Thurston Moore: en pos del acorde perfecto

Sala Copérnico, Madrid. Miércoles 22 de noviembre del 2017   

Por: Eugenio Zázzara 
Fotografías: Eugenio Zázzara 

En una sala hecha a imagen y semejanza de una despensa de una nave, encima con un timón, la escena que nos aguarda no es menos peculiar. Un tío sentado delante de un chisme que también parece ocultar los mandos de una nave, pero que presenta manoplas de un blanco brillante y un par de palitos de metal, extendidos verticalmente y horizontalmente. Tan simple – por así decirlo – como un theremin, pero de calidad artesanal. Y de sonido aún más personal: con la ayuda de unos efectos de bucle, el artista consigue reproducir espectros sonoros desde las frecuencias más alta a las más profundas, desde los timbres más claros a los más distorsionados y macizos. Lamentablemente, sólo consigo asistir a una versión de un tema célebre de Duke Ellington, que me deja bastante sorprendido y asombrado. Javier Díez Ena: siento haberte perdido, pero la verdad que me has dejado con ganas de más. 

Con tal telonero, la espera para el principal no se hace nada pesada. Pero sí es verdad que hay cierta emoción. Después de la quiebra de lo más granado de Sonic Youth, ya no nos queda otra que ir en busca de cada uno de sus componentes. Después de Lee Ranaldo, ya me tocan Thurston Moore y Steve Shelley (éste también de gira con Ranaldo). Si es verdad que el guitarrista debe toda su fama a las hazañas de la banda neoyorquina, eso sería sin embargo callar  las decenas de colaboraciones con las que cuenta, empezando con los empieces minimalistas con Glenn Branca hasta llegar a la improvisación pura junto a personajes del calibre de John Zorn, Mats Gustafsson o Yoko Ono. Además de su banda de origen, es en aquel espacio donde se pueden inscribir las experiencias solistas de Thurston, que parece estar viviendo una segunda juventud en el umbral de los sesenta. Una vanguardia amansada, más moderada (si es que se puede circunscribir a estos adjetivos), pero sin que le falte chispa. 

Como compañía, una banda de veteranos. Además del mencionado Shelley a la batería, contamos con Debbie Googe -de otras bandas históricas, My Bloody Valentine y Primal Scream- por supuesto al bajo y el más joven de la pandilla, el guitarra James Sedwards. Centrales en la actuación las ejecuciones de los temas provenientes del último "Rock n Roll Consciousness", del cual proceden casi todos los temas. Como hilo conductor marca de la casa Moore se presenta un uso comedido y obstinado de las guitarras en un sentido sobre todo rítmico e hipnótico, en el que las líneas de Moore y Sedwards se van entrelazando hasta confundirse y entremezclarse. En este sentido, los papeles dentro de la formación son claros y clásicos: para Googe y Shelley la responsabilidad de llevar el tiempo y proporcionar bajos y potencia. Estas dinámicas son evidentes en "Exalted" así como en "Turn On", tanto si el contexto requiere arpegios lánguidos y de ensueño como cuando la banda pisa a fondo y se pierde en fugas desenfrenadas. De hecho, los momentos más originales del concierto posiblemente sean aquellos de perdición, por así llamarlos, cuando el tema se descarrila y acaba en una espiral de distorsión, bendings y escapadas rítmicas. Pocas palabras, unas de agradecimientos y otra pequeña pero puntual referencia al sentido de unidad que desprende la audiencia y a que ése sería el camino a seguir también en contextos más elevados y políticos. Sólo hay una concesión a algo más pegadizo y popero, y es "Heavenmetal", breve tema procedente del álbum de Chelsea Light Moving, uno de los muchos proyectos paralelos del cantante. 

Una actuación rigurosa y con sus momentos de anarquía que nos devuelve un Thurston Moore bastante en forma, conciencia y abanderado de una forma de tocar música que, para bien o para mal, se vuelve cada vez más difícil de encontrar.

Flamin' Groovies: “Fantastic Plastic"

Por: Txema Mañeru 

La verdad es que gozamos bastante en su última y reciente visita por nuestros escenarios. Siempre esperamos más de los Groovies, pero se puede decir que, en líneas generales, superaron lo ofrecido en anteriores visitas. Acudimos a la cita sin haber escuchado las canciones de este nuevo trabajo, pero tampoco es que se prodigaran en exceso con él. Pese a ello teníamos muchas ganas de escuchar "Fantastic Plastic" (Severn Records) que llama poderosamente la atención desde la preciosa portada con estética de cómic, algo ya habitual en ellos. 

