Julien Bitoun: "Woodstock Live"

Por: Txema Mañeru 

Aunque la persona en cuestión no sea un gran aficionado a la música rock, todo el mundo conoce Woodstock y es, casi por unanimidad, el festival de música más popular y relevante de la historia. El caso es que ahora se van a cumplir 50 años desde su celebración y aprovechando esto aparece esta joya visual y maravilla en todos los sentidos que es "Woodstock Live 50 Aniversario" (Libros Cúpula / Planeta). Está escrito por el guitarrista, periodista y profesor universitario Julien Bitoun y es una magnífica crónica de esas 36 horas de música que marcaron la historia del rock. Bitoun tiene otros importantes libros en su haber, como “Strange Brew” o “Guitars & Heroes”. Este actual lo puedes conseguir ya junto con otras novedades en www.libroscupula.com o en www.planetadelibros.com y si te gustan el rock y el folk clásicos será una auténtica delicia para ti.

Delicia primeramente visual por su fastuosa presentación. Tapas duras, 240 páginas de amplio formato y fotografías gigantes -algunas de dos páginas de tamaño- de los legendarios conciertos. También aparecen portadas de los discos clave que los artistas habían grabado cuando se celebró el evento en agosto del 69. Pero es que además los breves pero jugosos textos son también enormemente instructivos y están a la altura de esa destacada presentación visual. ¡Y es que estamos hablando de “El Festival” de la música rock por excelencia. Por esas amplias fotografías y la narración cronológica de los conciertos, según su celebración, van circulando esos grandes de la música folk y rock que comenzaron con Richie Havens y concluyeron por la mítica actuación de Jimi Hendrix ya a plena luz del tercer día.

En medio tenemos a muchos de los más grandes del momento como son Janis Joplin, Creedence Clearwater Revival, Country Joe McDonald, Joe Cocker, Santana, Who, Jefferson Airplane, Joan Baez, Grateful Dead, Sly & The Family Stone, The Band, Tim Hardin, Johnny Winter, The Incredible String Band, Ten Years After, Blood, Sweat & Tears, Mountain, Canned Heat, The Paul Butterfield Blues Band o Crosby, Stills, Nash & Young.

Realmente en este precioso tocho se reviven con auténtica magia la especial atmósfera de esos tres días y tres noches de paz y de amor que cambiaron para siempre la historia de la música. En cuanto a los textos dentro del “Prólogo” tenemos un buen capítulo para el “Contexto Político y Social”. Otro para otra cita legendaria como fue Monterrey y un tercero que nos habla de “Woodstock Entre Bastidores”. Luego llega el ya citado grueso del libro con las actuaciones según su orden de celebración y sus guapísimas fotografías. 

El “Epílogo” es una gozada total que comienza con el capítulo titulado “Los Ausentes”, en los que se analiza la obra del momento de Bob Dylan, Led Zeppelin, The Beatles, Jeff Beck, Rolling Stones y Joni Mitchell, que fueron los famosos invitados pero que no acudieron por diversos motivos. Dentro de él tenemos un “Los Ausentes Siempre Se Equivocan” en el que se habla de otros ilustres que declinaron la invitación. ¡Imaginad que hubiera sido eso si también hubieran aceptado Eric Clapton, Love, The Byrds, Jethro Tull, Iron Butterfly, Roy Rogers, Chicago, The Doors o Frank Zappa! Además Iron Butterfly o Jeff Beck hasta estuvieron confirmados y aquí se cuenta como se bajaron del carro o del helicóptero (fue lo que pidieron los Iron Butterfly para viajar tocar y regresar). 

Igualmente interesantes y jugosos están los capítulos “La Vida Cotidiana”, “Las Guitarras de Woodstock” o “Altamont” (otro legendario festival, pero más tristemente célebre). Además buenos capítulos finales para “Película y Álbumes” y “El Legado”, en el que se habla de los Woodstock del 94 y del 99 o de el especial Festival de Coachella dedicado a estos tres días de paz, amor y magia. ¡El regalo ideal para el veterano seguidor de la música rock, aunque ya no sea nada hippy!

Kate Tempest: "The Book Of Traps And Lessons"

Por: Pepe Nave 

Tras la posición lograda por Kate Tempest con sus dos primeros discos, con esa magnética mezcla de hip hop, spoken word, pop, dub, etc., todo ello grabado en estudios del sur de Londres de donde ella procede, había curiosidad por lo que podía salir de su primera grabación en Los Ángeles con el mítico productor Rick Rubin. Y aunque algunos rasgos distintivos siguen ahí, empezando por la especial dicción de Kate, siguiendo por la presencia de su anterior productor Dan Carey que sigue a su lado ya que Rubin ha actuado más como mentor y selector, con una escucha es suficiente para darse cuenta del gran vuelco que ha experimentado su sonido.

