¡¡Volvemos en septiembre!!




Jaume Vilaseca: “Jazz & Parsons Project”


Por: Txema Mañeru 

Ya nos encandiló con su delicadeza y maestría con los teclados con sus tres discos con versiones del cancionero más progresivo de Genesis. De hecho, lo reflejamos con gusto en tus páginas de El Giradiscos. Ahora sabemos que está preparando trabajos similares en torno a Emerson, Lake & Palmer o Yes, pero en medio, y empujado, más o menos, por el confinamiento de la pandemia, se ha marcado esta otra delicia en solitario en torno a la obra de Alan Parsons Project. Bueno, especialmente, de sus seis primeros y más celebrados trabajos como el mismo hacer constar en las explicativas notas interiores del disco, que aparecen en castellano, catalán e inglés, pues trabajos como este tienen tanta o más repercusión aquí, que fuera de nuestras fronteras.

Puedes conseguir este disco y un montón más con mayor orientación al jazz de Vilaseca en www.discmedi.com. De paso te recomendamos también el reciente directo de su paisano Eduard Iniesta, con el explicativo título de “Al Palau” y celebrando sus 25 años en los escenarios junto a la banda de su último disco en solitario -cuenta ya con diez-, “Trajecte Animal”, y una coqueta orquesta de cuerda en un viaje al pasado, pero también al futuro Otra magnífica y reciente celebración es el “Cantigas De Amigos” del legendario grupo de folk gallego, Milladoiro. En compañía, preferentemente vocal, de Ana Belén, Kathy Mattea, Leilía, Faustino Santalices, Olga Cerpa, Shaun Davey And Friends, Pandereteiras de Cantigas e Agarimos, Coro Ultreya, Claudia Ferronato, Luis Tosar e Mabel Rivera, Mafalda Arnauth o Harry.c. Mucho folk, pero igualmente algunos temas cercanos al canto gregoriano y espectaculares arreglos para estos 15 temas.

Pero ahora es momento para este “Jazz & Parsons Project” que hemos gozado con gusto ya que nos perdimos la actuación por enfermedad de Alan Parsons en el Music Legends. Aquí tenemos canciones de esos primeros seis discos con especial mención para nuestro favorito, “Tales Of Mistery And Imagination”, pero también para los sucesivos e interesantes, “I Robot”, “Pyramid”, “Eve”, “Turn Of A Friendly Car” y el más comercial “Eye In The Sky”, todos ellos grabados entre el 77 y el 82. Se lo hace todo solo Vilaseca utilizando un montón de diferentes teclados que le permiten sonar como si fuera una banda al completo o como sonaban los discos originales de Parsons y Woolfson. En dos temas cuenta con una especial y familiar compañía. Así en "Day After Day (The Show Must Go On)" tenemos la voz de su hija, Mar, creando una cálida delicia soft-rock, y en "Hyper-Gamma-Spaces", otro de sus hijos, Martí, en la sutil y elegante batería. Un inolvidable e hipnótico clásico al que le insufla más aires jazz, sobre todo en las partes con su piano de protagonista.

Antes de ello abre con otro clásico, "I Robot", una exquisitez en la que ya demuestra que Vilaseca es capaz de sonar como una banda al completo con sus números teclados para crear el sonido de los diferentes instrumentos. Relax y paz en "Shadow Of A Lonely Man" con un delicado piano, pero cargado de swing. Buenos toques funk en "Children Of The Moon", aromas progresivos en "Maybe A Price To Day" y delicadeza y sutilidad total en "Time". Me encanta la sutilidad y el sonido de “batería” (con escobillas) de mi favorita "The Cask Of Amontillado’. Buen final cargado también de melancolía y buenos aires nostálgicos con un ‘To One In Paradise" que nos lleva, sí, de viaje al paraíso. ¡Qué ganas me ha generado este estupendo trabajo de escuchar esos prometidos discos con temas de Yes y Emerson, Lake & Palmer!

Entrevista: Sendoa Bilbao


"El proceso creativo es mi obsesión, estará conmigo en cada cosa que haga."

Por: Kepa Arbizu
Fotografías (1y 4): Federico Romero Galán
Fotografía (2): Sergio Iglesias

Hace pocos días emitía, al amparo de las ondas de Portu Radio, su último programa "La ley fosfórica", un espacio noctámbulo y seductor que se servía de la madrugada para acercarnos la mirada, y la voz, de muy diferentes creadores. Se trataba de uno de los múltiples proyectos de los que ha sido, y es, responsable el inquieto y multifacético Sendoa Bilbao, al que cualquier término que pretenda definirlo resultará insuficiente para englobar sus variadas actividades a un lado y al otro del ámbito cultural.

Aprovechamos el merecido, aunque siempre parcial, descanso tomado por este vasco afincado en Madrid para charlar con él sobre su inmenso currículum y sobre todo las motivaciones, sueños e ilusiones que esconde cada uno de sus incontables proyectos.

Si me permites te definiré como agitador cultural, ya que has tomado parte en múltiples ámbitos y desde diferentes planos dentro de la cultura: músico, creador audiovisual, pinchadiscos, dinamizador, locutor de radio, periodista.... ¿Hay alguno de esos ámbitos que consideras que te representa de forma más plena o todos ellos son partes de ti en la misma medida?

Sendoa Bilbao: Escribir y crear canciones me ha dado una base magnífica para con todos esos planos que comentas. Conocer todas esas fases desde abajo me ha ayudado a comprender al autor y su obra desde dentro. Me es inevitable vivir la escritura y la música intensamente, por eso observo e intento dar luz a lo que me fascina, provocar que otros lo conozcan y lo entiendan. En todos estos planos hay ciertas aptitudes que coinciden, la primera y la más importante es la curiosidad, querer saber más sobre lo que hay detrás de una obra, dar con ello y mostrarlo. Hay un afán de ser un buen anfitrión, crear situaciones, dar paso a lo siguiente con buena letra y música y conectar a gente con gente. Miro los escritos, las canciones, las sesiones musicales, los programas de radio o la experiencia en un bar, como una película en la que poder interceder, acompañar, amenizar momentos y provocar gratas experiencias vitales. Soy feliz poniendo música, la radio me da la vida, me encanta entrevistar y subirme a un escenario y presentar, tocar... 

Todo eso forma parte de lo que soy y de lo que me gustaría seguir haciendo. Tengo a grandes agitadores culturales como referentes, como fue el gran Kike Turmix o más cercanamente, mi amigo Hipólito García Bolo, o la programadora y experta en escena underground, Elena Rosillo. Si sigo así, aprovechando las oportunidades que me van surgiendo para seguir haciendo cosas, imagino que en breve podré considerarme un agitador cultural. 

Esa inquietud cultural que demuestras, ¿ha sido consecuencia de haber nacido y crecido en un entorno en el que estuvo presente desde siempre ese tipo de estímulos o es algo a lo que has ido acercándote de manera autodidacta?

