Entrevista: Julieta Jones

"Todo en este disco ha sido muy natural, hemos hecho lo que nos pedía el cuerpo en todo momento" 

Por: David Marsé 

Carolina Delgado y Ignacio Miranda son Julieta Jones, o mejor dicho, ahora mismo solo ellos dos lo son. La banda catalana ha adelgazado considerablemente, concretamente a la mitad, su formación para publicar lo que es su nuevo disco "Parkour Nights". Un trabajo en el que no acaban ahí las novedades, de hecho las más llamativas llegan con su sonido. Alejado de su hasta ahora habitual espíritu conectado con el rock de guitarras característico de los noventa, el álbum se mueve en terrenos donde la electrónica, el nervio bailable y las atmósferas toman el protagonismo. Un llamativo y exitoso cambio de rumbo al que resultaba imposible darle la espalda, así que contactamos con los propios autores para escuchar sus explicaciones... 

Después de cuatro años nos encontramos a una banda en formato dúo y bajo un estilo alejado de las guitarras vibrantes y eléctricas y centrado en sonidos más electrónicos y ambientales, ¿Ese cambio ha sido consecuencia de ese adelgazamiento de la formación, al revés..?

Julieta Jones: Pues sí, teníamos ganas de cambio, y fue algo muy progresivo, así que sí, coincidió la reducción de miembros con los cambios en nuestro sonido. 

Y el hecho de renunciar a esas influencias pasadas, ¿quiere decir que es un tipo de música que ya no escucháis -o no tanto- o simplemente no era lo que querías hacer en este momento? 

J.J.: Nosotros escuchamos de todo, pero simplemente nos apetecía tirar por otros derroteros. 

¿Desde vuestra propia perspectiva veis "Parkour Nights”"como una ruptura con lo hecho anteriormente o lo entendéis como un proceso natural de evolución o cambio? 

J.J.: Lo vemos como una evolución, romper con lo que hemos hecho hasta ahora sería como arrepentirnos y nada más lejos de la realidad, siempre hemos intentado hacer lo que nos apetecía. 

El disco pese a un tono común melancólico transmite muy diferentes estados de ánimo, ¿de alguna manera es un resumen de todo lo vivido en estos cuatro años? 

J.J.: Sí, incluso de más, hay temas que tienen más de 10 años y otros muy recientes. 

Respecto a la hora de cantar, también parece haber habido una adecuación a estas nuevas texturas, ¿ha sido un proceso dificultoso o natural? 

J.J.: Todo en este disco ha sido muy natural, hemos hecho lo que nos pedía el cuerpo en todo momento.

En el disco nos encontramos algunos reductos de aquel sonido más inmediato, guitarrero y noventero como "Strangers", ¿es un intento por mantener en pie algo de esa identidad pasada?

J.J.: No hay ninguna pretensión de nada en general, nunca nos planteamos cosas así, hacemos lo que nos apetece, poco más...

Y la manera de componer estas nuevas canciones, ha sido diferente o ese primer acercamiento a las melodías y a la base es similar? 

J.J.: El primer acercamiento es igual. Hemos de decir que en este disco hemos dado un millón de vueltas a cada tema y han mutado mucho desde lo que fueron el primer día. 

¿Siempre tuvisteis claro que ese proceso debía de ser controlado por vosotros mismos en la producción?

J.J.: Era más fácil así, de este modo podíamos controlar todo el proceso. 

Un proceso entiendo diferente al de pasadas ocasiones...

J.J.: Sí, porque después de grabar el disco, antes de las mezclas, decidimos cambiarlo entero. 

Cuando un grupo decide meterse en un cambio de estilo tan evidente, ¿hay una parte de miedo respecto al salto emprendido? 

J.J.: Para nada, para nosotros era algo que necesitábamos hacer, así que decidimos hacer algo de lo que nos sintiéramos orgullosos. Lo hemos conseguido, así que el miedo desaparece de la ecuación. 

Y respecto a la respuesta que pueda tener en los seguidores, ¿tampoco os causó reparos? 

J.J.: No, ojalá guste muchísimo, claro, pero nosotros estamos contentos y eso es lo que importa. 

Y ahora, ¿la manera de afrontar el directo, tanto de cara a adecuarse a esta nueva formación como a la forma de tratar un repertorio de canciones con estilos tan diferenciados, cómo va a ser?

 J.J.:Va a ser muy ¡¡Parkour Nights!!




Cat Power presentará su nuevo disco en Madrid y Barcelona el 1 y 2 de noviembre


Este 5 de octubre se publicaba el décimo disco de la carrera de Cat Power "Wanderer". Producido por ella mismo, y alejada del sello Matador, es otro capítulo de una figura musical creada por Chan Marshall marcada por las raíces del sonido americano interpretadas por una forma personal y atractiva. Unas nuevas canciones marcadas por la aparente sencillez y sobriedad pero repletas de significados. 

