Downtown Losers: "One-Horse Town Apocalypse"

Por: Kepa Arbizu 

Llegados a este punto, poco, por no decir ningún, campo de acción queda para descubrimientos en el mundo de la música. De hecho puede ser un error intentar alcanzarlos con fórmulas mágicas o mezclas desorbitadas. Una situación que no quiere decir que no se pueda ofrecer una propuesta que resulte personal y gustosa a la vez para el oyente. En la mayoría de las ocasiones, sin embargo, una misma palabra expresada de diversas maneras resulta más gratificante que inventar un engendro original pero carente de cualquier emoción. Si aplicamos esta máxima a géneros tan tradicionales como el blues, todavía resulta más evidente que pocos hallazgos nos quedan por ver, salvo, y no es poco, contarlo y cantarlo desde una perspectiva particular, y la que desarrollan los madrileños Downntown Losers, desinhibida y preñada de todos sus gustos e influencias, resulta de lo más atractiva. 

Tras el nombre de este combo se encuentra el dúo formado por  los bregados Dolphin Riot y Alber Solo, que se amplía hasta trío en la grabación con la presencia de Miguel Herrero. Iniciado como simples bosquejos efectuados por el primero de los mencionados, la cosa fue evolucionando, algo lógico viendo el contenido logrado, hasta la necesidad, y el gusto, por darle un acabado más “profesional” y con un marchamo de banda. Y así, y gracias también en parte a la democracia, formal pero no siempre efectiva, que aportan los nuevos medios, su nombre ha ido germinando entre algunos oídos inquietos. 

Presentado este “One-Horse Town Apocalypse” -tanto en forma como fondo conceptual- a modo de una suerte de película de serie B acerca del (plausible) futuro apocalíptico del mundo (ya saben, el celo en el desarrollo nos lleva hasta el desastre), dicha “excusa” argumental hace de eficiente y sugerente pegamento para una serie de composiciones que a modo de resumen se pueden definir como el acercamiento de sus creadores a las expresiones tradiciones del blues pero abordadas desde su idiosincrasia musical labrada a lo largo de los años. Un concepto que quizás se explique de manera más explícita, precisamente por manifestarse con más rotundidad, dentro de un disco en el que dicho de paso los riffs se despachan a gusto en cuanto a distorsión, a través de esos temas que por momentos parecen llegar a flirtear con el stoner o el hard rock. Por lo menos eso nos incitan a pensar la inicial “Vultures Drunkenness Blues”, con un ambiente desértico en el que incluso hace acto de aparición el nervio eléctrico a lo Stooges, o la final homónima, ruidosa y con alma atropellada casi punk. 

En medio de ambos despliegues de fuerzas las nueve piezas que completan ese hueco no se van a quedar atrás en ese aspecto, por mucho que haya momentos donde predominen lo acústico -que como es lógico remiten al género en su representación más rural abarcando nombres desde Son House a R.L. Burnside- como la polvorienta “A Dry Heart & a Fake Lord” u “On This Cold Ground”, o incluso un abandono parcial, y que se erige como excepción, de esa abrasividad por medio de la más pegadiza y melódica “You Should Have Seen The Signs”. En el resto de temas el músculo aparecerá desde una contundente efectividad surgida de una amalgama que podría englobar a The Black Keys (en sus primeros pasos), Left Lane Cruiser y el mismo Jimi Hendrix, como se puede deducir de "Angry Ginger Woman Wanted" o "I Will Be Eaten By The Wolves", o desde el desquiziante acercamiento a las melodías del gospel en “Bleeding So Slowly.” No menos evidente, y concluyente, resulta la sobria, y casi minimalista, profundidad típica de John Lee Hooker que aplican con excelencia en “Downtown Losers” o “Unless You Do Blues”. 

Downtown Losers demuestran con un disco hecho sin ninguna, a prior, pretensión comercial que sea cual sea el aspecto que adopte el negocio musical en cada momento histórico lo único inamovible y que acaba por imponerse son las propias canciones. Y estos dos, o tres, madrileños han dado forma a un más que estimable puñado de ellas que nacen del amor por la esencia del blues expresado desprejuiciadamente con intensidad bajo una idónea austeridad de formato. En definitiva, una visión tan genuina como contemporánea.

