Entrevista: Varry Brava


“Para nosotros Hortera es vivir sin complejos, sin prejuicios y ser fan de ti mismo y de cómo te sientes” 

Por: Javier González 

Llevan años sacando a relucir la parte más “Hortera” de todos nosotros gracias a sus despreocupadas composiciones, por lo que a nadie debería haber sorprendido que Varry Brava  hayan titulado su nuevo disco utilizando dicho adjetivo. Una nueva vuelta de hoja a una trayectoria que desde el lado más festivo y hedonista de la vida, siempre ha buscado arrancarnos una sonrisa, algo que continúan tratando de hacer a pesar de unos tiempos tan convulsos como los que nos han tocado. 

Fieles a sus habituales dosis de cachondeo y energía, sin lugar a dudas pura marca de la casa, nos ponemos en contacto con Óscar, Vicen y Aarön para que desde su particular atalaya, alejada de prejuicio alguno, nos llenen las venas de esa fuerza que desprenden, sacando a relucir una vez más a nuestro yo más “Hortera”. 

¿Qué tal habéis pasado una primavera y verano tan atípicos como estos? 

Óscar: Componiendo, escuchando música, viendo series y películas pendientes. Asimilando todo esto y muy en contacto con nuestra gente a través de redes. 

El disco ha tenido que permanecer retenido unas cuantas semanas. ¿Ha sido tensa la espera? 

Aarön: ¡¡Unos cuantos meses!! La espera ha sido rara, como todo lo que ha pasado este año. Por un lado, teníamos la urgencia de sacar las canciones, que tienen una vida y ya estaban paridas, y por otro la duda continua de si era mejor esperar más, dejar pasar más tiempo, tirar de paciencia... Al final intentamos dejarnos llevar y sacarlo cuando nos parecía que podía venir bien para todos. 

Por fin os decidís a llamar a un trabajo “Hortera”, que si recordáis bien fue lo primero que os dije hace ya demasiados años cuando nos encontramos por primera vez. ¿Por qué ahora y no antes? 

Vicen: Porque “Hortera” ya estaba implícito en todos nuestros trabajos anteriores. Era como si hubiésemos hecho un camino que finalmente iba a culminar con el disco que tenemos. Creemos que la RAE debería revisar la definición que aparece en los diccionarios porque tiene una connotación negativa. Para nosotros es vivir sin complejos, sin prejuicios y ser fan de ti mismo y de cómo te sientes. 

¿Hasta qué punto es jodido seguir vendiendo la carta festiva y hedonista en unos momentos tan complicados como estos? 

Óscar: Este es el momento en el que el mundo más necesita nuestras canciones. Hay que dar la vuelta a las situaciones complicadas y si estamos ayudando con optimismo y fiesta a pasar todo esto mejor que mejor. 

Vi a muchos fans irredentos rasgarse las vestiduras cuando apareció el single “Loco”. ¿Qué os parecieron aquellos comentarios? Imagino que os afectaron entre cero y nada, ¿verdad? 

Aarön: Nosotros siempre hemos hecho lo que nos ha apetecido y hemos jugado con todos los estilos que nos gustan o nos divierten siempre desde la óptica pop. No hemos hecho nada distinto con “Loco” y por lo tanto estábamos tranquilos. A uno siempre le gusta gustar a la gente, pero no nos afectan los comentarios. Además, desde esa tranquilidad que te decía de haber hecho lo que nos apetecía sin más, ahora es curioso ver como para mucha gente “Loco” es una de sus canciones favoritas, y en cuanto vuelvan los conciertos multitudinarios la cantaran los conversos que ahora que se han rasgado las vestiduras pueden bailar con más libertad. 

“Mi Mejor Momento” da la sensación de ser un ataque contra la moral bienpensante con un punto de reivindicación personal. 

Vicen: Sin duda alguna. Es una manera de decir “¡Eh al loro! ¡Que no estamos tan mal!” Bien es cierto que el tema se grabó antes de que apareciese la pandemia... pero oye, quizás sea un buen tema para levantar los ánimos en estas fechas “tan señaladas”. 

“Ritos Exóticos” y “PlisDonGou”, incluye dos homenajes claros al gran Battiato y a un temazo de principios de los noventa, Kc and the Sunshine Band… Por cierto, de nuevo un homenaje a las grandes Sonia y Selena. ¿Para cuándo un dúo con ellas?

Óscar: Después del de Azúcar Moreno. Nos gusta hacer ese tipo de guiños en nuestros temas. 

Aarön: Sería un quinteto interesante, así que cuando ellas quieran montamos la cama redonda del Ikea y la ponemos a girar.

Vicen: Solo tienen que contestar al teléfono. Esperamos que Miguel Bosé también lo haga. 

Escuchando la temática de las canciones, parece que se trata de vuestro disco más libre, en el que más abogáis por vivir sin filtros. ¿Estáis de acuerdo?

Óscar: Hacer canciones siempre ha sido nuestra forma de sentirnos libres, pero es cierto que en esta etapa “Hortera” nos hemos sentido muy seguros y con mucha confianza y eso es ser libre. Creo que hemos abierto un camino importante para el futuro de la banda.

Habéis grabado una canción como "Mi Mejor Momento". ¿Pensáis que Varry Brava está viviendo precisamente eso, su mejor momento? 

Aarön: Sin duda. Ahora solo falta que nos dejen salir a tocar y poder montar en una furgo para irnos de gira. Creo que nos entendemos bien y que todo está muy engrasado a nivel composición, preparación de gira, oficina, banda, todo está en su mejor momento. Solo falta abrir las puertas del toril para que salgamos con todo. 

¿Cómo se presentan los próximos meses de conciertos?

Vicente: Pues como 2020, ¡incertidumbre total! Pero es que es la realidad de estos días y creo que a nadie le sorprende a estas alturas. Ojalá poco a poco podamos anunciar más fechas, sea en el formato que sea, en las condiciones que sean. 

¿Confiáis en un verano de bailes horteras y mascarillas? 

Óscar: Sí, estamos currando mano a mano con nuestra, HOOK Management, para llevar Hortera al directo. Gracias a nuestro público que nos sigue en cada bolo apoyándonos y dándonos mucho calor. Seguro que pronto podremos vernos todos de pie cantando y bailando juntos en salas y festivales.

Entrevista: La M.O.D.A.


"Esta evolución la hemos visto como algo natural, porque no nos gusta repetirnos ni copiarnos a nosotros mismos”.

Por: Sergio Iglesias

“Ninguna ola” es el título del nuevo trabajo de La Maravillosa Orquesta del Alcohol (La M.O.D.A), un disco en el que la banda burgalesa apuesta por añadir nuevos sonidos a su repertorio. Para ello, han trabajado con el prestigioso productor Raül Refree, quien ha aportado ese punto de vista externo que todo grupo necesita a la hora de abordar este tipo de cambios. Nacho Mur, guitarrista de la banda, nos cuenta en esta entrevista cómo ha sido la (larga) gestación del nuevo álbum.


La primera es inevitable, ¿cómo habéis vivido la MODA esta pandemia? 

