Alejandro Escovedo, vendaval de rock

Kafe Antzokia, Bilbao. Martes, 21 de marzo del 2017

Por: Kepa Arbizu
Fotografías: Lore Mentxakatorre

¿Se puede ser una estrella del rock ‘n’ roll sin que tus giras se definan a base de abarrotados estadios ni ocupes los últimos segundos de algún telediario de turno? Rotundamente sí, y el mejor ejemplo de eso es alguien como Alejandro Escovedo. Y es que dicho status, en este caso, viene adquirido por lo que es, y sigue siendo, una carrera ejemplar que le convierte en un referente -receptor de una altísima consideración y admiración- para una buena parte de la profesión. Eso significa que pese a que las ciudades a su paso no se pueblen de carteles que anuncien su visita, ésta es de extremada relevancia para la música.

De origen mexicano, y perteneciente a una saga familiar eminentemente musical, donde quizás el miembro más destacado sea su hermano Javier (The Zeros), su paso por diferentes y variadas bandas (The Nuns, Rank and File) se ha convertido a la larga en un elemento clave a la hora de constituir un perfil entroncado con el rock clásico pero incapaz de escapar de ese espíritu abrasivo del punk, al margen de otros muchos condicionantes. En esa trayectoria, jalonada de diferentes episodios oscuros vitales e incluso una reciente lucha -saldada con victoria- contra una grave enfermedad, aparecía el pasado año su disco “Burned Something Beautiful”, una nueva prueba de su infinita energía y calidad. La gira emprendida para mostrar esas nuevas composiciones era la oportunidad ideal para corroborar el diagnóstico que nos arrojaba dicha grabación.

Antes de alcanzar ese momento llegó el turno de The Bellfuries, procedentes también de Texas, que en el difícil trago de hacerse con una (mermada todavía) audiencia expectante, no solo convencieron sino que ejecutaron de manera excelente una propuesta, marcada decisivamente por ese sonido clásico de Dion & The Belmonts, Carl Perkins, Buddy Holly o The Everly Brothers, sin atisbo ninguno de un revivalismo en blanco y negro. Una habilidad tanto instrumental como vocal que nos cameló en su primera parte haciendo hincapié en su faceta más romántica-nostálgica, con intensidad a veces (“Bad Seed Sown”) y principalmente con delicadeza, ya sea en “Make the Mystery No More” o en la bellísima “Just Remembering”, pero que apabulló y atrajo definitivamente al respetable con energía en la trotona “Baltimore” o con una musculosa interpretación de “Beaumont Blues”. Exquisito anticipo.

Presentados a sí mismos como representantes de la “música romántica italiana”, la banda Don Antonio, pese a contener algo de eso, demostraron en su breve carta de presentación antes de mostrarse como escoltas de Escovedo, una tarea que ya habían desempeñado con otros anglosajones como Dan Stuart o Howe Gelb, las cualidades que les adornan. Entre ellas mostraron la capacidad para pasar de un tono insinuante, creador de unas atmósferas siempre con el aire mediterráneo rozando su ejecuciones, a cabalgar con dureza entre el garage-surf. Unos elementos que resultarían claves a la hora de ornamentar, y en buena medida transformar, el repertorio del músico estadounidense, como quedó patente desde el inicio con la extensa “Can’t Make Me Run”, envolvente en ese ambiente urbanita que desprende. Rápidamente sin embargo iban a evidenciar que una de las finalidades primordiales era hacer un exquisita demostración de poderío eléctrico, en algunos momentos incluso en demasía, para lo que se valieron, entre otros, de dos pildorazos procedentes de su último álbum “Horizontal” o “Shave the Cat”. El incendio había empezado, pero pronto sería sofocado aunque con un material inflamable de otro calibre.

Cargado de una guitarra acústica, Escovedo acometió un set reducido pero de una inabarcable belleza y emoción. Para ello recurrió en primer instante a la composición realizada por Chuck Prophet, ideada en origen para Jeffrey Lee Pierce pero destinada ahora por la lúgubre efeméride a Chuck Berry, “Sister Lost Soul”. Auténticamente sobrecogedora como también lo fue, la dedicada a su hijo Diego, "Down in the Bowery". Todavía más explicativo, respecto al origen y contenido de la canción, se manifestó en el intenso medio tiempo que es “Bottom of the World”. Como si de un Ray Davies contemporáneo y crepuscular se tratara interpretó “Farewell to the Good Times”, justo antes de hacer el gesto a la mesa para desconectar definitivamente su guitarra. Había finalizado este nostálgico y maravilloso impás.

Entramos en la tercera, y definitiva, parte del show. “Sally Was a Cop”, por su estructura original, se presentaba como un tema ideal para desarrollar los parámetros en los que se estaba manejando la noche, con sus aspectos ochenteros y atmosféricos era idónea, como fue, para alargarla y alambicarla más. Tras ella, el soniquete ya reconocible de la guitarra de “Luna de Miel” nos empujó a otro certero ejercicio de punk-rock al que le siguió la también pegadiza, pero esta vez a base de esa épica springsteeniana, “Always a Friend”. Excelente final, pero todavía no el definitivo.


