Vlack: “The Sound Of Light”


Por: Txema Mañeru

¿Más de lo mismo? Sí y no. Vlack nos trae ahora “El sonido de la luz” para alumbrarnos en estos tiempos oscuros y de pandemia. ¿Quiere esto decir que ha cambiado de estilo musical y nos entrega shine pop o bubblegum pop? Pues no, sigue haciendo hardcore punk, high energy, stoner, post-punk, noise, death rock o metal como si no hubiera un mañana y siguen grabando y mezclando en los Ultramarinos Costa Brava con Santi García. Se trata de su cuarto disco y Marc Teichenné cantando cantando desatado y tocando todos los instrumentos con la excepción de batería, tras la que se encuentra su hermano Joan Como los anteriores los puedes conseguir y escuchar en vlack.bandcamp.com, también en versión vinilo y hasta en cassette.

Sí que es cierto que en un par de temas vamos a encontrar los coros extras a cargo de Anna Quiroga. Con una preciosa ilustración interior, el trabajo comienza con una imponente "Noise", cuyo título habla por si solo,  cabalgando a un ritmo pausado de arranque pero que luego va sacando esas llamas de las que habla su letra. Es uno de los temas que cuenta con los coros extra de Anna. Tanto esta canción como el resto, hasta completar la decena de nuevas composiciones, están hechos para ser escuchadas al volumen más alto posible. Como el que usaban sus queridos Swans en sus conciertos de la pasada década, al menos. 

Estamos ante un disco cargado de poder, de emoción, de intensidad y de vida. Así lo confirman títulos como "Firefalls"; una "Collapse" que te deja al borde del mismo, pero con una gran melodía vocal; la marciana "Alien" que es una de las más duras  moviéndose entre noise y hardcore-metal, pero también con pegadizo estribillo; la ardiente "Slowburn" o la guerrera "War", que se encarga de cerrar el, en todos los sentidos, violento disco. Valga como anécdota al respecto que me puse la citada "Firefalls" en el ordenador de una casa de la cultura, estando el volumen “sólo” a la mitad, y la gente me miró entre asustada y alucinada. 

Incluso en los temas instrumentales, como "DNA", parecen estar hablándonos bajo su poderío en llamas, aunque a través de su ritmo ralentizado casi a cámara lenta pero con sus guitarras aullando. También más que interesantes resultan las trabajadas letras de temas como "Raze", "Downunder" o la final y ya citada ‘War’. Sigue habiendo mucha vida tras Rippers, como igualmente lo demuestra Marc  con sus Tesseire, a modo de cantautor folk alternativo y occitano, al que puedes seguir la estela de su cruz en tesseire.bandcamp.com. Te recomendamos también cualquiera de ambas escuchas en sus poderosos y muy distintos directos. 

Entrevista: Willis Drummond


“Nuestra única manera de vivir es seguir luchando contra este mundo absurdo” 

 Por: Sergio Iglesias 

 “Hala ere” es el título del nuevo trabajo de Willis Drummond, un disco donde la banda de Baiona recupera el formato de cuarteto, con la incorporación de Vincent Bestaven, quien entró en el grupo durante la pandemia, para los conciertos en acústico. Para hablar largo y tendido sobre la gestación, el sentido y la importancia de este nuevo elepé, hemos estado charlando con Jurgi Ekiza, vocalista de la banda. 

Para comenzar, ¿teníais ganas de pisar un poco el acelerador después de la pandemia y del disco acústico en directo? 

Jurgi Ekiza: Sí, necesitábamos volver a lo eléctrico y abrir un nuevo ciclo. Queríamos hacer un nuevo disco con Vincent (Vincent Bestaven) dentro del grupo y, además abriendo el estilo a otras cosas… 

¿En qué sentido queríais abrir el estilo? Lo pregunto porque es un disco muy variado en cuanto al sonido… 

Jurgi Ekiza: La verdad es que no buscábamos nada en concreto. Vincent había tocado con nosotros para el acústico y, cuando volvimos al eléctrico, hablamos con él para saber si quería seguir girando con nosotros, y también si quería seguir en la banda en el caso de hacer nuevo disco. En principio tuvo dudas, porque suponía estar mucho tiempo, ya que era el disco y la gira… Así que lo que hicimos fue juntarnos en el local, colocar seis micros y empezar a trabajar sobre las ideas de cada uno; por eso hay cosas tan diferentes, ya que hay muchas ideas de Félix (Felix Buff), canciones mías, canciones de Vincent, una de Xan (Xan Bidegain) que no había entrado en el anterior… y todo eso, al final, reflejaba lo que somos los cuatro juntos. 

¿Os costó volver a recuperar el formato en cuarteto? 

Jurgi Ekiza: Sabíamos muy bien cómo funciona una banda con dos guitarras, y también cómo funciona en trío, porque así fue como hicimos “Zugzwang”, con un sonido postrock o hardcore, más directo, y habíamos disfrutado mucho haciendo el disco y la gira. Pero es cierto que esta vez era una aventura muy interesante trabajar en cuarteto, y lo hemos pasado muy bien porque era un sonido como más clásico, con dos guitarras y el bajo tocando al ritmo de la batería. 

¿Ha sido también más sencillo que “Zugzwang”? 

Jurgi Ekiza: Bueno… más sencillo tampoco, diferente. La cuestión es que, para este disco era evidente que lo teníamos que hacer así, y si las mismas canciones las hubiéramos hecho entre tres, no habría sido el mismo disco y no habría sido tan interesante. Intentamos cada uno llevar lo nuestro preparado y el proceso que hemos llevado a cabo ha sido lo que ha creado el disco en sí mismo. 

Lo que se nota es que es un disco más “natural”, por decirlo de alguna forma, donde hay muy pocos artificios en forma de arreglos innecesarios… 

Jurgi Ekiza: Sí, eso tampoco estaba pensado desde el principio. Lo que sí teníamos claro es que las bases las queríamos grabar tocando los cuatro juntos y a la vez en la misma sala del estudio, sin metrónomo, sin claqueta, y sin cascos. Queríamos hacerlo así porque, cuando habíamos escuchado las maquetas nos gustó la sensación de inmediatez, y queríamos capturar ese instante también en el momento de la grabación.

Lo hicimos de esta forma, con la idea de meter después los arreglos, pero al final, tan sólo añadimos un solo, unas percusiones, unos efectos… muy pocas cosas, porque pensamos que, si metíamos muchos arreglos, se podía desnaturalizar un poco el disco, y lo que queríamos era mantener ese lado más salvaje y bruto del instante, así que añadimos muy pocas cosas, y enseguida decidimos que estaba acabado. 

