Entrevista: Los Zigarros

“Nuestras giras están llenas de estímulos, gente y jolgorio” 


Por: Javier González/javi@elgiradiscos.com

Es innegable que Los Zigarros se han convertido en una de las grandes bandas de la música rock de nuestro país en los últimos tiempos; su actitud, garra y buen hacer sobre las tablas, sumado a un incontestable puñado de canciones, les han granjeado el cariño y devoción de un público heterodoxo, siempre ávido de sensaciones que superen por ambos costados a los miméticos ritmos que se facturan en muchos casos en el omnipresente pop indie de fabricación nacional.

Last Fair Deal: “Odyssey in the Key of Three”

Por: Sergio Iglesias 

“Odyssey in the Key of Three” es el sugerente título del nuevo e imprescindible disco de Last Fair Deal, una de las grandes esperanzas del rock bilbaíno que, junto a bandas amigas como Quaoar o Highlights, están revolucionando el panorama musical de la ciudad. 

En este caso, el trío (sí, sólo son tres, aunque parezca mentira) formado por Gonzalo Portugal a la guitarra, Iker Arbizu al bajo y Virginia Fernández a la batería, parece haber ampliado su abanico de influencias respecto a sus discos anteriores y ha conseguido un trabajo que, basándose en el sonido blues y rock con el que se dieron a conocer, se adentra un poco más en territorios del hard rock como en “Wild Rose”, el tema con el que da comienzo el disco, y al que sigue “My song”, un extraño y sorprendente cruce entre AC/DC y Black Crowes, banda que también deja su impronta en “Roots”, que cuenta con la voz de Iñigo “Quaoar”. Llama la atención el rock and roll de “Let´s Move”, que nos recuerda al sonido de The Head Cat, aquel grupo que Lemmy montó con Slim Jim Phantom y otros ilustres de la escena rockabilly, así como “N.L.D.”, con un claro regusto al rock de los 90.

El disco está grabado en formato LP y la transición a la cara B, se hace al ritmo de la instrumental “Odyssey”, que da paso al blues acústico de “Sweet tender head” en el que se siente la influencia del faro que siempre ha seguido la banda y que no es otro que su admirado Rory Gallagher, cuyo eco sigue resonando en “Neverending story”, otro de los grandes momentos del disco. Para el final dejan el rock de “Warning” y el blues con toques de rock sureño de “Told me”, para acabar con “Storm”, un compendio de todo lo que hemos dicho anteriormente: blues, rock, hard rock… En definitiva, un trabajo redondo de una banda que ya no son una promesa y que se reivindican, disco a disco, como uno de los grandes grupos de su generación.

Entrevista: Club del Río

"Más que una mezcla de estilos nuestra música es una mezcla de emociones"

Por: David Marsé  

Si tienen prevista la decisión de escuchar al grupo Club del Río, olvídense de etiquetas o epígrafes que definan estilos y/o géneros, porque el combo madrileño supera cualquier categorización posible. Su sonido, siempre marcado por un trabajo vocal de alto calado melódico, igual se fija en el folk, ya sea latino o anglosajón, el jazz, el rock progresivo o lo que se ponga a tiro... "Un sol dentro" precisamente es el nuevo, y segundo, trabajo que la banda ha editado recientemente y que muestra su cara de manera más trabajada y perfeccionada. Contagiosos y heterodoxos, en esta entrevista les conocemos algo mejor...

Vuestra música es una curiosa y muy personal mezcla de estilos, donde cabe del rock progresivo hasta el folk latinoamericano, pero al final me parece que hay en ella unas constantes como son un concienzudo trabajo instrumental, juego melódico de voces y un espíritu muy contagioso entre lo bucólico y casi espiritual. ¿Os veis reflejados en esos elementos?

Club del Río: Nuestra música se limita a nuestra experiencia espiritual y física del mundo que nos rodea. Lo que hacemos es mezclar eso en una coctelera con todos nuestros gustos musicales, que son muchos y variados. El resultado es un sonido propio. Intentamos ser exigentes y que no suene a trillado, buscamos caminos nuevos y sin duda damos muchísima importancia al juego de voces que es un poco el germen del Club.