Dentro de la gira europea en la que está inmersa presentando su más reciente álbum habrá dos fechas seleccionadas para nuestras ciudades. Será el 1 de noviembre en la sala Razzmatazz de Barcelona, concierto que formará parte del ciclo Cruïlla de Tardor, y el 2 de noviembre en el Teatro Circo Price de Madrid. Oportunidades ambas para disfrutar de una de las voces más significativas surgidas de la música americana.

 

Low: "Double Negative"

Por: Àlex Guimerà 

Low se formaron en 1993 en Duluth (Minnesota) de la mano del matrimonio Alan Sparhawk (guitarra y voces) y Mimi Parker (batería y voces), al que se les añadió Zak Sally (bajo). Ahora, tras 25 años de carrera, y ocupado el puesto de bajista por Steve Garrington (fijo desde 2008), acaban de publicar el que es su 12º disco de estudio, confirmando la buena salud como banda. Producido de nuevo .por B.J Burton (Bon Iver, James Blake o Tallest Man on Earth), quien repite del anterior "Ones And Sixes" (2015), el disco se grabó en los estudios April Base (Wisconsin) de otro habitual de los sonidos sosegados, Justin Vernon (AKA Bon Iver).

Iconos de la corriente musical conocida como "slowcore" junto con los disueltos y legendarios Galaxie 500, Low han ido profundizando (nunca mejor dicho) y explorando en un género basado en tempos lentos, arreglos minimalistas y cierto misticismo que en el caso de nuestros protagonistas entronca con su abrazo a la Iglesia Mormona

Aunque lo cierto es que con su nuevo álbum dan un salto considerable hacia delante ya que se meten de lleno en una experimentación sonora basada en sonidos ambientales más vanguardistas: capas de efectos rotos, técnicas de percusiones de rock industrial reducidas a cámara lenta, texturas de sintes con efectos de voz... Una mezcla que contrapone los sonidos agradables y celestiales con otros desagradables y molestos. Como el mundo en el que vivimos, Low entremezcla resonancias delicadas y frágiles con rugidos inquietantes, crudos y ásperos .

Es "Quorum" la encargada de abrir de manera inquietante una caja en la que destaca la melódica "Fly", con una Mimi que se supera en la voz - y que trae a la mente a los Portishead del "Third" -; la espectral "Always Trying to Work It Out", con su melodía escondida detrás de la cascada de sintetizadores, la frágil "Dancing And Fire" y la hipnótica "Poor Sucker" y su tantra repetitivo.

Un disco difícil de digerir pero que contiene unos riesgos que deben de valorarse como positivos para una banda que acaba de cumplir los 25 años y que se resigna a ir por el camino fácil. Es lo que tienen las bandas de culto, complicadas de entender al principio, imposible de abandonarlas una vez se es fiel seguidor. Hay que creerlas.



Efe Eme publica el primer libro sobre Golpes Bajos escrito por Xavier Valiño


Surgieron a principios de los ochenta, sumidos en el gris de la industrial Vigo. Sin embargo, nadie aportó tanta luz y tanto color a la España post-Transición como ellos. De su mano se vislumbró todo un universo de innovación y riesgo en el sonido que, sumado a la genialidad lírica y letrista de Germán Coppini, elevó la obra del grupo al estatus de mística urbana. Abrazaron el punk, adoraron la música negra y los ritmos latinos, trabajaron el pop... Y en la unión de todo ello nació el mito Golpes Bajos que terminó convirtiéndose en referente de la música española en su día y en un "must" hoy.

Hacía falta un libro que narrara su historia y la historia de sus canciones. Los cuentos de la trastienda, las anécdotas, el backstage de lo que todos recordamos o creemos recordar pasados los años. Y esas páginas son ya una realidad, gracias a "Escenas olvidadas. La historia oral de Golpes Bajos" y la mano del escritor musical Xavier Valiño que ha buceado como nadie en el corazón de la banda.

Para dar forma al tomo, el autor se ha rodeado de los protagonistas y sus colaboradores más próximos, salpicando su prosa con declaraciones inéditas y recuerdos propios que no hacen más que dotar de veracidad y realismo el relato. Un emotivo, amplio y detallado viaje por la génesis del grupo, su trayectoria y su discografía para rememorar y traer hasta el presente al cuarteto mágico e inolvidable que encarnaron Germán Coppini, Teo Cardalda, Pablo Novoa y Luis García.

Bob Dylan: "Live 1962-1966 – Rare Perfomances From The Copyright Collections"

Por: Txema Mañeru 

Aquí tenemos otra vez el eterno debate. ¿Quién necesita nuevos directos de gente como Bob Dylan o los Rolling Stones? Pues parece que unos cuantos sí. La verdad es que en el caso de Sus Satánicas Majestades la mayoría de ellos navegan por las mismas 20 o 30 canciones de siempre. Aunque bueno, siguen sacando en sus "From The Vault Series" algunos con los que pasar más de un buen rato. 

El caso de Dylan es aún más especial. La variación entre sus grabaciones en directo es impresionante, como lo es el número de canciones con el que ha trabajado a lo largo de su, generalmente, destacada trayectoria. Los últimos "The Bootleg Series" están siendo algunos de los mejores discos en directo, en general, de esta década. Tranto "The Complete Basement Tapes" como los más recientes Vol. 12 y 13, "The Cutting Edge" y "Trouble No More", son absolutamente recomendables para conocer la obra del bardo y suenan realmente increíbles. 

