Anabel Vélez: "Mujeres del rock - Su historia"

Por: Txema Mañeru 

No debiera ser necesario reivindicar el papel de la mujer ni en el rrock ni mucho menos en la vida. De todas formas, la gran crítica musical que es Anabel Vélez acostumbra a hacerlo y de manera más que acertada. Aquí tenemos en la portada a Janis Joplin y en contraportada a Patti Smith. Dos nombres de los más significativos de la historia del rock’n’roll sin tener en cuenta ni sexo ni color. Ambas estaban también en su debut para Redbook Ediciones de hace dos años "Rockeras – Las Protagonistas de la Historia del Rock". Dicho libro apareció en la recomendable Colección "Guías del Rock & Roll". Allí, además de ambas, teníamos en portada a Amy Winehouse y en mayor tamaño a la explosiva Tina Turner, mujer y negra. Esta colaboradora de Ruta 66 y editora jefe de la web Culturaca también participa en programas radiofónicos sobre música y cine. Se estrenó con el libro "Rockeras" y el pasado año publicó en Redbook "Superheroínas", con 320 condensadas páginas que se subtitulan con acierto y rigor "Lo que no sabías sobre las mujeres más poderosas del cómic". En ambos libros, al igual que en éste, prevalece un gran afán por equiparar a las mujeres en estos dos mundos en los que la desigualdad es tan grande o mayor que en el plano general de la sociedad actual, pero también destaca la propia autora por sus agudos textos y análisis, convirtiéndola en una de las personas que mejor domina estas especialidades, habitualmente, tan "masculinas". 

Por cierto, que si te pasas por www.redbookediciones.com comprobarás que han sacado para este verano un puñado de variados e interesantes libros de rock con nombres como los de Guns N’ Roses (en guapo formato de novela gráfica), Deep Purple, "Rutas Del Rock", dos volúmenes de la "Historia de la Música Pop" o la novela de Jordi Sierra i Fabra "Johnny Picku". 

Las 400 páginas de "Mujeres del Rock – Su Historia" se subtitulan como "Crónica de las Grandes Protagonistas del Rock", y realmente lo son. Es más que un complemento ampliado a aquel "Rockeras" y un viaje histórico ordenado cronológicamente por todo lo que han hecho las mujeres en la música a lo largo de casi un siglo. Se remonta a las raíces del blues y del góspel con Bessie Smith o Ma Rainey hasta acabar con el capítulo titulado "Nueva Savia, Nuevas Perspectivas, New Skin" con Deap Vally y Priests. Además un interesante "Apéndice. El Rock hecho en Casa y Allende los Mares" con nombres y fotos como las de Alaska, Dover o Alejandra Guzmán. Por en medio capítulos para los girl groups, el hard rock de Joan Jett o Lita Ford, la rabia punk de Patti Smith, Plasmatics, X o The Pretenders, o las riot rrrrrls con The Breeders, Come, Sleater-Kinney o Babes in Toyland

Pero hay mucho más y jugoso. Y esto es posible porque el papel de mujer en el rock y en la música en general ha sido muy importante y trascendental, aunque no en las proporciones que debiera haberlo hecho. Escritoras como Anabel y músicas como de las que nos escribe son vitales para que en un futuro se hable de música, discos, libros y canciones sin importar el sexo de quién sean sus ejecutores. ¡Recomendable totalmente por contenidos y por su calidad!

The Jayhawks: "Back Roads and Abandoned Motels"

Por: Kepa Arbizu 

Para una muy amplia mayoría de seguidores del rock americano The Jayhawks han representado, y representan, la banda sonora exacta de esa melancólica luminosidad tan arraigada en el género. Constituidos ya lejos de la bicefalia que marcó su primera gloriosa etapa, la marcha definitiva de Mark Olson, al margen de las inevitables consecuencias artísticas que supone el desmembramiento del cerebro compositivo, ahora dominado en solitario por Gary Louris, ha supuesto para el grupo la consecución de una estabilidad visible y expresada en dos trabajos muy diferentes pero de una calidad más que reseñable. El más actual, el recién editado "Back Roads and Abandoned Motels", a pesar de no contar con el peso suficiente como para desbancar a sus obras capitales, sí señala un fructífero y notable presente, honroso reflejo de sus mejores momentos. 

Esta nueva grabación se fundamenta sobre una curiosidad, ya que pese a descansar la autoría de las composiciones en su líder, todas excepto dos fueron creadas originalmente en colaboración con otras manos y bajo la intención de ser interpretadas por voces ajenas, como fueron los casos de, por citar algunos, Jakob Dylan, Dixie Chicks o The Wild Feathers. Lo que podría ser entendido como una señal de agotamiento creativo, queda disipada dada la resolución obtenida, constituyendo un grueso de temas identificables plenamente con esa personalidad tan marcada y característica de los estadounidenses, en la que confluye una particular adaptación de la herencia de The Byrds, Big Star, o Crosby Stills, Nash & Young. Paradójicamente, esa cercanía respecto a sus tratados habituales será mucho más perceptible en este episodio, pese a su genealogía, que en su predecesor "Paging Mr. Proust", más dado a innovar en ciertas manifestaciones, no todas llevadas hasta el desenlace más deseable, dicho de paso. 

Si dirigir hasta buen término el envite que supone retomar el control de canciones previamente entregadas tiene mucho que ver con el buen momento y la determinación en la que se encuentra la banda, igualmente esas capacidades, junto al -por habitual no menos elogiable- manejo musical, contribuyen a la viabilidad de ceder, sin ningún riesgo de alterar el resultado global, hasta en cuatro momentos la voz solista a otros componentes como Karen Grotberg o Tim O’Reagan. De hecho , y significativamente, es la inaugural "Come Cryin’ to Me" una de las seleccionadas para encomendarse a la amable tonalidad de la teclista. A pesar de que en ella encontramos una manifestación explícita de ese bagaje soul que los de Minneapolis guardan soterrado, manifestado aquí en bases rítmicas repletas de groove y una contundente presencia de metales, el grueso del álbum recurrirá a esos magistrales "trucos" que tan bien manejan y controlan. Eso no impide que asistamos a muy contados despuntes, como el rock and roll "fangoso" que asoma por "Backwards Women", inspirado entre la Creedence y los Stones aunque siempre entendido bajo esa tutela moldeada por la sensibilidad.