Chris Bergson Band: "Bitter Midnight"

Por: Txema Mañeru 

¡No entiendo cómo un tipo como Chris Bergson nos es mucho más conocido por Europa! Este neoyorquino lleva ya dos décadas acaparando excelentes críticas, ganando premios, sacando excelentes discos y girando sin parar demostrando su valía compositiva, con la guitarra y también con su buena y negroide voz. Cuando se habla de él comentan que es una unión entre Steve Cropper y John Scofield; otras hablan del poderoso espíritu de Ray Charles y Tom Waits; también se cita sin parar a Levon Helm y The Band o John Hammond; por su forma de tocar la guitarra salen a la palestra los nombres clásicos de Hubet Sumlin, con quien también ha tocado, y Freddie King. Pero aún hay más. ¿Qué tal Gregg Allman, Dr. John, Van Morrsion, John Coltrane o Muddy Waters? Pero la definición que más me gusta de él es la del Edward Hopper del blues por cómo dibuja sus canciones. Encima, va él y dice que sus últimos temas han sido inspirados en sus giras por Europa al escuchar aquí los ecos de Hank Williams y Robert Johnson. 

Lo de los (merecidos) premios es otra larga historia. Ya en 2002 fue nombrado Embajador Jazz de los USA por el John F. Kennedy. Desde hace dos años está en el New York Blues Hall of Fame y la prestigiosa revista MOJO le guarda un puesto de privilegio todos los años en sus listas por cada disco que saca. Así con “Fall Changes” fue disco blues del año en 2008.; “Imitate The Sun” en 2011 se quedó en el segundo puesto, y con su anterior trabajo, “Live At Jazz Standard,  se tuvo que conformar con el tercer escalón del podio. Lo de sus colaboraciones con estrellas y otros compositores y cantantes daría para otro capítulo muy extenso, pero lo dejaremos para otro día. 

Y es que queremos hablar de su reciente “Bitter Midnight” (Continental Blue Heaven / Karonte) como se merece. En primer lugar tenemos que destacar el amplio y selecto grupo de músicos que participan. Sus nombres igual no te dirán mucho pero han tocado junto a Steve Cropper, Gregg Allman, Levon Helm, Spin Doctors, Gov’t Mulen, Darlene Love, Joan Osborne y el teclista y saxo tenor, Craig Dreyer, con los menos conocidos pero excelentes Dispatch. El disco comienza con "Pedal tones" entre aires funk y The Band, aunque su voz también tiene algo de John Hiatt. Sigue con el blues trotón con sus exquisitos punteos de "5:20". "Just before the storm" es un refinado medio tiempo con punteos brillantes que pudiera haber estado en los discos clásicos de Little Feat. 

El gran cantante Ellis Hooks, que ha acompañado al mismísimo Steve Cropper, protagoniza un rompedor R&B con excelentes vientos. Por cierto, que además pone sus cuerdas vocales en el sentido y titular blues final en la que también destacan las guitarras de Bergson y el órgano de Craig Dreyer. Pero antes de ese arrollador final también tenemos un precioso lento titulado "Lullaby" que denota personalidad propia total y que cuenta una gran historia. La slide guitar de otro lento como "Blues for Dave" es maravillosa. Pero quizás mi tema favorito sea "Another day", un gran medio tiempo con excelente órgano y Wurlitzer con aire a Joe Cocker y Leon Russell. ¡Ojalá lo tengamos este verano por aquí!

Entrevista: Nudozurdo

"Nuestra intención es no aburrirnos a nosotros mismos" 

Por: David Marsé

Quizás para un contexto tan saturado como es el del "mercado" musical, más importante que hacer las cosas con neutra perfección es la de ofrecer un signo característico, algo de lo que Nudozurdo andan sobrados. Su rock -por utilizar un término tan estandarizado como inexacto para la ocasión- intenso y sombrío es una seña de identidad tan destacable como unos textos siempre sugerentes y abiertos interpretativamente hablando. En este nuevo trabajo, "Voyeur Amateur", han dejado atrás sus coqueteos con la electrónica para mostrar su esencia más guitarrera, un trayecto al que se han sumado Ricky Falkner, en la producción, y el tándem Santos y Fluren como anfitriones de la grabación en sus Blind Records. Emocionantes, románticos, atormentados... son varias de las muchas caras que la banda puede llegar a mostrar y todo con una exuberante eficiencia. Compartimos con su compositor Leo Mateos unas palabras sobre el álbum, el grupo y otros aspectos... 

El sonido de este nuevo disco,”Voyeur Amateur”, recupera la solidez guitarrera tras un paso más electrónico en “Rojo es peligro”, ¿teníais claro ese paso a dar?

