¡¡Volvemos en septiembre!!

 


John Hartford: “Steamboat Whistle Blues – Live in Bremen 1977”




Por: Txema Mañeru 

Todo el mundo ha destacado la importancia vital que tuvo Gram Parsons en la gestación del legendario disco de The Bryds, “Sweetheart Of The Rodeo”. Además de ser uno de los álbumes  más celebrados de los de McGuinn y Hillman está considerado, con todo merecimiento, piedra angular en el nacimiento del country-rock. Es imposible negar la influencia de Parsons en su sonido y en sus composiciones, pero por allí pulularon, tocaron y dejaron su sello también Clarence White (The Kentucky Colonels) y su vertiginosa guitarra o John Hartford con su guitarra y su banjo.

Un Hartford que siempre prefirió navegar en solitario y hacer lo que le venía en gana. Por ejemplo componer un tema tan redondo como "Gentle On My Mind" que fue un éxito en las manos del gran Glen Campbell y por la que Hartford obtuvo dos premios Grammy. En el 76 obtuvo el mismo premio por su disco "Mark Twang", realizando otros dos buenos trabajos con The Dillards o colaborando con el gran Gene Clark. Ya en este milenio le cayó otro galardón por su contribución a la divertida película de los hermanos Coen, “O Brother, Where Are Thou?”, aunque ya no estaba vivo para recibirlo.

En todo ese largo tiempo intermedio fue, generalmente, un llanero solitario tanto en discos como en directo. Una buena prueba de lo que era capaz de hacer el solito es este gran directo del año 1977 que nos llega ahora con el título de “Steamboat Whistle Blues – Live in Bremen 1977” (MIG Music / Karonte). 19 temas y casi 80 minutos en los que nos deleita con una gran mayoría de composiciones propias con su buena voz, su guitarra, violín, banjo y muchos zapateados en los temas más entusiastas. Además algunas versiones selectas como el tradicional "Buffalo Gals" con la que arrancó la actuación con su violín a toda velocidad, su vocalización a modo de trabalenguas y sus primeros zapateados para poner a la gente en órbita. Igualmente lograda y destacable es su adaptación del "You Know, You Know" de John McLaughlin

Por supuesto que tampoco podía faltar su mayor éxito y el que le dio la libertad, como él mismo solía decir, ese entrañable lento con destacado banjo y con aromas hillbilly titulado "Gentle On My Mind". Buen y mucho humor vamos a encontrar  en "Don’t Leave Your Records In The Sun" y una gozada resultarán los más de 6 minutos de esa epopeya country con violín que es "Nobody Eats At Linebaugh’s Anymore". Casi hasta los 9 minutos se va a ir en el "Turn Your Radio On" de Albert Brumley y una buena versión las que nos ofrece del ‘Orange Blossom Special’ de Ervin Rouse que popularizó Johnny Cash. El hillbilly no descansará de la mano de "Granny Wontcha Smoke Some Marihuana" y asistiremos a una fantástica demostración con su guitarra en "My Rag". Ya hacia el final llega el fiestón con el banjo de "Up On The Hill Where They Do The Boogie" y buenos tonos graves a lo Johnny Cash para cerrar una salvaje actuación con "(Good Old Electric) Washing Machine". Estamos por lo tanto ante un disco básico para comprender la importancia de este músico en el sonido country y de raíces americanas en general.

Entrevista: Javier Solo




“Escribo porque tengo una historia que contar” 

Por: Javier González 

Javier Solo anda inmerso en una vorágine de trabajo constante, un proceso donde las viejas composiciones revisitadas se entremezclan con canciones nuevas. Eps dan pasos a largas duraciones. Y donde el único factor común es que este inquieto catalán sigue teniendo el gusto de tirar de su extensa agenda para que en cada uno de sus proyectos le acompañen amigos y compañeros de profesión con objeto de enriquecer sus temas. 

Nos sentamos a charlar con Javier para que sea él quien nos explique la frenética actividad en la que anda sumido últimamente y nos cuente un proyecto de lo más ambicioso que verá la luz en apenas unos meses. 

¿Cómo va todo en estos momentos tan crudos? 

Javier: Está coyuntura pandémica me ha permitido tener tiempo para organizarme y repasar mis quince años de trayectoria. He podido editar el libro-disco “Cuando mi vida es un cancionero, tu cara es un poema”, donde repaso mi trayectoria musical, incluyendo actuaciones en directo y rarezas. También he podido editar el Ep acústico “La Revolución de los corazones sin planchar”, contando con Ricardo Marín a las guitarras, precisamente por el episodio que tenemos. Él estaba de gira con Manolo García, algo que se suspendió por las circunstancias sabidas, así que me ayudo a producir las guitarras. Todo eso se ha hecho mientras no hemos podido girar. Y también hemos comenzado a preparar “Un Buzo en América”, álbum que sacaremos en Febrero del año que viene y del que hemos adelantado “La Madre que la Trajo” con Jenny and The Mexicats. En Septiembre saldrá otro adelanto donde nos hemos acompañado de Los Daniels, otra banda mexicana. 

No te ha faltado actividad entonces. 

Javier: Estábamos presentando “Un Buzo en el Espacio”, un Ep que produjo Dani Ferrer de Love of Lesbian, y tocó bajar de la furgoneta. Hablé con mi representante, Natalia Deleite, y dijimos que haríamos un Lp “Un Buzo en América” para irnos allí de gira en cuanto fuera posible. Ese el objetivo de este Lp. Hay grandes colaboradores como Reincidentes, Los Daniels y Jenny and The Mexicats, entre otros que no se pueden desvelar todavía. 

La apuesta parece bastante potente.

Javier: Después de “Un Buzo en el Espacio” que era salir de nuestra de nuestra zona confort para aumentarla al infinito, pensamos que había que apostar más yendo al otro lado Atlántico. Pensamos en Carlos Narea para la producción, que es uno de los grandes del rock estatal e internacional, y que ha trabajado en ambos lados del charco. Estamos preparando el Lp que tendrá arreglos de guitarra con Osvi Greco. Tenemos ganas de que en 2022 lo podamos presentar en los escenarios.

Hace unos meses vio la luz un Ep acústico “La Revolución de los Corazones sin Planchar”, ¿cómo ha funcionado?

Javier: Sí, meses atrás presentamos el Ep. Quería sacar las canciones tal y como se materializan con solo una guitarra. Plasmar la idea del amor y desamor con solo una guitarra, tal y como vienen al mundo. He contado con Ricardo a la guitarra y producción. De ese Ep, tendremos dos o tres canciones que van a formar parte del Lp también. Está la colaboración de Fernando Madina y está “Mis Maneras de Ser”, “Amores en la Cola del Paro” y “Corazones sin Planchar”. De hecho, de esas tres canciones daremos la oportunidad de que la gente pueda hacer sus versiones, será un certamen para que la gente pueda formar parte de “Un Buzo en América”.

¿Tiene algo de suicidio sacar un disco de estas características hoy en día? 

Javier: Lo que está claro es que no he podido dejar de crear durante este tiempo. Hay grupos que han guardado discos en el cajón, creo que habrá mucho overbooking en un futuro próximo. Tenía la necesidad de repasar mis quince años de trayectoria y mostrar cómo nacen las canciones con guitarra y voz. Después de este trabajo que ha tenido mucho éxito en plataformas, dos o tres canciones, tendrán la oportunidad de entrar en “Un Buzo en América”. 

Presentar las canciones así es una forma de darle importancia al mensaje, sin revestir de sonidos edulcorantes. 

