Johnny Casino: "Time And Time Again"

Por: Txema Mañeru 

¡Absolutamente anonadado me ha dejado el nuevo disco del australiano Johnny Casino! Ahora mismo me parece el mejor disco de la enorme y muy recomendable discografía, que atesora bajo diferentes pero siempre interesantes y complementarios nombres. Debieras conocerlo ya, pero por si acaso te haremos un breve repaso con algunos momentos culminantes de su trayectoria de tres décadas. En los 90 estuvo al frente de una de las mejores bandas de la música australiana como son Asteroid B-162, con su sonido high-energy Detroit; ya en la pasada década estuvo en el súper-grupo The Egos, junto a gente de The Onyas y The Meanies. Entre medias funcionó desde Estados Unidos como Johnny Casino’s Easy Action. Cuenta también con discos como Johnny Casino & The Secrets y Johnny Casino & Los Secretos, acompañado por músicos españoles, además de Johnny Casino y algunas otras aventuras junto a Carrie Phillis

La gran mayoría de sus trabajos están en el prestigioso sello australiano Off The Hip Records y a mí me gusta, particularmente, “I Am Who I Am, Not Who You Want Me To Be”, del año 2008, por algo más que su fantástico título. De todas formas tienes otra excepcional forma para conocerle mejor, se trata del doble vinilo recopilatorio "Johnny Casino And The Secrets" que sacó Folc Records. 18 de sus mejores temas grabados de nuevo en Sydney para la ocasión que también trae un compacto de regalo con golosas caras B y rarezas. 

Pues bien, este prolífico genio y hombre de la calle llevaba 6 años sin sacar disco nuevo y aquí ha recopilado una magnífica colección de canciones de sus últimos cuatro años y grabadas con diferentes bandas y en diferentes estudios de Sydney, Melbourne y Gandía. “Time And Time Again” está editado otra vez por Folc Records y no tiene desperdicio alguno. 

Comienza con rock’n’roll marca de la casa de guitarras crujientes y guapo piano de Jeremy Craib. Se titula "You’ve still got nothing to say" y canta cojonudamente y le acompaña muy bien en los coros Carrie Phillis. "Shutdown breakdown" suena tan bien que parece una versión de un clásico, pero, al igual que todos los temas, está compuesta por él. Craib se sale ahora con el órgano y el estribillo es una gozada. Ternura total desprende una gran balada como "This Christmas time (She’ll fly away)" con matices psicodélicos entre los Stones de Brian Jones y Love. "La Vila Nova" es un jugoso instrumental junto a Los Secretos, encabezados por el Soul Gestapo Aitor Ochoa que otra vez se hace cargo del diseño como lo hizo con aquel doble LP recopilatorio. Guapos teclados y dobles guitarras y más psicodelia setentera. 

En "No direction home" tenemos caña high-energy con hasta tres guitarras y un estribillo-mantra magnético. El órgano hammond garajero de Craib es una gozada. "Hit the ground running" es oscura y melódica y destaca por su trabajo vocal y de nuevo ese mágico teclado. Mi tema favorito era el titular. Lo tiene todo. Rabia, oscuridad y unos teclados muy The Doors. Luego una armónica (Leandro Tello) entre pub-rock y R&B. He dicho era porque cuando he oído repetidas veces los más de 9 minutos finales de "Tears in a town she calls home" (otro fantástico título y gran letra) me he enamorado de él. Es un estupendo tema lento con guitarras algo Velvet Underground y guapos coros de las hermanas Phillis. Va creciendo el sonido y también la emoción. Como ahora vive por aquí  pronto le tendremos presentando este genial disco...


Fechas de la gira: 

Abril 

1, 16 Toneladas - Valencia 

7, La Gramola - Orihuela 

8, Sala Velvet - Málaga 

12, Ze Premikin Festival - Donosti 

13, Universonoro - Palencia 

14, Beerrock - Aranda De Duro

Lee Perry: el Chuck Berry del reggae

Sala BUT, Madrid. Jueves, 23 de marzo del 2017

Texto y fotografía: Oky Aguirre

Según rezaban los carteles distribuidos por toda la sala BUT, acerca de la absoluta prohibición de encenderse tan siquiera un cigarrillo, estaba claro que la noche prometía. Sobre todo porque íbamos a asistir al concierto de Lee Perry, auténtico pionero de aquello que llaman reggae, siempre ligado a los humos celestiales. 

Desde los años 50, Lee Perry ha sido una de las piedras angulares en el reggae, sobre todo en labores de producción, primero en los míticos Studio One del mafioso Coxsonne Dodd, para más tarde formar su propio sello Upsetter Records, lo que le abriría las puertas al mundo tras firmar un contrato de distribución con el sello inglés Trojan Records, logrando su primer éxito con el álbum de 1969 de Lee Perry & The Upsetters "Return of Django," que se convirtió en un hit en Gran Bretaña. Después de pelearse con todos, decide montar su propio estudio –más bien santuario, que más tarde quemaría al creer que Satán vivía en él- Black Ark, en donde daría forma al fenómeno dub, del que se puede afirmar que es su auténtico creador. Gritos, derrapes, sonidos guturales, sacados de árboles, pajaritos o metales varios…. Ese es Lee Perry. Un simpático abuelo de 81 años que ha producido a Bob Marley & The Wailers –fue el que le dio la bofetada para despertar y dejar de lado aquella faceta soul, ska y doo-woop que Bob amaba, para adentrarse en el mundo de las Positive Vibrations, lo que quedó reflejado en aquellos dos primeros discos producidos por Lee, auténtica actitud rastafari, con el clarificador mensaje de la “Rebel music”. Paul McCartney, Briano Eno, The Clash o Beastie Boys son algunos de los artistas que han pasado por las manitas de Perry, figura posteriormente clave en los sonidos de vanguardia de los 90, como el dancehall y la electrónica, colaborando con U-Roy, Big Youth o Dennis Alcapone

