Nuestra canción de la semana: Derby Motoreta's Burrito Kachimba, "El valle"

"El valle" se trata del primer adelanto del próximo disco de los maravillosos Derby Motoreta's Burrito Kachimba -indiscutible banda revelación del pasado año- que llega en forma de videoclip, impregnado de rock andaluz.

Credenciales no les faltan: nominados por El País como la próxima gran banda del rock español, elegidos Mejor Disco Nacional de 2019 en la gala del V Premio Ruido, y destacados por Billboard como el artista latino a seguir este año. 

Ahora, los abanderados de la kinkidelia regresan con un videoclip más que brillante, a caballo entre Sergio Leone y Dragon Ball. Se trata del primer adelanto que desvelan de su siguiente largo, que verá la luz a principios de 2021.

 

No dejes de escuchar a... Palo Alto


Palo Alto debutaron hace unos meses con su primer LP, "Self Defense", un disco completo y redondo con el que engancharse a la primera a su rock atmosférico de altos vuelos. Se trata de un compendio de siete cortes con el que la formación desarrolla su gusto elevado por los paisajes sonoros, acompañados del rock que siempre ha guiado sus pasos y acariciando la electrónica con la punta de los dedos.

Un álbum que luce en todo su esplendor cuando te calzas unos auriculares y lo dejas sonar cerquita de los oídos. Según detalla la banda, la grabación del álbum comenzó con el trabajo junto a Tero Heikkinen (Kindata, Future Ark) del que surgió el primer single, "If I knew" y prosiguió "durante muchas noches de 2019". Una temporada "marcada por la conciliación de nuestras circunstancias académicas o profesionales con las sesiones de grabación. En estos tiempos -explican- la formación ha experimentado de forma 100% personalizada con sus canciones, avanzando en el aprendizaje sobre la autoproducción".

Luego llegó "Clever Man" y posteriormente el resto de canciones de este proyecto artesano y preciosista, para el que Palo Alto no precisó salir del local de ensayo, más que para masterizar los temas con su productor de confianza, Jordi Gil, a cargo de los Estudios Sputnik de Sevilla. El resultado paso más hacia la búsqueda de esa originalidad que ha caracterizado al conjunto desde sus inicios. Una nueva etapa en la que se imponen la síntesis y las formas alternativas de composición, que se suman a las estructuras alternativas y a esos ambientes hipnóticos a los que nos tenían acostumbrados.

 

The Spitfires: “Life Worth Living”

Por: Skar P.D. 

Suena casi premonitorio el título de la canción, "Start All Over Again", que abre este cuarto disco de The Spitfires. ¿Empezar de nuevo? Bueno, realmente como apertura suena bien, incluida esa breve introducción de cuerdas casi cinematográfica, el ritmo sincopado y bailable, la letra poniendo en solfa a los nuevos y superfluos cantautores, o incluso ese festivo la-la-la de los coros. Pero ¿realmente The Spitfires comienzan de nuevo?

Este es su cuarto disco, los tres anteriores autoproducidos, y la diferencia está, y el nuevo comienzo si se quiere, en que ahora tienen una compañía discográfica de prestigio detrás. Y a falta de los excesos económicos de antaño de las grandes "majors" o de los excesos actuales más volcados en el autotune y en el aplastamiento cultural que otra cosa, ahora las discográficas, más o menos grandes, se miden por el prestigio y el enfoque pasional. O sea, más por actitud que por recursos. Acid Jazz, la compañía londinense, es una de ellas desde 1987, y con Paul Weller mediante. Y esto es importante.

Hablar de Spitfires es hablar de la música de las calles, no sé si de las de ahora, o de las de antes, porque la versatilidad de influencias que destila la música de los de Watford es tan apabullante que indefectiblemente te lleva a principios de los ochenta, donde la fusión mod, ska, reggae y punk se citaban amigablemente, y en este sentido las referencias a The Jam y Specials no pueden ni deben dejar de citarse. Y por el contrario Spitfires, o Billy Sullivan (guitarra, voz y autor intelectual) si se quiere, hablan de los aspectos, desequilibrios, sueños y dificultades cotidianas. O sea, la actualización del pop británico inmerso en aquello que se llamó new wave pero reflejando situaciones de hoy en día que, curiosamente, tanto en el fondo e incluso en las formas, no parecen cosas del pasado.

"It Can't Be Done" abunda en esas sensaciones y se pone melancólica al hablar del pesimismo agresivo y oscuro de los excesos alcohólicos; el uso de la melódica y el fondo de teclados, a cargo de Stuart "little" Gabriel enfatizan esas sensaciones. Es en el tercer corte, "Live Worth Living", el que da nombre al disco, donde aparecen nítidamente una de las señas de identidad de este disco: los vientos. Los arreglos de viento que llevan a buen puerto Alistair Welsh (Trombón) y Jamie Wall (Trompeta) empujan hacia adelante a la visión, entre resignada y optimista, del oficinista volcado en su trabajo como evasión del entorno inane que le rodea. Y la invitación a vivir una vida digna es optimista, claro que sí: "mientras la televisión te aturde el cerebro y la grasa obstruye tus venas" canta Sullivan sobre los acordes deudores del ska de manual donde apoya sus palabras.

El influjo del Weller de Style Council, y su deuda con Curtis Mayfield, es notorio en la muy funk y reivindicativa "Tear This Place Right Down", donde de nuevo los vientos y los coros en falsete encabezan la protesta ante la falta de trabajo, ante los bancos de alimento y ante la sensación de hurto generalizado del futuro. Y todo esto se puede hacer bailando, obviamente.

Que Spitfires son una banda sincera es una de las señas de identidad constante en su trayectoria desde el ya lejano "Response", del 2015, y por supuesto desde que "cerraron" su etapa como cuarteto con el inspiradísimo "A Thousand Miles". Es decir, su etapa más "mod", por situarlos antes de que ya en formato trío, Billy Sullivan y sus fieles escuderos Sam Long (bajo) y Matt Johnson (batería), abordaran la renovación estilística, Specials mediante, en el "Year Zero" de hace un par de años. 

