Francis Rossi / Hannah Rickard: "We Talk Too Much"

Por::Txema Mañeru

La vida continua para Francis Rossi y para los seguidores de los Status Quo. No sabemos si seguirá con su mítica banda mucho más tiempo, pero sí creemos que estará bastante contento y orgulloso de este "We Talk Too Much" (earMUSIC / Top Artist Promotion) en el que se junta con la joven violinista y cantante Hannah Rickard. Ambos nos entregan una docena de canciones nuevas que sacan su lado más country y con aromas más americanos. Algo que siempre le ha gustado y que solía salir a la palestra, de vez en cuando, también en los discos de los Quo.

De hecho esta unión se gestó hace ya unos cuantos años cuando Status Quo se embarcó en el proyecto "Aquostic" que tuvo muy buena acogida y mucho éxito a comienzos de esta década. Quedaron tan contentos con el traslado de los éxitos de la banda al sondo acústico, y con muchas cuerdas, que tuvo varios capítulos y hasta una muy buena captura en directo. Si aún no los has escuchado, merece la pena hacerlo. Más recientes aún son los variados directos "The Last Night Of The Electrics", "Down Down & Dignified At The Royal Albert Hall" o un "Down Down & Dirty At Wacken" que es mi favorito entre los tres. Y parece que quiere aprovechar a muerte todo el tiempo que le queda a Rossi porque a su nombre también ha sacado hace poco "One Step At A Time", del que no te podemos hablar pues aún no lo hemos podido escuchar. Por si fuera poco acaba de publicar su polémica autobiografía "I Talk Too Much" con la ayuda del prestigiosos escritor musical Mick Wall. Su título ya lo dice todo y la verdad es que la honestidad y la sinceridad están muy presentes. Así se enfrenta a las épocas doradas, pero también se mete de lleno en los momentos más escabrosos y delicados, como debe ser.

Y de esta autobiografía saca el título para este apreciable "We Talk Too Much", que comienza con puro country festivo a dos voces en "I’ll Take You Home". No ha sido este un proyecto para pasar el tiempo. Prueba de ello es que también se ha implicado en su creación y en las nuevas canciones ese Status Quo en la sombra que es Bob Young, estando presente en varias de las composiciones más destacadas. También están muy bien acompañados por más de media docena de reputados músicos entre los que tenemos a los teclistas Paul Hirsch y Richard Cottle, la indispensable pedal steel de Henry Senior (Junior) y a un Joe Harvey-White que también añade excelentes momentos con su slide.

En la contraportada del disco, un sincero Rossi nos habla de su pasión de siempre por el country y el Americana, pero momentos más folk como los de "I’ve Tried Letting It Go" se pueden acercar hasta el sonido de Donovan. Tampoco faltan los temas pegadizos con ritmos más cercanos al boogie de los Status Quo como sucede en "But I Just Said Goodbye" o la estupenda despedida con "Maybe Tomorrow". En ese tema final el ritmo alegre con excitantes guitarras eléctricas y buen piano le dan un toque cercano a su admirado Chuck Berry. Domina sin embargo mucho más ese lado country y los emotivos duetos que en momentos como "Waiting For Jesus" nos llevan a acordarnos de los duetos de Gram Parsons junto a Emmylou Harris. Se nos muestran, y suenan felices, en "I’m Only Happy", al igual que en una "Heartbreaker" donde Rickard lleva la voz cantante, para bien, pero en la que Rossi está acertada con su guitarra eléctrica. En este tema y varios más destaca el sonido de la cálida pedal steel. Por ejemplo en "Good Times Bad Times", otra en las que colabora Bob Young y en la que parece escucharse un atractivo acordeón. ¡Me da que este no va a ser el único disco que firmen juntos esta atípica pareja!

Pachi García Alis: "Marcadores a cero"

Por: Javier Capapé 

Pachi García Alis vuelve a la palestra y esta vez lo hace con su nombre completo, ni bajo el apelativo de Alis con el que alumbró obras más que interesantes hace unos diez años ni con su nombre propio con el que intentó iniciar una nueva etapa hace poco más de dos y que muchos no supieron entender. Ahora vuelve a vestirse con sonidos pop, más en la línea de lo que fueron discos como "Material de disección", y sin disfrazar su nombre, dejando entrever todas las interpretaciones posibles, aunque sin duda, este disco se convierte en una suerte de nuevo proyecto con el que volver a empezar. En "Marcadores a Cero" caben muchos estilos, pero todos ellos tangencialmente unidos al pop eléctrico, aunque alrededor gire el rock, el folk e incluso el hip hop.