Leo Mateos:  Sí. Desde el principio vimos que los temas que iban saliendo eran más de banda. No fue premeditado pero solemos ir de un sitio a otro explorando intesidades y sonidos nuevos. Nos movemos mucho por oposición.

¿Dirías que ese tránsito supone una vuelta a la “normalidad” u origen de la banda, tras el paréntesis de ese anterior disco, o lo entendéis como parte de una misma evolución? 

Leo Mateos:   Es más bien una evolución. No estamos en el mismo sitio que estábamos antes de “Rojo es peligro”.

No sé si consecuencia de este sonido pero es un trabajo que en general me suena oscuro, angustioso y denso, ¿era también premeditado o fue algo con lo que os encontrasteis? 

Leo Mateos:  Es curioso que lo digas porque descartamos temas muy largos, sucios y llenos de bilis. Intentamos equilibrarlo al final con otros temas más sosegados y luminosos. Consultamos también con más gente para ver qué opinaban.

Como queda ya demostrado con el titulo, otro elemento que ya es marca de la casa son esos binomios a modo de juego de palabras utilizados para titular, lo que habla de una de vuestras cualidades, ser creadores de un lenguaje propio y reconocible....

Leo Mateos: Gracias. No me gusta ser especialmente claro, pero evito ser también demasiado profundo o enrevesado. Mi trabajo con las letras es encontrar ese punto tan frágil y voluble. Me da la sensación de que en España no estamos tan acostumbrados a este encaje. Aquí somos más para afuera y explícitos en general.

No voy a preguntarte por el significado de las letras, algo que no te gusta aclarar, pero sí que siempre se manifiestan alejadas de construir una narración convencional en detrimento de sugerir ideas, ¿vuestra música responde mejor a ese formato que al de elaborar historias? 

Leo Mateos:  No específicamente. Si ves "El hijo de Dios", "Voyeur Amateur" o "La Ruta de los Balcanes" verás que hablo de cosas muy específicas. Otras veces intento que el envoltorio sea translucido pero refleje del interior un concepto, idea, emoción, recuerdo…

Por primera vez contáis con una mirada externa en la producción, nada más y nada menos que la de Ricky Falkner, ¿teníais claro que era necesario una visión hexógena o debía de ser exclusivamente la de él? 

Leo Mateos:  Queríamos probar y trabajar con una visión externa. Somos muy celosos con lo que hacemos y nos preocupa que nos desvíen del camino que nos marcamos. Nos tomamos muy en serio el sonido. Pero sabíamos que Falkner nos podía ayudar a retocar, cortar, añadir y pulir las canciones. A veces un buen productor es alguien que se encarga de que el tren no descarrile.

Además habéis grabado en Blind Records, uno de esos estudios que tiene una personalidad propia, ¿vuestra experiencia también ratifica eso? 

Leo Mateos:  Sí. Santos y Fluren son una mágnifica pareja. Se complementan muy bien. Fue todo bastante mágico y sencillo.

Nudozurdo logra en sus canciones que la melodía y las letras, la forma de cantar en definitiva, se integren de manera total, ¿hay una intención específica por crear ese único “todo”? 

Leo Mateos: Sí. No es premeditado pero es algo en lo que pienso a menudo y forma parte de mi manera de ser y pensar. No sólo eso, la banda debe ser una sola cosa sobre un escenario, como un animal con sus respectivas partes en diferentes situaciones.Por lo demás creo en la simplificación máxima y siempre estamos intentando quitar lo accesorio.

El grupo ha vivido una ajetreada vida, con cambios en la formación, de sello.. ¿para un grupo que transmite un tipo de música como la vuestra, esa “inestabilidad” os ha ayudado a reinventaros y a estar siempre en continuo movimiento o siempre es más gratificante una estabilidad? 

Leo Mateos:  Es verdad que las bandas que andan cerca del filo tienen más hambre y son más creativas, pero la verdad es que todas ellas lo que quieren es asentarse y ver pasar la vida.

Precisamente, y quizás sea una sensación solo personal, me sorprendió comprobar que lleváis ya más de quince años de existencia, unos números que habla de “veteranos” pero mi percepción es muy contraria, un grupo siempre inquieto y que me resulta novedoso. No sé cómo valoráis desde vuestra perspectiva ese condicionante del tiempo...

