El rock & roll eterno de Loquillo en Las Ventas

Las Ventas, Madrid. Sábado, 24 de septiembre del 2016

Texto y fotografías: María Solano

Hace veinticinco años, un persistente chaparrón empañó la que iba a ser una de las grandes noches de Loquillo. Su actuación en la madrileña plaza de toros de Las Ventas, por aquel entonces acompañado de sus fieles Trogloditas, y en la que presentaban el disco “Hombres”, quedó deslucida por el aguacero, y no fue posible llenar el coso. No así en esta segunda lidia –permítanme el símil taurino, dado el escenario-. 

 También a finales de septiembre, también a las diez de la noche, aunque en esta ocasión con el cielo despejado y con las 15 000 localidades agotadas desde hacía meses. De hecho, a las puertas del Metro no faltaban los espabilados –en el sentido más peyorativo del término, que diría alguna- que trataban de hacer negocio, reventa mediante, con precios de hasta sesenta euros. Casi el doble del valor original, aunque más baratas que algunas de las que se ofrecían oscuros lugares de internet, a los que acudió a posteriori una servidora movida por la curiosidad. De todos modos, quienes no pudieron asistir tendrán la oportunidad de recurrir al DVD que se publicará con la actuación. 

Durante esa noche de (salud y) rock & roll, el barcelonés conjugó su acervo de himnos, coreados por el público hasta la afonía, con los temas del reciente “Viento del este”. Disco, este, que desgranó con generosidad, casi al completo –y del que sin embargo se echaron en falta himnos como “Acto de fe”, cuyo célebre dogma “solo el amor nos salva y lo hace una y otra vez” tan bien habría sonado en una ocasión especial como la del sábado. 

 No es fácil sintetizar una carrera musical de casi cuarenta años en poco más de dos horas y media. Con todo, no faltó un hueco para las versiones, desde la johnnycashiana “Hombre de negro” a “Viaje al norte” de sus paisanos Los Negativos, que contó con la guitarra predispuesta de Robert Grima, el único invitado de la jornada. Una prueba más de la capacidad del Loco para brillar por sí mismo y, como la estrella que es, llenar de emociones todas nuestras banderas. Aunque no estaba solo: permaneció eficaz y enérgicamente escoltado por Igor Paskual, Josu García, Mario Cobo, Alfonso Alcalá, Laurent Castagnet y Raúl Bernal, los músicos de su banda habitual. Algo más sencillas fueron la ambientación y la iluminación, sin excesos, derivando la atención a la verdadera protagonista: la música. 

 Uniformados con chupas de cuero con el emblema personalizado de su alter ego –el Pájaro Loco- sus fans peregrinaron al coso capitalino procedentes de distintos rincones de España; la ocasión lo merecía. Hicieron lo propio sus canciones, que viajaron por la Europa que ganamos; desde el Merbeyé, en la ladera del Tibidabo, a las calles de Madrid, guiño a una ciudad “que ama”, como él mismo reconoció con gallardía, y que le acogió cuando vino por primera vez desde su Clot natal “para poder hacer música”, si tiramos de hemeroteca y que “lleva en el corazón”, si recurrimos a sus redes sociales. Aunque a lo largo de la noche se mostró parco en palabras –siempre le ha parecido “un coñazo” hablar durante los conciertos-, no desaprovechó la situación para reconocer que “en esta banda sumamos, no restamos”. Una buena síntesis de todo.


Bear's Den: “Red Earth & Pouring Rain"

Por: Txema Mañeru 

Si con su debut de hace dos años, “Islands”, aún no lo lograron, con el magnífico título y resultados de su reválida, “Red Earth & Pouring Rain” (Communion / Caroline / Music As Usual) conseguirán los Bear’s Den el eco que merecen. Los de Kevin Jones han logrado con este disco dejar esa imagen que tenían como meros colegas y seguidores de los Mumford & Sons. De hecho, Jones, Ian Grimble y el propio Ben Lovett fundaron el sello Communion Records hace un par de años con el que nos están dando a conocer muy buenos discos y grupos. 

 La verdad es que la salida de Joey Haynes de la banda apenas si se ha notado y con la honestidad por bandera y un trabajo de más de tres meses en Gales junto a Grimble han sacado una colección de canciones realmente meritoria. Suenan generalmente melódicos e intimistas y sí que debieran prestarles atención los muchos millones de seguidores de los Mumford & Sons, aunque su propuesta es más pop y menos folk. También destaca mucho en el conjunto la emotiva y más que agradable voz de Andrew Davie

Abren el nuevo disco con el tema titular con ya la primera melodía destacada, elegantes teclados y unas guitarras muy bien dispuestas. No faltan perlas de aires más folk como la parsimoniosa y hermosa "Love can't stand alone". Tampoco faltan algunos logrados estribillos como el de "Broken parable", con otra buena melodía, y ahora también con algunas guitarras y arreglos hasta cercanos a los U2 de los años ochenta. 

