MadCool 2018: Festival de despropósitos

Valdebebas-Ifema, Madrid. 12, 13 y 14 de julio del 2018 

Texto: Oky Aguirre
Fotografías: Andrés Iglesias

La primera bofetada nos la llevamos después de las dos horas, con sus 38 grados, que nos costó llegar al recinto; nos habíamos ganado una cerveza, lástima que la camarera más antipática de Europa nos dijera que no tenía cambio. Así comenzó el primero de los disparates de un MadCool que quería crecer en importancia cuando lo que ha hecho es engordar sus arcas, durante tres días y encima delante de las narices de 200.000 personas. El encanto que puede tener un festival de estas dimensiones se desvanece cuando lo que predomina es el "todo por la pasta"; el "Take the Money and Run" de Steve Miller. La decisión de ampliar el aforo y cambiar la Caja Mágica, perfectamente conectada con el centro de Madrid y más accesible que el Ifema, no parece que se deba a una inquietud únicamente cultural. Si el año pasado fuimos testigos de la tragedia de Pedro Aunión –representado por un pabellón como homenaje de la organización- en este muchos pudimos asistir al conato de otra, cuando Massive Attack decidió cancelar su actuación, en un escenario hervidero en forma de túnel llamado "The Loop" que según pasaban los minutos se abarrotó, hasta que a las 3:15, y después de hora y media de espera, se decidió poner el anuncio de cancelación organizativo. Reconozco que pasamos miedo, ya que no se podía entrar ni salir, entre gritos enfurecidos y lanzamientos de vasos al escenario. Por lo visto la culpa era de Franz Ferdinand, que estaban dando un conciertazo en el escenario "Madrid te abraza", lo cual los amos del trip-hop no estaban dispuestos a compartir. Esto es lo que se llama un 2x1: mientras esperas un concierto te pierdes otro.

También me imagino la frustración de algunos al haber pagado 90 euros y no haber llegado a ver a Eels en su aparición rockera con "Out in the Street" de los Who seguido de un delicioso homenaje a Prince con "Raspberry Beret", en un concierto perfecto con canciones para ver caer el sol, presentando su último disco "The Deconstruction" con temas actuales como "Today is the Day" pero dando importancia a sus juguetes como "Novocaine for the soul", "My beloved monster", "I like Birds" o "Fresh Blood", aunque a mí me faltaron temas más dulces como "Fresh Feeling".

Antes pude gozar con la electrónica de unos chinos llamados Re-TROS, que en el escenario cerrado "Thunder Bitch" –uno de los 7 que había en un espacio de 18 campos de fútbol- tres portentos bordaron un concierto sin respiro; un batería incombustible a lo Keith Moon, una muchacha de porcelana, endemoniada con los teclados y un líder con guitarra dominando mil sonidos. Un poco lo contrario que los Fleet Foxes, cuyas melodías se disfrutan más en la intimidad que en un escenario principal. Luego me di una dosis de soul con Durand Jones and The Indications, muy rollo Earth, Wind and Fire con sus vientos y actitudes Curtis Mayfield; Tame Impala estuvieron con su colorido rollo psicodélico, lanzando hasta confeti, pero la sorpresa que me llevé con Yo La Tengo, casi lo mejor del primer día. Era imposible irse a otro sitio mientras veías a tres personas tan implicadas en hacer buena música, canción tras canción, destacando una Georgia Hubley en la percusión, que me recordaba a Moe Tucker de la Velvet. Después llegó Pearl Jam.

Para los que hayan visto a estos tipos de Seattle alguna vez, puede que haya sido otro concierto más. Para muchos fijo que ha sido uno de los conciertos de sus vidas, incluido yo. Sobre todo en lo que significa un puto concierto de rock: cuatro tíos comprometidos con sus canciones y con pasarlo bien, vital y emocionalmente. Los Pearl Jam hablaron con su repertorio. Hay pocas canciones que perduren tan bien como "Jeremy" y hay pocos grupos que las sientan como ellos, como si fuera una celebración, con un Eddie Vedder desatado y las guitarras de Gossard y Mike McCready enseñando que la cosa no va solo de aporrear y hacer sonar, sino de transmitir y hacer llegar. La furia y trascendencia de sus temas no ha perdido sino que ha reafirmado a los de Seattle como una banda ya legendaria en sus directos, sin rubor de situarles al lado de unos Led Zeppelin o AC/DC. "Even Flow", "Mind your Manners", "Do the Evolution", "Better Man" o "Porch" lo demostraron. Entre idas y venidas de Vedder bajando a saludar al público y unos cuantos brindis con botella incluidos, hubo un momento especial cuando salieron Bardem y Tosar en las pantallas gigantes con un mensaje contra la violencia de género, anunciado en castellano por Eddie, que dedicó a "todas las mujeres". El final vino con unos apoteósicos "Black" y "Rearviewmirror", joyas que dignifican el rock, cerrando precisamente con uno de sus himnos, "Rockin´in the Free World" de Neil Young.

Quería rematar con Justice, pero me fue imposible ya que ese siniestro "The Loop" estaba lleno hasta por fuera, en otra absurda elección de la organización en ubicar a artistas en escenarios pequeños cuando requieren más espacio y visión.