La temática del disco merece mención aparte. Las letras brotan desde una historia de amor perdida de la que nuestro protagonista se va levantando lentamente para encarar de nuevo la vida con valor y temple, porque evidentemente estas letras nacen de experiencias propias, con Pachi García como protagonista principal, que busca un nuevo lugar en el mundo en el que superar heridas y afrontar el futuro apartando la soledad doliente de la que se apoderan algunas canciones. Esta idea viene sugerida desde su portada, con una pareja comenzando un nuevo partido, jugando en casa y con una pelota de plástico con la que encajar mejor las dificultades. Estos ocho temas (diez en el formato físico) funcionan como un catalizador de emociones, además de ser un reseteo existencial que pretende poner punto y aparte a una vida pasada para empezar de cero partiendo de la reconciliación y el aprendizaje diario. Y en ellas estilísticamente cabe casi de todo, como apuntábamos antes, desde el pop más fresco, directo y sin pelos en la lengua de "Lo peor", al brillo acústico de "Marcadores a cero", la electricidad de "Miedo, vete al miedo" y hasta el vals en "De otro planeta". Pero además también hay espacio para guiños destacables como la estrofa rapeada de "Lo que me hace libre", o la aspereza en la forma de cantar de "Calcetines", que vuelve a recordarnos a Diego Vasallo como en su día hiciera con algunos de los cortes del introspectivo "Vivimos detrás del tiempo que nos sobra". 

Brilla por encima de todos el tema que abre el disco, el que sirviera de adelanto, "Bailando con el viento", donde las programaciones arrastran un ritmo seductor que se termina de aderezar con la entrega vocal del baezano, que roza la épica, como también ocurre en la mencionada "Miedo, vete al miedo" o en "Marcadores a cero", donde el tono acústico y la progresión de acordes, que nos recuerda por momentos a la época de "Cuando el sol nos dé calambre", ayuda a medir su impacto emocional abogando por una segunda oportunidad. El clasicismo de Alis se deja notar más de la cuenta en "Lo que me hace libre", aunque su concesión al hip hop en su puente la distancie de sus formas más tradicionales y la convierta en una curiosidad estilística en la carrera del músico, a pesar de no perder sus reconocibles formas a la hora de encararla, ni se aleje en exceso del tono melancólico y emocional de la temática del resto de cortes. El simbolismo también se apodera de "Calcetines", una canción que puede parecer menor en su arranque, pero que se transforma por completo en su segunda mitad, donde el rumbo y la rítmica cambia y nos lleva hacia la recta final del disco, que se mece entre la delicadeza baladística que impregna el ritmo de 3/4 en "De otro planeta" y las guitarras cristalinas aderezadas con cuerdas sintéticas y enigmáticas en "Somos de Agua", primando en ellas la reconciliación como trasfondo.

Un disco que requiere atención, oídos que busquen identificación en las letras, sin perder la facilidad gestual en la sonoridad, y que hagan de este disco un aprendizaje vital para propios y extraños, un nuevo punto de partida. Canciones que derrochan vida y experiencia capaz de hacerla propia sin poco más que nuestra disposición abierta a "tratar de pensar más en sí que en no", como sugiere "Lo que me hace libre", y que pueden funcionar como antídoto para encontrar esa libertad tan ansiada por encima de tropiezos y sinsabores de los que está llena nuestra vida.

"Talk": hablemos del nuevo single de Two Door Cinema Club

Por: Clara López Vallejo

Si aún no has escuchado el último single de Two Door Cinema Club, es probable que al hacerlo te sientas transportado -o transportada- a unas décadas atrás, a los años ochenta, cuando los sintetizadores y los matices electrónicos poblaban la música pop. El grupo norirlandés parece haber sucumbido a la nostalgia a la hora de componer su última creación. Si bien Two Door Cinema Club siempre ha destacado por tener un estilo cercano en muchas ocasiones a la música electrónica, puede decirse que este último trabajo es el que más se aproxima a la misma, acercándose mucho al dance-pop.

