Entrevista: Bunbury

““Expectativas” es oscuro y deja poco resquicio a la esperanza; es uno de mis discos más redondos y homogéneos” 

Por: Javier González
Fotos: Jose Girl

A estas alturas de la película es poco menos que una estupidez tratar de esbozar un breve texto que sirva como presentación a Enrique Bunbury, el músico aragonés más universal de todos los tiempos y por ende la personalidad rockera más conocida a nivel internacional de nuestro país. 

Sobre sus espaldas y en su bagaje personal un buen puñado de discos, tanto con Héroes del Silencio como en su magnifica carrera en solitario, que le han convertido por derecho propio en unos de los autores en lengua castellana más importante e influyente a ambos lados del Atlántico.

Ahora vuelve a revestirse de actualidad con la publicación de “Expectativas”, un trabajo rotundo y contundente, elegante y rockero, elaborado a través de unas letras tan rabiosas como poéticas, que nos entregan un disco que a nuestro juicio se encuentra entre los mejores de cuantos ha elaborado a lo largo de su extensa trayectoria. 

Con su permiso y con la cortesía, casi reverencial, de aquellos que le hemos admirado desde los tiempos de la niñez, contactamos con Enrique para que nos contara todo lo relativo a ésta nueva obra. A fe que se metió de lleno en nuestra entrevista, implicándose en cada respuesta al máximo, demostrando que su grandeza va más allá de los estudios de grabación y de los escenarios.

Nos gustaría retrotraernos al germen de las composiciones que han dado vida al álbum. ¿En qué momento y de qué forma comenzó el período de gestación de las mismas? 

Bunbury: Habitualmente comienzo a escribir un nuevo disco nada más terminar las mezclas del anterior. Así lo hice cuando finalicé el trabajo con “Palosanto”. Cuando terminas un disco estás muy satisfecho con el proyecto, pero te quedas vacío. Y tardé bastante en empezar a escribir material que me gustara. Cuando ya tenía una buena cantidad de canciones, me llamaron para grabar el “Unplugged” que, en mi opinión, llegó en un momento inadecuado. Pero si algo tengo que agradecer al “Unplugged”, es la gira, que fue fantástica, y el tiempo que me regaló para mejorar y terminar “Expectativas”. Creo que ha quedado uno de mis discos más redondos y homogéneos. 

Tras las sucesivas escuchas de “Expectativas” da la sensación de que Enrique Bunbury tenía muchas cosas que contar, o quizás más bien muchos dardos que lanzar. ¿Se ha quedado alguna bala en la recámara? 

Bunbury: Espero grabar un disco nuevo pronto. He empezado ya con el proceso de composición de un disco que me gustaría que saliera antes de que pasaran dos años. No los considero dardos, ni balas. Quizás el próximo disco deje la visión social y se centre más en lo interior y en algunos aspectos lúdicos que considero merecen ser cantados. 

A nuestro juicio “Palosanto” y “Expectativas” son dos discos hermanos, aunque éste último le supera tanto en la forma como en el fondo. ¿Qué similitudes y diferencias ves entre ambos? ¿Crees que es un álbum apocalíptico? 

Bunbury: Creo que “Palosanto” fue un disco de transición hacia “Expectativas” que, claramente, es un disco más redondo y compacto. “Palosanto” es más frío en su producción y “Expectativas” es más cálido. Sin embargo, “Palosanto” era un disco muy esperanzador y “Expectativas” es oscuro y deja poco resquicio a la esperanza. Yo creo que en “Palosanto” hay un disco mejor que el que salió y si hubiera concretado más, podría haber sido un disco de los importantes de mi carrera. Creo que ese rol le va a corresponder a “Expectativas”. Lo del fin del mundo está por ver. No veo el apocalipsis, pero sí que se han cerrado unas cuantas puertas importantes a la renovación y lavado de cara a un sistema injusto e inmoral.

En un párrafo de la reseña que dedicamos al disco diremos lo siguiente: Un trabajo pretendidamente vigente, hijo descreído de la madurez de un mundo en crisis, elegantemente rockero y ambiental, repleto de tacto, dolorosamente poético, pero a la vez tan sencillo y cercano que hace brotar sangre de las heridas que surgen de unas letras tan rabiosas como ciertas. ¿Lo calificarías así tú? 

Bunbury: Aunque mi intención fue realizar un disco fuera de géneros y evitar ticks rockistas y anclar mi música en la actualidad, me gusta que digas que es rockero. Creo que está claro que yo no milito. En mi música hay influencias de muchos géneros y no me interesan los que se obstinan en poner vallas y murallas a la música. No creo que sea tan ambiental como dices, pero sí hemos cuidado los ambientes y las texturas. Creo que el componente poético es importante en el disco, pero también que hay lenguaje llano y callejero. Y me maravilla que pienses que los textos son rabiosos y ciertos. Ya sabes que yo “nada lo sé de cierto, todo lo sé de supongo”. 

Al escuchar “La Actitud Correcta” da la sensación de que críticas tanto el postureo como la búsqueda de los que mandan en compañías discográfica del producto perfecto. ¿Crees que faltan canciones que nos hagan emocionar? ¿O quizás artistas capaces de sonar distintos y peligrosos? 

Bunbury: No es una canción generalista que pretenda sentar cátedra. Yo soy de los que creen que en la actualidad podemos disfrutar de grandes autores y bandas que están en un momento creativo espectacular. Tanto en España como en Latinoamérica. También creo que en el mundo anglosajón se hacen hoy discos fabulosos y no echo de menos ninguna década que considere mejor. Me siguen emocionando muchas canciones que salieron el viernes pasado y creo que hay artistas arriesgados. El tema del peligro es interesante y podríamos hablar mucho de ello. No creo que Alice Cooper fuera peligroso por salir con una guillotina. Eso es teatro y divertimento. Sí que considero que el discurso de Marilyn Manson era y es interesante y provocador. Creo que es bueno que existan también, hoy o ayer, Rage against the Machine, Calle 13 o Rubén Blades. Pero volviendo al tema, el arte no tiene la obligación de enfocar sus temáticas en lo social y político. Es una opción válida desde Altamira, pasando por Goya o el Guernica. ¿Faltan a día de hoy ese tipo de autores comprometidos? No lo creo, tenemos por ejemplo a Kendrick Lamar y una nueva generación, rimando y llamando la atención sobre temas escabrosos. Y, para terminar, “La Actitud Correcta” habla de quien tú creas que merece esa descripción. No hace falta señalar con el dedo ni pensar que me refiero a un género o a una generación. 

Hay un lugar donde la envidia y los cuchillos funcionan a las mil maravillas. ¿Crees que “Cuna de Caín” es la canción que mejor refleja lo que es nuestro país?

Bunbury: “Cuna de Caín” es una canción sobre una relación entre dos personas que tienen que poner tierra de por medio para no acabar el uno con el otro. No pensé en España en ningún momento durante la escritura ni de ésta, ni de ninguna canción del disco. He pretendido hacer un disco más. 

A lo largo del minutaje planea la sombra del rock, muy elegante, cercano al glam y de una serie de autores como Orwell, Huxley y Thomas Moro, con una visión muy concreta del mundo y de las tiranías. ¿Reconoces la vigencia de sus textos en este mundo en llamas? 

Bunbury: La verdad es que no leí a ninguno de ellos durante el proceso de escritura de las canciones. Los leí hace muchos años, casi ya en otra vida, cuando era un adolescente. Pero sí que parece como que, lo que escribieron, que pertenecía entonces a la ciencia ficción, ha pasado a ser periodismo de actualidad. 

Atendiendo a “Lugares Comunes Frases Hechas” da la sensación de que también lanzas una pullita a la prensa con aquello de “criticamos porque molamos”. ¿Qué valoración haces del nivel de la prensa actual de nuestro país? 