Nacho Mur: Bueno, han sido tiempos muy difíciles para todos, yo creo que esto es algo tan transversal que no puedo hablar sólo de nuestro tema, que es la música, porque ha sido algo nuevo para todos: no poder ver a tu familia, a tus amigos, a tus compañeros de trabajo… han sido tiempos raros y complicados. 

Respecto al grupo, tuvimos la suerte de que, cuando empezó todo, ya teníamos el disco prácticamente acabado, nos pilló el estallido en Portugal, grabando el último tema que nos quedaba y disfrutando la grabación como nunca, en un estudio increíble. Allí las cosas no estaban tan mal, pero nos empezaron a llegar noticias desde casa y ya un día vimos que se empezaba a poner la cosa muy complicada y allí también tuvieron que cerrar todo de un día para otro. Así que nos tuvimos que volver sin acabar el disco y luego en verano, cuando pudimos salir de nuevo, nos fuimos a grabar a Garate el tema que nos faltaba. 

Pero, dentro de la locura que ha sido todo esto para cualquier persona, sobre todo teníamos la incertidumbre de no saber cuándo íbamos a volver a tocar y de no saber si nuestro oficio se iba a ir definitivamente al garete porque, como bien sabes, el sector está muy mal. La idea era grabar el disco, descansar un par de meses y arrancar la gira a tope, pero esto nos ha obligado a estar en casa, ha sido un frenazo en seco para nosotros, que nos encanta meternos en la furgoneta y patearnos el país.

Hablando ya del disco, en esta ocasión habéis grabado con Raül Refree. ¿Qué buscabais en un productor tan alejado, a priori, de lo que habitualmente hacéis?

Nacho Mur: Siempre decimos que los discos son como el reflejo de lo que está haciendo el grupo cuando está trabajando y cuando lo graba. Nosotros estamos todo el día en el local o escuchando nueva música y descubriendo cosas y, como en cualquier persona, van cambiando nuestras inquietudes; en este momento estamos buscando la energía y la emoción en un lugar que no sea sólo tocar todos a la vez y a tope. 

Así que, cuando empezamos a trabajar estas canciones, ya vimos que muchos temas iban por ahí y, pensando quién nos podía producir el disco, se nos vino a la cabeza Raül, vimos que era la persona idónea para esto, porque nos encanta el trabajo que ha hecho con un montón de artistas y, sobre todo, porque busca la esencia en desnudar la canción y no inflarlo con instrumentaciones innecesarias.  La verdad es que ha sido un trabajo muy duro para llegar al punto intermedio entre su visión y la nuestra, pero estamos muy muy contentos con el resultado.

Resulta paradójico que digas que Raül busca la simplicidad de la canción cuando,  habitualmente, en sus producciones hay mucho sintes, loops, samplers…

Nacho Mur: No sé si la palabra es “simple”… lo que Raül hace es buscar que haya pocos elementos y que todo suene muy grande, buscando la esencia desde el minimalismo y hay algo que nos conecta con él, aparte de las referencias comunes que manejamos con él por su pasado punk y “hardcoreta”. Pero lo que dices es cierto, el uso de esos elementos es muy habitual en sus producciones porque Raül es un productor muy talentoso y los usa como herramientas para llegar a ese resultado que quiere.

¿Ha influido mucho en el sonido final de “Ninguna ola”? 

Nacho Mur: Ha influido todo lo que tiene que influir un productor en un grupo. También hay que darse cuenta de que nosotros somos siete, somos bastante “puñeteros” trabajando y damos muchas vueltas a las canciones, así que todo el rato es un trabajo de tira y afloja… 

Pero, contestando a tu pregunta, sin duda que se nota la mano de Raül en el disco, y sin él, el resultado no sería así, pero tampoco lo sería si no lleváramos las cosas tan claras como las llevábamos antes de estar con él… lo que sí es cierto es que él nos ha empujado a grabar en directo y tocando todos a la vez, algo que ya hicimos también con Steve Albini y que hemos repetido con Raül y que creo que ha sido un acierto total.

¿Sentíais algún tipo de presión por ese cambio que estabais llevando a cabo? 

Nacho Mur: Es que nosotros no lo sentimos como un cambio tan radical… está claro que hay cambio ¿eh?  eso no se puede negar, pero para nosotros, como llevamos escuchando las canciones tanto tiempo, tampoco ha sido tan diferente; entiendo que, si pasas de escuchar las canciones del primer disco a escuchar “Ninguna ola”, el cambio es fuerte, pero para nosotros ha sido un trabajo de dos años, así que ha sido un proceso muy gradual. 

Lo que pasa es que esta evolución la hemos visto como algo natural, porque no nos gusta repetirnos ni copiarnos a nosotros mismos.

¿Y cómo han recibido el disco los fans de la banda? 

Nacho Mur: Pues, si te digo la verdad, con los singles sí que había más miedo porque nos escribía la gente diciendo que había demasiado cambio, pero cuando ha salido el disco, la acogida ha sido increíble, mucho mejor de lo que pensábamos, y vemos que a la gente le han emocionado las canciones.

Como te digo, nosotros lo hemos visto como algo natural y nuestra idea no era decir “vamos a romper con todo lo que hemos hecho hasta ahora…” y por eso hay temas que podrían estar en “Salvavida”  como pueden ser “Barcos hundiéndose” o “Memorial”, por ejemplo. Pero la gente ha recibido también muy bien temas diferentes como “Un bombo y una caja” o “Conduciendo y llorando”. 

Al final, en la música, al igual que en cualquier otro trabajo, siempre hay que buscar la motivación para seguir con esto, y por eso hemos disfrutado tanto y estamos orgullosos de lo que hemos hecho… eso no quiere decir que lo próximo que hagamos vaya a ser así, puede que el siguiente disco sea de punk o canciones super directas de country… en cada momento se buscan cosas diferentes.

De nuevo, habéis decidido autoeditar el disco vosotros mismos, ¿es fundamental para vosotros mantener esa libertad en todos los aspectos?

Nacho Mur: Aunque no sabemos si es la mejor, ésta es la única manera que conocemos de trabajar. Sí que es verdad que tenemos libertad absoluta, pero también somos conscientes de que tiene cosas no tan buenas, ya que nos tenemos que encargar nosotros de todo y emplear muchas horas en ello, pero ahora estamos felices haciendo las cosas así, con gente cercana o gente a la que admiramos.

Me comentabas que ya teníais todo listo antes de que empezara la pandemia, lo que parece increíble leyendo alguna de las letras del disco…

Nacho Mur: Eso nos lo han dicho bastante. Lo grande de la música es que, cuando lees las letras de cualquier canción, siempre tiendes a hacerlas tuyas, así que es verdad que hay ciertas letras de este disco que, leídas en la situación actual, parece como que tienen otro sentido. Dentro de la nostalgia que siempre hay en las letras de la MODA, que está claro que nunca hemos sido la alegría de la huerta, sí que creo que hay más luz y romanticismo que nunca… no lo vemos tan oscuro en cuanto a letras como otros.

