué me dice; todos tenemos en nuestra hemeroteca musical favoritos y discos diez. Y para mi el mejor disco de Alejandro Escovedo es "Big Station", en el que se mezcla Folk, Country, y el Rock and Roll, con alto contenido emocional del Méjico más destructurado y fantasmagórico. En él se habla de un mundo desolado y destruido, un mundo donde las relaciones humanas están marcadas por la supervivencia cotidiana. Personajes anónimos que se hallan en la soledad de la noche como en "Too many tears"; que se lamentan por un amor desesperado como en "San Antonio rain"; luchan contra la triste rutina ("Never stood a chance"), o sufren diariamente la violencia de los narcos y la corrupción política ("Sally was a cop"). “"que Estados Unidos debería involucrarse más en la lucha contra el narcotráfico. No es solo un problema de México sino también de EE UU, especialmente en las áreas cerca de la frontera", -afirma-. Lejos de ser un homenaje sonoro al país de las rancheras, aunque asegure que en este trabajo "la narración de los hechos y los sentimientos se corresponden al estilo del corrido mexicano", "Big station" es un variado y acertado muestrario de sonidos de raíces estadounidenses entre folk,country rock’n’roll. Incluso se atreve a cantar en español por primera vez en "Sabor a mí". "Es una canción muy personal para mi familia", -comentó.

Visto como una de las voces más autorizadas, desarrolló su carrera en solitario a la estela de Wilco o The Jaywaks, llegando a colaborar con los exquisitos Whiskeytown de Ryan Adams. Pero no se considera un cantautor folk o cowboy alternativo, tal y como le etiquetan algunos medios, y se reivindica en su condición eléctrica. "Me considero un compositor de rock’n’roll. Como todos sabemos, el rock’n’roll surgió del blues, gospel y música de los Apalaches que transformó el country", -señala-. Siempre ha dejado claro quienes son sus referentes: Bob Dylan, Elvis Presley, Bruce Springsteen, Tom Petty o David Bowie. "Más que ser mi principal inspiración, te diría que forman parte de lo más grande de mi inspiración", -reconoce-. No sería osado decir que su categoría artística se halla muy cerca de estos ídolos, y que esperamos que "The Crossing" sea la vía conductora de la explosión terrenal y divina de lo que este estadounidense-mexicano sabe hacer. Ese tipo de humanidad a la que canta en "Big station", y que ahora siguiendo la trayectoria 13 años después del "Devils and Dust", de Bruce, preconiza para que los demonios se conviertan en polvo, y que del polvo renazca nuevamente el amor, condición indispensable para ser un músico de verdad, si clamas por la libertad de tu pueblo. "Mi amigo me puso en la parrilla de salida en un camino que debía de andar, recorrer con mis propios medios, la voz y unos acordes, a día de hoy, sigo andando en ese mismo sendero sin haber llegado a la meta; pero el esfuerzo merece la pena, y quién sabe, cada día la veo más cercana si todos ponemos de nuestra parte, lo que tengamos que ser..." Señor Escovedo, volveremos a encontrarnos, y volveremos a contarnos cosas.Salud, suerte y música como la suya…Gracias. Fuerte abrazo.

El sello discográfico Error 404 se presenta el 21 de septiembre en la sala El Sol de Madrid


Error 404 es un sello discográfico establecido en Madrid a principios de 2018. En su nómina confluyen músicos, productores y profesionales tanto de la representación artística como de la comunicación. Su objetivo principal es trabajar la diferencia en un contexto cada vez más estandarizado. Se trata de una plataforma editorial, asesoría creativa, consultoría de medios y productora artística. 

En el plantel de Error 404 encontramos músicos de muy diversa condición. El grupo madrileño Le Voyeur con su lírica aproximación al reverso tenebroso del rock. El malagueño Conde, artista de largo recorrido y múltiples recursos, mostrando su faceta crooner. Los novísimos León Impala, también de Madrid, con los actores Diana Palazón y Chema León al frente, apostando por el pop más atmosférico y estilizado. También el gallego Adrián Costa & The Criers, reformulando su sonido R&B sin perder fundamento. Y el personalísimo cantautor David Loss, radicado en Nueva York desde hace tiempo, escapando a cualquier catalogación. 

