The Soul Jacket: "Plastic Jail"

Por: Kepa Arbizu

A lo largo de sus ya casi quince años de existencia, The Soul Jacket ha demostrado en cada de uno de sus discos editados (el más reciente supone el cuarto en formato largo) la capacidad para dotarles de una cara o vertiente distintiva pero siempre integrada escrupulosamente en la personalidad adquirida por la banda gallega. Tomando el rock (and roll) sureño, con toda la amplitud y volatilidad que soporta el término, como elemento distintivo de su sonido, éste se ha ido manifestando sucesivamente igual con ánimo sudoroso, liberando colorido soul o dibujado bajo ambientes envolventes. Lo más impactante de todo ese periplo, además de la lógica habilidad para llevarlo acabo, es la ausencia total de indicios que indiquen ningún ejercicio de funambulismo para sacarlo adelante, al contrario, la aparente facilidad con la que logran posicionarse con rotundo éxito en diversos contextos es solo explicable por medio de un buen puñado de talento. El -de momento- colofón a ese itinerario llega con un álbum, "Plastic Jail", que esgrime su concepto más clásico y por extensión orgánico y crudo, aquel que de alguna manera marcó sus inicios pero mostrado ahora de manera sublime con todo lo acumulado y aprendido en esta travesía. 

De regreso a su ciudad de origen, Vigo, para la grabación del álbum, lo que podría entenderse de manera simbólica como la orientación hacia una recuperación de su idiosincrasia natural, a través de sus cortes vamos a ir asistiendo a lo que supondría el discurrir de las páginas de un libro que repasara la mejor historia del género. Para ello, resulta una excelente idea abrir con un tema como "Rainbow Pills", que además de introducir ya esa labor "curativa" del trabajo, se presenta como transmisor de caracteres clásicos, entre los que se incluye un respeto reverencial por las melodías. Sumando a la artillería habitual un espectacular saxofón, se completa así una pieza que recoge los impulsos provenientes de Stones, Dave Edmunds o George Harrison entre tantos otros. Un peldaño más en cuanto a aspereza ascenderán de la mano de "Lying on the Grass" y "Fire" se bastará para encender la mecha setentera, añadiendo a la ecuación psicodelia y emprendiendo el trote entre terrenos conquistados por Hendrix o Steppenwolf. Todavía imbuidos de ese aroma lisérgico, la canción homónima tomará un camino más reposado e hipnótico emanado directamente de las faldas del "White Album" de los Beatles. Si lo expuesto hasta ahora se relaciona mayoritariamente con el talante más arrebatado de la banda, "Merry Go Round" demuestra que su gen rockero no se entiende solo entre dichas dinámicas y que se mantiene sobradamente competente a la hora de descender las revoluciones y ceder el protagonismo al latido romántico. 

No es ninguna casualidad que la versión seleccionada para acompañar al repertorio original provenga del sello Atlantic y se trate del éxito cosechado por Shirley & Lee "Let the Goods Times Roll". Una adaptación que mantiene la flexible cadencia rhythm and blues pero inoculándole incluso un paso más juguetón, como si Randy Newman se encargara de tal misión. La aportación del ADN contenido en la música negra no solo es parte integrante de este proyecto sino fundamental, cómo si no definir la voz de Toño. Un rastro acreditado con profusión en la vibrante e incitadora a mantenerse en pie "Keep On Fightning", hermana carnal de producciones perfectamente adjudicables a Julián Maeso o The Spencer Davis Group. Si en "In a Golden Brown"  el sonido de raíces en una faceta casi desértica y sugerente es quien se hace paso, "Better Days Are Coming", con su portentosa emotividad, y la pegadiza "Everybody Runs", encontrarán el camino más directo hacia el horizonte soul. 

The Soul Jacket demuestran que su aprendizaje musical se ha producido envuelto en esos plásticos que cobijaban los vinilos que con su girar han consolidado la educación de un grupo que en este nuevo capítulo muestra sin tapujos la clara influencia de esos “maestros”. Lo hacen con todo el clasicismo que la ocasión merece pero también rubricándolo con su propio apellido, uno que nos ha ofrecido ya indicios más que sobrados para obtener la prueba empírica de que estamos ante la banda de rock por excelencia nacida recientemente en nuestras fronteras. Toman la tradición, se divierten con ella y la entregan transmutada en himnos contemporáneos, y todo con esa aparente facilidad que evidencia que mientras la mayoría anda, ellos vuelan.



