Ringo Starr: “What’s My Name”

Por: Txema Mañeru 

Lo dejamos claro de inicio, “What’s My Name” (Universal) es uno de los mejores, más divertidos y más variados discos de la larga trayectoria en solitario del incombustible Ringo Starr. Eso sí, nunca esperes una obra maestra como algunas de las que pudieron crear sus compañeros en The Beatles, pero ver un concierto de Ringo junto a su All Star Band sigue siendo una divertida experiencia, y enfrentarse a este disco con su banda y muchas más estrellas apareciendo como invitados y colaborando en las composiciones, tampoco está nada mal. 

Es inevitable por lo tanto no detenerse en todos esos grandes músicos y compositores que le acompañan, comenzando por Paul McCartney, que toca en la versión de John Lennon, para más deleite y morbo, la tierna, entrañable y lenta "Grow Old With Me". Pero es que además está el gran Joe Walsh de los Eagles en varios temas, Edgar Winter, Dave Stewart (Eurythmics), Benmont Tench (Tom Petty & The Heartbreakers), Steve Lukather (Toto), Nathan East, Colin Hay, Richard Page, Warren Ham, Windy Wagner o Kari Kimmel, entre unos cuantos más. Todo grabado de nuevo en su casa y sin ningún tipo de presiones. Por cierto, que en las mezclas y la grabación vuelve a destacar el nombre de Bruce Sugar para endulzar los resultados.

Unos resultados que comienzan bien con el tema compuesto junto a Joe Walsh, "Gotta Get Up To Get Down". Buenas guitarras de y voces casi rapeadas entre las que destaca también la de Edgar Winter, que también brilla con sintetizador y clavinet. No sé si será por la presencia de Dave Stewart, y por su ayuda en la composición, pero "It’s Not Love That You Want" tiene un agradable aire entre Roy Orbison y The Traveling Wilburys. Lo mejor de un tema como "Magic" es el solo marca de la casa de Steve Lukather. No necesitaba modernizar así un clásico absoluto como es el "Money" de Berry Gordy y Janie Bradford. Un momento destacado sin embargo, con buen estribill,es  para un claro single como "Life Is Good". De nuevo brilla la guitarra de Lukather pero atención al órgano de Benmont Tench. Jim Cox destaca con su piano y órgano en un "Thanks God For Music" que recuerda de nuevo algo al Roy Orbison de los últimos tiempos con un pegadizo estribillo y coros. Le toma excepcionalmente el relevo con piano y órgano a Cox un pletórico Benmont Tench en el buen y melódico lento "Send Love Spread Peace", con más aromas a Orbison y un buen solo de guitarra, ahora en manos de Steve Dudas

El final es para el single y videoclip (casero también) compuesto por Colin Hay y que titula el disco. Una canción compuesta hace años pero que le va a Ringo como anillo al dedo. Buen rock’n’roll años 50 con Lukather saliéndose y Warren Ham soplando muy bien su armónica. Por ofrecerle esta canción, y por las cosas que le están ocurriendo en los últimos años, Ringo se siente bendecido y feliz y eso se nota en los frescos resultados de este disco. Su madre ya le decía de joven que era más feliz cuando tocaba, pero es que el cabrón de él sigue siendo feliz cuando lo hace y cuando graba canciones desenfadadas, pero atractivas, como estas.

Por cierto que Ringo tiene también un nuevo libro publicado el mes pasado y titulado “Another Day In The Life”. Deja fluir en él su amor por la música, los viajes y la naturaleza y nos muestra el mundo visto a través de sus ojos de Ringo. ¡Él ve el mundo con optimismo y alegría y sus nuevas canciones también resuenan de igual forma!

"Canciones dentro de canciones" será el nombre del nuevo disco que Vetusta Morla publicará en el 2020

Ilustración: Gorka Olmo

"Canciones dentro de canciones" es el título del próximo disco de Vetusta Morla, cuya publicación está prevista, tanto en formato físico como digital, para 2020. El nuevo álbum de la banda parte de la reinterpretación de las diez canciones que componen "Mismo Sitio, Distinto Lugar" (2017). Por tanto, el que será el quinto álbum de estudio del grupo contendrá también diez cortes cuyos títulos son y en el siguiente orden:

- "Deséame Suerte – MSDL" 

- El Discurso del Rey – MSDL 

- Palmeras en La Mancha – MSDL 

- Consejo de Sabios – MSDL

- 23 de Junio – MSDL

- Guerra Civil – MSDL 

- Te lo Digo a Ti – MSDL 

- Punto sin Retorno – MSDL

- La Vieja Escuela – MSDL

- Mismo Sitio, Distinto Lugar – MSDL. 

El punto de partida de esta nueva entrega musical es la convicción de Vetusta Morla de que dentro de cada canción existen otras canciones que habitan en ella como dentro de una muñeca rusa. También aparece el mito de la canción como ser vivo que se hace realidad desde el momento que no es la misma según las circunstancias, según quien la reciba, donde se escuche o en qué momento de la línea temporal, vital y emocional es interpretada o escuchada. 

Si con "Mismo Sitio, Distinto Lugar", Vetusta Morla presentaron una búsqueda de lo esencial y de la identidad a través de la deconstrucción y la descontextualización, el objetivo ahora era volver a esa idea en otro momento, desde otra experiencia ya mantenida con las canciones, y con otra manera de trabajar las composiciones desde la creatividad y la producción. De hecho, la banda ha vuelto a grabar las diez canciones que formaron parte del álbum original, "Mismo Sitio, Distinto Lugar", invirtiendo todo el planteamiento relativo a la instrumentación, la interpretación, la composición de arreglos y por supuesto, el método de registro. En definitiva, este ejercicio artístico de Vetusta Morla tiene como resultado una nueva obra con auténtica y original entidad. 

Para la grabación del álbum de 2017, Vetusta Morla dejaron a un lado su rol de músicos de directo, y ahora, en el de 2020 encontramos a los seis componentes tocando todos juntos en vivo y sin apenas recurrir en overdubs. Del mismo modo que fue una seña de identidad del álbum grabado en Berlín, utilizar los recursos del estudio y la manipulación sonora como una herramienta expresiva, ahora ha sucedido lo contrario: tener como condicionante el uso únicamente de instrumentos que están a mano de manera cotidiana en la sala de ensayo.