Este nuevo disco me transmite incluso un sonido más cuidado, más meticuloso pero sin perder naturalidad, ¿es así y ha tenido que ver para ello trabajar con Raúl Pérez en su estudio? 

CDR: En este disco hay más vueltas de tuerca. Hemos añadido un elemento diferenciador con el primero que es la introducción de batería. Las canciones están muy cuidadas tanto instrumentalmente como en lo vocal y la lírica. Raúl Pérez ha aportado muchísima sabiduría al disco y el hecho de convivir durante una semana en su estudio con el le da un elemento de cohesión y coherencia muy significativo. 

En general también me da la sensación de que os acercáis más a las influencias de la música negra, principalmente alrededor del jazz-swing, dejando algo más de lado el folk, no sé si era esa la intención… 

CDR: No llevamos una intención clara, cada canción responde a una sensación y puede relacionarse con un estilo pero no es nuestra intención inicial, es una consecuencia de la vibración que lleva cada canción. Nosotros intentamos hacer nuestro sonido, nuestra música propia. 

Un disco que logra transmitir muy diferentes sensaciones, desde la libertad (“Estampida”), lo bucólico (“Montaña”), la intensidad (“Famélico”), o la nostalgia (“Amar es llorar”)… ¿Pretendíais precisamente eso, mostrar todo un abanico de sentimientos? 

CDR: Precisamente eso, nuestras canciones son reflejos de distintas emociones y eso las hace muy variadas entre sí. Más que una mezcla de estilos nuestra música es una mezcla de emociones. 

Son muchas, y de renombre, las colaboraciones que aparecen en este trabajo (Xoel López, Tomasito, Manuel Machado... )¿En este caso ya teníais pensado los nombres o surgieron en función de lo que pedían las canciones? 

CDR: Surgieron en función de lo que nos pedían las canciones. Gracias a trabajar con el Volcán Música hemos tenido la oportunidad de conocer a todos estos grandes artistas y a la hora de grabar solo tuvimos que pedirlo, si aceptaban y les gustaba estaban dentro y así ocurrió. Tenemos muy buena relación con muchos de ellos más allá de la música. 

Creo que en este “Un sol dentro” incluís algunas canciones de épocas pasadas, ¿ por qué esa decisión de recurrir a ellas, se trata de actualizarlas y pasarlas por el momento actual en el que os encontráis? 

CDR: Se trata de darles una salida, son canciones que aun siendo del pasado significan mucho para nosotros y no queríamos que se quedasen colgadas. También al retomarlas después de un tiempo adquieren otros tintes y las renovamos un poco para que suponga algo fresco y emocionante de tocar. Tenemos muchas canciones así, canciones guardadas en el tintero para retomar cuando nos apetezca.

Tanto los dos títulos de vuestros discos, “Un sol dentro” y “Monzón”, como en diferentes referencias a lo largo de las canciones, hay una alta presencia de elementos de la naturaleza, ¿son conceptos importantes por su simbología en vuestra música? 

CDR: La naturaleza para nosotros supone una gran simbología, además de disfrutar yendo al campo, vemos en la naturaleza una gran fuente de inspiración a disposición de todo el mundo. Solo hay que usar el tercer ojo y mirar más allá de lo que ven los otros dos. 

Una curiosidad, vuestros títulos de canciones son realmente cortos, ¿consiste en transmitir un fogonazo directo y sintético de la idea que hay detrás de las canciones o simplemente economizar trabajo? 

CDR: No damos excesiva importancia a nuestros títulos. Suelen salir palabras cortas y concisas que hacen referencia de alguna forma a la canción, pero el mensaje está en la letra y en el desarrollo instrumental. Muchos nombres son directamente los que utilizamos como referencia en el estudio mientras tocamos. Por ejemplo, una de nuestras canciones nos sonaba muy africana y decidimos llamarla “la nigeriana”, para el disco hemos decidido llamarla "Nigeria." No hay mucho más, preferimos pasar a la acción que pararnos a comernos el tarro con los nombres. 

Elegisteis ofrecer un concierto de presentación del disco con él recién editado y sin tiempo para que fuera conocido por el público, ¿por qué tomáis esa decisión y qué tal fue el resultado?

