Tropical Fuck Storm: "Deep States"


Por: Pepe Nave

El agujero negro que fue 2020 genera la sensación de que Tropical Fuck Storm habían tocado por aquí recientemente presentando su anterior trabajo "Braindrops" (2019), pero en realidad hace ya dos años de aquello. Su retorno a la actualidad los coge con la misma inspiración que entonces, pero con más intensidad si cabe y con una visión lírica más pesimista.

La banda suena engrasadísima, los ritmos fracturados con tempos poco acelerados pero contundentes de la batería Lauren Hammel y la bajista Fiona Kitschin, sirven de base para el diálogo de guitarras punzantes y abrasivas del cantante principal Gareth Lidiard y la guitarrista Erica Dunn. Siendo de Melbourne, en la mayoría de las reseñas se les compara con otros ilustres del rock "aussie" como The Birthday Party, Radio Birdman o The Scientists, aunque también se podrían mencionar referencias de otras latitudes como Tom Waits y uno de sus habituales Marc Ribot, por esas líneas serpenteantes y pantanosas que siguen en sus canciones.

"The Greatest Story Ever told" abre el camino en forma de balada eléctrica a lo Neil Young, a la que ese estribillo gritado a tres voces le da una vuelta tuerca más, y es que, si la voz algo ronca de Gareth imprime carácter, las de Fiona y Erica la arropan melódicamente y proporcionan euforia, garra o dulzura al conjunto según convenga. La más grande historia jamás contada es aquí una segunda venida de Jesucristo que se sorprende al ver que casi todo el mundo es hoy en día más santurrón que él, al menos en actitud, por lo que decide pirarse ipso facto no sin antes recomendar al personal que se lo tome con más calma. 

Leer las letras y las explicaciones del grupo al respecto es una gran sorpresa tras escuchar su volcánica música. Donde alguien se podría imaginar drama, gravedad o rabia visceral hay un sentido del humor negro imaginativo que da salida a su misantropía, alimentada por el errático rumbo que llevamos los descendientes de los australopithecus. Un enfoque que comparte con Joe Casey de Protomartyr, aunque el americano tiene menos socarronería.

Si bien algunos dicen haber aprovechado los distintos confinamientos para realizarse o sentirse creativos, no es el caso de Liddiard, que confiesa en dos de las canciones su hartazgo en esas situaciones. En la primera, "G.A.F.F.", acrónimo de Give a Fuck Fatigue, algo así como la Fatiga de Me Importa una Mierda, se queja de esa obligación de sentirnos preocupados y opinar sobre cada desgracia, desastre o injusticia acaecidos en el mundo vía redes sociales. El efecto que consigue la sobreinformación es el contrario, nos da igual todo, como dice al final: “no quiero morir mártir, solo estoy buscando un café y un cargador para el móvil”. La segunda, "Bummer Sanger" (un juego de palabras para transformar Summer Banger, un “éxito veraniego”, en “una mierda de sándwich”) es más directa y literal respecto al confinamiento y habla del tremendo aburrimiento de no poder salir de casa en todo el día y menos a tocar a otros países, etc. La mente retorcida del australiano hace que un anuncio de un portal astral en televisión prometiendo viajar a otras galaxias, puesto en voz de sus compañeras, sea su momento de mayor libertad.

En medio, más madera, en "Blue Beam Baby" se pone en la piel de una conspiranoica americana que fue abatida invadiendo el Capitolio, en lo que ella creía que era una misión para liberar al mundo de la ardid tramada por la NASA, los capitostes de la tecnología mundial y los anticristos. Por eso la música tiene la atmósfera de un sueño enrarecido. El tono de pesadilla sigue en "Suburbiopia" en la voz de Fiona Kitchin, que canta divinamente, preguntándose si los miembros de las sectas que apuestan por el suicidio colectivo no serán personas más cuerdas que los que decidimos seguir en este infierno terrenal. 

Si le das la vuelta al vinilo pensando que quizás haya algo de luz en la cara B, "The Donkey" te pone en tu sitio muy pronto, una lenta letanía rock en la que el burro protagonista desea otro diluvio universal y quedarse sin subir al arca, ya tuvo suficiente y si con él se ahogan sus dueños y todos los demás, no tiene que pedir nada más. Tras los coros épicos la canción acaba con las guitarras explayándose, distorsionando.

Aunque "Reporting Of A Failed Campaign" suena más limpia, y hasta con cierto espíritu animado, sirve de vehículo para la letra más ambiciosa del lote, las historias entrelazadas de varios personajes con inicio, nudo y desenlace. Se trata de personas influyentes y manipuladoras que parecen salirse con la suya hasta ese final de novela negra. La historia de un personaje como Jeffrey Epstein es una de las que le inspiró.

Debido a una secuenciación un tanto extraña, nos encontramos después del largo y espinoso trayecto con las dos canciones más románticas y dulces seguidas, casi al final. En "New Romeo Agent" es Erica Dunn la que toma el micro. Es tremendo lo de este grupo, algunas bandas no encuentran cantante y aquí hay tres extraterrestres de la voz que te gustaría ver incluso como cantantes solistas. Ofrece una maravillosa canción pop sin mácula que narra una historia de amor con unos Romeo y Julieta futuristas, de ciencia ficción, que no acaban mejor que los clásicos. También Gareth Liddiard decide enseñarnos su lado vulnerable acordándose de una novia de juventud que se mató en su coche, llevándolo escrito en la frente desde mucho antes, según él; un "Legal Ghost" que no le ha dejado en todos estos años, una balada emocionante sin retorcer en lo musical.