Entrevista: Aviador Dro

“El secreto de la supervivencia es que te guste lo que estás haciendo”

Por: Javier González 

Hay historias que trascienden lo puramente musical para acabar formando parte de la memoria de una generación por diversos motivos. Esa es la historia del Aviador Dro, un colectivo de música electrónica creado en la España de finales de los setenta con ideas revolucionarias, basadas en el futurismo y en la defensa a ultranza de la tecnología, algo que a priori parecía totalmente suicida, pero que ellos en un alarde de fe decidieron dar vida, con el acompañamiento y creación de un sello independiente -Dro- que durante años albergó a lo más granado y mítico del pop-rock patrio, convirtiendo sus locas ideas en todo un alarde de riesgo para adelantados a su tiempo. 

Pues bien esas son partes de las andanzas en tintes muy gruesos y esquemáticos de Aviador Dro, la banda por excelencia de música electrónica más importante de la historia de nuestra música, que en estos días anda cumpliendo la friolera de cuarenta años. Con nuevo disco bajo el brazo, “Futuro Perfecto”-Warner-, y con la edición de un más que interesante libro, “Aviador Dro. Anarquía Científica” -La Felguera-, en el que de una manera más que personal recogen lo que han sido buena parte de estas cuatro décadas de punkcibernético.

Como muestra de respeto y devoción hacia su obra, nos citamos con Servando Carballar, ideólogo de la formación, en las oficinas centrales de Generación X, para que entre discos, comics y juegos de mesa, nos hable en el marco de una más que interesante charla de todo lo que conlleva seguir al frente después de tanto tiempo de la nave del Aviador Dro

Lo primero que se me viene a la cabeza al hablar de Aviador Dro es la palabra míticos.

Servando: Un poco mitológicos nos sentimos, ya que cuarenta años a nuestras espaldas son muchos. Durante este tiempo se han hecho muchas cosas y había que celebrar una fiesta por el cuarenta aniversario de la banda. 

Y qué mejor forma de celebrar una fiesta que con un disco, “Futuro Perfecto”, y una gira relativamente amplia de la que ya hemos dado cuenta en El Giradiscos.

Servando: Ha habido ya muchos recopilatorios y discos de rarezas, algo propio de una carrera tan larga como la nuestra. Queríamos celebrar este paso en nuestra carrera con nuestros fans, pero dándole una vuelta de tuerca. Por un lado está el tema significativo de sacar un disco con Dro-Warner, con nuestros antiguos compañeros, algo que para nosotros es importante porque esta es una celebración de nuestra trayectoria. Aunque en su momento hubo una escisión de nuestros caminos todos convergemos, todos somos Dro y Aviadores. En cierta medida nos preguntamos qué podíamos ofrecer a nuestros fans que fuera algo distinto. De un lado está la idea del tour del cuarenta aniversario con el que pretendíamos hacer algo diferente. Llegamos a la idea de hacer dos sets, el analógico, donde arrancamos el concierto, con lo que sería el sonido de Aviador Dro hace cuarenta años, recuperando maquinaria original con la que tocábamos en aquella época, sin interconexiones electrónicas ni nada similar. Buscamos que los fans que nunca vieron al Aviador tengan una idea de cómo era en aquella época. Es un set que crece en tiempo y duración. En esa parte del concierto tanto nuestra imagen como nuestra sonoridad es diferente. Y luego durante la interpretación de “Nuclear Sí”, el set analógico se convierte en el actual, con ordenadores, sintetizadores de simulación analógica y la actual estética del Aviador. 

Vaya, debe ser realmente impresionante ver esa evolución en vivo y en directo. 

Servando: Es como un viaje en el tiempo en vivo. Creo que somos de los pocos grupos capaces de marcar una evolución así sobre el escenario. 

Por otra parte está la edición de “Futuro Perfecto”, un nuevo trabajo con material antiguo, rodeados de unos cuantos amigos con los que tenéis algún tipo de vinculación. 

Servando: Queríamos trasladar también este concepto del que hablamos al propio disco, que también tiene dos partes, la Alfa y la Omega, aunque en este caso están invertidas. La cara Alfa está producida por David Kano, con temas reconstruidos por nosotros, bajo su producción. Además está el tema de las colaboraciones. En las voces colabora Xoel López, que a priori es un artista que la gente no relaciona con nosotros, pero con el que tenemos mucha relación, sobre todo con su hermano, Adrián López, que ha sido colaborador nuestro durante su carrera y es amigo personal de la banda. Él es el diseñador de los grafismos de “La Voz de la Ciencia”, de nuestra web, de algún panfleto y camiseta de nuestro merchandising. De hecho lleva los temas visuales en directo durante la gira. Así que la elección de Xoel nos parecía muy natural más allá de que sea un icono del indie. También está Olaya Pedralbes de Axolotes Mexicanos, que era otra opción divertida e interesante. Es una gran aficionada al comic, dibuja muy bien, queremos colaborar con ella en ese campo en un futuro. Conectamos con ella a través de L Kan y esta corriente de nuevo pop indie que bien podría haber sido parte de nuestra etapa en Dro. Además ella es muy fan del Pop Japonés, del J- Pop, algo que yo estoy escuchando en estos días muchísimo, así que la colaboración también era muy evidente. En última instancia aparece Guille Mostaza, Ellos también es un grupo de referencia dentro del panorama independiente. Somos fans mutuos. Su timbre de voz es similar al mío por lo que la mezcla es interesante. Creo que esta nueva visión de clásicos hace que merezca la pena revisitarlos por parte del público. La segunda parte del disco representa el set analógico, grabado por Luis García Morais, factótum de LKan, del ochoymedio y con una más que notable labor como dj. Su aportación en directo ha sido fundamental para nosotros. De alguna manera representa la parte de cómo sonaría el Aviador Dro en su formato original. Creemos que “Futuro Perfecto” es un gran regalo para estas navidades radiactivas que se aproximan. 

Es curioso que con éste disco y gira queráis tender puentes entre vuestro sonido actual y el pasado, cuando en conversaciones con conocidos me hacen la comparativa sobre el actual sonido de ciertas bandas indies actuales y la música que factura el Aviador. 