En el sonido de Alejandro Escovedo es fácil ver la huella de muchos nombres míticos (como lo es él ya) -algo que no menoscaba en absoluto su talento ni originalidad compositiva- y la influencia dejada desde ritmos incendiarios a los más tradicionales y relajados. Quién sabe si quizás por todo ello, por la intención de homenajear a alguno de ellos bajo su propia rúbrica, más todavía con la connivencia de la banda italiana, la noche acabó con dos versiones. Una de ellas, la más chocante por su transformación, fue “A Thousand Kisses Deep” de Leonard Cohen, que retorció e insertó en una atmosférica electrificación con una arriesgada pero muy solvente resolución. Bajo una mirada más standard, aunque repleta de desbordante energía, idónea para ser utilizada como despedida, se entregaron al “Like a Hurricane” de Neil Young, ampliamente acompañada por el público. Ambas adaptaciones deben de ser entendidas como el clásico paréntesis que se vive con el final de un show, y que por lo tanto ni incrementa ni disminuye sustancialmente lo que fue toda una lección de este veterano, más de 65 años, que si no ha logrado que su nombre se instale en la mente del seguidor medio no será desde luego por actuaciones como la ofrecida el martes en el Kafe Antzokia bilbaíno -en la que obligatoriamente hay que sumar en el resultado global a unos brillantes teloneros, The Bellfuries, y a una sorprendente banda como Don Antonio- donde dio sobrada muestra de una desmesurada energía canalizada en toda una lección de rock.

Roy Orbison: “Black & White Night 30"

Por: Txema Mañeru 

Nadie duda ya de que Roy Orbison ha sido una de las voces más grandes de la historia del rock’n’roll. Tampoco se debe dudar de que fue uno de los mejores compositores. Este artefacto, “Black & White Night 30” (Legacy / Sony), que sale ahora remezclado, remasterizado y con un montón de material extra inédito y de calidad, es otra prueba más para confirmar esto. 

Y en ese buen material extra tenemos más pruebas de la grandeza de Roy. Tenemos más de 37 minutos de material con los ensayos previos a este noche mágica y con las opiniones de todos esos grandes músicos invitados que engrandecen más aún su leyenda. Ya el encargado de dirigir esta magnífica velada, T-Bone Burnett, lo ensalza como uno de los mejores compositores, además de excepcional cantante, y nos dice que llegó antes de los BeatlesBruce Springsteen nos habla de su pureza; Elvis Costello se muestra emocionado por entrar en este cita con tantos grandes músicos y por poder contribuir con una preciosa composición; Bonnie Raitt le define como el más grande y como una leyenda y eso que todavía no se había muerto; Tom Waits se declara como la niñera de Roy para la ocasión, y entre palabras de admiración, también tiene sus ocurrencias que hacen descojonarse a todos los presentes. Tenemos también las distendidas conversaciones entre el propio Burnett y Orbison para ponerse de acuerdo en arreglos y otros detalles.. En este aspecto es bonito ver también las aportaciones del resto. Especialmente un Springsteen entusiasmado, tocando y cantando en solitario para dar ideas en esa preciosidad que es "Dream baby". Por cierto que también es para él un sueño tocar la guitarra junto a Roy, pero aún más es hacerlo junto a James Burton, el guitarrista de Elvis Presley. Y es que la banda básica de acompañamiento para la legendaria velada fue la TCB Band de Elvis. Además tienes que sumar las voces de K.D. Lang, Jackson Browne, J.D. Souther o Jennifer Warnes.. 

Luego, por supuesto, está el fantástico repertorio, claro. Repertorio que lo tenemos en el compacto y también en el precioso DVD, sí, en blanco y negro. El inicio es espectacular encadenando hasta 5 de sus mejores y más grandes éxitos. Comienza la magia con "Only the lonely", con los guapos coros de los invitados y la sección de cuerda. "Leah" e "In dreams" siguen subiendo la emoción y con la segunda ya estamos todos soñando. Luego llega ya el rock’n’roll con "Uptown" y con un Bruce Springsteen engorilado de pie y flipando junto a James Burton con los buenos juegos entre sus dos guitarras. El tema nuevo lo aporta el gran Elvis Costello con un "The comedians" con redobles al estilo de Roy y de "El tamborilero" en un tema hecho totalmente a la medida y al estilo del mítico músico. Hay algún otro éxito que firmó Fred Neil o el espectacular "Ooby dooby" del que también hicieron espléndida versión la Creedence Clearwater Revival, pero ya posterior y en el que "The Boss" y Burton vuelven a encadenar unos excitantes solos de guitarra mientras Tom Waits aporrea el órgano con gusto. 

Tenemos además la desesperada y triste historia maravillosa de "It’s over" o ese apabullante "Running scared" al estilo de Elvis en Las Vegas y con unos tonos de voz de Roy increíbles. Más rock’n’roll en "Go! Go! Go!" y el baile con "Claudette" de nuevo luciéndose Burton y Tom Waits al piano. La popular "Oh, pretty woman" cerró la velada y tenemos dos versiones de ella. En la segunda se desparraman con las guitarras, Burton, Bruce y el propio Roy para marcharse por encima de los 6 minutos. Por si fuera poco hay 5 bonus en audio y en DVD que son una gozada, con versiones alternativas que comienzan con la mágica "(All I can do is) Dream you". La citada "The comedians" de Elvis Costello vuelve a entrarle como un guante a Roy y en "Candy man" alternan con sus armónicas Costello y Roy con buen tino. En "Uptown" Bruce se desata otra vez más con la guitarra mientras Elvis vuelve a brillar con la armónica. 