En la nota de prensa, se menciona esa “emergencia” del punk rock australiano. ¿Qué influencia ha tenido en este disco lo que vivisteis tocando por allí?

Jurgi Ekiza: Yo diría que fue al revés, que no es que tocar allí nos haya influido, sino que, como siempre nos ha gustado el rock australiano, queríamos tocar allí.

Cuando en 2020 fuimos a Japón, pensamos en que sería un sueño tocar en Australia, sobre todo por AC/DC, pero también por bandas y artistas actuales que nos encantan, como The Drones, por ejemplo. Así que decidimos ir, más que nada, como un desafío y para pasarlo bien y decir que lo habíamos hecho, era algo que teníamos que hacer en la vida.

Pero la influencia del rock australiano, como te decía antes, ya la teníamos desde mucho antes y, evidentemente, también está en este disco, por ejemplo en “Gauzak”, que originalmente, era una idea de Felix y que, cuando empezamos a tocarla Vincent y yo con amplis Fender, ese sonido hizo que sonara más australiano y quizás, por eso se nota más esa influencia en este disco. 

“Hala ere” está producido por Johannes Buff… ¿resulta más fácil grabar con alguien “de la casa”?

Jurgi Ekiza: En general, lo que más nos importa a la hora de trabajar es pasárnoslo bien con la gente que amamos y, por eso, nunca hay tensión entre nosotros, no somos partidarios de ese tipo de escuelas que defienden que para hacer cosas buenas hay que sufrir (risas). Por eso, cuando Johannes volvió a vivir al País Vasco, hicimos “Zugzwang” con él, aunque todavía no tenía su estudio, y por eso, a lo mejor, no se notaba tanto su influencia en el disco; pero en 2020 decidió montar su propio estudio, “Shorebreaker”, cerca de Baiona, y le hemos ayudado a montarlo y ensayamos ahí, así que estamos como en casa.

La persona y el lugar tienen mucho que ver con el resultado final, porque Johannes nos conoce muy bien como personas y como músicos, y no teníamos que estar preocupados de cómo iba a quedar, porque tenemos confianza absoluta en él; lo único en que estábamos pensando era en tocar y él movía los micros y colocaba las cosas para capturar el momento… ha sido más complicado para él porque, ya desde la grabación, tenía que ir dando forma a la mezcla, pero la verdad es que funcionó muy bien porque es un campeón cogiendo un sonido y haciendo que suene mejor. Estamos muy contentos porque, con este disco, tenemos una sensación parecida a cuando hicimos “A ala B” hace diez años, que fue un poco como un punto de inflexión para la banda. 

¿Influye en ese buen ambiente de trabajo el hecho de trabajar sin ninguna presión ni depender de ninguna discográfica para grabar y editar los discos? 

Jurgi Ekiza: Sí, claro. En este caso, empezamos a tocar sin tener en mente si íbamos a hacer un disco o no, pero como enseguida vimos que funcionaba, decidimos ponernos a ello inmediatamente y lo hicimos todo en un mes porque por un lado, queríamos capturar esta sensación de inmediatez y, por otro, Johannes iba a ser padre y teníamos que acabar.

Pero es verdad que sólo publicamos si nos apetece y no por una estrategia comercial, y nos venía muy bien ahora, porque queríamos empezar a tocar otra vez, y presentar un nuevo disco siempre es la ocasión para ir a las salas y juntar a nuestro público. 

En cuanto a las letras, hay temas relacionados con la pandemia, aunque el componente social siempre ha estado presente en Willis Drummond, porque ya estábamos mal antes de que el virus entrara en nuestras vidas ¿no? 

Jurgi Ekiza: Así es. En los discos anteriores ya se hablaba de los mismos problemas, y en éste también se habla de eso, pero creo que, aunque tal vez no se entienda así, en “Hala ere” hay un enfoque más positivo, porque aunque vea que todo se va a la mierda y todo es muy caótico, quiero pensar que las cosas, en algún momento, van a mejorar.

La vida siempre gana y ese optimismo está presente en nuestro funcionamiento como banda, haciendo cosas entre gente que se ama, y sin salir del País Vasco… Siempre se habla de circuito corto o de “kilómetro cero” para la alimentación, la agricultura y otras cosas, pero también es importante en lo cultural y ha sido muy guay poder hacer un disco con gente de la zona desde el principio hasta el final. Esto también es una manera de enfrentarse a un mundo tan caótico, es importante apoyar la escena local y escuchar música de tu barrio o de tu ciudad, porque eso crea un inconsciente colectivo y, si solo consumimos la cultura de fuera o la que nos aparece en las redes, al final se pierde el factor personal de las relaciones sociales. 

Como primer avance del disco elegisteis “Bidasoa”, un sobrecogedor relato de lo que pasa muy cerca de vuestra casa… 

Jurgi Ekiza: Nosotros, como vascos, siempre hemos vivido como una imposición de los estados el hecho de ponernos una muga (frontera) ahí, y con la pandemia, cuando cerraron la frontera incluso para nosotros, nos dimos cuenta de la realidad de todos los migrantes y refugiados que quieren venir… lo que nosotros hemos vivido desde nuestras casas unos meses, ellos lo viven cada día; y cuando además te enteras de que, sólo en estos dos años, han muerto nueve migrantes, intentando cruzar nadando el río, nos dimos cuenta de que no podíamos quedarnos callados. Cuando pasaba en el Mediterráneo también nos importaba, por supuesto, pero ahora que pasa justo al lado de casa, nos parece mucho más violento; y aunque no podamos hacer gran cosa por solucionarlo, decidimos intentar dar visibilidad a la situación, sacando como single esta canción. 

Una situación relacionada también con lo que se cuenta en el tema que da título al disco donde cantas: “Pasaporteak kolore ona bazuen, pandemia baten erdian, 500 euroren truke, posible zen, bide goxo eta seguru batean, antipodak juntatzea…”… Qué importante es todavía el color del pasaporte (o la piel) y el dinero para que unas vidas valgan más que otras ¿no? 

Jurgi Ekiza: Sí, a lo largo del disco hay una idea de lo absurdo que es este mundo en que, como se dice en la canción, unos humanos pueden ir al otro lado del mundo en plena pandemia con un billete muy barato y a la vez, una persona no puede cruzar una frontera, aunque lo necesite para sobrevivir… todo es una locura. El mensaje sería que, frente a este mundo absurdo, intentamos hacer lo que podemos, cada uno con nuestras contradicciones… y por eso el disco se titula “Hala ere” (“Sin embargo”). Cosas como que nos digan que tenemos que bajar la calefacción en casa, pero al mismo tiempo, ponen aire acondicionado en los estadios en el mundial… todas estas contradicciones te hacen ver que nada vale la pena.99 Pero, al mismo tiempo, esa contradicción queríamos enfocarla de una manera positiva porque a pesar de todo, nuestra única manera de vivir es seguir luchando contra este mundo absurdo. 