Greta van Fleet: "Anthem Of The Peaceful Army"

Por: Jesús Elorriaga 

Uno de los fenómenos musicales del momento tiene nombre de señora holandesa y está compuesto por cuatro chavales de Frankenmut, un agradable pueblecito norteamericano situado en la llamada Pequeña Bavaria de Míchigan, a una hora y media en coche de Detroit. El fenómeno responde al nombre de Greta van Fleet y ya levantaban pasiones antes de publicar su primer disco, "Anthem Of The Peaceful Army" (Republic, 2018) el pasado mes de octubre. Una banda de veinteañeros que rescata en formas y contenidos el rock de los años 60 y 70 de las catacumbas de lo convencional. O peor todavía, de lo moderno.

Si nos preguntamos cómo una banda que, con sólo dos EPs publicados el año pasado, ha conseguido levantar tanta atención en sus conciertos tendríamos que encontrar las respuestas, irónicamente, en los argumentos que esgrimen sus "haters" más profundos, aquellos que dicen que suenan como una banda (más) que se dedica a hacer versiones de grupos de rock de los 60/70 o que, atención, los músicos son demasiados risueños y monos para tantas ínfulas de convertirlos en los Led Zeppelin del siglo XXI. El primero de los argumentos se desmonta por sí solo: Sus canciones son completamente originales. Si enfocamos bien descubriremos el retrato de lo que vendría a ser una banda de hard rock a la vieja usanza que ha despertado de un proceso de criogenización de casi 50 años. Recrean, que no imitan, un lugar que parecía olvidado en el panorama del rock (más allá de las "bandas tributo") como si fuera un juego en el que quieren sonar auténticos. Por eso están llegando cada vez más a un público fuera de los circuitos habituales de estos sonidos.

El mismísimo Robert Plant ya se ha rendido a sus pies. El gruñido típico del británico se puede encontrar en el chorro de voz de Joshua «Josh» Kiszka, cantante de 22 años que, detrás de su apariencia aniñada y su descaro adolescente, demuestra una seguridad tanto en el escenario como en el estudio como si llevara toda la vida delante del micro. Su voz es poderosa sin parecer forzada ni gritona, a ratos recuerda también a Mark Slaughter o a esa manera de cantar de las grandes voces femeninas clásicas de Soul. Al igual que el resto de la banda, tanto en la música que hacen como en su look hay algo más que guiños a LedZep. Es un viaje premeditado y consciente en el tiempo. Ahí está la controversia, el debate entre lo que realmente aportan y lo que pretenden ser. "OK, estos chicos hacen rock clásico, van con esas pintas de "aquel entonces" pero ¿dónde están las habitaciones de hotel reventadas? ¿dónde la pose maldita y oscura del rockero de turno? ¿dónde las orgías, borracheras y guitarras destrozadas en el escenario?" La pregunta que quizás sí que habría que hacerse es si mantendrán ese estilo sin desgastarse en pocos años o sin aguantarán las embestidas comerciales del mainstream que pretenden alcanzar.

El origen de esta manera de entender la música viene de familia. Tanto Josh como sus hermanos, el guitarrista Jake (22 años) y el bajista Sam (19) llevan seis años con este proyecto, al que se unió en la batería primero Kyle Hauck y, sustituyendo a éste, un amigo del instituto, Daniel Wagner (19). Sus padres eran unos apasionados del Rock clásico, el Folk, el Blues y el Soul, así que los hermanos crecieron influenciados por esa banda sonora que se oía en casa. Desde Muddy Waters hasta Dylan, pasando por las raíces del rock genuinamente norteamericano y, por supuesto, todas aquellas bandas británicas que en los 60 y 70 reinterpretaron el Rock, el R’n’B y el Blues (Beatles, Animals, los Stones, The Who, Cream…). Crecieron, musicalmente, en un ambiente aislado de lo que sonaba en la radio del autobús que les llevaba al colegio, pero eso les motivaba para que, desde adolescentes, quisieran reinterpretar, a su manera, todo aquello con un barnizado más actual pero sin perder su esencia. 

