Zenet: “Zenetianos”




Por: Txema Mañeru 

El malagueño tiene espíritu callejero desde que arrancó en 2009 con un arrabalero disco como “Los Mares De China”. Lo corroboró, en clase y estilo, con un segundo titulado “Todas Las Calles”. Su pasión principal probablemente sea  el jazz vocal de crooners como Sinatra, Bennett, Hartman, José Feliciano o Jimmy Scott, pero partiendo de ahí se ha acercado a los boleros, el tango, el swing & roll, el latin jazz, la bossa nova, la música cubana o el tango entre otros sonidos varios a redescubrir. 

Son muchos premios prestigiosos ha ido ganando desde sus comienzos musicales (es también actor y se nota sobre las tablas si lo has gozado en directo), entre ellos los Premios MIN de 2017 y 2020 a Mejor Álbum de Jazz por “Si Sucede Conviene” y “La Guapería”, respectivamente. Todos ellos han sido editados en El Volcán Música, al igual que este último, y varios de ellos han tenido una edición en vinilo que se puede conseguir en www.elvolcanmusica.com.

Una buena forma de acercarse a este intérprete es a través de este “Zenetianos” (El Volcán Música), su primer disco de duetos. En él desnuda aún más sus canciones callejeras, ya crudas de por sí, las que arropa por un rasgado tono que puede remitir a Tom Waits, Paolo Conte, Rafa Berrio o Chuck E. Weiss. La voz de la calle y la voz de la experiencia. Un Zenet al que le daba vergüenza el poder pedir a grandes cantantes, a los que admira, el que colaboraran con él. Suavizó el proceso la buena recepción de  dichos artistas, partiendo por el primer single junto a su paisano El Kanka. El tema elegido fue el "Me Gustas", uno de los más redondos de su disco de 2012, “La Menor Explicación”. Desnudo, hermoso y mirando hacia el sur con la buena trompeta de Machado.

El segundo single o adelanto nos traía a la primera de las muchas mujeres presentes en este disco y en las historias del particular universo “zenetiano”. Un universo que existe realmente y en el que es una placer vivir. Ella es Vanesa Martín y la composición escogida otro romántico éxito como "Contigo". El tercer adelanto es uno de mis temas favoritos, y por tanto también dueto e invitada, se trata de "Soñar Contigo", junto a la gran Silvia Pérez Cruz. Otra romántica y muy andaluza colaboración.

Muchos de estos temas solo han necesitado las voces y la siempre personal y especial guitarra de un José Taboada que le ha acompañado en toda su trayectoria prácticamente. Algunas canciones cuentan con la aportación de algunos instrumentos puntuales solistas, como la trompeta de Machado o el violín de Márquez. Pero hay más nombres de lujo entre las voces participantes, de las que me quedo con los que más me gustan y admiro. Es el caso de Miguel Poveda con su toque flamenco en "Qué Será", o Coque Malla en la pasada total que es "Quién Sabe".  Muy destacable es también la participación de Depedro en los aires jazz crooner de "Entre Tu Balcón y Mi Ventana", con un trombón y una guitarra muy brillantes. No bajan el nivel Xoel López, Javier Ruibal o Virginia Maestro, completando la lista de todos estos locos "zenetianos" los nombres de  Rozalén, Marwán, Marilia Monzón, Julia De Castro, Víctor Herrero y Pasión Vega. Una Pasión Vega que llena de pasión "Pura Envidia" con el genial piano de Pepe Rivero y la citada trompeta de Machado. 

Ya ves, muchas grandes voces y mayoría femenina. Por si fuera poco han hecho una película con la entrañable grabación y se ha estrenado ya en varias ciudades importantes, además de en su Málaga natal. Por cierto que Zenet sigue abriendo campos artísticos pues ahora tiene una importante obra pictórica que ya ha expuesto con bastante éxito de crítica y público. Aquí tenemos catorce temas que suponen un muy especial repaso a una trayectoria impecable que tendrá nuevos pasos y canciones el próximo año.

Entrevista: L.A.


“Me he redescubierto disfrutando con lo que hago” 

Por: Javier González 

No hay como un tortazo en la cara para espabilar y darse cuenta de que el camino correcto está mucho más cerca de lo que podemos imaginar. Una simple escapada a la sierra, estar en un paraje incomparable, rodeado de tu familia, con la calma y la certeza de que ir detrás del siguiente “sold out”, no es más que un espejismo que contribuye a fomentar una espiral de destrucción revestida de éxito; unas falsas apariencias disfrazadas de cantos de sirena en las que L.A. se vio sumidos durante el final de la anterior etapa del proyecto. 

Hoy el grupo capitaneado por Luis Albert Segura, más timonel que nunca, se echa a un lado, recogiendo la emoción y la necesidad de parar, respirar aire puro, mirar por la ventana, disfrutar de la naturaleza y de los suyos para entregar “Evergreen Oak”, un disco que conecta con el alma silenciosa que llevamos dentro para entregarnos un compendio de canciones, por momentos cercanas y casi confesionales, donde paradigmáticamente lo único que asoma es lo mejor de L.A. 

Contactamos con este viejo conocido recién salido el disco, recordando aquel instante inicial, donde andaba presentando el exitoso “Heavenly Hell”, para encontrárnosle disfrutón, jovial y realmente agradecido de haber recuperado la senda correcta, reencontrándose consigo mismo y entregando de paso un discazo que sus miles de seguidores sabrán apreciar a buen seguro. 

¿Cómo estás? ¿Qué tal va todo Luis Albert? 

Luis: Estoy muy contento, viviendo un momento muy feliz. Ando leyendo las reacciones de la gente con el disco y está gustando. Para mí es una victoria personal. Un reto asumido y sacado con nota. Poniendo en la mesa el timeline final del año, estar aquí hablando contigo sobre mi nuevo trabajo me parece ciencia ficción. Es algo a celebrar constantemente, casi como una boda gitana (Risas). 

En 2017 entregaste “King of Beasts”, un trabajo que musicalmente exploraba nuevos senderos, y en 2019 te lanzabas en solitario con “Amenaza Tormenta”. ¿Podemos afirmar que vienes de una temporada con necesidad de buscar nuevos caminos y experiencias? 

