Catfish and the Bottlemen, Shouting Over Music With a Friend Who's Like a Brother

Sala Riviera, Madrid.  Lunes, 13 de marzo del 2019

Por: Clara López Vallejo

El pasado 13 de mayo los galeses Catfish and the Bottlemen llenaron La Riviera madrileña. A pesar de que los fans no las tenían todas consigo, ya que hace tres años la banda canceló sus shows en varias ciudades europeas, incluyendo Madrid, esta vez los músicos han superado con creces las expectativas de un público que aguardaba impaciente a que llegara el día del concierto.

Aunque no tienen aún una trayectoria especialmente larga, los británicos cuentan con un gran número de conciertos a sus espaldas, tanto en salas como en festivales, que han hecho que se sientan completamente cómodos a la hora de subirse a un escenario. Si bien no destacan por una gran interacción verbal con el público, sí que es cierto que todos los integrantes y, en concreto, McCann, vocalista y guitarrista, parecen disfrutar enormemente al estar frente a sus fans, tal y como muestran las constantes idas y venidas del músico por el escenario. Su puesta en escena es sencilla, sin grandes parafernalias, con una decoración y un vestuario más bien sobrio que deja más protagonismo a su música. Destaca, sin embargo, la nueva incorporación de la imagen iluminada de un enorme tucán bebiendo cerveza con una pajita, presente también en la portada de su nuevo álbum, "The Balance". 

La banda, que apuesta sin miedo por sus nuevas creaciones, abrió el show con "Longshot", el primer single que sacó como presentación de su álbum más reciente. Tras unos dilatados segundos en los que las luces eran tenues y lo único que podía escucharse eran los primeros acordes de Benji Blakeway, al bajo, Catfish and the Bottlemen dio comienzo al concierto. El público respondió entregadamente a esta apertura y cantó la letra del single como si de un clásico de la banda se tratase. Sin embargo, cuando comenzó el siguiente tema, "Kathleen", se apreció un entusiasmo aún mayor, como era de esperar dado el poderoso riff de guitarra presente en la canción. Tras ella se sucedieron tres temas de los primeros discos, "Soundcheck" y "Pacifier", donde la voz del vocalista guiaba los coros procedentes de un entusiasmado público y "Twice", con un intenso solo de guitarra de la mano de Johnny «Bondy» Bond, a quien hay que reconocer también su gran labor en el solo de "Seven". Otra de las grandes favoritas entre el público es "Business". Conscientes de ello, los músicos alargan las partes instrumentales de la canción, momentos en que los más atrevidos en el público aprovechan para bailar, agitarse en medio de la música y dejarse llevar entre la multitud. Destaca aquí la gran labor de Robert «Bob» Hall, a la batería, dando vida al esqueleto rítmico del tema. 

El setlist fue bastante variado, con temas de sus tres álbumes, siendo cinco de ellos en concreto parte del álbum que acaban de lanzar: "Conversation", "Sidetrack", "2all", "Fluctuate" y, por supuesto, la recientemente mencionada "Longshot". Todas tuvieron una buena acogida entre el público, donde un nutrido grupo de seguidores sabía ya la letra de todas ellas, a pesar de haber sido publicadas de manera reciente.

Hubo varios momentos de la noche a destacar, pues Catfish and the Bottlemen sabe crear un clima lleno de energía con su música, pero es posible que el punto álgido del concierto llegase con los primeros acordes de "Cocoon". No solo por ser uno de los temas más populares de la banda, sino también porque es evidente que los músicos le tienen especial cariño a este tema, y tal vez ahí sea precisamente donde resida el secreto para crear un momento en que el grupo y el público se funden en uno y la sala tiembla con la emoción y los cantos de una multitud que se empieza a dar cuenta de que está viviendo uno de los instantes más intensos del show. Conscientes de la buena acogida que tiene siempre este tema en sus directos, la banda dejó de tocar durante la tercera repetición del estribillo, y el silencio fue llenado por las voces del público coreando la letra, que se ha convertido casi en un himno de la banda. Los músicos, en concreto McCann, observaron emocionados el momento en que todos sus fans cantaban a voz en grito "fuck if they talk, fuck if they try and get to us, ‘cause I’d rather go blind than let you down" para unirse a ellos justo después resultando en una perfecta interacción entre ambas partes, que acabó con un gran aluvión de aplausos y de emocionados gritos de ánimo y agradecimiento. A todo esto hay que añadir un magnífico despliegue de focos, en tonos naranjas y rojos, en este caso a juego con el enorme tucán que se ilumina acorde con el color de las luces.

Por último, y como no podía ser de otra manera, otro punto a destacar de la noche fue la última canción. Como ya es tradición en sus conciertos, los galeses cerraron el concierto con una versión alargada de "Tyrants", donde el público aprovecha las partes instrumentales de la canción para acumular intensidad que libera cuando el tema empieza a llegar a su fin a modo de traca final. 

Finalmente, con un escueto, pero sincero, "Madrid, thank you very much. Absolute pleasure!", McCann se despidió y dio por finalizado el concierto. Las luces de La Riviera se encendieron y el público volvió a la realidad, sudoroso y algo jadeante, mirando a su alrededor como si tratasen de ver las caras a aquellos con los que habían compartido casi una hora y media llena de saltos, cantos y gritos.

Tal vez sea la energía que destilan y que transmiten hábilmente al público a través de sus instrumentos, tal vez sea la estructura de sus canciones, alternando casi todas ellas momentos de gran intensidad con súbitos descensos y paradas que crean un fugaz momento de calma para romperse segundos después con una gran descarga de energía y ritmo. Es posible que el grupo no destaque por su variedad o por una espectacular innovación musical, pero hay que reconocer que es uno de los grupos del panorama indie actual que mejor sabe transmitir sus temas en directo, captar la atención del público y conseguir que, durante una hora y media, lo único que exista sea su música.

n’Gai n’Gai: "n’Roll"

Por: Txema Mañeru 

Los veteranos del rock catalá, n’Gai n’Gai, vienen con ganas de hacer buen y potente rock’n’roll y hasta de hacernos bailar. Cuando pensábamos que nos habían abandonado para siempre están aquí con ganas de crear nuevas canciones y con ganas de tocarlas en directo. Ellos comenzaron en los años ochenta junto a bandas legendarias como Sopa de Cabra o Els Pets y lo dejaron en 1993 tras un buen tercer disco como "Barres I Birres". Regresaron inesperadamente cual vampiros ávidos de sangre hace siete años con un precioso, y a ratos oscuro, "Revenant". En dicho trabajo teníamos buen hard-rock, rock bailable, pegadizas melodías pop, toques cercanos a los Nuevos Románticos y hasta momentos cercanos al rock gótico. Todo bajo una combinación entre viejas canciones actualizadas y algunas nuevas. 