 Evidentemente no estamos ante un "Shake Some Action", ni ante un "Flamin’ Groovies Now", pero sí ante lo que son los Groovies ahora. Una buena banda de rock’n’roll sin fronteras encabezada por dos históricos que todavía tienen cosas por decir. Chris Wilson, más con su voz que con su guitarra, y Cyril Jordan, más con su guitarra que con la voz débil que sale de su esquelético cuerpo. En el bajo principalmente está un gran George Alexander mientras en la batería también un histórico como Victor Penalosa, en la mayoría de temas. Así el resultado no podía estar mal, y no lo está, aunque ya no haya ningún "Slow death", "Shake some action" o "You tore me down" que siguen resultando imprescindibles en directo. 

Habían pasado tantos años sin nuevas canciones que ya no esperábamos recibirlas nunca. Comienzan con "What the hells goin’ on" y ya nos tienen en su red... Esas guitarras y esas voces y un sonido muy Rolling Stones. Ya con "End of the world" somos conscientes de que los de San Francisco, además de a Beatles,Stones y The Who, aman a The Byrds. A eso ayuda en algunos temas la presencia con la lap steel y la slide guitar de J. Jaffe. De todas formas, este tema también tiene un aire a The Kinks y a su propia "Shake some action". En "Let me rock" se acercan más a los Who, aunque les falta ya algo de potencia para ello. Jordan se marca alguno de sus mejores solos de guitarra. Los Byrds o, incluso, The Turtles pululan por "She loves me". 

Además me gusta que dominen los temas firmados por Jordan y Wilson. Eso no impide algunas buenas versiones, algo que siempre hicieron, como ese potente clásico titulado "I want you bad". Me encanta "Lonely hearts" porque me recuerda a la encantadora "You tore me down" citada anteriormente. No podía faltar un instrumental. Solo normalito resulta "I’d rather spend my time with you". Menos mal que acaban muy bien con otro nuevo tema propio titulado "Cryin’ shame" en el que las preciosas guitarras vuelven a recordar a las de los Byrds con ritmo algo más rockero. Ha habido mejores regresos, pero aún más los hay que no llegan al nivel de este buen y especial disco para los seguidores de los inmortales Flamin’ Groovies.

El poder de los Waterboys

Nuevo Teatro Alcalá, Madrid. Lunes, 20 de noviembre del 2017

Por: Oky Aguirre

Siempre hay ganas de ver a los Waterboys, aunque el gallinero no sea el sitio ideal para las labores periodísticas. En un Nuevo Teatro Alcalá rebosante, Mike Scott vino a presentar las canciones de su último y larguísimo disco: "Out Of All This Blue", un doble con 23 canciones muy alejado de aquel folk irlandés que tanto añoramos, más dado a la mezcla de varios estilos como el R&B, mucho soul, funk y algo de … hip-hop. Después de haber hecho los deberes –me ha costado una semana escucharlo- no se me quitaba la sensación de cabreo que muchos fans de la banda hemos tenido, algo así como una traición, que se quedó disipada tras dos horas de concierto apabullante, aunque siguiéramos echando de menos muchos temas que no sonaron. Pero el "perro viejo" de Scott supo armonizar perfectamente ambos repertorios, los antiguos y los nuevos. "Esta noche voy a cantar canciones de amor", fueron las primeras palabras del líder de una banda irrepetible, responsable de glorias musicales como "This is the Sea" o "Fisherman´s Blues", y que anoche la formaban ocho excelentes músicos, destacando el teclista, con un hammond endemoniado, y dos espléndidas coristas, que arroparon musicalmente a Mike y que parecían sacadas de la Motown. Pero el verdadero lujo fue poder ver a Steve Wickham, el Jimi Hendrix del violín -según contaba Scott a Javier González en nuestra revista hace unos días- que ha vuelto al lado de su amigo para clavarnos su precioso sonido en nuestra "soul".