Luis: Aquí hay varios aspectos a tener en cuenta. Mi último trabajo se entregó en 2017 como L.A. y hasta finales de 2018 estuvimos de gira, haciendo todo lo que podíamos y más. Veníamos de ir a intentar conquistar Italia, Alemania y Francia. Todo muy loco, acabando exhausto, física y emocionalmente. Fueron diez años de sacar disco, hacer gira y de nuevo misma dinámica, cada con vez más sitios donde ir, con muchas expectativas. Después decidimos parar con L.A., hacer el disco en castellano. Más tarde vino la pandemia y toco estar recluidos en casa. Ahora pienso que no hice las como tenía que haberlas hecho, por aquel entonces sentía necesidad de hacer algo, pero de una forma totalmente diferente. No tengo nada que ver con el L.A. de 2017, he cambiado mi forma de ver las cosas. Ahora tengo una necesidad emocional y visceral de seguir transmitiendo lo que vivo y me gusta hacer, que no es más que hacer melodías y música. No voy por la venta de tickets, ni por likes ni los followers, ya no voy a conquistar a nadie. Y que dure muchos años esta sensación que defino como “malvivir de la música”, en el fondo es mi medio y lo siento de forma natural, porque cuando te dejas llevar por la vorágine de la industria, todo es voraz. A veces veo una imagen de esos coches que pasan por las carreteras eternas de Estados Unidos dejando la lata girando. Me he sentido como la lata, sin saber dónde estás. Me he sentido así. Ya no quiero. Si tengo que buscar un curro para seguir en la música, lo haré. Hace años quería llenar las mismas salas durante varias noches, ahora no tengo la necesidad que tenía antes.

“Evergreen Oak” es un disco que nace de una huida a la sierra de Tramuntana junto a tu familia, en plena pandemia, allá por el mes de Septiembre de 2020. ¿A qué se debió? ¿Las canciones fueron buscadas o surgieron sin más? 

Luis: Diría que el disco vino después de plantearme huir. Sentí la necesidad de hacerlo tras el confinamiento, después de las primeras salidas a la playa, viendo que Palma ciudad tenía un ambiente de inseguridad. Quiero situar al lector para que vean porqué me fui a la montaña. Lo necesitaba. Soltar a los niños, quitarme la mascarilla, dejar los contagios de lado y las noticias. Quería dejar de ver a gente mirándome mal por no echarme gel. Necesitaba irme. La excusa fue grabar el disco nuevo de L.A. Engatusé a toda la gente de mi agencia, Emerge, también a Miguel de Altafonte. Les dije que me iba a la sierra y que era imposible no volver con el disco bajo el brazo. En mi interior pensaba más me vale volver con algo grabado, porque me iba tres meses a una cabaña de puta madre con la familia, pero necesitaba entregar el trabajo que justificara el gasto. Casi la necesidad de huir era primero y la excusa fue el disco. Muchos amigos me odian por ello. El adelanto de distribución fue un farolazo para ir a un sitio privilegiado. Bendito farolazo. 

Lo digo porque a lo largo del mismo se trasluce una sensación de calma y de que todo fluye, que no es muy habitual cuando se escuchan discos. 

Luis: Estoy de acuerdo, me gusta que me lo digas. Es realmente lo que pretendía sin tener nada preconcebido. Una vez llevando un mes y medio en la casa, recuerdo pensar que necesitaba que la gente se acercara a lo que yo sentía allí. Era la libertad. Fantaseábamos con la idea de que los seguidores pudieran visitar la casa, comer con nosotros y que pudieran entender todo el disco. Es inviable evidentemente. Una locura. Tú escuchas “Spend My Time”, ves la portada y quiero que te pierdas en el bosque de la portada, algo que hice personalmente con mis hijos y mujer. Esa sensación tan necesaria. Estamos tan necesitados de espacio. Me gustaría que el oyente escuche el disco en casa y cierre los ojos para oler a pino mojado. 

“Spend My Time”, quizás es la perfecta definición de todo lo que comentas.

Luis: Sí, la elegí, como adelanto porque creía que era el primer guiño a lo que viene después. Creo que es un golpe en la mesa para decir el disco os llevará a este sitio, dejaros llevar. Abrir la puerta y sentiros en mi jardín. Me gusta lo que dices. De momento vamos muy bien con la entrevista. 

Las primeras frases son muy descriptivas. 

Luis: Lo primero que transmito al principio del disco es donde estoy, lo que quiero a mi familia y también al oyente. Creo que es importante decirnos las cosas. Quiero mucho a la gente y me parece importante sentir y hacer sentir. Es una buena carta de presentación. 

¿Crees que es el disco en el que más se muestran todas las facetas de lo que son las canciones de L.A.? 

Luis: Tiene sentido porque he sido muy libre en este disco. No solo a la hora de tomar decisiones. No he tenido un mediador. He recibido la inspiración que es algo muy hippie como el amor a la montaña, a la tierra y a mi familia. Las dos cosas que tenía generándome sensaciones. No ha habido productor, ni ingeniero, ni músicos ni mánager. Yo solo con un ordenador, tarjeta de sonido y protools. Cero. Casa con lo que dices. Es puro. Soy yo. Son doce canciones que te llevan a mis recovecos. Hay cosas muy abiertas y otras canciones que soy yo solo con una guitarra. Es muy puro, a riesgo de que a la gente no le guste. De momento vamos bien, la gente está contenta. Nadie me ha hablado de impostación. 

Entiendo, de hecho si le quitáramos ciertas capas, quizás solamente fuera un disco de folk. 

Luis: Tal cual, la verdad. Si el folk lo desnudamos y describimos como algo de la tierra, orgánico, sencillo y simple. El folclore no deja de ser algo con guitarra y tambor, muy básico. Este disco está criado con los pies dentro de la tierra. Ha habido pocos medios para grabarlo, no quise tener más. Lo concebí como guitarra y voz. “King of Beast” no era un disco folk, todo lo contrario. Era un disco pensado para tocarlo en festivales. “SlntFlm” también. Este disco se parece a mis tres primeros discos, los que nadie conoce. Aquello era yo en casa de mis padres, en la habitación de mi hermana, con cuatro pistas, que en realidad eran dos, tirando de micro y guitarra. He vuelto a eso disfrutando. Es la base de toda esta historia. No hay más. 

Qué preciosidad es “Judy”, puro pop hecho canción. 

Luis: Sí, es pop o quizás folk. Está Dylan o Woody Guthrie. Es difícil tomar la decisión de dejarla desnuda. Y más ahora que abres el ordenador y tienes lo que antes eran millones de dólares en reverbs y compresores. Renunciar a eso, dejarla con una guitarra, bombo, caja y plato, con un bajo y la voz de mi mujer es riesgo. Es el riesgo de dejarla y que pueda quedar sosa. 

