Inadaptados: "Rock & Roll Desesperado"

Por:Txema Mañeru 

Quienes recuerden a los King Trash Fandango estarán contentos de tener a varios de sus miembros en estos Inadaptados. Desde Canarias nos llegan 12 canciones propias grabadas en directo en el estudio capturando toda la crudeza y rudeza de su sonido. Crudeza remarcada por la buena masterización habitual de Mike Mariconda. Este "Rock & Roll Desesperado" sólo podía estar en el sello FOLC Records y llama la atención ya desde la fantástica ilustración de portada a cargo de Mik Baró. Un monstruo y la banda con sus instrumentos en un coche vintage con matrícula "Fuzzz". En el encarte interior, con las letras, se ve que ya no son unos chavales pero posan muy chulos con camisetas de Inadaptados, las Sonic’s Rendevouz Band y Hot Rodders

El Fuzzo está sembrado con sus guitarras y también le secunda bien con la suya el buen vocalista Javi Fuentes. Buli en la batería y Brito con el bajo y la voz forman un cuarteto con 4 pares de cojones, claro. Abren su fiesta particular con "Velocidad y Rock&Roll", en la que nos cuentan precisamente eso, "velocidad y rock&roll, ahora todo irá mejor… Rock&Roll no puedo dejar de bailar”. Y eso es lo que quieren. Que no dejemos de bailar con este endiablado ritmo, sus crudas guitarras y un aire cercano hasta a los primeros Stray Cats. "Baila Para Mí" también incita a mover los pies, pero de una manera más insinuante pues tiene toques más oscuros como Los Coyotes en sus primeros singles. En "A Solas Contigo" tenemos guitarras crujientes y voz de fondo al estilo de The Cramps y también con reminiscencias al rock’n’roll de los 50. Acaban gritando "Algo Salvajes"… y lo son de verdad. Cierran la cara A con el lento "El Gallinero" con fascinantes guitarras y ritmos vudú. 

La cara B es su declaración de principios y solo podía titularse "Rock & Roll Desesperado". La única colaboración externa es la divertida letra de Pablo Rebelión para "La Venganza de los Muertos". Un rock’n’roll siniestro, con estribillo divertido y guapos coros que remite a Parálisis Permanente o Los Carniceros del Norte. Regresa la velocidad y las guitarras sucias en un "Basurero" que rebosa buena mierda. No falta el salvaje rhythm & blus a lo Bo Diddley o Hasil Adkins de la crepitante "El Desván". El final también es oscuro y sucio con un "Amor Zombie" que te revuelve las tripas con su brebaje de guitarras distorsionadas y cargadas de fuzz. ¡Qué buena inadaptación y desesperación! 

Ya sabes que las tiradas de los vinilos de FOLC suelen ser bastante limitadas por lo que te aconsejamos que te pases por www.folcrecords.es para no quedarte sin tu copia. Además así te enterarás que acaban de sacar el estupendo nuevo disco del australiano Johnny Casino, "Trade Winds", grabado junto a miembros de Asteroid B-612, Nick Cave & The Bad Seeds, The Stems, The Triffids, The Volcanics, The Drones o You Am I. Además está el EP en 7” de Trash-Tornados, "The Amazing Swing And Roll" (sólo 500 copias con preciosa y gatuna portada). Por último otra joyita como es el single compartido a nombre de Peralta And Sid Griffin. Junto al líder de Long Ryders y Coal Portes se marcan una gran versión del "Older Guys" de los Flying Burrito Brothers. ¡Esto es todo amigos!


Ana Curra, leyenda y actualidad punk

Sala Razzmatazz, Barcelona, Sábado, 10 de noviembre del 2018 

Texto y fotografías: Àlex Guimerà 

Ana Curra es uno de los mejores activos que nos queda de lo que se denominó la escena de la "movida madrileña". Miembro de los Pegamoides en sus inicios junto a Olvido Gara (Alaska) y fundadora de los seminales y efímeros Parálisis Permanente, también de Seres Vacíos, tras morir su pareja Eduardo Benavente tuvo una breve carrera en solitario , con la publicación de un sólo disco "Volviendo a las andadas" (1987), antes de caer en un injusto semi-olvido.Y es que la música de nuestro país le debe de recordar por ser una de las artífices del sonido post-punk español de los ochenta, por ser pionera en adoptar en castellano los sonidos de gente como Joy Division, The Cure o Siouxsie & The Banshees, pero sobre todo por formar parte de una de las mejores bandas del rock patrio y del sello discográfico que lanzó a gente como Loquillo o Gabinete Caligari.