Sería muy injusto asociar exclusivamente a Sptifires al entorno mod/ska de sus evidentes influencias, y si no ahí está "How Could I Lie To You" para dejar constancia de ello y de que, cuando hace falta, la inspiración se expande, a través del piano, simplemente en aras de ponerle música a las sensaciones más intimas y retrospectivas: "Como podría mentirte, como podría mentirte..." y esa trompeta que te hiela el alma antes de que la aparición, después del final de la canción, de unos sonidos "dub" pongan el broche perfecto a tal derroche emocional. "Kings & Queens" es una canción para el viernes por la noche. A que por una noche seas quien quieras ser, y es.... como si Madness te la cantara al oído. Y no será la primera vez que los recuerdos de los Madness más maduros aparezcan en los surcos de este disco. En la posterior "Tower Aboves Me" volverán a hacer aparición, siendo como si Daryl Hall cantara una recreación de "Tomorrow's (Just another Day)", por si quedara alguna duda de las fuentes de las que se alimentan The Spitfires.

El regreso a casa a las tres de la mañana, la sensación de soledad apenas mitigada por el kebab que has tomado apresuradamente antes de que cerraran, y andando, claro, porque te has quedado sin dinero, además del ska más combativo y los vientos, de nuevo los vientos, tomando el protagonismo de esta paranoia del regreso a casa son las sensaciones imperecederas y recurrentes que transmiten en "(Just Won’t) Keep Me Down", a la sazón, y con toda justicia, primer single extraído del álbum. Y si no te vienes arriba es que estás muerto o en camino de ello. Tremenda.

"Have It Your Way" es otra incursión al intimismo y al alivio. Te ha dejado la novia, qué vas a hacer, bueno, al fin y al cabo intuías que tampoco te era fiel, y así es la canción más pop del disco. De ese pop británico que tan bien refleja las rupturas, los desengaños y la soledad. Eso es lo que cuenta la "joya escondida" que es "Make It Through Each Day", como colofón y broche de oro a un disco lleno de detalles y de autenticidad emocional desde los primeros acordes de guitarra y el arreglo de piano, ante el que es imposible permanecer indiferente. Y aunque parezca que el disco ha finalizado pasados 30 segundos, y recuperando tradiciones, emerge una pista oculta. Una miniatura de apenas minuto y medio de punk desaforado de ese punk que solo eres capaz de recrear si eres parte de la Inglaterra obrera y del subsidio del paro.

"Life Worth Living" está producido por Simon Dine, a la sazón el ingeniero que estuvo detrás del "22 Dreams" y del "Wake Up The Nation" de Paul Weller, o sea que el circulo se cierra. Y con todos estos elementos debería ser el disco que catapultara a The Spitfires a la primera división, si estuviéramos en otros tiempos claro, que ya lo de la primera división parece un término obsoleto ante la desidia cultural imperante. Sincero, auténtico, intimista por momentos y reivindicativo en otros. Una mezcolanza casi perfecta y aderezado con un puñado de canciones de alto nivel donde se dan cita los contrastes de la vida cotidiana, con sus altos y bajos propios de los tiempos de incertidumbre del contexto actual que, por otra parte, tampoco son tan diferentes de tiempos pretéritos, situando a esta cuarta entrega de The Spitfires en lo más alto de una trayectoria ascendente por momentos. Y lo más importante, es un disco hecho con el corazón y por lo tanto una puerta a la esperanza.

Neil Young: “Homegrown”

Por: Kepa Arbizu

Expresa el dicho popular que las personas somos más hijos de nuestro tiempo que de nuestros padres, lo que viene a indicar la absoluta prioridad que alcanza en nuestra configuración individual la época que nos ha tocado vivir. Debe ser precisamente por eso que el hecho de recuperar ahora, 46 años después, aquel disco grabado por Neil Young durante 1974 y 1975, de título “Homegrown”, nos sitúe en un escenario del que es difícil alejar cierta sensación de anacronismo. Un limbo al que dicho trabajo había sido condenado -a pesar de que su contenido haya sido espolvoreado a lo largo de la carrera del canadiense- dada la imposibilidad expresada por el propio autor a la hora de enfrentarse a un cancionero que reflejaba fiel, y crudamente, la ruptura sentimental con su pareja de entonces, la actriz Carrie Snodgress.

Una vez superado dicho duelo, al fin tenemos la posibilidad de acceder a un material original que, si tenemos en cuenta las fechas originales, tendría que haber precedido en su publicación al magistral, y también doloroso, “Tonight’s The Night”. De esta manera, el esplendoroso periodo que abarca la primera mitad de los años setenta queda reformulada con la aparición de este “inesperado” álbum. Un trabajo al que se le encomendó en su origen, de alguna manera, la misión de ahondar en ese sonido más suave y evocador, aquel que por ejemplo había traído consigo éxitos tan rotundos como el de “Harvest”. Unas intenciones, las de intentar reverdecer aquellas mágicas melodías, ya a priori casi imposibles de saciar, pese a haber recurrido a aliados comunes, como Ben Keith y Tim Drummond, o contar con la presencia de algunos invitados de gran prestigio.