Javier: Escribo porque tengo una historia que contar, yo no escribo para vender canciones. No es mi modus operandi. Empecé a escribir con catorce años y a tocar con una guitarra que me regaló mi hermano. A la hora de empezar a tocar en escenarios fui tardío, con casi treinta, pero lo de contar qué me pasaba empezó antes. Me considero escritor de canciones. Es importante ver cómo se visten. Cada historia merece un ropaje. En “La Madre que la Trajo” hemos acertado, es algo que me paso en mi ciudad, en Tarrasa, donde tiraron mi esperanza por el balcón. Hice una canción irónica donde hemos contado con un grupo que le han dado una fusión con su ritmo que ha hecho que el tema crezca mucho.

¿Cómo surgió la idea de colaborar con Jenny and The Mexicats? 

Javier: Surgió a través de Natalia, mi mánager, ella conocía al grupo de hace dos o tres años, la última que tocaron en Madrid. Tuvo la oportunidad de conocerlos. Creo que les alquiló su piso. Fue ella la que escuchó la maqueta de la canción y dijo “les iría bien”. Me recordaron a los inicios de Mano Negra, obviamente mezclan otros tipos de ritmos latinos, pero sí que me recordaron. Creo que Natalia tuvo un gran acierto. Hemos quedado en estos días aprovechando que Pantera y David andan por aquí para comer porque tenemos alguna sorpresa que tampoco se puede contar. 

¿Qué aporta Fernando en su colaboración? 

Javier: Ha sido un lujazo. “Lunáticos en Marte”, necesitaba ese carácter, rabia y amor que aporta Fernando Madina. No nos conocíamos personalmente. Ahora no hay día que pase que no nos dejemos un mensaje. Estoy agradecido y contento de que haya accedido. Le pasó la canción Carlos Narea y le gustó, la quiso cantar. Ahí empezó todo. 

Has hablado de Los Daniels y de otras colaboraciones que no han trascendido. 

Javier: La de Los Daniels, que ya ha trascendido. Hemos grabado “Héroes y Villanos” que vendrá bien el 12 de Octubre. Se habla de ídolos que tenemos centenarios que quizás deban pasar a la historia, vamos a dejarlo ahí. “Campo de Minas” de la suya. Y hay un par de colaboradores más, puede que uno sea de un país de allí. Y otro puede ser que sea de España. 

Por cierto, ¿es buen momento para los duetos? Yo veo el formato agotado por abuso… 

Javier: Te entiendo y es culpa de las plataformas. Se aúnan fuerzas y se escuchan duetos impensables. Hay cosas que fuerzan las compañías. Yo empecé hace quince años y nunca iba sola. Había una propuesta que era “Vivos y Directos en ruta”, éramos seis o siete que íbamos juntos. Va en mi ADN. En mi primer disco en solitario, colaboran más de cuarenta personas que van desde amigos de Tarrasa hasta Lichis y Litus, amigas y amigos. Siempre he aprovechado las sinergias que te brinda la música, por encima de plataformas y compañías. Estoy fuera de eso. Soy bastante independiente. “Lunáticos en Marte” ha sido un lujo de colaboraciones. Y tenemos la intención de irnos al otro lado del Océano para dar grandeza a las canciones y lograr mezclar proyectos distintos. Hay que aprovechar esas colaboraciones. 

De lo que no hay duda es que tienes muchos y buenos amigos en el gremio… 

Javier: Llevo muchos años montando un festival solidario, ya que colaboro con una escuela de Senegal que coordina Ferran Sans. He conocido a referentes personales como Daniel Higiénico, le llamé para ver si quería colaborar en una de las primeras ediciones. Es un gremio muy solidario y acogedor. Formar parte de él es un orgullo. El festival me ha permitido tener grandes amigos del panorama. 

En otra entrevista que concediste a mi amigo y compañero Kepa Arbizu, decías que en primer lugar tu referente era Loquillo y ahora lo era Daniel Higiénico. 

Javier: “A por Ellos que son Pocos y Cobardes” llegó a mis manos en 1988, cuando tenía trece años. Entones yo escuchaba la música que había en los arrabales de las grandes ciudades metropolitanas. Cuando llegó el rock and roll me contaminó. Ahora escucho otra música. Cuando toqué por primera vez en el “Cross Road” de Tarrasa, donde conocí a Lichis, un amigo me dijo que me parecía a él. Creía que no lo conocía, había escuchado alguna canción y me puse a investigar más a fondo. Me encantó y tenemos buena amistad desde entonces. 

Cataluña, tierra de música. 

Javier: Tenemos muchas músicas y mucha fusión como en las grandes urbes europeas. Yo al vivir muy cerca, en Terrasa, he descubierto grandes músicos y tendencias que se dan allí y en el extrarradio. 

¿Cómo ves la posibilidad de dar conciertos los próximos meses? 

Javier: Nosotros este año 2021 decidimos no hacer conciertos porque había que posponer todo conforme se iban anunciando. Vamos a preparar una gira internacional de cara al 2022, ya tenemos fechas cerradas. Tenemos acordados ciertos compromisos, en México y en España. Seguimos cerrando fechas. Espero que todo se normalice y poder subir al escenario durante dos o tres años sin parar.

Centroamérica y Sudamérica, por idioma y cultura se presentan como dos plazas interesantes para la música en castellano. 

Javier: Creo que sí. Estamos hablando con mi agencia que “La Madre que la Trajo” estaba sonando en muchos países: México, Argentina y Chile, algo que es muy buena señal. Allí en México los grupos españoles se quieren mucho. “La Madre que la Trajo” está teniendo muy buena acogida. 

¿Qué le pedirías al futuro? 

Javier: Le pediría como dicen las miss “la paz en el mundo”. Me hace gracia. La gente se ríe cuando dicen eso. Yo pienso: “si es lo único coherente que han dicho”. Al futuro le pido que haya paz mundial y mucha música.

Summer of Soul (...Or, When the Revolution Could Not Be Televised): Ahmir Thompson

 

Por Àlex Guimerà

El verano de 1969 ha sido recordado por Woodstock, el primer paso del hombre en la luna y por la retirada del ejército norteamericano de la fatídica guerra del Vietnam. En aquellos años especialmente convulsos para los Estados Unidos, además, los problemas raciales habían azotado muy fuerte a la población afroamericana con especial saña en los asesinatos de JFK, Martin Luter King y Malcolm X, que derivaron en graves disturbios en la calle. Quizás por ello - con el fin de calmar tensiones-  el aperturista alcalde de Nueva York de entonces, John Lindsay, impulsó el Harlem Cultural Festival, que a lo largo  de seis semanas desde el 29 de  junio hasta el  24 de agosto de aquel año, se celebró en el Mount Morris Park de Harlem

Pero lo curioso del caso es que en un festival en donde desfilaron grandes leyendas de la música de todos los tiempos no hayan salido a la luz sus imágenes hasta pasados 52 años. Y es que si bien el evento fue grabado por Hal Tulchin,  las imágenes nunca llegaron a editarse ni a difundirse, quedando guardados en un sótano hasta que hace un par de años el guionista Robert Fyvolent descubrió su existencia y propuso a David Dinerstein su producción para lo que llamaron a Ahmir "Questlove" (batería de The Roots) para su dirección.

El resultado es un maravilloso documental que retrata de forma emotiva un momento histórico irrepetible, una música fascinante, un barrio único y una población muy especial, lo que ha llevado al film a ser galardonado en el  Sundance Film Festival de 2021 con los premios del Gran Jurado y del Público al mejor documental.

El visionado se hace trepidante, su narrativa ágil y entretenida combina las historias paralelas con las imágenes de las actuaciones y las opiniones de sus protagonistas y de algunos de sus asistentes (los verdaderos protagonistas) que repasan un hito que sólo fue posible por el entusiasmo de su promotor y presentador, Tony Lawrence, quien aparece ataviado de varias formas.