Bunbury: Hay frases que se refieren más a ciertos comportamientos en las redes sociales y otras, directamente, a esa pésima costumbre que tienen algunos periódicos generalistas de incluir un espacio para el linchamiento. ¡Y lo permiten sin ruborizarse! Hace unas semanas leí un libro muy interesante de Juan Soto Ibars que se llama “Arden las Redes”, que coincide en algunos puntos de esta canción: la autocensura, cómo ejercemos de policía de lo correcto y cómo funcionan los linchamientos en redes sociales. Yo creo que la prensa actual, que se reía mucho mientras la industria de la música sufría la crisis de las descargas y de la propiedad intelectual, ahora está sufriendo en sus carnes la crisis del papel. Y, claro, los comportamientos de algunos cuando se hunde o se zarandea un barco, no son siempre ni acertados, ni a veces éticos. Además, todos los periódicos, pasaron a formar parte de determinados grupos de poder y no hay noticia que leas en determinados medios que venga sin doble intención. Así que, lo que llamábamos medios de información, han pasado a serlo de manipulación. Obviamente, no todos los periodistas tienen la culpa y algunos hablan con cierta independencia y libertad. 

¿Y del papel que juegan ahora que ya apenas hay emisoras de radio en castellano que programen novedades? 

Bunbury: Creo que hay intención de renovación. Pero el daño que se ha hecho en este país a la música es incalculable. No sólo económico, sino moral. Hay entre finales de los noventa y el día de hoy un agujero en el que algunas radios se dedicaron a fomentar la nostalgia y otras el tachunda. Obviando a los creadores. Así, hay una generación que no ha escuchado cientos y miles de canciones fabulosas en la radio. Y solo los que tuvieron interés por su cuenta, se enteraron. Ahora dicen que mucha gente ya no escucha la radio. ¡Y se extrañan! Mucho tiene que cambiar la programación musical para que volvamos a sintonizar. Así que los modos y maneras de descubrir los tesoros musicales han cambiado, y ya no están a manos del locutor. Buscamos en streaming y atendemos a un boca a boca que proviene de blogs y gente con criterio en la que confiamos. 

Nuestra tierra nunca fue amiga de las trayectorias largas ni el respeto a los creadores musicales de gran bagaje. ¿Tienes la percepción de que últimamente a los artistas de tu generación como Loquillo, Santiago Auserón o tú, se os comienza a respetar más en nuestro país?

Bunbury: El cambio lo han realizado precisamente los que, contra viento y marea, han seguido con sus carreras y conectando con el público. Algunos pasaron travesías del desierto para poder volver a posicionarse. Porque generaciones anteriores aceptaron ese dicho de que la música popular es para los jóvenes y, tantos grupos de los sesenta y los setenta, abandonaron, para buscarse profesiones más digamos normales y ejercer la música como ejercicio nostálgico o hobby. A los músicos, y a los cineastas y a los pintores y a los artistas en general, hay que cuidarlos. Esa es mi opinión. ¡Tantas son las alegrías que nos dan o nos dieron! Para mí, hay artistas que solo por un disco que grabaron hace veinte años, o un libro o película del pasado, merecen la gloria eterna. 

En “Bartleby” una de las grandes composiciones del álbum fantaseas con una frase que nos ha descolocado bastante. ¿De verdad podría un tipo tan inquieto como tú dedicarse al “dolce far niente y a la contemplación”? 

Bunbury: La verdad es que cada vez siento más admiración por aquellos que toman la determinación de no participar o limitar su participación en “La ceremonia de la confusión”. Alejarse de las leyes de los hombres y practicar la contemplación y el dolce far niente, me parece un acto valiente y fascinante. ¿Sería yo capaz de dedicarme a tamaña empresa? No lo descarto. 

Por cierto, que canción tan bonita “La Constante”, me ha hecho acordarme del Bunbury que escribió discos como “Pequeño”, con ese lenguaje llano, sincero y tan rotundamente claro hablando de amor… 

Bunbury: Muchas gracias. Es una canción que costó mucho y considero especialmente importante en el disco. Creo que es la guinda. Y me da la impresión de que va a ser una de las más bellas de este álbum. 

Hemos disfrutado sobremanera con “Expectativas, A Short Film”, dirigido por Jose Girl. Un montaje visceral y desasosegante, en clave de road movie interna, que muestra las tripas de la grabación de un álbum en algo más de diez minutos. ¿Cómo surgió la idea de hacer algo así? 

Bunbury: La idea surge de la petición habitual de las compañías discográficas de tener un making of del álbum. Y empecé a pensar que, lo habitual, lo que sucede en la mayoría de documentales de ese tipo, es que todo ocurre en unos pocos días en los que mandan a un equipo de filmación y graban y falsean un poco lo que se hace en un estudio, y luego montan escenas en las que apareces bromeando con un músico o brindando con vino o riéndote a carcajadas en el sofá. Pero en realidad eso no representa como funciona una grabación. En una grabación hay mucha concentración, seriedad, enfoque y hay magia y azar. Es justo lo que no suele aparecer en los making of habituales. Y eso es lo que queríamos plasmar. La atmósfera del Short Film, me parece una maravilla, creo que Jose ha hecho un trabajo maravilloso. Que se sostiene por sí solo independientemente de que te guste más o menos el disco. 

¿Crees que esta colección de canciones muestra un mundo delirante, decadente, aunque quizás, solo quizás, con algo de esperanza?

Bunbury: Es un disco oscuro y desencantado. La esperanza habita en pequeños refugios que aparecen en la segunda parte del disco. El Arte y la creación en “Al Filo de un Cuhillo”, la contemplación en “Bartleby”, el Amor en “La Constante” y “Supongo”. Y la oda a la libertad que es “Mi Libertad”. 

¿Hasta dónde llegan las “Expectativas” de Bunbury en lo relativo a éste nuevo disco, en lo que concierne al mundo y en lo que toca a la gente que más quiere?

Bunbury: Buff. Mis expectativas con respecto a cualquier disco acaban cuando termino la masterización. Lo siguiente es que el público disfrute y lo haga suyo, pero ahí yo ya no intervengo, mi parte ya está hecha. En realidad, el máster de un álbum representa lo que fui capaz de hacer con esas canciones, lo que anhelaba en ese momento concreto de mi vida. Con respecto al mundo, no espero nada de nuestros gobernantes. A tanto ha llegado mi descreimiento. Pero sí confío en la gente. Creo que hay focos de luz en medio de la oscuridad. Veo a gente despierta e iluminada. Eso es suficiente para que no se pierda del todo la esperanza. Con respecto a la gente que quiero, no me toca más que cuidarla como el tesoro que son. 

¿Volverás a sacar la caravana y a realizar el enésimo neverending tour con tu banda y tu familia? ¿Cómo se vive siendo un nómada en el siglo XXI? 

Bunbury: Éste va a ser un tour largo. Vamos a hacer dos giras en España, dos en Latinoamérica. Giraremos también por USA y por Europa, después de mucho tiempo. Haremos paradas estratégicas para descansar y tomar aliento y volver con fuerza. El hecho de que viajemos en familia es un placer y una manera de que la cosa no se vuelva extremadamente tediosa. Yo disfruto en los escenarios, disfruto en los viajes y me gusta visitar ciudades que me fascinan. No seré quien se queje de la vida nómada. Es la que elegí y lo hice a sabiendas y con vocación.