Leo Mateos:  Es verdad que la gente a veces piensa que empezamos hace relativamente poco pero no es verdad. Llevamos en esto de la música más de quince años y muy activos los últimos ocho. Que te pueda resultar novedoso es el mejor cumplido para lo que hacemos. Es es nuestra intención, no aburrirnos a nosotros mismos.

Unas características, tanto las del grupo como concretamente las de este álbum, que hacen que vuestra apuesta requiera atención y cierta dedicación, algo que no parece que sea lo habitual en estos tiempos de inmediatez , ¿una apuesta difícil pero inevitable la vuestra? 

Leo Mateos: Más bien inevitable. No lo sabemos hacer de otra manera. La idea es no engañarnos a nosotros mismos y por lo tanto a los demás.


La prescripción perfecta: Sonic Boom

Sala El Sol, Madrid. Domingo 23 de abril del 2017  

Por: Eugenio Zázzara 

Si hay una palabra de la que se abusa en la jerga de la crítica musical posiblemente sea "psicodelia". Especialmente si se trata de bandas recientes y que se inspiran en nombres grandilocuentes de la historia de la música que efectivamente se merecieron, en su tiempo, dicho apelativo, la ecuación se vuelve automática e inevitable. Sin embargo, al menos desde los finales de los años 60, verdadera cuna del género, pocos han podido lucir tan comprometedor y asimismo estimagtizante término con orgullo y a buen derecho. 

Unos de estos pocos seguramente sean Jason Pierce y Pete Kember, los verdaderos “hermanos químicos”, o los “toxic twins”, citando unos apodos afamados. Lejos de encontrarse a plena luz, más bien pertinazmente metidos en la sombra, se dedicaron a experimentar, jugar, tragar, intentar alcanzar la repetición de la armonía perfecta en busca de un viaje lisérgico e imposible. Al principio fueron los Spacemen 3, luego los dos cerebros de la formación dieron vida a un monstruo de dos cabezas: Spiritualized (por Pierce) y Spectrum/Sonic Boom/E.A.R. (por Kember). El ego, el dinero, el orgullo, las sustancias, la ambición: vete tú a saber qué fue a partir en dos una máquina tan perfecta. Tanto es así que los dos llevaron adelante carreras paralelas, incluso en cuanto a su propuesta musical. 

2017. Difícil de creer, pero Pete Kember sigue siendo muy activo, tanto como compositor  como productor para otros grupos. Las giras no son comunes, pero puntuales, y ésta nos lo trae a la sala El Sol, en pleno centro de Madrid en un cálido domingo de finales de abril. En el escenario tan sólo dos taburetes, una mesa con sintetizadores y pedales y un par de guitarras apoyadas despreocupadamente a la pared. Le acompaña en esta gira, en la que propone un resumen de su carrera musical en sus bandas principales, Jason Holt, ya guitarra en Spectrum. A las 22.35 horas Pete sube finalmente al escenario junto a su compañero. Jason, media melena al estilo de Jonny Greenwood, toma asiento en la parte derecha y nunca se alejará de su guitarra. Kember sube al trono sintético en el sector izquierdo. Expresión un poco de empleado de correos, a veces parece casi que esté allí para quitarse el coñazo de encima (impresión parcialmente confirmada, ya veremos por qué). A sus espaldas, una pantalla con el papel ímprobo de traducir en imágenes móviles el trasteo sónico del dúo. 

Se empieza de forma acústica, algo sorprendente, dados los antecedentes. Volvemos atrás al 1987, a "Transparent Radiation", a los comienzos de Spacemen 3. La rendición es seca, directa, hasta torpe en algún modo, pero la emoción pasa de los oídos a la piel. Con la siguiente "All Night Long" se vuelve evidente el hecho de que los dos ya empiezan a darle caña con la estratificación sonora, con Kember que empieza a manosear con sus mandos y Holt a espesar el sonido. Ya todo se va volviendo hacia lo que uno ha de esperarse de un concierto de Sonic Boom: repetición maniquea y obsesiva y acumulación compulsiva de sonido. Encima de todo (o más bien, debajo del todo) la voz de Kember, una letanía lejana y monofónica que acaba hundiéndose y confundiéndose con los instrumentos. Con la siguiente "Lord I Don't Even Know My Name", acogida por el boato del público, se hace patente que la lista de temas va a ser la misma de todas las demás giras, lo que confirma un poco la impresión de “gira de funcionario” que Kember parecía transmitir al principio. La cita con la historia, sin embargo, nos hace rápidamente olvidar estos detalles, quizás por estar alucinados e desquiciados por los fotogramas que se repiten epilepsicamente en la pantalla. "I Know They Say’, ‘Like...", "Let Me Down Gently" y "The End" se suceden en serie psicodélica (aquí sí, está más que bien dicho) y alucinada, sin solución de continuidad, a lo largo de la noche, con "Like…" dejando un recuerdo especialmente impactante en nuestros oídos. 