La banda lanzó "Talk" el pasado mes de marzo, tal vez en parte para calmar a sus fans más acérrimos, que ya reclaman un nuevo disco tras casi tres años de silencio. Pero los músicos aún se hacen de rogar, y es que todavía no hay una fecha concreta para el lanzamiento de su nuevo álbum. Sin embargo, la banda sabe jugar sus cartas y publicó hace unos meses un pequeño adelanto de lo que será su nuevo disco. Se trata de un vídeo titulado "Album 4 - who’s ready?" en el que se intuye que el nuevo trabajo rebosará color y ritmo y que, debido a su toque vintage, hace que desde el público intuyamos que predominará en él un aire ochentero, tal y como "Talk" confirma. El vídeo constituye, además, un acertijo que los fans han aprovechado para interpretar, dando lugar a toda clase teorías acerca de la fecha exacta de la presentación del álbum completo.

Si bien el nuevo single no supone un gran cambio respecto al material anterior de la banda, sí que se observa un mayor uso de sintetizadores y un sonido más alejado de la característica combinación de guitarra, bajo y batería. Curiosamente, este estilo, que presenta una vuelta a los ritmos que sonaban en las emisoras de radio de los ochenta, es para la banda un experimento, algo nuevo con lo que nunca habían trabajado tan a fondo. En palabras del propio Alex Trimble, vocalista del grupo, "we can always do something new but it always feels like something we’ve done" ("podemos hacer algo nuevo, pero siempre se parece a algo que ya hemos hecho"). 

Eso sí, la banda parece tener un claro propósito, presente en todos sus trabajos hasta la fecha: hacer que sus fans bailen y lo pasen bien al escucharlo. Un tema que sin duda tendrá un gran recibimiento en los festivales veraniegos en los que la banda acostumbra a tocar. El pasado 2018, Two Door Cinema Club compartió cartel en el FIB con grupos con The Killers y Pet Shop Boys y su directo tuvo una gran acogida entre el público. Para 2019 han confirmado ya dos festivales en España: los irlandeses estarán presentes en el Mallorca Live y en el Warm Up Estrella Levante donde, quién sabe, tal vez aprovechen para presentar algún otro adelanto de su nuevo disco.

Entrevista: Santero y Los Muchachos

“Tus historias son lo único que puede personalizar tu apuesta”

Por: Sergio Iglesias 

Santero y Los Muchachos regresan con su segundo disco, “Rioflorido”, un álbum grabado en un entorno muy especial como es un palacete del siglo XVIII, algo que se nota en el sonido de los nuevos temas de la banda valenciana.

¿Cuáles crees que son las principales diferencias entre este nuevo disco y vuestro anterior “Ventura”? 

Santero y Los Muchachos: Yo creo que hay una continuidad en la forma de contar las cosas porque, aunque somos varios integrantes en el grupo, a mí me gusta llevar la parte compositiva y, en ese sentido, ha sido como un “fascículo 2” de “Ventura”. Lo único que sí que es verdad es que le hemos dado un carácter más potente o más musculado por el lugar donde lo grabamos que ofrecía unos sonidos muy especiales por los reverbs naturales de las salas; aunque eso ocurre, sobre todo, con los dos adelantos porque el resto de temas sigue siendo un sonido austero y seco, pero creo que sí que hemos ganado un poco en presencia.

Se nota que, quizá, es un disco menos plano, más como una montaña rusa de sonidos ¿no? 

Santero y Los Muchachos: Exacto, tiene más dinámica. Lo guay para nosotros es que ahora contamos con las dos barajas para los directos y tenemos más variedad a la hora de preparar el repertorio.

También habéis experimentado con nuevos sonidos y habéis profundizado más en los sonidos “fronterizos”. ¿Era una manera de no estancarse?

Santero y Los Muchachos: La guitarra pantanosa siempre ha estado ahí, pero quizá hayamos reforzado más las guitarras acústicas, yo también he trabajado un poco más las afinaciones abiertas que, según qué registro utilices, te llevan a una sonoridad más folk, también hemos metido guitarras a lo Tom Petty and The Heartbreakers… hemos dado más presencia a todo esto, pero manteniendo lo anterior, haciendo las cosas de un modo austero y con pocos instrumentos. Lo que pasa es que Manuel Tomás, que es el coproductor, es una bestia que sabe empatizarlo todo de una manera que nos encanta y eso se refleja perfectamente en el sonido.