S.B: La música siempre ha estado presente en casa. Sonaba a todas horas, en el coche, en casa y en los bares a los que nos llevaban. Mis tíos y mi aita hacían altavoces y amplificadores y trabajaban creando patches de emisión de radio para emisoras. Hacían guateques en Sestao y colocaban la megafonía en las fiestas del pueblo en Burgos. Mis primos y yo seleccionábamos la música y jugábamos a hacer radio. Desde muy pequeño llamaba por teléfono a los programas de la radio matinal del fin de semana para contar mis historias. En las reuniones familiares hacía mis shows, imitaba a Gurruchaga, hacía playbacks con Elvis o liaba a mis primos para grabar una telenovela. Íbamos al Elai Alai (grupo de danzas) y allí aprendí a tocar txistu, dulzaina y después trompeta y guitarra. Ama y aita, tíos han estado ahí apoyando y estimulando y eso ha ido a más. Cuando empecé a dar conciertos y después a programarlos siempre estaba la familia apoyando en primera fila. Yo nací en el ochenta en la margen izquierda, con mis aitas íbamos a Bilbo, Portu o Sestao y te encontrabas música en todos los lados: conciertos en bares, infinidad de bandas, fanfarrias en la calle y el folclore muy presente. Creo que ese entorno provocó querer formar parte de todo ello.

Pese a nacer en Portugalete te trasladaste hace años a Madrid, ¿todavía es imprescindible ubicarse en las grandes ciudades para empaparse de una amplio abanico cultural o fue otro motivo el que motivó tu traslado a la capital?

S.B: Nací en Cruces, Barakaldo, como la mayoría de nosotros. Soy de Portugalete. Portu vivió una gran efervescencia musical: infinidad grupos de música, salas de ensayos, conciertos y bares musicales. Trabajé en el Estropo, un auténtico estandarte de la música rock en la margen izquierda. También he vivido Bilbao y su escena: Iturribide, Dos de Mayo, el Azkena, el Antzoki, las naves de Zorrozaurre, los conciertos en la Escuela de Abogados, BilboRock. Bizkaia es una de las cunas de la música estatal de hoy. No creo que haya que trasladarse a grandes ciudades, aunque pequeñas ciudades como Portu, Sestao, Santurtzi, cada vez lo tienen más crudo para hacer cosas y el público no siempre se presta, aunque en Bizkaia hay un público muy fiel, culto y con mucha camaradería.

Durante años iba a Madrid en verano, daba un conciertillo y me quedaba callejeando, yendo a bares y conociendo el trajín y su vida cultural. Hace 9 años me ofrecieron un trabajo y me fui a esta gran ciudad. Conocí a mi pareja, María y aquí me he establecido. La oferta cultural en Madrid es inabarcable, casi siempre encuentras lo que buscas y hay gente buscando lo que tú ofreces, en este aspecto siempre hay un roto para un descosido. Cada uno elegimos una zona, un barrio, una sala, un bar y un lugar desde el que mirar la vida. Este es el mío ahora pero el motivo de mi llegada a Madrid es completamente circunstancial.

En la mayoría de tus trabajos como divulgador sueles hacer especial mención al tema del proceso creativo que hay detrás de las obras, sueles interesarte más por el camino y la construcción de la obra que por el propio resultado en sí, ¿qué encuentras de fascinante en ese territorio que tanto te llama la atención?

S.B: Después de escribir un buen montón de canciones, algún guion y relatos, pasé una por una crisis creativa, un vacío. Fue ahí cuando empecé a buscar información sobre la inspiración, citas y libros sobre los procesos creativos. Soy un gran devorador de entrevistas y en ellas, cuando se pregunta por los procesos pocas veces se profundiza. El propio autor muchas veces dice dejarse llevar por corrientes inconscientes, algo incontrolable que fluye como un canal. Es un tema que, aún estando en la rutina del creador, poco se sabe, en ocasiones el resultado es producto del trabajo diario y en otras, la respuesta a un caos de pensamientos, un misticismo, magia. 

Hace 7 años me ofrecieron la oportunidad de hacer un programa en Onda Verde Radio Comunitaria. Así surgió "El Oro de los pobres", un espacio desde el que analizar las formas de creación, lugares y momentos del día en los que surgen las ideas, situaciones, herramientas que dan lugar canciones, poemas, novelas. Durante una hora filosofábamos, buscábamos el momento justo en el que había aparecido la idea, escuchábamos a sus artistas fetiche, leíamos sus libretas... He podido entrevistar ahí a grandes de mis referentes culturales, dar voz a parte del underground madrileño y alrededores y también hacer buenos amigos. Ya hay un montón de periodistas interesándose por el resultado, yo pondré la vista en el camino. Hijo de aquel programa es "La ley fosfórica". El proceso creativo es mi obsesión, estará conmigo en cada cosa que haga.

¿Y ha, o han, existido artistas concretos, sea cual sea su ámbito, que de alguna manera te haya fascinado su obra especialmente como para despertar en ti ese interés por los métodos y todos los procesos que podía haber tras sus creaciones?

S.B: Fue muy especial descubrir los ensayos de Luis Boullosa "El puño y la letra. Creación literaria y Rock&Roll Underground" y "Santos y Francotiradores. Supervivencia, literatura y Rockanroll". Luego pude entrevistarle en el programa y constatar que mirábamos en las mismas grietas. Xisco Rojo tenía obras como "Ruina Montiun", un proceso creativo musicalizado; Wences Lamas ofrecía misas en las que nos empujaba, a través de sus voz y sus mantras, a sacar toda la mierda de nuestros abismos para dar forma una obra creativa. Parte de aquellos rituales fueron radiados desde aquel estudio. En este último tiempo ha sido muy especial para mi hablar sobre estos procesos con músicos como Diego Vasallo o Quique González gracias a mi trabajo para IndyRock Magazine. Estoy volviendo a este tipo de entrevistas en profundidad pero más cortas y dinámicas.

Como ya has comentado una de tus grandes pasiones es la radio, prefiriendo hacer tus programas a la vieja usanza, en una emisora y creando un tipo de espacios con una personalidad propia, ¿cuáles han sido tus referentes en este campo?

S.B: Con mis tíos íbamos a emisoras desde pequeños, la radio sonaba en casa a todas horas. Desde pequeño veía al locutor como una especie de dios que nos hacía llegar sus pensamientos como una voz en off en una película. Siendo muy pequeño me llevaba una banqueta al taller del pueblo y escuchaba programas en los que ficcionaban relatos de  misterio y terror, historias intergálacticas, abduciones y encuentros extraterrestes.

Un maestro fue Zorion Eguileor que conducía el programa "De colores" en el 85 al que yo llamaba cada sábado. Otro gran referente ha sido Roge Blasco con programas como "Doctor Livingstone, supongo", "Levando anclas" o "La casa de la palabra. Un ejemplo total en cuanto a personalidad, ritmo y agudeza.  Otros programas como "Pastel de manzana" de Carmelo Ricacho, "Viaje a los sueños polares" (Los 40 principales), "Plásticos y decibelios" de Julián Ruiz, "La gramola" de Joaquín Guzmán, "El gabinete de curiosidades del Doctor Plusvalías"....