Al término de "The End" (se me perdone el pleonasmo), Kember y Holt se levantan y, muy velozmente, dan las gracias y abandonan el escenario. Lo más sorprendente es el horario en el que ocurre todo esto: son las 23.15, apenas unos 45 minutos de live. La vuelta es tan repentina que no deja de ser algo cómica, subrayando su supuesta obligación. Hay que decir que el bis es un regalo de los grandes. Kember le da a un bucle rítmico atrapante y cargado de capas de distorsión y de reverberación, aseguradas por el E-Bow de Holt (notas largas una infinidad) y por los múltiples pedales de Kember. Acabamos con "Big City", posiblemente el ápice del concierto. Diez minutos de bis con un tema único dejan bastante claro que el espectáculo termina aquí, esta vez de verdad. Difícil poder hacer algo mejor después de esto, pero, aun así, hablamos de una hora justa de concierto. Un par de temas más no habrían matado por aburrimiento a nadie, llegando así a la hora y media política, lo mínimo sindical. 

Con esa sensación un poco de acudir y salir del trabajo en los tiempos, sin “regalar” nada, bastante reflejada por Kember, dejó un matiz sombrío a un concierto que no obstante nos regaló una apasionante vuelta a un pasado mítico. Enseñadle videos de esto a quien os hable de "psicodelia" la próxima vez.

Hurray for the Riff Raff: "The Navigator"

Por: Artemio Payá 

Para ser sinceros la primera vez que el nombre de Hurray for the Riff Raff se cruzó en mi camino pensé que se trataba de una banda deudora de los australianos AC/DC, pero andaba yo lejos al juzgar a la banda por el nombre. Detrás de ellos se esconde Alynda Lee Segarra, nativa del Bronx de ascendencia puertoriqueña que además lleva ya un buen puñado de discos antes del recién publicado "The Navigator", en el que se ha puesto en las manos de Paul Butler, y que al igual que ha hecho el productor con Michael Kiwanuka ha dotado de un barniz más moderno al sonido de una banda que siempre partiendo de sonidos añejos, fundamentalmente el folk, nos lleva por multitud de afluentes de la música norteamericana.

A pesar de residir en Nueva Orleans, Alynda ha comentado que en este trabajo ha decidido emprender un camino de vuelta a su Bronx natal a modo de banda sonora interracial y ya desde la introducción nos hace sentir como si ella caminara por una ciudad repleta de coches y de repente entrara en un garito dónde resuena el eco de una banda de gospel. Tras esta ambientación entramos en su mundo con una deliciosa "Living in the City", que en clave de folk nos sumerge en su pasado viviendo en uno de esos enormes y agobiantes bloques del barrio que la vio nacer mientras nos susurra que vivir en la ciudad es duro, muy duro. Tras una correcta "Hungry Ghost" nos vuelve a encandilar con "Live to Save", donde a través de una balada de taberna expulsa sus demonios cargados de soledad, de dura infancia y de vida nómada pero tomado esto no como un lastre sino como una enseñanza para la vida. Algo que refuerza en el siguiente corte "Nothing's Gonna Change That Girl", en la que el folk acústico y el gospel son moldeados con una tenebrosa orquestación que prosigue también en la canción que da título al álbum y en dónde aplica un contagioso ritmo latino.

"Halfway There" son ella y una acústica, una bonita y sentida tonada que se encuentra entre lo mejor de lote junto con el siguiente corte, "Rican Beach", en el que nos hace pensar que quien le acompaña es el bueno de Marc Ribot. En la oscura "Fourteen Floors" vuelve a su niñez, a su familia y a aquellos bloques de barrio que nos cantaba al principio del disco como antesala de "P'Alante", que es el corte más ambicioso y combativo del lote, un fabuloso collage llamado como el periódico editado por la comunidad boricua neoyorkina en los 70 y que supone un cocktail de balada de piano, el sampleo del poema de Pedro Pietri "Puerto Rican Obituary", un poco de rock y para terminar una pizca de arreglos orquestales. Después de "P'Alante", que por cierto sirvió de adelanto al álbum,  la cosa se acaba con una especie de jam latina en "Finale" en la que nos vuelve a recordar al navigator que realmente es ella misma en este particular periplo a sus propias raíces.

