Charlie Louvin con Benjamin Whitmer: “Satán Es Real”


Por: Javier González

The Louvin Brothers fueron una dúo de country-góspel formada por los hermanos Ira Lonnie Loudermilk y Charlie Louvin Elzer Loudermilk, intérpretes y compositores que contaron en su haber con un buen puñado de canciones reconocidas sobre todo en el circuito musical americano, donde cortes como “When I Stop Dreaming” fueron auténticos himnos; algunas de las mismas fueron versionadas por otros compañeros de profesión entre los que cabe destacar nombres como los de Johnny Cash y Ray Charles, pero por encima de ese bagaje habría que destacar el hecho de ser dueños de una experiencia vital que conviene ser mirada al milímetro quedando recogidas muchas de esas vivencias en este fenomenal “Satán es Real” -Es Pop-. 

Una biografía que sigue las coordenadas de otras ya escritas por/para las estrellas del rock primigenio y del country, donde las infancias duras, recolectando algodón en parcelas de escasa productividad y con la escasez acuciando a cada instante, son la punta del iceberg para acercarnos a una vida en la que el esfuerzo no se negocia, donde los sueños van tan asociados a la música como constante es la presencia de un Dios que es la cara amable y el refugio interior ante determinados tormentos, en contraposición al fuego eterno del infierno que tan presente está en estos paisajes de esta América profunda. 

Aquí las escenas se presentan a veces grotescas, repletas de violencia en algunos pasajes, sin omitir ni edulcorar nada, ni palizas paternas ni enfrentamientos entre hermanos, que los hay y muchos; también hay hueco para mostrar la parte oscura del negocio, donde los intereses, el alcoholismo y la falta de estabilidad hacen tambalear el débil ecosistema que rodea a The Louvin Brothers, pero en el que resalta la camaradería entre compañeros de profesión y el sabor añejo de un período único. 

Es emocionante leer los pasajes que emparentan al dúo con nombres propios como los de Hank Williams, Elvis Presley, Johnny Cash, Kris Kristofferson, encargado de hacer el prefacio, y otros tantos que aquí salen a relucir, siendo ejemplos de armonía, empatía, convivencia y respeto entre todos ellos, demostrando la pureza personal de muchos de los protagonistas de aquellos tiempos. 

Las melodías que resuenan mientras uno lee este conmovedor relato nos llevan a otra época, a otra forma de vida. Son voces de un pasado duro y sincero, donde el gesto amable y las pieles finas no tienen cabida. El drama y el éxito viven a escasos metros en la misma calle y en las mismas personas, forjando una leyenda atemporal y cruda pero que rezuma autenticidad. 

Este “Satán es Real” es un texto repleto de enseñanzas, donde deberíamos acudir para ser conscientes de lo afortunados que somos aún en estos tiempos extraños, dejando de lado la autocompasión por un instante. “Satán es Real” es un destello de rebeldía, libertad y vida por los cuatro costados. La afirmación de que no todo está en los libros, es bastante cierta, pero mucho me temo que no sirve cuando hablamos de libros tan vitales como los de este género y calado.

Juan Perro: Coplillas viajeras


Auditorio, Sala Mozart, Zaragoza. Viernes, 22 de enero del 2021

Texto y fotografías: Javier Capapé

Un directo de Juan Perro siempre es un acontecimiento. Sinónimo de exquisitez y buen gusto. Cierto es que de primeras encontré cierta decepción al verme frente a un concierto en solitario del propio Auserón, a pesar de venir a presentar un fantástico disco donde su banda tiene mucho protagonismo. Pero rápidamente el desengaño se transformó en asombro por la gran capacidad del músico para hacer magia con los versos y la interpretación de sus canciones, aún en su más mínima expresión a guitarra y voz.

El concierto del pasado viernes en la Sala Mozart del Auditorio zaragozano pareció más suscribirse a la etapa de presentación de su disco más desnudo, "El viaje", que de este más jazzístico "Cantos de Ultramar", pero la pandemia manda y los conjuntos se ven reducidos a la mínima expresión. A su favor tenía unas canciones conocidas por todos desde aquel "viaje", ya que su último disco no deja de ser una revisión de esas mismas con el mejor traje que pudieran llevar. Quedamos a la espera de poder degustarlas en forma de sexteto, tal como las podemos disfrutar en su disco. Ojalá sea pronto. No obstante, el músico aragonés, provisto de una guitarra eléctrica de caja grande, en sintonía con el mejor jazz, hizo las delicias de los presentes (a pesar del escaso aforo reducido por las medidas sanitarias y al que tampoco ayudó la temprana hora a la que dio comienzo el evento), dando más versatilidad a estas canciones que de haberlas afrontado con una acústica, ya que la electricidad de las cuerdas permitió al maestro del barrio del Gancho adentrarse en algunos pasajes sonoros que oscilaron entre el blues, el soul y los estándares del jazz, aderezados con sus particulares toques de negritud norteamericana y cubana tan habituales en sus últimas experiencias sonoras. El hecho de estar solo en el escenario no impidió que lo llenase de efervescentes tonadas que nos supieron mucho mejor al ser condimentadas con algunas anécdotas nada despreciables. Y es que el concierto no solo se centró en presentarnos algunas de las coplillas (como él mismo las presenta) de sus últimas obras “El Viaje” y “Río Negro”, sino que además las acompañó de provocadoras a interesantes reflexiones sobre la procedencia etimológica del rock and roll, el origen del ritmo asimétrico del jazz de cinco tiempos o del influjo del Siglo de Oro de la literatura española en la expansión de las danzas negroides y la polirritmia en la península. Aunque las más jugosas de todas las experiencias que compartió con el público zaragozano fueron las que relataron sus encuentros soñados con Louis Amstrong en Nueva Orleans y con Tata Güines en La Habana, sin olvidar su reflexión junto a Góngora en la sinagoga.

Santiago Auserón, más “perruno” que de costumbre a guitarra y voz, nos invitó desde los primeros compases a un viaje tierra adentro y por los caminos de ultramar donde, en sus propias palabras, podríamos liberar la jauría que llevamos en el corazón a pesar de que la pandemia nos haga escondernos tras los “bozales”. Algo de deje vacilón desfiló entre muchos de los temas presentados, como “Ámbar” o “Nada”, y entre sus propias introducciones, donde no faltó un ápice de provocación e ironía, sin olvidar su exquisita complicidad con el público, rendido a sus pies en todo momento. Si no, ¿cómo hubiera sido posible ensamblar un coro casi perfecto (“La Coral Enmascarada” la llamó) para afrontar la parte final del estribillo de “Agua de Limón” a varias voces?