Al igual que en su anterior visita en el Joy Eslava en 2009, Perry apareció lentamente por el pequeño escenario vestido con chaqueta larga de difícil descripción, repleta de referencias a Haile Sellassie, Conquering Lion, Jah Rastafari o Babilonia; al igual que su gorra, a la que en su pasado concierto le salían luces, esta vez eran chapas y espejos. Su figura diminuta se engrandece por las enormes zapatillas y por el rostro del León de Judah que viste su camiseta. Acompañado por unos excelentes músicos, cómplices desde el primer momento, haciendo predominar esos graves tan característicos del dub, se vio que el concierto iba a ir por los caminos del reggae-roots más primitivo, aquél que Perry denominó como el “heartbeat”, que no es más que el sonido de tu corazón trasladado a la sección rítmica, lo que encajaba perfectamente con el latir de una sala abarrotada, quizás más expectante por ver en persona a His Majesty Perry (parece la viva imagen de Haile Sellassie) que por escuchar su selecta música. No había hecho más que empezar el segundo tema cuando el que podría ser nuestro abuelo decidió hacer magia, sacando del bolsillo interior un enorme “joint” que se encendió sin reparo alguno. Fue el inicio de la ceremonia que estaba por llegar. Para ello, se encargó de parar el concierto después de que un inconsciente miembro de la organización apareciese en el escenario ordenándole apagar lo que para Perry es como el oxígeno –no me habría gustado estar en el pellejo de ese tipo-. Lo que pasó en las casi dos horas siguientes fue toda una celebración al reggae, en las que Perry alternaba speachs con su incomprensible inglés jamaiquino -algo así como un dialecto marciano- abarcando un repertorio con temas de todas sus épocas, Marley y “Upsetters” incluidos, por lo que a veces te daba la sensación de estar escuchando la misma canción, enseguida diluida por las dotes de Perry como improvisador: ¡¡Soy el Anticristo!! gritaba mientras un gran crucifijo asomaba en su mano durante todo el concierto; ¡¡Ganjah Live!! vociferaba mientras pasaba el canuto a un público entregado, cigarrillo de la risa que anteriormente había sido consagrado ante la vista de todos, responsables de la sala incluidos. 

Y así, entre canción y canción, risotada tras risotada, fueron dos veces las que Perry tuvo que aparecer para entregarnos dos bises gloriosos, tras los gritos de un público parecido al de AC/DC en cuanto a fervor se refiere. Lo que en un principio parecía iba a ser un concierto más de una vieja gloria, lleno de achaques y mala hostia, en una sala inconcebible para menesteres como el reggae, se transformó en algo inolvidable que no se volverá a repetir. Sobre todo en una sala como el BUT, en la que aún hoy deben estar ventilando. 

Haciendo un juego de palabras y aprovechando la muerte de Chuck Berry, se podría decir que Lee Perry es Chuck Berry. Unos de los Reyes, Padres y Pioneros del Reggae. Si “Johnny. B. Goode” es el himno del rock´n´roll, temas como “Sun is shining”, “Small Axe, “Duppy Conqueror” o “400 Years” forman parte del repertorio esencial de este género sacado de las raíces. Y los que estuvimos allí podremos decir, cuando veamos su obituario: ¡¡Yo vi a Lee Perry!!!

Chuck Prophet: "Bobby Fuller Died For Your Sins"

Por: Alejandro Guimerà 

Bobby Fuller fue un cantautor y guitarrista americano que fue hallado muerto en su coche por motivos desconocidos allá por el año 1966, justo meses después de que su banda The Bobby Fuller Four alcanzara el éxito con una versión de "I Faught The Law" de Sonny Curtis (tema también popularizado años más tarde por los Clash). Y es esta doble cara de la vida californiana la que precisamente ha inspirado a Chuck Prophet en el que es su catorceaba entrega discográfica. Esa fugaz gloria del éxito que contrasta con la crudeza del destino, el romanticismo del sueño americano junto con la crónica negra del estado soleado, y el símil del final del músico con el perecimiento de Cristo.

Con lo nuevo, "el profeta" vuelve a demostrarse el porqué es uno de los grandes a reivindicar de los últimos tiempos. Si bien nunca ha alcanzado la notoriedad de otros cantautores americanos parejos en talento (Tom Petty, Jeff Tweedy, Lucinda Williams, Bruce Springsteen...) sí que su carrera está plagada de logros y aciertos. Podemos debatir si lo último se encuentra o no entre lo mejor de su historial - maravillosos "Temple Beautiful" (2012) y "Night Surfer" (2014) -, pero en ningún caso podemos menospreciarlo lo más mínimo, pues en el nuevo elepé encontramos momentos brillantes con esas historias que tan bien sabe captar el de San Francisco.

El disco en cuestión fue registrado y remezclado en Hyde Street Studio de San Francisco, lugar en el que el bardo realizó sus primeras grabaciones estando en el instituto. Para ello le ha acompañado la banda The Mission Express, quien también estará presente en la gira de presentación, con su esposa Stephanie Finch (voces, teclados, guitarra), Kevin White (bajo), Vicente Rodriguez (voces y batería) y James DePrato (guitarra). Desde la que titula el disco con su percusión y estribillo pegadizos, al soul urbano de "We Got Up And Played", al blues "Coming Out In Code" por la que mataría Jack White, o el áurea y los riffs de "Killing Machine" vemos cómo la cosa funciona.

Lo confirman  “Bad Year For Rock and Roll” en la que realiza homenaje al malogrado David Bowie tomando mucho del sonido de Elliott Murphy; la irreverente "Jesus Was A Social Drinker" que blasfema a base de percusión cow-bell y final psicodélico; el psico-rockabilly de "In The Mausoleum (For Alan vega)"; o los aromas sixties de "Post-War Cinematic Dead Man Blues", con la guitarra marca de la casa. Aunque me decanto por el vitalismo de "Rider Or The Train" que recuerda mucho al mejor Steve Earle. En cambio "If I Was Connie Britton" a quien recuerda es a los Rolling Stones, por sus rasgueos y chulería. Para el final “Alex Nieto”, una ruidosa canción protesta dedicada a un activista latino brutalmente asesinado por la policía de San Francisco - "un buen hombre que debería de estar vivo" en palabras de Chuck -.

De nuevo, una fabulosa colección de píldoras rock a cargo de este portento llamado Chuck Prophet que vuelve a hacer sencillo lo difícil, a encandilarnos con sus historias y guitarrazos, y a demostrar que la grandeza no siempre va acompañada de la fama. 

Entrevista: Revólver

Nada me va a hacer “volver al sótano” porque estoy en el mejor momento de mi vida 

Por: Javier Capapé

Carlos Goñi nos atendió escasas horas antes de su concierto en la zaragozana Sala Oasis. Durante la distendida charla nos acercamos a muchas de las canciones de su último disco “Capitol”, un álbum acústico en sonido, pero muy incisivo, como nos tiene acostumbrados su autor, a la vez que muy personal y acertadísimo. Además de esto navegamos en sus últimas subidas y bajadas así como en su recién estrenada independencia o en su visión de la industria musical.

Buenas tardes Carlos. Lo primero de todo, felicidades por tu nuevo álbum. Voy a empezar preguntándote por qué eliges el hotel Capitol y la Gran Vía madrileña para inspirarte en el disco. 

Carlos Goñi: En realidad fue una cuestión logística más que otra cosa. Estos últimos tres años he tenido que pasar mucho tiempo en Madrid por motivos de trabajo y personales y normalmente paso temporadas en esta ciudad como centro de operaciones. En una de estas veces voy a este hotel, me fascina y desde entonces cada vez que tengo que ir a Madrid me quedo en el hotel Capitol. Hasta que llega un momento que me encuentro tan a gusto en el hotel que empiezo a escribir y empiezo a pasar más tiempo en él, resultándome de lo más evocador e inspirador por la ubicación que tiene, por lo que significa para mí Gran Vía, etc.