El final sube también el listón, tras algunos momentos de titubeo, y lo hace merced a la experimentación reposada de "Fortress", que sirve de prueba a los que les comparan con The War On Drugs. A esta le siguen los dos temas finales de nuevo más folk, al estilo de los de sus debut, pero también con ciertos aromas hasta a los Fleetwood Mac. Se titulan "Gabriel" y "Napoleon" y a pesar de ese título final esto no va a ser su Waterloo particular, sino que estamos ante la consolidación y resurrección de un proyecto que nos debe deparar muchas más alegrías en un futuro próximo.


Teenage Fanclub: "Here"

Por Alejandro Guimerà 

El décimo disco de estudio de los escoceses Teenage Fanclub se ha hecho esperar. Pues desde el notable "Shadows" de 2010, Norman Blake, Raymond McGinley y Gerard Love han estado metidos en sus proyectos personales - New Mendicants, Jonny (Blake), Snowgoose (McGinley) y Lightships (Love) - dejando reposar debidamente su banda de hace más de 25 años. 

Así llega "Here", de preciosa portada y con doce temas compuestos equitativamente por los tres miembros (cada uno aporta cuatro). Grabado entre la Provenza (Francia) y la casa de Raymond en Glasgow, "Here" fue mezclado en Hamburgo por David Henderson, habitual en la banda, y masterizado en ese templo que es Abbey Road. 

El fuego lo abre "I' m In Love", infalible y pegadizo single que nos adelanta que los escoceses siguen por el sendero que abrieron al pop décadas antes y de los que son unos auténticos maestros. Guitarras enérgicas, voces armonizadas y estribillos redondos, y por encima de todo mucha herencia de The Byrds y de Big Star, en un power pop que en sus inicios contenía mucha distorsión de guitarras pero que con el tiempo se ha vuelto más meloso e inofensivo. Si bien en la anterior entrega el sonido aparecía más directo y simple, para la ocasión las labores de producción nos regalan cierto efecto etéreo y menos ruidoso, con guitarras menos potentes y más precisas, voces susurrantes y melodías no tan evidentes y algo hipnóticas. Son texturas a base de capas de guitarras perspicaces, vientos comedidos, teclados sutiles y percusiones vaporosas, construcciones trazadas por un lúcido Gerard Love

 Es la muestra de una madurez elegante de quienes han digerido los aprendizajes de largos años de carrera y que siguen cantando de forma melancólica sobre la vida y el amor ahora desde ojos cincuentones . Es así como aparecen "Thin Air" o "It' s a Sign" con sus guitarrazos y segundas voces nadando entre sus melodías, la triunfal "The Darkest Part of the Night" que seguro que haría las delicias de Roger McGuinn y los suyos adornada por unos violines soberbios o la creciente "The First Sight". "I Have Nothing  More to Say" es pop naif que recuerda a sus compatriotas Belle And Sebastian , de teclados ambientales y oníricos, mientras que "I Was Beautiful When I Was Alive" juega inocentemente con la psicodelia, y la ensoñadora "With You" llega con un hammond cautivador y una guitarra quebradiza. 

Y es que aunque Norman Blake hace tiempo que se mudó a vivir a Canadá lejos de sus compañeros, "Here" no es una simple reunión de una banda consagrada, es la evocadora y experimentada continuación de un largo camino que emprendieron una adolescente banda que ha envejecido y que nunca ha dejado de estar aquí entre nosotros. 

Kiss: "Rocks Vegas"

Por: Txema Mañeru 

La verdad es que a tenor de lo visto y escuchado en este “Rocks Vegas” (Eagle Vision / Universal) los Kiss en su gira 40 Aniversario estremecieron las frenéticas noches de Las Vegas. Uno de los grupos más “visuales” y exitosos de todos los tiempos (con más de cien millones de discos vendidos) con un gran sentido del espectáculo y en toda su salsa, aunque sería mejor decir en su sangre y en su pirotecnia. La verdad es que desde Eagle Vision / Universal nos están llegando sin parar buenos DVDs de bandas clásicas como Deep Purple, Toto, Journey o Styx para públicos similares. Pero todos ellos se remontan a conciertos generalmente bastante antiguos, algo que no sucede con los Kiss

El caso es que los Simmons y Stanley se marcaron un 40 Aniversario World Tour que tuvo una amplia residencia de repetidas noches en The Hard Rock Hotel & Casino y que es de donde se han extraído imágenes y sonido. La edición doble viene magníficamente presentada con el habitual cuádruple digipack y con una gozada de libreto totalmente visual de 16 páginas para un grupo muy visual. ¿El más visual?. Además también hay una Deluxe Edition limitada con un libro de tapa dura de 60 páginas y que lleva DVD, Blu-ray, compacto y un CD exclusivo con las siete canciones del set acústico. Pero si tu bolsillo no da para tanto te decimos que la edición doble también lleva esos 7 temas acústicos en el DVD que protagoniza este trabajo. 