¿Te acuerdas de los tiempos de “Heavenly Hell” donde comenzaste a contar con el cariño y reconocimiento de un público sensiblemente mayoritario? 

Luis: Sí, hay un L.A. de casi seis años de carrera, con tres discos, uno de ellos doble. Mis colegas de Mallorca, que conocen la discografía, me dicen que este disco podría ser la continuación de “Welcome Halloween”, mi tercer autoeditado. Todo cambió al hacer “Heavenly Hell” que cayó en manos de Universal y el resto es historia. Ese Luis Albert de casa de mis padres sigue estando ahí. Me he redescubierto disfrutando de nuevo. 

Te veo convencido de que el gran público conozca al L.A. de antes. 

Luis: Más que probable, cuando das la vuelta al círculo, te das cuenta de dónde has estado y donde estas mejor. Quiero pensar que será así. Puede que me dé por hacer un disco de electrónica. Ahora mismo estoy muy cómodo aquí, es mi sofá de toda la vida. Me gusta estar aquí. No lo voy a vender porque es tan cómodo. Llevo muchos años con este sofá y estoy cómodo. 

¿Te ha dado tiempo a colarte en festivales y conciertos para este año? 

Luis: Va a haber en directo, pero menos de lo que pensaba. Vivo al día desde hace un año. Vivo con lo que tengo. Hay promotores intentando crear eventos con grupos del año pasado. Llego muy tarde, con disco nuevo cuando se debe bolo a alguien todavía del año pasado. Es el año de escuchar el disco y que vaya a tu casa a tocar con la acústica. El año que viene será el de tocar con banda.

Alan Lomax: "La Tierra Que Vio Nacer El Blues"




Por: Txema Mañeru 

Tan solo con ver el título de este fascinante libro y saber que viene con la garantía de Libros del Kultrum es darse cuenta que estamos ante un trabajo muy especial y en el que merece la pena sumergirse. Si a esto sumamos la firma del más grande folklorista y etnomusicólogo de todos los tiempos, como es sin duda Alan Lomax, pues ya tiene un libro de lectura obligada. Sobre todo si te gusta la música folk y blues, que es de lo que trata este apasionante libro y de lo que se encargó Lomax en sus casi 90 años de vida.

Una obra así tenía que pasarse al castellano y de ello se ha encargado está gran editorial que no tiene un libro por debajo del notable aún en su cada vez más creciente y recomendable catálogo, como puedes comprobar si te pasas por www.librosdelkultrum.com  y también si lees habitualmente las páginas de El Giradiscos, pues nos hemos hecho eco de la gran mayoría de sus publicaciones. Recientemente andamos aún flipando con el libro de "Letras de Nick Cave", al igual que con las biografías de la gran Aretha Franklin (muy polémica, pero jugosísima) o Chris Frantz, el hombre de Talking Heads y Tom Tom Club. También más que recomendable la de otro nombre clave en toda la historia de la música negra como es Quincy Jones. Un Quincy que recomienda encarecidamente, por cierto, este libro. Estas son sus sabias y acertadas palabras. “Lomax pasó su vida explorando, grabando y escribiendo sobre las músicas de origen estadounidense. En La tierra que vio nacer el blues se remonta a los orígenes del blues narrarnos las vidas de algunos de sus primeros rapsodas, y, a su vez, a aproximarnos a su historia y a su obra a la luz de sus conexiones con la cultura africana”.

Pero aún mejor es que un prestigioso músico y productor, en principio alejado de estas músicas, como Brian Eno (Roxy Music) sea otro claro defensor de su lectura. “Sin Lomax es muy probable que no se hubiera producido la explosión de blues ni, por ende, el nacimiento del Rhythm & Blues, ni los Beatles, ni los Stones, ni la Velvet Underground”. Si era más normal la defensa que ha hecho de Lomax y su libro un fanático del blues como Mick Jagger, aunque también emocionan sus palabras. “Una preclara, penetrante y multidisciplinaria perspectiva de los extraños y crueles orígenes del blues, brutalmente lacrimógena”.

Al margen de estas opiniones Lomax fue un infatigable cazador y recolector de canciones. Para ello transportó equipos de grabación a través de recónditas poblaciones y bosques remotos, trepando a los porches de las cabañas de los aparceros y apostándose en los altares de las iglesias y dondequiera que la música sonara. Entre sus producciones más tardías se encuentra la premiada serie de televisión, producida por la PBS en 1990, “American Patchwork”, así como la prodigiosa base de datos que dio en llamar “The Global Jukebox”, que produjo por encargo este “Cazador de Canciones” para los departamentos de antropología de la Universidad de Columbia y de Hunter College. Ya en los 30 y los 40 se adentró en las más recónditas tierras del Delta del Mississippi para buscar las fuentes más puras del blues. Un luchador polémico que fue hasta perseguido por el FBI. También suscitó controversia y críticas por editar incontables recopilaciones de canciones populares o por ser excesivamente purista. El caso es que tuvo los huevos o las agallas o las dos cosas para sumergirse en pleno sur de los USA en los más duros tiempos y dar a conocer sus atemporales lamentos al público blanco. ¡Sólo por eso merece todos mis respetos y grandes elogios! Por algo está obra se hizo con el Premio Nacional de la Crítica estadounidense. Fue el artífice de que se conocieran los primeros temas de nombres vitales en el género como Leadbelly, Fred McDowell, Muddy Waters, Charley Patton, Pete Seeger, Son House, Robert Johnson o Woody Guthrie entre muchísimos más. Para ello se jugó el pellejo en más de una ocasión en esos territorios todavía muy racistas pero que en aquellas épocas lo eran aún más aunque parezca increíble con lo que estamos viviendo en los últimos y también crueles tiempos.

