Jerry Leger & The Situation: la solvencia de los resquicios


Fun House, Madrid. Sábado, 14 de mayo, del 2022.

Texto y fotografías: Skar P.D.

El 14 de mayo, el día previo a la fiesta del patrón de Madrid, hacía buen tiempo por lo que la noche se mostraba relativamente agradable. Y había mucha gente por las calles, a pesar del puente laboral, y aunque esto nunca ha sido motivo de sorpresa en una ciudad habitada por muchos millones de habitantes, además acontece que por diversos motivos, incluido el fin asumido de la pandemia, la ciudad se encuentra en un estado de efervescencia de no muy razonadas explicaciones. Esta efervescencia se tradujo en llenos por todo lo alto para ver, por ejemplo, a Fito Y Los Fitipaldis, Clan Of Xymox o Los Chichos y Derby Motoreta's entre otros. Variadito. Y además la televisión retransmitía el evento ese de Eurovisión por si quedaba algún resquicio. En la Fun House el aforo era de cuarenta personas para ver a Jerry Leger & The Situation. La Fun House era el resquicio.

Era la primera vez que el canadiense aparecía por España y por todo bagaje aportaba una ya extensa discografía en solitario o con diferentes proyectos además de venir a presentar el reciente "Nothing Pressing", publicado este año. Y lo hacía en formato banda con los Situation como fieles escuderos. La primera impresión, ya desde la aparición en el escenario,  fue que aquello iba a ser un concierto serio, lo que en principio no es mala señal, y desde luego se refrendó desde la primera nota de "Kill It With Kindness" con la que abrieron el concierto, y en la posterior "Corner Light". Aquello iba a ser un concierto de americana en estado puro, que al fin y al cabo lo de americana ha incluido desde sus inicios, bajo el paraguas de ese nombre, la música que se hace también en el norte, Canadá, claro. Y es verdad que no había armónica pero "Recluse Revisons" tiene tal aroma a Neil Young, otro ilustre canadiense, que no dejó lugar a dudas.

Además el sonido era francamente bueno con los instrumentos perfectamente definidos, nada acelerados y con las voces sonando muy nítidas, con esa sensación de solidez  que emana de las bandas con experiencia y que saben realmente lo que hacen incluso para tocar la batería con las manos en "Underground Blues" y añadirle un poco de sofisticación, que no es que el blues lo necesite, pero le dotaba de un plus de elegancia y es que el concierto transitaba, entre otras cosas, por esa vía, la de la elegancia, porque otra cosa no pero elegantes, las canciones de Jerry Leger lo son un rato, tanto, que a veces parecen hasta frágiles. 

La banda abandonó el escenario para dejar solos a Jerry Lage y a su guitarra acústica para dos de esas canciones que aparecen en el "Nothing Pressing" en ese formato. En "Sinking In" todo fue bien pero de forma misteriosa en el tema homónimo se coló una saturación de sonido un tanto desagradable cada vez que intentaba cantar, y como a pesar de intentar solucionarlo no se daba con el "quid" de la cuestión, se cortó por lo sano, si el micrófono se pone rebelde pasamos de él así que Jerry se colocó en el borde del escenario y la cantó a pelo. ¿Hay alguna forma más elegante de solucionar un problema? Problema que no se volvería a repetir, por cierto.

La banda volvió para, en palabras del Jerry, el "tiempo del rock'n'roll', que es como definió a "The Big Smoke Blues", que es otro de esos temas absolutamente respetuoso con los cánones de ese saco difícil de parametrizar pero absolutamente entendible que se llama americana, perteneciente al "Nosense And Heartache", del 2018, al igual que la posterior "If Don't Make The Wrong Go Away", preludio de lo que sería el final del concierto con esa feliz aproximación al power pop de estribillo amoroso que se llama "Have You Ever Been Happy", a la que se añadió la intensa "Factory Made" en versión un tanta más larga que la original lo que permitió un aumento considerable de la intensidad, para cerrar así un concierto cercano y que progresivamente se había ido adueñando de los espacios existentes entre la no muy poblada audiencia.

Y como era de esos conciertos amables y sinceros, de esos que podrían durar mucho más tiempo sin resentirse, volvieron a salir para descolgarse, ¡oh sorpresa!, con una versión efectiva y "sui generis" del "The Kids Are Alright" de The Who , que en realidad definía con su título la sensación generalizada que el concierto había producido; es decir,  esa sensación de buen concierto, de buen rollo y de cercanía que "Read Between The lines" se encargó de certificar para finalizar, ahora sí, el concierto.

Es lo que tienen los resquicios, que si los buscas y te cuelas por ellos ocurren cosas como ver y oír a tipos como Jerry Leger, que es uno de esos a los que los adeptos a estos sonidos definirían como auténticos y que, además, venia acompañado por otros tres tipos que dotaron al concierto de una solvencia absoluta.


Bart Davenport: "Episodes"


Por: Txema Mañeru

Me encantan todas las verdades que dicen en su sello sobre la personalidad y musicalidad de Bart Davenport. Realmente Bart ha sido y es todo eso y mucho más. Un mod, un cantante de blues, un trovador del soft-rock californiano y con la voz de un auténtico crooner. Yo añadiría sus tonos a veces cercanos al jazz vocal o al white-eyed soul más elegante. Luego está su pasión por el pop británico de los ochenta y artistas de la elegancia de Paul Weller, The Blue Nile, Aztec Camera, The Go-Betweens, The Style Council o los Prefab Sprout. Su buen y ecléctico gusto le ha llevado a versionar con acierto favoritos propios como Love, Caetano Veloso, Kings Of Convenience, David Byrne o Gill Scott-Heron. Pues todo eso y mucho más vuelve a traernos en este “Episodes" (Tapete Records / Gran Sol).