Abrió la noche "Do We choose who we love", quizá el tema con el sello Waterboys más particular del disco, ese sonido que ayer sonó grandioso –llegó a denominarse "big sound" por canciones como "A Pagan Place", que tampoco sonó ayer-. Diez o doce canciones para presentar "Out Of All This Blue" bastaron para sacar fuera de nosotros esos negativos sentimientos. "Santa Fe" es una balada preciosa con la cadencia ascendente de la voz de Mike, que sigue tan exquisita como siempre, "If I was your boyfriend" e "If the answer is yeah" le pusieron mucho funk, terreno que manejan con estilazo, pero con ciertas dosis de saturación. "Man, what a woman" podría pertenecer al "Room to Roam", aquella joya que definiría aún más el sonido Waterboys , que fue defenestrada en su momento, para con los años alcanzar gloriosas categorías. "Morning came too soon" fue un auténtico festival de compenetración de la banda, sonando totalmente distinta que en estudio, para nuestro regocijo. "Nashville, Tennessee", con su pegadizo estribillo y frases como "my soul is in Memphis but my ashes in Nashville, Tennessee" nos mostraron la faceta dylaniana de este cuentacuentos que es Mr. Scott.

Sólo nos quedaba esperar a lo que realmente habíamos venido: transportarnos a esos años de nuestros primeros actos, donde canciones de los Waterboys –sólo tocaron 6- estuvieron presentes, ya fuera en nuestras primeras citas o inocentes borracheras. Como cuando Scott tocó con su piano las primeras notas de "A girl called Johnny", en donde el saxo del fallecido Anthony Thistlethwaite fue deliciosamente cubierto por las cuerdas de Wickham, dando lugar a una auténtica explosión de sentimientos y derroche musical, dejando muy claro que aún aman sus composiciones pasadas. "Medicine Bow" fue como estar con los amigos bailando a empujones –por lo visto hoy lo llaman "pogo"-. Si hiciéramos un ranking de las canciones más conocidas de la historia, "The Whole of the Moon" estaría en el top 10 seguro. He llegado a no soportarla de tanto oírla, pero no es lo mismo escucharla en las radios, día tras día, que asistir en directo a algo que sabes te vas a guardar para siempre.

Para los bises se dejó el "How long will I love you" y "This is the Sea". Después de dos horas de una noche reconfortante que podría habernos dado algo más, quizá un "A Man is in Love" que todos esperábamos, pero que no tuvimos más remedio que perdonar al recibir, para mí, el regalo más precioso del concierto: "When Ye Go Away" , tesoro folk escondido en el "Fisherman´s Blues" que el 20N de 2017 sobrecogió Madrid.

Sidecars: "Cuestión de gravedad"

Por: Javier Capapé 

A casi todos los grupos que merecen la pena les llega su momento de popularidad y reconocimiento y creo que ahora es el turno de Sidecars. Llevan dos años preparando esta consagración tras esa revisión en clave acústica muy recomendable de sus primeros clásicos que fue "Contra las cuerdas". Este es por lo tanto el momento de dar un golpe sobre la mesa y reafirmarse como una verdadera banda de rock con muchas cosas que decir. Sidecars tienen popularidad y un buen puñado de canciones. Además, esta nueva grabación de estudio ha creado bastante expectación, por lo que "Cuestión de gravedad" tiene todas las papeletas para convertirse en su disco de referencia. Contiene todos los tics básicos del rock, está muy bien producido (de nuevo por Nigel Walker) y el grupo ha ganado credibilidad en su ejecución a pesar de sonar demasiado familiar. Con dos Rivieras agotadas y una tercera que no tardará en hacerlo también, los madrileños tienen ganas de su merecido trozo del pastel, así que bienvenido sea su momento de gloria. 