La prácticamente totalidad del resto de canciones se englobarán en ese territorio, ya casi mítico, cincelado por la banda a lo largo de su discografía y convertido en arquetipo del mejor sonido americano de pulsión nostálgica. La belleza compositiva que abarrota su carrera seguirá siendo incrementada con algunas de estas nuevas piezas, entre las que destaca la delicadeza que constituye un triptico encadenado formado por la esponjosa sobriedad de "Everybody Knows"; "Gonna Be a Darkness" y sus emotivos teclados o "Bitter End", de perfecta y compensada dramatización. Completarán ese hermosísimo conjunto las pinceladas que aportan la desnudez expuesta en "Need You Tonight"; un incremento en el juego de ambientaciones con la etérea y bucólica, en consonancia con su título, "Birds Never Flies", o uno de los temas creados expresamente para la ocasión, "Leaving Detroit", majestuoso en su capacidad de canalizar lágrimas y sonrisas.

The Jayhawks han asumido con sabiduría que su camino no podía parapetarse exclusivamente tras imágenes relacionadas con el pasado, más todavía cuando éstas demostraban empíricamente el serio riesgo de convertirse en una rémora. Su nuevo álbum demuestra, con éxito, el acertado empeño por inscribir su identidad en el presente, manteniendo su puesto de maestros a la hora de iluminar -a base de cálidos riffs y tiernos coros- las carreteras secundarias y los moteles abandonados, hogar, simbólico o no, de todos los anhelos y nostalgias que acumula el ser humano.


Entrevista: Luis Boullosa

“No creo mucho en el artista mesiánico que le cambia la vida a nadie porque, aunque nos lo hayan vendido, no hay tantos” 

Por: Sergio Iglesias 

"Nazgul says" es el segundo disco de Broke Lord, el proyecto del hiperactivo periodista, escritor y músico Luis Boullosa, y que supone la evolución de su anterior "Death of a flower" publicado tan sólo un año antes. Con este proyecto, el artista parece haber encontrado la vía de escape ideal para escupir toda la música que lleva dentro. Para hablar sobre este nuevo trabajo nos hemos puesto en contacto con él y, como no podía ser de otra manera, la charla ha derivado en una magistral lección, no sólo de música, sino también de periodismo y de arte en general. 

“Nazgul says”, segundo trabajo de Broke Lord en menos de un año, después de aquel “Death of a flower” ¿son discos pensados a la vez? 

Luis Boullosa: No los pensé a la vez. El primero fue un disco un poco raro, porque surgió cuando mi banda estaba un poco parada y yo estaba viviendo en el campo, en Portugal, y empecé a hacer cosillas. Hasta que un día, de repente, me di cuenta de que tenía como ocho o diez canciones, las maqueté muy primariamente y las di una cierta coherencia interna, pero sin llegar a ser algo conceptual, porque no estaba pensando en eso. Luego se fueron sucediendo las cosas casi por casualidad, porque me llamó un amigo de Sevilla para que fuera allí a grabarlo y, como yo tenía allí unos amigos que eran músicos, nos juntamos una pandilla, ensayamos prácticamente una tarde y nos metimos a grabar. Aunque fue un disco bastante menos refinado que este segundo, salió todo tan bien y de manera tan fluida, que dije que, si me lo podía permitir, volvería al año siguiente. Como esto no tiene las exigencias de una banda, y puedes ir más a tu rollo y componer cuando quieras, creo que un disco al año es una meta bastante asequible y esa es la idea y, de hecho, ya tengo unos diez temas esbozados para el siguiente trabajo. Pero, como te decía, no son discos pensados a la vez ni de coña; sí que es cierto que comparten cosas, ya que parte de las canciones fueron compuestas en la misma casa y hay historias que son adyacentes, pero tú que has escuchado los dos puedes ver que, estructuralmente, son discos muy diferentes. A nivel de grabación, tuvimos más tiempo y creo que todos sabíamos mejor qué es lo que queríamos, y por eso es más fluido y el sonido está más conseguido. Yo creo que las canciones son más o menos del mismo corte y, en cuanto a los temas, no tengo preferencia por uno o por otro, pero sí en cuanto al acabado. 

¿A qué te refieres exactamente con lo del “acabado”? 

Luis Boullosa: Sónicamente, este segundo disco es un milagro del que tienen gran parte de culpa quienes me ayudaron a construirlo. A otro nivel, en esencia, es uno de esos discos que parecen dispersos mientras los creas, pero que adquieren un sentido distinto a posteriori. El concepto sólo se me mostró una vez rematado, y aún me cuesta definirlo con claridad, aunque lo percibo. Diría que, igual que el primero era un retrato del auge y la caída marcado simbólicamente por la rueda del año tal y como se observa en un entorno rural (donde yo vivía y aún vivo), este es un disco migrante, un disco que retrata el momento en el que uno ya no está establecido y pasado y futuro afluyen sobre el minúsculo segundo desde el que se canta. Hay en él tanto de deseo como de rencor, de esperanza como de arrepentimiento, si se quiere. Es, en definitiva, un disco extrañamente cohesionado sobre la confusión, sobre las cosas que se han perdido, los muros que han caído, las equivocaciones y sus consecuencias, y también sobre las cosas que se odian en ese contexto esencialmente desarraigado. Es como un grito fijo. Es el retrato de un nomadismo forzado y, por tanto, cabreado, aunque como dijo un amigo “empieza con luz y cierra, inesperadamente, con luz”. Y como retrato nómada, está construido a retales y con estilos distintos que se sirven mutuamente de contrapunto. Y sin embargo creo que su transcurso no chirría, que tiene algo de río. Un río que se lleva todas las cosas que fallaron corriente abajo, y entre ellas a ti mismo. Francamente, no tengo ni puta idea de cómo lo he hecho. Hay una cosa curiosa, sin embargo: las canciones que más le gustan a la gente son las que fueron más improvisadas, más fruto de la casualidad, la prisa y la intuición. No sé si eso significa algo. Usted me dirá. También es verdad que uno de los momentos más bonitos de este tipo de proceso es ese en el que la gente empieza a encontrar conexiones en tu trabajo en las que tú jamás habías pensado y que son ciertas sin embargo, porque desde el momento en que alguien las establece son ciertas. Esa parte de evolución de tu trabajo en el que tú ya no tienes nada que decir es fascinante. 

Para este segundo trabajo has repetido, prácticamente, con el mismo equipo que en el primero, ¿ha sido esa una de las claves del magnífico resultado final del disco? 