Hace 3 años ya pudimos gozar con la exquisita presentación de "Mystery Girl" (Legacy / Sony) en una lujosa y muy merecida también 25th Anniversary Deluxe Edition. Apareció pocos meses después de su muerte por un infarto a un corazón que ya estaba herido de muerte muchos años antes por las desgracias que le tocó sufrir. Johnny Cash es "El Hombre de Negro", pero bien pudiera serlo también la imagen triste de un Roy Orbison que cantaba siempre a los corazones solitario y/o rotos. Tuvo la suerte de recuperarse anímica y artísticamente en sus últimos años. Por un lado gracias a David Lynch y el cine. Por otro esa aventura magnífica con The Traveling Wilburys junto a Bob Dylan, Tom Petty, George Harrison y Jeff Lynne. 

En este “Black & White Night 30” la presentación es también fundamental. Un estupendo triple digipack de tamaño de libro y un gigante libreto con multitud de fotografías, créditos y declaraciones. Por cierto que también entre los extras hay una preciosa galería fotográfica de más de 3 minutos de duración con mucho encanto también. Todos le querían y admiraban, y buena prueba son las enormes estrellas con humildad de artesano que pueblan esta noche en blanco y negro en imágenes, pero a todo color por la calidad musical y por los fantásticos músicos presentes que agrandan más aún la leyenda de su autor y también la grandeza de estas canciones inolvidables. ¡Ojalá desde Legacy Recordings y con la colaboración de los hijos y la familia de Roy Orbison sigan trayéndonos más artefactos con esta calidad, presentación y novedades!

Bajo Influencia... Burning por Edi Clavo, Gabinete Caligari

Foto: Iván González.

Cualquiera que haya tenido el enorme placer de compartir conversación con Edi Clavo, el que fuera batería de Gabinete Caligari, se habrá dado cuenta de la enorme cultura musical que el artista madrileño atesora; labrada a través de la escucha detallada de miles de discos y su presencia en no menos conciertos de toda índole y condición, algunos de los cuales desmenuza con precisión en su último libro, “Electricidad Revisitada”.

En las páginas de dicha obra queda claro el enorme influjo y la estrecha relación que durante algunos años unió a Edi, y por extensión al resto de miembros de Gabinete, con una de las formaciones más seminales e importantes dentro de nuestro rock como son Burning, banda con la que compartieron noches de música, ensayos y escenarios en alguna que otra ocasión, creando un vínculo de amistad que trascendió la mera influencia musical.

Dicha mención y el cariño que procesamos hacia dos bandas que consideramos hermanas dentro del rock madrileño, se han convertido en el motor necesario para que nos lancemos a la aventura de estrenar una nueva sección; una sección en la que los músicos y la gente de la industria musical en general tomarán la palabra, a través de un breve cuestionario, en los que hablaran de artistas y grupos que con mayor o menor cercanía les hayan marcado a fuego. 

Disfrutad leyendo, mientras descubrís los motivos que hicieron posible que Edi Clavo se hiciera fan irredento de los chulea guiris de La Elipa

¿Cuál es el primer recuerdo que tienes de Burning? 

Edi: A mediados de 1975 había leído sobre ellos algún suelto de Jesús Ordovás en “Disco Expres”, en una columna que se llamaba “Rrollos Díscolos”, incluso se había publicado también en “Disco Expres” una foto de Mario Pacheco en la que aparecían, con desafiante nocturnidad, al lado de un Dodge Dart y junto a una tapia del cementerio de La Almudena. A finales de ese año 75 me compré el LP recopilatorio “Viva el Rrollo”, en el que se incluían dos canciones de Burning, todavía en inglés; “Like a shot” y “Rock and Roll”. Sin ninguna duda desde ese momento pasaron a ser mi grupo español favorito. 

¿Qué recuerdos tienes de la actuación conjunta entre Rigor Mortis/Burning, el 25 de Noviembre de 1977? 

Edi: Teto Oltra, el tercer batería de Burning, era compañero mío de la Facultad de Ciencias de la Información. Estábamos en la misma clase, en el primer curso de la rama de Imagen y Sonido en 1977. Se organizó un concierto el 25 de Noviembre de aquel año en el salón de actos de la facultad. Recuerdo que era un viernes, Burning de estrellas y nosotros, Rigor Mortis, de teloneros. Ellos eran un grupo profesional, con contrato discográfico, equipo propio y un background cimentado en actuaciones por toda España. Nosotros, unos chavales de dieciocho años sin experiencia alguna que bebíamos de sus fuentes: Rolling Stones y Lou Reed, fue nuestra primera actuación en público con instrumentos eléctricos y toda la parafernalia del rock. 

¿Qué es lo que más te impactó de ellos en su día?¿Y de su sonido?

Edi: A finales de 1977 nos invitaron a Rigor Mortis (Eugenio Haro, Jaime Urrutia, Ferni Presas y yo -Edi Clavo-) un sábado por la mañana a ver un ensayo en Papi, los locales de la autopista de Barajas (A-2). Me impactó la chulería de Antonio al cantar rock en español, los fraseos de Pepe Risi con la Les Paul negra, con un sonido untuoso de rock and roll en la onda Keith Richards/Chuck Berry, bastante inusual en un momento en que se valoraba más el virtuosismo pirotécnico de John McLaughlin o Max Suñe (Iceberg). La pose de Johnny, tocando de pie, con el Fender Rhodes y el sonido poderosísimo de Quique Lagstrum. No he vuelto a oír a ningún bajista español de rock con aquella pegada. Y mi compañero de clase, Teto, aplicado alumno universitario por el día pero conocedor de los vericuetos del rock-punch. Gran batería perdido para la causa.