No obstante, el disco que nos presentan no será el mejor que hagan en su carrera. "Cuestión de gravedad" es un álbum de digestión fácil, pero peca de ser excesivamente homogéneo. No hay nada que nos despiste y se convierte en una colección de canciones demasiado predecible. El predominio de los medios tiempos y la voz dulce de Juancho deja una sensación de relativa calma que puede llegar a hacernos perder el interés en el transcurso de sus trece canciones. Corremos el riesgo de convertirlas en música de fondo, y eso que entre ellas tenemos alguna bastante reseñable, pero sin resaltar en exceso en el conjunto. Si queréis un disco de Sidecars con garra, éste no es el más indicado. Me parece que debido al buen resultado del formato acústico de "Contra las cuerdas" han preferido mantener esa línea y repetir esquemas para su siguiente álbum. Pero si querían ofrecer un disco cálido, amable y por momentos estremecedor ya teníamos el citado directo acústico registrado en la madrileña Sala But el pasado otoño de 2015. "Cuestión de gravedad" debería haber dado un salto con respecto al anterior y alejarse algo más del sonido pop-rock emparentado con su muy querido Leiva (pesan mucho los años compartiendo habitación y las actuales giras mano a mano). Pero claro, eso no es tarea fácil. Lo más seguro es no defraudar al público general y rematar la fórmula que les ha funcionado para hacerse un hueco en el mainstream o la música radiable, como mejor prefiramos calificar. Sí, esto es rock de hechuras clásicas, pero se queda lejos de destacar por su fiereza o contundencia, aunque tampoco le faltan lugares comunes cargados de emotividad que en pequeñas dosis logran convencernos. 

Tal vez la mejor manera de acercarse al disco sea en diversas tandas, ya que su ingestión completa puede hacernos perder el interés, pero si atacamos "Locos de atar", "Costa da Morte", "Tan rápido" o "El camino fácil" de forma individual, Juancho, Ruly y Gerbass nos dan una lección de lo que es un single de libro. Con estructuras muy bien definidas, bases asentadas en el poder de las acústicas y los colchones de teclados, puentes que dejan rugir a sus guitarras, estribillos pegadizos y una voz cálida y en momentos susurrante que parece hablar directamente con el oyente. 

Definitivamente "Tu mejor pesadilla" no ha sido el mejor single elegido para presentar esta colección. Recuerda demasiado a ese músico argentino del que todos hablaron hace unos quince años llamado Coti. En "Cuestión de gravedad" hay temas más exigentes y con muchos más detalles. Estoy hablando por ejemplo de "Locos de atar", que abre el disco mostrando todas las cartas que después oiremos en el resto de canciones. "Amasijo de huesos" nos recuerda a Pereza por los cuatro costados, pero su riff de piano eléctrico le da un toque distintivo al mismo. "Costa da Morte" funciona como un perfecto medio tiempo sentido y en canciones como "Tan rápido" descubrimos que el pop bien hecho es adictivo. "Cuando caigas en shock" tiene ese pedal steel que parece obligado en todos los discos de rock que se precien en el momento, aunque aquí no imprime tanta personalidad al tema como ocurre por ejemplo en otras experiencias como las de sus primos lejanos M Clan o Quique González. "Polvorosa" es clara y contundente, de las más potentes del disco, y cumple con su cometido de sobra en otra canción de desamor marca de la casa. En "Canciones prohibidas" o "El camino fácil" se copian a sí mismos y, a pesar de eso, esta última les queda de las más logradas del conjunto. Y antes de acabar nos remiten a los Beatles con ese guiño a "You’ve got to hide your love away" en "Conmigo o sin mí" para ganarse hasta al más escéptico antes de que todo termine. Cierto es que la mano de Nigel Walker quizá se deje sentir demasiado en estas canciones. Todos conocemos que su forma de facturar discos es muy correcta y efectiva, pero imprime en ellos una sonoridad muy similar que en este caso no permite despegar a las intenciones primigenias del grupo. 

Deseo toda la suerte del mundo para este trío que me gusta de veras, pero estoy seguro que su gran disco aún está por llegar, aunque quizá llegue en un momento no tan favorable como el que están gozando ahora. Espero que entonces se sepa reconocer, porque a Sidecars les queda mucho camino por delante.

Entrevista: Smile

"Somos una banda relacionada con el surf, no de música surf"

Por: J.J. Caballero

Smile es una de esas bandas que se cuelan de vez en cuando en tu playlist sin saber muy bien la razón. Los has escuchado e incluso disfrutado en más de una ocasión porque te gusta el rock americano y las canciones frescas, soleadas y alegres que ponen un ojo en el folk y el otro en el pop de los sesenta, y es ahí cuando piensas que hay razones poderosas para que sea un grupo que siempre se quedará en tu discoteca, ya de una manera física. Cuando sabes que publican nuevo álbum te ves en la obligación de prestarles de nuevo la atención debida, y así es como descubres que "Happy Accidents" es justamente eso, un bonito accidente en el que el pop bailable y el hedonismo en una nueva expresión se cuelan entre una colección de canciones tan asequible y aseada como de costumbre, solo que con una nueva pátina de modernidad. Con John Franks, cantante de ascendencia británica y plácida residencia vasca (vive y compone música en Getxo con el resto de la banda desde hace bastantes años), hablamos sobre el giro sonoro y el sentido de las recientes composiciones. 