Tenemos aquí confesiones y emocionantes conversaciones clandestinas con músicos, aparceros, presos, pistoleros y arrieros, en muchos casos casi esclavos todavía. Así nos va mostrando cómo cambió no solo la forma en que toda la nación escuchaba su propia música, sino también la propia forma de ver y entender su país. Aquí está toda la verdad de la cultura afroamericana y toda su música que partiendo del blues encontró otros estilos apasionantes como el soul, rhythm & blues o rock’n’roll. En definitiva 450 páginas de formato ancho, a doble columna, al estilo del de Nick Cave. Buenas fotografías de músicos conocidos pero también otras históricas con personajes anónimos. Muy acertado el poner un buen montón de letras de clásicos del blues. Capítulos destacados son el primer y más extenso “Se me partió el corazón”, pero también muy buenos “Bluesmen” o “Big Bill del Blues”. Muy buenas recomendaciones encontramos en el apéndice “Breve Discografía”, en el que además se nos habla de la reedición de las obras de Lomax por parte de Atlantic Records. Lágrimas en su redacción y en las palabras de sus protagonistas, pero también en su emocionante lectura.

Zahara, yonkis de su cariño


Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza. Sábado, 19 de junio del 2021

Texto y fotografías: Javier Capapé

Cada vez que veo en directo a Zahara me siento más enganchado a ella. Soy más yonki de su música y de cómo viste sus canciones en cada nuevo paso que da. Esta “PutaGira” se presentía diferente a lo visto anteriormente en los directos de la ubetense. Un paso más allá, como su disco. Pero también sentía que el riesgo de llevar a escena esas canciones de marca industrial iba a ser un reto quizá demasiado complejo para la artista. Estaba muy equivocado. Su duradera alianza con Martí Perarnau IV, con el que comparte protagonismo en _Juno, le iba a facilitar la adaptación de estas complejas estructuras y ambientes electrónicos de sus más recientes composiciones para llevarlas a un directo donde nos dieran mucho más si cabe. Las bases programadas se iban a imponer, pero el verdadero reto lo íbamos a encontrar en la adaptación de sus antiguos temas a estos mimbres o en la reformulación de algunas de sus más recientes criaturas desprovistas de su pátina digital.

El que se acerque a un concierto de esta gira de Zahara se va a encontrar con algo nunca antes visto en sus directos. Con una más que interesante nueva versión de la artista. La verán tocar la batería, acariciar con delicadeza su acústica, fragmentar su voz gracias a su mesa de efectos, rapear con soltura, reconfigurar la copla y bailar de forma desatada para envidia de todos los presentes en estos tiempos que corren necesitados de menos control. Y todo desde la más absoluta profesionalidad, porque Zahara no deja ni un cabo suelto. Tiene medida su actuación para provocar las emociones que quiere despertar en el espectador. Nos hace partícipes de cada una de sus composiciones para que las vivamos desde dentro y consigue que el grito de “puta” sea compartido, o más bien que ahora sea nuestro.

Tras escuchar enlatadas “María de la O” y “Ay pena, penita, pena”, el trío que conducirá el espectáculo, con Zahara en el centro escudada por Manuel Cabezalí (guitarras, bajo y sintetizadores) y Martí Perarnau IV (teclados y programaciones), nos introduce en una primera parte bajo el ritmo de las baquetas de la ubetense dirigiendo “Flotante”, tema que abre también su último disco. Las canciones de “Puta” que escuchamos en esta primera parte suenan fieles a como están registradas en su grabación original, pero aquí la sorpresa reside en ver cómo adaptan algunos de sus clásicos de los anteriores “Santa” y “Astronauta” (únicos discos en los que hará escala la artista más allá de las once canciones de “Puta”). Así sonarán con un bajo dominante “Crash”, en una versión mucho más minimalista pero cruda que la original, “Inmaculada Decepción”, con una guitarra al más puro estilo The Cure, “El fango”, en una variante electro rock, o la infalible “El deshielo”, que empieza con un ritmo machacón donde se le ve disfrutar como un enano a Martí para terminar con su coda final de una manera casi angelical adornada con poco más que el trío de voces presentes en el escenario.

Junto a estos músicos acompañan a Zahara para dotar de cierta teatralidad a algunas de sus canciones Olga y Sara, las dos backliners-bailarinas que juegan un papel muy relevante en temas como “Ramona”, donde despliegan los estandartes que enarbolan el provocador título de este álbum mientras Zahara se desgañita con ese spoken word que funciona como un vómito de tanto dolor guardado y que ahora comparte para que deje de hacerle mella. Esta fantástica primera parte del show, que combina sus canciones más recientes con reinterpretaciones más electrónicas de sus clásicos, termina explicando lo que le ha llevado hasta aquí. Al acabar la interpretación de “Médula” María Zahara Gordillo se dirige al público por primera vez para contarnos lo difícil pero liberador que es cantar para ella estas canciones. Nos pone en situación y nos hace ver por qué se define como “yonki del cariño ajeno”. Necesitada de esos chutes de amor que eran para ella sus conciertos y que al no poder tocar en este año y medio pasado descubrió que no era capaz de proporcionarse ese amor. Nos llega a odiar porque la música se había convertido en su cárcel a pesar de ser su pasión. Palabras totalmente sinceras, cargadas de sentimiento y perfectas para arrancarse con “Taylor”, una de las canciones más acertadas de su cosecha reciente.

El fondo del escenario, dominado hasta ahora por unos pequeños paneles luminosos, se torna más íntimo con unos focos que lo iluminan como si se tratara de una modesta sala de conciertos. Comienza así una segunda parte acústica, mucho más íntima, donde Zahara se nos presenta sola con su acústica para transformar “Negronis y Martinis” y demostrarnos una vez más que sus canciones funcionan perfectamente desde su enfoque más básico por muy provistas de artificio que aparezcan en sus discos. Con Martí afronta a dúo, con la única ayuda del piano, “Guerra y Paz”, y es que no por tratarse de la presentación de un disco con una producción tan compleja no es capaz de llevarnos también hacia la desnudez durante las dos horas de actuación. Para “La Gracia” entra también Cabezalí, que consigue mutar en atmosférica gracias a su guitarra envolvente esta pequeña joya que contenía “Santa”, terminando el bloque con “Sansa” y sus adictivos toques al naturalismo minimalista de Bon Iver, con cierto ruidismo desde sus compases iniciales, pero concluyendo de una manera mucho más desabrigada que en el disco gracias a terminar comandada por la guitarra acústica de nuestra protagonista.