 Por lo que explican en las entrevistas, la obsesión de Rubin ha sido desnudar lo máximo posible la música de Kate, de forma que las letras, su voz, tomen mucho más protagonismo si cabe. Así, estuvo rechazando cualquier toma que sonara similar a las canciones de "Let Them Eat Chaos" (2016). No debía haber distracciones que desviaran al oyente de la atenta escucha de cada palabra pronunciada.

En primera instancia, puesto que la anterior propuesta era tan atractiva musicalmente, el disco suena austero, casi lo-fi, y se echan de menos esos estribillos en los que Kate casi cantaba, esos riffs de sintetizador y las bases rítmicas que incluso incitaban al baile. En esta ocasión, la voz suena muy por encima de la música que se sitúa en un plano más bajo. La sexta canción "All humans too late" no lleva ningún acompañamiento musical y la de otras es mínimo. Cierto es que aunque la pronunciación pausada de Tempest hace que se le entienda bastante bien por los que no tenemos el inglés como lengua materna, se hace recomendable el hacerse con las letras por escrito y leerlas con atención para sacarle todo el jugo a este álbum. Aunque como indica el título del disco hay canciones con una visión más negativa, las trampas, y otras que ofrecen algo de luz, las lecciones, y aunque algunas de ellas se centran en temas concretos, lo cierto es que su poesía explota multidireccionalmente. A pesar de que algunos reciban más cera, los poderosos, nadie se libra. Ella considera a cada persona, incluyéndose ella misma, como responsable de la situación actual de las sociedades capitalistas. Tal como ha declarado, si tienes la ilusión de que el mundo cambie, debes cuidar también tu comportamiento en el ámbito más íntimo.

Unas notas solemnes de piano abren la primera canción, “Thirsty”, y cesan para dar paso a un sonido fantasmagórico de sintetizador en cuanto ella empieza a recitar sin ninguna base rítmica de fondo. Cuenta cómo se hallaba sin rumbo, desesperada, entregada a la bebida cuando esa mujer especial apareció y le acompañó a casa y... “cerramos las cortinas”. Esta frase que parece cerrar la primera, pertenece a la segunda canción, que entra con un pausado ritmo comandado por una bajo. Todas las canciones del disco están entrelazadas entre sí, como formando una única pista aunque los cambios de una a otra sean notorios. En “Keep moving, don’t move” se dirige en segunda persona al oyente para entre imágenes oscuras dictarle una serie de acciones a realizar para limpiarse por dentro y empezar de nuevo, como si fuese una salvadora de almas. La última orden, la más enigmática, es la del título: “sigue en movimiento, no te muevas”. No es fácil resumir todo lo que dice cada una de las letras, ya que aunque haya más o menos un tema central en cada una de ellas, hace muchas alusiones a otras cosas, genera muchas ramificaciones y aunque hay párrafos muy explícitos, otros son algo más crípticos.

Con “no muevas un músculo” como frase de transición comienza “Brown eyed man”, sobre unas notas dispersas de piano, unas cuerdas y una nota continua de sintetizador, al modo de la música de una película de miedo. Habla con bastante claridad de abuso policial y de la destrucción en otros países por dinero liderada por nuestros gobernantes bajo la bandera de la libertad.

“Three sided coin” se parte en dos musicalmente, una primera mitad con una base rítmica clásica de hip hop y una segunda mitad solo con piano y órgano de fondo. Sus palabras son más sinuosas, alude al miedo y al “yo contra ti”, “nosotros contra ellos”, y a lo vieja que es esta idea que siempre consiguen instaurar entre nosotros. El fondo musical de “I trap you”, como de feria de atracciones, es de los que más se quedan en primera instancia. Sobre dicha base onírica una diatriba de cómo el amor a menudo se convierte en una trampa para el otro, una ausencia total de libertad por nuestras inseguridades. Cuando hacia el final ella declara que quiere ser libre, se descubre a sí misma mirando 17 veces el teléfono para ver si ha llamado su pareja. La sexta, es la más radical de las canciones en el concepto sonoro de la voz por delante, ya que no hay ningún otro instrumento, ni sonido. Es quizás la más oscura, una radiografía del grado de podredumbre moral, egoísmo y vacuidad al que hemos llegado, haciendo referencia a ese “qué ciego he estado todo este tiempo” que siempre llega demasiado tarde, “All humans, too late”.