¿Qué recuerdos tienes en su época más New York Dolls? 

Edi: Fui a un concierto en la discoteca M&M, en la calle Béjar, en Diego de León. Debió ser en 1976. Todavía cantaban algunas canciones en inglés. El look era impactante, un flash a medio camino entre retro-glam-rock pero con toques autóctonos de chulea-guiris de La Elipa. Con Quique Lagstrum y su peluca rubia con un vestido de mujer y el Fender Jazz Bass atronando, Antonio con pantalones de raso negro marcando paquete, fular y todavía con el pelo muy largo, Pepe Risi con la perilla a lo Dártagnan y los pantalones de campana, de terciopelo con lunares y Johnny con una glitter-face pintada con purpurina y dos estrellas en los ojos, como Steve Harley & Cockney Rebel.

¿Qué grado de importancia tuvieron a la hora de evolucionar el rock cantado en castellano? 

Edi: A mi entender fue fundamental la incorporación de nuestro propio idioma para ampliar los horizontes del rock español en aquellos momentos, desde 1976 aproximadamente.No sólo Burning, sino también y cada uno en su estilo, Ñu, Asfalto, Coz, Moris, Tequila, Salvador, la Orquesta Mondragón y hasta Ramoncín y Kaka de Luxe. 

¿Por qué crees que los Burning son fundamentales en la historia de nuestra música?

Edi: Burning han aportado lo fundamental en el rock: buenas canciones. Sin canciones no hay nada, por mucho que “vistas al muñeco”. Independientemente de las circunstancias ambientales, la eclosión del punk y la nueva ola y otras modernidades, los traspiés discográficos o el largo y tortuoso camino del exceso narcótico, los Burning para mi son una de las piedras fundacionales del nuevo rock en castellano a finales de los años setenta. 

¿Qué trato personal has tenido con ellos?

Edi: Recuerdo a Pepe Risi como el arquetipo de Rock-Star, así con mayúsculas. Un tío divertido, generoso y dispuesto para la juerga non-stop. Conmigo siempre fue cariñoso. Una noche me dio su tarjeta de visita, en ella se podía leer Pepe Risi y debajo escuetamente: Rock´n´Roll. Con Johnny también he tenido trato y es muy parecido a Pepe; cariñoso, divertido, muy castizo, muy Burning, aunque con la cabeza muy bien amueblada. Está la esencia genuina de Burning encarnada en él. Hoy, en 2017, Johnny es Burning al 100%.

Chuck Berry 1926-2017: el rock 'n' roll ha muerto

Por: Oky Aguirre

Con la muerte de Chuck Berry, el mundo de la música ha sufrido dos grandes pérdidas: el auténtico Rey del rock´n´roll y su credibilidad. Las sinceras lágrimas que derramé por sentir que había perdido a alguien muy cercano no son las mismas que derroché al comprobar la absoluta indiferencia que se le ha dado, sobre todo en prensa, al fallecimiento de alguien perfectamente comparable a Mozart, Picasso, Einstein o Saramago. ¿Qué carajo le pasa a la música? ¿Por qué queremos saltarnos la historia?

 Chuck Berry es un personaje esencial en la cultura y nos lo han reducido a una mísera reseña, allá donde los sucesos se mezclan con las huelgas y los especiales de muebles. Estoy hablando de prensa; la misma que ha otorgado en 2016 a excelentes artistas portadas, y hasta ocho páginas, llenas de hermosas colaboraciones, ocupando el lugar que merecen. No es que conozca personalmente a Leonard Cohen, David Bowie, Prince o George Michael, pero me jugaría perder la audición a que todos ellos tenían entre sus colecciones de discos o entre algunas de sus canciones favoritas de todos los tiempos una de Chuck Berry. 

Charles Edward Anderson Berry nació hace 90 años en Missouri -ahora por lo visto es Misuri pero permitidme el lujo- y es Padre, Leyenda y sobre todo Rey de algo que forma parte de la cultura popular desde el pasado siglo XX: el rock´n´roll; por lo tanto de nuestras vidas. Creo que es el momento de poner a cada uno en su sitio. Elvis Presley no es el Rey del Rock. Hago mías estas palabras salidas de eminencias musicales como Bruce Springsteen o Keith Richards. Si consideramos la importancia que Berry ha tenido en todos los grupos y cantantes posteriores, ¿por qué no le damos el título que se merece? Al igual que las de Elvis, las canciones de Chuck Berry han influido en todas las décadas desde los 50, pero lo que le da esa categoría de The King es dar esa forma a las canciones de apenas dos minutos y medio llenas de reelin´ & rockin´; la forma de pronunciar, empezar o acabar frases o utilizar un mismo riff en casi todas sus composiciones (ese principio del "Johnny B. Goode" que volverá locos a los extraterrestres) para luego dejarnos un legado como "Maybellene", "Little Queenie", "Carol", "Roll Over Beethoven" o "Sweet Little Sixteen" (y así hasta más de 500).

Todas estas canciones fueron las que inspiraron a los Beatles y a los Stones, Hendrix, Zeppellin, AC/DC, Who, Kinks…. Todos los grandes han reconocido estar influenciados por la música de Berry y lo importante que fue para ellos. Los que realmente han sentido la pérdida de este icono han sido los propios músicos, que a través de las redes sociales parece ser que han sido los únicos, además de nosotros, que realmente han sentido y derramado lágrimas ante la pérdida de algo único e irrepetible:

Bruce Springsteen:Chuck Berry ha sido el más grande de los rockeros, de los guitarristas, y el más grande compositor de rock que ha existido. Es una pérdida inmensa, la pérdida de un gigante, para siempre”.