Luis Boullosa: Sí, lo único que cambió fue el batería, porque el del primer disco es de Pontevedra y esta vez no podía ir. Para mí era una experiencia nueva porque siempre había grabado en condiciones más precarias y con menos tiempo y todavía hoy estoy descubriendo cómo va todo. Aparte, existe una peculiaridad con Broke Lord, que es que no ensayamos habitualmente y que la banda sólo existe cuando estamos grabando; Por eso hay un espacio muy grande, no a la improvisación, pero sí a la aportación personal de cada uno. El proyecto soy yo, porque sin mí no existiría Broke Lord, pero sin toda esta gente, se habría quedado en una bagatela, y ahí está Marco, que es un bajista extraordinario que toca en otras bandas, Macky Chuca haciendo los coros que es una persona bastante preclara para el lado pop de las cosas punkis, Asier en las guitarras que también está en otros grupos de Vitoria como Los Nitxos o Viva Bazooka, Antonio J. Moreno a la batería… estamos hablando de gente que sabe muy bien lo que hace. La experiencia fue la hostia porque estuvimos las dos veces en La Mina en Sevilla con Raúl (Pérez) que, para mí es un genio y que, en este segundo disco, se involucró más todavía, porque fue el que metió todos los sintes que le dan un tono más atmosférico al trabajo, eso lo hizo él a sugerencia mía, pero sin ninguna guía más, por lo que hay que darle un crédito importante a él y a todos los músicos que participaron. 

Me hablas de que en Broke Lord hay mucha aportación personal de cada uno, ¿cambia mucho el disco desde que les envías la maqueta hasta que lo termináis? 

Luis Boullosa: Hay mucha evolución en la cualidad del sonido pero, en realidad, la canción, estructuralmente, cambia poquito; en el bandcamp tengo colgado un álbum con todas las maquetas por si alguien tiene curiosidad por cómo eran las canciones en un inicio. La diferencia y el impacto es mucho pero, si te fijas en la estructura, los temas tienden a cambiar poco. Si yo tuviera dinero para meterme quince días en el estudio, probablemente cambiaría muchísimo, pero estamos hablando de discos que se hacen en tres o cuatro días, y por eso tienes que llevar muy claras las ideas. Pero sí que hubo una canción que recita Macky, “Eve of all churches burning”, que no estaba cuando llegamos al estudio porque yo sólo tenía una letra y una música antigua de una banda mía de hace veinte años, y ella sugirió hacerla en directo y, como no sabía cómo enfocarla, le dije que lo hiciera ella y esa sí fue, por ejemplo, una creación sobre la marcha. 

¿Os habéis planteado presentar los discos en directo? 

Luis Boullosa: Es algo que me pregunta la gente. La idea original era grabarlos para tener registrado mi proyecto y ya está pero, como la gente lo pregunta, y a mí me gusta tocar, le estoy dando vueltas. De todas formas, juntar a esa banda es casi imposible, porque cada uno estamos en una punta de España. Tal vez podríamos juntarnos para una presentación en concreto, o para uno o dos conciertos, pero es muy complicado; además, uno quiere hacerle justicia a los discos y, para hacerlo bien en directo, necesitaríamos ensayar muy seriamente. La otra opción sería montarme una banda con otra gente, pero ya tengo dos bandas más y no me hacen falta más formas de perder dinero (risas). 

¿No jode un poco que, después de hacer un trabajo tan original, lleguemos los periodistas con nuestra manía de etiquetarlo todo y digamos eso de “esto suena a tal grupo o a tal músico…”? Lo digo porque estarás cansado de que comparen tu música con Leonard Cohen, Dylan, La Velvet… 

Luis Boullosa: Bueno, como yo pertenezco al gremio, a veces también soy de esos (risas). Esta charla la tuve con un amigo mío que hizo una reseña del primer disco sin poner ninguna etiqueta y sin aludir a ninguna otra banda, una reseña no anclada a ninguna influencia. Yo creo que hay que tender a eso, pero sin olvidar que el arte de reseñar es jodido, porque hay un espacio muy cortito en el que tienes que hablar de una manera muy simple para el que no sabe nada, pero de manera bastante detallada para el que sí sabe y, además, explicar en muy poco tiempo un elemento muy complejo como es un disco. Determinadas referencias sí te sitúan, lo que es un coñazo son las listas de referencias o, al revés, cuando no ven una referencia muy obvia. Yo, cuando escribo de música, intento hacer una cosa más narrativa y salir un poco de los parámetros musicales, hablando de pintura u otras cosas, porque veo las artes mucho más interconectadas. Hay gente a la que esto le sorprende, pero a mí no me parece nada raro; igual que cuando escribes, la música puede tener una influencia, o la escritura cuando haces música, o la lectura cuando pintas… en mis letras seguro que hay referencias más evidentes a otras artes que a la música porque yo lo veo como un todo, no como algo parcelado. Así que el problema no son las referencias, sino que, para muchos, la música es sólo la música y, además, un tipo concreto de música y les cuesta cambiar de tercio. 

Esa conexión entre música y el resto de artes hace que cuides mucho aspectos como la presentación y el diseño, como en el caso de “Nazgul says”, con una portada preciosa… 

Luis Boullosa: Pues te lo agradezco porque esto me lo curré yo (risas). Yo vivía al lado de Vilanova de Cerveira en Portugal y allí tienen una estatua de un ciervo y el día de la fiesta le habían hecho como un traje blanco al ciervo y crea esa imagen como onírica, que no sabes qué carajo es… era una foto que me pareció bonita y, aunque no soy diseñador ni me dedico a esto, he visto mucha imagen y lo intento hacer lo mejor posible. Creo que las portadas de los dos discos tienen un cierto sabor característico, me gusta que las cosas que hago tengan una cierta conexión y que la gente pueda identificarlo. 

¿No crees que es paradójico que lo que llame la atención sea, precisamente, ver que todavía hay gente que os molestáis por hacer una buena presentación del producto? 

Luis Boullosa: Hombre, creo que es importante. Yo tengo 43 años y todavía me he criado con “el objeto”, ahora vivimos en otra fase que también me parece bien, pero en la cual vamos hacia el “no objeto” y el “no lugar”. El otro día veía a unos chavales rapeando en el parque con un móvil y, probablemente, las bases se las habían descargado en el mismo momento, es otro mundo… pero en mi mundo el objeto debe tener un peso aunque sea un CD, que es un formato que a veces se desprecia un poco porque hay CDs que son una mierda pero hay otros que están currados y, si alguien va a pagar 10 pavos, creo que hay que darle algo bueno. 

Escritor, periodista, músico… ¿Cómo compaginas todas las actividades que realizas? 

Luis Boullosa: Pues hoy, por ejemplo, llevo todo el día ordenando el escritorio (risas). En un libro que escribí mencionaba una frase de Steve Jobs que decía que el tiempo era lo más importante y que era gratis y eso es mentira porque el tiempo se paga. Pero, efectivamente, es lo más importante y precisamente nosotros nos fuimos a Portugal porque allí la vida es más barata y para sostenerte tienes que trabajar la mitad que en una ciudad como Madrid, donde estuve veinte años viviendo. Entonces, te retiras un poco del mundo, necesitas menos cosas y tienes más tiempo para utilizarlo como te parezca. A mí me cuesta organizarme, pero en este tiempo he hecho tres o cuatro discos con otras bandas, estos dos míos, he escrito dos libros, he sacado una revista de música… así que, efectivamente, incluso alguien desorganizado como yo, lo puede hacer. Otra ventaja de vivir aislado en un sitio rural es que, o haces algo o te mueres, necesitas tener proyectos, porque la contemplación de la naturaleza te llena un rato pero te puede volver loco. 