En “El Mirlo del Pruno” nos ilustró con el origen del danzón de cinco tiempos, que lo encontramos en los cantus et saltatio de los moros españoles, y con “En la frontera” nos sumergió en los aires mexicanos de la propia Tijuana. Hubo tiempo para rememorar recuerdos de su niñez en el barrio zaragozano del Gancho, al que hizo un guiño al afrontar “De un país perdido”, que compuso encontrando su paralelismo con el barrio lisboeta de la Alfama. “Una bestia que ruge” fue dedicada a la fiera aragonesa y el Ebro también tuvo su protagonismo cuando afirmó que este río canta con aire de blues. “Perla oscura” la entonó como le enseñaron los propios rumberos y fue el único rescate de la noche de sus primeros tiempos al frente de este proyecto mestizo tras la disolución de Radio Futura. El son cubano que es “A morir amores”, se mezcló con los aires de Nueva Orleans de “Luz de mis huesos”, y con una guitarra más juguetona desgranó “Río Negro”, cerrando el grueso de un concierto no menos desatado a pesar de la intimidad aparente.

Generoso en sus agradecimientos y acordándose de los momentos vividos en esta sala con la Orquesta Reino de Aragón, el músico nos regaló en los bises dos joyas de su pasado “futuro” como “Semilla Negra”, con un punto más ennegrecido que de costumbre, y “El puente azul”, que hizo levantar a todos los presentes inundando de un cálido aplauso la sala más emblemática del auditorio zaragozano. Uno de nuestros músicos más admirados nos liberó por un breve pero intenso espacio de tiempo de las estrictas medidas pandémicas, de los horarios impuestos y de las cifras dolientes. Su viaje nos supo a respiro de aire fresco, en el que apenas notamos que nuestras bocas estaban tapadas porque entre el público se vislumbraban sonrisas a tenor de sus ácidos soliloquios y sus oportunas coplillas. Mientras nos adaptamos a los nuevos tiempos de la música en directo, lo vivido en el concierto de arranque del ciclo “Vuelve al Auditorio”, que se celebra en Zaragoza entre los meses de enero y junio, no puede ser mejor muestra de la cultura segura bien entendida sin perder un ápice de comunión y fiesta compartida.

Entrevista: _Juno

“En nuestros directos vivimos en un precipicio musical constante” 

Por: Javier González 

Zahara y Martí Perarnau son dos nombres propios de sobra conocidos en nuestra escena. Sus proyectos personales gozan de reconocimiento y del favor del público, por lo que el hecho de que hayan decidido lanzarse a la piscina creativa en una aventura como _Juno, merece todo nuestro respeto y agradecimiento. 

Juntos han firmado  “_BCN626”, con el que han dado vida a un trabajo de ambientaciones y electrónica doméstica, escrito con fuego y corazón para regalarnos un puñado de canciones valientes capaces de rozarnos la piel hasta quemarla como el hielo desnudo. 

Con motivo de su actuación en el Teatro Circo Price de Madrid el 23 de Enero dentro del marco que propone Inverfest, nos pusimos en contacto con Martí y Zahara para desarrollar una charla que tuvo mucho de libertad, reivindicación del arte de componer canciones y defensa de la figura de una profesión tan necesaria como la del músico. 

¿Qué tal vais a despedir este maravilloso 2020 que tanta angustia y dolor nos ha producido? 

Martí: La verdad es que hace unas semanas hicimos el último concierto del año que parece que es algo normal, pero es algo especial porque creíamos que no íbamos a poder tocar ni hacer ningún tipo de concierto. Dentro de lo que cabe, acabamos el año por todo lo alto, aunque hayan sido unos meses rarísimos. La gente ha tenido que venir sentada y estar con la mascarilla puesta y todos estos dramas que ya sabemos porque son iguales para todos. 

Zahara: Al volver del último bolo estábamos súper felices. Ha sido un año de cancelaciones, desde las giras de Mucho y la mía pasando por todas las propuestas que salían que se acababan cayendo. El futuro parecía muy oscuro. De hecho, al cerrar estos conciertos pensamos que no se harían finalmente. Casi no queríamos ensayar, nos daba pena montar el repertorio por si luego no se podía llevar a cabo. Luego hemos visto que se han ido celebrando y que nos encanta, lo hemos pasado muy bien. Volvíamos muy felices de hacer algo que pensamos no iba a llegar a pasar. 

¿Hasta qué punto _Juno es un proyecto hijo de este año tan puñetero que nos ha tocado vivir? 

Martí: No lo es, sinceramente. Da la impresión por haber sacado disco este año pasado, pero realmente hicimos dos tandas de grabación donde se grabó y compuso todo entre Septiembre y Noviembre de 2019. Nos afectó la pandemia a la hora de lanzarlo porque teníamos una masterizadora afincada en Brooklyn, Nueva York, donde su confinamiento llegó más tarde que el nuestro, por lo que hubo que cambiar los planes e hizo que todo saliera más. En realidad, no es un disco del confinamiento, sino un disco que habla de la vida previa al mismo.

En nuestra reseña un compañero dijo que “_BCN626” era un disco de “Canciones que susurran cosas al oído”. 

Martí: Sí, qué bonito. 

Zahara: Sí, no sé si nosotros hubiéramos dicho lo mismo, aunque nos identificamos porque queríamos que fuera un disco de verdad y honesto. Que si lo escuchas tengas la sensación de estar observando la vida de dos personas encerradas en una habitación y que te asomaras para ver lo que quisieras. Quien escucha tiene la libertad de adentrarse en la intimidad que nosotros proponemos. Es un poco así, la verdad. 

Martí: Una de las cosas bonitas que tiene la música es que se puede ver todo desde tantas perspectivas. Aunque no sea un disco hecho durante el confinamiento, la música ha cobrado un doble significado que antes no tenía. En cierta medida es bonito de ver. Nos ha caído un marrón encima, pero es bonito ver que aunque cambien los tiempos la música sigue hacia delante, sigue cobrando nuevos significados. 

En “_A dos Metros Bajo Tierra” cantáis ”hoy te he leído y me muerto” y ”vivo encerrado en mi entierro” que parece hablar de eso… 

Martí: Claro. Es lo heavy de la música. Al final cada uno interpreta las letras desde un punto de vista personal. No queda otra. A mí me pasaba con las letras de mis artistas favoritos. Me parece muy guay entenderlas ahora desde la clave de pandemia y dolor, aunque no era la intención. 