Como una reacción a la anterior, aunque también minimalista musicalmente, “Hold your own” se convierte en toda una lección para salir del hoyo. Empieza por sostenerte a ti mismo, no te dejes caer, la felicidad no está en el consumo etc. Contado así parece una vulgar soflama de autoayuda, pero las imágenes que utiliza, la pasión que pone en cada consejo hacen que suene más a una advertencia desesperada a alguien a quien quieres. Deja una frase memorable “ellos nos toman por idiotas, pero ese es su problema; cuando nos comportamos como idiotas se convierte en nuestro problema”. “Lessons” se podría resumir como “el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”. Aprendemos la lección y volvemos a errar en lo mismo. De fondo una inquietante melodía de sintetizador retrofuturista.

El primer single “Firesmoke” es una sentida canción de amor, se nota también en la manera de recitar de Kate, más tierna, según cuenta es algo que le ha pasado recientemente y que ya aparece en “Thirsty”, como hemos citado. Es la canción más accesible del lote, mientras que la siguiente “Holy elixir” es la más desafiante líricamente. Se remonta al principio de los tiempos de la humanidad para hacernos ver hasta qué punto hemos perdido el rumbo, el sentido de la vida, y hemos llegado a esto que tenemos. Una amenazante base con un bajo generando tensión subrayan la oscura visión, que justo cesa para dar paso a la última estrofa en la que apunta que aún puede ver una luz en las personas.

Es justo el mensaje que desarrolla en la canción que cierra el disco, “People’s Faces”. Sobre una solemne melodía de piano, empieza contando que su país se está rompiendo, que todo está siendo una farsa y un desastre, los alquileres son altos y las pagas bajas, nos han puesto contra la pared, pero en medio de esta oscuridad ella nota que algo está cambiando y dice que puede encontrar la paz mirando a las caras de la gente. Las notas del piano marcan el final de la canción y del disco dejando una sensación de sosiego.

Así acaba un trabajo exigente si se quiere llegar al fondo del mismo, pero que incluso escuchado superficialmente, aporta una especie de calma, una sensación muy distinta a los sonidos más directos de sus anteriores álbumes que puede dejar a muchos atrás pero puede recompensar a los perseverantes.

Dave Liebman & Richie Beirach: "Eternal Voices"

Por: Txema Mañeru 

Puede parecer una simpleza el primer juicio que vamos a emitir sobre este trabajo, pero realmente creemos que no lo es pues es bien cierto lo que vamos a firmar. “Eternal Voices” (Jazzline / Distrijazz) es un genial doble compacto de casi dos horas de duración que puede gustar por igual a los amantes de la música clásica que a los del jazz. Lo mismo que encantará a quienes gusten de la improvisación y libertad total dentro de una música básicamente ya libre como suele ser el jazz.

Aquí celebran estos dos prestigiosos veteranos una colaboración que se remonta ya a hace medio siglo. Colaboraciones en directo y también en bastantes discos. Lo hacen por todo lo grande por si, por desgracia, pudiera ser la última ocasión que tuvieran. Aunque ninguno de estos dos monstruos necesite presentación haremos un breve repaso de ambos.

Dave Liebman toca los saxo tenor y alto, además de la flauta. Ha tocado junto a Miles Davis, Chick Corea, McCoy Tyner, John McLaughlin o Elvin Jones entre muchísimo más. Ha trabajado fundamentalmente dentro del jazz pero no es la primera vez que entra en territorios clásicos y ha hecho buenas colaboraciones en el mundo del rock. No en vano ha participado en más de 500 grabaciones y en 200 de ellas, aproximadamente, como líder o co-líder. Richie Beirach es un consagrado pianista y compositor que comenzó con uno de los más grandes, Stan Getz. Muchísimos grandes nombres también en su historial y el más popular quizás sea el del inolvidable Chet Baker

Juntos han querido llevar a su terreno algunas breves piezas clásicas de renombre y de compositores de primer nivel. Así en el primer compacto se enfrentan a monstruos como Mozart, Beethoven, Bach, Katchaturian o Schoenberg en un viaje de varios siglos. Comienzan con el "Piano Concerto No. 23" de Mozart estableciendo ya un diálogo total entre un sutil y limpio piano y el genial saxo de Liebman. El "Little Prelude No. 4" de Bach lo bordan con una preciosa y solemne melodía llevada conjuntamente. Ambos aportan una pieza por cabeza. "For Ernst" la firma Beirach y es hermosamente triste, destacando mucho la flauta. "For Walter" es el tema de Liebman y resuena aún más profundo con su tenor y las teclas más graves del piano. El "Prelude" de Scriabin tiene un precioso arranque improvisado solo de saxo.