También está ya a punto, por cierto, "The Bootleg Series Vol. 14: More Blood, More Tracks", con las tomas más desnudas de tan desnudo y confesional disco, el de su separación de Sara, "Blood On The Tracks". Hubo auténtica sangre derramada en su grabación y en estas tomas a pelo hasta te puede salpicar y mancharte de rojo. 

 Pero lo que ahora tenemos en "Live 1962-1966: Rare Perfomances From The Copyright Collections" (Legacy / Columbia / Sony Music) es algo, de nuevo, totalmente diferente. En principio y como ya sucediera con "Al Budokan" cuatro décadas atrás, este disco estaba sólo pensado para aparecer en Japón y Australia de cara a promocionar su gira por dichos lugares en este año. Finalmente, como ya sucediera entonces, se ha decidido a sacar en todo el mundo aunque estas grabaciones ya se conocieron hace un lustro en los discos en edición limitada "50th Anniversary / Copyright Extension". 

No importa, aquí tenemos 29 inmortales temas, unos en acústico y en solitario y otros respaldado por The Band, Al Kooper, Michael Bloomfield u otros colosos de la música. El sonido vuelve a ser brillante y a ser todo un deleite escucharle cantar totalmente en solitario joyas de su primera época como el arranque con "Blowin’ In The Wind" o la fantástica melodía de "Don’t Think Twice, It’s All Right". Pero es que también tenemos muy buenas recreaciones de temas "menores", por supuesto que entre comillas. Así en "Seven Curses" está finísimo con la guitarra. "It Ain’t Me, Babe" es una maravilla absoluta siempre y en cualquier formato y la extensa versión del "Chimes of Freedom", del 64, que cierra el primer compacto es realmente apabullante. En este primer compacto la única presencia ajena es la destacada voz de una Joan Baez muy importante en aquellos primeros años. 

 Todavía es mejor el segundo compacto que comienza con esa desoladora y hermosa "One Too Many Mornings" y continúa con una salvaje "It’s Alright, Ma (I’m Only Bleeding)", ambas grabadas ya en Inglaterra en el 65. Lo mismo que la fantástica toma de otra inmortal como "It’s All Over Now, Baby Blue". La arrolladora "Maggie’s Farm" está marcada por el brutal órgano de Al Kooper y el sonido crudo no hace sino proporcionarla mayor desgarro aún. Kooper se pasa al bajo para una increíble "It Takes A Lot To Laugh, It Takes A Train To Cry", en la que las salvajes guitarras de Bloomfield y el propio Dylan sembraron la discordia entre sus primeros seguidores. El ácido y psicodélico órgano de Garth Hudson es el que brilla en una genial "I Don’t Believe You (She Acts Like We Never Have Met)" en la que también seducen los punteos de Robbie Robertson. Garth vuelve a protagonizar ese sutil lento que es "Ballad of A Thin Man" con algunas de las mejores y más célebres frases de Dylan

El final vuelve a ser para un Dylan en solitario con una recién aparecida y también emblemática "Visions Of Johanna". ¿Qué quieres que te diga? Yo sigo apuntándome a recuperaciones en directo de esta calidad y también al rescate de joyas inéditas o tomas desnudas como las de "The Complete Basement Tapes" o "More Blood, More Tracks".

Entrevista: El Jose

"No me considero una persona lineal y tampoco tengo intención de serlo"

Por: David Marsé
Fotografía: Ana Antoñanzas 

Abandonen cualquier esperanza de realizar una fotografía estilística en la que El Jose permanezca inmóvil.Las influencias o músicas de las que se sirve este andaluz son tantas y tan dispares que solo parece comparable a otros versos libres, además de amigos, como Daniel Higiénico o El Kanka. Una música, y sus consiguientes textos igualmente destacables, que beben con normalidad de un ánimo festivo, lírico, canalla y sobre todo uno personal e irónico. Su nuevo trabajo, "Yo sin tú", es todo eso y mucho más, porque en este aparente cajón de sastre sonoro reinado por la anarquía donde cabe el pop, el bolero, el rock, el corrido mexicano o el punk, sobresale una voz con discurso propio. La misma a la que acudimos para conocer más de este indefinible músico y de su nuevo álbum...

Escuchando un disco como "Yo sin tú es más que visible la infinidad de géneros y estilos que acumula, pero, ¿te pones algún límite en ello o entiendes que tu música está preparada para aceptar cualquier cosa? 

El Jose: Límites nunca. Me gustan las músicas y por suerte no se a qué voy a sonar mañana. No establecer límites es la única manera de evitar la peor de las cosas que te pueden ocurrir cuando trabajas en algo que amas: el aburrimiento.

Y las cosas que nos cuenta El Jose, ¿son los pensamientos-vivencias del álter ego de Jose Miguel Romerosa Vico o se trata de un personaje aparte con vida propia? 