CDR: Llevábamos mucho sin tocar y lo estábamos deseando, sabíamos que en Madrid tenemos una parroquia de seguidores fieles que pedían a gritos un concierto y así lo hicimos. Salió mejor de lo que creíamos, la Joy se reventó de personas de todas las edades sudando emociones y llenando el lugar de espíritu y entrega. Fue algo mágico. Sorprendentemente coreaban con nosotros muchas de las nuevas canciones. 

¿Nos podías hablar de esa especie de comuna llamada casa-club en la que vivís varios integrantes de la banda junto a otras personas? A la larga, ¿un ambiente como ese supone un incentivo creativo? 

CDR: Esto fue un experimento que ya llegó a su fin. Estuvimos dos años viviendo en la misma casa muchos integrantes de la banda y amigos que se dedican a otro tipo de actividades creativas. Nosotros vimos la oportunidad de hacerlo y nos lanzamos, sabíamos que iba a ser una experiencia inolvidable que nos iba a unir aún más. Ya teníamos la experiencia de grandes viajes en coche por Europa hacia el norte y hacia el este y esta casa iba a suponer un gran viaje interior de dos años. Hemos aprendido mucho y creativamente gran parte del disco proviene directamente de las emociones surgidas en esta casa. 

El hecho de ser una banda formada por amigos desde hace muchos años, ¿influye en ese resultado final de vuestro sonido que transmite esa sensación de cercanía y calidez? 

CDR: Creemos que lo hace todo, nos sentimos muy unidos tanto generacionalmente como amistosamente. Somos un grupo humano con un canal de expresión más allá del habla. Hacemos música desde hace tiempo y nos sirve como vía de escape de todo tipo de emociones, buenas y malas. Estamos unidos en una intención de transmisión humana y nos llevamos muy bien a la hora de viajar y currar. Es una suerte poder trabajar de esta manera con tus mejores amigos.

Shinova: "Volver"

Por: J.J. Caballero 

Cuarto álbum ya el de los vizcaínos, y tercera ocasión para subir un peldaño que no acaba de conducirles al camino del éxito, al menos en lo que a repercusión en medios y público se refiere. El caso de este quinteto es otro de los típicos en los que las buenas intenciones y la mejora ostensible de los medios a su alcance no cuadran de manera evidente en los resultados artísticos. "Volver" es un nuevo intento, fallido a nivel general, pero con buenos e interesantes momentos que impiden perder la confianza en una banda que prometió quizás demasiado con sus dos anteriores entregas. 

 El pop rock pomposo del que hacen bandera a lo largo de todo el disco puede que no les beneficie en exceso, sobre todo cuando es en los momentos más acústicos cuando demuestran que tienen cierta capacidad para emocionar. Con todo, el aire a Coldplay de temas como "El combate del siglo" dota de majestuosidad y sentido de la melodía a un disco que establece una dirección clara, la de las canciones radiantes y trabajadas a nivel de arreglos (la producción y el cobijo de Warner, que los ha incorporado a su catálogo, tienen mucho que ver en ello), uno de los puntos a favor, así como la contundencia vocal de Gabriel de la Rosa, aportando personalidad y empaque a la propuesta del grupo. Basándose otras veces en forzadas metáforas, como sucede en "El país de las certezas",  pueden recordar a algún que otro pope del indie nacional, a Izal concretamente, lo cual tampoco sabemos si es bueno o malo, pero a ellos les sirve. 

La vertiente folk también tiene cabida en un tema como "Doce meses (El año del maravilloso desastre)", que sirvió de avanzadilla como resumen de las características del nuevo trabajo. Aumentando matices con un poso de electrónica en "Viajero" y otro poco de pop bailable en "A treinta metros", completan un abanico atractivo en forma, de estallido inmediato, que por ahora sigue deshinchándose a cada escucha, bien por remitir a algo ya sobradamente escuchado o bien por carecer del gancho necesario para convertir tantas buenas intenciones en un producto realmente sólido y con visos de fructificar en algo realmente duradero en nuestros oídos. Claro que otros dirán que como ya está todo inventado, no hay ningún problema en entretenerse y disfrutar de cualquier intento honesto y concienzudo, como es el caso.