Los focos casi de ambiente cabaretero se transforman ahora en espejos que proyectan la imagen de un club o discoteca donde transcurrirá la última y más desenfrenada parte del show. Las dos bailarinas acompañarán a la artista jienense en sus desaforados bailes desde “Joker” hasta la celebrada “Berlín U5”, pasando por la confesional “Merichane” (con todo el público entregado en cada verso) o la reivindicativa “Hoy la bestia cena en casa”. Todas ellas respirando una intencionalidad de pseudo-rave desbocada que permite que las canciones crezcan y se alarguen hasta la extenuación, principalmente “Hoy la bestia cena en casa”, donde vuelve Zahara a ponerse al frente de la batería con gran precisión y llega a dar rienda suelta a un potente solo de guitarra en manos de Manuel Cabezalí, o “Berlín U5”, que cierra con el protagonismo de Martí Perarnau IV como pinchadiscos y comandante principal de este barco electrónico en su mejor noche como residente.

La ovación es unánime e incesante, lo que les lleva a preparar rápidamente el cierre a modo de bis con la disposición de un triángulo de espejos en el centro del escenario entre los que se encierra Zahara bajo un vestido que nos cuenta que está diseñado por Moisés Nieto con servilletas y manteles de su casa de Úbeda para hacerlo único y representar todo ese poso vivido desde su familia imprimiendo carácter a la artista. Así afronta “Dolores”, su personal reinvención de la copla que estremece poniendo la guinda al directo y al disco que viene a presentar en esta personalísima gira.

Este es el fin, pero lo vivido en el interior de cada auditorio o escenario donde recale esta “PutaGira” no terminará aquí. Volverá una y otra vez a rondar por nuestra cabeza, nos perseguirá de forma recurrente como uno de esos recuerdos imborrables de nuestra memoria, nos hará empatizar con el prójimo mientras nos sentimos más libres que nunca en esta especie de catarsis con la que exorcizar nuestros miedos y renacer. El mismo efecto que nos proporciona “Puta”, pero a una escala superior que definitivamente nos convierte para siempre en yonkis de su cariño.

Entrevista: Love of Lesbian

«Lo que queríamos era no transitar por el mismo camino por el que habíamos pasado con ‘El poeta Halley’».

Por: Sergio Iglesias

Ya han pasado unos meses desde que Love Of Lesbian fueran noticia por un histórico concierto ofrecido en el Palau Sant Jordi sin distancia de seguridad, pero al que el público debía acudir con mascarilla y habiendo pasado previamente una prueba de antígenos. Un experimento sociológico que sirvió para demostrar que se podían llevar a cabo conciertos sin ningún peligro y que ha servido como inspiración para otras iniciativas que han llegado después.

En lo meramente musical, la banda catalana también ha sido noticia por la publicación de su último trabajo, “Viaje épico hacia la nada”, un disco en el que Love Of Lesbian buscaban experimentar nuevas fórmulas musicales sin perder su sello característico. Para hablar de todo, hemos estado charlando con el guitarrista Julián Saldarriaga. 

¿Cómo afrontabais este nuevo trabajo después de un disco tan potente como “El poeta Halley”, seguido de una larga gira con “El gran truco final”? ¿No teníais la sensación como de que ya lo habíais hecho todo?  

Julián Saldarriaga: Precisamente, lo que queríamos con este disco era no transitar por el mismo camino por el que habíamos pasado con “El poeta Halley”. De algún modo, mirábamos hacia un extremo opuesto, buscando el otro lado de la moneda para ver qué podíamos encontrar. 

Ya desde la portada, por ejemplo, buscábamos algo más sobrio, más sencillo y menos recargado de colores, y el trabajo de Javier Jaén era perfecto, ya que, con muy pocos elementos, acaba dando un mensaje bastante contundente, y en eso queríamos que se basase el disco. 

Si te fijas en el metraje de las canciones, también son más cortas que en “El poeta…”, donde había canciones de nueve minutos, porque la lírica tenía mucho protagonismo y en “V.E.H.N.”, en cambio, queríamos que música y letra estuvieran al mismo nivel. 

La estructura de “El poeta Halley” tenía una facturación interna más complicada con intro, una estrofa, un puente, un preestribillo, estribillo, otro puente después… y en este disco buscábamos que fueran más directas y que el hilo conductor interno fuera como un mantra. Poco a poco, hemos ido concibiendo ese mensaje tocando todos esos cables y a los lesbianos nos ponía cachondos no repetir fórmulas que antes ya habían funcionado… incluso la metodología de la grabación ha sido diferente, ya que hemos trabajado muchos meses antes grabando demos en el estudio, en vez de trabajar cada uno en su casa.   

Es curioso esto último que me cuentas porque, últimamente, me estoy encontrando con que cada vez es más habitual que las bandas trabajen por separado, ¿y justo ahora, vosotros empezáis a hacer lo contrario?

Julián Saldarriaga: Es maravilloso que seamos tan anómalos, es algo ya como de banda absurda (risas).

Lo que se ve en este “V.E.H.N.” es que, a pesar de que, como me comentas, habéis buscado cosas diferentes, se mantiene intacto el sello “Love of Lesbian”…

Julián Saldarriaga: El otro día me preguntaban cuáles eran las grandes victorias de la banda a día de hoy y lo que me viene a la cabeza es que estamos tremendamente satisfechos por poder seguir grabando discos después de más de 20 años de carrera y, encima, en un momento en que es complicado hacerlo e incluso ser número uno en ventas con un estilo tan alejado de lo urbano o a las modas que reinan actualmente. 

Creo que tenemos todavía esa curiosidad infantil de cuando cogíamos la guitarra por primera vez y en la banda no hemos perdido esas ganas de disfrutar y “jugar” con la música.

¿Podríamos considerar un tema como “Catalunya bondage” como la muestra máxima de ese ansia por seguir jugando con la música, saliendo de vuestra zona de confort?

Julián Saldarriaga: Antes de empezar con el disco, Santi y yo hablamos mucho sobre lo que sentimos o sobre lo que queríamos hacer y le dábamos muchas vueltas a la parte estética y conceptual. Hacía tiempo que probábamos cosas diferentes que no tenían nada que ver con LOL, pero nos dimos cuenta de que no habíamos trabajado mucho el sentimiento de la rabia. Así que era un buen momento para probarlo, porque veíamos que era algo que reina en la actualidad.

Esa rabia nosotros la sentimos cuando se polarizan tanto las opiniones y, en el caso de “Catalunya bondage”, es evidente que estos últimos años ha sido un poco pesado vivir aquí y notar esa tensión con tus vecinos, y es lo queríamos reflejar en esta canción. Es cierto que en el disco ya estaba presente la idea de la rabia o la desolación, pero en este tema tenía mucho peso el mensaje político en el sentido de “¡cómo les gusta a los catalanes que les metan caña!” (risas). Además, entre nosotros hay diversidad de opiniones políticas y no todos pensamos lo mismo, lo que nos permite ver el tema con una cierta distancia. 