Tras esa sorpresa volvieron a sus tumbas y ahora regresan con energías renovadas en su formación más habitual de quinteto pero dando mucha más importancia a las guitarras eléctricas que a los teclados. Tenían claro que querían que todas las composiciones fueran nuevas y con temas de actualidad. Las 15 variadas canciones se abren con un single de rock reptante titulado "Serps de Cascabell". Las guitarras se enfrascan en buen rock’n’roll y ya nos dicen que son sus armas y las canciones las balas que nos disparan. Siguen con otro rotundo single como "Com M’Agrada A Mí", pero ahora de buen rock acústico y con coros pop. En ambos singles destacan las voces de Alba Farré y Ester Roig, también presentes en algunos más juntas o por separado, siendo en otros momentos las que destaquen las voces de Carme García. Me encanta "Ja Fa Tant De Te" por sus logrados coros y vientos y los magníficos punteos. Yo le aprecio un ligero toque a los Mott The Hoople de Ian Hunter.

Dominan en el conjunto las composiciones de Paco García, pero todavía aún las del cantante Jordi Bastard. Él se encarga, por ejemplo, de otro de mis temas favoritos, un "Rock’n’Roll, Cervesa i Rutes" muy emocionante y que se mueve entre Neil Young y su más cercano Xavier Baró. De nuevo más garra rock, casi a lo Burning, en "Jo Amb Mi’". Jordi compone también la estupenda balada épica con destacado piano "Lluny Però Més A Prop Que Mai". Genial letra (en el cuidado libreto aparecen todas) y con buenos coros femeninos que ayudan a un sembrado Jordi en tonos cercanos a Bruce Springsteen. Toques funk y buenos coros con aires a Frank Zappa aparecerán en "Tresor de Praga". "Noia del Nord", por su parte, es una guapa tonada folk acústica, con sorprendente gaita y muy romántica. De ahí saltamos al rock duro con ritmo pegadizo y espectaculares guitarras de otro posible single como "Fes-M-Près". Se despiden por todo lo alto con un melancólico y precioso final acústico titulado "Som El Que Fem" que te hace pensar. Excelentes coros de aires americanos, y solos con acústica. No va más si tú no haces más por ti mismo. Una preciosa canción de hoguera.

Conviene destacar también que el quinteto base está muy bien ayudado por más de una docena de músicos y cantantes. Sí, mayormente tenemos una amplia sección de vientos y las llamativas voces femeninas ya mencionadas. Pero hay además  un buen guiño familiar al cantante Jordi, ya que su hijo, Pol Bastard, mete una buena guitarra en "Drama Palustre". Es más que interesante los detalles que aportan en algunos temas instrumentos como mandolina, gaita, bodrham, piano o vientos variados. Ya puedes pasarte pronto por www.ngaingai.cat  si no quieres quedarte sin tu copia pues solo habrá una tirada física de 500 ejemplares, aunque está disponible en Amazon, Spotify y YouTube. . De paso te podrás enterar de las numerosas actuaciones que darán por Catalunya en primavera y verano, aunque están dispuestos a salir fuera si hay gente interesada. La presentación será este 18 de mayo en la tienda Disco 100 y ese será el único día que se podrá comprar el disco en una tienda física. Además los presentes se lo podrán llevar firmado. ¡Ojalá que puedan tocar bastante y ojalá que no sea el último trabajo que hagan!

Entrevista: Pablo Fugitivo

"El amor es un tema que me parece totalmente revolucionario en estos tiempos de Tinder e Instagram"

Por: David Marsé 

Pablo Fugitivo anda solo. Así lo dice su nuevo y primer disco bajo ese nombre ("Voy solo"). Un trabajo que sin embargo no está lejos de ser una continuación, y ampliación, de lo que habitualmente este malagueño ya nos ha mostrado en sus bandas Fugitivos del Swing o Los Ejecutivos. Con más matices, nuevos horizontes y elementos particulares, esta recién estrenada apuesta sigue estando orientada hacia el sonido americano, siendo ese su punto de origen por el que avanzar en diferentes caminos. Hablamos con el músico andaluz sobre un proyecto que presenta un debut de fuerte calado sonoro y lírico... 

”Voy solo” representa el comienzo de un trayecto en solitario en el que sin embargo apareces acompañado de muchos de los músicos con los que has compartido aventuras musicales, ¿por qué tomas la decisión de no sacar este disco bajo el nombre de esos otros proyectos?

Pablo Fugitivo: Fue algo que pensé durante mucho tiempo pero al terminar de escribir y ver el repertorio vi claro que debía sacarlo en solitario. Además, tenía la necesidad de empezar de cero a nivel artístico. Da un poco de miedo, porque es una nueva aventura y musicalmente es mucho más abierto que Fugitivos del Swing, al menos a mí me parece muy diferente. Sabía que mucha gente que me seguía con la banda se ha descolgado con este proyecto, ya que es muy intimista y porque en este país el concepto de “cantautor” ya tiene una serie de connotaciones que son totalmente opuestas a lo que la mayoría entiende por rock and roll, pero bueno, el riesgo hace que todo esto sea más atractivo y estimulante. Precisamente me apetecía seguir tocando con la banda que me acompaña estos últimos años porque para mí son los mejores para este proyecto. El sonido y la fuerza en directo quiero que sea la misma. Somos una banda, y como tal sonamos en directo. Lo que cambia es que el mensaje de las canciones tienen más peso y yo doy un paso adelante para contar sin caretas ni seudónimos lo que siento y pienso. 

Iniciar un disco así con una canción como es “Voy solo”, parece tanto una carta de presentación como toda una declaración de intenciones... 

