Green Day anuncia por sorpresa un concierto en Madrid para el día 30 de octubre

Como previa a la actuación que Green Day ofrecerá dentro de la gala MTV EMA 2019, en las que han sido nominados como "Mejor Artista Rock". el día 2 de noviembre, justo uno antes de la gala de entrega de premios, en Sevilla, la banda ha anunciado por sorpresa que actuará en la madrileña sala de La Riviera este 30 de octubre, contando con la banda catalana Violets como teloneros. 

Para acudir a tal evento se tendrá la primera oportunidad por medio de la pre-venta desde el jueves 24 de octubre a las 9 horas por medio de un link privado que se podrá obtener al subscribirse en: https://greenday.com/sign-up . La venta general de entradas estará disponible el viernes 25 de octubre a través de Tickestmaster

Formada en 1986 en Berkeley, California, Green Day es una de las bandas más exitosas, con 70 millones de discos vendidos en todo el mundo y 10 billones de reproducciones en streaming. Su álbum debut en 1994, "Dookie", que vendió más de 10 millones de copias y alcanzó el estatus de diamante, es reconocido por popularizar y revivir el interés por el punk rock, catapultando una larga carrera de éxitos que alcanzaron el número uno. 

En 2004, Green Day lanzó la ópera rock "American Idiot" que vendió más de 7 millones de copias solo en Estados Unidos y consiguió el Grammy a mejor álbum de rock. Mojo declaró “Es algo emocionante, la clase de disco que establece nuevos parámetros sobre aquello que puede llegar a alcanzar una banda de punk rock del siglo XXI”. En 2010, una adaptación teatral de "American Idiot "debutó en Broadway con el reconocimiento de la crítica y un gran éxito comercial. Su más reciente lanzamiento se trata de su nuevo single “Father Of All…”, el tema principal de su próximo decimotercer álbum de estudio con el mismo nombre y que verá la luz el 7 de Febrero de 2020 con Reprise / Warner Records.  

Alex Cooper, punto final a la era pop

"La libertad me la dio Cooper, llegué a sentir que no había cadenas"

Por: Javier González

En las próximas semanas Alejandro Díez bajará el telón de su carrera musical tras más de treinta años surcando las olas del universo pop. Tres décadas capitaneando proyectos como Ópera Prima, Los Flechazos y Cooper con los que agitó las cabezas y los cimientos de nuestra cultura, a través de aventuras de toda índole que siempre presentó con afabilidad, una sonrisa y el convencimiento de estar haciendo lo correcto para el mantenimiento de una forma de vida que sigue viva una vez terminan los tres minutos de una canción.

Agitador y dueño de una capacidad innata para dibujar maravillosos pildorazos pop, desde primera hora Álex brindó la oportunidad a la gente de El Giradiscos de ir más allá. Nos dejó trascender la cara reconocible del artista, permitiéndonos primero entrevistarle, cuando nadie nos hacía ni caso, para brindarnos a posteriori su amistad, ayuda desinteresada y muchas horas de contenido extramusical que nos hicieron no solo admirar al creador, sino también al divulgador y a la persona. 

Ahora en pleno uso de facultades y en envidiable estado de formar decide parar, buscar nuevos cauces de expresión, que van más allá de la música, para embarcarse en nuevas y estimulantes batallas que seguro nos seguirán deparando buenos momentos en su compañía. 

Hoy le entrevistamos, a sabiendas de que con su marcha se lleva un pedacito de historia de nuestra web, para repasar su extensa trayectoria, sus pensamientos y las motivaciones que le llevan a parar, mientras observamos su elegancia y amor por la música por última vez en activo. Sirva como nuestro sentido y sincero homenaje. Gracias por todo, Álex

Vamos a comenzar por el principio. ¿Cuál es tu primer recuerdo musical? 

Álex: El primer recuerdo musical no es mío, la verdad que me lo han contado. Me dicen que cuando era pequeño iba en la sillita cantando la banda sonora de “Un Hombre y Una Mujer”. Ya ves Nouvelle Vague he sido un tío cool desde niño. Luego recuerdo cantar con mi madre un canon vasco que se hacía a dos voces. Quizás de lo que más constancia tengo es de escuchar mucha música en la tele, recuerdo ver a Suzi Quatro. Luego resultó que mi primo tenía sus discos. Obligué a mi madre a ir a una tienda en Palencia y comprarme uno. La verdad que no recuerdo si lo compré o me regalaron. Siendo niños, mis hermanos y yo hacíamos colección de discos. Cuando íbamos a Francia nos compraban un disco a cada uno de nosotros, recuerdo comprar cosas de Boney M, Abba y las canciones de los discos que salían en Eurovisión. También recuerdo mucho escuchar a Los Rubettes, que eran una banda inglesa que salía mucho en la televisión de Francia. Esos son mis recuerdos antes de escuchar música con perspectiva preadolescente. 

¿Qué te impulso a comenzar a tocar un instrumento? 

Álex: El comenzar a tocar vino mucho más tarde. Mi madre me enseñó algunos acordes de los que ella sabía. Lo que ocurre es que ella era más de rondallas y de la tuna, mientras que yo desde los cuatro años oía pop. En la casa a la que vinimos a vivir a Madrid con doce años había una guitarra, ahí fue donde comencé a tocar. Hubo un momento clave en el segundo año de vivir en Madrid. En la casa alquilada a la que nos cambiamos dejaron dos discos olvidados, uno de Cat Steven y la banda sonora de de “Jesucristo Superstar”. Ahí descubrí que se podía tocar y cantar a la vez, algo similar me ocurrió con Simon and Garfunkel. También aquí, en el centro de Madrid, cerca del congreso, había una tienda de instrumentos donde me compraron un libro en el que venían los acordes de las canciones de Los Beatles. En un principio quería ser batería, todos queríamos ser quien tocaba el “My Sharona” de The Knack, pero gracias a ese libro me fui a la guitarra. La verdad es que con trece años me cambió la vida. Fue una suerte. 