Deniz Tek: "Mean Old Twister"

Por: Txema Mañeru 

No sé si será que la última reencarnación de los Radio Birdman les ha dado nuevas alas a Rob Younger y Deniz Tek, el caso es que tanto el primero, con The New Christs, como el segundo, con su proyecto en solitario, están en un inmejorable estado de forma. También lo están con su banda, porque tanto en su último concierto en el Kafe Antzokia como en el Azkena Rock, estuvieron imponentes y aplastantes. Tek está también inspirado pues cuando grabó hace tres años "Detroit", empezó ya a trabajar en las canciones de este flamante "Mean Old Twister" (Career Records / Promola!) que tiene una versión guapa en vinilo con un cuadro del propio músico en portada, pero también cuidada edición en compacto con libreto interior. 

Pero lo mejor son las canciones y el tropel de excelentes músicos que le acompañan. La banda base es la del disco anterior con Ric Parnell (Spinal Tap, Atomic Rooster) en la batería y su habitual bajista desde que debutó en solitario allá por el 92, Bob Brown. Pero es que además les ayudan con unos decisivos teclados Ron Sanchez y Erik Olsen con fantástico piano eléctrico y saxo tenor. Parker Brown mete su contrabajo y John Roberts disfruta de lo lindo con su piano eléctrico, Wurlitzer y trombón. Por último Steve Brown y Joe Sheehan ponen guapas percusiones y congas que especialmente brillan en un tema de folk acústico como "Free at last", que luego añade aires soul, precioso órgano, saxo y un fantástico solo de guitarra eléctrica. El conjunto puede encantar por igual a seguidores de Warren Zevon o de Willie Nile. 

Antes de eso tenemos mucho más, comenzando por el rompedor inicio puro Radio Bridman, a caballo entre el high energy de Detroit y el r'n'r australiano. Su título "Burned black". El disco está grabado en cálido sonido orgánico y a ello contribuye las buenas mezclas de su compañero Rob Younger, como se ve en "Corner conversation", con una exquisita melodía y despuntes eléctricos. El emocionante y noctámbulo saxo y piano se salen en el medio tiempo "Somewhere" y "Table for one", una sensacional balada country con aire a los Stones y destacados órgano, piano y guitarra. Ese aire a los chicos de Kiz y Mick se repite en la final "Death by text" con un riff puro Kiz, destacado teclado y guapos punteos finales. La cara A se cierra con el instrumental entre surf y Ennio Morricone "Comanche".

La cara B se abre con "Prison mouse", y es puro R&B salvaje y con armónica. Un vertiginoso tema que será una pasada en directo y con el que sacarían chispas los Birdman. En "New York Confidential" colabora en la composición el propio Younger, y en "Cranbrook" nos vuelve a entregar otro precioso lento entre The New Christs y Died Pretty. Una vez más el órgano de Sanchez está muy bien, pero todavía mola más el fantástico sonido del piano eléctrico. El disco acaba además en lo alto con dos temas de los que ya te hemos hablado anteriormente. El último es caliente rock'n'roll y finaliza con los siempre encendidos y conseguidos punteos de Deniz. ¡Un muy buen disco que ojalá le traiga de gira con esta gran banda!

Iván Ferreiro: "Casa"

Por: Javier Capapé 

Iván Ferreiro nos abre las puertas de su casa de par en par. No deja sitio para las medias tintas, va al grano y nos deja con la sensación de estar mano a mano con el protagonista de estas historias. Nos presenta una colección de canciones vitalista desde la derrota y a la vez muy esperanzadora. Él mismo contaba que este disco partía de situaciones personales difíciles pero afrontadas desde un punto de vista optimista y eso es precisamente lo que consigue: dibujar una sonrisa en el oyente a pesar de mostrarnos una temática por momentos dolorosa y cruda. Eso sí, el disco es de los más coloridos de toda su trayectoria estilísticamente hablando. Hay canciones que recuerdan a su etapa en Piratas por sus ambientes más densos y otras que respiran ligereza y una aparente inocencia en sus formas. Pero ante todo destacan los temas de profunda temática acompañados de un tratamiento musical contundente e incisivo. 