Pero con este último programa "La ley fosfórica", mi referente total es Ángel Álvarez y su "Vuelo 605". Durante una hora con él, despegábamos, hacíamos un viaje y al final del programa terminaba el vuelo del jet, descendía y aterrizaba. Locución, ritmo, cadencia, misterio, canciones crepusculares y un buen guion. Mi realización en "La ley fosfórica" es una forma de homenajear esta radio clásica, el locutor como un conductor al que ceder tu volante durante un trayecto, solo tienes que dejarte llevar y disfrutar del viaje.

¿Esa reivindicación de la radio clásica choca de alguna manera, debido a su propia la naturaleza, con los podcast, que sin quitarles sus grandes aportaciones, pierden quizás esa magia de compartir un momento único con el oyente?

S.B: El mundo de podcast es una revolución, un nuevo paradigma en el entorno audiovisual. Es cierto que han proliferado un montón de programas en los que varios invitados dan información, charlan y debaten. En algunos de estos, muchas veces sin guion y con un sonido poco trabajado, se le da más importancia a crear un contenido, ocupar un tiempo en la atención de un oyente en movimiento. Pero si uno navega y se mueve por las diferentes plataformas de podcast (que cada vez son más) podrá encontrar grandes programas de ficción sonora, radionovelas, radiodocumentales en los que trabajan el sonido ambiente, experimentación sonora, lo recrean y vives una película, te envuelve una atmósfera sonora. En un momento en el que las emisoras parecen abocadas a la extinción la radio resucita en el entorno podcast. Hay un campo precioso en el que sembrar y labrar. Lo que me gustaría es que quienes se muevan en este entorno no obvien lo aprendido durante tantos años de radio.  Creo en el gran poder de la palabra en un buen guion sustentado sobre un colchón sonoro y efectos, todo brilla si después de un punto final comienza la canción. Creo que hay cierta magia cuando juegas con eso, yo estoy en eso.

Recientemente has cerrado una etapa del excelente programa La ley Fosfórica, que como comentábamos tenía una personalidad muy marcada, más allá de simplemente ser un espacio de entrevistas y música, ¿cómo se te ocurrió esa idea?

S.B: Con el confinamiento por la pandemia Covid19,  los bares en los que currábamos cerraron, también las salas y la emisora en la que realizaba "El oro de los pobres" también dejo de emitir. Durante un tiempo apenas escuchaba música, pero como a veces digo, la música se abre camino. Surgió la posibilidad de hacer un programa de radio para emitir en Portu Radio. Yo no me podía mover de Madrid, no sabía cuándo podría volver a la Villa para ver a mis padres. Me parecía bonito que mi familia pudiera encender la radio y escuchar mi voz. Como era un programa pensado para que los escucharan ellos, pensé enseguida en este tipo de programas tan cinematográficos cercanos a la radio clásica. De modo que grababa el programa en un pequeño estudio preparado en mi escritorio y lo enviaba cada semana para ser emitido en Portugalete. Mucha gente de Madrid escuchaba el programa pensando que yo estaba en Portu y los de Portu también pensaban que me había vuelto.

En un principio iban a ser monográficos musicales en torno a estilos, épocas y artistas. Pero poco a poco fue ganando la idea de que el programa fuese temático. Un asunto en cada programa y alrededor la posibilidad de aunar diferentes estilos, épocas, idiomas. Mi idea era lanzar premisas al oyente para escuchar las canciones de otra manera. Abrir el espectro combinando toda la música que escucho. Buscar audios de película pensando en el tema, citas y fragmentos literarios, propias reflexiones... Una buena idea fue pedir audios con los que los compositores me contaban sus procesos y presentaban sus canciones. Así pude contar con grabaciones de músico vascos, estatales e internacionales. 

Cerrada esta época, ¿habrá más Sendoa en alguna de las ondas o de momento no lo has pensado...?

S.B: Necesito ahora un tiempo para llenar la mochila de historias, descubrir nuevas músicas, ir a conciertos, leer, vivir experiencias, estar con mi familia, pasar más rato con mi chica, pasear con Molly. Quiero ahora empezar un descanso sin pensar en una fecha límite porque sé que si hay una fecha en la que volver, me pondré a pensar en el primer programa de vuelta. De la misma manera quiero que si vuelvo sea con todo el tiempo y las ganas, quiero que vuelva a ser especial y que vuelva a salir de las entrañas. También me gustaría encontrar una forma con la que "La ley fosfórica" llegue a más orejas. Sigo pensando y trabajando en ello.

Lo que es seguro es que seguiré haciendo entrevistas en podcast para IndyRock Magazine desde Macanudos, el bar en el que estoy trabajando ahora. Hay también otras ideas y proyectos que combinan radio, voz y video. Ya veremos lo que hacemos.

Como dices ahora mismo estas ejerciendo de dinamizador cultural en el bar Macanudos, ¿cuál es el proyecto que tienes en mente o que aspiras y te gustaría lograr en dicho lugar?

S.B: En Bilbo aprendí  todo movimiento musical tiene que girar alrededor de una buena carta de comida. Hernán Elicabe lleva 6 años en Macanudos programando conciertos y eventos musicales al ritmo de hamburguesas, milanesas y empanadas. Ahora el bar, con todo su concepto inicial, se ha trasladado a un local más grande, alternativo y con posibilidad de albergar conciertos acústicos, entrevistas, charlas y otros eventos. Está situado en Ave María, Lavapiés, una de las calles más musicales de Madrid, cerca de la taberna Olivia, La Aguja o la tienda de discos Bajo el Volcán. 

Mi idea es que la selección musical sea inmejorable. Siempre pienso que hay canciones y autores que no suenan en los bares aunque su música haya sido hecho para sonorizas barras y copas. Tom Waits, Marianne Faithfull, John Prine, Shane MacGowan, Gillian Welch, Slits o Robert Gordon, por decir un ejemplo, pero también Anari, Petti, Broke Lord, Ruper Ordorika, Pájaro, Diego Vasallo, Melange, Espiritus, Nat Simons, Lapido, Biznaga, Hendrik Rover o Rafa Berrio. 

Las entrevistas, que antes hacía por teléfono o en el estudio, las estoy haciendo vía podcast desde una de las mesas de Macanudos. Estamos programando una serie de conciertos acústicos denominados "Ciudad de gatos": presento al artista, realizo una entrevista breve frente al público y el músico ofrece un concierto de media hora. Para septiembre estamos elaborando charlas con público, como por ejemplo, sobre el (mal) estado del periodismo musical. También tenemos planeados un par de ideas de programas en directo con público. Mi idea es que Macanudos sea un foco cultural , un lugar en el que suceden cosas pero también una casa para recibir a músicos y melómanos que pasen por Madrid. 