Viernes 13

Mejorando bastante respecto al día anterior, llegué justo con White Buffalo, al que con su country-rock californiano se le oía desde la entrada y que ya de cerca pude comprobar su dominio para alternar el folk más suave con las canciones más contundentes, muy a lo Bob Seger. Todo esto pasaba cuando comenzaron At The Drive In, aquella banda hardcore de los 90, que se pegaron un fiestón delante de todos nosotros, con una energía, sobre todo de un poseído cantante, que ya quisieran algunos jóvenes.

Antes de Jack White, me pegué una buena hora con dos grupos de chicas londinenses: The Big Moon, unas poperas bastante punks que bordaron una cover de Bonnie Tyler, y Goat Girl, mucho más sucias y rockeras, con violinista incluida. Aunque para chicas, la espléndida Nuria Graham, que me dejó pasmado; no sabía que teníamos una Courtney Barnett española, porque esta chavala de 22 años tiene un talento que se palpa y siente, haciendo de ese sonido lo-fi algo muy personal. Mientras esperábamos al ex líder de los White Stripes, pudimos presenciar unos cuantos temas de Snow Patrol y sus melodías impecables. Sabíamos que con Jack White lo de hacer fotos iba a estar jodido, pero no tanto, sobre todo para la prensa, que lo más cerca que pudo acercarse es a cien metros, por decisión del músico, auténtico triunfador de la noche, muy por encima de los Arctic Monkeys, relegado a un escenario menor por cuestiones mercantiles que todos conocemos y que en otras épocas indie dominaba el de Detroit con sus colores rojo, negro y blanco. En cambio, Jack White ahora es azul y ha venido para salvarnos de músicas pretenciosas y hacer que el blues y el rock perduren y evolucionen. Por eso puede afrontar un concierto del que se esperan las más grandes expectativas, que siempre cumple, y crear temas que ya son una incómoda revolución como "Over and Over", "Corporation" o el que sonó más glorioso "Connected by Love". Aunque lo que más se recordará fue su tremendo final, encadenando "Hardest button to button", "Ball and Biscuit" y el ya histórico "Seven Nations Army" de sus Stripes, de cuyo repertorio incluyó una emocionante y maravillosa "We´re Going to be Friends" que para mí fue lo mejor de todo el festival.

Con los Arctic Monkeys me pasó lo que ya me temía; no los soporto. Y eso que lo intenté, pero me rendí cuando víi a Alex Turner vestido como nuestro amado Nick Drake. Menos mal que terminé la noche con Alice in Chains, a los que prometo ver otra vez. Después pasó lo de Massive Attack. Espantoso

Sábado 14 

Hurray for the Riff Raff me supuso una agradable bienvenida, con un folk-rock y armonías doo woop acojonantes. Esta portorriqueña tiene un proyecto que hay que seguir. Se alternaba con el simpático gordito que es Rag´n´Bone Man, que con su banda y su vozarrón llenó de pop y soul el Mad Cool Stage, en el que pudimos escuchar su impresionante "Human".

Si el año pasado mi grupo favorito fueron las Deap Vally, el lugar en 2018 lo ocupan Kaleo; cuatro islandeses y seguro que colegas de la infancia, que hacen un blues rock más americano que la estatua de la Libertad. Me quedé acojonado de todas las canciones y del pibonazo de cantante, que unas veces silbaba dulcemente y otras parecía estremecer. Algo de eso le falta a Jack Johnson, un poco de energía y menos buenrollito o no repetir siempre la misma canción, aunque su concierto tuvo buenos momentos gracias a la compañía de un descojonante teclista y la visita de los Portugal The Man.

Demostrado quedó que los Queen of The Stone Age son unos grandes, siendo poseedores de unos temas eléctricos con un sello inconfundible pero que suena algo repetitivo y muchas veces monótono y predecible. Y que los Black Rebel Motorcicle Club no son aquel grupo que nos sorprendió por su fuerza sino unos auténticos plomos.

Con Depeche Mode queda patente que lo viejo aún tiene tirón. Ver a Martin Gore, Andy Fletcher y sobre todo a Dave Gahan, esa mezcla entre Freddie Mercury y Mick Jagger con voz de barítono y movimientos de pájaro, desarrollando toda una lista de canciones imperecederas, con una media hora principal impecable, nos dejó una buena sensación en el cierre de un festival que ya hoy mismo estamos olvidando.


Nicki Bluhm: "To Rise You Gotta Fall"

Por: Albert Barrios 

A lo largo de la historia de la música los discos inspirados en una ruptura sentimental han producido grandes obras maestras, dolorosos testimonios que logran sacar lo mejor de un artista en plena catarsis. Pero también ha servido de irregular desahogo para músicos que no encuentran su lugar en el mundfo, espiritualmente perdidos y en búsqueda de una inspiración esquiva y distante. El nuevo disco de Nicki Bluhm se encuentra sin lugar a duda en la segunda categoría. 

La separación de su marido Tim no fue solo a nivel matrimonial, sino que también rompió con su mentor musical y compañero de banda. Sumida en el caos y el desconcierto, también disolvió The Gramblers , su grupo estable durante los últimos 6 años, y para comenzar de cero se mudó de su amada Costa Oeste a Nashville. Asidua colaboradora en los últimos tiempos de gente como Phil Lesh, Ryan Adams o The Infamous Stringdusters , nada hacía presagiar que este tsunami personal desembocaría en un profundo giro musical. Establecida ya en Nashville y con la producción Matt Ross-Spang , Nicki ha grabado su último álbum de manera analógica en los Sam Phillips Recording de Memphis rodeándose de veteranos músicos como Ken Coomer (Wilco) o Will Sexton entre otros. 