Sus padres les pusieron encima de escenarios de bares locales y clubs de moteros, mientras sus compañeros de instituto iban al cine. Adquirieron experiencia y naturalidad en un ambiente que era receptivo a esta música y, poco a poco, vieron que tenían entre las manos algo rompedor. "Black Smoke Rising", su primer EP publicado en marzo de 2017 recopilaba canciones que en los años anteriores fueron sacando a cuentagotas y que encontraron el apoyo de un público que les fue aupando, en especial gracias el primer single, "Highway Tune" que consiguió rápidamente millones de visitas en Youtube y Spotify. Se completaría con otro EP publicado en octubre de ese mismo año, "From the fires", que recogía el material del anterior trabajo además de cuatro canciones, dos originales y dos versiones de Sam Cooke y Fairport Convention

Este año han sacado su esperado primer disco y, en una primera escucha, genera buenas sensaciones. Empieza con "Age of man", un ejercicio de estiramiento donde Josh eleva su voz por encima de los cielos y la banda, acompañada con teclados, va manejando los tiempos como quien se va adentrando en aguas más profundas. Continúa "The cold wind", bluesrockeando a lo "Black dog" pero sin un Jimmy Page para dar aquellas réplicas, aunque siguen la misma senda. Luego vienen dos de sus singles de adelanto: "When the curtain Falls" y "Watching over". El primero es todo un pelotazo, con un video esotérico en el desierto incluido, que engancha y divierte, mientras que el segundo es un medio tiempo clásico que se acerca serpenteando por los cambios de ritmo a un nivel que ya no se aprecia en la escena rockera actual, más que les pese a algunos ("¿pero estos no eran los posmilenials nativos digitales que no sabían asociar un lápiz con una cinta de cassette?" FAIL). "Lover, leaver" es uno de los temas más completos del disco, sensual y eléctrico, que conecta directamente con el sonido de los anteriores EPs. "The new day" suena como una Melanie Safka metida a rockera, mientras que "Mountain of the Sun" y "Brave new world" dejan un buen sabor de boca, sobre todo la segunda, con coros y solos de guitarra de Jake que nos empujan hacia lo místico y lo terrenal. "Anthem" cierra el disco (la última canción es una versión alargada de "Lover, leaver") y aporta un toque de color hippie alrededor de una hoguera, que se acerca más a la balada rock convencional de "You’re the one".

En definitiva, se han puesto tantas expectativas en este disco y en esta banda que a más de uno le ha volado la cabeza que puedan realizarse este tipo de cosas en 2018, que tenga un empuje comercial (nada nuevo bajo el rock) y que, además, parezca que estos chavales realmente se lo pasen bien haciéndolo (¡por favor!). Es normal que por edad y por su educación musical sean TAN evidentes sus referencias y es posible que con lo años vayan puliendo su estilo para que Greta van Fleet sólo suene a Greta van Fleet. Se postulan para ser la gran esperanza blanca del rock and roll y todo apunta a que pueden comerse el mundo o ser un auténtico gatillazo. De ser así, sería una gran decepción porque les sobra calidad. El tiempo lo dirá.



Entrevista: Los Penúltimos

"Tres minutos dan para contar muchas cosas"

Por: David Marsé

Suena a frase obvia, pero sí, estamos ante una banda que transmite "solo" el espíritu primigenio del rock and roll, pero nos gusta, o nos encanta. Los Penúltimos son precisamente eso, un conglomerado de todos esos ritmos que saltan a la mente al escuchar este tipo de sentencias. Tienen rhythm and blues, pub rock, rock, blues.. y algunas cosas más. Esas otras más que también se ocultan entre la aparente sencillez -en forma y fondo- de unas nuevas canciones que cogen "Carretera y manta" para dirigirse hasta todos aquellos que quieran disfrutar de los trepidantes viejos sonidos. La voz de la banda,  Ernesto Ulibarri, es quien nos desvela aspectos del proyecto..

Este nuevo disco me ha transmitido la sensación de que ha ampliado algo su sentido musical más “negro”, no sé si es algo que habéis tenido en cuenta o si incluso creéis que se percibe esa sensación... 

Ernesto Ulibarri: No, no es premeditado, aunque sí que es verdad que hay unas cuantas canciones de este disco que remiten directamente a clásicos del blues. 

"Carretera y manta" mantiene la tradición de ser un disco relativamente corto, conciso, ¿se trata de una característica de la banda o es algo que sale así? 

Ernesto Ulibarri: Crecimos escuchando vinilos, la mayoría de ellos de diez u once temas. La llegada del CD permitió ampliar contenidos, tanto en lo musical como en lo gráfico, y muchas veces se ha utilizado esa posibilidad rellenando con farfolla. Preferimos mantener la atención del oyente y dejarle con ganas de más. 

