Ty Segall: "Ty Segall"

Por: Artemio Payá

Ya nos estábamos preocupando por Ty Segall, un tipo que salvando las distancias compite en cuanto a incontinencia creativa con el bueno de Ryan Adams y que si en 2015 editó material en solitario, con su banda paralela Fuzz o bajo ese divertimento llamado Ty Rex, había dejado el casillero de 2016 en blanco. A pesar de que su anterior entrega “Emotional Mugger” estaba para mi gusto por debajo de su ambicioso “Manipulator”, conviene seguir la pista del californiano que en cada uno de sus trabajos además de hacernos disfrutar siempre nos muestra cosas interesantes. 

 En este caso, no se si se tratará de un buscado reseteo, pero vuelve a ponerle su nombre a un elepé (tras su debut) y se aleja momentáneamente de aquellos que le encorsetan como un geniecillo del garage punk. En “Ty Segall” (Drag City) hay poco, ya que son nueve escasas canciones, pero también hay un poco de todo y está tan bien armado que suena como una maravillosa amalgama de lo mejor que le ha pasado al rock and roll en la década de los 70: pop acústico, protometal y por supuesto el garage desde el que parte. 

 El disco se abre con el crepitar de guitarras de “Break The Guitar”, un garage con sabor a boogie que es marca de la casa y que pone las cartas sobre la mesa: este soy yo y rockeo como el demonio. Tras el abultado nivel de decibelios del comienzo, nos adentramos en una bella tonada glam a la que le inyecta de repente un endiablado solo punk que desconcierta pero que convierte el resultado en una píldora altamente adictiva. La sorpresa viene en el tercer corte “Warm Hands (Freedom Returned)” donde nuestro protagonista fusiona durante diez minutos no menos de cuatro canciones en una y nos hace subirnos en una inabarcable montaña rusa sónica en la que nos cuela un fenomenal flashback dónde conviven ecos de The Beatles, Dead Kennedys, Pink Floyd y hasta Black Sabbath

 Después de recuperarnos de semejante viaje nos topamos con una delicia en clave acústica llamada “Talkin'” con sabor a los mejores momentos de Big Star y que después de repetidas escuchas del disco no sale de mi cabeza. Tras ella, el amigo Ty vuelve a subir el volumen de las guitarras en dos canciones que son lo mas fiel a su estilo que encontramos en el álbum, dos certeras punzadas de boogie punk. La sorpresa vuelve a llegar después puesto que de aquí al final el tono del disco es mas bien relajado, comenzando por la emotiva declaración de amor a su pelirroja favorita en “Orange Color Queen”, la sesentera “Papers” o el corte final “Take Care” (To Comb Your Hair”) que se abre con aires sosegados y va creciendo a base de guitarras poniendo el broche final al disco en todo lo alto. 

En resumen, que tras escuchar “Ty Segall” uno sigue pensando como apuntaba mas arriba que este hombre sigue siendo de lo mas interesante del panorama actual, no estamos ante su mejor ni su peor disco pero si estamos ante otra rodaja más de fantástico rock and roll.

Tift Merritt: "Stitch of the World"

Por: Kepa Arbizu

Sorprende que una carrera compuesta desde un primer momento por episodios de un nivel altísimo no haya sido suficiente aliciente como para hacer que Tift Merritt asome definitivamente entre aquellos nombres realmente significativos en el contexto del sonido de raíces. Sin más remedio que aceptar dicha situación, nos encontramos ante la tesitura de que una vez más ha vuelto a grabar un disco excelente, como es este último “Stitch of the World”, lo que por cierto no parece que vaya a suponer un revulsivo para su perfil “popular”. Dejando en un segundo plano dichas injusticias, ante lo que nos encontramos es el reflejo de una intérprete descomunal y totalmente afianzada en sus formas y en su capacidades.