Sigue así consolidando una trayectoria en solitario tras su pasado en bandas como The Kinetica y The Loved Ones. Aunque es cierto que le gusta hacerse acompañar de vez en cuando, como en su anterior y muy recomendable disco, “Blue Motel” (Lovemonk) firmado como Bart & The Bedazzled con más elegante soft-pop y soft-rock para seguidores de Prefab Sprout, Jack Johnson o incluso de Chris Rea. Tiene en este octavo disco a su nombre mucho del romanticismo de estos grandes. Además, pese a venir firmado en solitario le vuelven a acompañar varios músicos de los que aparecieron  en “Blue Motel”. Es el caso de M. Olson, que produjo dicho disco y que aquí se sale, por ejemplo, con un impresionante riff de órgano en una "Strange Animal" con aromas a psicodelia turca. De su misma formación, L.A. Takedown, está también la bajista Jessica Ezpeleta. Wayne Faler (Dream Boys) se sale con la guitarra solista y Andrés Rentería (José González, Rodrigo Amarante) lo borda con variadas y finísimas percusiones. Luego está el propio Bart que toca un montón de instrumentos, claro.

Entre todos logran crear una música evocadora con tonos cercanos al pop más barroco de los sesenta y a bandas como Love o The Kinks, valga por ejemplo, la deliciosa "It’s You", que sirve de excelente apertura para el disco con sus cálidas guitarras acústicas. Inteligentes y, a veces, humorísticas letras que hablan de oligarcas en la orquestal y rica en arreglos "Billionaires", un buen lento a modo casi de vals, o de nudistas en "Naked Man". Tenemos muchos posibles singles como "Alice Arrives", una especie de brit-folk relajado con delicados arreglos de cuerda a cargo de Dina Maccabee. Su pasión por Brasil y Caetano Veloso se intuye, y algo más, en una "Easy Listeners" muy bien cantada y con una finísima guitarra eléctrica. Los aires a The Go-Betweens o Aztec Camera los tenemos en la melancólica "All Dressed In Rain". En "Wireless Moon" suena entre el shoegaze más íntimo y el folk más minimal de Nick Drake. Se atreven hasta con un exquisito instrumental como "99 Forever", con unas maravillosas combinaciones entre teclados y guitarras atmosféricas. Enamoran con "Creatures In Love" y sus deliciosos coros femeninos para acabar con la deliciosa, melancólica e intimimante reivindicativa "Still Life". Señales que nos muestran el camino que le dirige a convertirse en clásico del pop atemporal.

Ian Noe: "River Fools & Mountain Saints"


Por: Aritz Sertucha 

No es un secreto que en los últimos años la música de raíz americana está viviendo un resurgir en su tierra de origen. La tradición country de los años setenta está siendo renovada, con más o menos autenticidad, por parte de artistas como Sturgill Simpson, Charly Crockett o el hombre al que estoy escuchando ahora mismo, Ian Noe.

Noe pertenece a la ralea de músicos independientes que llevan con oficio y respeto el trabajo que, como he dicho antes, en los años setenta realizaban tipos con tanta clase como John Prine. Tenía muchas ganas de escuchar este trabajo, ya que el anterior, "Between the Country" (2019), un álbum lleno de literatura densa sobre la población rural a la que pertenece, repleto de historias profundas y oscuras, me había parecido un gran disco.

En este "River Fools & Mountain Saints", Noe continua recordándome a Prine, pero me lleva también al Springsteen de "Nebraska" o al Neil Young de "Comes a Time", lo que concuerda a la perfección con la intención del disco, más ligero que el anterior, como si quisiera, sin renunciar a contar esa realidad del mundo rural americano, llegar a un público mas extenso. Me reafirmo en mi pensamiento cuando escucho el primer corte, “Pine Grove”, un tema eléctrico para abrir un disco que se mueve bajo la dirección de guitarras acústicas y violines. Una declaración de la evolución que Ian Noe pretende, un acierto si hablamos de la estructura del este "River Fools & Mountain Saints".

Esta evolución, que todavía no ha despegado del todo, hace que este disco sea una colección maravillosa de canciones, que mezclan la intensidad narrativa con melodías más livianas y agradables. Mucho tiene que ver en ese cambio sonoro la participación en la producción de Andrija Tokic, propenso a ritmos más amenos, pero con la inteligencia suficiente para no ocultar entre ellos la personalidad de Noe. Temas como el mencionado “Pine Grove” o “Burning Down The Prairie” son un claro ejemplo de este desenfado sureño culpa de Tokic.

El disco se mueve en diferentes géneros pero perfectamente entrelazados, como el country-folk o el rock sureño, otra de las virtudes que lo convierten en un gran disco. A lo largo de doce temas se alternan descripciones de personajes e historias desgarradoras, necesarias para contar la cotidianidad de la América profunda, de una forma que traspasa localismos para hacerse universal. En este sentido creo que “Ballad Of A Retired Man”, es el mejor ejemplo de todo esto. La historia de un superviviente, que se hace viejo y relata con hastío su situación. Un tema con intensidad narrativa y melodía hipnótica, que bien podría haber formado parte del cancionero del Springsteen más country.

