Nos vamos de vacaciones, regresamos en Septiembre!!

El Giradiscos descansa durante agosto y no publicaremos contenidos. Eso sí, el 3 de Septiembre regresamos puntualmente, ¡¡os esperamos a tod@s a la vuelta!!

José Antonio García: "Lluvia de piedras"

Por: J.J. Caballero 

Había tardado demasiado tiempo el gran "Pitos", la voz mítica de 091, en aventurarse a facturar un producto discográfico bajo su propio nombre. José Antonio García ha decidido firmar así por fin un primer álbum que en realidad no es tal. Sabidas son sus aventuras previas al frente de Sin Perdón, una banda muy valiosa que como suele ser habitual no encontró el eco que merecía, o Guerrero García, proyecto atractivo junto a uno de los socios que figuran en el actual disco como coautores. Era predecible, por justicia, que a lo largo de todo este tiempo y tras la maravillosa maniobra de resurrección de la banda que lo hizo grande y que lo llevó de nuevo a girar por todo el país de forma más que exitosa, agrupara una serie de canciones propias o en colaboración con otros que pudieran desembocar en un trabajo similar al aquí reseñado. Ya era hora. La alegría al escucharlo es sencillamente desbordante.

La alianza ya fructífera con El Hombre Garabato en el EP "Cuatro tiros por cabeza" demostró una vez más que a García la banda en cuestión le venía como anillo al dedo. Por actitud, proximidad musical y juventud, él mismo reconoce que fueron algo así como la horma de su zapato. Además, Nicolás Hernández y Óscar Gallardo, el núcleo creativo del grupo, se erigen como los compositores de cabecera (ayuda el gran trabajo de producción de Pablo Sánchez) de un proyecto bautizado "Lluvia de piedras" y convertido en un antes y después en la discografía del cantante. A estas alturas no puede ni pretende esconder la profunda huella que el boogie rock de Dr. Feelgood dejó en su corazón de adolescente, ni el empuje del punk primigenio granadino que lo llevó a liderar con su voz desgarrada a los seminales TNT. En ambos afluentes básicos se baña para cuadrar perfectas piezas de garage sesentero como "Todo puede ser peor", rocanroles de manual como "Fuego" o pop clásico de guitarras como "Ángel de mis demonios", una de las dos letras que firma junto a la de "Tiempo perdido", tras cuya escucha la pregunta es por qué no se ha prodigado más como escritor. El disco es una verdadera delicia donde se conjugan enormes melodías comandadas por el hammond en "Se puede ver el final" con otras que podrían incluirse en un hipotético nuevo disco de 091 (ser el portavoz de los versos dolientes de José Ignacio Lapido durante tanto tiempo tiene que dejar rastro indefectiblemente), tal es el caso de "Lo llaman suerte". "El viento sopla a mi favor’ puede que sea el tema de más marcado carácter melódico, junto a la poderosa balada ‘Cuando yo no esté", el bálsamo sentimental perfecto para un trabajo que se pasea por temáticas habituales (el inevitable paso del tiempo, los vaivenes de cualquier relación sentimental o una mínima pero elocuente dosis de crítica social) en cualquier canción que pretenda tocar el corazón a un nivel menos superficial. 

De las intenciones y el momento actual de José Antonio García habla bien a las claras su valentía al versionar a una banda olvidada que tuvo cierta relevancia en los círculos punk de Jaén y alrededores, sus admirados Conservantes Adulterados, a los que recuerda con suma energía en una inesperada "Situación límite", por lo que casi se podría asegurar que ahora, con la sabiduría y la asunción del bagaje que da la edad, está mucho más próximo al grito, al vómito emocional que provoca una voz sabia, maleada positivamente por los años y desbordante de personalidad. Esta "Lluvia de piedras’" empapa hasta los huesos y deja una sensación de regeneración necesaria, en la que las plantas milenarias reverdecen a un nuevo mundo, que es el viejo pero con otros vientos que lo muevan. Uno de los discos del año y un músico al que aún le quedan muchas cosas por hacer.

The Brian Jonestown Massacre: "Something Else"

Por:Artemio Payá 

Anton Newcombe ya no es el niño malo que pudimos ver arrasando con todo y con todos en el imprescindible documental "Dig!", allí se nos presentaba un indómito personaje que reunía muchas papeletas para convertirse en otro músico que se nos va prematuramente. Pero no, después de la resaca de aquellos días consiguió rehacerse y enderezar una más que interesante carrera. Decidió irse a vivir a Berlín y, haciendo de la ciudad alemana su nuevo cuartel general y desde donde lleva más de una década disparando sus certeras andanadas lisérgicas. 