Con este disco se puede decir que la trayectoria de la banda se consolida definitivamente, no solo por lo diferente que suena a lo anterior sino porque este año se cumple una década desde la formación del grupo. ¿Lo consideráis una ocasión especial? 

John Franks: ¡Pues no lo habíamos pensado! Para nosotros lo realmente especial es sacar un disco en el que nos hemos salido de nuestra zona de confort y en el que ha habido muchos cambios de formación, management… Por lo que todavía tenemos discurso y podemos decir que hay Smile para rato. 

Decía lo de que ahora la cosa suena distinta porque pocos imaginábamos que Smile a estas alturas metiera ritmos electrónicos o programaciones en sus discos. Siempre habéis sido todo un ejemplo de pop contaminado de folk, o en todo caso de estar bastante cercanos a varios palos de la música tradicional americana. 

John Franks: Sí, nosotros también dudábamos al principio, pero nos gustaba como iba quedando y sobre todo nos permitía evolucionar y no seguir haciendo el mismo disco. 

¿Y eso de que a veces se os identifique como un grupo de surf? Por las melodías y los arreglos no va muy desencaminada la opinión. 

John Franks: Somos una banda relacionada con el surf, no de música surf. Todos surfeamos, por lo que las letras, el arte, los vídeos, están influenciados por nuestros gustos y pasiones como el surf. 

Ha habido varias incorporaciones y salidas de la formación desde los inicios, pero quizá ahora llama más la atención la colaboración de Antonio Garamendi como productor, aunque creo que siempre habéis estado muy encima de vuestras producciones. 

John Franks: Sí, la vida en una banda no es fácil, por lo que siempre hay cambios en el camino. Pensando en lo siguiente de Smile conocimos a Garamendi en el estudio que solemos grabar, y propuso ideas que nos gustaron mucho, ya que se salían del rock clásico y nunca se nos hubieran ocurrido, así que acabo produciendo el disco con nosotros y tocando en la banda. 

Hasta en la fotografía que ilustra el interior del CD parecéis una banda que hace pop bailable. ¿Por qué ese giro ahora precisamente? 

John Franks: Conocer a Garamendi fue un “happy accident”, es decir, no fue premeditado este cambio sino que fue surgiendo. Pero también influyó que no nos gusta repetirnos y que el single del anterior disco, ‘City girl’, fue la canción que más gustó, siendo la más bailable. 

No se trata de despistar a los fans ni mucho menos de ahuyentarlos, pero ¿creéis que lo van a entender? 

John Franks: Pensamos que a los más rockeros clásicos no les va a gustar demasiado, pero puede llegar a más gente y el toque Smile siempre esta ahí. Mucha gente ni notará la diferencia. 

También hay que tener en cuenta que uno de vuestros temas más celebrados es precisamente ese, ‘City girl’, que ya apuntaba bastante en esta nueva dirección. 

John Franks: Exacto, hubiera ido muy bien en este disco.

¿Fue esa canción el detonante para que siguieras componiendo cosas en la misma onda? 

John Franks: Si, ya lo decía antes. Justo al finalizar ‘Out of season’ surgió ‘City girl’ y ‘Such a long time’, y decidimos meter ‘City girl’ para que no quedara un disco tan intimista. Pero así empezó ‘Happy accidents’. 

Siempre habéis cuidado mucho el tema de la imagen, para muchos fundamental en la presentación y desarrollo de unos músicos. Recuerdo que llevasteis a cabo un proyecto muy bonito, aquel EP de cinco canciones publicado hace unos años donde cada una era acompañada por su respectivo vídeoclip. ¿Fue una apuesta tan arriesgada como parecía? 

John Franks: Sí, las portadas, carteles, vídeos, son parte de nuestra propuesta artística y nos involucramos mucho. El EP ‘Seasides’ en el que hicimos un video por canción relacionado con el mundo del surf o el mar, fue un proyecto muy bonito para nosotros, pero quizás no tan atractivo para el no surfista, de ahí que tuvo más éxito fuera de España, en toda la comunidad surfera mundial. El vídeo de los clicks surfeando tuvo diez millones de visionados en Brasil y USA. 