La verdad es que lo comparten todo. También el texto del trabajado libreto que viene dentro del bonito y cuidado triple digi-pack. El texto lo firma Beirach pero con la supervisión y las correcciones de Liebman. En el primer compacto también tenemos temas de Mompou, Faure y el "Bagatelles" de Bela Bartok. Pero es que el segundo compacto está íntegramente dedicado a los seis "String Quartet" de Bartok. Muy curioso hacer estos célebres cuartetos de cuerda con saxos y piano únicamente y en formato de dúo. El ‘String Quartet No. 1’ comienza con un estupendo solo del tenor de Liebman. Algo que se repite en el ‘String Quartet No. 4’ y también en el emocionante final del "String Quartet No. 6". Pero en muchos momentos como los más de ocho minutos del "String Quartet No.2" o en los más de doce del "String Quartet No. 6", Beircah se muestra realmente inspirado con el piano. En general, en este segundo compacto con temas más extensos son mayores aún los momentos dedicados a la improvisación. ¡Ojalá les queden unas cuantas colaboraciones conjuntas más!

Entrevista: Juanjo Zamorano

“En todas las esquinas de la cotidianeidad hay historias que contar” 

Por: Sergio Iglesias

“Animales vivos” es el título del segundo disco de Juanjo Zamorano, un trabajo grabado en los estudios de Guitar Town de Hendrik Röver, quien ha sido fundamental en el hecho de que, por primera vez se haya atrevido a escribir en castellano. Un más que trabajado segundo disco en el que Juanjo Zamorano sigue ampliando su particular catálogo de sonidos americanos y que le sitúa entre los grandes escritores de canciones en castellano. 

La gran novedad en este segundo disco la encontramos en el idioma de las canciones, ¿por fin te ha convencido Hendrik Röver para cantar en castellano? 

Juanjo Zamorano: (Risas)Sí, gran parte de la culpa es de Hendrik y de otra gente que me estaban insistiendo en ello desde hace tiempo; yo también tenía ganas de hacerlo, pero la verdad es que me ha supuesto un reto impresionante porque me ha llevado tres años escribir el disco. Sobre todo, tardaron mucho en salir las primeras canciones porque me sonaba muy raro pero, a medida que iba escribiendo, iban saliendo más fácil. Pero sí que es cierto que Hendrik me lo llevaba diciendo desde la época de Pilgrim Rose.

¿De dónde sale el título del disco, “Animales vivos”? 

Juanjo Zamorano:  Pues el titulo salió a raíz de la portada que era como traer la filosofía del rollo country y western a mi tierra. Asturias es una zona ganadera y rural, los camiones de transporte de ganado, de esos animales vivos, es algo que te encuentras habitualmente, sobre todo cuando andas por carreteras secundarias y por los pueblos. Me pareció gracioso y una especie de símil, porque animales vivos es lo que somos todos, y todos vamos en un camión, seguramente hacia el matadero. También suelo decir que, aunque vaya el camión vacío, como mínimo va un animal vivo en el camión (risas)… era una especie de metáfora de humor negro. 

 Me hablabas de esa conexión entre la música que haces y los paisajes asturianos, algo que ya vimos en tu anterior disco en composiciones como “Memories”… 

Juanjo Zamorano:  Sin duda son paisajes muy inspiradores; desde que empecé en Pilgrim Rose llevo pensando que, si no viviera en Asturias, escribiría de otra manera e incluso que no habría llegado a este estilo, porque yo empecé en cosas muy diferentes, cercanas al hard rock y al metal. El no haber nacido en Asturias y haber venido después, seguramente hace que me resulte más llamativo y pintoresco todo esto, algo que la gente de aquí igual no lo considera tan digno de mención para hacer las canciones. 

Las letras de las canciones se mueven en un ámbito de cotidianeidad pero sin olvidarte de la crítica social y la puyita necesaria en “Franquicia”, ¿te ha costado escribir estos nuevos temas en castellano? 

Juanjo Zamorano:  La mayoría de las temáticas de las canciones están sacadas de una vida muy cotidiana porque la vida aventurera de la persona está en los 20 ó veintipico años, pero la gente de 40 y pico lleva una vida bastante rutinaria; aun así, creo que en todas las esquinas de la cotidianeidad hay historias que contar. Y lo de la canción anticlerical es una costumbre que tiene Hendrik de hacer una en cada disco y a mí me pareció una costumbre muy sana (risas). 

Hablando de Hendrik y de la producción de “Animales vivos”, ¿qué diferencias ha habido entre este y tu anterior trabajo en solitario? 

Juanjo Zamorano: La mayor diferencia es que este ha sido más sencillo porque el primero que hice, en origen iba a ser un disco para Pilgrim Rose, pero en el proceso de composición y arreglos fue cuando el grupo se disolvió. En aquella ocasión le llevé unas canciones muy trabajadas con unos arreglos más o menos definidos, aunque él aportó su toque característico. En esta ocasión le llevé las canciones totalmente desnudas, las toqué allí con una guitarra acústica y se partió de cero, por lo que en este disco toda la producción es de Hendrik, se puede decir que musicalmente este es un producto Hendrik Rover al 100% y en sus manos encomendé mi espíritu (risas)… después de tantos años trabajando con él, mi fe en Hendrik es absoluta. 