Ya que sacas a colación esa precariedad del periodismo, que supungo que por tu carácter multifacético lo vivirás de primera mano, ¿cómo lo valoras tú, es una cuestión monetaria únicamente? ¿Es algo pasajero o estructural?

S.B: Todo este esfuerzo por mover actividades culturales lo he realizado siempre desde una mirada underground. Algo fuera de las corrientes institucionales. Durante estos últimos años todo ha sido más duro porque tanto salas, como emisoras, librerías, bibliotecas y ahora bares con actividad cultural ejercen su actividad desde la resistencia. El manto oscuro del underground se ha trasladado a otros sectores. Lo ves también en las emisoras que antes eran reinas y ahora difícilmente sobreviven, revistas y periódicos sustentados por un puñado de malos redactores. 

Creo que nosotros mismos hemos ayudado a universalizar el periodismo, la crítica cultural y otros tipos de tótems culturales. Las redes sociales nos han dado voz a todos. Nos ha ayudado a encontrar y a conectar con un público ansioso por consumir pero en el camino hemos perdido gusto, elaboración, destreza y cariño. Quizá todo forme parte de un trasbase, quizá podamos encontrar aún el punto medio. La publicidad tal y como la conocíamos ha desaparecido o se ha transformado, ya no da para pagar un medio. En cambio nos hemos acostumbrado a pagar a plataformas audiovisuales y musicales cuando antes pirateábamos todo lo que podíamos. Los melómanos están comprando vinilos, no se llenan las salas pero la gente acude en masa a los festivales. Las plataformas de pago de podcast cada vez son más habituales. Los crowfoundins funcionan, los cursos por streaming también. Creo que estamos viviendo una transformación total que en muchos aspectos supondrá un borrado de lo anterior. En esta vuelta después del encierro muchos nos hemos dado cuenta del derroche de emoción que se da en los actos en directo con la música en vivo. La necesaria adrenalina después de un concierto. Seguiremos peleando desde los más pequeños movimientos para que todo eso siga siendo importante.

Has vivido y trabajado mucho la noche en bares relacionados con el rock y el arte en general, ¿qué cosas imprescindibles has aprendido en ese entorno y por el contrario qué cosas te has encontrado que te gustaría borrar de ese particular territorio?

S.B: Lo que he aprendido con el tiempo es que un barman es la cabeza visible del bar, el presentador de un show; para ello, en mi caso, tengo que cuidar mi imagen, trabajar el carácter, cuidar las formas, sonreír más veces de las que quisiera y, desde la humildad pero sin perder estilo ni personalidad, hacer que el cliente se sienta especial, hacerle sentir que forma parte del lugar en el que está. En cuanto a la música mi maestro Juan Fran, dueño del Tercer Tiempo, lo que luego sería el Horacio, me decía que nunca hiciera caso de las peticiones musicales pero que si te pedían algo encontrases otra cosa que les gustase y que les sorprendiera. El que pide una canción realmente quiere descubrir nueva música para poderla pedir la siguiente vez, y la próxima tú le vuelves a sorprender. También me enseñó a ir dos capas más abajo que las canciones hit, navegar entre los tracks menos conocidos. Decía "seguro que esta canción de Aretha ya está sonando ahora en algún otro bar de Madrid, pero pon un tema de su prima, esa que nadie se espera".

Hay pocas cosas malas que me gustaría borrar, quizá aquellas veces que he podido perder el control o que me he pasado de rosca. He pasado muchas horas solo tras la barra de un bar, no es tarea fácil mantenerse sobrio. Jugamos con material peligroso e inflamable, pero de todo eso se aprende. Debemos entender que el que tiene que beber es el que está al otro lado y que en un bar siempre pueden surgir complicaciones y hay que estar atento, despierto y hábil. 

Quizá a quien me gustaría borrar es a esos que entran en un bar pensando que tú estás a su servicio, a aquellos que se sienten superiores frente a un camarero, a esa gente que no se da cuenta que han entrado en un lugar que tiene principios claros, una casa en la que no se van a permitir bajezas ni vejaciones, faltas de respeto o actitudes vulgares hacia otros y otras.

Trabajar en bares nocturnos hace que vivas al ritmo contrario que el resto del mundo. En algunos bares donde he trabajado no se han respetado los convenios, bases de cotización, horas extras, festivos, etc. Es un sector que obviamente hace un servicio necesario y útil para la sociedad pero pocas veces es respetado (incluso por los propios gerentes) siendo uno de los eslabones más vilipendiados.

Y a pesar de la inestabilidad que produce este tipo de actividades y la dificultad de vivir de todo ello, ¿cambiarías esta forma de vida por un trabajo de horario fijo y sueldo seguro?

Me encantaría decirte que la alegría que produce elaborar actividades culturales compensa vivir inestable, pero no es así. Aunque siempre intentaré moverme en estos entornos musicales también hay que hacer lo posible para dar valor a lo que hacemos, conseguir un sueldo y derechos laborales dignos y por supuesto un horario fijo y seguro. 

Ojalá llevar un bar fuera un trabajo estable, ojalá escribir nos diera para vivir, ojalá locutor fuera el oficio del mañana, ojalá el trabajo realizado para "La ley fosfórica" fuera remunerado. Es importante darse cuenta de que la música es importante en tu vida pero es necesario que todo se establezca sobre pilares económicos sustentables. Entre otras cosas, para poder gastarlo en cultura, para moverte por otros bares y para disfrutar con los amigos y familia fuera del entorno de trabajo. 

Este oficio inestable (el de la radio) me ha dado la alegría de saber que soy capaz de hacer un programa de mucha calidad, la emoción de contactar y conocer a ídolos y referente, y que a gente con gusto le gustase el programa. Me quedo con eso.


Entrevista: Los Estanques y Anni B Sweet


“Con este disco hemos hecho libre al pop” 

Por: Javier González 

Dos carreras sólidas y asentadas, guiadas con mano firme y donde el talento es un estado natural han cruzado sus caminos con visos de pasar una larga temporada juntos. Hablamos de Anni B Sweet y Los Estanques que recientemente han editado su primer trabajo al alimón, “Burbuja Cómoda y Elefante Inesperado”, un mayúsculo manual de pop poliédrico, valiente y nada convencional que engancha a medida que las escuchas van cayendo. 

Semanas atrás nos reunimos con Ana e Iñigo en un céntrico barrio capitalino para que nos contaran los pormenores de un disco que mucho nos tememos será una de las grandes sensaciones del año. ¿Apostamos algo? 

¿Cómo estáis viviendo la reciente salida “Burbuja Cómoda y Elefante Inesperado”? 

Anni: Bien, estamos teniendo una respuesta muy buena para los tiempos que corren. Está yendo todo muy guay. 

¿En qué momento entráis en contacto la una con los otros? 

Anni: Hará un añito y algo, aunque realmente llevo escuchando a Los Estanques bastante tiempo más. Me gustaba mucho lo que hacían. Un día subieron un vídeo a la red donde aparecían cantando un tema mío en la furgoneta, dije, “les voy a escribir”, ya que me hizo ilusión porque me gustaba mucho su música. Empezamos la conversación y acabamos por hacer una colaboración. Iba a ser una canción, pero todo fluyó muy bien, estuvimos a gusto, así que al final fueron trece. No sé qué pasó entre medias. 