Un concierto que se abre directo a la yugular con un "Detroit Rock City" clásico que suena más metal que en sus tiempos y que llega tras una flamante llegada en helicóptero con fuegos artificiales y bombas. Luego tenemos el show total y las guitarras en primer plano en "Creatures of the night" y "Psycho Circus". Los vídeos que acompañan a "War machine" son una pasada unida al contundente tema y al espectáculo de las atronadoras sirenas. El lado más melódico también suena muy rockero con la estupenda "Tears are falling". En "Lick it u"  homenajean sin rubor a The Who y "I love it loud" comienza con unos multitudinarios coros para dejar paso a su heavy hit con estribillo para todos los públicos. 

Momento visual básico es el "God of thunder" con un impresionante y sangriento solo del bajo de Simmons en el que acaba volando por los aires, algo que luego repetirá Stanley. Tras el éxito "Love gun" llega una muestra más melódica y lenta como "Black diamond" que luego deja también paso a grandes punteos heavies más allá de los ocho minutos. Tras una primera despedida regresan con "Shout it out loud" y con otros ocho apoteósicos y contundentes minutos con "Rock and roll all nite". No podía haber otro final más que con este clásico, sí, de rock’n’roll. Luego llega el final con destrucción de guitarras, confetti y fuegos y explosiones mil. Siempre con gran calidad de imagen y sonido y deteniéndose también las cámaras en muchos fans con las caras maqueadas como los diferentes miembros de la banda. 

Lógicamente tenemos que hablar también de los siete temas del “Kiss Acoustic” que llevan al DVD por encima de las dos horas de duración. El set acústico es a cara descubierta y ante una audiencia privilegiada y reducida de menos de cien espectadores. Casi media hora más con grandes éxitos que se inician con "Coming home". Destaca una bonita y muy apropiada para la ocasión "Hard luck woman" con un gran toque a los Faces de Rod Stewart. Pierde mucho en acústico su mega-hit "Christine Sixteen'" aunque esos coros pop y unos buenos punteos electro-acústicos elevan algo el listón. En "Goin' blind" se acercan para bien al sonido de los Eagles y finalizan, como no podía ser de otra manera con Eric Singer cantando esa preciosidad titulada "Beth" de nuevo con aires a los mejores Faces. ¡Digno de ver y escuchar para sus más acérrimos! La verdad es que el artefacto en general, pirotecnia incluida, tiene mucha chispa para gustar a sus numerosos y empedernidos fans.

Viva Belgrado: "Ulises"

Por: J.J. Caballero 

Para una banda que apuesta por un sonido tan crudo y ceñido a un determinado tipo de público, nunca mayoritariamente abierto a propuestas tan extremas, llegar a donde han llegado hasta ahora los cordobeses Viva Belgrado ya debería ser considerado un triunfo. Han girado un par de veces por Europa, tocado en festivales de reconocido prestigio e impresionado a una sección de oyentes que sigue todos y cada uno de sus movimientos como si de un grupo de culto se tratase. Y la verdad es que llevan camino de serlo, no se sabe si a su pesar o no. 

Con "Ulises" han conseguido perfeccionar la fórmula iniciada en "El invierno" (2013) y casi definitivamente perfilada en "Flores, carne" (2014), y lo hacen intentando impactar con la habitual garganta vociferante de Cándido Gálvez, al límite de lo inteligible en algunos tramos, en la enérgica "Calathea", pero también decelerando un poco el tempo y centrándose en un post-rock reposado y profundo, como el de "Por la mañana temprano", que no es sino la dupla perfecta de "Apaga la llum", otro ataque pacífico a los perfiles enervados de la banda y, rizando el rizo, un hermanamiento con la línea de guitarra de "Aeropuertos". Como se puede suponer, hay bastante de disco conceptual en esta aventura sonora que trata de reflejar a lo largo de sus once canciones las contradicciones implícitas en la odisea cotidiana de vivir y sobrevivir para contarlo. El inmortal libro de James Joyce, obviamente, es la referencia primera. Muy trabajado el concepto, está claro. 

La banda intenta que sus intenciones se aclaren y para ello orbitan un universo mitológico difícil de descifrar. "Erida" no es solo el nombre de la diosa griega del odio, sino un juego de palabras evidente y uno de los temas más crudos del disco; "Fresas salvajes" los define como habitantes del planeta Bergman, otro nombre clave en su peculiar galaxia; "Annapurnas" crece en intensidad desde la pura simplicidad, convirtiéndose en uno de los temas más explícitos de su carrera hasta el momento. La bipolaridad que se respira, ese ambiente tenso infestado de rabia y quietud en imposible convivencia, se manifiesta en títulos dobles como "Pleiades/pasaportes" o "Cassiopeia/contraluces", con la nomenclatura galáctica de nuevo definiendo la ruta artística de unos músicos salvajes y entregados a una causa que ha de ganar nuevos adeptos con este trabajo, probablemente el mejor que han entregado hasta la fecha, o al menos el mejor producido (se nota la mano del mago Santi García)

"Ulises" suena completo y poderoso, y tiene además una muy bonita portada, aunque si hemos de buscarle alguna pega, tal vez peque de cierta irregularidad y el screamo que practican sus autores no parece dar para mucho más, lo cual puede ser un hándicap importante si su objetivo es evolucionar como banda. Hasta ahora lo mejor que podemos decir es que no solo en su ciudad natal, sino en el resto de España, hemos de sentirnos orgullosos de la existencia de una banda con unos valores tan férreos. La odisea debe continuar.