Los GTs, Javi Arias, Irene Filandera, Jorge Otero, el propio Hendrik Röver… no te quejarás de los músicos que han participado en el disco ¿eh? 

Juanjo Zamorano:  Por supuesto que no; fue comodísimo, las bases de las canciones se hicieron prácticamente en un día y medio y lo demás fue todo muy rápido… comodidad absoluta y sobre todo, la garantía que te da trabajar con todos estos musicazos. Por destacar algo por encima de todo lo demás, te diría que las baterías de este disco me parecen increíbles por la solvencia, por como quedaron y por lo que aportaron Javi y Toño. 

Y hablando de ti, también se perciben más matices y más variedad en las voces… 

Juanjo Zamorano:  Yo no soy consciente de eso, pero creo que el cambio de idioma sí que me ha hecho cambiar un poco mi manera de cantar. Antes cantaba como más metido en un estilo concreto y siempre fijándome o con una influencia de alguien, ya fuera Townes Van Zandt o Dylan; al cantar en castellano, he tenido que encontrar mi voz otra vez, la canción te exige cantar de una manera u otra. Como te decía al principio, este disco me ha exigido mucho más en todos los aspectos, al principio me sonaba todo muy raro, ha habido un trabajo de adaptación importante a escuchar mi propia voz en castellano y muchas de esas primeras canciones acabaron en la basura por eso mismo. Pero creo que, gracias a esa exigencia, en este disco hay mucha más riqueza en muchos aspectos. 

¿Otro reto superado? 

Juanjo Zamorano:  Eso es, lo de cantar en castellano fue, como te decía, gran influencia de Hendrik y de otra gente que quería oírme en castellano pero, sobre todo, fue un reto que me puse a mí mismo y, aunque al principio me parecía imposible, sin embargo ahora es el disco del que me siento más orgulloso porque siento como si fuera mi debut. 

Siempre se valora más lo que más cuesta, ¿no? 

Juanjo Zamorano:  Desde luego; no es que antes lo hiciera, pero aquí no puedes engañar a nadie porque todo el mundo te entiende lo que dices y te tienes que auto exigir mucho más porque tienes que estar diciendo cosas todo el rato. 

¿Y este va a ser el camino a seguir en un futuro o no tiene por qué? 

Juanjo Zamorano:  Sí, después de toda esta metamorfosis, para mí ahora el castellano es el idioma en que voy a cantar y el inglés forma parte del pasado completamente. 

De hecho, me acabo da dar cuenta de que lo pones en la contraportada: “En este disco se oculta un fantasma del pasado, si esperas lo suficiente podrás escucharlo”, ¿te refieres con esto a “I´ll never (let her hear this song)”, el único tema en inglés del disco? 

Juanjo Zamorano:  Exactamente, es la pista oculta, una canción que tenía escrita desde 2015. Me daba pena no dejarla grabada en ningún sitio, pero tampoco quería que interfiriera en el concepto del disco y por eso me pareció apropiado no acreditarla pero sí dejarla registrada, aunque fuera como pista oculta.

Peter Perrett: "Humanworld"

Por: Àlex Guimerà 

Nunca es tarde si la dicha es buena. Esta máxima parece pensada para tipos como Peter Perrett, quien en edad de estar jubilado se ha rescatado (o mejor dicho sus hijos lo han hecho para él) recuperando una genialidad y un talento para el rock'n roll que demostró de sobras con los tres sensacionales discos que The Only Ones publicaron a finales de los setenta en la Inglaterra enfebrecida por el punk. Aunque estos miraban hacia el power pop y hacia la psicodelia de la Velvet Undergorund, y más en concreto el propio Peter se inspiraba en la forma de cantar displicente de Lou Reed, pero también en la riqueza de sus letras. Una banda y un músico de culto que se perdió en las drogas y en el olvido, a pesar de volver del letargo para publicar otro buen disco en 1996 ("Woke Up Sticky") bajo el nombre The One. 

Por fortuna hace apenas un par de años resurgió con uno de los discos del ejercicio, "How The West Was Won", a base de pop-rock elegante, en el que destacaban la belleza de la madurez, el romanticismo y cierto tono optimista, con claras referencias a "Coney Island Baby". A su alrededor, una banda del todo familiar, en la que sus hijos Jamie y Peter Jr., tocan guitarra y bajo, respectivamente, y las parejas de aquellos, Jenny Maxwell y Lauren Moon (sintes, violines y  teclados) también están presentes al lado de su suegro y del batería Jake Woodward.