Y por allí vemos actuar a un joven emergente y talentoso Stevie Wonder, justo antes de encarar la década que lo encumbró como uno de los grandes genios del pasado siglo, o el entusiasmo de  The 5th Dimension presentando el pop luminoso de “Aquarius/Let The Sunshine In”, recordado por sus protagonistas, o el talento incomensurable de Mavis Staple  y el proyecto que lideró su padre The Staple Singers, donde fusionaban góspel y soul, el pop soul de Gladys Night,  David Ruffin y la Motown a sus espaldas,  la fuerza de la naturaleza que era  Sly and the Family Stone con su alucinante puesta en escena soul-funk psicodélica, la diva del jazz Nina Simone y la diva del Góspel Mahalia Jackson, el blues intenso de B.B. King (quizás aparece demasiado poco), los ritmos latinos abrasadores de Mongo Santamaría o los discursos emotivos de un joven reverendo Jesse Jackson. 

Pero más allá de estos extraordinarios músicos el largometraje transita por el alma del festival y por sus historias paralelas. Así el espectador puede ver el rechazo con el que se vivió el alunizaje en el barrio de Harlem en dónde se abogaba más por mirar los problemas en la Tierra como la pobreza o la segregación racial. También revivimos el entusiasmo con el que las familias del barrio vivieron el festival, los peinados que lucían  y  sus vestimentas más en boga, la presencia de los Panteras Negras, pero sobre todo la ilusión y emoción con la que los 300.000 asistentes que desfilaron por el parque Mount Morris.

 Aunque el clímax del documental llega de la mano de la actuación de la gran Mahalia quien secundada por Mavis se desgañitan llenas de dolor y rabia cantando “Take my hand, precious Lord” para rendir homenaje a Martin Luter King tras las sentidas palabras del reverendo Jackson rememorando el asesinato del activista en su presencia un año antes en el hotel Lorraine de Memphis. En la misma senda reivindicativa le sigue Nina desplegando su arte inmenso al servicio de la lucha por los derechos civiles de la población negra. Pero el “Harlem Cultural Festival” no solamente fue un acontecimiento para la población negra, si no que los puertorriqueños y latinos del barrio tuvieron su presencia encima y abajo de los escenarios, reivindicándose a través de sus ritmos y su latin jazz.

Para poner un pero, decir que el título no casa con la realidad ya que son varios los géneros musicales además del soul los que flotaron por las calles de Harlem ese año del cambio, pues el góspel religioso tuvo su peso, como también lo tuvieron el blues, el jazz, el funky y el pop. Una amalgama de colores que iluminaron un barrio tan sufrido como lleno de talento y fuerza.


Javier Ojeda: "DeCantando”



Por: Txema Mañeru 

Esta interminable pandemia está dando margen para montones de cosas. Entre ellas ver más películas, leer más libros o escuchar más discos. A los músicos les ha dado tiempo también para componer más temas y publicar más álbumes. Algunos de ellos han sido grabados con medios precarios en casa o se han hecho muchos trabajos (demasiados) de versiones que no aportan gran cosa. Otros artistas, con más tiempo de por medio y con más temas para elegir, han podido y optado por sacar discos con mucha mayor enjundia. También ha dado tiempo y ha alterado las costumbres de las personas, como ha sido la de beber en casa, que ha aumentado en cantidades exponenciales, o dedicarse a pensar en cosas más o menos trascendentales.

Pues bien, al gran Javier Ojeda le ha dado tiempo a todo esto y a algo más. Se ha currado un disco muy madurado y muy bien acompañado por excepcionales músicos, incorporando incluso unas cuantas versiones la mar de curiosas y originales. Por último ha optado por seguir profundizando en su afición a los buenos caldos y se ha estrujado los sesos para pensar un título tan acertado para su sexto disco en solitario como es “DeCantando”, en el que combina dos de sus más grandes pasiones.

Ya hemos dicho  la excelente compañía con la he contado para grabarlo. Y es que en este disco tenemos al gran productor Paco Loco, a quien Isaac Aguilera le ayuda en estas tareas en varios temas. Luego cuenta con los músicos habituales de su banda como son Agustín Sánchez, Daniel Lozano, Yohany Suárez y Paco Vílchez. Redondean la jugada Antonio L. Gil, su ex compañero en Danza Invisible, que participa en dos de los temas más destacados, como son "Pájaros Libres" y "No Sé Decirte Adiós". El primero abre el disco en forma de perfecto single pop con pegadizo estribillo y acertados coros. La segunda es un excelente y elegante medio tiempo con geniales vientos y estribillo que puede encantar a los seguidores de Prefab Sprout

Con respecto a lo que hablábamos del capítulo de versiones nos encontraremos con originalidad a raudales. Tenemos entre ellas principalmente canciones de mediados del pasado siglo. Es el caso del melódico tema camp que popularizó Dean Martin, "Son Amores". Aromas retro-disco y muy chic en "Un Puntito", tema que para mí ha sido todo un puntazo con su gran voz y los divertidos coros. Cuarto adelanto de un disco con muchos singles. Luego está una canción alemana que yo desconocía y supongo que una gran mayoría de los seguidores de Javier o de Danza Invisible. Se trata de la celebración a la vida, al amor…y a el alcohol a la que añade tonos reggae y cuyo título es "Un Brindis Tú Y Yo"

Porque Ojeda en este disco ha sabido combinar a la perfección canciones con ciertos aires retro, otras que remiten a su trayectoria y algunas más que suenan más contemporáneas que nunca. Eso no impide que podamos destacar un claro homenaje al David Bowie de primeros de los 70 en "La Marca" y a la que Javier ha sabido poner su propia magia.

Hace menos de dos años el andaluz nos volvió a enganchar con su excelente doble recopilatorio “El Vaivén De Las Olas: Lo Mejor de 2000-2019”, en el que hacía un amplio repaso a su trayectoria con directos, versiones, temas de Danza Invisible, regrabando  hasta 14 de sus canciones para actualizarlas con gran acierto. Ahora tenemos casi dos discos en uno de nuevo, donde conviene destacar los aires rock y las guitarras de "Mañanas Grises", los aires jazz y el excelente piano y saxo de "Cerrando Los Ojos", o la diversión a lo Adriano Celentano, sumado a buenos punteos, de "Mambo Italiano". Es un acierto el festivo "Aiko Aiko" que no es otra sino el "Iko Iko" de The Dixie Cups. Más rock’n’roll, esta vez pantanoso, aparece en su versión del "Ruta 66", de Bobby Troupe, o en un formato beodo a lo Dr. Feelgood con el "Be-Bebiendo Vino Sin Parar", su acelerada versión del “Drinkin’ Wine Sopo Dee Oo Dee” de Stick McGhee, el hermano pequeño de Brownie McGhee.  El baladón rompedor, con deliciosos coros femeninos, lo aporta "Noche Callada"  y el swing doo-wop insinuante y delicioso pone el punto y final a través de "Vino Tinto Con Limón", tema doo-wop que popularizó Frank Zappa & The Mothers Of Invention, aquí con una letra cachonda que Javier ha adaptado a la perfección. Como ves, mucho alcohol, mucho vino, mucha diversión, originalidad en las versiones y bastantes buenas y variadas canciones.

Entrevista: Tulsa

“Este es un disco de historias y literario” 

Por: Javier González

Ha vuelto Tulsa, sinónimo de canciones que encierran historias potentes. De apariencia y voz que invitan a pensar en fragilidad, Miren Iza es todo lo contrario. Trabajo a trabajo ha conseguido elaborar un discurso crudo, vital, de fácil identificación, con el que no ha logrado conquistar a las masas, algo que dudamos le importe lo más mínimo, pero que sí ha conseguido tener el respeto y la admiración militante de paladares musicales capaces de distinguir entre lo que merece la pena y lo que no. 