Alejo Stivel: "Yo era un animal"

Por: Txema Mañeru 

¡Quizás lo mejor de este disco sea lo inesperado del mismo! El gran Alejo Stivel fue cantante y líder, junto a Ariel Rot, de los inolvidables Tequila. Vivió la vida de la fama y del rock’n’roll hasta el límite, pero vivió para contarlo y para gozarlo. Luego se convirtió en un cotizadísimo y comercial productor con cientos de trabajos, muchos de gran fama y popularidad. El caso es que ahora ha querido hacer un disco a base de canciones propias y la verdad es que se nota las ganas que ha puesto en él. De hecho afirma haber puesto la ilusión de un principiante. Aunque es un gran seguidor de los Rolling Stones le ha quedado un disco muy americano. Gran parte de culpa la tiene la genial y omnipresente pedal steel guitar de Al Perkins, un monstruo del instrumento que ha tocado, sí, con los mismísimos Stones, pero también con Bob Dylan y The Byrds. Por supuesto que él mismo se ha encargado de la buena producción, en la que además ha contado con un equipo de músicos y cantantes de casi veinte personas. De las mezclas se ha encargado Carlos Raya (Fito & Fitipaldis, M Clan) y la masterización la ha hecho en Nashville Richard Dodd, conocido por sus trabajos para Tom Petty, George Harrison y The Travellin’ Wilburys

Como no podía ser de otra forma abre el disco con un pedazo de single como es "Yo era un animal". En él recuerda los buenos viejos tiempos y suena muy Rolling Stones, a la vez que Loquillo y Tequila. Ya brilla la pedal steel guitar de Perkins y el piano de un genio como es Luis Prado (Señor Mostaza, M Clan). El estribillo es goloso de verdad. "A tus pies" es un excelente medio tiempo muy romántico que recuerda a los Tequila cuando iban de ese pelo. Los aires country son indudables en una "Rubia" muy Calamaro. En "París con aguacero" se nos muestra feliz con sus goteras y con otro buen estribillo y el piano de Prado. Cierra la cara A (el disco saldrá en vinilo) con otro precioso lento que recuerda a los de nuevo Tequila y Andrés Calamaro, se titula "Dos en una". Aquí resuenan cálidas las guitarras acústicas y el violín de Diego Galaz

La cara B comienza con la denuncia de "Ni una menos" junto a la rapera argentina Miss Bolivia y sigue mejor todavía con un precioso dueto junto a Guada Álvarez, con un guapo violín y fantástico solo del ya varias veces citado Perkins. En la desenfadada y pegadiza "Tocar y tocar" tiene hasta un guiño a sus-mis adorados The Clash. Tampoco podía faltar un tema futbolero como "Balones y palabras", donde aprovecha para juntar un all star total en el que entran Pete Thomas, Mauro Mietta en los teclados y los M Clan Ricardo Ruipérez y Carlos Tarque, que mete sus coros en algún tema más. Se despide con "La Biblia y el Calefón" en el que colabora en la composición Joaquín Sabina. 

Quiero hacer especial mención a que, además de las estrellas invitadas, le acompaña su banda de directo, en la que brilla especialmente con las guitarras su paisano Julián Kanewski, habitual acompañante de Calamaro pero con muy buenos discos de blues bajo su propio nombre. Este verano hubo conciertos aniversario con los Tequila, ahora también quiero ver a Alejo defendiendo estas buenas y muy “americanas” canciones.

Entrevista: Bonzos

“Hemos querido recuperar ese espíritu de los años en los que Los Ramones y Los Clash eran Los Beatles y Los Stones de nuestra generación”

Por: Sergio Iglesias
Fotografía: Koldo Orue

Uno de los grupos bizkainos más representativos de los 90 han vuelto con "Hagamos América punk otra vez", una especie de revisión evolucionada del primer disco de la banda que, precisamente, cumple ahora dos décadas. La mayor sorpresa que nos encontramos es el idioma ya que, si el inglés fue una de las señas de identidad de las bandas que protagonizaron aquella gran explosión musical en Bizkaia en la última década del siglo pasado, Bonzos nos sorprende ahora cantando en castellano. Uno de los grandes aciertos del disco, además de la elección del productor, ya que para la elaboración de este trabajo han contado con Martín de Cápsula a los mandos y también han contado con colaboraciones de lujo como las de Mario Cobo o Stuka. Ahora sólo queda por comprobar cómo funcionan en directo estos nuevos temas pero, de momento, hemos hablado con Juan Carlos Parlange, vocalista de la banda para que nos cuente sus impresiones sobre este reencuentro.

¿Por qué decides resucitar en este momento a Los Bonzos? 

Juan Carlos Parlange: Pues fue una decisión bastante espontánea. En diciembre de 2016 Jorge Hernández, el batería de la banda que tiene un programa en Radio Vinilo y cada semana lleva un invitado, me dice que vaya y me propone hacer una retrospectiva de mi carrera musical con Clavos, Bonzos y Help me devil. Cuando voy al programa, me obliga a escuchar un poco todas las canciones del pasado, cosa que no suelo hacer y entonces me doy cuenta de que se cumplen 20 años de la grabación en Nueva York y que en 2017 también se cumplen 20 años de la salida del primer disco de los Bonzos. En el programa, Jorge me dice que hay mogollón de gente que es fan de ese disco, cosa que yo veo por toda España cuando voy con Help me Devil y se nos ocurre que sería una buena idea juntar a la banda original, por lo menos una vez, para tocar ese disco. Pero cuando me pongo a escucharlo con detenimiento, veo que se nota mucho el paso del tiempo, el sonido es muy 90s, las letras no me convencen, las canciones no tienen aire… empiezo a verle mucho defectos, lógicamente, por la evolución que ha habido y pienso que no estaría de más retomar el proyecto con todo lo que he aprendido por el camino, siempre he pensado que Help me Devil tendría que haber sido el primer grupo porque tiene las raíces claramente en el blues y el rock and roll más básico, que es por donde debería empezar todo el mundo, aunque generalmente no es lo habitual.

¿Y en qué momento entra Martín (Cápsula) en escena? 

Juan Carlos Parlange: Cuando empiezo a pensar en el proyecto lo hablo con Martín de Cápsula, que me dice que siempre le ha parecido un discazo, pero llega a las mismas conclusiones que yo y ve las mismas áreas de mejora. Él en ese momento está a punto de irse a Argentina y quedamos después de navidad para retomar el asunto; ese tiempo lo aprovecho yo para ir creando toda la lírica e ir tocando las canciones hasta que en enero entramos a grabar el disco casi como un experimento, sin saber muy bien dónde nos metíamos. Yo conocía a Martín como músico, pero nunca había trabajado con él, y cuando veo la pasión y el nivel de exigencia que pone en cada una de las canciones y las posibilidades que ve al disco, ambos entramos en una espiral en la que pasamos casi del entusiasmo a la obsesión. En cuanto empezamos a trabajar con las canciones vemos que van creciendo, que tienen un gran potencial y que las melodías son muy buenas, así que, con los huecos que me dejaba mi trabajo en Madrid y la agitada musical de Cápsula, íbamos haciendo el disco, a veces con sesiones de 16 horas… fueron tres meses de auténtica locura.

¿Para la grabación del disco conseguís, finalmente, juntar a la banda original? 

Juan Carlos Parlange: Para grabar el disco recurro a Jorge lógicamente porque es el batería original, pero Álvaro ha dejado ya la música y ya no tiene bajo ni ganas, así que finalmente hace coros y al bajo ponemos a Mario Vega, bajista de Help me Devil. Con esa formación grabamos todo y, posteriormente, empezamos Martín y yo con todos los arreglos.

También habéis contado con colaboraciones de lujo… 

Juan Carlos Parlange: Así es. Álvaro Segovia, que ya había sido bonzo en su día, tiene una cosa muy buena que es que, aparte de tener un enorme talento, conoce perfectamente los códigos de este estilo porque es lo que ha mamado: Ramones, Dictators, Sex Pistols… también colabora en la guitarra y cantando una canción Stuka, que es el líder de Los Violadores, una de las bandas pioneras del punk en Argentina, que siguen en activo y llenando estadios; Por su parte, Mario Cobo es amigo mío y ha producido varios singles de Help me Devil y creo que es el mejor guitarrista en España para hacer un tema surf, como "Charlie ya hace surf", y finalmente el propio Martín que toca la guitarra en la mayoría de los temas porque, aunque las rítmicas son mías, todas las solistas son de estos genios.