Dentro tenemos maravillas a doquier: crescendos celestiales ("Heavenly Day"), guitarras hipnóticas en la onda de la psicodelia del brit pop noventero ("Love Comes On Silent Feet" ), homenajes velados al mismo Lou Reed ("The Power Is In You") y a la Velvet ("Walking In Berlin") , distorsiones gloriosas ("War Plan Red"), riffs estratosféricos ("48 Crash"), fragilidad entre voces y climas fantasmagóricos ("Carousel") , power pop de calité ("Once Is Enough"), guiños hacia The Only Ones ("Master Of Destruction"),....

Doce formidables y actuales composiciones con las que Perrett ha sabido no solo jugar y experimentar de nuevo, sin perder su identidad e ironía, sino también interpretarlas a la perfección, cantando cálidamente con una particular emotividad serena que solo la edad y el haber mirado a la muerte a la cara dan.

Bill Callahan: “Shepherd in a Sheepskin Vest”

Por: Kepa Arbizu

La música, atendiendo a su estricta definición, es la sucesión y combinación de sonidos. Una coordinación en la que sin embargo también interviene, más o menos decisivamente, el uso de los silencios. Una habilidad de la que han hecho todo un arte algunos intérpretes, como es el caso del estadounidense Bill Callahan, quien lleva ejecutándola desde su periplo por el grupo Smog y que en solitario ha seguido practicando y perfeccionando. Minimalismo formal, siempre asociado a un folk austero, que por otro lado ha facilitado la asunción de un calado reflexivo que aunque ni mucho menos ha abandonado para su más reciente álbum, “Shepherd in a Sheepskin Vest”, sí que ha orientado hacia un territorio algo más optimista y luminoso. 

Las características que adornan estas composiciones, nada menos que veinte, no son una mera reacción al alto espacio de tiempo -seis años- transcurrido respecto a su trabajo predecesor, “Dream River”, sino el resultado natural de todo lo vivido en el transcurso de ese periodo. Estamos refiriéndonos a episodios tan trascendentes como la muerte de su madre y sobre todo su enlace matrimonial con Hanly Banks y el nacimiento de su hijo, lo que ha derivado necesariamente en la configuración de un nuevo, y feliz, entorno personal. Reestructuración que ha alterado, como es lógico, el color de la mirada hacia su alrededor y por ende la forma de expresarse artísticamente. Una actitud que además queda refrendada por un título que hace referencia tanto a la simbología pastoral, por aquello del rebaño asociado al núcleo familiar, como pastoril, en cuanto a la visión -en muchas ocasiones- idílica que traslada de ese tipo de existencia.

Apoyado en Brian Beattie, y recayendo en ambos casi la exclusividad a la hora de poner en marcha el decorado instrumental que irá desfilando a lo largo de las canciones, no será dicha presencia sin embargo la que resulte novedosa sino el tipo de representación adquirido. Los detalles que con sutilidad siempre han asumido un protagonismo a la hora de definir en toda su complejidad las composiciones, ahora se orientan para trazar un contexto más luminoso en el plano formal. Una alteración aplicable también a unos textos que pese a no variar en cuanto a las interrogantes vertidas exponen unas respuestas o planteamientos originales respecto al habitual ideario de su autor.

Tal es la necesidad por querer reflejar que este regreso afecta tanto al aspecto temporal como  al almacenamiento vital con el que llega cargado, que su canción introductoria es una bienvenida explicita, “Shepherd’s Welcome”, con la que presentarse dispuesto a relacionarse con el oyente bajo otros parámetros, algo que hará por medio de una canción que alterna un  sonido "profesional" con otro más casero y amateur. Una reflexión entorno a la escritura a la que volverá a referirse en “Writing”, ejercida con aires trovadorescos, contexto sobre el que destaca un tono de voz marcado cada vez en mayor medida por esa cálida y serena profundidad -lo que la convierte en excelente aliada en la misión del álbum- que a estas alturas parece instalada entre Nick Drake y Terry Callier.

El continuo -y en ocasiones imperceptible, dada esa delicadeza con que muchas veces es tratado- goteo de detalles musicales es el salvoconducto perfecto para que el disco pueda oscilar entre el maravilloso tono country-western de una metafórica “Black Dog on the Beach”, con la que evocar a su padre; ademanes de crooner jazzístico (“Angela”) o desarrollos instrumentales dignos de una jam session en “Camels”. Un paso más allá en la elección del revestimiento con el que decorar los temas se descubrirá entre las nerviosas y atiborradas bases, incapaces pese a todo de perturbar el sosiego vocal imperante, de “Call Me Anything” o en el contenido que esconde el brillante y cómico titulo de “The Ballad of Hulk”, donde jugueteando con “ruidos” ejercita una mirada a ese pasado, siempre en contante acecho, más airado.