Zahara: Lo de estar encerrados en una habitación es también muy pandémico. Todo sucede en una habitación de hotel. (Risas) 

“_Aseguradora de Incendios” es impresionante, encierra una frase gloriosa que es “olvidar es más difícil que vivir”. 

Martí: Yo todavía no tengo claro qué significa esa frase. Es una frase que suena muy bonita y la metes en la canción, aunque sigo sin acabar de entenderla. Mucha gente nos la refiere, pero no tengo claro qué quería decir con esa frase. Viene bien para que cada uno coja el significado que quiera. 

Decía Óscar Wilde que la cosa más rara del mundo era vivir, ya que la mayoría de gente solamente existía, quizás por ahí se pueda interpretar. 

Martí: Quizás la he tomado por ahí.

Otra cosa que es fundamental para dar cuerpo al sonido del disco es la profunda búsqueda de ambientaciones. 

Martí: En la parte musical sí que hubo mucha miga, mucha ida y vuelta con Zahara. Quizás debería ser ella quien te hable de su descubrimiento de los sintetizadores, donde no había entrado mucho antes de hacer este disco. Toda la música está hecha muy al cincuenta por ciento. Teníamos en la cabeza hacer un trabajo de electrónica doméstica, escuchamos mucho el “Vespertine” de Björk, donde su proceso había sido coger un portátil y estar en una habitación con la intención de hacer algo básico. Su disco en principio se iba a llamar “Domestica”, quería hacer electrónica con elementos muy caseros. La idea era inventarnos nuestra electrónica casera muy íntima, al menos intentarlo. Luego ha sido algo muy distinto a lo de Björk obviamente.

Zahara: En las letras queríamos mostrar la cotidianeidad en la forma de escribir, cantar y musicalizar. Buscábamos que todo tuviera sensación de hogar y recogimiento. 

Quizás en broma podríamos hablar de que se trata de un disco de electrónica cañí. 

Martí y Zahara: (Risas). 

Martí: En las tomas de voz, la gente suele elegir los grandes momentos del cantante, quedándose con la ideal, llegando a grabar casi palabra por palabra. Se ha perdido el fallo. En nuestro caso si la toma había tenido magia, para mí era preferible. Hemos dejado las tomas de voz enteras y digamos que elegimos las que tenían magia, sin edición de voz. A veces se ven desafines. Nos decimos: “Ahí desafinaste como una rata”. Merecía más la pena dejar las tomas de voz en crudo que hacer una edición radical dejando algo más frio. 

En ese aspecto me ha llamado la atención una cosa. ¿Hasta qué punto fue difícil hacer las voces de una canción como “_El Infinito”? 

Zahara: Recuerdo que esa canción la canté con mucho frío, tenía una estufa de gas cerca, cada vez que llega el agudo se me iba la voz, por estar en la sala con la calefacción, pero al escucharla nos molaba un montón. Se plasmaba el momento de frío versus calefacción. Se quedó con imprecisiones porque conecta más. De hecho, al cantarla en directo trato de cantarla desde la rotura. No tendría sentido hacerla perfecto. 

Marti: “La música trata de conseguir emocionar, es algo difícil de juzgar” 

Bien cantada está… 

Zahara: No según los estándares… 

Martí: Desde pequeño nos han ido metiendo como una manera buena de cantar y mala, algo que escuchando a Dylan jamás pensamos. Nosotros hemos vivido con programas que decían quién cantaba bien y mal. Es dramático. Es como pintar bien. Se trata de conseguir emocionar, algo que es difícil juzgar. No está bien ni mal. 

Tranquilos, estáis hablando con un fan irredento de Toño Martín y Pepe Risi de Burning, y el maestro Jaime Urrutia. 

Martí: Jaime Urrutia emociona mucho, pero no cumple el estándar de la técnica vocal del que hablamos. 

Miguel Méndez de Le Voyeur, me decía semanas atrás que en España existen muy buenos intérpretes, pero tantos buenos compositores, lo decía hablando de gente que tenga una técnica a la hora de componer. 

Martí: Bueno, eso es muy difícil. Eso no sé cómo se aprende. 

Zahara: Yo sí estuve en el conservatorio. Hasta el año en que estudié tenían una práctica extendida. Me fui de allí sin querer volver a tocar la guitarra, aunque mi profe era maravillosa. Tenía la sensación que me enseñaban la música descuartizada. Como si te enseñan qué es una caja, un mástil o cuerda. Me daba esa sensación. Es mi experiencia, ya te digo. También te digo que la formación siempre es fundamental, bien sea de conservatorio, escuela de música o autodidacta. Es necesario partir de la curiosidad musical y llevarla a un paso más. A veces el conservatorio es tan frio que desmotiva. También te digo que hace veinte años que acabé, no osaría a juzgar el conservatorio hoy en día.

¿Cómo estáis llevando esta nueva forma de dar conciertos? 

Martí: Lo primero que hicimos fue un streaming sin público que fue algo raro. Del resto me he llevado una sensación bonita, cercana a lo que era antes. Es cierto que nuestra propuesta de saque estaba pensada para que la gente estuviera sentada, aunque no hubiera un virus por medio. 

Zahara: Hemos visto que la gente intenta transmitir afecto con el movimiento de cabeza y los aplausos. Es bonito ver eso, me he sorprendido. Tenía pánico a hacer bolos en pandemia, cuando todo cayó de golpe, no me veía capaz de hacerlo. Haber creado este proyecto no ha ayudado a entender todo. El hecho que el grupo haya surgido ahora hace que no tengamos experiencia con que comparar. Para mí todo es nuevo. Lo vivo desde la primera vez. Montar el grupo, ver cómo vendemos las entadas de una a una, paso a paso, como si nada hubiera antes. Está siendo bonito verlo. Es un flipe y estamos muy emocionados por el público que viene a nuestros bolos. 

Marti: “La viabilidad económica en la música siempre ha sido dramática, como sector siempre hemos vivido en la hez” 

Y en estos tiempos de tanta incertidumbre, ¿cómo convivís con el eterno trapecio de la economía del músico? 

Martí: La viabilidad económica en la música siempre ha sido dramática. No somos un sector muy asentados en la viabilidad. Vivíamos en la supervivencia constante. No tengo la sensación que haya cambiado mucho. Me sigo sintiendo en la cuerda floja. Ahora es más complicado hacer conciertos. En lo demás, en este país, hemos sido una industria que vive en la absoluta hez. En ese sentido creo que no hay mucho sentido. En todo caso a peor. 