Poco rastro queda de aquella chica que nos deslumbró en 2011 con el colosal "Driftwood",un refrescante "melting pot" donde cabían desde Linda Rondstat a Jefferson Aiplane,con el country rock y la mejor música de los 70 filtrándose a través de una voz tan cautivadora como madura. "To Rise You Gotta Fall" es un disco fallido : como todo gran artista es complicado que nos entregue un álbum decepcionante, pero el cambio de rumbo no colma ni mucho menos las expectativas creadas. Al contrario que con The Gramblers no existe química con unos músicos que saben lo que hacen pero que no ponen (o no les dejan poner) el corazón en ello. Sí bien es cierto que canta como nunca, las canciones (que le han servido como terapia) no acompañan : introspectivas , llenas de dolor y rabia , pero demasiados impolutas y sobreproducidas. 

La canción que da título al álbum es la mejor ejemplificación de la evolución de Nicki : reencarnarse en una suerte de nueva Dusty Springfield para aspirar al trono de diva que mezcla R&B, Soul y Country. Lo mejor del disco son "Things I've Done" (donde con la ayuda de una sección de metales nos recuerda a los Stones más negros) e "It's Ok Not to Be Ok", con los coros femeninos y el Hammond impregnando de Groove todo el corte. Firma con el omnipresente Ryan Adams un par de temas : "How Do I Love You", donde nos habla del divorcio y el posterior traslado con todo lo que conlleva, y "Something Really Mean". La única versión del disco es "I Hate You" del legendario Dan Penn, a la que le resta Soul para llevarla directamente al Country más puro. A Parte de esto , poco más, la verdad. Canciones que suenan amortiguadas, sin alma, con baladas como "Staring at the Sun" o "Last to Know", que en voz de cualquier estrella prefabricada del show business criticaríamos sin pensarlo dos veces. 

Un conjunto demasiado mainstream, todo en su sitio, totalmente calculado. Una sensación que mantengo (y aumento) viendo la presentación del álbum en directo ,donde la química con la banda es prácticamente nula .Siempre nos han gustado los músicos que arriesgan y escapan del encasillamiento, pero espero que este insospechado giro efectuado por nuestra californiana favorita sea fruto de un momento excepcional y no se convierta en norma general .Ya la echamos de menos.

Eels: Contundente y brillante extravagancia

Sala Barts, Barcelona. Miércoles, 11 de julio del 2018

Texto y fotografía: Àlex Guimerà

Que un concierto comience a todo trapo con "Out In The Street" de los Who sin mediar palabra es toda una declaración de intenciones. Si antes han ido entrando los músicos uniformados con pantalones rojos, barbitas y gafas de sol, antesala del cantautor que da sentido a la formación dando bocinazos, sabemos que la cosa va de rock, diversión y frikismo. Y es que aunque el propio Mr. E describiera ante nosotros su música como soft rock, no podemos decir que la cosa estuviera a la onda de America o Supertramp, sino que lo suyo es Freak Blues del bueno.

Era la esperada vuelta de Eels a la ciudad condal para presentar su flamante "The Deconstruction" (2018), su duodécimo disco de estudio, en un concierto que se incardinaba en una gira europea, en la que Mr. E y los suyos llevan un setlist poderoso, una puesta en escena estudiada al milímetro - inspirada en la estética del cine B de terror - y un más que sólido sonido rockero. En una sala Barts en donde se juntaron modernetes y amantes del rock clásico a la par, Mark Oliver Everett llenó una primera línea de la escena admirado por todos ellos enfundado con sus gafas de sol y con su sombrero a lo Elvis Costello. Tras él, apelotonados, el bajista Koool G Murder (aka Kelly Logsdon) , el guitarrista The Chet (aka Jeff Lyster) y el batería Knuckles (aka Derek Brown). Son la formación estable desde hace casi diez años de los "anguilas" y por el camino han dejado seis discos de estudio y más de 250 conciertos por todo el mundo.

Y eso se nota, pues se escucharon compactos, con cierto endurecimiento que fue un sello irresistible del directo que vivimos. Con poca presencia de lo nuevo - a los singles "Bone Dry" y "Today Is The Day" se les unieron "Rusty Pipes" y la marchosa "You' re The Shining Light" - algunos de sus hits (que tienen muchos) fueron surgiendo poco a poco. Es el caso de "Flyswater", "Dog Faced Boys", "Prizefighter" u "Open My Present", fornidos blues modernos que se escucharon de fábula. También llegó el momento para el sosiego con la versión modo balada de "Dirty Girl", que no han dejado de interpretar desde el directo de Town Hall de 2006, la encandiladora "That Look You Give That Guy" y la emotiva "Climbing To The Moon", todas ellas repletas de sentimentalismo y delicadeza interpretativa.