¿Creéis que todavía es importante dar valor a la música como objeto para disfrutar, dando importancia también a la parte artística del disco, como el diseño, la portada…? 

Jurgi Ekiza: De eso hablamos en “Har eta bota”… vivimos en una sociedad en la que todo se consume y se tira inmediatamente, incluidas la música ya que, con las plataformas, hoy en día escuchamos una canción y a veces, ni sabemos de quién. En alguna ocasión, nosotros también hemos tenido dudas de si todavía merece la pena hacer discos; pero en esta ocasión, lo pensamos muy poco, y cuando tuvimos las nueve canciones, decidimos hacer un disco porque teníamos ganas de grabar en el estudio; y una vez que decides hacerlo, mejor hacerlo bien y por eso hemos hecho una edición muy chula y cuidada con un vinilo naranja y con fotos de Guillaume Faveau, que es un fotógrafo de aquí, de Baiona, y la infografía, maquetación, y todo el trabajo de diseño nos lo ha hecho Mikel Larratxe, cantante de los Sexty Sexers, que también es un buen amigo. 

  Para terminar, el 26 de Noviembre empezáis la gira de presentación del disco en Bilbao. ¿Ya había ganas de tocar estos nuevos temas en directo? 

Jurgi Ekiza: Estamos con muchas ganas, además, este disco va a ser más fácil de pasar al directo, porque se ha grabado así y las versiones del disco van a ser muy cercanas a lo que vamos a hacer en los conciertos, y lo estamos trabajando mucho para mantener la energía de las canciones. Estamos locos por subir a la furgoneta y hacer kilómetros para tocar, aunque sea en lugares pequeños para presentar este disco del que estamos tan orgullosos.

Band Of Horses: Razones, apariencias y recuerdos


Madrid, Sala La Riviera. Domingo, 20 de Noviembre del 2022. 

Texto y fotografías: Skar P.D. 

Por alguna razón, de esas razones difícilmente explicables desde la razón, parecía que la presencia de Band Of Horses en Madrid, por fin, después de su no tan lejana cancelación del mes de marzo pasado, secuelas post Covid mediante, no había generado unas dosis muy altas de expectación a pesar de que su reciente disco, "Things Are Great", les ha devuelto, de alguna manera, a la senda que diseñaron con sus primeras publicaciones hace ya unos cuantos años, la trilogía que cerraron con "Infinite Arms", y de la que parecía haberles apartado ese par de discos posteriores no demasiado brillantes y que iniciaron un perceptible alejamiento de la nutrida afición patria que sin duda tenían en ese segundo lustro de la década. Parecía.

Para cuando los teloneros, una banda británica emergente que responde al sugerente nombre de Gently Tender, salieron al escenario La Riviera presentaba un aspecto que no hacía presagiar en absoluto que el recinto registrara una entrada más allá de aceptable. El caso es que esta banda se ha formado de las cenizas de Palma Violets, que durante un par de años habían optado a la muy británica categoría de "última esperanza blanca" y el que más y el que menos recuerda la energía y el vigor con que arrancaron con aquel "Best Of Friends" y su mezcla esplendorosa del indie con el garage. El caso es que Gently Tender tienen otra filosofía y han cambiado la inmediatez por la reflexión y las urgencias por la intensidad, a lo que sin duda ayuda la voz de la bajista de Big Moon, Celia Archer, que además se ocupa de los teclados. Actuación breve como corresponde pero que mostró unas dosis elevadas de solvencia especialmente en el uso armónico de las voces. Una banda que apuesta más por la reflexión que por el impulso y que dio la impresión de que tienen una capacidad de evidente progresión.

Debe ser, que eso de los teloneros, no interesa mucho, porque en la escasa media hora que transcurrió entre la finalización de los británicos y la salida a escena de los chicos de Ben Bridwell la afluencia de público fue en aumento de tal forma que cuando diez minutos más tarde del horario previsto Band Of Horses aparecieron en el escenario, la sala presentaba un lleno espectacular. O sea que solo parecía.

Dos cosas quedaron meridianamente claras desde el principio, una, que aunque las salas pueden tener su particular acústica que en ocasiones puede afear el sonido, cuando una banda suena, es que suena, y desde el primer momento Band Of Horses sonaron poderosos y, ¡oh milagro!, nítidos de forma que era posible escuchar, de forma diáfana, los sonidos producidos por los cinco instrumentistas, a pesar de que en ocasiones la conjunción de tres guitarras y sus correspondientes efectos sonoros mostraran un sonido denso, sucio que dirían los exégetas de las guitarras cristalinas. Y la otra es que la voz de Ben Bridwell sigue atesorando esa cualidad tonal que la hace tan emotiva.

De entrada tiraron del "Infinite Arms", que es jugar sobre seguro, y las emotivas notas de "For Anabelle" se encargaron de abrir la espita de los recuerdos porque, en general, el que más y el que menos de los allí presentes había transitado a la madurez hace una decena de años. La batería inicial de "NW Apt" situó a la audiencia por los derroteros por los que a partir de ese momento transcurriría el concierto, es decir, con la suficiente dosis de energía que distingue los directos de los discos, teniendo su primer momento emotivo, de esos que ahora se escenifican con cientos de teléfonos en alto, con "No One's Gonna Love You", para enlazarla con "Islands On The Coast", lo que significa que vale que venimos a presentar un nuevo disco, el disco del reencuentro por así decirlo, pero todos sabemos que es lo que nos ha traído hasta aquí y por qué estamos de nuevo ante vosotros. 

Por si quedaban dudas, todo el armazón del concierto se centró en sus tres primeros, y añorados, discos con tan solo tres concesiones al, en principio, motivo que les ha sacado de nuevo de gira que, las cosas como son, se engarzaron a la percepción con la propuesta ofrecida. Así, el muro de intensidad de "Warning Signs" fue la primera referencia al "Things Are Great", antes de que la inquietante "Is There A Ghost" volviera a levantar las emociones de una, todavía a esas alturas, expectante y algo fría audiencia. O eso parecía.0 Fuera como fuera, a partir de ahí Band Of Horses dieron un paso adelante y metieron una marcha más al concierto y tras una breve incursión al country más adulto en forma de cover del "Neon Moon" del extinto dúo Brooks & Dumn, la recreación de un clásico como "Laredo" dio paso a la recta final del concierto en el que se volvieron a recordar del motivo de su gira, y así 'Lights' y sobre todo 'Crutch', que pinta a nuevo fijo en sus setlists, dieron por concluida las referencias a su reciente disco, y como no podía ser de otra manera volvieron a sus principios para finalizar con esos coros que te avisan de las mentiras o apariencias de la noche, o sea con "Cigarettes, Wedding Bands", y al origen de todo, es decir a aquel "Everything All The Time" con la powerpopera "Wicked Gil" y la inconmensurable "The Funeral", que consiguió, a base de siseos llamando al silencio, que la cháchara infame con la que una gran parte del público tiende a destrozar los momentos más emotivos de la música parara por un rato y proporcionara un final de concierto a la altura de lo esperado. Canciones como ésta tiene ese bendito poder.