Zahara: Ha terminado de visibilizar que al final los músicos viven del directo. Bob Dylan vendió su repertorio hace no mucho. Si él necesita hacerlo, estamos muy mal. El sector vive día a día. El haber dejado de tocar ha destapado la situación del sector. En mi caso he logrado sobrevivir gracias a tener mi propio sello, tener mis ingresos fijos que no depende de que la gente venga a verme solamente. Ha sido fundamental. No me lo esperaba, pero qué guay haber compuesto canciones, generar derechos de autor y montar todo y no depender de nadie. Me ha permitido tener algo a lo que aferrarme. 

Martí: Además, hemos regalado la música a empresas que ganan dinero, pero no nos dan nada a cambio. El drama del streaming es enorme. 

Zahara: No vivimos del streaming. 

Martí: Con Mucho, con las escuchas que tengo acumuladas a lo largo de un año, percibo 4300 euros. Lo hemos hecho muy mal. Hemos regalado canciones a las plataformas. Solucionar el streaming es complicado. El guitarrista de Gómez ha comenzado la campaña “broken record”; están consultando con gente para cambiar el modelo y el sistema. Si se consigue alguna solución, vendrá de países como Inglaterra donde se respeta la música. Es difícil negociar ahora que hemos entregado todo. 

Zahara: Me resulta curioso que estas plataformas den pérdidas. 

¿Qué perdurabilidad le vaticináis al proyecto? 

Zahara: Nosotros no hemos montado esto como anécdota. La idea es la de desarrollar otra faceta artística que no ocurre en nuestros proyectos personales. La idea es seguir. Tenemos el primer disco, queremos seguir componiendo, hacer más, que sea un proyecto paralelo. 

Martí: Lo has respondido muy bien. Somos muy libres en nuestros proyectos, aquí tenemos otro nicho donde todo vale y nadie nos molesta. Nos dan ganas de hacer canciones porque es un habitáculo de libertad. 

Zahara: Nos sirve para estar en un lugar extraño de vez en cuando. Yo que vengo de componer sola y hacerlo con Martí es un aprendizaje continuo. Las canciones se convierten en otras cosas. Es un proceso super vivo que solo puede pasar en _Juno. Aquí al final lo que tenemos es libertad creativa desde la búsqueda. Estamos buscando y abrimos puertas sin temor a cruzarlas. 

Retomáis la temporada de conciertos en el marco de un festival como Inverfest. ¿Qué podéis contarnos al respecto? 

Martí: Te contamos que va a ser algo seguro (Risas). El protocolo se sigue a rajatabla, algo que ocurre en todos los conciertos que hacemos y que hacen otros compañeros. 

Zahara: Las entradas y salidas… sales del concierto y tienes sensación de que no ocurre nada malo. 

Martí: Es más seguro que bajar al súper.

Zahara: “El acercamiento al mundo de la electrónica es fascinante”

Me gusta esa reivindicación de los conciertos en vivo… pero en cuanto a vuestra propuesta. ¿Cómo me la vais a vender? 

Zahara: Nuestra propuesta musical es nuestro disco. Lo tocamos entero, aunque en este concierto habrá algún extra. No diremos qué. Al ser Madrid, lugar donde vivimos y estamos, y en El Price, nos hace especial ilusión. Solo he tocado colaborando con otros artistas. Este va a ser el primer concierto con _Juno allí por lo que muero de felicidad. Colaboré con Love of Lesbian, Ahora quiero mi bolo entero. En el escenario estamos solos con nuestros cacharros, sintes, máquinas y ordenadores. Lo que suena se produce allí. Es electrónica viva y muy emocionante. Es mi acercamiento al mundo de la electrónica y es fascinante. Es un viaje de ida porque ya no vuelves. Solo te adentras en las profundidades. 

Martí: Es heavy lo del bolo porque queríamos que fuera todo muy vivo. Cuando vas a un concierto de electrónico no sabes cómo surge la música. Yo ya veo quién lo hace en directo o no, porque tengo mucha práctica, pero no es lo habitual entre el público. No está tan instaurada como el rock and roll. Vivimos en un precipicio musical constante, podemos hacer una avería y que todo se caiga. 

Zahara: Es algo que puede ocurrir muchas veces en cada canción. No hay ni una en que se pueda respirar. 

Sois dos perfectos comerciales, chicos. Mil gracias por vuestro tiempo y enhorabuena por este proyecto. 

Martí: Muchas gracias a ti. 

Zahara: Genial, gracias a vosotros.

Nuestra canción de la semana: "Televisión", Nat Simons



2020 ha sido un año rupturista. Hemos cambiado muchos hábitos, hemos aprendido que modificar la perspectiva no solo es válido, sino muchas veces necesario. 2020 ha supuesto para Nat Simons una expansión de su universo. La artista de raíces folk ha ampliado sus horizontes, y ahora transita sin miedo por los parajes del rock alternativo: una apuesta musical contundente que estrena con "Televisión", un primer adelanto de un disco enteramente cantado en castellano cuyo lanzamiento está previsto para finales de la primavera de 2021. Televisión narra una historia de seducción en la que somos participantes y espectadores; un juego que empieza con todas las expectativas y que solo el tiempo, el azar y las reglas que elijamos nos dirán cómo acaba. Alguien gana y alguien pierde, pero siempre hay partida. 

En palabras de la artista, “Televisión es la representación de un estado mental en el que muchas veces estamos atrapados. Unos bailan y otros miran, pero casi siempre una de las dos partes tiene ventaja”. La pieza respira la influencia de Marc Bolan en su faceta más sexy y aterciopelada. PJ Harvey, Norah Jones (con Danger Mouse) o Urge Overkill también son referencias presentes en el diario de viaje.

Simons, además, se reafirma en el castellano como nuevo compañero de viaje, idioma con el que ya experimentó con éxito en "Segunda Piel" (versión de "The Way It Is", del disco "Lights"). “Tras la gira anterior me apetecía mucho que el público entendiera lo que dicen mis canciones, así que me dije, esto es un reto para mí pero también una liberación y una gran oportunidad”.

"Televisión" es un artefacto sonoro y audovisual. El videoclip, realizado por Paul Stein, será el primero de una serie consecutiva de piezas que contarán el proceso de metamorfosis que se experimenta hasta llegar a convertirse en lo que cada cual desea ser. Al mando de la nave ha estado Edu Baos, integrante de la banda León Benavente. El proyecto se gestó en el estudio del productor aragonés, rodeados de guitarras, sintetizadores, programaciones, mucha naturaleza y una gata.

Steve Earle & The Dukes: "J.T."