A pesar de ser un grupo con tan sólo dos discos, ya se puede percibir en vuestro sonido un sello personal característico… 

Santero y Los Muchachos: Para mí es inevitable verlo muy variado desde dentro porque, personalmente, me aburre repetir siempre un mismo patrón de composición. Eso me asusta porque pienso que, igual, no hay una identidad en nuestra música; pero la gente, curiosamente, sí que ve un sello propio y al final se trata de eso. Claro que hay guiños e influencias reconocibles, pero intentando que estén enmarcados en un sello propio.

Está claro que nadie va a inventar nada en el rock and roll a estas alturas y, quien más y quien menos, tiene sus influencias ¿no? 

Santero y Los Muchachos: Claro. Al final, el rock and roll esta para estirarlo lo máximo posible y, dentro de esos códigos que son bastante amplios, creo que tus historias son lo único que puede personalizar tu apuesta. Nosotros contamos con esas armas para contar lo que nos pasa y, quizá en la manera de escribir, es donde nuestra personalidad es más notable, ya que ha sido una búsqueda larga; yo empecé en una banda que cantaba en inglés y cantar en castellano suponía meter palabras sin contar nada pero, ya con La Pulquería, donde escribíamos varios, había una agilidad constante de escribir que me ha venido muy bien para hacer lo que hago ahora.

En “Ríoflorido” se habla de cosas cotidianas pero muy bien contadas, ¿os sentís especialmente satisfechos de la parte lírica del disco? 

Santero y Los Muchachos: Yo, desde luego, me siento muy realizado; suelo decir que yo no soy cantante, sino que me dedico a contar mis historias… pero es que me cuesta cantar otras cosas, me siento muy cómodo hablando de esto y he encontrado una forma de hacerlo con la que estoy totalmente convencido, algo que no es fácil de conseguir.

En cuanto a la temática de las canciones, la sensación es que quieres transmitir un mensaje positivo, ¿era esa tu intención a la hora de hacer el disco? 

Santero y Los Muchachos: La verdad es que en “Ventura” la gente me decía que tiraba mano del kleenex constantemente y, de verdad, que esa no era para nada mi intención… entiendo que eso era bueno porque quería decir que había llegado a rasgar y que había llegado muy dentro a la gente con lo que yo sentía; pero en “Rioflorido” he querido compensarlo un poco y, al final, ahí tienes por ejemplo, temas como “Estamos bien”, aunque si estás bien es porque antes has estado mal y a la inversa… yo creo que esas dos caras las tienen los dos discos. Sí que, a lo mejor, “Ventura” era un disco más existencial por el momento en que se hizo, en el que te acercas a los 40 palos y una canción como “Aún” representaba un poco eso de mirar atrás, lo que has hecho y lo que te queda y, en ese sentido, me sentía un poco así, pero ya me desquité y ahora estamos donde estamos y contamos con toda la gente que nos espera y eso hace del presente algo muy colorido.

¿Cuál fue la motivación que os llevó a grabar el disco en un palacete del siglo XVIII? 

Santero y Los Muchachos: Un seguidor de la banda que conocemos nos enseñó el lugar y yo le planteé la posibilidad de meternos ahí a trabajar y él nos dio permiso advirtiéndonos de que no había luz ni nada. Aun así, nos metemos allí con esa oscuridad y ese silencio apabullante, pusimos luz e hicimos cuatro cambios en la habitación donde nos pusimos a trabajar. La idea era, en principio, tocar y empezar a hacer algunas demos pero, cuando aparece Manuel Tomás, nos propone intentar grabar el disco ahí; a nosotros nos pareció muy bien porque allí teníamos toda la comodidad para hacerlo sin las prisas del estudio.

Hay una diferencia notable entre los dos adelantos, “Mañana asesina” y “Volver a casa”, y el resto del disco, porque las baterías de estos temas se grabaron allí y hay incluso unas percusiones golpeando las paredes; en las otras canciones buscamos un sonido más seco de baterías y por eso se grabaron en el estudio.

La verdad es que ha sido una experiencia chulísima con estas cosas del misterio de la noche, ruidos que escuchas mientras estás grabando y que te sobrecogen… pero, al fin y al cabo, también son energías positivas y todo ha quedado reflejado en un disco que creo que, con los años, recordaremos con mucha morriña porque, conceptualmente, creemos que ha sido una idea redonda la de grabar en un lugar que merecía unas canciones, una portada y un título como el de “Rioflorido”, que fue el primer marqués que habitó el lugar.