Después de tanta incandescencia y con tanto dicho y tratado, no quedan más palabras y quizás sea buena idea despedirse con un corto y ensoñador instrumental para relajar las mandíbulas, soltar las uñas del brazo del sofá y, exhaustos, pensar en espaciar el siguiente momento en que estemos preparados para estos diez tremendos asaltos. 

Entrevista: Orions Belte

“Una de nuestras principales reglas es no pensar demasiado mientras tocamos” 

Por: Amaia Santana

Cazadores furtivos de constelaciones ajenas a modas y al que dirán, el trío instrumental noruego Orions Belte crea ensoñaciones que lo mismo teletransportan a un verano de resort, como a un extravagante club nocturno en la gran ciudad, o a una galaxia desconocida y remota. 

Orions Belte son Kim Åge Furuhaug (batería/percusión), Chris Holm (bajo) y Øyvind Blomstrøm (guitarra). Hablamos con este último sobre sus más recientes álbumes, “Villa Amorini” y “The Scenic Route” (live), ambos editados este mismo año. El primero es un homenaje al ambiente nocturno y, en concreto, a un desaparecido club de su Bergen natal; mientras que el exquisito elepé en vivo documenta con natural exactitud los conciertos en lugares atípicos de la costa noruega en 2020, en pleno confinamiento. “Queríamos hacer algo diferente, así que salimos a tocar en plena naturaleza y lo emitimos por streaming para que la gente lo viera desde sus casas”, recuerda Øyvind. Tienen su marca propia de sidra, pasan de los radio edit y de las playlists de Spotify y siguen con lanzamientos y colaboraciones “especiales”. Y avisan: pronto habrá más material cósmico. Déjense llevar. 

Tras el colapso pandémico, este año habéis publicado dos (grandes) álbumes. “Villa Amorini” invita a hospedarse en una placentera ensoñación veraniega. ¿Cómo describirías este disco?

Øyvind Blomstrøm: Al igual que nuestro debut en largo, se percibe ese ambiente veraniego, pero entonces era más como un resort, un lugar paradisiaco con palmeras y ese tipo de parafernalia. En “Villa Amorini”, en cambio, se intuye un ambiente estival, pero nocturno. Una noche por los garitos de una gran ciudad. Pero sí, supongo que ese rollo veraniego forma parte de nuestro sonido.

Es curioso que recreáis un sitio, “Villa Amorini”, donde nunca habéis estado.

Øyvind Blomstrøm: Así es. Titulamos el álbum en honor a un club de nuestra ciudad natal, Bergen (Noruega), que desapareció antes de que nosotros empezáramos a salir por ahí. Entonces éramos unos críos (hablamos de los años 80 y comienzos de los 90). La familia de nuestro bajista Chris fue propietaria del establecimiento. En la actualidad, es una gran sala de conciertos, pero tiene otro nombre. Ya no es Villa Amorini. De modo que pensamos que era un bonito tributo a nuestra ciudad, y también queríamos acercarnos a ese sonido de la noche, y alejarnos un poco de las playas soleadas y las palmeras del disco anterior (risas). 

Sobre el álbum que habéis publicado en junio de este año, “The Scenic Route” (live), se asemeja a un ‘road trip’ de colegas por la costa noruega, con una característica particular: ese periplo lo hacéis durante el fatídico 2020. ¿Cuál es la historia de esta ruta escénica?

Øyvind Blomstrøm: Se trata de una colección de canciones ya publicadas, extraídas de un tour que hicimos en mitad del confinamiento, cuando no podíamos tocar delante de nadie. Decidimos ofrecer un puñado de conciertos en streaming, de modo que la gente pudiera verlos desde su casa. Queríamos hacer algo diferente, así que salimos a tocar en medio de la naturaleza. Nos acompañaron nuestros amigos Matias Tellez -quien ha mezclado todos nuestros álbumes y se ha encargado del sonido en directo-, y Nikolai Grasaasen, que filmó todo. Éramos cinco amigos en un auto. Tocamos en una pequeña panadería, en un antiguo cine de los años 50, otros de nuestros conciertos fueron al aire libre, en plena naturaleza, y el último tuvo lugar en una fábrica de sidra, ¡donde hacen una sidra increíble! Este fue un tour sin público; técnicamente es un álbum en vivo, pero no de un concierto al uso. Tan sólo estábamos nosotros, en medio del bosque, el uno frente al otro, tocando nuestras canciones. Tan simple como eso. La verdad estuvo genial tocar en aquellos lugares, ¡fue casi como ir a meditación! Fue una experiencia increíble. Grabamos todos los conciertos y después elegimos un par de canciones de cada uno de los bolos. Y así surgió “The Scenic Route”. 