El Jose:  Casi todo lo que canto es verdad, y el resto no es mentira del todo...

Las canciones del disco tienen un desarrollo instrumental amplio y vivo, ¿las tenías pensadas de esa manera o los músicos que te rodean aportan ideas y tienen una influencia decisiva en el resultado final? 


El Jose:  Todas las personas que trabajan en este proyecto aportan cosas que afectan directamente a la música de El Jose. Yo propongo canciones y a partir de ahí surgen ideaș por parte de cualquiera de los músicos que llevan la canción hacia un lugar u otro. A veces nacen en los ensayos, a veces en los conciertos, otras andando por la calle o incluso de errores involuntarios que acaban quedándose porque nos gustan. 

Y viendo esa amplitud de registros que manejas, ¿hay algunas líneas maestras o influencias claves que siempre tengas en mente o que recurras a ellas? 


El Jose:  Hay influencias claves, pero no recurro a ellas, las llevo dentro inevitablemente y salen solas. Yo mismo he llegado a escribir canciones sin intención de buscar que se parecieran a nada y después de acabarlas me he dado cuenta de que tenían los ojos de uno, la boca de otra y la nariz de aquel. 

¿Te ha preocupado en el desarrollo del disco que esa amalgama sonora que manejas pueda difuminar o hacerle perder cierta unidad -cosa que dicho de paso no llega a suceder- o no es una cualidad que te preocupe especialmente? 


El Jose:  No me preocupa, las canciones no piden permiso para ser como quieran ser y yo tampoco. No me considero una persona lineal y tampoco tengo intención de serlo, hay días que me levanto con el alma Brassens, camino con la de Enrique Morente y me acuesto con la de La Polla Records.

Que la producción del disco haya recaído en un miembro de la propia banda como es Nano Díaz, ¿ayuda a sacar todo el jugo a la propuesta que tenéis en mente? 


El Jose:  Todo el jugo no se le acaba de sacar nunca, siempre hay más. Trabajar con Nano Diaz ayuda a algo mucho mejor y más importante que eso, que es a trabajar como si no estuvieras trabajando y sobre todo, a ser completamente libre.

Canciones como "Renuncio" o "Un solo corazón" abogan por ser uno mismo, romper cánones si es necesario, apartarse de la normalidad.. En general el disco creo que tiene muchas dosis de esa defensa de vivir como uno crea… 

El Jose:  Creo en el individualismo, en la bondad natural de los seres vivos y en el amor a la diferencia. Y también creo que es importante cantar de lo que uno cree.

Otra de las ideas recurrentes en el disco, incluso en su propio título, parece ser mostrar esos conflictos a la hora de entenderse con la otra persona en un ámbito amoroso...


El Jose: El conflicto es, en apariencia, con otras personas, pero es en realidad conmigo mismo. Si escribo sobre eso es porque me siento bien haciéndolo. 

En "Vaya pollas de gobierno" te muestras especialmente duro, directo y crítico con todo tipo de poder, es una actitud irrenunciable de tu perfil musical… 


El Jose: Bueno, me cuesta renunciar a considerar justo lo que es injusto. Podría también no haber escrito nada al respecto, pero también podrían dejarnos a los artistas en paz, que no creo que hagamos daño a nadie, y dedicarse, por ejemplo, a facilitar la vida de las personas, ese es su trabajo, ¿no?

No parecen buenos tiempos para cantar sobre lo que uno quiera y contra lo que uno quiera.. 


El Jose:  No, por eso hay que hacerlo...

¿Y "Haciendo cola en el Primark" es tan apocalíptica como parece con los nuevos tiempos o un primer aviso de hacia dónde nos dirigimos? 


El Jose: (Risas) Es completamente apocalíptica, pero no deja de ser, en el fondo, una manera de pedir a las personas que no se olviden, por favor, de ser personas. 

Tu manera de escribir está plagada de lenguaje común, cotidiano, pero también ejercitas los juegos de palabras, ¿se trata de una tarea en la que predomina esa naturalidad o hay una parte de esmero y de darle vueltas a las cosas? 


El Jose: Se trata de jugar con las posibilidades, como con el barro. 



Alejandro Escovedo: "The Crossing"