Brian Wilson: “Estoy triste por la noticia de la muerte de Chuck Berry, ¡fue una gran inspiración! Todos los que aman el rock and roll te echarán en falta. Amor y compasión”.

Lenny Kravitz: "¡¡¡Gloria, gloria para ti Chuck Berry!!! Ninguno de nosotros estaría aquí sin ti. ¡Continua con el rock, hermano!"

Rod Stewart: "Todo empezó con Chuck Berry. Él nos inspiró a todos. El primer disco que compré era su "Live at the Tivoli" y nunca más he sido el mismo".

The Rolling Stones: "Los Rolling Stones estamos muy tristes al conocer la muerte de Chuck Berry. Fue un verdadero pionero del rock, una influencia increíble. Chuck Berry no fue solo un brillante guitarrista, un brillante cantante, también fue brillante en el escenario y, sobre todo, era un verdadero maestro como compositor. Las canciones de Chuck Berry serán eternas".

Mick Jagger: "Me siento muy triste tras conocer la noticia de la muerte de Chuck Berry. Quiero darle las gracias por toda la música inspiradora que nos ha dado. Iluminó nuestra adolescencia y dió vida a nuestros sueños de ser músicos e intérpretes. Sus letras brillaban por encima de todos e iluminaron con una luz especial el sueño americano. Chuck fuiste increible y tu música está grabada en nosotros para siempre”.

Arnold Schwarzenegger: "Cuando yo tenía 10 años de edad y cada noche soñaba con ir a América, Chuck Berry interpretaba la banda sonora. Él sacudió el mundo del rock. Descansa en paz".

Podríamos destacar aspectos de la vida de Chuck fuera de lo que verdaderamente importa, que son las canciones. Resaltar sus problemas con la ley y estancias carceleras o su gusto por las jovencitas; ahondar una vez más en su tacañería o recordar que llevaba más de 30 años sin lanzar nuevas composiciones. Pero al final la música se trata de hacer canciones y que éstas lleguen a cada uno entonces, y mucha de las de Berry pertenecen al Patrimonio de la Humanidad: las sesiones en Chess Records podrían ser las Novelas Ejemplares de la música.

Vivimos en un mundo pop en el que, definitivamente, al rock se le ha dado por muerto. Por eso, uno va echando cuentas y se da cuenta que la industria musical, al menos en este país, está corrompida o la manejan borregos con piel de chacal. Algunos justificarán su escasa repercusión en los medios al mencionar su avanzada edad, 90 años. Entonces ¿por qué a Cohen se le concedieron privilegios y a Chuck Berry no? ¿Tal vez por la coincidencia de su lanzamiento póstumo? ¿Por qué el disco póstumo de Bowie fue considerado de los mejores del año pasado, siendo un disco de difícil escucha? ¿Por qué tuvimos que esperar a la muerte de Prince para tener toda su discografía en Spotify, saltándose los deseos del de Minneapolis? Con estos datos, lo único que queda decir es que el 18 de marzo de 2017 moría el Rock´n´roll.

Els amics de les arts: “Un estrany poder”

Por: María Solano Conde

El disco nos invita a entrar en él con “Les coses”, cuyas corcheas iniciales suscitan una suerte de déjà vu sonoro (¿un “déjà entendu”?) evocando a “Jean-Luc”. Pero nos equivocamos si damos por hecho que nos espera un “Bed & Breakfast 2” o cualquier otra manera de hacer lo mismo y vestirlo de manera que parezca que mejoran con el tiempo, como cantan en “El seu gran hit”. Con “Un estrany poder” (2017), Els Amics de les Arts consiguen la proeza de evolucionar en el contenido y en el estilo sin perder, no obstante, la esencia de sus trabajos anteriores. 

 En este proceso ha sido fundamental un quinto “amic”: Tony Doogan. El escocés ha sido el encargado de la producción, grabación y mezcla, y por tanto el responsable en gran medida de que el disco suene como suena. Fue él quien, respetando la naturaleza de las canciones, consiguió llevarlas a su propio límite, no dejar ningún recoveco sin examinar. Los ejemplos más claros de ello son “La llum que no se’n va” y la kafkiana “El vent tallant”, en las que la colaboración de la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC) refuerza su atmósfera épica, como de banda sonora de peli americana. Transitan por ese camino intimista en otros temas como “Casa en venda”, donde se recrean con la nostalgia de la casa familiar de los veranos, y sobre todo en “Un estrany poder”. La canción que da nombre al disco es la más densa y sugestiva, y a través de breves escenas que coloca en la imaginación del oyente le invita a reflexionar sobre la esperanza y el optimismo casi irracional. 

Pero no todo es crudeza, ni mucho menos. Si bien abordan las letras desde una perspectiva algo más madura, no por ello renuncian a los ritmos más ligeros y al regusto festivo de temas como “Suïssa”, “No ho entens” y la autoparodia “El seu gran hit”, en la que se caricaturizan a sí mismos empleando para ello las críticas de la prensa y o de los “haters” (los odiadores, que diría la Fundéu); una especie de “roast yourself” de estos que tan de moda están entre los jóvenes, en el que dicen cantar como hienas o haber venido a robarnos las mujeres. El humor, en efecto, sigue presente; aunque sea en una vertiente más negra, como es el caso de “Salvador”, donde un viaje del Imserso aparentemente anodino se acaba truncando para todos. 