¿Y es verdad que es un disco más “hacia adentro”? 

Carlos Goñi: Si, es verdad. “Babilonia”era un disco muy “hacia fuera”, hacia el exterior y con más crítica y denuncia, pero en éste, aunque también haya algo de denuncia, no grito, por decirlo de alguna manera. Evidentemente “Cerraré los ojos” no es irónica, pero podría haberla escrito de otra manera y sin embargo no es así. Me resultaba muy importante mantener la inocencia del chaval protagonista cuando podría haberla escrito bajo el prisma de la madre o desde fuera contando lo que estaba pasando y cargar tintas… y sin embargo no lo hice, no era la idea.

En “Premios y Cicatrices” sí que veo introspección, veo que son tus subidas y bajadas. Es muy personal, no tan “hacia fuera”. 

Carlos Goñi: Es que han sido tres años así, con unas subidas y unas bajadas de una montaña rusa brutal. Cierto es que en “Babilonia” estaba la canción más devastadora que he escrito en mi vida, que es “Teamotemor”. Nunca había escrito nada así y espero no volver a hacerlo de esa manera porque esa canción me dolió la vida y sin embargo aquí, en “Premios y Cicatrices” hay mucha ironía por todos los lados, que es algo que llevo años persiguiendo porque yo soy muy, muy irónico.

Y sin embargo parece lo contrario, que tengas una fachada más seria. 

Carlos Goñi: Sí, esto era algo que me apetecía pero ha tenido mucho que ver con una “salida del sótano”, como digo yo últimamente. Escapaba de un sótano donde he estado cuarenta años metido. He tenido la fortuna de conocer a personas importantes durante estos últimos dos años especialmente que me han mostrado cosas de mi vida que no me han gustado. Hasta que una mañana me levanté, cogí la mochila, la puse encima de la mesa y empecé a desechar todo lo que no era mío. Me puse a repartir culpas, a devolvérselas a sus dueños.

¿Y eso es entonces “Perdí lo que no tuve”? 

Carlos Goñi: No necesariamente. A partir de hacer esto lo que hago es retocar canciones. No hay ninguna canción específica que hable de esto, pero sí que es verdad que este álbum está escrito a medio camino entre sacar la cabeza del sótano, quedarse mirando y decir: “hostia, ¡qué bien se está!”. 

Por lo tanto hay mucho optimismo también. ¿De ahí la ironía del principio con “Más tequila”?

Carlos Goñi: Sí, sí, sí. “Más tequila” es una fiesta porque desde la habitación donde estaba en el hotel Capitol veía en el edificio de enfrente un ático impresionante y siempre pensaba que se tenían que montar unas fiestas tremendas. Un día me monté una fiesta imaginaria pensando en qué tipo de gente iba a estar ahí. Yo soy el que digo en el tema: “cariño, dame otro tequila que no soporto esto”.

¿Con esta canción criticas a tu manera las tendencias sociales que se llevan ahora? 

Carlos Goñi: Con “Más tequila” voy haciendo amigos (risas). Al final creo que yo no soy quien para decir qué es importante y qué no lo es. En todo caso lo único que puedo hacer es limitarme a reírme de ciertas cosas pero siempre bajo mi punto de vista, más con ironía que con otra cosa. Lo que sí que detecto es que estamos en un momento donde hay más “wanna be” que “be”. Mucho más “yo voy a ser, yo voy a ser…”, que “yo soy”.

En cuanto a sonido este disco es bastante más acústico, ¿un contraste de manera intencionada con el anterior? Por ejemplo, yo destaco “Mustang Shelby”, que tiene mucha garra, pero en la justa medida, ¿no? 

Carlos Goñi: Es acústico porque el sello que quería de producción era ese. Era imprescindible que fuera muy acústico. Hay una cosa que suele ocurrirme y por eso me pongo un poco a la defensiva cuando alguien me dice: “Es que Revólver siempre suena igual…” Y yo digo: “¿En serio? No, lo siento pero no”. Revólver nunca suena igual. Eso es algo que de hecho no ha ido en mi beneficio de cara al exterior.

Es que ni siquiera los tres “Básicos” han sonado igual, incluso tienen distintas formas de afrontar su ejecución. 

Carlos Goñi: No, es que yo me aburro. No puedo hacer los discos iguales. En este además he cambiado hasta la manera de cantar, bueno más bien he aprendido a cantar con más registros que aquí he podido utilizar. Cantar más cerca, mucho más grave, que es una cosa que me gusta y he tardado muchos años en aprender a hacer y que en este álbum he utilizado en muchas canciones como en “Cerraré los ojos” o “Magnolia Lane” que creo que se necesitan cantar así.

Hablabas al comenzar de “Cerraré los ojos”, una canción tremenda que te deja paralizado. ¿Cómo te decides a escribir un tema así? 

Carlos Goñi: Hace unos años un amigo director de cine me pidió que le hiciera una canción para una peli que se llamaba “Cerraré los ojos” y yo escribo esta canción con guitarra y voz y una letra que no era exactamente así para utilizarla en la misma. Durante años la hago en algún concierto, nada extraordinario. Pero en este álbum recupero esta canción y “Ángeles de alas sucias” y entran de cabeza. Es como si en otros álbumes y repertorios no funcionaran, hasta que en éste consiguieron hacerse el hueco que necesitaban. Con “Cerraré los ojos” lo que hice fue llevármela a un terreno musical más al estilo Ry Cooder, meterle unos coros a la altura de la canción, con una ambiente mucho más americano, más fronterizo y he quedado muy satisfecho. Además la batería de Ángel Celada es maravillosa, de todo el disco en realidad, pero en este tema creo que Ángel da una masterclass de cómo tocar una batería.

Otra de las canciones que me ha descolocado es “Frío en Madrid” y quería preguntarte por su significado. ¿Cuánto hay de pérdida o de dejar atrás algo que se desea? 

Carlos Goñi: Yo puedo explicar lo que quería decir con esa canción, pero la realidad es que en el sentimiento que le transmite a cada uno yo no pinto nada, porque a cada uno le traspasa la piel de una manera. Yo no tengo derecho a decirle a alguien si se está equivocando con lo que le hace sentir, lo único que puedo decir es cómo la hice y esta canción es más simple que todo eso que me comentas. Para mí esta canción es el reflejo de dos fotografías o postales. Una era la fotografía de Madrid un día de invierno lloviendo en el asiento de atrás de un taxi. Si suena esta canción veo eso, y también veo otra postal, la del reflejo del primer paseo de una pareja de críos por Madrid solos, una pareja de quince años donde las calles son Hollywood, el metro es una limusina y la ciudad es suya, con todo por delante. Luego llega la noche y cada uno se va a su casa y los gorros de lana eran gorros y las luces de Broadway eran farolas, pero durante un rato estaban en Broadway, iban en una limusina y eran los reyes.