En realidad en este disco hay letras desencantadas, a veces llenas de nostalgia y desazón, pero están cantadas de tal manera que casi ni se nota. 

John Franks: Se nos caracteriza por trasmitir positivismo, pero las letras no siempre lo son, aunque siempre las planteamos con el vaso medio lleno. 

Para eso están temas como ‘Light you up’, que parece ser algo así como un grito de borrón y cuenta nueva, un reinicio mucho más esperanzador. 

John Franks: Justo es la única letra que no es nuestra, la vimos en un blog de poesía y cuadraba en temática y tempo con la canción, y trabajamos con el autor para incluirla en la canción. Es una letra más directa, y trata de una noche de fiesta. 

¿Ese es el espíritu con el que podemos definir ‘Happy accidents’, el de sobreponerse a todo y creer que si pasa algo malo es solo como preludio de otro suceso mejor? 

John Franks: Sí, la mayoría de las letras son optimistas, aunque las hay de temáticas más tristes, pero siempre desde el vaso medio lleno, de la esperanza al cambio. 

Tocasteis hace unos días en Madrid con gran éxito y supongo que sería uno de los conciertos más esperados. ¿Cómo están explotando en directo estas nuevas canciones? 

John Franks: ¡Muy bien! Sobre todo Madrid, que nunca falla. Este disco es mucho más bailable y se nota en los bolos. ¡Así que anímense y no se lo pierdan!

Los Tupper: "Hotel Debris"

Por: Kepa Arbizu

Al igual que en todos los demás ámbitos de la vida, en la música también asistimos a la constatación de la brecha existente entre una, cada vez más reducida, élite -definida exclusivamente por valores relacionados con la popularidad- y una inversamente proporcional abarrotada “clase popular”, que antagónicamente a su invisibilidad en los canales de difusión su talento sigue despuntando ajeno a tales focos. En la cabeza de dicho pelotón destaca un grupo como Los Tupper, quienes han cumplido recientemente un veinte aniversario definido por esa apropiación de registros clásicos dirigidos bajo un trote claramente rockandrollero. Una carrera a la que recientemente se ha sumado su nueva, y perfectamente definible como sorprendente en relación a su apuesta sonora, grabación. 

Contextualizados por sus dos excelentes grabaciones previas ("Yesterday’s Pizza" y "Sardinista"), trufadas durante su intervalo con suculentas colaboraciones, con las que evidenciaban una tajante y exquisita consolidación respecto a su propio concepto, "Hotel Debris" emerge para romper esa dinámica, aunque solo en cuanto a cuestiones estilísticas, porque hablando de calidad, cuanto menos, sigue inmutable. Lo que esconde este álbum de novedoso es, principalmente, la adaptación de un ambiente brumoso, alejándose del tono eléctrico, por ende guitarrero, y dejando paso a una instrumentación más variada que condiciona un cambio de rumbo desde ese espíritu instantáneo hacia uno más sugerente. 

Siempre avalados por su propio sello Sunthunder, las nuevas composiciones ya enseñan sus credenciales desde una vaporosa entrada con "Nadine", bien condimentada con un teclado que le termina de aportar ese registro, en la que extraen toda la elegancia y sutilidad de un JJ Cale para desarrollar un embriagador y pegadizo tema. Desde ese mismo instante ya se van a percibir indicios de la trascendencia que irá alcanzando lo que de momento son atisbos de un aroma a Nueva Orleans. Una característica -siempre dirigida bajo manifestaciones sin estridencias y basadas en la insinuación más que en la ostentación- que adquirirá mayor protagonismo paulatinamente en canciones como en la todavía insinuante "Fool on the Ground" o cediendo abiertamente el paso a un rhythm and blues con tintes épicos, que bien podría escudriñar su origen en aspectos de Ry Cooder, en "Loneliness Flu". 