Servando: En aquella época nuestro sonido era muy concreto. Por ahí estaban Los Zombies, que eran uno de mis grupos favoritos del momento, y eran de lo más originales. De hecho estuve a punto de formar parte de su banda, algo que nunca sucedió. Me considero un gran admirador de su música, pienso que eran de los pocos grandes grupos que utilizaban sonido sintético. Bernardo Bonezzi a partir de guitarras encontraba un sonido electrónico más que eléctrico. Luego estaban Pegamoides que también tenían ese ramalazo, luego reafirmado en otros de sus discos y con Fangoria. Y por último estaba Mario Gil con Paraíso, que siempre tenían sus sintes, algo que llevó más allá con La Mode. Pero al principio éramos contadísimos los que utilizábamos las bases electrónicas como fundamente del sonido. En nuestro caso tenía una ideología detrás que era significativa. Estábamos al tanto de lo que estaba ocurriendo en Gran Bretaña y en el rock alemán. Era un momento en la historia donde surgió el pop electrónico con fuerza para quedarse. Más tarde, en los años noventa, estos sonidos se rechazaron bastante, pero poco a poco se reivindicaron desde el techno de Chicago hasta las raves. Con el sonido de bandas como Chemical Brothers y Prodigy. Personalmente creo que hoy en día la música electrónica impregna toda la música llegando hasta el metal. Ahí está el caso de Rammstein que es una banda híbrida entre el metal y otros sonidos electrónicos. Hemos descubierto todos que la electrónica es una herramienta muy importante para el desarrollo de la música. En cuanto a lo que comentas de ciertas referencias creo que estás en lo cierto. Para mí es inevitable escuchar a bandas como Dorian, que no sé si son seguidores nuestros o si nos han citado en alguna ocasión como referencia, y ver ciertos tics que en su momento fueron reconocibles en Aviador Dro. 

¿Cuál es el secreto para una supervivencia tan duradera en un país como el nuestro? 

Servando: El secreto de la supervivencia es que te guste lo que estás haciendo. Nosotros por un lado comenzamos siendo fans de la música y escuchando mucha música. De pequeño era fan de los Beatles, Genesis o Pink Floyd. Recuerdo que con muy pocos años me compré el “Sgt Pepper´s”, luego evolucioné a la Velvet Underground y Lou Reed. Con el advenimiento del punk nos dimos cuenta que nos apetecía hacerlo a nosotros, ya que hasta entonces era impensable porque no teníamos ni idea de música. Aquel movimiento nos demostró que era posible subirte a un escenario y volcar lo que tenías en tu cabeza. Ver a los Sex Pistols hacerlo nos reventó la cabeza. Ello conllevó que pusiéramos un anuncio en “Segundamano”, donde anunciábamos que queríamos hacer una banda con gente a la que le gustará el rock alemán. Recuerdo que citábamos como referencias a Kraftwerk y La Dusseldorf. Así se formó el Aviador Dro, a través de gente a la que le gustaba otras músicas. Esto es algo que no ha dejado de ocurrir a lo largo de cuarenta años, ya que por la banda han desfilado muchos Obreros Epecializados con sus pertinentes períodos de excedencia. Y es algo que he echado de menos en alguno de los artistas que teníamos en cartera en Dro. En general veía que había muchos artistas endogámicos que no escuchaban casi música, casi todos estaban encerrados en su mundo. Podían ser muy personales, hacer grandes canciones, pero no salían de sus referencias de cabecera. Nosotros hemos sido muy fans, muy iconoclastas y hemos estado atentos a lo que ocurría en otros lugares musicalmente hablando. Hemos sido grandes fans del pop y eso mantiene tu interés todos los días. Hemos estado en contacto con nuestro universo. Esa capacidad de perseverar, de continuar, de hacer la música que haces no solo por el éxito. Ahora mismo estamos sorprendidos porque vamos a hacer una gira que para nosotros es relativamente larga, con bastantes conciertos y ante buenas audiencias, en salas pequeñas y medianas, con gente que no nos había visto nunca pero que nos felicita al hacerlo. En los noventa y determinados momentos de nuestra historia, esto no ocurría. No salían conciertos y no nos tenían en cuenta a la hora de hacer repasos históricos del pop nacional. Hemos sabido aguantar malos momentos porque no nos importaba el número de audiencia, sean cinco o cincuenta mil creíamos en nosotros. Hayamos tocado en conciertos en Las Ventas, hayamos tenido días míticos como ser teloneros de David Bowie junto con The Stranglers, o tocando para nadie. En realidad haces lo que haces porque te gusta. Esa es la base para aguantar cuarenta años. 

Es curioso porque más allá de audiencias o de número de discos vendidos, creo que pocas bandas han sido más importantes para la historia de nuestra música que Aviador Dro. 

Servando: Hemos querido estar ahí. Hemos sido responsable del hecho de que haya un montón de discos de otros compañeros que hayan visto la luz con Dro. Bandas que quizás no hubieran desarrollado sus carreras si no les hubiéramos editados. Como decía antes, además haber grabado a muchas bandas, quiero pensar que ahora escuchas a Dorian y ves algo que está ahí, que le enlaza con el Aviador. Me evocan sensaciones similares. Quiero pensar que hemos estado ahí para ellos. Para nosotros fue una enorme satisfacción saber que no solo en el ámbito de la música, ya que cuando hicimos “La Voz de la Ciencia”, que es un álbum hecho a partir de textos de divulgación científica, muchos científicos se declaraban fans de Aviador Dro. Nos decían que habíamos sido parte de la banda sonora de sus vidas. Que Ignacio Cirac que es un número uno en la investigación cuántica hoy en día, posible candidato a Premio Nobel en el futuro, nos haya hecho sonar mientras estudiaba nos ha hecho quedarnos a cuadros. De alguna manera eso nos convenció de nuestro discurso aún más. En los 80 hicimos Dro-Soft, más orientado al tema de juegos y programación, sabíamos que muchos fans estaban relacionados con el mundo de la programación, pero que en otras disciplinas científicas hayamos calado fue una enorme satisfacción. Nos da una relevancia para seguir haciendo esto durante muchos años. 

Tenéis el gran honor de haber sido la primera gran banda nacional que ha cantado al futuro. 