Para dedicarse a este nuevo trabajo la cantante norteamericana decidió parar el sofocante ritmo derivado de su gira entorno a su anterior “Traveling Alone” y tomarse un tiempo alejada de todo ello, para hospedada en un rancho, consagrarse a la composición y de paso hacerlo mirando hacia los acontecimientos que estaban sucediendo a su alrededor: fin de su matrimonio, la llegada de los cuarenta los años, embarazo… Todo ello da validez en esta ocasión a ese tan manido calificativo de disco personal e íntimo. Algo que sin embargo, y dada su contrastada pericia para plasmar en sus textos los altibajos emocionales, supera con mucho la fotografía de un mapa de cicatrices propias para alcanzar una reflexión global mucho más apetecible.

En la consecución del resultado alcanzado por estas nuevas composiciones hay que señalar como decisiva la elección de los protagonistas. Si entre ellos destaca como no puede ser de otra manera el genial guitarrista Marc Ribot, no hay que desdeñar a otros habituales en grabaciones de este tipo de sonidos como son Jay Bellerose en la batería o Eric Heywood a cargo de la pedal steel. Todos ellos son parte de un elenco que no acaba ahí, porque si hay alguien especial, por su significación y por la relevancia de las labores ejercidas (productor, instrumentista y voz), es Sam Beam (Iron & Wine).

Todos los comentados son ingredientes que entran en contacto para configurar un ambiente tan personal como variado a lo largo del álbum. No obstante se abre con un tema como “Dusty Old Man”, sujeto sobre una base sonora que late con fuerte presencia, especialmente en lo relativo a las percusiones, bajo un claro aire setentero con olor a carretera sobre el que se posa la voz delicada de Merritt, a medio camino entre la de Dolly Parton y Emmylou Harris. Un panorama con el que conecta “Proclamation Bones”, ésta alimentada de un deje blues-rock. A pesar de que “Love Soldiers On” late íntima y rasgada con su toque soul, a imagen de una Dusty Springfield contemporánea, y que “Heartache Is an Uphill Climb” comienza sobria y sobrecogedor, aquí con las lecciones de Joni Mitchell aprehendidas, para terminar despuntando, son varios los temas que se sitúan en un escenario centrado en el folk-country. Dicho acomodo sin embargo no significará homogeneización, al ser capaz de presentarse bajo un aspecto melodramático, escoltado por una excelsa instrumentación, en la adaptación de un poema de Raymond Carver, “My Boat”,  o ese profundo e intenso espíritu surgido de los Apalaches que esconde la canción homónima.

En la parte final del trabajo se aglutinan las canciones en las que aporta su voz Sam Beam. Las tres curiosamente forman lo que se podría considerar un (mini)conjunto unitario, aunque de nuevo empeñado en ofrecer un diverso muestrario, dirigido por una representación clásica, íntima y nostálgica del género. El primer acercamiento es ya soberbio con la elegíaca, y una perfecta sintonía entra ambas voces, “Something Came Over Me”, mientras que “Eastern Light” se preocupa por aparecerse como un canto más susurrante, pero con mucha presencia,  y es en el final, con “Wait For me”, donde se vislumbra un eco más recio aunque con alma bucólica.

En este sexto disco de estudio, difícil de comparar en base a términos de calidad con lujosas pasadas grabaciones, Tift Merritt ejecuta la sana costumbre de erigirse en un ejemplo sobresaliente a la hora de integrar el folk-country tradicional, del que se nutre copiosamente, en un perfil personal y matizado con diversos colores. Otro catálogo de canciones, en definitiva, que encumbran a la tejana como un talento puro del que no había ninguna duda pero que cada vez da muestras de estar más cohesionado y perfeccionado.