A lo largo de la conversación están apareciendo muchos cambios de ciudad y ambientes distintos. 

Álex: Yo nací en Alicante pero a los tres meses nos fuimos a San Sebastián, donde estuve hasta los doce. Luego bailamos de Madrid a San Sebastian varias veces. Y en primero de B.U.P., me fui a León. Mi padre no se adaptó a vivir aquí. Lo que ocurre es que E.T.A. amenazó a mis familiares por el tema del impuesto revolucionario. Fueron años muy convulsos. Yo tenía amigos en todos los lados. En Madrid iba al colegio de El Pilar, donde ya había gente con pintas. No sé si eran mods pero las pintas las tenían. En aquel momento la música era una cosa muy de críos. Personalmente creo que en los setenta y ochenta, fue la etapa en que más vivía la música. Todo el mundo hablaba de Nacha Pop, aquí fue también donde descrubrí a The Specials y Madness. Creo que en León amplifiqué mucho todo aquel universo, allí ya me fui sintiendo mod. Estamos hablando del año 1981, donde yo no me enteraba mucho del tema, aunque estaba todo en el ambiente. Había muchos hermanos mayores y bandas que tocaban las canciones de Los Secretos. Me acuerdo que veía mucho el Musical Express y en Madrid viví el nacimiento de las bandas en las radios comerciales. Fue el momento en que todo hizo boom. Conocí a Los Cardíacos y a Las Chinas, gracias a “El Gran Musical” de Pepe Cañavera. En “Aplauso” salía Menta y Los Zombies. Todo eso lo viví a caballo entre Madrid y León. 

¿Cómo era León musicalmente hablando durante tus años de adolescencia? 

Álex: León tenía mucha escena por aquel entonces, buen realmente todos los sitios la tenían. En un primer momento mis intereses en León también se encaminaban al baloncesto aunque ocurrió algo curioso. En una revista que era el “Nuevo Basket” salió un reportaje sobre El Pilar y sus equipos en el que aparecía con mi antiguo equipo. Los de allí me cogieron manía y me hicieron la vida imposible. Me vine abajo y no soporte la presión. Mandé a tomar por culo el baloncesto y me agarré a la guitarra cosa que me salvó la vida. En León encontré discos sobre historia del rock y había un gran ambiente. Existían muchos programas de radios locales que escuchaba. Había conciertos en una sala llamada la Mandrágora. Con quince años tocaron allí los Secretos en un concierto al que me dejaron ir. Iba a ir con un amigo, pero en un momento dado él pasó de ir. Me acerqué a la disco yo solo, pero en la puerta vi a un grupo de chicas mayores, muy guapas, y me volví a casa sin ver a Los Secretos. Me volvían locos, pero no me atreví a entrar. Años más adelante tocamos “Ráfagas” y hasta grabamos “Niño Mimado” para que veas cómo son las cosas. En León teníamos la suerte de tener a Los Cardiacos y a Why?. Había una columna musical muy chula. En definitiva, había ambiente. Por aquel entonces ya era consciente de que había muchos conciertos en aquella época. Meses más tarde acabé viendo A La Mode, a Nacha Pop con “Más números Otras letras” y a Glutamato Ye-Yé. No vi a Parálisis Permanente en el que fue su último concierto en la ciudad. Aunque sí vi a Seres Vacíos y también a Gabinete Caligari. También a Radio Futura con las míticas pintas que llevaba Enrique Sierra y con Santiago Auserón de marinero, cosa que me dejó flipado. E incluso años más tarde vi a La Polla Records. 

¿Qué fue primero el amor a la música o al movimiento mod?

Álex: El amor a la música fue lo primero. Yo llevaba el pelo como Depeche Mode y Yazoo, que era la banda de Vince Clarke, que había estado en Depeche Mode como compositor. Un tío que me encantaba al le gustaban Simon and Garfunkel, algo que me hizo ilusión leerle en una entrevista. Ya tenía pintas de moderno en aquella época. Me hice mod porque me llamó la atención, por los Jam. Me resultaban familiares. Y sobre todo porque era un inconsciente. Mi pregunta es cómo con 16 años abrazas un ideario con pasión sin conocerlo enn vez de hacer otras cosas. Me dediqué a convencer a todo el mundo de que debía ser mod. Yo venía de una familia católica, era de la Real Sociedad, tenía otros intereses. Me creía a pies juntillas lo que escucha de los mods, lo que me enseñaban Brighton 64 y Los Elegantes. Aquello de una explosión juvenil fue mi credo. Fue más mi credo que el suyo. Creo que lo he llevado hasta las últimas consecuencias sin saber porqué. Debe ser que cuando hago algo, lo hago hasta el final y bien. 

Tu primera banda conocida fue Ópera Prima. ¿Hubo algo antes de aquello? ¿Qué experiencia y qué valoración haces tras tantos años de lo que viviste con ellos?

Álex: Antes monté una banda llamada FBI con un compañero que tocaba un casio, Alberto Modino, mientras yo tocaba una guitarra eléctrica con la que hacía canciones muy en la onda de Los Aristogatos, una banda que había conocido en San Sebastián en la que tocaba Mikel Erentxun. Era de mi colegio en el que coincidí en clase con Andoni Erentxun, su primo. Me flipaban. Ellos no eran rockabillys hacían más bien pop. Yo monté algo siguiendo su influencia, mientras defendía que hacíamos techno ska. Aquello duró unos meses nada más. Entonces contactó conmigo Pacho Rodríguez con la idea de montar Opera Prima. La formación eramos un mod, un rockabilly, un punk y un pop-rockero. No teníamos muchas cosas en común, solo éramos de los modernos de la ciudad. A mí me gustaban Stray Cats y a Pacho los Jam. Un buen día nos entrevistaron en la radio y nos dijeron que cada cual dijéramos en qué banda nos gustaría tocar. Todo el mundo esperaba que por mis influencias dijera The Jam y recuerdo que dije que 091, porque creía que en aquel grupo podría aportar algo. Vi a los cero presentando “El Deseo de ser piel Roja”. Recuerdo la formación, donde tocaban Antonio Arias, Tacho, Pitos y José Ignacio Lapido. Me impactó la forma de tocar el bajo de Antonio, supermoderno, tocando con unos jamshoes de mod blanco, echándose atrás y adelante en un extraño balanceo que era total. En Ópera Prima teníamos buenas canciones y una bicefalia compositiva. Estábamos hechos a imagen de Nacha Pop, yo era el efervescente al estilo de Nacho García Vega. Finalmente llegamos a hacer dos maquetas, la segunda se comercializó vendiendo 250 maquetas en León . Recuerdo que vinimos a hacer oportunidad a Madrid, grabando en la tele algo que fue emocionante. Todo terminó en el momento de volver de Londres en el 84, yo ya era mod y me echaron del grupo. La verdad que me hicieron un favor. Creo que si no jamás me hubiera comido un rosco. En aquel momento Héctor estaba cerca de mí y fue cómo buscamos la manera de canalizar aquello. ¿Qué hicimos? Montamos Los Flechazos. 