¿Cómo se os ocurre la idea de cantar en castellano? 

Juan Carlos Parlange: Una vez que teníamos claro el tema de la melodía vamos buscando la lírica, y Martín me propone actualizarlo un poco, hacer canciones sobre la vida de esos personajes de hace 20 años. Pero yo le digo que, sinceramente, no lo veía porque creo que son letras que no han trascendido, que lo que realmente trascendieron fueron las melodías. Le planteo hacer letras en castellano, a Martín le parece una buena idea pero, evidentemente, suponía un reto y una de las cosas que más nos preocupaban era ver cómo iba a encontrar mi registro, o mi personaje, como dice Martín, en castellano y que funcionase. Pero para mí era una asignatura pendiente. Yo considero, y así lo digo en el libro de Álvaro "Bilbao, lluvia y rock and roll" que, generacionalmente, cometimos un error cantando en inglés, pero también pienso que hay que tener en cuenta el contexto histórico: en aquel momento los grupos que cantaban en castellano y que habíamos admirado como Gabinete Caligari, por ejemplo, de repente se habían convertido en grupos muy autocomplacientes, totalmente centrados en la tele y en los conciertos de ayuntamientos. Por eso, nuestra generación quiso hacer algo distinto y utilizamos el idioma como herramienta para demostrar que éramos más puros y que no buscábamos el éxito y que el inglés, e incluso el ruido, iban a ser lo que nos distinguiera de lo anterior, ya que las influencias no eran tan distintas salvo la explosión de grupos como Pixies o Sonic Youth. En aquel momento las letras no eran importantes, pero ahora he visto la dificultad de hacer letras en castellano, y es una gozada ver que las palabras encajan y que la gente se identifica más con lo que estás contando y, honestamente, creo que no hay marcha atrás y que me encanta cantar y sobre todo componer en castellano.

Distinta banda, canciones en castellano, pero el planteamiento musical sigue siendo el mismo: música rápida, punk…

Juan Carlos Parlange: Y con mucha melodía. En lo nuevo que estamos grabando puede que haya un punto más de agresividad porque yo escucho mucho hardcore y estoy metido en ese tema, pero la melodía siempre ha sido clave para Los Bonzos. De hecho, mi grupo favorito siempre han sido los Ramones que son, básicamente, creadores de caramelos pop, aunque luego tengan otra estética mas punk, y eso ha sido el legado que ha quedado de ellos: grandes canciones… y eso mismo es lo que siempre he buscado en los grupos en los que he tocado ya que, por encima del estilo y la intensidad, lo que tiene que quedar son las canciones. Cada vez que cojo la guitarra es para componer y esa ha sido siempre mi obsesión.

Hablando de Los Ramones, hace unos meses hablaba con Oscar de F.A.N.T.A. y, precisamente, me comentaba que no es tan fácil hacer ese punk (o pop) ramoniano ¿no?

Juan Carlos Parlange:  ¡Para nada! De todas maneras, así como otros grupos si se parecen más a los Ramones que nosotros, lo cual es un piropo y no una crítica, nosotros tenemos un universo más amplio, un poco como los Clash, que no dejaban de ser una ensalada de todo, pero sonando siempre a los Clash. Nosotros a veces estamos cerca del power pop, otras veces cerca del punk tipo Dictators… pero, desde luego, en este disco los Clash es el grupo que más presente hemos tenido y hasta la portada es un guiño a los Clash, hemos querido recuperar ese espíritu de los años en los que Los Ramones y Los Clash eran Los Beatles y Los Stones de nuestra generación.

Aparte de Los Clash o Los Ramones, en las letras del disco nombráis a los Sex Pistols, a Kike Turmix, a Devil Dogs, a Eskorbuto… 

Juan Carlos Parlange:  Sí, es mi vida. Lo que tenía muy claro es que, a la hora de contar historias, me apetece contar algo personal y además estoy convencido de que eso es lo que llega porque, al final, no somos tan distintos y lo personal es lo que nos une. Ese mundo que yo describo es el mundo de mi generación, es el Bilbao de finales de los 80, del Gaueko… algo que no va a volver. Por otro lado, también hablo de los héroes locales como Kike o de ese mundo de Los Clash, en el que la música era muy importante. Para mí la música sigue siendo algo muy importante en mi vida y añoro esa época en la que la música era muy importante para mucha, mucha gente.

También pareces tener una fijación por las historias de narcotraficantes… 

Juan Carlos Parlange:  Parece que es algo que ahora está de moda, pero es un género que siempre ha existido. Yo heredé de mi padre el gusto por la novela negra de Jim Thompson y demás, que en su momento era literatura de bolsillo pero que el paso del tiempo ha ido dignificando. Ahora el mundo del narcotráfico ocupa ese hueco que, en su momento, tuvo el mundo de los gangsters. Hay un componente de nihilismo y de provocación, pero también hay una parte de historia personal, de una temporada de mi vida en que viajaba mucho a Galicia y empecé a conocer las leyendas de los narcos gallegos que son increíbles, ahí compuse "Rey de la ría" y me pareció interesante sacarlo de Galicia, porque para ellos puede ser como una especie de lacra, llevarlo a Bilbao y hacer un homenaje a nuestra ría. En el que estamos grabando ahora también hay historias de este tipo. También hay historias reales como la historia del chapo ya que, cuando salieron publicadas sus conversaciones con Kate del Castillo, una de las frases que dice es "Te cuidaré más que a tus ojos" que me pareció absolutamente genial. Toda la primera estrofa, de hecho, son frases de ese chat.

También parece haber una influencia de novelas de Don Winslow como "El poder del perro" o "El cártel"… 

Juan Carlos Parlange:  Cuando salió "El poder del perro" me impactó muchísimo, y puede que hayas dado en el clavo porque ese es el primer contacto que tengo con la mitología del narco y descubro un mundo que me fascina, empiezo a investigar, a comprar más libros y, aunque posteriormente llegue el boom de la serie "Narcos", mi origen está en ese narco mexicano de Don Winslow.

¿Cómo os organizáis para poder compaginar los diferentes proyectos de cada uno? 

Juan Carlos Parlange: Yo creo que, ahora mismo, para todos nosotros Bonzos es el grupo prioritario, o, por lo menos a nivel calendario para conciertos, lo está siendo. Yo, por ejemplo, no soy capaz de compaginar Help me devil con Bonzos, porque además no me dedico a la música al 100%, así que lo que he hecho es parar Help me Devil en cuanto a componer cosas nuevas. Jorge toca en otros grupos de la escena local pero también, al igual que Álvaro con su proyecto de Cavaliere o Marga con Moonshakers, pueden compaginarlo.

¿Los directos van a estar centrados en esta nueva etapa de Bonzos en castellano o caerá algún tema en inglés de la primera etapa?

Juan Carlos Parlange:  No va a haber nada en inglés, serán las canciones de este disco más las ocho que ya tenemos grabadas y, probablemente, alguna versión. Estamos entusiasmados con las nuevas canciones y estamos locos por tocarlas en directo. El primer concierto será en Alicante y, a partir de ahí, hasta el 5 de Enero que tocamos en Donosti, no paramos casi ningún fin de semana. De todas formas estamos un poco acojonados por las expectativas que hay. Aunque el grupo en el local suena de puta madre y ya somos veteranos, es un reto llevar el disco al directo porque es muy complicado por los coros, los arreglos, guitarras muy precisas pero bueno…lo hemos grabado nosotros y sabremos tocarlo.