Me decías antes que ya tienes canciones para un próximo disco, ¿estás trabajando también en algún libro? 

Luis Boullosa: Sí, estoy con dos o tres ideas, pero no las tengo todavía muy definidas. Escribir, por lo menos para mí, es difícil, pero todavía es más difícil publicar, así que todo depende mucho de que la gente que me conoce, los editores que me han publicado u otros, tengan algún interés, porque tampoco te puedes tirar dos años a piñón con una cosa sin saber si va a tener una salida. 

Pero me imagino que, después del éxito de “El puño y la letra” y, sobre todo, de “Santos y francotiradores”, no tendrás problema para que te publiquen ¿no? 

Luis Boullosa: Bueno, de ventas funcionaron moderadamente y, de repercusión, creo que estuvo bien. Por lo menos, yo estoy muy contento con la recepción que tuvieron esos dos libros, porque creo que hubo gente, no sé si mucha o poca, a la que le gustó o, por lo menos, le interesó. De todas formas, yo sostengo que hace falta una renovación, que creo que se está dando, del periodismo en general y del musical en concreto; y yo pongo ahí mi pequeño granito de arena, porque estaba un poco cansado de que todo fueran biografías de Nick Cave, o “Las cinco mejores canciones de…”; Está claro que tiene que haber de eso y yo soy pro “coexistencia”, pero hace falta un nuevo periodismo. Cuando monté la revista Karate Press había personas que ya conocía y otros que me fui encontrando por el camino y vi que había cantidad de gente capaz de hacer periodismo sin caer en lo tópico y sin hacer lo de siempre. El problema es que luego esa gente, en su trabajo, vive bajo la exigencia de la actualidad, de lo “comprensible”, y en esta revista se hacían cosas interesantes que a veces salían mejor y otras peor. Yo estoy cansado de la narrativa de siempre, y no es que yo haga una cosa revolucionaria pero, por lo menos, intento ir un poco más allá. 

¿Crees que es importante dar hueco a todos y no sólo a los de siempre? 

Luis Boullosa: Ya sé que existe esa diferencia entre artistas comerciales y underground, pero yo creo que esa diferencia es artificial. Al final, yo puedo tirar por lo que me gusta, pero por eso está bien la revista, porque estoy yo, pero también están otras diez personas con otros gustos diferentes. A mí me dice la gente “no he escuchado un disco de black metal en mi vida, pero el artículo estaba de puta madre y me lo leí entero”… ese es el objetivo: puede que luego consumas ese tipo de música o no, pero la semilla está ahí. También es interesante porque ves que hay lectores muy inteligentes y a veces no nos damos cuenta de eso porque, como nos han contado que el receptor es idiota y hay que darle basura porque es lo que pide, nos lo hemos creído y eso es mentira, hay mucha gente esperando cosas mucho más refinadas de lo que se les da. 

¿Crees que, si existiera ese tipo de periodismo del que hablas, todo lo bueno que hay en la música estatal actual llegaría a más gente? 

Luis Boullosa: Es una pregunta difícil porque realmente no lo sé. Una de las cosas que hacemos con la revista y con los libros es tantear cuál es la amplitud de la estancia en la que te mueves; tú dices “aquí tenía que haber un montón de gente… ¿pero cuánta?” Lo que pasa es que, al trabajar muy desde el underground, tu capacidad para publicitarte y que te conozcan es muy limitada pero yo, francamente, creo que sí tendrían más salida, porque yo no soy Einstein y me he encontrado con cosas acojonantes y si yo me doy cuenta de que son la hostia, bien puestos en el sitio adecuado, debería ser reconocidos. Pero ahí tengo una dualidad, porque sé que hay gente muy inteligente y lectores perfectamente capaces de entender de todo y no necesariamente porque sean muy cultos, sino porque son abiertos de mente, pero también por otro lado creo que la tendencia general es a eliminarlos y que la gente cada vez pida cosas más masticaditas. Pero desde siempre ha sido así, y no creo que haya habido una época dorada de la alta cultura, siempre que te puedan hacer comprar una cosa que ellos fabrican de manera fácil, en cadena, y que es una mierda, al sistema le viene mejor. Yo ahora, que he estado haciendo todo esto, me he dado cuenta de que hay muchos núcleos de resistencia con gente montando cosas, pero uno de los problemas es que son núcleos aislados, y no vale con tener muchos puntos, sino que tienen que estar conectados. Ahí hay un problema y es que hay mucha gente que prefiere ser “cabeza de ratón”, que son reacios a crear una red más amplia y que están muy cómodos siendo el tipo que sabe de “no sé qué” en el pueblo de “no sé dónde”, porque eso le da un micro estatus con el que se conforma. Orphan records y Cosmic tentacles, con los que he publicado el disco, son gente que están sacando cosas muy potentes y son un claro ejemplo de esos “micro funcionamientos” que hay que ir interconectando. 

Es una pena ver todo lo bueno que se pierde por el camino por no poder, o no querer, hacer cosas como las que tú propones ¿no? 

Luis Boullosa: Lo que consume la masa es lo que está de moda… pero siempre ¿eh? No es que la edad de oro del rock n´roll lo fuera porque la música era mejor que ahora, sino porque era una cosa nueva, muy atractiva, en un contexto sociopolítico determinado y que se podía vender muy bien…y, aparte, era la hostia. Y ahora, estás intentando vender una cosa que es la hostia, pero el tren de la moda ha pasado hace tiempo… eso puede cambiar pasado mañana, nunca se sabe, pero exigiría una concepción de la cultura menos instantánea y más “eterna”, por llamarlo de alguna manera. Yo divago sobre estas cosas, trabajando en esa línea, pero lo que hago es intentar hacer mis artefactos y mis cosas de la mejor manera posible y que reflejen una serie de historias: lo que pienso, lo que siento, el lugar donde vivo… porque al final la parte del artista es esa, yo no creo mucho en el artista mesiánico que le cambia la vida a nadie porque, aunque nos lo hayan vendido, no hay tantos. Así que yo me atengo a mi trabajo…

 …Que ya es bastante, por lo que hemos visto estos últimos años. 