Su actividad permanece frenética y ya son mas de veinte discos a sus espaldas ahondando en el rock psicodélico mas militante, y aunque si bien es cierto que ha estado en algunas ocasiones jugueteando con el kraut, en el primero de los trabajos que ha publicado este año (en septiembre hay más material) nos recuerda a unos Massacre muy similares a los de sus comienzos, es decir con la mirada puesta en los años sesenta. "Something Else" empieza con "Hold That Tought", uno de los mejores momentos del lote y ya desde el primer rasgueo de guitarra que viene después de la batería ya sabes que los tienes delante, es su sonido marca de la casa. En el resto del trayecto de este particular viaje nos topamos con excitantes momentos como el instrumental jangly de "Animal Wisdon"; la garagera "Skin and Bones", que nos retrotrae a la época de "Take If From the Man"; la penetrante oscuridad de "My Love"; el brillo pop en "Who dreams of cats?" e incluso la guinda que corona la cima de este plástico: los ocho minutos de "Silent Stream”" que no son precisamente para pinchar en la radio ni en un bar, pero si para escuchar en la oscuridad. En sus surcos huele a incienso mientras somos transportados a través guitarras acústicas que a duras penas avanzan sobre una coda cuasi recitada. 

Es curioso que The Brian Jonestown Massacre ya no estén de moda, lo estuvieron cuando se editó el mencionado documental y medio mundo pudo ver como Anton quería romperle la cabeza al cantante de The Dandy Warhols, y sí, la verdad que fue muy divertido, pero desde luego es mucho mas gratificante verle mucho más estable mentalmente y continuando con una fantástica carrera de fondo al margen de la industria. El sigue siendo el pope, la psicodelia está de moda pero Newcombe sigue año tras año dando sopas con ondas a la mayoría de bandas que ahora mismo enarbolan el resurgimiento del estilo. Así que vamos a reivindicarlos una vez más y recomendemos este "Something Else", no es su obra maestra pero si otra muestra que dentro del género pocos se mueven con tanta soltura como Anton Newcombe.

Mourn: "Sorpresa Familia"

Por: Txema Mañeru 

"Sorpresa Familia" ya no es una sorpresa para nadie, sino la confirmación de unos jóvenes verdaderamente preparados y cargados de brillantes ideas. Debutaron hace cuatro años con un disco homónimo siendo casi todos menores de edad. Hace dos,  demostraron que no eran un bluff y mejoraron su fórmula con un "Ha, Ha, He" que fue licenciado internacionalmente por el prestigioso sello Captured Tracks. Evidentemente les han llovido comparaciones con clásicos de fuera como Sleater Kinney, Pixies y hasta Fugazi. También con bandas de aquí como Mujeres o los vascos Belako, con los que les unen más cosas además de su juventud, como la proyección internacional y la primordial participación femenina. 

La producción en su punto de los consagrados Santi García y Ramón Rodríguez las mantienen dentro de su crudeza pero también con nitidez para sus guitarras y para unos enrabietados gritos juveniles de desesperación o júbilo, según el momento. El disco no podía comenzar mejor que con un frenético "Barcelona City Tour", su primer single que tiene un estupendo videoclip y que ya se está viendo por medio mundo y por el que debiera pagarles el ayuntamiento de Barcelona. La garra y tensión en voces y guitarras ya característica en Mourn alcanza aquí cotas altas de inspiración y gancho. Siguen con su rabia punk y con guitarras y cambios de ritmo que pueden gustar a seguidores de Pixies o Superchunk, como demuestran en "Skeleton". "Orange" es un precioso lento con tintes entre shoegaze y slowcore que cierra estupendamente la cara A. 

En la apertura de la B, con ‘"Doing it Right", demuestran estar haciendo lo adecuado al no dejarse domesticar y regresar a la crudeza punk y los ritmos sincopados que pueden recordar a Fugazi e incluso a los primeros Killing Joke, aunque ellos quizás no los hayan ni escuchado jamás. Sigue su pelea con el mundo en "Divorce" y entran también buenas melodías como las de "Epilogue". 