La historia de la banda es amplia, con muchos pasajes, discos y anécdotas, así que me gustaría resumir todo en un recuerdo. ¿Cuál es tu mejor momento al frente de los Flechazos?

Álex: Hubo muchos momentos buenos, muchísimos. Para mí supuso el nacimiento de todo. Las grabaciones fueron increíbles, muy divertidas. El recuerdo de estar grabando “Viviendo en la era Pop·, en los apartahoteles Ciudad Lineal cerca de Arturo Soria lo tengo muy vivo. Unos apartamentos que llevaban unos iraníes que habían escapado de Jomeini. Nosotros grabábamos de noche, ya que de día lo hacían Las Ruedas, con Robin Wills de Barracudas, mientras nosotros lo hacíamos con Quique Cardíaco. Aquel Madrid del 87 que pillamos tenía los últimos coletazos de la movida. Nos tocó hacer la transición al indie aunque por naturaleza hubiéramos funcionado mejor en la movida. Vivimos en un ambiente algo más guitarrero, de Masalasaña, con Los Enemigos, Sex Museum, Kike Turmix y sus Pleasure Fuckers. Nosotros éramos más nuevaloleros desde el lado mod. Los conciertos de Madrid fueron de los más especiales. Tocar en club Universal con el segundo disco. Me acuerdo que en el ABC nos decían que “éramos los reyes de los clubs de Madrid”. El concierto del cuarto LP en Aqualung, con metales, tocando “Bring a Little Loving”. La grabación de “En Acción”, el viaje a Gales… fue un momento de plenitud, a nuestra manera. Fuimos a Londres, las fotos en Chelsea, comprando en Porto Bello. Todo eso junto con tocar en el primer FIB o en el primer Festimad. El primer FIB fue la reafirmación de no equivocarnos al irnos de una multinacional a Elefant Records. Mucha gente no lo entendió, pero nosotros éramos una banda independiente. Cuando se nos quiso presionar nos fuimos para seguir teniendo libertad. En muchos instantes tuvimos la sensación de que podía ocurrir algo con nosotros, aunque finalmente no ocurrió así.

¿Cómo has vivido con el hecho de ser una banda referente dentro de un colectivo sin que ese colectivo fuera mayoritario? 

Álex: Yo no lo veo así, sinceramente. De hecho creo que Los Flechazos dejaron de gustar a los mods muy pronto. No nos moldeábamos con los vaivenes de la escena. Éramos muy mods, más que nadie, pero nuestra preocupación no era estar al día. En el momento en que los mods nos dieron la espalda, nos dio igual, ya que mucha más gente nos seguía. Mucha gente accedía a la escena a través de nosotros, pero teníamos una personalidad marcada. Si metíamos 1100 personas en el Revólver, quizás había 30 mods. El resto eran fans que nos seguían por nuestra música. Gente interesada en los sesenta gracias a Los Flechazos. Fuimos profetas, quizás sí, pero la trascendencia de la banda fue porque nuestros seguidores iban para otros caminos. Nuestros seguidores no eran los mods, la mayoría no lo eran. Igual que ocurría con Gabinete que la gente que les seguía no iba exclusivamente con botines. Nunca renunciamos a las otras influencias que teníamos e incluso íbamos a más con ellas. 

Hemos hablado del mejor momento al frente de la banda. Y el peor, ¿cuál ha sido? 

Álex:“Días Grises” fue nuestro último intento de coger la onda de la música contemporánea. Habíamos estado fuera de lo que se hacía hasta que vimos la llegada de bandas como Suede y Supergrass que hablaban nuestro idioma. Ya en ese disco queremos posicionarnos como banda de su momento no revivalista. Al ver que ese movimiento no se entiende, decidimos dejarlo. Nuestro proyecto se había agotado. 

Dejaste la música, comenzaste con otros proyectos, entre los que finalmente diste vida a la banda de tu vida. ¿Qué supuso para ti Cooper?

Álex: Monté una tienda de discos y ropa, pensé si sacar unas oposiciones, de hecho las saqué. Mientras tanto estaba rondando en mi cabeza la idea de Cooper. Para mí fue el retorno a la primera línea de música, además sin Elena. Era un grupo de guitarras, sin teclados, supuso montar una banda, volver a grabar en otro contexto musical distinto. Nacía en un momento de cambio, donde la gran diferencia fue la influencia de Internet y de los teléfonos móviles. Todo era distinto. El primer disco sale en las navidades del año 2000. Creo que la aceptación fue grande, había expectación por el retorno. Llegué a tocar en el FIB. 

¿Crees que como proyecto ha supuesto tu cuadratura del círculo? 