Nos apetecía muchísimo poner esa imagen del castigo y la sumisión y mostrar que todavía hay gente que se siente cómoda en el “bondage”… ya sabes, la típica cara de Love of lesbian de afrontar ciertos temas desde una perspectiva un tanto curiosa. 

¿Cómo os afectó la marcha de un "lesbiano" de toda la vida como JoanRa? 

Julián Saldarriaga: Lo cierto es que llega un momento en que nos habíamos ido distanciando, algo normal después de tantos años y la decisión que tomó es perfectamente respetable y, para nosotros, siempre será parte de la banda. 

El disco, por cierto, también habla mucho de eso: del coraje o la valentía que hay que tener para dar pasos o para tomar decisiones que muchas veces son duras, y llegamos a la conclusión que peor que dar esos pasos, es el inmovilismo. De hecho, desde el anterior disco, también ha habido otros cambios en la banda, como dejar la oficina de management donde habíamos estado los últimos años… son pasos que te van a ir acompañando en forma de cicatrices el resto del trayecto y eso hay que asumirlo y así lo queríamos reflejar en el disco. 

De todas formas, supongo que la transición habrá sido más sencilla teniendo a Ricky (Falkner) en la recámara ¿no?

Julián Saldarriaga: Ricky en realidad siempre ha estado ahí. Los que conocen a LOL saben que, aparte de ser productor, ha tocado muchas veces con nosotros, y por eso, el cambio a Ricky no ha sido nada traumático ni se ha visto como una anomalía, porque siempre estuvo ahí. La verdad es que sí nos ha facilitado todo, porque se nos habría hecho rarísimo hacer un casting para buscar un bajista.

“V.E.H.N.” comienza con un tema absolutamente desolador, que podía haber condicionado el resto del disco. Sin embargo, os sobreponéis y el tono va haciéndose cada vez más luminoso, hasta terminar en un tema tan positivo como “El paso”… 

Julián Saldarriaga: El disco queríamos empezarlo con este sentido de desolación, con una producción de reverbs en las que el espacio se hace amplio y el protagonismo de la persona que lo vive es más pequeño; de ahí viene ese sonido de los 80 que nosotros identificábamos con el tipo de emoción que exprimían grupos como The Cure, por ejemplo. 

La idea era que, tema a tema, se fuese abriendo todo para dejar entrar un poco de aire, y el sentido de dar pasos del que te hablaba antes, en este caso, es la decisión o el paso que da un amigo para quitarse la vida. 

Pero, poco a poco, el mensaje de las letras va más en la dirección de tomar decisiones que te lleven a una evolución hasta “El paso”, con la que cerramos el disco y en la que todo es más acústico. 

En una entrevista anterior que os hice por “El poeta Halley”, hablábamos de que en la nota que Iván Ferreiro hizo de aquel trabajo, decía que era vuestro disco más maduro, pero me temo que eso mismo se podría decir ahora de éste y, seguramente, de todos los que vengan. ¿Vais buscando conscientemente esa madurez, o es una cuestión de edad y experiencia?  

Julián Saldarriaga: Es algo inevitable. Los años y el bagaje y la destreza en el oficio que vamos sumando van haciendo que tu hacer te lleve a eso.

Ya hace unos años tuvimos una conversación en la que tomamos la decisión de ir abandonando la parte más cómica y cabaretera de la banda, porque veíamos que se estaba comiendo otra parte que era imprescindible, como es la parte más personal y seria de nuestra discografía. Parecía que la gente solo veía lo de los disfraces y, llegados a los 40, nos apetecía reconducir nuestra carrera a un lugar donde nos sintiéramos más cómodos y no tuviéramos la sensación de ser aquel payaso triste que llega a casa cansado con la cara pintada y empieza a desmaquillarse mientras llora.  Queríamos estar más acordes a la serenidad que aporta la edad… y las canas que ya empezábamos a peinar (risas).

En cuanto a la producción, ahí no encontramos grandes sorpresas porque habéis trabajado con vuestro equipo habitual…

Julián Saldarriaga: La verdad es que la idea era, como te decía, no repetir la fórmula y habíamos hablado con santos & Fluren de probar otras cosas, haciendo un trabajo previo juntándonos desde las demos y, al final, con el mismo equipo, hemos llevado a un punto extra lo que queríamos conseguir. A ese equipo hemos sumado la coproducción de Martí Perarnau IV y Alejandro Acosta en dos temas.

Hablando de Martí, se está convirtiendo en un músico muy demandado. Vosotros, que  habéis visto su evolución y su crecimiento como artista, ¿esperabais que llegara a este punto en el que se encuentra ahora? 

Julián Saldarriaga: Martí eligió su camino hace unos cuantos años y los que caminamos a su lado hemos ido disfrutando y aplaudiendo ese proceso. Ya ha pasado mucho tiempo, pero todavía me acuerdo de aquel momento que hizo el primer disco de Mucho y que iba con mucho miedo, probando su voz y tomando chupitos de tequila para envalentonarse (risas). La verdad es que, como amigo suyo, me alegro muchísimo de todo lo que le está pasando y siento una gran admiración por su trabajo, así que, cuando le contamos lo que queríamos de esa canción (“Viento de oeste”), supo perfectamente qué tecla es la que había que tocar para conseguir el resultado que esperábamos.

Ya han pasado unos cuantos meses desde el famoso e histórico concierto en Sant Jordi. ¿Cómo vivisteis todo aquello?

Julián Saldarriaga: Pues mira… hubo de todo. Cuando nos hicieron la propuesta por primera vez, llevábamos unos meses recibiendo mensajes, desde las administraciones y desde el mundo sanitario, de extremar las precauciones y de mantener distancia de seguridad; sin embargo, lo que nos proponían era lo contrario y, por eso, nuestra primera reacción fue decir que no. 

Pero después de la reunión que tuvimos con ellos, hablando con la banda, pusimos encima de la mesa todas nuestras dudas y, viendo toda la rigurosidad de las medidas y el cuidado con el que nos planteaban todo, decidimos flexibilizar nuestros miedos para, de algún modo, convertirnos en parte de la solución en vez de estar en casa sin hacer nada, y esperando a que otros nos dieran soluciones.