Pablo Fugitivo: Realmente son dos sesiones de escritura automática, sin apenas corregir. Todo vino de una apuesta de un amigo que le gustan mucho las Batallas de Gallos. No paraba de ponerme vídeos en el Youtube. Me dijo que no era capaz de mezclar mi rollo country, folk con el Hip Hop. Me inspiré mucho el Poema Retrato de Neruda, o la canción “Al lado del camino” de Fito Paez, “Muerte en Hawaii” de Calle 13 o “Paraisos Artificiales” de Los Chikos del Maíz. Quería tirar de mi subconsciente, sin filtros. En mis discos anteriores no era tan directo y lo instrumental tenía más peso. Quería desde el segundo 1 sorprender, tanto por la forma como con el fondo. Estoy muy contento con el resultado, francamente. Este tema, por ejemplo, con Fugitivos del Swing no hubiera tenido mucho sentido. 

“No les caigo bien sólo porque voy solo”, dices en dicho tema, ¿es difícil en este mundo decidir ser uno mismo y seguir un camino propio?

Pablo Fugitivo: En este oficio hay que aguantar a mucha gente que habla de ti sin conocerte, otros te juzgan por haber oído 30 segundos de un tema tuyo en Spotify o por haber visto 2 vídeos de youtube o que simplemente se quiere aprovechar de ti porque en la música el artista se ha convertido, además de un producto, en un cliente. Hay que tener mucha paciencia y la cabeza bien amueblada para torear a ese tipo de gente y lograr que no te afecte. A mi a veces me cuesta, lo confieso. Además, prácticamente yo me encargo de todo, aunque cuento con la ayuda de gente de confianza, pero estoy cansado de todas las sanguijuelas que se dedican a vivir del talento de los demás, y en parte quería mandarles un mensaje a todos mis trolls, que alguno he cosechado en estos años. Hay mucho cainismo en la música pero a mi no me van a aburrir. No me importa contar o no con la ayuda de la industria. Nunca la tuve, así que de momento lo voy a hacer solo. Mejor eso que quedarte en tu casa amargado y criticando lo que hacen los demás. De hecho el videoclip es un poco una sátira del concepto de espectáculo en el que se ha convertido la música ¿Hay que jugar al show? Pues jugamos. Claro que sí. Con todas nuestras armas. 

Abres el disco casi rapeando (“Voy solo”) y acabas con un orgánico blues (“Eclipse”), da la sensación de que dentro del rango de ese rock americano que practicas no querías renunciar a ningún tipo de expresión que te apetecía hacer... 

Pablo Fugitivo: No me quiero poner límites y quería quitarme etiquetas. Por ejemplo, en Málaga toda la prensa me pone siempre el “sambenito” de rockero a pesar de que mi single no es un tema de Rock. Es Pop puro y duro, incluso podríamos decir que es más bien un tema de R&B o de música urbana. Incluso la estética del vídeo es cero rockera. Es cierto que yo vengo de una banda de R&R y no renuncio para nada a ese género, pero por encima de todo soy músico y en este disco si rascas hay más cositas de lo que parece. 

Además de esa variedad estilística también llama la atención la búsqueda de una producción y un acabado de los temas de cara a crear un ambiente instrumental potente y denso, ¿ha habido un trabajo específico muy centrado en ese terreno? 

Pablo Fugitivo: Realmente lo que hemos tratado es de que todo suene orgánico y natural. Para ello intentábamos que los músicos no tuvieran los temas muy escuchados y nos fuimos a una casa de campo en Coín para no tener la presión de las horas de estudio, que te impide poder investigar con calma. Tampoco llevábamos nada progrmado. Hemos metido un montón de guitarras, bajos y amplis allí y hemos ido improvisando. Cuando la toma nos emocionaba, pues ya está, a otra cosa o salíamos un rato a charlar. 

¿Y de qué manera crees que ha influido en el resultado final ese recogimiento y tranquilidad?

Pablo Fugitivo: El problema de hoy en día es que muchos discos terminan sonando todos iguales, y en parte es por la falta de tiempo. Se recurren a los mismos clichés, a dejar cosas para la mezcla y para ahorrarte líos y no perder tiempo al final recurres a las mismas fórmulas entandar a la hora de combinar guitarras, amplis, pedales… Para un disco tan variado como éste era muy necesario tener un sonido característico, y eso requiere tomárselo con calma, probar y oír música… Era más como estar en un laboratorio, y no como en una fábrica. 

Además de ejercer como coproductor, Manuel Torres creo que ha tenido un papel esencial a la hora de elaborar este proyecto, ¿cuál ha sido su responsabilidad real? 

Pablo Fugitivo: Bueno, su función fue más a nivel humano en el comienzo del proyecto. Me insistió mucho en trabajar juntos. Yo tenía dudas, porque tengo las cosas muy claras. De hecho ya tenia las ·demos" de casi todos los temas, por lo que el trabajo de preproducción fue bastante reducido. Todos mis discos me los he producido yo, aunque luego haya contado con la ayuda de otros profesionales para mastering o mezcla. En este caso, al final también ha sido un poco así en el fondo. Lo que ha cambiado es que en esta ocasión he contado con alguien externo con el que personalmente tenía buena química, musicalmente estábamos en sintonía y con el que podía compartir mis dudas y flipadas. No sabría definir su rol exactamente, porque Manuel Torres no ha hecho la función que en España entendemos como la de un productor, ya que no ha mezclado el disco, este trabajo fue realizado por Manolo Toro, tampoco hizo el Mastering, ni se encargó de la sesión de grabación de baterías con Coki Giménez, que se realizó también en Puerto Records. El último corte fue grabado , mezclado y masterizado por mi amigo Fito Vergara. Tampoco se ha encargado de buscar a los músicos de sesión o del backline de la mayoría de los instrumentos… conté con mi banda (Ariel Ciganda, Kini Cañete y Victor Alcalá) y con muchos músicos amigos de Málaga que se portaron muy bien conmigo (Daniel Lozano, Henrik Larsson, Alex Berenguer, Pedro Peinado, entre otros). Los arreglos o bien estaban ya en las maquetas o bien los sacábamos en la misma sesión de grabación con el propio músico. Se trataba más bien de tener alguien que levantara la mano cuando nos desviáramos del plan de navegación y sobre todo que te ayudara a contrastar. Creo que es super importante contar con una persona que te eche una mano en todo este proceso creativo, pero sobre todo a la hora de lanzarlo. En mi caso ha sido todo bastante más autogestionado. 

El concepto de solo, al margen de tu presentación musical, y viendo el contenido de tus canciones del disco, parece también un término que hace referencia a un ámbito más personal, siendo el álbum casi conceptual en cuanto a la temática de la pérdida del amor, ¿es la respuesta a un momento personal o una temática que te gusta tratar? 