Por: Kepa Arbizu 

Uno de los los instintos naturales de los que hace gala el ser humano, por lo general, es el de intentar postergar el mayor tiempo posible la llegada, por otra parte inevitable, de la muerte. Un contrincante al que se sabe sometido de antemano pero que no le impide luchar para demorar su llegada. Por eso, cuando ésta entra en escena de forma inesperada alcanza unos tintes todavía más trágicos de los que ya carga por sí misma. Eso sucedió precisamente el día 23 de agosto del 2020, cuando conocimos la noticia de la muerte de Justin Townes Earle a sus 38 años de edad. La publicación de su último disco solo diez meses antes del deceso, un excelente “The Saint of Lost Causes”, bañado de exquisito aroma blues, representaba el síntoma inequívoco de que a su carrera todavía le quedaban muchos, y buenos, capítulos por escribir. Un recorrido que quedó truncado abruptamente por una de esas macabras piruetas que se empeña en practicar el destino y que en este caso se manifestó en una accidental sobredosis. Pese a los antecedentes conocidos a ese respecto, el suceso no dejó de sobrecoger y sorprender por igual a sus seguidores, y sobre todo a uno muy especial, su propia padre, el mítico músico Steve Earle.

Es de sobra conocida, porque así lo ha expresado tanto verbalmente como en varias de sus grabaciones el desaparecido autor, la difícil relación que históricamente ha existido entre él y su progenitor. Con una infancia marcada por la ausente figura paterna, que priorizó ejercer de corredor por el alambre de la vida pendenciera antes que ocuparse de sus tareas familiares, la lógica sensación de orfandad siempre ha quedado significada en su perfil creativo a través de un perenne tono melancólico y solitario. Unos erráticos lazos afectivos que pese a todo en los últimos años habían dado muestras de mayor entendimiento, proceso que por desgracia también quedó definitivamente aplazado en aquel maldito verano. 

La manera que el veterano songwriter ha encontrado para afrontar la repentina tragedia y articular un despedida ha sido la realización de un disco especial. Titulado “T.J.”, en clara alusión a las iniciales de Justin Townes, se trata de once canciones donde una sola de ellas pertenece a su puño y letra, siendo todas los restantes adaptaciones de temas extraídos de la carrera de su hijo. Una acertada decisión la de enfocar ese acercamiento bajo su propio lenguaje musical. Lo contrario carecería de sentido, tanto en un plano estrictamente artístico, ya que pese a manejar un legado común sus cualidades son casi antagónicas, e incluso analizado desde un punto de vista afectivo, porque si de algo se alimenta este álbum es de la pulsión surgida desde lo más íntimo para expresar por medio de sus propias palabras el reconocimiento y cariño hacia su creación, espejo en definitiva de su propia alma.

Para desarrollar tal misión, y llevarla a cabo de la manera más convincente, nada mejor que rodearse de su habitual banda de acompañamiento, The Dukes. Junto a ellos resulta más fácil, y alcanza mejores cotas, la traslación de la idiosincrasia de las canciones originales a ese sonido americano más tradicional y curtido que Steve Earle enarbola, como queda plasmado perfectamente en los temas “I Don’t Care”, que se mueve entre el hillbilly más vivaz con sus fulgurantes fraseos, no exentos a pesar de su paso ágil de un manto de nostalgia, o en “They Killed John Henry”, con vocación de fábula épica. Siguiendo esa misma estela uno de los temas estrellas del cancionero del autor estadounidense, “Harlem River Blues”, se envuelve aquí en un folk-country apuntalado sobre rotundas bases y espíritu, el mismo nervio que se desliza hasta el honky tonk de “Ain’t Glad I’m Leaving”, que despunta con su rasgado lamento. Unas sonoridades, ligadas a un tipo de iconografía, a las que no se les puede negar encajar a la perfección con unos textos repletos de desafección y soledad.

Si a los temas mencionados se les podría considerar como representaciones arquetípicas del género, y por extensión encargadas de sembrar el terreno sobre el que germine el álbum, será a partir de esa simiente de la que vayan aflorando diferentes ramificaciones, por mucho que siempre mantengan un hilo de unión con el imaginario clásico, como el que desfila por una “Turn Out My Lights” que sin embargo se zambulle ya sin restricciones en una interpretación mucho más intimista y reflexiva, capacidad de la que para nada se alejará, al contrario la extenderá más, un estremecedor y rudo soul, “Far Away In Another Town”, con el que de nuevo demostrará ejemplarmente ese anhelo existencial latente en la obra original. Recurrir al uso de la electricidad traerá réditos que por un lado apuntarán hacia un rock melódico y de apreciación romántica (“Maria”) como se encresparán para construir un paisaje minimalista y crepuscular donde recitar con desdeñoso crudeza “The Saint of Lost Causes”, sombríos espectros que no necesitarán de voltaje alguno en “Lone Pine Hill” para descender hasta pantanosos registros.

Una decena de canciones que quedarán coronadas por “Last Words”, única pieza inédita y que musica de forma desnuda y con quebrado susurro la última conversación (telefónica) que ambos mantuvieron, versos que delatan un todavía endeble y temeroso pero sincero amor y que conociendo el desenlace fatal adquieren una inconmensurable carga emocional. Sabiendo todos estos detalles resulta difícil evaluar desde un punto estrictamente artístico un trabajo de estas características, y no porque adolezca de cualidades, que las tiene sobradas, sino porque su verdadera relevancia va mucho más allá de una calificación o una opinión sobre su encaje en el resto de una discografía. Estamos, en realidad, frente a una carta mandada por un padre a su hijo desaparecido con la intención de ensalzar y honrar su legado, pero sobre todo de enviarle un gesto real de cariño, ese que en otros tiempos quizás llegó tarde, o nunca lo hizo, y que ahora quedará inmortalizado en la eternidad.

Quincy Jones: "Q. Autobiografía de Quincy Jones"



Por: Txema Mañeru 

He aquí otras de las más esperadas autobiografías editadas por Libros Del Kultrum en los últimos tiempos. Y es que ha pasado bastante tiempo desde que se anunció su aparición, al igual que está sucediendo con los esperados volúmenes de George Harrison y Talking Heads. Por todo ello habrá que seguir atentos a www.librosdelkultrum.com porque se espera un año la mar de movido.

De nuevo por encima de las 500 páginas como ocurrió con la reciente y ya recomendada biografía de Aretha Franklin o la de Lenny Kravitz y de nuevo repletas de interés y sin páginas de relleno. Siguen además añadiendo así nombres básicos de la música negra, sumados  a los Nina Simone, Billie Holiday, Wu-Tang Clan, Gill Scott-Heron o Keith Jarrett, que me vienen rápidamente a bote pronto.