Servando: Sí, hemos sido de los primeros en cantarle al futuro en España. Nuestro referente musical fue Kraftwerk y toda la literatura de ciencia ficción clásica. Nos basábamos en ello para hacer nuestras letras y canciones. Éramos fans. Nos gustaba esa clase de literatura. Audiovisualmente nos encantaba Stanley Kubrick, “2001 Odisea en el Espacio”, “La Naranja Mecánica” o “El Planeta de los Simios”. Quisimos hacer pop de ciencia ficción a la vez que hacer pop electrónico. Creíamos que uno y otro debían ir de la mano. Aquí fuimos pioneros no me cabe duda. Quizás en otros lugares fuimos simultáneos a Kraftwerk y Devo en Estados Unidos. Personalmente creía que iba a ser una corriente mayor, pero ha tardado más de lo que creíamos en cimentarse. En ese sentido fuimos pioneros y quizás nuestro discurso alrededor de la ciencia y tecnología, como elementos progresistas revolucionarios, haya sido el más avanzado. Nadie ha sido tan asiduo. Ni siquiera Kraftwerk, que en directo marcan esa línea, ni Devo que han retirado recientemente. En nosotros el discurso ha sido más estructural e ideológico. Lo veíamos necesario. Creemos que hemos ido un paso más allá en ese sentido. Es la base de nuestro sonido. Desde hace cuarenta años defendemos la ciencia y la tecnología como elementos revolucionarios, cosa que no era tan común. De hecho era incomprensible hasta para la gente de izquierdas. La ciencia se tenía como regresiva, agresiva con la naturaleza y con el ser humano. Se veía como un ataque al orden natural de las cosas. Las películas y la literatura de ciencia ficción de los años setenta iba en ese sentido, hacia el arrepentimiento, haciendo ver lo bien que estaríamos sin evolución, sin máquinas horrorosas. Nosotros fuimos hacia una ideología ciberpunk antes que esta llegara. Nosotros pensamos que eran herramientas como tales, sin ideología de por sí, pero que eran utilizables para cualquier finalidad revolucionaria. Algo que nos han demostrado la gente de Anonymus, Primavera Árabe o Wikileaks, han demostrado que la tecnología tiene utilización revolucionaria. Nosotros hemos tardado en comprender que la asimilación no es perjudicial veinte, treinta o cuarenta años más de lo aconsejable. La interconexión entre seres humanos puede ser beneficiosa o también caer en gente codiciosa que pueda utilizarla para fines lucrativos, pero eso es algo que sucede todos los días. Es la condición del ser humano. Uno tiene que elegir para que utiliza la tecnología pero la herramienta, sea pistola, pluma o sintetizador, no es culpable del cometido. Está en tu mano para que tú decidas qué hacer con ella. 

¿Con qué te quedas de estos cuarenta años de trayectoria?

Servando: Me quedo con el devenir porque ha habido momentos fantásticos. La primera etapa con Dro teníamos reuniones de planificación y marketing muy divertidas todos los miércoles. Donde había un “braimstorming” de todo tipo de ideas. Desde las cuatro de la tarde hasta las dos de la madrugada. Éramos un grupo muy numeroso de gente, más de una decena, donde había una enorme sinergia entre todos. Había gente brillante. En general si de algo puedo estar orgulloso es de haber sabido crear grupos de trabajo muy eficaces y bastante poco canónicos, muy poco habituales en el mundo empresarial. Si alguien visitara Dro en los ochenta vería una cosa que era similar a lo que se hubiera podido encontrar años más tarde en California en las nuevas Star Ups que comenzaron la revolución de los medios digitales. Hubiera encontrado un sistema de trabajo muy horizontal, donde se escuchaba a todo el mundo, donde había muchas mujeres implicadas. Creo que esto planteo un impulso. Hemos sido capaces de competir con muy pocos medios y con un capital exiguo con gente como Sony, Emi o BMG de igual a igual durante muchos años. Aquello terminó pero duró bastantes años. 

A día de hoy se siguen editando discos bajo el sello de Dro, además el catálogo actual de Warner tiene gran parte de aquella herencia, donde se percibe una apuesta total por la música nacional. ¿De qué banda editada por vosotros os sentís más orgullosos?

Servando: De muchas, la verdad. Creo que Siniestro Total son una gente encantadora con ideas fantásticas. Además pienso que el sentido del humor en el pop español es brillante y no tiene una clara referencia a nivel internacional. Quizás en Latinoamérica ahora sí que haya una corriente de bandas recuperando ese sentido del humor latino que no tienen las bandas occidentales. Esa capacidad de salir de tu personaje y tener otra visión de la realidad que te rodea. Hemos tenido la gran suerte de encontrarnos a lo largo de nuestra trayectoria con un montón de gente fantástica. Surfin´ Bichos, La Gran Curva, que fue una propuesta que no cuajo y era muy interesante… por supuesto un sonido tan personal como el de Gabinete Caligari, que no creo que haya habido otro igual. Creo que hay un montón de bandas con las que congeníamos, hicimos amistad y mereció la pena estar ahí. Ahora que ya no somos Dro compañía, aunque este último disco lo hayamos grabado con Warner, para nosotros es un honor y nos hace ilusión encontrarnos con que Alaska está haciendo un programa que se llama Gen Dro en podcast. Creo que a lo largo de estos años nos hemos encontrado con un montón de gente interesante. Para nosotros es un honor haber participado en la edición de un montón de discos que merecen mucho la pena.

¿Qué le queda por hacer al Aviador Dro?

Servando: Nos queda mucho por hacer, lo que ocurre es que no nos da tiempo porque siempre vamos con retraso. Llevamos dos años trabajando en el nuevo disco que se llamara “TechnoTitlán” en el que estamos trabajando con Ford Proco, que son amigos nuestros, web masters y que tienen fuertes influencias con todo el sonido electrónico de Tijuana. Será el segundo de nuestros discos dedicados a mundo alternativos, basado en la idea de una conquista a la inversa. Jugamos con la idea de que hubieran sido los Aztecas los que hubieran conquistado Europa con su magia tecnológica en la misma fecha en que Colón iba de camino a sus tierras. Es jugar con el hecho de que en el siglo XXI fueran ellos quienes controlaran la intelectualidad. Todo ese universo estará escrito y expandido en nuestras canciones. También estamos trabajando en una serie de discursos, de manifiestos musicados, que también verán la luz en 2020-2021. 

También debo felicitarte por vuestra maravillosa biografia, “Aviador Dro. Anarquía Científica”, dirigida por Patricia Godes. 

Servando: El libro es una cosa fantástica con una edición muy cuidada. Ha sido un gran trabajo enorme. Es un trabajo coral muy diferente a lo que se ha hecho hasta ahora, en el que Patricia Godes es la timonel, aunque hay un montón de periodistas participando encargados de dar forma a cada una de las partes. Es una obra hecha a través de fragmentos, como un collage y mosaico, que muestra lo que ha sido el Aviador Dro a lo largo de todos estos años. Luego está la aportación de dieciséis grandes dibujantes del comic nacional que han historiado, a través del guión que ha hecho Arcoiris, momentos de nuestra biografía. Lo han volcado en el cómic que para nosotros es un universo muy importante, al que nos dedicamos en el día a día. Estamos muy contentos de cómo ha quedado el libro, de hecho ha agotado su primera edición en solo dos meses. Todo aquel que se acerca y lo lee, aunque no tenga interés en el pop ni en la música de Aviador Dro, nos dice que es un libro divertido, constructivo y que te aporta muchas cosas. Era algo esencial porque no queríamos narrar nuestra historia, ni historiarla, ni juntarnos para echarnos flores recordando batallas del pasado. 