¿Influyó mucho ese entorno tan especial a la hora de componer las canciones o ya entrasteis en el palacete con los temas hechos? 

Santero y Los Muchachos: La verdad es que antes de entrar sólo tenía “Volver a casa” y algunas guías grabadas en el móvil, pero el disco lo terminamos allí. Las composiciones suceden mientras estamos en el palacio, con todo el lujo de contar con un lugar así cerca de nuestra casa… aunque reconozco que, cuando se hacía de noche, no sé si es porque hemos visto demasiadas películas de miedo, pero es cierto que daba un poco de acojono (risas).

¿Crees que el disco habría salido igual si lo hubierais grabado en un estudio? 

Santero y Los Muchachos:  Pues eso es algo que nunca se puede saber, pero yo creo que los temas no habrían salido igual porque allí estabas abstraído del tiempo, con el móvil apagado y fuera de todo… un auténtico lujo.

¿Y a nivel de sonido, fue un trabajo complicado para Manuel? 

Santero y Los Muchachos: Claro, allí te puedes llevar la microfonía, pero no puedes escuchar al momento lo que estás grabando. Al final, como te decía antes, bastó hacer dos temas para ver que las baterías había que hacerlas en otro sitio, pero las guitarras y el resto del sonido ha sido algo en lo que nos ha llevado a sitios donde nunca habíamos llegado ni nosotros ni él. Nosotros, si le veíamos contento a él… ¡pues adelante!, así que en el sonido hay mucho de él.

En el disco está presente la figura de vuestro padre con la adaptación de un tema suyo de los 60… 

Santero y Los Muchachos: Sí, en el disco anterior estaba “Dani boy”, que sale de un esbozo de un tema que hizo él con una estructura nada al uso, y ahora ha pasado lo mismo con “He de olvidarte”, una canción de 1965, que era una de las que mostraban en aquella época en la que había que pasar un examen y presentar algunos temas para darte de alta como autor en la SGAE. En este caso, nosotros la hemos dado una onda Kinks algo “van morrisonga” muy justificada. Aparte, mi padre también ha metido coros en el disco y está encantado con todo esto que nos está pasando.

Otra de las colaboraciones destacadas que encontramos en “Rioflorido” es la de El Twanguero, ¿cómo surge esta colaboración?

Santero y Los Muchachos: Yo creo que las colaboraciones deben ser como el sexo: tiene que haber pasión y ganas por las dos partes. Por ejemplo, lo de Leiva en el disco anterior fue algo que surgió, es un tipo que conozco desde hace años y, en una fiesta, me canturreaba el estribillo y pensé que estaría bien hacerlo por todo lo que aporta ya que, musicalmente, es muy ágil. En el caso de Twanguero, ya habíamos coincidido y había buena conexión entre todos. Cuando surgió la oportunidad, no podíamos desaprovecharla… ¿a quién no le gustaría contar con Twanguero, que es como la top model del momento? (risas). Así que, cuando pasaba por Valencia, bastaron unos tragos y una paella para decidir hacerlo, fue como un estornudo, macho… metió el tema a la primera. Estos grandes artistas son los que naturalizan estas situaciones porque nosotros estábamos un poco nerviosos antes de hacerlo pero, entre los tragos y todo, surge una amistad que, al final, se convierte en canción y que así ha quedado en el disco.

Willy Naves: "Willy Naves"

Por:Txema Mañeru 

No te dejes engañar por el título de este disco del asturiano Willy Naves. Su indie folk es novedoso y original pero este no es su debut, aunque sí una reinvención total y un nuevo punto de partida. Y es que han transcurrido siete años desde su debut titulado "Conversaciones Con Demian". Sí, el título y algo más eran un claro homenaje al libro de Herman Hesse. Allí sonaba más pop pero se le englobó en la movida folk asturiana junto a propuestas tan interesantes como las de Nacho Vegas, Pablo Und Destruktion, Nistal, Lucas 15 o Mus.

En aquel buen debut contó además con la cercana producción de Xel Pereda, músico del propio Nach Vegas. En su gira igualmente contó con Manuel Molina (Nacho Vegas, Christina Rosenvinge) y con Luis Rodríguez (León Benavente, banda también cercana al universo Vegas por la presencia de Abraham Boba). Ahora el cinematográfico y paisajista "Willy Naves" (Music Bus Records) cuenta con otra producción de prestigio y lujo. Ni más ni menos que un Charlie Bautista que además aporta infinidad de instrumentos y hasta logrados coros. Además de ellos dos sólo han necesitado la ayuda de Alex Moreno con la batería y algunas percusiones más a las aportadas por Bautista.