Por: Javier López Romo

Alejandro Escovedo sacó al mercado el pasado 14 de septiembre lo que es su último trabajo, “The Crossing”. Un álbum en el que se divisan dos frentes: uno el de la inmigración, el otro, el de su vida personal. Nunca en la carrera de Alejandro Escovedo un disco ha hablado tanto y tan bien de su vida y obra. Puedo discrepar abiertamente -porque me parece muy real ese fenómeno cultural de la diversidad de opinión- con mis amigos si es o no un álbum conceptual, es algo que me pone tenso, porque ese adjetivo se refiere a un concepto, una idea, un juicio, un significado, una denuncia; y es que puedo estar equivocado, o no,  pero el contenido probablemente ni lo entendemos, ni lo retenemos -aunque sea a largo plazo- en la memoria. Me quedo con que nuestros artistas favoritos, nuestros héroes musicales, en este caso Alejandro Escovedo, tienen que ser de interés en cualquier formato, ya sea publicitario, radiofónico, televisivo, etc. "The Crossing” es un disco que tiene esa inventiva impecable y que lo hace atemporal, porque tiene un pasado, se encamina hacia este presente, y sin duda alguna marcará un futuro. No será quizás su mejor disco, pero sí estará entre lo mejor de su obra, que dignamente ya va para cuatro décadas de un punk-rock de alta gradación independiente. Alejandro Escovedo es de esos tipos que la industria musical lo cataloga como un "maldito" dentro de su campo, se le coloca la etiqueta del "Dylan de la frontera" y sobre su cuello soporta las cadenas de acero, tachuelas y pinchos de la amplia minoría de lo que se llamó la "american music of rock & roll". Tampoco es más conocido en una Europa contagiada de tal curriculum vitae, cierto; los estigmas a veces solo tienen de cierto su propio error. Pero lejos de etiquetas y géneros, hay músicos capaces de perdurar en el tiempo y en el espacio por su trabajo, talento, humildad y saber hacer en este duro trabajo del rock and roll. Y él sabe mucho de esto: "No creo que el público latino de habla hispana haya seguido mucho mi música. Creo que dejé algo de mi gente atrás, pues no todos crecieron como crecí yo...".

Alejandro Escovedo cruza el Atlántico con su disco horneado en Italia, concretamente en Villafranca, compuesto por el propio Escovedo y su amigo Antonio Gramentieri, componente de Don Antonio y guitarrista de la banda de culto Sacri Cuori. Una gira europea comenzada precisamente en Milán, Italia, el 10 de octubre, y que clausurará su periplo europeo el 3 de noviembre en Gronigen, en el Take Root Festival. Serán dieciocho conciertos repartidos entre Italia, Alemania, Irlanda, Inglaterra, Francia, y cómo no España. Cinco serán los conciertos que nuestro país albergue, como muestra de nuestro cariño. No serán grandes salas, pero sí lo suficientemente acogedoras y cálidas, y si cabe, se prefiere ese contacto más íntimo y personal con este trovador de la palabra y la seis cuerdas. Sí, no es muy conocido dentro del panorama del rock, ni del punk, ni de la fusión de ambos, ni del country, ni del rock alternativo, ni del rock chicano, ni del heartland, ni del blues, tan sólo es un poco de todo para ser mucho. Da igual el estilo, su forma, su condición, lo que realmente nos interesa es su música y que acelere más o menos su guitarra. Una vez haber pasado por las fiestas del Pilar de Zaragoza, en la sala La casa del loco, Lleida, en el Café del Teatre, y Valencia, Loco Club, el día 16 de octubre estará en Madrid, en la sala Tempo Club, y el 17 en Bilbao, en el Kafe Antzokia. Cinco shows en los que nos mostrará lo mejor de sí mismo y de una actitud equilibrista que los funámbulos y acróbatas springstinianos saben arropar  por su equidad y unidad con Bruce Springsteen y su dualidad artística en muchos momentos de su vida. No olvidemos "Devils and Dust", que guarda una misma narrativa que “The Crossing”, quizás no en iguales palabras pero bajo el mismo sentimiento, la misma oración, la misma vivencia y el mismo resultado…

He escuchado el disco varias veces, quizás hasta saciarme, y he jugado con él en todos los formatos posibles, unas veces bajo un sol fronterizo, otras bajo una fina lengua de lluvia boscosa, otras ha sido bajo la libertad democrática, y las demás bajo el ostracismo del destierro forzoso de una vida motivada por cuestiones políticas. He jugado. Si, pero no sé si he ganado o perdido. He ganado en música, pero he perdido en valores. Es el juego de apostar, a veces pierdes para ganar, y otras veces ganas para perder. Vaya paradoja. En ocasiones veo  "The Crossing" como una película que todavía no ha sido rodada, una especie de "Las uvas de la ira" de John Steinbeck pero trasladada al siglo XXI, donde se remarcasen más las inquietudes de Alejandro y se solventasen esos problemas que acucian el disco. Os imagináis el comienzo de ella, mientras asoman los nombres en la pantalla con la primera pista de "The Crossing", "Andare". Un tema instrumental de muy poca duración, apenas llega al minuto, pero un minuto que es largo, o lo parece, con una melodía agradable y armónica, que te transporta a viajes desérticos tan arenosos como sofocantes; y si hablamos de la película imaginaria, también serviría para el final. Mientras dejas correr los créditos, colocas la otra canción instrumental del disco, "Amor Puro", donde las nostalgias se hacen patentes ante tanto sentimiento catalizador. Ambas son como un cuento de vaqueros, con demasiado polvo en sus botas y agujeros roídos en sus bolsillos, donde no se queda nada, porque todo se pierde, y cuando pierdes, nadie gana.