Luis Boullosa: Sí, estos años he estado muy hiperactivo, pero soy bastante tranquilorro y puedo desaparecer en cualquier momento. Lo de Broke Lord sí que quiero seguir llevándolo adelante porque me da muchas satisfacciones. Es la primera vez que he hecho un proyecto musical en que todo ha sido fluido porque, cuando no tienes banda, eliminas esos problemas inherentes a lo que es el funcionamiento de un grupo y todo fluye de manera más sencilla.

Zahara: "Primera temporada"

Por: Lorena España 

¿Un disco formado por cuatro canciones, las cuales todas son versiones de otras canciones? De primeras, puede echar para atrás la propuesta pero, sabiendo que Zahara está detrás, la curiosidad pica. Y, en este caso, no mató al gato o, al menos, no del todo. Porque "Primera Temporada", EP en el que la jienense pone su voz a cuatro canciones que suenan en series de televisión ("Narcos", "Por Trece Razones", "House" y "El Joven Papa"), resulta una agradable sorpresa. A ratos. 

"Senza un perché", utilizada en "El joven Papa" e interpretada por la italiana Nada, posee una personalidad bien marcada, con un descaro del que la versión de Zahara adolece, convertida en su dulce voz en una cancioncita bonita, sin más. No, no es una versión rompedora, al igual que tampoco lo es la de "Tuyo", el poderoso tema de los Narcos, cargado de pasión en la voz de Rodrigo Amarante pero no así en la de Zahara. Una versión correcta, agradable de escuchar pero, mientras que Rodrigo te pincha por dentro, Zahara te hace apenas una cosquillita. Dos versiones, en definitiva, que quedan descafeinadas. 

La cosa cambia con la llegada de la hipnótica "Teardrop", de Massive Attack, la cual conserva ese misticismo que impregnaba los créditos de House y que, en la voz de Zahara, baila sinuosa y oscura. No cambia mucho respecto a la original pero es que tampoco le hace falta. Zahara juega con elegancia con "Teardrop”", envuelta en unas pegajosas y atractivas tinieblas, como ya lo hizo la banda británica hace (¡uf!) 20 años. 

Pero el auténtico plato fuerte de "Primera Temporada" viene servido con la, cargada de personalidad, versión de "The night we met". El tema de Lord Huron que, para la versión de "Por trece razones" cuenta con la colaboración de la cantautora Phoebe Bridgers, es una canción brillante, melancólica, delicada, preciosa. Y en Zahara continúa siendo preciosa, sí, pero adquiere, gracias a su voz y a unos sintetizadores muy bien utilizados, una fuerza oscura y arrolladora que irrumpe de repente y te noquea. Esta versión, fondo musical perfecto para una huida de Once y Mike por los bosques de Hawkins, es el punto (muy) álgido, con diferencia, de un EP que sirve como pequeña golosina mientras esperamos el siguiente trabajo original de la mágica Zahara.

Cruïlla Festival, un éxito tras otro

Parc del Fòrum, Barcelona. 12, 13 y 14 de julio de 2018. 

Texto y fotografías: Blanca Solà 

Lo que diferencia el Cruïlla del resto de festivales es la miscelánea con la que se vive cada edición. Distintos estilos comparten escenario y conviven con un público fiel y heterogéneo. Esta vez, además, contamos con un día más, el jueves 12 de julio, donde el bluesman Seasick Steve, el cantante Jack White de The White Stripes y el cantante aragonés Bunbury fueron los encargados de inaugurar el festival con sus fieles seguidores. 

El segundo día pudimos disfrutar de un éxito sublime en cada directo. N.E.R.D, encabezado por Pharrell Williams, se encargó de hacernos bailar a ritmo de hip hop, funk y rock. El resto de miembros de la banda, Chad Hugo y Shay Haley, también animaron a sus fans hasta el punto de haber, encima del escenario, algunos de ellos bailando al son de sus bases. Los audiovisuales del trío también estuvieron presentes en un escenario, Estrella Damm, que destacó por su marina y espléndida decoración. Y como no podía ser menos, la banda iba acompañada de brillantes bailarinas y bailarines. Cantaron su último éxito "Lemon" (originalmente interpretado con Rihanna) y versiones que tenían como base las reconocidas canciones "Seven Nation Army" de The White Stripes, su exitoso "Get Lucky" (colaboración con Daft Punk) o "Hollaback Girl" de Gwen Steffany

Justo unos segundos después del final de N.E.R.D tocaba el turno de LP en el escenario Cruïlla enamora. Y no pasaría desapercibida. Su voz y ella destacaron por una inmejorable actuación. La afinación de sus agudos era envidiable. Un sonido delicado y romántico en cada nota, en cada sonido. "Into the wild" con sus silbidos impolutos y el ukelele entre sus brazos, "When we’re high" y su ritmo característico y "Lost on you" su mayor éxito fueron algunas de las maravillas que interpretó con un profundo sentimiento. Su banda la arropó en todo momento y se notaba una compenetración perfecta. Un buen final; tiró su armónica al público y recibió un globo de helio en forma de barco, como su reconocido tatuaje en el pecho. Grande Laura Pergolizzi

Prophets of Rage se encargó de transportarnos a las raíces de Rage against the machine, Cypress Hill y Public Enemy con los componentes de la banda. Con la camiseta del F.C. Barcelona como uniforme, fueron protagonistas de grandes momentos como el solo de guitarra que se marcó Tom Morello (RATM) con los dientes mostrando la parte trasera de su guitarra con el mensaje "Fuck Trump" y, en una segunda ocasión con "Catalunya lliure". Pudimos escuchar con mucha fuerza "Testify", "Fight the power", "Freedom" y "Killing in the name" donde el público acabó de enloquecer. 

Y del rock más enfurecido viajamos al pop más empedernido. Lori Meyers nos esperaba en el escenario Time Out. ¡Y qué espera! Los años van pasando y la puesta en escena va mejorando notablemente. Los audiovisuales marcaban el ritmo y la temática de cada canción que sonaba. Luces, collages e imágenes minimal enmarcaban el fondo tras la banda. "Evolución”" fue su tema inicial como crítica a la actualidad. "Mi realidad", "Luces de neón", "Emborracharme" o "El tiempo pasará" estuvieron en boca de todos sus fans mientras bailaban sonrientemente. Aunque el verdadero momento fanático fue con"“Tokio ya no nos quiere", el himno de sus comienzos que solo los amantes de sus primeros discos tarareamos y reconocimos con la primera nota. Bonitos recuerdos. Al final del concierto, Noni agradeció la acogida y esperaba volver muy pronto a Barcelona. Todos saludaron a su gente y nos regalaron momentos de complicidad con la ansiosa primera fila. 