El protagonismo de las piezas "menores" del cancionero del bardo de Virginia vino con "A Magic World", "In My Dreams" o "P.S. You Rock My World". Extraño que nos colara dos versiones de Prince en el mismo directo con la balada "When You Were Mine" y "Raspberry Beret". Aunque los momentos más disfrutables fueron las reinterpretaciones tralleras de "Novocaine For The Soul", "I Like Birds" y "Mr. E Beautiful Blues" que quedaron bien acopladas a la atronadora "Souljacker Part I" - esta con performance incluida - que pusieron a prueba los cimientos de la sala . Para rubricarlo, una sublime "Love & Mercy" de Brian Wilson que dio entrada a un pupurri con "Blinking Lights (For Me)" y "Wonderful Glorious".

Del show se encargó el propio personaje E, reivindicando su necesidad de siesta, usando castañuelas y otros artilugios rítmicos, presentando a sus compañeros entre bromas, bailoteando desacomplejadamente y mostrando un imponente carisma de un tipo con una actitud ante la vida tan sorprendente como su talento para la música. De nuevo, memorable.


Five Finger Death Punch: "And Justice For None”"

Por: Txema Mañeru 

Ya están de vuelta y más potentes que nunca los incombustibles Five Finger Death Punch desde Nevada. Los reyes del Groove Metal pasaron una mala época por las salvajadas que su gran cantante y frontman, Ivan Moody, ha hecho en su vida y con su salud. Ahora vuelven, como siempre, imponentes desde la agresiva portada. Ellos son, sin duda, mucho más que una banda de metal al uso. También mola el título de su nuevo disco, "And Justice For None" (Eleven Seven Music / Karonte), juego de palabras con el título de uno de los discos clave de Metallica y, a la vez, una verdad como un templo de las que ellos nunca eluden. 

Su último disco de estudio "Got Your Six" estuvo más que bien y su recopilatorio reciente “"A Decade Of Destruction" (Karonte) sigue siendo una forma inmejorable de adentrarse en su música. Pero este "And Justice For None" les muestra llenos de vida y con sed de justicia. En los últimos tiempos han girado con gran éxito con Judas Priest o Papa Roach y se han comido con patatas a los In Flames. La voz de Moody sigue quemando como las de Pantera y Faith No More. Aquí tienen buenas y variadas canciones de todos los tipos, excelentes letras (de nuevo con el sello "Parental Advisory") y un gran sonido gracias a la producción de Kevin Churko

Comienzan demoledores con un bonus track como "Trouble", pero con un estribillo melódico y toques a los Downset. En "Fake" hay una auténtica avalancha de "motherfuckers" gritados al viento, una batería arrolladora y otro de esos estribillos marca de la casa. Siempre habían sorprendido con sus versiones que iban desde los Bad Company al "The House of Rising Sun" (presente en el recopilatorio antes citado) estilo The Animals pasando por The Offspring. Ahora le toca el turno al cantautor de Oklahoma, Mark Selby, recientemente fallecido de cáncer y que ha compuesto para Kenny Wayne Shepherd, Dixie Chicks, Keb’ Mo op Trisha Yearwood. Eso sí, cogen su "Blue on Black" y lo comienzan casi en plan AOR a lo Boston para lugeo llevarlo a terrenos cercanos a Metallica., por donde se mueve también  la buena balada "I Refuse". Los punteos entrelazados de Bathory y Hook siguen siendo un punto distintivo brillando en "It doesn’t matter" o "Gone Away". "When the Seasons Change" es un buen y acústico medio tiempo. 

No faltan acercamientos a Rage Against The Machine en "Will the Sun Ever Rise" y luego añaden todavía dos bonus tracks más entre los que me quedo con la épica "Save your Breath", de nuevo con pegadizo estribillo para corear en sus conciertos. No es raro que hasta Rob Halford les admire y que haya cantado con Moody en "Lift me U". ¡Vivos y con ganas de pelea pues en la portada están armados hasta los dientes y en las fotos del guapo libreto interior con las letras portan un bate de beisbol y no es para hacer deporte!

David Byrne: "Once in a Lifetime" (Una vez en la vida)

Real Jardín Botánico Alfonso XIII, Madrid. Martes, 10 de julio del 2018 

Texto y fotografía: Oky Aguirre 

Todos estábamos nerviositos; se nos notaba. Habíamos oído, visto y leído sobre "American Utopia", lo último de David Byrne, otra vez con Brian Eno, después de casi quince años. Lo que no sabíamos es que asistiríamos a uno de los conciertos más sorprendentes y extraordinarios de nuestras vidas, sobre todo porque nunca se nos ha planteado un concierto así. Escenario totalmente vacío; sin instrumentos, sin cables, adornado tan solo por enormes cadenas, conformando un espacio cerrado que solo era llenado por la música de once instrumentistas-actores, cada uno con su "trabajo" a cuestas colgado, realizando un milimetrado papel en dos horas de lo que casi más que un concierto fue una representación espiritual de la música, de la de este escocés nacido para ella y que sin él nos habría faltado siempre algo. Con su pelo blanco de científico loco, Byrne comenzó con "Here”", sentado en una silla y con un cerebro en su mano, como explicando de dónde viene todo, de "sonidos que tu cerebro tiene que comprender", que al final no son más que sentimientos. 