Pablo Fugitivo: Sí, es totalmente autobiográfico. Las canciones parten de una ruptura muy dolorosa que tuve y de las diferentes fases. La incertidumbre, el rencor, la resignación, la indiferencia, la promiscuidad, el individualismo, la reafirmación, el miedo a volver a equivocarse… La vida misma. Para el próximo disco, en el que ya estoy trabajando, estoy siguiendo esta línea literaria similar… el amor es un tema que me parece totalmente revolucionario en estos tiempos de Tinder e Instagram. 

En “Ni una palabra” dices “refugiarme en mi canción”, este es un trabajo autobiográfico y hasta exhibicionista, ¿es una buena terapia contar la vida a través de las canciones? 

Pablo Fugitivo: Para mí escribir estas canciones fue un ejercicio muy sanador. También a nivel artístico la verdad me atrae cada vez más… No hablo de verdades absolutas, sino la de cada uno. En este caso la mía. Me parece muy valiente mostrar nuestras debilidades y mojarse en este momento donde todos tenemos que aparentar ser los más “guays” y los mas “happy flower”. No quería ponerme filtros ni escudarme en metáforas imposibles. 

¿Consideras este disco el inicio de una carrera en solitario o de momento es la respuesta a una pulsión que tenías? 

Pablo Fugitivo: Fugitivos del Swing es Pablo Fugitivo y viceversa. Se trata sólo de una etapa nueva para mí, tanto en mi carrera como a nivel personal. Los artistas necesitamos salir de nuestra zona de confort para crecer. Ahora me siento muy liberado y tampoco quería empezar con la mochila de mi anterior proyecto. Tampoco creo que nadie estuviera esperando un tercer disco de Fugitivos del Swing, francamente. 

El disco ha salido adelante gracias a una campaña de micromecenazgo, ¿cómo valoras este tipo de iniciativas, como un paso para estar más cerca de tus seguidores o como la única salida que muchas veces queda para salir adelante? 

Pablo Fugitivo: Bueno, realmente la campaña de crowdfunding ha servido simplemente para financiar sólo un 25% de este proyecto. Aún así es un lujazo poder contar con este tipo de plataformas. Hacer un disco como este, a pesar de haber pedido muchos favores, es algo muy caro y todo suma. El resto del presupuesto he tenido que conseguirlo vendiendo instrumentos, tocando en Málaga muchísimo estos dos últimos años, tanto con Los Ejecutivos (un proyecto de versiones de Rock en Castellano con el que toco en la Costa del Sol) como haciendo “basking” en las calles de Málaga. Ahora estoy comenzando a enviar las recompensas a todos nuestros mecenas. Me consta que muchos lo esperan con muchas ganas. Eso hace mucha ilusión… ver como 150 personas creen en ti, sin haber oído el disco y, sobre todo, tratándose de en un proyecto nuevo como éste. Me ha dado mucha fuerza para hacer frente a todas las dificultades que ha habido a la hora de sacar este disco. 

Lee Fields & The Expressions: "It Rains Love"

Por: Oky Aguirre 

Mientras la prensa generalista sigue ensimismada en celebrar las proezas del hombre blanco, lugar copado para millonarios como Queen o para las eternas "Expensive Tour" de nuestro querido "God" Dylan, en El Giradiscos sí que ponemos el foco en abuelos de otros colores, ya sea en visitas de auténticas leyendas del reggae como Lee Perry o en discos de artistas irrepetibles tipo Lee Fields. Un pequeñito ser de 68 castañas que lleva 50 repartiendo gloria con su soul gigantesco, y que con "It Rains Love", su quinto álbum con The Expressions, nos demuestra que la llama está viva, que todavía lo tiene, pero multiplicado. 

Se trata de diez nuevas composiciones que suenan a "standards" de cualquier década de los 50-60-70. Todo gracias a una prodigiosa producción de Leon Michels, inseparable de Fields,  compositor-arreglista imprescindible en el último medio siglo y maestro en encajar sonidos añejos, siendo uno de los auténticos “culpables” de la vuelta de lo "retro" a lo musical, ocupando ese vacío que dejaron nuestros ya inmortales Sharon Jones y Charles Bradley, pero adaptándose a los tiempos con arreglos, orquestación y una sección de ritmo imprescindible, con Nick Movshon en el bajo y Homer Steinweiss en la batería, que unida a la sutileza de los vientos, enlazan suavemente en melodías de todos los géneros influyentes, con trompetas o riffs predominantes, como espadas samurais, esas que te cortan sutilmente por la mitad.

Es precisamente lo que pasa en su primer tema "Its rain love", que con esas baquetas golpeando platillos, imitando lluvias con gotas soul que solo tienen los más grandes, nos hace quedarnos a escuchar lo siguiente, un "Blessed With The Best", muy Van Morrison, que hechiza con los vientos, para seguir sin respiro de la mano de "Two Faces" hacia la primera gran aproximación a aquellos coros femeninos, unidos a voces y mensajes de reverendos como Al Green, que dignifican el sonido "mono" con orquestaciones minimalistas, dejando claro que se siente bien tanto en terrenos analógicos como digitales. "You´re whats needed in my life" es la primera, con su dulzón estribillo como un osito de goma; "Wake Up" es ese sonido que se lleva haciendo toda la vida pero que sólo les sale a unos pocos, y que aquí le sirve al pequeño Lee para modernizarse, saliendo airoso del funky moderno, como siempre. "Will I Get Off Easy" no se te quitará de la cabeza, como esas baladas llenas de fuerza y sudor de Smokey Robinson, Otis Redding, James Brown o Wilson Pickett. 

"Love Prisoner", a golpe de bajo y paso a paso junto a riff contundente, podría ser la banda sonoroa original de cualquier serie negrata, de antes o de ahora, que conecta perfectamente con un "A promise is a Promise" donde clava ese funky-soul de los 70, en pleno apogeo del Black Power, como cuando Earth, Wind & Fire llenaban el Madison Square Garden con himnos como "That´s the Way Of The World". Son esas pequeñas cosas, las que al final se hacen gigantes, como el reggae-soul rabioso que se marca en "God is Real", con Hammond y baterías contundentes, apoyados en trompetas y saxos de terciopelo, dejando para cerrar el disco "Love is the answer", delicioso mensaje que predomina en todo el disco, con su voz flotando junto a trompetas, para terminar estos cortos 36 minutos de Gloria. De los mejores del 2019.