Efectivamente, no se oye el aplauso ni se percibe el calor del público. Es un álbum en vivo con una calidad de sonido de estudio.

Øyvind Blomstrøm: De hecho, al principio pensamos que el sonido iba a tener mucho ruido: de los árboles, del viento, etc. Pero gracias a nuestro ingeniero de sonido, la calidad es espectacular. Cuando grabas en un estudio, el sonido rebota en las paredes. Pero en el bosque no hay muros, y el espacio resultó de lo más silencioso. La grabación al natural es muy buena. Tanto nosotros como nuestro ingeniero nos sorprendimos ante semejante claridad de sonido. Fue entonces cuando decidimos publicarlo como álbum en directo. Como es habitual, en este tipo de obras se percibe una gran energía, pero muchas bandas arreglan a posteriori su sonido, y añaden voces perfectas y demás… En “The Scenic Route” captamos exactamente el sonido del streaming, suena tal cual tocamos entonces. No hubo arreglos.

“Nuestra gira sin público, en pleno confinamiento, fue extraña; pero al ser una banda instrumental, es más sencillo escapar de todo y adentrarse de lleno en la música. ¡Fue como ir a meditación!”

¿Fue extraño tocar en esas atípicas circunstancias?

Øyvind Blomstrøm: Sí, aunque creo que nuestra música es apta para simplemente estar y adentrarse en las canciones. Supongo que si tuviéramos temas con mucha letra, echaríamos de menos ver cómo reacciona el público, observaríamos cómo cantan nuestras canciones. Pero al ser una banda fundamentalmente instrumental, creo que es más sencillo escapar de todo, incluso de nosotros mismos, y adentrarnos de lleno en la música. Procuramos no pensar demasiado cuando tocamos. En esta gira en particular nos concentramos en relajarnos, tocar y homenajear a nuestra audiencia invisible. Pero sí, fue bastante extraño, casi como tocar para la televisión. Aún así, ¡fuimos muy afortunados de poder salir a tocar nuestra música fuera de casa!

Antes has mencionado la sidra. Vosotros tenéis vuestra propia marca de sidra. ¡Vaya ‘merch’ más original!

Øyvind Blomstrøm: (Risas) ¡Sí! Tenemos unos amigos que fabrican su sidra en Oslo. Ellos mismos recolectan las manzanas, así como bayas y diferentes especias, que dan lugar a sidras modernas, de sabores que no te esperas. Cuando nos propusieron colaborar con ellos, nos pareció que tenía todo el sentido; ellos producen la sidra de la misma manera que nosotros hacemos música: de una forma diferente. Utilizaron parte del artwork de nuestro álbum “Villa Amorini” para el logo de su sidra. ¡Se vendieron todas las botellas! ¡Y nos encanta la sidra!

Más allá de estos dos recientes álbumes, ¿estáis trabajando ya en nuevo material?

Øyvind Blomstrøm: ¡Sí, tenemos muchísimas canciones! Tenemos muchos proyectos en los que queremos avanzar. Estamos trabajando en lanzamientos especiales, como por ejemplo uno sobre versiones de temas de hard rock y metal para una web americana; los adaptamos a nuestro estilo, ¡es genial! Tenemos cosas muy interesantes que verán la luz muy pronto (Nota de la editora: con posterioridad a esta entrevista, Orions Belte ha publicado un nuevo EP sobre su tour pandémico (“Aquarium Drunkard’s Lagniappe Sessions”) y un tema que firma el bajista Chris Holm junto con su banda, “Holy Water”. También han colaborado recientemente con The Northern Belle en la elocuente “Only Stupid Kids Get Bored”).

“Tenemos una manera de trabajar un poco jazz. No nos ponemos ninguna barrera y nos dejamos llevar por las ideas que van surgiendo”

Desde la psicodelia rock de la Nigeria setentera a ambientes de jazz casi experimental, ¿cómo lográis mezclar estilos tan diferentes y que suene ‘homogéneo’?

Øyvind Blomstrøm: Se produce de una manera bastante natural. No nos ponemos ninguna barrera a la hora de crear. Somos tres músicos y ninguno dicta sobre el otro. Los tres tenemos muchas ideas, nos respetamos mucho y sobre todo, respetamos la música. Nuestra principal regla es esta: no pensar demasiado cuando componemos o tocamos. Tampoco ensayamos mucho, ni hablamos demasiado sobre lo que hacemos. Por supuesto, tenemos cierto método, una especie de dogma. Por ejemplo, si toco algo de blues o ritmos africanos en la guitarra, procuro no cambiarlo demasiado, sigo con ello. Lo mismo se aplica a los sintetizadores, a las voces… Intentamos no abusar del overdub y nos centramos en un puñado de sonidos. En resumen, nos dejamos llevar por las ideas que van surgiendo.

Estar con vosotros en el estudio tiene que ser como asistir a una ‘jam session’. ¿Lo sentís así? En más de una entrevista habéis asegurado que creáis la música que os hace sentir bien. ¿Os guía un espíritu libre?