Sea como sea, y dejando de lado cualquier reflexión sobre los posibles desajustes que puede provocar tomar como novedad, de un músico que no olvidemos sigue en activo y que no ha parado de engordar a base de talento su discografía, un trabajo realizado hace casi medio siglo, el análisis puramente musical denota algunos déficits que impiden encontrarnos con un conjunto verdaderamente conseguido. Y eso a pesar de que el inicio del álbum resulta imponente, con un “Separarte Ways“ que hace de la austeridad, delineada por un llamativo ritmo de bajo y la presencia en la batería de Levon Helm, quien repetirá en la pista posterior, el entorno ideal para plasmar esa angustia generada por el amor perdido, eje absoluto de las reflexiones aquí vertidas, por mucho que “Try”, otro tema a destacar, traslade un leve destello de esperanza. Una canción por la que se desplaza latente una cadencia country que, junto a la sutil presencia en las voces de Emmylou Harris, aparición que adquirirá mucho más fuste en su intervención en la florida y coral “Star of Bethlehem”, aporta ese suspiro vital. La delicada y deliciosa "Mexico", apoyada únicamente sobre la dupla de piano y voz, deja bien a las claras que este álbum encuentra sus pilares más consistentes en, precisamente, este tipo de composiciones más intimistas. Un lote que en su faceta más atinada queda completado por el espectral folk de “Kansas”, que se puede presentar como el reverso oscuro del soniquete tradicional y pegadizo que contiene “Love Is a Rose”; la afectación que infunde su característico manejo de la armónica, donde el soplido se convierte en un lamento nostálgico, en “White Line” o la abisal profundidad a la que nos empuja “Little Wing".

Hasta aquí perfectamente podríamos hablar de un repertorio de un nivel muy notable, y que además mantiene entre sí una coherencia estética evidente. Va a ser la entrada de otro tipo de ambientaciones y, en definitiva, de propuestas sonoras, las que descompensen algo el resultado global. Mención especial en esa labor desestabilizadora se merece la inocua rareza que es “Florida”, únicamente compuesta por la voz del cantante hablando sobre un incómodo ruido. Mucho menos incongruentes resultarán ciertos temas, que de hecho individualmente pueden ser resultones, pero que aquí no alcanzan los suficientes galones ni el ánimo adecuado para aportar o elevar el tono general. En esta ocasión, y pese a lo significativo que siempre ha resultado el uso de electricidad para este músico, sus manifestaciones más palpables a ese respecto, ya sea en manos de un blues standard (“We Don’t Smoke It No More “), el pegadizo rock sureño de la canción homónima o los pétreos riffs con los que sacude “Vacancy”, quizás la más destacada de la triada, más allá de propiciar una liviana escucha no consiguen alcanzar ningún tipo de notoriedad.

Si pensásemos en los genios, sin paliativos, que nos ha regalado la música popular, (casi) nadie  dejaría fuera de esa selecta lista al autor canadiense. Una condición que sin embargo no otorga de forma natural el don de convertir en obras maestras todo lo que toca, a pesar de que en algún momento de su trayectoria nos lo haya inducido a pensar. No se trata pese a todo de desdeñar este “Homegrown” y confiarle el único mérito de la peculiaridad que esconde su recorrido. Su contenido, sobre todo en una primera parte, roza por momentos la exquisitez, con algunos instantes que encontrarían perfecto encaje en cualquier repertorio. El problema asoma a la hora de hacer una consideración global del trabajo, aspecto que delata algunas carencias que nos remiten a una falta de estabilidad y consistencia. Con todo, sigue siendo un enorme placer ir completando nuevas piezas de un puzle artístico en continua construcción y que conforma una de las imágenes más fascinantes y especiales que el rock ha alumbrado.

Entrevista: Mario Cobo

“Me gusta la idea de moverte con la música, no estar estático en un rincón” 

Por: Javier González 

Nuestro rock de aromas clásicos tiene un referente claro desde hace décadas dentro de la escena en el nombre de Mario Cobo. Rocker de aspecto y vocación se ha embarcado en mil y una aventuras con distintos ropajes en la defensa de un ideal convertido en forma de vida. A ver quién no conoce a Nu Niles, su banda madre. Que levante la mano aquel que no le recuerde de secundario de lujo acompañando a Loquillo y más recientemente a Mike Sanchez, hasta desembocar en proyectos corales de indiscutible categoría como Los Mambo Jambo y Los Locos del Oeste, capaces de retrotraernos a lo mejor de los años cincuenta. 

Ese inigualable palmarés es el que defiende Mario Cobo como músico, al que deberíamos unirle un sinfín de acertadas producciones, sin embargo han tenido que pasar muchos años y una más que interesante conversación telefónica para que un servidor se haya parado a pensar que tras todo ese marasmo se esconde una personalidad reflexiva, abierta y meticulosa, además de cercana y que rebosa empatía con la que es todo un gusto hablar porque supura verdad y rock and roll a cada retazo. 

Se trata de todo un honor y privilegio firmar esta más que interesante entrevista con el gran Mario Cobo, pura alma rocker de pedigree barcelonés, tal y como mandan los cánones en nuestro país.

Han sido semanas y meses difíciles para todos. ¿Cómo has vivido toda esta situación? 

Mario: Todo lo mal que se tiene que llevar por la cantidad de gente que ha muerto y todos los problemas de salud que ha acarreado. Por otra parte, creo que la fui asumiendo un poco antes de que se crease el estado de alarma, como mucha gente que vio claro lo que iba a pasar. Intenté aislarme del tema a nivel personal y familiar porque vi que no podíamos hacer nada más que estar confinados y tranquilos. A nivel mental he estado bastante tranquilo, intentando practicar con la guitarra y pasando mucho con la familia. Quería que pasara el tiempo en “standby”, no me apetecía volverme loco y hacer mil cosas. Me ha pasado una cosa curiosa que he comentado con amigos músicos y es que me ha costado escuchar discos enteros. Me ponía podcast y programas de música, con gente hablando y presentando canciones, pero ponerme discos del tirón me ha costado muchísimo. Vamos que no lo he hecho. 

En el apartado profesional. ¿En qué punto te ha pillado toda esta historia? 