Will Kimbrough: "I Like It Down Here"

Por: Kepa Arbizu 

Es probable que la fama no esté destinada jamás a estar del lado de todos aquellos nombres que, en el mundo de la música, se ocultan entre los créditos de un disco o se encuentran relegados a ocupar un segundo plano respecto a aquellas estrellas de las que ejercen de imprescindible sustento. Pero existe otro tipo de triunfo, uno que no se mide por el frío valor de los números, que viene otorgado exclusivamente por el contenido artístico del trabajo realizado. En ese terreno Will Kimbrough está acostumbrado a sobresalir. No importa el campo específico en el que se maneje; instrumentista, compositor para otros artistas, productor o, por supuesto, firmante de su propia obra, son todos espacios en los que su presencia siempre acaba por significarse.

Tras un lustro desde su anterior disco en solitario, “Sideshow Love”, llega el momento de reencontrarnos con nuevas composiciones brotadas de su puño y letra y destinadas a recaer sobre su propia interpretación . Un intervalo de tiempo que no ha sido para nada sinónimo de parón creativo, ya que durante ese trecho se ha dedicado a otros menesteres, entre ellos formar alianza con Brigitte DeMeyer o Tommy Womack , ésta bajo el apelativo Daddy , o participando con la banda Willie Sugarcapps. Actividades que sin embargo no han conseguido borrar la añoranza de su presencia en primera persona, situación subsanada de la mano a de este "I Like It Down Here", un álbum agraciado con el nada disimulado espíritu de reivindicar y honrar su ascendencia y cultura sureña.

Decidir homenajear -ofreciendo incontestables muestras de cariño- al entorno vital de uno no debería convertirse en el salvoconducto para desembocar en un acrítico y rimbombante panegírico . El mismo hecho de amar y admirar algo conlleva la capacidad para sentir más pesar que nadie por todo aquello que entendemos le hace perder su representación más óptima. Precisamente Kimbrough no duda a lo largo de esta grabación en señalar contundentemente aquellos oscuros pasajes que se cuelan entre las características de ese territorio del que se siente orgullosamente parte, no dudando en realizar un tema como "Alabama (For Michael Donald)", dedicado al último ahorcado públicamente por el Ku Klux Klan. Canción con la que ofrecerá, a base de folk-country, una cara minmalista y profunda que a su vez no rehuye de los detalles musicales, consiguiendo alcanzar tintes espectrales en su buena adecuación con la segunda voz aportada por la cantante de raza negra, un detalle que dada la temática de la canción es importante remarcar, Shemekia Copeland.

Las cualidades que sobresalen especialmente en la manera de afrontar musicalmente el legado influencial de este autor hacen referencia a la elegancia y delicadeza usada, la misma que ha marcado, desde diferente vertientes, a artistas de variada condición como Lyle Lovett, Jackie Greene o Hiss Golden Messenger. Una capacidad que desborda clasicismo revestido de pulcra melancolía en "Hey Trouble", reflejo de ese malditismo habitual en el género, o que se torna algo más cruda añadiendo reminiscencias rítmicas de blues en la composición homónimma, desencadenando en un concepto mucho mas melódico y prácticamente ligado al power pop, concretamente bajo una clara mirada a Tom Petty, en "I’m Not Running Away". Todas esas innumerables propiedades tomadas del imaginario sonoro estadounidense serán el pasaporte que le oriente hacia un rock sureño nada áspero ("When I Get To Memphis") pero igualmente hacia localizaciones con una identidad más marcada, como un pantanoso y oscuro "Buddha Blues" o el espectacular soul, al abrigo de Dan Penn, de "It’s a Sin", con otra concienciada inspiración en Harper Lee y su libro “Matar a un ruiseñor”. Vertientes emocionales que encauzará hacia terrenos más sedosos, pero rotundamente resolutivos en cuanto a emotividad y sensibilidad, a través de dos gemas preciosistas como son "Salt Water and Sand" y "Star".

Con toda seguridad no será "I Like It Down Here" el disco que sitúe a este músico afincado en Nashville en el lugar que se merece, a pesar de erigirse colmado de calidad. Quizás tampoco eso sea algo esencialmente relevante, su talento sigue esparciéndose al alcance de todo aquel que quiera acercarse a él, y poco importa lo grande o pequeño que aparezca su nombre en los carteles, porque son perfiles como el suyo, y trabajos como éste, los que verdaderamente sustentan y alientan, sin necesidad de artificiosos intermediarios, el verdadero poder de la música, aquel que nace de la necesidad y capacidad para contar, y cantar, historias bajo un sin par envoltorio artístico.

Da Loma: "El Espejo"

Por: Txema Mañeru 

Aquí tenemos ya uno de los mejores debuts que nos podremos encontrar en este 2019. Tras el nombre de Da Loma se esconde David López, el capo del estupendo sello discográfico Limbo Starr. Sí, la casa de todos los fantásticos discos de pop de los maños Tachenko , quienes firmaron otra obra redonda el pasado año con "El Don Del Vuelo Sin El Arte Hermano Del Aterrizaje", y de los muy activos últimamente Camellos, que salen a “Gol” por single… y por concierto.

David debutó hace casi un cuarto de siglo junto a Kebrantas. Luego vino su trabajo en RCA y la creación de Limbo Starr, que le hizo pasarse a otro lado de la música. Pero nunca dejó de componer para su propio deleite. Así hasta hace cuatro años, momento en el que decidió ordenar todos esos temas y sonidos recogidos a lo largo del tiempo para obtener algo que grabar y de lo que pudiera sentirse orgulloso. ¡Y vaya si puede estarlo! En "El Espejo" tenemos su vida y tenemos sus canciones. Nos viene envuelto con la habitual buena presentación del sello (diseño de Carmen, claro) y con una selecta frase del gran Jorge Luis Borges en el cuidado libreto: “Somos nuestra memoria, somos esa quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”.

Le costó decidirse por los temas a seleccionar y por la forma de grabarlos. Eso fue hasta que Roberto, de Ornamento y Delito, le dijo que ya estaban acabados. Pero es que además ha montado una banda para presentarlo en vivo junto al propio Rober y David Talbaila, ambos del grupo madrileñoy Mikel Sagües, de Purr y Green Bananas. ¡Vamos que está que se sale de entusiasmo!