Al final, el ser humano es muy complejo y todas esas emociones las vivimos casi a diario, y por eso no nos gusta sólo hablar de fiesta o de ir a la playa que, por otra parte, está muy bien y ya hay grupos que lo hacen estupendamente.

Siguiendo con las letras, me ha parecido muy curiosa la contraposición entre “Conduciendo y llorando” y “Banderas sin color”, que deja bien claro que vosotros seguís siendo de ciudad pequeña ¿no? 

Nacho Mur: Totalmente, en “Conduciendo y llorando” se habla de cómo influyen esas grandes urbes en las personas, vemos cómo vive la gente en ellas o como nos sentimos cuando vamos allí a hacer promoción o a tocar y hacemos esa reflexión. Y por otro lado, nuestra base sigue estando en Burgos, que es nuestra casa y sigue marcando parte de las letras del grupo.

En “Barcos hundiéndose” hacéis una reflexión sobre esa cultura facilona que está tan de moda hoy en día…

Nacho Mur: En ese tema hay dos cosas: por un lado, lo que tú comentas, ya que a nosotros no nos gusta esa música y esa cultura superficial, de usar y tirar y de no decir nada y, por otro lado, también se habla de la debilidad de la industria; con todo lo que ha pasado se ha demostrado que las cosas en la cultura no estaban bien porque, en cuanto ha llegado un soplo de aire, se ha derrumbado todo. Es un tema complicado que tenemos que solucionar y parece que ahora hay muchas asociaciones trabajando juntas para ver si esto sale adelante.

Precisamente, esa falta de unidad ha sido históricamente uno de los grandes problemas de la cultura, al menos aquí ¿no?

Nacho Mur: Sin duda, siempre ha habido una falta de organización, cada sector iba a lo suyo: los técnicos por un lado, los músicos por otro, los promotores por otro…  así que ahora nos hemos dado cuenta de todo esto y, por sacar algo positivo, sólo espero que salgamos reforzados en cuanto a ser conscientes de lo frágil que es nuestra industria. A ver si salimos más unidos y, a poder ser, sindicados y organizados, como en cualquier otra industria, porque hay muchas familias que viven de esto.

¿No crees que, aparte de todo lo que estamos hablando, también hay un problema político, en el sentido de que ningún gobierno se ha preocupado nunca por la cultura?

Nacho Mur: Por supuesto. Este problema tiene también un aspecto político claro, en cuanto a que estamos huérfanos de las autoridades en cualquier gobierno, y eso es algo que se ve claramente desde hace mucho tiempo. 

Para terminar, ¿cómo ves el futuro inmediato?

Nacho Mur: Nosotros queremos tocar todo lo que se pueda, donde se pueda y como se pueda, cumpliendo las normas que haya que cumplir en cada momento, por supuesto. Somos un grupo de carretera y de tocar, y estoy seguro de que este año que empieza lo vamos a hacer. Espero que se vaya normalizando todo y que volvamos a trabajar, también  por la preocupación que tengo por mis compañeros y amigos. Este año se ha visto que la cultura es más necesaria que nunca como se ha demostrado en este confinamiento, así que ahora no se nos puede dejar tirados.

50 años de "Pearl", el bello último lamento de Janis Joplin




Por: Kepa Arbizu 

Muchas veces no son fáciles de asimilar los designios que el destino tiene guardados para ciertas personas. Por ejemplo convertir tras su fallecimiento a una joven llamada Janis Lyn Joplin, acostumbrada a sufrir episodios de desprecio y marginación durante muchas épocas de su vida, en todo un icono y referente cultural adorado por millones de personas. Quizás el apoyo en su momento de unas pocas de ellas hubieran sido suficientes para cambiar el rumbo de la historia de la ahora mítica cantante, tiznada de una larga lista de episodios dolorosos que la condujeron a un persistente sentimiento de soledad que desembocaría finalmente en una prematura muerte a los 27 años como consecuencia del abuso de las drogas. 

Es cierto que en esa excesivamente corta biografía tuvo tiempo para entregar un legado tan escueto como repleto de calidad. Se trata de tres grabaciones culminadas con el póstumo “Pearl”, para muchos su obra capital en cuanto a que representó el vehículo más adecuado para plasmar sus torrenciales cualidades. Publicado originalmente el día 11 de enero de 1971, solo tres meses después de su defunción, su principal valor, que no único, recala precisamente en la capacidad para recoger su desaforada expresividad a través de una variedad de registros. Siempre afines a las raíces del sonido norteamericano, estas piezas se decantarían más claramente por aquellos concernientes a la cultura negra, exponiendo su voz en la línea de sucesión de otras pioneras como Mahalia Jackson, Ma Rainey, Bessie Smith o por supuesto Aretha Franklin.

Para comprender los méritos artísticos de esta álbum y su más que justa honorífica ubicación en la historia no hay que desestimar el contexto en el que fue concebido. Si no hay duda de que sus capítulos previos, un “Cheap Thrills” acompañada de la Big Brother and the Holding Company y después otro junto la Kozmic Blues Band (“I Got Dem Ol' Kozmic Blues Again Mama!“), supusieron unos meritorios trabajos, sobre todo el primero de ellos, ambas fueron experiencias que acabaron abruptamente, ya fuera por desavenencias en el campo personal o musical. Un aspecto este segundo en el que siempre destacó la incansable búsqueda de la texana por no adscribirse únicamente a un género ni  convertirse en el espejo de una época concreta; sus aspiraciones iban más allá, pretendiendo hallar una manera de comunicarse más libre y sin restricciones formales. Para tales fines buscó rodearse de una banda en la que mantendría a Jon Till (guitarra) y Brad Campbell (batería) e incorporando a Ken Pearson, Clark Pierson y Richard Bell. Una formación que desbordaba calidad en su manera de interpretar pero en la que también, y no resultaba menos importante, encontró un colectivo con el que congenió en lo humano y donde se sintió, por primera vez, arropada por unos músicos que seguían su estela. Un sentimiento de comunidad en el que ayudó decisivamente la presencia del productor Paul Rothchild, de demostrada valía profesional por sus colaboraciones con The Doors o The Paul Butterfield Blues Band, y que rápidamente supo aunar todas las piezas para dirigirlas hacia el camino más adecuado, asumiendo labores no solo técnicas sino de asesor y amigo.

En la carrera de Janis Joplin siempre ha resultado muy influyente en el resultado creativo final el estado anímico en el que se encontraba, uno por otra parte tendente con asiduidad a trasladar sus malas rachas a problemas relacionados con las adicciones. Por eso, en el inicio de la grabación de este disco, tras un previas vacaciones por Brasil, resulta relevante el hecho de encontrarse con la figura de una mujer ilusionada y alejada por extensión de nocivas tentaciones, algo pocas veces visto con tanta nitidez en ella. Una condición que por desgracia no duraría demasiado, ya que pronto, y paradójicamente en paralelo al buen rumbo con el que avanzaba la la elaboración del álbum, aparecerían sus habituales viejos fantasmas, siempre dispuestos a renacer y que fueron agigantándose hasta tornarse en tragedia.