Hubo petición de bises, claro, aunque parecía que era más por costumbre que por otra cosa, porque a pesar de que desde luego Band Of Horses habían dado un buen concierto, con algunos momentos álgidos, la sensación era que audiencia y banda no habían conseguido una comunión sincronizada de esas que dejan recuerdos imborrables. Otra versión, esta vez el "Never Tear Us Apart", de INXS, fue el prólogo del, esta vez sí, definitivo final que llegó con una festiva recreación de "The General Specific".

El porqué de la sensación de que a pesar de estar todo a favor parecía que no se había conseguido llegar a la cima emocional de todo buen concierto, quizás sea una de esas razones difícilmente explicable desde la razón. Aun así la sensación es que es de esos conciertos que mejoran con el recuerdo. O eso parece cuando se tiene cierta perspectiva.

Nick Cave: “Más extraño que la bondad”


Por: Txema Mañeru

Este libro es una absoluta preciosidad en formato gigante con pastas duras, alucinante colorido e ilustraciones en papel grueso, llegando hasta un total de 276 páginas. Vamos, el regalo perfecto para cualquier fan del australiano Nick Cave. Una hermosa realidad, cuyo original en inglés, “Stranger Than Kindness”, salió en 2020, que nos trae ahora la Editorial Sexto Piso en su Colección Realidades. Ya en 2015, la misma editorial publicó “La Canción De La Bolsa Para El Mareo”, con claro protagonismo visual.

Pero esta vez va mucho más allá este gigante libro que ha contado con las alabanzas de medios tan prestigiosos como The Times, El País o The Herald. Coincido con sus opiniones sobre que Nick Cave transforma lo banal en algo excelente, que este libro discreto y de gran belleza es una invitación a explorar la obra de Cave más a fondo, o que es una lectura fascinante nutrida de su obsesiva recopilación de información. De hecho en su breve pero explicativo prólogo ya nos da las grandes pistas de por dónde va a circular este libro, donde encontraremos un reflejo del intrincado mundo que se construye en torno a las canciones, y que las canciones habitan. Es el material del que nace y se alimenta la obra oficial. Detrás de las canciones hay una cantidad enorme de elementos secundarios: dibujos, mapas, listas, garabatos, fotos, cuadros, collages y borradores, cosas que son propiedad del artista, secretas y sin terminar. No son obras de arte sino la superestructura alucinada y compulsiva que da a luz a la canción o al libro o al guion o a la partitura. Para Nick (para mí también) estas piezas tienen una energía creativa distinta de la de la obra terminada: cruda y directa, pero no menos convincente. A mí ya me convence con estas palabras.

Tenemos aquí los secretos de las canciones de Cave para sus fans. Hay que ver tan solo esa primera foto a página completa con Cave de niño y vestido de vaquero, o las de sus padres, para ver que estamos ante algo muy íntimo. Luego aparece su primera novela favorita, “Lolita” de Nabokov. Se suman las instantáneas de niño  en el coro, o en la piscina, o viendo a The Saints, o en su primera actuación en el año 75. También a dos páginas podemos contemplarle junto a Rowland S. Howard y más compinches. Por supuesto no faltan las que le retratan con Anita Lane, así como cartas dirigidas a ella, e incluso anteriores enviadas desde el internado. En la esfera musical encontramos los Set-lists de actuaciones de The Boys Next Door, ampliando el ámbito artístico a cuadros de Anita, guiones, bocetos de todo tipo, letras de canciones significativas como "Mutiny", "Tupelo", "From Her To Eternity" o "Deanna". Al igual están recogidos los textos de “Dios Está En Casa”, de Darcey Steinke.

Abundan las citas, cajas de cassettes, un dibujo con sangre del citado "Mutin"’ o libros hechos por el propio Nick a mano, llenos de motivos religiosos y otros no tanto, pero en cualquier caso realmente bonitos e impactantes. Impresiona la gran foto en blanco y negro en su primer período en Berlín como la genial portada con el mono de “Grinderman” a todo color. El colofón lo pone el capítulo “Contextualización”, explicando de su propia letra cada una de las rotundas y personales imágenes. Además la maravillosa ilustración de portada con dos Nick Caves que hay que verla y vivirla. Todo para completar un precioso diario íntimo visual y escrito. Cedamos la palabra una vez más a Nick para explicarlos: “Naces. Te construyes a ti mismo pieza a pieza. Construyes un relato. Te conviertes en un individuo, rodeándote de todo lo que amas. También recibes heridas, a veces, y te quedan cicatrices. Y sin embargo, te conviertes en una encarnación heroica y única tanto de las cosas que aprecias como de las que te generan dolor. Al transformarte en esta idea viviente, te vuelves inmediatamente reconocible; entre los miles de millones de rostros que hay en el mundo, te conviertes en lo que crees que eres. Te plantas ante el mundo y dices: Yo estoy aquí y esto es lo que soy” ¡Todo un festín para cualquier seguidor de uno de los mejores músicos de la historia!

Entrevista: Rubén Pozo


Es importante que cada canción parezca real” 

Por: Javier González 

Me cae bien el pirata, no lo voy a esconder. Hace muchos años que le sigo la pista y siempre he conectado con esa forma de hacer canciones por la cara que se gasta. También me gusta su buen trato y sonrisa franca. Además, uno que cree en la mitomanía del rock por encima de todas las cosas tangibles e intangibles, sabe que Rubén Pozo ha estado en todos los lugares que un músico puede estar. Y eso pocos de los nuestros pueden decirlo. En lo amateur, en el urderground más respetable, picando piedra, tocando el cielo y de vuelta al camino de las acústicas y las furgonetas con el respeto por la profesión a cuestas siempre presente. 

En su camino de eterno retorno, ahora nos le encontramos dando vida en directo a las canciones de “Vampiro”, su cuarto larga duración. Un puñado de temas que nacieron de espíritu chiquitín y con sonido a madera que en algunos casos crecieron y en otros se quedaron en ese mágico embrión, repleto de cotidianeidad y sencillez con el que es tan sencillo conectar. 