En “Casa” podemos diferenciar dos grupos de canciones: las que pegan con fuerza y se desarrollan sin prisa pero de forma aplastante y aquellas más ligeras y algo más alejadas de ese tratamiento conceptual de sonido que apreciamos en las primeras. Tal vez en ese primer grupo de canciones, que son el sustento del álbum, encontramos las de letras más personales y en el segundo grupo se desarrolla una mayor variedad estilística que permite también más eclecticismo en el contenido. Mi clasificación en estos grupos vendría a situar a “Casa, ahora vivo aquí”, “Los restos de amor”, “El pensamiento circular”, “El viaje a Dondenosabidusientan” y “Tupolev” en el primer grupo y a “Farsante”, “Dioses de la Distorsión”, “La otra mitad”, “Laniakea”, “Dies Irae”, “Todas esas cosas buenas” y “Río Alquitrán” en el segundo. 

“Casa, ahora vivo aquí” nos invita a entrar en su vida y a formar parte de esta experiencia como algo nuestro. Un tema que invita a “entrar” y a comenzar el camino de la mano de Iván Ferreiro y sus fieles escuderos, desde su hermano Amaro hasta Pablo Novoa, pasando por Emilio Sáiz o el omnipresente Ricky Falkner, de nuevo en los mandos de la producción. De hecho, con su llegada a los controles y el final de su etapa con Suso Sáiz al publicar “Val Miñor-Madrid”, el sonido de Iván Ferreiro se ha depurado y cristalizado para acercarse al oyente más directamente, dejando atrás excesos sonoros (que eran muy interesantes, por supuesto) y dando paso a un sonido más colorido y vital. 

Las revoluciones bajan casi al máximo con “Farsante”, una letra dura pero acompañada de un sonido casi virgen, que necesita lo mínimo para incidir profundamente. El sampleado acústico con el que abre “Dioses de la Distorsión” recuerda a maneras utilizadas anteriormente con Piratas, pero desemboca en una canción muy clara en su discurso, y es que Iván Ferreiro se abre cada vez más y lo hace con las palabras adecuadas, desprovistas de artificios, yendo al grano. “La otra mitad” me parece una suerte de experimento pop que bien podría haber firmado el gallego junto a los zaragozanos Tachenko. Es un tema fresco, casi podría decirse que incluso dulce. Puede parecer atípico para Ferreiro, pero le sienta como anillo al dedo. “Laniakea” se disfraza de ruidismo y nos regala una guitarra desgarrada para cerrar que aporta el momento más interesante del tema y nos conduce a una canción algo fuera de lugar en el conjunto como es “Dies Irae”, que formaba parte de la banda sonora de la trilogía del escritor vallisoletano César Pérez Gellida “Versos, canciones y trocitos de carne”, y que Ferreiro ha querido incluir aquí en una versión diferente de la que conocíamos hasta ahora. 

Llegamos así a la segunda parte del disco, donde empieza verdaderamente lo más interesante. El arranque con “Los restos del Amor” es estratosférico, con ese riff sampleado de Egon Soda que vertebra toda la canción y la dota de un ritmo que seduce y arrastra. Le sigue “Todas esas cosas buenas” a modo de guiño pseudo optimista-juguetón. Una canción aparentemente sencilla pero que se atreve a llamar a las cosas por su nombre dejándonos mecer por la búsqueda del optimismo. La gema indiscutible del disco es el tema que también ha sido elegido como primer single. “El pensamiento circular” resume a la perfección el espíritu de todas estas canciones tanto en lo temático como en lo estilístico. Funciona como un mantra que va de menos a más y te atrapa, te envuelve y te invita a volver a ella una y otra vez, buscando nuevos mensajes, recovecos inexplorados y valientes lecturas. “El viaje a Dondenosabidusientan”, de título impronunciable, es también potente, desgarrada en su mensaje e incisiva en su instrumentación, marcada por sonidos más electrónicos y por momentos también emparentados con Piratas. “Tupolev” encara la recta final con rabia, mostrando el poder de las canciones como terapia, para desembocar en “Río Alquitrán”, una canción que desde la serenidad consigue transmitir la decepción unida al comienzo de algo nuevo, porque todos los finales pueden convertirse en principios. Una sabia lectura de las segundas oportunidades. 