She's The Fest visibiliza el talento femenino

Muchos son los estilos, géneros o escenas en los que se centran los festivales, pero el She’s The Fest es especial porque se dedica a potenciar y divulgar el talento femenino en la escena musical nacional e internacional contemporánea así como en otras disciplinas artísticas. Durante el fin de semana que va desde el 30 de septiembre al 1 de octubre en el Centro Cultural Las Naves de Valencia se celebrará su segunda edición, con una programación todavía más heterogénea y perfilada.

Dentro de su cartel destacan algunos nombres contrastados en cuanto a su repercusión como Zahara o Carmen Boza. Junto a ellas: el soul de baja fidelidad de Brigitte Laverne, el pop colorista de Papaya, el synth pop bailable de Rural Zombies, el post punk desprejuiciado de Terrier, el folk pop de Morgan, el pop electrónico de Carla o la fusión de dub, pop y funk de las londinenses Peluché, la única presencia internacional hasta el momento.

Además de esa parte musical habrá espacio para otras disciplinas como el taller infantil Arquilecturas --un proyecto educativo que acerca la arquitectura a los más pequeños--, y el ciclo "Intransitadas", organizado junto al colectivo Mujeres de Cine, que proyectará "La Novia", de Paula Ortiz; "Todos están muertos", de Beatriz Sanchís y "Family tour", de Liliana Torres.

http://shesthefest.com/

Leiva: "Monstruos"

Por: Javier Capapé 

Empezaré dejando claro que “Monstruos” es un gran disco, el mejor de los tres publicados hasta ahora por el músico madrileño. Pero al escucharlo no paran de venirme multitud de referencias musicales de las que bebe Leiva, que él mismo sabe reinterpretar y que le sientan como un guante, pero evidentemente no nos descubre nada nuevo. Leiva es un artista polifacético, domina varios instrumentos, conoce profundamente el rock de los sesenta y setenta y sabe escribir melodías contundentes y directas. Parte de esto ya se podía vislumbrar en su época con Pereza que le acercó al gran público y le abrió un hueco entre músicos de referencia en nuestro país. Y de esos músicos supo empaparse de múltiples enseñanzas y matices para dar a luz unas composiciones propias precisas, muy inspiradas a veces, pero que siempre nos recuerdan a alguien. Leiva les imprime estilo propio, sobretodo gracias a su voz inconfundible, pero no ocultan sus referencias.

“Monstruos” sigue esa línea. Desde los primeros acordes de “El último incendio” nos vienen a la cabeza nombres como Quique González, M Clan, Iván Ferreiro, Deluxe e incluso The Beatles. Y lo bueno es que sabe sacar lo mejor de estas influencias y a la vez hacerlas suyas. Tal vez me recuerde a Lenny Kravitz, un músico de los pies a la cabeza, que domina gran cantidad de instrumentos así como métodos de grabación y producción pero que siempre ha sido criticado por sonar a otros. Pero eso no es malo, Lenny Kravitz ha escrito canciones esenciales del rock de los noventa y tiene una personalidad arrolladora. Algo así me pasa con Leiva. También sabe defenderse muy bien con muchos instrumentos, es de hecho un músico obsesivo con los detalles y la producción y suena a otros sin perder su gran personalidad. 

 Dicho esto habría que centrarnos en el disco que nos ocupa, que como apuntaba al principio es el mejor de su primera “trilogía” en solitario, ya que según Leiva cierra con este “Monstruos” un camino que empezó con “Diciembre” y siguió con “Pólvora”. Estos discos también tuvieron momentos inspirados (tal vez más redondo quedó “Pólvora” gracias al buen hacer de Carlos Raya y a dejar entrar a otros músicos a participar en la grabación del mismo), pero con “Monstruos” se crece para firmar un disco que, sin aportar demasiados aspectos novedosos, reafirma a Leiva como un músico imprescindible del rock en castellano y convence plenamente con una propuesta equilibrada. Para esto ha tenido mucho que ver que deje las riendas de la producción totalmente a Carlos Raya, que domina este oficio y que también imprime un carácter muy personal a los discos que produce. Así es normal que “Monstruos” suene por momentos al rock de Quique González o M Clan, músicos producidos por Raya, aunque en el estilo compositivo tal vez se acerque más esta vez a Iván Ferreiro. Sabemos que son buenos amigos y que comparten una manera similar de entender la música, pero en esta ocasión Leiva suena mucho más Ferreiro que en ningún otro momento, sin lograr sus inspiradas letras, pero sí sus giros y tonalidades sonoras. También destaca del disco su poderío instrumental, cediendo protagonismo esta vez al mismo Raya a las guitarras junto a José “Niño” Bruno, Iván González “Chapo”, César Pop o Alejandro “Boli” Climent, todos ellos del entorno más cercano del productor así como de los otros músicos antes citados. Estos aportan solidez junto a una sonoridad cruda a la vez que exquisita dirigida por el propio Carlos Raya junto al también excelente Joe Blaney, encargado en este caso de la grabación. El resultado: telecaster afiladas, bases de hammond que permiten apoyar el resto de instrumentos, baterías contundentes y matices de vientos con los que Leiva ha querido identificarse desde que iniciase su carrera en solitario (aunque en esta ocasión tienen algo menos de presencia). 