¿Cómo te da la vida para toda esta cantidad de proyectos, Servando?

Servando: No me da (Risas). Voy atrasadísimo con todo. El disco que estamos preparando debería haber salido antes de meternos en la vorágine del cuarenta aniversario. Esperemos poder sacar el disco en 2020. Aunque es cierto que siempre andamos con proyectos en la cabeza. Ahora con cincuenta y tantos años no te da la vida como antes. Estás más limitado en todo. También es cierto que vaticino que el único momento en que estaremos quietos será cuando estemos muertos. Bueno siempre podremos hacer como en Futurama guardar nuestros cerebros en tarros.

Una última cuestión como fan de la banda. ¿Cuál es el secreto para hacer un maravilloso himno pop como “Selector de Frecuencias”? 

Servando: La versión original, la de “Alas Sobre el Mundo”, era realmente diferente, tenía otra letra incluso. Es una canción romántica, inspirada en las sensaciones de la ciencia ficción clásica, quizás en su vertiente más romántica, la de Ray Bradbury, uno de mis autores favoritos. Es un tema dedicado a Arcoiris, por supuesto, que refleja muchas cosas. Refleja el amor por el conocimiento, por los universos conectados, por la exploración, el descubrimiento y sobre todo por mi amor por los aviones. Creo que la figura del aviador está muy conectada con el futurismo, con lo que es ahora la figura del astronauta, la persona que asume el riesgo máximo para su vida, que en los años veinte era subirse a un biplano con tal de explorar. Esa filosofía que pone el riesgo por debajo de las relaciones personal y del conocimiento, me parecía realmente bonita. En general nuestras canciones evolucionan, no se quedan donde nacieron. El “Selector de Frecuencias” original es distinto al de “Alas Sobre el Mundo”, que a la vez es distinto al tema original. Éramos muy fans de la Velvet Underground en origen porque cada vez que ellos tocaban una canción en directo era diferente en sus estructuras. Eso es algo que hemos intentado mantener a lo largo de toda nuestra trayectoria. Si se observa nuestra discografía se verán hasta siete versiones distintas de algunas de nuestras canciones. 

Muchas gracias, Servando, por el legado que habéis dejado como Aviador Dro y por vuestra contribución a la música Pop en general. 

Servando: Gracias a vosotros.

La web Muzikalia inaugura su labor editorial con un libro sobre Sr. Chinarro


Decir Sr. Chinarro es hablar de una de las carreras más prolíficas y magnéticas de la escena indie española. Antonio Luque comenzó en el mundo de la música a contracorriente, y a lo largo de tres décadas ha terminado por conformar una identidad de lo más original, muy marcada por su personalidad, siempre en busca de la mejor canción y el mejor sonido, sumando un talento lírico de lo más peculiar. Un autor con más de veinte títulos publicados (entre EPs y LPs), que le han reservado un lugar de honor en los libros de historia del pop español. En su discografía destacan obras como "El porqué de mis peinados" (1997), "El fuego amigo" (2005), "El mundo según" (2006) o "Presidente" (2011), todos ellos con éxito de público y crítica.

Hábil con la palabra y resuelto en la distancia corta, entre sus canciones, siempre listas para deslumbrar, encontramos bien distribuidos su introspección, un descaro de lo más ingenioso, el equilibrio casi perfecto entre surrealismo y hábito, un humor astuto y espabilado, crítica y autocrítica, una sensibilidad exquisita nacida de la más absoluta timidez…

Este libro -el primero de una nueva etapa editorial encarada por la web musical Muzikalia- de conversaciones, realizado por Chema Domínguez y Manuel Pinazo,  nace con los claros objetivos de configurar una antología de vivencias de un artista fundamental y ahondar en su distintivo universo, plagado de composiciones que le han convertido en pieza única y codiciada para cualquiera que se autodefina como amante de la música.

https://tienda.muzikalia.com/

Beck: "Hyperspace"

Por: Jesús Elorriaga 

Es difícil reseñar un disco de Beck buscando un punto de apoyo sostenible en sus anteriores trabajos. Para seguir sus pasos en estos 26 años de carrera prolífica no hay que situarse detrás de él, sino encima de él. Esto es, como una mochila que, pegada a su espalda, se llena de nuevas influencias, nuevos sonidos, nuevas localizaciones y espacios donde albergar, principalmente, un ejercicio de superación estilística y creativa. Pese a todo, nunca estaremos hablando del mismo personaje. ¿Comparamos su último disco, "Hyperspace", con el rap de "Mellow Gold"? ¿Con el country fronterizo sui generis de "Mutations"? ¿Con el funky de "Midnite vultures"? ¿Quizás con el folk de "Morning Phase"? Imposible. La única referencia con la que se puede comparar a Beck Hansen es con el propio Beck Hansen.

Emocionalmente, sí que existe un paralelismo (o coincidencia) con respecto a "Sea Change". Ambos surgieron después de una complicada ruptura sentimental y le sirvieron de catalizador para quitarse de encima fantasmas y malas experiencias (en este caso, alejado ya de la Cienciología). De entre las revelaciones conseguidas en su decimocuarto disco, destaca la apertura a una luz alejada de la trascendencia y las ganas de conectar con un sonido más juvenil. Para eso se ha asociado a la producción con Pharrell Williams (sí, el autor del tema más pinchado en karaokes familiares, cumpleaños, esperas de atención telefónica y presentaciones de productos en 2014, “Happy”), además de otros socios de confianza en sus tres últimos discos (Cole M.G.N. y Greg Kurstin, ganadores de varios Grammys a su vera).

Lo que iba a ser una simple colaboración en formato EP entre Pharrell y Hansen se transformó en un trabajo lleno de sinergias positivas que dotan a este disco de un renovado carácter más cercano al minimalismo que a la orquestación, con ese aire de synth pop que se proyecta desde el pasado y al que le gusta coquetear con la psicodelia más volátil en busca de nuevos paisajes que expandan su discurso narrativo.

Lo naif no quita la valiente, y entre los trap beats y coros de agudos (suaves y cristalinos, marca de la casa) en "See Through", también se aprecian los amagos más folkies y osados de “Saw Lightning” como si una luz cósmica con base programada retromachine te sacara de un pozo y te lanzara hacia el futuro. Eso sí, nada más comenzar el disco, “Hyperlife” ya te conecta sin ningún rubor a las melodías de los últimos Flaming lips de Oczy Mlody. Como si las bases y los teclados caminaran sobre nenúfares. Y entre medias, “Uneventful days” va despertando sin apenas hacer ruido de esa oscuridad, buscando la calma interior en un escenario donde se asume la pérdida pero que también evita el conflicto.