Las publicaciones de la norteamericana, y en absoluta su disco póstumo es una excepción, siempre se han caracterizado por estar integradas de un buen número de temas ajenos, algo que en otros casos podría contabilizarse como un déficit pero que en el suyo suponía la extraordinaria capacidad de personalizar todo aquello que llegaba a su garganta. Buen ejemplo de ello es una de sus canciones más reconocidas, y que le supuso mayor éxito, como es "Me and Bobby McGee", perteneciente a Kris Kristofferson. Partiendo de una lúgubre tonada folk, solo ella pudo extraer de aquella melodía un vivaz, y melancólico, ritmo country. 

Pero no es casualidad, o por lo menos es bonito creerlo así, que el inicio de este trabajo recaiga en una canción ideada por ella misma, el endiablado “Move Over”, donde su incontrolable voz danza en paralelo al dibujo de la guitarra para completar un blues rock-dirigido por una arrebatadora base rítmica. Otra exhibición del género recaerá en “Burried Alive in the Blues”, ésta con la salvedad de que se trata de un instrumental, inacabada pieza ya que la voz debía haber sido registrada justo al día siguiente de que se encontrara el cuerpo de Janis Joplin. Huérfana de su huracanada interpretación, aun así el tema se convierte en una anárquica y trepidante jam session como símbolo del poderío y la calidad de la banda.

Si dentro de esa libertad estilística que se impone en “Pearl” hubiera que trazar alguna línea predominante, esa sería sin duda la del soul, que en sus diferentes variables aglutina a un número considerable de canciones, algunas convertidas en el reflejo del desgarrador lamento que habitaba en su interior, como la icónica “Cry Baby”, o magistrales muestras de intimismo que van suflando hacia una representación más desmelenada, como “A Woman Left Lonely”, obra de una de las grandes parejas de compositores que ha dado la música, Dan Penn y Spooner Oldham. Pero sí de enfocar hacia los rutilantes nombres que aparecen en la lista de créditos se trata, no se puede retirar la vista de la presencia de Bobby Womack, encargado de la escritura, y de tocar la  guitarra acústica, de “Trust Me”, un contenido y romántico medio tiempo rasgado por la interpretación de la cantante. Para este momento ya no cabe duda de que el disco se ha convertido en un paseo por todo una colección de frustraciones y de relaciones sentimentales fallidas. De ahí que “Half Moon”, convertida en un agitado y vibrante funk, emerja como una poética evocación al amor real. Imploraciones que se repetirán, aunque sean cargadas de ironía frente al fervor materialista, en la desnuda “Mercedes Benz”, mantenida en su versión a capella a modo de homenaje a lo que fue el último registro de sus cuerdas vocales. Una condición que ayuda todavía más a dotarle de ese halo de himno de crudo gospel.

“Pearl”, al margen de otro tipo de publicaciones, es el último legado musical que nos dejó Janis Joplin. Y en él encontramos, en su expresión más pura y liberadora, todos las constantes que han regido hasta entonces su arte y su vida. Por eso no extraña que la joven mujer que posa en la portada desinhibida y feliz, al mismo tiempo sea capaz de expresar con una impresionante, y desgarrada voz, el lamento que nunca dejó de latir en su interior. Su obra, como expresión de su existencia, representa el canto a la libertad de aquella a la que nunca le permitieron ostentarla, quien jamás encontró un lugar donde poder ser ella misma. Es por lo tanto a través de sus canciones y de su descomunal interpretación donde podemos encontrar el certero reflejo de ese alma pura y afligida que este mundo cruel nunca permitió crecer.

Ronnie Earl & The Broadcasters: “Rise Up”



Por: Txema Mañeru 

La verdad es que he escuchado y disfrutado bastantes de los más de 25 discos de Ronnie Earl y siempre me han parecido muy grandes y panorámicos, musicalmente hablando. Más de una docena los ha publicado el prestigioso sello de blues y música de raíces americanas, Stony Plain Records, con sus habituales y cuidadas ediciones en triples digipacks como ocurren con este nuevito “Rise Up”. Es habitual también que sus discos del nuevo milenio se compongan de buenos temas instrumentales combinados con otros cantados con destacados vocalistas. 

En este caso en sus Broadcasters destaca sobremanera la voz de Diane Blue. Igualmente usual es la combinación entre buenos temas firmados por el propio Earl junto a variadas versiones muy bien llevadas a su terreno. A este rey de la Fender Stratocaster le gusta además invitar a algún prestigioso guitarrista a sus discos, y en este caso le ha tocado a Peter Ward, de la recomendable The Legendary Blues Band, quien por cierto se marca unas buenas notas interiores en el digipack en las que surgen por ahí hasta el nombre del gran Bob Wills & His Texas Playboys. Pues bien, todo esto tenemos en “Rise Up” más alguna destacada toma en directo de la que luego te hablaremos.

No debiera hacer falta presentar a Ronnie Earl, pero te estamos hablando del guitarrista y líder de Roomful Of Blues junto al gran Duke Robillard , que ha trabajado hasta con Bob Dylan. Por cierto que juntos grabaron el todavía celebrado “The Duke Meets The Earl”. Lleva ya casi cuatro décadas al frente de los Broadcasters y siempre ha estado considerado como uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos. Por algo ha sido para The Blues Foundation "Guitarrista Blues del año" en bastantes ocasiones. Ya hace muchos años que le acompaña en su banda Dave Limina, un crack con el Hammond B3 y que ya estuvo en los casi 80 minutos del celebrado “Father’s Day” y que está en los nuevos 80 minutos de este esplendoroso y espléndido “Rise Up”.

Se inicia el álbum en territorios del blues del Delta con exquisita técnica finger picking en el góspel tradicional "I Shall Not Be Moved", demostrando que todavía tiene sentido revisitar clásicos si se alcanzan estos resultados. Su guitarra llora y nos hace llorar. Pronto destaca la voz de Diane y el Hammond de Limina en "Higher Love". Sigue otra gran composición de Earl como es ese sentido instrumental lento "Blues For George Floyd", cuyo título ya lo dice todo. Soul sexy con Diane tenemos en el "You Don’t Know What Love Is" de Fenton Robinson, y los más de 10 minutos de su "Blues For Lucky Peterson" se hacen pocos. Sensacional rhytyhm and blues impetuoso con su "Albert’s Stomp" en vivo con magistral solo de Hammond y su guitarra jugando con la de Ward. Su versión de "Lord Protect My Child" de Bob Dylan no es nada obvia y está magníficamente resuelta con la gran voz de Diane y ese Hammond ralentizando la ya emocionante toma original. Exhibición al piano boogie de Limina en el "Mess Around" de Ahmet Ertegun y más blues nocturno guapo de Earl con "Talking To Mr. Bromberg", además de otra personalísima versión del clásico de Jimmy Smith, "Blues For J." con el órgano volviendo a hacer de las suyas, lógicamente. Sublime despedida a dúo, hasta en la composición, con Ward y Earl en un "Navajo Blues" con las dos guitarras a cuchillo sobre el Hammond. ¡Para este nuevo año queremos otros 80 minutos de imperecedera buena música, por favor!