“Hoy el viento sopla más de lo normal, Mikel y Diego, mucho más que Duncan Dhu”

Por: Javier González 

No recuerdo el momento exacto en que la música de Duncan Dhu llegó a mis oídos. No fue un flechazo ni un acto natural de búsqueda y hallazgo de un joven culturalmente inquieto. Creo que fue algo mucho más sencillo y natural, o quizás no, tal vez fue algo complejo y alcance de muy pocos artistas; ya que las canciones de Mikel Erentxun y Diego Vasallo estaban ahí flotando en el ambiente cuando rompí el cascarón a mediados de los ochenta en un país tan bello y adorable, como rancio y atrasado, que comenzaba a dibujar una sonrisa desenfadada y algo alocada en su década más libre. Sonando con fuerza en las radios, en los vehículos de ventanas bajadas sin aire acondicionado en cálidos veranos y en los surcos de los vinilos que había desparramados en casa, tanto de su banda madre, la de nombre evocador, la que les dio fama y notoriedad, como en aquellos de los primeros pasos de sus respectivas carreras en solitario que tanto llamaron mi atención en la más tierna infancia. 

Reflexiono sobre estos hechos a raíz de la lectura, ávida y sin contención, tremendamente interesada, de “Hoy el viento sopla más de lo normal, Mikel y Diego, mucho más que Duncan Dhu” (Editorial Milenio), la más que interesante, justa y merecida biografía musical y vital que ha elaborado, con notable acierto y enorme precisión en el orden, dirección y ejecución, Javier Escorzo, uno de los grandes periodistas musicales con que contamos en nuestro país, de aquellos que día a día dignifica una profesión malherida y malentendida en muchos casos, salvo gloriosas excepciones entre las que por supuesto él se encuentra, reparando en un ejercicio de justicia una deuda contraída con dos de los mejores creadores de canciones de nuestra música en las últimas décadas. 

Un texto repleto de información que va mucho más allá del análisis de discos y situaciones morbosas, escarbando en los inicios de la banda, su relación con las compañías, sus gustos y la evolución sonora de sus postulados, con avances y cambios de tercio, sabiendo convivir con el estrellato, sin perder el norte, ni en lo musical, donde siempre fueron creíbles, ni en lo puramente personal, nadie les reprocha lo más mínimo, y con la bajada de ventas e interés comercial, en un descenso tan elegante y señorial, tanto que después de mucha reflexión uno no sabe con qué etapa comulga más dentro sus múltiples mutaciones.

Otro dato a tener en cuenta es la apabullante nómina de colaboradores, amigos y compañeros de profesión, de lo más heterogénea y llena de calidad, que han colaborado bendiciendo de manera unánime la carrera global e importancia de las composiciones que Mikel y Diego han dejado en el imaginario colectivo; ahí brillan con luz propia músicos como Enrique Bunbury, Quique González, Fermín Muguruza e Iván Ferreiro, encargado éste último de firmar el prólogo. 

Un libro maravilloso de obligatoria compra para eruditos e interesados en general en conocer un pellizco de una de las historias más brillantes de la música estatal; muestra de un período ya extinto que abarca más de treinta años en el que se gestó todo, las compañías, la industria y hasta las mismas bandas, y que tal como vino fue languideciendo hasta desvanecerse dejando un panorama con unas bellas ruinas en el que sobrevivir es un hecho casi mítico. 

Un trabajo que es mucho más que la biografía que habla sobre la vida y la obra de dos auténticos genios, nunca bien ponderados, que en tiempos de crudeza como los que ahora azotan, siguen regalándonos obras magnas que algunos paladares selectos miran con orgullo diciéndose para sí mismos…”Cómo estos dos tipos norteños podían y pueden ser tan buenos”.

Aaron Keylock: "Cut Against the Grain"

Por: Txema Mañeru 

Ha costado algo pero al fin tenemos aquí el esperado debut de este veterano crack de la guitarra eléctrica. El angelito en cuestión acaba de llegar a la mayoría de edad, pero es que lleva deslumbrando con su maestría con las seis cuerdas desde los once años. Muchos lo ponen como el nuevo Gary Moore. ¡Casi nada! Los elogios le llegan también de medios especializados como Kerrang!, Metal Hammer o Total Guitar, por lo que la cosa va en serio. 