Quizás no sea un disco fácil de escuchar si no eres afín a estos sonidos, sin embargo, sí creo que es un buen disco de entrada a este mundo musical. Canciones bonitas, con letras profundamente descriptivas, inteligentemente producido, con una intención evidente de llegar más lejos que su anterior trabajo, y que, personalmente, me deja con la intriga de saber hasta donde quiere, o puede, llegar Ian Noe.

The Anomalys: “Glitch”



Por: Txema Mañeru 

Estamos ante una de las mejores bandas actuales del viejo continente de garage-punk, realmente trash y salvaje. Vienen desde Holanda, igual que lo hicieron muchas bandas de este estilo primigenio en la década de los sesenta y comienzos de los setenta. Puede parecer una anomalía en los tiempos que corren, pero no lo son en un sello como Slovenly Recordings, en el que militan la flor y la nata mundial de este estilo y de algún otro del más salvaje rock’n’roll que se hace en la actualidad. De hecho, si pasas por www.slovenly.com, comprobarás que también acaban de sacar la última bomba de otra de las formaciones europeas claves y más veteranas del estilo como son los suizos The Monsters que, además, nos han visitado en varias ocasiones con gran éxito y demoledoras veladas. Se trata de "Du Hesch Cläss, Ig Bi Träsch" y es la versión en suizo, alemán e idioma Mongo de su destacado y reciente “You’re Cool, I’m Trash”.

The Anomalys también nos visitaron en 2019 con buena acogida y esperemos que regresen para presentarnos esta nueva bomba de relojería que te captura desde la “tridimensional” portada y el guapo art-work en general. Debutaron en el sello en 2010 con un excelente LP homónimo y hace tres años nos afilaron los dientes con un “Trooper EP” que nos dejó con ganas de más. Ya tenemos aquí con “Glitch” lo que veníamos reclamando. Se abre con el single y videoclip "Smart Patrol", que parece sacado del primer LP de The Clash. Recuperan el potente single "Trooper" del EP anterior. Velocidad punk y buenos punteos con un estribillo y una melodía cercana al power-pop de The Real Kids. Se marcan un brutal instrumental entre psychobilly y destellos noise metal titulado "Anomalys Rise" y cierran la brutal cara A con un oscuro y lento tema de psych-garage titulado "Dead Friends". Una sorpresa en toda regla a cargo de las dos guitarras de Bone y Looch Vibrato (también en los recomendables Magnetix), con la fulminante batería de Remy Pablo. En este tema Bone canta como nunca y el tono casi nos recuerda a los The Birthday Party de Nick Cave para firmar el tema más extenso de toda su discografía, pero también uno de los más personales y trabajados. 

Abren la cara B con el nuevo single y videoclip, "Panic", donde regresan a su habitual rock’n’roll primitivo a lo Little Richard y Bo Diddley, también en forma de salvaje instrumental con toques The Ventures por el brutal twang de sus guitarras. Se sigue notando en ocasiones su devoción por The Cramps, New Bomb Turks o los seminales Sonics. Una composición para sembrar el pánico con ella en directo y seguir demostrando que son una de las bandas más salvajes en directo. Sangran en una “diferente” "Bleed For Me" de oscuro ritmo machacón con un riff repetitivo que te hace mover tu cabeza para bailar. Tras una acelerada y muy punk "Far Ahead", finalizan, con otro pelotazo como "Steppin’ Out", un pedazo de LP que no llega a los 25 minutos de duración pero que te deja extenuado como sus poderosas actuaciones. Todavía más veloz y punk para dejarte con ganas de pegar más botes. Está dedicado a la memoria de Nils Damage que seguro se estará removiendo en su tumba con esta dosis de brutal rock’n’roll garage-punk.

Entrevista: Jorge Martí (La Habitación Roja)


“Este libro es un canto a la vida lleno de matices” 

Por: Javier González 

De sorprendente debemos calificar la lectura de “Canción de Amor Definitiva”, la primera novela autobiográfica escrita por Jorge Martí, letrista y vocalista de La Habitación Roja. Decimos que sorprende porque es una oda a la vida sustentada entre canciones y vivencias, relacionadas con la familia y los amigos, su banda y el mundillo musical repletas de viajes de ida y vuelta, donde el artista valenciano demuestra que es un jugador nato, capaz de apostar a fondo por aquello en lo que cree y cuya experiencia refleja que la victoria no tiene el color que todo el mundo se ha empeñado en darle. 

Para él la victoria se basa en acumular vivencias, no siempre positivas ni satisfactorias, pero siempre mostradas desde la vertiente del amor y la candidez, mostradas desde la primera persona con una desnudez y cercanía capaces de conseguir que cualquier desconocido pueda fundirse en un intenso abrazo con su autor. 

Nos ponemos en contacto con Jorge para entrar más a fondo, si es que eso es posible, en esta “Canción de Amor Definitiva”. 

¿Cómo se está portando este 2022 contigo? 