"Die Waiting" rebosa buen rollo, entre chicles y palomitas de colores en un acto de revelación vitalista (“I can't understand why I've waited for so long / Just to walk out of the door, see the world moving on”). Claro que sí, Beck. “Chemical” continúa esa senda y hasta apunta tímidamente esas guitarras que se cuelan en su tema más redondo. "Hyperspace" arranca interesante aunque parece que decae progresivamente en su continua latencia (a pesar de las partes rapeadas de Terrell Hines), con “Stratosphere” logra elevarse y se queda como una cometa flotando, lo que puede hacernos olvidar que Beck sigue ahí en un disco que todavía no ha terminado y al que le quedan por ofrecer tres muestras de lo mejor y lo mejorable de Hansen: “Dark place” todavía te amasa en el cuelgue espacial de las anteriores, “Star” hace sonar lejanos ya los sonidos de la primera parte del disco pero te lleva por alguna trocha colorista sin que apenas te enteres hasta el epílogo, “Everlasting nothing”, una suave y brillante composición a medio camino entre el vaporwave y el folk, que finiquita la faena con un coro de góspel catalizador.

"Hyperspace" es, para que negarlo, un disco agradable. Crepuscular en clave alta, sin demasiados contrastes ni luces duras. Beck sigue llevando por bandera una forma de trabajar y componer personalísima, pero sin perder el norte en la marginalidad o los delirios perdidos en callejones sin salida. Sabe juntarse con las personas adecuadas y en este caso ha encontrado en Pharrell a su mejor socio para este momento creativo y vital, bordeando ya los 50, amigo. Estamos felices.

 

Black Stone Cherry: “Black To Blues Volume 2”

Por: Txema Mañeru

¡Esperamos que se cumpla eso de no hay dos sin tres! Y es que este “Black To Blues Volume 2 (Mascot Records / Top Artist Promotion) es una gozada tan grande o mayor que la primera entrega del “Black To Blues”. La única pega es la brevedad del mismo y es por eso que nos hace desear más. Estos dos álbumes son una gozada de la que pueden disfrutar por igual los seguidores habituales de los Black Stone Cherry, así como los amantes del blues en todas sus vertientes. Comenzando por los artistas más tradicionales del Delta de Misisipí y llegando a todos los estilos más eléctricos, incluido el relacionado con Chicago.

El primer disco llegó al número 1 en el Billboard Blues Chart y seguro que esté repetirá a no ser que coincida con mucha competencia en el mercado pre-navideño. Chris Robertson es el cantante y guitarrista de los BSC , quien reconoce que se quedó encantando y sorprendido por la recepción del primer trabajo. Además nos cuenta que fue una gran diversión grabar esos temas a los que han respetado las letras y tonos originales para luego reelaborar la música totalmente, prácticamente improvisando y divirtiéndose en el estudio.

Todo eso se nota al escuchar las nuevas canciones. Comenzando por ese "Big Legged Blues" de Charles Brown, popularizado por Freddie King o incluso Muddy Waters y Taj Mahal. Ellos la ejecutan de manera salvaje y poderosa acercándose a Cream o a unos Led Zeppelin que saldrán más veces nombrados por la forma de acometer estos blues antiguos. El "Me & The Devil Blues" resulta sorprendente y mantiene de Robert Johnson, su letra. Mientras, "All Your Love ( I Miss Loving)", de Otis Rush, se acerca más a la versión de Stevie Ray Vaughan con un ritmo shuffle guapo y algunos guiños a los mejores tiempos de Eric Clapton. Lógicamente no podía faltar Willie Dixon y su "Down In The Bottom", que se goza por sus punteos realmente crudos y por ese órgano cargado de intensidad. "Early One Morning", tradicional pero popularizado por Elmore James, se lo cascan a ritmo de boogie pesado y a las guitarras le meten a tope de wah-wah con los pedales como queriendo acercarse a la locura que le imprimió Little Richard pero desde otra perspectiva totalmente distinta. 

Acaban con un blues puro del Delta, concretamente el "Death Letter Blues" de Son House que ya ha tenido otras muy celebradas versiones tan distintas como las de Ida Cox, Grateful Dead, Cassandra Wilson o The White Stripes. ¡Es lo que tienen los temas más grandes e inmortales! Te pueden llevar a cualquier lugar soñado. Ellos le vuelven a dar la fuerza y el estilo de los Led Zeppelin y hasta la voz de Robertson se acerca algo a la de Robert Plant. Además se marcan unos estupendos solos con la armónica y también hace de las suyas el piano. ¡Lo dicho, queremos el tercero cuanto antes! Bueno, si antes hacéis un disco nuevo con canciones propias tampoco nos vamos a enfadar.

Entrevista X Aniversario El Giradiscos: Juanjo Ordás

“Nunca he pretendido aleccionar a nadie, sino llevármelos de excursión conmigo”

De entre los grandes nombres del periodismo musical de nuestro país resalta en estos últimos años la figura de Juanjo Ordás, colaborador habitual en revistas como Efe Eme o Popular 1, que en los últimos tiempos ha firmado maravillosas e intensas obras dedicadas a figuras de la magnitud de David Bowie y Bunbury, demostrando que a nivel de conocimientos musicales y meticulosidad pocos pueden hacerle sombra.

Para nosotros es un inmenso placer que Juanjo haya aceptado la invitación de venir a celebrar nuestro décimo aniversario, en el marco de una conversación sincera e interesante, que no hace sino acrecentar nuestra admiración por unos de los periodistas musicales más interesantes del actual panorama. 

Igual que se pregunta si vinilo o CD, y en tu papel de profesional del gremio, ¿qué virtudes, y lo contrario, encuentras en la prensa digital y en la escrita? 

Juanjo: Yo creo que todo cabe y que ambos tipos de prensa cumplen el mismo papel. Ambas pueden ser más o menos inmediatas, más o menos profundas. Se decía que la prensa escrita era más adecuada para leer artículos largos, por eso de que es más reposada, pero el ser humano está en un proceso de cambio, de asimilación de unas tecnologías que siguen siendo muy nuevas y pronto estaremos habituados a leer textos largos en digital aunque la prensa escrita siga teniendo su encanto. Ambas convivirán durante muchos años más. 

En los últimos años ha habido una enorme proliferación de todo tipo de webs, blogs, de temática musical, ¿la irrupción de tanta oferta es algo siempre positivo o tiene algunas desventajas esa posible saturación? 