Øyvind Blomstrøm: (Risas) Sí, así es. Realmente no nos vemos como una banda de psicodelia ni nada por el estilo, se trata más de una sensación… Y sí, predomina un sentimiento de libertad. Sí que tenemos una manera de trabajar un poco jazz. Si empezamos a tocar algo que nos gusta, no nos importa desviarnos o añadir la nueva idea a la base sobre la que estamos grabando en ese momento. Cuando nos dicen cosas como: “Tienes que añadir estos elementos para que te pinchen en la radio, o para que te añadan en una playlist de Spotify”, nosotros no hacemos ni caso. Hacemos la música que nos gusta y no nos interesa lo que piensen los demás (más risas).

Formaste parte de una banda llamada El Cuero. ¿Cómo así? ¿Por qué “El Cuero”, en español?

Øyvind Blomstrøm: Sí, toqué en esa banda durante diez años. Nuestro estilo era country rock, americana. De hecho, creo que he importado elementos como la steel guitar de aquella época a Orions Belte.

Estáis de gira por Noruega, ¿tenéis planes de tocar fuera? ¿En España, por ejemplo?

Øyvind Blomstrøm: Nos encantaría. Hasta este momento, hemos estado esperando, intentando salir adelante pese a la pandemia. Estamos deseando volver a EE.UU, a México, a otros países de Sudamérica… No hemos tocado mucho en Europa, así que estaría bien, sí, ¡me encanta España! Sería genial tocar en algún festival el próximo verano. El padre de nuestro bajista Chris vive allí, además. ¡Y podríamos tomar algunas sidras!!! 

Schizophrenic Spacers: "Gloria"


Por: Txema Mañeru

Casualmente, o no, nuestros queridos Schizophrenic Spacers han seguido en los últimos tiempos un camino paralelo al de otra de nuestras bandas más queridas como son The Kleejoss Band. Además a ambas formaciones les une una gran conexión personal y han compartido escenario, con placer para ambas, en repetidas ocasiones. El caso es que las dos han firmado por el guapo sello Milana Música Records, que está reuniendo una excelente cartera de grupos y que cuida muchísimo sus ediciones en bonitos vinilos. Junto a todo ello también les une haberse pasado al castellano; los maños por primera vez y los catalanes grabando su primer disco completo en dicho idioma. Por seguir con alguna conexión hay que destacar el trabajo con el gran Hendrik Röver, que es quien se ha encargado, con gran acierto, de la producción de este glorioso “Gloria” (Milana Música Records) junto a la propia banda.

Se trata del tercer disco que graban en los estudios Guitar Town y su octavo de estudio, aunque tienen unos cuantos más si sumamos sus directos, sus interesantes y variadas “Bootleg Series”, sus “Just For Fun” o su cálido acústico “The COV Sessions”. Por cierto, que del EP en 7 “, “Just For You… Again” (Fair Warning), todavía les quedan unos cuantos ejemplares y te lo recomendamos porque no tiene desperdicio. Arranca con un brutal tema puro Kiss, en estribillo, coros y guitarras, como "One Man’s Bible Is Another Man’s Hell". Podemos encontrar una versión del "Keep On Knocking" al que añaden más toques high-energy Detroit (por momentos casi parecen MC 5) y matices del rock escandinavo de los 90. En la cara B otro gran cover como el "In A Simple Rhyme" de los Van Halen, con sus subidas y bajadas características y unos coros femeninos (Inés Gómez) magistrales en las partes más lentas. Pero lo mejor es el final con un poderoso lento propio como "How Dare You Lie".

Pero seguro que del que más satisfechos están hasta la fecha es de este nuevito “Gloria”, que cuenta con una flamante edición en vinilo de preciosa presentación y que trae el compacto para que no falte de nada. Conocíamos ya el single y videoclip previo. Se trata de la canción "Victoria", cargada de redención, furor y celebración, en palabras del propio Sergio Martos, que canta mejor que nunca, por cierto. Trae un estribillo enormemente pegadizo, como la canción de igual título de los Kinks, y con un vídeo muy divertido con más de un homenaje a los Led Zeppelin. Además cuenta con un repetitivo y contagioso riff que se te clava a las primeras de cambio y con un exquisito punteo mientras un pez gigante trata de devorar a un gran trasatlántico. Gran colofón a, sí, su mejor disco también para un servidor.

Para ellos se trata de su trabajo definitivo y una apuesta al todo o nada. Querían hacer un disco ficticio en torno al ciclón “Gloria” y aunque llegó el Covid que eclipsó al ciclón, no se olvidaron de su idea. Se puede, por tanto, incluso hablar de disco conceptual aunque las canciones sean bastante diferentes entre sí. El trabajo es realmente ameno y muy dinámico, como lo son también sus conciertos.

Canciones como ese lógico arranque con la genial "Viladenada" en la que regresan hasta el año 66 en su historia y en su sonido con ecos a los más potentes The Who, sobre todo en la implacable batería y en las voces. Buena historia en una "Desobediencia" que me ha recordado para bien (¿por qué no?) a los primeros Barón Rojo. El tema titular, "Gloria" es un gran himno para corear en sus directos y cuenta con algunos solos de guitarra y dobles guitarras realmente memorables.. Siguen "A Cuchillo" con el tema de dicho título y fulminan una cara A abrasadora con la buena historia de "Premonición", un fulminante medio tiempo con buenos coros que seguro que les encantará también a la gente de The Kleejoss Band y sus seguidores.