Iñigo: La dirección estaba clara, las canciones que me hacía llegar eran buenas y las que le pasaba yo parece que le molaron. Hubo fluidez por un tubo. Con dirección clara y buen material, hacerlo realidad era relativamente sencillo. 

Sois dos entes completamente diferenciados con carreras marcadas, donde se nota que lleváis el peso de cada paso que dais. ¿Cómo habéis llevado tener que trabajar en equipo y compartir decisiones? 

Iñigo: El problema es cuándo se pone el aire acondicionado y cuándo no. (Risas)

Anni: Es que el aire viene fatal para la voz. En serio, lo llevamos bien. Lo que me importa realmente es el nivel artístico, que me dejen libertad para hacer lo que quiero. He tenido esa libertad siempre estando con sello discográfico, sería muy gracioso que ahora que no lo tengo, dejara de ser así. Lo demás son decisiones en las que me fio mucho de lo que piense y sienta Iñigo. Me apetecía un cambio, hacer las cosas de otra manera, dejarme llevar y confiar. En definitiva, hacer cosas que no había hecho antes. 

Iñigo: Al final cuando el material es bueno va todo solo. Al principio más que hablar, nos mandábamos música para ver por dónde iban los tiros. Todas las decisiones han ido en pro de las canciones, por eso han entrado todas las compuestas finalmente. 

Anni: Hemos remado para el mismo sitio, aunque en nuestras carreras hayamos actuado de formas distinta. En esto nos hemos juntado en busca del mismo fin y ha sido muy sencillo.  

Vale, dejemos de ser políticamente correctos. En la batalla de ideas. ¿Quién ha acabado por imponerse? 

Anni: Personalmente lo veo muy mezclado. Sé las cosas que son mías y suyas. He puesto lo mejor de mí en este disco y sé que Iñigo también. Veo una mezcla muy guay e igualada, piensa que hemos colaborado hasta en las letras. 

Iñigo: He aprendido a corregir letras que ya estaban escritas. Es lo fácil. Cuando está hecho, llega otro y lo cambia. (Risas) 

Anni: A mí me parece flipante lo que hace a nivel letras y melodías. Ha habido una mezcla de ambas partes. 

El disco tiene un marcado carácter psicodélico, experimental y de búsqueda. ¿De qué manera lo definiríais vosotros? 

Anni: Me gusta la definición. 

Iñigo: Yo lo llamaría pop libre. Nosotros hemos hecho libre al pop. 

Anni: Lo veo un poco así. La psicodelia es libertad, sin cánones, sintiendo. En este disco lo he sentido así. Me gusta que Iñigo lo llame así. Es un disco que no se limita a la psicodelia, sino a algo más grande. 

“He Bebido tanto que”, supuso una sorpresa para propios y extraños, algo flipante, vamos. 

Iñigo: Lo que hemos querido es que el disco vaya del tirón. Recuerdo todas las canciones como gratas sorpresas cuando Ana me mandaba las demos. A esa precisamente la cambie todos los acordes. 

Anni: A mí también me parecía flipante. Me he hecho siempre las demos y las preproducciones en casa, pero luego se las pasas a Iñigo, te cambia todo y lo hace algo más flipante. (Risas) 

La canción viene acompañada de un vídeo flipante y en los que respecta a la propia música, tiene hasta un rollo musical muy Broadway. ¿Lo veis así? 

Iñigo: Le doy mucha caña a la música clásica. Me he dado cuenta que es un punto donde se juntan muchas cosas. Quizás hay una cierta teatralidad que la pueda acercar a lo que comentas. Es una unión entre la música clásica y el pop-rock. Sin haber querido hacer un musical, sí que es un lugar de unión entre dos cosas e influencias, el lugar donde convergen. Se ha querido acompañar letra con música y realzarla, pero da esa sensación. 

“Caballitos de Mar” se mueve entre lo melódico y casi el ye-yé. 

Iñigo: Ye-yé melódico. (Risas) 

Anni: Ye-lódico. (Más Risas) 

Iñigo: Borra eso, Javi, por favor. 

No, no, No borro nada. Ahora es cuando empezáis a discutir y se rompe la unión musical. (Risas) 

Anni: Al revés, no lo borres…Es una canción mía, tenía un rollo ye-yé inicial. Tenía su puntito naif con los acordes. 

Iñigo: Yo no lo veo así… Me hizo mucha gracia. Me la mandó en cuatro acordes. Pensé, voy a meter más acordes… y luego pensé, no. Monté todo con cinco acordes, solo uno más. Me lo pasé muy bien vistiendo la canción en cuatro acordes y diferenciadas. Hay tres melodías distintas. Es fácil trabajar con una buena melodía. Creo que hay canciones como esta que hablan por sí solas. 

Anni: Para tan pocos acordes hay muchas dinámicas y paisajes. 

Iñigo: La línea melódica está muy diferenciada. 


“Llévame al Cielo” tiene otra piel, con un rollo más groove y soulero. 

Iñigo: Es un temazo muy guapo. Estoy de acuerdo. Ana tenía la idea de la estrofa y estribillo. 

Anni: Luego metiste la guitarra flipante que hace que la canción te lleve a otra parte muy guay. Eleva la canción a un sitio muy guapo que funciona. No entró en mi anterior trabajo porque no sabía cómo rematarla y ahora le hemos dado el punto. 

Iñigo: Cogí las sobras de su disco anterior y las utilicé para este. Todo lo que no ha querido su anterior productor, dije, “trae para acá”. (Carcajadas)

“Vuelve a Amanecer” es casi una copla, un género que parece que anda resurgiendo últimamente. 

Iñigo: ¡Tócate los huevos! Bien buscada y bien tirada. Es un tema bastante guapo. 

Anni: Es un tema muy especial. Aparte está metido de forma muy valiente, un track entero para unos coros, que hace que se metan en otra parte. Lo veo muy guay, a mí me encanta. Le da realismo a tanto surrealismo. 

En un momento tan complicado como este. ¿Qué tal va el tema de ir cerrando fechas para la gira? 

Iñigo: Tenemos más fechas de las anunciadas. 

Anni: Creo que conforme la gente escuche los temas, saldrán más fechas. Tengo mucha fe en este disco. Tengo una tranquilidad incomoda. Va a ser un disco lento y creo que va a funcionar. Es un trabajo muy divertido, distinto y llamativo. Poco a poco irán saliendo más cosas. Sin haber salido casi el disco hay un montón de fechas. Iñigo: Estamos luchando por llevarlo al directo. No nos dejamos nada en el tintero. Vamos a tocar todo lo que suena. 

¿Qué continuidad le daréis al proyecto? ¿Se extenderá o será algo puntual? 