Jorge: Estoy relativamente bien dentro de lo que cabe, ten en cuenta que me estoy acercando peligrosamente a los cincuenta, hay cosas buenas como que tengo a mis padres y suegros vivos, algo que no suele pasar. Todos vamos cumpliendo años y están algo regular de salud. Es una época dura en ese aspecto, todo se hace pesado ya que hay bastantes visitas al hospital. Obviamente condiciona y te hace pensar mucho en ciertas cosas. En lo musical intentando salir de esta pesadilla, proyectando conciertos de cara al mes de Mayo y Junio, también tenemos un mes de Julio apretado. La intención después del verano es hacer una gira de salas para presentar los dos discos que hemos sacado. Y personalmente liado con el tema del libro que está siendo bastante intenso puesto que es un proceso de creación que se ha dilatado dos años. Creo que está teniendo buena repercusión y bastantes comentarios bonitos. Al final escribir un libro es un trabajo que lleva mucho tiempo. Es algo muy intenso emocionalmente y ver que le está sirviendo a otra gente por lo que me dicen en los comentarios, le da sentido. Alucino que un libro tarde tanto en escribirse y luego se lo lean en un fin de semana, al menos los discos duran más los escuchas y escuchas muchas veces. 

¿De qué forma surgió la posibilidad de escribir esta biografía apasionada que es “Canción de Amor Definitiva”? 

Jorge: A raíz del documental se vieron a la luz cosas de mi vida que supongo que le daban ciertos matices y aristas a mi historia, que ya de por sí es singular. Recuerdo que cuando salió “In the Middle of Norway”, hice cosas promocionales y una fue una entrevista en el suplemento de El País. Cristina Lomba, mi editora, que está siempre a la caza de historias dignas de ser escritas, habló con Eric de Los Planetas para que le pasara mi teléfono, me contactó en seguida, vino a verme a Valencia y me planteó la posibilidad de hacerlo. Le comenté que podría ser interesante, pero nunca me había planteado la opción de escribir un libro como algo factible. Estudié la oferta, era un proyecto serio y con una editorial grande. Me pareció un reto personal y artístico, una oportunidad para crecer como persona. Me vi metido en esto. Tenía la historia y la trayectoria. El documental visto con perspectiva para ahora un trailer del libro. 

Se habla de que es tu debut, pero hace años tuve la oportunidad de entrevista con “Espacio Interior”, un libro peculiar que llevaba tu firma. ¿Qué diferencias has encontrado entre este y aquel que editaste de la mano de Chelsea Ediciones? 

Jorge: “Espacio Interior” era un libro que se hizo de forma inconsciente, es parte de una colección de Chelsea Ediciones, llamada Mis Documentos, que lleva Alex Díez. Se trataba de recopilar textos que han aparecido a lo largo de los años de gente relevante en el mundo musical y que se pierden en el limbo de la red. Los recopiló y me lo enseñó. Posteriormente escribí un par de capítulos y le ayudé a sacarlo adelante, pero el libro ya estaba hecho. No me di cuenta del proceso. Recuerdo que la entrega fue algo estresante porque andaba en México, casi sin internet, me hubiera gustado hacerlo con más calma. Esto sí que ha sido un debut, no había nada, papel en blanco. Esto es un debut en toda regla. Todo ha sido de nuevo, he hecho hasta trabajo de campo para verificar datos, que con el anterior me vino dado. Veo que entre ambos hay diferencias sustanciales. 

El libro es sorprendente, sobrecogedor y doloroso por momentos. ¿Hasta qué punto a uno le asaltan las dudas de cuánto desnudarse? 

Jorge: Siempre hay dudas. Todo lo que está es, pero no es todo lo que podría ser. Me dejo cosas fuera. No puedes poner todo por muchos motivos. Desde idoneidad, tiempo hasta espacio. Hay cosas que interpelan a terceras personas. Respecto a lo que está y lo que hay, hay un conflicto en el momento en que escribes en primera persona de tu vida y tocas tangencialmente a terceras personas que han tenido protagonismo en la misma. Tienes muchos dilemas. Siempre he tenido claro que si escribo debo hacerlo como con en una canción, sin límites ni trabas. Eres tú, tus sentimientos. Lo que toca es intentar llegar al fondo de uno mismo. Es el camino para llegar al lector y al fondo de todo. Al final he intentado escribir con honestidad, sin rencor, y sí desde la experiencia. Dar fe de las luces y sombras de todo lo que significa vivir y estar vivo. Vivimos en un mundo donde solo se enseña lo bueno. He intentado mostrar todos los momentos que hacen lo que soy. Cuando hay conflicto, contrastes y vida dual, creo que el texto funciona más allá de las anécdotas. Los contrastes hacen que la gente se sienta identificada, todos tenemos subidas y bajadas. Es complicado ser objetivo, trato de dar mi visión de las experiencias acumuladas. Es un viaje que va desde la inocencia de la infancia y juventud hasta la vida en serio, la de verdad, cuando vas cumpliendo años y te enfrentas a cosas que de joven ni te has imaginado. Me han pasado cosas extraordinarias que hemos intentando normalizar y cosas normales que he intentado hacer extraordinarias. Me siento identificado en el libro. Es mi versión de la historia. Tiene momentos chocantes y otros que son muy buenos. Lo que más me gusta es que me están diciendo que hay gente a la que le ha ocurrido lo mismo. He descubierto que hay gente de mi familia que tiene la mente más abierta de lo que en teoría pensaba. Creo que está siendo una experiencia muy enriquecedora. 

¿Crees que ahora con tanto material junto podremos entender de una vez todas tus canciones y discos? 