La imagen de "El Espejo" es clave en este trabajo. Por eso abre con el tema homónimo con un contagioso ritmo que se mueve entre la Velvet Underground y los primeros trabajos de The Feelies. Las guitarras atronan de lo lindo, pero con magia. Me encantan las historias de las canciones porque tienen mucho de autobiográficas pero con muchos puntos con los que podemos identificarnos muchas personas. Así nos cuenta un poco su aventura discográfica en "Del Revés", un contagioso tema que fue su segundo adelanto (tras "El Amor, La Fuerza") y con un currado videoclip, o sus andanzas y las de otros cabras locas en los festivales veraniegos en la divertida "En El Festival". Además se va por lugares cercanos al rock psicodélico que viajan de sus adorados Surfin’ Bichos hasta los más actuales King Gizzard & The Lizard Wizard. ¿Suena algún theremin o algún sintetizador raro por ahí? Cierra la cara A con el logrado tema lento "Nunca Más".

La cara B se abre casi con rabia punk. Se titula "De Madrid Al Suelo". Las guitarras echan humo y nos vuelve a relatar sus aventuras musicales por mi tierra, Euskadi. Me encanta otro lento de aromas clásicos como "Tus Mentiras" que se mueve a medio camino entre la insinuación de Lou Reed y la de los primeros Burning. Final por todo lo alto con "El Libro De Estilo", un intenso medio tiempo en el que combina a la perfección las guitarras acústicas y eléctricas y un broche con el que sentirse satisfecho. El mismo David firma la hoja promocional y dice que siempre quiso publicar un disco entendido como un conjunto de canciones unidas por un hilo invisible. ¡Lo has conseguido, señor… a ver ahora cómo nos deformáis las imágenes de este espejo en directo!

Entrevista: Jose Domingo

"Me gusta pensar que mi obra está en sintonía con el lugar donde vivo"

Por: David Marsé 

Tras dejar atrás su periplo grupal, Psychoine, Jose Domingo ha construido una carrera en solitario en el que el término personal toma todo su sentido. A través de los diferentes trabajos realizados y su diversidad, ha logrado trazar una línea en la que se dan cita influencias de la música mediterránea y la tradición anglosajona del pop y del rock. Una mezcla perfectamente ensamblada  bajo una fascinante personalidad. Con "Mientras dios nos mira", el catalán presenta un quinto capítulo de representativo sonido y al mismo tiempo integrado en su perfil creativo sobre el que charlamos con su autor...

Del título de este nuevo disco (“Mientras Dios no mira”) se desprende un interés por estar aislado, apartado del ruido, algo que hace referencia, si no me equivoco, al lugar donde has creado las canciones, ¿necesitas ese retiro para concentrarte en tu trabajo o ha sido algo ocasional y puntual? 

Jose Domingo: El título del disco es la descripción de cómo me sentía cuando estaba creando el disco. Mi vida dio un giro y me fui a vivir a un pueblo del interior de Mallorca, Santa Eugenia, algo parecido al paraíso. A nivel personal necesitaba ese cambio y un baño de luz, ya que me encontraba un poco estancado y en cierta oscuridad. A nivel compositivo, más que una necesidad ha sido una gran influencia. 

El disco suena muy ambiental, atmosférico, en buena parte gracias a su sonido más electrónico, aunque a la vez hay en su esqueleto de base  ritmos muy pegadizos en el sentido más tradicional del pop-rock, ¿es esta dualidad un esquema que se ajusta a la definición de estas canciones? 

Jose Domingo: Sí, en este disco existe esa dualidad entre lo abstracto como por ejemplo de "No saldrá en la fotografía”" y lo concreto como en "Un segundo más así", y de hecho uno de los objetivos era encontrar un punto de equilibrio entre estos dos componentes. Me parece uno de los logros de este disco. 

¿Por qué decides jugar con la electrónica , los sintetizadores, etc..? ¿qué aportación concreta buscabas con ello? 

Jose Domingo: Buscaba nuevas texturas que aportaran un nuevo sonido respecto a trabajos anteriores. Salir un poco de lo que venía haciendo. Utilizar la electrónica para potenciar la psicodelia y las atmósferas. Cómo utilizar un color nuevo. Aquí las aportaciones de Púter y Jordi Herrera han sido muy significativas. Creo que han hecho magia. 

En los temas “Sueño con fiestas” y “Desaparecer” colabora María Rodés, ¿su elección responde a la  admiración que sientes por ella o buscabas en su voz alguna aportación concreta para los temas? 

Jose Domingo: Sí, con Maria Rodés somos amigos desde hace años y hemos colaborado tanto en directo como en el estudio. Siempre es un lujo poder contar con ella. Es una de mis cantantes preferidas y creo que nuestras voces combinan muy bien. Su voz es muy etérea y contrasta con la mía, que es más de tierra. Le da un contrapunto al disco, una ligereza muy bella. 

Cierras el disco con “Conversación de un padre y un hijo”, una sobria y clásica composición, alejada de esas ambientaciones más densas y de la electrónica dominante en el álbum, ¿qué representa un final así, el regreso a la esencia, a lo orgánico? 

Jose Domingo: Cerrar así es desplegar otra arista más dentro del espectro musical del disco. Casi suena como un paso de semana santa psicotrópico. Es muy mediterránea. También puede tener un punto de Morricone o Rota. Me gustaba la idea de acabar cambiando radicalmente con una canción instrumental, como si fuera una despedida litúrgica. Fuera del rock, algo especial y off. A demás era la excusa perfecta para colaborar con Antonio Sánchez Pedro a las trompetas, fliscorno y litófono. Un amigo de la infancia con el que tenía pendiente una colaboración y creo que ha quedado muy bonita. 

La presencia en las canciones de este disco de términos como “desaparecer”, “huir”, “recuerdos”, “ausencia”… parecen señalar hacia un concepto global nostálgico, no sé si hay esa carga consciente en ellas.. 

Jose Domingo: Debe ser algo del subconsciente. Posiblemente esas sensaciones han formado parte de mi vida durante el proceso de creación y de alguna manera han aflorado. No se refiere a un escapismo, sino a un cambio de ciclo importante. 

Tus letras, y por extensión tu música,  siempre parece fluir entre la intimidad y el propio entorno físico-ambiental que te rodea, ¿hasta qué punto tiene influencia ese contexto en tu manera de componer? 