Álex: Yo quería un proyecto personal en el que cupieran todas las cosas que me gustan sin explicaciones ni coartadas. Quise romper con cualquier paralelismo estilístico que se pudiera buscar con Los Flechazos. Que hubiera guitarras, que no hubiera teclados, cambiar la forma de grabar. La libertad me la dio Cooper. Llegué a sentir que no había cadenas. Me importa mucho lo que digan los demás, me gusta el pop, lo que hago es para la gente, pero sí que ha habido otra libertad gracias a éste proyecto. He sentido otra forma de afrontar la composición y su labor. Ha sido mi gran grupo. Es el traje en que me siento más cómodo. Me ha marcado. Ha marcado mi carácter. Me he tenido que responsabilizar de algo que antes compartía con más gente. Lo que más me gusta de Cooper es que es un reflejo muy fiel e inédito de la vida postadolescente en el mundo de la música. Lo que cuento en las canciones es una historia de madurez. De cuando eres padre, de cuando han pasado veinte años, cuando pierdes a tu familia. Se ve sobre todo en mi Universo aunque también en los anteriores. Creo que lo que aporta Cooper afronta una visión madura de la vida, con un lenguaje musical que se adapta a esos cambios. 

¿Cuál es el disco con el que te quedarías y cuál es el motivo?

Álex: “Mi Universo” es mi disco favorito. Es más que un disco. Me gustan todos que conste. “Aeropuerto” y “Retrovisor” son recopilatorios, tienen su gracia aunque son lo que son. “Mi Universo” es algo integral, con todo el concepto. Es el más organizado, el más mío y del que más orgulloso me siento. 

Tu legado es el de un editor, el del músico, también el del organizador de festivales y un sinfín de cosas más. ¿Cuál de esas facetas te ha hecho sentir más rico a nivel humano? ¿Cuál te representa mejor?

Álex: No puedo separar las diferentes facetas creativas a las que me he dedicado en mi trayectoria claramente. Escribir los artículos del Pussycat o los que he escrito posteriormente, para mí era tan importante como componer. Todo era el mismo lenguaje. La labor de editor viene por mi idea de querer dejar memoria escrita de cosas sobre las que no se hablan. Testimonio. Para mí es un todo. El rollo de artista, activista y artesano está unido, pero sobre todo soy el que cantan las canciones de Cooper.

¿Cuáles son es proyectos que te quedan por hacer? 

Álex: Quiero afianzar la editorial, con libros nuevos. Hacer la celebración del décimo aniversario de Chelsea con alguna fiesta. Estamos dando pasos para constituir la Fundación Club 45 para la promoción de la cultura pop. Quiero preservar el legado de mi obra, de la editorial, de mi música, así como el legado del Purple Weekend, que se puedan llevar a cabo actividades que promuevan la música. Busco defender el pop, el beat y la cultura popular, dándoles visibilidad. Creo que es un vacío a llenar. Quiero colaborar a que sea así. Estamos a nada de saber dónde estará la sede física de la fundación, de ver qué proyectos vamos a desarrollar, etc… 

¿Cómo te sientes ante todo lo que se te viene encima y ante el final de una etapa? 

Álex: Me siento bien. Creo que el trabajo ha sido correcto. Cada concierto es una fiesta, una bonita despedida. Es lo acertado. He hecho lo que había que hacer, ahora voy a cambiar el ritmo. Estoy agotado de mi relación con la música. No me siento motivado a seguir. Estoy saturado y feliz de acabar como vamos a acabar. 

Sabemos que eres un hombre de palabra pero aun así ésta pregunta hay que hacerla. ¿Se acaba Cooper definitivamente? 

Álex: Es definitivo que Cooper se acaba, con su carrera y también como proyecto grabando discos. Quizás vuelva a dar un concierto dentro de unos años con Mario por pura nostalgia, por ver amigos, que se han convertido en familia, a los que tanto echaré de menos. He tenido mucho trato con gente con la que he trabado amistad. Con personas de diferentes ámbitos profesionales, como promotores, compañeros de bandas y periodistas a los que quiero seguir viendo. No me voy encerrar en casa, ya que voy a echar de menos a toda la pandilla. No sé cómo será. Quizás organicemos una exposición, una pinchada o lo que sea, pero nos veremos. Mi carrera creativa se ha terminado, además creo que es sano. La gente que hace toda la vida lo mismo está equivocada. Hay que explorar y buscar. No hacer siempre lo mismo.

¿Qué te dice tu hija ante el inminente momento de la despedida?

Álex: Le da mucha pena pero la verdad es que ha disfrutado. Ha visto muchos conciertos míos. Ha disfrutado de un padre en casa muchos días. Ella toca la batería. Ahora dará los conciertos ella. Y valorara la posibilidad de tener un padre en casa todos los días.

¿A qué te vas a dedicar cuando eches el telón?

Álex: A estar en casa, a cuidarme, a descansar. A leer. A proyectar ese futuro que poco a poco irá tomando forma. Os iremos anunciando cosas en poco tiempo. 

El último concierto lo darás en la sala But de Madrid. Hay un run run que te pide una segunda fecha. ¿Te has planteado habilitarla? 

Álex: No va a haber un segundo último concierto. Lo dije en internet un día. Se vendió todo en una semana que es algo maravilloso. Todo el mundo me insiste en que vaya a un sitio más grande o que haga dos noches. No somos otros grupos, somos Cooper, no vamos a hacer eso. No quiero el concierto más grande de mi carrera, quiero despedirme con este concierto. Con uno más. No sería justo hacer ahora una sala que no he hecho antes. Es la cuarta vez que toco en But, con muy buenas entradas, pero nunca la había llenado. En la presentación metí 800 personas, pero no llena. Somos muy fetichistas de ciertos detalles y creemos que aún quedan conciertos que serán brutales antes del último. En todos ellos me voy a dejar la vida igual. No quiero que sea tan especial. Este será el último pero uno más. Quien quiera venir a ver a Cooper está a tiempo aún. 

¿Sabes que te llevas algo de nosotros con tu adiós, verdad? 