El final con "Sun" vuelve a ser el otro momento para la calma, pero también una calma tensa. Cuando al comienzo es cantada sola con la guitarra eléctrica es fácil acordarse de la mejor Ainara LeGardon. Luego ya funcionan a modo de cuarteto y vuelve la urgencia juvenil y punk. En directo también van a más y estarán en festivales importantes, como observamos en su paso por el VIDA Festival .Puedes encontrar más datos sobre sus conciertos en www.aliciaweb.es.

Dawes: "Passwords"

Por: Albert Barrios 

Una vez abierta la senda ya no hay marcha atrás, vergüenza ni propósito de enmienda: si en los últimos tiempos fueron The War on Drugs, Blitzen Trapper o Jonathan Wilson los que decidieron renovar y evolucionar su sonido dejando un poco de lado las sonoridades americanas más íntimas y acústicas de finales de los 60’s y principios de los 70’s para abrazar postulados más ochenteros, ahora le toca el turno a una de las bandas más en forma de los últimos tiempos , Dawes. Muchas veces peco (involuntariamente) de exagerado, pero pienso que desde la aparición de bandas como Gov't Mule , Pride&Glory o Screamin Cheetah Wheelies a principios de los 90's el rock americano no estaba en tal monstruosa plenitud. "Passwords" es otro flechazo instantáneo, un precioso y preciso melting pot donde se asumen sin reservas todos los clásicos para enfatizar su transformador mensaje.  

Jonathan Wilson , que los produjo en sus dos primeros discos, vuelve a los controles para guiar a los angelinos en este trascendental tránsito donde si bien no pierden de vista sus referentes setenteros de Laurel Canyon, ciertamente se adentran en ese territorio soft-rock que dominó desde California las ondas de los USA a principios de la década de los 80’s. La enamorada plenitud vital que vive su líder Taylor Goldsmith ha sido decisiva en este cambio de registro empujando a la banda a una obertura sonora decisiva a la hora de grabar su sexto álbum. 

El disco se inicia con una clara declaración de intenciones : "Living in the Future" comienza como un outtake de Neil Young y sus Crazy Horse para mutar rápidamente en una canción a incluir en la BSO de "FM". "Stay Down" nos transporta a los Eagles más poperos, mientras que en "Crack the Case" demuestran que lo importante es la melodía, sin miedo a acercarse a iconos de los ochenta como Bruce Hornsby. En "Feed the Fire" se empapan de esa máquina de hacer éxitos que fueron Hall & Oates, añadiendo con las guitarras unos toques de sofisticación dignos de los mejores Steely Dan

"Telescope" y "I Can’t Love" los emparenta a compañeros de generación como The War on Drugs con esos omnipresentes teclados que llenan todos los surcos de color y armonía. "Mistakes We Should Have Made" es posiblemente la canción más desinhibida del disco, con totémicas baterías y coros femeninos que invitan al baile espontáneo digno de películas como "Footloose" o "Streets Of Fire". El álbum se cierra con "Time Flies Either Way", un retorno a las raíces que sirve de (¿involuntario?) homenaje a su gran maestro Jackson Browne, con el que han colaborado a lo largo del tiempo tanto en estudio como en directo. Una forma tan elegante como reposada de cerrar el disco, y quién sabe si también un ciclo. 

No seamos ingenuos, hace muchos (¿demasiados?) años que todo está descubierto en este invento que tanto amamos llamado Rock and Roll. Por eso tenemos que estar contentos de que bandas con poso de clásico se vayan abriendo estilísticamente y que no solo beban de las típicas referencias comunes a las que todos damos el visto bueno. "Passwords" es un adictivo paso adelante de una banda que lucha por no encasillarse, que busca ampliar su base de seguidores sin traicionar sus creencias ni mensajes, pero que siente que tiene que arriesgar saliendo de su zona de confort para no morir de lento aburrimiento . ¿O no son cansancio, apatía e indiferencia antónimos de R'n'R ?

Johnny Marr: "Call the Comet"

Por: Jesús Elorriaga 

Es complicado desprenderte de un legado que siempre te acompañará, aunque aquello ocurriera hace más de treinta años y la aventura durara poco más de cinco. Esa ha sido la sensación, o losa, que parece haber acompañado a Johnny Marr (Ardwick, Manchester, 1963) desde que The Smiths se separaron allá por 1987. Y es que las comparaciones con Morrissey, su némesis y socio en la banda mancuniana, son más que odiosas. En la trayectoria paralela de los dos músicos parece que los éxitos y alabanzas los ha acaparado sobre todo Moz. Y con justicia, ya que ha colocado algunos discos dentro de los mejores de la historia del pop rock británico. En cambio Marr siempre ha permanecido en un discreto segundo plano mientras trabajaba con The Pretenders, The The, Electronic (con Bernard Sumner, de New Order) o los maravillosos Modest Mouse, entre otros. Se desenvolvía donde más cómodo se ha sentido siempre, con sus guitarras y su armónica, en la retaguardia estrictamente musical, alejado de las batallas de la primera línea mediática. 