Con todo, el personaje y su música se plantó ante una sala 2 del Razzmatazz en la vuelta a una Barcelona que no la veía sobre los escenarios desde 2012 y que como en la anterior ocasión resucitó a veteranos seguidores del punk nacional con ganas de pasarlo a tope. Aunque el comienzo (puntual) tuvo lugar al ritmo siniestro y gótico de "Aprendiz de bruja", adelanto de su próximo álbum previsto para 2019, en el que la diva apareció encapuchada y con capa, sin mostrar su rostro y realizando proclamas sobre la muerte en un clímax guitarrero adornado por luces rojas. ¡Un gran arranque! Acto seguido (nunca mejor dicho) la bajista abandonó su lugar para ubicarse en los coros y dar entrada al mítico Rafa Balmaseda, el único músico original que permanece de Parálisis Permanente, y abordar a todo trapo "El Acto", tremenda pieza que titula el icónico e imprescindible álbum de 1982. 


Eran los comienzos de un directo impactante, dinámico y entregado de una banda que sonó cohesionada y a las mil maravillas. Hablamos de los potentes guitarrazos de Iñaki Rodríguez y Verdi, de los ritmos incesantes del descamisado batería ("malote" según la propia Ana) Iván Santana, los fabulosos coros de Pili Spector (también al bajo en las nuevas) y de la imprescindible línea de bajo Rafa. Son músicos de nivel que interpretaron unos temas añejos que en los ochenta sonaban a sucio punk pero que en el directo se escucharon más potentes y metaleros. Pero el eje de todo aquello fue, cómo no, esta gran rockera a la que reverenciar que es Ana Isabel Fernández conocida por todos como Ana Curra. A punto de cumplir la sesentena se la ve formidable, físicamente en sus bailes, saltos y gesticulación escénica, como en su potencia vocal. Apoyada cómodamente en el teclado -recordad que es profesora de piano en el Conservatorio de Madrid-, cuando no dando latigazos sadomasoquistas al tambor eléctrico. Y es que la sexualidad y el erotismo es algo que su actuación no dejó de transmitir, no tanto por sus letras, si no por una actitud interpretativa que sólo los grandes monstruos del rock son capaces de poseer. Quien ha visto a Iggy Pop o a Mick Jagger, será capaz de entender a qué me refiero.


El repertorio, el previsto, con gran presencia de los Parálisis Permanente, con gemas como la épica "Nacidos para dominar", la irreverente "Quiero ser santa", los riffs letales de "Tengo un pasajero" o las esperadas versiones: desgarradora "Quiero ser tu perro" (Iggy Pop & The Stooges) y triunfal "Héroes" (David Bowie).  De Seres Vacíos cayeron la popera "Luna nueva", la inquietante "Ratas" y la sexual "Desnúdate". Momento estelar con el otro anticipo de la noche "Aprendiz de bruja" (de nuevo con pilar al bajo y Rafa fuera) con Ana cantando desesperadamente con unas medias cubriéndole la cabeza. Acongojante. 

De nuevo llegaron los Parálisis en la recta final con "Jugando a las cartas", "Todo el mundo" y "Unidos", anticipando la parte más punk del concierto. Para la vuelta del bis el arranque solemne con Ana a los teclados en "Visitando a Bach" dio paso al absoluto desenfreno con la potente trilogía clásica""Adictos a la lujúria", "Autosuficiencia" y "Un día en Texas" con el público enloquecido y la formación de un mosh en el que la nostalgia de los ochenta revivió con esos temas que son auténtico patrimonio nacional.