Si en sus anteriores entregas, Hurray for the Riff Raff se ajustaban estrictamente al sonido folk con una austera producción, hemos de decir que le ha sentado de miedo embarcarse en este viaje vital a su pasado ya que tanto con los matices latinos con los que ha dotado a sus canciones como con una producción mucho más ambiciosa ha conseguido mejorar mucho el resultado final, esperemos que siga por esta senda porque tiene pinta de que sólo es el principio y de que Alynda se ha desembarazado de los convencionalismos y esta emprendiendo un camino hacia terrenos de mayor libertad estilística.

Caetano Veloso llega junto a Teresa Cristina a nuestros escenarios


Caetano Veloso regresa a nuestros escenarios, unos a los que está ya acostumbrado. En esta ocasión hace escala inmerso en una gira internacional, que está pasando por Europa, Estados Unidos, Asia y Brasil, que simboliza la presentación de Teresa Cristina al mundo a través del mítico músico, implicado en el proyecto desde el principio. Caetano quedó encantado con el espectáculo cuando lo vio por primera vez, en enero de 2016, y vio a Teresa en el escenario acompañado sólo por la guitarra de Carlinhos 7 Corda. "La tranquilidad de cada acorde elegido sugiere que la voz de Teresa refina el alma de los oyentes. Y Teresa crece en cada melodía, cada palabra, cada segundo. Todos los brasileños deberían ver y escuchar lo que pasó en el Teatro Net Rio esa noche ", escribió, después de ver la noche de estreno del programa. Esta es la mayor motivación de Caetano para embarcarse en esta gira: presentar el encanto y la elegancia de la intérprete en todo el mundo. 

El show que vendrán a presentar a Barcelona (28 de abril en el Palau de la Música Catalana del Guitar BCN 17), A Coruña (30 de abril en el Palacio da Ópera) y Madrid (4 de mayo en el Teatro Circo Price), se iniciará interpretando algunos temas de su reciente disco "Teresa Canta Cartola", seguida por Caetano Veloso quien presentará en voz y guitarra sus mayores éxitos. Juntos cerrarán una noche memorable interpretando algunos otros éxitos del cantor bahiano, acompañados por su guitarra. 

Caetano Veloso (Santo Amaro da Purificação, Brasil, 1942) lleva más de cinco décadas en activo y su carrera siempre se ha visto marcada por un profundo compromiso social y el ímpetu visionario del buen músico. Cuarenta años después de revolucionar la música brasileña con “Tropicália” junto a  Gilberto Gil hoy busca conciliar a dos de sus amores: rock y samba, en lo que él mismo denomina “transrock”.

Soundgarden: "Ultramega OK"

Por: Txema Mañeru 

Con la perspectiva histórica que da el paso del tiempo es una absoluta gozada que en los últimos años, y de vez en cuando, el mítico sello de Sub Pop buceé en sus orígenes y nos traiga de vuelta lo mejor de sus primeros años como sello, cuando fueron los estandartes del grunge de Seattle. Así hemos podido ir disfrutando con obras clave de Mudhoney o Nirvana debidamente remozadas y ampliadas. Más recientemente ha ocurrido lo mismo con los tres primeros y más legendarios discos de los también fundamentales, aunque más minoritarios, Tad. En todos los casos, la presentación y los extras están a la altura. Por supuesto también ocurre igual con el sonido remasterizado, normalmente acudiendo a las fuentes originales. Sobre todo el “God’s Balls” de los Tad, que sigue siendo vitriolo puro, y que si no lo escuchaste en su día todavía estás a tiempo.

Ahora vuelven a repetir jugada con éxito con los también triunfadores en su día e históricos Soundgarden. Unos Soundgarden que están en racha y que, por lo tanto, sus fans estarán la mar de contentos con las ediciones de los últimos tiempos. Decimos esto porque acaba de salir lujosamente reeditado y con fantástico sonido este seminal debut que fue “Ultramega OK” (Sub Pop / Popstock), pero es que hace escasos meses también apareció “Badmotorfinger – 25 th Anniversary DeLuxe Edition” (Universal), su trabajo más aclamado popularmente junto al “Superunknown”. En el primer compacto del disco nominado a los Grammy está la hora del disco original con esos tres singles de éxito, pero es que el segundo compacto trae 74 minutos con 15 estupendos inéditos y un regalo; 8 jugosos outtakes y 7 excelente tomas en directo de su “Live At The Paramount” y el regalo se trata del "New damage" con su admirado Brian May (Queen) en la guitarra. Además han aparecido recientemente otros de sus primeros discos reeditados.