La B también comienza de manera explosiva con una fantástica balada como "Demasiadas Horas", que no solo por el idioma nos trae recuerdos a Burning. Lo del paso al castellano queda demostrado que es un acierto con letras como las de "El Ojo Que Todo Lo Ve" o, continuando con la historia casi conceptual del disco, la de "Las Cinco Estaciones De Gloria", con su melodía realmente contagiosa, coros magnéticos y momentos reposados casi progresivos hasta alcanzar los siete minutos. Más ecos a Barón Rojo y MC 5 en "El Ojo" o coros psych-hard para una breve, pero guapa, "Tragaldabas", con una onda King Gizzard And The Lizard Wizard. El colofón lo pone el ya citado single "Victoria" para confirmar una “Victoria” en toda regla y para rematar uno de los mejores discos de la actual cosecha. ¡Buen cambio y mejores resultados, muchachos!

Freddie Dilevi: “In the Light of a New Day”


Por: Javier González 

Que nadie pierda la fe en estos tiempos oscuros, difíciles y en los que a ratos tener la cabeza en su sitio es una labor quimérica. Todavía la música puede salvarnos la vida y más si cabe con discos tan enérgicos y emocionales como este “In the Light of a New Day”-Family Spree Recordings-, la segunda referencia de Freddie Dilevi, donde el rock and roll, los aromas crooner y el power-pop más rabioso se funden para rematar un trabajo de sangre caliente, más que digna continuación del “Teenager´s Heartbreak” con que nos maravilló años atrás. 

Antes de continuar conviene aclarar que tras el enigmático nombre de Freddie Dilevi se esconde el talento sevillano de Pablo Velázquez, ex cabeza visible de Freddie & The Filos, que desde hace años lidera esta aventura de rock arrebatado y potente que a poco que se le preste algo de atención tenemos claro que no dejará indiferente a nadie, un proyecto donde se hace acompañar por una potente banda compuesta por Quique Ruiz, Juanlu Cordero y Pablo Guinea, quienes también son miembros de una de nuestras nuevas prouestas de cabecera como son Los Fusiles, donde manejan otros registros también cercanos a los postulados del rock pero en este caso cantando en castellano y desde una vertiente más chuleta y castiza. 

La voz potente de Freddie es el eje vertebrador de unas canciones enérgicas, melodramáticas, siempre oscuras y reflexivas; es en ese escenario donde nos iremos encontrando con la prestancia rockera de “Who you Really Are”, la sentida “Sad” y los tonos épicos de “A Place for Us”, un tema que suena y retumba muy grande en todo momento. 

Realmente emotiva resulta “Lies”, recordando y rozando en las texturas de su voz ciertas querencias cercanas a Roy Orbison, retomando su vena más punk en “Damned Love” en contraposición a “Misery”, corte casi acústico que bien se podría acercar por sonoridad a la etapa de los “American Recordings” de Johnny Cash y a la que sientan de maravilla esos coros celestiales, antes de entrar en tromba con la titular, “In the Light of a New Day”. 

La terna de canciones que cierran el álbum comienza con “I Still Fall”, sorprendentes esos latigazos de guitarra que suenan a mitad de la tonada, atreviéndose con “Blue Hotel”, original de Chris Isaak, mostrando otro enfoque y saliendo más que bien parado del riesgo que supone semejante laberinto, y cerrando con “Cross the Line” un álbum en que no se ha dejado nada en el tintero.

Es “In the Light of a New Day” un trabajo potente de principio a fin, apenas deja respiro al oyente, intenso y emocional. Bien podría hacer las delicias de un público que ame por igual el rock and roll primigenio, la afectación de artistas como Morrissey o el riesgo de Corcobado, credenciales que no parecen malas  para seguir de cerca las evoluciones de Freddie Dilevi, el arcángel emocional que va camino de mito, no dejen de escucharlo.

Krissy Matthews: “Pizza Man Blues”



Por: Txema Mañeru 

Aunque sea una de sus más claras apuestas, el sello alemán Ruf Records no solo vive de mujeres guitarristas de blues-rock. Si es cierto que siguen apoyando este sector como demuestran los recientes nuevos discos, y muy recomendables por cierto, de Ally Venable y Ghalia Volt. Todavía tenemos recientes otras joyas que pasaron por las páginas de El Giradiscos y que se salen de esta corriente más o menos generalizada, como es la gozada de Bette Smith o el reciente e inesperado regreso del que fuera líder y cantante de los Family, Roger Chapman.