De este disco prefiero la soberbia de la guitarra de Escovedo, cuando arranca hacia el grito aullador de un lobo que vocifera en la noche, el grito salvador de por fin uno de sus personajes que paso a paso y bajo las sombras alcanza la frontera sin cruzarla. Es "Footsteps in the Shadows", creando una confrontación oportuna con el humor nativista de América, pero también una documentación atemporal del hambre insaciable que conduce a los emigrantes en viajes épicos a tierras extranjeras a lo largo de la historia de la humanidad. Bajo esos aullidos eléctricos, su voz grita: "Vamos, ya estás ahí, y tras esa alambrada tendrás la libertad si la pretendes..." Pero el personaje sigue dando pasos en la oscuridad de una tenebrosa noche, a la espera del asalto final que le hará libre, mientras maldice a esos cabrones codiciosos que han creado esta sinrazón y a los que nadie les ha puesto la etiqueta de la vergüenza. Y en apenas dos segundos llega "Texas Is My Mother". Para el protagonista, Texas es la madre salvadora a todos sus desvelos. El héroe, como se les denomina a los que alcanzan su gloria, se traslada rápidamente, tras haber alcanzado su éxito, a su ciudad materna, Texas. Él no sabe si será su refugio, pero Diego, un joven mejicano, se siente feliz de haber alcanzado un sueño duramente trabajado durante tanto tiempo. Es curioso, en la historia de la canción es como si un halo protector de la virgen de Guadalupe les arropase bajo su manto, y allí conoce a Salvo, otro joven que como él persigue el mismo sueño. Es de origen italiano, quizás no ha tenido los mismos problemas, hay latinos y latinos, pero ambos van bajo la misma bandera, la inmigración. Son distintos sí, pero iguales, porque ambos van a sufrir la ira de Trump. Son historias similares, en las que Alejandro Escovedo les induce hacia un terreno tan poderoso como sorprendente. Tanto "Footsteps in the Shadows" como "Texas Is My Mother" son la llegada y la huida, el principio y su permanencia, hasta que el autor decida seguir con esta profunda empatía. Porque ambos personajes se hermanan, se enredan en el cariño, en el trabajo (consiguen abrir un restaurante de comida italiana y mejicana), la supervivencia y el esfuerzo es su sueño, y sobre él el amor como arma ganadora. Pero el señor Escovedo no está dispuesto a que este camino sea de rosas y clava espinas. Las menos -porque nada es fácil dentro del sueño americano- las veremos después en el final. Estas dos canciones rezuman alegría y tristeza, lealtad y cariño, un hermoso poema al más puro estilo Boris Vian en el que no busca la felicidad de todos los hombres, sino la de cada uno de ellos. 

En "Teenage Luggag" es como si ese equipaje para adolescentes pesase demasiado. Muchas libras que cargar en tu espalda, una carga que soporta todos tus pecados pero también sobrelleva todas las buenas acciones. Es rock en toda su esencia, como si a mitad de la canción preparase una jazz session, algo informal para su propio disfrute en la que los gladiadores de las seis cuerdas ensayan e improvisan sus sonidos, en este caso más rock-chicano que divierte y te hace bailar, y eso es bueno. "Something Blue" es mi debilidad, sin duda; es una fortaleza. Es una canción poderosa y sutil, la de un trovador, por ejemplo, que pretende recorrer pueblo a pueblo y camino a camino la sutileza de lo azul, como si fuesen sus propias noticias. Una peculiar forma de ver la vida, algo diverso e integrador. Una hermosa semibalada que te transporta por esos espacios, persiguiendo tus orígenes. Esa clara filosofía de hablar claro y directo desde lo más profundo de tu corazón. En "Outlaw for You" aparecen las guitarras a las que Escovedo siempre quiso llegar, al punk-rock que le definió. Es una de las canciones sobresalientes del disco, un rockero juguetón y arrogante para un carnaval latino, Escovedo anuncia: "Seré un proscrito para ti", invocando directamente los nombres de Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Cesar Chávez, Gregorio Cortez y Octavio Paz. Una búsqueda de un territorio particular y compartido, donde reine la capacidad del ofrecimiento y la lealtad, donde sus personajes encuentran un terreno suyo, particular, de escasos metros cuadrados, pero es lo soñado y anhelado por ambos, tal y como se lo habían contado, y ahora lo viven con la intensidad de la rebeldía adolescente que un sábado noche les transforman en rockeros, acudiendo a conciertos punk. 