Ahora le toca el turno a su debut del 88 que en su día pecó de una mala producción que lastró un muy buen disco. Esto se subsana ahora con la implicación de los de Chris Cornell y con el sonido que la banda tenía en su mente. De la nueva remezcla se ha encargado el prestigioso Jack Endino, que también estuvo involucrado en la gestación del álbum y eso se nota. Además se añade como bonus el "Ultramega EP" con las 6 Early Versions de los mejores temas y en las que Endino jugó importante papel. Así se van por encima de los 70 minutos y es como escuchar un nuevo disco en todos los sentidos.

El trabajo original comenzaba con el grunge crudo de "Flower", en el que ya Kim Thayil dejaba entrever todo su potencial con la guitarra. Continuaba con el sonido más punk de "All your lies", en la onda de los primeros Nirvana, aunque se hablaba también, con cierta lógica, de un cruce entre los Black Sabbath y The Stooges. El lado más noise salía en "665" y el más enrabietado en un "Beyond the wheel" en la que Cornell daba una demostración de sus dotes vocales alterando su garganta como si fueran dos los cantantes. Las guitarras salvajes de Thayil en este tema recuerdan también a los Mudhoney o Sonic Youth, además de a los Sabbath. En "Circle of power" subían la velocidad y las guitarras sonaban aceleradas cargadas de vitriolo al estilo del noise-punk de los ya mencionados Tad. Se atrevieron incluso a combinar el clásico de Howlin’ Wolf "Smokestack Lightning"con toques de los Sonic Youth. El punk’n’roll veloz de "Head injury" era otro momento genial antes de la locura con los más de 6 minutos de guitarras arrastradas y espectaculares punteos de Thayil en "Incessant mace".

El “Ultramega EP” de regalo no tiene desperdicio alguno. Son las primeras maquetas con Endino de "Head injury" o unas oscuras, pesadas y aplastantes "Beyond the wheel" e "Incessant mace" con el poderío vocal de Cornell cercano al de Mark Lanegan en The Screaming Trees. "All your lies" circula más veloz y arrolladora aquí aún y la toma de "Incessant Mace V2" se va por encima de los 8 minutos y te deja con la boca abierta. ¡Han pasado 30 años desde estas primeras tomas y siguen igual de corrosivas que entonces!

Entrevista: Havoc

"Mi lucha es tener un lenguaje que emocione de forma certera, como un dardo envenenado"

Por: David Marsé

Pedro Gracia Pérez de Viñaspre es Havoc, y antes fue PLV Havoc, una carrera que pese a algunos cambios formales en su propuesta acumula ya su cuarto disco, de categórico nombre "Amado líder". Una "dictadura" que está hecha a base de ese iconoclasta pop que el donostiarra confecciona con argumentos procedentes de ámbitos dispares y que le ubican en un sugerente terreno entre la melodía y el ruidismo. Flanqueado por su inseparable guitarrista y productor Yon Vidaur, constituyen el binomio creador de un lenguaje, no solo musical, exclusivo y suculento. Charlamos precisamente con su máximo creador para adentrarnos en ese adictivo mundo...

Acabas de publicar “Amado líder”, ¿lo contabilizarías como el segundo disco largo o el cuarto? Es decir, ¿ves a PLV Havoc y Havoc como un continuo o como una ruptura? 

Havoc: No, no veo ninguna ruptura. En cualquier caso el punto de inflexión estuvo al abandonar el inglés y quizás ciertos derroteros estilísticos, no las siglas. 

Y cuando se cambia de idioma al cantar, como ha sido tu caso al pasar al castellano en los dos últimos álbumes, ¿también es necesario alterar la forma musical en la que expresarse?

Havoc: Lo cierto es que este es mi tercer disco contando con el Ep cantando en castellano. De algún modo…me queda muy atrás lo de cantar en inglés. En mi caso fue de forma muy natural, un día me di cuenta de que no quería seguir cantando en inglés. Las dificultades propias del cambio las fui sorteando a base de prueba error pero con mucha decisión.

Con este trabajo sigues manteniendo esa decisión de mostrar un pop heterodoxo y tempestuoso, en este caso incluso más guitarrero y en general más conciso. 