Anni: Estaría guay alargarlo. Es algo bonito para pasarlo bien y hacer algo distinto. Es una vía de escape muy guay. Veo que es viable para compatibilizarlo con nuestras carreras. Mira los Arizona Baby, Los Coronas y Corizonas, la gente sabe cuándo giran y qué espectáculo van a ver en función de qué banda toque y en qué formato. Iñigo: La vida de esta unión será la que el proyecto requiera.

Damien Jurado: "Reggae Film Star"

 
Por: Àlex Guimerà

Curioso caso el de Damien Jurado a la hora de publicar discos. Desde su debut de 1997, lleva editados hasta veinte trabajos de estudio, a uno por año desde 2018, y eso sin contar los EPs, directos y recopilatorios que ha ido encadenando. Algo digno de elogio máxime cuando no suele bajar de nivel, sino que -como ocurre con este nuevo álbum que tenemos entre manos- en ocasiones es capaz de subirlo y dejarnos con la boca abierta.

Forjado como actor secundario de lujo del folk y la americana de baja fidelidad, su característica melancolía derivó luego hacia terrenos psicodélicos, ambientales y de alta producción, que a decir verdad le sentaron francamente bien. Y ahora, para este "Reggae Film Star", que nadie se equivoque, que poco (o nada) del género jamaicano encontrará y sí mucha guitarra intimista y voz envolvente marca de la casa. Gracias al aprendizaje que le ha dado su ya larga carrera, parece que nos ha regalado uno de los discos del año (algo que ya ha conquistado en el pasado). Pues las doce nuevas canciones del de Seattle conforman un álbum conceptual en el que el autor va creando personajes, paisajes y evocando sus propias vivencias a la vez que nos va embrujando con su aterciopelada voz, pasión y cercanía.

Solo hace falta ver el comienzo. Que un disco nada más ponerlo ya entregue una pieza como "Roger", significa que estás delante de algo grande. Con una mezcla de sabores que nos llevan inevitablemente hacia Nick Drake, con esa dulzura oscura, pero también hacia el mejor Gene Clark y sus emociones subyugantes. Pero la cosa no termina aquí, luego nos chocamos con "Meeting Eddie Smith", con su ritmo bossanova y su parentesco con los Kings Of Convenience, y con la ensoñadora "What Happened To The Class Of 69?", que languidece musicalmente y nos transporta hacia territorios placenteros explorados por otros antes (me viene a la mente el Beck del "Morning Phase").

Más poperas, y no por ello menores, son los medio tiempos "Day Of The Robot" y "Taped In Front Of A Life Studio Audience", las cuales podrían pasar perfectamente por piezas de los defenestrados Coldplay del disco "Parachutes" (cuando los de Chris Martin eran buenos, vaya). Sublime me parece "Whatever Happened To Paul Sand?", una pieza americana naif de tono lo-fi, piano delicioso y melodía arrolladora. La sencillez y desnudez de una guitarra acústica sedosa y voz penetrante se halla omnipresente en todo el disco, pero especialmente en "Location, Undisclosed (1980)", "Ready For My Close Up", "Lois Lambert" y "The Pain Of No Return", en las que el autor de "Pink Moon" nos vuelve a la mente.

Son las partes de un disco que os aconsejamos que os llevéis en algún lugar de vuestras vacaciones para que os acompañe en aquellos momentos de soledad, sosiego y refresco tan necesarios. Con los cascos puestos y alejados del bochorno veraniego, uno no tendrá nada más que hacer que dejarse llevar por las olas sonoras de este cantautor maravilloso.



Dropkick + Star Trip: La refrescante gira de los 40 grados


Sala Wurlitzer, Madrid. Sábado, 23 de julio del 2022.

Texto y fotografías: Skar P.D.

La ola de calor afecta, claro que sí, a todo, desde a las constantes vitales hasta a la hora de comienzo de los conciertos, y no me vale la excusa de que dentro del recinto de turno hay aire acondicionado. El concierto de los escoceses Dropkick acompañados por los valencianos Star Trip programado a las nueve de la noche, se atrasó, vía apertura de puertas, a las diez. En realidad el ligero viento que soplaba a esas horas en el centro de Madrid te dejaba cierta sensación de abrasamiento. Eso para los que estábamos en la puerta que, diez minutos antes de abrir las susodichas,, apenas sobrepasábamos la decena. Huelga decir que la "Wurli", o sea eso que se anuncia con el cinematográfico nombre de Wurlitzer Ballroom, estaba casi vacía si exceptuamos  a los chicos de Start Trip, lo que propició un cambio de saludos sumamente cordial. En realidad es un reflejo de lo que aparentaba ser la noche: una reunión de gente amable unidos por cierta pasión por determinados sonidos, que no por minoritarios, dejan de situarse en ese lugar entre el estómago y el corazón, donde habitan las emociones más profundas. 

Para cuando Start Trip se subieron al escenario la sala ya tenía un aspecto de plenitud, no abarrotado, pero si con esa sensación que a los músicos, y si son modestos más, les resulta tan gratificante, aquello de "parece que hay gente, eh". Arrancaron con sendas canciones de sus, hasta la fecha, dos discos publicados, y cuando le tocó a "Estás Ahí" fue el momento de contarnos lo bien que se sentían por estar con sus amigos escoceses y como consecuencia estar tocando en Madrid. El resultado es que si los músicos se sienten bien y tienen un repertorio solvente y además, lo acompañan de una dosis extra de actitud, el concierto está muy bien encaminado, como así fue, y de paso estrenaron alguna nueva canción, como "Yo No Quiero Ser'", de su próximo disco, y luego una par de ellas más, "Sueños" o "Todos los caminos", en un concierto que fue acortado respecto al setlist previsto quizás por aquello del horario, o sea del calor por el que se atrasó la hora de inicio. 

Breve sí, pero intenso, quizás un excesivo volumen partiendo de los amplificadores de escenario, que dados los condicionante de la sala, producía cierto mogollón sónico sin que esto lastrara para nada una muy entregada actuación que vino a constatar la consistencia de la banda valenciana con un directo de guitarras más guerreras y distorsionadas que en estudio; es decir, más de Big Star o Velvet Crush que Posies, para entendernos, pero con la misma tonalidad melancólica en las melodías. En ese aspecto Vicente Prats y Rafa Navarro (guitarras y voces) se encuentran muy cómodos y además porque la base rítmica, David Osete (batería) y Álvaro Gómez (bajo y coros) les proporcionan un colchón sobrio, sin florituras, pero muy efectivo. Cerraron con una gema del power pop a la que llaman "Me Dejo Llevar" y en realidad, como dice en su primer verso, "no hace falta ninguna explicación". Pues eso, power pop patrio y energético para un concierto que preparó perfectamente la pista de despegue para lo que venía después, que es una de esas cosas que se agradecen a las bandas que abren los conciertos por más que, al igual que Start Trip, tengan el suficiente bagaje para ser los cabezas de cartel en cualquiera de esas salas, de esas pequeñas salas, que mantienen vivo el espíritu de las canciones deudoras de las melodías perfectas.

