Veinte años sin Julián Infante


Por: Javier González

Veinte años sin Julián Infante son muchos, sin lugar a dudas son demasiados. A Julián ni le vi ni me le crucé nunca por Malasaña, ni tuve oportunidad de disfrutarle sobre las tablas, ni en recintos de mediano aforo ni en las salas con las que con cierta asiduidad pateaba la noche tocando rockanroles. Dicho encuentro se hizo imposible por una cuestión puramente generacional, pero es extraño ya que en muchas madrugadas su recuerdo y su voz vienen a mí, casi con la misma frecuencia con que lo hace el recuerdo de Toño Martín y Pepe Risi

Su forma de mover las manos ha estado presente en las vidas de muchos de nosotros desde tiempos inmemoriales, no en vano el nombre de Julián va ligado a los seminales Tequila y de una manera mucho más cercana al “Hasta Luego” de Los Rodríguez, recopilatorio que tuvo una importante culpa del paso a la adolescencia de quien suscribe, no en vano aquellas canciones rockeras, stonianas y con sabores provenientes del otro lado del Atlántico, lograron transmitir gracias a su comercialidad bien entendida, el amor por cierta forma coherente de hacer rock para todos los públicos, y sí, una vez más en castellano, algo que ya hicieran más de una década antes con los ya mencionados Tequila

Julián estaba ahí, quizás como el cuarto Rodríguez en importancia, pero en las fotos llamaba la atención por su estética fiel a la escuela Keith Richards, reclamando la atención, robando miradas, incluyendo joyas ocultas en forma de canción como “Extraño”, la típica que quitabas de primeras y que para un servidor representa el culmen de dicho disco. Ahí aparecía Julián Infante, mitad caballero del rock, mitad pirata de la vida. Bordeando el lado salvaje y asomando su rostro curtido al abismo. Carácter y farra por doquier que en libros como “Sol y Sombra”, fenomenal biografía oral firmada por los Kikes sobre la banda,cuyo nombre sale del combinado que tanto le gustaba, queda perfectamente reflejada, mostrando las dos caras de su misma moneda. 

Veinte años sin Julián Infante son muchos, demasiados sin duda, porque para los amantes del rock en castellano, pocas cosas hay mejores en la soledad de la noche y con nuestros fantasmas rondándonos que la visita inesperada de figuras reconocibles que sepan aplacar emociones en un simple rasgueo y fraseo. Son dos décadas sin un mito de nuestro rock. Querido y añorado siempre, eterno Julián. Todavía te añoramos. Nos dejaste huérfanos de alguna joyita más. Hoy toca darte un recuerdo emocionado. Larga vida, allá donde estés. 

Nuestra canción de la semana: "No puedo volver", de Álvaro Suite


"No puedo volver" es el primer sencillo de lo que será el segundo álbum de Álvaro Suite, también conocido como guitarrista y miembro fundador de Los Santos Inocentes, la banda que acompaña a Enrique Bunbury. Además de todo eso en su carrera ha demostrado ser un prolífico compositor, productor y multi-instrumentista. 

Tras su disco debut, "La Xana", en la que reproducía la mejor tradición del pop-rock bajo un vestido iconoclasta y contagioso, ahora llega el turno de la reválida con su continuación, álbum del que de momento conocemos esta canción con letra de nuevo a cargo de un  fiel y admirado compañero de batallas como Pablo Cerezal


Entrevista: Whisky Caravan

"Solo se puede conectar siendo honesto con lo que haces"

Por: David Marsé

Nada mejor para celebrar los diez años de existencia de una banda, y además de rock and roll, que hacerlo recogiendo precisamente su esencia: el directo. Y eso ha hecho la formación madrileña Whisky Caravan, editando un disco acompañado de DVD, "No sueñan fantasmas", con el que captar ese irrepetible momento que supone una actuación, y más si se hace un entorno como es una abarrotada sala Joy Eslava.

Acerca del disco, de la actuación que recoge, del futuro de las actuaciones y sobre todo de la historia de uno de los grupos más emblemáticos que ha dado la última hornada del rock urbano, hablamos con el cuarteto.

Acabáis de publicar un disco-DVD, “No sueñan fantasmas”, que recoge la actuación en la Joy Eslava con la que celebrabais vuestro décimo aniversario, ¿era una idea que tenías pensada llevar a cabo para cuando se cumpliera esa fecha o fue algo que se os ocurrió llegado el momento?

Víctor: Es algo que fue creciendo poco a poco. La idea original era hacer algún teatro, con no mucho aforo y hacer un concierto íntimo y especial. Poco a poco, fuimos barajando otras posibilidades, se nos presentó la oportunidad de hacer el fin de gira en una sala tan hermosa y mítica como es la Joy Eslava y decidimos inmortalizar esa noche para poder, dentro de unos años, enseñárselo a nuestros nietos y que vacilen de abuelos rockeros...

¿El setlist del disco recoge un concierto habitual de la banda por esas fechas o pensasteis en uno especial que ofreciera un resumen amplio de lo que sois musicalmente?

Marcos: Lo cierto es que para una ocasión como esta siempre se intenta hacer algo especial, introducir algún tema que en condiciones normales no estaría en el set e incluso arreglar los temas de forma especial. Pero también es verdad que gran parte del set está compuesto por temas que en nuestra opinión no pueden faltar y que tocamos habitualmente en cualquier concierto.

En la parte de la producción habéis repetido con Dani Alcover, ¿qué os aporta su presencia? ¿le veis como la persona que mejor sabe sacar recoger lo que queréis ofrecer en la actualidad?

Alberto: Dani Alcover es una persona que nos transmite mucha confianza, sabemos que es un gran profesional, tiene experiencia, y a parte de haber trabajado muy a gusto con él y haber obtenido grandes resultados, ha sido una persona que nos ha ayudado con sus consejos y se ha preocupado por la banda. Así que estamos encantados de haber podido realizar este trabajo con él.

En un disco siempre se intenta cuidar la parte musical, pero supongo que en un tipo de trabajo como este, que incorpora un DVD, también habréis cuidado o tenido en cuenta la parte audiovisual, escenográfica, etc..