Una vez más tocaba volver a contactar con Rubén para que nos hablara de cómo y por qué. Nos le encontramos en la más absoluta calma, franco y satisfecho con su nueva obra. En paz consigo mismo algo complicado de encontrar hoy en día. Me remito a lo dicho un poco más arriba. A ver cuántos pueden decir lo mismo sin haber muerto en el intento. Pues eso. 

¿Qué tal va el ejercicio de supervivencia, Rubén? 

Rubén: Lo primero es que la ilusión esté intacta. Que el gusanillo aparezca antes de cada concierto y de sacar disco, que esté ahí, royendo la manzanita del corazón. Soy afortunado, me puedo permitir ir de bolos por España porque tengo personitas en cada sitio que siguen mi trabajo y que me hacen seguir en este oficio porque son maravillosas. 

Observando tu carrera, da la sensación que te has desestructurado mucho. Te haces muchos kilómetros en furgoneta y tren, cargas con las guitarras acústicas y con lo que haga falta. ¿Sientes haber hecho del minimalismo un arte? 

Rubén: Lo que me pasa es que estoy loco y me encanta actuar en directo. Sea con banda o en solitario, también con un guitarrista de apoyo y con Ana Diego a los coros. Todo lo que sea ponerme encima de un escenario con gente abajo que quiera disfrutar la experiencia del directo conmigo me vuelve loco. Se me electriza el cuerpo y la mente ante ello. Es mi trabajo y tengo suerte que sea así. También me lo curro. He pasado por arriba, por abajo y en medio, por delante y detrás a lo largo de mi carrera. La verdad es que la cosa ha tirado para adelante y mientras me lo siga permitiendo el público que ha conectado con mis canciones, todas o alguna, voy a seguir haciéndolo. 

¿Hasta qué punto “Vampiro” encierra mucho de esas noches de canciones, confesiones y guitarra acústica? 

Rubén: Las canciones son un diario de vida, pero tampoco del todo. Hay cosas que vuelcas tuyas, otras que no lo son tanto. Lo importante es que la canción parezca real. Qué importa que sea verdad o mentira si te ha llegado al corazón. Pienso que hay que emocionar y que cada uno tiene sus tretas para hacerlo. Trato de escribir desde mi punto de vista, desde mi verdad personal e interior. Quiero escribir sobre la humanidad y al humano que mejor conozco es a mí mismo, sin llegar a conocerme del todo. 

Me parece un disco muy de madera con canciones pequeñitas que van creciendo. ¿Lo sientes como una vuelta de tuerca hasta casi convertirse en un viejo trovador de blues por concepto? 

Rubén: Me encanta el blues, aunque una canción no suene a ello suelo meterlo, porque lo llevo dentro. Me gusta más el término trovador, más que “bluesman”. Tres siglos antes hubiera ejercido esa función, tocando por las plazas de las aldeas, recogiendo las monedas a cambio de un plato de comida y por dormir en el granero con las cabras y vacas. Es lo que haría. Es lo que me gusta. Desde que me empezó a gustar la música y empecé a tocar la guitarra con doce o trece años sabía que era lo que quería hacer. Tenía las actitudes, empecé a componer y a la gente le gustaba. Ha sido una bola de nieve que ha ido creciendo, he ido haciendo mi camino, sin aspavientos, poco a poco y cada vez la bola se ha hecho más grande. Estoy todavía a mitad de bajada de la montaña. 

Esa sencillez y cotidianeidad se ve perfectamente en canciones como “Gente” y “Mañana es Lunes”. 

Rubén: Me gusta la cotidianeidad que he escuchado en canciones de Kiko Veneno, aunque no se note la influencia. Cuando canta aquello del “muro de metacrilato que no deja olernos ni acariciarnos”, veo una ducha. Me gusta tratar de sacar un verso poético, aunque también hay canciones en que me voy a los cielos de Marte que también están en nuestras cabezas. 

Quizás por ese afán cotidiano y de resistencia en la vida de músico tenga tanto sentido hacerte acompañar por Miguel Ríos en “Abel y Caín”. 

Rubén: Claro. Miguel Ríos es un todo un ejemplo. La colaboración en “Abel y Caín” es de lo más bonito que me ha pasado en el mundo de la música. Además de ser un gigante del rock español, en las distancias cortas es un tipazo, súper generoso. No ha puesto un problema. Le gustó mucho la canción y se prestó a hacer un vídeo. Me deshago en elogios para con él. Estoy muy agradecido de la colaboración. Ha quedado genial y ha catapultado la canción hasta la estratosfera. 

Y en contraposición a la veteranía de Miguel, la participación de tu hijo Leo, colaborando en las baterías del disco. No sé si felicitarte porque tu hijo no toque reggaetón o porque toque en tu disco. Aunque la pregunta es. ¿Te hace sentir como un perro viejo que tu hijo toque en tu disco? 

Rubén: Las tres cosas que dices… pero me gustaría puntualizar que no tengo nada en contra del reggaeton. Los jóvenes que camelen a su forma, hay que respetarlo. Quiero decir que cuando salieron los Beatles también la vieja guardia hablaba de los melenudos y de que hacían ruido. El rock and roll de cada época es la música que no gusta a tus padres. Fíjate si estoy orgulloso de la colaboración que a pesar de ser un medio tiempo la he puesto para abrir el disco. Cada vez que entra la batería se me cae la baba. 

Tampoco renuncias a ese Rubén Pozo reconocible de temas como “Me Pareces Increíble”. 

Rubén: Tengo mi forma de escribir, pero no es algo que te plantees. Tengo mis maneras y creo que la gente que me sigue es por cómo escribo y cómo hago sentir encima del escenario. Me lo cuentan, me dicen que tengo una forma especial de expresarme y de escribir. Tampoco pretendo ser esclavo de mí mismo, pero cada uno tiene sus maneras y yo tengo la mía. Creo que esta canción podría ser mi favorita de este disco, es un corte tipo power-pop, donde el protagonista es un tipo con la autoestima bajo mínimos, ya que se siente muy pequeño. Quería hacer un tema con letra al estilo “Creed” de Radiohead, tipo: soy un freak y tú tan especial. Hacer algo así, pero con otra música, salvando las distancias. Pensé en canciones análogas, hablo en cuanto letra. 

Hablábamos de un disco muy de madera, con temas más acelerados y hasta canciones mixtas como “Tras la Tormenta”, que nace de un lado para pasar a otro. Personalmente la definiría como el prototipo de canción o el “standard Rubén Pozo”. 