Últimamente se lleva mucho este estilo de “folk americana”, que a mí me encanta. Lo hemos visto en “Delta” de M Clan, en los últimos discos de Quique González… pero se puede decir que tú ¿te alejas más de estos cánones o más bien lo llevas haciendo toda la vida? 

Carlos Goñi: Yo creo que llevo haciendo esto desde “El Dorado” mínimo. Y si le metes piano de arriba abajo a “Si no hubiera que correr” podría decirse que lo llevo haciendo desde ahí, con lo cual… Yo tenía la sensación de estar llevando un sonido en una misma dirección musical desde hacía bastantes años y sentía que había pegado una patada y abierto cierta puerta en España, pero que el rédito se lo estaban llevando otros. Entonces, hablando de esto con mi ingeniero de sonido Matheu Sena me dijo lo siguiente: “Esto es verdad, pero la culpa es tuya porque no eres capaz de aguantar dos discos haciendo lo mismo. Muchos otros sin embargo hacen un disco y continúan en esa línea, pero tú no puedes pretender hacer un disco que suene muy americano como es “Calle Mayor”, que es puro Neil Young, o “El Dorado”, que es más Springsteen, y luego de repente traerte a doce irlandeses para grabar el segundo “Básico”. Luego te haces “Sur”, que no sé muy bien lo que es pero que tiene hasta un fado. Lo mismo ocurre con “Argán” o “21 Gramos”, que son todo cuerdas, o “Mestizo”, que es un cacharrazo de hard rock. Tío, ¡¡si eres tú el que va cambiando, el que va despistando!!”. Pero claro, para mí es inconcebible hacer dos discos iguales.

Esto me hace volver a “Perdí lo que no tuve”, pero no por la temática sino por el uso de la guitarra española, poco común en tus discos, siendo casi una “canción de autor”. 

Carlos Goñi: Sí, es curiosísimo lo de esa canción. De hecho la llegué a grabar con todo, percusión, bajo, teclados, más guitarras… y no me gustó nada. Y me dije: “vamos a volver al principio. Vamos a hacerla al revés”. A la hora de mezclarla, en lugar de empezar cogiendo todo, decidimos hacerlo con la guitarra y la voz, nada más. Y el ingeniero se quedó mirándome y nos dijimos: “así es”. Sin más.

Y hablando del proceso de mezcla con esta canción me voy al tema de la producción. ¿Cómo afrontas el disco en este sentido? 

Carlos Goñi: Una de las premisas que tenía a nivel de producción era cambiar esa costumbre de empezar grabando la base de bajo, batería y demás como guía para la voz y las guitarras. Se empieza grabando una guía simple de guitarra y voz para luego añadir el bajo y la batería que te sirvan de base. Y aquí no lo hicimos así. Tenía las velocidades muy claras y planteaba algún tipo de loop o muestras de batería que podían hacerme la función de guía para poder tocar la guitarra acústica y así lo primero que se grabó en este disco fue la voz y la acústica. A partir de ahí íbamos metiendo todo lo demás porque de lo que se trataba era que ningún instrumento se pudiese comer en ningún momento a la voz y a la guitarra acústica. Esa era la premisa, la voz tenía que estar en primer plano y lo demás de aquí para atrás. Eso no suele ser habitual. Claro, cualquier músico no es capaz de tocar estas cosas. Tenían que ser músicos un poco más específicos por concepto de sonido, con un control de la dinámica monumental. En fin, una serie de cosas técnicas que hacen que efectivamente “Capitol” sea diferente.

Cuéntame de “Sacristán de Sacristanes”. ¿Es un homenaje al cine o solamente a Sacristán?

Carlos Goñi: Efectivamente hay aquí una cuestión interesante. Es homenaje primero a Sacristán porque me parece uno de los grandes actores de la historia de este país. Por cosas de la vida creo que es el último de los grandes, porque estaban Agustín González, Alfredo Landa, José Luis López Vázquez, Fernando Fernán Gómez, Manuel Alexandre… y ¿quién queda? Sólo queda Sacristán. Ocurre que por mi edad representa una serie de roles en algunas películas de la transición que me muestran cómo puede ser el español moderno claramente europeo y liberal. José Sacristán representó tres o cuatro personajes que yo no veía por la calle como en “Asignatura pendiente” o “Solos en la madrugada”. Hablaba de una manera y decía unas cosas que te hacían ver en él a alguien único. Yo pensaba que así es como íbamos a ser porque en España no veía gente así. A partir de ahí sigo su carrera porque me gusta mucho como actor y a la vez sigo su carrera como persona, su crecimiento personal, y me constata que es uno de los mejores actores de nuestro país y como persona me parece uno de los tipos más coherentes y cabales que he escuchado en mi vida. Se junta todo y escribo esta canción que es muy importante para mí.

¿Y por “Sin Barcelona” te están preguntando? Parece que hagas referencia al independentismo, aunque tú la defines como una canción de amor. 

Carlos Goñi: Es que lo es. Total. Lo bueno que tiene es que es una canción de amor como tal y esto es incontestable, independientemente de la ideología que uno tenga. Me han preguntado por la reacción que ha tenido esta canción cuando la he tocado en Barcelona y claro, ¿qué me va a decir alguien que sea muy nacionalista? No puede decir nada. Y cuando la he tocado allí, de alguna manera estoy diciendo: “no quiero que os vayáis por todo esto que os digo aquí”. Es como si en una pareja el uno le dice al otro: “no quiero que te vayas porque me gusta estar contigo”. Éste es el asunto. Es que estoy hasta las narices de escuchar opiniones sobre si se puede o no hacer una consulta ciudadana, que si la Constitución lo contempla o no… puedo estar de acuerdo o en contra, pero hasta ahora no he oído a una sola persona decir: “es que me gusta compartir con vosotros, es que si os vais me voy a quedar cojo”.

Pero claro, al tratar muchas veces temas políticos y sociales en tus canciones, llega ésta y parece que haya una intencionalidad detrás. 

Carlos Goñi: Nadie, ni una sola persona me ha hecho ni un solo comentario político al escuchar esta canción, ni público, ni medios, nadie. Y todo el mundo sin embargo ha preguntado por ella, pero nunca con ese sentido. Porque es lo que te digo, va más allá de la ideología. Es simplemente decir que quiero que sigamos compartiendo espacio y me gusta sentir que cuando voy por Cataluña estoy en mi casa, me siento bien allí y me gusta compartir apellido. Nadie me lo puede discutir, para eso habría que decirme: “es que no quiero compartirlo contigo, Goñi”. Me lo puedes decir, pero nada más.