A partir del "Lazy" –joyita dance del anterior "Grown Backwards"- y entre bocas abiertas y palmas entregadas, fue un no parar. Tanto para ellos como para nosotros. Pocos artistas pueden fanfarronear de su repertorio, y David Byrne es uno de ellos, amasado durante años desde sus inicios punk en 1977 –sus Talking Heads telonearon a los Ramones en el CGBG neoyorquino- y destacando en cada una de las décadas hasta nuestros días, ya fuera como cantante, productor o apasionado en la búsqueda musical, creando un sello clave de la World Music, Luaka Bop. 

De su admirable último trabajo pudimos comprobar que está en forma, gracias a sus bailes con saltitos en plan Jack Sparrow, y que sigue maravillosamente desafinando, teniendo en todo momento controlado un auténtico vendaval de música y músicos sin parar un segundo –hubo un pelirrojo fantástico que bailaba el "Vogue"-. Memorables "Everybody´s coming to my house" y "Dance Like This", con ese saborcillo a "Pale Blue Eyes" de la Velvet, y un "Bullet" cargado de ira contenida hacia la estupidez de las armas, pero me encantaron su "Everyday is a Miracle", con su estribillo inconfundible y un "Dog´s Mind" delicioso. 

Aparte de su famoso "I Should watch TV" que realizó hace años en un disco con St. Vicent y "Toe Jam" con FatBoy Slim, lo inolvidable fueron todos sus temas con los Talking Heads. Desde sus ya reliquias "I Zimbra", "Blind", "The great curve" o "Slippery People", pasando a momentos ya gloriosos como su interpretación del "Burnin´Down The House", con guitarra acústica en plan Kinks o la vuelta que le dio a una de sus más preciadas creaciones, un "Once in a Lifetime" en plan "spoken" que los más de tres mil nos llevamos para nuestras casitas, no sin antes de unos bises con un "Dancing Together" y sobre todo con su final reivindicativo en su cover de Janelle Monáe "Hell You Talmbout"–por cierto reseñada en El Giradiscos hace unos días-. Nos fuimos aún nerviositos pero llenos de gloria, con esa sensación de haber visto algo que sólo te pasa "una vez en la vida". Fue en Julio de 2018 en el Jardín Botánico Alfonso XIII. Fue David Byrne.

Quique González & Los Detectives: "En vivo desde Radio Station"

Por: Javier Capapé 

No es fácil para mí ser objetivo con un disco de Quique González. Y tampoco lo es nada hacerlo con uno de sus directos. Son veinte años como compañero de viaje, formando parte de algo más que de mi propia banda sonora, asistiendo a prácticamente todas sus presentaciones en vivo en mi ciudad, y siempre marcado por su influjo. La publicación de este concierto grabado en el Festival Mad Cool de 2017 se retrasaba, llegué incluso a pensar que se quedaría en nada, pero de una forma inesperada se hizo realidad. 

El País publicaba el pasado 17 de junio una primera edición de este concierto con un maravilloso texto del periodista Fernando Navarro, y apenas dos semanas después llegaba en formato físico a las tiendas acompañado de un DVD que recogía íntegramente lo registrado la noche del 6 de julio de 2017, tras una tormenta salvaje que amenazó con echar todo el proyecto al traste. Pero afortunadamente no fue así. El cielo se abrió antes de que cayera la tarde y permitió que este "En vivo desde Radio Station" se hiciera realidad. Lo que encontramos en este lanzamiento es sencillamente lo que esa noche ocurrió en la explanada de la Caja Mágica madrileña. El concierto completo, sin aditivos ni recordings, de un Quique González en estado de gracia haciendo gala de su mejor momento en una de sus giras más logradas y feliz por estar rodeado de la que espero sea su banda definitiva, los majestuosos Detectives. 18 canciones que sonaron aquella noche más una extra para abrir registrada en la prueba de sonido. Todas ellas producidas por Carlos Raya, que las cuida y mima para sacar su máximo brillo y potencial. El concierto  supuso casi el cierre de la gira de presentación de "Me mata si me necesitas", su último disco publicado en la primavera de 2016 y considerado como una de sus colecciones de canciones más lograda. Esta gira además fue la consagración de su banda de acompañamiento, Los Detectives, que desde "Delantera Mítica" han formado el perfecto complemento para el madrileño, y a los que desde 2016 se les sumaron David Schulthess y Carolina de Juan, miembros del grupo madrileño Morgan

El concierto del Mad Cool es un perfecto reflejo de lo que ocurrió en el segundo tramo de esta gira, en la que la banda viró hacia terrenos más crudos y endureció su sonido, pero a la vez, estos siete músicos estaban mucho más conectados, funcionaban como un ente que dominaba la cadencia rock del mismo modo que emocionaban en sus pasajes más intimistas. El hecho de haberse grabado en el contexto de un festival nos permite enfrentarnos a un setlist mucho más conciso y efectivo, donde no sobra ninguna canción y donde están perfectamente medidos los momentos álgidos, predominando los temas más potentes o las versiones de corte rock de sus clásicos junto a otros de sus emblemas hechos canción que bajan las revoluciones pero no la intensidad. Setenta y cinco minutos que pasan como un suspiro, una montaña rusa musical que nos muestra a un Quique González más seguro que nunca, en comunión total con sus músicos y a la vez enormemente agradecido a un público fiel que sabe lo que busca en los directos del madrileño y ve colmadas sus expectativas con creces gracias a una banda entregada y a un repertorio infalible. 