Otra influencia básica en el acabado final de este trabajo es sin duda la de los Kinks, visibilizada a través de algunas de las diversas facetas que acumulan los británicos. Por encima de todas ellas, la que más prestancia y relevancia va a alcanzar a la hora de inspirar el tono del álbum es esa expresión entre cabaretera y juerguista que manejaban. En una banda sonora ideal para alargar la noche en cualquier pub se convertirán piezas como "Glory Days & Glory Nights", "Love Is Blind", "Far Better Days" e incluso "Sad Afternoon", que puestos en situación parece inducirnos desde su título a una clara mirada, u homenaje, al cancionero de los hermanos Davies

Los acercamientos que la banda seguirá manteniendo a representaciones musicales más directas -salvo quizás "Don’t Tell Me Goodbye", que sí recupera un paso rock and roll más definitivo- los ejercerá deslizándose por territorios escurridizos, ya sea con el arrastrado y aparentemente dejado -pero eléctrico y crudo- tono interpretativo, al que se le puede buscar similitudes en esa faceta más desatada de los mismos Beatles, de "One of These Days", o una presentación vestida de sonido californiano, lo que conlleva ese aspecto psicodélico, en "When The Light Goes On". Y pese a que queda fuera de este tipo de escenificaciones, ya que en verdad supone lo contrario, una canción como "Waiting, Little Girl" se merece una mención particularizada, ya que se encumbra no solo como destacada composición del disco sino como uno de esos temas llamados a perdurar en la mente cuando hablemos de los cántabros. Aupada por un espíritu bohemio y decadente, se convierte sin embargo en una balada con alma romántica de rock and roll clásico y poseedora de un estribillo tan adictivo como emocionante. 

"Hotel Debris" representa cada uno de esos alojamientos de dudosa calidad -y moralidad- que van indisolublemente unidas a las entrañas del rock. Unos lugares que pese a estar decorados con paredes teñidas de humo, de decepciones y de algún que otro breve y mínimo sueño cumplido, son a su vez el sustento del espíritu de esta música. Los Tupper exprimen con maestría ese ambiente y nos abren la puerta de una experiencia, que también por inesperada, adquiere, si cabe, un resultado más extraordinario.

Julia Holter aterriza con su pop atmosférico


El debut en formato largo, "Tragedy", aparecido a finales de 2011 -en 2007 publicó el EP "Eating The Stars"-, de Julia Holter es un trabajo que parece llegar de lejos, con voces que respiran a través de un collage de sonidos granulados y una atmósfera que no da tregua al oyente. En él se manifiesta que su autora siente curiosidad por lo gótico y también su gusto por filtrar su gancho pop a través de producciones vanguardistas, de esas que funcionan como las casas de espejos de los parques de atracciones. Dos argumentos que abundan en los últimos tiempos en el pop indie. 

Pero la diferencia es que "Tragedy", a pesar de ser uno-de-esos-discos, es más que uno-de-esos-discos: su sonido es mucho más detallista, anda más atento a las necesidades de cada composición, se muestra más inteligente en el uso de la escala de grises, en su variedad. Más que acercarla a contemporáneos como Zola Jesus o Grouper (o incluso, por la importancia de la voz en su obra, a Julianna Barwick), casi habría que arrimarla a nombres del sello 4AD, entre clásicos y medievales, de mediados de los 80, o a féminas aventureras del calado de Laurie Anderson o Meredith Monk: aquella música arty dirigida hacia la tierra del misterio austero y asexual. 

En esa onda cercana a Laurie Anderson se mantuvo el pop experimental de su segundo LP, "Ekstasis", aparecido en marzo de 2013, onda que fue llevada todavía a terrenos más ambiciosos en "Loud City Song", su tercer larga duración, publicado en agosto de 2013. Inspirado en el libro "Colette" que en 1944 publicó Gigi, en los poemas de Frank O'Hara y en álbumes de Joni Mitchell, "Loud City Song" explora la relación de Holter con la ciudad de Los Ángeles, en la que fue grabado a finales de 2012. Su sucesor llegó en septiembre de 2015, "Have You In My Wilderness", el más accesible de su carrera, cosechando críticas muy positivas que elevaron su prestigio. Sobre la motivación para componerlo, su autora declaró que la canción de Scott Walker "Duchess" había sido clave para ello, "de alguna manera captura lo que yo estaba intentando hacer en un nivel más amplio: este grupo de doradas y cálidas canciones de amor". Su último trabajo hasta la fecha es el directo "In The Same Room", que salió en marzo de este año. Fue grabado con su banda de gira en los londinenses RAK Studios y recrea once temas ya publicadas en álbumes previos (están todos representados salvo "Ekstasis").