Ya con quince años sorprendió a propios y extraños en el festival de blues de Antequera, pero lo hará más aún con este esperado disco. El muchachito ha girado con Wilko Johnson o Joanne Shawn-Taylor y también ha teloneado a The Answer o los BlackBerry Smoke. Está previsto además que forme parte del cartel Planet Rock Roadstars junto a Federal Charm y sus compañeros de sello en Provogue, SIMO

Ya conocíamos su single previo. Se trata de "Against the grain" y es un torbellino guitarrero que a mí me recuerda más a Johnny Winter que a Gary Moore. Otro tanto me pasa con esa locura a las seis cuerdas que es "Sun's gonna shine". Pero antes, en su debut, abre con "All the right moves" de manera fulgurante y con espíritu Jimi Hendrix. Parece que le motiva también el blues eléctrico más cercano al rock sureño como atestiguan temas como "Down" o "Medicine man". 

Me encantan momentos lentos como "Just one question" con potente bajo acompañándole y con unos punteos suyos que me recuerdan al mejor Son Seals. En otro estupendo lento como "Try", además del gran trabajo con su Gibson Reverse, brilla también el órgano y ciertos toques country. Despide este buen disco con "No matter what the cost", un lento y melódico tema acústico de inicio, pero que luego finaliza con guapos punteos eléctricos. ¡Parece que habrá que aprenderse el nombre del muchachito!

Entrevista: Lucas Colman

"Mis canciones son la manera que tengo de expresarme, de explicarme cosas a mí mismo"

Por: David Marsé 

La aparición de un nuevo músico joven en el ámbito del rock es una buena noticia siempre. Si además lo hace presentándose con un disco homónimo que desprende personalidad y un interés por desnudar su alma por medio de canciones, entonces lo es en proporciones mucho mayores. No se puede negar que en su música hay una clara influencia de esos "songwriters" clásicos, nos vienen a la mente al escucharle desde Andrés Calamaro a Bob Dylan, pero eso no significa un intento de clonación sino respetar a los maestros de un sonido que el madrileño maneja y dibuja, con variadas tonalidades, bajo su propia visión. Todos motivos más que sobrados para ponernos en contacto con él y conocerle mejor, o lo que es lo mismo, su música.

Las canciones de este disco vienen fechadas, supongo que estará relacionado con la época de su composición, ¿estamos ante uno de esos primeros discos que recoge canciones que has estado haciendo a lo largo de los años? 

Lucas Colman: Sí, es un disco que lleva las que yo creo que son las mejores canciones que he hecho desde que empecé a expresarme así. Empecé a componer a los 16 años y desde entonces no he parado, es la única manera que tengo de explicarme cosas a mí mismo. 

¿Has tomado una dedicación especial por darle a ese conjunto de temas, creados en épocas diversas, un sentido de unidad? 

Lucas Colman: ¡Justo! Todo el disco tiene una línea temporal y cuenta una misma historia. El orden de las canciones está puesto según iba ocurriendo la historia, excepto "W.L" que la puse la primera de todas porque quería que abriera el disco, me gustaba que entrara la guitarra acústica a full y que poco a poco fuera entrando la banda y que acabara el tema como "aquí estamos". 

Antes de publicarse este disco ya has compartido con éxito varias de tus canciones, has tocado en directo…¿ es algo que te aporta una cierta seguridad, ver que cuentas con el apoyo de la gente, de cara a este lanzamiento debut? 

Lucas Colman: Sí, claro. He tardado un poco en sacar el disco pero todo el tiempo he recibido respuesta de la gente. Hubo un momento que pensé que ya nadie se iba a acordar y ahora a unos días de sacar el disco veo que hay gente que lo espera y espera los conciertos y eso es lo que más me motiva de todo. 

También sorprende, por poco habitual, que un disco debut salga en un sello como Warner, ¿es algo que te aporta más alegría o responsabilidad? 

Lucas Colman: Las dos cosas. Muchísima alegría de estar en la discográfica de artistas que admiro, es como el sueño que tienes de pequeño cuando empiezas a tocar, poder hacer que tus canciones lleguen a los oídos de la gente, y ver si gustan o no, y en eso Warner me está ayudando. Y responsabilidad porque es todo más a lo grande y hay que dar la talla. 