En esta segunda parte del disco el listón no ha bajado ni un momento (tal vez desentone un poco “Todas esas cosas buenas”, aunque este tipo de canciones le sientan muy bien a Ferreiro) y confirma así una colección de canciones inspiradísima, con un Iván Ferreiro entregado, desnudo en intenciones y a la vez perfectamente vestido de sonoridades envolventes, que atrapan y que te hacen volver a ellas sin remisión. 

Iván Ferreiro está demostrando dar pasos de gigante con cada disco publicado, ofreciendo siempre algo más, que consigue seducir a la vez que desafiar al oyente. Ya lo hizo con “Mentiroso Mentiroso”, superando el riesgo de su debut en solitario, volvió a hacerlo con la luminosidad de “Val Miñor-Madrid” tras la oscuridad de “Picnic Extraterrestre”, y ahora vuelve a demostrarlo con este “Casa”, que recoge lo mejor de toda su trayectoria a nivel de estilos y los eleva a un estadio superior. Siempre con su característica voz marca de la casa, que podrá gustar más o menos, pero que tiene un punto único inimitable. 

Seguro que nos llegarán grandes discos del gallego en años venideros que disfrutaremos tanto o más que éste, pero yo por ahora abro las puertas de esta “Casa” y me sumerjo dentro de ella enamorándome de cada canción, de cada sutil detalle, de cada mensaje lanzado a bocajarro. Me vuelvo a enamorar de Iván Ferreiro.

Entrevista: A Por Ella Ray

"Ésta es la oportunidad de hacer libremente las canciones que siempre quisimos escuchar"

Por: David Marsé 

Provenientes de muy diversas aventuras musicales, Juan Pastor, José Krespo, Álex Hernánz, Pablo López de la LLave y Edu Fernández-Villamil, encuentran su punto de unión en esta nueva banda de nombre A Por Ella Ray. Tras unos primeros pasos, ahora es el momento en que nos muestran su personalidad completa por medio de su disco debut "Turista". En él nos encontramos a un grupo que desliza su pop-rock por ambientes "indies", entendiendo el término como sinónimo de paisajes etéreos, como en demostraciones más directas, todo bajo un trabajado engranaje instrumental. El viernes 2 de diciembre, en la sala Costello de Madrid, darán el pistoletazo de salida a la gira de presentación del álbum, nosotros nos adelantamos un paso y hablamos con ellos... 

A Por Ella Ray lo formáis músicos con recorrido previo y provenientes de diferentes bandas, ¿qué tiene este proyecto para aglutinaros? 

A Por Ella Ray: Pues aparte de una dosis justa de azar, ya que todos nos conocemos al coincidir trabajando en otros proyectos musicales, contiene la oportunidad de hacer libremente las canciones que siempre quisimos escuchar, junto al sonido que queríamos escuchar. 

Antes de publicar el primer disco largo habéis tenido un desarrollo como grupo de un par de años, incluida la publicación de un EP, ¿ese tiempo previo lo veis como imprescindible para haber logrado un sonido personal y trabajado en este álbum? 

APER: Por supuesto! El sonido medular de A Por Ella Ray radica en esos dos primeros años cuando la banda sólo eran cuatro componentes. Cierto es que sufre un cambio muy notorio cuando pasa a cantar Juan Pastor, también bajista de la banda, y fraguamos nuestro primer largo, “Turista” ya siendo cinco: José Krespo (guitarra y coros), Alex Hernanz (guitarra), Pablo López de la Llave (pianista y coros) y Eduardo Fernández-Villamil (batería); pero a lo que el sonido se refiere, sólo variamos el rumbo unos 45 grados... 

Un sonido, el plasmado en este disco, que parece un cruce de caminos en el que cogéis principalmente elementos del pop (melodía),el rock (intensidad) y la electrónica (texturas) ¿Al final sois un compendio de los variados gustos de cada uno de vosotros? 