Entrevista: Iñigo Munster


“Hay demasiada gente dedicándose a la música sólo por una cuestión de negocios"

Por: Amaia Santana

Entrar en la base de operaciones de Munster Records es adentrarse en un parque de atracciones. Un sinfín de atracciones que abarca un amplísimo y exquisito espectro musical. La tienda Satanasa del mítico Rastro madrileño, pero a lo grande. Lo custodia Saturno, una perra que recibe a El Giradiscos a ladridos, aunque son amistosos. En la oficina de la planta superior suena The Mickey Finn -el sello acaba de editar un (muy recomendable) recopilatorio de esta banda británica de los 60-. 

La oficina de Iñigo Pastor AKA Iñigo Munster está atestada de cajas de vinilos (ya no editan CDs). Asegura que una de las claves de supervivencia del sello es estar en constante movimiento; buscando y rescatando del olvido diamantes en bruto, pedradas preciosas, engendros y criaturillas varias. 

Todo empezó con un fanzine... y una pasión; algo que Iñigo Munster echa en falta en la industria musical actual. “Todo es gente de la escuela de negocios, y les suda la po…”. Charlamos con él sobre los orígenes, motivaciones y futuros proyectos de este sello venerado por melómanos de todo el mundo.

En 2013 celebrasteis el 30 aniversario de Munster Records bajo el eslogan “30 años alumbrando criaturas y desenterrando engendros”. ¿Se mantiene este lema vital hoy día?

Iñigo Munster: Tiene mucho sentido literalmente; sobre todo en lo que se refiere a nuestra dedicación a redescubrir cosas del pasado. Ha sido una evolución y ese lema define bien al sello, son muchos años cumpliendo esta misión. Creo que somos los más longevos en esa línea, no sólo en el Estado, sino casi en Europa. Al menos en tan amplio espectro de música, porque no estamos encerrados en un género musical concreto. Es cierto que empezamos siendo más punk-rock, garage, indie… Pues era lo que nos gustaba y lo que estábamos descubriendo a nuestro alrededor. Cuando empecé el fanzine con mi hermano Gorka (“La herencia de los Munster”, 1983), escuchábamos grupos de la época, es decir, sonidos más garageros, punkis… sin entrar tampoco en el Rock Radical. 

De hecho, en un artículo publicado en Rockdelux (#318 junio 2013) con motivo del 30 aniversario, os definen como “una marca que empezó en el puro rock y desembocó en la gran música”.

Iñigo Munster: Los sellos que han estado editando punk no han hecho otra cosa, pero nosotros nunca nos propusimos que hubiera un ‘fondo’, una escena, en la música que descubríamos. Es más, se ha demostrado que detrás de una escena determinada, había otros sonidos que poco o nada tenían que ver con ésta. Así es como dimos con la música peruana de los años 60, muy rica y extensa en el formato punk y garage (Los Saicos, Los York’s, etc.). A la vez, las mismas compañías que editaban estos discos tenían unos catálogos mucho más amplios de otras músicas, que podríamos considerar “tropical”... y nos sumergimos en ellos.

¿Y qué encontrasteis?

Iñigo Munster: Músicas que no conocíamos ni por asomo, y que nos resultaban igualmente atractivas e interesantes. Me considero una persona muy abierta, eclécticamente hablando. Creo que la vida es demasiado corta como para estar escuchando un solo género de música. Más que investigar -ya que no es muy académico y puede resultar un poco presuntuoso-, BUSCAMOS. Y hemos dado con mucha música de Latinoamérica, de África; jazz, cumbia, tropical; también editamos una recopilación de música persa de los años 60; incluso bandas sonoras de cine italiano de hace muchos años…

“Creo que la vida es demasiado corta como para estar escuchando un solo género de música”

En cuanto a bandas ‘en activo’, ¿a quiénes editáis en estos momentos?

Iñigo Munster: Prácticamente no tenemos producción del momento; y los que editamos son artistas más experimentales y de vanguardia. Del underground, si lo prefieres. O sea, músicas que no encajan en ningún formato comercial, muy al margen del circuito convencional. Tampoco entramos en ninguna operativa promocional. Son músicos que conocemos (de antemano); como Nad Spiro, una guitarrista guipuzcoana que vive desde los años 80 en Barcelona y cuenta con gran reconocimiento en la escena underground internacional. Hace una especie de música cinemática, con aspectos un poco electrónicos. También contamos con Esplendor Geométrico, banda clásica del underground industrial; o Mattin, artista bilbaíno residente en Berlín, que antes formaba parte del grupo Billy Bao. A la vez, seguimos con reediciones de todo tipo de música, ahora fundamentalmente del género tropical; de Colombia, Perú, etc.

¿Escucháis todas las propuestas/maquetas que os envían?

Iñigo Munster: No… Llegan muchas, y no tengo tiempo siquiera. Las propuestas que consideramos son las que nos llegan a través de un entorno cercano. Hay mucho artista que te envía el típico mailing general que envía a todo el mundo. Francamente, creo que los artistas de hoy día, si tienen un poco de chispa, se lo pueden montar ellos mismos. Lo bueno de esta era es que hay gente que se lo está haciendo tal como empezaron realmente las independientes: dando un servicio a los artistas, y la mayoría de estos se autoproducían, o tenían una implicación al menos... 

Asimismo, se ha estilado un tipo de contrato totalitarista y leonino en el que no queremos entrar. Ahora todo el mundo quiere TODO del artista: management, editorial, digital… Para mí eso es una mierda, es una especie de trampa mortal para el artista. No tiene nada que ver con lo que hacemos, y aunque quisiéramos entrar esa odisea de promoción y demás, tampoco podríamos. Trabajamos de una forma que nada tiene que ver con una compañía discográfica de edición de talentos. Y por supuesto que hay bandas actuales de puta madre, sellos que hacen cosas guais y grupos que se lo están haciendo ellos mismos. Nosotros hicimos un trabajo muy importante de edición de bandas en los 90, de hecho; nos mojamos con esas bandas, hacíamos giras, vídeos… de todo. Creo que tiene que ser algo generacional. 


Se refieren a ti como “Indiana Jones” por la labor arqueológica de Munster Records. Además de indagar en esos catálogos que has citado, ¿qué otras fuentes o herramientas tenéis para dar con estos hallazgos?

Iñigo Munster: Gran parte es por acumulación -no quiero decir coleccionismo-. He estado comprando discos toda mi vida, y muchos de esos discos han dado pie a ediciones. Aparte de nuestro círculo más cercano, es decir, de personas que trabajan aquí como Murky López o Javi Bayo, contamos con una serie de colaboradores en diferentes países que nos proponen muchos proyectos. Es una combinación de fuentes y referencias. No hay una sola fórmula, vaya. 

“En Munster no hay una línea editorial concreta; sin embargo, sí que hay una etiqueta”

¿Cómo definirías la línea editorial de Munster Records? O en otras palabras, ¿qué requisitos hay que cumplir para pertenecer al catálogo Munster? 