Víctor: Sí, por supuesto. Ha sido un trabajo de meses. Preparar algo así y que el resultado sea satisfactorio implica muchas horas de ensayo. Y mucho, mucho trabajo de producción. En más de una ocasión pensamos ¡dónde cojones nos hemos metido!

Marcos: Si, en ese sentido se intentó cuidar la parte audiovisual, se incluyeron proyecciones en algunas canciones y se hizo un trabajo especial con el tratamiento de la iluminación.

Vuestro estilo se caracteriza por ir desde el rock más contundente y directo hasta jugar con medios, y lentos, tiempos más emocionantes y épicos, ¿de qué depende que elijáis un camino u otro para una canción determinada, tienen que ver elementos como la temática que aborde dicha canción?

Danny: No necesariamente. Cuando hacemos una canción es porque hay algo dentro que necesitamos sacar. Creo que depende completamente del estado de ánimo. No es lo mismo escribir cabreado y que un tema salga con una base enérgica a estar solo en casa y tratar de buscar algo de calma en la canción que estás haciendo. También tratamos de encontrar el equilibrio en un disco. 

 “No sueñan fantasmas” es un título con ese contenido lírico que tanto le gusta a la banda, a pesar de estar muchas veces encuadrados en el rock urbano no sois una formación de “contenido explícito polítco-social”, vosotros os centráis sobre todo en aspectos más íntimos y personales, ¿hablar de uno mismo con honestidad es el mayor compromiso que entendéis se puede tomar en el arte?

Danny: Es lo que te digo... cuando componemos es para sacar algo vital. Me interesa más hablar de sentimientos, creo que los entiendo mejor que a las personas, a los políticos y todo este mundo jodido. También nos hemos desahogado en algunos temas como “Los presidentes” o en uno nuevo que estamos haciendo que se llama “Larga Carretera”. Creo que no es nuestro sitio y es lo que intentamos encontrar. La clave es ser honestos con nosotros mismos.

Alberto: No importa de lo que hable una canción, lo importante es que sea algo sincero. Nada importa más que la verdad. No hablamos de política porque no nos interesa demasiado la opinión política, y además, no hay demasiadas variantes, ya sabemos cuales son. Lo importante en el arte es conectar, y solo se puede conectar siendo honesto con lo que haces.

Cuando un grupo graba un directo a veces sucede que funciona como resumen de una etapa que deja atrás, ¿estamos ante un trabajo que cierra un ciclo o no tiene esa significación para vosotros?

Alberto: Así es. Este trabajo resume un ciclo para nosotros, creemos que nuestro siguiente paso pertenecerá a una nueva etapa. Además, podríamos diferencias las etapas de forma mucho más clara ahora, con la pandemia de coronavirus. La etapa pre covid, y la etapa post covid.

Durante estos años habéis girado por el extranjero, habéis colgado muchos “sold outs”, habéis triunfado en festivales... ¿qué es lo que más os emociona y os hace sentir orgullosos como grupo de lo vivido en este tiempo?

Victor: El cariño de la gente que nos sigue. Suena a topicazo pero es realmente cierto. Es imposible no emocionarse cuando alguien se te acerca y te dice que hemos cambiado su vida.

Marcos: Todo esto que comentas es lo que nos hace sentir orgullosos, ver que lo hemos hecho todo dando pequeños pasitos y haciéndolo del modo en que nosotros hemos querido. Echar la vista atrás y pensar en cómo se ha dado todo desde nuestro primer concierto hasta este último es realmente emocionante para nosotros.

Y echando la vista atrás, ¿os veis muy distintos de aquellos que empezasteis, o en esencia os reconocéis con facilidad?

Marcos: Obviamente la banda ha cambiado bastante desde que empezamos, incluso hemos cambiado de formación. Al principio solo éramos unos críos que utilizaban la música para salir de la rutina. Con el tiempo encontramos una forma de trabajar y comenzamos a creer que esto podría ser algo más que un hobby para pasar el rato. A partir de ahí la banda ha evolucionado de manera natural, el cambio desde nuestro primer disco hasta este último es evidente.

¿Y visto desde la actualidad cambiaríais algo de vuestra trayectoria o de vuestras decisiones?

Danny: Siempre hay cosas que con la experiencia y la distancia se ven de otra manera. Ahora hay cosas que no permitiríamos y cosas que haríamos mejor, pero no tiene sentido pensarlo. Si lo hicimos en su día fue porque creímos en ello. Queremos mirar siempre adelante. 

En estos tiempos en los que los directos son casi inexistentes y los que hay son  muy mermados, ¿qué sensación os crea un disco como éste donde recoge ese ambiente tan abarrotado de gente y tan caluroso?

Alberto: Ver la sala Joy llena fue algo estremecedor.  Sabemos que no es fácil y ahora lo vemos como algo que ocurrió en otra vida, aunque fue solo hace unos meses. Pero para nosotros ver este directo ahora es cómo cargarnos de energía en un momento en el que apenas hay conciertos. Es como una promesa de lo que ha de volver.

¿Cuál os gustaría pensar que es la idea que durante estos diez años el público se ha hecho de vosotros?

Marcos: Buena pregunta... Nos gustaría pensar que la gente nos ve como una banda que trabaja con honestidad y humildad para intentar llevar su música al mayor número de personas posible.

Alberto: Me gustaría pensar que de alguna forma se nos reconoce el trabajo y el esfuerzo que supone, para unos humanos comunes como nosotros, crear música durante este tiempo y no desfallecer por el camino.

Víctor: Que somos una banda que hace las cosas con pasión e ilusión. Y que pretendemos ser nosotros mismos. Fuera y dentro del escenario. 

Danny: Yo espero que sepan lo agradecidos que estamos. La idea que tengan de nosotros no lo sé. Sé que hay gente a la que nuestra música les ha llegado y gente que pensará que no somos buenos. Eso está bien. Ambos nos ayudan a seguir mejorando. Al final lo importante es lo que pienses de ti mismo cuando te vas a la cama.