Juanjo: Yo creo que es bueno. El mundo de la música es muy amplio y está bien que haya webs o blogs que lo cubran y que haya ópticas distintas. Me gusta lo riguroso de algunos medios y hasta lo frívolo de otros. Al final lo que importa es que la gente escriba con ganas y entusiasmo. 

Y en ese mundo donde la manera de escuchar música es mucho más atomizada y el disco ha desaparecido casi como concepto, ¿qué papel crees que debe de jugar el periodista/crítico musical en la actualidad?

Juanjo: El mismo de siempre: Mostrar lo que le conmueve, lo que le emociona y, por lo tanto, puede conmover y emocionar a otros. Permíteme que vaya un poco más allá. En mi opinión, lo bonito de la música es que te muestra cosas que ya tienes dentro y que desconocías. Cuando una canción te conmueve, es porque tira de hilos que mueven “algo” que ya tenías dentro y esa canción te lo recuerda. Te dice lo hermoso que eres en tu interior. Si como crítico o periodista eres capaz de proponerle esa experiencia a los demás, estarás haciendo un gran bien a la sociedad, al mundo.

Dada esa evidente falta de relevo generacional en el interés por la prensa musical, ¿crees que se trata de una cuestión cultural por parte del lector o existe un desapego de la prensa por los intereses más populares?

Juanjo: En España la música nunca fue tan popular como el fútbol. Sigue sin serlo y me parece bien. ¿Quién dijo que los discos que me gustan son mejores que un Madrid – Barça? Cada uno tiende hacia lo que le llena y punto. La música nunca va a desaparecer, obviamente. Tiene su utilidad social y la prensa musical tampoco desaparecerá. No sé si todo es cíclico o si como sociedad seguimos un movimiento pendular, pero lo que es seguro es que estamos inmersos en un proceso de cambio cultural brutal y que no podemos ver el bosque a través de los árboles. Respondiendo a tu pregunta: No lo sé (risas).

¿Y cuál es tu percepción respecto al espacio, y al contenido, que se le otorga a la cuestión musical en esos medios generalistas? 

Juanjo: Esta pregunta es muy buena y mucho más compleja de lo que parece. Muchas veces tendemos a quejarnos porque lo que nos gusta (vamos a decir el rock and roll) no sale en los medios generalistas tanto como nos gustaría. Nos parece mal el adoctrinamiento de los medios pero porque queremos que se adoctrine en función de lo que a nosotros nos gusta. ¡Que quiten los programas del corazón y emitan espacios con valor cultural! ¿Pero quién decide entonces qué es valor cultural? ¿Obligamos a la gente que ven los programas de corazón a que se traguen el 69 comeback special de Elvis? ¿Y si llegan otros y nos obligan a tragarnos millones de programas consecutivos sobre la mitosis y el apareamiento del oso polar porque piensan que el 69 comeback special es una porquería? Sinceramente, lo mejor es que dejemos a los señores y señoras mayores viendo sus programas del corazón y nosotros movamos el culo para poner el dvd de Elvis cuando nos apetezca. Yo no necesito que el telediario me diga lo guay que es Springsteen cuando viene de gira, ya lo sé yo por mí mismo. Tampoco necesito que me digan que el último disco de Mark Lanegan es cojonudo, ya me enteraré yo solo. Al final parece que estamos jugando un partido y que queremos que los nuestros (los de la música) ganen a los otros (los de los deportes, los del cine, los del pop). Yo no lo veo así. Que se acerque a la música el que quiera y el que no, que no lo haga. 

¿Dónde situarías tus primeros recuerdos en los que pensabas que te gustaría ser quien firmara tal o cual artículo?

Juanjo: Nunca. Jamás soñé con escribir, jamás he visto lo de escribir en esos términos. Para mí es una cosa más natural, lo importante es aprender. Para mí, escribir siempre fue un medio para aprender cosas sobre algo que me interesara y volcarlas en un texto que los demás pudieran leer para aprender conmigo. Nunca he pretendido aleccionar a nadie, sino llevármelos de excursión conmigo.

Y dentro de esa ya larga carrera en diferentes medios, ¿cuál es el momento, el comentario o la situación, que con más cariño y/o emoción recuerdas?

Juanjo: Ninguno. Pero porque para mí todo es pasado. Solo me importa el presente. No echo la vista atrás jamás. Para mí solo importan las personas con las que puedo tener una relación fijada en el presente y los proyectos en los que estoy trabajando ahora.

¿Y el momento o situación que siempre has soñado que te gustaría que se produjese?

Juanjo: La verdad es que ninguno. Nunca tengo ningún tipo de expectativa. Soy muy del día a día. 

Si se puede contar, ¿cuál ha sido ese personaje (del ámbito musical) con el que te has topado que sin esperarlo te haya sorprendido gratamente y por qué?

Juanjo: Todos los que me han sorprendido gratamente han acabado siendo amigos y tengo por norma no hablar jamás de mis amigos con nadie, salvo con ellos mismos. Así que voy a citar a alguien que no es amigo íntimo pero que parece encantador: Iván Ferreiro.

Otro aspecto consustancial, por la propia esencia del aspecto musical, es el factor social, las amistades… ¿crees que a veces en la forma de realizar la tarea informativa se impone demasiado ese aspecto frente a una mirada más profesional, más objetiva? 

Juanjo: No. Al menos en mi caso. Cuando un amigo o alguien a quien respeto muchísimo ha hecho un disco que a mí no me gusta, pienso que lo que pasa con ese disco es que simplemente no me gusta a mí, lo cual no quiere decir que sea un mal disco. ¿Qué hago en ese caso? No escribo sobre él. Y si en privado mi amigo me pregunta, le diré lo que opino también en privado. Pero eso se extiende también a músicos que no conozco. Si hacen un disco que no me gusta, no escribo sobre ello. Conmigo habitualmente es fácil, si escribo sobre algo es porque me parece estupendo o interesante como poco.

¿Qué valoración haces de esa necesidad de información al instante frente a los textos con más calma y reposados?

Juanjo: Que hay espacio para todo. 

Hoy en día, todos sabemos, creo, qué tipo de artículos son los más leídos o los que tienen más repercusión, ¿de qué manera lidias con esa corriente que propugna por encima de cualquier otra consideración la polémica, el ruido en redes; la imposición del clickbait, etc…?

Juanjo: Ninguno de los medios en los que escribo le da importancia al click sobre la calidad. Y yo tampoco. Me dan igual las cifras. Imagina que escribo un texto sobre, qué sé yo, el último disco de Goat Girl y solo lo leen 50 personas. Si de esas 50 hay 5 que escuchan el disco y les llega hondo y les es útil, ese artículo habrá sido útil. Ese es el valor, eso es un éxito emocional incomparable. 