Vuestro sonido pone el virtuosismo siempre al servicio de un sonido directo y contagioso. Dedicándoos a un sonido que suele ser proclive a extenderse, a caer en exhibicionismos, ¿es algo que no os gusta o no os parece lo adecuado para el formato disco? 

Ernesto Ulibarri: No, no nos gusta, no está en el ADN del grupo; tres minutos dan para contar muchas cosas. No quita que en directo pueda haber momentos de darnos el gustazo de alargar un solo, si la ocasión lo requiere. 

Sois un grupo que sonáis a las puras raíces del sonido americano pero también mostráis influencias de bandas que adaptaron a su terreno esa tradición, ¿de qué manera compagináis en vuestro resultado final clasicismo y actualidad?

Ernesto Ulibarri: Pues por intuición más que nada. No hay que olvidar que los sonidos clásicos en su momento fueron novedosos, y hoy en día se sigue haciendo muy buena música. Basta con afinar el oído. 

Unos de los conceptos que define al grupo es su espíritu festivo, divertido, lo que es, supongo, también la reivindicación de la mejor tradición en ese sentido del rock n roll frente a un, en muchos momentos, elitismo que solo parece respetar aquello más rebuscado y "elaborado"…

Ernesto Ulibarri: ¡Pero si es que luego ese elitismo suele ser la cosa más simplona, rutinaria y obvia del mundo,! De cualquier buen blues te puedes tirar el pisto hablando de polirritmia y ambigüedad tonal, pero lo único que verdaderamente importa es que te haga mover las caderas. 

Por otro lado "Busco un nombre (para una canción)" parece toda una declaración de intenciones con frases como "no tiene sentido callar, sigo cantando mi penar”", ¿también vuestras canciones son el resultado de una mirada reflexiva e interior? 

Ernesto Ulibarri: Las canciones tienen que surgir de la necesidad de ser cantadas, como si estuvieran agazapadas esperando que alguien las descubra, tanto las más frívolas como las más "profundas". Esta canción surgió del estado de ánimo colectivo provocado por la gran crisis del 2008, que tanto nos afectó a todos. Ante aquella avalancha de miedo, lo primero era sacar pecho y reclamar dignidad. 

"Aguilar de Campoo" expresa buena parte de esa tradición del sonido americano en forma y fondo… No hay complejos a la hora de situar toda esa iconografía en territorio castellano.. 

Ernesto Ulibarri: Las carreteras que realmente hemos recorrido y vivido están en la península; cantarle a otras sería impostura. 

Adaptáis en "No aguanto más" a Elmore James, ¿por qué esa elección? ¿de alguna forma simboliza su música el espejo más certero de Los penúltimos, abarcando desde el blues al rock and roll..? 

Ernesto Ulibarri:  Ya nos gustaría, ya. ¡Qué bueno era el cabrón en todo! Como cantante, guitarrista, compositor y líder de banda. Sí, podría ser un buen espejo, que no el único; de todas formas, la canción nos eligió a nosotros. Pregúntale mejor a Elmore... 

Un tema como "Deriva Continental" parece inspirada por la nostalgia típica de la canción italiana, ¿no solo del sonido americano se nutren Los Penúltimos? 

Ernesto Ulibarri: Los ritmos jamaicanos, el folk irlandés, el folk de aquí, el flamenco, el son cubano y la salsa en general, el rebético griego, etcétera etcétera ¿Quién en su sano juicio le puede decir que no a todo eso? 

En "Feliz cumpleaños feliz" tiráis de una muy trágica ironía, ¿el humor negro es otro ingrediente de la banda? 

Ernesto Ulibarri: Somos más de ironía suave, pero los excesos también molan...

Una banda como Los Penúltimos, de qué se manera se organiza, quiero decir, ¿pertenece a todas esas bandas que el hecho de no vivir de la música les supone un trabajo extra importante para compaginar grabaciones, giras..? 

Ernesto Ulibarri: Siempre es un esfuerzo, tenemos que compaginar con nuestros trabajos y familias y andar arañando tiempo. Pero se hace con gusto. 

¿Y os veis abocados a autoproduciros o es un camino elegido libremente? 

Ernesto Ulibarri: Nadie ha llamado a nuestra puerta, y a las pocas que hemos llamado no nos han respondido. Por otro lado, estamos cómodos así. Vamos, que hemos elegido libremente a la fuerza.