Brighton 64: "El tren de la bruja"

Por: Txema Mañeru 

Pocos son los grupos, entre la multitud de ellos, que consiguen tener una vida musical plena. Selectos son los que consiguen tenerla por duplicado, y los "modernistas” catalanes Brighton 64 lo han conseguido. Ya por ello debían estar plenamente satisfechos. Vivieron una época legendaria en la década de los ochenta con "La Casa de la Bomba" y otro montón de temas más que recuperaban el rollo mod de The Who, The Kinks, The Jam, etc... pero en lengua castellana. Tras mil y una aventuras por medio, con especial mención para los brillantísimos Top Models, regresaron esta misma década de la mano de B Core Disc. La nueva historia comenzó con "Esta vez va en serio", que sí, era cosa seria. Siguió hace poco más de dos años con un "Modernista" en el que ya estaba el germen de este nuevo disco tan especial llamado "El tren de la bruja". Quizás todavía puedas encontrar en www.bcoredisc.com alguno de estos brillantes trabajos en vinilo. Por cierto, que este último además es un doble con carpeta de lujo y casi 70 minutos de genial y variada música con un total de 20 canciones. 

Y es que, sobre todo en esta última década, desde BCore están editando una inmensa parte de su catálogo en este lujoso formato. Es el caso por ejemplo del tercer y calentito trabajo de los alicantinos Futuro Terror, de los que ya publicaron el año pasado "Su nombre real es otro", pero que en el nuevo trabajo, "Precipicio", evolucionan dentro de sus sonidos punk con destellos garaje y power-pop. Además siguen incidiendo en sus cuidadas letras anticapitalistas y ahondando en sus interesantes referencias soviéticas. Salvajadas como "Aburrimiento sin ti" o "Se encerró", melodías como las de "Tumba de cristal" o "Precipicio" e imaginería soviética como la de "Eurasia ya no es nuestra", darán mucho juego. 

Regresando a lo nuevo de los Brighton 64 ya te decimos que su magnífica originalidad se gestó en su disco anterior. Sucedió cuando el prestigioso escritor Carlos Zanón se encargó de la letra de "Síndrome de Rebeca", tema con una preciosa melodía, por cierto. Pues bien, ahora la historia completa de este disco parte de un relato exclusivo del escritor para el mismo. Colaborando en total conexión con los hermanos Gil, se han currado una especie de disco conceptual o de disco que combina pop y literatura. Un poco como algunas de esas joyas de finales de los 60 y comienzos de los 70 de los Kinks. Del magnífico artwork del disco se ha encargado Adrià Marquès, del genial grupo de punk de su mismo sello Penny Cocks. La grabación, producción y masterización ha estado de nuevo a cargo de los hermanos García en sus estudios Ultramarinos. También hay algunas colaboraciones estelares como son las voces de Kurt Baker y Rachel Playfair; vuelven a meter vientos en un buen puñado de momentos y algunas narraciones de Carlos Zanón entre temas son realmente emocionantes y logradas. 

Pudiéramos entrar a analizar el inmenso trabajo canción por canción, pero es mejor que te vayas sorprendiendo con cada una de ellas y la fantástica historia que aparece recogida en el completo libreto, por lo que nos limitaremos a darte algunas pinceladas sueltas. Así comienzan pletóricos e intensos con destacados vientos, guitarras y órgano en un pedazo de instrumental de presentación como es "Reacciones". "Maldición" es una bendición que me recuerda al os mejores Top Models. Fantásticos coros, guitarras, armónica y un fulminante estribillo. El tema titular es un rotundo single cargado de ímpetu salvaje con brutales coros y vientos. Realmente viene cargado de "fiesta y descontrol" como dice su letra. Una de las narraciones de Zanón más brillantes es la que aparece en "Que Garfio mate a Peter Pan", tema que cierra la cara A. "El mundo no es para mí" es un precioso lento para abrir la B que se cierra con un contagioso ritmo ska, a lo The Graduate, titulado "¿Quién mató al gato?". 

En la cara C del segundo vinilo brillan "Ensayar es de cobardes", un lento con guitarra eléctrica y voz combativa al estilo de Billy Bragg o "Duelo al sol", otro espectacular single con excelsa melodía pop y brillantes guitarras. Ya en la última cara abren con la euforia y los destacados vientos de beber "El agua de los floreros". Se cierra una obra para digerir con calma con "Cadena de transmisión", que resuena como un himno -ya no juvenil- pero en el que tampoco cuentan, en absoluto, batallitas de viejos cascarrabias. Este genial "El Tren de la Bruja" no sólo es un disco "diferente" en la trayectoria de los Brighton 64, es también su mejor y más completo disco hasta la fecha y estará en mi podio con lo mejor del año. ¡Enhorabuena!

Pepe Habichuela: 60 años “On the Road”

Teatro Circo Price, Madrid. Miércoles y jueves, 11 y 12 de octubre del 2017

Por: Oky Aguirre

Corren días convulsos en lo que se refiere a la identidad de España. Parece que nos remontamos a aquellas historias de abuelos que siempre nos han contado nuestros padres, cuando tu vecino predilecto te delataba por tus ideas quizás equivocadas. Pero en El Giradiscos no hablamos de política, sino de algo mucho más intangible e intrascendente. Música. Si de algo deberíamos estar orgullosos todos los españoles es de la nuestra. Parece mentira que exista un género comparable al soul, jazz, rock o pop…. en nuestro país y que sea más valorado fuera de nuestras fronteras. Nueva York veneró a Sabicas el siglo pasado y se estremeció con Morente y Lorca en el actual gracias a aquél "Omega" histórico. Y siempre, a su lado, estuvo Pepe Habichuela, al que rendimos homenaje en esta "revista" más dedicada a otros sonidos, pero con la sensibilidad y respeto que merece un género como el flamenco. 

60 años “On the Road” lleva Pepe Habichuela. Si tuviéramos que trasladar nuestro patrio género a otras latitudes musicales, sin duda él sería Jimi Hendrix o Eric Clapton. Y el cartel que durante tres días nos brindó el Teatro Circo Price es digno de cualquier acontecimiento musical, comparable a un Glastonbury o un Mad Cool lleno de estrellas. 

Miércoles 11 

Las buenas vibraciones que transmitió Juan Luis Cano –aka Gomaespuma- como presentador del evento flotaron toda la noche en una armonía que sólo un evento flamenco puede reunir: la mínima presencia de cables y tecnología; donde las miradas y los gestos entre músicos predominan sobre un sonido que sabes va a ser impecable. 

Ver salir a Pepe con un chaleco en cuya espalda lucen las palabras "Morente" fue un síntoma de que la noche iba a ser grande. Comenzó con su "A Mandeli", que ya forma parte de nuestras vidas y que, al igual que Dylan con su "Like a Rolling Stone", nunca interpreta igual, dando rienda a su exquisita improvisación. Pepe nunca ha sido Paco (De Lucía) y lo sabe. Uno es el virtuosismo y el otro la serenidad, ambos siempre auténticos. Pero el sonido Habichuela tiene algo de enigmático que a través de sus cuerdas de guitarra española nos hace pensar en lo que las palabras temple, rasgueo o repique, además del silencio, sobriedad o elegancia dan valor a uno de nuestros tesoros más preciados, comparable a Picasso o Goya y Velázquez en pintura, como a Cervantes en literatura o a Nadal en tareas deportivas. 

Las imágenes de Don Enrique Morente, acompañadas con la silueta y toque del maestro Habichuela, haciendo del “play back” un arte, no fueron más que el principio de una noche llena de emociones, en donde desfilaron estrellas flamencas comparables a cualquier figura de rock o pop internacional. Estrella Morente es nuestra Ella Fitzgerald; Antonio Canales Fred Astaire –qué más da que esté gordo si sus manos todavía dibujan palomas volando y sus pies mandan sobre cualquier acorde- . La voz de Arcángel sonó como la de Sam Cooke en su momento “a capella”, fuera de micrófonos y con garganta al aire, comparable al mejor blues de Robert Johnson o a la más preciosa balada de Van Morrison. 