Iñigo Munster: No hay una línea editorial concreta; sin embargo, sí que hay una ETIQUETA. Por ejemplo, se ha creado una especie de hermandad Munster-Vampi, una marca reconocible con gente que la sigue (Nota: Vampi Soul es una de las ‘filiales’ de Munster Records, especializada en la edición de músicas del mundo, de carácter más folclórico). 

Además, algo que permite la globalización es conectar con gente con inquietudes y una especie de ansia por descubrir. Esa curiosidad es en la que basamos, en gran parte, nuestra ‘línea editorial’: en ese factor sugerente y misterioso de cada propuesta. Por supuesto, dentro de unos estándares, como que tengan una mínima calidad sonora -aún así, en algún momento nos hemos permitido la licencia de editar cosas al límite de la calidad sonora, y hemos primado su valor sónico-.

Nuestros discos son apuestas en muchos casos: en su mayoría no han sido reeditados, no son conocidos, ni fueron discos de éxito en su momento. En general, son bastante bien recibidos, pero no hay nada que lo pete, ¿sabes? Precisamente por eso tenemos que estar constantemente activos con las ediciones, buscando material nuevo… 

Hacemos tiradas más bien cortas, por cuestiones prácticas: no nos podemos permitir tener todo en catálogo -sería un stock enorme-; tampoco creo que haya un mercado que lo absorba. Entre nosotros lo hemos hablado muchas veces: si fuéramos un sello británico, o de EE.UU, donde el mercado es más amplio… A la vez, cuando he hablado con compañías de allí, resulta que ocurre a la inversa: tienen que hacer más del mínimo, para que les compense.

La solidez de la marca Munster puede deberse en parte a esa fidelidad a la estética/espíritu de fanzine mantenida a lo largo de todos estos años...

Iñigo Munster: Hay muchas cosas que podríamos haber editado y no lo hemos hecho. Es cierto que hay un criterio de gusto, de estilo, de entusiasmo. Si no lo hay, normalmente no lo hacemos. 

Ese podría ser el resumen de la línea editorial, entonces: “Si no nos gusta, no sale”.

Iñigo Munster: Básicamente.

Os consideráis ante todo “fans de la música”. ¿Es esto compatible con hacer negocio de la misma? 

Iñigo Munster: Para vender 100.000 discos, tienes que hacer unas 150 referencias. El esfuerzo o coste de producción de 10 o de 100 discos no es el mismo, claro. Por eso estamos siempre inmersos en la producción: búsqueda, archivo, diseño. El proceso de fabricación es muy cuidadoso. Esa es un poco la clave. Si lo hiciéramos al 10%, lógicamente no estaríamos ante el mismo modelo de negocio.

“Me gustaba mucho la industria musical cuando la gente que trabajaba en las compañías tenía algún tipo de interés, experiencia y cariño por la profesión. Ahora son todo gente de la escuela de negocios, y les suda la polla, hablando mal…” 

La mayoría de las reediciones ‘etiqueta Munster’ no se encuentran en plataformas digitales. ¿A qué se debe? ¿Es por una cuestión práctica o de principios?

Iñigo Munster: Cuando surgió todo esto, sí que fue una cuestión de principios. Muy incrédulamente pensé que lo digital jamás sustituiría la fabricación física. En general, ganan más las compañías que los propios artistas, que cobran cantidades irrisorias. En un inicio nos resistimos a esto, más por una cuestión de prioridades que por ‘capricho’. Por otro lado, es una lástima que no lo hubiéramos desarrollado antes: habríamos tenido más oportunidades de negocio. Desde hace unos años, todo el mundo quiere pillar material como el que editamos para las plataformas, con un carácter muy agresivo. Las compañías de muchos de los proyectos que desarrollamos tienen un acuerdo de distribución digital en el que no participamos. Entonces la promoción es más difícil, porque creo que es para lo que deberían servir fundamentalmente estas plataformas: como herramienta promocional. Lo que ocurre es que se ha convertido en la manera de explotación musical máxima, del presente y del futuro. Habrá que ver… Tenemos alguna cosa con cierto éxito en estos lares, como Los Saicos, que parece que se ha convertido en un fenómeno internacional. Lo tropical también está funcionando bastante bien. En realidad, para nuestro tipo de negocio sigue siendo más un complemento que una prioridad. 

¿Sientes a Munster Records al margen de la industria musical actual?

Iñigo Munster: (Reflexiona) No sé si la expresión es “al margen”, pero a mí no me gusta la dirección de la industria musical. Me gustaba mucho cuando la gente que trabajaba en las compañías tenía algún tipo de interés, experiencia y cariño por la profesión. Ahora todo es gente de la escuela de negocios, y les suda la polla, hablando mal… Es como si fueran mayoristas de tornillos o de piezas de coche. Si eso es estar al margen, pues sí, lo estamos. Pero vamos en paralelo con un montón de compañías en el mundo que están en nuestra línea. A mí antes también me gustaban mucho las ferias, por ejemplo. Empecé a ir al MIDEM (Marché International du Disque et de l'Edition Musicale) en el 92. Entonces, cuando te reunías con alguien, por ejemplo con el sello SST, hablabas con Greg Ginn, bajista de Black Flag y cofundador de la compañía. Te relacionabas con gente con mucha experiencia, que llevaba su proyecto adelante y con quien podías mantener una conversación -más allá de cada uno tuviera un ángulo más o menos agresivo en términos empresariales-. Ahora el mundo de la música está lleno de GILIPOLLAS. Hay demasiada gente dedicándose a la música sólo por una cuestión de negocios, no por ninguna afición. Yo ya no conozco prácticamente a nadie… Salvo a las independientes clásicas: Luis Calvo de Elefant, Fernando de Potencial, Marcos de Mushroom Pillow, Xabi de Brixton… Creo que compartimos un espíritu, un camino; que es el de sacar adelante proyectos basándonos en eso, en lo que nos da la gana hacer.

“La pandemia está rediseñando el negocio. Si nos comparamos con otros sectores de la música -como el del directo, por ejemplo-, nos va de puta madre. Hemos seguido haciendo discos, distribuyéndolos y agotándolos”

¿Qué hay del sello editorial Munster Books? ¿Sigue en activo?

Iñigo Munster: Ese fue un proyecto que empezamos demasiado pronto. En los últimos cinco años se ha producido un boom editorial de libros musicales, se ha creado un mercado. Cuando entramos en ello no éramos muy conscientes de cómo era ese mundo -muy distinto al del disco y mucho más encarnizado-; aparte de lo costoso y laborioso que es editar un libro en condiciones... Así que Munster Books se quedó un poco aparcado, si bien es cierto que tenemos algún proyecto entre manos. Por ejemplo, estamos trabajando en un libro de fotografía de Salvador Costa, el fotógrafo de La Banda Trapera del Río y quizá el artífice del primer libro gráfico del punk. Esta obra estuvo en su día en el Museo Tate, circuló por el Rastro… A través de su viuda conseguimos los negativos; pero claro, es un trabajazo, hay que tratar muy bien estas fotografías. Es un proyecto que saldrá este año previsiblemente. También tenemos un libro sobre Pau Riba, escrito por Jaime Gonzalo, a raíz de la edición que hicimos de “Dioptría”; pero nos pilló el confinamiento y ha quedado relegado en el orden de prioridades. Lo editaremos en algún momento, eso sí. De nuevo, estaremos al margen del circuito de libros: queremos venderlos como si fueran discos, es decir, distribuirlos fundamentalmente en tiendas de discos. 