"Imagine, John Yoko"

Por:Txema Mañeru 

¡Este parece ser el año del "Imagine" de John Lennon!. Y la guinda la pone este precioso libro de gigante formato y pastas duras con los cantos de las hojas con el color azul del cielo. Lo saca como no podía ser de otra forma la editorial Blume, que se ha marcado una campaña musical de otoño-invierno realmente amplia, variada y de calidad. Si te pasas por www.blume.net comprobarás que han aparecido de septiembre a aquí otros espectaculares y muy visuales tochos de Pink Floyd, que ya paso por estas páginas, Jimi Hendrix, AC/DC, The Cure, Bob Marley, David Bowie y, de nuevo, los Beatles con repaso a todas sus canciones, igual que en el volumen de Pink Floyd.

Este "Imagine John Yoko" es también puro arte visual. Algo muy lógico cuando está recopilado y dirigido por la propia Yoko Ono, que se ha entregado a fondo en él. Ella es la encargada de firmar un prefacio con un emocionante texto sobre lo que significó y sigue significando "Imagine". Luego tenemos amplios capítulos sobre muchas de las canciones clave de un disco que no solo trae el tema citado, ni mucho menos. De hecho recomiendo su lectura y visionado escuchando al unísono el "Imagine – 2CD Remastered Edition" de Universal. Bueno, si tu nivel monetario o tu pasión es muy grande tienes una edición Super DeLuxe con 4 compactos y 2 DVDs en una preciosa caja. Al disco original se le suman en el primer compacto, 6 singles y extras de primer nivel. El segundo compacto se titula “"Element Mixes + Out-Takes" y trae hasta 20 temas con sorprendentes mezclas de todo tipo, demos, tomas alternativas y mezclas raras varias. Escucharás de nuevo en otra dimensión temas como el propio "Imagine" (hasta a capella), "Jealous Guy, ‘How?", "Gimme Some Truth", "I Don’t Wanna Be A Soldier Mama, I Don’t Wanna Die", "Oh My Love", "It’s So Hard" o la final y feliz "Oh Yoko". Lo mejor, dos tomas alternativas de una de mis favoritas. Te hablo de "Crippled Inside", donde una de ellas trae un solo de guitarra diferente de Lennon que, combinado con el dobro de George Harrison, es magia pura.

Regresando de nuevo a la magia de las páginas diremos que también tiene fotografías y buenos textos de la infinidad de grandes músicos presentes en su grabación. Porque este trabajo, además de contener un mensaje todavía vigente, significó una gran colaboración creativa que todavía no era muy corriente por aquella época. Estaba, por supuesto, un entregado George Harrison, además de Eric Clapton, Klaus Voorman, Nicky Hopkins, Alan White, King Curtis, Jim Keltner, Bobby Keys, Jim Horn, , The Flux Fiddlers, Rod Lynton o Andy Davis, por citar tan solo el apartado de músicos.

Y es que también se ocupa del apartado visual y de otros aspectos relacionados con el disco. Así tenemos dos capítulos muy destacados y amplios como "La Creación Artística en Torno al Álbum" y, sobre todo, "El Rodaje de Imagine" con todo lo concerniente a la grabación del histórico videoclip a lo largo de más de 50 páginas. Tenemos muchas notas manuales del propio Lennon y de otros participantes en las grabaciones que harán las delicias de los fans más compulsivos. Resulta especialmente bonito el capítulo final "El Legado" donde nos ofrece recuerdos y señas que ha dejado este álbum por el mundo con el paso del tiempo. Muchas fotografías a página, e incluso a dos páginas, completas son alucinantes, comenzando por esas en blanco y negro con John y Yoko llevando ropas militares. ¡Tú dirás que yo soy un soñador pero con discos y libros como este todavía podemos imaginar a toda la gente viviendo su vida en paz!


Dolorosa: Presintiendo melodías

Sala Ambigú Axerquía, Córdoba. Viernes, 17 de noviembre del 2018 

Texto y fotografías: J.J. Caballero 

La escuela del pop donostiarra que durante la década de los noventa, con sus huellas aún presentes en bandas de reciente formación, marcó una forma, un sello y un sentimiento a la hora de hacer música sigue vigente en grupos que interactúan generacionalmente en localizaciones geográficas bastante alejadas en distancia pero no en actitud. Dolorosa parece haberse convertido en el proyecto prioritario de Raúl "Jean Paul" Bernal, uno de los músicos más ilustres de la escena responsable de las teclas en las giras de Lapido y hasta hace un par de años refuerzo de lujo en la formación de directo del mismísimo Loquillo. El debut de estos seis músicos encabezados por la dulce voz de Natalia Muñoz llegó hace cuatro años y no hizo el ruido que merecía. Puede que sea ahora, con una fantástica producción titulada "Un gran presentimiento", cuando su despegue mediático encuentre la cobertura deseada. De no ser así, no será por deméritos sonoros ni canciones sólidas, que las tienen a destajo. 