Por eso resulta curioso que debutara en solitario hace tan sólo cinco años. Su primer disco, "The Messenger", y el segundo trabajo, "Playland", publicado al año siguiente, confirmaban lo que venía haciendo con The Cribs y otras colaboraciones más recientes: Las ganas de establecer un discurso musical propio, reconocible y sobresaliente. Lo ha logrado definitivamente con su tercer disco, "Call the Comet" (New Voodoo, 2018), donde los 12 temas suenan cuidadosamente elaborados, contundentes y, a la vez, muy personales. En ellos podemos reconocer al músico que sentó las bases del britpop y que, además, no se ha quedado a vivir de aquellas rentas sino que ha sabido absorber todas las influencias adquiridas en estos años fogueándose como actor de reparto en la escena. 

El disco empieza con ganas de agradar: "Rise" suena a himno generacional a las primeras de cambio y "The Tracers" te atrapa con sus coros y ese bajo penetrante. Incluso se permite guiños explícitos a The Smiths como en el tema más redondo del disco, “"Hi Hello" (por algunos momentos parece que se va a arrancar con el "There Is a Light That Never Goes Out") y, sobre todo, "Day in Day Out" (¿Sonarían así si volvieran?- se pregunta uno, ingenuamente). Por otro lado, "Walk Into the Sea" sorprende que haya sido el primer adelanto del disco ya que es una composición de un gusto exquisito, con esa progresión bañada de reverbs que te llevan por oscuras y bellas atmósferas. 

Marr no se olvida de enganchar a la gente con energía y estribillos pegadizos, como la animada "Bug" o "Hey Angel", que podía haber sido un hit del injustamente olvidado "Stars of the CCTV" de los Hard-Fi. Con "Actor Atrtactor" nos lleva firmes por una línea marcada por ese continuo ritmo motorik, y cuyas guitarras afiladas en trémolos serpenteantes y ambientales recuerdan los trabajos estilísticos de coetáneos como Paul Weller en su "Sonik Kicks". Ese espíritu new wave también está presente en temas como "Spiral cities" o "My Eternal", donde el maestro se retroalimenta en un viaje al espíritu post-punk que tanto le marcó y que sigue identificando a muchas bandas actuales. Como buen narrador de canciones, el de Manchester cierra el disco con "A different gun", un guiño a la línea marcada por los dos anteriores trabajos en solitario. 

Johnny Marr nos confirma en "Call the Comet" que le queda muy bien el traje de protagonista y que, además, sigue siendo capaz de hacer muy buenas canciones, con una voz particular para situar su sensibilidad musical en un contexto político bastante adverso pero, desde su punto de vista, esperanzador.

Un hilo que nos une: hasta Calexico y Depedro siempre

Noches del Botánico, Madrid. Sábado 21 de julio del 2018  

Por: Eugenio Zázzara 

“Bueno, ya sabéis por las noticias lo que está pasando. La cosa está muy chunga. Toda esta intolerancia, el racismo, el suprematismo blanco... todo esto ocurre por falta de amor y de compresión. Es por la incapacidad e indisponibilidad a ponerse en el lugar del otro. Es así de sencillo.” Joey Burns, John Convertino y sus Calexico llevan casi treinta años pasando este mensaje a través de su obra, empezando ya desde su mismo nombre. Esa península única que está políticamente dividida entre dos países nunca de verdad en paz, y que un personaje desgraciadamente influyente ahora está pensando dividir ulteriormente con vallas y murallas (y de hecho ya lo está haciendo). El mensaje de Calexico desde siempre es de sesgo exactamente opuesto: una mezcla lograda y eficaz de indie y tradición yankee con tex-mex, cumbia, trompetas mariachi, vals, calipso y ese blues del desierto que encontrarías en "Abierto Hasta el Amanecer" y en las "Desert Sessions" más mestizas. 