Una sugerente discografía, que si ya ha sido repasada por dicho álbum ahora toca ser interpretada en formato íntimo en un show convenientemente bautizado como "Julia Holter (solo on Grand Piano) with special guest Tashi Wada" y que le traerá por diferentes ciudades de nuestra geografía:

27 Nov. Madrid Teatro Barceló  (Ciclo 981 Heritage SON Estrella Galicia)
28 Nov. San Sebastián Teatro Principal 
29 Nov. Barcelona BARTS (Festival Internacional de Jazz de Barcelona)

El gran truco final de Love of Lesbian

Wizink Center, Madrid. Sábado 18 de diciembre del 2017 

Texto y fotografías: María Solano Conde 

Suenan "Ciudadano A" de Iván Ferreiro y "NM" de Niños Mutantes. Algunos lo interpretan como pistas de una posible colaboración con los "lesbianos" esa noche. Otros — obsesos de las primeras filas, como buenos fans de John Boy— conspiran sobre las causas de la repentina muerte del fiscal Maza o comentan las alineaciones del simultáneo derbi capitalino. 

Pasadas las nueve de la noche oímos, por fin, la voz de Santi Balmes. Ocurre en forma de grabación, con la versión de "Qualsevol nit pot sortir el sol" que realizaron con motivo del último Record Store Day. Al igual que en la canción de Sisa, el espacio se llena de colores y se hace humo de las tristezas: el concierto va a empezar. 

Cuando ya no falta nadie, volvemos a escuchar —que no ver— a Santi Balmes, ya en directo. Premeditadamente oculto, interpreta "Cuando no me ves", constatación de que la ironía y los juegos de palabras con los que Love of Lesbian nos conquistó en sus primeros discos siguen presentes años después. Mientras, el resto de miembros de la banda van apareciendo sobre el escenario. Los titulares Julián Saldarriaga, Oriol Bonet, Ricky Falkner y Jordi Roig estuvieron acompañados en el directo, como es habitual, por Dani Ferrer; esa noche, además, contaron con la presencia de tres miembros de No Reply, al viento-metal. Aparece por fin el vocalista, como en un truco de magia, bajo una chistera, para rematar la canción y driblar a "Bajo el volcán". 

Cuando presuponíamos el protagonismo de su último trabajo, "El Poeta Halley" (Warner Music Spain, 2016), en la primera parte del concierto, la banda regresaba al "1999 (o cómo generar incendios de nieve con una lupa enfocando a la luna)" (Warner Music Spain, Music Bus, 2009) con “Donde solíamos gritar”. Así, fueron revisitando su trayectoria hasta llegar a “Contraespionaje”, primera sorpresa de la noche. Sorpresa para el público, pero también para el grupo, que tras llamar a Coque Malla al escenario se encuentran con el vacío y el silencio como respuesta. "El quinto mejor plantón de mi vida", bromea Balmes segundos antes de que el ex Ronaldo entre en escena. "No me han avisado para salir", se excusa, y presto se apodera del micro y del Palacio.

Con "Los seres únicos" tocaba adoptar una cierta solemnidad, pues era el momento escogido para recordar a Joanra Planell, miembro fundador de la banda, que tras veinte años a cargo del bajo pasó el testigo a Ricky Falkner. De fondo, un vídeo mapping con fotos de los músicos intensificaba las emociones. Con varias bajadas y subidas de ritmo llega "la diva", más conocida como "Club de fans de John Boy", con la que asestan el gran impacto al primer asalto. 

 Sin perder punch empieza, como no puede ser de otra manera, el "Segundo asalto", previo truco de magia en la pantalla para amenizar la espera. Las lucecillas de los teléfonos móviles, más prácticas y menos peligrosas para el caso que los mecheros, iluminaban el casi lleno Palacio de los Deportes al ritmo que marcaban la guitarra de Julián y la voz de Santi. Con "Los toros en la wii" liquidaban la segunda parte, a la espera del tercer y último bis, que llegó de la mano de "Incendios de nieve".

Regresaban a "El poeta Halley" con la canción homónima que, como en el disco, incluyó la voz de Joan Manuel Serrat. En esta ocasión, además, su imagen reinaba en la pantalla del escenario. La despedida del poeta Halley de Madrid se materializó con "Planeador". Con ella pusieron el broche celeste a casi tres horas de directo que quedarán registradas para la posteridad en el vídeo que rodaron. Buen viaje —espacial—, Halley.