El cariz poético de los versos escritos por Bernal, escritor de profesión y vocación paralela, desentraña el corazón de la mayoría de temas, entre los que "Yo no tengo nada", "Pasar la tarde" o "El amor" cuentan historias de melancolías y sentimientos reencontrados con los que cualquiera se puede tropezar una noche de otoño. A la sala Ambigú Axerquía acudió un mínimo de curiosos a comprobar si las expectativas suscitadas por las escuchas previas tenían una plasmación estimulante en directo. Guitarra acústica y eléctrica con taburete incluido (creo que al letrista no lo hemos visto nunca de pie sobre un escenario), teclados, bajo y batería (el enorme Antonio Lomas al fondo, otro nombre mítico e integrante de varios grupos de la ciudad) aglutinados por la contradictoria levedad de la cantante, una presencia tan limitada en carácter como personal en la recreación de los temas. Natalia compensa su timidez con la fe con la que le canta a los amigos que han de volver de "Inglaterra", lo que puede suceder "Cualquier día de estos", las consecuencias de "Arder en leña ajena", el deseo de no volver a sufrir por amor y "Que solo lo sepa yo" o el recorrido ensoñador por las calles de Granada atrochando por "Cobertizo y Faltriquera", lo que viene siendo el grueso melódico de su última entrega. Pero también electrifican y dotan de más fluido roquero a temas que en estudio ya lo apuntaban, como "Biografías" y "La vida es triangular". Es en la monotonía, el tempo plano y la insistencia en acentuar la nostalgia al tocar e interpretar de otros como "La peor verdad", "Tú te vas de mí" y "Que el mañana sea bueno" donde puede estar todavía su talón de Aquiles. En el terreno en que se mueven lo hacen francamente bien, saben "Dominar el tiempo" y nos regalan una maravillosa "Canción de amor para la ciencia", puro ensimismamiento pop con unos arreglos preciosos, preludio de la pausa necesaria para que "Stolte parole" y "Canción protesta", lo más cerca que han estado del posicionamiento social, finalicen un repertorio sin grandes sobresaltos ni una sola mácula que reprocharles más allá de la ya apuntada previsibilidad. Ningún problema para el disfrute, no obstante. 

Dolorosa pueden asentarse como los herederos perfectos de nombres como La Buena Vida, Le Mans o los inolvidables Family. Con personalidad propia, grandes letras y un aroma a café caliente a media tarde, a rabia contenida que nunca deberíamos liberar, a flores con aroma de otro tiempo y a amoríos perdidos en la oscuridad. Una manera inteligente de entender el pop nutrida con algunos de sus ingredientes más saludables. En Córdoba ya sabemos que su dieta musical no es alta en calorías pero sí en proteínas, sobre todo para el espíritu, lo cual ya es decir mucho.

La gira de despedida de The Pretty Things pasará por nuestros escenarios


Todo llega a su fin, y parece que la historia en la carretera de The Pretty Things también, o por lo menos eso indica la gira emprendida por la banda inglesa para poner fin a su larguísima historia de patear escenarios. Una serie de actuaciones que tendrán su colofón el 13 de diciembre con una especial en Londres. Hasta ese momento, algunas de nuestras ciudades serán visitadas por la huracanada veteranía de este combo.