Rubén: Me encanta que exista la expresión un “standard de Rubén Pozo”, suena a algo de jazz y de pronto tocas “Take Five” (Risas). Me recuerda a lo que comentábamos, a que tengo un estilo. Hay gente que está empezando y me pasa una canción porque dicen que les han dicho que se parecen a mí. La cotidianeidad y la poca vergüenza para contar cosas personales me salen solas. Está bien ser sincero, pero hay que hacerlo con un poco de arte. Tu verdad debe estar dicha con gracia y algo de magia para que le llegue al oyente en pocas palabras. Es el piropo que más me gusta porque la canción ha llegado a un corazón análogo. 

Hablando de corazones análogos, meses atrás leí una publicación de Álvaro Suite, donde decía que hablar contigo le había ayudado muchísimo. 

Rubén: Álvaro y yo somos amigos desde hace muchos años y hemos hecho colaboraciones con Pereza. Alguna vez les hemos invitado al escenario a Robert Castellanos y a él. Básicamente me llamo, me dijo “estoy libre y no sé si tienes algo para mí, me gustaría acompañarte con la guitarra y hacer unos bolos”. Me gustó la propuesta, vi que era la nuestra para hacer algo juntos y viajar como colegas que somos. Me gusta como toca y es un músico excepcional. Me aporta mucho cuando puede venir, si no le coincide con algo de “Fantasio”, porque él hace mil cosas a la vez. Lo pasamos muy bien encima del escenario y debajo. Estamos disfrutando mucho. Es un tipazo. 

Rubén, hace algunos meses se presentó el documental sobre Buenas Noches Rose, pero ando algo perdido. ¿Sabes si ya se puede ver en alguna plataforma? En las que tengo en casa no he visto nada… 

Rubén: Sí, el documental se presentó en un pase hace unos meses. Lo ha hecho gente maravillosa que son fans, se han ocupado de contactar con la banda y allegados. Ha tenido idas y venidas, pandemia y confinamiento de por medio. Pensé que ya andaba en plataformas. Fue una presentación maravillosa. No sé cómo estará. Lo está llevando gente de todo corazón, pero estoy un poco perdido sobre el documental. No soy el más indicado para comentarte nada. Te redirijo a las redes que lleva Dani Molina, lo hace con corazón y él te dirá cuál es el estado en que se encuentra en estos momentos. No quiero meter la pata. 

Pensándolo fríamente, eres de los pocos músicos de nuestra escena que ha estado en bandas de juventud, en un proyecto emergente como Buenas noches Rose que se quedó a las puertas del éxito; más tarde conociste lo que fue picar piedra y el éxito absoluto en Pereza y, por último, tu etapa en solitario, donde mantienes aforos respetables y llevas las riendas de tu andadura. ¿Qué sientes al mirar atrás o sentirás el día que palmes y hagas balance? 

Rubén: La verdad es que no tengo que esperar a morirme para hacerlo. Miro atrás y me siento muy afortunado, ya que siempre me he juntado por pura casualidad con gente increíble. Gente mejor que yo que me ha hecho crecer como músico y persona. He estado en sitios muy interesantes… y los que me quedan por estar todavía. En ese sentido me siento muy afortunado. Tengo una flor en el culo. 

De entre todos esos sitios. ¿Con cuál te quedas? 

Rubén: Me quedo con ahora mismo, presentando “Vampiro”, mi cuarto disco que es el favorito que he hecho. Amando todo lo que he hecho en mi carrera. Tú sabes cómo es esto. Lo último que haces es lo que querías decir y te ha costado lanzarlo por eso lo valoras tanto. Estoy enamorado de “Vampiro”. Me encanta mi presente de indicativo, también mi pasado. Estoy reconciliado con mi presente, lo vivo. Lennon decía que el rock and roll es estar aquí y ahora. Yo estoy aquí y ahora. Estoy en el momento que más me gusta. Me salen las canciones que siempre he querido componer, las he hecho para este disco. Recalco, amo todo lo que he hecho y sigo estando muy orgulloso. Si tuviera que elegir una parte de todo me quedo con hoy, hablando con Javi de El Giradiscos. Es el sitio donde quiero estar y si no estuviera aquí, es donde me gustaría estar. 

¿Cuáles son los planes más inmediatos que manejas? 

Rubén: En Noviembre estaré en Hospitalet, donde ya hemos agotado entradas. Estoy manejando números humildes, pero me está yendo muy bien con los aforos. Toco en garitos, pero está viniendo más gente que nunca. Todo el mundo se canta las canciones y lo estoy disfrutando más que nunca. He aprendido a salir, disfrutar y no estar preocupado por ciertas cosas. La gente está contenta y las salas llenas. Y lo más importante e inmediato que para mí es la fecha que tengo en rojo, señalada en círculos, es el 24 de Noviembre, en la sala Cool Stage de Madrid, presentando “Vampiro”, en mi ciudad, con banda e invitados. Para mí es la gran fecha de este año. Tengo más conciertos maravillosos, pero me apetece presentar el disco en mi ciudad, ya que no pude hacerlo en Mayo, andaba todo muy petado y colapsado. Es una fecha a la que le tengo ganas desde que salió el disco. También vamos a ir a Cádiz, Málaga…hay cositas. 

Vamos a cerrar con un mal común. ¿Qué te parece la falta de sentimiento de nuestro Atleti? 

Rubén: Mi padre era del Atleti y yo de alguna manera, por simpatía, soy del Atleti. Reconozco que no lo sigo mucho, pero mi frase cuando me preguntan es que no lo sigo mucho, pero que gane mi Atleti. No sé cómo está, la verdad, pero soy del Atleti de Madrid.

Taylor Swift: “Midnights”

 
Por: Javier Capapé

Nunca antes pensé que esperaría tanto un nuevo disco de Taylor Swift. Después de quedar atrapado por las fantasías otoñales de “folklore” y “evermore” no iba a pasar por alto los siguientes pasos de la estadounidense (dejando atrás regrabaciones de su discografía pasada). Así que en cuanto supe que tendría nuevo disco antes de terminar el año, esperé impaciente el resultado. Sin indagar en las especulaciones que sobre este nuevo trabajo circulaban por la red, simplemente decidí apretar el play la mañana del pasado 21 de octubre.

Una de las mejores cosas que hace en campaña esta artista es no ofrecer adelantos en forma de canción. Vale lanzar títulos de las mismas y algunas pistas, pero nada de singles previos que desgasten el lote. “Midnights” sonaba así por primera vez para todos aquella mañana y eso es ya un punto a su favor. Saborear el disco entero de principio a fin sin haber tenido la oportunidad de intuir por dónde va a ir su sonido con anterioridad. Y por eso mismo, la sorpresa fue mayúscula. Volvía el pop de altura (a la par que de consumo rápido), ese que entronca quizá con su disco más definitorio hasta la fecha, “1989”. Otro volantazo para no acostumbrarnos a ninguna de sus facetas. Atrás quedaban sus devaneos hacia el alt-folk de su pareja de discos previos, aunque no del todo. Quedaban ecos. Al igual que también dejaba espacio para la ligereza de “Lover” o la furia electrónica e industrial de “Reputation”.