Tu música, en líneas generales, pese a su variedad parece que tiene su base en lo denominado como rock de autor, con influencias visibles de Calamaro, Dylan, JJ Cale, Quique González, etc...¿es el tipo de realizador de canciones que tienes como referente? 

Lucas Colman: Lo de las influencias es complicado porque cada vez que descubro música que me gusta quiero tirar para ese lado y entonces tengo un poco de lío con las referencias, pero si, del rock de autor tengo mucho porque es de lo que más he escuchado y es la forma con la que más me identifico. "Boots of spanish leather" para mi es una de las mejores canciones de desamor. 

El hecho de que en la producción cuentes con un miembro de la banda y amigo como Eduardo Figueroa, ¿te ha aportado tranquilidad y ayuda para expresar mejor tu sonido? 

Lucas Colman: Si, conozco a Edu desde que él tenía 14 años y yo 9. Más tarde él empezó a montar su estudio a la vez que yo empezaba a tocar, de hecho empecé tocando el bajo con 15 y Edu me enseñó las primeras notas. Nos entendemos perfectamente y me gusta su forma de entender las canciones. 

Hablando de la banda, creo que tiene un papel esencial a la hora de lograr dar forma a esa variedad con que cuenta el disco, que abarca desde el rock sureño de “W.L.” al folk de “El timón” o el funky de “Calambres”. A pesar de presentarte en solitario bajo tu propio nombre, parece que hay una clara importancia de su aportación en el resultado final... 

Lucas Colman: Si claro, el disco es el resultado de un trabajo en equipo y de una compenetración brutal. Nos encerramos un mes en una casa a convivir, ensayar, a buscar cada detalle y a grabar. Hay un documental que cuenta toda la experiencia grabando el disco con la banda y saldrá dentro de poco. Está tratado con mucho cariño por parte de todos y todos lo sentimos como propio. 

En el otro extremo aparece una canción como “Cenizas de un incendio provocado”, desnuda, solo con guitarra, casi como si de una “demo” o un boceto se tratara… 

Lucas Colman: Bueno, esa es la canción más cruda del disco, y yo creo que es una de las letra que me deja más al descubierto por eso pensé que tenía que ir sin instrumentar. Es una canción que me salió de tirón, de noche en un balcón y está tal cual sonó en ese balcón esa noche.  

La referencia a la oscuridad, a la noche, ya sea por la definición que aparece en el interior del disco, por la propia portada e incluso las mismas letras, parece evidente, ¿es consecuencia del reflejo de un estado de ánimo o de la relación entre rock y ese tipo de ambiente? 

Lucas Colman: Es verdad que la noche aparece mucho en el disco, porque todas las canciones están compuestas por la noche y casi todos los escenarios de las historias de las canciones son nocturnos.  

Tu disco está plagado de términos como: apartado, desorientado, huir, escondido, abandonado, caducar.... Todos parecen hacer relación a ideas de escape y de fugacidad, no sé si los consideras elementos distintivos en tu forma e escribir... 

Lucas Colman: Puede ser una característica de todas estas canciones, supongo que era el estado en el que me encontraba cuando las hice. Pero ahora me encuentro en otro momento y eso también lo he notado a la hora de escribir lo nuevo. La verdad es que ahora no quiero escaparme a ningún lado. 

En la nota de prensa Kutxi Romero expresa que sin conocerte personalmente es capaz por medio del disco de hacerlo, ¿sirven verdaderamente tus canciones para revelarnos a Lucas Colman? 

Lucas Colman: Si, mis canciones son la manera que tengo de expresarme, de explicarme cosas a mí mismo y de recordar. En cualquier otra situación de la vida normal expreso muy poco mis sentimientos y también tengo poca memoria así que las canciones me salvan. Le estoy muy agradecido a Kutxi, hace poco nos conocimos y tuvimos una buena charla de música.

Me sorprendió leerte que quizás echabas de menos en el disco un sonido más sucio, más ligado a esa época setentera, ¿sigues pensando lo mismo? 