El "supergrupo" formado entorno a Wayne Kramer para interpretar el legado de MC5 nos visita


MC5 se formaron en Detroit a mediados de los 60 y tuvieron una carrera corta que sin embargo sirvió para definir el futuro del punk y el hard rock. Sus presentaciones eran derroches de energía y sus tres discos verdaderos clásicos del rock, versionados por bandas como Damned, Rage Against The Machine, The Hellacopters, Pearl Jam, Jeff Buckley y un larguísimo etc. En 2004 se reunieron para una gira que les trajo a España por primera vez. Ahora, Wayne Kramer regresa como MC50, el nombre con el que celebra el 50 aniversario de su banda. 

Ya tuvimos oportunidad de disfrutar de este proyecto en la pasada edición del Azkena Rock Festival, interpretando su legendario disco “Kick out the Jams”. Esta vez, acompañado con una banda de lujo integrada por Kim Thayil (Soundgarden) , Brendan Canty (Fugazi) , Billy Gould (Faith No More) y Marcus Durant ( Zen Guerrilla ) recorrerá durante el fin de semana que va desde el 16 al 18 de noviembre nuestros escenario con la siempre loable intención de incendiarlos con su sonido y rabia. 

Fechas y lugares:

Viernes 16 noviembre en Barcelona, Sala Apolo 

Sábado 17 noviembre en Murcia, Garage Beat Club (Fuzzville!!) 

Domingo 18 noviembre en Madrid, Sala Mon Live

Kurt Vile: "Bottle It In"

Por: Àlex Guimerà 

Diez años se cumplen ya desde que el de "Philly" publicara su primer disco. Por el camino ha dejado siete álbumes, sin contar los dos con The War On Drugs, en los que ha ido perfilando un sonido propio a base de folk-rock, psicodelia lenta, guitarras enmarañadas y una voz tan grave como displicente (¿Lou Reed?). Acompañado por su banda habitual The Violators - son Jesse Trbovich (guitarra, bajo y saxo), Rob Laakso (guitarra y bajo) y Kyle Spence (bateria)- el disco, co-producido por el propio Kurt, alcanza una duración total de 78 minutos con tres temas que rondan los dos dígitos de minutaje. 

Al parecer el disco se gestó de forma algo desordenado en unas sesiones de grabación repartidas entre Tarquin (Connecticut) y Beer Hole (Los Angeles). Las canciones por su parte fueron compuestas e ideadas por el propio Kurt a partir de una mala experiencia que tuvo en un vuelo en avión que le hizo reflexionar sobre la muerte y sobre el camino que es la vida. El resultado es un álbum producido con la ayuda de Rob Schnapf y con las participaciones especiales de la batería de Stella Mozwaga (Warpaint), los coros de Cass McCombs, el arpa clásico de Mary Lattimore y la acústica de la gran Kim Gordon (Sonic Youth)

Un elepé acertado desde su portada retro -simulando el efecto de las portadas de vinilo desgastadas con el círculo marcado- en el que si bien su tono puede parecer aburrido en un primer vistazo, la realidad es que es un compendio de pequeñas piezas de orfebrería instrumental sembradas desde el fingerpicking de guitarra y donde adoptan una disparidad de colores y formas que consiguen que se deje escuchar bastante bien. Hablamos, por ejemplo, de medio-tiempos tompettyanos ("Loading Zones"), de versiones acústicas de Lou Reed aletargadas e incluso ensoñadoras ("Hysteria"), de acordes tan inquietantes como pegadizos ("Yeah Bones"), banjos folk cristalinos ("Come Again") y de piezas pop naif con fondos dignos del mejor Brian Eno ("Multinies"). 

Luego están las piezas alargadas hasta el umbral de los diez minutos. Son "Bassackwards", perezosa y pegajosa, con su ritmo de guitarra monótono y su voz celestial; la titular "Bottle It In", más etérea y arrastrada, y "Skinny Mini", que no es más que un parafraseo acompañado por una maraña de efectos sonoros. Mención aparte merece "One Trick Ponies", con un tono alegre, coros, guitarras y pianos de fondo que de buen seguro habrían comprado los Grateful Dead de 1970. Y qué decir de la versión de la pieza soft rock de Charlie Rich "Rollin With The Flow", la cual se acerca más bien al pop de cantautor de los John Lennon y Harry Nilsson más románticos, rompiendo en cierto modo con el tono del álbum. Son algunos de los pasajes de este arriesgado trabajo con el que Kurt confirma su madurez y con el que es capaz de adentrarse en zonas turbulentas, aguas calmadas o desiertos solitarios, para a la fin, salir airoso.