Havoc: Efectivamente…es un disco más guitarrero. Lo de la heterodoxia…¿qué sería pop ortodoxo? Y sí, se trata de un pop bastante agitado, aunque en el disco también hay otras cosas. 

El hecho de mantener una banda estable supongo que ayuda a una mayor cohesión que acaba por traslucirse en perfilar mejor el sonido deseado...

Havoc: Sí, a muchos niveles funcionamos como una banda al 100%. Yon Vidaur, JM Lluch y Andoni Etxebeste son un derroche de talento en todos los sentidos. Parte del sonido de este disco viene dada por la conjunción de los cuatro y la experiencia dada por la gira de “Lo saben los narvales”. 

Y en ese sentido, el papel del guitarrista y productor Yon Vidaur, ¿hace de pegamento a todo eso? 

Havoc: Bueno…como suelo decir Yon y yo empezamos a formar un tándem indisoluble. Nos entendemos artísticamente, somos amigos, y el hecho de que el tipo sea un genio…pues ayuda. 

¿Cómo se compatibiliza dar mayor presencia a la idea de banda y a la vez utilizarla como un elemento de expresión marcadamente personal? 

Havoc: Pues no sin dificultades, pero ese es mi propósito y en esas estoy, por ahora estoy muy satisfecho con el resultado. 

Es impactante el título escogido para este disco y la portada que le acompaña, no sé si hay un significado global en dicha elección...

Havoc:  “Amado líder” proviene de una broma interna del grupo…que ya te imaginas por dónde va. Un día pensé en ello, en el poder de las palabras, en el significado que adquieren al juntarse, en la carga que adquieren. Todo eso me pareció muy evocador. Y el concepto del arte es obra del genial Mario Feal. 

Casi la totalidad de los títulos de las canciones de este disco se sirven de una sola palabra, ¿es simple casualidad o por el contrario buscan presentarse como ideas-fogonazos? 

Havoc:  Pues…la verdad es que no. Pero me gusta eso de la idea/fogonazo. Te lo robo. 

El culmen de la concisión y sobriedad en un aspecto instrumental nos lo encontramos en la preciosa “Oh Master!”, una de mis canciones favoritas..

Havoc:  Gracias. Me alegro mucho de que te guste. Nos gustaba así. 

Y no sé si decir en el otro extremo, pero desde luego mostrando otra cara, aparece “Será”, pegadiza a tope, casi a ritmo de power pop. ¿También buscas esos contrastes? ya que ambas canciones están seguidas... 

Havoc:  Definitivamente me gusta la idea de confrontar dos cosas supuestamente opuestas y ver qué pasa, suelen ocurrir cosas interesantes. En el caso que citas se trataba más de no dejar “Oh Master” como canción de final de disco intentar oponernos a ese destino. De alguna manera queríamos reivindicarla y utilizarla como un separador en mitad del disco, un final de viaje y comienzo de otro. 

En “Sabotaje” hay una clara referencia al tema de Beastie Boys, ¿se trata de una curiosidad o verdaderamente es el homenaje a una banda que os influye? Lo que hablaría de esa heterodoxia de la que bebe tu sentido del pop.. 

Havoc: No sé si algo tan grande como un homenaje…es una frase que hace referencia a uno de los grupos que más me gustan. Surgió sin premeditación, como ocurren las cosas de verdad. 

Precisamente una imagen como la de la portada nos remite a un elemento que sin embargo si parece tener tu música y es un sentido romántico, nostálgico, pero a la vez muy terrenal y cotidiano, no sé si son conceptos con los que en verdad trabajas... 

Havoc: Busco un equilibrio, algo probablemente muy subjetivo e imposible. Pero ahí me muevo y esa es mi lucha. Tener un lenguaje que emocione de forma certera, como un dardo envenenado. 

Ser un grupo-músico de Donosti, y dentro del contexto sonoro en el que te mueves, parece que conlleva tener un nexo de unión con el llamado Donosti Sound, ¿es algo con lo que te sientes identificado y de alguna manera conectado? 

Havoc: Pues tengo contacto, y parte de las personas que formaron algunos de esos grupos son amigos. Incluso Vidaur tiene un grupo con Javi Sanchez de La Buena Vida. Pero forman parte de otra generación, yo descubrí su música años después y nuestros caminos se juntan de manera tangencial. Les admiro y respeto muchísimo, pero intento seguir mi propio camino.