En plena forma creativa nos entrega “Ese Éxtasis” en el que reúne un puñado de temas marca de la casa, donde una Miren muy vivida y afinada en cuanto a textos se refiere, vuelve a transitar por los medios tiempos, revistiendo su discurso de novedosos aires castizos –“Gran Fuerza Domadora”- y recuperando esa pulsión mas punki que nos devuelven a la vasca tan guerrera como en sus primeros pasos con Electrobikinis, más por espíritu que por sonoridades, todo sea dicho. 

Descolgamos el teléfono y Miren se lanzó de lleno a nuestro cuestionario, con ganas y un peculiar sentido del humor, tan balanceante como muestra habitualmente en sus canciones. Una grande que nos brindó un rato más que agradable, algo que siempre es un honor. 

¿Qué tal Miren? ¿Cómo llevas estos tiempos tan convulsos y complicados? 

Miren: Me pillas en un momento difícil porque después de sobrevivir a una pandemia, donde he intentado mirar el futuro con cierto optimismo. Ahora tengo el cuello destrozado con una hernia, lo que me está obligando a cancelar conciertos. Había pasado la fase de cancelar por una cosa para hacerlo por otra. Trato de colocar la situación en un lugar no catastrofista, pero a veces es complicado, otras lo consigo. Dentro de lo jodida que estoy, te diría que estoy bien. 

“Por momentos pensé que no tenía sentido seguir, no encontraba la energía de enfrentarme a la promo y a salir de gira”

Vuelves a vestirte de actualidad con “Ese Éxtasis”, pero llama la atención que han pasado cuatro años desde “Centauros”. ¿A qué se ha debido tal parón? ¿Había que reflexionar más de la cuenta?

Miren: Me he tomado más tiempo, pero ha sido desde la grabación de las canciones hasta la publicación. La verdad no era muy consciente de que pasara tanto. Lo grabé en Julio de 2020 y ha salido en Mayo del 2021, habiendo tenido muchas tentaciones de no sacarlo, después de haber disfrutado mucho la grabación. Han sido tiempos raros y he estado mal, cosa que es positivo decir. Por momentos pensé que no tenía sentido seguir, no encontraba la energía de enfrentarme a la promo y a salir de gira, no veía el momento. Lo iba retrasando. Este es un disco pagado por mí, por lo que no me sentía en deuda con nadie. Era libre de decidir si lo sacaba o no. Al final me vi con ganas. Creo que me liberó lo de poder dejarlo, parece paradójico, pero es interesante pensar que no es una obligación. Cuando te lo dices, comienza la recuperación. Así ha sido. 

Desde fuera ha dado la sensación de que “Los Exiliados Románticos”, b.s.o. de la película de Jonás Trueba, y “Centauros” fueron dos discos de transición. ¿Estás de acuerdo? 

Miren: Es una percepción tan subjetiva. No sé si estoy de acuerdo o no. Es interesante que lo digas. Me gusta porque quiere decir que lo acometí con ese espíritu de transitoriedad, sobre todo “Centauros”, que te da mucha libertad. Cuando te enfrentas a algo para que sea definitivo es difícil. Suena acartonado y más forzado. Quizás Ángel Luján y yo nos juntamos para experimentar y jugar. En todo el conjunto de mi obra, si parece de transición es porque hay un después. Esa información te la da “Ese Éxtasis”. Es bonito. 

Creo que con “Ese Éxtasis” se te ha quedado un disco de historias marcadas, trascendental y doloroso… ¿Tienes esa misma percepción?

Miren: Sí, tengo esa percepción. Soy una señora con muchas historias a la espalda. Quizás percibes es lo que percibes. Todo arranca de un punto de partida derrotista y distante, una amargura. Me gusta pensar que a medida que vas conociendo el mundo, nace la amargura, si no la tienes es que no ves a tu alrededor. Es importante decirlo. Se reivindica mucho la euforia a día de hoy, pero creo que a veces hay que pararse. ¿Cómo vas a estar genial y fuerte para poder con todo, con tanta mugre y mezquindad en el mundo? ¿Qué haces con eso? Lo que hago musicalmente es paliarlo, es mi universo de compañía perpetua que es componer y grabar. Ahí vuelco todo esto. Me gusta elaborar e ir con oficio a sitios más literarios y humorísticos. Me gusta que haya elevación sobre la sensación de que todo es una puta mierda. 

Entronca un poco con la apertura de “Autorretrato”, un tema muy potente. 

Miren: Sí, es como que se presenta la voz que va a contar todo lo demás. Es un disco de historias y literario, presenta una voz con cierta fuerza. No es un trabajo que se hunda en la depresión. La reconoce y la ve, pero hay combate contra ella. Hay ironía. Por eso tiene el título que tiene. Mi idea era hacer canciones maravillosas que curaran la tristeza. A veces escucho música que me parece tan bella y la quisiera reproducir en mis trabajos. Me encantaría generar éxtasis a través de la música. Era el motor inicial que marca este trabajo, pero cambia porque es algo que tiene poco recorrido para mí. Al final voy metiendo mi propia neura. 

“¿Cómo vas a estar genial y fuerte para poder con todo, con tanta mugre y mezquindad en el mundo?” 

“Destrucción Mutua Asegurada” me parece brutal. ¿Cuál es el secreto para hacer bombas de destrucción masiva de tal calado? 

Miren: Lamentablemente no tengo la receta. Esta es de proceso misterioso, salió sola. Lo juro, no miento. Es como una toma de tierra directa con algo. El concepto es tomado de un amigo que me explicó que era algo relacionado con la Guerra Fría. Me pareció potente en el ámbito de las relaciones. A veces hay que juntarse con la persona adecuada que en este caso es Ángel Luján para conseguir esa belleza. 

“Os oigo Follar” es una conmovedora letra sobre la evolución de una historia de amor. Dolorosa y preciosista. ¿Crees que es una putada sobrevivir al clímax? 

Miren: En realidad es una bendición sobrevivir al clímax, si no nunca te das cuenta de que lo has tenido. Necesitas sobrevivir al mismo. Hay gente que no se entera. Mola pasar las fases y saber de qué va la historia, sin que eso paralice ni te retire de la batalla. Adaptarte a tu propio medio que son tus historias. Hay una película, “Gertrud”, donde ella viene a decir que ha vivido. Tiene la certeza de haber vivido. Es brutal. Imprescindible. 

“Tres Venenos” muestra a una persona descreída y que parece estar de vuelta de casi todo en las relaciones personales, pero fíjate que al escucharla he pensado en políticos, adoctrinadores de medios y talibanes de red social. ¿Voy desencaminado? 

Miren: Me da pena decirte cosas sobre las canciones. Me parece muy bonito que para ti sea eso. A veces explicamos demasiado las composiciones, parece un defecto de la canción. No es un corte que vaya de relaciones personales, va de políticos y sanadores, entre los que me incluyo, como psiquiatra. Gente que en principio se arroga un papel de que puede decidir por ti, sabiendo que te conviene. Está muy bien escuchar y ver, pero también no obedecer nunca. 

“La Boda” es otra escena de esa España de pandereta de Berlanga y “La Colmena”. ¿Eres de las que piensa que la apariencia cambia y el fondo permanece en esta sociedad nuestra? 

Miren: Es una canción que suena a eso involuntariamente, aunque lo he relacionado después. Me imaginaba a un coro en un pueblo con guitarras arenosas. Visualmente te lleva a eso. La canción habla de esa sociedad de ahora y de hace sesenta años. Seguimos inmersos en ritos. Nos creemos de grupos distintos porque hacemos cosas. Generando elitismo. Es un ejemplo de boda de alto standing. Cada grupo trata de diferenciarse de otros. Es algo humano. Que ocurre en España y en la China Popular. 

Por cierto, esta canción la enlazaría con “Dinero Caído del Cielo”, donde haces reflexiones dolorosas, viniendo a decir “quisiera ser rica y no dar palo al agua”, no sé si te revistes de hipocresía al cantarla. 