Apenas pasados diez minutos los escoceses Dropkick ocuparon el escenario, porque Dropkick es una de esas bandas que cuando se suben al escenario lo ocupan, tal es la impresión que transmiten cuatro tipos con un amplio historial a sus espaldas, y no un historial cualquiera, sino uno basado en más de veinte años de carrera y con una vasta producción discográfica que fluctúa alrededor de la quincena de discos editados bajo la marca Dropkick, eso sin contar alguna que otra recopilación y la producción paralela de Andrew Taylor, alma mater de la banda y responsable de casi toda su producción. Uno de esos tipos, con pinta de profesor universitario, a los que se le caen las canciones, pero no unas canciones cualquiera, porque todas y cada una de ellas pasaría el filtro necesario de calidad. Otra cosa no, pero Dropkick es sinónimo de calidad, una de esas bandas que no hacen un disco malo ni aposta.

Lo último que se ha publicado de ellos, y que se supone impulsor de esta minigira de cuatro conciertos por el país, es el consabido "The Best of...", así que era de esperar que la lista de canciones que ofrecerían se basaría en él, o unas cuantas por los menos. y así pareció al inicio. Un inicio que empezó de forma tranquila y suave recreando las excepcionales "Out Of Tune" y "Until I Fall Away", que indicaron el camino a la más que aceptable audiencia que finalmente acudió a refrescarse a base de power pop, guitarras cristalinas y melodías adictivas que te van atrapando poco a poco y cada vez más. 

Para cuando sonó la excepcional "Slow Down", el sonido ya se había clarificado lo suficiente y había encontrado un más que aceptable acomodo al espacio donde se desarrollaba, siendo conscientes de que a partir de ahí todo iría "in crescendo". Esto en una sala de sonido complicado, como la "Wurli", no es una cosa baladí.

La otra pata del repertorio en la que se apoyaron, aparte del consabido "The best", fue en los excepcionales "The Scenic Route" y "Longwave", que son sus dos últimos disco de estudio, y en un concierto que se iba agrandando por momentos no sería canciones como "Feeling Never Goes Away"  o "It's Still Raining" las que lo dejaran caer, y mucho menos cuando ya se había establecido ese tipo de química y complicidad que ocurre en los conciertos cuando la conexión entre la banda y la audiencia se podría hasta tocar de tan densa que parece a veces. Además es bien sabido, y esto, claro, juega a su favor, los lazos que mantienen los escoceses con España, tanto en la edición de algunos de sus discos en discográficas españolas como lo habitual que es que aparezcan por aquí muy a menudo. Afortunadamente, todo hay que decirlo, porque Dropkick es una banda que tienen la clase y el “background” suficiente como para mirar a los ojos a Teenage Fanclub, sus más afamados compatriotas, dicho sea por las conexiones estilísticas que pudiera haber, que las hay.

Para cuando abordaron "Come Around" que es una de esas canciones con un estribillo de esos que te ensanchan el corazón, aquello ya se había convertido en una especie de fiesta para amigos con la única salvedad de que los amigos eran bastantes más de lo que en un principio pudiera esperarse para el último concierto de una gira que bien podría haberse llamado parafraseando lo que ellos mismos decían "la gira de los 40 grados". Y el bombo de la batería manejada por Mike Foy inició  otra de esas joyas que pueblan su abundante discografía, y que responde al título de "Breakdown", para seguir realzando lo que a todas luces se estaba convirtiendo en un éxito absoluto, y ya puestos hacer un guiño a los maestros Badfinger en forma de versión de uno de sus mayores éxitos, ese que responde al nombre de "Baby Blue", para acabar bordando la incuestionable "Save Myself", que es una de esas canciones que en su desarrollo permiten que las bandas muestren su estado de ánimo, en este caso era algo parecido a “que bien nos sentimos, como estamos disfrutando y que bueno que estemos todos aquí para compartirlo”. 

No había nada más previsto, pero como todos queríamos más, Ian Grier (bajo y voz) le prestó el instrumento a Alan Shields (guitarra y voz) y mientras se dedicaba a sacar fotos a los allí presentes, los otros tres cerraron la fiesta recreando para la ocasión el "Cruel To Be Kind", de Nick Low,  una de esas canciones que enfatizan todas las buenas sensaciones. Y otra cosa no, pero cuando acabaron, definitivamente las sonrisas en las caras de los presentes no dejaban lugar a la duda. 

Al salir incluso parecía que hacía menos calor, pero mucho menos, y es posible que meteorológicamente fuera verdad, pero por otra parte también es verdad que no hay nada más refrescante que la magia del power pop y las melodías que dicha magia conlleva.

Rubén Pozo: “Vampiro”


Por: Javier Capapé

Cuando escuchamos una melodía de Rubén Pozo es como si volviéramos a casa. Sus letras cotidianas, su forma de entonar, sus inconfundibles fraseos de guitarra. Todo nos suena familiar. Es como si nos sintiéramos parte de ello. El ex Pereza nos presenta, con este "Vampiro", un disco sereno, íntimo, mucho más acústico que de costumbre, pero sin perder la grasa característica del rock añejo. Su primera intención fue hacer de éste su primer disco totalmente acústico, pero no ha podido resistirse a meter alguna eléctrica y a darle más ritmo, aunque claramente se nos muestra mucho más comedido y sus mimbres viran más que nunca hacia lo básico. Un menos es más rotundo. Una defensa de la canción desde su base. En él apreciamos, por encima de todo, cierta melancolía, entre un plus de nocturnidad, algo a lo que nos ayuda su sugerente título.

Desde el principio, con esa "Gente" que se abre paso poco a poco, se aprecia un gusto por cuidar los detalles sutiles. Dando espacio a los silencios y recreándose en la ejecución de cada acorde. En la sencillez de sus textos también se palpa mejor esa rotundidad. Porque es en la claridad de su discurso donde está también ese deseo de quedarse con lo que verdaderamente importa. Rubén no pretende sonar con excesiva hondura porque lo suyo es lo cotidiano, y así afronta temas como "Me pareces increíble", con esa segunda voz que le arropa a cargo de Ana de Diego, que también aparece en otras como "Haciendo lo mío".

Este autor, cada vez más sólido y definido, sabe muy bien lo que quiere decir, y su productor, José Nortes, lo traduce con maestría. Quizá sea su disco más básico, pero es al que le podemos sacar más jugo. Y no es que no nos hayan encandilado sus anteriores trabajos como solista, desde el confesional "Lo que más" hasta el directo y contundente "Habrá que vivir" e incluso el más predecible "En Marcha", pero con "Vampiro" gana enteros como artista y compositor. Termina de definirse y reafirmarse como uno de los autores rock con un universo propio mejor definido de nuestro entorno. Un músico auténtico, sin imposturas, que tan pronto nos muestra proclamas más globales en "Abel y Caín" como sinsabores cotidianos y personales en "Ya no eres mi problema".