APER: Sí, en nuestras influencias puedes encontrar grupos de rock nacional como Leño, Extremoduro, Egon Soda o Pony Bravo que contrastan con artistas internacionales como Grizzly Bear, Beirut, Bon Iver o The Killers; así que todos hemos dejado nuestra impronta en el disco. Además que intentamos ser muy democráticos al crear y producir. 

En “Turista” las canciones juegan principalmente con el equilibrio entre un sonido directo y pegadizo bajo una escenificación más producida y envolvente, ¿son dos elementos esenciales entre los que fluctúa vuestro sonido? 

APER: ¡Exacto! Nosotros mismos nos sorprendemos al autoreconocernos en el resultado final de lo que estamos haciendo. Cierto es que al fin y al cabo somos una banda incipiente y cada día crecemos como tal, pero hay hitos que marcan una etapa en el camino, como es el caso de un disco, y ante ello lo intentamos definir como sonido crudo a la vez que sofisticado… Algo así como el Steampunk, pero dentro del estilo musical indie-rock.  

El disco ha sido grabado en la casa de varios de vosotros convertida en estudio, ¿hasta qué punto influye trabajar en un entorno así, más cercano e íntimo, de cara al resultado final?

APER: Es algo que alguno de nosotros siempre quiso hacer alguna vez en la vida, e influye muy positivamente en el resultado. Principalmente porque no tienes la presión del tiempo impuesto al trabajar en un estudio contratado; y tampoco por tener que irte a casa porque ya esta ahí… Lástima que dos de ellos no vivían allí. Es como navegar. 

En “Turista” hay algunas canciones ya conocidas, ¿querías ofrecer esas composiciones adaptadas al perfil actual de la banda? 

APER: Claro que sí, hay temas que son imprescindibles en nuestro repertorio y no queríamos perder con la marcha del anterior cantante, así que les dimos una vuelta y los adaptamos a la voz de Pastor, más grave, áspera y oscura. 

Me llama la atención la diversidad en las colaboraciones que habéis manejado, quizás presencias como Ricky Falkner o Charlie Bautista sean más lógicas a priori, pero una como la de Jaime Urrutia, al margen de motivada supongo por vuestro admiración, ¿es también la demostración de vuestra heterodoxia y la huida de cualquier tipo de cliché? 

APER: El motivo no es ese, pero reconocemos que nos gustaría ser al indie español lo que Gabinete Caligari fue a la movida y al rock nacional de los 80. Sería genial que la gente lo entendiera a modo de alegoría, pero la razón una vez más fue el azar y la amabilidad de Jaime al prestarse en esta colaboración, así como la de Ricky, Charlie y todos los amigos que aparecen y trabajaron con nosotros en “Turista”. 

Un elemento importante en el grupo me parecen unas letras elaboradas e impregnadas de simbología, ¿es un aspecto en el que ponéis especial dedicación, jugar con el lenguaje y huir de un “discurso” fácil? 

APER: Nos gustan las letras elaboradas, aunque valoramos mucho la síntesis y sabemos que a veces es aún más complicado expresar una acción o emoción con simpleza. Hay gente que lo consigue y la envidiamos, pero a nosotros nos salen así de complejas y cargadas de simbología. 

Siguiendo con ellas, me parece verlas un indudable carácter íntimo/personal pero también un cierto alcance más social, como si se manejara en ambos planos una idea que parece común a lo largo del disco que es la de un cambio de escenario... 

APER: Nosotros cantamos sobre todo al amor y a la política, aunque haya también otros temas que puedan hallarse reflejados en nuestras canciones, no se encuentran muy lejos de estos dos pilares, ya que tratan de familia y amistad, y obviamente están relacionados. 

Otro de vuestros símbolos es la autogestión, ¿viene propiciada por una manera de entender la música o por la necesidad dado el estado de eso llamado industria musical? 

APER: Definitivamente por necesidad dado el estado actual de industria musical, pero es cierto que eso, junto al avance de la tecnología, hacen que muchos proyectos, al igual que éste, hoy en día existan y puedan crear y exponerse incluso con más libertad que antaño. 