Miren: Sí, el dinero es un tema que se ha tocado poco en el pop y da para mucho. Es la primera de muchas que creo que vendrán después sobre el dinero y el trabajo. Si currármelo es dejarme la piel, la salud y mi alma, quizás sea más sano no currárselo. No es una reflexión total, se cuela algo. En una canción lo subjetivo es cantar, hacer un poema cantado. 

Hagamos la pregunta trascendental, retomando “La Boda”. ¿Sigues los tutoriales de youtube? 

Miren: Lo he hecho, mirar un moño italiano en youtube. Menos mal que por fin podemos empezar la entrevista de verdad. (Risas) 

Me ha gustado “Gran Fuerza Domadora”, no te veía escribiendo una tragedia castiza con el amor noctámbulo de fondo, donde Madrid es la protagonista y te pones a la altura de Gabinete Caligari. 

Miren: Qué bonito eso. Joder. Ya está, no puedo decir más, siguiente pregunta. Qué bien que me compares con Jaime Urrutia. ¿Por qué no me ves haciendo eso? Es la canción de temática que más enlaza con otros discos. Además, yo soy muy de Arganzuela. He encontrado mi sitio en el mundo. 

V
enga vale, para ti la perra chica. Ya solo te falta decir que eres del Atleti. 

Miren: No me gusta el fútbol. No puedo decir que sea de otro que la Real Sociedad, pero después, a muerte con el Atlético de Madrid. 

“Los Volcanes Avisan” y “Yo no soy Penélope” me gustan porque devuelven a esa Miren peligrosa. A esa dama oscura y decadente. Estoy un poco harto de las princesas pop, me gustan más las chicas que meten miedo… 

Miren: Siempre tuve una punki dentro de mí, de forma natural. Es una parte que tengo y que en directo agradezco. Con “Espera La Pálida”, veía que había muchos temas densos, y claro, cuando haces discos, convives con ellos un par de años. Con “Los Volcanes” tuve dudas porque la veía un poco demasiado diferente a las otras, pero en el directo la voy a agradecer porque el escenario es un universo donde necesitas más asideros. Darán un equilibrio bueno con otros temas. 

En cuanto a textos siempre has destacado, pero esta vez te veo muy afilada y acertada. ¿Crees que estás en tu mejor momento creativo? 

Miren: No se suele decir mucho, pero con la edad todo te importa tres cojones. Cosas que antes te preocupaban, ahora no. Igual piensas qué tonto era que me preocupaban cosas como qué pasará o qué pensarán. A medida que ves cómo es la historia te pones en un lugar más libre y poderoso. Me da igual cómo se reciban según qué cosas. Con los discos, cuando tienes ocho o nueve canciones, hay un momento de hiperactividad, donde se ha eliminado la tensión y empiezas a crear sin medida. Me pasa sistemáticamente y Ángel me dice que le pasa a más gente. Esto tendrá que ver con que no hay barreras ni miedos. Eso es bueno para la creatividad.

¿Cómo se convive en un mundo de singles siendo autora de discos tan intensos y que hay que escuchar enteros? 

Miren: (Risas). (Silencio). No sé… nunca he vivido en la época buena. Cuando empecé con Tulsa ya existía la crisis. Había un discurso de que no se venderían discos y todo iría por canciones, ya desde hace muchos años. Es como que siempre ha estado ahí. Y los discos han seguido haciéndose. En épocas he trabajado por canciones, por ejemplo, “Tres Venenos” quería hacerla y soltarla, no sabía si la iba a incluir en el disco o no. Hay canciones que tienen sentido en sí mismas, no hace falta incluirlas en un largo. No voy a caer en la cosa de “es horrible, hace falta disco y concepto”, ni siquiera yo funciono así. Es un discurso que se considera más profundo y de calidad, pero no lo considero así. Han cambiado patrones como el del consumo que ya apenas es por discos. Eso sí se ha cumplido. Ahora manda el puto Spotify. 

¿Dónde quedan los románticos ahora? 

Miren: Los románticos están en Spotify también. Son románticos del objeto. Les gusta tenerlo. Nuestras casas son pequeñas, nos movemos de ciudad y de casa. El objeto no tiene el mismo valor de antes, excepto para los románticos. Hay muchos románticos de Spotify también. 

¿Afectará a Tulsa el embudo que se va a generar en los directos? 

Miren: Es una pregunta muy seria. Hay gente que lo está pasando muy mal. Irá todo saliendo a la luz. Hay que intentar generarnos un trabajo cada uno. No perder el hilo, si quieres seguir dedicándote a la música. Los músicos de directo tienen que tener mucho control para seguir en píe tras año y medio de crisis. Toda esta situación refleja la necesidad enorme de unirnos como músicos a través de un sindicato, que nos dejen tocar, que den licencias para espectáculo, que haya movimiento musical. Los músicos no son considerados parte de la hostelería, están excluidos. Es necesario y urgente montar algo. Somos complicados. A las reuniones del sindicato hace años venían cinco. Es muy difícil coordinarnos. No sé si puedes tener una teoría al respecto, pero quiero que abordes el tema. Encontrarás historias de músicos de directo sin ser autores, sin los que no somos nada, no sé qué coño habrán hecho durante estos meses. 

Me gusta cerrar las entrevistas jugando a hacer historia ficción sobre el futuro. 

Miren: Es una buena pregunta, también. Ahora ando con la historia en la espalda y no puedo tocar. Me tengo que cuidar mucho, para que no se cronifique, Si lo hace me limitará mucho. Haré directo. He cambiado la banda. Betacam está, pero Alex, el batería, tenía otros planes. He aprovechado para meter mujeres y tocar en directo con ellas, algo que echaba de menos. Haré una gira y me lo tomaré como los discos, como si fuera la última gira y el último disco. Nada de hacerlo a medias. Toca darlo todo.

James :“All the Colours of You”



Por: Javier Capapé

Hace ya veinte años del abandono en falso de la actividad del combo de Manchester y casi cuarenta desde sus inicios, y los mancunianos vuelven a la carga. De hecho, salvo el paréntesis que supuso su parón entre 2002 y 2007, no han parado de lanzar discos de calidad y de estar presentes en escenarios de medio mundo. Su fórmula, que siempre ha combinado de manera magistral las tonadas pop de poderosos estribillos con una pizca de experimentación y actitud rock, se transforma levemente para su decimosexto álbum de estudio en una suerte de colección de frescas píldoras luminosas con destellos de electro pop. No pierden su ancla en el mejor indie británico, pero se visten de cierta modernidad saliendo de su zona de confort con la producción del galardonado Jacknife Lee, conocido por sus trabajos con U2, R.E.M., Snow Patrol, The Killers e incluso Taylor Swift.

“Sweet 16” (como llama Tim Booth a este disco claramente influido por la pandemia) es, como su propio nombre indica, un collage de emociones que “reflejan los colores de estos tiempos locos”. James han conseguido con estos once cortes la perfecta definición de canción terapéutica, ya que todas ellas se tornan en compañía indispensable con la que afrontar pérdidas, hacer balance de nuestra vida, reivindicar un planeta mejor o protestar ante las diversas injusticias que nos rodean. De esta manera la temática aborda desde la política y la imagen que proyecta EEUU al mundo (centrándose en la crítica a los años Trump), al cambio climático o las pérdidas de nuestros seres queridos debidas a la pandemia del COVID-19.