Tarque: Larga vida a la Asociación del Riff

Sala Oasis, Zaragoza. Sábado, 10 de noviembre del 2018 

Texto y fotografías: Javier Capapé

Tarque y la Asociación del Riff: la mejor manera de presentar a esta banda que va a hacer las delicias de los amantes del rock con músculo, sin trampa ni cartón. Esto es lo que escuchamos los que abarrotamos la Sala Oasis zaragozana el pasado sábado 10 de noviembre. Solo Rock and Roll. Tarque no se anduvo con medias tintas y apenas hizo cuatro paradas en el cancionero de su banda madre. Lo que venía a ofrecer era su disco en solitario, un cañonazo del mejor rock crudo y sin concesiones, que sonó completo y totalmente fiel al original. Porque lo que se destila en ese disco es lo que presentaron los cuatro músicos que también formaron parte de su grabación: Coki Giménez a la batería, “Chapo” González al bajo, el inmenso Carlos Raya a las guitarras y la inconfundible voz y el carisma de Carlos Tarque. Aquí no hicieron falta recursos efectistas. Todo lo que sonó era para encumbrar al rock clásico de los setenta que Tarque domina como nadie en el territorio nacional. El mejor y más grande frontman del país (con permiso de Loquillo, quizás).

El concierto se llenó de tics del género que alumbró Chuck Berry: desde la formación clásica de cuarteto, con bajos pesados y sin desdoblar guitarras, hasta los dejes vocales de nuestro protagonista, pasando por las bromas en alusión a los "malos hábitos" (con copa compartida con el público incluida) y el baño de masas con su público recorriendo el centro de la sala entre los presentes. Pero lo que verdaderamente importa no es la pose sino la música que escuchamos esa noche. Y ahí no hay ninguna pega que poner al intenso show. Dieciséis canciones compusieron el setlist, entre las que se incluyeron todas las que forman parte de su último trabajo, publicado simplemente bajo el nombre de "Tarque". Con varias de ellas arrancó la velada: "Ahora y en la hora", "Heartbreaker" y "Bailo", de las más contundentes del disco, y desde el primer arpegio todo el mundo se rindió a los pies del músico murciano, que sabía que tenía el éxito asegurado por la entrega de sus fieles zaragozanos. "Juicio final" convenció mucho más que en la versión contenida del disco y tras "El diablo me acompañará" dejó a un lado su debut en solitario para interpretar la que definió como su canción talismán, a la que siempre vuelve en sus conciertos. Se refería a "Perdido en la ciudad", uno de los temas más destacados de aquel lejano "Un buen momento" de M Clan, con la que quiso acordarse de Santi Campillo, que fue con quien compuso esta canción que le acompaña desde hace más de 25 años en todas sus presentaciones en vivo (él mismo apuntó que era su primera composición, datada del año 1992).

También hubo espacio para las versiones de algunos de sus ídolos. Esta vez no fueron los Faces ni los Who los que sonaron, como muchas veces ocurre en sus conciertos junto a Ricardo Ruipérez, sino Free. Carlos Tarque siempre ha mostrado admiración por Paul Rodgers, como volvió a recalcar en la Oasis, y así se marcó un "Fire and Water" donde por encima de su interpretación vocal lució más el buen hacer de Carlos Raya con un intenso solo a las seis cuerdas de su desgastada stratocaster y un final apabullante con la batería de Coki Giménez. Las revoluciones bajaron con "Lobo solitario", ya que hasta el momento apenas habíamos tenido un solo segundo de calma, y en una línea más cercana al pop que practica por momentos con M Clan sonó también su particular tributo a las damas del dolor "Janis, Amy, Billie".