Lucas Colman: Estoy muy contento con el sonido de mi disco pero es lo que te digo de las influencias, quiero ir por un lado o por otro depende de lo que escuche. El día que dije eso habría escuchado algo setentero. 

Para terminar: cuando uno debuta, y como ya hemos comentado con ciertas expectativas a su alrededor, ¿se siente algo de vértigo o ilusión por comenzar y demostrarlo? 

Lucas Colman: Sí, se siente de todo, nervios, mucha alegría, miedos, adrenalina y todo eso lo sientes en una misma hora. Y después se repite cada hora. Pero luego hay que salir a tocar y solo piensas en disfrutar.

Javier Corcobado: “Mujer y Victoria”

Por: Javier González

Es en los márgenes de la industria musical donde en ocasiones se desarrollan las carreras musicales más arriesgadas, atractivas y decididamente personales; ajenas a la opinión de los medios, a los carteles de los festivales y buscando el favor del público desde una perspectiva calmada, sin entrar en la dinámica abrasiva de la promoción y sin que nada de lo anteriormente citado prostituya ni una sola nota ni un solo verso del resultado final de las composiciones, convertidas en trocitos de una obra contrapuesta al concepto tan manido y en ocasiones maltratado del disco. 

Viajando en ésta tesitura lleva unas cuantas décadas Javier Corcobado, otro de aquellos “rara avis” que caminan con paso firme en las sombras menos evidentes de nuestra música, regalándose/nos trabajos ásperos, altamente disfrutables, cuya única condición de escucha previa es la de la pausa y el sosiego necesario que debe tener el oyente con objeto de disfrutar de álbumes repletos de lírica punzante y en ocasiones afilada, de los que acaban por dejar regusto en los labios. 

Con “Mujer y VictoriaCorcobado vuelve a saltar al vicio creativo sin la red de la seguridad, facturando un trabajo denso, cargado de medios tiempos, en los que vuelve a hacer bandera de su enorme y brillante capacidad prosística, elaborando un trabajo tan sugerente como excesivo, quizás el término que mejor le define, en el que cabe todo lo que musicalmente va desde el punk hasta el bolero, pasando por la bossa hasta derivar en momentos más sorprendentemente pop, tamizado por su peculiar universo de tonos grisáceos que invitan a sentir la realidad con desasosiego y hasta un punto de esperanza amorosa, aunque el dolor y el sacrificio estén más que vivos en sus canciones.

Desde la letanía “Sin Corazón no hay Nada”, sobrecogedora, minimalista y arenosa hasta desembocar en un trallazo con sabor a chanson y a Nino Rota, que cambian en los aires latinos de “Niña Preciosita”, candida y cariñosa, pasando por el punk experimental de “Apotemnofilia” en contraposición con esa joyita delicada que es “Canción del Puerto”, previa al recitado desasosegante de “Mujer y Victoria”, con una acústica que es una suerte de tortura china sonando de fondo constantemente, anticipo de lo que creemos que es uno de los pasajes más bellos de todo el minutaje al sonar “El Extranjero y su Cicatriz”, la más personal por sus referencias autobiográficas. 

Quizás el golpe más fuerte, el que va directo a la mandíbula, nos lo asesta Corcobado en la terna que conforman temas como “Bienestar”, donde con voz metálica describe la realidad del falso estado de las cosas que nos han querido vender en un corte de referencias casi kraut, “Labios Rojos”, una historia de desamor brillante, continuadas en “No Odio” y “Lluvia”; suerte que el álbum lo cierran su brillante versión de “Amigo”, más evidente asentada en una acústica y un teclado alegres, la juguetona casi circense, “Alegría de Amor” y su más que notable revisión del clásico de Charles Aznavour “La Bohème”. 