El disco se abre con la preciosidad acústica "Alpe D’Huez", con su voz tratada con eco y un guapo punto al cercano Iván Ferreiro., que luego crece con estupendos arreglos y coros. A continuación viene un perfecto single como "Superhéroes"de tonos más pop y con muy destacadas guitarras dentro de un pegadizo estribillo. "Mont Saint-Michel" es un precioso lento que puede gustar a los fans de Nacho Vegas. Un Vegas al que rindió reverencias en su anterior disco citándole incluso directamente en una de sus mejores canciones. 

La presencia de Bautista y, quizás, el grabar para la familia Music Bus, nos hace ver en "Con Ganas De Más" un tema adecuado para los cercanos a Mi Capitán o Love Of Lesbian. Sonido hermoso y con toques épicos en los ricos arreglos. También está muy conseguido el diseño gráfico de Lukas Kraus con un coqueto triple digipack y con un bonito libreto con todas las interesantes y muy trabajadas letras. Pero lo mejor para mí es el estupendo final con "Verzasca", un tema mágico con bellos coros, teclados y arreglos de un esencial Charlie Bautista en tamaño disco. Puedes conseguirlo en www.musicbus.es y de paso enterarte de las fechas de la inminente gira.

Mumford & Sons presentará su nuevo disco en Barcelona


Seis años después de su última visita a Barcelona, Mumford & Sons vuelve a la ciudad condal. El sábado 27 de abril nos presentará en el Palau Sant Jordi su cuarto álbum en estudio "Delta". Se trata de un álbum grabado en Church Studios en Londres y producido por Paul Epworth (Adele, Coldplay, Florence + The Machine…). Es un disco de diferentes matices, colores y texturas; una colección conmovedora de canciones, quizás más íntimas y expansivas que nunca, tanto en las letras como en la música. También su escucha es dulce, introspectiva y reflexiva. 

Tras lanzar el disco "Wilder Mind" en mayo de 2015 y el mini álbum colaborativo "Johannesburg" en verano de 2016, la banda ha demostrado con su nuevo trabajo estar en plena forma. Mientras que en aquella grabación se acercaban a un sonido eléctrico y arrollador, que parecía compuesto para sonar en los escenarios principales de grandes festivales, sus recientes composiciones añaden a esa potencia una dosis de intimidad y júbilo.

"Sigh No More", el disco de debut de la banda que incluye los éxitos "The Cave" o "Little Lion Man",  cumple su décimo aniversario en 2019. Ese álbum prendió la llama que, durante todo este tiempo, ha iluminado una década extraordinaria. El sábado 27 de abril, más de un lustro después de su última visita a Barcelona, volveremos a disfrutar de un directo que además de sus nuevas canciones repasará los éxitos de su sobresaliente discografía en un concierto especial con formato 360 grados.

María Guadaña: "Remedios paganos"

Por: J.J. Caballero 

Dar un paso de atrás hacia delante no es fácil si no se cree fervientemente en las propias posibilidades de progresar. En el caso de Herminia Martínez, una jiennense que decidió dejar los menesteres técnicos a un lado por una vez –y parece que con solución de continuidad- y ponerse al frente de un proyecto propio al que poner voz y música, el riesgo se aminora por las extraordinarias capacidades y el amplísimo bagaje que avalan un primer disco mínimo (solo cinco temas, formato EP) y sorprendentemente rico en influencias y contenido. Un conjunto cerrado de canciones en torno al amor y la muerte cuyo hilo conductor parece ser la propia vida. Paradójico, sí, pero emocionante a más no poder.