Algunas de las últimas actuaciones estuvieron protagonizadas por The Last Internationale que dejó su marca rockera, mientras Damian Marley se movía a ritmo de reggae con canciones como"“Could you be loved". Y todavía quedaba un sábado que nos dejaría a todos con la boca más que abierta. 

Sin duda, el directo estrella por excelencia del 14 de julio fue el de David Byrne. Nunca una actuación tan minimal podía cautivar tanto a la gente que estaba ansiosa por verlo o conocerlo. Con traje gris y sentado en medio del escenario, con una simple mesa y nada más, inició su espectáculo con "Here" y un cerebro en mano. El origen, el comienzo de un viaje alucinante. Sus coros lo acompañaban con movimientos continuos y vestidos con el mismo traje. Y eso que el calor era insoportable. Seguidamente y para el resto de canciones, fueron apareciendo el resto de componentes. Once músicos para ser exactos. Percusión, teclado, guitarra, bajo, voces y todo lo inimaginable estaban en ese escenario, en movimiento, con David Byrne como cabeza, pero sin dar menos importancia a su banda. Era impresionante como las coreografías, las sonrisas, los movimientos y las miradas hacían partícipes a cada uno de nosotros con ganas de subir al escenario y formar parte de esa bonita familia. Fue impresionante escuchar algunos de sus temas siendo solista como "Lazy" o "Everybody’s coming to my house" de su último álbum "American utopia" (2018). O algunas de las canciones de su anterior grupo Talking Heads; "Burning down the house" o "Once in a lifetime". Todos tuvieron un papel especial encima del escenario y la hora y media de show se nos hizo cortísima. Realmente, uno de los mejores conciertos en cuanto a puesta en escena y música jamás vistos en un festival. 

Siguiendo con la puntualidad que caracterizó al Cruïlla, a excepción de Ben Howard que no quiso que su directo se solapara con el The Roots y lo atrasó media hora, el hip hop reivindicativo de la banda americana empezó en el escenario con fuerza y con todas las bases interpretadas en directo por los músicos. Ritmos noventeros para saltar y bailar con buen flow. 

Sin olvidar las bandas nacionales, La M.O.D.A (La Maravillosa Orquesta Del Alcohol), septeto acústico de Burgos, nos animó a lo grande con su folk alegre con aires marineros y la voz rasgada de David Ruiz. Canciones de su último disco "Salvavida (de las balas perdidas)" (2017) y otras como su inolvidable "Nómadas" sonaron bien arriba para que sus fieles seguidores no olvidaran la esencia de la banda iniciada en 2011.  Y, sin quererlo, llegó uno de los momentos más deseados de la madrugada: Justice. La electrónica del dúo francés rellenó de energía todo el espacio y los brazos de todos los asistentes estuvieron alzados sin fin. "Safe and sound" dio el pistoletazo de salida y fue empalmando con los grandes triunfos de la pareja. Era espectacular ver a los dos músicos, cada uno con sus mesas, mirando hacía un lateral y moviendo la cabeza al unísono. Las luces del escenario tambaleaban sin cesar como los cuerpos de todos los presentes. El festival consiguió temblar. "Genesis" o "D.A.N.C.E." fueron reconocidas desde el minuto cero y el ritmo no paraba. Pero el gran instante fue cuando los dos artistas se quedaron paralizados unos segundos, la famosa cruz del fondo del escenario se iluminó por primera vez y empezó a sonar "We are your friends". Culminación in extremis. Ahora ya podíamos descansar en paz.  

Y si queríamos seguir con la tónica de la música bailable, el techno de los hermanos Paul y Phil Hartnoll, más conocidos como Orbital y su puesta en escena con las reconocidas luces en sus cabezas, no tuvo desperdicio. Nos hicieron disfrutar hasta el último minuto y los cuerpos pudieron y quisieron aguantar hasta el final. 

Era el momento de decir adiós a una edición inolvidable y recordar, para siempre, los artistas que nos regalaron sus mejores notas, sus mejores canciones y sus maravillosas escenografías. Sin duda, un festival que engloba multitud de estilos y que mezcla dispares personalidades. Una tradición musical que, esperemos, nunca cambie.

Snow Patrol: "Wildness"

Por: Àlex Guimerà 

Mucho se ha especulado sobre la extinción del llamado brit pop, algunos pensamos que de todo ello fue responsable el giro artístico de Radiohead, que supuso dar un nuevo enfoque a la manera de entender el pop. Lo cierto es que tras el "OK Computer" y con el cambio de milenio surgieron bandas como Coldplay, Starsailor, Athlete, Doves o nuestros protagonistas Snow Patrol, cuya música pasaba por entender la vida desde la tristeza, unas guitarras rítmicas crecientes y una delicadeza e intimismo que contrastaba con la luminosidad y el desenfado que había precedido al género de las islas británicas. 

Y en ello la banda supieron dar el golpe con el que fue su tercero disco de estudio "Final Straw" (2003), con canciones tan estremecedoras como "Run", que mezclaba épica y sentimentalismo a partes iguales, una fórmula que repitieron en "Chasing Cars" ("Eyes Open", 2006) que se incluyó en la banda sonora de la serie "Anatomía de Grey", logrando el pelotazo definitivo. Luego llegaron las giras mundiales y el reconocimiento en Estados Unidos. Fue antes de que los norirlandeses perdieran fuelle sometiendo a su estilo a toques de electrónica y de modernidad indie. 

Así han llegado a finales de esta década con la publicación de un retrasado séptimo álbum - tras siete años de silencio discográfico - que con toda probabilidad sólo esperaban sus más fieles seguidores. Pero la verdad es que uno lo escucha y queda sorprendido con las nuevas diez piezas que a pesar de que no nos descubran nada de nuevo, no por ello desmerecen por su calidad. 

Aunque repiten con su productor clásico "Jacknife" Lee, el álbum suena maduro y trabajado, en unas letras que, conectando con su título, quieren "hacernos volver a recuperar el salvajismo en el buen sentido del ser humano"", según explica su líder Gary Lightbody. Muestra de todo ello es la sentida y con voces espectrales "Life On Hearth" que nos recuerda lo que debe ser la vida. El single de adelanto, "Don't Give In", fue escrito para describir la superación necesaria hasta llegar a esta vuelta, en un tono musical que mira hacia los ochenta. A la misma década recurren en "A Dark Switch",  donde juguetean con el synth pop y la música disco. 

"Empress" es como un calcetín girado de alguno de sus temas clásicos pues suena igual pero diferente: optimista y alejado del melodrama. La nota de esperanza la pone "Heal Me" que Lightbody dedica a su mujer por ayudarle a salir del alcoholismo. "A Youth Written In Fire" y "Wild Horses" (esta más elevada) nos recuerdan al Beck de "Morning Phase". El punto de contraste lo pone la balada "What If This Is All The Love You Ever Get?" con su piano solemne y letra solitaria. Un notable disco de retorno de una banda pop que vive de etiquetas del pasado y que ha sabido sobrevivir y navegar por el tiempo a contracorriente para poder reafirmar su propia identidad.