Pero quizás no sea así. Nada es lo que parece y se encuentran con todo lo contrario a sus creencias. Pero de momento tienen un terreno para ellos bajo un sol abrasador. Ahí aparece la abrasadora "Waiting for me", en la que la espera es la actitud valiente, anhelada y querida. Una promesa que han de cumplir, ese catálogo de vida en el que sólo hay un proyecto en común: sobrevivir, intentar  luchar por algo tan hermoso para nosotros como es ser amado y querido por una minoría, a la que Escovedo guía, o por una mayoría, a la que Bruce incita. Pero es el momento crucial para que el rock y todas sus fusiones apoyen y dirijan nuestras vidas como atardeceres planos y divinos. Este "Waiting for Me" es eso: Un esperándome, porque si en la oscuridad de la noche, o bajo una densa niebla, me perdiese, "waiting for me". En "How Many Times" Alejandro vocifera cuántas veces he de caer y levantarme, cuántas he de responder a mi pasado, cuántas veces he salido airoso o compungido de errores y aciertos. ¿Cuántas? Aquí Alejandro Escovedo reflexiona sobre sí mismo. A sus 67 años, ha recorrido todo un largo camino, lo ha visto todo, desde observar sus discos de punk-rock en las estanterías de los cajones latinos por tener ese apellido hispano; sobrevivir a un huracán, a una cruel hepatitis C, etc. Toda una supervivencia. En "Cherry Blossom Rain" es esa primavera de cerezos en flor. Nos muestra toda su belleza y esplendor, acompasado de una ferocidad donde los árboles, pese a crecer sus raíces en surcos polvorientos, tienen esa belleza de floración constante de su estación. Duro pero tierno , capaz de transmitir desafíos y vulnerabilidad en el mismo aliento y voz. Y es que este mejicano estadounidense tiene su propio carisma, tan expresivo como sus relatos mundanos. 

De "The Crossing" salió un primer single, "Sonic USA", canción protesta sobre la simbiosis entre su historia lírica de la inmigración y su política musical de fronteras abiertas. (" 'Sonica USA' o el retroceso más directo y simple del rock and roll en el disco, se asemeja a una de las primeras canciones de los Stones, y trata de manera experta el poder cultural de los Estados Unidos, la promesa de expresión personal con la amplificación de la música transgresora y películas glamurosas". -dijo-.) Son cantos dirigidos directamente a la administración actual de los Estados Unidos y a su mala política de inmigración. ("Hay refugio en tu corazón", se las arregla para declarar.) Y si seguimos, en él combina el robusto y divertido rock and roll con la belleza de una sinfonía para narrar las vidas de dos niños inmigrantes que sufren y triunfan mientras buscan vida y libertad en los Estados Unidos. Muchos de sus vecinos ven su presencia: "Nos llaman violadores. Así que construyen un muro más grande" -alega-. 

Con  "Rio Navidad" Escovedo sonríe lidiando con su humor más que penetrante pero demasiado irritante, por ejemplo cuando asegura, o sugiere, que los europeos son los "real wetbacks" para cruzar el Atlántico. Quizás aquí hace una insinuación hacia el joven Salvo y le otorga en una navidad un destino crucial en su película. Todo bajo el sonido tradicional de un pop orquestal; el ruido del boogie y un sinfín de otros sabores en un todo emocionante. "Silver City" habla con una verbosidad radiante, al igual que en "Rio Navidad". Canta sobre un guardabosques en Texas, de su forma de vida, que no es mucho mejor que la de cualquier extranjero que acaba en los Estados Unidos, con su racismo. Ambas son de una escucha difícil y austera, viscerales y tristes. Encierran en sí mismas la historia de su propio anacronismo que cuesta entender. En "Fury and Fire" gruñe de una forma irritante, y contagia su soberbia a la guitarra a base de puñetazos punkys. Furia y fuego, como el arcángel Uriel, a través de todo aquello que evoque tomar la acción al mismo tiempo que se ejecuta con ideas magníficas y reveladoras. "No puedo creer que quieran llevarse a mi padre, como muchas veces debe probar su inocencia..." -alega-, y aún hay más, sigue encorajinado: "Por un tiempo parecía que estábamos dando algunos pasos adelante como país y como pueblo, pero cuando retrocedemos, necesito cantar al respecto, dejar que la gente sepa exactamente lo que eso significa". 

Y es que la versatilidad de Escovedo para este álbum de inventiva implacable se manifiesta en un viaje memorable, donde los poemas épicos de inmigración contrarrestan con el rock & roll. Y para ello cuenta con invitados de excepción: el trovador de Texas Joe Ely, los héroes renegados de la guitarra Wayne Kramer (MC5) y James Williamson (Stooges), y Peter Perrett y John Perry, los favoritos de la New Wave británica The Only Ones. Alejandro Escovedo saca de su chistera un precio final doloroso y triste. Es el precio a pagar por tanto desorden en las vidas de los sin techo, de los inmigrantes y de los parias de esta tierra, y que no es el dorado, ni mucho menos el éxito o la gloria. El sonido emana de un latido del corazón, una guitarra distorsionada y un saxofón de cine negro; nos llevan a una urgente y profunda voz que advierte: "Estos hombres que nos cazan, no sabemos nada de nuestras vidas. Así que por favor de un paso a la ligera. Hay amenaza en los cielos. Oscuros y amenazantes, hay una sombra en el aire, se están cerrando esos cielos...", para tan sólo unos segundos después, la misma voz elevarse y gritar: "Oye, oye, te necesito más que nunca. Oye, oye, vamos; nosotros recorriendo por nuestras vidas".  Esa voz, aun cuando se vuelve más enfática en su petición de misericordia y entrega, más cruel se revelará en el cierre del disco "The Crossing", que da titulo al álbum y llega para aportar un cierre triste pero no inacabado. La película sí acaba aquí, pero mantiene un suspense abierto. Y su final es doloroso. Como toda felicidad nunca es completa y si efímera, pasajera, con caducidad de vida que no de sentimientos y recuerdos. Pero alguien tiene que perder en esta bella historia, en este caso es Salvo, el italiano, el constructor de ideas y palabras, el débil, porque sólo los fuertes sobreviven en este país tan bello como intransigente. Y cuando Salvo muere todo se derrumba como un castillo de naipes. Ya tan sólo queda desolación e infinita tristeza, llantos y oraciones, recuerdos y preguntas que se quedan sin respuestas. En esta canción principal del álbum, cuando Diego ve esta desolada tragedia que acaece, se derrumba y caen sus sueños. Ya no le interesa nada ni nadie, una desolación le envuelve y muere también pese a estar vivo. Quizás no es la mejor opción para acabar este trabajo, pero es la que el autor decide y canta:"Parecen que los tiempos han cambiado, han tomado todas las cosas bonitas, los recuerdos y las fotografías, pensamientos y oraciones que nunca duran, no hacen desperdiciarlos en el pasado, todos nos convertimos en historia cuando hacemos el cruce...". 