 El disco arranca con la potente “El último incendio” a modo de declaración de intenciones con ecos al rock argentino de corte más clásico. “Guerra Mundial” es uno de los temas más logrados con una letra desgarradora y una sonoridad que recuerda inevitablemente al “Sgt. Peppers”. “Sincericidio” es una clásica composición del madrileño con ecos del oeste que le sientan más que bien y un estribillo muy radiable, pero a mi parecer con menor trascendencia en el conjunto salvo por su condición de single. “Breaking Bad” tiene desde su inicio aires de M Clan tirando hacia el soul que éstos dominan y nos conduce de forma agradable hasta “Dejándose caer”, un tema delicado, algunos dicen que excesivamente comercial, pero a mi parecer tremendamente efectivo con otra de las letras más intensas del disco y ese silbidito que no se te va de la cabeza. “La lluvia en los zapatos” tiene un riff interesante pero termina en un estribillo demasiado manido en la carrera de este artista que aporta poco nuevo a pesar de tener imágenes muy atrayentes rondando en la letra. 

La segunda parte del disco se abre con “Hoy tus ojos”, que recuerda a los últimos trabajos de Deluxe con predominio de los metales que marcan el riff de la canción. “Monstruos” es más personal e introspectiva y da paso al mejor tema de los doce que componen el álbum. “Electricidad” empieza como susurro para explotar en un grito eléctrico infalible. Es un momento mágico a la par que desgarrado que crece y crece ahogándose en un abrupto final. Extasiados llegamos a “Medicina”, con un riff inicial muy del estilo de Raya. Una canción cargada de rabia pero que se asimila fácilmente por ser un rock ligero de los que Leiva domina. “San Sebastián – Madrid” podría estar firmada perfectamente por Iván Ferreiro tanto por su forma de cantar como por el tipo de letra y sobretodo por la forma de afrontar los puentes. El ritmo baja y se distancia de la contundencia del resto del disco, pero se agradece debido a que hasta este momento final apenas ha habido descanso. El disco se cierra con “Palermo no es Hollywood”, otro tema delicado y emocionante haciendo referencia constante a Buenos Aires y el rock argentino. Con canciones así yo también echo de menos ese país y su música sin conocerlo en primera persona, por lo que en el caso de Leiva, que le debe mucho a su experiencia argentina en los tiempos de Pereza, este tema le sienta genial y supone un broche fantástico para un disco notable (recordemos que fue en Argentina donde se juntó con Xoel López, Iván Ferreiro y Quique González en el proyecto “Laboratorio Ñ”, por lo que podemos entender algo de su influencia sonora). 

“Monstruos” evidencia así que Leiva deja a la vista sus influencias sin ningún pudor y las transforma para dar vida a sus canciones. Que admira a estos músicos que tiene cerca y que aprende de ellos para forjar una carrera que cada vez es más coherente. Poco se le puede reprochar a un disco tan sincero como éste.

Ork Records, pioneros del underground neoyorquino

Por: Artemio Payá 

A finales del año pasado Numero Group puso en circulación la antología de la fugaz discográfica Ork Records. Aprovechamos la oportunidad para desgranar su contendido y de paso revivir a través de sus surcos la historia de uno de los estandartes de la independencia musical que nació en el convulso Nueva York de mediados de los setenta. 

Por favor mátame

Más de tres lustros después de haber leído la biblia del sonido neoyorkino de los 70 aún recuerdo el momento en el que cerré el libro y en mi cerebro se abrieron otras puertas que no se han vuelto a cerrar nunca. Ya tenía en mi poder algunos de los discos protagonistas de la historia (y los que no fueron adquiridos compulsivamente) por lo que en cierto sentido no todo eran sorpresas, pero a través de esas líneas pusimos caras y vidas a ese hermoso submundo musical que creció entre lo más pútrido de la Gran Manzana. “Por Favor, Mátame” (editado en 1999 en Celeste y ahora reeditado por Discos Crudos) suponía un excepcional fresco del Lower East Side por el que pululaban infraseres nacidos para perder pero llamados a influenciar a las generaciones venideras a golpe de anfetamínicos riffs. 