Jorge: Totalmente. He intentado hacer un viaje en el libro que vaya en paralelo con los discos editados con el grupo. Hasta yo mismo he reflexionado para saber de dónde vienen las canciones. Cada disco responde a un momento vital. Hay otras formas de afrontar la composición y el arte. Hay quien tiene alter egos y quien crea personajes. Mi forma de hacerlo siempre ha sido personal e introspectiva. He hecho una observación participante. Hay mucho de mí y de la gente que me rodea. Todo se va entrelazando y creo que el libro puede ser una suerte de guía para saber de dónde salen las canciones que he escrito. En mi ánimo estaba que el libro funcionara más allá de mi carrera musical y creo que se ha conseguido. Si cambiara la profesión de músico por otra creo que funcionaria. Habla de la condición humana, el amor, los fracasos, la muerte, la vida y la enfermedad. La música es un marco en el que se desarrolla la historia. Al final es una historia de amor por una profesión, compañeros, pareja y familia. También es un canto a la vida, aunque haya matices y grises. Vivimos en un mundo donde los matices se van perdiendo, todo funciona a través de extremos, incluso la gente muestra solo la vis de éxito arrollador. Me parecía importante recalcar la gama de grises que trufan la vida de cualquier persona. Es importante relativizar y no hablar solo de lo bueno y malo. También hay momentos regulares. Hay que huir de los extremos. 

Hablas de la vez que acompañaste a una de tus hijas a ver a Ariana Grande. Musicalmente hablando… ¿Compartes algún gusto con tus hijas? 

Jorge: No soy muy intervencionista. Me gustaría adoctrinarlas más, pero no lo hago demasiado. Deciden su camino. Coincidimos en algunas cosas. Les gusta La Habitación Roja, no sé si porque soy su padre o porque los temas les suenan desde la gestación. Intento dejarme adoctrinar por ellas. Una de las formas de rejuvenecerse y tomar el pulso a la actualidad es hacerlo a través de los ojos y oídos de mis hijas. Me recomiendan cosas y conozco cosas de ahora que sin ellas no hubiera conocido. Uno va perdiendo el pulso de la actividad con los años. Y más en estos días con tanta avalancha. Me dejo aconsejar y escucho por curiosidad lo que ellas me recomiendan. 

Dices que te gusta que ellas te vean tocando en directo en España porque es entonces cuando entienden todo lo que haces. 

Jorge: El hecho de vivir en Noruega y la enfermedad de mi mujer, que le ha limitado bastante en sus salidas, ha limitado el hecho que mis hijas sepan a qué me dedico realmente. Cuando eres pequeño no entiendes bien las cosas que se salen de la normalidad y el estándar de las profesiones. La gente trabaja ocho horas y vuelve a casa. Yo no. He trabajado sin horarios, yendo y viniendo, sobre cosas intangibles como una canción, manejando sentimientos que se materializan cuando grabas un disco. Imagino que para ellas era algo abstracto. Me ha parecido bonito que vean todo lo que hago, cuando me encierro en el sótano de casa, que vean que hay una plasmación física y trasladarlo a algo práctico que puede llegar a la gente y ser importante. Los músicos siempre hemos sido vistos como… no sé si locos, pero cuesta que te tomen en serio. La gente lo ve como hobby no como profesión, algo muy extendido en España. Para mí la música ha sido trascendental tanto como mi familia. Me lo he tomado en serio. Nunca lo he hecho por dinero, aunque haya ganado dinero con ello. Lo he hecho por necesidad vital, daba sentido a mi vida. Desde fuera muchas veces no se comprende, se asocia al divertimento y se banaliza. Lo que es divertido y produce placer, no es trabajo. Uno de los súperpoderes que tiene dedicarte a lo que te gusta es que no lo sientes como un sacrificio, pero hay mucho esfuerzo detrás. El hecho de que alguien haga algo porque le gusta, no deja de ser un trabajo. Pienso que es algo que ocurre a nivel gremial, el no sentirnos mal por dedicarnos a lo que nos gusta. A mí me ha pasado. Lo cuento en el libro, a veces me iba de gira y me lo pasaba bien, sintiéndome mal. Cuando he trabajado de enfermero tenía la sensación que era más serio y digno. He aprendido en estos últimos años cómo de importante es la música, la labor de acompañamiento que lleva a cabo, creo que la gente la ama porque nos sitúa en el mundo y nos reconforta. La música también cuida a la gente. 

¿Crees que por fin la banda está gozando del estatus que merece a nivel de público? 

Jorge: Siempre piensas que te podía ir mejor, pero también lo contrario que podía ir peor. Es una sensación que la gente tiene con los artistas de los que es fan. Creo que es un sentimiento generalizado. En general, en la vida, está muy bien merecer algo y conseguir cosas porque las mereces, pero merecer algo no es suficiente. El mundo está lleno de gente que tiene reconocimiento y dinero y quizás no lo merecen. También hay que ver cómo medimos el éxito, para mí es dedicarme a lo que me gusta. Si lo medimos en cifras, hay gente que merecería más y otras menos, pero así es la vida. Mi impresión con el grupo es que hay un sentimiento de bipolaridad como me pasa con otras cosas. Es complicado salir adelante, destacar y vivir de lo que haces. A veces ves vídeos que te gustan en internet y te fijas en los comentarios donde la gente dice que son bandas poco valoradas. Que estemos aquí hablando después de 27 años de carrera dice mucho. Veo al grupo en un momento bueno, muy sereno, sabemos que hemos puesto música a la vida de mucha gente. En ese sentido creo que lo importante al final es ir madurando, cumpliendo años, dedicándose a lo que nos gusta. No es que me conforme, pero tengo la sensación de poder mejorar y hacer cosas relevantes. Es lo realmente bonito, seguir adelante y no hacerlo como rutina. Personalmente es lo más importante para mí. Hacer las cosas con ilusión y pasión. Mientras mantengamos eso, lo demás no lo puedes controlar. 