Mario: Estaba esperando la temporada de primavera y verano que suele animarse bastante. Por suerte entré a grabar mi próximo Lp en Febrero, unas semanas antes de todo esto. Quedaban cosas por rematar que me llevé a casa, donde tengo otro estudio, así que tenía muchos deberes. Me llevé guitarras que retocar y letras que trabajar. He seguido grabando cosas. Además, estoy con dos producciones que tenía que revisar, he tenido suerte de hacer música para un par de anuncios y también estoy realizando un documental. En el aspecto profesional lo único que he echado de menos ha sido el hecho de poder tocar con más gente. Hemos tenido que cancelar los conciertos de la gira de Mike Sanchez, donde íbamos a seguir presentando el último disco que sacó, y alguno mío donde quería girar con la banda temas nuevos, pero bueno me he hecho tanto a la idea que he intentado no pensar demasiado en las cancelaciones. Lo que no podía era estar pensando en casa en conciertos con todos los problemas que ha sufrido la gente. Estaba más preocupado por mis hermanas y mi madre, que viven en Barcelona que por mí que resido en Almería, que por perder un bolo que sé que es algo que no puedo cambiar. Si te preocupas mucho, la cosa no va a mejorar y vas a estar peor mentalmente. 

Vamos que un tipo inquieto como tú no ha estado de brazos cruzados. 

Mario: También le he dado muchas vueltas a proyectos propios que quería hacer y que tenía en mente. Suelo guardarme las ideas que tengo, esta ha sido una buena excusa para escucharlas. Se me ha acumulado más faena de la que esperara. El hecho de no salir a tocar ha me ha generado ganas de sacar más canciones y trabajar con más gente, pero tampoco he intentado ir más allá, aunque no pares de darle vueltas a la cabeza, no se daban las circunstancias para meterte en veinte mil proyectos. No se podía quedar con gente. A mí me aburre la comunicación por whatsapp, reconozco que es útil pero me aburre. Además, con un niño de cuatro años en casa y mi mujer embarazada no tengo todo el tiempo del mundo para dedicarle a la música y a la guitarra. 

Durante estas semanas de encierro ha aparecido en plataformas de streaming “Dulce Espera”, una canción que habla del nacimiento de tu hijo, donde colabora contigo nuestro amigo Raúl Bernal. ¿Es el primer regalo que le dedicas? 

Mario: La historia es que esa canción la hice para el nacimiento del niño que ahora tiene cuatro años (Risas). Me ha servido para redimir el fallo porque en aquel momento no tenía tiempo para casi nada. Ahora, cuando recibimos la noticia y debido a los meses de espera, me propuse retomarla. Coincidió con esas fechas porque no me faltaba nada para terminarla, tenía todo grabarlo solo faltaba mezclarlo. Así que dije lo saco. En mi cabeza no está competir con nadie por las ventas de discos, me da igual, hay muchas discográficas que han parado las ventas y ediciones de discos. Yo quería sacar la canción y aproveché. Estoy contento de haber tenido ese momento. El proceso entre componer y grabar ha durado entre tres y cuatro años. Lo grabé para la sesión del Ep, “Reggae Quirazco Dancehall Rockers Vol. 1”. En esa sesión grabé dos temas y los dos del Ep, lo que pasa es que se quedó colgado. No tenía temas para un disco largo, solamente dos canciones colgadas que se quedaron ahí. Siempre es buen momento para aprovechar y sacar canciones, al fin y al cabo es nuestro trabajo. 

Personalmente, debo reconocerte que me animaste algunas de las peores semanas del confinamiento porque era un tema muy luminoso. 

Mario: Pensé que tenía que sacar la canción porque era alegre y esperanzadora. Esperar el nacimiento de tu próximo hijo con el percal de las noticias a diario, te puede chafar tocar la guitarra a diario así que fue una gran excusa. Es cierto que era un momento muy duro con la gente pasándolo mal, encerrados en casa, pero también creía que no podía olvidarte de las cosas buenas. La crisis pasará y quizás te arrepentirás de estar metido solo en lo malo, porque a veces nos fijamos solo eso. Es una canción de buenas vibraciones y esperanzas, suena un poco hippie, imagino que es cosa de la edad (Risas). 

¿Debemos entenderlo como primer adelanto de un próximo LP? 

Mario: El largo está en proceso, lo que pasa es que durante estos años estoy teniendo mis dudas. He mezclado casi de manera indistinta canciones en castellano e inglés, además de instrumentales. Siempre vivo en una especia de tira y afloja con estas cosas. El disco está prácticamente acabado desde Febrero integro en inglés, cuando unas semanas antes era todo en castellano. Tenía cuarenta posibles canciones, finalmente seleccioné las cantadas en inglés. No sé si será un adelanto, porque para mí no cambia tanto el estilo de las canciones, pero el idioma sí que creo que es un factor importante a la hora de definir un disco. No prometo que todo sea en castellano ni todo en inglés. Pero sí, se puede entender como un adelanto. 

Vamos que le das infinidad de vueltas a todo y dudas hasta de tus dudas. 

Mario: Ahora que tengo un estudio montado, desarrollo los discos con mucho tiempo. Paso por muchos momentos con una canción, ya no te digo a la hora de elaborar un disco entero. 

¿De qué manera decides qué canción va para según qué proyecto?

Mario: Suele ser de forma natural, pero a veces cuando no lo ves claro acabas dejándolas a un lado. No siempre son las peores las que se quedan fuera. En ocasiones se trata de una canción que te gusta, pero no encaja con los otros temas compuesto. Le doy muchas vueltas desde el punto de vista de la producción. Tenía ganas de sacar tres discos, mezclando canciones, Eps y singles, pero tiene que fluir y tener sentido, no vamos a sacar discos a lo loco. Es complejo. Ahora lo que tengo es otro single, un Ep instrumental preparado y estoy acabando el disco largo. Luego veré si lo llamo todo Mario Cobo o no. 