Este es el quid de "The Crossing", la brutalidad de perder su identidad y la de sus seres queridos, y el borrado constante de la cultura, todo en la búsqueda del estadounidense sueño. "Esta historia no tiene final" -dice-, puede parecer morboso ante esta fría y oscura verdad". "The Crossing" también cuenta la historia de Antonio y yo", explicó Escovedo. "Hay cosas que a medida que envejezco, tuve que dejarlas atrás. Los Stooges ya no existen, el rock and roll, la forma en que lo sabía, ya no existe, las personas a las que admiraba como grandes maestros se han ido"."Los chicos tienen la sensación de que llegaron demasiado tarde. Tal vez la América que esperaban encontrar ya no existe".  Habla suavemente sobre las líneas finales, y con gracia sutil, proporcionando un énfasis poderoso a su idea última, en todos los sentidos de la palabra. Los cínicos podrían llamarlo un cliché, pero lo que todo ser humano comparte tiene mayor poder y valor que los detalles demográficos que nos dividen en categorías. "The Crossing", aprovechando el rock 'n' roll estadounidense, la influencia latina y el romance italiano, está obligando a todos los que están al alcance de su música a considerar si todavía tenemos el coraje de vivir de acuerdo con la verdad más universal y antigua.


Anna Calvi: "Hunter"

Por: Sandra Sánchez 

Si Brian Eno dice de una artista que "es lo mejor que ha ocurrido desde Patti Smith" obviamente hay que seguir la pista a esa artista. Y es exactamente lo que comentó sobre Anna Calvi, londinense, 38 años, comparada hasta la saciedad con P.J. Harvey y que despidió el verano lanzando su tercer disco de estudio, "Hunter". 

La cantante y compositora, de gira estos días por nuestro país para presentar este álbum, se define a sí misma como "alternativa" y en su nuevo trabajo se muestra de un modo contundente y elegante a la vez. Habla casi todo él de la condición femenina, más allá de los convencionalismos, defendiendo exactamente lo contrario a estos, apostando por la libertad más absoluta. Ella misma ha hablado de sus intenciones con "Hunter": "Busco experiencias, libertad sexual, intimidad, sentirme fuerte, sentirme protegida; y ser capaz de encontrar algo precioso en todo este caos".

Así lo muestra en el potente tema que abre el disco, "As a Man", con reminiscencias de la mismísima Nina Hagen, si bien algo menos agresiva en su personal voz. Y lo mismo sucede en la envolvente "Indies or Paradise". También se refleja ese feminismo y ese grito de apertura hacia la homosexualidad de las mujeres, a darle visibilidad y a "normalizarla" de forma definitiva, en "Alpha", la bellísima "Eden" ("Una primera vez con una mujer sin evitar pensar cómo van a reaccionar mis amigos") y en el primer single, "Don´t Beat the Girl Out of My Boy".

Mención especial merece "Hunter", una canción sencillamente redonda, en la que Calvi encuentra el equilibrio perfecto entre la delicadeza y la fuerza. Un medio tiempo al más puro estilo Bowie que se va elevando en intensidad y que es difícil que no te emocione. "Swimming Pool" es quizá el tema más sutil, con un toque mágico, evanescente que aportan tanto la instrumentalización como la propia voz de la artista. El inicio a capella de "Chain" también da paso a una atmósfera de fantasía a la que Calvi nos traslada con una facilidad pasmosa, a la velocidad de la luz. Y "Away", guitarra acústica y voz, es también una canción desnuda y pequeña, pero no exenta de fuerza, como lo es todo el disco.

La artista ha contado con colaboradores de lujo en este trabajo, como Adrian Utley, de Portishead, a los teclados; y Martyn Casey, de The Bad Seeds, al bajo. El disco se grabó en los estudios Konk de Londres (propiedad de los Kinks) y el productor es Nick Launay, quien ha trabajado habitualmente con Nick Cave. Algo tiene Anna Calvi cuando tantos grandes confían en su música. Un mensaje que transmitir y la personalidad necesaria para hacerlo con clase.