Uno de los momentos álgidos del show se produjo con "Se hizo de noche cuando te conocí", una de las canciones más inspiradas del que puede considerarse el disco más redondo que haya grabado Tarque: "Para no ver el final". El solo de Carlos Raya nos dejó a todos boquiabiertos, sabiendo que teníamos delante a uno de los mejores guitarristas de nuestro país de todos los tiempos. Siempre en la línea del rock callejero y luciendo impasible su potencia a manos de su Gibson Les Paul. Tras este momento memorable llegó una versión-homenaje a Leño, de los que interpretaron, como si de un himno se tratase, "¡Qué desilusión!" con la participación de todos los presentes con puños en alto y coros entregados. "Cactus en el corazón" presagiaba el final, aunque todavía quedaba el paseo entre el público con la siempre efectiva "Calle sin Luz", rematando con la descarga de alto voltaje que es "Electroshock".

La vuelta tras un pequeño parón se produjo mano a mano entre los dos Carlos: Tarque con una sentida interpretación y Raya a la guitarra cortante a la par que conmovedora se lucieron con "Miedo”", hasta que en la parte final de la canción se acompañaron de bajo y batería para dejar que nos moviéramos entre la épica y la emoción de un tema tan bien medido y estructurado como éste. Ya solo quedaba otro de los que podemos considerar nuevos himnos de Tarque como es "Donde nace el Rock and Roll". Una canción que parece que hayamos tenido siempre con nosotros y que se convirtió en una explosión de euforia para despedir un concierto en el que todos pudimos constatar que el rock and roll sigue vivo, por encima de modas y nuevas tendencias. Siempre abriéndose paso y haciéndonos recordar que ésta es la actitud correcta, la que imprime la recientemente bautizada Asociación del Riff.

John Hiatt: "The Eclipse Sessions"

Por: Kepa Arbizu 

Ocultarse la luz para ceder paso a la oscuridad. Esa sería, en resumen, la manifestación más palmaria de lo que significa un eclipse solar. Un proceso, entendido en un plano simbólico, que se le puede atribuir también al paso del tiempo. Precisamente ambos son conceptos que se relacionan en el nuevo disco, el número 23 de su producción, de John Hiatt, coincidiendo durante su elaboración con el citado fenómeno meteorológico. Grabado en los estudios de Tennessee propiedad de Kevin McKendree, será él y la esporádica aportación de la guitarra de su propio hijo los únicos invitados de la reducida plantilla -constituida por Kenneth Blevins y Patrick O’Hearn- con la que el veterano músico estadounidense ha contado para esta ocasión, prescindiendo incluso de su mano derecha Doug Lancio.

"The Eclipse Sessions" llega tras un lapso de tiempo respecto a su predecesor, concretamente cuatro años, más amplio de lo que ha sido habitual en esta última época. Un tramo de carrera en el que el goteo de publicaciones ha sido tan constante en su periodicidad que ha podido difuminar la constatación de que su estilo ha adoptado, en paralelo al cada vez mayor tono cavernoso y emotivo de su siempre particular timbre de voz , una representación más crepuscular. Cualidades que destacan en un álbum que sin embargo no renuncia a expresarse rico en matices en cuanto a colorido e incluso estados de ánimo. Algo relacionado directamente con el contenido de unas canciones surgidas a raíz de la reformulación a la que ha sometido su vida artística y personal, empujándole a echar la vista hacia atrás, a modo reflexivo, pero también a levantar la vista en busca de un suelo sobre el que depositar el paso siguiente.

Esa hondura que habita en el concepto global del disco es algo que irremediablemente cala en la forma musical de las canciones, lo que no impide por otra parte que algunas de ellas nazcan con un espíritu envalentonado. Y quizás la inicial "Cry to Me" no sea el ejemplo más certero, a pesar de ese folk-blues rockeado -denominación de origen ya íntimamente ligado a Hiatt- de fraseos ágiles que aporten cierto punto centelleante, pero desde luego sí lo son los arranques hiperelectrizados y por momentos desmelenados  de "One Stiff Breeze" , el sofisticado rock pero de melodía pegadiza y casi juvenil de "Outrunning My Soul" , o la cadencia "cool" de "Over the Hill". Tema en el que ya asoma la figura de un JJ Cale que se hará inmensa en "Poor Imitation of God" , más sudorosa y cruda pero todavía manteniendo un paso vivo e intenso realmente considerable.