Shemekia Copeland: “Uncivil War”

Por: Txema Mañeru 

Lo primero que queremos destacar de este apasionante e intenso nuevo disco de Shemekia (sí, ya no hace falta ni citar su ilustre apellido) es que será uno de los mejores trabajos de música negra del presente año. ¡Y no sólo hablamos de blues! Soul, rhythm and blues, el góspel de su niñez y hasta el rock de crudas guitarras vuelven a estar presentes en este arrollador “Uncivil War” (Alligator / Discmedi). Lo segundo que queremos destacar es que dentro de esta faceta arrolladora está la temática de estas canciones que vuelven a ser contestarías en ámbitos políticos y sociales. Como debe ser en los tiempos que corren y con el garrulo que, ahora ya, tenían en la presidencia. Algo que ya estaba muy patente en su anterior y destacado trabajo “America’s Child”. Disco que también nos pareció, por cierto, entre lo mejor de la música negra del año 2018. Al igual que dicho disco cuenta con la brillante producción del gran Will Kimbrough. Shemekia fue de las artistas más jóvenes en entrar en el prestigioso club de la Colección “DeLuxe Edition” de Alligator Records, compartiendo lugar con grandes como Johnny Winter, Charlie Musselwhite, Kenny Neal, Son Seals, Hound Dog Taylor, Albert Collins, Lonnie Brooks, Roy Buchanan, Little Charlie & The Nightcats, William Clarke y otras mujeres explosivas y de armas tomar como Katie Webster, Koko Taylor o esas elegantes damas que son Saffire The Uppity Blues Women. Dentro de poco igual tendrán que sacar un segundo volumen de ella porque ya anda rondando la decena de recomendables referencias para el sello del cocodrilo.

En “America’s Child” nos demostró su capacidad todo terreno atreviéndose con algunas logradas versiones de The Kinks (sorprendente "I’m Not Like Anybody Else"), John Prine, Mary Gauthier, su padre Johnny Copeland o algunas nuevas composiciones de su productor y excelente guitarrista, Will Kimbrough. Además contó con la presencia de grandes músicos y cantantes como el propio John Prine, Steve Cropper, Emmylou Harris, Rhiannon Giddens, J.D. Wilkes, Mary Gauthier, Al Perkins, Katie Pruitt, Kristi Stassinopoulou o Tommy Womack. Los resultados fueron realmente buenos, y por eso repite fórmula en este nuevo “Uncivil War”, provocador desde su acertado título. Además de las nuevas y actuales composiciones de Kimbrough, con ayuda de John Hahn, tenemos algunas otras versiones que conectan bien con el espíritu del disco. Un trabajo en el que la lista de colaboradores vuelve a ser amplia y selecta y que está dedicado a la memoria de Dr. John y John Prine, con quienes había tenido relación y había cantado en los últimos años. También lo ha hecho con grandes como Keith Richards, Eric Clapton, Santana, B.B. King, Mick Jagger o Buddy Guy, entre muchos más. Entre las colaboraciones de lujo tenemos a otro gran revolucionario como Jason Isbell, nombre y hombre que también se ha ganado ya a pulso poder citarlo sin citar a su anterior y destacado grupo. Sí, los Drive-By Truckers. Además aparecen clásicos y grandes guitarristas como Duane Eddy, Steve Cropper (Booker T. & The MGs, Neil Young, The Blues Brothers) o su compañero en Alligator (¿para cuándo el esperado nuevo disco que suceda al destacable “Kingfish”?) Christone “Kingfish” Ingram. Suma también la rockera guitarra de Webb Wilder y a los maestros de la mandolina y el dobro, respectivamente, Sam Bush y Jerry Douglas. En el apartado vocal, en esta ocasión, los que destacan por encima de todos son The Orphan Brigade. ¡Todo un all-star music!

Todo esto de nuevo no tendría sentido sin buenas canciones y buenas interpretaciones. Escucharla cantar sobre las excitantes guitarras en "Clotilda’s On Fire" es una gozada total. Si encima nos habla de los fantasmas de Alabama, la emoción se desborda por momentos y se sienten las llamas de su voz y de esa eléctrica realmente rockera. Aquí tenía que estar el nativo de Alabama Jason Isbell, realmente salvaje e inspirado. Por cierto que esta joya cuenta también con un destacado y chulo videoclip. En "Walk Until I Ride" es muy fácil acordarse hasta de los mismísimos The Staple Singers y eso son palabras mayores. Coros trepidantes para un sentido góspel. Precioso dobro, mandolina y Hammond B3 para un fantástico tema titular con destacada letra. Puro rock con “Kingfish” saliéndose en un "Money Makes You Ugly" que tira por caminos de Ike & Tina Turner. Me encanta ese sentido homenaje a Dr. John que es "Dirty Saint" y el cierre de la cara A con una buena elección de los Rolling Stones, y mejor ejecución ralentizada de su "Under My Thumb".

La cara B trae también buen blues con ese ‘Give God The Blues" o el gran duelo de tres guitarras en el que sale victorioso Duane Eddy en "She Don’t Wear Pink". Destacada lap steeel guitar de Jerry Douglas en "No Heart At All". Otro genial combate es el que tienen Steve Cropper y Kimbrough en el precioso y noctámbulo lento titulado ‘In The Dark’. Buen y emotivo final con la ya casi habitual versión de su padre, Johnny Copeland, "Love Song", en la que sí, vuelve a desbordar amor.

No queremos dejar la oportunidad de recomendarte también de Alligator Records, el calentito “2020 Blues: New Music From Alligator Records” que está solo en formato digital y en el que puedes escuchar a la propia Shemekia, además de a Elvis Bishop & Charlie Musselwhite, cuyo reciente y gran trabajo ya pasó por las páginas de El Giradiscos. Curtis Salgado te emocionará con su voz y tenemos otros jóvenes como Selwyn Birchwood o el último fichaje del sello, Chris Cain. Lo demás lo dejamos para que tú lo descubras mientras volvemos a recomendarte a tope este peleón “Uncivil War”.

Dominique A: "Vie Étrange"

Por: Pepe Nave

Éste debería ser el treceavo disco del músico francés, de no ser porque él mismo pide en la nota de prensa de su discográfica que no se contabilice como tal, ya que lo considera simplemente como un cuaderno de bitácora de este aciago año, grabado en solitario en su casa, en un ocho pistas, con tomas en vivo y haciendo las letras sobre la marcha.