Mario Cobo, Los Mambo Jambo, Los Locos del Oeste, Nu Niles y eres guitarrista en directo de Mike Sanchez, además de uno de los lugartenientes de Loquillo. ¿En qué faceta te encuentras más cómodo? ¿Qué diferencias hay entre unos y otros? 

Mario: La diferencia son las características de cada proyecto. El tema es que me meto a cien con todos, por eso hay proyectos que implican dejar todo lo demás, con objeto de cumplir con todo lo que te pide; o bien dejas el proyecto para poder abarcar más cosas. Hay proyectos que te exigen más tiempo e implicación si quieres hacerlo bien. Soy bastante intenso con mi forma de trabajar, por eso mi primer disco empecé a sacarlo en Ep, lo veía más abarcable. Me parecía razonable ir sacando canciones, me parecía más manejable, así podía tocar a la vez con Los Locos del Oeste y Mambo Jambo. Estar en tantos sitios es bueno, pero te juega malas pasadas a la vez. 

Trabajar así. ¿Te da la oportunidad de dar salida a todas tus inquietudes musicales? ¿O todavía hay alguna que se quede en el tintero? 

Mario: Estoy preparando una producción con unos chicos de Barcelona que no se lo va a esperar nadie. No te diré ni qué es, con suerte saldrá en Septiembre y podrás escucharla. Es una cosa que nunca he hecho. Va a ser la repanocha. Hay muchas cosas que me interesan, pero cuando haces tu carrera tienes que mantener un equilibrio. Si tienes un grupo de rockabilly como Nu Niles, tienes que saber lo que haces para centrarte. Me pasé muchos años más en el mundo del rockabilly que me apasiona, luego pasé al surf… De hecho, Nu Niles musicalmente va evolucionando hacia el punk y el pop en función de lo que me interesa en cada momento. A mí me gustaban los artistas de los años cincuenta que evolucionaban con su época, pasando del rockabilly al rock, luego muchos quisieron ser más Beatles. Más tarde volvían al revival o investigaban con la psicodelia. Me gusta la idea de moverte con la música, no estar estático en un rincón. 

Mario, pese a ser tan prolífico, reconocible y tan buen músico, a nosotros que somos seguidores, nos cuesta encontrar todo lo que haces si no investigamos y te buscamos. 

Mario: Vale. Me lo apunto porque suele ser culpa mía. Toda la energía que pongo componiendo, tocando y grabando se deja de lado en las labores de promoción. Me lo apunto porque es algo importante. Quizás siempre he confiado mucho en que el sello o la agencia de management se van a encargar de ello. 

Aquí hay que romper una lanza en alguien relativamente cercano a ti como Dani Nel-lo, cualquier cosa que hace es anunciada con mucho tino a través de su agencia The Pool G-News, probablemente la mejor del país comandada por Gloria y Pilar González. 

Mario: Es verdad. Quizás lo que me pasa tenga que ver con el recuerdo de cuando montamos Nu Niles, ahí hacía de todo. Mánager, compositor, me encargué de comprar la furgoneta. Recuerdo que montábamos giras por Europa y EEUU, hacía las promos... Acabé sobrepasado. A partir de ahí, cuando empecé a tener sello y management, no es que me haya relajado pero sí que he tenido la idea de que alguien lo iba a hacer. 

“Nosotros mantenemos la idea transgresora del rock, pero para un crio no lo es” 

¿Crees que en algún momento el rock and roll volverá a emerger de las catacumbas? 

Mario: Me encantaría que la realidad fuese que las músicas de las que hablamos, las que gustan estuvieran arriba. Creo que para sobrevivir van a tener que mutar. Una vez le dije a un compañero de profesión tuya que es imposible que un chaval se aficione al rock and roll, si solo hay grupos de tíos con cuarenta o cincuenta años. Ya no están vivos ni Elvis ni Little Richard, ni son los años setenta. Estamos hablando que un chaval solo verá en un concierto a gente de la edad de su padre en el mejor de los casos. Nosotros mantenemos la idea transgresora del rock, pero para un crio no lo es. Si emergiesen bandas jóvenes y dieran a entender que el rock es una vía de escape, entendería que ocurriera. Ojalá. Veo el rock and roll lejano a la forma de comunicar de los jóvenes, a cómo se mueven. Para que las músicas sobrevivan se tienen que reinventar. Pienso en ello recurrentemente, me importa, es mi música, pero no sé cómo hacerlo. Al ir a un concierto conoces de vista al noventa por cien de las personas en la sala. Vas de gira y conoces a la gente. Después de tantos años en contadas ocasiones ves a gente nueva. No he perdido las esperanzas porque creo que hay que ubicar el rock en otros sitios. Deben ser estilos que dejen de competir con el trap, estos géneros urbanos no tienen nada que ver con el rock, tienen más que ver con las formas de comunicarse de la gente joven. 

Durante el confinamiento me gusto ver a Adri, vocalista y guitarra de Desvariados, interpretando una versión de Antonio Vega, pero con su camiseta de Stray Cats y su tupé. Claro ejemplo de jóvenes que aman el rock and roll. 

Mario: No todo está perdido, de hecho nada está perdido. No van a dejar de ser géneros musicales que tienen su propio peso. Nadie va a decir que el rock es una mierda. Lleva décadas vivo, con mucha historia y un peso innegable. A lo que me refiero es que son los jóvenes quienes tienen que sacar esto adelante. Se me hace cuesta arriba pensar cómo podría reinventarlo y cómo puedo llegar a chavales que por edad podrían ser mis hijos. 

La última vez que hablé con Carlos Segarra, le hablaba de las muertes de Tony Luz y Sleepy Labeef. Ahora hablo contigo con la muerte de Little Richard reciente. ¿No te da la sensación de que estamos más cerca de la generación mítica que va falleciendo que de los chavales a los que queremos ganar para la causa? 