Más de cincuenta y años han pasado ya desde que los Pretty Things viesen publicado su primer single de la mano del sello Fontana. Durante ese tiempo, el proyecto puesto en marcha por Dick Taylor y Phil May ha impuesto un sonido particular, y en muchas ocasión precursor o influencia definitiva para muchas escenas, repleto de crudeza y ritmo, en el que el rhythm and blues ha sido la pieza central pero donde no han faltado elementos de punk, garaje o pop. Con una extensa carrera que cuenta con el "The Sweet Pretty Things (Are In Bed Now, Of Course…)" como última publicación, sus presencias sobre las tablas se cuentan por experiencias sugestivas, por lo que más que nunca, ya que podría ser la última vez, se hace necesario estar atento a la extensa gira que nos los acerca y que cuenta con las siguientes fechas:

Viernes, 23 de Noviembre: Pamplona (+ Jon Ulecia Y Cantina Bizarro), Auditorio Barañain

Sábado, 24 de Noviembre: Vitoria-Gasteiz, Helldorado

Domingo 25 de Noviembre: Barcelona, Marula Cafe Hora:

Miércoles 28 de Noviembre: Cadiz, Campus Rock

Viernes 30 de Noviembre: Madrid, El Sol

Sábado 1 de Diciembre: A Coruña, Mardi Gras

Inadaptados: "Rock & Roll Desesperado"

Por:Txema Mañeru 

Quienes recuerden a los King Trash Fandango estarán contentos de tener a varios de sus miembros en estos Inadaptados. Desde Canarias nos llegan 12 canciones propias grabadas en directo en el estudio capturando toda la crudeza y rudeza de su sonido. Crudeza remarcada por la buena masterización habitual de Mike Mariconda. Este "Rock & Roll Desesperado" sólo podía estar en el sello FOLC Records y llama la atención ya desde la fantástica ilustración de portada a cargo de Mik Baró. Un monstruo y la banda con sus instrumentos en un coche vintage con matrícula "Fuzzz". En el encarte interior, con las letras, se ve que ya no son unos chavales pero posan muy chulos con camisetas de Inadaptados, las Sonic’s Rendevouz Band y Hot Rodders

El Fuzzo está sembrado con sus guitarras y también le secunda bien con la suya el buen vocalista Javi Fuentes. Buli en la batería y Brito con el bajo y la voz forman un cuarteto con 4 pares de cojones, claro. Abren su fiesta particular con "Velocidad y Rock&Roll", en la que nos cuentan precisamente eso, "velocidad y rock&roll, ahora todo irá mejor… Rock&Roll no puedo dejar de bailar”. Y eso es lo que quieren. Que no dejemos de bailar con este endiablado ritmo, sus crudas guitarras y un aire cercano hasta a los primeros Stray Cats. "Baila Para Mí" también incita a mover los pies, pero de una manera más insinuante pues tiene toques más oscuros como Los Coyotes en sus primeros singles. En "A Solas Contigo" tenemos guitarras crujientes y voz de fondo al estilo de The Cramps y también con reminiscencias al rock’n’roll de los 50. Acaban gritando "Algo Salvajes"… y lo son de verdad. Cierran la cara A con el lento "El Gallinero" con fascinantes guitarras y ritmos vudú. 

La cara B es su declaración de principios y solo podía titularse "Rock & Roll Desesperado". La única colaboración externa es la divertida letra de Pablo Rebelión para "La Venganza de los Muertos". Un rock’n’roll siniestro, con estribillo divertido y guapos coros que remite a Parálisis Permanente o Los Carniceros del Norte. Regresa la velocidad y las guitarras sucias en un "Basurero" que rebosa buena mierda. No falta el salvaje rhythm & blus a lo Bo Diddley o Hasil Adkins de la crepitante "El Desván". El final también es oscuro y sucio con un "Amor Zombie" que te revuelve las tripas con su brebaje de guitarras distorsionadas y cargadas de fuzz. ¡Qué buena inadaptación y desesperación! 

Ya sabes que las tiradas de los vinilos de FOLC suelen ser bastante limitadas por lo que te aconsejamos que te pases por www.folcrecords.es para no quedarte sin tu copia. Además así te enterarás que acaban de sacar el estupendo nuevo disco del australiano Johnny Casino, "Trade Winds", grabado junto a miembros de Asteroid B-612, Nick Cave & The Bad Seeds, The Stems, The Triffids, The Volcanics, The Drones o You Am I. Además está el EP en 7” de Trash-Tornados, "The Amazing Swing And Roll" (sólo 500 copias con preciosa y gatuna portada). Por último otra joyita como es el single compartido a nombre de Peralta And Sid Griffin. Junto al líder de Long Ryders y Coal Portes se marcan una gran versión del "Older Guys" de los Flying Burrito Brothers. ¡Esto es todo amigos!