Antes de archivarlo en el apartado de música sobre la pandemia, hay que aclarar que el germen de estas canciones no tiene que ver con la misma, sino con la conmoción por el suicidio en septiembre de 2019 del veterano músico francés Philippe Pascal, líder de las bandas francesas Marquis de Sade y Marc Seberg, con el que había hablado de colaborar musicalmente. La primera reacción fue empezar a escribir sus sensaciones como fan, desde la juventud, de este artista, que finalmente han sido publicadas en forma de libro con el título de "Fleurs Plantées Par Philippe". Enfrascado en dicho proyecto le cogió el confinamiento y cuenta que un día trasteando con la guitarra le salían los acordes de una canción de Philippe con Marc Seberg, "L’éclaircie". Hizo una toma casera para sí mismo, pero al enseñarla a sus amigos, al mánager y a otras personas le comentaron la casual relación de la letra con la situación que hemos vivido todos y le animaron a grabarla mejor y subirla a plataformas musicales. La verdad es que ha quedado preciosa, solo con una guitarra acústica, un sintetizador de fondo y una letra que hace referencia a un momento de soledad tras una relación y lo largo y aburrido que se hace el metafórico invierno, emplazando a la calma y la paciencia, a buscar ese brillo de una nueva mirada mañana y si no, al día siguiente, o al otro.

Satisfecho con el resultado y sin más que hacer que permanecer en casa, se puso a componer y grabar, saliéndole una tanda de cuatro canciones que decidió publicar como EP en abril con el título "Le silence ou tout comme". En ellas deja de lado la guitarra y tira de sintetizadores y caja de ritmos, y aunque le influye la situación de encierro, no hace referencia explícita. Tanto las cuatro del EP como la anterior están en este nuevo disco.

"Papiers froissés" abre el álbum con quietud y esa tristeza tan característica en él, reflexiona sobre el comportamiento humano; somos papeles arrugados que cuando no sabemos hacernos reír nos dedicamos a herirnos. En la siguiente, "À la même place", el ritmo se hace protagonista. Es casi bailable aunque muy austera, su letra parece un retazo de novela negra, observa una misteriosa pareja dentro de un coche mirando al frente que aparece siempre en el mismo lugar. Cesa el ritmo para "Vie Étrange" que suena a réquiem y es que la dedica al cantante francés Christophe fallecido en abril por coronavirus, "qué vida tan extraña no habrá más palabras azules" repite en alusión a un éxito del fallecido. La cuarta del EP, quinta en el LP, "Un endroit mystérieux" cede al escapismo en forma de balada romántica de synth pop, ensoñando un recuerdo de juventud, cuando el amor no era ningún secreto en un banco de arena junto al río mientras los padres estaban a sus cosas. Los daños no eran irreparables entonces, según él.

Hasta aquí todo lo que se conocía antes de noviembre. Coincidiendo en mayo con el desconfinamiento, le apetece seguir con el método de componer y grabar, con lo que al juntar otras cinco canciones ya decide presentarlas junto a las anteriores en forma de álbum, cerrar el año, hacer borrón y cuenta nueva y prepararse para, si todo va bien, grabar un disco con todas las de la ley en 2022. 

En esta nueva colección está más presente la guitarra, aunque el esqueleto sigue siendo electrónico. "Quand je rentre", que suena a una especie de blues sintético, narra una escena de tensión conyugal, uno que llega a casa tras un día duro y otro que espera tras la puerta con desconfianza.

La faceta de escritor de canciones sencillas y bonitas llega con la existencialista "Wagons de porcelaine", en la que canta que los días se enganchan a otros días como vagones de porcelana. Vuelta a un ritmo oscuro de post punk para "Les éveillés",  abierta a diversas interpretaciones, apela a su pareja a mantenerse siempre despiertos ya que perder de vista al otro puede hacer que desaparezca. Cierra con "Sols d’automne", una preciosa canción de amor, con unos bonitos punteos de guitarra, y una de esas imágenes poéticas que nos suele dejar, cuando el otro se va, todo es como un suelo de otoño sin una hoja.

La dilatada carrera de Dominique A, siempre con trabajos notables o sobresalientes, y el hambre de carne fresca del entorno musical, provocan que no se preste excesiva atención a sus novedades, pero, como siempre, dar un paso al lado y tomarse el tiempo de escucharle siempre trae satisfacciones. Aunque sea en esta forma austera e improvisada. Él es como esos futbolistas con tanto arte que los aficionados dicen que merecería la pena pagar una entrada hasta para verlo en un entrenamiento.

Ghostemane: “Anti-Icon”

Por: Juanjo Ordás

No sé qué ocurrirá con este disco en el futuro y menos en la época tan incierta que vivimos. No se trata de algo que afecte solo a la industria discográfica, el mercado económico mundial se encuentra en plena crisis y eso afecta a personas y al destino de los productos. Sin embargo, pienso que “Anti-Icon” (Blackmage), el octavo disco de Ghostemane, está llamado a cambiar las reglas del juego. Por un lado, si no lo consigue da igual porque se trata de un trabajo especial tenga o no una gran acogida. Pero por otro, estaría muy bien que fuera aclamado por multitudes porque se trata de algo bastante rompedor. Salvando las distancias -insisto, salvando las distancias- despierta en mí una sensación parecida a la que tuve cuando escuché “The downward spiral” de Nine Inch Nails o “Antichrist Superstar” de Marilyn Manson, con sonido, canciones y concepto dando forma a un todo. Las influencias de Reznor y Manson se notan, Ghostemane es un tío listo y sabe filtrarlas para no ser un mediocre remedo de los que pululan por ahí. No, aquí tenemos a un artista con mucha personalidad.