Tampoco faltan las referencias cinematográficas y culturales, características de sus discos anteriores; ya sean implícitas, como en la persecución de película de “30 dies sense cap accident”, o más explícitas, como en “Apologia de la ingenuïtat”, una reivindicación de los días en los que no pasa nada con alusiones a “El club de los poetas muertos”, pero también a Walt Whitman, Händel y Lord Byron. A esta apología de la ingenuidad la sigue la apología de la normalidad; más en concreto, de los pretendientes normales. Es “Primer en la línia successòria”, la historia de un tipo que nunca destacan pero que siempre está ahí. Y aunque una siempre trata de eludir las comparaciones recurrentes que no aportan mucho, en este caso resulta inevitable reconocer el parecido entre el monólogo final de la canción, a cargo de Joan Enric Barceló, y el de “Jo competeixo” de los también catalanes Manel, aunque el que nos ocupa es mucho más breve. 

Dani Alegret, Joan Enric Barceló, Eduard Costa y Ferran Piqué siguen siendo unos grandes contadores de historias y creadores de himnos, que combinan historias surrealistas con situaciones que le podrían ocurrir a cualquiera -a nada que uno se mueva un poco por ahí, que diría Karmelo C. Iribarren. “Un estrany poder” es un disco que invita a sumergirse en él desde la primera escucha para ir descubriendo, poco a poco, el ingenio de sus letras y su riqueza de matices.

Entrevista: The Sadies

"Hemos creado algo así como una fusión única" 

Por: J.J. Caballero

Con la llegada de la primavera varias cosas cambian en el ánimo y el entorno de los ciudadanos de a pie. A muchos les cambia el humor, otros reciben los primeros ataques de alergia e incluso los hay que añoran los fines de semana de lluvia y viento. Para los que siempre estamos pendientes de la última cita musical del calendario, recibir a una banda como los canadienses The Sadies es como ver brillar el sol entre las nubes después de un largo y tedioso invierno. Una de las mejores bandas americanas –así, en general, sin ceñirse a ningún género ni época- tiene a bien pasearse por el territorio patrio para ofrecer una serie de conciertos, ocho en total, que los tendrán ocupados entre el 23 de marzo (sala Marula de Barcelona) y el 1 de abril (Teatro Principal de Pontevedra), pasando por diversos locales de Madrid, Zarautz, Santander, Valencia, Zaragoza y A Coruña, intentando dejar tan boquiabiertos al público nacional como ya lo han hecho con todo el que ha podido asistir a alguno de sus intensísimos bolos. La excusa ahora es la presentación de “Northern Passages”, otro fantástico álbum en el que exprimen al máximo sus cualidades y siguen resultando tan inclasificables como imprescindibles. Es un placer charlar con uno de los hermanos Good, Dallas en concreto (voz y guitarra) y conocer más detalles de este y otros trabajos que nos emocionaron en igual medida no hace demasiado tiempo. 

La primera impresión al escuchar cualquiera de vuestras canciones sigue siendo la misma después de tanto tiempo: The Sadies agitan géneros y los hacen colisionar sin prejuicios. ¿Esto es garage, psicodelia, bluegrass? Es todo eso y más, simplemente se trata de vosotros mismos.

Dallas Good: Bueno, supongo que al elegir nuestros estilos y sonidos hemos creado algo así como una fusion única. Aun así no es que hayamos reinventado la rueda. Sí, cada miembro de The Sadies está profundamente influenciado por la música psicodélica y el garage de los 60, el punk rock y el primitivo country and western y rhythm and blues. Nos sentimos cómodos moviéndonos entre esos géneros y tampoco hay nada único en la fórmula. En nuestro caso, el resultado final es un poco diferente al de la mayoría.    

De todas vuestras colaboraciones previas la más sorprendente para los que hemos seguido la trayectoria de la banda hasta ahora fue la que os llevó a ser la banda acompañante de André Williams. Aquella grabación fue algo realmente importante y conseguisteis un sonido extraordinario. ¿Cómo recordáis el proceso de grabación? 

Dallas Good: ¿Os sorprendió? ¡Vaya, gracias! Hemos hecho dos discos largos con André y un par de sencillos pero seguro que te refieres a “Night and day”, ¿verdad? La mitad de ese álbum se grabó cuando André estaba pasando un mal momento en su vida. Hicimos esas canciones cuando tocábamos con Heavy Trash. Danny Doll Rod se unió a las sesiones también. Fue realmente divertido pero a la vez triste, parecía que él había doblado la esquina y no iba a volver. Pero durante la grabación de la segunda mitad del disco, nunca lo había visto con un aspect tan saludable. Fue muy emocionante y conmovedor ver cantar a nuestro viejo amigo y hacerlo tan bien. Ahora sigue sobrio y acaba de cumplir 82 años, así que de alguna manera esa es la razón por la que titulamos al disco “Night and day”.   

No sois una banda de “Americana music” específicamente hablando, pero habéis trabajado con artistas como John Doe (en aquel gran disco titulado “Country club”). ¿Fue un modo de volver a explorar vuestras propias raíces? 