Después llegaron los Ketama, que no habrían existido sino por la insistencia de Pepe Habichuela. Josemi (hijo de Pepe y responsable de juntar tanto arte, artista que ya tardan en reconocer) y Juan Carmona son primos y todos sabemos que Antonio Carmona ha salido de un coma que le impidió estar en esta noche en la que sin duda habría sido gran protagonista. “Vente pa Madrid” sonó como algo que nunca te habrías imaginado. Es lo que tiene la música; es lo que tiene el flamenco, único género en donde aparecen duendes. Y los hubo. 

Día de la Hispanidad

Con un Price abarrotado daba comienzo el segundo día de celebraciones al maestro Habichuela. Esta vez la presentación corrió a cargo de El Langui , personaje fundamental en el panorama musical español y perfecto ejemplo de lo que significa saber reírse de uno mismo. La presencia de Tomatito, inseparable compañero de Camarón, como Keith Richards con Jagger, llenó de silencio un recinto entregado a lo sensible. El ganador de algún Grammy tiene un toque tan delicado y emotivo que anoche multiplicó, especialmente con una especie de nana en plan "Tears in Heaven" de un tal Clapton y un homenaje a Pepe Habichuela interpretando una bulería con trazos reconocibles del "Boabdil" del granadino. Con una soleá continuó el almeriense para compartir escenario con otro de los grandes. José Mercé y su escuela flamenca pusieron el tono serio a este arte que es el flamenco, con unas alegrías, con su "tirititran traun traun" obligatorio y un final apoteósico en forma de bulería que todavía estamos bailando. La primera aparición de Habichuela fue con El Pele, cordobés de voz pasional que convierte los tangos, alegrías y tonás en auténticos eventos y cuyos agudos rompieron las pantallas de algunos móviles. 

Momentazo de la noche con la Niña Pastori. Con los años la gaditana ha crecido en flamencura, dejando aquellas rimas sobre novios para entrar directamente al alma. Su actuación nos hizo pensar que corren buenos tiempos para el flamenco. Pero lo que ya se puede considerar un acontecimiento mundial fue la actuación de Farruquito. Muy pocos artistas tienen esa capacidad de convertir cada segundo en un escenario en algo sublime. La forma de parar, de mirar o colocar una mano también es bailar, no solo taconear. Es complicado no obviar que este sevillano es más conocido en España por un atropello, pero también es justo añadir que Farruquito pasó 14 meses en prisión de su pena total de tres años, cumpliendo por su insensatez. Pero viendo ese baile cargado de raíces y el talento con que lo hace, al espectador le da la sensación de estar ante un Michael Jackson o Mijaíl Barýshnikov. Y no es broma. Llámalo carisma. 

El fin de fiesta, ese palo no denominado, “los bises” españoles, pusieron el final a una noche de categoría y enjundia, la misma que posee el homenajeado Pepe Habichuela. Te queremos.

Entrevista: Honky Tonky Sánchez

"Lo que para muchos es algo triste y oscuro para mi es de alguna manera bello y entrañable"

Por: Kepa Arbizu

Honky Tonky Sánchez nace hace casi ya diez años, a pesar de que este "De la piel del Diablo" suponga solo su segundo álbum, aparecido tras siete años desde su debut, "Esta tierra hostil". Tras ese seudónimo se encuentra Carlos Sánchez, componente en su momento de Mercromina y hoy metido en el cuerpo de un songwriter sombrío y polvoriento. Una sonoridad de folk-country-blues que recoge distintas tradiciones, desde Tindersticks Tom Waits pasando por el Nacho Vegas más sórdido e incluso la lírica de Juan Rulfo. Todo para conformar un paisaje que pese al minimalismo con el que se cincela se manifiesta con una instrumentación rotundamente visible, hecho todavía más remarcado con la entrada en este álbum de los vascos Inoren Ero Ni como banda de acompañamiento. Sumergirse en la música del madrileño afincado en Albacete es todo un placentero dolor, por lo que nadie mejor que el propio autor para poner palabras a esa sensación por medio de esta entrevista. 

Las canciones de Honky Tonky Sánchez, las de este disco también, son por lo general lúgubres, trágicas, dramáticas... ¿Es la forma de ver el mundo de Carlos Sánchez o la expresión únicamente de Honky Tonky Sánchez? 

Honky Tonky Sánchez: Digamos que para mí escribir una canción es como una especie de terapia, quizás sea mi lado más oscuro y a la vez lúcido de ver mi vida y lo que me rodea. Me expongo demasiado, no tengo ningún pudor en hacerlo porque alivia y me hace fuerte de una manera u otra. Escribir es algo que empecé hace ya mucho tiempo y no siempre por tener mucho que contar, pero de repente me encuentro con la necesidad de hacerlo y me es muy gratificante cuando veo que esas vivencias, recuerdos y estados naturales son compartidos y entendidos por algunas personas. Simplemente vomito en el papel ese estado de ánimo, y lo que para muchos es algo triste y oscuro para mí es de alguna manera bello y entrañable...y sobre todo positivo en su finalidad. 

En siete años has editado dos discos ¿es señal de un método pausado y detallista de componer o el ritmo que naturalmente te impone tu relación con el mundo de la música? 

Honky Tonky Sánchez: Es mi manera natural de hacer las cosas, sin prisas pero sin pausa como se suele decir, y haciendo las cosas con pasión, dedicación y a fuego para que todo quede realmente como yo quiero para el bien de la canción . No quiero decir con eso que tarde siete años entre disco y disco, un disco se suele fraguar en año o año y medio, según la necesidad de escribir y la exigencia de cada uno por su trabajo. En mi caso sí soy bastante exigente con mis sentimientos a la hora de escribir una canción. En realidad, cuando tengo algo que escupir, me cuesta muy poco tiempo. 

La pintura elegida para la portada, con su tomo sobrio y decadente y su punto surrealista, creo que escenifica muy bien el ambiente musical que contiene el álbum, ¿pretendía tener ese carácter representativo? 

Honky Tonky Sánchez: Totalmente, la idea de la portada la tenía desde el primer momento. En principio iba a ser una fotografía de mi amigo y fotógrafo Emilio Fernández, y la llegamos hacer, pero el local y algunos elementos no terminaban de convencerme así que decidí que a raíz de esa fotografía mi buen amigo y pintor José Enguídanos la pintara. Creo que fue un acierto ya que la obra cobra más significado por el humo y la oscuridad que le aporta . El bar es un club de carretera donde solía tomar café al lado del local de donde ensayaba por entonces, en un polígono industrial a las afueras de Albacete. 

En este segundo disco te acompañas de miembros de la banda vasca Inoren Ero Ni, estupenda formación pero de un estilo a priori alejado del tuyo, ¿cómo les descubres y qué ves en ellos que crees que puedan encajar contigo? 

Honky Tonky Sánchez: Inoren Ero Ni son una banda de verdad, y cuando digo de verdad es que suenan diferentes a cualquier cosa que haya escuchado antes. Suenan a inmensas piezas de tetris que van cayendo y encajando a bloque en su finalidad, desconcertando y jugando con el sonido a su antojo. Son amigos desde hace ya muchos años, pensé que era la banda perfecta para este disco por su pasión cariño y buen hacer. Nos entendimos a la primera y es realmente fácil trabajar con ellos, ya que aunque no hagamos la misma música si nos gustan las mismas, por el hecho de no tener prejuicios musicales y tener realmente claro lo que no nos gusta. 

Aunque siempre ha estado presente en tu música el gusto por la instrumentación dentro de ese contexto sobrio, en este disco se observa un trabajo magnífico en ese aspecto, además de lo más variado, habiendo desde episodios donde está muy presente ("Santa Semana" o "De la piel del diablo"), otros de mayor sutilidad ("El invierno de las cerezas"), o ambientaciones más patibularias ("Creo") Parece un aspecto que has cuidado especialmente... 