Destaca la muy buena traducción de Luis Murillo Fort y una amplia historia y vida que pronto deja claro que Quincy ha sido mucho más que el productor del “Thriller” de Michael Jackson. A punto de cumplir los 88 años, te hablamos de un músico (pianista, trompetista y hasta cantante), compositor, director, arreglista y productor. Destacó primeramente como músico jazz muy vinculado al be bop, pero luego, además de su trabajo para Michael Jackson, fue colaborando con los más grandes de la música norteamericana. Baste citar a Frank Sinatra, Dinah Washington, Ray Charles, Sarah Vaughan, Lionel Hampton, Billie Holiday o Count Basie, aunque la lista sería interminable, así como la de los premios obtenidos. Baste mencionar como anécdota sus 76 nominaciones a los Grammy.

Ha tardado en finalizar la autobiografía esta leyenda viva de la música afroamericana, pero es que había mucho que contar. No podemos dejar de destacar algunas opiniones de prestigio referentes a esta magna y definitiva obra. Para el Catedrático de Estudios Afroamericanos de Harvard, Henry Louis Gate, Jr. “es el retrato asombrosamente abierto, franco y revelador de uno de los grandes genios musicales de nuestro tiempo. Jones es, para mayor gloria, un narrador de gran talento. Un documento de época imprescindible para remontarse al arranque de una de las épocas más apasionantes de la música contemporánea”. Para el Entertainment Weekly esta obra es “fascinantemente adictiva, muy posiblemente la única autobiografía cuya lectura complacería por igual tanto a los fans de Duke Ellington como a los de Tupac Shakur”. ¡Y esto es decir mucho! Pero es que su trabajo ha abarcado todos esos campos, más el de las bandas sonoras y muchas otras cosas que podrás descubrir aquí sin ningún tipo de tapujos ni prejuicios. De hecho uno de los capítulos más interesantes y extensos lleva por título “Del Bebop al Hip Hop”. 

El apartado fotográfico es uno de los más ricos y extensos que hasta la fecha ha publicado la editorial, con 40 páginas de fotografías de toda su vida personal y artística. Otro gran acierto de esta obra es ceder algunos capítulos completos a personas muy cercanas a Quincy Jones. Es el caso de los dos capítulos dedicados a su hermano, Lloyd, y para otros familiares como Rashida, Kidada, Richard, Quincy Jones III o su exesposa, la actriz Peggy Lipton. Además está el precioso “Vivir La Música”, protagonizado por uno de sus músicos, Buddy Catlett; el emotivo “De Vuelta Al Barrio” por el pionero del rap, Melle Mel, o el sincero “Sesenta y Nueve” del ogro Ray Charles, un hombre nada dado a los elogios pero que se deshace en alabanzas a su amigo Quincy. También hay voz y capítulos para otros de sus músicos, arreglistas y hasta el directivo de la discográfica, Clarence Avant.

Sinceridad a raudales destila su propio “Mi Vida de Tunante” y por supuesto un amplio capítulo con los títulos de su “Discografía”, amplios, variados y repletos de calidad. ¡Uno de os más grandes de todos los tiempos y todavía vivo!

Paul McCartney: "III"

 

Por: Àlex Guimerà

Muchos nos quedamos con las ganas de volver a verle en directo en Barcelona el pasado mes de Julio. Otra de las nefastas consecuencias de la maldita pandemia, la cancelación de los conciertos. Pero no todo fue malo en 2020 ya que el fatídico año nos reservó algunas gratas sorpresas discográficas, algunas de última hora, como la de este "McCartney III", que surgió del aburrimiento de su autor durante el confinamiento en su mansión de Sussex. Y es que el bueno de Paul pasó de una vida ajetreada llena de conciertos, entrevistas y promociones a tener que quedarse “encerrado” en su casa, que a pesar de tratarse de una propiedad de hectáreas en las que siguió saliendo de paseo a caballo, acabó rompiendo todos sus esquemas.

Y así surgde forma inesperada y espontánea una tercera entrega de McCartney para la cual hemos tenido que esperar 40 años. Recordemos que “McCartney” (o conocido como el disco de las cerezas) se compuso y gravó con un pie en Londres y otro en su granja "Mull of Kintyre" en Escocia coincidiendo con la época final de los Beatles y publicado unos días antes que "Let It Be", en 1970. Un debut en solitario cuya gracia se encontraba en la búsqueda de un minimalismo sonoro, tras haber sido compuesto y tocado íntegramente por Macca con equipos muy caseros. El disco no era más que una catarsis, como una especie de liberación de sus problemas en los Fab Four.

Diez años después, en 1980, y tras haber publicado grandes obras con los Wings en una intensa y exitosa década de conciertos, Paul se encontraba indeciso sobre la continuidad de “su” banda, refugiándose en un nuevo disco caracterizado por el uso de los sintetizadores y la experimentación.

De nuevo, en otro año acabado en 0, tenemos un disco “yo me lo guiso y yo me lo como”, hecho a modo de vía de escape, de parón, borrón y cuenta nueva, del genio de Liverpool. Como en su proyecto The Fireman o en sus numerosas incursiones en la música clásica o en la pintura, su mente inquieta le llevó hacia su estudio casero para componer, tocar (todos los instrumentos claro), grabar y acabar formando una nueva entrega discográfica, la que hace número 18 en solitario, tras “Egypt Station” de 2018. Sin contar con los grandes medios ni intenciones de aquel, “McCartney III” fluye como la enésima reivindicación de su arte para hacer lo que él quiere y no lo que se le espera.

La apertura “Long Tailed Winter Bird” es una lúcida pieza instrumental con logrados punteos de guitarra que juega con una estructura blues a la que busca dotar de un tono de modernidad. Una modernidad blues que repite en “Lavatory Girl” que entronca con los Black Keys y con Jack White. O en “Slidin’”, con ese toque a los Arctic Monkeys del "AM". Rudas guitarras eléctricas, bajos poderosos, distorsiones y ese espíritu bluesy siempre presente en el músico.

El single de promoción, “Find My Way”, es quizás la que más se asemeja a lo visto en sus discos más recientes (“Egypt Station” y “New”), melodía pegadiza, luminosidad y búsqueda de ese sonido actual vistoso. Para lograrlo innova en en el uso de la batería y de las percusiones, pero también en las construcciones instrumentales y en los efectos de sonido. En parecida dinámica aparece “Seize The Day”, con su estribillo repetitivo y simpático riff. En cambio “Deep Down” mira hacia el funk de los setenta y “Woman And Wives” es una pieza solemne al piano marca de la casa.