Definir la música de “Anti-Icon” es complicado. Es trap mezclado con metal y elementos siniestros. Anticomercial hasta más no poder, posiblemente lo más fácil de oír sea el sencillo “Lazaretto” y eso no es mucho decir. Pero es que “Anti-Icon” no se puede escuchar como un disco normal. Las canciones fluyen de una hacia otra, en algunos momentos no vas a saber ni en qué tema te encuentras, pero lo importante es serás absorbido por la obra. Y ahí ya decides si pulsar stop y salir o continuar sumergiéndote del todo. Sinceramente, merece mucho la pena coger aire seguir buceando para entender la experiencia. De pronto te ves en mitad de un maremágnum de ritmos teclados, guitarras y voces infernales, pero con ganchos. Sí, es curioso. Si te das cuenta, en cada canción hay pinceladas que van a hacer que la recuerdes en una segunda escucha pese a toda la agresividad vomitada. Es bastante excitante, la verdad. Evidentemente, tienes que tener cierta predisposición. Si las coordenadas facilitadas no te dicen nada, olvídate, pero si te ha picado la curiosidad, “Anti-Icon” podría ser uno de tus discos del año.

Hay que tener en cuenta que nos encontramos en un momento en el que tanto artistas jóvenes como maduros están redefiniendo el concepto de música popular. Tanto que los términos “pop” o “rock” se están quedando cortos. ¿Qué es lo que hacen Bunbury, Mark Lanegan, Rosalía, C Tangana o Nick Cave? ¿Deberíamos dejar a un lado los géneros y empezar a hablar simplemente de canciones o de música popular y que cada uno se la coma como quiera? Sin tener nada que ver con los mencionados, Ghostemane encaja ahí. Y ya es cosa tuya decidir si te apetece una apuesta arriesgada o no. Pero vaya por delante que “Anti-Icon” es muy agresivo, con una actitud muy joven pero que no desprecia en función del rango de edad. Lo dicho, estoy muy seguro que los seguidores de NIN y Marilyn Manson se encontrarían como en casa.

Este chico está más que preparado para dominar el mundo, solo hace falta que los astros se alineen y que caiga una canción suya en una película de Lynch, una portada en Rolling Stone y una actuación en los Grammy. Se lo merecería, desde luego.


Entrevista: Le Voyeur

“Este disco es un inventario de consumo pop” 

Por: Javier González

Lo nuevo de Le Voyeur es pura delicia, canciones intensas con mordiente y repletas de mensaje que necesitan de la complicidad del oyente para descubrir un armazón pop de potencia incontestable con el que se pretende poner a pensar y a bailar al público, mientras de refilón se le toca un poco los cojones. 

Ante semejante potencia en su propuesta, no dejamos pasar la oportunidad de entrar en contacto con Miguel Marco, alma mater de Le Voyeur, un artesano de canciones que vive por y para la música, quien nos arrastró hasta los secretos más profundos que han dado forma a “Popnografía”. 

Una charla de altos vuelos, tan cercana y adictiva, como larga y distendida donde pudimos conocer más de cerca a uno de los cerebros mejor colocados de nuestra música. Con todos ustedes Miguel Marco, con todos ustedes Le Voyeur

En primer lugar, nos tenemos que dejar arrastrar por el tópico. ¿Qué tal ha ido la primavera y el verano? 

Miguel: Creo que hemos travesado varios procesos de adaptación al medio, la primera parte quizás haya sido con más dosis de miedo e intranquilidad, temiendo por nuestra salud. A medida que pasaba el tiempo y se fue el estado de alarma parecía que veíamos la luz, pero seguimos viviendo con urgencia y pies de plomo. Ando viendo qué pasa con todo esto a nivel de nuestros mundos creativos, a la espera de poder escribir la historia de Le Voyeur. En mi casa ha primado la salud, algo que también ha ocurrido en mi estudio. Tú sabes por propia experiencia que hay un orden de prioridades en la vida. 

La pandemia ha supuesto un parón que también afectó a la fecha de salida del disco que estuvo precedida de un goteo constante de singles. 

Miguel: En primera instancia iba a salir el 20 de Marzo, pero se retrasó para no dejarlo caer en el olvido. Ahora existe una nueva narrativa que me divierte mucho a nivel creativo, pienso que todo lo que sean aventuras y crisis traen nuevas ideas porque se desarrollan nuevos puntos de partida. Se va a cambiar un modelo que ya venía mutando porque el proceso de sacar LP´s enteros se venía agotando. Tocó adoptar el goteo de singles que nos permitió poner el foco en cada canción, independientemente de que “Popnografía” como tal sea una colmena pop. He vivido estos meses con la incertidumbre de saber cómo llevar a cabo todo el proceso natural de siempre. 

En el caso de Le Voyeur se da la curiosidad de que se trata de vuestro segundo/cuarto disco, tras la buena acogida de “Episodio Aparentemente Letal”, algo que ha debido ser una auténtica putada. 

Miguel: Claro que es una putada. El proyecto de Le Voyeur tiene diez años, antes era conocido como Le Voyeur Méndez. Nace en el momento que me voy con Nacho Mastretta y grabamos en LIPA, el estudio de Paul McCartney en Liverpool, el primer disco. No es nada nuevo, lo que ocurre es que hay un giro en mi carrera en el punto en que aparece “Episodio Aparentemente Letal”, un trabajo que nace de un episodio trágico en mi vida que tuvo final feliz. Dicho álbum ha tenido mayor repercusión para crítica y medios, ha posibilitado una gira más larga con fechas por Europa y acabando en Nueva York. Ahora toca presentarlo en directo. Es un disco que lleva poca vida, pero donde el foco se ha puesto en cada canción, la gente ha escarbado mucho en cada secreto porque fuimos adelantando singles. 

¿Cómo definirías musicalmente éste álbum?

Miguel: Es un cubo de rubik con muchas puertas. Llega a un punto en que a nivel artístico me quedé tranquilo. Soy autoexigente como productor y músico, no soy capaz de dejar una letra en una servilleta como valida, también me pasa con los sonidos. En ambos aspectos me he quedado bastante tranquilo con “Popnografía”. 

Musicalmente hablando pienso que se remarca el sonido Le Voyeur, pero me da la sensación de que se acerca a unos postulados más pop. ¿No sé si es una forma acertada de definirlo? 

Miguel: El título lo define. Es un inventario de consumo pop. Son imágenes de polaroids independientes, unidas con puentes y túneles invisibles. Es un palacio pop donde viven Bowie, Freud, El Bosco, Talking Heads, Tarantino y Dalí, reunidos para dar vida a personajes que interactúan entre sí. Es un homenaje al mundo pop, pero a la vez una crítica y una sátira hacia el consumo de masas, entendido como lo que llega a la gente en series tipo Stranger Things o plataformas. La cultura popular tiene que ver con lo que nosotros consumimos dentro de este planeta del alma. 