El álbum comienza con la suavidad de “ZERO”, una canción que aborda desde sus primeros versos el tema de la muerte con serenidad y aceptación. La voz del carismático Booth se impone en primer plano, y así se quedará en todo el álbum, dominando más que en ningún otro anterior. Los instrumentos van entrando poco a poco sostenidos por un teclado envolvente a cargo de Mark Hunter, que gana mucha presencia en todos los cortes. Un medio tiempo que no sale de su tintineo leve y que define algunas de las claves del disco, como la ya mencionada voz en primer plano o las sonoridades más espaciales y con cierto regusto electrónico. Lástima que la canción no termine de explotar como muchos de sus himnos, pero para eso está el tema titular. “All the colours of you” nos atrapa con un inicial riff de teclado salido de otro planeta, aumentando las revoluciones en cuanto llega el estribillo. Ritmo marcado y estribillo coreable marca de la casa. En definitiva, un sencillo infalible que se centra temáticamente en el auge de los supremacistas blancos y en el odio y la división social que ha generado en EEUU la administración Trump, país en el que reside Booth desde hace unos años y que ha inspirado también “Beautiful Beaches”, que se centra en la imagen de los incendios que asolaron California en 2018. Este tema es un estallido de color. Adictivo e intenso. Los ritmos programados mandan, pero rápidamente se impone un bajo percutivo y los toques justos de guitarra eléctrica que nos llevan a uno de sus mejores estribillos de la última década. La marca de Jacknife Lee se hace notar mucho en este sencillo, retrotrayéndonos incluso al “Take the Crown” de Robbie Williams, producido también por él mismo. El puente, dominado por un solo de teclado, deja clara su preeminencia por encima de las guitarras de Saul Davis o Michael Kulas. Pierde impacto el final, en el que el tema se desvanece entre ritmos intrascendentes, conduciéndonos a “Wherever it takes us”, más electrónica y lanzada casi como una proclama desde la comandancia política de su cantante. El estribillo tiene forma de himno y el puente está comandado por un episodio con una voces angelicales en contraste a la garra impresa aquí por la voz principal.

No hay que dejar de lado en esta primera parte del disco a “Recover”, otro de los sencillos previos al lanzamiento del disco el pasado 4 de junio que se abre paso con un ritmo pregrabado y presencia nuevamente de riffs de sintetizador. Un medio tiempo contenido y conmovedor, con un Tim muy convincente y la presencia de Andy Diagram para ensalzar con sus leves toques de trompeta una canción memorable. Una de las más personales del conjunto, donde tratan la pérdida del suegro de Tim Booth a causa de la pandemia con el añadido de vivir este proceso con un océano de por medio.

La segunda parte del disco comienza casi con sonoridades del Bristol de los noventa. “Hush” contiene una intro envolvente y larga que nos va introduciendo en un medio tiempo de nuevo con poderoso estribillo, como queriendo hacernos ver que puede haber cambios sutiles entre estas canciones y las de sus discos anteriores en clave mas rock, pero que la esencia es la misma. De hecho, su carismático bajista Jim Glennie afirmaba que este trabajo le hacía estar “orgulloso y sorprendido a partes iguales”, ya que Jacknife Lee les había llevado a “un nuevo lugar muy emocionante en el que, después de todos estos años, todavía seguimos desafiándonos a nosotros mismos y a nuestros fans”. Ese orgullo por el trabajo bien hecho no es baladí y es que estas canciones gozan de una solidez abrumadora. El propio Booth presentaba el disco con estas palabras: “Con toda la mierda que pasó en 2020, ésta fue una concepción milagrosa y otro gran salto adelante para nosotros. Grabado en una realidad extraña y disipada, es un álbum de verdad, sin relleno y está a la altura de lo mejor de nosotros”. Ahí está la clave. No hay rellenos. Como ocurre con la excelsa balada de “Miss America”. Con los justos ingredientes, pero dando en el clavo, ofreciéndonos una reflexión nuevamente sobre la imagen de EEUU utilizando la alegoría de un concurso de belleza. “Miss America” gana a cada escucha porque sus intenciones son honestas. Da en su justa medida y se hace grande. A continuación son las escobillas acariciando la caja suavemente por parte de su percusionista David Baynton-Power las que abren la potente “Getting myself into”. Una de las más intensas y concisas de todas las canciones escuchadas hasta ahora, que aún con su garra comedida consigue atrapar y mover instintivamente nuestros pies con su ritmo jovial.

La recta final impone ritmo y decisión con “Magic Bus”, que nos deslumbra. Es frenética a la par que elegante. Unos renovados y versátiles James en estado de gracia con un final digno de corear en mil y un festivales. Otra canción casi perfecta es “Isabella”, donde brillan los riffs de guitarra bajo una base contundente. Su oscuridad inicial se torna brillante cuando llega el estribillo y el cielo se abre. Uno de sus mejores sencillos, a la altura de los más reconocibles éxitos de su época dorada, encabezada por discos como “Gold Mother”, “Seven” o “Laid”. Me atrevería a decir que por canciones como ésta James merecen ese lugar destacado en el olimpo del indie-rock británico. Una banda que siempre ha facturado éxitos infalibles, enormes, con estribillos de infarto, pero lamentablemente no entendida por todos. Y es quizá por ese aura de malditismo que nos gustan más.

“XYST” cierra el disco con una base magnética que desprende cierto eco sintético de “The lion sleeps tonight”. Escuchamos un solo de guitarra crudo en mitad del tema, de los pocos del disco. La base es sólida y la voz de Tim vuelve a ser la que conduce un final muy acorde en rítmica, sonoridad y talante con el resto del disco. Un disco colorido, con una pátina magnética, muy procesada, casi ambient por momentos y definitivamente más cerca del pop de masas que del rock británico de los noventa que definió a la banda de Manchester. Pero este viraje de timón les sienta fenomenal y consiguen firmar uno de sus discos más sobresalientes desde su retorno en 2007 (con permiso de “Hey Ma” o “Le Petite Mort”). Una banda que, tras múltiples idas y venidas de sus miembros en la formación, tras casi cuarenta años a sus espaldas y dieciséis discos en su haber, pueda afirmar que su último álbum es uno de sus mejores lanzamientos, es algo inaudito y demuestra el enorme talento de unos músicos brillantes.


Entrevista: Petti

“Mi intención era principalmente hacer un disco que sirviera para hacer pensar a la gente”.

Por: Sendoa Bilbao

Cuando hace años leíamos a Chomsky sobre aquellas estrategias de control masivo que formuló Sylvain Timsit, aún nos creíamos rocines salvajes, capaces de cocear los cimientos del sistema y dar la vuelta a todo esto.  Los preceptos publicados en 2002 describen el pasto aceptado de hoy en el que, no solo cabalgamos dóciles y dopados, sino que hemos acabado felizmente seducidos por la mano que nos da de comer.  Desde nuestras pantallas permitimos el control y análisis de un público cada vez más desorganizado y sin tiempo para pensar, la diversión es controlada por los medios y plataformas, y la audiencia les servimos en bandeja la información sobre nuestros gustos y rutinas, es una realidad sometida por una manipulación que no queremos ver.

“Manipulazio estrategiak” nos presenta esta colección de diez canciones a partir de cada una de las estrategias de manipulación de masas.  Petti ha contestado a estas armas silenciosas con toda la artillería a su alcance: la poesía de Harkatiz Cano adaptada a canción por el propio Petti, una super banda irrepetible y la voz desgarradadora, lacerante, honda de un frontman en primera linea y en su mejor momento. Hace años que un proyecto musical de tanta altura no se ponía en favor de ideas tan prudentes e ilustradas.

“Manipulazio estretrategiak” es el último viaje, el disco del que Petti sin duda , después de 25 años de carrera musical, admite sentirse completamente satisfecho y es que, pone en práctica todos los recursos desarrollados en los discos anteriores y suma distintos métodos, nuevos compañeros de viaje y diferentes sonidos exigiéndose y obteniendo un resultado sorprendente. 

¿Cómo surgió la idea de adaptar las consignas de Chomsky a un disco y cómo es tu acercamiento a este texto?

Petti: A Chomsky lo conocí gracias a un amigo que me recomendó un libro suyo. Después empecé a mirar en internet y descubrí el decálogo de Silvayn Timsit con las diez estrategias de la manipulación mediática, y ahí surgió la idea de hacer un tema con cada una de ellas.