MadCool 2018: Festival de despropósitos

Valdebebas-Ifema, Madrid. 12, 13 y 14 de julio del 2018 

Texto: Oky Aguirre
Fotografías: Andrés Iglesias

La primera bofetada nos la llevamos después de las dos horas, con sus 38 grados, que nos costó llegar al recinto; nos habíamos ganado una cerveza, lástima que la camarera más antipática de Europa nos dijera que no tenía cambio. Así comenzó el primero de los disparates de un MadCool que quería crecer en importancia cuando lo que ha hecho es engordar sus arcas, durante tres días y encima delante de las narices de 200.000 personas. El encanto que puede tener un festival de estas dimensiones se desvanece cuando lo que predomina es el "todo por la pasta"; el "Take the Money and Run" de Steve Miller. La decisión de ampliar el aforo y cambiar la Caja Mágica, perfectamente conectada con el centro de Madrid y más accesible que el Ifema, no parece que se deba a una inquietud únicamente cultural. Si el año pasado fuimos testigos de la tragedia de Pedro Aunión –representado por un pabellón como homenaje de la organización- en este muchos pudimos asistir al conato de otra, cuando Massive Attack decidió cancelar su actuación, en un escenario hervidero en forma de túnel llamado "The Loop" que según pasaban los minutos se abarrotó, hasta que a las 3:15, y después de hora y media de espera, se decidió poner el anuncio de cancelación organizativo. Reconozco que pasamos miedo, ya que no se podía entrar ni salir, entre gritos enfurecidos y lanzamientos de vasos al escenario. Por lo visto la culpa era de Franz Ferdinand, que estaban dando un conciertazo en el escenario "Madrid te abraza", lo cual los amos del trip-hop no estaban dispuestos a compartir. Esto es lo que se llama un 2x1: mientras esperas un concierto te pierdes otro.

También me imagino la frustración de algunos al haber pagado 90 euros y no haber llegado a ver a Eels en su aparición rockera con "Out in the Street" de los Who seguido de un delicioso homenaje a Prince con "Raspberry Beret", en un concierto perfecto con canciones para ver caer el sol, presentando su último disco "The Deconstruction" con temas actuales como "Today is the Day" pero dando importancia a sus juguetes como "Novocaine for the soul", "My beloved monster", "I like Birds" o "Fresh Blood", aunque a mí me faltaron temas más dulces como "Fresh Feeling".

Antes pude gozar con la electrónica de unos chinos llamados Re-TROS, que en el escenario cerrado "Thunder Bitch" –uno de los 7 que había en un espacio de 18 campos de fútbol- tres portentos bordaron un concierto sin respiro; un batería incombustible a lo Keith Moon, una muchacha de porcelana, endemoniada con los teclados y un líder con guitarra dominando mil sonidos. Un poco lo contrario que los Fleet Foxes, cuyas melodías se disfrutan más en la intimidad que en un escenario principal. Luego me di una dosis de soul con Durand Jones and The Indications, muy rollo Earth, Wind and Fire con sus vientos y actitudes Curtis Mayfield; Tame Impala estuvieron con su colorido rollo psicodélico, lanzando hasta confeti, pero la sorpresa que me llevé con Yo La Tengo, casi lo mejor del primer día. Era imposible irse a otro sitio mientras veías a tres personas tan implicadas en hacer buena música, canción tras canción, destacando una Georgia Hubley en la percusión, que me recordaba a Moe Tucker de la Velvet. Después llegó Pearl Jam.

Para los que hayan visto a estos tipos de Seattle alguna vez, puede que haya sido otro concierto más. Para muchos fijo que ha sido uno de los conciertos de sus vidas, incluido yo. Sobre todo en lo que significa un puto concierto de rock: cuatro tíos comprometidos con sus canciones y con pasarlo bien, vital y emocionalmente. Los Pearl Jam hablaron con su repertorio. Hay pocas canciones que perduren tan bien como "Jeremy" y hay pocos grupos que las sientan como ellos, como si fuera una celebración, con un Eddie Vedder desatado y las guitarras de Gossard y Mike McCready enseñando que la cosa no va solo de aporrear y hacer sonar, sino de transmitir y hacer llegar. La furia y trascendencia de sus temas no ha perdido sino que ha reafirmado a los de Seattle como una banda ya legendaria en sus directos, sin rubor de situarles al lado de unos Led Zeppelin o AC/DC. "Even Flow", "Mind your Manners", "Do the Evolution", "Better Man" o "Porch" lo demostraron. Entre idas y venidas de Vedder bajando a saludar al público y unos cuantos brindis con botella incluidos, hubo un momento especial cuando salieron Bardem y Tosar en las pantallas gigantes con un mensaje contra la violencia de género, anunciado en castellano por Eddie, que dedicó a "todas las mujeres". El final vino con unos apoteósicos "Black" y "Rearviewmirror", joyas que dignifican el rock, cerrando precisamente con uno de sus himnos, "Rockin´in the Free World" de Neil Young.

Quería rematar con Justice, pero me fue imposible ya que ese siniestro "The Loop" estaba lleno hasta por fuera, en otra absurda elección de la organización en ubicar a artistas en escenarios pequeños cuando requieren más espacio y visión.

Viernes 13

Mejorando bastante respecto al día anterior, llegué justo con White Buffalo, al que con su country-rock californiano se le oía desde la entrada y que ya de cerca pude comprobar su dominio para alternar el folk más suave con las canciones más contundentes, muy a lo Bob Seger. Todo esto pasaba cuando comenzaron At The Drive In, aquella banda hardcore de los 90, que se pegaron un fiestón delante de todos nosotros, con una energía, sobre todo de un poseído cantante, que ya quisieran algunos jóvenes.