¿La pandemia ha afectado a algún otro proyecto discográfico?

Iñigo Munster: En realidad no; ha afectado mucho a la operativa, a cómo nos hemos tenido que organizar todos estos meses atrás. También hemos tenido que adaptarnos a los diferentes ritmos de los países con los que trabajamos -porque operamos mucho a nivel internacional-. Si nos comparamos con otros sectores de la música -como el del directo, por ejemplo-, nos va de puta madre. Más allá de lo logístico, que ha sido complicado para todos, hemos seguido haciendo discos, distribuyéndolos y agotándolos. La venta online se ha disparado, algo que también ha ocurrido en otros muchos sectores. Tampoco es que haya suplido a las tiendas -muchas de las cuales han tenido que cerrar-, pero la pandemia está rediseñando el negocio.

“Los Saicos son ahora ‘mainstream’; han recibido un reconocimiento a su altura, y esto no suele ocurrir. Este es un proyecto que me llena de orgullo, no sólo por la banda, sino por todo el sonido que ha trascendido: miles de grupos salvajes en toda Latinoamérica”

¿Son Los Saicos una de las bandas fetiche de Munster? Han pasado del nicho al ‘mainstream’…

Iñigo Munster: Sí, sí, Los Saicos son totalmente mainstream. Cuando hace 15 años editamos la famosa cajita de singles -bueno, años antes publicamos un formato semioficial (por no decir que lo sacamos por la cara)-; a partir de un casete de un amigo de Perú, ‘inventamos’ una historia, conseguimos fotos… A raíz de aquello se creó una especie de fenómeno, porque su sonido era totalmente rompedor y no había nada igual. Es entonces cuando contactamos con los miembros que quedaban de la banda y organizamos las ediciones ‘legalizadas’; en condiciones, con su material gráfico y de archivo, etc. Como salió a colación en una entrevista que me hicieron en el diario francés Libération, creo que en Munster pasaremos a la historia por haber descubierto a Los Saicos. No tanto por la banda en sí, sino por todo ese sonido que trascendió a esta banda: miles de grupos salvajes en toda Latinoamérica. En ese sentido, creo que Los Saicos han recibido un reconocimiento a su altura, y esto no suele ocurrir.

Cuántas bandas caen en el olvido sin ningún tipo de estima…

Iñigo Munster: Claro… Es curioso que gente de cada vez más distintas esferas los piloten. Nos los piden mucho, incluso para bandas sonoras y anuncios. Los Saicos es un proyecto que me llena de orgullo. Tengo además una excelente relación con Erwin (Flores), cantante y genio de esta banda. Es un personaje fascinante, y su historia con Los Saicos y la música no es siquiera la punta del iceberg... 

Coincidiste con Eskorbuto en el Santurtzi de los años 80. ¿Imaginabas entonces la proyección que tendrían?

Iñigo Munster: Coincidí con ellos en el 84, yo tendría unos 15-16 años. Encontrarme con ellos en la calle era algo bastante habitual. Con Pako nunca tuve ningún contacto, en cambio con Iosu y Jualma sí, como vivían en Santurce… Con Iosu tuve alguna conversación, pero muy de niño. Era un personaje impresionante. Entonces no imaginé que fueran a tener esa dimensión. Tiene gracia esa conexión local. 

Nosotros hemos hecho unos acuerdos muy puntuales con Pako, para unos discos muy concretos -porque él ha sido capaz de distribuir los derechos entre varias compañías-. En Latinoamérica, e incluso en EEUU, son una banda de máximo culto, muy influyente y respetada. Eskorbuto es algo muy singular; ellos eran anti-todo y no estaban en nada. Y al final… pues una historia muy triste. Pero su legado musical es de los más importantes del Estado en su género.

El primer volumen de ese recopilatorio de ‘nuggets’ hispanos que es “Algo Salvaje” incluye una versión de “Cada vez”, de los venezolanos Impala, interpretada -¡y cantada en euskera!-, por los Daikiris. ¿Cómo disteis con esta rareza?

Iñigo Munster: Eso es de lo más ultraexótico. Esos recopilatorios los concebí con Vicente Fabuel, de la tienda de discos Oldies de Valencia. Aparte de ser una persona de categoría máxima, Fabuel es un tío generoso, interesante… Sobre todo generoso, porque en el mundo del coleccionismo la gente tiende a encerrarse en sus griales, sus tesoritos y sus mierdas. Pero Vicente no, él entendió el concepto y, cuando ya teníamos el primer volumen hilvanado, me llama y me dice: “Para, para un poco, que te voy a mandar un tema de tu tierra, en euskera…”. Ciertamente, si ves la portada del disco, es un disparate encontrar esa versión ahí, no tiene nada que ver con el resto de las canciones. Los Daikiri fueron una de esas bandas un poco de verbena, de fiesta en el pueblo, acordeón y ya está. Fue algo muy curioso. 

Ryan Adams: “Wednesdays”


Por: Albert Barrios

Quiero hablar de música. De uno de esos discos que de tan austero y sencillo te llega a lo más hondo. Un álbum en que e se mezcla el amor y el dolor con la redención y el perdón , bañado en un intencionado minimalismo instrumental con el que tejer espacios y silencios, a la sombra de una letras teñidas de emoción.

Y hablaré de música, sin juzgar ni condenar al artista, aunque haya que contextualizar primero esta obra. En enero de 2019, Ryan Adams, anunció para ese mismo año la salida al mercado de tres discos, pero las acusaciones de conducta sexual inapropiada por parte de varias mujeres dejaron la trilogía en "standby". Después de pedir perdón públicamente admitiendo problemas con el alcohol, publicó por sorpresa (en un principio solo en streaming) el pasado día 11 de diciembre “Wednesdays”, uno de esos trabajos tan esperados.

El disco original, con diferente artwork y un total de 17 canciones, nos llega ligeramente cambiado: de las once composiciones de la versión definitiva un total de nueve ya se encontraban en el original, y solo la inicial “I’m Sorry And I Love You” y “Dreaming You Backwards”, que lo cierra, son nuevas. Es por ello que podemos afirmar que “Wednesdays” no pivota sobre el  reciente tsunami vital sufrido por el de  Jacksonville, sino que retoma el temario clásico de su ya extenso cancionero.

“I’m Sorry And I Love You” es la piedra de Rosetta del nuevo álbum, una súplica de perdón empapada en arrepentimiento, a la manera del “Homegrown” de Neil Young. “Who Is Gonna Love Me Now, If Not You” y “Walk In The Dark”, tan sobrias como mesuradas, nos recuerdan al Springsteen de “Nebraska”, mientras que en  “When You Cross Over” el piano y las armonías vocales llenan todos los espacios vacíos. Se abre en canal en “Poison & Pain”, y recupera la sonoridades country de Whiskeytown en “Wednesdays”.