Álex: Te agradezco mucho que me digas esas palabras. En los ochenta agradecía mucho la presencia de los fanzines. Y en el siglo XXI lo hago con los medios digitales como el vuestro que nos habéis apoyado con cariño y claridad siempre. Sé que al irme no me retiro yo solo, soy consciente de que al hacerlo, hago ser consciente del tiempo pasado a más gente. Es como un fin de ciclo para muchos. Me hace ilusión pensar que también para El Giradiscos lo es. En eso consiste este mundo pop que debería ser directo y efímero. Lo que hacemos lo hacemos con ilusión de que sea eterno, pero que tiene valor por ser efímero. Tanto vuestra labor como la nuestra ha sido valorado. Nos queda el honor de haberlo hecho juntos. 

Muchas gracias por todo, Álex. Una frase que tiene todo el sentido del mundo, puesto que solo nosotros sabemos qué es ese todo. 

Álex: Gracias a vosotros.

Liam Gallagher: “Why me? Why not”

Por: Javier Capapé 

Podríamos hacernos otra pregunta al hilo del título de este disco: ¿Por qué Liam? Porque nos gusta. Simplemente por eso. Porque sigue siendo uno de los emblemas vivos del rock. Porque su música es atemporal y sabe ofrecernos lo que buscamos. Porque desde que arranca el primer riff de estos catorce cortes sabemos que disfrutaremos fácilmente. Sin buscar delicatessen, pero seguros de que las seis cuerdas sonarán afiladas y que su particular voz nos volverá a recordar que estamos en casa. “Why me? Why not” no ofrece nada que no sepamos, pero convence, como hace dos años hizo con su debut en solitario, lejos ya de sus tiempos en Oasis y Beady Eye. Este disco es algo más suave que su debut y en él vuelven a sobrar algunas canciones, pero suena más si cabe a nuestros añorados Oasis, consolidando su propuesta individual mientras continua agarrado a sus principios de siempre. Y así como hasta ahora su hermano Noel le aplastaba por goleada con sus sólidos discos junto a los High Flying Birds esta vez parece que es el pequeño Liam quien le atesta un buen derechazo a Noel, ya que el clasicismo del menor de los hermanos se impone a los caprichos pseudo electrónicos en forma de singles lanzados últimamente por el mayor.

El disco se abre con mucha fuerza gracias al ímpetu de “Shockwave”, a base de guitarras desgarradas y toques de armónica con una pegada calcada a la apertura de su debut con “Wall of Glass”. Rápidamente nos impregnamos de las referencias directas a Lennon en canciones como “One of Us”, otro de sus singles de presentación, como la canción que abría el disco, que se apoya en las cuerdas y los coros remarcando la épica de los temas más sonados de su banda madre como aquel “Whatever” al que nos remite y que nos hace dibujar una sonrisa en nuestros rostros. No, este no es un disco de Oasis, pero se le parece mucho, como si la banda hubiera retornado a su actividad tras “Be Here Now” y lo hubiera hecho con una apuesta clásica y segura, no como fue aquel pretencioso “Standing on the shoulder of giants”. La acústica abre paso a “Once”, una de las joyas del álbum, mostrando así que el arranque del mismo es de lo más granado, consiguiendo que no queramos dejar de escucharlo, aunque a partir de la quinta canción la cosa pierda fuerza y flojee a ratos. Antes de esto aún hay sitio para cierto toque mod con “Now That I've found you”, que nos remite al modfather Paul Weller y que nos engancha por su carácter amable pero no falto de precisión. Una canción para levantar a un estadio.

La línea más clásica se pierde en parte con “Halo”, más cerca esta vez de Beady Eye, con un piano que lleva la voz cantante y un solo distorsionado fuera de lugar, aunque hay que decir que como experimento sobrado de frescura y rimas fáciles puede valer. Eso sí, como antes apuntaba, a partir de aquí la calidad baja salvo algunas excepciones como la canción que da título al disco, que reafirma a Liam Gallagher como compositor (una vez más ayudado por sus últimos colaboradores Greg Kurstin y Andrew Wyatt) y le convierte en heredero natural del más puro sonido Oasis. Es ésta una afirmación severa, pero aún reconociendo mayor riesgo y calidad en los álbumes de Noel, Liam consigue que las imágenes del grupo que enarboló la corriente del Britpop a mediados de los noventa inunden nuestro cerebro irremediablemente. Y es esto lo que los seguidores de los mancunianos están buscando, no salir de esa zona de confort que a Liam le sienta tan bien, ignorando quizá que el mayor de los Gallagher está un paso más allá intentando no quedar estancado en su pasado.

La inmediatez representada en un sonido más duro y potente conduce “Be still”, una canción perfecta para mostrar la actitud chulesca de nuestro protagonista pegándose al micrófono y desafiando al respetable. El clasicismo vuelve de la mano de “Alright now”, de nuevo vestida con cuerdas y coros y con una melodía que roza las producciones del sello Motown. Otro de los aciertos del conjunto. En “Meadow” brota el espíritu de Harrison en todo su esplendor con su derroche de psicodelia desde los primeros compases. El propio George parece encargarse del solo central de guitarra y los últimos compases nos remiten a “Blue Jay Way”. Sí, estas canciones están cargadas de referencias ajenas, ¿pero es que acaso no lo estaban también las composiciones de Noel en Oasis?

Con “The River”, otro de los adelantos, vuelve con éxito a un terreno muy conocido y podría encajar perfectamente entre los discos paridos por los dos hermanos durante el primer decenio del nuevo siglo. “Gone” quiere imitar descaradamente cierta actitud cercana al western adoptada por su hermano en canciones como “The Death of you and me”. El aire tarantinesco del principio desaparece por el abuso de las cuerdas, que le quita rudeza y originalidad al tema, aunque sobrevive con nota como cierre de la edición sencilla. Los extras de la edición Deluxe nos sirven algunas canciones más (tónica aparentemente obligada en cualquier publicación actual que se precie), pero sin aportar nada digno de mención. El calco pobre de “D’you know what I mean” que es “Invisible sun”, los aires emotivos pero realmente vacíos de “Misunderstood” y la ligereza con cierto aroma a los cincuenta de “Glimmer”.