Las emociones tras la escucha de “Mujer y Victoria” están ahí, vivas, sangrando, con las incertidumbres acelerando el corazón y las ganas de amar activadas y en alerta, no sea que la cosa acabe con una derrota colosal de las que hacen época. La realidad es que con escasos artistas uno tiene la oportunidad de escribir una nota similar a ésta, llena de ganas, con tensión y nervio. Javier Corcobado tan excesivo como un bolero y tan personal como siempre… tan real y tan vital…pero por encima de todo, tan musicalmente necesario. Un artista mayúsculo. No dejen de disfrutarlo. No perderán ni un segundo de su tiempo al hacerlo, se lo aseguro.

Amaral: “Nocturnal Solar Sessions”

Por: Javier Capapé 

No es la primera vez que Amaral hacen algo así. Ya nos ofrecieron las versiones acústicas de todos los temas de su anterior álbum “Hacia lo Salvaje” en una edición doble del mismo que incluía estas tomas alternativas a modo de demos, a partir de las cuales pulieron las versiones definitivas del disco. Pero esta es la primera vez que dan forma a un disco acústico totalmente independiente de su versión original (a pesar de que en Europa sí se vendan la cara “nocturna” y “solar” de forma conjunta). Porque “Nocturnal Solar Sessions” es un disco en sí mismo, no simplemente la versión acústica de “Nocturnal”. Su entidad es evidente y conforma un álbum con personalidad propia, con canciones a las que no se les puede llamar simplemente acústicas. Amaral ofrecen aquí su vena más folk, aunque en algún momento también rozan la experimentación e incluso se atreven a desnudar sus temas hasta dar una versión completamente distinta de los mismos, totalmente nueva. En “Nocturnal Solar Sessions” hay canciones que cambian hasta su tonalidad y aunque suene a tópico, ponen luz donde antes había oscuridad. De esta forma podemos reintrepretar todos y cada uno de los temas. Algunos se quedan en una versión acústica más limpia o simplificada, pero en otros su sentido y estructura cambia por completo, al igual que su sonoridad. 

 “Llévame muy lejos” se desnuda en una versión donde el violín toma la voz cantante. “Unas veces se gana y otras se pierde” tal vez sea la única que podría haber sido simplemente una demo básica para dar forma a su versión definitiva aparecida en el disco original; y es justo en ese momento, cuando podríamos haber tirado la toalla pensando que éste era un disco de demos, cuando llega “Nocturnal” y nuestra percepción cambia por completo. “Nocturnal” es ahora una canción folkie vibrante, lejos de las sombras que imprimía la original. En “La ciudad maldita” destaca la presencia de la guitarra española arpegiada al más puro estilo de cantautor y de nuevo se opta por un cambio radical de estilo en “Lo que nos mantiene unidos”, que destila luminosidad, con un estribillo apoyado casi únicamente en una base de sintetizador que va creciendo y un piano que recoge toda la tensión de la canción. 

Un nuevo giro de 180º se da en “500 vidas”, con un sonido que se va a Los Andes. “Cazador” parece un experimento pseudo-psicodélico, con ese órgano que lleva el riff junto a la acústica. “Nadie nos Recordará” es ahora más reposada pero a la vez más creíble, desgarrada y asentada principalmente en un piano evocador, lo que es una constante en el disco, donde las acústicas casan a la perfección con este instrumento, más aparcado por el grupo maño en discos anteriores, pero que en éste destaca como hilo conductor, casi con más presencia que las propias guitarras. 

“La Niebla” suena más convincente que la original. De nuevo un folk bien construido con una base percutiva que arrastra hasta conducirnos al punteo de entrada al estribillo que recuerda directamente a la lejana “Los Aviones no pueden volar”, consiguiendo una sonoridad que hubiera encajado perfectamente en el disco donde se encontraba aquella canción, el maravilloso “Una pequeña parte del mundo”. “Laberintos” sufre una mutación total. Sus coros de apoyo recuerdan a la Enya de “Boadicea”, con una base de sintetizador que sobrecoge durante todo el tema. Esta vez no podemos hablar de transformación acústica sino más bien de un cierto toque ambient. “Laberintos” deja el protagonismo total a la voz de Eva, que sólo necesita del punteo de la acústica para embellecer por completo esta canción mayúscula. Le sigue “Chatarra”, donde la guitarra se basta y se sobra para tensar la cuerda y prepararnos para el final, consiguiendo una versión llena de fuerza gracias de nuevo a una interpretación vocal magnífica. Tal y como pudimos oír en sus presentaciones en directo, “En el tiempo equivocado” comienza a piano y voz consiguiendo estremecer hasta que estalla en su recta final. Y tras este potente broche de oro y casi a modo de pista escondida, aparece una versión reducida de “Noche de cuchillos” con los violines como protagonistas, que logra un impacto mayor que la original. 