Honky Tonky Sánchez: Es la canción la que manda, siempre lo he dicho y siempre lo diré, ella es la que te pide más o menos detalles . En mi caso parte del ambiente, de un estado de ánimo, un arreglo ...no te sabría decir de dónde vienen las canciones, supongo que de una vida, infancia, amistades, amor, locura y sobre todo vivencias. Nadie lo sabe. Y como te decía antes tener muy claro lo que no te gusta o no funciona. Ellas me van diciendo y yo intento darles todo lo que me piden 

Grabas este disco en los prestigiosos Estudios Garate de Kaki Arkarazo pero lo haces con su hijo, Martxel, ¿Cómo llegas hasta él y qué te ofrecía para elegirlo finalmente? 

Honky Tonky Sánchez: Martxel es el quinto Inoren Ero Ni, es parte fundamental. Es un puto titán del sonido, porque no sólo sabe manejar los aparatos y colocar los jodidos micros, tiene lo que hay que tener, sensibilidad para la música, vive y muere por ella, por y para el bien de ella. Es como debe de ser y él es un grande. Le gusta quitar, poner, reventar, estrujar y dejarlo todo ardiendo en rojo analógico. Todo por el bien de la canción, sacándole a los estudios Garate toda la dinámica de sangre a la vez que él también se desangra. Y ver lo joven que es y cómo trabaja es realmente maravilloso y profesional. 

Estamos ante un disco que en general está plagado de elementos antitéticos:, ruido-silencio, Dios-Diablo, día-noche, … ¿Tu música, o cuanto menos este álbum, es una respuesta a esas sensaciones contrapuestas? 

Honky Tonky Sánchez: Supongo que creo en el todo y en el todo están todos esos elementos contrapuestos a los que te refieres. No son nunca respuestas, sólo son pensamientos en voz alta. Yo no tengo el poder de la verdad y nadie la tiene, que yo sepa, pero sí creo en la mía, que es con la que convivo y la que me hace reflexionar ante todo. 

En "Creo" Okene recita: "Creo en el silencio entre nota y nota". Actualmente la música, y el arte en general, tiende a apelotonar información, demostrando una especie de horror vacui. Tu propuesta parece casi apostar por lo opuesto… 

Honky Tonky Sánchez: Sólo es mi credo, todo el mundo debería probar a escribir uno, es bastante terapéutico y ayuda a conocerse uno mejor así mismo. Solo es un credo, no tiene demasiada importancia y quise quitarle más al no recitarlo yo, sino Okene Abrego voz de Inoren Ero Ni. 

Me llama la atención una canción como "Dos caballos", en la que pareces ir añadiendo diversos estilos o representaciones a modo de capas superpuestas, desde una base rítmica trepidante de aire sureño, guitarras blues, coros gospel.. ¿Cómo se fragua un tema así? 

Honky Tonky Sánchez: Supongo que por las diferentes músicas que he escuchado a lo largo de mi vida y me han influenciado: el rock, blues, góspel o country... parece todo uno y es muy fácil que las piezas encajen, siempre lo han hecho, no he inventado nada nuevo, pero lo que sí intento hacer es pasarlo por mi licuadora para que se convierta en algo personal, y creo que poco a poco lo voy consiguiendo, de ahí la exigencia de la que te hablaba antes.

En tus letras tienen mucho peso los paisajes, los elementos de la naturaleza... ¿es el reflejo de aquello que te inspira o mecanismos de escritura? 

Honky Tonky Sánchez: Supongo que el secreto de la inspiración está en todos esos elementos como la luz, la naturaleza y el entorno donde has vivido o te gustaría vivir. No es algo premeditado, simplemente observo y lo cuento lo mejor que sé, porque creo que es algo natural y fácil de ver si abres los ojos... 

¿Y crees que tu entorno es definitivo, o por lo menos decisivo, para el tipo de música que realizas? Dicho de otra manera, ¿viviendo en un sitio que no fuera Albacete veríamos al mismo Honky Tonky Sánchez? 

Honky Tonky Sánchez: Estoy seguro de que todo tiene que influir si te ciñes a la verdad que estás contando. No puedes hablar de cielos abiertos con tanta claridad si vives en Madrid por ejemplo, o en una gran ciudad, supongo que hablaría de otras cosas, seguramente ... 

En tus textos, pese al intimismo que parecen expresar, utilizas otras personas verbales que no son la primera, tiras de personajes, de descripciones…. ¿Todos estos mecanismos te sirven para hablar también de lo ajeno o siguen siendo subterfugios para hacerlo sobre ti? 

Honky Tonky Sánchez: No, las personas que aparecen han sido y fueron gente real, yo sólo intento contar su historia. Se ve claramente cuando hablo de mí, creo, no tengo porque esconderme si es lo que me viene bien exponer. 

Y para alguien que poseé un repertorio como el tuyo, que transmite potentes y crudos sentimientos, ¿cómo se afronta el hecho de tener que defenderlo y ofrecerlo durante repetidas actuaciones, supone un desgaste emocional especial o es algo más rutinario de lo que pueda parecer desde fuera? 

Honky Tonky Sánchez: Soy de las personas que piensan que las canciones se gastan no por escucharlas si no por el mero hecho de interpretarlas una y otra vez, por eso me gusta variarlas y cambiar sus tiempos si les sienta bien. No suelo tocarlas mucho, o cuando las ensayo no me vuelco tanto en el sentimiento de la letra porque me causan algunas mucho dolor. Solo en el escenario es cuando vuelvo a revivir esos momentos e intento desligarme de todo y simplemente disfrutar del recuerdo, muchos dolorosos pero en su finalidad bellos.

Joaquín Sabina: Bienvenidos a su misa pagana

Pabellón Príncipe Felipe, Zaragoza. Miércoles, 11 de octubre de 2017

Por: Javier Capapé  

Joaquín Sabina apuesta sobre seguro con su más reciente gira “Lo Niego Todo”. Esa fue la sensación principal que pudimos constatar todos los que estuvimos presentes en su concierto en la capital del cierzo el pasado miércoles 11 de octubre. Con todas las entradas vendidas desde hacía meses y con una segunda fecha casi completa también para el día 12, el de Úbeda llegaba a Zaragoza con la seguridad del que sabe que poco puede fallar en un espectáculo tan bien medido. “Lo Niego Todo” es su disco más acertado de entre todos los que ha publicado en los últimos quince años. Sabina es consciente del buen material que presenta y también de la base sólida de sus otras grandes canciones que coparán la mayor parte del concierto. Además tiene asegurado el respeto porque todos los congregados en el Príncipe Felipe estaban seguros de vivir un día de celebración. Numerosos bombines dispersos en los alrededores del recinto, camisetas con frases de sus canciones y muchas ganas de volver a dejarse la piel con sus clásicos, seguros de que no faltarán. 

Había leído bastante sobre esta gira, que sin duda es una de las más importantes en este 2017, no solo en territorio español sino también al otro lado del charco, y la verdad es que ya sabía por dónde iban a ir los tiros, pero igualmente estaba impaciente por volver a ver al maestro. Sabía que sería difícil que pudiese sorprenderme en la concepción del espectáculo y el repertorio elegido, ya que son casi veinticinco años siguiéndolo en todas las giras que ha realizado. Pero a pesar de ello consiguió hacerlo en un par de momentos clave, donde la emoción estuvo muy por encima del espectáculo sobradamente calculado que presenta. 