¿Cómo llevas tu etapa de independencia de Warner? Porque tu compañía es algo que siempre has defendido, pero ahora te decides a dar el salto a la independencia, a algo más pequeño y propio. 

Carlos Goñi: Bueno, ¡¡la suerte que he tenido con este cambio!! Bastante más apoyo, más proyección, más promoción, más de todo. Ha sido un crecimiento que no me esperaba. Mi vértigo y mi miedo era decir: “¿Y ahora cuando me vaya, qué va a pasar; a ver si va a hacer mucho frío?” Y salgo y tengo acceso a programas de radio muchísimo más importantes, una mayor cercanía con los medios, muchísima más calidad en las entrevistas… ¡¡estoy flipando!!

Es que parece que los medios generalistas estén desvirtuando la música, como ocurre en famosos canales de radio, y sin embargo buscando la independencia y otros canales más pequeños, hay mucha más salida. 

Carlos Goñi: No, pero yo te estoy hablando inclusive de programas de radio muy gordos, de los que se supone que no puedes ir salvo que seas el presidente de Gobierno. Programas que he estado pidiendo durante años y no los he podido hacer. Y de repente, me voy de Warner y me entrevista Isabel Gemio, con una audiencia enorme, y una entrevista divina, por cierto. He estado con Carlos Herrera, voy a estar con Francino, con Pepa Fernández… ¿Y la calidad de las entrevistas? Incisivas, inteligentes… que puedo asegurarte que hay un nivel mucho mayor desde que he sacado este álbum. No sé exactamente por qué, pero es algo que me está pasando. Además a mí me encanta estar de promoción porque me gusta la charla y la disfruto mucho.

¿Y la acogida en directo del disco, cómo está funcionando tras los conciertos de Barcelona, Valencia, Alicante y Bilbao, antes de éste en Zaragoza? 

Carlos Goñi: La verdad es que muy bien. De este disco estoy haciendo en el repertorio ocho temas, algo que no hacía desde “El Dorado” y está siendo maravilloso.

¿Qué cambios ha tenido la formación actual de Revólver en directo? 

Carlos Goñi: Con este disco quería más sonoridad. He hecho dos giras enteras en formato trío y me lo he pasado tremendamente bien y seguramente volveré al trío en algún momento, pero ahora mismo estoy disfrutando muchísimo de la banda que tengo. Siempre he tenido la fortuna de trabajar con bandas extraordinarias, grandes músicos con los que compartir escenario, pero ésta es técnicamente la mejor banda que he tenido nunca. Josué Santos es el teclista y saxofonista, que ha sido el director musical de Luz Casal hasta hace nada. La otra incorporación es Carlos Sánchez a la batería, que es otro músico que ha tocado con medio planeta y está aportando una manera de tocar distinta, con un concepto muy diferente. Y mi mano derecha, Manuel Bagüés, el bajista que lleva conmigo tocando ocho o nueve años, es la seguridad de saber que va a sonar todo en su sitio teniéndole al lado. Todos están aportando muchas cosas y hacen que suene distinto.

Últimamente me llama la atención y me molesta mucho que la gente se acuerde de los músicos cuando las cosas van mal, concretamente con el tema del cáncer de Pau Donés. Ahora sale en todos los medios, hablan de él… pero es que parece que la música se haya convertido en algo “de segunda” y únicamente sale a la palestra cuando muere Bowie o pasan estas otras cosas. 

Carlos Goñi: Pero es que este país es así. La música es “de segunda” y el concepto de ser un músico en España en los últimos años está difícil. Yo creo que la culpa de esto la tiene la industria, que cometió un suicidio monumental cuando decidió que quería vender muchísimos discos y quiso colocarlos al lado de los paquetes de azúcar o pañales. O fue eso o es que perdió esa magia del acto de comprar un disco. Para mí ir a comprar un disco era la bomba, estaba toda la semana esperando que llegase el sábado por la mañana para ir a la tienda de discos, escuchar diez o doce y llevarme uno porque no tenía dinero para más. Tener un disco hoy en día es una estupidez, le das a un botón y lo tienes. Miento, no tienes el disco, tienes le sonido de las canciones. La industria lo hizo muy mal porque no puedes empaquetar los discos como si fuesen magdalenas. No puedes seguir pidiendo lo mismo por un disco que está estupendamente trabajado, con un montón de gente involucrada en ello para que eso quede lo más bonito posible, que por una “galleta” que la metes dentro de un cacho de plástico y ¡¡a volar!! Yo no voy a volver a sacar ni un solo CD en el formato Jewel Box, es una de las cosas que tuve clarísimo cuando me fui de Warner. ¡Se acabó! No me gustó el primer día y no me gusta hoy. Creo que deberíamos de intentar conseguir otra vez que la persona que se gasta la pasta en un disco se sienta orgullosa del disco que ha comprado, del contenido y también del continente como tal y al continente con los años se le ha ido dando menos valor y tenemos que conseguir que nos vuelva a gustar “esa cosa”, las canciones de dentro y “esa cosa”.

He leído que cierras un ciclo con “Argán”, “Babilonia” y “Capitol”. Yo veo grandes diferencias con “Argán”, pero ¿es posible que se cierre este ciclo tras cumplir veinte años de carrera en 2010 y que desde entonces haya empezado algo nuevo? 

Carlos Goñi: Más que con “Argán” el ciclo lo cerraría con “Enjoy”. Hay algo que se cierra en ese disco y se abre otro con “Babilonia”. Lo que pasa es que “Babilonia” es el último disco que hago con Warner y entonces dejo una serie de cosas que hacen que mi vida vuelva a dar un vuelco. Después de que ya me hubiera dado un vuelco por completo hace tres años, con todo esto me vuelve a dar otro importante. Ten en cuenta que con Warner he estado 27 años. Todo esto hace que me reubique en la dirección correcta. Como tenga que dejar algo más ahora mismo, sólo me queda dejarme a mí mismo. Ahora tengo la fortuna de tener detrás un equipazo de gente. Siempre he tenido la teoría de que soy el responsable de cada uno de mis fracasos, sin duda alguna, pero los éxitos siempre están compartidos porque tienen que llevar detrás a una serie de personas que hayan hecho su trabajo muy bien para que eso funcione, y en el momento en que una no lo haga, eso ya no funciona. Y si hay una que no lo hace es culpa mía porque yo soy el que las elijo. Y ahora mismo, curiosamente, estreno mi independencia y no me he sentido más cuidado, más querido ni más mimado jamás. Yo salgo de gira ahora mismo y tengo a Óscar, mi manager, que se ocupa de que todo esté perfecto. También cuento con mi ingeniero Matheu Sena, mi persona de confianza para todo, la cabeza pensante con el que decido todo a nivel musical. Es que todo el mundo hace su trabajo de una manera divina. Aunque pueda sonar hortera, estoy rodeado de amor por todos los sitios y te aseguro que es lo más grande que te puede pasar como persona. Sólo veo cariño a mi alrededor y yo así trabajo al 150%.