Ana Curra, leyenda y actualidad punk

Sala Razzmatazz, Barcelona, Sábado, 10 de noviembre del 2018 

Texto y fotografías: Àlex Guimerà 

Ana Curra es uno de los mejores activos que nos queda de lo que se denominó la escena de la "movida madrileña". Miembro de los Pegamoides en sus inicios junto a Olvido Gara (Alaska) y fundadora de los seminales y efímeros Parálisis Permanente, también de Seres Vacíos, tras morir su pareja Eduardo Benavente tuvo una breve carrera en solitario , con la publicación de un sólo disco "Volviendo a las andadas" (1987), antes de caer en un injusto semi-olvido.Y es que la música de nuestro país le debe de recordar por ser una de las artífices del sonido post-punk español de los ochenta, por ser pionera en adoptar en castellano los sonidos de gente como Joy Division, The Cure o Siouxsie & The Banshees, pero sobre todo por formar parte de una de las mejores bandas del rock patrio y del sello discográfico que lanzó a gente como Loquillo o Gabinete Caligari.

Con todo, el personaje y su música se plantó ante una sala 2 del Razzmatazz en la vuelta a una Barcelona que no la veía sobre los escenarios desde 2012 y que como en la anterior ocasión resucitó a veteranos seguidores del punk nacional con ganas de pasarlo a tope. Aunque el comienzo (puntual) tuvo lugar al ritmo siniestro y gótico de "Aprendiz de bruja", adelanto de su próximo álbum previsto para 2019, en el que la diva apareció encapuchada y con capa, sin mostrar su rostro y realizando proclamas sobre la muerte en un clímax guitarrero adornado por luces rojas. ¡Un gran arranque! Acto seguido (nunca mejor dicho) la bajista abandonó su lugar para ubicarse en los coros y dar entrada al mítico Rafa Balmaseda, el único músico original que permanece de Parálisis Permanente, y abordar a todo trapo "El Acto", tremenda pieza que titula el icónico e imprescindible álbum de 1982. 


Eran los comienzos de un directo impactante, dinámico y entregado de una banda que sonó cohesionada y a las mil maravillas. Hablamos de los potentes guitarrazos de Iñaki Rodríguez y Verdi, de los ritmos incesantes del descamisado batería ("malote" según la propia Ana) Iván Santana, los fabulosos coros de Pili Spector (también al bajo en las nuevas) y de la imprescindible línea de bajo Rafa. Son músicos de nivel que interpretaron unos temas añejos que en los ochenta sonaban a sucio punk pero que en el directo se escucharon más potentes y metaleros. Pero el eje de todo aquello fue, cómo no, esta gran rockera a la que reverenciar que es Ana Isabel Fernández conocida por todos como Ana Curra. A punto de cumplir la sesentena se la ve formidable, físicamente en sus bailes, saltos y gesticulación escénica, como en su potencia vocal. Apoyada cómodamente en el teclado -recordad que es profesora de piano en el Conservatorio de Madrid-, cuando no dando latigazos sadomasoquistas al tambor eléctrico. Y es que la sexualidad y el erotismo es algo que su actuación no dejó de transmitir, no tanto por sus letras, si no por una actitud interpretativa que sólo los grandes monstruos del rock son capaces de poseer. Quien ha visto a Iggy Pop o a Mick Jagger, será capaz de entender a qué me refiero.


El repertorio, el previsto, con gran presencia de los Parálisis Permanente, con gemas como la épica "Nacidos para dominar", la irreverente "Quiero ser santa", los riffs letales de "Tengo un pasajero" o las esperadas versiones: desgarradora "Quiero ser tu perro" (Iggy Pop & The Stooges) y triunfal "Héroes" (David Bowie).  De Seres Vacíos cayeron la popera "Luna nueva", la inquietante "Ratas" y la sexual "Desnúdate". Momento estelar con el otro anticipo de la noche "Aprendiz de bruja" (de nuevo con pilar al bajo y Rafa fuera) con Ana cantando desesperadamente con unas medias cubriéndole la cabeza. Acongojante. 

De nuevo llegaron los Parálisis en la recta final con "Jugando a las cartas", "Todo el mundo" y "Unidos", anticipando la parte más punk del concierto. Para la vuelta del bis el arranque solemne con Ana a los teclados en "Visitando a Bach" dio paso al absoluto desenfreno con la potente trilogía clásica""Adictos a la lujúria", "Autosuficiencia" y "Un día en Texas" con el público enloquecido y la formación de un mosh en el que la nostalgia de los ochenta revivió con esos temas que son auténtico patrimonio nacional.