Quizás la canción más arriesgada del paquete y en la que se reflejan esos mayores esfuerzos vanguardistas es “Deep Deep Feeling”, que a lo largo de sus más de 8 minutos transita por distintos ambientes y texturas inquietantes. Más desnudo de medios, sin embargo,  se encuentran “Pretty Boys” y “The Kiss Of Venus”, merced a la guitarra acústica y para la segunda a un amable falsete.

El cierre del álbum lo pone “When Winter Comes” (anticipada por unos acordes de la inicial “Winter Bird”), una preciosa balada a la guitarra hermanada con gemas de la talla de “Blackbird” o “Calico Skies”, lo que se dice pronto. No en vano, el tema en cuestión fue compuesto en la época de “Flamming Pie” y metido en el estudio con George Martin con una letra inspirada en su época post-Beatle en tierras escocesas. Esta es la historia del cierre de una alargada trilogía de liberación y de autoreivindicación de uno de los mayores genios que la música ha dado, para quien (aunque suene a tópico) los años no parecen pasar y para el que deseamos muchos años de salud para seguirnos regalando destellos de su glorioso arte.

Entrevista: Futuro Terror


“Creo que todas nuestras canciones tienen un mensaje político” 

Por: Javier González

Demasiado tiempo se ha hecho esperar “Sangre”, el cuarto disco de los siempre geniales Futuro Terror. Un trabajo que llega tras casi tres años sin material nuevo en los que la banda ha tenido tiempo de mudarse de ciudad, sufrir cambios internos y sobrevivir como medio mundo a una pandemia que ha dificultado aún su retorno. 

Regresan combativos, fieles a su doctrina e ideario, con un disco capaz de lanzar mensajes ardientes, repletos de política incorrecta en una nube de acordes donde la frontera entre pop, punk y after-punk se difuminan en diez canciones adictivas ante las que no queda más remedio que pensar y disfrutar. 

Semanas atrás nos pusimos en contacto con José Pazos, cantante y guitarrista de la banda, para mantener una más que interesante charla sobre los postulados éticos y estéticos de una de las grandes formaciones de nuestra música. Una de esas que no es apta para todos los públicos. Mejor. Ellos se lo pierden. 

¿Qué tal habéis pasado todo este infierno? ¿Cómo habéis llevado y estáis llevando este verano? 

José: Bueno el confinamiento lo pasamos cada uno de una manera distinta. Óscar con su madre en un piso, Néstor se quedó encerrado en Valencia, una ciudad nueva para él, sin poder conocer la ciudad ni poder salir de su habitación alquilada. A mí me pilló en Valencia, pero la madre de mi pareja se puso mala con la Covid y no lo pasamos nada bien. Ha sido todo bastante loco para los tres. La realidad es que se cayeron muchas cosas que teníamos entre manos y estamos en un proceso de asimilar la realidad en la que estamos. Es una permanente nueva realidad, ni sabemos qué va a deparar el futuro más cercano, ni qué va a ocurrir más a corto plazo. A ratos ha dado la sensación que parecía olvidarse lo vivido, pero ahora vuelve a haber muchos brotes. El otro día un amigo me decía que ponerse la mascarilla es acordarnos de todo lo malo que está pasando. Estamos en un momento de asimilación del nuevo momento en que nos movemos. 

Vaya un momento para haber sacado nuevo disco después de tres años de silencio desde la edición de “Precipicio”. ¿A qué se ha debido semejante parón?

José: Ha sido realmente por las circunstancias personales de cada uno. Tras habernos movido mucho por ahí, Héctor, nuestro batería, dejó el grupo porque quería dedicarse a otros proyectos. Personalmente, antes de su marcha, me mudé a Valencia, pero Néstor y Héctor seguían viviendo en Alicante. Más tarde, tras su marcha, tuvimos que buscar un sustituto que fue Óscar Mezquita, afincado en Valencia. Todo ha contribuido a retrasar mucho el funcionamiento de la banda, desde ensayar con asiduidad hasta el hecho de estar rodados, retrasando también el proceso creativo. Primero hubo que readaptarse como banda y luego hemos tardado más porque estábamos en ciudades diferentes. Cuando Néstor se mudó a Valencia para darle más caña a la banda nos encerraron a todos. Ha sido un proceso muy loco. 

“Sangre” es vuestro nuevo trabajo, lo primero en lo que pensé al ver el título era en la canción de Parálisis Permanente, aunque imagino que no tendrá nada que ver… 

José: No, no tenía nada que ver, aunque ese tema me flipa. De hecho, hay una canción del primer disco que se llama “Sangre”. Hemos titulado el disco así de forma inconsciente. Es una palabra que aparece en la mayoría. Un compañero de otro medio me preguntó si era un disco conceptual porque la palabra sangre aparece en casi todas. Fue algo inconsciente. No había un nombre elegido previo a la grabación, ni un plan establecido más allá de que queríamos que fuera un disco antifascista. Decidimos llamarlo así porque englobaba muchas cosas. 

El disco se mueve en lo musical entre el pop y el punk, con un final que tiene bastante de político… 

José: Sí, sí. Nosotros venimos los tres del punk. Oscar Mezquita viene más todavía de la escena Hardcore Punk de Valencia. Luego todos hemos oído pop, incluso creo que ahora escuchamos más pop que punk. El anterior disco pienso que era más melódico, en este caso hay casi una paridad entre el pop y el punk. Incluso los temas más punks son más melódicos. Siempre nos ha molado mucho todo el punk del 77, el rollo más irlandés de Belfast tipo Undertones. Es cierto que es un trabajo más político, más buscado por el momento en que estamos, debido al auge de Vox y todo el rollo de la bandera de España. Creemos que hacerlo así era un deber moral incluso. En este país ha habido mucha tradición de antifascismo cultural, creemos que es algo a recuperar. Independientemente del signo político que se sea, da igual que seas anarquista, comunista, socialdemócrata o liberal incluso. Está buscado. 

“Frío” parece una canción que le canta a la distopia y a un mundo en ruinas.

José: Da la sensación que hayamos hecho el disco tras la pandemia. Realmente Futuro Terror, desde nuestro nombre juega ya con el concepto de la distopia y con paisajes particulares. Hay canciones como “Matar/ Dejar Morir” que parece estar escrita pensando en cómo Occidente deja morir a la gente, pero eso no se llama matar. Parece que esté hecha para la pandemia. Ahora en el primer mundo se toman decisiones de dejar morir a gente, haciendo equilibrismo con la mecánica del capitalismo. 

Escuchando vuestra música siempre se me han venido a la cabeza los míticos Décima Víctima.