“Midnights” es sin duda un disco pop elegante. La sensualidad y provocación le acompañan y la temática vuelve a girar entre sus idas y venidas amorosas, pero sin perder efectividad. Se despoja de la hondura que caracterizaba a “folklore” y nos hace disfrutar con sus lamentos de enamoradiza, subrayando en sus letras sus nuevas caídas en similares errores y fracasos. El despecho y la venganza conviven con las miserias de uno mismo en un disco que se entiende casi como un todo temático que gira alrededor de esas noches de insomnio en las que la composición puede convertirse en tabla de salvación, de ahí el sugerente título que refuerza aquello que acontece o que es concebido al traspasar la medianoche.

Al control y mano a mano con Swift en la composición se encuentra Jack Antonoff, esta vez sin la ayuda de Aaron Dessner, con esa hábil producción que hizo resplandecer sus anteriores trabajos. Antonoff se luce en términos de versatilidad pop, deshaciéndose en parte de su tono melancólico tan practicado con su otra protegida Lana Del Rey. Así nos presenta maneras cercanas al trap sin perder la dulzura en temas como “Labyrinth”, brillos de sintetizadores en la autocrítica “Anti-Hero”, evoca las formas de Billie Eilish en la urbana “Vigilante Shit”, juega con los samplers y los efectos vocales en “Midnight Rain”, e incluso se atreve a aportar toques de shoegaze en “Maroon”.

El caso de “Snow on the Beach”, su colaboración con Lana Del Rey, muestra ese pie todavía puesto en el intimismo folk de sus álbumes predecesores a la vez que potencia el brillo de dos de las artistas más influyentes del otro lado del charco, en la que se convierte en una de las caras más delicadas de la colección, empezando con un toque bucólico que puede retrotraernos a un cuento de hadas mientras sentimos como las voces de ambas empastan a la perfección (tanto que casi cuesta reconocer a la autora de “Born to Die”). “Karma”, por su parte, renueva el pop de “1989” sin evitar la furia vengativa que presentan algunas de estas letras. Dureza en la expresión con envoltorio de celofán, una de las características que mejor definen la forma con la que afronta la composición la de Pensilvania. Letras que tampoco esconden su crudeza en la muy intensa “Question…?”, ahondando en el despecho con el regusto amargo del alcohol para afrontar los momentos más inciertos, o en “Lavender Haze”, toda una crítica directa con cierta ironía hacia los medios de comunicación inmiscuidos en sus devenires vitales.

Si este décimo álbum de estudio de Swift no se desmarca tanto como ya lo hiciera en algunos capítulos anteriores tampoco es algo que tengamos que echarle en cara, porque éste es el disco que se esperaba de ella en este preciso momento. Unas canciones marcadas por su tiempo, que le ponen en sintonía artística con modas sin perder su fórmula cimentada en esos estribillos pegadizos tan reconocibles que todos podemos tararear como si siempre hubieran estado ahí a la tercera escucha o en esos puentes tan marca de la casa que dibujan crescendos emotivos en los que es difícil no caer rendidos. Swift consigue que su fórmula sea ansiada por todos sus seguidores como agua de mayo, aunque ahora también ha logrado que muchos de los que se consideran entendidos más allá de lo comercial le presten atención (aunque sea de tapadillo). La estadounidense ha conseguido trascender más allá del pop, se ha ganado el reconocimiento de artista relevante a todos los niveles, y estas trece canciones (veinte en su edición especial “3 a.m.”, donde quizá solo destaque por encima del resto una emotiva “The Great War”) así lo demuestran. El disco con mayor repercusión en plataformas de la historia tras su primera semana de lanzamiento. Algo que puede echar para atrás a muchos críticos de gatillo fácil, aunque hay que reconocerle que, sin necesidad de quitarse el sombrero, nos ofrece muchos momentos de los que bien valen una buena dosis de escuchas merecidas. No quedaremos nada indiferentes con pequeñas píldoras juguetonas como “You’re on your own, kid” o tonadas amables como “Sweet Nothing”, donde parece que podamos reconocer algo que nos recuerde al Bon Iver más desnudo de fondo. Al igual que nos sentiremos más reconfortados al calor electrónico de “Mastermind” e iluminados tras el brillo pop luminiscente de “Bejeweled”.

Taylor Swift lo sabe. Sabe que necesitamos más pop. El que nos refresca, motiva y revitaliza nuestro día a día. Y ella es una de las artistas que mejor puede entender esta necesidad y que demuestra que sabe plasmarla en temas tan adictivos como reconocibles. Si todos necesitamos pop, ¿por qué no dejarnos seducir por la nocturnidad de este “Midnights”? No hace falta comparar ni reivindicar dosis de madurez para ser más creíbles. No hace falta rasgarse las vestiduras por hablar bien de lo que nos gusta. Si emociona, funciona. Si nos satisface, subamos el volumen y que vuelva el pop a través de estas canciones cocinadas con el embrujo de la luna.

Ana Curra: Nacida para ser autosuficiente


Sala Ambigú Axerquía, Córdoba. Sábado, 19 de noviembre del 2022.

Texto y fotografías: J. J. Caballero

Cuarenta años después de su llegada a este mundo, uno de los discos fundamentales en la historia del pop español no solo sigue luciendo y sonando con la misma contundencia, sino que además tiene la tremenda virtud de estar más vivo que nunca, en concepto y efectos colaterales, en los oídos y el recuerdo de quienes asistimos a su alumbramiento con más escepticismo que predisposición. Son errores de juventud, claro, en un momento en que la inconsciencia y las ansias de rebeldía podían más que cualquier otro ímpetu vital, y son esos mismos errores los que subsanamos tanto tiempo después, cuando el paso de los años pusieron en su sitio, en el que le correspondía, a un grupo de canciones a las que toda la (escasa) atención que les prestamos en su día es y será insuficiente. “El acto”, aquel esplendoroso trabajo en el que Eduardo Benavente, alma y mentor de Parálisis Permanente, se erige como el monumento que es cuando su coautora, la lucidísima Ana Curra, a la sazón consorte e inspiración estética número uno del malogrado genio, lo vuelve a poner en escena con la pasión y actitud de antaño.