Ahora suman otro gran y prometedor fichaje con la adquisición de un gran guitarrista como es Krissy Matthews. Estamos ante un joven niño prodigio que comenzó a los 3 años y a los 12 ya acompañó en directo al gran John Mayall. Por si fuera poco, sin llegar a la mayoría de edad, hizo lo propio con Jeff Healey y entabló colaboración con el conocido como el cuarto Cream,  el legendario letrista Pete Brown, unión que comenzó hace dos años para el recomendable “Monster In Me” para el también sello alemán MIG Music

Al no poder tocar tanto como le hubiera gustado le han surgido un montón de canciones que ha plasmado en este jugoso “Pizza Man Blues”(Ruf Records / Karonte). Además mantiene su presencia en la recomendable Hamburg Blues Band, cuyo nombre se asocia a grandes como Chris Farlowe o Arthur Brown. Ha tocado también en el mítico Rockpalast Festival y está previsto que para el próximo año aparezca el compacto y DVD que inmortalice tan brillante actuación, con lo cual parece que en Ruf tienen fichaje para tiempo, pues Matthews aún no ha alcanzado la treintena a pesar de su dilatada trayectoria.

Este jugoso, como indica su título, “Pizza Man Blues”, comienza con su buena banda a todo tren y con hard-rock casi cercano a los Motörhead en un tema aplastante titulado "Mayday". Sigue con blues-rock clásico y radiantes punteos en "The Man Said No". Sorprende con los toques soul a lo Stevie Wonder en una hermosa "Disaster". Aires y ritmo a lo Blues Brothers en una "Anti-Social Media" con la destacada letra del genio de Pete Brown. Son muy buenos y blueseros los más de 6 minutos de la brutal "Hairdryin’ Drummer Man". Le sigue el salvaje, y también muy rockero, tema titular con pegadizo estribillo. No faltan flamantes e intensos temas lentos blues como "Ride" o la exquisita ‘Grateful’ con su armónica y tonos campestres también cercanos al country. Un gran tema que merece una versión ‘Grateful – Unplugged’ con la buena voz de Layla Zoe y el clarinete de Felix Pelkli. Un añadido más que interesante y que proporciona nuevos matices a un destacado tema. ¡Me da la impresión que Krissy se convertirá en otro fijo en la buena escudería blues-rock de Ruf Records!

Yola: "Stand for Myself"

Por: Àlex Guimerà

Yola nos encandiló con su debut en solitario, "Walk Throught Fire", hace un par de años, con su Country-Soul de nueva cuña, su vozarrón y su imponente presencia escénica. Aunque todo ello coincidió con la pandemia y con la anulación de sus giras promocionales, hecho que le ha permitido centrarse en un segundo álbum que la confirma como artista a tener en cuenta.

Para quien no conozca su historia, le contaremos que Yolanda Claire Quartey es una cantante de Bristol afincada en Nashville que se hizo nombre como corista de sus conciudadanos Massive Attack y de los mancunianos Chemical Brothers, fama que quiso aprovechar al mando de "Phantom Limb", con quien publicó tres discos de estudio. Luego cayeron las nominaciones a los premios Grammy, su debut como actriz en el biopic "Elvis" y las colaboraciones musicales con gente de alta talla como son Dan Penn, Ringo Starr o Sherryl Crow.

Y claro, con Dan Auerbach de los Black Keys, quien le produjo su primer larga duración y quien repite en este segundo, que se grabó en el estudio de aquel, Easy Eye Sound. Auerbach logra de nuevo aunar las estructuras sonoras clásicas con los aromas modernos, en un disco que viene cargado de buenos temas. Aunque debemos decir que "Stand For Myself" no mira tanto hacia el Country sino más bien hacia la música negra de los setenta, hacia Diana Ross, Gloria Gaynor o Donna Summer.

Para empezar se encuentran "Barely Live" y "Dancing Away In Tears" que recuperan la versión dulce y calmada de la Motown, para seguidamente atacar "Diamond Studded Shoes" que es cuando la cosa se pone bailonga. En la sosegada "If I Had To Do It All Again" aparecen los influjos de Massive Attack, que aunque no es trip-hop, sus ritmos y el dramatismo evocan a los autores de "Teardrop". En cambio la balada "Be My Friend" hubiera encajado perfectamente en el anterior disco. Pero cuando nos deja helados es con la tierna y atemporal "Great Divide" que es puro sentimiento y belleza. Otra que le va a la zaga es la melódica "Whatever You Want", de estribillo pegadizo dónde los haya .

Los momentos más "seventies" los traen la pasión serena de "Now You' re Here" de patrón Marvin Gaye; la enérgica "Break The Bough" y la que titula el compilado que es una maravillosa invitación a alzarse y a valerse por uno mismo (memorable cuando canta "It was easy to give in, than stand for myself. It was easier to sing, than stand for myself ").

De nuevo Yola demuestra que tiene talento más allá de los coros y de la interpretación, pues en pleno año 2021 nos trae lo mejor de los sonidos añejos, hace que suenen actuales y demuestra que nunca morirán .