Y entonces esa ruptura personal que me comentabas al principio, esa “salida del sótano” se junta con todo esto y aparece un nuevo Carlos, supongo. 

Carlos Goñi: Lo soy. Ya no volveré al sótano jamás en mi vida. Esto no lo dejo, nada me va a hacer volver al sótano. Me da igual lo que sea. No; porque estoy en el mejor momento de mi vida a todos los niveles con muchísima diferencia.

Entonces si no “vuelves al sótano” y el disco decíamos que era “hacia adentro”, ¿lo que venga ahora será “hacia afuera”? 

Carlos Goñi: Se supone. No lo sé. Ya veremos lo que me depara la vida. Últimamente vengo planteando que los discos son mismos capítulos de un libro. Este capítulo es así, ya veremos cómo es el próximo.

Me gustaría comentarte, a modo de anécdota, que yo te vi en directo por primera vez con catorce años, en la gira del “Básico”. Me dejaste con la boca abierta porque no tenía nada que ver con el disco, era todo “tralla”, nada acústico. Esa gira fue lo contrario a lo que presentabas en el disco. ¿Cómo va a ser entonces lo que veamos esta noche? ¿También vas a sacar la garra eléctrica para presentarnos un disco acústico? 

Carlos Goñi: Efectivamente lo voy a llevar a ese lado eléctrico. Es que soy incapaz de ejecutarlo exactamente igual que en el disco. A “Frío en Madrid” por ejemplo, le di todas las vueltas del mundo para ver cómo la presentaba en directo y se ha transformado. Y como esa todas en general. Porque una cosa es el directo y otra muy distinta son los discos. Además yo no me planteo los discos pensando en qué va a pasar después en directo. Los discos los hago como los quiero hacer y luego preparando los directos trato de solucionar los problemas que se me plantean al llevar eso al escenario con los músicos de los que dispongo, y en base a eso es como monto el repertorio. No hay más misterio.

Bueno Carlos, muchísimas gracias por atendernos con esta cercanía. Ha sido un auténtico placer. Tengo muchas ganas de verte dentro de unas horas en concierto porque hace mucho que no lo hago. 

Carlos Goñi: Lo vas a disfrutar seguro porque esta vez la banda suena genial. Muy agradecido a vosotros también por la crítica del disco porque habéis dado en el clavo llevándolo hasta “Calle Mayor”. Es cierto que hace tiempo que no entro en esa pose de que el último disco es el mejor, pero es verdad que gente como Cristina Narea, que lleva trabajando conmigo desde el primer “Básico”, cuando acabó el álbum me dijo: “Carlos, esta es la mejor colección de canciones que tienes desde “Calle Mayor”, pero con mucha diferencia”. Está siendo muy celebrado por todo el mundo. De los últimos quince años es fácilmente el álbum que mejores críticas está obteniendo en líneas generales y eso me hace feliz. Me lo he pasado muy bien grabándolo, he disfrutado mucho con el sonido de las guitarras porque me parece que hemos ido un pasito más allá y hay una cosa que la digo con todo el orgullo del mundo, aunque pueda parecer prepotente, y es que tengo claro que más allá de que Revólver guste o no, los discos de Revólver suenan muy por encima de la media. Y a eso le sumo que el sonido de las guitarras acústicas de este disco es sublime. Trabajamos e investigamos mucho sobre cómo grabar esto para que sonase así porque parece que estemos tocando dentro del oído, y eso es mucho, mucho trabajo. Nos vemos en el concierto. Hasta la próxima.


Jesca Hoop: "Memories Are Now"

Por: Sandra Sánchez

Varios discos a sus espaldas tiene ya la cantante y compositora californiana, quien iniciara su contacto con la música de la mano de Tom Waits (fue niñera de sus hijos) y sin embargo quizá es más conocida hasta ahora por sus colaboraciones que por su propio trabajo. El año pasado publicó junto a Sam Beam (Iron & Wine) "Love letter for fire", cuyo éxito ha propiciado la creación y publicación de este nuevo disco propio, en el que da a conocer su universo interior, que es muy rico. 

 Estamos ante un disco extraño, entendiendo por extraño nada convencional, que incluye registros muy diversos y que no tiene un hilo conductor claro. Sí podemos definirlo como minimalista, ligero, que crea ambientes etéreos para a continuación cambiar de tercio y tirar de potencia. El orden de las canciones es muy acertado, precisamente por esto, porque la siguiente rompe la atmósfera de la anterior y presenta algo inesperado, nuevo. 

 El tema más redondo es el que da título al disco, "Memories are now", una llamada de atención sobre el aquí y el ahora, cómo debemos ser cuidadosos a la hora de elegir lo que hacemos y cómo vivimos, ya que estamos forjando nuestros futuros recuerdos. A este pensamiento se unen otros a lo largo del álbum, como la crítica al mundo virtual en que vivimos, en "Cut Connection" ("I don´t waste my breath, don´t waste my time. Cut connection") o la pérdida de valores de la sociedad actual, la religión y la necesidad de pasar a la acción para mejorar las cosas en "The Coming", el cierre del disco, al que acompaña una inquietante y casi apocalíptica melodía. 

Hay espacio para la delicadeza, en el sencillo punteo de guitarra al inicio de "Pegasi", balada folk de gran sensibilidad y para los juegos de voz de Hoop, que bajo distintas bases de melodías pulsadas (golpes, latidos...) da rienda suelta a su garganta consiguiendo preciosos efectos. Un disco, en definitiva, muy personal, lleno de interesantes metáforas y producido por el jovencísimo músico californiano Blake Mills, que ha entendido a la perfección el mundo de Jesca, lo que quería contar y cantar en él.

Minus the Bear: "Void"

Por: Txema Mañeru 

 La verdad es que un servidor había dado ya por desaparecido a este buen grupo de Seattle pues no habían editado disco nuevo desde hace más de un lustro. Yo les perdí la pista en 2010 con su sexto y buen trabajo, “Omni”. El rock alternativo con vestigios hardcore de Minus The Bear siempre ha sido difícil de catalogar. Al mismo tiempo han sido una banda muy querida aquí y que nos ha visitado con mucha frecuencia. 

 En la primera década de este siglo les hicieron un interesante disco de remezclas titulado “Interpretaciones del Oso” en el que participaban bandas como Battles, Alias, Plan B, P.O.S. o Fog, entre otras. Al frente siguen el cantante Jake Snider que también pone guitarras al igual que David Knudson. En este nuevo disco tienen también mucho peso los teclados de Alex Rose. Asimismo la producción del prestigioso Sam Bell, que ha trabajado con grupos tan dispares, pero con calidad, como Weezer o Bloc Party, tiene una gran trascendencia en el sonido global. 