“Birmingham” rompe la frugalidad imperante , un rock americano de toda la vida cimentado en la pegada de la batería y los teclados, la lastimera  harmónica de “So, Anyways” nos devuelve al Bruce Springsteen más introspectivo , y “Mamma” resalta gracias a los coros femeninos. Canta al amor desde la melancolía en “Lost in time” y se despide con la rítmica “Dreaming You Backwards”.

No soy juez ni jurado, solo vuelvo a disfrutar de la música de un artista que hace ya tiempo que tornó a clásico. Después del exuberante “Prisioner” (un auténtico festín para los sentidos), Adams frena bruscamente para mirar atrás y buscar su lugar en el mundo. Un disco de recomposición, donde canta al amor, al desamor y a la vida misma como pocos músicos de su generación han sabido hacer. Tan cerca, tan lejos… 

Roni Di Capo: “Roni Di Capo”


Por: Javier González

Qué bonito es hablar de rock sin aditivos desde el prisma femenino, más si cabe cuando uno lo hace escuchando por sus altavoces la potencia y solvencia con que lo factura Roni Di Capo. Un nombre tras el que se esconde la asturiana Verónica Costilla, quien hace unas semanas lanzo su primer trabajo compuesto exclusivamente por composiciones propias, bajo el homónimo y exótico nombre con el que pisa con firmeza las tablas, “Roni Di Capo”. 

Porque si algo tienen estas siete composiciones son precisamente fuerza, actitud y unas amplias dosis de rock and roll, pasando con igual acierto por la raíz más clásica del género y derivando hasta concepciones más amplias, porque no decirlo, casi abiertamente comerciales, pero con esas dosis de sinceridad y convencimiento que con unas pocas escuchas te demuestran que tras su propuesta no hay trampa ni cartón. 

Y es que las canciones que interpreta Verónica retrotraen de igual modo a los años cincuenta, rescatando de nuestra memoria la figura de grandes como Wanda Jackson y de divas del underground más cercanas a nuestros días como Imelda May (“No Fear”), quien por cierto pidió su presencia abriendo sus conciertos en nuestro país tiempo atrás, pasando por ramalazos casi punk que la acercan más a las pelis de serie b y a ciertas dosis de terror (“Wanna Have Some Fun”) hasta derivar en un soul vitaminado (“Garage Love”) y paisajes más fronterizos (“The Mission”). 

Una vez escuchado con calma, debo confesar que las expectativas que eran altas, han sido más que satisfechas. Hacía tiempo que un disco de verdadero rock and roll no me hacía mover las piernas de manera instintiva mientras escribía sobre él, algo que durante la escucha de “Roni Di Capo” ha sucedido en varios pasajes. Desde aquí y ahora, no resta más que dar la enhorabuena a Verónica por esos estupendos momentos en que se ponía a maullar como la gata rockera que es demostrando que lo suyo cobra fuerza y va muy en serio.

Hace mucha falta que en nuestra escena las chicas rockeras sigan afilando sus uñas para mostrarlas con fiereza en trabajos de gran altura como este “Roni Di Capo”, ya decimos, altamente disfrutable.

Transilvanians: “Soulful Space”


Por:Txema Mañeru 

Nueva dosis en vena, y en vinilo, claro, de uno de los mejores grupos del estado especializados en las mejores músicas jamaicanas clásicas. Estos vampiros chupan la sangre de los mejores creadores de roots reggae, ska, blue beat y rocksteady para crear sus propias y personales canciones y hacernos mover las caderas sin remedio al escuchar su música. Transilvanians ya pasaron por las páginas de El Giradiscos con su anterior trabajo, el destacado, “Echo, Vibes & Fires”, que fue uno de los mejores álbumes de música jamaicana de aquella cosecha.

Pero había llovido ya demasiado y había ganas de más Transilvanians. Bien es cierto que el pasado año nos hicieron un regalo muy especial con su firma por Liquidator. Te estamos hablando del “Allmighty Ska”, que contaba con la firma de Roy Ellis And Transilvanians. Allí, Mr. Symarip aportaba un montón de composiciones propias, bien aderezadas con sorprendentes versiones de Gamble/Huff, precioso el "You’ll Never Find Another Love Like Mine", o Billy Joel y su popular "I Love You Just The Way You Are" a ritmo ska y con Hammond de “Space Duke”. Un estribillo brutal destacaba en "Ska Almighty" y un gran trabajo vocal de Keka en el imparable ritmo de "Cool Down Your Temper".

Pero ahora es el momento de hablar de este mágico “Soulful Space” (Liquidator Music). Los gallegos seguirán entre los favoritos de casi todos los aficionados a la música jamaicana de este país. La amplia y consolidada banda, por la que han pasado miembros de bandas como Siniestro Total, Skacha o Foggy Mental Breakdown, suma ahora a sus habituales sonidos jamaicanos hasta groovy funk y sun sorprendente y delicioso bolero. También queremos volver a destacar el espectacular diseño del vinilo a cargo de Roberto Argüelles. Además de las ya limitadas 500 copias del LP, 100 de ellas son en vinilo amarillo transparente y tendrás que pasar por www.liquidatormusic.com por si aún quedara alguna. También trae la habitual tarjeta de descarga en MP3 por si quieres cuidar este futuro vinilo de coleccionismo como se merece, aunque yo creo que voy a pasarle unas cuantas veces más la aguja por encima antes de archivarlo con el resto de excelente material Liquidator. Por cierto que también está calentito el nuevo LP de The Oldians, “Roots ‘N’ Soul’, que es ya el séptimo disco de los catalanes, la banda más prolífica y veterana del sello.

Los Transilvanians han contado con más de diez invitados para la grabación de este chulísimo vinilo. Entre ellos destaca la trompeta de Andrés en cinco temas y el saxo tenor de Xosé en otros tres. Divertido arranque con los aires egipcios del instrumental misterioso "Curse Of The Pharaoh" y sus magistrales teclados. Sigue el precioso bolero lento "¿Cómo Fue?", con su destacado trombón, y un "Blue Beat Train" con un título claro que te invita a su bailable tren con un saxo brutal. "Jack The Ripper" es otro terrorífico instrumental y High Paw se sale con la voz y la letra en "The Power Of Rocksteady". Contagioso cierre de la cara A con otro instrumental de título claro como "Skancarajazz" con su festiva combinación de jazz y ska.

Me encanta el inicio de la B con un "Afronauts" que me recuerda al "Get Up Stand Up" de Marley o la genial versión del "Boogie In My Bones" de Laurel Aitken. Su pasado en aventuras punk lo tenemos presente en la buena versión del "Is Anybody There?" de los Cock Sparrer con su sonido más ska y, de nuevo, unos teclados divinos. Muy bien Rubén López con su voz solista en este destacado tema. De nuevo se despiden con otro de sus llamativos temas instrumentales. Su título, "The Black Mambas", y ahora, además de los teclados, destaca mucho y bien la juguetona flauta. A ver si se arreglan las cosas y los podemos tener por festivales como en el próximo Txapel Reggae en Armintza porque sería una gozada.