The Killers: "Pressure Machine"

Por: Javier Capapé

Tras solo doce meses desde el último lanzamiento de la banda de Las Vegas, The Killers vuelven a estar de actualidad, pero esta vez saliéndose por la tangente, ofreciendo una nueva colección de canciones que poco tienen que ver con su predecesor "Imploding the Mirage". Donde ese destilaba pildorazos de pop vitalista y épico, "Pressure Machine" se presta más como un ejercicio de estilo confesional, con aires al "Nebraska" de Springsteen, con una intención menos grandilocuente de lo que nos tienen acostumbrados, pero sin perder en exceso su épica. Precisamente esa referencia citada al genio de New Jersey es lo más definitorio de este disco del grupo de Brandon Flowers, que podemos leer en clave de homenaje a la par que complemento al colorista disco hermano publicado el verano pasado. Está claro que las circunstancias derivadas de la pandemia han hecho reflexionar a Flowers acerca de su pasado y futuro y le han inspirado estas once nuevas composiciones mucho más pegadas a la realidad que en anteriores ocasiones. Aunque quizá sería mejor afirmar que están pegadas a la realidad de su cantante, ya que los protagonistas de las mismas no son tanto luchadores y perdedores como en la obra de Springsteen, sino más bien ejemplos, algunos de ellos dramáticos, de vecinos del pueblo donde se crió Flowers, en Nephi (Utah) que se dejan escuchar en forma de breves monólogos cual interludios entre canciones.

Desde el inicio con "West Hills" quedamos rendidos a su particular universo cargado esta vez de sonidos acústicos cercanos al country, pero sin perder su querencia hacia U2 o su admiración hacia Springsteen. La canción se arrastra con su suave mandolina para incrementar su potencia conforme avanzan las estrofas. Éste es un disco denso en sus textos, cargado de historias entre sus líneas, algo que se deja notar en la forma de cantar con cierta cadencia a la enumeración por parte de Flowers desde este primer tema. Dave Kenuing reaparece de nuevo con sus desgarrados solos desde este primer corte, en su retorno a la banda tras el paréntesis desde "Wonderful Wonderful". Así, de nuevo como cuarteto, la banda afronta el disco más personal de su cantante. No nos hubiera extrañado nada que lo hubiera publicado como solista, pero sabe que el tirón de su grupo le dará mucho más juego después de haber probado con resultados muy mejorables su experiencia pasada con "Flamingo" y "The Desired Effect".

"Quite Town" es más ligera, aunque en ella sobresale la armónica dándole un aire mucho más rural, que nos acerca al medio oeste norteamericano. En ésta asoma más claramente la épica de festival a la que nos tiene acostumbrados la banda, pero de una forma más discreta, como queriendo detenerse en los detalles, como los de esas acústicas que entran con fuerza en los estribillos o en su solo de teclado. "Terrible Thing" se sostiene a guitarra y voz y deslumbra al creernos sin impostura a un Brandon Flowers maduro y en estado de gracia, de nuevo con una armónica que no desentonaría en "The Ghost of Tom Joad". "Cody" se torna tan grácil como potente, con una sección rítmica contundente a cargo de Vannucci y Stoermer, pero que deja de nuevo el protagonismo a la historia narrada hasta que la guitarra de Keuning te golpea y te pone en pie.

Los arreglos acústicos del riff de "Sleepwalker" combinados con su poderosa línea de bajo la convierten en una de las más atrayentes del lote, además de contener una de las líneas vocales más melódicas. Canciones como ésta les hacen alejarse algo más del tono country predominante en el disco para abrazar algunos de los momentos de gloria pop de "Sam's Town" y el envite les queda perfecto, aunque seguidamente el cambio de tono es radical cuando aparece la voz tenue de Phoebe Bridges en "Runaway Horses" aportando más dramatismo si cabe a un nuevo tema que se mueve cómodamente en su cadencia acústica.

"In the car outside" es adictiva, potente, llena de garra, desde su ritmo machacón a sus cristalinas guitarras eléctricas y sus toques de sintetizador, apenas apreciados en el resto del disco, dibujando cierto paralelismo con algunos de sus temas más sembrados de su lejano debut "Hoy Fuss". Aunque pueda parecer lo contrario, la emoción no se pierde ni por un instante en "In another life", como ocurre en el grueso del disco, aunque aquí se vista con más garra, tal y como ocurría en su predecesora. "Desperate things" muestra un suceso de abuso doméstico que encoge el alma apoyado por los toques de mandolina y los suaves aunque cortantes arpegios de guitarra. Suave es también el tema titular "Pressure machine", que se arrastra conducido bajo la melodía de Flowers, regalándonos un estribillo que desprende belleza por todos sus poros, junto a un violín final estremecedor, para terminar sobrecogidos ante la emotividad de "The getting by" que te mece mientras te conduce a un cierre a la altura de un disco soberbio.

Producido de nuevo por Jonathan Rado (Foxygen) y Shawn Everett, como hicieron en su anterior álbum, este séptimo disco de estudio de The Killers supone el estreno en la discografía del cuarteto en ese terreno que bucea en historias más cargadas de realidad. Aquí no abundan los héroes sino los supervivientes y por primera vez parece que en la ambición de la banda prevalece el claroscuro emocional por encima de su grandilocuencia colorista anterior. Todo un acierto en aras de su madurez compositiva y sonora.