“Void” (Suicide Squeeze / Popstock!) comienza con la preciosa melodía y los flamantes arreglos de "Last kiss", un tema que tiene un magnífico puente melódico en el estribillo y que seguro que será un futuro single. "Call the cops" es una preciosa y tierna melodía envuelta con unas guitarras llenas de delicadeza. El single de adelanto es "Invisible" y vuelve a contar con potentes y poderosas guitarras al frente. En otros temas como "Tame beasts" o ciertos momentos intermedios de "Robotic hearts" tienen más presencia los frondosos y psicodélicos teclados de Rose

El buen trabajo de producción destaca en un tema lento como "What about the boat?"  también con cuidadas voces. Para el final dejan otro momento relajado y preciosista como la luminosa y melódica "Lighthouse". Por momentos podrá notarse que crecieron influidos por bandas como The Sea And Cake, Polvo, Spoon, Fugazi, Cursive o por las guitarras entrelazadas de Television (se aprecian muy bien en la citada "Lighthouse"), pero hace tiempo que tienen una clara y buena personalidad propia. ¡Buen e inesperado regreso que contentará a sus abundantes fans por estas tierras!

Alejandro Escovedo, vendaval de rock

Kafe Antzokia, Bilbao. Martes, 21 de marzo del 2017

Por: Kepa Arbizu
Fotografías: Lore Mentxakatorre

¿Se puede ser una estrella del rock ‘n’ roll sin que tus giras se definan a base de abarrotados estadios ni ocupes los últimos segundos de algún telediario de turno? Rotundamente sí, y el mejor ejemplo de eso es alguien como Alejandro Escovedo. Y es que dicho status, en este caso, viene adquirido por lo que es, y sigue siendo, una carrera ejemplar que le convierte en un referente -receptor de una altísima consideración y admiración- para una buena parte de la profesión. Eso significa que pese a que las ciudades a su paso no se pueblen de carteles que anuncien su visita, ésta es de extremada relevancia para la música.

De origen mexicano, y perteneciente a una saga familiar eminentemente musical, donde quizás el miembro más destacado sea su hermano Javier (The Zeros), su paso por diferentes y variadas bandas (The Nuns, Rank and File) se ha convertido a la larga en un elemento clave a la hora de constituir un perfil entroncado con el rock clásico pero incapaz de escapar de ese espíritu abrasivo del punk, al margen de otros muchos condicionantes. En esa trayectoria, jalonada de diferentes episodios oscuros vitales e incluso una reciente lucha -saldada con victoria- contra una grave enfermedad, aparecía el pasado año su disco “Burned Something Beautiful”, una nueva prueba de su infinita energía y calidad. La gira emprendida para mostrar esas nuevas composiciones era la oportunidad ideal para corroborar el diagnóstico que nos arrojaba dicha grabación.

Antes de alcanzar ese momento llegó el turno de The Bellfuries, procedentes también de Texas, que en el difícil trago de hacerse con una (mermada todavía) audiencia expectante, no solo convencieron sino que ejecutaron de manera excelente una propuesta, marcada decisivamente por ese sonido clásico de Dion & The Belmonts, Carl Perkins, Buddy Holly o The Everly Brothers, sin atisbo ninguno de un revivalismo en blanco y negro. Una habilidad tanto instrumental como vocal que nos cameló en su primera parte haciendo hincapié en su faceta más romántica-nostálgica, con intensidad a veces (“Bad Seed Sown”) y principalmente con delicadeza, ya sea en “Make the Mystery No More” o en la bellísima “Just Remembering”, pero que apabulló y atrajo definitivamente al respetable con energía en la trotona “Baltimore” o con una musculosa interpretación de “Beaumont Blues”. Exquisito anticipo.

Presentados a sí mismos como representantes de la “música romántica italiana”, la banda Don Antonio, pese a contener algo de eso, demostraron en su breve carta de presentación antes de mostrarse como escoltas de Escovedo, una tarea que ya habían desempeñado con otros anglosajones como Dan Stuart o Howe Gelb, las cualidades que les adornan. Entre ellas mostraron la capacidad para pasar de un tono insinuante, creador de unas atmósferas siempre con el aire mediterráneo rozando su ejecuciones, a cabalgar con dureza entre el garage-surf. Unos elementos que resultarían claves a la hora de ornamentar, y en buena medida transformar, el repertorio del músico estadounidense, como quedó patente desde el inicio con la extensa “Can’t Make Me Run”, envolvente en ese ambiente urbanita que desprende. Rápidamente sin embargo iban a evidenciar que una de las finalidades primordiales era hacer un exquisita demostración de poderío eléctrico, en algunos momentos incluso en demasía, para lo que se valieron, entre otros, de dos pildorazos procedentes de su último álbum “Horizontal” o “Shave the Cat”. El incendio había empezado, pero pronto sería sofocado aunque con un material inflamable de otro calibre.

Cargado de una guitarra acústica, Escovedo acometió un set reducido pero de una inabarcable belleza y emoción. Para ello recurrió en primer instante a la composición realizada por Chuck Prophet, ideada en origen para Jeffrey Lee Pierce pero destinada ahora por la lúgubre efeméride a Chuck Berry, “Sister Lost Soul”. Auténticamente sobrecogedora como también lo fue, la dedicada a su hijo Diego, "Down in the Bowery". Todavía más explicativo, respecto al origen y contenido de la canción, se manifestó en el intenso medio tiempo que es “Bottom of the World”. Como si de un Ray Davies contemporáneo y crepuscular se tratara interpretó “Farewell to the Good Times”, justo antes de hacer el gesto a la mesa para desconectar definitivamente su guitarra. Había finalizado este nostálgico y maravilloso impás.

Entramos en la tercera, y definitiva, parte del show. “Sally Was a Cop”, por su estructura original, se presentaba como un tema ideal para desarrollar los parámetros en los que se estaba manejando la noche, con sus aspectos ochenteros y atmosféricos era idónea, como fue, para alargarla y alambicarla más. Tras ella, el soniquete ya reconocible de la guitarra de “Luna de Miel” nos empujó a otro certero ejercicio de punk-rock al que le siguió la también pegadiza, pero esta vez a base de esa épica springsteeniana, “Always a Friend”. Excelente final, pero todavía no el definitivo.