Estas estrategias se dictaron hace ya casi 30 años. Siguen vigentes aunque la sociedad haya cambiado de cuando se escribieron. Son quizá más necesarios estos preceptos hoy en día.

Petti: Supongo que entonces también tendrían su sentido, pero esta claro que ahora son mucho mas evidentes. Al final está demostrado que eso es así; en su tiempo no sé si sería tan evidente la manipulación que sufrimos todos los días.

Quizá incluso el parón y nuestro modo de reaccionar durante la pandemia han puesto estos pensamientos en el punto de mira ¿Crees que a través de la estrategias se puede analizar cómo nos están controlando desde las plataformas de entretenimiento y las redes sociales?

Petti: Claro, no hay mas que ver como anda la policía en estos tiempos. Se aprovechan las crisis, y en este caso la pandemia, para endurecer las leyes, crear nuevas y controlar a la gente hasta el límite. Si hace unos años nos dijeran como íbamos a estar, no nos lo creeríamos.

El disco se iba  presentar en marzo del año pasado y os pillo el encierro pandémico. Conseguiste presentarlo en otoño con banda en el Guggenheim. ¿Cómo fue la experiencia después de estar tocando tú solo un tiempo? ¿Qué tal fue la respuesta del público?

Petti: Pues muy buena y no solo en el Guggenheim. Hemos tocado bastante desde diciembre hasta ahora, y parece que en verano también podremos tocar bastante.

Al final son conciertos diferentes por los aforos, todos sentados… Pero también la gente está con muchas ganas y eso también se nota en la respuesta del público.

Ya habías trabajado en discos anteriores con Harkaitz Cano, ¿Cómo surge la colaboración con él en este proyecto y cómo son los primeros pasos? ¿Él adapta los textos a poesía y tú de vuelta lo trasladas canciones?

Petti: Sí, Harkaitz  ha hecho más de una letra para discos anteriores, y a la hora de empezar con éste, tuve claro que ese trabajo sería para él. Le comenté que quería hacer el disco con las diez estrategias de manipulación, y le di total libertad para hacerlo a su manera. Él es el que se encargó de los textos, yo no escribí nada; me limité a poner la música sobre las letras que hizo Harkaitz Cano.

Harkaitz es un crack y yo sabía que el resultado sería perfecto, como creo que ha sido. Por eso no tuve que preocuparme de nada en ese sentido.

Hay una evolución textual interesante. Las ideas se transforman letra y música de la mano de un poeta, un compositor y una banda. ¿Cada formato tiene sus normas, su métrica y su idioma o en realidad todo es la misma cosa? ¿Cómo ha sido el proceso creativo?

Petti: Él me paso las letras, y luego entre los dos fuimos amoldándolas a las melodías, hasta que vimos que funcionaban. Si faltaba una frase o un verso, yo le pedía que escribiera algo hasta que encajara con la métrica. Nunca había trabajado así anteriormente, porque siempre había partido a hacer los temas con letras ya terminadas y sobre eso componía la música. En este caso ha sido un trabajo compartido, y la verdad es que me facilitó mucho las cosas, porque ha sido un disco a la carta.

Algo que resalta el disco es que aún siendo pensamientos críticos con la sociedad y que apelan a la reacción, adquieren un poder lírico y profundo que suma y calan aún más con los textos de Harkaitz Cano y la a interpretación de tu voz y música. 

Petti: Para esto fueron muy importantes las letras. Al final, yo siempre compongo teniendo la letra primero y no sumándosela a la canción. Los textos solo ya tienen un sentido y una fuerza que es lo que me ha llevado a decantarme por un estilo u otro. No fue fácil elegir, pero al final me dejé llevar por las métricas y el significado de las letras, y creo que el resultado es bastante aceptable. En este caso la canción mas tranquila podría haber sido la mas cañera y la bossa-nova podía haber sido un blues, pero al final según el momento te sale de una manera o de otra.

Es en este disco en el que te has movido por una gama más amplia de estilos. Hay rockandroll, blues, folk e incluso bossa-nova.  ¿Querías salir de la zona de confort o la idea era que también el disco fuera un viaje ecléctico? ¿Cómo ha sido el acercamiento a estos sonidos?

Petti: Pues sí, siempre he pensado que no había que tocar hardcore para decir cosas fuertes o críticas y creo que una canción tranquila puede transmitir mucha mala leche. Aun y todo, en el disco también hay temas rockeros; siempre intento hacer discos variados en los que entran diferentes estilos, como el soul el blues o incluso el country, y en este también podemos encontrar diferentes tiempos y estilos desde el folk de Nick Drake a la música dura australiana.

La primera canción, “Zaldi emozionalak”, tiene un gran poder de evocación. Según mi juicio es una de las canciones más potentes, lo tiene todo: un mensaje bien estructurada y una melodía a la guitarra que abraza el quejido de tu voz grave, dramática y desgarradora. ¿Supone una carta de presentación, es el tema que entronca todo el disco?

Petti: ¡Podría ser! Es un tema eléctrico de medio tiempo, con melodía soulera y la guitarra hiriente de Joseba Irazoki lo lleva a otro terreno, yo diría que hasta suena un poco psicodélica, un poco Screaming Trees.  Se podría decir que es un resumen de lo que nos encontramos en el disco, una mezcla de música acústica y eléctrica con mensaje y crítica.

La estrategia a la que se refiere este tema interpela al espectador: “El público debe mantenerse entretenido siempre en un nivel de los primeros años de primaria, que esté ocupado y sin tiempo para pensar.  Que siempre vuelva a la granja con los demás animales”. ¿Estamos tan amaestrados que no somos conscientes de que comemos de su mano? 

Petti: Estamos tan dopados con el modelo de vida que llevamos que no somos demasiado conscientes de cómo nos obligan a hacer las cosas. Se da por supuesto que tenemos que trabajar, dormir y comer lo que nos meten, sin pensar en las consecuencias que eso puede tener. Las redes sociales, la televisión y la prensa en general están llenas de mensajes engañosos y aunque intentes descifrarlos siempre acabas cayendo en alguno. Creo que para que esto cambie hay que hacerlo de raíz, cambiando el sistema por completo e intentando pensar en la gente y no en el dinero, porque lo que esta claro es que el capitalismo solo funciona para algunos y son los que se encargan de tenernos a todos comiendo de su mano.

En Islandia hace unos años encerraron a mucha de esa gente y el país cambió completamente. Aquí en lugar de hacer eso se vota a los chorizos que te roban y te quitan la casa.  

¿El disco busca instruir, busca una respuesta o es una forma de mostrar que en la música se pueden abarcar otros temas y  apelar a un sentido crítico?

Petti: Mi intención era principalmente hacer un disco que sirviera para hacer pensar a la gente. Ya sé que yo no voy a cambiar la mentalidad de nadie, pero sin intentarlo no me iba a quedar. Escuchamos todos los días mensajes que no aportan nada y solo intentan sedar a la gente para que no moleste y así algunos poder conseguir sus objetivos, que casi siempre son en beneficio propio. Si el disco sirve para que alguien haga algo para cambiar esto, me doy por satisfecho.

Existe otra particularidad debajo de las canciones. Hay casi un lenguaje nuevo y oculto. La experimentación con el sonido vocal os lleva a jugar con dobles sentidos, sílabas que parecen onomatopeyas, risas, siseos y susurros y violines que suenan como si intentasen hablar. Un ejemplo de lo que digo son “Diotenez” y “Ergelen gela”.  ¿Existe un esfuerzo en buscar nuevas maneras de cantar y contar en un intento de expresar más?