Me parece bonito que hables del gesto que Loquillo tuvo contigo en un concierto en Valencia, donde te invitó a cantar y te arropó en directo diciendo “He tenido suerte de llegarte a conocer” al comienzo de “Rock and Roll Star”. 

Jorge: Fue bonito. Más allá de haber sido más o menos fan de Loquillo, es una figura legendaria del rock español. La conexión viene con José Lapuente que había sido nuestro mánager, cantante de Los Proscritos y ahora trabaja con Loquillo. Hemos tenido la ocasión de cenar algunas veces juntos, charlar y tomar algo. Escuchaba mucho esa canción de adolescente, me dejaba llevar por esos sueños de juventud. De pronto estar ahí fue un momento chocante y precioso. Una persona que has visto en la tele y que te parece un personaje cinematográfico y está ahí en carne y hueso junto a ti. Fue bastante gracioso, bonito y chocante. Pensaba que quién me iba a decir a mí que el mismo chaval que escuchaba en el Spiral de La Eliana aquella canción la iba a cantar con el intérprete. 

¿Crees que habrá una segunda obra dedicada a los próximos treinta años de carrera? 

Jorge: Ojalá. Si la hay es que llegaré casi a los ochenta. Ya veremos. Me han quedado cosas por escribir y contar. Estoy seguro que cuando me recupere del esfuerzo de este libro me entrarán ganas de contar más cosas. No sé si autobiográficas o ficción. Pasará, no sé cuándo, porque me he vaciado bastante, pero pasará. Tras un libro y dos discos en tres años me siento bastante vacío. Ahora estoy escribiendo una canción a cada capítulo del libro. Es una cosa que hago con ambición artística. Cada letra está inspirada en un capítulo, una banda sonora del libro. Lo voy a hacer como Jorge Martí, será muy intimista, con piano y voz. Quiero que a nivel de concepto sea distinto a las canciones de La Habitación Roja. Me gustaría que fuera hecho de una forma más pequeña sin la presión de tener un público y un catálogo detrás. Música de buhardilla. Va muy a mi rollo, por mi cuenta y sin presión ni tiempos. Puro disfrute personal. 

Tras dos libros, un buen puñado de discos, un documental que te muestra en tu día a día y mil millones de viajes largos a cuestas para unificar tu labor como enfermero y como padre de una familia que vive a tiempo completo en Noruega. ¿Es Jorge Martí un luchador o un músico loco que diría El Último de la Fila? 

Jorge: Un músico loco. Me gusta El Último de la Fila, sus canciones, y también me gusta Manolo García. Para mí lo importante es el camino. Ha habido varios momentos de hacer balance, como el documental o el libro, y creo que puedo decir que mi vida ha sido intensa. Hay que tener un punto de locura para hacer todas estas cosas. Lo que más me gusta es esa ternura, candidez e inocencia necesaria para desarrollar esta aventura artística. Ese creer que se puede creer. Ver a una persona vulnerable que ha sido capaz de proponerse cosas y vivirlas con intensidad e ilusión, independientemente del resultado. Ha sido importante vivir para la música, siempre pensé que me iba a entregar a ella porque era uno de los amores de mi vida. Si me devolvía lo que me daba, genial, si no, no pasa nada. Amo por encima de lo que se me vaya a devolver. El amor no tiene porqué ser correspondido. El hecho de amar te lleva a lugares increíbles y te hace que hagas cosas muy bonitas que requieren de una gran dosis de energía. Si encima el amor es correspondido es increíble, cosa que a veces me ha ocurrido.

ChivoChivato: "Frágil"


Por: Txema Mañeru 

No deberían necesitar ya presentación los ChivoChivato de Pepo López. Él sigue siendo miembro fundamental de la formación, siendo el compositor de las estupendas y muy personales canciones. Sí, su nombre está ligado a Quique González o La Cabra Mecánica., allí, junto a Lichis le acompañaban Jordi Cobre y Daniel Ortíz, que siguen a su lado. Aunque en este "Frágil" (Cultura Rock Records) la compañía musical es mucho más amplia y entre todos han conseguido firmar el mejor disco de la formación, superando ese debut con “Dejarse La Piel” o el posterior “2º Round” en el que estuvieron como invitados Lichis, Carlos Tarque, Carlos Raya, Dani Flaco o el también recomendable Rafa Pons que se mueve por territorios musicales similares.

Pero vayamos al grano con el buen material de “Frágil”. Comienza impecable con "Ya Se Me Pasará". Un tema con destacado piano, buenas guitarras y una melodía y unos coros muy Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán o Solera. ¡Precioso comienzo!. Sigue el single y tema titular con un estribillo muy logrado y uno sonido global a medio camino entre Tom Petty y Quique González. Es la canción resumen del disco y destaca la buena colaboración de Nina, de Morgan. En la tierna melodía de "Las Luces Encendidas" nos enccontramos una pedal steel guitar genial que contribuye al tono melancólico del tema y a lograr una pieza de gran hermosura. Otro más que lógico single. "Corre El Amor" es una pasada musical con buenos arreglos de cuerda que proporcionan una gran melancolía. Buena historia, gran melodía y algunos de los mejores punteos del disco. Por ahí pululan Nina de nuevo y también el gran Julián Kanevsky (Calamaro). "De Nubes y De Claros" será otro single, claro. Está compuesta junto a un Quique González que también aporta su personal voz. Buen trabajo de la sección de viento con gran solo de saxo soprano o clarinete.