¿Es "Pressure Machine" la particular reconciliación de Flowers con su infancia? ¿Es un ejercicio de estilo puntual o una reubicación de la banda norteamericana en terrenos más convincentes y menos cubiertos de pomposidad? ¿Es fruto de la reflexión interna provocada por el confinamiento o un intento de sonar más creíbles que nunca? Sea lo que sea o pretenda ser, "Pressure Machine" nos regala momentos brillantes, apenas transitados antes por una banda tan popular, pero que les otorga cierto grado de credibilidad puesto en duda anteriormente con discos como "Day & Age" o "Battle Born". Solo queda esperar para ver si este cambio de timón se queda en algo pasajero o deja huella indeleble en su historial. Evidentemente no será su disco más celebrado y quizá pase algo desapercibido en estos tiempos de consumo rápido, pero su intención sincera y sus inspirados toques de genialidad serena nos devuelven definitivamente la confianza en The Killers por encima de épica y excesos.

Iron Maiden: "Senjutsu"

Por: Juan José Ordás

Después de entretenernos con el disco en vivo de finales del año pasado, por fin llega "Senjutsu", el nuevo disco de los Maiden. Creo que hablo por todos los fans cuando digo que se siente una expectación especial cada vez que se anuncia una nueva obra. Quizá desde fuera parezca distinto, pero cuando conoces bien a Iron Maiden sabes que todos sus discos son distintos. Aunque parezca mentira, desde "The X factor" (1995) el grupo fue dando señales de un interés por avanzar hacia el metal progresivo y un juego continuo entre luz y sombra, con constructos sonoros densos. Con el mediocre "The dance of death" (2003) se encaminaron en esa dirección con decisión y justo después consiguieron una obra maestra titulada "A matter of life and death" (2006) en la que definitivamente Iron Maiden encontraron una nueva piel que les satisfacía. Canciones largas y épicas en las que la textura es tan importante como el riff (una de las ventajas de tener tres guitarristas entregados y a un productor de la categoría de Kevin Shirley), los motivos luminosos y tenebrosos en lucha (no siempre en equilibrio), estructuras que se repiten marcando la atención del oyente y muchas ganas de no limitarse a lo habitual. El excelente "The final frontier" (2010) le vio en esa misma senda aligerando un poco el equipaje y el doble "The book of souls" (2015) quizá demasiado acomodados pese a contener más de una joya en el repertorio. Pero la intención parecía ser la misma, que las canciones decidieran hacia donde quería ir cada una sin límites establecidos.

Era importante que tras el previsible "The book of souls" el grupo regresara con un trabajo imbatible que volviera a sorprender. Y no solo lo han conseguido, sino que han regresado con uno de los mejores discos de su historia y el álbum de heavy metal más arriesgado que haya editado ninguna banda dura de primera división desde "Turbo" (1986) de Judas Priest. Los Iron Maiden de temas directos y por debajo de los cinco minutos hace tiempo que no existen, los autores de "Senjetsu" son seis tipos que hace tiempo decidieron que no se lo iban a poner fácil a sus fans pero que saben que tienen su confianza ganada. En este doble solo hay dos canciones que ronden una duración normal, las demás tiran hacia arriba y contienen el deseo implícito de que el oyente las preste atención, mucha, mucha atención. Es verdad, hay que hacer un esfuerzo para no perderse en la parte final del disco y seguir el hilo de lo que “Death of the celts” y “The parchment” proponen, pero poco a poco las canciones se desglosan solas. Tampoco hablamos de ingeniería molecular. Es de nuevo un disco oscuro con algunos pasajes que curiosamente pueden remitir a "The X factor" en lo lúgubre (“Lost in a lost world” podría haberla cantado Blaze Bayley y, además, su inicio recuerda a la intención de Black Sabbath en “Planet caravan”, quedando realmente bien) pero que también posee melodías radiantes (“Stratego”, “The writing on the wall”, “The time machine”). Es muy curioso que cuando en cuando encontremos en los últimos discos de Maiden alguna canción que recuerde mucho al trabajo de Bruce Dickinson en solitario. Entregas anteriores estaban “Coming home”, “The achemist” y “Out of the shadows” y en este caso tenemos es la maravillosa “Days of future past”, que bien podría ser el próximo single.

Obviamente, el primer disco pone relativamente fácil la escucha y es el segundo en el que la exigencia aumenta. “Darkest hour” pega duro prescindiendo de arreglos vistosos y tenemos que volver a insistir en “Death of the celts” y “The parchment”, que son seminstrumentales, aunque es estupendo perderse en ellas. Después, la conclusión con “Hell on earth” es simplemente brillante. Los seis miembros del grupo están en plena forma, es incomprensible que Dickinson siga cantando así de bien y que Harris, lejos de aposentarse, tenga tantas ganas de desafiarse a sí mismo. La temática es, dentro de la variedad, la habitual de Iron Maiden, tenemos desde inspiración en eventos bélicos reales a aquella que se sumerge en la ciencia ficción, la crítica política y en, el caso de una de las canciones, la serie "Hellblazer" de DC Comics. Pero con madurez, conscientes de la edad que tienen y de la necesidad de seguir divirtiendo dentro de unos límites razonables. 

En conjunto, "Senjutsu" resulta brillante, absolutamente brillante. La edición CD en con funda y tapa dura contiene un libreto súper cuidado que asegura una mayor inmersión en la música y creedme que en los momentos más complejos del disco os va a venir bien. Esa dificultad es un valor añadido. Puestos a enmarcar el álbum, lo colocaría fácilmente entre los cinco mejores trabajos del grupo.