Desde la portada ya se aprecia esa gratitud por parte del músico hacia su público, pero sobre todo hacia su banda, los verdaderos artífices del sonido de este espléndido concierto. Ya desde el principio, con ese soundcheck en el que interpretan "Detectives" de una manera más suelta y sin complejos que en su versión original, apreciamos los matices que aportan cada uno de sus integrantes. Contención y emoción son sus puntos cardinales. Pero donde se encuentra la verdadera apuesta de esta recopilación a modo de cierre de una gira excelsa es en el show del Mad Cool, que arranca con "Sangre en el Marcador", moviéndose en los parámetros del rock americano con claras reminiscencias a The Band. Sigue en esa línea la versión eléctrica de "Kamikazes enamorados", con su potente pegada que hace que su minimalista versión original quede como un vago recuerdo. Los temas más duros de aquel "Delantera Mítica" hacen acto de presencia en los primeros compases del concierto, sonando de forma muy efectiva "La fábrica", "Tenía que decírtelo" y "¿Dónde está el dinero?". Casi sin poder recomponernos de la descarga de realidad que desprenden estas canciones nos encontramos con uno de los momentos más esperados en todos los conciertos de esta gira, la interpretación de "Charo" entre Quique González y Carolina de Juan. El cruce de miradas entre ambos mientras su interpretación o la reverencia con la que Quique presenta a su compañera desvelan la devoción de ambos hacia el trabajo bien hecho y se hace patente una vez más su camaradería y respeto mutuo. Una canción que se ha convertido en un himno de la cotidianeidad gracias a la personalísima voz de Nina que parece que haya nacido para dejar su poso fulminante en esta gran canción. 

El continuismo de "Orquídeas" nos lleva hasta "Su día libre", una de las mejores composiciones del madrileño, que aquí suena más visceral y afilada, pero igualmente emocionante. Hasta este momento son sus últimos discos los que llevan el peso de la velada, pero de golpe hace acto de presencia "Salitre", del que sonarán su tema homónimo, "La ciudad del viento" y una delicada "De haberlo sabido", que con el violín de Eduardo Ortega y la voz de Nina te estrecha el corazón y te rinde definitivamente ante la evidencia: hay pocas bandas como la que lidera Quique González, donde todos los músicos parecen uno y donde todos ellos aman lo que tocan y lo hacen suyo. "De haberlo sabido" es una de las mejores muestras de esto. Con todos los Detectives de vuelta, llega "No es lo que habíamos hablado", un tema de su último álbum que gana con las escuchas y que redondea gracias a cederle el testigo a su compañera Nina, con la que comparte el protagonismo vocal.

Estamos en un festival y el tiempo apremia, así que rápidamente vuelve la rabia para levantar al personal y vibrar en los últimos temas de la noche. "Avería y Redención" suena mucho más compacta y envolvente que en su versión original con Leiva. Aquí todos los Detectives se dan la mano, están en éxtasis, no se frenan, y de este modo llega "Y los conserjes de noche", uno de los temas más celebrados de Quique González, de aquel debut de hace veinte años, donde la banda se suelta la melena (quizá es más apropiado decir en este caso que se desabrochan los chalecos), el Hammond brilla, la guitarra de Pepo López crece y Quique agarra la armónica para hacernos trizas. Aunque lo que está por llegar todavía nos noqueará más. La reverencial "La casa de mis padres" sigue funcionando como catarsis y todo el público se funde con un Quique confesional totalmente entregado. 

Sin recurrir a los bises, los siete músicos atacan una canción nueva, presentada esa noche como un ejercicio de compromiso con el mañana, como una advertencia de que este momento de inspiración no se acaba, de que esta banda no se va a detener. Así nos regalan “"El puente del diablo", un tema provocador, con grasa, que entronca más con "Delantera Mítica" o "La noche Americana” que con su más reciente "Me mata si me necesitas", pero que en este momento álgido nos seduce a todos. "Dallas - Memphis", con su aire fronterizo, antecede al éxtasis de "Vidas Cruzadas", el mejor broche para una noche perfecta, donde quizá el único "pero" sea que no se hayan detenido en su álbum "Pájaros Mojados", el único no representado en el setlist y del que más de un tema hubiera encajado perfectamente con este espíritu. No obstante, la selección general de repertorio, mostrando su vena más americana y guitarrera, el impecable sonido a pesar de estar en un festival (sorprende la calidad con la que ha quedado registrado este directo aunque se encuentren en un recinto no demasiado propicio para esto), y la perfecta comunión entre banda y público, hacen de esta primera edición de los conciertos del Mad Cool un tesoro imprescindible para todos aquellos que celebramos la música del madrileño, quitándonos el sombrero ante un trabajo tan bien hecho: desde la fantástica escenografía, con la banda inmensa dentro de un gigantesco aparato de radio, hasta la cuidada producción audiovisual (recomiendo no perderse el DVD que muestra esos momentos de camaradería impagables). 