Mario: Sí, pero también estamos cerca por un revival. No recuerdo el año tal vez fuera 1989, tendría trece o catorce años cuando dije que iba a ser rocker. Había habido ya al menos dos revivals desde el año 1956. Mi generación consideraba que Little Richard era un viejo. Nosotros no teníamos la sobreinformación que existe ahora, teníamos fotos suyas de joven, poco más. Te enamorabas de una película. Me encantaban Stray Cats y The Clash, pero sus fotos, las que yo tenía, eran las que se hicieron con veintipocos años. No hemos vivido el fenómeno de tener la cuenta de Instagram, por decir algo, de Jerry Lee Lewis, donde perfectamente podrías ver la foto de un señor mayor fumando en pipa sentado en su sillón. No son directores de cine ni escritores que busquen transmitir profundidad, con todo el respeto que les tengo, sino rockeros. Imagina cómo les verá un chaval joven que tiene acceso a todo con un click. En los últimos años he conocido gente joven que se interesaba por el rock and roll, iban a conciertos, y se desencantaban de ver señores mayores. Es difícil conquistar a los chavales de veinte años hoy en día, tienen demasiada información. Cómo vas a atraer un grupo de chicas si ven que estás paseando al niño en la playa con su carrito, eres un señor (Risas). Faltan referentes generacionales que representen esos estilos musicales. No sé qué ha pasado en el mundo del rock, pero tengo la impresión que se ha estandarizado lo que es el rock para la gente joven. Ojalá diga esto, me lluevan hostias y la gente diga que no es verdad lo que voy a afirmar. Me encuentro gente que dice: “Soy joven. Me encanta Tom Petty, Bob Dylan y Bruce Springsteen”. Son los cuarenta principales del rock histórico. Tengo la impresión que la gente joven que sale del rock es súper standard. Te encuentras a otro que te dice: “Me encanta el rock, soy fan de David Bowie”. Otro más. Sí, de acuerdo, son geniales, son estrellas, pero todo es muy estándar. 

Entiendo lo que quieres decir, estoy deseando encontrarme un chico joven que me diga que le gustan los primeros discos de Mink Deville. 

Mario: Hay un rock de HYM. Como me gusta el rock, voy a un sitio concreto. La gente se queda en lo superficial. Personalmente con catorce años Elvis ni siquiera me interesaba mucho, aunque parezca un sacrilegio. Sí, me gustaban los temas de Sun Records, pero me atraía más Johnny Kidd and the Pirates, The Meteors o Dion. Me atraían por otras cosas, quizás porque no era lo evidente. 

Por cierto, ¿Nu Niles siguen en el dique seco, verdad? 

Marío: Sí (Risas). El otro día me canté unas pocas en una cosa para streaming, pero sí, sigue en el cajón. Se tendrían que dar las circunstancias que me apeteciera mucho rescatarles, pero lucho contra la nostalgia. Aunque sea parte de mi historia, legado y pasado, me resulta más fácil elegir tres temas y tocarlos, por el simple hecho de que me apetezca tocarlos. Una reunión del grupo sería más complicada, al fin y al cabo durante épocas largas Nu Niles tuvieron formaciones fijas, a pesar de que por la banda ha pasado mucha gente.

¿Seguirás tocando con el Loco en directo? 

Marío: Ya no estoy con el Loco. 

¿Con que proyectos sigues en activo? 

Mario: En Mambo Jambo colaboré hace poco, pero ya no sigo. Ahora mismo estoy con Mike Sanchez y con Mario Cobo. Ahora son mis proyectos porque como voy a ser papá, quiero centrarme más en el mundo producción, para no estar en la carretera constantemente. 

¿Qué planes de futuro manejas a corto y medio plazo? 

Mario: Intentaré disfrutar al máximo posible de todo. Seguiré componiendo, por supuesto, además me encanta tocar, pero con la situación que tenemos ahora veremos qué se puede hacer. No quiero comerme mucho la cabeza con el futuro en este momento, por mucho que me digan que en Septiembre estará arreglado. Me he pasado media vida comiéndome la cabeza pensando en los proyectos de futuro. El momento que vivimos me ha demostrado que hay que vivir más al día y no pensar tanto. Mis planes son disfrutar del momento sea el que sea y ya está, sea el que sea. 

Mil gracias por esta entrevista tan productiva, Mario. Seguimos en contacto y te deseamos que la niña venga pronto y bien, además de con muchas composiciones bajo el brazo. Un abrazo y salud. 

Mario: Muchas gracias y sí, seguimos en contacto. Un abrazo.

Allwoods: “Stories Of A Lonely Tree”

Por: Txema Mañeru 

¡Paso de gigante el efectuado por los Allwoods en su segundo disco! La verdad es que los seguidores del country clásico de Nashville, entre los que me cuento, se quedaron más que satisfechos con su debut de hace menos de dos años. “Birth” (TWH Records / Peer Music) supuso un gran álbum doble de presentación. El primero de los discos traías ocho buenas y variadas composiciones propias, mientras que el segundo traía otras tantas en forma de versiones. Country con especial inclinación hacia el baile y con temas de Zac Brown Band, Tim Mc Graw, Kenny Loggins u otros menos conocidos como Darius Rucker, Taylor Henderson, Maren Morris o Phil Vassak.

Además de los mencionados les gustan grandes como Brooks & Dunn, Alan Jackson, The Mavericks o Brad Paisley, y eso se nota en las nuevas canciones, todas propias, de “Stories Of A Lonely Tree”. De nuevo aparece publicado en el mejor sello de música country de este país, TWH Records, encabezado por los internacionales y estupendos Red Beard, pero en el que también van afianzándose otros artistas como Eva Vázquez & The Wolves, Chisum Cattle Co. o The Wild Horses. Van a sacar más discos este mismo año por lo que conviene darse garbeos por www.twhrecords.com. Un nuevo trabajo igualmente avalado por la  discográfica norteamericana Peer Music y que se puede conseguir y/o escuchar en todas las plataformas digitales principales además de en www.allwoodscountryband.com.