No es la colección definitiva de Liam Gallagher, aunque lo que sí que ha conseguido a estas alturas, dado el enfoque de su sonido, es representar por sí mismo el nombre de Oasis. Aunque no fuera labor exclusivamente suya será casi imposible superar alguna vez lo que hiciera con “Definitely Maybe” o “(What’s the Story) Morning Glory”, pero no nos engañemos, eso no está en sus planes. Si nos quitamos pesadas etiquetas de encima, este “Why me? Why not”, además de funcionar como declaración de intenciones, nos convence y reafirma el carácter incorruptible de nuestro protagonista.

León Benavente: "Vamos a volvernos locos"

Por: J.J. Caballero 

Se le achacaba en cierta medida a León Benavente que con su segundo disco, de escueto título “2”, no habían hecho sino prolongar de forma más o menos acertada los hallazgos que tanto sorprendieron en su debut. No será aquí donde discutamos la veracidad de aquellas críticas, sino donde nos congratulemos porque en esta tercera entrega en largo –hay un fantástico EP por medio que tampoco es moco de pavo- la banda comandada por ese pequeño gran hombre de curioso pseudónimo, Abraham Boba, se desprende de ese halo de continuismo y sin abandonar los presupuestos que los situaron en la primera línea de fuego del actual rock independiente en nuestro país se vuelcan a nuevas dimensiones, expanden su radio de influencia y se postulan como una referencia básica cuando se trata de hacer canciones abiertas, llenas de recovecos y en algunos casos sencillamente apabullantes.

La producción, realizada en familia en un pequeño estudio aragonés, no quita ni pone una sola nota a las necesarias para que las letras de Boba se entiendan en su esencia. Desde “Cuatro monos”, un brutal retrato de la alienación colectiva, hasta “Tu vida en directo”, llena de frases hechas y lugares comunes a los que todos recurrimos para excusarnos en demasiadas ocasiones, cada tema de este maravilloso “Vamos a volvernos locos” toca un punto débil en el progreso de la especie humana e implica al oyente en una disidencia sonora que vuela entre múltiples referencias. El kraut rock con el que siempre se les ha asociado se entremezcla con el hip hop en la brutal “Amo” (gran colaboración de Eva Amaral) o se transforma en pop indie en la paisajística “La canción del daño”, puede que la pieza más accesible para el gran público que hayan grabado hasta ahora. Las teclas, las programaciones, las guitarras sintetizadas, las percusiones, todo está en el sitio justo y hasta las voces invitadas, que aparte de la citada incluye a María Arnal en “Como la piedra que flota”, una oda desesperada a la indolencia, y a Miren Iza en “Mano de santo” (“Me pregunto si lo que pasó es algo nuevo o es histórico”, otra frase esclarecedora), justifican de pleno las canciones con su aportación. Pocas veces se ha retratado una resaca como en “Ayer salí”, una inclasificable barbaridad, y también es difícil de rastrear algo tan intenso en su mensaje, aquí explicado con las mejores guitarras del disco, como “Disparando a los caballos”. Por si fuera poco, se pueden bailar sin miedo a hacer un mal uso de ellas “No hay miedo” y “Volando alto”, sendas diatribas con el individualismo por bandera. Hay para todos y desde varios puntos de vista, y no es fácil llegar a los lugares que llega este trabajo con solo diez canciones. ¡Pero qué canciones!

Si afirmamos que este es ya con toda seguridad uno de los tres o cuatro mejores discos publicados en España en lo que va de año, y dudamos que aparezca otro a su altura, pueden pasar dos cosas: Que nos crean los más fieles devotos del sonido León Benavente, si es que tal concepto es descifrable; o que nos llamen exagerados quienes aún no lo han escuchado detenidamente. Si es así, se aceptan discrepancias, pero no se lo pierdan por nada del mundo. “Vamos a volvernos locos” de dicha porque existan bandas así.

 

Chastity Belt: “Chastity Belt”

Por: Txema Mañeru 

El disco homónimo de este cuarteto de Washington suena con la frescura de un debut. También desde su título puede indicarte que estamos ante su puesta de largo, pero no, “Chastity Belt” (Hardly Art/ Everlasting) es ya su cuarto disco y, eso sí, una excelente manera de conocerlas si aún no lo habías hecho.

Se juntaron a comienzos de la década cuando estaban en la universidad y casi como si de relajarse unos momentos y divertirse se tratara. Esa amistad y buen rollo ha hecho que el mismo cuarteto que comenzó por aquel entonces siga todavía junto. Las voces y las guitarras de Julia Shapiro y Lydia Lund se empastan a la perfección dejando siempre el espacio mayor para la primera. Además, la batería Gretchen Grimm se reserva alguna canción para aportar su tierna voz principal.

Pronto firmaron por Sub Pop y fueron apreciados por nombres de prestigio como Death Cab For Cutie o Courtney Barnett, que se las llevaron de gira. Su anterior disco salió hace un par de años con el estupendo y acertado título de “I Used To Spent So Much Time Alone”. Contó con la excelente presentación habitual de Hardly Act y con la prestigiosa producción del guitarrista de Wire Matthew Simms, que ya había trabajado con ellas también en su anterior “Time To Go Home”.

Ahora se producen ellas mismas con la ayuda de Melina Duterte. Así la cosa es todavía más femenina aún. Su bajista, Annie Truscott, mete un bonito violín en varios temas y cuentan con el chelo de Jessica Kitzman en un par de las más destacadas canciones de este nuevo disco. Trabajo en el que siguen combinando guitarras noise con pop y rock de los años 90, así como muchos toques shoegazer y hasta acercándose al dream-pop o al after-punk más lánguido de formaciones como Felt, The Chameleons o The Church. 

Comienza cantando Julia en "Ann’s Jam" tras un precioso arranque con su guitarra y el bajo de Annie en primer plano. Luego le acompañan Lydia y Gretchen con unas hermosas voces que todavía brillan más en su flamante estribillo. Lydia canta la exquisita "Elena" con sus aromas que se mueven entre The Breeders, Kristin Hersh e incluso los Beach House. Se adentran en territorios más cercanos aún al rollo shoegazer en piezas como "Ray-4", con sus voces lánguidas y sus prístinas guitarras, o en la más reposada aún "It Takes Time", que cierra la cara A con auténtica emoción.