Sabíamos que en ese riesgo que íbamos a tomar también podía haber un beneficio colectivo y personal y, ahora que todo ha salido bien, te sientes parte de la historia, aunque meses antes recibimos mensajes muy dolorosos en los que nos amenazaban a nosotros y a nuestras familias y nos deseaban cosas horrorosas. Pero todo queda atrás porque lo que se ha demostrado es que, de las 5.000 personas que estuvieron allí, sólo seis se contagiaron y, en cuatro de los casos, se ha demostrado que el contagio se produjo fuera del recinto. Todo eso ha dado pie a que en otros lugares se empiecen a hacer cosas basándose en nuestra experiencia, así que sentimos que somos esa parte activa que queríamos ser.

¿Qué responsabilidad crees que tuvieron en esas amenazas que recibisteis los mensajes alarmistas que, constantemente, estamos recibiendo desde los medios e instituciones?   

Está claro que en los medios de comunicación, hoy en día hay muy poca rigurosidad y demasiado sensacionalismo y todo se basa en un mensaje que no tiene que ver con la investigación. 

En este caso, nosotros tuvimos una gran paciencia para investigar y preguntar, al igual que la tuvo la comunidad científica que estaba detrás del evento para respondernos y empujarnos a seguir preguntando para quedarnos tranquilos. Eso es algo que actualmente la gente no tiene, no tiene esa paciencia para dedicar tanto tiempo y es cierto que los mensajes que se envían a la población tienen que ser muy rotundos y concisos para que la gente les preste atención. 

Yo soy el primero que respeta las normas y no soporto estar sin mascarilla y me cuesta estar con gente que no convive conmigo, porque quiero subirme cada fin de semana a la furgoneta y no poner en riesgo mi trabajo y el de mis compañeros; pero claro… todo lo que proponía el concierto era lo contrario y, en ese sentido, es muy difícil decir que los medios estaban equivocados, porque lo que estaban haciendo era trasladar el mensaje que nos repetían las instituciones. Otra cosa es que la administración, a modo general, envía un tipo de mensaje único que se supone que es el adecuado; pero, a veces, no se entiende muy bien quién está pilotando, porque hay mensajes muy contradictorios, cuando lo que debería primar es el sentido común.

Para terminar, ¿crees que estaremos pronto disfrutando de nuevo de la música en directo de una manera parecida a la de antes?

Julián Saldarriaga: Sí que soy optimista y, dependiendo de la velocidad de la vacunación y viendo las iniciativas que se están tomando a raíz de nuestro concierto, creo que a finales de este año o principios del que viene, todo se irá normalizando hacia una situación mejor y volveremos a disfrutar de la música en directo. Además, estamos viendo que la gente cada vez es más consciente de las consecuencias de bajar la guardia en estos momentos.


 


Ilargi: “Killasisa”

Por: Txema Mañeru

Buen y esperanzador debut para una Ilargi que quiere, puede y debe competir con propuestas como las de Eneritz Furyak, Izaro, Núria Graham, Ken Zazpi, Mice, Angelica García, Olatz Salvador o Joana Serrat. Al igual que algunas de ellas se mueve por territorios pop-rock con muchos destellos indie-pop y con algún poso folk, sobre todo euskaldun. De hecho comenzó haciendo versiones de Ken Zazpi, Zetak o Hesian, pero también de En Tol Sarmiento (ETL) o Kaotiko. Tiene una voz muy atractiva y versátil y compone buenas y variadas canciones que pueden convertirla en nombre conocido pronto a pesar de contar tan solo con 21 añitos. De momento se ha sabido rodear de unos buenos y consolidados músicos como son Iker y Haritz Lauroba. Iker se encargó de todos los instrumentos excepto la batería y además hizo los cuidados arreglos para redondear buenos y personales temas. Haritz se ocupó de la batería. En la buena producción encontramos a Axular Arizmendi.

Con modestia indica que para el disco se ha inspirado en artistas como Keane (los temas en los que domina el piano son buena prueba de ello), Ken Zazpi o Izaro. También ha escuchado últimamente a El Niño de la Hipoteca, La Otra, Mafalda o Sara Zozaya. Un disco que ya prometía tras haber escuchado previamente hasta tres buenos singles de adelanto. Te hablamos de "Betirarte", un original y bien resulto tema de amor de tonos pausados y reflexivos y con un estribillo pegadizo y que además cuenta con un bonito videoclip. De paso te comentamos que en su web, www.ilargi.eus  puedes ver este vídeo o el de "Utopian Galdurik", tema que no está en el disco. Igualmente puedes conseguir en dicha web este trabajo de debut. "Agur", otro de las canciones, nos habla de decir adiós a una relación terminada y pone fin al disco con un piano y una melodía muy agradables en esa onda Keane ya citada. Además tenemos unos finos punteos de guitarra de tonalidades shoegaze. Este single salió en abril, siendo el más reciente "Marea Morea", que ya sabes qué candente tema trata solo por su título. Muy bien tratado por cierto y con excelentes resultados musicales también en forma de emotivo tema lento.

Antes de ello comienza el disco con un "Sinetsi" en el que nos invita a vivir como si no hubiera un mañana, porque no sabemos lo que puede ocurrir al día siguiente y que suena más distendida y pop que la mayoría de sus temas. Como ves, sus canciones tocan temas personales y también románticos en algún caso, pero tampoco le hace ascos a tocar de manera detallada importantes temas sociales que nos afectan a todos. Es el caso de uno de mis temas favoritos, un "Munstroa" que penetra en un mundo poco tocado en la música como es el de los niños y se moja en política en su único tema en castellano, un "Decidir" en el que n concuerda demasiado bien la temática con el tratamiento de la canción, aunque hacia el final tiene unos buenos punteos rock a cargo de Dan Hoyos. Otro buen momento del disco es "Izan Ginen", con su melancólico estribillo y más guitarras de Lauroba cercanos al shoegaze de Mazzy Star, Hope Sandoval o Slowdive. Baja algo el nivel algunna de las composiciones que parecen estar  algo más verde como "Maite Dut", lo que no evita en absoluto que sigamos interesados en seguir sus pasos. Además es ambiciosa y quiere presentar el disco con un quinteto detrás con dos guitarras, bajo, batería y el importante piano que brilla también en el disco.