Para Pepo éste es ya uno de los mejores momentos de su carrera, y para sus seguidores seguro sucederá lo mismo. En "Y No Pasa Nada" destaca su toque noctámbulo muy bien logrado gracias a un precioso Hammond. "Preocupado Por El Sol" es la perfecta contraposición al tema anterior. Rockero, psicodélico y eléctrico. A medio camino entre nuestros Stay o los Hazy Malaze de Neal Casal.Sensacional trabajo con las percusiones y un bajo muy protagonistas. "Entre Dos Segundos" cuenta con buenos solos de mandolina y destacada slide o pedal steel guitar. Una letra dura, pero preciosa, y una destacada trompeta fronteriza al final. Así llegamos a la conclusióon del disco con una "Cadaqués" en catalán. Una especie de regreso a su hogar con otro buen estribillo y de nuevo, con destacados punteos. Un colofón para su mejor disco por lo que nos nos extraña que tenga una gran sensación de satisfacción personal!

Germán Salto: “Germán Salto”



Por: Kepa Arbizu 

Tres discos largos, contando el recientemente editado, son los publicados por Germán Salto desde que puso inicio a una carrera en solitario que sin visos de exageración alguna solo se puede definir de rutilante. Trabajos que, al margen de su altísimo valor musical, han sido capaces de ir tejiendo una identidad global representativa al mismo tiempo que cada uno de los episodios particulares ha logrado desmarcarse bajo una significación propia. Sin abandonar nunca ese espacio creativo común ideado por el madrileño, donde el rock de raíz estadounidense se funde con un pop sugestivo, su producción sigue dando la espalda a cualquier espíritu acomodaticio para dejarse guiar por el libre instinto y la inspiración.

A pesar de que no se percibe un ánimo extremo por celebrar una ruptura con sus pretéritos capítulos, la decisión de utilizar su nombre completo (Germán Salto), y no únicamente el apellido como hasta ahora, para bautizar su nuevo álbum, ya induce al oyente, conscientemente o no, a buscar en él singularidades y novedades. Y haberlas las hay, desde luego. La primera y más evidente es el paso al castellano como idioma expresivo, que más allá de ponderar como se merece sus grandes aptitudes letristas, conlleva además un cambio en el registro interpretativo, siempre distinguido por una elegante sensibilidad, emerge aquí insuflado de una delicadeza todavía más patente. Un tono de andares sigilosos y cálidos que casa a la perfección con un sonido que amplía su carácter melódico y por encima de todo su acompañamiento barroco. Una tarea de orquestación, en la que hay que subrayar la labor en la producción de Iñigo Bregel, miembro de Los Estanques, que se convierte en el mullido soporte sobre el que recrear ambientes que trasladan esa reconocida querencia por la psicodelia del autor hacia un trayecto de paisajes evocadores.

Apoyado para esta noble y hermosa misión en nombres como el habitual Gabi Planas o presencias tan reconocibles como la de los integrantes de los exitosos Morgan (Paco y Nina) o un Santi Campos del que se valdrá puntualmente de su excelsa capacidad escritora, a la sucinta pero elocuente apertura del disco (“Vals inicial”) le basta medio minuto, tan escaso en tiempo como colmado de emotividad, para reflejar muchos de esos elementos mencionados y que por supuesto se desarrollarán y ampliarán a lo largo de los cortes. El remanso construido por la sección de cuerdas, junto a una atmósfera casi mística, nos sirve para presentarnos la primera página de un álbum de fotografías o diario personal que incita sin remisión a ser degustado en su totalidad.

Las novedades que se acumulan en estas canciones no contemplan la función de sepultar y/o marginar todas esas otras connotaciones que han adornado pretéritos trabajos, al contrario, el cometido es concebir un nuevo escenario en el que conviva toda esa savia nueva con las ya clásicas referencias convertidas en idiosincrasia del compositor. De ahí que piezas como “Solo el tiempo” sean capaces de manifestarse, bajo un poso melancólico pero de latir intenso, como una natural mezcla entre sus adorados Honeybus y Los Brincos, o en “Cuando no tenia sed” desplegar ese sonido de fuerte cariz melódico pero impulsado por potentes guitarras, una mezcla perfectamente encarnada por formaciones como, por ejemplo, The Left Banke. Unos arrebatos eléctricos que a la postre se han constituido con firmeza en pieza clave de esta propuesta, más allá de la habitualidad en su presencia o el contexto concreto en el que lo hagan.

La manera de irrumpir en el universo creativo del madrileño de esa frondosa orquestación delata su acercamiento a los predicamentos de maestros en estas lides como Burt Bacharach o por qué no, y sin ningún ánimo chovinista sino basándonos en un objetivo reflejo del contenido, de los arreglos de Juan Carlos Calderón. Una ornamentación que en “Nada que hacer” se presenta con traje liviano y nada ampuloso, recorriendo trazos esbozados por Solera o CRAG, que sin embargo será agitado por la aparición de fugaces tormentas de verano en forma de desbocado rock setentero, sensaciones contrapuestas que se convertirán en un atinado ardid en buena parte del trabajo con el propósito de hacer de cada tema una experiencia variada y única, algo aplicable a “Arder, humo y desaparecer”, que su delicioso y discreto aspecto trovadoresco, muy en consonancia con Magna Carta, muta en una segunda parte sometida a una deflagración orquestal. 