Jose Domingo: Creo que el entorno con el que convives determina fuertemente la obra. Ahora vivo en un espacio abierto y diáfano. Veo el horizonte, el cielo, la salida del sol y desde que empecé a componer en este entorno me di cuenta de que me llevaba a ciertas sonoridades. Curiosamente más electrónicas, que en cierta manera combinan muy bien con los cielos y la naturaleza que me rodea. De hecho hay una canción en el disco que se llama “Santa Eugenia” en la que describo como ha cambiado mi vida al haber cambiado de sitio. 

Tus discos han ido modificando el ya de por sí muy personal estilo que tienes ¿entiendas esta carrera que estás construyendo como un camino dirigido a un fin estilístico concreto  o responde a las sensaciones y sensibilidades de cada momento? 

Jose Domingo: Me dejo llevar más por las sensaciones de cada momento, intentando ampliar intuitivamente mi visión musical. Sigo haciendo lo que más me excita y procuro evolucionar respecto al camino trazado en los anteriores discos. 

Esa necesidad por alterar los patrones musicales en cada uno de tus discos, ¿es algo inherente a tu manera de entender la música, el evitar quedarte fijo en un lugar, o ha sido el propio trayecto que te ha llevado por cada una de esas formas? 

Jose Domingo: Cuando hago una canción suelo buscar que, dentro de mi registro, me sorprenda y no suene a una repetición de lo que ya he hecho. Me divierte darle la vuelta a lo habitual y crear mi propia visión. Como tú dices, evitar quedarme fijo en un lugar. Veo cierto humor en el juego compositivo y me gusta no ser obvio. Crear combinando elementos sugerentes y llegar a mis propias conclusiones. 

En tu estilo convive esa parte anglosajona pero también una más mediterránea o latina, ¿cuál de esas influencias surgió antes en tu educación musical, o quizás siempre han convivido juntas? 

Jose Domingo: Al no tener formación musical académica, creo que mi música es el resultado de un cruce de todas mis influencias, que son muy diversas. Aunque considero importante que mis canciones desprendan cierto aroma al sitio al que pertenezco. Me gusta pensar que mi obra está en sintonía con el lugar donde vivo y que cualquiera que la oiga pueda ubicarla aproximadamente en el mapa. 

Y viendo el  momento actual, ¿crees que sigue habiendo una dictadura de lo anglosajón, o piensas que ha habido una apertura a ritmos que se mueven en otras latitudes, algo que quizás evidencia el éxito de alguien como Rosalía? 

Jose Domingo: Creo que la música española actual está buscando su sitio e identidad. Se está liberando de ciertos complejos que la marcaban y existen creadores que tienen una visión muy clara de cómo puede evolucionar. Y están conectando con el público que lo agradece mucho y ve un camino excitante respecto a lo que está acostumbrado. Es importante desarrollar esa imagen étnica que tiene nuestra música y le da riqueza. 

Esa forma particular que tiene tu música es admirada y seguida por gente proveniente de escenas muy diversas, no sé si es algo que percibes y de alguna manera tomas como un éxito esa capacidad por superar fronteras genéricas.. 

Jose Domingo: No soy muy consciente de eso. En todo caso es una alegría que guste a gente de escenas diversas.   Así es más divertido.

En Órbita: pasado, presente y futuro en un solo día

Feria de Muestras de Armilla, Granada. Sábado, 11 de mayo del 2019 

Texto y fotografías: J.J. Caballero 
Fotografías 091 y LOL: Javier Rosa (En Órbita)

La temporada veraniega de festivales queda inaugurada en España. Sí, veraniega, porque las temperaturas alcanzadas durante la jornada única en que se celebraba en la Feria de Muestras de Armilla, apenas a las afueras de Granada, igualaban o superaban las propias de cualquier verano infernal. El evento tenía lugar en el mismo recinto en el que antaño tenía lugar su hermano mayor, el hoy llamado Granada Sound, y combinó escenarios desiguales –en tamaño y trascendencia de las bandas allí convocadas- con un ambiente general de satisfacción con la organización y la ausencia de retrasos notables en el comienzo de los conciertos, algo de lo que deberían aprender otros eventos similares. Si se quieren hacer las cosas bien, demostrado queda que no es en absoluto una tarea complicada.

Precisamente debido al calor acuciante y algún que otro desajuste logístico, nuestro periplo festivalero comenzó a media tarde con la presencia de los locales Vita Insomne en el escenario pequeño. Muchísima ilusión y un material incipiente que presagia buenos discos futuros, como ya lo son canciones de títulos estimulantes: "Juegos artificiales" o "Señor nadie", que combinan la fuerza del pop afilado con la intención de ir más allá en el intento de darle otra vuelta a las canciones. En los apenas cuatro años que llevan tocando juntos, puede que esta fuera una de sus mejores oportunidades de demostrar que tienen bastantes cosas interesantes que decir. Desde luego, están en el buen camino para ello.

Poco después de las siete de la tarde y bajo la injusticia del típico sol de justicia aparecían Miss Caffeina en el escenario principal. Lo de los madrileños ya no sabemos si tomarlo como una pequeña gran broma que empieza a tener su gracia o como la consolidación definitiva de un proyecto que empezó por un camino ciertamente distinto al tomado en los últimos discos. Con su anterior gira "Detroit" ya empezaron a incorporar un buen número de teclados y ritmos de baile que a algunos sorprendió para bien y a otros nos dejó aún más fríos y desconcertados respecto a su música. Es evidente que se han convertido en una banda más que exitosa y que la etiqueta "carne de festival" les viene ahora más pintada que nunca. El álbum más reciente de los madrileños se titula "Oh Long Johnson" y en directo se explayan con estas y otras canciones de corte similar, tirando de apuestas seguras como "Ácido", "Calambre" y "Prende" en las que las letras y la voz de Alberto Jiménez (a cualquier otro vocalista le sentaría el doble de mal que a él el mono pseudoespacial con el que saltó a escena) se erigen en claros protagonistas. Sin ser para tanto como parecen, los chicos van llenando salas y congregando distinto público en su nuevo tour y su nombre cada vez es más solicitado. Aquí también fueron la previa a la actuación de una banda mítica y completamente antagónica. El retorno, y esta vez parece que va en serio, de 091 en sus dominios y en la primera actuación del año era sin duda la clave de un cartel que a partir de esa hora empezaba a engrandecerse.