Petti: Sí, “Ergelen gela” por ejemplo es un tema muy oscuro y teatral. En ciertos momentos de las canciones, en lugar de cantar recito. Creo que hay cosas que entran mas fácil recitadas que cantadas, y por eso se me ocurrió hacerlo. La instrumentación también es muy importante en ese sentido, la sierra musical por ejemplo expresa dolor cuando hablamos de camisas de fuerza, los triángulos, las guitarras afiladas…Al final todo influye a la hora de expresar y nos preocupamos mucho a la hora de meter esos detalles.

La voz en este disco adquiere otro significado porque está en primer plano, más  aún con otros discos. Incluso en algunas canciones adquiere un sentido cinematográfico o teatral. Tu voz también está en su mejor momento. ¿Cómo y cuánta atención le has dedicado la voz y la interpretación en estas canciones?

Petti: Sí, quería que la voz estuviera muy presente, más que nada por que el mensaje me parece muy importante, por eso está más alta que en cualquier otro disco mío. A la hora de grabar las voces tuvimos mucho cuidado en encontrar el sonido más claro posible para eso me fije mucho en los discos de Bill Callahan, siempre me ha gustado su manera de cantar y su voz claro.

También utilizamos diferentes micrófonos en algunos temas. Hay micros distorsionados que no se aprecian mucho, pero dan un toque mas sucio en ciertos momentos de los temas. Todos esos detalles ayudan a que las voces tengan mucha presencia.

Además de juegos de estilo también he intuido referencias a Nick Drake, Patti Smith, Benito Lertxundi, Micah  P. Hinson,  Gilliam Welch, Lanegan u Ordorika. ¿Están éstas sobre volando el disco?  ¿qué otros mentores o referencias has tenido en mente?

Petti: Pues depende del estilo de cada tema pero siempre tengo en mente a Marc Lanegan, Bill callahan, Nathaniel Rateliff, Tom Waits, Junior Walker…

¿Cómo fue la búsqueda del sonido y qué te llevó a crear esta super banda de auténtico lujo?

Petti: Pues tenía claro que el disco tenía que ser una mezcla de todos mis anteriores discos, mezcla de fuerza y delicadeza. Para eso llamé a la banda de siempre, “Etxeko uzta” (Los hermanos Telletxea y Joseba Irazoki),  y después decidí incluir la sección de cuerdas de Et Incarnatus, las teclas de Juantxo Zeberio, el saxo de Gorka Benitez, la sierra de Raul Garcia, la guitarras y percusión de Angel Unzu y Toño Muro y las voces de Maite Larburu.

Los arreglos de cuerda de Angel y Juantxo fueron los que llevaron los temas a otra dimensión, y aunque fue bastante duro coordinar todo, creo que supimos poner cada cosa en su lugar sin pasarnos. El disco se grabó en dos estudios diferentes, ATALA en Bera con Iñigo Irazoki a los mandos, y BONBERENEA en Tolosa con Carlos Osinaga. En el caso de Bera la grabación fue en directo y en una grabadora de cinta a la vieja usanza, para que los temas eléctricos tuvieran un sonido diferente a los acústicos, y creo que eso se nota en los temas más potentes del disco. Lo que más costó después en la mezcla fue que todo sonara nivelado, los temas con cuerda y los eléctricos; creo que lo conseguimos.

La imagen de la portada también juega con estructuras geométricas donde es difícil saber qué polígonos sujetan a los otros y dónde empieza y acaba la figura. ¿Buscabas estas interferencias de sentidos entre lo unitario y lo colectivo? ¿Cómo elaboraste el diseño del disco con Alain Urrutia?

Petti: La ventaja de trabajar con gente de primera división es que puedes dejar a cada uno hacer lo que quiera con su trabajo. Alain es un fiera, y después de hacer la portada me la pasó, y no hubo mas que hablar. Es perfecta para el mensaje que transmite el disco.

El año pasado comunicaste que éste iba a ser el disco con el que te despedirías. Un trabajo con el que terminar una larga carrera de buenos álbumes y proyectos interesantes. ¿Qué te llevó a tomar esta decisión? ¿Es demasiado duro el coste y el esfuerzo de sacar un disco adelante? 

Petti: Lo que es duro es llevar una vida normal trabajando en esto. Si te dedicas a tiempo completo no te da para vivir dignamente y si lo combinas con otro trabajo no puedes estar centrado en lo que tienes que estar. No solo es ir a tocar conciertos, el trabajo que hay detrás es lo mas duro, hay que ensayar para estar en forma y cuando tocas con gente que tiene diferentes trabajos es muy difícil quedar para preparar discos o conciertos. Yo ahora compagino la música con la carnicería, es lo que toca. Lo que no se es si volveré a grabar otro disco, ahora no es lo que toca. Ya veremos a donde me lleva la vida.

¿La vida de músico es inviable sin tener al menos un segundo trabajo? ¿Euskadin rockanrolla ez du dirua ematen?

Petti: En caso de que tengas diferentes proyectos puedes vivir de la música, pero son muy pocos los que lo pueden hacer, y menos en estos tiempos en los que nadie se acuerda de la cultura hasta que nos encierran en casa. Hasta que los de arriba no nos vean como trabajadores, será muy difícil.

En otras disciplinas artísticas cuando los proyectos tienen un registro y  un calado crítico y artístico obtienen cierto apoyo por fundaciones, becas e instituciones. No pasa lo mismo cuando hablamos de música. ¿Crees que la música es relegada por los estamentos culturales y gubernamentales?

Petti: Bueno, no sé si la música en general o solamente cierta música. Hay músicos que se lo montan muy bien y saben de dónde sacar. Lo que no sé es si son músicos o empresarios que utilizan la música. No hay mas que ver como funciona la SGAE (o mejor dicho, cómo no funciona).

Berri Txarrak, Belako, Sara Zozaya, Izaro… últimamente se ve algo de más de presencia de la música en euskera fuera del circuito euskaldun. ¿Es una quimera? Se habla de territorio multinacional, la riqueza de nuestras comunidades e idiomas, pero es verdaderamente difícil conseguir hacer una gira por España cuando uno canta en euskara ,salir en medios nacionales o incluso tocar en Madrid. 

Petti: Pues sí, es muy difícil porque siempre se mezclan churras con merinas, y al final el que pierde es siempre el pastor. Por suerte gente como Berri txarrak y compañía ayudan mucho en ese sentido, y esperemos que vaya cambiando la cosa. Nadie tiene problema en escuchar a un americano sin saber inglés, pero es diferente si cantas en euskera. Al final, la música transmite sentimientos, y no creo que influya mucho el idioma en que se cante. Yo, por ejemplo, escucho música en castellano sin ningún problema.

Te has mantenido imparable todos estos años, tanto con tus propios proyectos como con colaboraciones, participando en proyectos de otros o en conjunto con Anari, Rafa Rueda, Txuma Murugarren, Barrence Whitfield o Terry Lee Hale entre muchos otros ¿Vas a cerrar la puerta a próximas ideas o colaboraciones que surjan? ¿Seguirás tocando con Balerdi Balerdi? 

Petti: Si, con Balerdi Balerdi seguiré y lo demás ya veremos. Ahora mismo sigo presentando el disco y cuando paremos con esto habrá que decidir qué hacer. 

Con esta presentación no has dejado de tocar y te has prodigado un montón llevando estas canciones a otro tipo de escenarios mientras otros músicos no han tendido esa misma suerte. Aunque haya sido duro y costoso también habrán nacido ideas para proyectos o pensamientos para nuevas canciones. ¿Te has repensado lo dejar la música?¿Hay algo que puedas contarnos o simplemente vas a estar haciéndote a la dura y difícil tarea idea de abandonar la música?

Petti: El año pasado no tenia intención de seguir. Ahora, con otro trabajo, puede que no lo vea todo tan negro, pero aun no lo tengo claro. Puede que empiece otro proyecto que no tenga nada que ver con Petti, pero el tiempo lo dirá. Es difícil decidirse en los tiempos que corren.