Dallas Good: Bueno (risas), somos bastante buenos tocando country. Queríamos trabajar juntos y John quería hacer de ese disco algo especial y grabar sobre todo sus canciones favoritas, sin tener en cuenta si eran populares o no, así que lo que hicimos fue un disco de música country bastante normal, aunque pusimos mucho amor en él y creo que resultó ser un trabajo realmente bueno, pero ¿cómo podemos saberlo? The Sadies también hicimos un disco con mis padres, mi tío y mi primo llamado “The good family”. Hay mucho más bluegrass y country de la vieja escuela ahí del que normalmente hacemos. Ese disco me gusta mucho también… Lo siento, eso suena arrogante. 

The Sadies pareceis una banda que trabaja bastante duro, habéis publicado varios discos en un espacio de tiempo relativemente corto. “Northern passages” fue grabado durante el invierno de de 2015, y parece que el Viejo sótano de la casa familiar de los Good tuvo algo que ver en ello. 

Dallas Good: Sí que trabajamos duro pero no nos precipitamos en nuestras grabaciones. Este álbum se grabó en unos 15-20 días a lo largo de cuatro meses más o menos. De esa forma podíamos seguir de gira y meternos en el estudio cuando teníamos la menor oportunidad. The Sadies ensayamos con The Good Family en el sótano de mis padres, es cómodo pero no es exactamente un estudio. No obstante, decidimos hacer las maquetas allí y nos quedaron francamente bien así que continuamos. Además el precio era muy bueno. 

¿Son recientes estas canciones, para darle unidad temática al disco, o llevaban ya algún tiempo escritas? 

Dallas Good: Hay un poco de ambas cosas. ‘The elements song’ estaba ya medio acabada mientras hacíamos “Internal sounds”; ‘No words’ también la habíamos empezado; pero el resto las escribí a lo largo de un período de dos años, tranquilamente al principio y con más rapidez durante los últimos seis meses. Mis temas son siempre los mismos, trato de hacerlo todo tan triste que al final es hasta gracioso.   

Se respira en algunos temas un cierto aroma de acid-folk, por ejemplo en ‘It’s easy like walking’. Una gran canción, y perfecta para que Kurt Vile colabore en ella.   

Dallas Good: ¿Un aroma de acid-folk? Procura que no se te meta eso en los ojos, tío (risas). Suena como el título de una película de terror (risas)… Perdona. Sí, definitivamente somos una banda de acid-folk, y nuestra música lo es también. 

En cambio ‘God bless the infidels’ suena a himno de cantina en algún lugar del viejo oeste, como una melodía en mitad de ninguna parte.

Dallas Good: Genial, gracias. Pero, ¿sabes? no es eso exactamente. O aún no. 

Están también dos temas como ‘Another season’ o ‘There are no words’ de ritmo más acelerado que elevan el tono y el volumen del disco.  

Dallas Good: ¡Ah, sí! Yo los llamo “los pasajes cabreados”.    

Muchas reseñas hablan de vosotros como una especie de The Band contemporáneos, y si se presta atención al tipo de arreglos y enfoques de algunas canciones la idea no parece tan ilógica.

Dallas Good: Bueno, ambos somos de Canadá y ambos somos amigos de Ronnie Hawkins and Neil Young, pero tampoco tenemos mucho más en común. Hemos trabajado mucho con Garth Hudson todos estos años y su amistad y contribución a la música de The Sadies nos hace sentir muy orgullosos. Es halagadora la comparación, así que gracias.

Se da por hecho que a lo largo de vuestra Carrera habéis atravesado etapas bien diferentes pero el estilo de The Sadies quedó aparentemente asentado tras la publicación de “Internal sounds” en 2013. ¿Fue ese el período más brillante desde el punto de vista creativo?

Dallas Good: Bueno, con “Internal sounds” fue cuando empecé a producir los discos así que creo que lo mejor está aún por llegar.  

Todos sabemos que estas canciones casi con toda seguridad no se convertirán en un gran éxito, desgraciadamente. ¿Habéis aceptado el riesgo que supone grabar discos de forma tan concienzuda para obtener tan poco reconocimiento? 

Dallas Good: (Risas) Eso es increíble, gracias por tu apoyo. Sé a lo que te refieres, y no me preocupa en absoluto nada de eso. Hemos sido capaces de seguir existiendo muy modestamente y con mucha humildad durante más de veinte años, que en verdad era todo lo que pretendíamos. Esto es todo lo que sabemos y ponemos todo lo que tenemos en ello. No voy a empezar a hacer otra cosa a corto plazo. Además, estás loco, creo que este es el disco que me hará rico.   

Los fans españoles de The Sadies estamos deseando veros en directo. ¿Qué podemos esperar de esta nueva gira que comenzará en marzo? 

Dallas Good: Hemos estado girando por el este de Canadá en febrero. Las nuevas canciones han sido muy bien recibidas en directo, es como lo que decías sobre nuestra música, somos lo bastante raros como para hacer algo parecido sin resultar aburridos. Nos encanta España y tenemos muchas ganas de volver. Creo que tocamos en directo mejor que nunca, pero así es como debería ser después de llevar en esto veinte putos años. Sin embargo, solo es más del mismo viejo “acid folk”.  