Con su debut, los AllWoods ganaron el premio al mejor disco para los oyentes de “Carretera y Country Radio”, pero es que estuvieron igualmente nominados en los Hall Of Fame 2018 y en los Country Music Awards 2019 de Texas. Ya han girado por Europa y con el actual  pretenden y pueden dar el salto a los USA. Aunque siguen enganchados al country standard de Nashville en este trabajo meten sonoridades más actuales, lo que les hace adecuados para oídos avezados en americana o country alternativo.

Comienzan con sus buenos aromas más clásicos en la deliciosa "Road Trip" y su contagioso violín, un logrado estribillo y unos punteos finales realmente poderosos y evocadores. También se convertirá en clásico "American Rider", con su piano casi southern rock, jugando de nuevo con el violín y la guitarra eléctrica. Se nos mostrarán más melódicos y románticos (también en la letra) en una sincera "Talk To You", en la que de nuevo brillan violín y piano y destacan los buenos coros femeninos. Otra delicia total es el bucólico inicio lento de "Gold Rush", que recuerda a Neil Young en el título, aunque su sonido está más cercano a Jackson Browne o a nuestros queridos Stormy Mondays, aunque luego se avive el ritmo para su alegre estribillo.

Ya en la cara B tenemos arrebatos de puro rock-country en "Don’t You Feel" con el espíritu de Dwight Yoakam y casi hasta el de Bob Seger cuando le acompañaba The Silver Bullet Band en los setenta. Se acercan al más puro y clásico rock’n’roll de los cincuenta en una "Perfect Thing" que puede enamorar a los seguidores de Dale Watson o Wayne Hancock. "Next To The Bayou" ya te indica por dónde se mueve desde su geográfico título, trayéndonos aromas de un Dr. John cautivado por el country. Como colofón un entrañable lento titulado "Letter To You", que pone la perfecta nota romántica para un disco que emana amor. El violín y esas cuidadas voces tienen aquí hasta un punto Gram Parsons

Dejamos para el final otra joya como "No True Love", que es su tema más visitado en los últimos días, aunque aquí puede haber otros que le superen en poco tiempo. Los seguidores de Alan Jackson, Poco o The Mavericks volverán a gozarla, pero también tienen cabida los amantes de Jayhawks, Chatam County Line u Old Medicine Crow. ¡Ojalá regresen pronto a los USA porque lo valen, pero a ver si los podemos ver este mismo otoño en nuestras salas más cercanas con este destacado material propio!

Hinds: “The Prettiest Curse”

Por: Javier González 

Pues si las Hinds han sacado un discazo se dice y punto, porque se han currado un trabajo bastante bueno con “The Prettiest Curse”, la verdad. Diez cortes resplandecientes como diez soles, capaces de mezclar grandes dosis de talento, consistencia y todo el acierto del mundo a la hora de facturar composiciones redondas de las que te encontrarás tarareando en la soledad de tu habitación y en la mejor de las reuniones veraniegas al aire libre que tendrán lugar una vez demos el pistoletazo de salida a la nueva normalidad, donde vaticinamos que la música correrá a cargo de la banda capitalina. 

Algo te engancha desde el momento en que las teclas amables de “Good Bad Times” entran en escena, fluyendo en una historia de control y búsqueda de libertad dentro una relación de pareja, pop de alta escuela sin duda alguna, en clara contraposición con los aromas retro, a lo “girl-group”, con los que nos deleitan en “Just Like Kids (Miau)”, esas ambientaciones “psicodélicas” con las que juegan en “Riding Solo”, donde se dejan embrujar por el espíritu de Ian Brown, por no hablar del rompepistas de sonrisa en boca que supone “Boy”, brutales se antojan cuando se visten como The Ronettes y The Shirelles, modernizando y ensuciando el concepto, mientras te invitan a brincar de un lado a otro cual loco, cerrando la primera parte del minutaje con la genial “Come Back and Love Me 3”, bendita cadencia arrastrada de aromas acústicos, amplificada y juguetona en una tonada donde el fantasma de Christina Rosenvinge se nos aparece para susurrarnos malicias al oído. 

Mostrando su lado más sofisticado y riot en la colosal “Burn”, fluyendo, sabiendo sonar cañeras sin abandonar una concepción amplia y amable de la canción, algo que también sucede en “Take Me Back”, quizás el corte donde más peso toman las guitarras, antes de arrancarse con “The Play”, donde el peso del juego de baterías se lleva la mayor parte de la atención, antes de acometer los compases finales de la mano de “Waiting for You”, otro potente trallazo de estribillo endiablado, que personalmente me ha retrotraído al “Chica Underground” del bueno de Carlos Ann, al que dudo que las Hinds siquiera hayan escuchado, menos aún que le tengan como referente todo sea dicho, antes de dar por clausurada la obra con los aires ambientales y lo-fi que encierra “This Moment Forever”. 

“The Prettiest Curse” sugiere en sus notas iniciales destellos llamativos que avanzan una sorpresa mayúscula, confirmando valía en la primera escucha y dejándote con un regusto dulce en la boca que impulsa a darle al play una vez y otra vez para seguir disfrutando de cortes cálidos, suaves como las rosas y con aristas puntiagudas llenas de espinas. Digamos que con este trabajo el cuarteto madrileño moldea su fórmula, estiliza el sonido y sobre todo se empeña en facturar grandes canciones; las mismas merecen cuanto menos la categoría de notable alto, encerrando momentos sublimes que invitan a mirar al futuro con sano optimismo, porque sí, cuando uno escucha a estas Hinds, vuelve a creer que no todo está perdido y que el mañana merece la pena ser disfrutado

Rubén Pozo y Lichis: “Mesa para dos”

Por:: Javier Capapé

Rubén Pozo y Lichis llevan un tiempo formando un tándem de lujo, una pareja atípica pero que ha demostrado entenderse perfectamente en lo que se refiere a las formas del rock más clásicas, esas que siguen erizándonos la piel sin necesidad de vestirse de etiqueta. Desde que iniciasen su proyecto conjunto, casi como un divertimento, se intuía que la colaboración podía dar sus buenos frutos en forma de disco. Y así ha sido, con este LP recién publicado que pone la guinda al proyecto de todos conocido con el nombre de “Mesa para dos”.