También podíamos hablar de un trabajo de apariencia más amable que su predecesor… 

Miguel: Piensa que “Episodio Aparentemente Letal” es un episodio trágico en mi vida. Es el diagnostico de una muerte súbita no consumada, es un diagnóstico médico. Se trata de un proceso en el que tuve a mi hija muerta durante un minuto entre mis brazos. Creo que se acerca sin querer a ciertos trabajos que firmó Nick Cave cuando perdió a su hijo, también a “Skeleton Tree”, e incluso a “Black Star” de David Bowie. Personalmente andaba atravesando un duelo invisible, porque mi hija seguía viva. Se trataba de un disco oscuro. Me encerré en casa a componer, tuve la visita de muchos amigos como Alberto Malalengua, Fernando Vacas y Bruno Galindo. Al final, dentro de la oscuridad, aquel trabajo tiene un mensaje optimista. Los trabajos que surgen del halo misterioso y trágico tienen la misión de hacer sobrevivir al artista, son como una especia de redención. Me quería olvidar de eso. Afortunadamente mi hija está maravillosa. Sin embargo, creo que la trascendencia del arte y la cultura tiene que ver con esos hitos del artesano de canciones. Ahora quería hacer un disco que fuera amable y construido desde un prisma más desprendido, que no tuviera una responsabilidad mayor. Este es un compendio de canciones que tiene que ver con la retromanía de Simon Reynolds y el “Scary Monster” de David Bowie. También hay ecos de Lou Reed, Kraftwerk y la música que me llevaba a colocar todo de una forma más expresiva y lúdica. La transición no fue fácil, venía de un disco con buena crítica y densidad violenta que no veía el final del túnel. Ahora estamos en lugar donde viven unos personajes que se parten de risa. 

El narrador también parece ser otro… 

Miguel: Ahora el narrador lo está viendo desde otra perspectiva. El narrador es omnisciente, sabe dónde va cada personaje en cada momento. Esta nueva narrativa lo permite. Es un disco muy colmena, con una narrativa de relatos que tienen que ver entre sí y que te llevan a otro lugar. Se puede leer desde una perspectiva individual o más amplia. También se ha trabajado desde otros ritmos y con más toques new wave. Está en una perspectiva más pop, en el sentido clásico, una especie de retrología que te lleva del pasado al presente. 

En “Jardín de las Delicias”, un título icónico, tomado de un cuadro que creo que todos tenemos en la cabeza, donde cantas “tendrías que dejar de obligarme a ser feliz”. 

Miguel: Es la necesidad de coexistir con la verdad y no con lo que te imponen. Tiene que ver con la “happycracia”. Hay formas de vivir que no son las perfectas para el consumo, deberían permitirnos coexistir con ellas. Habla de esto. Si te fijas en el cuadro hay muchas formas de vida dentro del tríptico. Creo que resume bien esa estética de la razón epidérmica a ras de piel. Por qué ser feliz por fuera y por dentro no. Es una canción que desarrolla una crítica al mundo Amazon, Google, Netflix, Spotify, etc. En realidad, es una crítica contra el consumo en sí, una nueva forma de histeria colectiva que tenemos ahora. Es la guerra líquida tendida en el mosaico de Miró, de la que hablo en “Ikea en Ítaca”, la furgoneta yihadista sobre el mosaico de Miró. Ahora estamos en una guerra silenciosa, invisible y envenenada. Tiene que ver con una guerra de consumo. Esto no va de guerras atómicas. Es el background de nuestra historia. Mezclar lo popular con la parte más culta del espectro pop, te lleva a canciones como esta. Es una irreverencia desde el respeto al El Bosco, donde Bowie desde su habitación mira el cuadro. 

En “Democracia” habéis escrito la típica canción pop que no acabará gustando del todo a nadie. ¿Había ganas de poner a bailar a la tropa mientras les tocabais los cojones? 

Miguel: Exacto. Tiene mucho que ver con esto. Aquí hay una cosa muy premeditada. Es construir la noche del fin del mundo con estos personajes bailando un karaoke caleidoscópico. Hay un mensaje crítico de lo que es la ruina de nuestra transición hasta hoy, con muchas lagunas y defectos de forma. Es verdad. Hay imágenes excesivamente fuertes que tienen que ver con nuestro background de los ochenta. Creo que ya no estamos en una democracia sino en una postdemocracia. Está encubierta. Se intentaba salir desde la transición a ese punto. Ahora hay un punto que dice “tu genética es hardcore, aprietas el botón, atentado en Hipercor”. Es una brutalidad de imagen que nos lleva a decisiones tomadas en determinados momentos para ver qué ocurrió tras la caída del muro de Berlín, pero sí, “Democracia” es baile. El diablillo está en el oído izquierdo explicándonos lo que está ocurriendo. Es una distopia pop en la que de repente ves toda una construcción que viene sujeta por el consumo y la política heredada. 

Muy en esa línea de pop bailable anda “Loop de Prometeo”, con ese aire épico a lo canción de película… 

Miguel: Es un punto de inflexión dentro del álbum tiene un sonido que va desde Pulp hasta en ciertas partes electrónica de LCD Soundsystem, va a una electrónica más analógica. Es una forma de entender el castigo eterno. Por otro lado, es una canción de amor, más que de amor de desamor y venganza. Tiene unas connotaciones que la entroncan con la mitología más pop. Es reactualizar los mitos de los castigos de Prometeo. Estoy haciendo una pequeña colección de castigos del siglo XXI. 

Miguel, eres un tipo que vive sumergido en música. ¿Cómo sobrevive alguien como tú en una situación como esta? 