Cuatro décadas bien empleadas en su caso, que no es otro que el de una mujer sabia, inteligente y coherente con una trayectoria profesional impecable. Profesora titular de piano en el Conservatorio de Música de San Lorenzo de El Escorial, de trayectoria intermitente en los estudios de grabación y giras esporádicas pero intensas, decide con este retorno a la escena revivir y, en lo posible, recuperar el espíritu de aquella mítica grabación, sobre todo porque las nuevas generaciones no merecen quedarse sin saber cómo empezaron tantas cosas y cómo han evolucionado después, en la mayoría de casos a peor. Lo hace con una banda joven, formada por músicos que podrían ser sus nietos, dando protagonismo a la batería de Iván Santana y la guitarra de Iñaki Rodríguez, secundados por el veterano bajo de la gran Pilar Román y reservándose por derecho propio el rol principal a los teclados, haciéndose dueña y señora del escenario desde su aparición con la misma peluca rubia de la portada del disco, conservada como icono imperecedero. Así, vestida de cuero y transparencias que dejan adivinar un cuerpo maduro y fibrado, con su presencia rotunda y los ases que ya no se guarda bajo ninguna manga, grita el inmortal “Quiero ser beata” y advierte de que “Vamos a jugar” en su propia liga durante casi dos horas mientras le da otra y más brillante vida a joyas imborrables en nuestra educación musical como “Nacidos para dominar”, “Te gustará”, “Esa extraña sonrisa” y “Tengo un pasajero”, marcando territorio y apropiándose de un legado que le pertenece por derecho propio. A esas alturas y antes de meterse en el repertorio propio, el grabado bajo su nombre artístico o con esa otra banda enorme que bautizó como Seres Vacíos, ya intuimos que estamos asistiendo a un concierto con un aura especial. Histórico casi, aunque solo sea para los que aún conservamos un poco de oscuridad en el corazón. 

Antes de hacer que nos preguntemos de nuevo si su versión del “Héroes” de Bowie es la mejor que se haya podido hacer jamás, a este y al otro lado del océano, disfraza de glam siniestro el “Ghost rider” de Suicide y le da un repaso a un puñado de temas que no deberían caer en el olvido; “Hiel”, “Ratas”, “Aprendiz de bruja”, “Pájaros de mal agüero” o un descomunal “Aphrodita la monarca” que sitúa justo en medio del set list para situarse en el punto medio exacto de su currículo. Y desde ahí vuelve al principio, tocando “Quiero ser tu perro”, “Sangre” y un “Adictos a la lujuria” rabioso y animal, y toca y retoca para justamente dar en la tecla con las tremendas recreaciones de “Jugando a las cartas”, “Todo el mundo” y “Unidos”, otro pequeño himno que precede al éxtasis colectivo que supone cantar con ella como si solo importara lo que fuimos y no lo que seremos: “Autosuficiencia”, un tema que suena poderosamente actual con su incitación a la determinación individual; y “Un día en Texas”, la plasmación de cómo un triste suceso narrado en la prensa de ayer o de hoy transformado en canción puede llegar al alma y universalizar un sentimiento de complicidad eterno. Eso es tener clase, sencillamente.

Una artista con halo de mito, entusiasta de su legado y generosa en compartirlo después de tantos años, que nos dejó con la sensación de que los únicos culpables de que en todo este tiempo no hayamos aprendido gran cosa no somos sino nosotros mismos. Por haber obviado un patrimonio tan valioso, más que nada, pero a la vez reconfortados por el hecho de tener delante a alguien que nos recuerda que siempre estamos a tiempo de rectificar. Gracias, Ana, nada habría sido lo mismo sin usted.

Luke Haines & Peter Buck: "All The Kids Are Super Bummed Out"

 
Por: Àlex Guimerà

Hay colaboraciones que difícilmente uno se hubiera imaginado antes de que sucedan. Por ejemplo la de un guitarrista de una de las más legendarias bandas de rock americano de las últimas décadas con el líder de una formación de culto por muchos del todo desconocida del Brit Pop. Hablamos, por si no lo habían adivinado, del mítico Peter Buck, artífice del sonido de guitarras de los añorados R.E.M., y de Luke Haines, líder de una de las joyas ocultas del pop británico de los noventa, los seminales The Auteurs.

Para ello tenemos que remontarnos hasta aproximadamente unos tres años atrás, cuando Buck contactó con Haines para comprarle una pintura-retrato de Lou Reed -el bueno de Luke es fan del cantautor neoyorkino y ducho en la pintura- . Fruto de ello el, americano y el inglés entablaron una amistad que fue creciendo hasta que ambos decidieron grabar un disco indie rock a cuatro manos: "Beat Poetry For Survivalists" (2020), de tono lo-fi y algo experimental, y que a decir verdad fue liderado por el británico.

Han pasado dos años y la amistad traducida en colaboración artística parece que ha ganado estabilidad, lo que demuestran en este segundo disco, más ambicioso, con diecisiete cortes en los que la dupla ha querido tocar varios palos como el rock americano, el garage, la psicodelia, la electrónica,... Además ambos han disfrutado en el estudio utilizando el sintetizador Moog o el Melotrón, cuando no ensuciando las pistas con las seis cuerdas o jugando con otros instrumentos atípicos al rock (flauta, sitar,...).

Completan la formación del disco el cantautor Scott McCaughey, habitual compañero y colaborador de Buck ya desde la época de R.E.M., y la baterista Linda Pitman (también de los Filthy Friends de Buck y McCaughey). Desde inicios de este "All The Kids Are Super Bummed Out" vemos como no se trata de un álbum al uso, pues con la inicial "The British Army On LSD" florecen unas texturas industriales que se repiten en otros cortes como "45 Revolutions" . Durante el transcurso de la cara A seguiremos encontrando una diversidad sonora visible en un inquietante riff marcando "The Skies Are Full Of Insane Machines" , una curiosa flauta en "Sunstroke", guiños a los Sonic Youth en "Psychedelic Sitar Casual", efectos sonoros frenéticos de "The Commies Are Comming" o las retrospectivas al sonido REM de "When I Met God".

Para la cara B, la música ambient (rollo Brian Eno) toma acto de presencia en "Exit Space" y en "And We Will", mientras que los jugueteos electrónicos presiden "Diary Of A Crap Artist" o "Iranian Embassy Siege", que como es fácil intuir se acerca al contexto de la llamada "world music". Frente a dichas innovaciones estilísticas, sigue habiendo miradas a Sonic Youth en "Flying People" y pop de toda la vida  en "Waiting For The UFOs".

Un disco al que, además, merece la pena prestar atención a sus letras, pues traen reivindicaciones sociales, hablan de Dios, de Ovnis, de conflictos creativos, y de un sinfín de temas surgidos del imaginario del gran Luke Haines quién no desiste de seguir creando desde las zonas marginales, unos terrenos que al parecer agradan y le hacen sentir cómodo al guitarrista de los R.E.M.