Scott H. Biram: "The Bad Testament"

Por: Txema Mañeru 

La verdad es que no he podido seguir toda la trayectoria de este veterano forajido de Texas llamado Scott H. Biram. A pesar de ello, todo lo que he oído de él me ha encantado e impresionado. Le conocí hace más de una década con su gran bautismo y autoproclamación "The Dirty Old One Man Band". Fue su debut para el gran sello de Chicago, Bloodshot Records y una demostración de su peligrosidad por encima del Steve Earle presidiario o el belicoso Hank III. Con su nuevo disco "The Bad Testament" ya lleva media docena, de sus 10 discos, en Bloodshot, y no tiene ninguna pinta de que esta fructífera relación para ambos se vaya a romper. Por ejemplo, fue una pasada también su anterior trabajo de hace tres años, “Nothin' But Blood", sangriento desde su mismo título. No olvidemos que ha olido de cerca también la sangre. Su gran coraje le ha llevado a tocar en directo tras atropellarle un camión y con las piernas rotas, suero y en silla de ruedas.

Su estilo es difícil de definir y no tiene miedo en combinar punk, folk, r’n’r, metal, hillbilly, góspel, blues y country en una trituradora peligrosa y totalmente a su bola. Y es que es fan musical y personal de grandes como Frank Zappa, Lemmy, Merle Haggard o de los dioses del doom metal nórdico. En este sentido me encanta la definición de su colega Shooter Jennings, que le denomina el Leonard Cohen de la escoria. Se suele defender en solitario y a pecho descubierto con su vetusta Gibson del 59 y con el ritmo de la percusión llevado por su pie izquierdo. Y así llegará en junio en una gira que se iniciará el día 6 en el Kafe Antzokia de Bilbao y que tendrá otras 4 fechas más en España.

Por su disco anterior se vislumbraban a grandes como Johnny Cash o Howlin' Wolf y se llevó a su terreno clásicos góspel como "Amazing grace" o blues como "John the revelator". Ahora en su nuevo trabajo nos vuelve a entregar diez nuevas salvajadas y nos regala las tres canciones de su EP, el destacable "Lost On The River". Todo un detallazo por su parte o por la del sello. Así podemos gozar con el arranque trepidante y country de"Set me free", gritando al viento sus ansas de libertad. Suena más folk e intimista en "Still around" y en plan outlaw a lo Merle Haggard con "Red wine" y su Gibson sonando en los más graves acordes. Se vuelve loco con su armónica en "Long old time"; suena estupendo y campestre con el emocionante, lento y desnudo country-folk de "Righteous ways", y se despide del disco original con el confesional góspel de ultratumba ‘True religion’, solo con su voz y su sencilla percusión para su pie izquierdo.

El EP de regalo es crudo y no tiene desperdicio. Tres oscuros instrumentales con mucha guitarra eléctrica y armónica. En "Hit the river" el blues salvaje recuerda a alguno de sus ídolos del estilo como Leadbelly o Mississippi Fred McDowell. Esta vez no me lo pierdo en vivo en el Antzokia,  mientras le daremos bastantes merecidos y estimulantes repasos a este buen disco. ¡Scott seguro que no falta a la cita aunque sea subido de nuevo a su silla de ruedas!

La fechas completas son:

6 de junio BILBAO (Kafe Antzokia)

7 de junio GIJÓN (Sala Acapulco)

8 de junio MADRID (La Boite)

9 de junio ZARAGOZA (tbc)

10 de junio BARCELONA (RockSound)

El rock de Alejandro Escovedo ya pisa nuestros escenarios


El título de “mejor artista de los 90” que le otorgó la revista No Depression, seminal en los últimos lustros cuando hablamos del rock de raíces estadounidense y sus aledaños, nos ayuda a entender delante de quién estamos. Miembro de una saga familiar, los Escovedo, que incluye a Pete (percusionista de Santana), Sheila E (batería de Prince), Mario (miembro del grupo de hard rock The Dragons) y Javier (del de punk-rock The Zeros), Alejandro luce un discurso musical con más treinta años de solera que, como señala el músico e historiador Lenny Kaye, se pasea por las desesperaciones y celebraciones de la vida con una profundidad emocional que trasciende fronteras y géneros. 

En los 70 formó parte de la ráfaga punk inicial de la Costa Oeste con The Nuns, en los 80 de la del cowpunk con Rank And File y True Believers, en los 90 encontró su voz en primera persona con discos a su nombre que todavía resuenan con fuerza -como “Gravity” (1992) y “Thirteen Years” (1994)-. Con cada nuevo disco su sombra se iba alargando y su influencia en el rock de raíces con parada y fonda en Texas y California no paraba de crecer. 

Así desde hace cuatro lustros, con el parón obligado de una hepatitis C que marcó, además, un punto de inflexión en su obra. La hizo aún más profunda. Surgieron homenajes como el tributo “Por vida” (2003), con Calexico, The Jayhawks, Ian Hunter y Cowboy Junkies, entre otros, rindiéndole honores, y se ofrecieron colaboradores de la talla de John Cale, que le produjo “Boxing Mirror” (2006), Chuck Prophet y Bruce Springsteen

Desde entonces sigue tan prolífico como siempre, con tres discos de estudio más -”Real Animal” (2008), “Street Songs Of Love” (2010) y “Big Station” (2012)- y uno en directo -”Live Animal” (2009)-, al que hay que añadir el que ha publicado en octubre de 2016, "Burn Something Beautiful", gestado en estrecha colaboración con Peter Buck (R.E.M.) y Scott McCaughey (The Minus 5, Young Fresh Fellows). Un trabajo que ya está presentando en varias de nuestras ciudades. 

18 de marzo Badalona (BCN), Teatre Principal (Blues i Ritmes) 

19 de marzo Zaragoza, Las Armas 

20 de marzo Madrid, El Sol 

21 de marzo Bilbao, Kafe Antzokia