Miguel: No he trabajado de nada que no esté relaciona con la música desde siempre. Llegué a Madrid desde Vigo con 18 años para estudiar periodismo, pero ya andaba trabajando de profesor de armonía y arreglos musicales en Carabanchel. Mi espacio siempre ha estado relacionado con la docencia musical, pero me he especializado en composición, armonía y arreglos. En este momento la formación ha tenido un auge, la gente ha descubierto el conocimiento después del confinamiento y de verse mil series han pensado en salir reforzados. Ha habido un movimiento más de formaciones. A nivel de producciones todo está muy parado, los músicos no quieren invertir en estudios, no hay “feedback” claro ni lo va a haber de aquí a un año u año y medio, me refiero en un estado más natural. También soy periodista¸ algo que me salvó la vida y la cabeza durante el confinamiento, cuando Joan Luna y Dani Mondo, me dijeron que tenía un perfil interesante para hacer un podcast para MondoSonoro. Necesitaban un músico, periodista y con estudio en casa potente, luego tengo la parte artística con Le Voyeur y otros sucedáneos. Es algo que tiene que ver con la supervivencia. Toca moverse en varias direcciones para construir diferentes formas creativas que para mí son la enseñanza, la producción y el periodismo musical. Tú lo sabes bien, son formas creativas, lenguajes distintos que están dentro de ese rango. Lo veo como algo muy natural. Tanto grabar y dar clases, como subir al escenario y hacer una entrevista. No es una cosa que haya impostado. Es mi vida. Viaja conmigo. Lo voy desarrollando así. Creo que lo más importante de cara al futuro, lo digo como docente y productor, es caer en la reeducación de las nuevas generaciones. Cada vez se ve con más fuerza un plano muy desolador, todo el tema de la democratización de medios ha generado menos fuerzas en los medios de prescripción. Hay mucha saturación de contenidos poco cualitativos en todos los ámbitos artísticos. El otro día hablamos en una mesa redonda sobre la última desfachatez artística y salió lo del faro de Okuda. Personalmente defendía el hecho de cualquier creación libre. Mi misión es dar libertad o poder darla, no solo a mis canciones sino a mi contexto artístico. Había un señor que hablaba de los cánones. Yo le rebatía sobre el plátano de la Velvet, el que hizo Warhol. Quiero decir que el filtro artístico pasa con los años, no vale con lo inmediato. El sesgo de la inmediatez, de la urgencia y el consumo va a estar siempre respecto a la construcción creativa, pero tiene que haber una reeducación. A mí me gusta escribir canción en varios niveles, estableciendo parámetros, en unos más literales y otros más metafóricos. Por último, quedaría el tema de los contextos socioeconómico e histórico. Seguro que me habré dejado el plano literal por el camino y nadie lo entienda. Si haces un equilibrio entre todo ello, llegarás a todos los estratos sociales y de escucha de las canciones que es parte de una reeducación, que no es más que explicarle a alguien que simplemente las cosas quedan ahí. Vengo luchando mucho tiempo con esto. Creo que Le Voyeur tiene poco de mainstream, no tiene un sesgo cultureta, pero sí se queda cerca. Hay que tener referencias para entender nuestro mensaje. Es un riesgo que asumo. Creo en la reeducación, pienso que los niños tienen que dejar de tocar la escala mayor con la flauta para jugar con versos y melodías, hacer otras cosas. Tocar la escala mayor pertenece al siglo pasado. Ahí viene todo el engranaje que tenemos que sostener con todas las columnas de la historia y el arte. 

¿Qué planes manejas a corto plazo? 

Miguel: Este cambio de narrativa nos ha llevado a una supervivencia vital y luego artística en mi caso. En el caso de lo artístico han pasado cosas interesantes, muy poquitas, porque no se puede hacer gran cosa, espero que en un futuro vengan algunas más. No puedo permitirme estar parado, vengo construyendo en paralelo dos trabajos más. Da pena ver a colegas músicos que tras un curro de dos años no han tenido repercusión alguna, ni ver a la gente disfrutar del plano lúdico que pueda tener en otras circunstancias la música. Ha habido presentaciones chulas con entrevistas, iremos al Win. Tenemos otras cosas en streaming y haremos varios ciclos de conciertos. Luego está la presentación oficial como la que habrá en Madrid, que es el 18 Diciembre en Costello… hay cositas. Ahora mismo es bastante es para lo que está pasando, pero no hay una visión concreta en la que puedas basarte. Los festivales ya ves cómo están, hay un efecto dominó en medios. Pensar que un medio como Rockdelux ha caído. O vosotros mismos que sois parte del engranaje y sabéis que esto se complica. Ahí reside la pasión y el arte. Ahora casi todo se reduce a notas de prensa. Es un parón que he notado también en las entrevistas. Ahora lo que veo es que muchas plantillas de medios concretos se han reducido. Cuando se agoten los prescriptores, los que filtran las noticias y dan valor a las cosas de calidad habrá un problema. Es loable y maravilloso que sigamos en pie. Ahora lo que ocurre es que las colaboraciones no se pagan o se pagan menos. Sobrevivir del periodismo musical es una utopía porque la publicidad ha bajado un ochenta por ciento. En cabeceras grandes que son empresas lo notan muchísimo. Hay un problema que tiene que sustituirse. Estamos dominados por los grandes monstruos que son las plataformas que manejan los hilos. Nuestro contenido de valor se vuelve gratuito para estos gigantes, ojo que estamos alimentando al monstruo. Es verdad que hay que seguir en la lucha, porque es nuestra pasión, pero deberíamos buscar fórmulas para que los textos no sean parte insignificante del big data. 

Nos va a tocar ser hombres del renacimiento, hacer mil cosas para poder sobrevivir.

Miguel: En mi caso no solo tengo un proyecto artístico, también entiendo la escritura, la docencia, la composición, la producción y hasta el periodismo como algo vital. Animo a mis amigos, gente como Bruno Galindo y César Luquero, entre otros, a que escriban y hagan libros. Que se desarrollen como autores. Hay algo que se queda. No es un archivo que se queda en la big data. Ahora se están vendiendo muchos más libros con temática musical que discos y vinilos. De letras o de historia musical. Se venden más libros que casi cualquier otra cosa. Hay una cosa que tenemos que redefinir, se trata del tema de los formatos. En esa línea que comentas el próximo año se cumplen diez años de nuestra primera grabación, porque en realidad mi carrera en solitario son cuatro discos. El año que viene haremos un aniversario para celebrarlo, con una conmemoración en un formato distinto, básicamente porque vemos que lo va a consumir más gente. El libro estará en distintos sitios. Ahora mismo los vinilos y los cds, ya son nichos de gran mercado. De hecho, el vinilo ya se vende más que el cd. 