La noche del sábado les acoge bajo el respiro y los árboles del Real Jardín Botánico de Alfonso XIII de la Universidad Complutense, corazón pulsante del festival Noches del Botánico. Después de haber contado con las actuaciones de gente como Kraftwerk, Jeff Beck, Little Steven y, sobretodo, la mayúscula de David Byrne, llegamos al fulcro del verano con un ambiente y una organización destacable, con puestos de comida para cualquier paladar, venta de bisutería y artesanía, una tiendecilla de libros y una gestión admirable, que le otorga a todo el festival un ánimo muy íntimo y agradable. 

Unos teloneros de excepción para acoger la vuelta a España de la banda de Arizona. Jairo Zavala vuelve a tocar en su Madrid con el proyecto DePedro, en una noche donde teloneros y headliners nunca han compartido tanto a nivel personal y de estilo. Prueba de esto es que el primer disco homónimo de la banda de Zavala lo produjo justamente el combo americano; que el guitarrista fue parte del grupo durante las grabaciones de su último disco y que acompañará a Burns, Convertino y a la banda durante toda la actuación, y con resultados excelentes. DePedro encienden la noche del botánico apenas haciendo esfuerzo, fuertes con el apoyo y las ganas de disfrute de todo el público, que raras veces se ha notado más entretenido y animado. 

Gracias a un estado de gracia del mismo Zavala y de un saxofonista barítono especialmente inspirado, los Depedro electrizan a la audiencia, rindiendo una prestación estelar, especialmente favorecida por el sostén incontenible del público. Una noche para recordarla, para todo el mundo, encima y fuera del escenario. Tiempo para secar los sudores en vista de más y para una visita estratégica a los servicios, y nos vamos preparando para el plato principal. Solucionados algunos problemas técnicos que hicieron que los estadunidenses empezaran algunos minutos más tarde de lo pactado, no les cuesta mucho convertir esos pequeños ratos de impasse en más energía. La banda es imponente: teclados, guitarra eléctrica (Zavala), bajo y contrabajo, batería, dos trompetas, xilófono y Burns a la voz, rítmica y dirección. 

El recién publicado "The Thread That Keeps Us" se ve favorecido en el listado de temas de la velada, hasta llegar a ser interpretado casi por entero. Pero eso no le quita tiempo y forma para recuperar algunos de los temas que le valieron a Calexico el adjetivo de míticos. Y a eso contribuyó más que otros el álbum "The Black Light", estrella especialmente luminosa en su discografía. De ahí que, por los menos para quien escribe, las ejecuciones más emocionantes y contundentes del set saliesen de ese disco enorme. A "Stray" le toca bastante pronto, con un rendimiento suntuoso, con luz y trompetas detonando a la vez, como en un espectáculo "Son et Lumière". Y, sobretodo, con un solo de contrabajo impresionante, que deja a todo el mundo boquiabierto. No suele darse a menudo que instrumentos como bajo y contrabajo salgan a relucir tan rotundamente y, cuando se da, es una fiesta para los oídos y el corazón. Realmente emocionante. "Minas de Cobre" es uno los pocos temas instrumentales, o quizás el único, de la noche, y en vivo cobra tamaño de gigante. Se convierte en la más épica historia de romance, de esclavitud y de redención bajo el sol abrasador de los trópicos. 

La noche empezaría sin embargo con temas más frescos sacados de la última obra de la banda, y más precisamente con "Dead In The Water", cuyo sabor marcadamente bluesero le emparenta con la discografía más roots de un artista como Eels. El lado más fronterizo de la banda vuelve a aparecer con "Voices In The Field", aunque curiosamente, quizás debido a su carácter igualmente blues, entrelaza relaciones inesperadas con el blues del desierto de los tuaregs y a toda esa corriente últimamente muy fecunda que se ha abierto hueco gracias a artistas como Bombino y Tinariwen. Del espléndido "Feast Of Wire" se desprende el sabor fiestero y mariachi de "Across The Wire" mientras que, con "Cumbia De Donde", la letra en español motiva aún más a la gente, con el estribillo "¿De dónde vienes? ¿Adónde vas?" que se vuelve una voz única. El tono más indie y rockero de la banda se desprende de la ejecución de "End Of The World With You", con la guitarra slide de Depedro que recuerda en algo a la icónica"‘Heroes", de la que sobra nombrar al autor. "Thrown To The Wild" ya desde ahora se merecería el estatus de clásico, al que seguramente llegará conforme avance la carrera de la banda, con su inspirado final. "Eyes Wide Awake" recuerda desde bastante cerca un tema muuuuy famoso, hasta el punto de que alguien, al terminar la pieza, da voz a mis pensamientos cantando "Where Is Myyyy Miiiiind?2. "Flores Y Tamales" ve a Zavala reclamar un papel aún más protagonista, siendo la voz principal y uno de los autores de esta canción del último álbum de los estadunidenses. 