Tras haber peregrinado al CBGB y contemplado que la ponzoña aún estaba en sus paredes y la droga aún rondaba en su exterior mi segunda visita al templo del Bowery fue completamente diferente porque el poderoso caballero don dinero ya había pasado por allí. El famoso anglicismo gentrificación había hecho acto de presencia en la zona actuando implacablemente y dónde antaño había un garito inmundo en el que dieron sus primeros pasos tantos y tantos referentes musicales que siguen vigentes, ahora había (y hay) una tienda de Roberto Cavalli en la cual te venden camisetas vintage (que no viejas, ojo) a 200 dólares. 

Para los que nacimos a finales de los 70, casi cuando la escena se empezaba a descomponer, el 315 del Bowery era el último vestigio de aquellos años y después de su cierre solamente quedan la literatura y los fantásticos álbumes que se grabaron. "Ork Records: New York, New York" actúa pues como inmejorable crónica de lo que sucedió en ese espacio-tiempo y se puede encontrar en formato 2CD o 4LP’s con un extenso y delicioso libro de 180 páginas (base bibliográfica para dar forma a este artículo) en las cuales se recorren las vicisitudes de la discográfica que mejor supo documentar lo que estaba pasando además mostrar su heterogeneidad: lo interesante de esa escena es que no sólo había punk, en los escenarios mugrientos del bajo Nueva York también había cabida para otro tipos de música y por eso la recopilación demuestra que la repercusión posterior de aquellos plásticos es debido, en mi opinión a que no se trataba de un estilo en concreto sino de un estado de ánimo. El hecho de que sea tan difícil acceder a los originales, por disponibilidad o precio, añade mayor valor a la mandanga puesta en circulación por Numero Group, que traza un perfecto recorrido por los cinco años de vida de ORK tratando la historia con mimo, respeto y profusión y es pues un artefacto necesario para comprender la historia de bandas como Television, The Feelies, Chris Stamey, Marbles, The Revelons, Prix o el cobijo de forajidos como Mick Farren o Cheetah Chrome. Poniendo como excusa que este apetitoso manjar ha caído en nuestras manos, nos lanzamos a analizar su contenido musical a la par que recorremos a pie el camino de su leyenda.

Terry Ork y los chicos de neón

La historia de la discográfica es la historia de un joven de Oklahoma llamado Terry Collins que acaba montando una librería de temática revolucionaria en San Diego a principios de los 60. El establecimiento, llamado The Tiny Ork además de darle su apellido de ahora en adelante también le supondría un quebradero de cabeza. Después de recibir amenazas por parte de las autoridades debido al material que estaba difundiendo decide salir por patas de la ciudad. Estamos en 1968 y unos meses antes había hecho buenas migas con la troupe de Andy Warhol que había pasado por la zona para grabar “San Diego Surf” así que nuestro protagonista decide plantarse en la gran manzana y acudir al Max Kansas que era el epicentro del cachondeo de la Factory

Allí, las cosas han cambiado puesto que, tras volver de San Diego, Valerie Solanas le ha pegado dos tiros a Warhol y éste es bastante más cuidadoso con quien acepta en su entorno, pero Terry consigue acceder gracias a su carisma fiestero y durante un tiempo es el perejil de todas las salsas adoptando inmediatamente los malos hábitos de Gotham: se va a vivir a la zona de chaperos del Midtown con Gerard Malanga y entra en el mundo de los opiáceos: “mi primer chute me lo pone Jim Carrol”, dice Ork. A finales de 1969, Terry compagina la azarosa vida nocturna de la ciudad con un curro de día en una tienda especializada en artículos de coleccionista llamada Cinemabilia, de la cual acaba siendo el encargado algo después de preparar un desaguisado en la Factory de la cual es despedido fulminantemente y escoltado hasta la salida por el propio Malanga

Unos años más tarde, la historia da un giro cuando en Cinemabilia empieza a trabajar un joven problemático llamado Richard Meyers (en adelante Hell) que había huido de un internado del Midwest y que se acababa de reencontrar con un viejo compinche del colegio llamado Tom Miller (en adelante Verlaine). Ambos han montado un proyecto de grupo llamado Neon Boys y están buscando desesperadamente a un guitarrista después de infructuosas pruebas (lo intentó Dee Dee Ramone pero no dio la talla y Chris Stein no pegaba ni con cola con este par de outsiders). Ork les presenta a su compañero de piso, un chaval con una ajetreada trayectoria vivida en la pobreza total y una excelente técnica con la guitarra que se llama Richard Lloyd

A todos ellos se les une un viejo amigo de Tom llamado Billy Ficca y la química funciona rápidamente así que Terry ve una magnífica oportunidad de copiar lo que hizo Warhol con The Velvet Underground convirtiéndose oficialmente en el manager de la banda a la que bautizan como Television y que hace su debut oficial en marzo de 1974 primero en el Townhouse Theater y posteriormente en el CBGB, este último que era nido de impenitentes bebedores de los bajos fondos y que en un principio estaba montado para albergar conciertos de country acaba reinventándose movido por una nueva generación de chavales con ganas de encontrar permisivos lugares para tocar sin-tener-ni-idea y acabará siendo la Kaaba del rock and roll underground. 