Un disco que se abre con una frase como "si hubiera dicho sí habría sido infeliz" bien merece una escucha pausada y una zambullida en los arreglos de piano, guitarras y percusiones, cuidados y pertinentes, que rodean las composiciones de María Guadaña, el nombre de guerra elegido por la jefa para escribir letras que se comen el corazón sin aderezo alguno, como bien muestra una de las excelentes fotografías del libreto interior del disco. Carlos Sosa (Fuel Fandango) a la batería, Gabri Casanova (Anaut y Vinila Von Bismark), Javi Geras (Sinouj y Anaut) y Pablo Pérez (Laredo) forman un equipo infalible que no da una nota de más pero tampoco de menos. La producción y el color sonoro apuntado por Tonio Martínez completan el atractivo de unos temas que basculan entre la nana explícitamente enferma que representa "La muerte", y el tono de cabaret oscuro, rock arrabalero y trasfondo de post punk en "Cuánta belleza" y "Oxitocina", en los que se transforma en una suerte de PJ Harvey racial con ínfulas latinas y perfil de femme fatale. El ritual emocional que comienza en "La no novia" culmina en el ritmo serpenteante de "El peregrino" donde acaba por confesar, entre otros perjurios de desamor, que "no, si puedo evitarlo, te tendré que matar" y reinterpreta el folk rock con unos códigos insospechados. Son, efectivamente, unos "Remedios paganos" que pronto deberían convertirse en prescripción médica.

Se echa de menos en este disco precisamente que no sea algo más. Habría de durar más, de dar más de sí, de nunca más parar. Deberíamos tener un poco más del alma de esta voz peculiar, deudora de la avidez sentimental del Berlín de los años treinta en la misma medida que portadora del coraje de la música negra que hizo derribar los prejuicios raciales a las primerizas estrellas del rock. Aquí no hay ni rastro de ellos. Más bien al contrario, esto es música libre, antojadiza y terrenal. Como una tarde de otoño con el viento soplando ahí afuera.

Foals: "Everything Not Saved Will Be Lost Part 1"

Por: Txema Mañeru

El grupo de Oxford, excelentemente liderado por Yannis Philippakis, siempre me ha parecido un grupo muy especial e interesante. Uno de los "musts" del nuevo milenio. Siempre con gran y propia personalidad han ido avanzando muy coherentemente y con gran calidad. No tenían ningún disco por debajo del "Bien" hasta la fecha y este quinto disco, en dos entregas diferenciadas, ya se confirma como uno de los más ricos e interesantes en su trayectoria sin mácula. En este "Everything Not Saved Will Be Lost Part 1" (Warner Bros Records) se nota que no les ha afectado demasiado la marcha amistosa de su bajista y que por el contrario les ha sentado muy bien la producción por parte del propio Yannis. Además, a la espera de la segunda parte en otoño, parece una buena idea la de dividir el disco en dos entregas. 

Esta primera es Foals a tope y cuenta con atractivas novedades al mismo tiempo. Había ganas de ellos pues habían transcurrido ya cuatro años desde el anterior y muy recomendable "What Went Down" (Warner). Aunque en sus inicios se les comparara con buenas bandas más decantadas por el math-rock como Battles o Karate, ellos siempre fueron un poco más allá. Por eso se miraban también en Talking Heads, New Order o los King Crimson de la época del "Discipline". No obstante también les gustaba la buena electrónica de Letfield o Underworld y aquí le han dado buen espacio. Especialmente en un "In Degrees" que juega con esos ritmos funk de los King Crimson de los noventa. Igualmente tendremos ciertos toques a los mejores Radiohead en "Café D’athens" pero siempre desde su prisma particular. 

No faltan tres poderosos singles que ya presagiaban este gran trabajo. Es el caso de la radiante y juguetona "Exits", de una "On The Luna" para volar o de otra de sus maravillas melódicas como es "Sunday". Todo ello sin abandonar del todo algunas de sus atractivas guitarras deudoras del math-rock o con esos destellos funk que ahora saltan desde los Talking Heads a su proyecto más funk y divertido, Tom Tom Club. Cuenta el álbum además con un reposado y melodioso inicio con la noctámbula ‘"Moonlight". ‘White Onions’, por su parte, será un momento estelar para sus futuros directos y "Syrups" puede sorprender agradablemente aunque se salga de su sonido más habitual. 

El final es una delicatesen total. Se titula "I’m Done With The World (& It’s Done With Me)" y suena realmente enigmática con buenos coros y cuidados arreglos en forma de teclados. Tiene variadas y cuidadas ediciones pero en todas ellas están presentes sus siempre trabajadas y reivindicativas letras. Sobre todo con un sincero posicionamiento ecológico y con ganas de defender nuestro planeta de nuestras propias agresiones contaminantes. ¡Porque Foals no son ningunos "fools"!