La cara B comienza con la voz y las guitarras de Gretchen en "Apart". Las melódicas guitarras y el detallista violín nos llevan a acordarnos de los ya citados The Church o The Chameleons. En "Effort" teníamos ese buen detalle del chelo. Detalle que se repite en la cumbre final con una "Pissed Pants" que se convierte en el tema más delicado del disco y a la vez uno de los más hermosos. Y así siguen ellas, tan sonrientes y alegres como en todas las fotografías en las que aparecen, desde la de la simpática y bonita foto de portada.

The Beatles: “Abbey Road” (Super Deluxe Edition)

Por: Sergio Camiña Martínez

En septiembre de 1969, cuando “Abbey Road” salió a la venta, para nadie era una secreto que la actividad de The Beatles como grupo era ya inexistente. “Let it be” se convertiría, poco menos de un año después, en el último álbum publicado por la banda, pero lo cierto es que este había sido grabado con anterioridad. Esto convierte las sesiones de "Abbey Road" en la última vez que los cuatro de Liverpool estuvieron juntos en un mismo estudio de grabación. Palabras mayores. Ahora, 50 años después, sabemos que uno de los discos más trascendentales de la historia de la música, estuvo a punto de ser muy distinto: el título inicial del proyecto, “Everest” (en honor a la marca de cigarrillos que fumaba uno de sus más estrechos colaboradores), hacía ineludible la sesión de fotos de rigor en el famoso monte. Ante la negativa de los miembros a viajar al continente asiático, se adoptó la solución más desidiosa posible: retratar al grupo en “la calle de enfrente”, como dicen que sugirió el propio McCartney.

De la quinta de las seis fotografías tomadas en apenas 10 minutos aquella mañana de agosto, poco más se puede decir. Los Beatles nos dejaron, con la portada de su “verdadero último álbum” (como se refieren a él los fans), una de las imágenes más icónicas de la historia, imitada hasta la saciedad, y uno de los escenarios más peregrinados y fervientemente venerados de la cultura pop. Hablamos, como no, del paso peatonal del cruce de Grove End Road con Abbey Road. Frente a él, los estudios homónimos en los que el grupo había grabado gran parte de su discografía y que, aunque estaban acostumbrados a ver desfilar estrellas por sus salas, recibieron, dando nombre (y poniendo cara) a este LP, el espaldarazo definitivo a la fama.

En una efeméride tan especial, claro estaba que la discográfica no se iba a olvidar de “celebrar” el aniversario de uno de los álbumes insignia de la banda. Apple Records se ha sacado de la manga varias ediciones especiales del disco, siendo la “Super Deluxe Edition”, con sus 4 discos, tres de ellos de material inédito, una grata sorpresa para los fans.

El primer disco (el de las nuevas remezclas) acierta al respetar la secuencia del álbum original. Lo primero que oímos, por tanto, son los acordes del que sería uno de los mayores éxitos compuestos por John Lennon (acreditado, como siempre, Lennon/McCartney), “Come together”. Escrita, en un inicio, como apoyo a una campaña electoral, esta canción suena igual de enérgica en 2019 que en 1969, a pesar de ser uno de los clásicos más repetidamente radiados de la banda. No en vano, el tema fue elegido como sencillo del álbum, llegando a ser número 1 en el prestigioso Billboard Hot 100 (EEUU), acompañado en la cara A por una composición de George Harrison, “Something”. La segunda en el tracklist del disco, se convirtió en el primer número uno del grupo no acreditado a la dupla Lennon/McCartney y es, desde entonces, una de las baladas más versionadas de la historia (entre otros, por Frank Sinatra, quien la catalogó como “la mejor canción de amor jamás escrita”). Quién le iba a decir a los fans, que a esas alturas se encontrarían con el Harrison más inspirado en sus años como Beatle. Y es que, además de este tema, firmó otra canción para el álbum que acabaría convertida en uno de los grandes himnos del cuarteto: la evocadora “Here comes the sun” es, hoy en día, la canción más reproducida de los Beatles en Spotify, por encima de cualquier composición de sus compañeros, y acaba de ser premiada (¡medio siglo más tarde!) con un vídeo oficial en su canal de Youtube.

Si seguimos por orden, es el turno de “Maxwell's Silver Hammer”, una de esas canciones en las que McCartney narra una historia completa (en este caso, la del psicópata que asesinaba a martillazos a sus víctimas) y de “Oh! Darling”, su otra aportación completa al álbum, uno de los temas más trabajados vocalmente por el artista, en el que vemos como trasciende su zona de confort. La primera parte del disco se completa con canciones como “Octopus’s Garden” (concebida por Ringo en la isla de Cerdeña) y “I want you (She’s so heavy)”, tema de John Lennon, de sonido muy hard rock, cuyos casi ocho minutos la convierten en una de las pistas más largas del grupo. Tras la mencionada “Here comes the sun”, pone el colofón a esta parte otro tema de Lennon, “Because”, inspirada en un momento de su vida cotidiana junto a su pareja, la controvertida artista plástica japonesa Yoko Ono.

En la segunda parte del álbum, nos encontramos una suerte de medley de dieciséis minutos, compuesto por canciones cortas inacabadas. Fue ideado por McCartney, quien se encargo magistralmente de entrelazar estos temas entre sí. De esta manera, se suceden “You Never Give Me Your Money” (que habla de los problemas financieros de la banda), “Sun King” (que destaca por su armonía a tres voces), “Mean Mr. Mustard” (sobre un viaje a la India de Lennon), “Polythene Pam” y “She Came in Through the Bathroom Window” (escrita sobre la famosa fan que se coló en casa de McCartney). El clímax del medley llega con dos de las composiciones más queridas por los fans: “Golden Slumbers/Carry That Weight”. Ambos temas (siempre de la mano), se grabaron como una única pieza que, aunque nunca ha sido uno de los éxitos de referencia del grupo (nunca fue lanzada como single), sí se ha popularizado en los últimos años como carne de talent show (suponemos que, en parte, gracias a su aparición en la película de animación “Sing”, donde Jennifer Hudson llevó el tema vocalmente a otro nivel). La versión original, no obstante, no palidece ante el paso del tiempo y precede con éxito al tema concebido como final “The End”. Sin embargo, esto no es lo último que oímos del álbum, pues “Her Majesty”, pista de menos de 30 segundos, excluída en el último momento del medley, se “coló” en la masterización final, convirtiéndose a la postre en uno de los primeros “Hidden tracks” de la historia.