De esos mismos pantanos, aunque recogiendo la inspiración de zonas más cenagosas, saldrá el sustento para temas como "Nothing in My Heart" , ya sin atisbo alguno de luminosidad y ahora sí, convertida en vía de escape propicia para el brotar de las heridas. Y nada mejor para esa supuración que el vetusto y sobrio blues del Delta escenificado por "The Odds of Loving You"; un remedio igualmente válido resulta la bella desnudez que traslada "Aces Up Your Sleeve", donde su quebrada voz queda al descubierto en compañía de unas profundas percusiones que parecen representar el mismo lamento de la tierra. Protagonismo que recaerá en el excelente trabajo, comedido pero exacto, de guitarras y teclados que impregnan la melancólica épica de una colosal "All The Way to the River".

John Hiatt siempre nos ha cantado, y contado, por medio de aparentes historias cotidianas toda la realidad que envuelve la atribulada alma humana. Ahora, envuelto de un cansancio profesional y la necesidad de inspiración vital, busca en su propia interior para, de nuevo, ofrecernos ese sinuoso y a veces ilegible mapa de los sentimientos. Una guía entonada bajo el sonido emanado de toda la herencia de la música tradicional americana y transformada en una expresividad propia que ya es también un clásico atemporal, a modo de magistral y emocionante banda sonora que acompaña a ese caminar errante al que está condenado el individuo.



Ilegales: "Rebelión"

Por: Txema Mañeru 

¡Lo han vuelto a hacer! Ilegales han vuelto a hacer su "Rebelión" contra la ley y han ganado a la ley. Algo que ni siquiera pudieron hacer The Clash. Y es que a estas alturas de la historia que Jorge y los suyos se destapen con un discazo de la agresividad, actualidad y urgencia de "Rebelión" (La Casa del Misterio) no es sino otro espectacular triunfo en toda regla. Si encima van y entran en las listas de ventas alcanzando hasta un espléndido séptimo puesto, esto es ya la guinda al pastel. Lo que quiere decir que no todo el mundo está vendido y que todavía quedan por ahí unos cuantos rebeldes dispuestos a plantar batalla.

Jorge y los suyos comenzaron su nueva batalla triunfal unos días antes de la publicación de este nuevo trabajo. Lo hicieron con dos combativos, no podía ser de otra forma, adelantos como el agresivo "Si No Luchas Te Matas" o un más confesional, pero también crudo, "Mi Amigo Omar". Ambas son las elegidas para abrir el disco. La primera es salvaje, eléctrica, tiene una gran letra y un pegadizo estribillo para corear, además de unos punteos hard-rock de aúpa. "Mi Amigo Omar" es un alegato, a su manera, en favor de los homosexuales y cuenta con unos riffs que son puro The Clash. "No Tanta, Tonto" lo es contra el mal uso o el abuso de las drogas, que en absoluto en contra de ellas. "Horóscopo" es inquietante y cruda, con unas fantásticas guitarras con eco y la voz de Jorge susurrada y cargada de misterio. En "Suicida" tenemos new wave brava y la guitarra es realmente salvaje contrastando con el fantástico piano de Mike Vergara.

Vuelven a liarla con "Mi Copa y Yo", combinando una especie de tango con garage-rock psicodélico con guapo hammond y desquiciados punteos. ¡Otro más que posible single! El final es fiel a Los Ilegales, sonando algo más melódicos y con una letra realmente lograda. Se titula "El Bosque Fragrante y Sombrío" y tiene también unos cálidos violines. Dice Jorge que han invertido mucho tiempo y dinero pero que está satisfecho porque los resultados han estado a la altura. La verdad es que nosotros no podemos hacer más que corroborar este dato. Bueno, y también esperar con ganas a que llegue el momento de poder gozar y sudar otra vez con ellos en los escenarios.

Por cierto, que la gira ha empezado con triunfos absolutos ya antes de arrancar, y si te pasas por www.ilegalesrock.com, además de poder conseguir el disco, te podrás enterar que ya han hecho "sold outs" en Gijón (y han añadido una segunda fecha) y en Madrid. Pero se esperan bastantes más, por lo que si quieres conseguir entradas para tu ciudad es mejor que no lo dejes para el último momento. Ilegales una vez más, y van… han vuelto para montar su "Rebelión" y para demostrar a todo el mundo que la batalla definitiva aún no está perdida. ¡Necesitaríamos unos cuantos grupos más así para que el rock’n’roll no quedé como una antigualla para nostálgicos! Ilegales, de nostalgia poco y por eso han hecho uno de sus mejores discos.