No hace falta decir que el montaje del escenario va un paso más allá de lo que hizo con su gira “500 Noches para una Crisis”. Sus cuadros siguen presidiendo en muchas canciones el telón de fondo de la escena, pero esta vez juega con cinco imponentes pantallas que están totalmente al servicio de las canciones dándoles un matiz más distinguido a las mismas. Recortes de prensa, imágenes nocturnas y fantásticas acuarelas se mezclan con los primeros planos de los protagonistas del concierto y por momentos parece que olvidemos que tenemos delante unas pantallas gigantes al más puro estilo de los Rolling Stones

De la banda tampoco creo que haya mucho que aclarar. A sus fieles Pancho Varona, Antonio García de Diego, Jaime Asúa, Pedro Barceló, Josemi Sagaste y Mara Barros (casi todos ellos con algún momento de lucimiento personal digno de mención) se ha sumado la argentina Laura Gómez Palma, una habitual de la escena rock en nuestro idioma que con sus cuatro cuerdas dirige a la perfección el barco (siempre apoyada en las baquetas de Pedro Barceló) y libera de este instrumento a Pancho Varona que de esta manera puede lucirse más con las guitarras acústicas y eléctricas. 

Decía antes que a pesar de lo medido que puede estar este concierto hubo algunos momentos que se salieron de mi guión imaginado, y esos fueron sin ninguna duda los mejores. El primero de ellos iba a llegar con la canción que abrió la velada. Tras una intro al ritmo de "Y nos dieron las diez", Joaquín Sabina se arrancó con "Cuando era más joven", una auténtica delicia que dejó a todos descolocados, ya que no la habíamos escuchado en directo desde hacía mucho tiempo. Si tenía al público ganado antes de empezar, con esta canción y las palabras de presentación que vinieron a continuación se nos metió definitivamente en el bolsillo: "Hasta a los ateos nos gusta decir ¡¡Viva la Virgen del Pilar!!". La ovación mayúscula que siguió a estas palabras creció aún más cuando tuvo una mención para nuestro querido José Antonio Labordeta o para su mujer, presente en el concierto, a la que llamó "la viuda más guapa del mundo" antes de dedicarle "Lágrimas de mármol". Y así acometió, como el mismo Sabina anunció, unas cuantas canciones de su último disco en una primera parte antes de dar rienda suelta a los clásicos que todo el mundo esperaba. De "Lo niego todo" sonaron, además de su tema capital, "Quién más, quién menos", "No tan deprisa", la citada "Lágrimas de mármol", "Sin pena ni gloria" y "Las noches de domingo acaban mal", esta última con un Jaime Asúa crecido ante el rugir de su telecaster y agradecido por esos elogios hacia Alarma, el grupo que el guitarrista fundó con Manolo Tena y a los que Joaquín Sabina confesó que quería parecerse en sus primeros años. Antes de llegar al primer respiro para el protagonista y dejar paso como viene siendo habitual en sus giras a sus camaradas, llegó el otro de los momentos que más me sorprendió y me puso la piel de gallina. Tras presentar la canción que interpretrían a continuación como una letra que le quitó Andrés Calamaro y la hizo suya, comenzaron a sonar los acordes de "Todavía una canción de amor", uno de los mejores temas que grabaron los Rodríguez en aquel "Palabras más, palabras menos" y me que retrotrajo a aquella gira conjunta que hicieron Sabina y Los Rodríguez en 1996. Un auténtico regalo para aquellos fieles que deseábamos escuchar algo más de lo estrictamente esperable. 

Tras las presentaciones de rigor, llegó el turno de Mara Barros, que interpretó "Hace tiempo que no" a modo de cabaret junto a un provocador Josemi Sagaste después de que el músico aragonés amante de las faldas escocesas hubiera sido intensamente aclamado en su turno de presentación (no hay nada como tocar en casa). La potencia rockera de la mano de Pancho Varona y "La del pirata cojo" levantaron a todo el mundo de sus butacas hasta que apareció de nuevo Joaquín para afrontar la segunda parte del repertorio. Era el turno ahora de esas canciones que no pueden faltar y que han sido el imaginario colectivo de todos los presentes. Canciones que forman parte de nuestra vida y a las que debemos mucho. Siempre es difícil contentar a todos, pero creo que la selección de lo que pueden considerarse sus imprescindibles fue muy acertada. Comenzando con "Una canción para la Magdalena", mano a mano con Mara Barros; "Por el Bulevar de los sueños rotos", con un escenario teñido de los colores de la bandera mexicana haciendo su particular homenaje a su admirada Chavela Vargas, y siguiendo con "Y sin embargo", con esa introducción arrebatadora de Mara Barros a la que esta vez le acompañó un guiño al omnipresente "Despacito" de la mano de Joaquín, que convirtió el Príncipe Felipe en un karaoke colectivo a la vez que apasionado. Joaquín Sabina estaba entregado en cuerpo y alma, aparentaba dar lo mejor de sí mismo (y eso que muchos ratos no se levantaba de su taburete) y todo el público seguía soñando. Llegó así otro de los momentos mágicos de la velada, por su intimismo y su arrebatadora belleza. Estoy hablando de la interpretación de "Peces de ciudad", quizá una de las canciones más acertadas de Sabina, una joya que volvió a hacer levitar a muchos de los presentes. Poco a poco el concierto iba dando visos de terminar y así llegó "19 días y 500 noches", siempre efectiva a pesar de mil veces repetida, antes de dar paso a Antonio García de Diego, que interpretó a solas con Pancho Varona la enigmática "A la orilla de la Chimenea", y a Jaime Asúa, que volvió a levantar al personal con la acelerada "Seis de la mañana". Ya sólo quedaba rematar con "Noches de Boda", "Y nos dieron las diez" y la siempre infalible "Princesa". 

Tras un primer amago de retirada, Antonio García de Diego agarró su acústica para regalarnos otra joya del repertorio del maestro de Úbeda como es "Tan joven y tan viejo", que a estas alturas ya nos hemos acostumbrado a oírla de manos de su segundo de a bordo, pero que todos agradecimos que terminara rematándola Sabina con su propia voz. "Contigo" y "Pastillas para no soñar" pusieron el broche final a una noche previsible, sí, pero igualmente fascinante. Siempre es un placer dejarse llevar al abrigo del maestro. Aunque esté algo cansado por momentos y no se pasee tanto por el escenario, aunque ya no sea whisky lo que asoma en su copa, aunque el rasgueo de su guitarra sea débil y se apague entre el resto de instrumentos, aunque algunos de sus chascarrillos ya nos sean familiares. A pesar de todo esto Sabina volvió a demostrar que hay pocos momentos tan placenteros como uno de sus conciertos. Un amigo mío mucho más conocedor de todos los recovecos del músico ubetense me decía que ir a día de hoy a un concierto de Sabina es como asistir a una misa pagana en la que es muy fácil dejarse llevar, sencillamente el "jefe" hará el resto. Efectivamente eso es lo que hice el pasado miércoles y seguramente igual que yo lo harían el resto de los asistentes a esa misa pagana y la que se celebró al día siguiente en el mismo lugar.

"Jaguar" anticipa el nuevo disco de Xoel López "Sueños y pan"


Tras más de 20 años de trayectoria, la música de Xoel López se define por lo genuino de sus paisajes. Cada disco es un ejercicio de libertad creativa y a la vez un capítulo casi biográfico. Siguiendo su discografía podemos reconstruir su periplo: viajes, descubrimientos, encuentros, nostalgias, paternidad e influencias musicales.El 17 de noviembre se cumplirá un nuevo episodio con "Sueños y Pan" (Altafonte bajo licencia exclusiva de Esmerarte), su nuevo disco.

Se trata del trabajo número 14 en su carrera, da continuidad a "Atlántico" (Esmerarte, 2012) y "Paramales" (Esmerarte, 2015). Grabado en Madrid está compuesto por 10 canciones que no tendremos la oportunidad de verlas en los escenarios hasta el mes de marzo, fechas en las que comenzará su gira española, tras pasar por América.

Como adelanto del nuevo álbum ya podemos contar con el tema "Jaguar", un " pop travieso, imprevisible y alborotado. Inspirada en la deliciosa anarquía de un niño".