Billy Gibbons: “Hardware”




Por: Albert Barrios

A la tercera va la vencida. Después del experimento caribeño de “Perfectamundo” (2015) y el retorno a sus orígenes blues en “The Big Bad Blues”, Billy Gibbons por fin entrega un trabajo totalmente disfrutable. No esperemos que llegue a las cotas de maestría de la mayoría de álbumes de la banda madre (en hibernación discográfica desde 2012), pero este “Hardware” vuelve a poner en primera línea a uno de los mejores guitarristas de la historia del rock (aunque no lo tengan en cuenta varias  sonrojantes listas de presuntos “expertos musicales” ).

Para recuperar el primitivo sonido boogie rock que tantas alegrías nos ha dado Gibbons se aisló en el desierto californiano junto a  Mike Fiorentino al bajo y el sorprendente Matt Sorum a la batería para trabajar en conjunto empapándose  del paisaje lunar, cantinas y sonidos nocturnos.

“My Lucky Card” abre con duros y añejos riffs de la vieja escuela, suena a ZZ Top, y esa es  una muy buena noticia. En “She's On Fire” (con unos coros vía  “Eliminator” que dinamiza todo el conjunto)  encontramos uno de los mejores solos en mucho tiempo del barbudo de Houston, y en “More-More-More” es la slide la que otorga contundencia a la canción. “Shuffle, Stop & Slide” es toda una delicatesen, rock tejano denominación de origen que podría haber sido firmado por los hermanos Vaughan.

“Vagabond Man” es una balada que baja el tempo del LP pero no desentona, “Spanish Fly” comienza blues para mutar en un rock más moderno, y “West Coast Junkie” adopta inicialmente la forma de un rock and roll fronterizo de los cincuenta hasta que Billy le mete una marcha de más. En “Stacking Bones” las hermanas  Lovell de Larkin Poe le ayudan a salir de su zona de confort consiguiendo un gran resultado. “I Was A Highway” y “S-G-L-M-B-B-R” basculan entre el boogie y un rock más contemporáneo, “Hey Baby, Que Paso” es un divertimiento (y homenaje a la vez a los Texas Tornados) y acaba casi recitando con “Desert High”, citando a Joshua Tree, serpientes de cascabel y otros clásicos de la imaginería desértica. 

Un álbum que rompe el techo del trabajo digno (algo a que nos tienen demasiado acostumbrados muchos de nuestros iconos musicales) para reclamar más atención de nuestra parte : “Hardware” no figurará simplemente como un trabajo para fans completistas, sino que tendrá que ser colocado en tu estantería al lado de “La Futura” o ”El Loco”…. Let’s Boogie…!!!

Justin Sullivan: “Surrounded”




Por: Txema Mañeru 

Es muy fácil afirmar que los New Model Army son una de las bandas de los ochenta que se encuentra en un mejor estado de forma. También son una de las pocas formaciones de la época que no vive de las rentas y que está haciendo un material tremendamente efectivo y actual en la última década. De hecho están entre lo mejor de su amplia discografía todos sus últimos discos, desde el estupendo “Between Dog And Wolf” al invernal y emotivo “Winter”. Así hasta llegar al más reciente y recomendable “From Here”, que ya pasó merecidamente por las páginas de El Giradiscos hace menos de dos años.

Gran culpable de su estado de forma es su excepcional cantante, frontman y líder, Justin Sullivan. Todo un intelectual pero que también sabe lo que se cuece hoy en día en las calles y en los gobiernos. Tiene por tanto muchas cosas que decir. Aunque se truncó la gira 40 Aniversario de New Model Army por la dichosa pandemia, y dado su carácter inquieto y creativo, últimamente se ha marcado su segundo disco en solitario, que sucede al injustamente olvidado “Navigating By The Stars”, de hace casi ya dos décadas. 

 Pues bien, debido al confinamiento y a las muchas horas libres para reflexionar consigo mismo, le ha surgido otra fantástica obra en solitario de corte totalmente acústico que emociona de principio a fin y no se hace en absoluto largo, a pesar de sus 16 canciones y de superar la hora de duración. “Surrounded” (ear-Music / EDEL / Top Artist Promotion) suena evocador y a contador de historias como el Springsteen de “Storyteller”, Mark Lanegan, Leonard Cohen o el Bowie de “Hunky Dory”. Además trae una fantástica presentación a la altura con presentación en libro de tapas duras y con un magnífico libreto en el que no podían faltar las diferentes historias muy bien narradas que nos cuenta en sus canciones.

Canciones que comienzan de una manera totalmente emocional con sus lamentos en "Dirge". Una especie de himno que te hace sentir una inquietud por dentro y desear poder escuchar esta canción en un concierto y con todo el público en silencio. ¡Tendría que ser realmente catártico! Luego sigue con una lección de historia y de humildad para "Amundsen", el hombre que alcanzó el Polo Sur aunque la historia siempre haya rendido honores al más conocido Scott. Calidez absoluta en "Coming With Me" o en una "Clean Horizon" que casi pudieran haber firmado Crosby, Stills & Nash.

"Akista" es una gozad absoluta con sus cuerdas, sus coros y su fuerza interior. Esta, y otras canciones como la arrebatadora "Unforgiven", serían en eléctrico y con su banda material de primera para otro disco realmente imprescindible de los New Model Army. También las firmarían a gusto Leonard Cohen, el más romántico e íntimo Nick Cave o el ya citado Mark Lanegan. "Sao Paulo" comienza con una narración oscura y emotiva que te lleva directamente al estilo de Leonard Cohen, pero que también vale para los últimos discos cantados de Steve Von Till. ¡Otra maravilla absoluta llena de emoción y con un bajo y un vibráfono realmente acojonantes! Puedes navegar en su "Sea Again" y cerrar los ojos y llegar hasta el cielo en la joyita "Clear Skies". No faltan estribillos geniales como el de "Ride" con su voz doblada y la enorme presencia, otra vez, del bajo de Jon Torne y la magia de Tom Moth. Casi me parece escuchar al genial Johnny Cash de las “American Recordings” o al Nick Cave de “The Boatman’s Call”. Finaliza otra vez muy arriba con el tema que titula un disco que ya está, para mí, en la lista con los mejores discos que ha traído esta interminable pandemia. Eso sí, nos deja con la duda de saber si tendrá más material de esta calidad para el próximo disco de New Model Army. A mí no me importaría en absoluto que cogiera este disco de principio a fin y lo reescribiera para hacerlo sonar con la banda y seguro que tendríamos otro trabajo excepcional.