José: Sí, lo hemos escuchado mogollón. Óscar y yo somos super fans por lo que algo tiene que haber. Realmente escuchamos mucha música y nos suele dejar un poso todo lo que oímos. Aunque luego somos muy distintos en nuestros gustos. En el fondo, somos una banda casi de power pop, mientras que Décima Víctima son muy bajones y dark. Quizás como elementos comunes esté el pesimismo en las letras, también cosas melódicas y de la voz que puede que vengan de ahí. 

Sin embargo, cortes del tipo “Armen” nos parece retrotraer a unos fenomenales TNT e incluso Lagartija Nick. 

José: Ostras. Bueno, es curioso. Son dos grupos que yo no hubiera relacionado con esa canción. Me gusta cuando veis otras cosas, me hacen verlas desde otro prisma. A mí me sonaba a Fugazi, pero quizás tampoco se parezca a eso. Es una canción de guitarras cortantes. Es distinta a otros discos. No sé muy bien qué más decirte al respecto. (Risas) 

“Territorio Devastado” y “Consejo Obrero” muestran bastante a las claras una posición ideológica determinada. 

José: Es una canción interpretable de muchas maneras, habla de las ciudades y su pérdida de identidad, es algo que está ocurriendo en todas las ciudades e incluso las medianas. Todo parece lo mismo por efectos de la globalización y gentrificación. Antes uno viaja al norte o sur, viendo en cada bar una identidad cultural diversa. Ahora todo son gastrobares con decoración pseudo industrial donde no hay identidad, tienen una uniformidad que asusta. Va desapareciendo la vida de los barrios e incluso los núcleos obreros se van desplazando a un extrarradio. Se están devastando ciudades en pos del turismo. Ahora nos damos cuenta que las vamos a pasar muy canutas con la caída del turismo. En “Consejo Obrero” hablo directamente de lucha de clases. Esta quizás tenga un mensaje político más estricto, aunque creo que todas lo tienen.

En ese aspecto, percibo la existencia de una serie de bandas jóvenes con unos postulados similares. En vuestro caso, os siento cercanos a Biznaga. ¿Lo sentís así? 

José: He escuchado su último disco entero nada más salir y luego un poco más las canciones que tienen video. Creo que el mensaje que transmitimos es distinto, aunque sí tiene que ver con el nuestro. Ellos andan más con la postmodernidad, el no lugar y la pantalla. Son dos ángulos distintos desde los que enfocar que no nos gusta el sistema. Yo vengo del marxismo ortodoxo, pero creo que ellos no. Habría que preguntárselo a Jorge. Nuestra denuncia es parecida, no igual, pero sí, sí tienen que ver. 

¿Crees que podríamos hablar del surgimiento de una escena? 

José: No creo que se esté gestando una escena de pop y punk con un discurso concreto. Hay muchas bandas haciendo de todo y muchas haciéndolo bien, hay muchos más medios cosa que no antes no sucedía. Creo que lo que mola es que hay mucho de todo. Es fácil juntarse y hacer una banda. Hay bandas con un mensaje antisistema que te puede identificar con otras bandas similares. Hay un circuito de gente con quien identificarte y hacer un círculo más grande. Pero no veo una escena como el punk de los ochenta, ni hardcore o rap como la de los noventas. Con dieciséis años viví el surgimiento de escenas de verdad. Quizás ahora hay escena de trap. Como te decía, hay bandas que nos apoyamos y que somos amigos, pero más allá de intentar hacernos fuertes, no hay un momento de escenas como el de antes. 

¿Qué tal has pasado estos meses que estamos dejando atrás?

José: Te diría que han sido una mierda porque me rompí la mano. No podía dormir con la escayola. Al margen de eso venimos de un verano raro por la pandemia. Estamos tratando de asimilar dónde estamos y dónde ha quedado todo lo que teníamos. Queremos relacionarnos y divertirnos, pero debemos hacerlo de forma diferente, cosa que se agradece. Estoy leyendo más que nunca. Hay una cierta sensación común de que hay algo positivo en esta nueva forma de vivir que es detener el frenetismo en que vivíamos. Era necesario y se agradece. Estamos más relajados y leemos más. Eso mola mucho. Por otro lado, hay un proceso de asimilación de todo lo que tenemos y viene nuevo que te sumerge en una tristeza extraña que no sé muy bien qué es, ni sé cómo me ha afectado. Imagino que le ha ocurrido a todo el mundo. 

¿Qué te parece la indefensión que está sufriendo la cultura desde un gobierno de izquierdas como éste?

José: Es complicado. Tenemos un gobierno socialdemócrata, yo no lo llamaría de izquierdas. Menos mal que no nos ha pillado con un gobierno del PP. El problema es que hay que hacer malabarismos entre la seguridad de la gente y la economía. No queda otra. Soy comunista y vivo en el puto capitalismo. Es complicado paralizar la economía, lo reconozco. Igual muere más gente todavía si haces eso. En nuestro caso, que damos conciertos de punk en los que el público es una parte importante del mismo, todo ha cambiado demasiado. Nuestros conciertos no molan tanto por cómo tocamos, ni solo por las canciones, sino por cómo actúa la gente y cómo concibe el concierto con su actitud. Sudando, apretados y compartiendo fluidos. Compartir fluidos no es buena idea actualmente, pero es parte de nuestro arte. No tenemos escapatoria. La culpa de no poder hacerlo así no es de nadie. Tratamos de hacer que los conciertos molen, pero no suelen ser conciertos punk, sino que la gente nos mira cómo tocamos. Es medio concierto de punk, el otro no está. Estamos todos igual. Los Viva Belgrado decían que no sabían si tenían que dejar de tocar o seguir tocando, no sabían qué hacer. Estamos todos igual. De momento hay bolos, pero quizás fuera mejor parar y luego volver con más fuerza que nunca. Tipex, otra banda de punk, más que nosotros sin duda, estaban adaptándose a tocar con un casiotone. Pablo und Destruktion andaba tocando solo con guitarra en casa de gente. Gente con proyectos sólidos, están readaptándose. Es nuestro mundillo. La cultura es tan amplia que no me atrevo que hablar de otros ámbitos que no sean el musical.

Siempre nos quedarán las enseñanzas de Jorge Martínez de Ilegales sobre punk y vida. 

José: Ostras. Me gusta mucho leer a Jorge cuando se pronuncia. 

Muchas gracias por este rato tan agradable. 

José: Muchas gracias. Espero haber hecho terapia de grupo durante esta charla. Todo pasará. Nos readaptaremos a formas culturales más guapas o todo volverá a ser lo que era. Espero que toda la experiencia nos sirva para volver a ser más fuerte políticamente y que evolucionemos.