Respecto a dicho tema, suelo decir que el mercado se mantendrá gracias al público yonki, ese sector fiel que está enganchado a la melomanía. Últimamente tengo la teoría de que quizás el Cd no termine su vida y el vinilo, el vinilo requiere de calma y tiempo, algo que el mundo actual nos niega. 

Miguel: Exacto. Dedicación, entrega y tiempo. Por los cánones que hablamos no va a pasar ni a ocurrir. Tendemos a la velocidad, al consumo. El mundo editorial se ha frotado las manos con la música, se ha vendido mucho más en ese aspecto que discos en estos años. Creo que hay que ir adaptándose a los formatos. Estamos en un momento francamente difícil. 

¿Qué soluciones ves al asunto? 

Miguel: Llevo desde los 18 dando clases, estoy especializado. Mi perfil es casi profesional y de músicos, me piden arreglar, componer y preproducir. Mi perfil es difícil de encontrar a nivel docente, hay gente buena, pero es difícil de encontrar. En este país hay buenos intérpretes, pero malos compositores, creo que es algo endémico. Si ves la cantidad de gente que hacemos algo musical, hay muchos músicos y muchos intérpretes, es algo que se ha extendido desde conservatorios. Las escuelas modernas no han enseñado a dar un paso a la composicmión. He notado un avance, pero no viene ayudado por los medios. Es un poco lo que ocurre. 

El primero que me habló de ti, de tu música y de tu proyecto fue un amigo común. Fernando, el mítico puerta de “El Sol”. 

Miguel: Fernando es amigo mío desde hace mil años. Él ha visto toda la evolución de la relación con mi mujer, ya que nos conocimos allí. Le adoramos en esta casa. Es un padrino invisible para nosotros. 

Antes has hablado de un proyecto que tenéis en mente. Exactamente, ¿en qué anda Le Voyeur trabajando? 

Miguel: Estamos trabajando en un proyecto paralelo del voyeurismo y en un nuevo disco de Le Voyeur. El confinamiento nos ha reconstruido a nivel interior. Nos queda año y medio para salir de esto a un nivel potable, así que tocará hacer bolos para gente sentada, secuestrada y maniatada.

Alberto Montero: “El Desencanto”



Por:Txema Mañeru 

Para mí ha sido totalmente encantador enfrentarme a este “El Desencanto”. Hablamos ya del sexto disco en solitario y ahora mismo yo diría que es el mejor de su carrera. La verdad es que yo no lo conocí hasta su fichaje por BCore Disc y con la publicación del colorista “Puerto Príncipe”. Allí contó con colaboraciones de artistas posteriormente tan consagrados como Aries, Za! o Charades. Se superó con mi favorito hasta ese momento, “Arco Mediterráneo”. Su folk melódico nos traía reminiscencias al mejor Devendra Banhart, Vainica Doble o The New Raemon.

En su sello lo catalogan como acid folk. No es nada desencaminado, pero en “El Desencanto” hay también mucho y buen pop atemporal y sus habituales toques psicodélicos se diluyen un poco dentro de este discurso más directo que ahora nos cuenta en sus excelentes historias. Ahora nos hablan en BCore de propuestas de corte similar como Lidia Damunt, Joaquín Pascual, El Hijo o Pablo Und Destruktion. Yo creo que Montero es mucho más personal y por eso ahora nos ha entregado una obra cruda que es puro desencanto con lo que está pasando. Le han influenciado en sus buenas historias el cambio climático imparable, los discursos de odio de los políticos y las gentes de a pie, la influencia perniciosa de las redes sociales, la precariedad laboral y las injustas desigualdades sociales que no hacen más que aumentar. Y más que lo harán con esta dichosa pandemia.

Como no podía ser de otra forma el álbum ha salido publicado en una coqueta edición en vinilo que puedes conseguir en www.bcoredisc.com. De paso te enterarás también de la publicación del debut del cuarteto madrileño Loss Leader, con un muy punk LP titulado “Songs About”. Una joya que sale en unión con otros varios sellos de aquí y hasta con otros del Reino Unido o Japón (Waterside Records). Con miembros de Wild Animals o Ulises Lima y con una sonoridad muy años 90 que encantará a quienes echen de menos a formaciones de sellos como Dischord, Touch And Go o Southern Records. Eso sí, también añaden buenos detalles emo o slowcore. No es descabellado por tanto referirnos a bandas como Codeine, Seam o Slint.

Pero regresando a “El Desencanto” destacar ese inicio con "Buscando Un Lugar Donde Vivir". Una delicatesen de pop sesentero que me recuerda a Los Ángeles pero con más toques mediterráneos. Los coros, que destacan a lo largo de todo el disco, están aquí realmente sublimes. Luego llega un single como "Mira" cargado de ternura y un "No Sé" que suena ya a pop más actual. A continuación otro single como "Le Soleil", un delicioso lento melancólico que desprende amor y cuenta con buena colaboración femenina cantando en francés además de unos buenos arreglos de cuerdas. Me encanta el costumbrismo alegre al estilo de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán del tema titular. Y el final de la cara A con un "Contigo" destaca por un trabajo en los coros de nuevo sublime.

La cara B comienza con una interesante historia como la de "Mandamientos" y con un "Mañana" con mucho desencanto al recordarnos que “El sol ilumina a todos por igual”… ¿con ironía? También resuena más actual en una épica "La Lluvia" con ecos a Will Butler o a sus Arcade Fire, pero en más acústico. Otro destacado tema es "El Monstruo" con sus momentos delicados, pero también con sus guitarras eléctricas estridentes. Casi 6 monstruosos minutos. Acaba entrañable con su "Canción Para Ariadna". Un tierno final con la voz infantil y la suya propia por separado, pero que luego nos cantan al unísono. Piano y voces para soñar otra vez y luego cuidadas cuerdas. Aquí surge algo de optimismo y esperanza al cantarnos como “juntos vencimos a la oscuridad”. ¿La venceremos nosotros? La cosa pinta muy mal pero no hay que rendirse y hay que pelear y no dejarse llevar por el desencanto aunque sea tan atractivo como el de este precioso vinilo.