Sabemos que económicamente ésta no es una profesión bien pagada es un hecho. ¿Compensa al menos en parte el esfuerzo, el poder dedicarte a tu pasión que es la música? 

Juanjo: Claro. Si me permite aprender siempre compensa. 

Últimamente te has especializado en la elaboración de Libros; “Bunbury Experimental”, “David Bowie. Elegia” o “Bunbury. El Mundo sobre el trapecio”. ¿Cómo ha sido la elaboración de unos libros tan intensos?

Juanjo: Cada uno es diferente. Fueron procesos distintos y no te sabría decir qué une los tres más allá del aprendizaje que ya he mencionado. Por ejemplo, en “Bunbury Experimental” pude ser más creativo con la estructura mientras que “David Bowie. Elegia” y “Bunbury. El Mundo sobre el trapecio” tenían un guión biográfico clarísimo sobre el que fue un gusto trabajar. Me lo pasé muy bien escribiendo los tres. 

¿Disfrutas más con el día a día musical o con obras de este calado?

Juanjo: Disfruto de todo. Pero siempre me gusta recordar algo: Un libro como los que yo escribo nunca es del todo tuyo, porque sin músico no hay libro, eso está clarísimo. Pienso que los que escribimos sobre los demás tenemos que ser humildes. 

¿Qué valoración haces del trabajo que desempeñamos en El Giradiscos? 

Juanjo: Me encanta. Hacéis un gran trabajo.

Joe Henry: “The Gospel According to Water”

Por: Kepa Arbizu 

Si no fuera por lo rimbombante y poco aclaratorio que resulta, tendría toda la lógica del mundo definir a Joe Henry con ese absolutista término de “artista del renacimiento” como consecuencia de su aptitud para abarcar con sobrado talento prácticamente todas las disciplinas relacionadas con el hecho musical. Y es que el estadounidense ha sido, y es, capaz de destacar como productor, instrumentista, letrista, intérprete y por supuesto, y ese es el aspecto que aquí nos ocupa con motivo de su nuevo disco “The Gospel According to Water”, como un compositor sin parangón en el panorama actual. Una valoración generada por algo incluso más trascendental que el sobresaliente resultado alcanzado por su obra: el particular y profundo lenguaje comunicativo que ha tejido alrededor de su nombre.

No se puede aparcar a la hora de abordar la génesis de este álbum la dramática noticia que hace un año llegó a su vida y en la que se le anunciaba un proceso terminal de cáncer, una realidad médica que a día de hoy ha sido burlada de momento por los acontecimientos. A pesar de que el propio autor esquiva la rotunda importancia de dicho episodio en las composiciones surgidas durante este tiempo, lo innegable es la presencia en ellas de un mayor poso humanista y espiritual, ya desde el propio título escogido. Igualmente destacable es la adopción de una temática , pese a lo crudo y oscuro que se manifiesta el contexto sonoro, que no se sumerge en el lamento continuado, al contrario, se eleva hacia un territorio (auto)reflexivo encaminado, en no pocas ocasiones, a propugnar un espíritu de superación. Terreno idóneo para que un escritor de su talla exprima toda su vertiente lírica y simbólica.

Si dichos textos funcionan como el vestido perfecto para ese carácter cavilador , la manera en que son interpretados, con ese particular tono de voz -aquí en un destacado primer plano- que pese a brotar desde una aparente brusquedad se revela acogedor, aumenta el sentido confesional que adorna a un contenido global marcado por una escalofriante cercanía. Calidez argumental que sin embargo choca con una -para nada desconocida en la carrera de Henry- forma musical de radical austeridad y orgánica naturaleza, definiciones de un estilo perfectamente reconocible, originado al albur del folk, blues, jazz, rock o cualquier representación de los sonidos estadounidenses, pero al que ha conferido un formato único en el que a estas alturas resulta imposible disociar las partes de su todo. Una caracterización musical alcanzada gracias también a una fiable banda de acompañamiento en la que junto a la presencia de su propio hijo, Levon, aparecen las figuras de David Piltch, Patrick Warren y John Smith.

Un plantel junto al que elabora una instrumentación espartana, por momentos de regia sobriedad, que parece imaginada como el delicioso, pero seco, paisaje de fondo con el que acompañar, y revitalizar, un verbo que resuena con toda la honestidad y cercanía que es posible. Así, como si de un Elvis Costello en su acepción más crooner y crepuscular se tratase, inicia un recorrido con “Famine Walk” que encontrará su continuación natural, más allá de la mera ubicación, en el tema homónimo. Perfectas y exquisitas pruebas de que en estas composiciones conviven, aunque pueda sonar paradójico, la gélida amenaza de la muerte con el vitalista deseo de encarar un nuevo día.

Puede que la diferenciación entre las canciones que forman este álbum sea una cuestión de detalles , pero es que son precisamente ellos los que siempre han dictado sentencia a la hora de discernir entre lo bueno y lo excelente. Por eso la cierta desinhibición concedida al acompañamiento de “Mule”, ofreciendo frutos mas bucólicos y pastorales, y la mayor teatralización perceptible en “Orson Welles”, resultan matices dignos de ser mencionados . Un concepto diferente, opuesto de hecho en cuanto a su esencia, asume “The Fact Of Love”, donde sus espectrales coros y una interpretación de los instrumentos que más que tocados parecen golpeados en busca de su más pura condición, la convierte, junto a una mortuoria “Book Of Common Prayer”, en dos de los momentos más impresionantes aquí contenidos. Un efecto que de nuevo tomará otro giro, en esta ocasión para mostrarse más melódico y en cierto grado aliado a una ambientación jazzística, en las mas llevaderas, pero nada banales, “Gates Of A Prayer Cemetry #2”y “Salt And Sugar”.

Con la llegada del final del disco aparece un tema que si llamativo resulta su título, “General Tzu Names The Planets For His Children”, mucho más trascendente es su contenido musical, de un desnudo romanticismo que induce a ser imaginada cantada en un vacío bar a la hora de su cierre para una inexistente audiencia y aun así generadora de un vendaval de emociones. Y es que así se percibe en global este “The Gospel According to Water”, como un trabajo que hace desaparecer la a veces insalvable distancia entre intérprete y oyente. Un milagro capaz de obrarse gracias a la, en apariencia, sencilla tarea de plasmar la infinita fuerza que esconde la determinación de un ser humano por mostrarse a sí mismo tal y como es, en su crudeza y en su belleza.