Error 404 se presenta en sociedad con una puesta de largo envidiable. Será el viernes 21 de septiembre, en la sala El Sol de Madrid. Tocarán Le Voyeur, Adrián Costa & The Criers, León Impala y Conde


Cordovas: "That Santa Fe Channel"

Por: Kepa Arbizu 

Pocas veces nos vamos a topar con ejemplos tan clarividentes de lo que significa el trabajo en equipo aplicado a la dinámica de un grupo como el que refleja este "That Santa Fe Channel", segundo y nuevo álbum de Cordovas. Y es que el quinteto procedente de Nashville ha plasmado todo su espíritu comunal en unas composiciones primero pensadas y esbozadas durante su estancia en Todos Santos, México, lugar donde organizan periódicamente el festival Tropic of Cancer Concert Series, y después trabajadas y desarrolladas en la casa-estudio ubicada en la capital de Minnestoa donde conviven juntos todos los miembros de la formación. Un concepto colectivo que al margen de su valía a la hora de remarcar el sentido de hermandad, y visto el brillante resultado artístico ofrecido, también se vislumbra como el añadido perfecto para ubicar su sonido típicamente americano bajo un ambiente todavía más especial y específico. 

Pese a todo, es indudable que el grupo tiene en Joe Firstman a su cerebro motor y mentor. Un músico que desde joven ya mostró un talento reseñable que sin embargo la siempre difícil adecuación al negocio le ha llevado a formularlo de manera tambaleante. Una carrera, en consecuencia, escrita con una diversidad de episodios que incluyen periplos en solitario, dirigiendo la banda que aparecía en el programa de televisión Last Call with Carson Daly en la cadena NBC y finalmente dando vida al conjunto que nos atañe, quienes sin duda han entregado un disco llamado a, cuanto menos, ser uno de los destacados este año dentro de un contexto clásico. 

Ya en aquel debut homónimo de hace más de un lustro se avistó que su estilo estaba inmerso plenamente en la raíz del rock sureño de bellas melodías y alma delicada. Recurrir esta vez a la producción de Kenneth Pattengale, mitad de los muy recomendables The Milk Carton Kids, y, en consonancia con la idiosincrasia que hay detrás del proyecto, a una grabación realizada a través de tomas en directo, son determinaciones que redundan en una nueva entrega que todavía escava más y mejor en ese sabor añejo. Una formulación que adquirirá casi la perfección a la hora de manejar con precioso y preciso tacto los juegos vocales, espacio en el que siempre es recurrente fijarse en los Crosby, Stills, Nash & Young y donde se exponencia esa experiencia coral. Mientras, la instrumentación cruje con esa naturalidad y calidez que desprende la aguja en el contacto con vetustos vinilos de James Taylor, Little Feat o Grateful Dead

Estamos ante un ramillete de canciones que por su propia esencia se hace difícil el hecho de individualizarlas y desposeerlas de su sentido global. No significa eso que estén exentas de calidad propia ni que constituyan un bloque granítico, todas ellas poseen la entidad suficiente como para ser destacadas, pero su extraordinario potencial lo alcanzan en su visión colectiva. El inicio con la estupenda "This Town’s a Drag", donde la arrastrada narrativa que entona la voz cantante no eclipsa la delicadeza de las melodías ni el sollozo que trasladan las guitarras, es el punto de arranque para liberar un continuo goteo de belleza por medio de la sedosa e íntima "Selfish Loner" , a lo más puro The Band; el melancólico medio tiempo de "Santa Fe" o la preciosa y delicada "Your Town". Un aspecto algo más canalla, aunque siempre dirigido por elegantes interpretaciones, predominará en los diversos acercamientos a un boogie-rock que libera por igual la influencia de Gram Parsons como el espíritu de Allman Brothers; valga como ejemplo de ese sutil abanico de matices la incorporación de la estremecedora épica recogida en "Talk to Me" o el vodevilesco "Step-Back Red".

"That Santa Fe Channel" es un disco que, sin renegar de su dependencia a unas formas que nos remiten varias décadas atrás, desprende magia. Cada uno de sus elementos, al margen de la calidad que hay en su desempeño, funcionan como componentes de un organismo vivo donde su correcto comportamiento particular es la señal inequívoca de la buena salud del sujeto. Y es que en este trabajo todo encaja, todo brilla y deslumbra con la intensidad necesaria para evocar ese sonido atemporal expresado bajo la lógica del alma.