 La cara “solar” de “Nocturnal” es por momentos más intensa que la original y mucho más directa, debido a que está pensada para sonar en distancias cortas y desprovista de esa pátina de oscuridad que a mí consiguió atraparme, pero que pudo desconcertar a algunos seguidores. Es un disco muy interesante, aunque sería mucho más llamativo si no hubiera habido previamente un “Nocturnal” al que hacer referencia. Si este “Solar Sessions” fuera sencillamente una nueva entrega del dúo maño estaríamos hablando de unos Amaral asumiendo más riesgos, en caída libre y apostando por nuevas sonoridades en su cancionero, con un disco que rompe con todo lo anterior presentado por los zaragozanos. Ojalá para su siguiente larga duración no sigan el camino fácil. ¿Quién sabe si el disco que prepararán tras su gira europea llevará esta línea? Sería una grata sorpresa.

Wayne Hancock: "Slingin' Rhythm"

Por: Txema Mañeru 

El señor "The Train" es bueno hasta para titular sus trabajos. Y es que "Slingin' Rhythm" (Bloodshot Records / Bertus) parece un sensacional título para lo que podemos escuchar en él. Este crack de la mejor música country (por algo milita desde tiempo inmemorial en el gran sello de Chicago, Bloodshot Records) debutó en 1995 con el magnífico, también con gran título, "Thunderstorms And Neon Signs". 

Este nuevo trabajo creo que hace el décimo en su trayectoria y sucede al estupendo "Ride", con el que galopó a gusto hace tres años. También lo hizo ya hace más de una década con el flamante directo "Swing Time". Y es que este tipo se pega más de 200 conciertos al año con su mezcla de country, hillbilly, jazz, honky tonk y western swing. Y lo factura todo de miedo adornado con su gran voz. Un tipo con un pie en Dwigth Yoakam y el otro en el gran Brian Setzer de los Stray Cats. Pero un tipo que ama también las raíces y por lo que le han comparado a menudo con el mismísimo Hank Williams al quien ha versionado en diferentes ocasiones. 

También se nota en su nuevo disco su pasión por otros nombres del country más clásico como Ernest Tubb, Bob Wills o Lefty Frizzel. Su nuevo trabajo arranca con el enérgico tema titular al que sucede un "Dirty house" con una guitarra fabulosa. Le acompaña de nuevo en la producción el fijo Lloyd Maines que ha trabajado junto a luminarias como Uncle Tupelo, Dixie Chicks o Terry Allen. También cuenta con un excelente equipo de músicos, con especial mención para el encargado de la steel guitar, el Texas Playboy, Leon McAuliffe. Con todo ello suena más country en "Killed them both" y recuerda a Elvis y sus sonidos hawaianos en "Two strings boogie". 

En el instrumental "Over easy" que cierra la cara A brilla por ejemplo esa citada steel guitar. Suena muy bien su versión del "Divorce me C.O.D." de Merle Travis y es una gozada total su "Dog day blues". Se trata de un precioso western jazz con ritmo country y maestras guitarras a lo Chet Atkins sobre un delicioso ritmo boogie swing. ¡Qué locura, ¿no?! Pues prueba a oírlo. También se vuelve a atrever con el maestro Hank Williams en un "Thy burdens are greater than mine" en el que brilla, por supuesto, su gran voz, pero también una genial y rompedora guitarra. ¡En su línea, de lo mejorcito de las últimas dos décadas!