Antes de Jack White, me pegué una buena hora con dos grupos de chicas londinenses: The Big Moon, unas poperas bastante punks que bordaron una cover de Bonnie Tyler, y Goat Girl, mucho más sucias y rockeras, con violinista incluida. Aunque para chicas, la espléndida Nuria Graham, que me dejó pasmado; no sabía que teníamos una Courtney Barnett española, porque esta chavala de 22 años tiene un talento que se palpa y siente, haciendo de ese sonido lo-fi algo muy personal. Mientras esperábamos al ex líder de los White Stripes, pudimos presenciar unos cuantos temas de Snow Patrol y sus melodías impecables. Sabíamos que con Jack White lo de hacer fotos iba a estar jodido, pero no tanto, sobre todo para la prensa, que lo más cerca que pudo acercarse es a cien metros, por decisión del músico, auténtico triunfador de la noche, muy por encima de los Arctic Monkeys, relegado a un escenario menor por cuestiones mercantiles que todos conocemos y que en otras épocas indie dominaba el de Detroit con sus colores rojo, negro y blanco. En cambio, Jack White ahora es azul y ha venido para salvarnos de músicas pretenciosas y hacer que el blues y el rock perduren y evolucionen. Por eso puede afrontar un concierto del que se esperan las más grandes expectativas, que siempre cumple, y crear temas que ya son una incómoda revolución como "Over and Over", "Corporation" o el que sonó más glorioso "Connected by Love". Aunque lo que más se recordará fue su tremendo final, encadenando "Hardest button to button", "Ball and Biscuit" y el ya histórico "Seven Nations Army" de sus Stripes, de cuyo repertorio incluyó una emocionante y maravillosa "We´re Going to be Friends" que para mí fue lo mejor de todo el festival.

Con los Arctic Monkeys me pasó lo que ya me temía; no los soporto. Y eso que lo intenté, pero me rendí cuando víi a Alex Turner vestido como nuestro amado Nick Drake. Menos mal que terminé la noche con Alice in Chains, a los que prometo ver otra vez. Después pasó lo de Massive Attack. Espantoso

Sábado 14 

Hurray for the Riff Raff me supuso una agradable bienvenida, con un folk-rock y armonías doo woop acojonantes. Esta portorriqueña tiene un proyecto que hay que seguir. Se alternaba con el simpático gordito que es Rag´n´Bone Man, que con su banda y su vozarrón llenó de pop y soul el Mad Cool Stage, en el que pudimos escuchar su impresionante "Human".

Si el año pasado mi grupo favorito fueron las Deap Vally, el lugar en 2018 lo ocupan Kaleo; cuatro islandeses y seguro que colegas de la infancia, que hacen un blues rock más americano que la estatua de la Libertad. Me quedé acojonado de todas las canciones y del pibonazo de cantante, que unas veces silbaba dulcemente y otras parecía estremecer. Algo de eso le falta a Jack Johnson, un poco de energía y menos buenrollito o no repetir siempre la misma canción, aunque su concierto tuvo buenos momentos gracias a la compañía de un descojonante teclista y la visita de los Portugal The Man.

Demostrado quedó que los Queen of The Stone Age son unos grandes, siendo poseedores de unos temas eléctricos con un sello inconfundible pero que suena algo repetitivo y muchas veces monótono y predecible. Y que los Black Rebel Motorcicle Club no son aquel grupo que nos sorprendió por su fuerza sino unos auténticos plomos.

Con Depeche Mode queda patente que lo viejo aún tiene tirón. Ver a Martin Gore, Andy Fletcher y sobre todo a Dave Gahan, esa mezcla entre Freddie Mercury y Mick Jagger con voz de barítono y movimientos de pájaro, desarrollando toda una lista de canciones imperecederas, con una media hora principal impecable, nos dejó una buena sensación en el cierre de un festival que ya hoy mismo estamos olvidando.


Nicki Bluhm: "To Rise You Gotta Fall"

Por: Albert Barrios 

A lo largo de la historia de la música los discos inspirados en una ruptura sentimental han producido grandes obras maestras, dolorosos testimonios que logran sacar lo mejor de un artista en plena catarsis. Pero también ha servido de irregular desahogo para músicos que no encuentran su lugar en el mundfo, espiritualmente perdidos y en búsqueda de una inspiración esquiva y distante. El nuevo disco de Nicki Bluhm se encuentra sin lugar a duda en la segunda categoría. 

La separación de su marido Tim no fue solo a nivel matrimonial, sino que también rompió con su mentor musical y compañero de banda. Sumida en el caos y el desconcierto, también disolvió The Gramblers , su grupo estable durante los últimos 6 años, y para comenzar de cero se mudó de su amada Costa Oeste a Nashville. Asidua colaboradora en los últimos tiempos de gente como Phil Lesh, Ryan Adams o The Infamous Stringdusters , nada hacía presagiar que este tsunami personal desembocaría en un profundo giro musical. Establecida ya en Nashville y con la producción Matt Ross-Spang , Nicki ha grabado su último álbum de manera analógica en los Sam Phillips Recording de Memphis rodeándose de veteranos músicos como Ken Coomer (Wilco) o Will Sexton entre otros. 

Poco rastro queda de aquella chica que nos deslumbró en 2011 con el colosal "Driftwood",un refrescante "melting pot" donde cabían desde Linda Rondstat a Jefferson Aiplane,con el country rock y la mejor música de los 70 filtrándose a través de una voz tan cautivadora como madura. "To Rise You Gotta Fall" es un disco fallido : como todo gran artista es complicado que nos entregue un álbum decepcionante, pero el cambio de rumbo no colma ni mucho menos las expectativas creadas. Al contrario que con The Gramblers no existe química con unos músicos que saben lo que hacen pero que no ponen (o no les dejan poner) el corazón en ello. Sí bien es cierto que canta como nunca, las canciones (que le han servido como terapia) no acompañan : introspectivas , llenas de dolor y rabia , pero demasiados impolutas y sobreproducidas. 

La canción que da título al álbum es la mejor ejemplificación de la evolución de Nicki : reencarnarse en una suerte de nueva Dusty Springfield para aspirar al trono de diva que mezcla R&B, Soul y Country. Lo mejor del disco son "Things I've Done" (donde con la ayuda de una sección de metales nos recuerda a los Stones más negros) e "It's Ok Not to Be Ok", con los coros femeninos y el Hammond impregnando de Groove todo el corte. Firma con el omnipresente Ryan Adams un par de temas : "How Do I Love You", donde nos habla del divorcio y el posterior traslado con todo lo que conlleva, y "Something Really Mean". La única versión del disco es "I Hate You" del legendario Dan Penn, a la que le resta Soul para llevarla directamente al Country más puro. A Parte de esto , poco más, la verdad. Canciones que suenan amortiguadas, sin alma, con baladas como "Staring at the Sun" o "Last to Know", que en voz de cualquier estrella prefabricada del show business criticaríamos sin pensarlo dos veces. 

Un conjunto demasiado mainstream, todo en su sitio, totalmente calculado. Una sensación que mantengo (y aumento) viendo la presentación del álbum en directo ,donde la química con la banda es prácticamente nula .Siempre nos han gustado los músicos que arriesgan y escapan del encasillamiento, pero espero que este insospechado giro efectuado por nuestra californiana favorita sea fruto de un momento excepcional y no se convierta en norma general .Ya la echamos de menos.