Toundra + Bear, The Storyteller: Sin voz y con muchos votos

Ambigú Axerquía, Córdoba. Sábado, 10 Noviembre del 2018

Texto y fotografías: J.J. Caballero 

No es fácil llenar una sala de aforo medio haciendo música instrumental. Entender el concepto como primer paso, disfrutarlo a continuación y acudir en masa cada vez que se te presenta la oportunidad como último y a la vez original deber. Cuando dos de esas bandas arriesgadas, únicas y entregadas a una causa a priori perdida en tiempos de inmediatez y exageraciones sonoras, se atreven a plasmar sus historias densas y a flor de piel en un escenario la ocasión es ciertamente singular y el gozo mucho mayor. En la sala Ambigú Axerquía de Córdoba se vivió un lleno prácticamente histórico para dar luz –en contraste con la oscuridad de ambas propuestas- y acallar voces –las de las respectivas bandas y también, en otro sorprendente giro, las de la inmensa mayoría del público- a unos músicos brutales que aprovecharon el espacio y el tiempo concedido en una demostración palpable de que querer y poder son dos verbos identificables aunque no a menudo conjugados al mismo tiempo. No es que sepan cómo hacerlo, sino que lo hicieron con sobriedad y superando la teórica frialdad del asunto. 

Bear, The Storyteller son cuatro cordobeses unidos por un propósito claro, que no es otro que el de gritar sin garganta los versos de cuentos imaginados en sueños e imbuidos de la realidad más abrumadora. Las historias nunca narradas que atesoran en su imaginación se traducen en un juego apasionante de violoncelos, guitarras etéreas y base instrumental mínima pero contundente que mira de cerca a paisajes oscuros como el del Glasgow de Mogwai o incluso más intrincados como el agreste del Canadá de Godspeed You Black Emperor. Las máscaras con las que inculcan aquello de que lo importante no es la identidad sino con quién o cómo te identificas no consiguen ahuyentar los fantasmas, ni los suyos ni los del oyente, y el respeto con el que los reciben sus paisanos se sumerge en los arreglos de "Diana!", "Come here, animal" y "Sotres" con un eco contenido a modo de respiración y una inmensidad onírica que engulle el aire y lo devuelve lleno de misterio. Esta joven banda no es solo una de las gemas ocultas del post-rock hispano sino también una de las más personales. Para no ser plato solicitado por mayorías el lucimiento fue más que evidente y en consecuencia nuestra satisfacción más intensa. 

En otra liga, aunque de similar perfil, juegan Toundra. El cuarteto comandado por la guitarra de Esteban Girón es ya un tesoro descubierto para el enriquecimiento colectivo. Triunfan en media Europa y parte del continente americano y encuadran sus discos bajo epígrafes numéricos únicamente para diferenciar cada colección de canciones. En el último, bautizado "Vortex" en honor a una de las salas germanas a las que sus seguidores acuden como legión, lanzan nuevas ondas expansivas aún más devastadoras y agrandan poderío en el profundo agujero de "Cobra", "Tuareg", "Kingston Falls" y "Mojave", heridas abiertas de sangre instrumental y mojadas con el aceite de otras cosechas provechosas como las de "Bizancio", "Kitsune" y "Oro rojo". El color de sus balas es precisamente ese, el granate del fluido necesario para la vida, y las consecuencias de sus ataques normalmente impredecibles. Salir de un concierto de estos tipos es equiparable a una resaca de vino aguado, la única diferencia es que tu estómago lo agradece mucho más y el efecto perdura en tu cabeza durante bastante más tiempo. Se recrean y dan cancha a los respectivos instrumentos, hacen incursiones previstas pero imparables y miran a un "Cielo negro" de carbón inmaterial con ojos bien abiertos de rabia y seguridad en sí mismos. Después de su apabullante victoria entiendes por qué en una ciudad habitualmente acomodada empieza a haber gente que intenta revertir la situación. Lo único que necesitan para actuar es escuchar la llamada adecuada.