Tras un año de trabajo Richard Hell pone pies en polvorosa para montárselo por su cuenta debido a desavenencias con Verlaine que se había convertido en el jefe supremo (ni sus canciones eran aceptadas, ni su actitud demasiado alocada en el escenario). Como suele pasar en todos los casos, la industria huele a billetes y se lanza a por las bandas de la escena, estando ellos a punto de firmar por Island, cosa que al final no fructifica.

Así pues, el punto de partida del sello que nos ocupa es la necesidad de Terry Ork de dar salida al material de la banda a la que representa, y su primera referencia es el debut de Television en formato single con “Little Johnny Jewel”, siete minutazos (ocupando las dos caras del 7”) que aquí podemos escuchar del tirón y donde se aprecia bastante pobreza en la producción y unas guitarras a las que aún les falta coger más fuerza pero también donde la banda ya atisba lo que vendría luego: ese particular sonido minimalista, improvisación noise, y la particular voz de Verlaine . Como siempre que se trabaja desde la independencia alejado del paraguas de las grandes corporaciones musicales la cosa se lleva con más corazón que pasta y el single se edita sin portada y se distribuye por correo o directamente en los conciertos cosa que no quita para que tenga cierta repercusión y suscite el interés de los sellos para acabar firmando por Elektra, pero esa es otra historia más conocida y que no nos ocupa en estas líneas. 

Blank Generation

Casi en paralelo Malcolm McLaren les ha robado el alma a The New York Dolls y se vuelve a Inglaterra con la cabeza llena de la música de las muñecas y las pintazas de Richard Hell sintetizándolo todo en su proyecto personal más ambicioso que serían Sex Pistols. De los despojos de los Dolls, que estaban allí antes que nadie, queda Johnny Thunders que durante un año recluta a Hell pero éste, de espíritu libre, decide abandonar un barco que va cargado de heroína hasta las trancas para ser el capo y tocar sus propias canciones. Para ello, junto a Ivan Julian (que se había fogueado en los Foundations), el veterano Robert Quine y el futuro Ramone Marc Bell pone en marcha los Voidoids y con un mes de vida y sin darse a conocer en directo consigue un contrato con Stiff Records para grabar un EP cuya distribución en USA se reserva el sello Ork. Aquí podemos encontrar aquellas grabaciones, mucho más ariscas, orgánicas y desde mi punto de vista más acertadas que el material posteriormente regrabado para el LP. Es impagable por ejemplo el crepitar de las guitarras en el himno nihilista por excelencia que es “Blank Generation” además de disfrutar de una primera versión de “Another World” o de un sensacional tema inédito que huele a asfalto cosa mala (“You Gotta Lose”). 

No solo hay punk en las cloacas

Una vez que el sello de Ork había echado a andar, éste seguía con su voraz apetito nocturno disfrutando de las sustancias ilegales, llevando las riendas de la discográfica y por supuesto manteniendo su posición en Cinemabilia pues al fin y al cabo el cine era su gran pasión. Y allí es donde a mediados de 1976 contacta con un chaval de buena familia que se había desviado del camino trazado por su padre debido a su obsesión con la contracultura. Fruto de esa conexión es en ese año cuando Charles Ball pasa a hacerse cargo de la co-dirección de Ork Records siendo figura esencial para poner un poco de cordura en el descontrol personal que tenía montado el bueno de Terry. Es Ball el que intenta profesionalizar un poco el sello, tejiendo una red para la distribución y encargándose de la promo y press kit de las bandas que conforman representadas. Además de esto y comenzando a partir de la tercera referencia es donde se empiezan a editar otros artefactos algo más alejados de la crudeza o directamente del punk neoyorkino. Encargados de abrir esta racha fueron The Marbles, un combo de elegantísimo pop al que solo le dio tiempo a sacar a la luz un magnífico single a comienzos del año 1977. Más atractiva aún resulta la unión de un chaval, llamado Jon Tiven, que estaba pirradísimo por Big Star y que incluso había llegado a compartir escenario con su ídolo Alex Chilton. Al enterarse que la banda de Memphis había decidido tirar la toalla le monta una sesión en los estudios Ardent y decide mandar las cintas a unas cuantas compañías, pero en ninguna de ellas quieren ser testigos de un nuevo fracaso de Chilton excepto una ¿adivinan cuál? 