En el sonido de Alejandro Escovedo es fácil ver la huella de muchos nombres míticos (como lo es él ya) -algo que no menoscaba en absoluto su talento ni originalidad compositiva- y la influencia dejada desde ritmos incendiarios a los más tradicionales y relajados. Quién sabe si quizás por todo ello, por la intención de homenajear a alguno de ellos bajo su propia rúbrica, más todavía con la connivencia de la banda italiana, la noche acabó con dos versiones. Una de ellas, la más chocante por su transformación, fue “A Thousand Kisses Deep” de Leonard Cohen, que retorció e insertó en una atmosférica electrificación con una arriesgada pero muy solvente resolución. Bajo una mirada más standard, aunque repleta de desbordante energía, idónea para ser utilizada como despedida, se entregaron al “Like a Hurricane” de Neil Young, ampliamente acompañada por el público. Ambas adaptaciones deben de ser entendidas como el clásico paréntesis que se vive con el final de un show, y que por lo tanto ni incrementa ni disminuye sustancialmente lo que fue toda una lección de este veterano, más de 65 años, que si no ha logrado que su nombre se instale en la mente del seguidor medio no será desde luego por actuaciones como la ofrecida el martes en el Kafe Antzokia bilbaíno -en la que obligatoriamente hay que sumar en el resultado global a unos brillantes teloneros, The Bellfuries, y a una sorprendente banda como Don Antonio- donde dio sobrada muestra de una desmesurada energía canalizada en toda una lección de rock.

Roy Orbison: “Black & White Night 30"

Por: Txema Mañeru 

Nadie duda ya de que Roy Orbison ha sido una de las voces más grandes de la historia del rock’n’roll. Tampoco se debe dudar de que fue uno de los mejores compositores. Este artefacto, “Black & White Night 30” (Legacy / Sony), que sale ahora remezclado, remasterizado y con un montón de material extra inédito y de calidad, es otra prueba más para confirmar esto. 

Y en ese buen material extra tenemos más pruebas de la grandeza de Roy. Tenemos más de 37 minutos de material con los ensayos previos a este noche mágica y con las opiniones de todos esos grandes músicos invitados que engrandecen más aún su leyenda. Ya el encargado de dirigir esta magnífica velada, T-Bone Burnett, lo ensalza como uno de los mejores compositores, además de excepcional cantante, y nos dice que llegó antes de los BeatlesBruce Springsteen nos habla de su pureza; Elvis Costello se muestra emocionado por entrar en este cita con tantos grandes músicos y por poder contribuir con una preciosa composición; Bonnie Raitt le define como el más grande y como una leyenda y eso que todavía no se había muerto; Tom Waits se declara como la niñera de Roy para la ocasión, y entre palabras de admiración, también tiene sus ocurrencias que hacen descojonarse a todos los presentes. Tenemos también las distendidas conversaciones entre el propio Burnett y Orbison para ponerse de acuerdo en arreglos y otros detalles.. En este aspecto es bonito ver también las aportaciones del resto. Especialmente un Springsteen entusiasmado, tocando y cantando en solitario para dar ideas en esa preciosidad que es "Dream baby". Por cierto que también es para él un sueño tocar la guitarra junto a Roy, pero aún más es hacerlo junto a James Burton, el guitarrista de Elvis Presley. Y es que la banda básica de acompañamiento para la legendaria velada fue la TCB Band de Elvis. Además tienes que sumar las voces de K.D. Lang, Jackson Browne, J.D. Souther o Jennifer Warnes.. 

Luego, por supuesto, está el fantástico repertorio, claro. Repertorio que lo tenemos en el compacto y también en el precioso DVD, sí, en blanco y negro. El inicio es espectacular encadenando hasta 5 de sus mejores y más grandes éxitos. Comienza la magia con "Only the lonely", con los guapos coros de los invitados y la sección de cuerda. "Leah" e "In dreams" siguen subiendo la emoción y con la segunda ya estamos todos soñando. Luego llega ya el rock’n’roll con "Uptown" y con un Bruce Springsteen engorilado de pie y flipando junto a James Burton con los buenos juegos entre sus dos guitarras. El tema nuevo lo aporta el gran Elvis Costello con un "The comedians" con redobles al estilo de Roy y de "El tamborilero" en un tema hecho totalmente a la medida y al estilo del mítico músico. Hay algún otro éxito que firmó Fred Neil o el espectacular "Ooby dooby" del que también hicieron espléndida versión la Creedence Clearwater Revival, pero ya posterior y en el que "The Boss" y Burton vuelven a encadenar unos excitantes solos de guitarra mientras Tom Waits aporrea el órgano con gusto. 

Tenemos además la desesperada y triste historia maravillosa de "It’s over" o ese apabullante "Running scared" al estilo de Elvis en Las Vegas y con unos tonos de voz de Roy increíbles. Más rock’n’roll en "Go! Go! Go!" y el baile con "Claudette" de nuevo luciéndose Burton y Tom Waits al piano. La popular "Oh, pretty woman" cerró la velada y tenemos dos versiones de ella. En la segunda se desparraman con las guitarras, Burton, Bruce y el propio Roy para marcharse por encima de los 6 minutos. Por si fuera poco hay 5 bonus en audio y en DVD que son una gozada, con versiones alternativas que comienzan con la mágica "(All I can do is) Dream you". La citada "The comedians" de Elvis Costello vuelve a entrarle como un guante a Roy y en "Candy man" alternan con sus armónicas Costello y Roy con buen tino. En "Uptown" Bruce se desata otra vez más con la guitarra mientras Elvis vuelve a brillar con la armónica. 

Hace 3 años ya pudimos gozar con la exquisita presentación de "Mystery Girl" (Legacy / Sony) en una lujosa y muy merecida también 25th Anniversary Deluxe Edition. Apareció pocos meses después de su muerte por un infarto a un corazón que ya estaba herido de muerte muchos años antes por las desgracias que le tocó sufrir. Johnny Cash es "El Hombre de Negro", pero bien pudiera serlo también la imagen triste de un Roy Orbison que cantaba siempre a los corazones solitario y/o rotos. Tuvo la suerte de recuperarse anímica y artísticamente en sus últimos años. Por un lado gracias a David Lynch y el cine. Por otro esa aventura magnífica con The Traveling Wilburys junto a Bob Dylan, Tom Petty, George Harrison y Jeff Lynne. 

En este “Black & White Night 30” la presentación es también fundamental. Un estupendo triple digipack de tamaño de libro y un gigante libreto con multitud de fotografías, créditos y declaraciones. Por cierto que también entre los extras hay una preciosa galería fotográfica de más de 3 minutos de duración con mucho encanto también. Todos le querían y admiraban, y buena prueba son las enormes estrellas con humildad de artesano que pueblan esta noche en blanco y negro en imágenes, pero a todo color por la calidad musical y por los fantásticos músicos presentes que agrandan más aún la leyenda de su autor y también la grandeza de estas canciones inolvidables. ¡Ojalá desde Legacy Recordings y con la colaboración de los hijos y la familia de Roy Orbison sigan trayéndonos más artefactos con esta calidad, presentación y novedades!