Por supuesto que en un concierto habitual del músico hubiéramos quedado con ganas de más, pero al tratarse de un festival y convertirse en un disco en directo, esta selección de canciones, con duración y tempo adecuados, es la perfecta muestra del inspirado momento que vive el músico madrileño. Su productor (su "hermano" Carlos Raya) ha sabido entenderlo una vez más y nos ha dejado este documento irreprochable para revivir una y otra vez el mejor complemento a su disco "Me mata si me necesitas", reflejo de una gira envidiable y tocada por la varita de la profesionalidad sin perder un ápice de veracidad. Esperemos que los pasos de Quique González a continuación sean tan granados como lo demostrado en estos últimos dos años, pero ante todo, que no se olvide de sus Detectives, que hacen de él alguien todavía más grande. Definitivamente son UNA BANDA.

Entrevista: Nadine Shah

“Un artista debe documentar el tiempo en el que vive”

Por: Amaia Santana 

Comprometida y combativa, Nadine Shah (Whitburn, Reino Unido, 1986) defiende la música como plataforma para la empatía. Su más reciente disco, "Holiday Destination" (1965 Records Limited, 2017) versa sobre la crisis de refugiados en Siria, una de las causas por las que demuestra mayor sensibilidad; junto a la salud mental, que ya trató en su álbum debut ("Love Your Dum and Mad", 2013). Considera a Stevie Wonder como ejemplo de alianza entre canciones bellas y activismo. "Él ha compuesto la música política más importante que tenemos", asevera. A falta de confirmar fechas en España -¿a qué esperan, promotores/as?-, la artista trabaja ya en su próximo álbum y teloneará a Nick Cave & The Bad Seeds el próximo 14 de julio en Berlín.

Ha pasado casi un año desde tu celebrado álbum ‘Holiday Destination’. ¿Qué sientes respecto al mismo en estos momentos?

Nadine Shah: La crisis de refugiados en Siria dejó de estar en primera plana pronto, por lo que creo que este disco es más necesario ahora que cuando se publicó en agosto de 2017. Necesitamos dar continuidad a este diálogo y seguir trabajando por la seguridad y la justicia de millones de personas en la adversidad.

¿Cómo ha sido la puesta en escena de este trabajo? 

Nadine Shah: La respuesta del público ha sido increíble. Ha sido mi álbum favorito para llevarlo al directo. Estoy asombrada de cómo ha cambiado mi manera de actuar sobre el escenario respecto al álbum anterior (Fast Food, 2015). Los directos son ahora mucho más viscerales y enérgicos.

¿Consideras "Holiday Destination" una canción protesta? ¿Cuál ha sido la reacción ‘política’ a este tema en particular? 

Nadine Shah: Mi propósito es que la gente se fije en lo que está ocurriendo a su alrededor, que muestre empatía hacia las personas más vulnerables. Por supuesto se trata de una canción protesta, es una clara llamada a las armas para que la gente alce su voz contra todas las injusticias que por desgracia acontecen con demasiada regularidad e impunidad.

El álbum reúne melodías ricas y complejas; posee un aura oscura aunque en cierto modo amable, un atípico halo post-punk que encaja muy bien en la banda sonora de este mundo demente… ¿Cómo has trasladado tu mensaje en lo instrumental? En una ocasión dijiste que políticamente te considerabas más cerca de Stevie Wonder que de Billy Bragg… 

Nadine Shah: Mi intención respecto a este álbum era inspirar esperanza; no quería que nadie se sintiera desolado tras escucharlo. Por tanto, para mí era importante que sonara alentador, que moviera físicamente a quien lo escuchara. Creo que Stevie Wonder ha compuesto la música política más importante que tenemos. "Living for the City" demanda nuestra atención con gran sentido de urgencia, y a la vez es una canción hermosa musicalmente.

Tomemos al pie de la letra el estribillo de "Holiday Destination". ¿Cómo (demonios) puede dormir la clase política hoy en día? 

Nadine Shah: ¡De veras que no lo sé!!!

Hay quien piensa que la música no debería verse ‘envuelta’ o ‘comprometida’ con la política. Parece mucho más seguro –y rentable- escribir sobre canciones de amor naïf… ¿Pero acaso no es la música una de las herramientas más eficaces para -al menos intentar- combatir injusticias? 

Nadine Shah: Personalmente, creo que el deber de un artista es documentar el tiempo en el que vive. Tenemos una plataforma que nos permite comunicarnos con miles de personas –precisamente por ello debemos hacer un uso sensato y responsable de la misma-. Dicho esto, sigo pensando que también hay espacio para las canciones de amor, ¡o temas que simplemente nos hagan bailar!

Otros encuentran “oportunista” el hecho de que músicos y artistas traten temas de actualidad en sus creaciones, al considerarlo una simple estratagema de marketing. Como “artista política”, ¿has recibido alguna vez críticas de este estilo? 

Nadine Shah: Por suerte, no. Era uno de mis temores cuando compuse este álbum, pero honestamente ya no me preocupa lo que pueda pensar la gente. Conozco mis motivos.

En un concierto en Manchester, expresaste tu intención de jugar tu “pequeño papel en la tarea de humanizar lo deshumanizado”. ¿Crees realmente que la música puede mover a la gente a desarrollar una mayor empatía? 

Nadine Shah: La música es una de las maneras de contribuir a ello, sin duda. Tenemos que utilizar cada forma creativa a nuestro alcance y facilitársela a aquellos que no tienen voz, de los que no oímos hablar, los que ya no aparecen en titulares. La tendencia es olvidar que cada una de las tragedias masivas las forman historias particulares. Esto es lo que hacemos en la música, el teatro o el cine: tomar una historia individual y conectar con la audiencia: “Éste podrías ser tú”. Ese es el mensaje.