Pese al ya insistentemente mencionado entorno bucólico en el que parece sumergido el álbum, las maneras genéricas que exhibe este músico estadounidense son, pese a los matices, proclives a un tipo de sonido que alcanza una hondura tal que inevitablemente le hace estar relacionado con otras personalidades de sobrio dramatismo como pueden ser Mark Kozelek, John Martyn o Bonnie “Prince” Billy. Todas voces que dejan su eco en una serie considerable de temas de este álbum, valgan como ejemplo la colosal “Morning Is My Godmother”, sujeta por sonoridades  con esencia de blues; una “Released” que desde su susurro emerge con categórica angustia; el poso melancólico con el que carga una bellísima “Son of the Sea”, todo un retrato de su actual estado emocional, o la escrupulosa sobriedad encaminada a recordar, y homenajear, a su madre en “Circles”.

Bill Callahan cuenta con una carrera lo suficientemente extensa y exuberante en cuanto a calidad como para que no cause sorpresa el sobresaliente nivel logrado en este actual capítulo. Lo que llama la atención es que con  “Shepherd in a Sheepskin Vest” ha encontrado nuevos subterfugios con los que emocionarnos, y lo consigue expresando, y haciéndonos partícipes, del buen momento vital en el que se encuentra. Una sonrisa que ha hecho extensible a su personal y genial manera de encarar ese sonido de raíces siempre atravesado por una sobrecogedora mesura. Pocas cosas más gratificantes se puede encontrar el ser humano que la capacidad para poder compartir su felicidad, y si se hace bajo un envoltorio de tanta belleza como éste, entonces los afortunados, además del autor, seremos todos nosotros. 

Ricardo Ruipérez, de M-Clan, presenta el adelanto de lo que será su primer álbum en solitario


Ricardo Ruipérez lleva más de 20 años escribiendo algunas de las mejores canciones de M Clan. Es lo que mejor sabe hacer. Siempre desde ese segundo plano -nunca había sido cantante, casi nunca guitarra solista- que permite mirar con profundidad. Y ahora, con la madurez como acompañante y aprovechando la pausa pactada para su grupo, se ha tomado el tiempo necesario para dejar que afloren esas emociones intensas que casi nunca habitan a flor de piel y les ha dado forma de canción. De 11 canciones que completan un álbum que emociona, que sorprende y que deja un largo paladar: el que se infiere de un autor en su plenitud.

Todo lo que hay en este disco es absolutamente real. Es el caso de "El bosque de los pájaros", primer single de adelanto, en el que Ruipérez habla de identidad, de sentimiento de pertenencia, de ese bosque por el que pasea cada mañana en la montaña a las afueras de su Murcia natal.

Producido por José Nortes y arropado por un equipo formado por Sergio Bernal (batería), Candy Caramelo (bajo), el propio José Nortes (guitarra), Luis Prado (piano y órgano), Txetxu Altube (coros), además de las cuerdas de Manu Clavijo y los metales de Miguel Malla que engrandecen la dinámica sonora y emocional, "En la distancia corta", título de su disco, es un álbum de una sinceridad brutal. Espinoso asunto este de la sinceridad en la música, pero que aquí no se debe obviar. Ruipérez tardó en encontrar su voz, compuso buenas canciones con oficio y bonitas palabras y luego las arrojó por el desagüe, porque se dio cuenta de que solo tenía sentido contar la verdad, su verdad, mirar a su interior y extraer aquello que allí se encontraba, ya fuera amor, decepción, nostalgia o ese paso del tiempo que marca el background personal y que cada vez más se acerca a la prórroga.

 

Rory Gallagher: "Blues"

Por: Txema Mañeru 

Ha pasado ya algo más de un año desde que en Universal comenzaron a “celebrar” el que hubiera sido el 50 Aniversario de la carrera de uno de los mejores músicos irlandeses de la historia , junto a Phil Lynott (Thin Lizzy) y The Pogues. Lo hicieron de la mejor manera posible, con la gran mayoría de su obra fantásticamente reeditada con buenas remasterizaciones y jugosos extras. Una obra que cuenta con más de 30 millones de compradores de sus discos. Nos trajeron todos los imprescindibles que grabó en vida, pero también algunos de sus más que estimables discos póstumos. Comenzando por su debut en solitario del año 71, “Rory Gallagher”, una joya absoluta, o con el que para muchos es su mejor disco, “Tattoo” del 73. En directo era una máquina absoluta y la mejor prueba es la versión doble ahora reeditada de su "Irish Tour ‘74”, sin duda alguna, uno de los mejores discos en directo de la historia. Recomendaciones personales y especiales también para “Calling Card” (76), “Top Priority” (79), “Jinx” (82) o el muy completo doble disco póstumo de 2011, “Notes From San Francisco”, con un compacto en directo y otro en estudio. La gran mayoría de estos trabajos aparecieron también en cuidadas reediciones en vinilo. Entre los póstumos queremos recomendarte el extenso doble “BBC Sessions” del 99. Un total de 22 canciones distribuidas en un primer compacto titulado “In Concert” y un segundo llamado “Studio”. Para los fans estamos hablando del mejor disco que se ha publicado de él en los últimos 20 años.