Una nómina de composiciones construidas con diversas, y en ocasiones antitéticas, capas a las que se pueden añadir "Solo el tiempo II", sostenida sobre una base de inquieto funk la cual será espoleada por un imperial juego de instrumentación, dando como resultado una de esas piezas que clama entre la modernidad y la tradición y que sería un festín jugoso para cualquier grupo de los que se encuadran en el desdibujado epígrafe del “indie”. El cierre con “Vals final” apunta a continuación de ese baile iniciático encargado de abrir este trabajo, pero que como todo buen final, mantiene un as guardado en la manga, en este caso transmutándose en un ritmo casi ochentero y discotequero seducido por una fuerte brisa racheada de violines.

A veces, sin la conveniente sentencia ejercida por el paso del tiempo, cuesta mostrarse categórico a la hora de valorar discos coetáneos a nosotros, pero de igual manera existen ocasiones en los que se hace inevitable no señalar la excepcionalidad con la que nacen ciertos trabajos, como le sucede a este álbum homónimo de Germán Salto. Capaz de traspasar las coordenados del tiempo -tan cerca de la tradición como del presente- y el espacio -varado tanto en orillas anglosajonas como locales-, el madrileño ha creado, abastecido con frutos de variable procedencia dentro de la música popular, su propio periplo en la forma de romance del siglo XXI. Si aquel viejo y utópico hidalgo cabalgó enfrentando su utopía a la realidad, siglos después Salto se embarca en una aventura dictada por trazos costumbristas, irónicos, metafísicos o de opulencia lírica, acometiendo su particular contendía contra unos gigantes disimulados entre el transcurrir cotidiano. Cosas veredes, amigo Germán, que harán hablar las piedras.

 

Estrenamos el videoclip de “Defender lo Nuestro”, el nuevo single de Carlos Ann.

El nuevo single de Carlos Ann lleva por título “Defender lo Nuestro”, es el segundo corte que conocemos de “El Disco Negro”, la nueva obra del catalán verá la luz previsiblemente a lo largo de Octubre del año 2022, el tema viene acompañado por un vídeo poético y relativamente minimalista que tenemos el orgullo de presentar en nuestra web como primicia. 

La grabación y producción de este “El Disco Negro” ha sido realizada en Barcelona como es habitual por el propio Carlos, contando en las mezclas con la inestimable ayuda de su colaborador Charly Chicago, siendo masterizado en Texas

Pedimos a Carlos Ann que tome la palabra para definir una canción de mensaje tan rotundo y crudo como “Defender lo Nuestro”, claro reflejo de una sociedad adormilada y enmudecida bajo la falsa apariencia del progreso y las sombras tenebrosas del capitalismo más radical. “Se trata de una canción con un mensaje reivindicativo, podría ser un “speech” inclusive. He buscado no quedarme solo en la queja, me gustaría hacer ver a la gente que tenemos el poder de cambiar. Visualmente quería darle un contenido más poético en contraste entre lo construido y destruido que es donde está el hombre. Nuestra evolución siempre ha venido marcada por la destrucción, es algo que se ve ahora con la guerra de Ucrania. Vivimos en un modelo completamente obsoleto, ha llegado el momento de plantearse cómo cambiarlo”. 

Un corte con una base potente, atmósfera opresiva y orgánica que según su autor. “Es un tema bastante punk, en cuanto a letra recoge la rabia contenida de “La Infección”, una canción de “Descarado”, aunque musicalmente va por otro lado”. 

El clip juega con el contraste entre la destrucción del mundo rural y el frío auge de la arquitectura cosmopolita. “El vídeo se grabó en un pueblo destruido durante la guerra civil por las bombas nazis y el contraste es una parte muy nueva de Barcelona”. Simbólicamente tiene una carga potente donde un ángel desterrado y melancólico camina sin rumbo tras Carlos. “Durante todo el vídeo hay un ángel que me persigue, me observa y camina conmigo, al menos es lo que a mí me gusta pensar”. 

Toca el momento de conocer más de cerca por donde se moverá el nuevo universo de canciones del inquieto Carlos Ann. “Este es un disco orgánico que tiene también sintetizadores. Es una búsqueda hacia adelante. Intento en cada trabajo no repetir fórmulas del pasado”. Heterogeneidad y busqueda frente a inmovilismo y repetición de fórmulas, en lucha directa con una escena que a veces es mimética, al menos así entiende la música el catalán. “Cada álbum debe ser una aventura y encerrar un sonido nuevo. Es un riesgo porque en la época que estamos las cosas deben sonar reconocibles, porque escuchar requiere atención y cansancio”. Aún así sentencia. “Creo que la gente debe escuchar un Carlos Ann nuevo”. 

Son ya muchos años persiguiendo la posibilidad de ver a Carlos Ann tocar en directo por estas tierras, ahora, en una época en que parece que las restricciones han desaparecido casi por completo, cuestionamos al artista por las opciones de verle sobre las tablas. Declara rotundo que sí. “Este año habrá gira, ya estamos trabajando en ello”. 

Pocos meses pues para volver a disfrutar del discurso de uno de nuestros músicos más personales, un artista sin ataduras, mayúsculo y cuyo único compromiso se entiende desde las canciones. Un enfant terrible de ojo crítico cuya discografía bien merecería una revisión por parte del gran público, apostamos a que no defraudaría a muchos de ellos. Comienza la cuenta atrás.