En una entrevista afirmaste que Adele podría haber conseguido que los británicos permanecieran en la UE. ¿Estabas de broma, medio en serio… o completamente convencida? 

Nadine Shah: Medio en serio, medio en broma. Su público es enorme, al igual que su influencia.

¿Trabajas ya en tu próximo álbum? ¿Volverás a contar con el compositor y productor Ben Hillier? 

Sí, Ben Hillier y yo hemos estado trabajando en las demos del que será mi nuevo disco. Creamos juntos desde hace unos ocho años y tenemos una muy buena relación artística. De hecho, no me veo trabajando con alguien que no sea él, es muy difícil encontrar a alguien que pueda materializar tu visión adecuadamente. Me siento muy afortunada de haber encontrado a Ben.

 ¿Quiénes forman parte de tu ‘playlist’ actual? 

Nadine Shah:  ¡Son tantos! Por citar algunos: Idles, Life, Goat Girl y BLANc.

¿Qué canción, tuya o no, le cantarías a Donald Trump? 

Nadine Shah: Nunca cantaría para él. Nunca.

Una de tus discusiones en Twitter versaba sobre “las canciones que suenan a otras canciones”… ¿Alguna conclusión final sobre el tan controvertido asunto del plagio musical? 

Nadine Shah:  Son muchos los acordes que podemos utilizar, es inevitable que algunas canciones suenen a algo que hemos escuchado ya. No es algo que me moleste, de hecho, me extraña lo mucho que se ofenden algunos por esto. Para mí es como si dijeran algo así: “Como Picasso ya utilizó el azul en este cuadro, ¡tú ya no puedes hacer uso de este color!”. Es ridículo.

Stephen Malkmus and the Jicks: "Sparkle Hard"

Por: Àlex Guimerà 

Si me preguntaran cuál es la mejor banda de rock de los noventa respondería sin dudarlo ni un solo segundo que Pavement. Pues con obras como "Slanted & Enchanted" (1992) y "Crooked Rain Crooked Rain" (1994) pusieron patas arriba el género. Disueltos aquellos con el cambio de milenio, su líder e ideólogo Stephen Malkmus pasó a un segundo plano a la vez que se labraba una excelente carrera en solitario con álbumes muy recomendables en los que profundizó en su particular universo sonoro. Ahora, en 2018 y tras cuatro años de silencio, nos llega el que es su séptimo álbum fuera de la legendaria banda y el quinto junto a sus Jicks. Y es que el de Santa Monica hace muchos años que ha encontrado en Mike Clark (teclados y guitarra), Joanna Bolme (bajo) y Jake Morris (batería) el complemento ideal para poder desplegar su inagotable talento, al margen de sus otros proyectos (Silver Jews, Kim' s Bedroom). 

Una banda que luce más que nunca en este "Sparkle Hard" donde el low-fi queda apartado en favor de una instrumentación tan detallista como compacta bajo una fornida producción. De nuevo las composiciones van por libre, sin estructura clásica, con el elemento sorpresivo marca de la casa y por encima de todo el áurea hippie de los Grateful Dead y de la soleada San Francisco. Si bien el Malkmus joven tiraba hacia la Velvet y su visceralidad y suciedad sonora, con los años ha cambiado hacia los arreglos luminosos californianos.

Desplegando este álbum nos vamos a encontrar mucho de ello: desde la épica creciente de "Cast Off"; "Bike Lane" con su crítica al sistema inspirada en el brutal asesinato por parte de la policía a Freddy Gray ocurrido en Baltimore en 2015, o la deliciosa "Middle America", de estribillo redondo y con una voz de Malkmus que nunca había sonado tan melosa. Pasaremos también por "Solid Silk" y sus desarrollos instrumentales ensoñadores (guitarras y violines excelsos), los cambios de "Kite", con su guitarra funkie-psicodélica, y el puro hippismo de "Refute" que no desentonaría entre el cancionero de los Grateful Dead, donde aparecen unas impecables guitarras y la participación estelar de Kim Gordon de los Sonic Youth

La aventura sónica no se detiene en el single rockero "Shiggy", más en la onda de su antigua banda, con gritos, guitarras sucias y una sección rítmica impagable. Parecido caso es el de "Brethren", cuya displicencia en el canto y low-fi nos devuelve hacia Pavement. Algo de sus épocas pasadas hay también en "Future Suite" y su guitarra perezosa, aunque los ecos a los 13th Floor Elevators anden por allí. Luego está la desconcertante voz distorsionada de "Rattler", sus ritmos desordenados y sus guitarras de rock sinfónico, y el trepidante cierre de "Difficulties/Let Them Eat Vowels", que navega entre ambientes fantasmales y pasajes rítmicos aptos del mejor Beck

La senda continúa, Malkmus más en forma que nunca a sus 52 años, establecido con sus Jicks y huyendo de los revivals para ir a lo suyo en este "Sparkle Hard": seguir explorando entre los sonidos del rock, más maduro y pulido si cabe, pero logrando de nuevo atraparnos en sus marañas, frescura e independencia.