Este honorífico título de mejor obra póstuma puede pasar a ser ahora para este “Blues”, sobre todo en esa versión DeLuxe, con un triple compacto y con 36 canciones con su gran combinación entre blues acústico y eléctrico, a menudo con sus logrados toques de jazz. Además algunas actuaciones en directo son realmente una pasada total. Estamos hablando de material inédito en casi un noventa por ciento, algo que ningún seguidor esperaba a estas alturas. Entre ellas hay un montón de sesiones especiales con grandes músicos y amigos, pues Rory nunca se vendió ni se prestó a tocar con nadie por motivos estrictamente pecuniarios. Algo que le honra totalmente y por lo que ha sido tan apreciado después de sus dolorosa pérdida, además de por su gran legado musical, claro. Le podemos escuchar así junto a su ídolo, Muddy Waters, o con Albert King, Jack Bruce, Lonnie Donegan o Chris Barber. Todo esto incluyendo material que va desde 1971 hasta el 1994, fecha en  laque falleció. Sí, se cumple ya un cuarto de siglo, pero nunca lo podremos olvidar. El álbum también tiene edición en doble LP, con 16 canciones, al igual que la de un único compacto.

Yo, personalmente, te recomiendo, además de la vinílica, la edición del triple compacto. Podrás gozar así de una gran distribución que consiste en un primer compacto eléctrico, un segundo acústico y un tercer para las bombas en directo. Sumado a una preciosa presentación en cuádruple digipack con un currado libreto de 20 páginas con montón de fotografías inéditas y un estupendo y extenso texto a cargo del muy premiado escritor de blues y rock, Jas Obrecht. 

Es imposible detenerse en todos los temas. Pero tenemos jugosos outtakes de discos como el inicio rompedor con "Don't Start Me Talkin", de las sesiones de “Jinx”, o el estupendo lento "Nothin 'But The Devil", inédita de las sesiones del álbum “Against The Grain”, en la que también destaca el piano de Lou Martin. Buenos resultados logra también con "As the Crow Flies", sacada de las sesiones de uno de sus trabajos cumbre, “Tattoo”. "Should’ve Learnt My Lesson" es otro fascinante lento del “Deuce”, y se saldrá con la mandolina en el ‘Leaving Town Blues’ de Peter Green para su disco tributo. El primer compacto se cierra con una gran grabación para la radio del 72 de su poderoso “Bullfrog Blues”. Todo esto solo en el “Disco Eléctrico”.

En el segundo, el "acústico”, hay más jugosos outtakes de ensayos y varias grabaciones para emisiones radiofónicas que son pura magia y sentimiento. Parece un negro cantando "Who's That Coming" del “Tattoo”. Poderosos boogie blues también en acústico con "Secret Agent". Viaja hasta el Delta del Mississippi con el "Bankers Blues" de Big Bill Bronzy. Lo borda con la slide en "Whole Lot Of People", del “Deuce” del 71, y pone un genial final con una inédita "Walkin 'Blues" de Son House, pero más conocida por la interpretación de Robert Johnson.

La guinda al pastel la pone un tercer compacto en su hábitat natural, el escenario. Con un fantástico sonido en la mayoría de las actuaciones, comienza con tres inéditos de su concierto en el Apollo de Glasgow del año 82. Explosivo inicio con "When My Baby She Left Me2, una apasionante revisión del clásico "Nothin' But The Devil" y extensa, fulminante y lenta "What In The World" de Willie Dixon. Ya con esto sería la hostia. Pero es que hay más, como cuando borda el "Messin' With The Kid" arañando su Stratocaster en el 77. Del mismo concierto de Sheffield, encontramos una maravillosa "Garbage Man Blues", con genial piano de Lou Martin. Salvaje resulta "All Around Man" de Bo Carter y espectacular junto a Jack Bruce ("Born Under A Bad Sign"). Mejor aún cuando cede el protagonismo en "You Upset Me"  a Albert King. Guapo trombón en "Comin’ Home Baby" y buenas, aunque no necesarias, explicaciones habladas de Rory en la despedida con "Rory Talking Blues".

¡Ojalá en un futuro próximo nos puedan satisfacer con alguna obra más de esta calidad y con tanto y tan buen material inédito! ¡Eso, además, significará que Rory Gallagher sigue vivo en muchos corazones y hogares de todo el mundo!