El gran final tras la primera despedida nos regala una banda extendida, con casi todos los miembros de Depedro subiendo a juntar fuerzas con los americanos, para una ejecución inolvidable de "Güero Canelo", que incluye además una cita muy acertada de "Candela", tema por Faustino Oramas y famosa por su inclusión en el repertorio de los Buena Vista Social Club. Lástima que la gran mayoría de los allí presentes no estuviese por debajo de los treinta y cinco- cuarenta años: porque aquellos que sí estuvieron, lo recordarán durante tiempo; aquellos que no, se lo contarán a sus hijos un día. Perfecto todo, desde la locación, la atmósfera y la música.

Anabel Vélez: "Mujeres del rock - Su historia"

Por: Txema Mañeru 

No debiera ser necesario reivindicar el papel de la mujer ni en el rrock ni mucho menos en la vida. De todas formas, la gran crítica musical que es Anabel Vélez acostumbra a hacerlo y de manera más que acertada. Aquí tenemos en la portada a Janis Joplin y en contraportada a Patti Smith. Dos nombres de los más significativos de la historia del rock’n’roll sin tener en cuenta ni sexo ni color. Ambas estaban también en su debut para Redbook Ediciones de hace dos años "Rockeras – Las Protagonistas de la Historia del Rock". Dicho libro apareció en la recomendable Colección "Guías del Rock & Roll". Allí, además de ambas, teníamos en portada a Amy Winehouse y en mayor tamaño a la explosiva Tina Turner, mujer y negra. Esta colaboradora de Ruta 66 y editora jefe de la web Culturaca también participa en programas radiofónicos sobre música y cine. Se estrenó con el libro "Rockeras" y el pasado año publicó en Redbook "Superheroínas", con 320 condensadas páginas que se subtitulan con acierto y rigor "Lo que no sabías sobre las mujeres más poderosas del cómic". En ambos libros, al igual que en éste, prevalece un gran afán por equiparar a las mujeres en estos dos mundos en los que la desigualdad es tan grande o mayor que en el plano general de la sociedad actual, pero también destaca la propia autora por sus agudos textos y análisis, convirtiéndola en una de las personas que mejor domina estas especialidades, habitualmente, tan "masculinas". 

Por cierto, que si te pasas por www.redbookediciones.com comprobarás que han sacado para este verano un puñado de variados e interesantes libros de rock con nombres como los de Guns N’ Roses (en guapo formato de novela gráfica), Deep Purple, "Rutas Del Rock", dos volúmenes de la "Historia de la Música Pop" o la novela de Jordi Sierra i Fabra "Johnny Picku". 

Las 400 páginas de "Mujeres del Rock – Su Historia" se subtitulan como "Crónica de las Grandes Protagonistas del Rock", y realmente lo son. Es más que un complemento ampliado a aquel "Rockeras" y un viaje histórico ordenado cronológicamente por todo lo que han hecho las mujeres en la música a lo largo de casi un siglo. Se remonta a las raíces del blues y del góspel con Bessie Smith o Ma Rainey hasta acabar con el capítulo titulado "Nueva Savia, Nuevas Perspectivas, New Skin" con Deap Vally y Priests. Además un interesante "Apéndice. El Rock hecho en Casa y Allende los Mares" con nombres y fotos como las de Alaska, Dover o Alejandra Guzmán. Por en medio capítulos para los girl groups, el hard rock de Joan Jett o Lita Ford, la rabia punk de Patti Smith, Plasmatics, X o The Pretenders, o las riot rrrrrls con The Breeders, Come, Sleater-Kinney o Babes in Toyland

Pero hay mucho más y jugoso. Y esto es posible porque el papel de mujer en el rock y en la música en general ha sido muy importante y trascendental, aunque no en las proporciones que debiera haberlo hecho. Escritoras como Anabel y músicas como de las que nos escribe son vitales para que en un futuro se hable de música, discos, libros y canciones sin importar el sexo de quién sean sus ejecutores. ¡Recomendable totalmente por contenidos y por su calidad!