Doce canciones conforman este disco elegante a la par que urbano. Y de ellas ya conocíamos hasta seis, publicadas previamente en un fantástico EP, más otras dos en formato single que ahora se completan dando forma a un álbum redondo. Podemos encontrar reggae, toques de soul, pop, líneas acústicas, pero por encima de todo Rubén Pozo y Lichis nos ofrecen rock clásico, con grasa, seductor, del que se graba en tu interior con riffs potentes y construcciones de toda la vida, pero no por ello manidas, ofreciendo un sonido fresco a la par que riguroso, del que es difícil cansarse.

El catalán y el madrileño de adopción van turnándose la interpretación de los temas en un orden desordenado, porque en cada canción se deja notar el espíritu de ambos a pesar de que uno de los dos lleve la voz cantante. Ya sea por toques de guitarra, por frases hechas que nos remiten al uno o al otro o por coros puntuales, todos los detalles nos hacen sentir que no estamos en un disco a cuatro manos en los que cada músico aporta sus canciones y se ejecutan casi de forma individual contando más bien poco con su compañero. En este caso no es así, porque sentimos a los dos músicos presentes en todas y cada una de las composiciones. Y eso es lo más interesante, que es un disco realmente hecho al 50%, en espíritu y esfuerzo, creyéndose los dos todos los temas y aportando colores y detalles propios en cada uno de ellos.

Lichis abre el álbum con “Rock de Pueblo”, que se inicia pausadamente al piano y que posee cierto toque confesional, hasta podría decirse que con una pizca de solemnidad, convirtiéndose en un canto a la sencillez para dejar fuera la pose. Una canción de carretera que sienta las bases de un disco imbuido por la actitud que describe la misma a la perfección. Rápidamente salta a la palestra Rubén Pozo con un tema de toque Beatles a modo de comedia musical. “Asco y Vergüenza” destaca por su ligereza y por sus coros sesenteros que se apoderan del estribillo y nos hacen levantar a todos el ánimo. Lichis se refirió a “El hombre orquesta” como una canción ideal para habitar en una película de David Lynch. Mucho swing se apodera de ella y por momentos la melodía vocal aporta algunos fraseos en la línea del mismísimo Quique González. En “Carta a mis catorce” parece que nuestros protagonistas hablen de sí mismos en su etapa adolescente a la par que se acercan a los adolescentes de hoy en día, o a sus propios hijos. El potente estribillo está reforzado por los coros de Rubén en una canción en la que vuelve a llevar las riendas Lichis.

“Juguetes Rotos” comienza con un aire al dúo de productores Varona-García de Diego y rápidamente la cotidianeidad en las imágenes que salpican toda la letra de Rubén Pozo nos regala una de las canciones más redondas de la colección. Con guitarras stonianas y sobrada de actitud, nos presenta un paisaje reconocible en las vidas de muchos de sus oyentes. “Abracadabra” nos llega como bisagra entre las canciones que no conocíamos de la colección y las que ya formaron parte de su EP lanzado el pasado otoño. No necesitan más que dos guitarras, como la interpretaban en directo, para darnos una lección de elegancia y sutilidad. La voz de Rubén nos vuelve a enamorar en su contrapunto con la de Lichis. Sin duda una combinación excelente. Dos almas casi gemelas perfectamente compenetradas que ojalá nos regalen muchos más momentos como los recogidos en esta colección de canciones durante mucho más tiempo. Porque este proyecto parece haber nacido sin fecha de caducidad, sino más bien como un viaje que ha comenzado a rodar pero sin conocer todavía su destino definitivo. Cuando sus dos protagonistas se cansen de guiarnos por nuevos senderos quizá se apeen en el arcén, pero mientras tanto lo disfrutaremos al máximo, aunque me parece que lo haremos algo menos que ellos dos, ya que se percibe en ellos un estado de forma inmejorable y con una camaradería que se aprecia por encima de los surcos.

A continuación, como ya he comentado, se suceden los temas de su anterior EP, empezando por el excelente (y muy Willbury) “Mesa para dos” y pasando por otra de sus gemas incontestables como es “Trompas de Eustaquio”. Un tema que crece en intensidad bajo una pulsión constante de guitarra que nos lleva hasta su solo de trompa final para erizarnos la piel y derramar por el camino quizá alguna lágrima incontenible. “Loquillo” derrocha masculinidad, por eso no podía tener mejor título este viejo soul que seguro que no decepciona a aquel al que hace mención su título y su estribillo. Los Stones vuelven a aparecer con ciertos toques glam en “Canción Maldita” (¡cómo no caer rendido a ese solo que parece que salga de los artríticos dedos de Keef!) y “Nudo Sur” exuda energía pop por todos sus poros, desembocando en un colorido final con el reggae “Batiscafo Verde”, con su precioso wah-wah para cerrar un disco ligero a la par que atrevido y sincero.

Estos dos “fellas” nos dan lo que tienen, a espuertas, y nos invitan a hacerlo nuestro, a manosearlo y sudar con ellos. Podría ser más apropiado decir entonces que más que una mesa para dos es una en la que caben muchos más comensales, todos los que queramos vivir en estas canciones. Una mesa presidida por estos dos socios que esperemos quieran extender muchas más veces el mantel de la misma para regalarnos estos exquisitos bocados.