Antes, otra visita al escenario pequeño para descubrir a otra banda granadina, Harakiri Beach, a los que se podría describir con una mezcla de adjetivos entre los que entrarían descarados, frescos, desprejuiciados, enérgicos, y sobre todo eficaces. Su música está hecha un poco de todo, y ya desde el nombre sorprenden para bien con una especie de punk indietrónico (la carencia de guitarras crea un clima muy diferente) con letras escupidas sin pudor y un aparente desaliño instrumental que los hace aún más atractivos. "Soldados imperiales" o "La fruta tropical" y el empuje que muestran en cada concierto pueden ser la clave para que a partir de ahora los veamos prodigarse mucho más. Les tocó lidiar con un horario dudoso, puesto que el grueso de los asistentes ya estaba cogiendo posiciones para ver de cerca el concierto estrella, pero hicieron saltar a algunos de los que como nosotros jamás habrían imaginado encontrarse con unos locos maravillosos de estas características. No se necesita mucho para excitar al personal con tu música, y ellos parecen saberlo perfectamente.

El concierto de 091 empezó mal. Apenas terminada la primera canción, "Zapatos de piel de caimán", un incomprensible fallo en los monitores del que la banda solo fue consciente cuando los técnicos se lo comunicaron hizo que nos quedáramos sin escucharlos durante unos minutos. Una vez subsanado el problema, la mayor factoría de canciones en la historia de la ciudad y probablemente la mejor banda salida de sus calles empezó sin apenas dar la bienvenida el bombardeo de pequeños clásicos, canciones de cuna y de rabia que abruman por la extraordinaria capacidad lírica de José Ignacio Lapido, la eficiencia del resto de la banda –la misma formación que la finiquitó en su momento y la resucitó hace un par de años- y la voz, aún apenas aminorada en sus facultades, de un José Antonio "Pitos" García que se ha mantenido activo al frente de varios proyectos durante todos estos años y al que hace poco veíamos en directo junto a El Hombre Garabato defendiendo un proyecto en solitario sencillamente fantástico. A partir del difícil momento inicial cayeron "Tormentas imaginarias", "Huellas", "La calle del viento", "Qué fue del siglo XX", "Otros como yo", "Todo lo que vendrá después", "En el laberinto", "El baile de la desesperación","La noche que la luna salió tarde", "La torre de la vela", "Escenas de guerra"… ¿Alguien necesita más? Los bises, con "La canción del espantapájaros" y la explosión final de "La vida qué mala es", con la total ausencia de temas nuevos, esos que están terminando de grabar y que no verán la luz antes del próximo otoño, pusieron la guinda a un espectáculo de rock de raíz setentera y reivindicación de un legado tremebundo que está poniendo a la banda más de veinte años después de su primera ruptura al lugar que merecieron en su día. Un sonido que mejoró ostensiblemente a medida que el grupo se asentaba en el escenario y una sensación de euforia ante lo que se avecina. No nos cabe la menor duda de que el nuevo material estará a la altura de este, y con eso ya será más que suficiente para caer, otra vez, rendidos ante su leyenda.

Tal vez Love of Lesbian nacieron para tocar en festivales, o puede que cuando empezaron en esto, haciendo muchos mejores discos que los más recientes, ni siquiera imaginaban que firmarían cachés de altura e inundarían de circo visual y sonoro cualquier escenario que pisaran. Tienen pinta los catalanes de acercarse, si no lo son ya, a la etiqueta de clásicos del pop español, y a la enésima vez que escuchamos en directo "Allí donde solíamos gritar", "1999", "Incendios de nieve", "Algunas plantas" o el himno que ha vendido más camisetas en el indie patrio, la impecable "Club de fans de John Boy" ya hemos perdido la capacidad de sorpresa, y es obvio que ellos también. Sus seguidores saben perfectamente lo que van a escuchar y cómo, y ayuda mucho a ello la monocorde voz de Santi Balmes, en esta ocasión enchaquetado y de blanco, para que la cosa sea al menos distinta en el aspecto estético. Suenan bien, por momentos muy bien, y son una apuesta segura para cualquier programador con ambiciones económicas, pero a algunos lo suyo nos empieza a aburrir. Será por repetición o por inconformismo, el caso es que el día que leamos los nombres convocados a los principales festivales y no veamos el suyo tendremos sensaciones encontradas: preocupación –algo debe estar pasando para que no los hayan llamado- y alivio –algo debe estar pasando para que por fin dejen de llamarlos-. Dicho todo esto con el respeto que merece toda banda de cierto éxito, que conste.

Y al final llegaron Fangoria. Esta frase se puede copiar y pegar para muchos de los eventos veraniegos que han de venir, puesto que la banda de Nacho Canut y Alaska suele ser la encargada de cerrar este tipo de citas cada vez que su presencia es requerida. Es obvio el motivo: su música aboga por el hedonismo no exento de sentimiento, coreografían con bailarines adicionales las historias que cuentan y aportan notas roqueras con guitarras y programaciones afiladas. La vocalista forma parte importante de la historia del pop de este país y ha sobrevivido a varias generaciones y a sus propios altibajos creativos antes de convertirse en la estrella mediática que es ahora, más por otras razones que las meramente musicales. El último trabajo de Fangoria agrupa versiones sui generis de temas variados del pasado reciente de nuestra música, desde la horterada de "Historias de amor" de los casi olvidados OBK a una más que decente relectura electro de "Santos que yo te pinte" de Los Planetas. En el caso de una banda como esta nunca se debe confundir el puro petardeo con la profesionalidad. Ellos saben lo que hacen, con un impasible Canut en los teclados y una Olvido Gara en una forma envidiable vistiendo de nuevos colores temazos como "No sé qué me das", "A quién le importa", "Ni tú ni nadie" (¡qué grandes discos grabaron con Dinarama!) e incorporando himnos recientes como "Geometría polisentimental" y otros más lejanos en el tiempo pero igual de excitantes, entre los que destacan "Dramas y comedias" y "Espectacular", con los que convencieron a un amplio porcentaje de dudosos. Se piense lo que se piense y se tengan los prejuicios que sea, unos artistas de sus características son necesarios en cualquier momento.

Un festival este, a modo de conclusión, que ha demostrado un evidente crecimiento en público y ambiciones año tras año y que vuelve a combinar nombres emergentes de la escena con otros sobradamente consagrados en una propuesta envidiable que sin duda tendrá continuidad en los próximos años. Ojalá en la siguiente podamos seguir dando cuenta de su buen estado de salud.