Y un grupo como el vuestro, que alterna la creación de texturas y ambientes con la potencia e inmediatez, ¿qué cara ofrece en los directos, agudizáis quizás esta segunda? 

APER: Inmediatez y directo son dos palabras que van de la mano. Quizás intentamos dar más potencia en nuestras actuaciones, pero ante todo intentamos ser muy fieles al sonido ambiental que contiene el disco y llevarlo con todas sus texturas al escenario.

Puritani & 40 de Fiebre: "El preso y la fuga"

Por: Kepa Arbizu

Sería realmente sorprendente que alguno de los que haya empezado a leer este texto pudiera contestar de manera afirmativa a la pregunta sobre si conoce algún caso de un chef, que además sea poeta y que tenga un proyecto musical. Pues desde este momento ya va a poder hacerlo de forma positiva, porque Sergio Ortas acumula precisamente todas esas actividades en su currículum. Si su nombre ya lo habíamos podido ver en los créditos junto a Bunbury (es el coescritor de la letra de “Plano secuencia”), ahora, acompañado del guitarrista Joe Frijol, su mano derecha e impulsor del proyecto, Coco Balasch y Fran Gazol, da forma a Puritiani & 40 de fiebre. Una banda que acaba de publicar su EP inaugural de rotundo título “El preso y la fuga”.

Un trabajo integrado por seis canciones, y que pese a ese número reducido de temas consigue trasladar una sensación de heterodoxia evidente. Un término que sin embargo no opaca el efecto compacto que transmite, a pesar de sus variadas influencias, buena parte de ellas cercanas a un entorno del sonido de raíces (en su idea más amplia) sombrío y profundo. Un aspecto folk que sin embargo no se detendrá en su vena anglosajona sino que se expandirá hacia rasgos de la chanson e incluso de representaciones más locales.

Tomando como base la ya comentada trayectoria en el mundo de la escritura de Puritani, es lógico adivinar que los textos en su música alcanzan una capital importancia, tal y como sucede en estas composiciones, que por cierto cuentan con una envoltura preciosa en forma de atinada en su simbología portada . Obra de Samuel Aznar y Miguel Frago, esa escalera orientada a los adentros de un gorro de capirote petrificado, es claro reflejo de unos versos que horadan las tuberías de la sociedad y sus individuos, pasean por la suma de derrotas, recuerdan las pérdidas y se recrean en los excesivos infortunios.

No es desde luego mala idea comenzar un disco así con “Réquiem”, un canto por los muertos, no necesariamente sinónimo de organismos inertes, trazado a base de ese sentimiento trágico y religioso de unos 16 Horsepower, sin su dramatismo,  pero también marcado por ciertos fraseos y dejes interpretativos, comunes en buena parte del álbum, que le acercan a unos ambientes más tendentes a un trovador. Elemento éste que se mantiene, e incluso alcanza mayor presencia, en un entorno de country-rock, en “Los peces asustados”.

De una manera más patente, el sonido estadounidense se abrirá paso a través de “El preso y la fuga” por medio de un dinámico blues-rock en el que Ortas interpreta con unos ademanes (¿fingidamente?) anglosajones. Incidiendo en esos aspectos más ligados a las representaciones clásicas, “Distopía en la garanja”, a base de un salvaje rockabilly-swing, se presenta como el momento en el que arremete con más dureza contra símbolos varios ("País de toros de lidia / lo que vende una Biblia. / Nunca en tu nombre  / pararán las naciones.). La llegada al final del disco se produce por la oscura vereda que nos indica la sobriedad de “Roto Vals”, marcada levemente por ese ritmo al que hace referencia el titulo, y se cierra con “Nocturno juglar”, que se manifiesta como el reverso de un aniñada melodía, igual una  caja de música que una nana, que culmina con un éxtasis instrumental “raphaeliano”. 

Puritani & 40 de fiebre da forma con este breve trabajo a toda una declaración de principios, tanto sonora, en su sugerente y sombría forma de acercarse, no solo, a un heterodoxo sonido americano, sino a la hora de convertirla en perfecta banda sonora de ese discurso poéticamente trágico. Siguiendo sus propias palabras, es un placer hundirse por todo lo alto en su compañía.