Ante la pregunta de cómo le sientan los 50 a Abbey Road de The Beatles, la respuesta es clara: la nueva remasterización y remezcla de las pistas originales no ha hecho más que dotar de un nuevo brillo a producciones, a priori, ya inmejorables. Todo un éxito, por tanto, para Giles Martin (hijo del productor George Martin, conocido como el quinto Beatle) y Sam Okell, encargados de sacar adelante este proyecto. Lo han hecho, como decíamos, siguiendo la estela de anteriores reediciones y sin escatimar en contenido inédito, contando la edición más completa con un libro de tapa dura, con fotografías y notas manuscritas, un Blu-Ray y dos discos adicionales. Estos incluyen hasta 23 demos (vocales e instrumentales), la mayoría nunca escuchadas, de todas las canciones del álbum y otras no incluidas, pero pertenecientes a las sesiones del mismo. Es el caso de “The Ballad of John and Yoko”, que había sido lanzada previamente al álbum, o de “Come and get it”, tema descartado que acabó triunfando en manos de Badfinger (banda británica, responsable del universalmente conocido “Without you”, cuya trágica historia siempre conviene revisitar).

Con está colección de joyas ocultas, no es de extrañar que los Beatles hayan pulverizado con “Abbey Road” su propio récord de longevidad: el disco vuelve al #1 en la lista oficial de su país natal, Reino Unido, 49 años y 252 días después de acabar su reinado inicial de 17 semanas en dicho puesto. El cuarteto encabeza también las listas de muchos otros países, entre los que se encuentra, ¡sorpresa!, España. El tirón del grupo con más ventas de la historia de la música (hazaña que en plena era del streaming se antoja imposible de superar) sigue siendo inneglable y a esta (ya cincuentona) pequeña parte de su legado, le debemos que ni los habitantes del londinense barrio de St. John’s Wood, ni los fanáticos de la música rock en general, hayan vuelto a cruzar un paso de cebra de la misma forma.

The Dream Syndicate llegan a nuestros escenarios para presentar su último álbum


The Dream Syndicate es una banda de rock alternativo formada en 1981. Su estilo está relacionado con un rock neo-psicodélico y son considerados unos de los máximos representantes del llamado paisley underground (un subgénero del jangle pop), también conocido por estos lares como nuevo rock americano.. 

Formada en la actualidad por Steve Wynn (guitarra, voz), Dennis Duck (batería), Mark Walton (bajo) y Jason Victor (guitarra), su historia se remonta hasta febrero de 1982, cuando dieron un primer concierto en Hollywood al que le siguió la publicación de su primer EP, que contó con una buena atención local.

Su primer álbum fue publicado ese mismo año bajo el título de "The Days of Wine and Roses", al que siguió "Medicine Show" en 1984. Este disco les permitió telonear a bandas de la talla de R.E.M y U2. En 1985, la banda anuncia una separación temporal, que parecería definitiva hasta 2012, cuando Wynn actuó en Barcelona con Walton, Duck y Jason Victor, reformando de este modo la formación original. Tras girar durante estos años en festivales, en 2017 publicarían posteriormente "How Did I Find Myself Here?" al que le seguiría dos años después "These Times", su más reciente y hasta el momento último trabajo y que ahora les trae hasta nuestros escenarios para presentarlo. Las fechas de las actuaciones serán:

Madrid, 22 de octubre, Sala El Sol

Valencia, 23 de octubre, Loco Club

Bilbao, 24 de octubre, Kafe Antzokia

Bantastic Fand estrenarán su nuevo disco en Madrid el 26 de octubre


El almeriense Nacho Para y el cartagenero Paco del Cerro forman una sociedad creativa que viene funcionando desde hace décadas. En los 90 lideraron The Rivertones, “una banda exquisita y fundamental del rock americano facturado en España”, según la revista Ruta 66. Bajo ese nombre llegaron a actuar en el Doctor Music Festival de 1998, compartiendo cartel con artistas de la talla de Bob Dylan, Deep Purple, Nick Cave o Iggy Pop. La banda ofreció más de 150 conciertos en míticas salas como La Boîte o Sidecar en Barcelona

Ese sería el germen de lo que más adelante iba a ser Bantastic Fand, que en 2014 entregaría su primer disco, "Strong Enough To Refuse". Un debut que ha venido acompañado de excelentes críticas en medios especializados y ha sido incluido en algunas de las listas más importantes de los mejores discos del año 2014. Con "Welcome To Desert Town", publicado ya en el 2016, la crítica fue aún más contundente y unánime en el elogio. El disco fue incluido en listas internacionales de lo mejor del género. Girando con éxito por todo España desde 2104, y con una legión de fans en claro aumento, la banda recoge el resultado de su paso por los escenarios en lo que es el tercer disco de la banda, "Desert Town Tour. Live At El Intruso" (2017), el primero que incorpora a Fernando Rubio (voz, eléctrica) y el segundo de Carlos Campoy (piano, hammond), provenientes de la extinguida banda cartagenera Ferroblues. Una formación que se completa con Chencho Vilar (bajo) y Paloma Del Cerro (voz, percusión). 

Ahora, será el día 26 de octubre en el Café Berlín de Madrid cuando el grupo estrene su nuevo trabajo "Somebody's Wolrd", y lo que supondrá también el pistoletazo de salida de lo que será su inminente gira de presentación.