En "Gente" se respira optimismo, ese afrontar la vida con un sí mejor que con un no, que tanto necesitamos en estos tiempos en los que sale tan barata la crítica. Apreciando más las luces que las sombras y reivindicando los errores humanos. Su suave cadencia contrasta con la garra más eléctrica de "Me pareces increíble", la más Pereza del lote, y donde ya nos deleitamos por primera vez con la voz Ana de Diego. "Mañana es lunes", presentada como adelanto, también crece desde la acústica, intentado mostrarla como el santo y seña del conjunto. En ella se impone la cotidianeidad y los sonidos familiares, con esas frases tan características suyas, "tan a salto de mata", que nos cautivan sin remisión.

"Abel y Caín" posee un riff incisivo, aunque su gran baza es la magnífica aportación de Miguel Ríos. Repasa nuestro actual estilo de vida casi como lección para todo lo que se nos viene encima con nuestra particular Torre de Babel. "Tras la tormenta" afronta más el día a día, esos temas de los que Pozo ya ha demostrado con creces que domina con maestría. Si a eso le unes su rítmica arrastrada y su espíritu acústico, el tema consigue crecer y engancharnos desde su minimalismo, con un solo de guitarra acústica adictivo, como ocurre en casi todas las canciones, ya que estos se imponen con naturalidad.

También conocíamos de antes "Ya no eres mi problema", un medio tiempo eléctrico donde sobrevuelan desde Tom Petty hasta Jeff Tweedy. "Siempre saludaba" es de esas canciones frescas y amables, de las que entran a la primera. En su coda se transforma con un crescendo donde se impone el slide de manera emocionante y se funde a negro para dar rienda suelta a lo que podría ser un final más épico si dejamos volar nuestra cabeza. De ésta sí que podríamos decir que es de las que mejor engloban la intención del disco: sonoridad acústica, arreglos sutiles y corazón humilde.

"Escorzo" entra tan a la primera como "Gente", con su bajo sugerente, un órgano también presente y un final rematado al saxo con elegancia. Bebemos de Brasil para arrancar "Haciendo lo mío", aunque el wah wah la transforma rápido en un tema inclasificable de los que tan bien domina nuestro protagonista, con letra costumbrista incluida, de las que tanto nos gustan, para terminar con el misterio abriéndose paso en el primer acorde de "Vampiro". Un vivo retrato de Pozo ("Cuando todos duermen estoy mejor. No necesito más"), que se acelera y electrifica para cerrar un disco hecho con mimo, que se detiene en los detalles, que se recrea en cada frase y se convierte en el más elegante y con más clase del alma de Buenas Noches Rose.

Si lo que pretendía el madrileño de corazón era mostrar con esta colección de canciones su vena más íntima, más introspectiva, puede que haya conseguido acercarse a ello, aunque siempre, también desde la electricidad, nos haya regalado imágenes de lo más personales. Lo que está claro es que este "Vampiro" ejemplifica una buena manera de mimar las canciones desde la posición de un orfebre del rock cada vez más maduro (¡qué poco me termina de convencer esta afirmación tan manida!) y seguro de sí mismo. Despojado de su timidez para entregarse tal como es él. De eso saben muy bien sus canciones, que son su vivo reflejo, pero quizá ahora también lo entendamos un poco más nosotros gracias a la honestidad de este dulce vampiro.

Keith & Tex: “Freedom”


Por: Txema Mañeru 

La pareja formada por Keith Rowe y Philip Texas se ha convertido en los últimos años en el principal estandarte del Rocksteady jamaicano, también con cuidados efluvios al roots reggae clásico y con aromas vocales y melódicos al mismísimo Bob Marley. Por eso repiten en Liquidator Music, probablemente el mejor sello reggae europeo de la actualidad y uno de los mejores del mundo. Además si te pasas por www.liquidatormusic.com verás que no paran de sacar tampoco cuidados LPs y golosos singles a 45 RPM como los recientes de Roy Ellis Aka Mr. Symarip (Backed by Cosmic Shuffling), Ernest Ranglin Featuring The Oldians, Ska Jazz Messengers, nuestros Mango Wood y Jim Murple Memorial o una joyita de Smoke & Mirrors Soundtrack con exquisitas versiones de Laurel Aitken y el Spencer Davis Group. Muchas de sus mejores bandas aparecen también en el recopilatorio “Jamaicat Vol. 2” con 21 grupos entre las que no podían faltar agrupaciones con LPs ya en el sello, como Soweto, The Uppshitters, Thorpedians, The Cabrians. Mr. Freak Ska o los ya citados The Oldians ,que son el grupo con más referencias en el sello. 

Pero vayamos ya con ese canto a la libertad que supone el nuevo “Freedom” de Keith & Tex. Unos clásicos absolutos que comenzaron en los sesenta y que han vuelto a contar con la producción, las ayuda en la parte musical de las composiciones, los bajos y las guitarras, de Roberto Sánchez, auténtico cerebro oculto de Liquidator. A esto hay que suma los omnipresentes teclados de Reuben Telford, , especialmente brillante con esos órganos ácidos y totalmente jamaicanos. Anteriormente ya firmaron para el sello un similar e igual de recomendable trabajo como fue “Same Old Story”, hace ya más de un lustro. El dúo saltó a la fama al aparecer en la legendaria película de Jimmy Cliff, “The Harder They Come”, con su clásico "Stop That Train". No es su único clásico en el estilo, pues ahí han ido dejando también otras joyas como "Tonight", "This Is My Song", "Run To The Rocks" o "Goodbye Baby". Por algo trabajaron con otras leyendas como Duke Reíd, Prince Buster y Coxsone Dodd.

Tenemos que destacar, sin embargo, las actuales y vivas canciones de “Freedom”. Con joyas como ese single de apertura titulado "Footprints" con sus exquisitas voces, esa melodía reggae roots muy Marley y ese delicioso órgano. "How Much Longer" parece una versión de comienzos de los setenta y tiene un contagioso ritmo y un mágico estribillo. Recuerdan a Bob Marley hasta en su letra. Tras el fantástico y reivindicativo tema titular llega la alegría contagiosa de "Can’t You See", con otra melodía y órgano marcas de la casa. Tras un arranque con melódico medio tiempo en "The Race", añaden luego un ritmo ska, que se instalará definitivamente en la chisposa "Hotel Corona".

El hecho de seguir sonando actuales lo demuestran con historias como la de "Fake News". Nos refrescan estos calurosos días veraniegos con "Reggae On The Rocks", que suena a especie de versión u homenaje al "Uptown Girl", de Billy Joel en el tema de dicho título. Tras otra alegre "We’re In This Together", con estribillo para corear, acaban festivos a tope con órgano estridente y vientos y más aires entre rock steady y ska en la genial y pegajosa (como el calor de estos días) "Jetsetter". Más de cuarenta minutos de fiesta, alegría y buenos e imperecederos ritmos jamaicanos. Si, han firmado otro clásico atemporal de la música jamaicana. ¡A ver si vienen por Armintza uno de estos años!