Así en 1977 se edita el EP “The Singer not the song” que en esta compilación podemos escuchar íntegramente y dónde se ven las virtudes y carencias del genial músico: hay momentos brillantes como “All of the time”, la relectura de “Free Again” o “Take me home” con actos menores como las versiones de Stones y Cochran. Además de esto y fruto de sus sesiones en Ardent, Tiven había montado una banda con su viejo colega Tommy Hoehn y otros sospechosos habietualesde los estudios de grabación incluyendo a otro Big Star como es Chris Bell. Una banda que bebe de  las mismas fuentes que la gran estrella (como no) y que se hace llamar Prix. Este material también fue editado por el sello y también se puede encontrar aquí, de la banda poco más se supo, pero desde luego que los fans de Chilton/Bell se relamerán de gusto escuchando “Girl”, “Zero” o inéditas que estaban escondidas en un armario como “Love you all the time”. 

El lanzamiento suscitó cierto interés e hizo que Chilton se trasladara a la gran manzana a hacer de las suyas y juntarse con otras figuras como un imberbe Chris Stamey y entre los dos grabar bajo su nombre ese rockabilly psicotrónico que es “Bangkok” (un cero en geografía, por cierto) o un single de Stamey con dos fantásticas de-construcciones de pop beachboyesco llamado “The Summer Sun”. El de North Carolina pasa a ser un habitual de la casa y no solo deja estos vinilos, sino que además deja para la posteridad los primeros pasos de los DB's con un pepinazo como “(I Thought) You Wanted to Know” que graban con Richard Lloyd

Llegados a este punto está clara la importancia del sello a la hora de dar minutos a multitud de bandas que dieron sus primeros pasos, aunque luego viendo que podían ser mucho más grandes y que Ork no podía pagarles decidieran emprender camino a otro lugar. En ese sentido Ork siempre fue el primero en apostar por ellos, y es el caso también de The Feelies que dejaron en la casa un par de mayúsculos singles con la primigenia y crudísima versión de “Fa Ce La” o “Forces at Work” que nunca volverían a sonar así visto el resultado de su primer LP para Stiff. El olfato del sello no fue meramente de descubridor ya que en ese mismo período verían la luz también sensacionales rodajas de un viejo conocido revolucionario como Mick Farren (“Play with fire”) o de Link Cromwell que no es otra que la primera banda garagera de Lenny Kaye en 1965 y que perfectamente podría haber incluido en su Nuggets

Dieciocho meses después de su entrada, Charles Ball decide profesionalizarse un poco formando por su cuenta su agencia de management Lust/Unlust y dejando a nuestro querido protagonista sólo ante el peligro y para tratar de reinventarse vuelve a poner en el mercado el primer single de Television, esta vez en formato 12” (para evitar tener que darle la vuelta al disco a mitad de tema) y pone en circulación rodajas de viejos conocidos punks como un rebotado Cheetah Chrome que había abandonado a sus compinches de The Dead Boys pero seguía manteniendo la llama del bulldozer rock en un single que hace que la sangre hierva o bien The Idols, proyecto en el que se encuentran el Heartbreaker Jerry Nolan o del New York Doll Arthur Kane  y dónde ahúman un single que huele a taberna y grasa por los cuatro costados. Funcionando a base de impulsos, Ork se decanta también por sonidos de la recién creada new wave con efectivos singles de The Revelons (“The Way you touch my hand”) o Student Teachers (“Channel 13”). Han pasado cinco años y las cosas no han cambiado mucho, Terry Ork sigue funcionando como una compañía amateur, los ingresos se esfuman en viajes a Londres, en sesiones de grabación a capricho o en hacer de manager de bandas hardcore y nuestro querido protagonista decide echar el cierre agobiado por las deudas con el fisco y se marcha a California donde sigue dedicándose a escribir de cine hasta que le trincan y pasa dos años a la sombra. La música se había acabado para él y tras unos años alejado de todo abandona este mundo en el año 2004 después de una batalla contra el cáncer y dejando atrás un fantástico legado. 

Es en definitiva reconfortante que hayan pasado tantos años y que se siga hablando y reconociendo la labor de genuinos outsiders como Terry Ork , teniendo en cuenta que en este siglo XXI a quien más se adora y valora es a quien es exitoso en los negocios, hemos de decir que el encanto de nuestro querido protagonista es justamente el opuesto: siendo un desastre en sus finanzas supo llevar adelante un sello discográfico de sensacionales canciones construido desde de independencia más absoluta y apostando siempre por lo que le decía el corazón. 

Si has llegado hasta aquí sin aburrirte y con un mínimo de interés entonces te recomiendo la adquisición de este artefacto que como he comentado ha sido puesto al día por Numero Group con un detallado libreto para vivir una y otra vez en la vieja Nueva York de mediados de los 70 y además de lo expuesto y como guinda del pastel, escuchar material que fue distribuido por el sello como el loquísimo single de Lester Bangs, un acetato inédito de The Erasers (sonando más Patti Smith que ella misma) y una rodaja de Kenneth Highney que lo mismo se dedica a ser el más punk como se da un maridaje con el heavy funk más desnortado.